Ambalema
“Ambalema es uno de los pocos lugares de Colombia donde la arquitectura y el trazado urbano conservan la memoria física de un ciclo económico completo: el auge, la concentración de riqueza y el abandono.”
En la ribera oriental del río Magdalena, donde el Recio desemboca tras bajar de las nieves del Ruiz, se levanta un pueblo de calles rectas y bodegas larguísimas que durante un cuarto de siglo fue uno de los lugares más ricos de Colombia. Ambalema, hoy municipio del norte del Tolima con menos peso demográfico que muchos vecinos, fue entre 1850 y 1875 el epicentro de la primera gran exportación agrícola del país republicano: el tabaco. Por sus muelles bajaron los millones de pesos oro que financiaron la navegación a vapor por el Magdalena, sostuvieron al liberalismo radical y enriquecieron a un puñado de comerciantes antioqueños y a las casas hanseáticas de Bremen. Cuando ese ciclo se desplomó, hacia 1875, Ambalema quedó como una ciudad de utilería: sus casas de mármol, sus muelles, sus bodegas y sus calles trazadas para el esplendor sobrevivieron a la economía que las había justificado. Es, por eso, uno de los sitios donde con mayor claridad puede leerse el arquetipo del enclave exportador latinoamericano: la prosperidad rápida, el monocultivo, el oligopolio, la dependencia de un solo mercado europeo y de una sola vía fluvial, y el colapso cuando cualquiera de esas patas cede.
La semblanza de un puerto sobre el Magdalena
Ambalema fue, antes que cualquier otra cosa, un puerto. Un mapa topográfico de 1826 conservado en el Archivo General de la Nación la señala expresamente como tal: allí donde el río Recio entrega sus aguas al Magdalena, en el largo tramo navegable que conecta el interior del país con el Caribe. Esa condición geográfica —confluencia y ribera— explica tanto su fortuna como su fragilidad. Mientras el Magdalena fue la arteria del comercio exterior colombiano, Ambalema tuvo razón de ser económica; cuando el eje logístico se desplazó hacia el ferrocarril y hacia otros puertos, la geografía dejó de bastar.
El pueblo no fue nunca una capital administrativa ni una ciudad populosa. Su peso histórico no vino del número de habitantes ni de la jerarquía política, sino de la función: primero como una de las cuatro zonas de cultivo del tabaco bajo el estanco colonial, luego como una de las tres factorías del estanco republicano y, tras 1850, como el gran centro productor y exportador del tabaco colombiano. En un país que en el siglo XIX ocupaba habitualmente el séptimo u octavo lugar del comercio exterior latinoamericano —muy por debajo de Brasil, Argentina, Chile, Perú o México—, Ambalema concentró por unos años una parte desproporcionada de las divisas que entraban al fisco y al circuito comercial. Ese peso fue breve pero decisivo: sin el tabaco de Ambalema no se explican la consolidación de la navegación a vapor en el Magdalena, la fortuna de casas comerciales que luego pasarían al café, ni el vigor del liberalismo radical entre la Constitución de Rionegro y la Regeneración.
Del estanco colonial a la factoría republicana
La historia económica de Ambalema empieza con el tabaco y con el Estado. En la segunda mitad del siglo XVIII, el visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, encargado por la Corona de racionalizar las rentas del virreinato de la Nueva Granada dentro de las reformas borbónicas, delimitó cuatro zonas autorizadas para el cultivo de la hoja: Ambalema, Girón, Pore-Nunchía y Palmira. El resto del territorio quedaba, en principio, excluido de la producción legal. El sistema del estanco —monopolio estatal sobre la siembra, el acopio, la manufactura y la venta del tabaco— se completaba con seis administraciones y factorías de distribución repartidas por el virreinato. La lógica era fiscal antes que agraria: convertir un consumo popular arraigado en una fuente estable de ingresos para la Corona.
El primer rematador conocido del estanco fue un comerciante de Honda, José Mesa Armero, que pagó 50.000 pesos anuales por administrarlo. Ese arreglo de arrendamiento privado terminó en 1774, cuando el virrey Manuel de Guirior, siguiendo la orientación impulsada por su antecesor Solís, estableció la administración directa por las autoridades virreinales y fijó de manera más estricta las zonas de cultivo y distribución. La reorganización tuvo un costo político elevado: pueblos enteros quedaron fuera de la producción legal, los precios pagados a los cosecheros se redujeron, los de venta al público subieron y la represión de las siembras clandestinas alimentó el resentimiento que en 1781 estalló en el movimiento de los Comuneros, que estuvo a punto de tomarse Santafé. Ambalema, en tanto zona autorizada, se benefició de la reorganización: quedó del lado correcto de la línea que separaba a los cultivadores tolerados de los perseguidos.
