Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Idea transversal

Colonización antioqueña

Proceso migratorio y de apertura de tierras que, entre las últimas décadas del siglo XVIII y mediados del XX, llevó a decenas de miles de familias campesinas del oriente y sur de Antioquia a poblar las vertientes de la cordillera Central y las laderas orientales de la Occidental, configurando el Eje Cafetero y sentando las bases de la economía cafetera colombiana. Fue también un mito fundacional con el que las élites intelectuales de Medellín explicaron la singularidad antioqueña, ocultando parcialmente su dimensión de negocio, litigio de baldíos y polarización agraria.

4.089 palabras37 documentos49 fragmentos citados
Colonización antioqueña

Trayectoria de una idea

  1. 1789

    Fundación de Sonsón: arranque documentado de la colonización

  2. 1835

    Organización de compañías colonizadoras por empresarios medellinenses

  3. 1850

    Aceleración del poblamiento en Risaralda y avance hacia el Quindío

  4. 1874

    Desplazamiento del centro cafetero hacia el occidente antioqueño

  5. 1880

    Colonización tardía del Quindío y choque con la Concesión Burila

  6. 1884

    Decreto 832: legislación de baldíos que favorece la concentración de tierras

  7. 1890

    Conflicto en Yolombó: colonos contra especuladores de baldíos

  8. 1900

    Consolidación del patrón agrario tripartito y del mercado interno cafetero

  9. 1901

    Adjudicación de baldíos 1901-1931: estructura agraria polarizada

03

La lectura

La colonización antioqueña fue, ante todo, una respuesta demográfica a la presión de la pobreza: familias campesinas del oriente antioqueño que desde 1789 avanzaron hacha en mano hacia el sur, repitiendo durante más de un siglo el ciclo de desmontar, sembrar y migrar cuando los hijos ya no cabían en la parcela. Ese movimiento incremental y autogenerativo fundó decenas de pueblos y transformó las vertientes andinas en el principal territorio cafetero del país, creando por primera vez en Colombia un mercado interno con densidad suficiente para sostener industria manufacturera. Sin embargo, la imagen del hachero libre y del pequeño propietario igualitario que la historiografía canónica —y el propio mito antioqueño— construyeron sobre ese proceso oculta una realidad más áspera: la legislación de baldíos favoreció sistemáticamente a los grandes concesionarios, los conflictos por la tierra fueron constantes desde Yolombó hasta el Quindío, y la estructura agraria resultante reprodujo, con variantes locales, la polarización latifundio-minifundio del resto del país. La colonización antioqueña fue, en suma, un proceso real de enorme consecuencia histórica y, simultáneamente, un dispositivo ideológico que anudó demografía, economía y mito en una sola categoría cuya potencia explicativa sigue siendo, un siglo después, difícil de desanudar.

Se llama colonización antioqueña al proceso migratorio y de apertura de tierras que, entre las últimas décadas del siglo XVIII y mediados del XX, llevó a decenas de miles de familias campesinas del oriente y el sur de Antioquia a poblar las vertientes de la cordillera Central y las laderas orientales de la Occidental, hasta configurar lo que hoy conocemos como el Eje Cafetero y buena parte del norte del Valle del Cauca y del norte del Tolima. Fue un desplazamiento demográfico real, cuyo saldo material fue la fundación de decenas de pueblos —Sonsón, Abejorral, Aguadas, Salamina, Manizales, Pereira, Armenia, Salento, Sevilla, Líbano— y la creación de una masa de pequeños propietarios cafeteros sin precedente en el país. Fue también, a partir de finales del siglo XIX, un mito fundacional: el relato con el que las élites intelectuales de Medellín explicaron a Colombia por qué Antioquia era distinta, y por qué su expansión hacia el sur debía leerse como epopeya de raza y no como lo que en buena medida también era: un negocio de compañías colonizadoras, un litigio de baldíos y una polarización agraria análoga a la del resto del país. La pieza que sigue describe ambos planos —el proceso y el concepto— sin colapsarlos.

