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Biografía

José María Obando

Transversal

1795–1861

16 min de lectura35 documentos
Nacimientohacia 1795, suroccidente neogranadino
Fallecimiento1861, muerto en combate
RolesGuerrillero realista (1819-1822) · Oficial republicano (1822-1828)
Lugar principalColombia
Período históricoTransversal
03

La biografía

En el mapa del siglo XIX colombiano hay pocos nombres que condensen tantas contradicciones como el de José María Obando del Campo. Guerrillero realista en las montañas del Patía, oficial republicano bajo Bolívar, insurrecto contra la dictadura bolivariana en 1828, sospechoso perpetuo del asesinato del mariscal Sucre, candidato liberal, presidente constitucional de la Nueva Granada entre 1853 y 1854, derrocado por el golpe artesanal del general Melo, expatriado, retornado, muerto en combate en 1861. Ninguna de esas estaciones se explica del todo por las otras, y sin embargo forman una sola trayectoria: la del caudillo caucano que llevó al poder al liberalismo popular colombiano y fue derribado, meses después, por la coalición armada que él mismo había alentado. Su figura pesa porque en ella se ven, sin retoque, los materiales con que se hizo el Estado republicano en Colombia: guerra de guerrillas, fraude electoral, movilización étnica, facciones ideológicas irreconciliables y un ejército permanente cuya sola existencia dividía al país.

02

Línea de vida

  1. 1819

    Combate bajo bandera realista en el sur

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    Entre 1819 y 1822 encabezó partidas guerrilleras bajo bandera realista en las montañas del Cauca y el Patía, expresando la lealtad natural de muchos caucanos populares para quienes la República bogotana resultaba tan lejana como Madrid.

  2. 1822

    Cambio de bando: ingreso al ejército republicano

    Leer contexto

    En 1822 se pasó al bando republicano y sirvió como oficial hasta 1828, ascendiendo por mérito en combate en un proceso donde las consideraciones familiares cedían terreno frente a las cualidades personales y técnicas.

  3. 1828

    Rebelión contra Bolívar en Popayán

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    A finales de octubre de 1828 se sublevó en Popayán junto con José Hilario López, se apoderó del oro destinado a la casa de la moneda y saqueó haciendas, movilizando negros e indígenas; la rebelión fue contemporánea del atentado septembrino contra Bolívar y encabeza la lista de rebeliones nacionales del siglo XIX contra el gobierno central.

  4. 1830

    Acusación por el asesinato del mariscal Sucre

    Leer contexto

    El 6 de septiembre de 1830, el periódico El Duende publicó los nombres de José Erazo —administrador de la hacienda de Obando— y Gregorio Sarria —su amigo confidencial— como presuntos ejecutores del asesinato de Sucre en Berruecos el 4 de junio de 1830, vinculando implícitamente a Obando con el crimen y adhiriéndole el apodo de 'tigre de Berruecos'.

  5. 1840

    Insurrección en la Guerra de los Supremos

    Leer contexto

    El 26 de enero de 1840 se lanzó a la insurrección en compañía de Gregorio Sarria, cercó Popayán y se reunió con jefes guerrilleros del sur; su levantamiento coincidió con la reactivación judicial del caso Sucre provocada por la prisión de José Erazo.

  6. 1853

    Elección y posesión como presidente de la Nueva Granada

    Leer contexto

    Ganó las elecciones presidenciales de 1853 con el apoyo de los draconianos frente al candidato gólgota Tomás Herrera, y se posesionó el 1 de abril de 1853; bajo su gobierno se sancionó el 21 de mayo de 1853 una Constitución que estableció la libertad de cultos, el sufragio universal masculino y un federalismo temprano.

  7. 1854

    Derrocamiento por el golpe del general Melo

    Leer contexto

    Su gobierno fue derribado en 1854 por el golpe artesanal del general José María Melo, apoyado por la coalición de artesanos y draconianos que él mismo había alentado; fue expatriado tras la caída.

  8. 1861

    Muerte en combate

    Leer contexto

    Retornado del exilio, murió en combate en 1861, cerrando una trayectoria que había recorrido todas las formas de violencia política del siglo XIX colombiano.

El hombre que salió del Patía

Obando nació hacia 1795 en el suroccidente neogranadino, hijo ilegítimo de una familia de la clase alta de Popayán. Ese doble origen —el apellido patricio y la cuna irregular— marca el punto de partida. La élite payanesa a la que pertenecía por sangre era una de las más señoriales del virreinato: había acumulado poder y riqueza a lo largo de dos siglos, primero en los ciclos de producción minera del Pacífico y luego en las haciendas trabajadas por esclavos, y había cimentado su prestigio con alianzas matrimoniales con españoles y con el rol de capital de gobernación que ejercía Popayán. Los Mosquera, los Valencia y los Arboleda constituían el núcleo duro de esa aristocracia, y aún después de la independencia mantendrían formas coloniales de mando dentro del Estado republicano. Obando llevaba el apellido pero no la investidura; su ilegitimidad lo empujó, desde el principio, a construir su lugar por fuera del modelo terrateniente.