Al término del período colonial, los estancos de tabaco y aguardiente representaban cerca del 32% de los ingresos totales de la Corona en la Nueva Granada —unos 770.000 pesos de un total de 2,4 millones. Cuando la República heredó ese aparato fiscal, heredó también su dependencia. El estanco sobrevivió a la Independencia y siguió operando durante las primeras décadas del período republicano, ahora con solo tres factorías activas: Ambalema, Girón y Palmira. Pore-Nunchía, la cuarta zona colonial, había dejado de funcionar como factoría. En ese esquema restringido, hasta 1846 el tabaco producido en el país se destinaba al consumo interno y la producción total de las tres factorías nunca superó los 35.000 quintales anuales. Ambalema era ya, dentro de ese universo pequeño, la más productiva.
La abolición del estanco y el despegue exportador
La coyuntura que convirtió a Ambalema en algo más que una factoría de estanco fue la ola liberal de mediados del siglo XIX. Bajo el influjo del librecambio y la presión de una clase comerciante que buscaba articular al país con el mercado mundial, el monopolio del tabaco fue desmontado en dos tiempos. Primero se permitió que mayoristas privados compraran directamente a los cosecheros; después, hacia 1850, se liquidó el estanco público en favor de tres firmas particulares. De ellas, la casa Montoya, Sáenz y Cía. —vinculada al capitalista antioqueño Francisco Montoya, considerado por sus contemporáneos el mayor y más estable de los empresarios colombianos— pasó a controlar la zona más productiva: la de Ambalema. En 1852 el gobierno cedió a Montoya el monopolio del tabaco en la región precisamente por su solvencia y capacidad de operación a escala.
La abolición del estanco fue una decisión de política económica con consecuencias inmediatas y masivas. En el terreno fiscal, abrió un boquete que las rentas del Estado no lograron llenar durante décadas: la desaparición de los ingresos del estanco fue identificada por los administradores públicos de la época como la causa principal de la penuria fiscal de la nación, por encima incluso de la cesión de rentas a los estados federales. Pero en el terreno productivo detonó un despegue sin precedentes. Liberado de las restricciones sobre siembras y precios, el tabaco de Ambalema encontró rápidamente su lugar en el mercado europeo. Coincidió, además, con una coyuntura favorable: el descubrimiento de oro en California y Australia en la década de 1850 devaluó las exportaciones auríferas colombianas, que hasta entonces habían sido casi el único renglón externo del país, y obligó a buscar nuevas fuentes de divisas. El tabaco fue la respuesta.
Entre 1850 y 1875, el valor de las exportaciones de tabaco colombiano promedió entre dos y tres millones de pesos oro anuales. Fue el primer producto agrícola distinto del oro en pesar realmente en el comercio exterior del país, y durante ese cuarto de siglo constituyó la columna vertebral de la economía exportadora. Detrás de esa cifra estaba, sobre todo, Ambalema: aunque el Carmen de Bolívar, Palmira y Girón participaron en el comercio, ninguno alcanzó la escala productiva del enclave del Alto Magdalena.
La ventaja del río y la consolidación del vapor
La primacía de Ambalema sobre las otras zonas tabacaleras no se explica por la calidad de sus suelos ni por el tamaño de sus haciendas, sino por su posición geográfica. Estar sobre el Magdalena marcaba la diferencia entre poder exportar rentablemente o no. Hacia 1850, transportar una carga de tabaco desde Ambalema hasta Santa Marta costaba 3,50 pesos; desde Girón, en el nororiente santandereano, costaba entre 6,50 y 7,50 pesos por carga —aproximadamente el doble— por la necesidad de atravesar por tierra los tramos que separaban la factoría del río. Esa diferencia decidía márgenes, decidía volúmenes y, a la larga, decidía la geografía del auge.
La relación entre Ambalema y la navegación a vapor por el Magdalena fue de mutua dependencia. El vapor había sido introducido en el río por el empresario alemán Juan Bernardo Elbers, nacionalizado colombiano, mediante un privilegio otorgado en la década de 1820 por los gobiernos de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. Desde 1825, los buques Bolívar y Santander surcaron la parte baja del río, pero el servicio no duró: sin carga suficiente de retorno, las empresas quebraban una tras otra. Las provincias interiores producían muy poco para exportar, y los buques bajaban casi vacíos. La consolidación definitiva de la navegación a vapor solo llegó hacia 1850, cuando la abolición de los monopolios generó por primera vez volúmenes de exportación capaces de sostener la operación fluvial. El tabaco de Ambalema fue una porción decisiva de esa carga: bajaba en barcos por el Magdalena rumbo a Barranquilla y Santa Marta, y de allí a Europa.
