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Una historia del territorio

Palmira

Palmira es el lugar donde el Valle del Cauca ensayó y perfeccionó su modelo agroindustrial: sobre un territorio que fue primero tierra de mercedes coloniales y palenques cimarrones, luego factoría tabacalera y plaza ganadera, la ciudad se convirtió…

16 min de lectura30 fuentes

En el costado oriental del río Cauca, a unos mil metros sobre el nivel del mar y a media hora escasa de Cali, se extiende Palmira: una ciudad de piedemonte cuya identidad se ha escrito, durante más de tres siglos, en la lengua de la tierra cultivada. Fue enclave tabacalero cuando el monopolio colonial repartía factorías por el país, se convirtió en sede de la estación agronómica más influyente de Colombia y hoy figura como el corazón del monocultivo cañero que domina el sur del Valle del Cauca. Esa vocación agrícola no es un destino natural: es el resultado acumulado de mercedes coloniales, palenques, ferrocarriles, ciencia aplicada, apoyo estatal selectivo y desplazamientos sucesivos de campesinos negros, mulatos y blancos pobres cuyos cultivos —cacao, plátano, café, frutas— cedieron ante la caña, la soya y el sorgo. Palmira es el laboratorio donde el Valle del Cauca ensayó su modelo agroindustrial, con todo lo que ese ensayo trajo consigo: modernización técnica, ingenios, sindicatos, conflictos por la tierra y la larga sombra del narcotráfico y el conflicto armado en su periferia.

La ciudad y su valle

Palmira ocupa un lugar estratégico en la zona plana del valle geográfico del río Cauca, esa fosa aluvial formada entre las cordilleras Occidental y Central que ha sido, desde el siglo XX, la principal plataforma agroindustrial del suroccidente colombiano. Al oriente de la ciudad, la Cordillera Central sube hacia zonas de colonización que se fueron poblando a medida que avanzaba la carretera hacia el valle del Magdalena; al occidente, el Cauca marca el límite con Cali y Yumbo. Los ríos Nima, Amaime, Bolo y las quebradas que descienden de la sierra proveen el agua que sostiene los cultivos y la ganadería, y que hoy se disputan cañicultores, campesinos y acueductos urbanos.

Bajo una de las subregionalizaciones más usadas del departamento, Palmira integra la subregión sur del Valle del Cauca junto a Cali, Jamundí, Candelaria, Florida, Pradera, El Cerrito, Yumbo, Vijes, La Cumbre y Dagua. Ese conjunto de once municipios concentra más de la mitad de la población departamental y la mayoría de las empresas e ingenios azucareros, y constituye por eso el principal polo económico del Valle. Palmira, con sus corregimientos —Rozo en la zona plana, La Buitrera trepada hacia la cordillera, El Bolo con su memoria palenquera—, funciona dentro de esa subregión como un satélite mayor de Cali: no es la capital, pero es imprescindible para entender cómo se organizó el poder agrícola del departamento.

La ciudad figuró entre las doce más grandes de Colombia en los censos de 1951, 1964 y 1973, al lado de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Cúcuta, Manizales, Ibagué, Pereira y Armenia. Ese lugar en el ranking urbano nacional no fue accidente: coincidió con las décadas en las que el modelo agroindustrial del Valle se consolidó y en las que la agroindustria cañera absorbió tierra, mano de obra y capital a un ritmo sin precedentes. Palmira creció como ciudad porque el campo alrededor se transformaba, no a pesar de él.

Mercedes, haciendas y palenques

El territorio que hoy lleva el nombre de Palmira fue, en su origen colonial, la zona conocida como La Paila: un rectángulo delimitado por el río Cauca al occidente, la sierra de los Pijaos al oriente, el río Bugalagrande al sur y el zanjón de los Limones al norte. Desde el siglo XVI, la Corona española repartió allí mercedes de tierra a conquistadores y sus descendientes como recompensa por servicios militares, en particular por la larga guerra contra los pijaos que asolaban las estribaciones de la Cordillera Central. Esas mercedes originaron dos tipos de explotación: estancias de pan coger —maíz, plátano, caña de azúcar— destinadas al consumo local, y estancias ganaderas dedicadas a la cría, el levante y el engorde de reses para abastecer los distritos mineros de Antioquia y el Chocó, principales mercados del oro colonial neogranadino.