El Cauca en el que se formó era una geografía difícil de gobernar. Diverso en lo racial y lo productivo, dividido entre grandes propietarios blancos y poblaciones negras y mulatas en las tierras bajas, y con fuerte presencia indígena hacia el sur —Pasto, Túquerres, Ipiales—, el Gran Cauca fue desde la Independencia y hasta la guerra civil de 1876-77 el principal teatro conflictivo del país. La resistencia indígena de pijaos, paeces y yalcones había obligado durante casi un siglo a disputar palmo a palmo el territorio aledaño a Popayán, y los guerrilleros patianos, en tiempos de la Independencia, obstaculizaron el avance republicano de manera tan eficaz que llegaron a detener los auxilios que Bolívar esperaba de Popayán tras el combate de Bomboná. En ese paisaje de montaña, negros libres, esclavos, indios y guerrilleros mestizos, la política no se hacía en salones: se hacía a caballo, con partidas armadas y con lealtades personales.

De esa escuela salió Obando. Entre 1819 y 1822 combatió bajo bandera realista, encabezando partidas en el sur; era la lealtad natural de muchos caucanos populares, para quienes la República bogotana resultaba tan lejana como Madrid. En 1822 cambió de bando y sirvió como oficial republicano hasta 1828. El giro no fue anómalo: las campañas del sur de la Nueva Granada favorecieron el ascenso de oficiales salidos de las filas por sus cualidades personales y técnicas, en un proceso donde las consideraciones familiares fueron cediendo terreno frente al mérito en combate. Obando y su compañero de armas José Hilario López encarnaron ese nuevo tipo de caudillo caucano: hombres que privilegiaban la carrera militar y política sobre la condición de terrateniente, distanciándose del modelo señorial de los Mosquera y los Arboleda. Era, ya, otra manera de habitar la élite.

La rebelión contra Bolívar y la sombra de Berruecos

En 1828, con Bolívar convertido en dictador y Santander proscrito, la Gran Colombia crujía por todos lados. A finales de octubre de ese año, Obando se sublevó en Popayán junto con López, se apoderó del oro destinado a la casa de la moneda y saqueó haciendas. La rebelión fue contemporánea del atentado septembrino contra Bolívar en Bogotá, y Obando mantenía comunicación con los santanderistas de la capital. Encabezaría, en las cronologías del siglo, la larga lista de rebeliones nacionales contra el gobierno central. Era, a la vez, un pronunciamiento político —contra la dictadura bolivariana— y una operación de caudillaje clásico: fuerza, botín y clientela armada movilizando negros e indígenas para aterrorizar el campo de Popayán. Los dos registros convivían sin fricción en Obando, y esa convivencia sería la clave de su carrera.

La crisis de la Gran Colombia se agravó simultáneamente por la guerra con Perú, que había ocupado Guayaquil y Bolivia, y por rebeliones internas como la suya. En 1830 el general Rafael Urdaneta derribó al gobierno legítimo e invitó a Bolívar a reasumir el mando; Bolívar, ya enfermo y desengañado, se negó a hacerlo por vía militar, argumentando que sin legitimidad sería una tiranía. La derrota de Urdaneta consolidó en la Nueva Granada un rechazo al militarismo y una defensa de la legitimidad constitucional que sería, en adelante, un rasgo distintivo del país frente a otras repúblicas del continente.

Fue en ese ambiente donde estalló el asunto que perseguiría a Obando durante el resto de su vida. El 4 de junio de 1830, el mariscal Antonio José de Sucre fue asesinado en las montañas de Berruecos, en el paraje conocido como el Volador de la Jacoba, cuando se dirigía al sur; había percibido, según los relatos posteriores, señales de que existía una prevención contra su persona. El 6 de septiembre de ese año, el periódico El Duende publicó los nombres de dos guerrilleros como responsables materiales: José Erazo, administrador de la hacienda de Obando y comandante de milicias, y Gregorio Sarria, amigo confidencial y antiguo compañero de armas. Sarria, se dijo, había entablado conversación con el mariscal en la posada de La Venta, había tratado de intimidarlo y había hablado en tono alterado antes del crimen. El vínculo con Obando era, por transitividad, evidente: los presuntos ejecutores eran hombres suyos.

El Duende de Cartagena, en 1830, no era un tribunal sino un arma. La acusación se lanzó en un momento de fractura política aguda y sirvió para atacar al gobierno central y para expresar el rechazo del Sur al Centro. Nunca hubo una prueba judicial concluyente contra Obando, pero tampoco se disipó jamás la sospecha. La sombra de Berruecos —y el apodo popular de el tigre de Berruecos, que condensaba su fama de hombre temible y violento— quedó adherida a él como un estigma. Sus adversarios la usarían durante treinta años como arma política: la reactivaron con la prisión de Erazo en 1840, la agitaron en cada campaña electoral, la esgrimieron para expatriarlo en 1854. El caso Sucre fue, en la práctica, el eje de una guerra política de largo aliento contra Obando; las élites bolivarianas primero, y los gólgotas y conservadores después, se turnaron para bloquear con ella su legitimación institucional.

