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Biografía

José Ignacio de Márquez

Nueva Granada

N. 1793

18 min de lectura23 documentos
Nacimiento1793
FallecimientoSin fecha registrada
RolesJurista · Secretario de Hacienda de la Nueva Granada
Lugar principalColombia
Período históricoNueva Granada1831–1862
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La biografía

Presidente de la Nueva Granada entre 1837 y 1841, José Ignacio de Márquez Barreto fue el jurista boyacense que hizo el tránsito del santanderismo civilista al gobierno de coalición con los antiguos bolivarianos, y bajo cuya administración estalló la Guerra de los Supremos, la primera gran guerra civil de la república. Su nombre pesa en la historia de Colombia por una razón que él mismo no habría suscrito: fue el gobernante moderado y legalista bajo cuyo mandato terminó de romperse la coalición neogranadina originaria y comenzaron a decantarse los dos bandos —ministeriales y liberales— que darían origen, poco después, a los partidos Conservador y Liberal. La paradoja lo define: quiso conciliar y produjo la primera fractura duradera del sistema político colombiano.

02

Línea de vida

  1. 1793

    Nacimiento en Ramiriquí, Boyacá

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    Nació en Ramiriquí, en el altiplano boyacense, región de curas y letrados ligada por el camino real a Tunja y a Santafé, que daría buena parte de la clase política civilista de las primeras décadas republicanas.

  2. 1832

    Secretario de Hacienda bajo Santander

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    Durante la presidencia de Francisco de Paula Santander, Márquez ocupó la Secretaría de Hacienda, desde donde defendió una doctrina de sobriedad fiscal: equilibrar ingresos y egresos del Estado y reducir los gastos públicos a lo estrictamente indispensable, distanciándose de posiciones más expansivas como las de Castillo y Rada.

  3. 1837

    Elección y asunción de la presidencia de la Nueva Granada

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    Ganó la elección presidencial de 1836-1837 derrotando al candidato apoyado por Santander —presumiblemente José María Obando—. Santander, pese a oponérsele, respetó el resultado y le transfirió la presidencia, gesto leído como prueba del legalismo santanderista. Márquez asumió el poder apoyándose en los ministeriales y procedió a compartir el ejecutivo con la facción bolivariana, lo que generó la oposición abierta de Santander y los liberales más intransigentes.

  4. 1838

    Censo nacional y consolidación del gobierno de coalición

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    Durante su cuatrienio se levantó un censo nacional que arrojó 1.816.518 habitantes en el territorio neogranadino, cifra que ilustraba la escala y dispersión del país que gobernaba. Su gobierno de coalición con ex bolivarianos profundizó la fractura con el santanderismo, mientras dentro del bloque ministerial coexistían los moderados civilistas de su círculo y los llamados 'fanáticos', que agitaban el problema religioso y fundaron la Sociedad Católica en 1838.

  5. 1839

    Ley de supresión de conventos en Pasto y estallido de la guerra

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    En mayo de 1839 el Congreso aprobó la extinción de cuatro conventos menores en Pasto, cada uno con menos de ocho sacerdotes, medida solicitada en parte por la propia jerarquía eclesiástica. Un cura local estimuló la reacción popular pastusa, y el conflicto —llamado 'guerra de los conventos' por su origen religioso y 'guerra de los Supremos' porque los caudillos insurrectos se dieron ese título— se irradió a diversas regiones del país.

  6. 1840

    Escalada de la Guerra de los Supremos: alzamiento de Obando

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    El 26 de enero de 1840 el general José María Obando se lanzó a la rebelión junto a Gregorio Sarria y cercó Popayán, arrastrando su prestigio militar y su implantación en el suroccidente. Contra los insurrectos combatieron por el gobierno los generales Pedro Alcántara Herrán y Tomás Cipriano de Mosquera. La guerra se extendió a múltiples frentes en una Nueva Granada sin capacidad logística para sofocarla con rapidez.

  7. 1841

    Fin del mandato presidencial en medio de la guerra

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    El cuatrienio de Márquez concluyó en 1841 con la Guerra de los Supremos aún activa y con prolongaciones que se extendieron más allá de su mandato. Su gobierno, que había comenzado como un experimento de conciliación entre ministeriales y ex bolivarianos, terminó marcado por la primera gran fractura duradera del sistema político neogranadino, que prefiguró la formación de los partidos Conservador y Liberal.