Honda, aguas abajo de Ambalema, cumplía la función complementaria de nodo obligado de transbordo. Durante tres siglos, todos los bienes importados que subían desde la Costa hacia Bogotá tuvieron que descargarse allí para continuar por tierra, o transferirse a los buques que operaban la parte alta del río. La red se completaba con Beltrán, otro puerto sobre el Magdalena, y con Girardot, que emergería después. En esa malla de puertos y transbordos, Ambalema tenía un lugar preciso: era el punto donde se acopiaba y embarcaba el producto de exportación más valioso del país.
La conexión llegaba incluso hasta la vertiente antioqueña. Las colonizaciones que desde el sur de Antioquia bajaban hacia los actuales departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío buscaban articularse comercialmente con Ambalema y con Lérida —emporios tabacaleros del Alto Magdalena— y con Honda, siguiendo luego el viejo camino de Tocaima y el puerto de Beltrán hacia Bogotá. La colonización antioqueña y el tabaco de Ambalema no eran fenómenos aislados: pertenecían a la misma trama económica.
El oligopolio y las casas europeas
Aunque el auge se relata a veces como una explosión de iniciativa individual, la estructura del negocio era estrictamente oligopólica. Tres firmas privadas capturaron el mercado tras la liquidación del estanco, y Montoya, Sáenz y Cía. controló la zona más productiva. Esa casa estaba vinculada, además, a inversiones antioqueñas y conectada con una compañía inglesa que facilitaba la colocación del producto en Londres. La comercialización final se hacía, sobre todo, a través de casas europeas radicadas en las ciudades libres hanseáticas: la firma Frühling y Goschen, con presencia en Ambalema, era una de las intermediarias con quienes los viajeros extranjeros llegados por el río hacían negocios.
Los mercados de destino se concentraron en dos ciudades: Londres y Bremen. Durante la primera fase del ciclo, entre 1846 y 1857, ambas figuraban como principales. Hacia la década de 1870, la balanza se había inclinado con nitidez hacia Alemania: en 1873-1874, Bremen recibió tabaco colombiano por 1.982.821 pesos —más de cinco millones de kilogramos—, mientras que Londres apenas absorbió 149.919 pesos, con poco más de trescientos mil kilos. Desde Bremen, el tabaco de Ambalema se redistribuía al resto del continente europeo. Esa concentración de mercado —un solo producto, un solo puerto de destino, una sola cadena comercial— fue la fortaleza aparente y la debilidad estructural del ciclo.
El excedente generado no se quedó en Ambalema. Fluyó hacia las casas comerciales antioqueñas y bogotanas, y hacia las firmas europeas. Francisco Montoya, los hermanos Samper y otros capitalistas de la época acumularon con el tabaco las fortunas que luego invertirían en el café, en la banca y en la propiedad rural. La secuencia oro-tabaco-café —con la quina intercalada entre los dos últimos— es el hilo conductor de la economía exportadora colombiana del siglo XIX, y Ambalema es el eslabón donde el segundo motor se enciende.
Los peones, las alisadoras y los sábados en Ambalema
El auge tabacalero tuvo también una cara laboral y social que las cifras de exportación no revelan. Las labores de desmonte y de recolección de hoja en las haciendas de Ambalema no las realizaba, en su mayoría, la población local, sino trabajadores migrantes traídos de Antioquia —muchos venidos de Manizales, según testimonio del escritor Medardo Rivas. Esa migración laboral desde el occidente cafetero hacia el enclave tabacalero fue parte del mismo tejido migratorio de la colonización antioqueña, y añade una capa a la lectura del auge: el tabaco de Ambalema se cosechaba, en buena parte, con brazos que después regresarían a sembrar café en la vertiente.
Los peones describían su condición en términos duros. Se sentían cercanos a la esclavitud, sometidos por el miedo y por el control que el terrateniente ejercía sobre la tierra y sobre sus familias. Las mujeres arrendatarias sufrían una doble explotación: como jornaleras y como mujeres, con un gamonal que extendía su autoridad sobre las hijas de los peones. En la última fase del ciclo, la aparcería empezó a introducirse como fórmula intermedia: permitía al terrateniente seguir percibiendo rentas cediendo parte del trabajo al aparcero. Pero esa transición no desató ningún desarrollo capitalista sostenido en la región, ni siquiera en las tierras colindantes; fue una modulación de las relaciones de trabajo, no una transformación de la estructura agraria.
