Institución · Nueva Granada
Sociedades democráticas
Asociaciones voluntarias urbanas activas en la Nueva Granada entre 1847 y 1854, integradas por artesanos e intelectuales liberales, que funcionaron como primer laboratorio de política popular colombiana: movilizaron masas, influyeron en la elección presidencial de 1849 y respaldaron el golpe de Melo antes de ser disueltas.
Trayectoria de una idea
- 1838
Antecedente fundacional de Lorenzo María Lleras
- 1847
Fundación de la Sociedad de Artesanos de Bogotá y primeras Sociedades Democráticas
- 1848
Impacto de la Revolución francesa y expansión ideológica
- 1849
Elección del 7 de marzo: primer triunfo político
- 1852
Fractura interna del liberalismo: gólgotas contra draconianos
- 1854
Golpe de Melo y disolución
La lectura
Las Sociedades Democráticas representaron el primer intento significativo de organización colectiva de los trabajadores urbanos en la Nueva Granada para defender intereses comunes, combinando la herencia gremial colonial con el vocabulario republicano de la Revolución francesa de 1848. Su naturaleza fue estructuralmente ambigua: nacidas como asociaciones gremiales para obtener protección aduanera, fueron captadas por el liberalismo emergente y convertidas en máquinas electorales y cuerpos de defensa armada del gobierno, lo que las desvió de su propósito original y sembró la contradicción que las haría estallar. En su breve existencia de siete años lograron influir decisivamente en una elección presidencial, sostener un ciclo reformista sin precedentes y protagonizar un golpe de Estado, demostrando que los artesanos urbanos podían ser actores políticos de primer orden. Su derrota en 1854 no borró su legado: la gramática de movilización que depositaron en la cultura política colombiana —la asamblea periódica, la protesta callejera, la exigencia proteccionista, la asociación por identidad de oficio— reaparecería décadas después en el mutualismo de la Regeneración y en las primeras organizaciones obreras del siglo XX. La disputa entre liberales y conservadores por controlar estas organizaciones populares fue, además, uno de los momentos fundadores del bipartidismo colombiano como fenómeno de masas.
En la Nueva Granada de mediados del siglo XIX, entre 1847 y 1854, un tipo de club político nuevo puso a marchar por las calles de Bogotá, Cali, el Socorro y Palmira a zapateros, sastres, ebanistas y estudiantes universitarios. Se llamaron Sociedades Democráticas y fueron el primer laboratorio urbano de política popular en la historia colombiana: híbrido entre gremio artesanal, club jacobino a la francesa y máquina electoral del liberalismo emergente. En apenas siete años eligieron un presidente, sostuvieron a otro, respaldaron un golpe de Estado y fueron aplastadas en el mismo movimiento; pero antes de disolverse depositaron en la cultura política del país una gramática de movilización —la asamblea semanal, la protesta callejera, la asociación por oficio, la exigencia de proteccionismo frente al comercio importador— que reaparecería, alterada, en el mutualismo de la Regeneración, en los círculos radicales de comienzos del siglo XX y en las primeras organizaciones obreras de los años veinte. Su historia condensa tensiones que atravesarán al país durante generaciones: la relación entre partidos y masas, entre libre cambio y protección, entre inclusión popular y orden constitucional.
Qué eran las Sociedades Democráticas
Nombrarlas es ya interpretarlas. Fueron asociaciones voluntarias, urbanas, con reglamentos y sesiones periódicas, cuyo núcleo activo eran artesanos —maestros y oficiales de los oficios manuales tradicionales— acompañados por intelectuales liberales, estudiantes y, en menor proporción, afiliados de sectores más acomodados. Se reunían para deliberar, difundir ideas, agitar en favor de candidatos, presionar por reformas económicas —sobre todo aduaneras— y, cuando el gobierno liberal lo estimuló, para instruirse en ejercicios militares y sostenerse armadas. La palabra "democrática" no aludía al sufragio como procedimiento —que apenas comenzaba a discutirse en clave universal— sino a un principio de sociabilidad horizontal, tomado del vocabulario de la Revolución francesa de 1848, según el cual los miembros se llamaban entre sí ciudadanos y deliberaban sin distinción formal de rango.
No eran sindicatos: no negociaban condiciones laborales con patrones, porque el taller artesanal neogranadino era una unidad familiar donde el maestro era a la vez propietario, productor y jefe. Tampoco eran partidos en sentido moderno, aunque cumplieron funciones partidistas. Y aunque en algunas provincias declaraban propósitos de fomento agrícola, industrial o de instrucción cívica —como las de Micái y Castrolarma, que hablaban de sostener el sistema liberal y difundir los principios de igualdad, libertad y fraternidad—, su rasgo estructural fue la fusión, sin resolver, entre la defensa de intereses económicos concretos del artesanado y la militancia por un proyecto político liberal más amplio. Esa fusión les dio su fuerza inicial y contuvo, desde el comienzo, la contradicción que las haría estallar.
Antes de 1847: sociabilidad ilustrada y gremios coloniales
Las Sociedades Democráticas no salieron del vacío. Detrás de ellas se cruzan dos linajes.