A lo largo del siglo XVII, con el debilitamiento de la encomienda y la titulación creciente de tierras a los antiguos encomenderos, esas estancias se fueron fusionando por herencias, ventas y pleitos hasta formar unidades mayores, entre ellas la hacienda de La Paila, que dio nombre a toda la comarca. Los encomenderos, dueños del monopolio inicial sobre la mano de obra indígena, dominaron los cabildos de las ciudades vecinas —Cali, Buga, Cartago— durante todo el siglo XVI y, como alcaldes ordinarios, ejercieron jurisdicción sobre los asuntos que involucraban indígenas al menos hasta bien entrado el XVII. Ese control municipal les permitió reforzar sobre otros españoles menos afortunados la ventaja original y consolidar el vínculo entre poder político local y propiedad territorial que marcaría por siglos la estructura agraria del valle.

Las explotaciones agrícolas del Valle del Cauca en el siglo XVIII no encajaban del todo en el modelo clásico de hacienda ni en el de plantación. Emplearon mano de obra esclava —peones y servidumbre doméstica— junto a trabajadores libres, y su producción se orientaba sobre todo a los mercados locales de las minas antioqueñas y chocoanas más que a la exportación transatlántica. En sus márgenes proliferaron los palenques de esclavizados fugitivos. En el centro del valle, los palenques de Amaime y El Bolo —ambos en el actual territorio palmireño— construyeron con las haciendas vecinas una relación relativamente armónica, excepcional dentro de un patrón regional en el que la violencia entre hacendados y cimarrones fue mucho más frecuente. Los palenques desafiaban por igual la pretensión de las autoridades de convertirlos en poblados sujetos y el influjo de los propietarios de esclavos. Esa presencia negra libre y en resistencia dejó una huella demográfica y cultural que sigue vigente en los corregimientos afrodescendientes de la subregión.

Cuando el ciclo minero declinó, el valle se recompuso como una sociedad de vocación agrícola con grandes y medianos propietarios predominantemente mestizos, que debieron enfrentar a campesinos negros, mulatos y blancos pobres que se apropiaron de tierras abandonadas o baldías. Esa tensión —entre la acumulación terrateniente heredada de las mercedes y la apropiación popular de tierras marginales— es la matriz de fondo sobre la que se levantaron después el tabaco, la caña y los ingenios.

Tabaco, cacao y la fundación republicana

Palmira nació como asentamiento formal en el sitio de Llanogrande hacia 1680, en pleno período de haciendas maduras. Durante la primera mitad del siglo XIX, cuando el país buscaba productos exportables para dejar atrás la dependencia colonial del oro, el tabaco encontró en la ciudad una de sus tres factorías nacionales: junto a Ambalema, en el Tolima, y Girón, en Santander, Palmira fue sede de la producción monopolizada por el Estado, que hasta 1846 no superaba los 35.000 quintales anuales entre las tres y se destinaba enteramente al consumo interno.

La abolición del monopolio del tabaco a mediados del siglo XIX transformó ese cuadro. La liberación del cultivo permitió exportar a Europa —principalmente por el Magdalena— y proveyó a los comerciantes nuevas fuentes de divisas más allá del oro. Aunque el foco exportador se desplazó pronto hacia zonas como El Carmen de Bolívar y hacia Ambalema, la experiencia tabacalera dejó en Palmira algo más duradero: la infraestructura de bodegas, caminos, comercio y capital acumulado que hicieron de la ciudad, junto con Cali y Buenaventura, uno de los tres centros comerciales más importantes del Cauca durante el siglo XIX. Ese trío —puerto, capital provincial y plaza agrícola— definió el eje que en el siglo siguiente sería articulado por el ferrocarril.