Y sin embargo, en las noches del sábado, Ambalema se convertía en otra cosa. Los cosecheros dedicaban los fines de semana a fiestas que un observador contemporáneo, con el tono moralizante de la época, describió como la más espantosa orgía. Las calles se llenaban de mesas de juego. En muchas casas se celebraban los llamados bailes de lechona, conocidos por la tradición con el nombre expresivo de candil y garrote. En las esquinas se formaban corrillos de tiple y bandola, rodeados de cosecheros y de alisadoras que celebraban a risotadas canciones obscenas. Los viajeros extranjeros que llegaban de noche al puerto podían recorrer esas calles antes de regresar a dormir a bordo del vapor, y así lo hicieron algunos que dejaron testimonio del contraste entre el pueblo diurno de las bodegas y el nocturno de los aguardientes.
Ese contraste tenía su arquitectura. En el centro del pueblo se levantó, durante el auge, la llamada Casa Inglesa, construida con mármol de Carrara. Por el río llegaban sedas y perfumes, a veces en cajas, en barcos descritos por los cronistas de la época como portadores de la más depurada arrogancia capitalista. La tradición oral atribuye incluso a los tabacos de Ambalema haber sido fumados por Winston Churchill —atribución tardía y sin verificación histórica, pero que revela el modo en que la memoria popular ha querido mantener al pueblo enganchado a un prestigio internacional que alguna vez tuvo. La riqueza local era, sin embargo, una fachada: los excedentes se iban aguas abajo con el mismo tabaco que los había producido.
La decadencia: calidad, Bismarck y el ferrocarril
La caída de Ambalema fue una convergencia. Cada uno de los pilares del auge cedió más o menos al mismo tiempo, entre 1870 y 1875, y el pueblo no tuvo cómo recomponerse.
El primer pilar en fallar fue la calidad del producto. En el exigente mercado de Bremen, donde el tabaco colombiano había sido apreciado como de mediana calidad, hacia 1870 pasó a ser considerado de tercera. Las razones eran a la vez técnicas y sociales: décadas de explotación intensiva habían presionado los suelos y las prácticas culturales, y la estructura de aparcería y jornal barato no incentivaba el cuidado del cultivo. El productor no era dueño del prestigio de la marca; los intermediarios que lo eran no estaban en la parcela. Cuando la calidad se degradó, no había nadie con interés estructural en recuperarla.
El segundo golpe vino de la política europea. La unificación aduanera alemana bajo Otto von Bismarck, con la incorporación progresiva de las ciudades libres hanseáticas al Zollverein, elevó los derechos de importación sobre el tabaco extranjero. Bremen, que había sido puerta franca para el producto colombiano, perdió esa condición. Hacia 1870 se cerraron las compras y el colapso definitivo de precios llegó en 1875. La dependencia de un solo mercado, que durante el auge había parecido una ventaja de escala, se reveló como la vulnerabilidad decisiva.
El tercer pilar era el del transporte. Mientras el Magdalena fue el eje del comercio exterior, Ambalema tenía asegurada su función. Pero a partir de las últimas décadas del siglo XIX, la expansión del ferrocarril y el desarrollo de otros nodos —Girardot sobre todo, más al sur y con mejor conexión con Bogotá— desplazó el peso relativo del pueblo. La geografía del país cambió, y la ventaja competitiva de estar sobre el río dejó de bastar cuando el río dejó de ser el único camino.
El colapso de 1875 fue, así, la convergencia de una fragilidad estructural con tres choques exógenos: la degradación de la calidad, la reforma arancelaria bismarckiana y el desplazamiento del eje logístico. La fragilidad estructural había fijado el techo del auge; los choques decidieron el momento y la velocidad de la caída.
Del tabaco a la ganadería, del liberalismo a la Regeneración
Tras la caída de los precios, los hacendados de Ambalema hicieron lo que hacen las élites terratenientes cuando el motor exportador se apaga: reconvirtieron el uso del suelo. Las plantaciones de tabaco fueron transformadas en dehesas de ganado, en cultivos de caña, en cafetales incipientes o, simplemente, en fincas de recreo. La tierra siguió siendo el refugio primordial del capital acumulado; lo que se perdió fue la función exportadora, la conexión directa con el mercado mundial y el rol articulador del pueblo en la economía nacional. Ambalema dejó de ser un enclave y volvió a ser un municipio.