El primero es el de las sociedades de amigos del país, las tertulias y las sociedades económicas del último tramo colonial. Aquellos espacios, tolerados y en parte impulsados por la Corona, permitieron que la élite criolla circulara textos ilustrados, discutiera economía política y ensayara formas de asociación voluntaria que no dependían del linaje ni de la corporación. Allí se incubó una paradoja fértil: una educación patrocinada por el imperio que introducía las ideas que terminarían por cuestionarlo. En clave larga, esas tertulias formaron una primera capa de patriotismo protonacional, antesala del ciclo revolucionario y de las repúblicas siguientes.
El segundo linaje es artesanal y corporativo. En ciudades como Cartagena, cuyos censos de 1780 registran una amplia variedad de oficios, o en Medellín, donde un expediente del 23 de junio de 1817 pedía a los maestros mayores de los gremios de platería, carpintería, sastrería, zapatería, herrería y albañilería listas de sus oficiales, existía una vida gremial que la Independencia no interrumpió. Convivía con cofradías religiosas —a las que se afiliaban artesanos de oficios demasiado pequeños para sostener gremio propio— y aportó, cuando llegó el momento republicano, una experiencia asociativa práctica: cómo convocar, cómo levantar acta, cómo hablar en nombre de un colectivo.
El puente explícito lo tendió Lorenzo María Lleras. En 1838 fundó en Bogotá una Sociedad democrático-republicana de artesanos y labradores progresistas, con filiales en Tunja y en la Villa de Leiva. Su alcance fue modesto: parece haberse limitado a la difusión de información cultural, sin la fuerza política que sus sucesoras alcanzarían diez años después. Pero el nombre ya estaba puesto, y con él la fórmula: unir en una misma asociación el vocabulario republicano —"democrático", "progresista"— con la identidad social del artesano.
Sobre este suelo pesaba la advertencia temprana del general Francisco de Paula Santander, quien desde 1823 había señalado al Congreso el doble filo de las sociedades patrióticas: útiles para la prosperidad de la república si se las orientaba bien, perniciosas si escapaban a la vigilancia. La ambivalencia era vieja; en la década de 1830, cuando las asociaciones políticas empezaron a adquirir significación partidista y a convertirse en piezas de la maquinaria electoral, quedó claro que el problema no era episódico sino estructural.
1847: el año en que nace la Sociedad de Artesanos
El año decisivo es 1847. Tomás Cipriano de Mosquera ocupaba la presidencia desde 1845 y su ministro de Hacienda, Florentino González, un liberal convencido de las doctrinas de Jean-Baptiste Say, impulsó una reducción arancelaria drástica que rebajó a la mitad o menos algunos derechos de importación. El arancel no llegó solo. El vapor ya había entrado al Magdalena y abarataba el flete de las manufacturas europeas río arriba. En los talleres bogotanos, la ropa confeccionada inglesa y los muebles franceses competían con ventaja creciente contra zapaterías, sastrerías y ebanisterías locales. Para el artesanado urbano —el que producía bienes de consumo popular en la capital— el arancel de 1847 volvió visible una amenaza que ya estaba en marcha.
Ese mismo año existía en Bogotá una Sociedad de Artesanos con trescientos miembros. Su propósito inicial era obtener protección aduanera para las manufacturas locales: era una organización gremial y económica, no un club político. Su transformación fue rápida. Cuando empezó a intervenir en la campaña electoral que definiría la sucesión de Mosquera, cambió de nombre —pasó a llamarse Sociedad Democrática— y desvió progresivamente su energía hacia la política partidista. A finales de 1849 reclamaba mil quinientos afiliados, cifra que ya incluía estudiantes universitarios y afiliados de clase alta. En dos años había multiplicado por cinco su membresía y cambiado de naturaleza.
La coyuntura internacional apuró el proceso. La Revolución francesa de febrero de 1848, con su vocabulario de fraternidad, república social y sufragio, tuvo repercusión inmediata en la juventud universitaria y en la clase artesanal de Bogotá. El reformismo liberal neogranadino, que hasta entonces buscaba abrirse paso frente al gobierno conservador de Mosquera, encontró en las Sociedades Democráticas —y estas encontraron en él— un vehículo mutuo.
El instrumento y sus habitantes: la ambigüedad fundacional
Aquí conviene detenerse, porque en la naturaleza de esa alianza se juega toda la historia posterior. Las Sociedades Democráticas fueron organizadas primordialmente para movilizar apoyo popular al emergente Partido Liberal, y los liberales lideraron su creación y multiplicación por el territorio. Pero al mismo tiempo captaron a un actor social —los artesanos— que traía una agenda económica propia, y no siempre compatible con la del liberalismo doctrinario: la protección arancelaria.
De ahí una tensión que las recorre desde el comienzo. Cuando la Sociedad de Artesanos de Bogotá cambió su nombre por el de Sociedad Democrática, sus dirigentes ganaron peso político nacional pero se distanciaron del reclamo gremial original. Muchas sociedades provinciales, en cambio, siguieron agitando por el proteccionismo con más intensidad que por la doctrina liberal. La organización nacional era, en la práctica, un mosaico: en Bogotá, laboratorio político del liberalismo; en el Valle del Cauca, la Provincia de Bogotá o el Socorro, plataformas donde la reivindicación artesanal se mezclaba con lealtades regionales y con la conflictividad entre notables y sectores populares. No hubo una única Sociedad Democrática; hubo una red heterogénea con un nombre común y una gramática compartida.