Pese a ese peso, Obando fue candidato presidencial en las elecciones de 1836-1837, asociado a la corriente santanderista. Perdió, pero el solo hecho de que un hombre con Berruecos en el expediente pudiera aspirar a la presidencia demuestra hasta qué punto la Nueva Granada de esos años era, políticamente, un país donde la violencia armada y la legitimidad electoral no habitaban en compartimentos separados.

La Guerra de los Supremos

En 1839 estalló en el sur del país lo que se conocería como la Guerra de los Supremos. Los detonantes eran variados —un decreto de supresión de conventos menores en Pasto, tensiones religiosas, resentimientos regionales—, pero la contienda escaló hasta convertirse, entre 1839 y 1842, en la primera gran guerra civil nacional del período republicano. Los caudillos insurrectos recibieron el nombre de supremos porque se proclamaron jefes supremos en sus respectivas regiones. Sus reclamos eran heterogéneos y difusos, marcados por la ausencia de un sentimiento genuino de nacionalidad y por cierto afán descentralizador o federal.

El 26 de enero de 1840, Obando se lanzó a la insurrección en compañía de Gregorio Sarria —el mismo Sarria de Berruecos— y cercó Popayán. La coincidencia temporal con la reactivación del caso Sucre, provocada por la prisión de Erazo, no fue casual: la maquinaria judicial y la política avanzaban en paralelo. Parte de los rebeldes se unió argumentando que el gobierno hacía una guerra destinada a hundir políticamente a Obando en beneficio de los intereses de Tomás Cipriano de Mosquera y Pedro Alcántara Herrán. Esa era la lectura que los propios insurrectos difundían; no era necesariamente la verdad completa, pero indica hasta qué punto la figura de Obando funcionaba como bandera y como pretexto.

La guerra fue larga y devastadora. Santander, ya muy debilitado, se opuso al levantamiento y se negó a bendecirlo; sin embargo, la mayoría de sus seguidores personales y los liberales más intransigentes sí lo respaldaron. La amenaza militar llevó al presidente José Ignacio de Márquez y a los liberales moderados a estrechar su alianza con los antiguos bolivarianos, que compartieron el poder y aportaron la fuerza necesaria para enfrentar la rebelión. Herrán, uno de los jefes militares del bando gubernamental, ensayó a lo largo del conflicto varias iniciativas de paz. Los daños económicos fueron enormes: la Memoria de 1842 registraría que los perjuicios al tesoro público y a la riqueza de los particulares habían mantenido al país en la miseria y dejado exhaustas las cajas nacionales. Se destruyeron embarcaciones fluviales de gran valor, incluido el vapor Unión, construido en Glasgow, cuyo costo había superado el millón de dólares.

La derrota de los supremos tuvo consecuencias políticas de fondo. Fortaleció la alianza entre moderados y la facción bolivariana-conservadora, dejó el campo abierto a fuerzas hostiles al descentralismo y al federalismo, y allanó el camino a un giro autoritario y centralista. Obando fue derrotado y salió al exilio. La Guerra de los Supremos había sido, en cierto modo, su guerra: no la había convocado del todo, pero se había convertido en el rostro visible del bando insurrecto, y su nombre —con el estigma de Berruecos encima— serviría en adelante para desprestigiar al liberalismo militante entero.

El regreso, los draconianos y la presidencia

Obando volvió del exilio en la década siguiente, cuando el mapa político colombiano se había reorganizado. El partido liberal, ahora nítidamente diferenciado del conservador, se dividía internamente entre dos facciones: los gólgotas o radicales, y los draconianos o demócratas. La escisión no era solo temperamental; correspondía a intereses económicos distintos. Los gólgotas representaban a los comerciantes importadores y defendían el librecambio; los draconianos representaban a los manufactureros y artesanos, y defendían el proteccionismo arancelario. Los gólgotas eran líricos, románticos, sentimentales, arrebatados y desordenados; los draconianos, más pragmáticos, encontraban su base social en los talleres urbanos y en las Sociedades Democráticas que proliferaban en Bogotá, Cali y Cartagena. Los artesanos acusaban a los librecambistas de egoísmo y falta de patriotismo, y señalaban que su doctrina arruinaría la manufactura nacional. Detrás del debate económico latía un conflicto de clases: la antiélite liberal urbana y los artesanos empobrecidos por las importaciones frente a los comerciantes que se beneficiaban de ellas.

Obando, con su prestigio militar, su historia santanderista y su vínculo con las clases populares del Cauca, era el candidato natural de los draconianos. En las elecciones de 1853 se enfrentó al general panameño Tomás Herrera, respaldado por los gólgotas, y ganó. El 1 de abril de 1853 se posesionó como presidente de la Nueva Granada. En su discurso de posesión pronunció, según algunas versiones, reservas sobre la Constitución vigente —gesto revelador: llegaba al poder por vía constitucional pero cargando el escepticismo de quien había hecho su carrera en las armas.