Qué se está nombrando

Bajo el nombre de colonización antioqueña se acumulan, en rigor, tres cosas superpuestas. Primero, un movimiento demográfico: la salida sostenida de familias campesinas desde núcleos como Rionegro, Marinilla, Sonsón y Abejorral hacia tierras montañosas al sur, siguiendo los filos de la cordillera Central y las cuencas del Cauca y del Magdalena. Segundo, un proceso económico y agrario: la apertura de bosque de niebla a hacha y candela, la siembra sucesiva de maíz, fríjol, plátano y tabaco, y —tras diez o más años de asentamiento— la conversión de esas parcelas en cafetales, base del principal producto de exportación colombiano del siglo XX. Tercero, un dispositivo interpretativo: la lectura que hicieron de ese proceso, primero los publicistas antioqueños desde finales del siglo XIX, luego el geógrafo estadounidense James J. Parsons en su disertación The Antioqueño Colonization in Western Colombia, y finalmente la historiografía canónica colombiana, que consolidó la imagen de una "frontera igualitaria" poblada por hacheros libres.

Los tres planos se sostienen entre sí. Sin el proceso demográfico no hay materia; sin la economía cafetera no hay consecuencia nacional; sin el dispositivo interpretativo no hay "colonización antioqueña" como categoría, sino una migración interna más entre las varias que atravesaron el país entre 1780 y 1930. Que las tres cosas se llamen con un solo nombre es, en buena medida, resultado del trabajo intelectual que las anudó.

Los orígenes: expulsión, oro y hacha

El punto de partida convencional es 1789, cuando colonos de Rionegro y Marinilla, en el oriente antioqueño, invocan explícitamente su extrema pobreza y la escasez de tierras para migrar hacia el sur, a las tierras concedidas por la Corona a Felipe Villegas entre el río Aures y la quebrada de Arma. Allí fundan Sonsón, punto de arranque de una cadena que en el siglo siguiente sumará Abejorral, Aguadas, Salamina, Neira, Manizales y, más tarde, los pueblos del actual Quindío. Pero la fecha es solo un umbral administrativo: la presión que empujó a esos colonos venía de más atrás.

En 1778 Antioquia no llegaba a cincuenta mil habitantes —apenas el 6% del total del virreinato— pero crecía rápidamente sobre un territorio quebrado, montañoso, de suelos delgados alrededor de Medellín. Hambruna, sequías y una demografía que desbordaba las viejas parcelas fueron el motor de fondo. A ello se sumaba una minería aurífera en transformación: los mazamorreros, esos mineros pobres que lavaban los aluviones de quebradas y ríos, habían desarrollado desde el siglo XVIII una cultura de movilidad para seguir los depósitos superficiales, y algunos historiadores han visto en el declive relativo de las viejas zonas mineras un empuje adicional hacia el sur —interpretación que Frank Safford ha matizado con datos salariales coloniales que no confirman una crisis tan aguda como suele suponerse. La búsqueda de oro y de guacas figura entre las causas del avance, pero no fue la determinante: hacia finales del siglo XVIII, las tierras nuevas del sur eran, en general, mejores que las del área original de poblamiento, y eso bastaba.

El mecanismo, una vez iniciado, se volvió autogenerativo. Una familia desmontaba una parcela, la cultivaba y la habitaba; al crecer los hijos, esa parcela resultaba insuficiente y algunos migraban más al sur a fundar la suya. El patrón se repetía en oleadas cortas y contiguas, sin necesidad de un impulso central. Los individuos, escribiría más tarde la historiografía, huían del hambre, de la sequía y de la sobrepoblación; en el terreno, huían también de casas ya llenas y de tierras ya repartidas. Esa dinámica —familiar, incremental, tozuda— explica por qué la colonización pudo sostenerse durante más de un siglo sin interrupciones mayores, y también por qué su extensión precisa y sus altibajos son difíciles de fijar con exactitud.