Al mismo tiempo, el cacao, el café, el plátano y las frutas conformaban la base productiva del campesinado negro y mestizo de la zona plana. Esos cultivos, más resistentes al arreglo minifundista y compatibles con una economía étnica de subsistencia y mercado local, sostuvieron durante décadas una sociedad rural mucho más diversa que la que exhibiría el paisaje monocultural del siglo XX. Su desaparición no fue inevitable: fue el efecto de decisiones políticas, económicas y técnicas concentradas en un puñado de décadas.

El ferrocarril, la estación experimental y el giro cañero

Dos hechos de la segunda década del siglo XX fijaron el rumbo agroindustrial de Palmira. El primero fue la creación del Departamento del Valle del Cauca en 1910, que separó al valle del antiguo Estado Soberano del Cauca y convirtió a Cali en epicentro económico y político regional, con hegemonía sobre Buga, Caloto y Popayán. El segundo fue la terminación del Ferrocarril del Pacífico en 1914 —el mismo año en que se inauguró el Canal de Panamá—, que conectó el valle geográfico del río Cauca con el océano y articuló el eje Cali-Buenaventura-Palmira. Ese ferrocarril, que además comunicaba con Popayán, el Quindío, Manizales y Medellín, constituyó por décadas la red vial más densa del país y proporcionó a los productores locales, por primera vez, un canal ágil para exportar cosechas tropicales en gran volumen.

La coincidencia entre la apertura de un mercado externo viable y la maduración institucional del departamento explica el rápido desarrollo agroindustrial de las dos décadas siguientes. Los ingenios azucareros —el más antiguo de ellos vinculado a la familia Eder, cuyo fundador Santiago Eder había llegado al valle en la segunda mitad del siglo XIX— pasaron de ser trapiches artesanales a fábricas modernas. La caña, cultivada desde tiempos coloniales para melaza y panela, encontró condiciones inéditas para escalar: tierras planas fértiles, agua abundante de los ríos que bajan de la Central, mano de obra disponible, transporte al puerto y un Estado departamental interesado en apalancar el proyecto.

El paso decisivo lo dio la ciencia estatal. En 1928 el gobierno nacional fundó en Palmira la Estación Agrícola Experimental, concebida en el marco de una red de expertise agrícola pensada a escala del Gran Caribe. La Misión Chardón, un grupo de agrónomos puertorriqueños que visitó la región a finales de esa década, dejó recomendaciones especialmente influyentes para el cultivo de caña, cuyo timing coincidió con el arranque de la Estación. Los técnicos palmireños seleccionaron variedades de algodón superiores a las tradicionales y desarrollaron controles contra el gusano rosado; estudiaron variedades y enfermedades del tabaco, ensayaron manejos de plagas y distribuyeron semillas por regiones para escalar el impacto. La Estación de Palmira operó dentro de una red nacional que incluía también las estaciones de La Picota, en Cundinamarca, y Sevilla, en el Magdalena, seis granjas agrícolas en Buga, Andalucía, Villamaría, Armero, Tabio y Mompós, siete subestaciones y un vivero, una malla que aspiraba —con desigual éxito— a cubrir el país.

La visión original de la Estación cambió a lo largo de la década de 1930, y con ella cambió quién se beneficiaba. La ciencia agronómica pública puso su capacidad al servicio de un modelo de cultivo comercial e intensivo que, apoyado por corporaciones privadas, favoreció a la agroindustria por encima de la economía campesina y étnica. La política agraria colombiana, impulsada en buena medida por expertos estadounidenses y financiada con capital internacional, no promovió el desarrollo productivo de los pequeños y medianos agricultores; respondió a los intereses del poder imperial en clave de posguerra y de los grandes propietarios territoriales. Palmira fue una de las capitales visibles de ese arreglo.