Las consecuencias, sin embargo, desbordaron el plano local. El ciclo del tabaco había sido la base material del liberalismo radical colombiano: la clase comerciante librecambista, las casas exportadoras, las fortunas antioqueñas y bogotanas ligadas al comercio exterior eran el sostén económico e ideológico del proyecto liberal que había dominado el país desde mediados de siglo. Cuando el tabaco se derrumbó y la quina —el otro producto de exportación que había dado divisas desde 1870— cayó también hacia 1883, esa base se erosionó fatalmente. En 1885, en el punto más bajo de la depresión agrícola exportadora, el partido liberal, dividido y desacreditado, apenas ofreció resistencia simbólica a la ofensiva conservadora que en 1886 llevaría al poder a Rafael Núñez y a la Regeneración. La Constitución de 1886, el Concordato de 1887, el fin del federalismo y la reorganización centralista del Estado no se explican solo por la voluntad política de sus artífices: se explican también porque la economía que había financiado al bando contrario se había desplomado. Ambalema, en ese sentido, es un eslabón causal en la política nacional. La ruta va del algodón mojado del cosechero al triunfo conservador en Bogotá.
Otras zonas del país intentaron heredar el liderazgo tabacalero: el Carmen de Bolívar, Santander, Palmira. Ninguna alcanzó la escala exportadora que había tenido Ambalema en su apogeo, y la industria del tabaco de exportación colombiano nunca volvió a ser lo que fue entre 1850 y 1875. El café, que empezó a consolidarse en las décadas siguientes y que en 1890 superó por primera vez al oro como principal renglón exportador, tomó el relevo del tabaco como motor de la economía externa, pero lo hizo desde otras regiones —las vertientes cafeteras de Cundinamarca, Santander y luego Antioquia y el eje colonizado—, no desde el valle del Alto Magdalena.
Una red de nombres
El ciclo de Ambalema no puede leerse sin nombrar a quienes lo hicieron posible o lo aprovecharon. Francisco Montoya, capitalista antioqueño y socio principal de Montoya, Sáenz y Cía., fue el rostro del oligopolio exportador: en 1852 recibió del gobierno la concesión sobre la zona más productiva. Miguel Samper, comerciante y ensayista bogotano, representa a la generación de empresarios que hicieron fortuna con el tabaco y luego canalizaron sus capitales hacia otros negocios. Manuel Murillo Toro, presidente en dos ocasiones (1864-1866 y 1872-1874) y figura del liberalismo radical, presidió el país en pleno apogeo del ciclo y encarnó el proyecto político que este alimentaba. José Ignacio de Márquez, presidente entre 1837 y 1841, pertenece a la generación anterior, la que administró todavía el estanco antes de su liquidación. Judas Tadeo Landínez, financista y especulador de los años treinta y cuarenta, ilustra el mundo de negocios turbulentos que precedió a la consolidación del oligopolio tabacalero.
En el terreno geográfico, la red de Ambalema se entiende como parte de un sistema: Honda como nodo de transbordo aguas abajo, Beltrán como puerto complementario, Mariquita como capital histórica de la provincia, Girardot como el sucesor que la desplazaría, Barranquilla como puerta atlántica del comercio exterior, Bogotá como destino final de las importaciones y origen del poder político que decidía las reglas del juego. Fuera del país, Londres y Bremen —esta última especialmente— completan el mapa: sin las casas hanseáticas y su circuito de redistribución europea, Ambalema no habría existido como enclave exportador.
La huella
Hoy Ambalema es un municipio del Tolima con menos de cinco mil habitantes en la cabecera, dedicado sobre todo a la agricultura y a la ganadería, con arroz en los planos irrigados y algún cultivo residual de tabaco. Su casco urbano conserva, sin embargo, una impronta arquitectónica que no corresponde ni a su tamaño actual ni a su economía presente: calles rectas, casas de dos plantas con corredores, bodegas de dimensiones colosales y la memoria construida de la Casa Inglesa con su mármol de Carrara. Ese desajuste entre la escala de la infraestructura y la escala de la vida contemporánea es la marca visible del enclave: los pueblos que fueron mucho más de lo que ahora son suelen quedar con edificios demasiado grandes para su presente.
Ambalema fue declarada Monumento Nacional por el valor de su conjunto urbano, y en los últimos años el turismo cultural ha empezado a explotar tímidamente ese legado. Pero el pueblo no vive del recuerdo: vive de la agricultura y del pequeño comercio, como tantos municipios ribereños del Magdalena que en algún momento fueron nodos y que hoy son etapas de un camino que ya no pasa por ellos con la misma frecuencia.