Semblanza de un civilista

Márquez pertenece a esa generación de juristas provincianos que hicieron la República después de la Independencia. No fue un caudillo ni un militar; nunca comandó tropas ni fundó ciudades. Su instrumento fue el código, su tribuna el Congreso, su método la deliberación. Cuando accedió a la presidencia en 1837, encarnaba lo que dentro del bloque ministerial se llamaba con precisión "moderado civilista": partidario del gobierno, pero refractario al sectarismo religioso de los "fanáticos" y a la agitación bolivariana de corte pretoriano. Compartía esa sensibilidad con figuras como José Manuel Restrepo y Luis Pombo, y prefiguraba el estilo político que años después encarnarían, ya dentro del conservatismo consolidado, hombres como Rufino Cuervo: tolerantes en materia religiosa, cautelosos en las reformas, empeñados en transformar la vida nacional sin romper con la tradición.

Ese temperamento explica su ascenso y su caída. Márquez llegó a la Casa de Nariño porque supo esperar, porque Santander respetó el resultado electoral pese a oponérsele, y porque el sistema institucional neogranadino todavía funcionaba lo suficiente para transferir el poder sin sangre. Perdió el control del país porque ese mismo temperamento —conciliador con los ex bolivarianos, apegado a la letra de la ley cuando el Congreso decretó la supresión de los conventos de Pasto— resultó incompatible con las fuerzas de fondo que atravesaban a la Nueva Granada: el regionalismo enconado, la debilidad fiscal del Estado, el peso casi universal de la Iglesia sobre las lealtades populares y la miseria de los grupos trabajadores y esclavos que ninguna élite de Bogotá alcanzaba a ver.

Orígenes boyacenses y formación jurídica

Márquez nació en Ramiriquí, en el altiplano boyacense, en 1793. Su Boyacá natal era ya entonces una región de curas, letrados y tierras de vocación agraria, ligada por el camino real a Tunja y a Santafé; de allí saldría buena parte de la clase política civilista que dio forma al aparato republicano en las primeras décadas. Se formó en el derecho, y esa formación —más que su origen provinciano— definió su lugar en la vida pública: los juristas fueron, en la Nueva Granada temprana, la casta administrativa por excelencia, la que redactaba constituciones, dictaba códigos y ocupaba las secretarías de despacho.

La disolución de la Gran Colombia en 1830, coincidente con la muerte de Simón Bolívar en diciembre de ese año, abrió el escenario en que Márquez haría carrera. Venezuela y Ecuador se separaron; lo que quedó del edificio bolivariano se refundó como República de la Nueva Granada el 17 de noviembre de 1831, y quedó consagrado por la Constitución de 1832. Esta carta suprimió los departamentos de cuño bolivariano y organizó el territorio en provincias con régimen provincial autónomo; instituyó un ejecutivo ceñido y un Congreso robusto; y estableció el deber del gobierno de proteger a los granadinos en el ejercicio de la Religión Católica, Apostólica y Romana, ratificando la prohibición del culto público de otras religiones. Ese confesionalismo, más rígido en la práctica que en la letra, sería el terreno minado en que Márquez, siete años después, hincaría el pie.

Bajo esa constitución, Francisco de Paula Santander fue nombrado presidente. Venía del corazón mismo del proyecto originario: había sido vicepresidente en la etapa gran-colombiana, y su figura condensaba el legalismo civilista contra el que Bolívar había chocado desde 1826. En las elecciones para su presidencia, provincias enteras votaron por él en bloque: Riohacha lo eligió por unanimidad con sus once electores, Santa Marta lo respaldó de modo casi unánime en cuatro de cinco asambleas cantonales, y en Popayán —tierra de los Mosquera— siete de las once asambleas cantonales votaron por él sin fisuras. Márquez, jurista de confianza, hizo carrera en el aparato santanderista, y en algún momento del cuatrienio ocupó la Secretaría de Hacienda, cargo desde el cual defendió una doctrina de sobriedad fiscal: equilibrar ingresos y egresos, reducir los gastos públicos a lo estrictamente indispensable, disciplinar el gasto. Esa doctrina —opuesta a las tesis más expansivas de un José María del Castillo y Rada— revela ya al Márquez futuro: un hombre para quien la administración es cuenta y forma, no aventura ni proyecto.

La pugna con el bolivarianismo y el bloque ministerial

Para entender por qué Márquez fue presidente hay que entender el conflicto que estructuraba la política neogranadina desde antes de la refundación. La pugna entre santanderistas y bolivarianos había estallado en 1826, cuando Bolívar promovió un proyecto constitucional inspirado en la Carta boliviana: presidencialismo vitalicio, poderes casi monárquicos, un ejecutivo que se acercaba peligrosamente al modelo autoritario. Los santanderistas, apegados a la Constitución de Cúcuta de 1821, vieron en ese proyecto la negación misma del republicanismo liberal. La Convención de Ocaña de 1828, convocada para saldar la disputa, terminó en fracaso: los bolivarianos se retiraron, los santanderistas se declararon sujetos a la Constitución de 1821, y el país quedó partido en dos bloques cuyas resonancias sobrevivieron a la muerte de Bolívar y a la disolución del proyecto gran-colombiano.