Su gobierno fue breve y turbulento. El 21 de mayo de 1853 se sancionó una nueva Constitución, la que quedaría asociada a su nombre. Fue una carta radicalmente reformista para la época. Reconoció por primera vez la libertad de cultos y eliminó la personería jurídica de la Iglesia Católica, medidas que profundizaron las tensiones con el clero y anticipaban la ruptura entre Iglesia y Estado que consumarían las constituciones posteriores. Estableció el sufragio universal masculino sin restricciones por alfabetismo ni riqueza, una audacia democrática que pocos países de la región se atrevieron a ensayar tan pronto. Y otorgó a las provincias el poder de redactar sus propias constituciones y elegir a sus gobernadores, medida que implantó de hecho un federalismo temprano y debilitó al ejecutivo central.

Ese debilitamiento fue el flanco por donde se filtró la crisis. Desde el inicio, Obando enfrentó una oposición institucional significativa: varias gobernaciones cayeron en manos de conservadores o de gólgotas hostiles a su administración. El presidente no tenía instrumentos para imponer su voluntad y su base social —los artesanos, los draconianos, los militares populares— empezó a moverse por cuenta propia, en un país cuya estructura constitucional acababa de descentralizarse.

El golpe del 17 de abril y la caída

La colisión final llegó rápido. El Congreso, dominado por los gólgotas, decidió eliminar el liderazgo militar y reducir el tamaño del ejército permanente. La medida era coherente con el ideario liberal radical —desmontar la maquinaria armada del Estado, considerada una amenaza a las libertades civiles—, pero era una declaración de guerra a la oficialidad y a las Sociedades Democráticas, cuya alianza con los cuarteles se había estrechado durante la campaña presidencial. Los artesanos bogotanos, que se oponían al librecambismo de los gólgotas y reclamaban proteccionismo, veían en el ejército un aliado natural; los militares, amenazados de despido, veían en los artesanos su respaldo civil.

El 17 de abril de 1854, el general José María Melo dio el golpe. Disolvió el Congreso, suspendió la Constitución y ofreció a Obando —según algunas versiones— continuar como presidente bajo el nuevo régimen. Obando rechazó la propuesta y fue arrestado. La causa inmediata del golpe había sido la supresión del ejército permanente; la causa profunda, la incapacidad del gobierno constitucional para arbitrar entre las facciones liberales enfrentadas.

Aquí se cierra la paradoja que define a Obando. La coalición que había derribado su gobierno —artesanos draconianos, oficialidad popular, Sociedades Democráticas— era la misma que lo había llevado al poder. El golpe de Melo no fue una traición externa sino la consecuencia lógica de un bloque social que carecía de proyecto institucional coherente y cuya fuerza política era inseparable de la movilización armada. Obando había cultivado deliberadamente esas redes durante toda su vida —desde las guerrillas patianas hasta las clientelas caucanas y los talleres bogotanos—, pero esas redes operaban con lógicas propias que escaparon a su control presidencial. El liberalismo popular colombiano descubrió en abril de 1854 que su fuerza electoral se apoyaba en una violencia movilizadora que el propio Estado constitucional no podía absorber.

Los civiles y militares que escaparon al arresto de Melo se reagruparon fuera de la capital. Formaron una coalición bipartidista insólita: liberales gólgotas y conservadores, aliados por primera y última vez, se unieron para combatir la dictadura. Los expresidentes Tomás Cipriano de Mosquera y José Hilario López —el viejo compañero de armas de Obando en 1828— encabezaron militarmente la campaña constitucionalista. La guerra civil duró aproximadamente ocho meses. A finales de 1854, Melo fue derrotado y la legalidad restaurada.

Pero la legalidad restaurada no absolvió a Obando. Fue acusado ante el Congreso, juzgado, hallado culpable de participación en el movimiento que lo había derrocado —una imputación paradójica que ilustra bien la lógica política del momento— y expatriado. La sombra de Berruecos volvió a operar: sus adversarios tenían por fin la oportunidad de sacárselo de encima con una condena formal. El liberalismo popular perdía a su caudillo más visible y el país quedaba, otra vez, en manos de la coalición gólgota-conservadora que preparaba las reformas radicales de la década siguiente.

Sus contemporáneos, sus geografías

La trayectoria de Obando no se entiende sin la red de figuras con las que compartió escenario. Bolívar y Santander marcaron su primer horizonte: contra el primero se rebeló en 1828, al segundo lo tuvo como referente político hasta su muerte en 1840. Sucre fue la víctima cuyo asesinato lo persiguió durante treinta años; Apolinar Morillo, uno de los ejecutores materiales confesos, terminaría siendo procesado y ejecutado por el crimen. Juan José Flores, presidente del Ecuador durante buena parte del período, fue interlocutor obligado en las intrigas del sur, donde las fronteras entre Popayán, Pasto, Quito y Cuenca eran porosas y donde los exiliados de un lado encontraban regularmente refugio en el otro.