La trayectoria: de Sonsón al Quindío

El siglo XIX es el escenario del despliegue. Desde Sonsón la frontera se corre hacia el sur siguiendo la cordillera Central: Abejorral, Aguadas y Salamina en las primeras décadas; Neira y Manizales hacia mediados de siglo; luego, cruzada la línea del río Chinchiná, los actuales municipios de Risaralda. Los datos de fundación municipal marcan un ritmo: la mayor parte de las fundaciones risaraldenses ocurre a partir de 1850 —tres entre 1850 y 1880, cinco entre 1880 y 1910—, mientras que en el Quindío seis de las ocho fundaciones registradas entre 1820 y 1910 se concentran en el último tramo, entre 1880 y 1910. El Quindío, por tanto, es colonización tardía; su poblamiento coincide con la primera gran expansión cafetera y con la consolidación de los ferrocarriles.

El avance no fue una línea única. Hubo dos frentes principales: uno por la vertiente occidental de la cordillera Central, que descendería después hacia las laderas del Tolima; otro por las laderas orientales de la cordillera Occidental, que bordean el valle del Cauca. Este segundo frente evitó, en el siglo XIX, el choque frontal con los propietarios de la zona plana del valle: los colonos antioqueños se asentaron en ladera, en poblamiento disperso, y dejaron intacta la estructura de haciendas del piedemonte. La fisonomía agraria del Valle del Cauca no se modificó sustancialmente hasta las primeras décadas del siglo XX, cuando el café y la caña reordenaron el paisaje productivo.

Al sur, la frontera antioqueña se topó con un obstáculo mayúsculo: la Concesión Burila. Encabezada por la familia Caicedo desde Manizales, la concesión reclamaba, con base en una merced real de 1641, una extensión de unas 130.000 hectáreas que cubría la mitad sur del Quindío y una porción del norte del Valle. El choque fue frontal. En jurisdicción de Armenia y Calarcá, las tierras reivindicadas por la Empresa Burila fueron ocupadas por invasiones organizadas de entre mil y cuatro mil familias de colonos pobres —sin contar los de Sevilla y Caicedonia—, en un litigio que se prolongó durante décadas y que terminó saldándose, en la práctica, por la ocupación material más que por el título jurídico. El episodio revela un rasgo central del proceso: la frontera antioqueña no era tierra vacante, sino tierra disputada, y su ocupación fue simultáneamente demográfica y litigiosa.

La estructura agraria: baldíos, concesiones y polarización

El relato canónico presenta la colonización como el reino del pequeño propietario. La documentación agraria complica la imagen. Entre 1901 y 1931, según los registros de adjudicación de baldíos, los concesionarios de más de mil hectáreas —apenas el 5% del total de adjudicatarios— recibieron cerca del 57% de la superficie adjudicada: unas 567.000 de las 997.000 hectáreas totales. El restante 95% de adjudicatarios se repartió el 43% de la tierra. La cifra no cabe en la fábula: la estructura de tenencia que dejó la apropiación de baldíos en la zona de colonización no fue democrática ni igualitaria; fue análoga a la del resto del país, con una polarización clasista comparable a la de la sociedad latifundista del oriente.

La legislación de baldíos explica en parte el desenlace. El Decreto 832 de 1884, que compiló las leyes 61 de 1874 y 48 de 1882, imponía a los adjudicatarios de menos de 200 hectáreas la obligación de explotar el 40% del terreno; a los concesionarios de 3.001 a 5.000 hectáreas les bastaba con explotar el 10%. La asimetría era estructural: al pequeño se le exigía trabajo intenso o pérdida del título; al grande se le permitía mantener extensiones apenas trabajadas. A ello contribuían las cuantiosas inversiones necesarias para poner en producción vastas extensiones en regiones sin caminos, pero el efecto neto fue el sostenimiento del latifundio improductivo junto al minifundio de subsistencia.

Los conflictos por la tierra puntearon todo el proceso. En Yolombó, en la década de 1890, la construcción del ferrocarril Medellín-Puerto Berrío atrajo simultáneamente a especuladores con títulos y a centenares de colonos que buscaban abrir tierra a lo largo de la vía; el choque fue directo, y los grandes solicitantes intentaron excluir a los colonos por completo. En el departamento de Caldas, varias familias prominentes y compañías comerciales con títulos sobre grandes extensiones adoptaron estrategias mixtas de valorización, subdivisión y venta a campesinos, en un juego donde el capital urbano se apropiaba del plusvalor generado por el trabajo de los desmontadores. Las deficiencias de agrimensura, el descuido oficial sobre el registro de tierras públicas y el desconocimiento de vastas áreas hicieron que muchos colonos pobres se asentaran sin que sus parcelas pasaran nunca a las estadísticas, lo que introduce un margen adicional de imprecisión —hacia arriba y hacia abajo— en las cifras de tenencia.