A partir de 1945, y con mayor intensidad desde los años cincuenta, el valle del Cauca se consolidó como una gran área de expansión agroindustrial. La caña completó su ocupación de la zona sur del valle geográfico hacia finales de los años sesenta, tras cuatro décadas de expansiones sucesivas desde Palmira y municipios aledaños. El monocultivo cañero, junto con la soya y el sorgo, desplazó los cultivos tradicionales del campesinado negro —cacao, plátano, café, frutas— y presionó a las comunidades a mayores esfuerzos e inversiones de capital que, para la mayoría, resultaron inalcanzables. La economía campesina retrocedió hacia zonas más distantes o cedió del todo. La agroindustria cañera, en cambio, recibió apoyo sistemático del Estado y de las corporaciones privadas, sin equivalente para el campesinado, y ese fomento desigual agudizó la crisis rural y los conflictos interculturales alrededor de la tierra.

Ciudad intermedia, sindicatos y vida civil

Mientras el paisaje rural se transformaba, la ciudad crecía. Palmira consolidó a lo largo del siglo XX una vida urbana con densidad propia: el Parque Bolívar como centro cívico, comercios, colegios, imprentas, círculos literarios y una tradición política ligada al liberalismo vallecaucano. Escritores y hombres públicos nacidos o formados allí —el poeta Ricardo Nieto, el memorialista Manuel María Buenaventura, el político conservador Francisco Rengifo Salazar, el educador Pedro Simón Cárdenas, el pedagogo y político Jorge Eliécer Zawadzky— dieron a la ciudad una vida cultural que se pretendía a la altura de su peso económico. Fueron años en los que Palmira se pensaba a sí misma como "capital agrícola de Colombia", eslogan que resumía a la vez el orgullo local y el estrechamiento simbólico de una identidad que había sido más diversa.

La cercanía con Cali y con Yumbo, la conexión ferroviaria y la posterior apertura del Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón en su jurisdicción —el principal aeropuerto internacional del suroccidente colombiano— reforzaron la centralidad logística del municipio. Al inicio del siglo XXI, más del 85% de la población del Valle del Cauca vivía en zonas urbanas, y Palmira contribuía significativamente a esa cifra: la subregión sur del departamento, con sus once municipios, era ya el corazón urbano-industrial más denso del suroccidente.

La vida laboral de la ciudad giró de manera creciente en torno a los ingenios. Las primeras organizaciones sindicales agrarias colombianas surgieron en las haciendas cafetaleras a partir de la segunda década del siglo XX y se extendieron después a las plantaciones de banano, caña y palma. En Palmira, sindicatos como Sinalcorteros, Sintraicañazucol y Sinaltrainal agruparon a los trabajadores de la industria azucarera —corteros, alceros, operarios de fábrica— dentro de marcos represivos y de relaciones laborales estrechas, en respuesta a condiciones de explotación impuestas sistemáticamente por el empresariado. La huelga y el corte a mano fueron durante décadas experiencias cotidianas de miles de trabajadores que llegaban de todas partes del suroccidente para vivir de la zafra. La institucionalidad pública agropecuaria, en contraste, se mantuvo débil y errática: desde la primera década del siglo XX, el Ministerio de Agricultura adoptó formas cambiantes sin estructura clara ni coordinación efectiva, mientras las entidades gremiales privadas —los ingenios reunidos en Asocaña, entre otras— mostraban un dinamismo institucional muy superior. La asimetría entre lo público y lo privado en el sector rural fue tan profunda como la asimetría entre agroindustria y campesinado.

Palenques del presente: tierra, agua y violencia

La consolidación del modelo agroindustrial trajo, junto con la modernización visible, una crisis rural persistente. El desplazamiento del campesinado negro y mestizo de la zona plana, la concentración de la propiedad, la presión sobre el agua, la conversión de tierras tradicionalmente ocupadas por cacao, plátano y frutas en cañaduzales continuos: todo eso configuró un paisaje social tenso, marcado por conflictos interculturales alrededor de la tierra. Ese fomento desigual entre agroindustria y economía étnico-campesina no solo produjo empobrecimiento; produjo también condiciones materiales que alimentaron el conflicto armado. La crisis de la economía rural arrojó cientos de hectáreas al narcotráfico y volvió a los pobladores rurales más dispuestos a vincularse a grupos armados.