José Hilario López fue el más constante de sus compañeros: coautor de la rebelión de 1828, presidente entre 1849 y 1853 —el predecesor que le entregó el poder—, y luego, en la ironía definitiva, uno de los jefes militares que lo derrocaron en 1854. Tomás Cipriano de Mosquera, el gran patricio caucano, funcionó siempre como su contrafigura: hombre de la élite señorial que hizo carrera militar bajo Bolívar, presidente conservador primero y liberal después, adversario en la Guerra de los Supremos y agente de su caída en 1854. Pedro Alcántara Herrán, yerno de Mosquera y presidente entre 1841 y 1845, había sido su enemigo en los Supremos. José María Melo fue el aliado incómodo cuyo golpe destruyó su gobierno. Manuela Sáenz, la compañera de Bolívar, cuya vinculación con el círculo santanderista era tensa, forma parte del paisaje humano del período que Obando atravesó sin haberla tratado íntimamente.

La geografía de su vida se concentra en unos pocos puntos. García, la localidad caucana asociada a sus orígenes; Popayán, el centro señorial que lo vio nacer y que sitió como rebelde; el Patía, la región de guerrillas donde forjó sus lealtades armadas; Pasto y Timbío, escenarios de sus campañas del sur; Berruecos, el nombre que se convirtió en su estigma; Bogotá, la capital lejana donde fue presidente y prisionero; Quito y Cuenca, los destinos del exilio. Un mapa que dibuja, sin decirlo, la fractura entre el suroccidente popular y el centro-oriente institucional que fue una de las claves estructurales del siglo.

Muerte y memoria

Obando regresó del exilio a finales de la década de 1850. La ola conservadora del presidente Mariano Ospina Rodríguez había derogado la Constitución de 1853 y promulgado, en 1858, una nueva carta. La reacción liberal no tardó: en 1860, Mosquera —convertido ya al liberalismo— se levantó contra Ospina en lo que sería la guerra civil de 1860-1862. Obando se sumó a la campaña liberal, ya viejo, cerrando el círculo de una vida hecha de guerras. Murió en combate en 1861, en una acción menor, sin ver la victoria de Mosquera ni la Constitución federalista y anticlerical de 1863 que consumaría, en clave radical, muchas de las reformas que él había ensayado diez años antes.

Su memoria quedó atrapada en las trincheras partidistas. Los liberales lo reivindicaron como el presidente que había firmado la Constitución del sufragio universal y de la libertad de cultos, como el hombre que había enfrentado a Bolívar en 1828 en defensa de la legalidad santanderista. Los conservadores lo condenaron como el tigre de Berruecos, el caudillo faccioso, el responsable —moral o material, según las plumas más duras— del asesinato de Sucre, el demagogo que había abierto la puerta al golpe artesanal. Ninguna de las dos memorias es enteramente falsa. Obando fue, simultáneamente, el reformador constitucional y el jefe de partidas armadas, el político electo y el sospechoso perpetuo, el aliado de los artesanos y el hombre que no supo protegerlos de las consecuencias de su propio radicalismo.

Su verdadera huella, sin embargo, es más estructural. Obando fue el agente más revelador de una configuración política que definió al país durante décadas: el liberalismo popular colombiano de mediados del siglo XIX, con su base social artesanal y militar, su vocación reformista, su fuerza electoral inseparable de la movilización armada, y su incapacidad para construir un proyecto institucional coherente. En su carrera se ve, sin filtro, cómo funcionaba la política en la Nueva Granada: cómo se ganaba una guerra, cómo se ganaba una elección, cómo se perdía el poder, cómo un estigma persistía durante treinta años sin que hiciera falta probarlo. La Constitución de 1853 —sufragio universal masculino, libertad de cultos, federalismo provincial— fue una de las cartas más avanzadas de su tiempo en América Latina; su caída, ocho meses después, fue una de las lecciones más duras sobre los límites del reformismo cuando descansa sobre alianzas armadas.

En el archivo vivo de la República, Obando ocupa el lugar del caudillo popular que fue y no pudo dejar de ser. Nació con un apellido patricio y una cuna irregular, hizo carrera con las armas antes que con la tierra, gobernó desde una Constitución que él mismo miraba con reservas, y murió peleando por un liberalismo que ya no era del todo suyo. La sombra de Berruecos, que sus adversarios agitaron durante treinta años, nunca terminó de disiparse. Tampoco su condición de figura fundacional de una tradición política —la del liberalismo popular armado y regional— que atravesaría, con otros nombres, buena parte del siglo XIX colombiano.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