1849: la elección del 7 de marzo
La primera gran prueba llegó pronto. En la elección presidencial de 1849, ningún candidato obtuvo mayoría absoluta y el Congreso debió resolver. El 7 de marzo, mientras los legisladores deliberaban, las Sociedades Democráticas movilizaron a los artesanos bogotanos en las inmediaciones del recinto. La presión fue evidente; la votación, apretada. Salió electo José Hilario López, el candidato liberal.
La elección del 7 de marzo se convirtió en un mito fundador de la política liberal y también en un trauma para los conservadores, que la leyeron como una capitulación del Congreso ante la turba armada. Fue el momento en que el instrumento probó su eficacia: una organización popular urbana había pesado, decisivamente, en la elección del presidente de la República. Y López no lo olvidó. Simpatizaba secretamente con la Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá y asistió a alguna de sus sesiones, gesto inusual para un jefe de Estado y señal inequívoca del pacto tácito entre el gobierno liberal y su base movilizada.
Las reformas del medio siglo
El gobierno de López (1849-1853) y el de su sucesor José María Obando (1853-1854) desplegaron un programa reformista más radical que casi cualquier otro contemporáneo en América Latina. Se abolió la esclavitud, se instauró el sufragio universal masculino, se procedió a la partición de los resguardos indígenas. En 1850 López expulsó a los jesuitas y comenzó a desmontar los privilegios eclesiásticos, inaugurando un ciclo largo de tensión entre los gobiernos liberales y la Iglesia. Con la coordinación del secretario de Hacienda Manuel Murillo Toro, se suprimió el monopolio estatal sobre el tabaco, medida emblemática de la voluntad de insertar la economía neogranadina en el mercado mundial.
La Constitución del 21 de mayo de 1853, promulgada bajo Obando, llevó el impulso reformista a su punto más alto: libertad de cultos, voto universal masculino sin restricciones de alfabetismo ni riqueza, potestad de las provincias para dictar sus propias constituciones y elegir sus gobernadores, y supresión de la personería jurídica de la Iglesia Católica. Fue el texto más liberal que había producido la república hasta entonces.
Las Sociedades Democráticas fueron, en ese ciclo, algo más que una clientela agradecida. El gobierno las promovía activamente, las consideraba parte de su base defensiva y toleraba —cuando no impulsaba— la incorporación de ejercicios militares en sus actividades. Sus miembros se mantenían armados. En la doctrina liberal del momento, aquello era coherente: una república igualitaria necesitaba un pueblo instruido cívica y militarmente, capaz de defender sus libertades. En la práctica, significaba que el gobierno tenía en la calle un cuerpo paramilitar afín, y que la oposición conservadora percibía cada asamblea artesanal como una amenaza al orden.
La competencia por las masas urbanas
Los conservadores no se quedaron mirando. Frente a las Sociedades Democráticas fundaron sus propias organizaciones —la Sociedad para la Instrucción Popular, la Fraternidad Cristiana, y una Sociedad Popular de orientación católica destinada a captar sectores urbanos— y, sobre todo, aprovecharon con habilidad una red preexistente que los liberales no tenían: las cofradías católicas, presentes en cada parroquia, con siglos de práctica asociativa y con la autoridad moral del clero. En materia de sociabilidad popular, los conservadores fueron más eficaces que sus rivales; sus organizaciones influyeron en la pérdida de elecciones primarias por parte de la oposición liberal en varios puntos del país.
Esa competencia produjo un efecto que a menudo se pasa por alto: la politización del voto en el primer nivel electoral. Cuando los liberales debían movilizar a los artesanos y los conservadores a las cofradías, el sufragio dejaba de depender exclusivamente de la preeminencia social, económica o patriótica de los notables locales. Se volvía, con todas sus tosquedades, un ejercicio partidista de masas. La disputa por la sociabilidad urbana entre 1847 y 1854 fue uno de los momentos fundadores del bipartidismo colombiano.
Los gobernantes liberales —Mosquera cuando cambió de posición, López, Obando— vivieron la eficacia católica como un problema estratégico. La política anticlerical del período, con la expulsión de los jesuitas y las medidas de 1853, no fue solo doctrinaria: buscaba desalienar a los sectores populares de lo que los liberales percibían como una dominación ideológica eclesiástica que les cerraba el acceso a las masas.
La fractura: gólgotas y draconianos
Hacia 1852-1853, el liberalismo se partió en dos. Por un lado, los gólgotas o radicales: jóvenes, doctrinarios, formados en la lectura de los románticos franceses y de los economistas librecambistas, asociados a los grandes comerciantes de importación y convencidos de que el libre cambio era el vehículo del progreso. Por el otro, los draconianos o demócratas: más pragmáticos, ligados a los manufactureros y a los artesanos, defensores del proteccionismo. Los primeros eran, se dijo entonces, líricos, sentimentales, arrebatados; los segundos, más prosaicos, más cercanos al taller que al salón.
La caracterización no era casual. Detrás de las etiquetas había dos coaliciones sociales y dos proyectos económicos incompatibles. Los gólgotas heredaban el impulso doctrinario de Florentino González; querían acelerar la inserción de la Nueva Granada en el comercio mundial y consideraban que la industria artesanal, incapaz de competir, debía transformarse o desaparecer. Los draconianos veían en el arancel el único escudo posible para una manufactura nacional que la geografía y el atraso técnico no permitían competir con la producción industrial europea.