En el sur del Valle, y en la periferia del propio municipio de Palmira, esa dinámica se cruzó con otros ciclos de violencia. El comienzo del Frente Nacional, a finales de los años cincuenta, estuvo marcado por violencia sostenida en el sur del Tolima, el Cauca, el Huila y el Valle, con bandoleros, pájaros, autodefensas comunistas, expresiones insurgentes de vida efímera y fuerzas legales del Estado protagonizando episodios cotidianos de sangre. Décadas después, hacia el año 2000, la proliferación masiva de cultivos ilícitos y la presencia de estructuras armadas atravesaron toda la región: municipios vecinos como El Cairo y Cartago vieron llegar a grupos paramilitares bajo el mando de alias Don Berna, cuya primera acción documentada en la zona fue la masacre en el punto El Charco, en El Cairo; en las cordilleras cercanas operaron las FARC, el ERG y otros grupos.

Palmira, sin ser el escenario principal de la confrontación armada de las montañas, quedó atrapada en su lógica: como ciudad intermedia y nodo de servicios, absorbió población desplazada, alimentó circuitos económicos legales e ilegales y sufrió las expresiones urbanas de la guerra —sicariato, extorsión, control territorial de bandas—. La misma región donde a finales del siglo XX operaba con fuerza el llamado Cartel del Norte del Valle experimentó una gran transformación regional: mejoras en la ganadería, tecnificación, nuevos cultivos, vivienda rural y una dinámica comercial y de construcción muy acelerada, financiadas en parte por dineros del narcotráfico. Esa mezcla de modernización y violencia —tan típica de zonas de agricultura comercial capturadas por el conflicto— es parte inseparable de la historia reciente de Palmira, y no un accidente externo a su modelo.

Hebras que atan la ciudad

Comprender Palmira exige mantener juntas hebras que la historiografía a veces separa. La hebra colonial —mercedes, haciendas, palenques de Amaime y El Bolo— explica por qué la propiedad territorial en el valle nació ya profundamente desigual, con encomenderos convertidos en hacendados y con poblaciones esclavizadas cuya resistencia dejó comunidades libres en el mismo perímetro del futuro municipio. La hebra tabacalera del XIX inscribió a Palmira en los circuitos exportadores nacientes y le dio infraestructura comercial. La hebra ferroviaria de 1914 y la hebra institucional del Departamento en 1910 la conectaron con Buenaventura y con el mundo. La hebra científica de 1928, con la Estación Agrícola Experimental, le puso al servicio de la agroindustria un aparato técnico estatal cuyas variedades y prácticas siguen usándose hoy. Y la hebra cañera, madurada entre 1945 y finales de los sesenta, terminó por definir el paisaje visible: kilómetros de caña, ingenios humeantes, camiones cargados por carreteras rectas.

Ninguna de esas hebras, por sí sola, hizo a Palmira lo que es. La caña no habría desplazado al cacao sin ferrocarril; el ferrocarril no habría producido monocultivo sin ciencia agronómica y apoyo estatal; el apoyo estatal no habría reorganizado el campo sin la larga concentración terrateniente heredada del período colonial; y esa concentración no habría prosperado sin las condiciones de mano de obra —esclava primero, jornalera después— que la sociedad regional produjo. El resultado tampoco fue una ingeniería impecable: campesinos negros, mulatos y blancos pobres se apropiaron durante siglos de tierras abandonadas, formaron palenques, resistieron desplazamientos y sostuvieron economías propias que solo cedieron parcialmente ante el empuje agroindustrial. La derrota estructural de esas economías —no su desaparición completa, pero sí su marginalización— es lo que hoy explica al mismo tiempo la identidad de "capital agrícola" y los conflictos por tierra, agua, trabajo y violencia que la acompañan.