35 documentos · 47 fragmentos
01Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · Página 2801 cita
[1]

declared against Bolívar in Popayán late in October, with the same intention as the assassins in Bogotá but with more resources, for he seized gold meant for the mint and looted rich estates. The illegitimate son of an upper-class Popayán family, he had fought as a guerrilla leader under royalist colours from 1819 to…

p. 280
02La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · Página 2601 cita
[2]

poco después del atentado a Bolívar, se produjo una revuelta en el sudeste. Lideraba el movimiento el coronel 267 Sytze van der Veen José María Obando, que estaba en comunicación con los santanderistas en Bogotá. Hacia finales de año, Bolívar partió rumbo a la zona rebelde para imponer el orden. No solo Obando…

p. 260
03Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 461 cita
[3]

obvious than one would assume. And should onecould onecount all the outbreaks whose immediate aim was to overthrow only regional authorities? For purposes of discussion it nevertheless may be useful to present a l of rebellions directed against the national authorities, rebellions whose seriousnes varied widely but…

p. 46
04Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 1871 cita
[4]

obtenida gracias a la pertenencia al mundo de los patricios, de la parte más sana de la sanior pars. Pero esta lógica que le cierra la carrera a eventuales hombres nuevos, parece cada vez más débil después del comienzo de las operaciones. Las cualidades personales y las técnicas le sacan ventaja a las consideraciones…

p. 187
05Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 1871 cita
[5]

obtenida gracias a la pertenencia al mundo de los patricios, de la parte más sana de la sanior pars. Pero esta lógica que le cierra la carrera a eventuales hombres nuevos, parece cada vez más débil después del comienzo de las operaciones. Las cualidades personales y las técnicas le sacan ventaja a las consideraciones…

p. 187
06Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Páginas 564, 5682 citas
[6]

río Mayo, en la casa de José Erazo, comandante de milicias, donde encon - traron un negro Angulo como de 22 años, acompañado por dos muchachos “que por su talla y actitudes parecían desertores de algún cuerpo”. El siguiente día llegaron a la posada 70 “Probanzas de testigos formadas por el apoderado del general…

p. 568
[7]

podemos sufrir tantas calumnias que se hacen a V. E. (…) Gómez de la Torre se ha indignado mucho con los papeles de Bogotá, y actualmente se está portando muy bien. Todos dicen que se unirán más bien al gran Turco que al Centro [de Colombia]. 60 Los cartageneros que apoyaban al general Mariano Montilla desde las…

p. 564
07Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1371 cita
[8]

Juanambú, el 30 de agosto. En Pasto ofreció un indulto a los que depusieran las armas y proclamó el decreto de supresión de los conventos. Sin embargo, las guerrillas que operaban entre Popayán y Pasto se sumaron a la revuelta. La pri- sión de uno de los jefes guerrilleros, José Erazo, sirvió para reactivar el caso…

p. 137
08La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · Páginas 454, 4582 citas
[9]

de los principios 35 “Extracto de una carta del general José María Obando a un amigo suyo. Bogotá, junio 23 de 1836. Imprenta de Nicomedes Lora”. bnc, Fondo Pineda 470. Al final del impreso, aparece manuscrito el nombre de José Hilario López. Es presumible que López fuese quien La elección de la República 440…

p. 454
[10]

la competencia por los votos, las estrategias fueron las mismas que las utilizadas para elección de los senadores y representantes. También fueron iguales las acusaciones de fraude por el uso de las influencias de los gobernadores sobre los electores. En el cantón de Ocaña se publicó un panfleto que acusaba a los…

p. 458
09Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · Página 641 cita
[11]

come, mi mamá se morirá de pena” 173. Obando, sorprendido y consciente de que su fama de “tigre” era la que intimidaba al niño, lo reconfortó y le regaló al niño Quijano Wallis una brida confeccionada por los andaquís y unos dulces de azúcar y leche. El ejemplo de Obando el que nos permite argumentar que el tigre no…

p. 64
10Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Páginas 56, 672 citas
[12]

que provocó la revuelta conservadora. Como ya se señaló, en ambos partidos había grupos que rechazaban la violencia, por considerarla un método inadecuado. Por ejemplo, la revuelta de 1839 tuvo la oposición de Santander y contó con la “abstención” visible de José Hilario López, quien trató de ser un mediador. Los…

p. 67
[43]

lideró una nueva revuelta que derribó al gobierno legítimo, y en septiembre invitó a Bolívar a reasumir el mando; pero este, a pesar del apoyo de tropas de varias provincias, se negó a hacerlo con base en una acción militar: si esta “no se legitima es una tiranía”, escribió a Urdaneta 55. Bolívar, aunque simpatizaba…

p. 56
11Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Páginas 21, 2222 citas
[13]

los gomemos del conflicto conocido como guerra de los Supre mos, contienda avil que, encendida enel sur del pals, alcanzó entre 1639 y 1841 relieve nacional: Se denominaba “supremos” a bos caudillos reghonales ones de Cubo e e firma debes igreuterans ¡e A Comneno fase Jedaría sl s de Som Mario, y Mgz Just Romera Samer…

p. 21
[26]

democracia. im- piden que su voz ommipatente peri tre en aquel recinto, y ahogue los UE times gritos destemplados cel jesub- tismo que aceso se oyen aún sombría y misteriosamente en-é2068 diustros tenebrosos. Sancionadlo, que La doc- tina de Jesucristo no debe vivir em boscada en unos antros oscuros» Finalmente…

p. 222
12Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Páginas 115, 1192 citas
[14]

of his term, Santander gave evidence of his legalistic bent by accepting the defeat of his chosen candidate and turning the presidency over to Jose Ignacio de Marquez Barreto (president, 1837^11), a former col- laborator whom he now opposed. Most of their differences were minor, but Santander objected to Marquez 's…