En el paisaje de la Nueva Granada de los años treinta, ese cisma se reprodujo bajo formas nuevas. Del lado del gobierno se agruparon los llamados "ministeriales": partidarios del ejecutivo, favorables al orden, generalmente civilistas. Dentro de ellos coexistían dos subgrupos: los "moderados civilistas" —el círculo de Márquez, con Restrepo y Pombo— y los "fanáticos", que agitaban el problema religioso y que fundarían en 1838 la Sociedad Católica. Del lado opositor estaban los liberales, herederos del santanderismo civilista de Vicente Azuero y del propio Santander, que actuaban ya como grupo político coherente en las elecciones, aunque a nivel local y regional —particularmente en la costa— las facciones respondían más a lealtades personales y económicas que a fidelidades partidistas formales. En Mompox, en 1840, el enfrentamiento entre un ministerial como Ribón y un oposicionista liberal como Martínez Troncoso se explicaba menos por doctrina que por gamonalismo.

Márquez había sido colaborador de Santander, pero su distanciamiento fue previo o simultáneo a la elección de 1836-1837. La razón del quiebre no fue ideológica en sentido estricto: Márquez conservaba las convicciones civilistas del santanderismo, pero se mostraba dispuesto a tender puentes hacia la facción bolivariana. Santander, en cambio, veía en esa apertura una traición al núcleo del proyecto liberal. La distancia se materializó cuando, en la elección presidencial de 1836-1837, Santander respaldó a un candidato distinto —presumiblemente José María Obando— y Márquez le derrotó. El detalle importa: Santander, al final de su mandato, aceptó el resultado y transfirió la presidencia al hombre a quien políticamente se oponía. Ese gesto fue leído entonces —y sigue leyéndose ahora— como la prueba más nítida del legalismo santanderista: el Hombre de las Leyes cumplió con la ley aun cuando la ley le entregaba el poder a un adversario.

Márquez asumió en 1837 y, con él, la moderación civilista pasó del papel al gobierno.

La presidencia (1837-1841): gobierno, coalición y censo

En el poder, Márquez actuó como su temperamento lo predecía. Se apoyó en los ministeriales y procedió a compartir el ejecutivo con la facción bolivariana, un gesto de reconciliación que interpretaba como cierre del cisma de Ocaña y que Santander leyó como capitulación. La oposición del ex presidente y de los liberales más intransigentes se hizo, desde el primer día, abierta. Pero el gobierno tenía margen: contaba con el Congreso, con la Iglesia, con los notables provinciales, y sobre todo con la legitimidad institucional que le había dado la transferencia pacífica del poder.

Durante el cuatrienio se levantó un censo nacional que arrojó 1.816.518 habitantes en el territorio neogranadino. La cifra ilustra la escala del país que Márquez gobernaba: menos de dos millones de personas, dispersas en una geografía montañosa, con una fuerte lealtad a las provincias o regiones donde desarrollaban sus actividades. La identidad nacional era una aspiración de las élites bogotanas, no una realidad social. En Pasto se era pastuso antes que granadino; en Cartagena, cartagenero; en Popayán, payanés y —muchas veces— mosquerista, en referencia a la familia local que dio a la Nueva Granada varios de sus políticos y militares más notables.

Ese regionalismo estructural se combinaba con dos debilidades del Estado. Primera, la debilidad fiscal, sobre la que el propio Márquez había teorizado como secretario de Hacienda: los ingresos apenas alcanzaban para lo indispensable, y el gasto militar era imposible de sostener sin recursos extraordinarios. Segunda, la debilidad institucional frente a la Iglesia: mientras la autoridad eclesiástica era casi universalmente aceptada por el pueblo, los nuevos gobernantes republicanos eran percibidos como distantes, ajenos, provisionales. En cualquier choque con el clero, el Estado neogranadino jugaba con desventaja.

Estas condiciones —regionalismo, debilidad fiscal, primacía eclesiástica— formaron el terreno sobre el cual Márquez tomó, en mayo de 1839, la decisión que le costaría el país.

La ley de conventos y el estallido en Pasto

En mayo de 1839 el Congreso aprobó la extinción o cierre de cuatro conventos menores ubicados en Pasto, cada uno de los cuales contaba con menos de ocho sacerdotes. La medida no era, en su origen, un gesto anticlerical. Se apoyaba en normas heredadas del período gran-colombiano que preveían la supresión de conventos con dotación insuficiente, y —dato crucial— había sido solicitada en parte por la propia jerarquía eclesiástica, que veía con desagrado la subsistencia de comunidades exangües, mal disciplinadas y económicamente inviables. Desde el gabinete y el Congreso, la ley parecía una operación técnica: liquidar establecimientos que ya no cumplían función pastoral, redirigir sus rentas, poner orden.