Memoria y presente

Palmira se recuerda a sí misma en registros contradictorios. Está la ciudad orgullosa de sus ingenios, de la Universidad Nacional sede Palmira —heredera institucional de la vieja Estación Experimental y hoy uno de los principales centros de investigación agronómica del país—, de sus poetas y de su parque central. Está la ciudad de los corteros, con su historia sindical, sus paros por dignificación laboral y sus muertos en las luchas por condiciones justas de trabajo. Está la ciudad afrodescendiente de El Bolo, Amaime y otros corregimientos que reivindican su historia palenquera y campesina frente a un paisaje que insiste en tragarlos. Y está la ciudad atravesada por el narcotráfico y la violencia armada, que carga con muertes y con desconfianzas de las que pocas veces se habla en los discursos oficiales.

En esa disputa por la memoria se juega también el futuro del municipio. Palmira, situada en la subregión más poblada y más rica del Valle del Cauca, en el eje que articula a Cali con Buenaventura y con el aeropuerto que la lleva al mundo, seguirá siendo pieza central del suroccidente colombiano. La pregunta no es si conservará ese lugar, sino en nombre de quiénes lo hará: si el laboratorio agroindustrial que fue durante un siglo puede convertirse ahora en otro tipo de laboratorio —uno en el que la ciencia, la infraestructura y el Estado también trabajen para las economías campesinas y étnicas que fueron descuidadas, y no solo para los grandes propietarios—. La respuesta a esa pregunta escribirá el próximo capítulo de una historia que empezó con mercedes de tierra en el siglo XVI y que, tres siglos y medio después, sigue disputándose surco por surco entre las estribaciones de la Central y las riberas del Cauca.

Conexiones

El territorio en el archivo

Dónde aparece y con qué se relaciona

Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

26 documentos · 30 fragmentos
01
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 41, 46
2 citas
[1]

Igualmente, el departa- mento cuenta con 27 resguardos indígenas donde viven 11.431 personas que se ubican en Ansermanuevo, Argelia, Bolívar, El Cairo, El Dovio, Restrepo, Trujillo, Tuluá, Vijes, Florida, Jamundí, Pradera, Buenaventura, Dagua y Cali. Estas comunidades corresponden principalmente a los pueblos Embera,…

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económico dual: en las zonas planas a lo largo del valle geográfico del río Cauca se asentó la agroindustria de la caña de azúcar, mientras que en las laderas de las cordilleras se desarrollaron los cultivos de café y frutas y la agricultura forestal. No obstante, el fomento de las distintas actividades económicas fue…

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02
"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 31, 36
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buyen subregionalmente así: en la subregión norte 18 municipios; la subregión sur con la capital a la cabeza (Cali) y 11 municipios más; la subregión centro con 11 municipalidades y la subregión Pací fi ca, que, dependiendo de quién la ordene, estaría conforma- da solamente por Buenaventura o complementada con los mu-…

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[4]

Valle del Cauca Norte Cartago, El Cairo, El Águila, Ansermanuevo, Argelia, Alcalá, Ul- loa, Toro y Versalles. Centro-Norte Obando, Zarzal, Roldanillo, La Unión, Bolívar, La Victoria, Caicedonia, Sevilla y El Dovio. Fuente: PNUD - Informe de Desarrollo Humano Valle del Cauca, 2008. La subdivisión territorial aquí…

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03
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 291
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Medellín, es el más importante centro industrial. 292 Eíndice Grst En esta sección se encuentra la red vial más den- sa del país: el Ferrocarril del Pacífico la comunica con Popayán, Buenaventura, el Quindío, Mani- zales y Medellín; paralelas al río y en cada una de sus orillas, las carreteras conectan la capital con…

p. 291
04
Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 224
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gas 434.000 Térmica a ACPM 1175 Hidroeléctrica 571.000 Longitud de rios navegables (km) 275 Puertos fluviales (#) (inspeccién) i Aeropuertos internacionales (#) 1 Aeropuertos locales (#) 3 Puertos maritimos (#) (en varios sectores) 1 Fuentes: Invias, 2003; Upme, 2003; MVDTMA, 2004; Mintransporte, 2003; Aerocivil,…

p. 224
05
Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 515
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de l aP a i l a s e remonta a ls i g l ox v i, cuando l o s t e r r e n o s comprendidos e n t r e e lr í o Cauca a lo c c i d e n t e, l as i e r r ade l o s P i j a o s a l o r i e n t e,e lr í oBugalagrande a lsury e lzanjón del o sLimones a ln o r t e;fueron adjudi cados por l acorona e s p a ñ o l a,en c a l i d…