Su lugar en la memoria histórica colombiana es, sin embargo, mayor que su lugar en el mapa. Ambalema fue el ensayo general del enclave exportador latinoamericano en Colombia: mostró que era posible articularse rápidamente con el mercado mundial, que un producto agrícola podía generar divisas en volúmenes que el oro ya no daba y que la navegación a vapor por el Magdalena podía funcionar si había carga suficiente. Mostró también, y con la misma claridad, los límites del modelo: la vulnerabilidad a las decisiones aduaneras de un país lejano, la fragilidad de una calidad no protegida por sus productores, la trampa de depender de un solo mercado y la incapacidad estructural del enclave para generar desarrollo local sostenido, más allá del fasto momentáneo de sus casas y sus sábados de aguardiente. Cuando el café construyó, décadas después, la economía exportadora más duradera del país, lo hizo aprendiendo —a veces sin saberlo— de lo que Ambalema había sido y de lo que había dejado de ser. En eso también, aunque el pueblo no lo reclame en voz alta, Ambalema pesa en la historia de Colombia.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
28 documentos · 35 fragmentos01Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 1451 cita
[1]distribución en las provincias de Antioquia, Cartagena, Santa Marta y Mompox. El primer rematador de la renta fue el comerciante de Honda José Mesa Armero, quien pagó por ella la suma de 50.000 pesos anuales. Este sistema de administración privada duró hasta 1774, cuando el virrey Solís estableció la administración…
p. 145
02Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 98, 2252 citas
[2]de 200 toneladas y podían llevar de 800 a 1. 000 cargas en cada viaje. La Compañía de Cartagena necesitaba invertir una parte de su capital en trabajos para mejorar el canal del Dique, y probablemente por esta causa, sólo hasta 1859 introdujo a las aguas de este el pequeño vapor Calamar, cuya capacidad no excedía de…
p. 225
[30]y verídico de tumbaya. La noche del sábado presentaba en las calles de Ambalema el teatro de la más espantosa orgia. Por todas partes mesas de juego: en gran número de casas bailes de lechona, de esos que la tradición ha bautizado con el nombre expre- sivo de candil y garrote; en todas las esquinas, corrillos de tiple…
p. 98
03Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 561 cita
[3]años fiscales entre 1831 y 1836. En adelante, los informes ministeriales serán citados como memoria o informe, indicando el año y el ministerio. '-· ~ ---e;: ->..... 0 ~ '·).. ~ ~.\ - "'.~ "'- '-;_) ~ - \. ~,,.., ~,, "' "'".. <:'\:---.....~ ~.. -~, ~~ "-'..<'("""'>; r;::: t- "· " - c.... ~::. ~ -~ ~--') \") ' ~! ¡ -~…
p. 56
04Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 65, 992 citas
[4]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…
p. 65
[10]por habitante es menor que el de 1800 calculado por nosotros en 27. 5 pesos. Para el mismo 1846 el cálculo nuestro es de 25 pesos plata por habitante. El crecimiento económico nos arroja el 1, 2 % anual, infe- rior al de población que fuera de 1, 6 % anual. Fue una fase en la cual cayeron sustancialmente los impuestos…
p. 99
05Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 581 cita
[5]las zonas aledañas. Al lado de los centros adm inistrativos estabilizados por una base ag ro p e cuaria bien consolidada y de los pueblos m ineros m ás inestables, aparecieron otros poblados españoles que funcionaban com o pu n to s de tránsito en la ru dim entaria red de cam inos. Los puertos caribeños de Santa M…
p. 58
06Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 3791 cita
[6]de estados—, en su conjunto, pasaba del millón y cuarto, al paso que las rentas efectivas de la nación estaban bastante por debajo de los dos millones 432. 431 Leyes de 20 de abril de 1850 y de 1.º de junio de 1851, «sobre des- centralización de rentas y gastos». A esta operación había prece- dido la reorganización de…
p. 379
07Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 871 cita
[7]como el mazamorreo, 0 con otras mas avan- zadas, como las empleadas en El Zancudo. El tabaco, 1850-1875 Las inversiones antioquefias, a través de Mon- toya y Saenz y de otros capitalistas, fueron decisivas en la reactivacién de la colonia Ambalema como primer productor de tabaco en las condiciones de la gradual…
p. 87
08Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 281 cita
[8]8. Minor 10 The success of export agriculture achieved under Liberal aegis strengthened the Liberal party physically and ideologically. At first glance the political impact of the tobacco industry, backbone of the export economy during the third quarter of the nineteenth century, appears to have been slight.…
p. 28
09Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 318, 3242 citas