Pero desde Pasto la ley se vio distinta. Pasto era, y sería durante décadas, uno de los reductos católicos más devotos y regionalistas del país. La ciudad había resistido con las armas durante la Independencia, había apoyado la causa realista hasta el final, y había mantenido después una relación tensa con el gobierno central. Un cura local estimuló la reacción popular, y la ejecución de la ley se convirtió de inmediato en el detonante de un levantamiento. Los pastusos reaccionaron de modo exactamente contrario a los propósitos pacifistas del gobierno.

El conflicto recibió dos nombres, y ambos son reveladores. Se llamó "guerra de los conventos" por su origen religioso, y "guerra de los Supremos" porque los caudillos regionales que se alzaron —primero en Pasto, luego en otras provincias— se dieron a sí mismos el título de "supremos", nombre que evocaba a la vez la soberanía provincial y la afirmación caudillista. Los dos apodos capturan la doble naturaleza del conflicto: por debajo era una guerra de curas y sacristías, por encima era una guerra de caciques regionales contra el gobierno central.

La Guerra de los Supremos: alcance, actores y reclamos

Lo que empezó en Pasto no se quedó en Pasto. Entre 1839 y 1841 —y con prolongaciones que se extendieron incluso más allá— el levantamiento se irradió a diversas regiones. El momento decisivo llegó el 26 de enero de 1840, cuando el general José María Obando se lanzó a la rebelión en compañía de Gregorio Sarria y cercó Popayán. Obando, que había sido candidato presidencial en 1836-1837 con el respaldo de Santander, arrastraba además un episodio judicial delicado: la prisión del jefe guerrillero José Erazo había reactivado el caso del asesinato del mariscal Antonio José de Sucre, en el que Obando figuraba implicado. Aportó al alzamiento su condición de militar de prestigio y su implantación en el suroccidente, y la conexión entre la reactivación del caso Sucre y su decisión de sublevarse quedó insinuada como coadyuvante, no como causa única.

Contra los "supremos" combatieron por el gobierno los generales Pedro Alcántara Herrán y Tomás Cipriano de Mosquera, dos figuras que después serían presidentes de la república y que en ese momento representaban el ala militar del bloque ministerial. Sus campañas fueron largas, costosas y dispersas: la guerra no tenía un frente, sino muchos, y la Nueva Granada carecía del aparato logístico para librarla con rapidez. Santander, contra lo que hubiera podido esperarse dada su rivalidad con Márquez, se opuso a la revuelta de 1839: su legalismo fue, hasta el final, más fuerte que su rencor. José Hilario López, otro nombre mayor del liberalismo, optó por una posición intermedia, abstenerse de modo visible e intentar mediar. Pero la mayoría de los seguidores personales de Santander, junto con los liberales más intransigentes, sí apoyaron el levantamiento, y ese apoyo —a espaldas del ex presidente— reveló cuánto se había desbordado ya la política de las élites.

Los reclamos de los "supremos" eran variados y difusos. Reflejaban, más que un programa, el estado profundo del país: ausencia de un sentimiento genuino de nacionalidad, afán descentralizador de cuño federal, reivindicaciones contra las condiciones de miseria de los grupos trabajadores, incluidos los esclavos. La guerra fue, en ese sentido, algo más que una disputa por conventos o que una revancha caudillista: fue el primer estallido en el que la Nueva Granada mostró, en simultáneo, su fragilidad como nación, su vocación regional y las tensiones sociales que la aparente calma constitucional había mantenido bajo la superficie.

La coalición con los bolivarianos y el nacimiento del bipartidismo

La guerra tuvo una consecuencia política que Márquez no buscó pero que su gobierno consumó: la reagrupación definitiva de los bloques que darían origen a los partidos Conservador y Liberal. Frente a la amenaza militar de los "supremos", Márquez y los liberales moderados estrecharon su alianza con los antiguos bolivarianos. La colaboración —que en tiempos de paz había sido, para los ojos de Santander, una concesión intolerable— se volvió en la guerra una necesidad práctica: los militares con experiencia estaban en su mayoría del lado bolivariano, y sin ellos el gobierno no podía sofocar el levantamiento.