p. 515
06
Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 129
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estos dos problemas. En cuanto a la forma, las explotaciones agrícolas del valle del Cauca en el siglo XVIII no correspondían exactamente al modelo de la hacienda o de la plantación. Estos dos modelos suelen describirse tanto por las relaciones de producción que generan como por su radio de acción con respecto a un…

p. 129
07
Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 46
1 cita
[8]

vida ha sido nuestra lucha Resistencia y Memoria en el Cauca indígena Las haciendas surgieron en el siglo XVII a causa del nuevo fl ujo de la mano de obra, el debilitamiento de la encomienda y la titulación de la tierra a los encomenderos. Parte de esta estructura se ha heredado hasta el día de hoy. Para Fals Borda,…

p. 46
08
Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 90
1 cita
[9]

í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…

p. 90
09
Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 56
1 cita
[10]

en realidad pueblos de encom enderos. Esto es, se fu n d a b an com o residencia de los encom enderos servidos p o r indios de los alre d ed o re s y funcionaban com o un receptáculo español del tributo indígena. En el siglo xvi, los encom enderos d o m in aro n los concejos m unicipales (cabildos o ayuntam ientos).…

p. 56
10
Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 74
1 cita
[11]

a s g r a n d e s h a c i e n d a s 74 en el Pacífico” (Albán 2015: 57). Además, estas haciendas aseguraban su personal 26 a través de un incipiente sistema esclavista (Angulo 2013). Adolfo Albán manifiesta que “la fuerza de trabajo empleada fue, en la mayoría de los casos, de esclavizados 27 que desempeñaron roles…

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11
Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 120
1 cita
[12]

vivían de algunos cultivos, la caza, la pesca y de algún trato con la hacienda. El desafío de estos palenques a la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados era un reto tácito al influjo 70 Colmenares, Germán, 1979, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, Medellín: La Carreta, págs. 215-227. 121…

p. 120
12
Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 225
1 cita
[13]

de 200 toneladas y podían llevar de 800 a 1. 000 cargas en cada viaje. La Compañía de Cartagena necesitaba invertir una parte de su capital en trabajos para mejorar el canal del Dique, y probablemente por esta causa, sólo hasta 1859 introdujo a las aguas de este el pequeño vapor Calamar, cuya capacidad no excedía de…

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Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 324
1 cita
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y regiones aledañas, en el Carmen de Bolívar y en Palmira, fueron habilitadas para su cultivo. El desarrollo de la producción de tabaco con destino a la exportación debe explicarse en condiciones históricas muy concretas. Precisamente en la década del cincuenta, la rica y gran producción de oro de California y…

p. 324
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Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 363
1 cita
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el municipio de Palmira y otros aledaños, luego sucesivas expansiones durante 40 años hasta consolidarse com- pletamente en la zona del sur del valle geográfico del río Cauca hacia finales de los años 60; b) la terminación del ferrocarril del Pacífico ---que conectó el valle geográfico con el Océano Pacífico--, en el…

p. 363
15
Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 384
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tan sólo obtu- vieron el asentamiento de unos pocos pioneros, mientras el interés coloni- zador se dirigía a las inmediaciones de las áreas ya incorporadas. Alrededor de 1945 empezó a gene- ralizarse la agricultura de corte em- presarial, la cual desplazó a los cam- pesinos de algunas zonas mecaniza- bles, como…

p. 384
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Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 171, 298
2 citas
[18]

el lin- güista José Urbano González de la Ca- lle, el físico y matemático Otto Freu- dental, los historiadores Gerhardt Ma- sur y Rudolf Hommes, y los arqueó- logos y antropólogos Justus Wolfgang Schotelius y Paul Rivet. La Escuela Normal tuvo una influencia decisiva y excelente en el mejoramiento de la en- señanza de…

p. 171
[20]

taciones experimentales: la estación experimental de Palmira, la Picota en Cundinamarca y la Sevilla en el Mag- dalena, seis granjas agrícolas en Buga (Valle) y Andalucía (Valle), Villama- ría (Caldas), Armero (Tolima), Tabio (Cundinamarca) y Mompós (Nariño), siete subestaciones experimentales y un vivero, lo que…

p. 298
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Making the Green Revolution: Agriculture and Conflict in ColombiaTimothy W. Lorek · 2023 · p. 66, 86
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[19]