p. 119
[44]

blame to Vice President San- tander, a man who had dropped out of law study to fight for indepen- dence but as chief executive surrounded himself with ardent young lawyers as helpers and advisers. What the country needed, in Boli- var's view, was a stronger executive, a less assertive legislature, and a partial…

p. 115
13Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 831 cita
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Si el Ejército peleaba al lado de los liberales, los conservadores luchaban contra los dos. Se iniciaban guerras por las razones más absurdas. En 1885 hubo una pequeña, pero sangrienta confrontación denominada la batalla de la Humareda, que empezó simplemente porque el presidente del momento había nombrado a un…

p. 83
14Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Páginas 172, 2802 citas
[16]

ejecución, prometían a la República un porvenir lisonjero… «Pero de repente el genio del mal invade nuestro suelo, y lisonjeando intereses privados, derrama males sin cuento entre los granadinos. Quieren algunos librar a la fuerza la decisión de cuestiones políticas que deben tratarse en la calma de la fría razón y…

p. 172
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pugna de comerciantes y manufactureros se expresó en las luchas de gólgotas y draconianos. Los pri- meros eran una manifestación política de los intereses económicos de los comerciantes, y los segundos expresaban la defensa igualmente política de los intereses económicos de los manufactureros y artesanos. Por eso, los…

p. 280
15Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Páginas 83, 882 citas
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describe Cordovez Moure, testigo directo del arribo del caudillo caucano, la entrada que éste hizo acompañado de algunos jinetes: "En medio de éstos venía uno montado en mula trotona, cubierta la cabeza con som- brero alón de paja, pobremente vestido, con botas altas, que denotaban luengos años de ser- vicio, cara…

p. 83
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militares y civiles contra Melo era la legitimi- dad, el imperio de la Constitución y las leyes. En ello había coincidencia general. De ahí que no se desanimaran ante las iniciales derrotas provocadas por las fuerzas melistas, que pronto comenzarían a sentirse golpeadas por el adver- sario. El objetivo final era la…

p. 88
16A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Página 711 cita
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letter, you addressed to this news - paper an article that appeared in number 225 on November 26, and in which you make an effort to accredit the selfish and disastrous doctrine advocated by Juan Bautista Say and his entire school, which includes the simple formula of let do; or what is the same: let them steal, let…

p. 71
17Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · Página 1951 cita
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pronunció otro discurso y presentó a Oban- do un bastón de mando, en nombre de los ciudadanos. Algunas cantoras de fandango improvisaron entonces esta famosa copla: E l año q u e viene si Dios nos da vida, veremos a Obando sentado en la Silla. En su posesión de la gobernación al día siguiente, que reci- bió de manos…

p. 195
1830 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 691 cita
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la tendencia natural del partido Conservador a la religión, de ahí su odio a las enseñanzas irreligiosas y disolventes”. En el país, hasta nuestros días, todos los gobiernos son liberales o conservadores. EL PARTIDO CONSERVADOR Y SU NOMBRE (La Civilización, número 17, 29 de noviembre de 1849) I. Hemos visto, en…

p. 69
19Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 131 cita
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dijo no compartir. Entonces, ya tenía 21 años. Era delgado, ágil y dicharachero. En el relato de su vida, cuenta: “No aprobé tan monstruoso atentado. En 1830 fui entusiasta por la elección del señor Mosquera, y de consiguiente hice por ella todo lo que pude. Por la caída del intruso Urdaneta trabajé, hice varias…

p. 13
20Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1361 cita
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Sin embargo, las po l í ticas liberales no cambiaron y las tarifas siguieron siendo bajas durante el resto de siglo, al menos hasta la d é cada de los ochenta. En muchos momentos los grupos artesanales, sobre todo urbanos — pues los tejedores rurales, en gran parte mujeres que trabaja LA NUEVA GRANADA Y LA APARICI Ó N…

p. 136
21Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Páginas 21, 57, 643 citas
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tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…

p. 21
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Gre fare Arana? aba Rey NS La guerra civil de 1854. Se produjo para com- batir la dictadura del general José Maria Melo, en una época de reformas socio-econémicas y cuando los artesanos o «draconianos» querian derogar las medidas librecambistas que beneficiaban a los co- merciantes, con perjuicio de la industria…

p. 64
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de vida de inestabilidad de la época. La anarquia se presenta como un problema de ajuste en la sociedad; un problema que revela la transicién hacia otra vida politica y socio-econé- mica de las nuevas naciones. La adaptacion del demoliberalismo a la realidad latinoamericana se presenta también como otro factor de…

p. 57
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 341 cita
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gobernaciones y la mayoría de las alcaldías en su contra. Su corto gobierno se caracterizó por su intento de mantener la paz entre los partidos y la aprobación de una nueva constitución. El 21 de mayo de 1853 Obando proclamó la nueva constitución del país, que puso fin a la constitución ministerial de Márquez de 1843.…

p. 34
23Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 3631 cita
[27]