La retórica se endureció. Artesanos y draconianos denunciaban a los librecambistas —a quienes llamaban "los ricos"— por egoísmo y falta de patriotismo, identificando la fórmula del laissez faire de Say con la ruina de la manufactura nacional. Los gólgotas respondían acusando a sus rivales de atraso y de sacrificar el interés general por el privilegio corporativo. La ironía es que el proteccionismo no era exclusivamente draconiano: los propios fundadores del conservatismo —Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodríguez, José Eusebio Caro— habían defendido con entusiasmo el librecambio antes de la fractura liberal. La política económica no seguía una línea partidista limpia; seguía las alianzas del momento.
El golpe de Melo, 17 de abril de 1854
El desenlace fue militar. El general José María Melo, veterano de las guerras de Independencia y afín al draconianismo, había sido cortejado por los sectores artesanales y por la corriente proteccionista dentro del ejército. El 17 de abril de 1854 derrocó al presidente Obando, con quien había roto, e instauró una dictadura militar apoyada por los artesanos, las Sociedades Democráticas y una fracción del ejército.
La Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá, dirigida entonces por Ambrosio López, respaldó abiertamente el golpe con la esperanza de obtener las medidas proteccionistas que la política oficial le había negado. Fue el momento de máxima audacia del artesanado urbano: en aras de una agenda económica concreta, se convertía en base social de un régimen militar contra el liberalismo constitucional que él mismo había ayudado a elegir cinco años antes.
La reacción fue inmediata y transversal. Contra Melo se coaligaron sectores del liberalismo —los gólgotas al frente— y los conservadores, en un frente constitucionalista poco frecuente en la historia colombiana. El gobierno legítimo se reorganizó en Ibagué. Los expresidentes Pedro Alcántara Herrán, Mosquera, López y José Ignacio de Márquez —figuras que en distintos momentos se habían enfrentado entre sí— tomaron mando de las tropas junto con parlamentarios y magistrados. El general Tomás Herrera se distinguió al frente de las fuerzas nacionales. El 4 de diciembre de 1854, los ejércitos constitucionalistas entraron triunfalmente a Bogotá. La dictadura había durado poco más de siete meses.
José de Obaldía asumió como mandatario constitucional; entre su gobierno y el de su sucesor Manuel María Mallarino se dictaron indultos para los responsables del golpe. Melo fue desterrado. Pero la derrota militar de los artesanos fue también, y sobre todo, una derrota política irreversible. La coalición proteccionista había quedado desarmada, sus organizaciones desprestigiadas, sus líderes procesados. La doctrina librecambista se impuso y, con matices, se mantuvo casi sin interrupción entre 1853 y 1870.
Después de 1854: la larga ejecución del artesanado urbano
El aplastamiento del 4 de diciembre no clausuró de golpe la vida asociativa artesanal, pero le retiró la posibilidad de convertirse en poder autónomo. Las Sociedades Democráticas sobrevivieron como espacios de sociabilidad y de agitación local, sobre todo en las regiones donde el liberalismo radical mantuvo su fuerza —el Socorro, Vélez, Cali, Palmira, el Valle del Cauca, algunas parroquias de la Provincia de Bogotá—, pero perdieron el papel de instrumento nacional que habían tenido entre 1849 y 1854.
La política económica selló el destino del oficio. El comercio de importación creció; la técnica europea siguió mejorando; el transporte fluvial y luego el ferrocarril abarataron aún más los bienes manufacturados que llegaban por el Magdalena. Hacia 1870, en un país donde el 23% de la población activa —unas 320.000 personas— se dedicaba a la artesanía y la fábrica, el 71% eran mujeres que trabajaban en sus hogares, sin división del trabajo ni acumulación de capital. Era una estructura productiva incapaz de competir, sostenida por una economía doméstica que no dejaba excedente. La agitación política de los años 1847-1854 había sido, entre otras cosas, un intento de contener por la vía del Estado una tendencia que ninguna sociedad artesanal podía revertir por medios económicos.
La Constitución de 1853 —el texto que había prometido tanto— fue derogada en 1858 por la ola conservadora del presidente Mariano Ospina Rodríguez. El país entró en un nuevo ciclo constitucional que culminaría, tras la guerra de 1860-1862, en el federalismo de Rionegro y en el llamado Olimpo Radical de las décadas siguientes.
Personajes y núcleos regionales
En la vida cotidiana de las Sociedades pesaron figuras diversas y en tensión. José Ezequiel Rojas, redactor del programa liberal de 1848, fue el hombre de la doctrina: la pluma que fijó por escrito lo que hasta entonces circulaba como convicción difusa entre los reformistas. Manuel Murillo Toro, en cambio, encarnó la conducción política: ministro de Hacienda de López, artífice de la supresión del estanco del tabaco y, más tarde, dos veces presidente, fue el liberal moderado que supo traducir el impulso del medio siglo en política de Estado. Manuel María Madiedo aportó otro registro, el de la especulación conceptual: fue quien discutió con más ambición teórica la cuestión social, en un país donde esa cuestión apenas empezaba a nombrarse. Del lado artesanal, la asimetría de fuentes deja a Ambrosio López como la figura pública del ciclo del golpe —el sastre metido a dirigente, autor luego del panfleto El desengaño, con el que intentaría explicar su propio itinerario—, mientras nombres como Miguel León, Emeterio Heredia y Cruz Ballesteros encarnaron el liderazgo de base en las asambleas semanales, la voz que arengaba a los oficios en la trastienda de la política nacional.