Bootstrap, to direct the Alliance for Progress. 80 Situating the Cauca Valley in a Greater Caribbean network of agricultural expertise, the three men believed, could stimulate that region and inspire further projects of mutual benefit. In their pursuit of developing the paradise of America, men wearing the…

p. 66
[21]

and the implementation of industrial cultivation, EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:30:17 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. The Most Necessary Occupation 87 curing, and fermentation methods. They also studied tobacco diseases and…

p. 86
18
Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 84
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cierre del primer ciclo minero, dieron paso a la formación de una sociedad tradicional, de voca- ción agrícola, de grandes y medianos propietarios, predominantemente mestizos, quienes debieron enfrentar algunas modalidades de campesinos negros, mulatos y blancos pobres, que de hecho se apropiaron de tierras…

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Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 437
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ciudades 12 ciudades” Urbano Rural Total población 1912 5.073 220 378 nd. nd. 1918 5.855 273 473 nd. n.d. 1938 8.702 708 1.021 2.692 6.010 1951 11.548 1.484 2.100 4.468 7.080 1964 17.485 3.491 4.767 9.093 8.391 1973 22915 5641 7.394 13.580 9.335 1985 27.867 7.614 9.937 18.735 9.132 Crecimiento intercensal (%) 1912-38…

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Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 72
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fue la relación entre lo urbano y lo rural: en 1938, el 31% de la población habitaba en las cabeceras municipales, lo que representa que para entonces unos 2.700.000 habitantes vivían en condiciones más cercanas a la vida urbana que a la rural, mientras que los restantes 6.000.000 estaban dedicados a las faenas del…

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Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 558
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principal marco de desarrollo de las organizaciones sindicales agrarias ha sido la agricultura exportadora. Las primeras organizaciones surgieron en las haciendas cafetaleras, en particular a partir de la segunda década del siglo xx; 5 Entrevistas a trabajadores de la industria de la caña de azúcar, afiliados a los…

p. 558
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La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 151
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técnicos extranjeros, sirve fundamentalmente para facilitar la apertura de mercados para los excedentes de productos o insumas agrícolas estadinenses, o para que di cho país se apropie de nuestro germoplasma y otros recursos naturales. • • • El corto t:epaso d e la política agraria oficial permite concluir que ésta…

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Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 282
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intentos iniciales de conforma ción de una institucionalidad pública y privada para el sector agropecuario. Es un periodo durante el cual el Estado mismo no tenía una idea clara respecto al tipo de organización que podía darse para manejar los asuntos referentes al sector rural ni sobre las políticas e instrumentos…

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No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 77
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de matrices ideológicas que abogaban por cambios radicales y violentos del sistema. El inicio del Frente Nacional estuvo marcado por la violencia que se sostuvo durante finales de los años cincuenta en el sur del Tolima, Cauca, Huila y Valle, y que provenían tanto de actores ilegales (cuadrillas de «bandoleros»,…

p. 77
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Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 68
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en un principio producto de la coloniza- ción antioqueña y ligadas a la economía cafetera y a la ganadera de leche, a partir de los años setentas entraron en un proceso de diversificación de cultivos, sobre todo de frutales, promovido por la Federación de Cafeteros, proceso que fue retomado por las organizaciones de…

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La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 360
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NO CIERRA Línea de tiempo 7. Caso emblemático San José del Palmar Fuente: CNMH-DAV, elaboración propia 1948 1930 1990 2000 2001 2002 Llegada de colonos al territorio, principalmente habitado por comunidades negras e indígenas. San José del Palmar es declarado como municipio. Proliferación masiva de culivos ilícitos en…

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