Esa alianza, sellada al calor del conflicto, dio forma al futuro conservatismo: civilistas moderados de raíz santanderista fundiéndose con antiguos bolivarianos, unidos por el orden, la religión y el ejecutivo fuerte. Al otro lado quedaron los liberales intransigentes, herederos del núcleo duro del santanderismo, agrupados alrededor de figuras como Obando —aun con las manchas judiciales que le seguían— y de una generación más joven que empezaba a formularse en términos ya explícitamente doctrinarios. La guerra de los Supremos fue el punto de inflexión: prefiguró las coaliciones que darían origen a los dos partidos, aunque la consolidación formal ocurriría en la década siguiente, con los programas de 1848-1849.

Una fuente conservadora tardía, el periódico La Civilización de 1849, atribuyó los actos violentos del partido opositor al general Obando, y los del partido gobernante a Santander y sus compañeros, en una narrativa que cargaba negativamente el legado del bando liberal. El detalle es útil no como verdad histórica sino como síntoma: en 1849 ya había un "partido gobernante" y un "partido opositor" con memorias enfrentadas, y la Guerra de los Supremos aparecía como el episodio fundacional de esa enemistad.

Estado, Iglesia y confesionalismo constitucional

Detrás de la Guerra de los Supremos había una tensión más honda que ninguna decisión presidencial habría podido evitar: la del Estado neogranadino atrapado en un confesionalismo constitucional que hacía de cualquier reforma eclesiástica un asunto explosivo. La Constitución de 1832 había consagrado el deber del gobierno de proteger la religión católica, apostólica y romana; la Constitución de 1843, promulgada bajo la presidencia de Herrán tras la guerra, reforzaría todavía más el vínculo con un artículo específico sobre la protección del culto católico y otro que declaraba a esa religión la religión de la República. Durante toda la primera mitad del siglo XIX, la Nueva Granada fue jurídicamente un Estado confesional e intolerante hacia cualquier culto distinto al católico.

Y sin embargo, dentro de las élites republicanas coexistían dos actitudes hacia la Iglesia. Un sector percibía su poderío —económico, político, cultural— como un peligro, y emprendió acciones para controlarlo, limitarlo y reducirlo, especialmente en sus dimensiones materiales. Otro sector, muchas veces mayoritario en el Congreso, defendía el vínculo Estado-Iglesia como cimiento del orden social. Y dentro del clero mismo la reacción no era uniforme: hubo miembros del clero que apoyaron activamente las medidas reformistas y actuaron en las filas de los reformadores, del mismo modo que las reformas borbónicas del siglo anterior habían encontrado clérigos afines pese a haber desconocido, en general, la función social de la Iglesia en América.

Ese abanico interno explica la aparente contradicción de mayo de 1839: la ley que suprimía los conventos de Pasto no era una imposición estatal contra la Iglesia; había sido pedida, en parte, por la propia jerarquía. Pero en Pasto, la lectura popular fue distinta, y esa lectura popular pesó más que cualquier documento eclesiástico. El pueblo obedecía al cura del pueblo, no al obispo lejano; y el cura del pueblo agitó en contra. La debilidad del Estado quedó al descubierto: podía aprobar leyes, pero no podía imponer su interpretación autorizada en las plazas donde otras autoridades, más cercanas y más queridas, decían lo contrario.

Años después, un documento conocido como la Exposición Católica condensaría la conciencia política del catolicismo militante: sus suscriptores se comprometían a sostener el culto con sus propias fortunas, a trabajar por la revocación de las leyes antieclesiásticas y a no apoyar partidos políticos hostiles a los intereses religiosos. La Guerra de los Supremos, con su origen conventual, quedó como el primer aviso de que la política neogranadina sería, durante décadas, también una política de altares.

La red: nombres y lugares

Alrededor de Márquez se movía una red que conviene fijar. En el bloque ministerial, junto a él, estaban José Manuel Restrepo —historiador oficial de la revolución de la Independencia— y Luis Pombo, ambos representantes del civilismo moderado. En el ala militar del gobierno, los generales Pedro Alcántara Herrán y Tomás Cipriano de Mosquera, que sostuvieron la guerra y heredaron la presidencia. En la generación que empezaba a formarse alrededor del gobierno figuraban Mariano Ospina Rodríguez y, más tarde, Rufino Cuervo, cuya trayectoria como secretario de Hacienda en 1843 —proponiendo reducir el número de empleados públicos y superar la afición a la burocracia oficial— continuaría la línea de sobriedad administrativa que Márquez había defendido una década antes.

En el bloque opositor, Vicente Azuero encarnaba el liberalismo civilista de raíz santanderista, y José Antonio Vargas, Juan de Dios Aranzazu y Lorenzo María Lleras aparecían en distintos momentos como piezas del engranaje. Santander, sobre todos ellos, ejercía una influencia moral incluso desde fuera del gobierno, y su rechazo a apoyar la revuelta de 1839 —pese a oponerse a Márquez— fijó un límite ético que buena parte de sus seguidores no respetaron.