Las diferencias regionales no fueron ornamentales. En Bogotá, la Sociedad Democrática fue esencialmente política, con base artesanal fuerte pero con dirección intelectual liberal. En Cali y Palmira, en el Valle del Cauca, la sociabilidad democrática se enredó con la conflictividad agraria y con las tensiones entre hacendados y peones y libertos, produciendo episodios de violencia rural que teñirían al liberalismo caucano de un radicalismo distinto al bogotano. En el Socorro y Vélez, tierras de tradición artesanal textil, las sociedades sostuvieron con más constancia la agenda proteccionista. En Cartago y Popayán, la memoria de las jerarquías coloniales pesó sobre unas asociaciones que oscilaban entre la modernización y el conflicto interclasista. Cartagena, con su tradición gremial antigua y su condición portuaria, ofrecía todavía otro registro. No hubo un modelo único: hubo una constelación.
Herencia: del mutualismo al radicalismo obrero
Derrotadas como fuerza política nacional, las Sociedades Democráticas dejaron una gramática asociativa que la Regeneración y los años siguientes recogieron, modificaron y transmitieron. Bajo Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, el relevo tomó forma de sociedad de mutuo auxilio: artesanos en su mayoría, aunque formalmente abiertas a cualquier oficio, sosteniendo cajas de socorro para enfermedad, muerte y desempleo, y organizando celebraciones cívicas y religiosas donde antes se agitaban candidaturas. El poder regenerador las miró siempre de reojo. Cuando la Sociedad de Mutuo Auxilio de Bucaramanga fue disuelta en 1890 bajo sospecha de haberse convertido en club político, y solo se le permitió reconstruirse dos años después con el visto bueno del gobernador y del cura párroco, quedaba dicho todo: la lección de 1854 había sido aprendida por el poder, y la sociabilidad popular urbana debía ir en adelante anclada al clero o quedar bajo tutela.
Los artesanos volvieron a la plaza cuando la coyuntura lo permitió. Participaron en la caída del presidente Rafael Reyes en 1909, señal de que la memoria organizativa había resistido mejor que las instituciones, y de que los oficios de Bogotá conservaban un reflejo movilizador heredado del medio siglo anterior. En los años veinte esa herencia se refractó de otro modo. En Cartagena, Barranquilla, Cereté, San Carlos, Neiva y otras ciudades surgieron sociedades de obreros y artesanos que combinaban en sus estatutos demandas nuevas —emancipación de la mujer, escuelas laicas, ayuda a socios presos— con un vocabulario republicano que seguía llamando "camarada" o "compañero" a los afiliados. Las giras de María Cano como Flor del Trabajo, iniciadas hacia 1925, y los primeros Directorios Nacionales Socialistas cerraron un ciclo que venía de más atrás y hundía sus raíces en las asambleas artesanales del liberalismo del medio siglo. La tradición radical, más viva en Barranquilla, Barrancabermeja y las ciudades del Caribe liberal, penetró también regiones conservadoras y encontró aire nuevo con el retorno liberal al poder de Enrique Olaya Herrera y Alfonso López Pumarejo.
No hay una línea recta entre las Sociedades Democráticas de 1849 y los sindicatos petroleros de 1924; pretenderla sería anacronismo. Pero hay una continuidad de repertorios: la asamblea, la lista de socios, la caja de socorro, la manifestación en plaza pública, el uso del vocablo republicano para nombrar la fraternidad de los oficios, la desconfianza del gobierno hacia toda asociación popular que escapara al control clerical o partidista. Esa gramática, forjada en Bogotá y en las provincias entre 1847 y 1854, se depositó en el subsuelo de la cultura política colombiana y volvió a emerger cada vez que un sector popular urbano intentó organizarse por su cuenta.
Un balance
Fueron instrumento y sujeto a la vez: correa de transmisión del liberalismo y agencia autónoma del artesanado, laboratorio de inclusión popular y factor de desestabilización militar. Su alianza con el liberalismo gólgota-draconiano produjo las reformas más audaces del medio siglo —abolición de la esclavitud, sufragio masculino, libertad de cultos, desamortización eclesiástica— y también su ruptura violenta en 1854.
Leerlas solo como brazo popular del liberalismo simplifica un fenómeno que las desbordaba: los artesanos tenían agenda propia, la ejercieron cuando pudieron y pagaron el precio cuando el proyecto liberal se dividió y una de sus dos mitades —la librecambista— pactó con el conservatismo para desarmar a la otra. Leerlas solo como movimiento obrero temprano proyecta hacia atrás categorías del siglo XX que no encajan con la estructura del taller artesanal ni con la lógica gremial neogranadina.
Fueron algo más específico y más interesante. Por primera vez en la historia de la República, hombres y mujeres de los oficios manuales urbanos se organizaron colectivamente, con nombre propio, para intervenir en la política nacional. Lo hicieron con las herramientas que tenían: el número, la asamblea, la calle, la lealtad de oficio. Ganaron una elección presidencial, forjaron un ciclo reformista y perdieron una guerra civil. Lo que sobrevivió no fueron las instituciones que crearon —efímeras casi todas— sino una manera de hacer política que otros aprenderían a usar. Los mutualistas de la Regeneración, los radicales de provincia y los obreros del Magdalena Medio no fueron sus herederos directos, pero heredaron el molde. Ese es, quizá, el destino más colombiano de las Sociedades Democráticas: haber legado no una tradición triunfante, sino un método de resistencia que otros supieron reciclar cada vez que el país volvió a cerrarles la puerta a los de abajo.