[9]mercados del mundo”. Francisco Javier Cisneros, Memoria sobre la construcción de un ferrocarril de Puerto Berrío a Barbosa (Estado de Antioquia) (Nueva York, Imprenta y Librería de N. Ponce de León, 1880), p. 41. 282 Ver sobre esto último Luis Eduardo Nieto Arteta, El café en la sociedad colombiana (Breviarios de…
p. 318
[15]y regiones aledañas, en el Carmen de Bolívar y en Palmira, fueron habilitadas para su cultivo. El desarrollo de la producción de tabaco con destino a la exportación debe explicarse en condiciones históricas muy concretas. Precisamente en la década del cincuenta, la rica y gran producción de oro de California y…
p. 324
10La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 1291 cita
[11]el comercio derivado de ella, facilitó la acumulación de grandes sumas de capital líquido en las manos de unos pocos. Así, anota Safford, en 1852 el gobierno cedió el monopolio del tabaco en Ambalema a Francisco Montoya, un antioqueño, por ser éste el mayor y más estable capitalista del país. En contraste con los…
p. 129
11Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2161 cita
[12]de 1848). Claro que ya se venía explotando por parti- culares (Montoya, Sáenz y Cía. conectada con una compañía inglesa) y su fomento había crecido en la región de Ambalema y Alto Magdalena (Luis F. Sierra, E l tabaco en la economía colombiana d e l siglo XIX, Bogotá, 1971, 42). El tabaco bajaba en barcos por el…
p. 216
12¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 591 cita
[13]modernización del sistema productivo. La 115 ¿Otra historia de Colombia? extracción de oro fue importante hasta 1 860, y luego fue desplazada por el tabaco, que venía en auge desde la adopción del librecambio y que tuvo a la población de Ambalema como su epicentro. Incluso productos de extracción silvestre como la…
p. 59
13La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1351 cita
[14]m po a los colinos del tabaco. Fundan también en el cercano puerto de Ambalema una gran factoría, en la que se prepara el producto para la exportación (Díaz, 1889, II, cap. XX). Ya por el río corrían los primeros vapores de rueda traídos desde los Estados Unidos de América por Juan B. Elbers. Pero todo esto, en…
p. 135
14Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3511 cita
[16]El valor de las exporta ciones de tabaco, producidas en un' pequeño enclave del Magdalena Medio, aumentó rápidamente hasta promediar entre dos y tres millones de pesos oro entre 1850 y 1875. Pero el colapso de la economía exporta· dora de tabaco, a partir de la última fecha, simultáneamente con la calda de la demanda…
p. 351
15El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 91, 1092 citas
[17]89 medio más que cualquier otro durante el primer ciclo de expansión. Adi- cionalmente, sin las exportaciones de oro que fueron las más constantes en la segunda mitad del siglo, difícilmente hubiera existido un ciclo cafetero: el valor de las exportaciones de oro (incluido el oro amonedado) sólo es sobrepasado por las…
p. 91
[20]ellos, los campesinos. EL COMERCIO EXTERNO Y EL DINAMISMO REGIONAL Por supuesto que una crisis prolongada de las exportaciones contribuye a dislocar la vida cotidiana y a desorganizar las pautas sociales de una región muy especializada en producir para el mercado externo. Es la historia de muchas comarcas productoras…
p. 109
16Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4241 cita
[18]sp r e c i o s d e l tabaco en e le x t e r i o r,l af a b r i c ade Girón t e n í a una d e s v e n t a j aimportante con r e s p e c t oal adeAmbalema, que e r al o smayores c o s t o sde t r a n s p o r t e:h a c i a 1850, cos t a b a$ 3,50 moverla c a r g a detabacodesdeAmbalema,puerto sobree lMagdalena,ha s t…
p. 424
17Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 389, 3952 citas
[19]6.380 Panamá k 72.260 $ 44.600 París k 6.350 $ 3.570 Quito k 4.400 $ 1.300 1873-1874: ciudad peso valor Altona k 4.488 $ 1.452 Amsterdam k 26.565 $ 14.670 Bremen k 5.107.271 $ 1.982.821 Burdeos k 2.500 $ 1.250 Callao k 87.913 $ 43.540 Curaçao k 14.161 $ 4.589 390 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc ciudad peso valor Fort de…
p. 389
[31]unos fletes marítimos mucho más bajos que los que debía sufragar el tabaco nacional. Si aun los mismos fletes fluviales en el río Magdalena se habían encarecido… La unificación aduanera y aun política de la Alemania imperial, el Zolverein del Canciller de Hierro, producirá 396 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc posteriormente…
p. 395
18Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2001 cita
[21]la exportación los hicieron viables para los inversionistas: la navegación a vapor y los ferrocarriles. Respecto del primer sistema, ya en el decenio de 1820 fue aprobado por el gobierno de Bolívar y Santander un privilegio para que el empresario alemán, nacionalizado colombiano, Juan Bernardo Elbers adelantara la…