Geográficamente, Márquez gobernó una república cuyos puntos calientes ya estaban marcados: Bogotá como capital administrativa y Congreso; Boyacá y Tunja como reserva del civilismo jurídico; Pasto como bastión religioso y reducto de resistencia; Popayán como campo de batalla de los Mosquera y de la sublevación de Obando; Cartagena como puerto atlántico con dinámicas propias; y el naciente eje que se llamaría Santander —el nombre mismo diría, décadas después, cuánto pesaba la memoria del Hombre de las Leyes— como frontera y como escuela política.

La huella

Márquez dejó la presidencia en 1841, con la guerra todavía en curso. Su sucesor, el general Pedro Alcántara Herrán, terminaría de sofocar el levantamiento y consolidaría, con la Constitución de 1843, el rumbo autoritario y confesional que la coalición de gobierno había asumido durante el conflicto. Márquez sobrevivió muchos años a su presidencia; murió en 1880, casi cuarenta años después de haber dejado el poder, tras haber visto pasar las reformas de mediados de siglo, la abolición de la esclavitud, la ola federalista, la constitución de Rionegro y buena parte del itinerario que llevaría a la Regeneración. Vio, en otras palabras, cómo el bipartidismo que su gobierno había prefigurado se consolidaba, se enconaba y se convertía en la matriz de todas las guerras civiles del siglo.

Su huella se puede leer en tres registros. El institucional: fue la prueba de que la Nueva Granada era capaz de transferir el poder por vía electoral entre adversarios, cosa que ni la Gran Colombia ni buena parte de las repúblicas hispanoamericanas contemporáneas habían logrado. La transmisión de Santander a Márquez en 1837 quedó como un episodio fundacional del legalismo republicano colombiano, incluso si el gobierno que empezó allí terminó en guerra.

El político: Márquez fue el gozne por el cual el santanderismo civilista se dividió. Su apertura hacia los bolivarianos —que Santander leyó como traición— produjo la ruptura efectiva de la coalición originaria; y su ejecución legalista de la ley de conventos le dio ocasión al bando contrario para levantarse en armas. Ambos movimientos actuaron sobre el mismo campo político y produjeron, en conjunto, la polarización que daría origen a los partidos Liberal y Conservador. La paradoja de Márquez es que no era un polarizador de temperamento: era, precisamente, un moderado, y la polarización llegó por vías que su moderación no supo controlar.

El doctrinario: encarnó un tipo político que sobreviviría en el conservatismo posterior. Cuando Rufino Cuervo, en 1849, aparezca como candidato presidencial conservador representando el "espíritu de transacción con el liberalismo", tolerante en materia religiosa, cauteloso en las reformas, empeñado en transformar sin ruptura, estará prolongando la línea que Márquez había trazado. Ese conservatismo civilista y transaccional coexistió siempre con un conservatismo más militante y clerical, y las tensiones internas entre ambos —así como los intentos minoritarios de incorporar el proteccionismo económico al programa, que quedaron sin efecto tras la ratificación del librecambismo posterior a 1854— continúan la genealogía de la que Márquez fue punto de partida.

Sobre su vida se escribió, en 1917, una biografía extensa: la Vida del doctor José Ignacio de Márquez, de Carlos Cuervo Márquez, publicada como volúmenes 17 y 18 de la Biblioteca de Historia Nacional en Bogotá. Es la fuente a la que la historiografía posterior ha vuelto para reconstruir el itinerario del boyacense; su tono, cercano y familiar por vínculo apellidal, ilustra hasta qué punto Márquez pasó a la memoria del conservatismo colombiano como un patriarca fundacional, un hombre a quien se le recordaba menos por la guerra que estalló bajo su mandato que por el estilo civilista que legó.

La ficha se cierra donde debería cerrarse toda semblanza de este hombre: en la tensión no resuelta entre lo que quiso hacer y lo que efectivamente pasó. Márquez quiso ser el presidente de la reconciliación, del gobierno de coalición, de la ley aplicada sin estridencias. Terminó siendo el presidente bajo el cual la Nueva Granada se partió en dos, y por décadas seguiría partida. Esa es la razón por la que su nombre no puede faltar en el tramo 1832-1841: sin él, el arranque de la república queda vacío; con él, se entiende cómo el legalismo civilista, aplicado con buena fe sobre un país que carecía de las condiciones para sostenerlo, terminó pariendo la política de bandos que definiría al siglo entero.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