En el archivo
2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Nueva Granada1831–18621
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01José Hilario López — presidente electo con el respaldo decisivo de las Sociedades Democráticas en marzo de 1849; simpatizante y asistente a sus sesiones
- 02Florentino González — ministro de Hacienda cuya reducción arancelaria de 1847 agudizó la conciencia proteccionista de los artesanos y precipitó la politización de la Sociedad de Artesanos
- 03José María Melo — general que lideró el golpe de Estado de abril de 1854 con apoyo de artesanos y Sociedades Democráticas, lo que condujo a su derrota y disolución
- 04Lorenzo María Lleras — fundador en 1838 del antecedente directo, la Sociedad democrático-republicana de artesanos y labradores progresistas
- 05Manuel Murillo Toro — secretario de Hacienda del gobierno liberal que coordinó las reformas del medio siglo en cuyo marco operaron las Sociedades Democráticas
- 06Bogotá — sede de la Sociedad de Artesanos y luego Sociedad Democrática más influyente, epicentro de la movilización del 7 de marzo de 1849
- 07Partido Liberal — organización política que promovió activamente la creación y expansión de las Sociedades Democráticas como base de movilización popular
- 08Proteccionismo artesanal — demanda económica central que motivó la organización original de los artesanos y generó la tensión estructural con el librecambismo liberal
- 09Sociedad para la Instrucción Popular y Fraternidad Cristiana — organizaciones conservadoras fundadas como respuesta directa a las Sociedades Democráticas para competir por las masas urbanas
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
35 documentos · 45 fragmentos
01La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 114, 1222 citas
[1]su autoridad algunos jefes y personeros notables. Principalmente, el impacto de la ideología liberal se re - gistra en la organización social a través de dos asociaciones de tipo secundario, la Sociedad Democrática y la Escuela Republicana, que se convierten en activos disórganos. Las Sociedades Democráticas, en…
p. 114
[27]tra - dicionalista. Evidentemente, a la percepción del peligro revolucionario de subversión de clases, salta todo el grupo dominante, uni- do contra el nuevo «tirano» y «la hez de la sociedad». Con la excusa de restaurar «la democracia y la legalidad» (en lo que se incluía la defensa del derecho de propiedad que vino…
p. 122
02Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 3711 cita
[2]Los censos de artesanos de Cartagena, en 1780, traen además de los anteriores oficios los siguientes: pintores, faroleros, confiteros, tintoreros, torneros, tabaqueros, enfardeladores, panaderos, plumeros, pulperos, pañeros, músicos, calafateros y aserradores. Algunos de estos es posible que existieran en otras…
p. 371
03Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 2071 cita
[3]últimas décadas de la Colonia hasta mediados del siglo XIX. En este periodo se pueden diferenciar cuatro etapas: la primera corresponde al patriotismo naciente, de las sociedades de amigos del país en el periodo colonial 1; la segunda 1 El desarrollo de una conciencia protonacional, que ha sido estudiada desde el…
p. 207
04¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 481 cita
[4]en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…
p. 48
05La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 433, 4372 citas
[5]médico, el abogado, el teólogo, todos han sido llamados a sufragar en las asambleas primarias, […] ¡Cuántos pueblos tendrán envidia al de la Nueva Granada, viéndose destituidos del precioso derecho de tomar parte en sus propios negocios públicos! ¡Cuántos pueblos han derramado inútilmente su sangre por recuperarlo y…
p. 433
[6]fue adquiriendo poco a poco una significación partidista, aun cuando continuara existiendo una visión negativa de las facciones y de los partidos. No obstante, a medida que ganar las elecciones primarias no dependía únicamente de la preeminencia social, económica o patriótica de los notables, las sociedades…
p. 437
06Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 2491 cita
[7]1847 under the Mosquera administration. Provincial chapters of both societies also quickly emerged throughout New Granada. Unlike the Instituto Caldas, however, the Democratic Societies, which first emerged around the push to elect José Hilario López, were primarily organized to foment popular mobilization exclusively…
p. 249
07The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 861 cita
[8]to the production of luxury consumer goods. And Bogotá's consumer-goods craftsmen (cobblers, tailors, furni- ture and cabinetmakers, etc.) faced the depressing prospect of increasing importations of fine ready-made clothes and fixtures from England and France. The drastic lowering of the tariff on finished goods in…
p. 86
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 139, 1472 citas
[9]en 1854. Inclusive las mujeres integraron una Sociedad del Niño Jesús. Hasta el presidente López simpatizaba secretamente con la Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá y asistió a una de sus sesiones. Presidencias de López y Obando Sin embargo, fue en la elección del 7 de marzo de 1849, en la cual el Congreso…
p. 139
[36]] general José Hilario López (1798-1869) fue elegido presidente de la Nueva Gra- nada, tras una tormentosa sesión del Congreso el 7 de marzo de 1849, para el período 1848- 1853. Durante su mandato, y bajo la coordinación del secretario de Hacienda, Manuel Murillo Toro (1816-1880), se concretaron bue- na parte de las…
p. 147
09Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2161 cita
[10]es que mucha gente consider ó que la interven ci ó n de las artesanos armados fue ú til para el partido liberal. A partir de ese momento la Sociedad se volvi ó cada d í a m á s un club pol í tico, y hasta cambi ó su nombre de Sociedad de Artesanos por el de Sociedad Democr á tica. Aunque esto la desvi ó de su pri…