p. 200
19Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 1191 cita
[22]divisoria entre las dos realidades del Magdalena: el Macizo Colombiano y las alturas del país que se explayan hacia el sur, y hacia el norte, la vasta planicie costera del Caribe, los humedales y las ciénagas, las interminables orillas del mar. El museo tenía que hacerse acá. Honda es el eje. Sus palabras tenían mucho…
p. 119
20Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 341 cita
[23]ciudad era plaza militar de primer orden: la seguridad del virrey en Santa Fe dependía de la fortaleza de Honda. Los comerciantes y capitanes del puerto solían veranear con sus familias en El Fresno o en Mariquita, seis leguas adentro, de clima más suave, almendrones, mangos y caimitos. Estaba la ciudad fluvial tan…
p. 34
21La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 1281 cita
[24]ciudad, desconociendo inicialmente la Cédula Real de los Aranzazu. El mencionado camino, en realidad, estaba marcando la ruta más importante que habían seguido los coloni- zadores en su formidable gesta, puesto que era la vía de penetración que venía desde el sur de Antioquia, hacia lo que hoy son los departamentos de…
p. 128
22Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 1771 cita
[25]su cuenca se desarrollaron acontecimientos históricos de tal magnitud, que decidieron la suerte del país. Fue, y es, «el río de la Pa- tria». Aunque en el pasado sólo dio lugar para el asiento humano en su curso medio superior y especialmente en el alto curso, el cauce inferior sólo sirvió como vía de co- municación.…
p. 177
23Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 178, 1812 citas
[26]by the presence of a fermenting climate... produced in the zambo a race of animals in whose figure humanity hesitates to find their image or a part of their being.... The zambo exhibits his ugliness in three different ways: in the champan or boat, on the beach dancing the currulao, and in his hut, near the river,…
p. 178
[29]is no chain as strong as the land.... They blindly obey my orders whatever they are. If we could rent the air, as we rent the land which gives peones their living, can you imagine how much respect we would receive from these animals? (p. 44). Peones considered their situation close to slavery. As one says: “I am slave…
p. 181
24Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1462 citas
[27]del proceso producti- vo se hubiera desarrollado con base en relaciones salariales, los terratenientes habrían tenido que recurrir al mercado laboral para ofrecer allí un precio por el alquiler de la fuerza de trabajo, cuya cuantía estaría determinada por su relativa abundancia y, más todavía, por su costo de…
p. 146
[28]del proceso producti- vo se hubiera desarrollado con base en relaciones salariales, los terratenientes habrían tenido que recurrir al mercado laboral para ofrecer allí un precio por el alquiler de la fuerza de trabajo, cuya cuantía estaría determinada por su relativa abundancia y, más todavía, por su costo de…
p. 146
25Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 181 cita
[32]paso al capitalismo se inició, en- tonces, con la reconstrucción de las relaciones mercantiles en función del comercio internacio- nal; la lenta integración de las elites regionales; el aislamiento relativo de los mercados; la difícil consolidación de un Estado Nación capaz de ofre- cer una legislación aduanera…
p. 18
26Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2201 cita
[33]su actitud es de burla a los contempladores. Ahi estan, sencillamente, majestuosos, hieraticos, desde- fiosos, misteriosos, burlones. Estos brochazos del Tolima y el Huila tienen que ser dis- persos y truncos. Aqui no caben ni el proceso colonizador, con la fundacién de ciudades y pueblos; ni narraciones acerca de…
p. 220
27Un año en los Andes, o, Aventuras de una Lady en BogotáRosa Carnegie-Williams · 2017 · p. 1311 cita
[34]para tal ocasión. 132 Rínd Cdicerse-Wsttsdan Si las fiestas de los santos sirven de incentivo para tal pro- pósito, es una lástima que no haya aquí unas cuantas más. También pasamos el tiempo haciendo inútiles disparos con nuestros revólveres a los caimanes. P __ fue el mejor, aunque no acertamos ni siquiera con una…
p. 131
28Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 2751 cita
[35]lasts until 1898 Colombian Chronology, 1810–1991 259 Year Politics Society and Economy Culture and Science — Modern mail system created 1860 Various states separate — Steam engines used to clean cotton — Exportation of quinine and indigo — Ezequiel Uricoechea publishes Elementos de Mineralogía — José María Vergara y…
p. 275