23 documentos · 28 fragmentos
01The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Página 2541 cita
[1]

govt.; father oficial mayor in viceregal govt.; uncle em- ployee in viceregal govt.; mother of notable patriot family Law, Universidad Central and San Bartolomé U.S., 1850-1852 Journalism of Government, revol. gov. of Gen. Mosquera, 1860 Clerk, Office of Pub- lic Credit, 1838- 1839; chief clerk, Dept. of Foreign Re-…

p. 254
02Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 3961 cita
[2]

en la lucha electoral que terminó con el 7 de marzo, el grupo de Cuervo —conservador— había insi- nuado algunas concesiones al proteccionismo 455. Más tarde, ciertos elementos, en su mayoría conservadores, quisieron fundar un «Partido Nacional». En su programa figuraba «En lo social… la protección a la industria…

p. 396
03Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 1241 cita
[3]

producción, y a fomentar la industria en todos sus ramos, al paso que consultan a la prosperidad nacional, tienden al aumento de las rentas, a su buen manejo y a su exacta distribución. Es preciso, pues, a más de dar sabias instituciones, promo- ver la agricultura, las artes y el comercio, o más bien quitar los…

p. 124
04El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 4371 cita
[4]

x Colombia. Años de aprendizaje División de Colombia por la separación de Venezuela y Ecuador / La República de la Nueva Granada / Presidencias de Santander, Márquez, Herrán y Mosquera / El gobierno liberal de López; la Confederación Granadina / La guerra de los tres años de los federalistas / La Constitución de los…

p. 437
05Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 2991 cita
[5]

Peru Founding of P á cora in new colonization zone, Antioquia Painter José Mar í a Espinosa creates portrait of Simón Bol í var 1829 Military uprising against Bol í var’s dictatorship Shipyard project, to build steamships Juan Garc í a del R í o writes Meditaciones Colombianas 1830 —Constitutional assembly…

p. 299
06Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · Página 331 cita
[6]

Terri- torial Division Law” of June 25, 1824 (Ireland 1938). There were nine origi- nal departments (then called sovereign states) in what is today the north of Colombia and Panama (Antioquia, Bolívar, Cauca, Cundinamarca, Magda- lena, Panama, Santander, and Tolima; see Figure 2.4). When Simón Bolívar died, in 1830,…

p. 33
07Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 871 cita
[7]

se suprimieron los departamentos y el territorio quedo dividido en provincias, ratificadas por la Constituci6n de 1832, que fue la que instituy6 el ré- gimen provincial auténomo (articulo 156). A estas provincias pasaron, con el nombre de camara pro- vincial, las camaras de distrito de los extinguidos de- partamentos,…

p. 87
08Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Páginas 21, 2142 citas
[8]

religión Católica, Apostólica, Romano es lo res ligión de la República. Es un debor del gobierno, en ejercicio del patro- mato de la Iglesia colombiana, prote- gerda y no tolerar el culto público de ninguna otras, Adquirió asíel Estado un carácter confesional y de intole- rancia hacia cualquier culto que no fuera el…

p. 214
[18]

los gomemos del conflicto conocido como guerra de los Supre mos, contienda avil que, encendida enel sur del pals, alcanzó entre 1639 y 1841 relieve nacional: Se denominaba “supremos” a bos caudillos reghonales ones de Cubo e e firma debes igreuterans ¡e A Comneno fase Jedaría sl s de Som Mario, y Mgz Just Romera Samer…

p. 21
09Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 137, 1422 citas
[9]

bolivarianos La Constitución de Cúcuta, de 1821, que incluía a Venezuela y Quito, instauró un régimen centra- Camilo Torres, líder fede- ralista. Centralismo y fe- deralismo fueron el origen de los partidos políticos. lista que, sin embargo, no encontró mayor oposición ni generó bandos definidos hasta 1826, cuando el…

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Juanambú, el 30 de agosto. En Pasto ofreció un indulto a los que depusieran las armas y proclamó el decreto de supresión de los conventos. Sin embargo, las guerrillas que operaban entre Popayán y Pasto se sumaron a la revuelta. La pri- sión de uno de los jefes guerrilleros, José Erazo, sirvió para reactivar el caso…

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10Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 211 cita
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así como, por muchos años, se consideró que el centralismo era conservador y el federalismo era liberal, pero no hay que olvidar que fue una Constituyente de estirpe conservadora, en 1858, la que promovió por primera vez el federalismo en Colombia. Y, tratándose del tema económico, la apertura, tan condenada hoy día…

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11Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 1041 cita
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general Santander imprimieron una identidad de «grupo politico» a sus seguidores, quienes partici- paban en las elecciones como grupos coherentes. Esto nos revela que en los citados anos treinta del siglo xix, y principalmente en el ultimo lustro, ya existian partidos politicos, a los cuales se llam6 mi- nisteriales…

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12Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Páginas 46, 652 citas
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the acts of repression inflicted on him and his followers by Bolívar's dictator- Page 23 ship, and his political style was clearly what came to be known in Colombia as "sectarian," or highly partisan behavior. Faithful to his own legalistic bent, Santander was careful not to violate directly the political rights of…