p. 216
10Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 20, 222 citas
[11]bajo el Sistema Democrático, fundada en la parro- quia de Micái [un cantón de Guapí, en la provincia de Buenaventura]. El propósito de la sociedad era el de "sostener a todo trance nuestro actual sistema de gobierno, promover la agricultura e industria, hacer conocer esos sagrados principios de igualdad, libertad y…
p. 22
[20]importación, la agitación a favor de mayores tarifas de aduana haya coincidido con el establecimiento de la navegación de vapores por el Magdalena. Aunque las tarifas de carga de los v~pores no eran mucho más bajas que las de los champanes, la veloctdad y seguridad del nuevo método reducía sustancialmente los costos.…
p. 20
11Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 481 cita
[12]ya anotadas, se constituia como el aglutinante ideoldgico ante el re- formismo liberal, en el que veia una amenaza no sdlo desde el punto de vista de la economia, sino desde el punto de vista de la critica a la influencia terrenal de la Iglesia. En este sentido, la politica anti- clerical propuesta y llevada a cabo…
p. 48
12The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 371 cita
[13]attacked him with a machete, prompting the officer to shoot him in the leg. Although La Pulga and others were ar- rested, and a detachment of soldiers remained to help reinstate the ousted mayor, Pascual Gutiérrez remained apprehensive about the restoration of the old order. While the rioters had not physically harmed…
p. 37
13El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 4441 cita
[14]tribunales de justicia y redujo en un quinto las tarifas adua- neras. Colombia fue el primer Estado que, bajo la adminis- tración de dicho presidente, permitió el tráfico de buques de naciones extranjeras, por sus ríos y demás aguas, hasta el interior del país. Insistió en la confiscación de los bienes eclesiásticos y…
p. 444
14El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 278, 2832 citas
[15]vencedor» 184. Los años comprendidos entre 1850 y 1870, que verán surgir en la Nueva Granada una frondosa literatura política de carácter radical romántico y utópico, están marcados por 184 En Ángel y Rufino J. Cuervo, Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época, ed. cit., vol. i, pág. 54. 279 Eí ndicersdita…
p. 278
[21]social, cuya sociología histórica aún no se ha hecho. Sobre su situación 284 Jíndi Jícídneer Ucnsi políticas, y sobre todo el encono con que combatían a los por el año de 1839, escribía José Eusebio Caro: «Todo en la socie- dad comenzaba a tomar una marcha más arreglada y un aspecto más democrático y uniforme: los…
p. 283
15Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 21, 642 citas
[16]tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…
p. 21
[18]Gre fare Arana? aba Rey NS La guerra civil de 1854. Se produjo para com- batir la dictadura del general José Maria Melo, en una época de reformas socio-econémicas y cuando los artesanos o «draconianos» querian derogar las medidas librecambistas que beneficiaban a los co- merciantes, con perjuicio de la industria…
p. 64
16Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 2801 cita
[17]pugna de comerciantes y manufactureros se expresó en las luchas de gólgotas y draconianos. Los pri- meros eran una manifestación política de los intereses económicos de los comerciantes, y los segundos expresaban la defensa igualmente política de los intereses económicos de los manufactureros y artesanos. Por eso, los…
p. 280
17A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 711 cita
[19]letter, you addressed to this news - paper an article that appeared in number 225 on November 26, and in which you make an effort to accredit the selfish and disastrous doctrine advocated by Juan Bautista Say and his entire school, which includes the simple formula of let do; or what is the same: let them steal, let…
p. 71
18Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1291 cita
[22]por una reducción más pausada de las tarifas; además, consideraban al arancel una fuen- te de ingresos estatales y no una herramienta de protección. Por otra parte, los conservadores, quienes comenzaron a actuar como partido solo hacia 1848, se oponían en general a un sistema de tarifas elevadas. El problema del…
p. 129
19El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 821 cita
[23]Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…
p. 82
20Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 1911 cita
[24]redujeron a la mitad o menos de los niveles anteriores. En el caso de las telas finas, la disminución fue algo menor (20% al 30%). Curiosamente, la reforma gravó las importaciones de herramientas, que hasta entonces habían permanecido libres de todo derecho. La magnitud de los derechos arancelarios existentes hasta la…
p. 191
21Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · p. 1811 cita
[25]la escuela de la violencia en el pensamiento, cuya proyección necesaria en la polí- tica es la escuela de la violencia en los hechos, bautizada entonces con el nombre de draconianismo. Draconianos y gólgotas, más que dos fracciones políticas del liberalismo, son dos formas antagónicas del pensamiento, dos concep-…
p. 181
22Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 4671 cita
[26]hijos reposan en el mismo cementerio de Montparnasse, a tiro de piedra de Cortázar y Dunlop, sintetizó en una frase el sentimiento que cayó sobre los amigos y lectores del escritor argentino al conocer la noticia imposible: «Cuando Julio murió, una parte de nuestro espejo se quebró y todos vimos la noche boca arriba».…
p. 467
23Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 911 cita
[28]encargan del triunfo contra el gobierno de Melo, José de Obaldía 103 lo que tiene lugar propiamente el 4 de diciembre del año en cuestión, cuando Obaldía, los ex presidentes Herrán, Mosquera, López y Már- quez, parlamentarios, magistrados y tropas en- tran triunfalmente a la capital. En relación con la suerte que le…