Uribe, El pensamiento colombiano, 173–80. 39. Arboleda, Historia contemporanea de Colombia, tomo V, 57. 40. Uribe Hincapié and López Lopera, Las palabras de la guerra, 360. 41. Cordovez Moure, Reminiscencias, 222. 42. Restrepo, Diario político y militar, tomo IV, 31. 43. Elected officials hostile to Obando’s regime…

p. 363
24Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · Página 1291 cita
[28]

por una reducción más pausada de las tarifas; además, consideraban al arancel una fuen- te de ingresos estatales y no una herramienta de protección. Por otra parte, los conservadores, quienes comenzaron a actuar como partido solo hacia 1848, se oponían en general a un sistema de tarifas elevadas. El problema del…

p. 129
25The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Página 611 cita
[29]

laboring people in the incoming Obando administration, many Conservative and Liberal letrados sought common ground across the partisan divide. To many lettered observers the particular motive for Carmona’s murder, which remained unsolved, mattered less than a “rising popular furor” that no longer shied away from…

p. 61
26Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · Página 4671 cita
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hijos reposan en el mismo cementerio de Montparnasse, a tiro de piedra de Cortázar y Dunlop, sintetizó en una frase el sentimiento que cayó sobre los amigos y lectores del escritor argentino al conocer la noticia imposible: «Cuando Julio murió, una parte de nuestro espejo se quebró y todos vimos la noche boca arriba».…

p. 467
27Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Páginas 54, 652 citas
[32]

Album de la Comisién Corografica que representa a un arriero y una tejedora de Vélez. En 1853, las clases populares, junto con los artesanos, se enfrentaron a la élite dirigente, enfrentamiento que desembocaria en el golpe militar del general Melo. A la derecha, tejedor de ruanas, segun una acuarela del Album de la…

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hombres, de- muestra el animo de concordia que quiere estable- cer, a la vez que revela una plena seguridad en su gestion como gobernante. Al afo siguiente Obando es acusado ante el Congreso, en el cual es justo decir tenian asiento algunos espiritus en los cuales primaba una mente acalorada, y se decide someterle a…

p. 65
28La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1221 cita
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tra - dicionalista. Evidentemente, a la percepción del peligro revolucionario de subversión de clases, salta todo el grupo dominante, uni- do contra el nuevo «tirano» y «la hez de la sociedad». Con la excusa de restaurar «la democracia y la legalidad» (en lo que se incluía la defensa del derecho de propiedad que vino…

p. 122
29Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 291 cita
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Faja Oriental>>permiten apreciar la comple- jidad interna de la s cuatro r eg iones. Por ejemplo, el Gran Cauca era extremadamente di verso por su base racial, sus tradiciones e idiosincrasias, sus ecosistemas y sus bases productivas. En el s ur, los altiplanos agrícolas de Past o, Túquerres e lpiales, pr esentaban…

p. 29
30Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · Página 1061 cita
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La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…

p. 106
31Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Páginas 181, 185, 1893 citas
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como una élite terrateniente, minera 181 Capítulo 7. El localismo de las élites caucanas en el siglo xix y comerciante, que se consolidaría hacia el siglo xviii, tal y como lo expusiera Colmenares (1975). La situación de las élites de Popayán fue diferente. Al contar con un importante número de comunidades indígenas,…

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integraron a las subregio - nes en un proyecto político conocido como “Las Ciudades Amigas y Confederadas del Valle”. A partir de febrero de 1811, dicho proyecto inició las guerras de independencia y se enfrentó a las autoridades es - pañolas establecidas en Popayán. Fue esta nueva élite de carácter su - pralocal la…

p. 185
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extranjeros y la libertad de pren - sa (Restrepo, 1963). Se trataba entonces del sector de la élite que avi - zoraba realmente la instalación de las políticas que dejarían atrás el viejo régimen que predominaba camuflado en el orden republicano. Nos encontramos así en un proceso que enfrentaba la necesidad de disolver…

p. 189
32Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Página 1931 cita
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podría facilitar la venta de sus inmensas e improductivas propiedades que en la cam biante sociedad caucana ya no servían ni para mantener el status social, ni para garan tizar la vecindad en Popayán, algo que ya no preocupaba a los Mosquera, ni a muchos caucanos importantes como José María Obando y José Hilario…

p. 193
33Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · Página 1001 cita
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vol. VI, pags. 229 y 235-237; Lima, 1971. 1055 aniquilados, pero su bravura fue reconocida hasta por el gallardo comandante espanol, en cuyas filas también hubo considerables bajas. La dificil circunstancia en que Bolivar se encon- traba después de este sangriento combate de Bom- bona, sobre todo por la tardanza en…

p. 100
34Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 1391 cita
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práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…

p. 139
35Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 941 cita
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el trato respetuoso que se debía dar a los prisioneros de guerra, asistencia a los heridos y enfermos y respeto a la población civil. El 26 de noviembre de 1820 se suscribió entre Simón Bolívar, como presidente de la recién creada República de la Gran Colombia, y Pablo Morillo, comandante español del Ejército de…

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