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obvious than one would assume. And should onecould onecount all the outbreaks whose immediate aim was to overthrow only regional authorities? For purposes of discussion it nevertheless may be useful to present a l of rebellions directed against the national authorities, rebellions whose seriousnes varied widely but…

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13Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1191 cita
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of his term, Santander gave evidence of his legalistic bent by accepting the defeat of his chosen candidate and turning the presidency over to Jose Ignacio de Marquez Barreto (president, 1837^11), a former col- laborator whom he now opposed. Most of their differences were minor, but Santander objected to Marquez 's…

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14La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · Páginas 451, 4542 citas
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de los principios 35 “Extracto de una carta del general José María Obando a un amigo suyo. Bogotá, junio 23 de 1836. Imprenta de Nicomedes Lora”. bnc, Fondo Pineda 470. Al final del impreso, aparece manuscrito el nombre de José Hilario López. Es presumible que López fuese quien La elección de la República 440…

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Santander, siete por José Ignacio Márquez y cuatro por José Joaquín Mosquera. En la provincia de Riohacha, los 11 electores que participaron en las elecciones votaron por Santander. En la provincia de Santa Marta, de las cinco asambleas cantonales reunidas, Santander fue elegido por unanimidad en cuatro, con la…

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15Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 641 cita
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nacional. Cuando Márquez desempeñaba la primera magistratura se hizo un censo poblacional, que dio 1.816.518 personas en el área de la Nueva Granada. Un hecho que tuvo marcado acento durante el cuatrienio del presidente Márquez fue la "gue- rra de los conventos", por haberse originado en una medida sobre algunos…

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16The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · Página 2621 cita
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José Gregorio, 148 Monagas, José Tadeo, 147–8, 167 I N D E X 243 Monarchy, conspiracies in favor of, 32, 36, 39, 46–7, 54, 57, 78, 81, 98, 169, 173–6 Monkey, 93 Montevideo, 20 Montoya, Francisco, 27–30, 56, 89, 103, 116–18 Montoya, José Manuel, 56 Montoya, José María, 99, 103 Moore, Thomas, 59, 79, 81–2, 90, 93, 104…

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17Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 671 cita
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que provocó la revuelta conservadora. Como ya se señaló, en ambos partidos había grupos que rechazaban la violencia, por considerarla un método inadecuado. Por ejemplo, la revuelta de 1839 tuvo la oposición de Santander y contó con la “abstención” visible de José Hilario López, quien trató de ser un mediador. Los…

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18Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · Página 1361 cita
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apartan entre sí con fuertes resenti- mientos personales que llevan a convocar lealtades familiares. Cristalizan facciones políticas a nivel de comunidad en la región costeña, identificadas no tanto con las ideologías partidistas (que se definirían después por la burguesía educada) ni con determinada clase social,…

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1930 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 691 cita
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la tendencia natural del partido Conservador a la religión, de ahí su odio a las enseñanzas irreligiosas y disolventes”. En el país, hasta nuestros días, todos los gobiernos son liberales o conservadores. EL PARTIDO CONSERVADOR Y SU NOMBRE (La Civilización, número 17, 29 de noviembre de 1849) I. Hemos visto, en…

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20Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Páginas 35, 382 citas
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institución eclesiástica sufrió un asalto sin precedentes, iniciado por ministros y funcionarios que se jactaban de sus ideas ilustradas. Sin embargo, esta no es la única interpretación disponible acerca de las relaciones entre Estado e Iglesia, pues también existieron miembros del clero afines a las reformas, incluso…

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y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…

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21La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1421 cita
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Romano, vicario de Jesucristo en la ti e rra... sin que sean parte para separamos de esta obediencia el te- mor, los halagos, el menoscabo en los intereses, la pérdida de los destinos, la miseria, la persecución, ni linaje alguno de padecimientos...; emplear nuestros esfuerzos, recursos y r e laciones para que,…

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22Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1331 cita
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N DEL MEDIO SIGLO Para 1849 los candidatos presidenciales eran, en el conservatismo gobernante, el vicepresidente Rufino Cuervo, un maestro boya- cense, civilista y antiguo secretario de Hacienda, que representaba el esp í ritu de transacci ó n con el liberalismo que ahora encarna 1 38 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA ba…

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23El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 681 cita
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la política de patro- nato eclesiástico durante los primeros años de la República, véase el libro de Juan Pablo Restrepo, La Iglesia y el Estado en Colombia, Londres, 1885, principalmente las págs. 130 y ss. 69 Eí ndicersdita óaíarfseia di dí csoía psp de la reacción conservadora de los tradicionalistas. En la forma…

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