p. 91
24The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 1851 cita
[29]Antioquia, many Conservatives and Liberals shared the interpretation that Melo’s coup was a consequence of having placed too much trust in the involvement of popular classes in national politics, as sym- bolized by the Bogotá artisans and with reference to the “highly active and politicised lower classes” of mestizos,…
p. 185
25Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 651 cita
[30]la Independencia hasta la década de 1880. El clero debió, entonces, acudir a los laicos para que estos asumieran varias tareas, desde el apoyo político, la más conocida, hasta su colaboración en la catequesis, educación y, por supuesto, la beneficencia y caridad 108. Por otra parte, sus exponentes pertenecían a…
p. 65
26Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1182 citas
[31]de 320.000 artesanos, fa- bricantes y artistas, cifra que corresponde, sobre un cálculo muy primitivo de la población activa de la época (ver cuadro 2.2), a un 23°/o de ella. 58 E. P. Thompson, The Making of the English Working Class. Penguin Books, Har- mondsworth, Inglaterra, 1968, pp. 259 y ss. 122 ECONOMÍA Y…
p. 118
[32]de 320.000 artesanos, fa- bricantes y artistas, cifra que corresponde, sobre un cálculo muy primitivo de la población activa de la época (ver cuadro 2.2), a un 23°/o de ella. 58 E. P. Thompson, The Making of the English Working Class. Penguin Books, Har- mondsworth, Inglaterra, 1968, pp. 259 y ss. 122 ECONOMÍA Y…
p. 118
27Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 791 cita
[33]Las nuevas élites de la ciudad distan mucho de aquellas que se concentraban alrededor del chocolate. En síntesis, la sociedad bogotana fue evolucionando a medida que sus hábitos de consumo incorporaban nuevas tendencias y modificaban sus formas de socialización. En 1813, se convidaba a tomar una taza de chocolate, en…
p. 79
28Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 87, 942 citas
[34]cultural y organizativa como clase dependió del contacto con los artesanos. Estos últimos tampoco deben verse como productos típicos de modernas urbes. En las aldeas medievales o coloniales, ellos cumplían funciones complementarias a las economías agropecuarias circundantes. Es necesario romper la dicotomía entre…
p. 87
[43]círculos de estudio, los hogares y los ritos cotidianos, la tradición radical va siendo apropiada por los nacientes grupos obreros. "La tolerancia y la libertad de pensamiento", decía un periódico obrero en 1916, "son las bases sobre las cuales descansa la prosperidad y el engrandecimiento de las sociedades…
p. 94
29Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 130, 1362 citas
[35]í a llevado al poder, pero pon í an el acento en el cambio y' el progreso m á s que en el mantenimiento del orden y la tradici ó n. El cambio m á s brusco de este gobierno fue la adopci ó n ines perada del liberalismo econ ó mico internacional. Aunque é ste hab í a sido un deseo de casi todos los dirigentes, rebajar…
p. 130
[41]Sin embargo, las po l í ticas liberales no cambiaron y las tarifas siguieron siendo bajas durante el resto de siglo, al menos hasta la d é cada de los ochenta. En muchos momentos los grupos artesanales, sobre todo urbanos — pues los tejedores rurales, en gran parte mujeres que trabaja LA NUEVA GRANADA Y LA APARICI Ó N…
p. 136
30Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 471 cita
[37]n.p.n.; J. A. Restrepo, Retrato de un patriarca antioqueño. Pedro Antonio Restrepo Escovar, – (Medellín, ), – . immoral and dangerous... [the Jesuits] always leave tears, discord and anarchy behind wherever their ill-fated destiny takes them’. 4 When the Jesuits were again expelled in , El Espía,…
p. 47
31Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 471 cita
[38]n.p.n.; J. A. Restrepo, Retrato de un patriarca antioqueño. Pedro Antonio Restrepo Escovar, – (Medellín, ), – . immoral and dangerous... [the Jesuits] always leave tears, discord and anarchy behind wherever their ill-fated destiny takes them’. 4 When the Jesuits were again expelled in , El Espía,…
p. 47
32Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1091 cita
[39]and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…
p. 109
33Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 341 cita
[40]gobernaciones y la mayoría de las alcaldías en su contra. Su corto gobierno se caracterizó por su intento de mantener la paz entre los partidos y la aprobación de una nueva constitución. El 21 de mayo de 1853 Obando proclamó la nueva constitución del país, que puso fin a la constitución ministerial de Márquez de 1843.…
p. 34
34Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 223, 2322 citas
[42]los años veinte según un rito que era el mismo de las sociedades secretas que allí funciona- ban desde mucho antes, con un nuevo lenguaje «socialista». Lo mismo suce- dió, aunque en forma aislada, en dis- tintos sitios como Dagua (Valle), Ba- rrancabermeja y la zona bananera. Ahora bien, explícitamente se decía en las…
p. 232
[44]par cualquier persona, independien- temente de su actividad económica, en realidad predominaron los artesanos en su composición. Muchas de ellas fueron promovidas por la Iglesia, y cumplían además funciones de control moral sobre los afiliados. Esto no obs- taba para que el gobierno de regene- ración mirara con recelo…
p. 223
35Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2071 cita
[45]que, distinto al toro, arremete y pega con los ojos abiertos". En otros pueblos y ciudades (Cartagena, Barranquilla, Cereté, San Carlos, Neiva) se crearon casi simultáneamente sociedades de obreros y obreras similares a las de Montería en cuyos estatutos se abogaba "por la emancipación de la mujer organizando socieda-…
p. 207