Lo que se consolidó a comienzos del siglo XX fue un patrón tripartito que aún caracterizaba la producción rural colombiana décadas después: minifundio en las tierras altas, sistema mixto de laderas —donde prosperaría el café— y latifundio en las llanuras. La colonización antioqueña no rompió con la estructura agraria colombiana; la reprodujo con variantes propias.

El café: motor tardío y consecuencia decisiva

El café no fue causa de la colonización sino resultado. En 1874 aproximadamente el 90% de la producción cafetera colombiana provenía de Santander; el centro de gravedad se desplazó al occidente en las décadas siguientes, en paralelo al avance del hacha antioqueña. Pero el arbusto llegó tarde a la parcela: los cafetales se establecían típicamente diez años o más después del primer desmonte, cuando la familia ya estaba asentada, tenía casa levantada y había producido maíz, fríjol y tabaco para el sustento. El café coronaba una economía campesina previamente estabilizada, no la fundaba.

Su adaptación a esa economía fue extraordinaria. Se avenía al régimen de pequeña propiedad, se combinaba bien con cultivos de subsistencia y no exigía las inmensas inversiones iniciales que otros cultivos comerciales pedían. En la zona de colonización antioqueña —sur de Antioquia, viejo Caldas, laderas del Quindío y del norte del Valle— el café se diseminó entre pequeños y medianos propietarios, aunque las primeras plantaciones importantes las hicieron los grandes. En Cundinamarca y Tolima, en cambio, el café se produjo en régimen de hacienda, y esas haciendas fueron el escenario de las luchas agrarias de los años veinte y treinta. La diferencia es sustantiva: al oriente, café con conflicto de clase abierto; al occidente, café con estructura fragmentada de propietarios y aparceros.

La franja cafetera del occidente colombiano —unos 300 kilómetros de largo por 50 de ancho, entre Salgar en Antioquia y Trujillo en el Valle— concentró desde entonces los municipios de mayor tradición cafetera. Temperaturas cercanas a los 20°C, suelos volcánicos, altitudes precisas: las condiciones agroecológicas eran excepcionales, y sostuvieron durante más de un siglo ingresos rurales superiores al promedio nacional. Esa base económica tuvo un efecto que la historiografía ha subrayado con razón: al vincular a miles de familias campesinas a la economía monetaria, la producción cafetera creó por primera vez, en el occidente colombiano, un mercado interno de bienes manufacturados con densidad suficiente para sostener industria. La manufactura antioqueña del siglo XX no se explica sin ese mercado.

Conviene, sin embargo, no idealizar. La vinculación de los pequeños productores a la economía monetaria se dio en gran medida a través de intermediarios comerciales —trilladores, tenderos, exportadores—, y no como negociación directa con compradores urbanos. Muchos colonos carecieron de título seguro durante largos períodos, y su relación con gamonales y comerciantes locales tuvo elementos de dependencia que la imagen del pequeño propietario libre suaviza. La colonización creó una estructura cafetera más democrática que la de Cundinamarca o Tolima, pero no igualitaria en sentido fuerte.

La red: colonos, empresarios y compañías colonizadoras

El proceso tuvo actores diversos y a menudo enfrentados. En la base, el colono campesino: familias de tres o cuatro generaciones que iban levantando un pueblo tras otro con hacha, machete y semilla. Sobre ellos, y a menudo contra ellos, un tejido más denso: comerciantes y empresarios medellinenses que desde al menos 1835 organizaron compañías colonizadoras, construyeron caminos y adquirieron extensos territorios como el de Caramanta. Su interés no era la agricultura de subsistencia sino la exportación: café, primero; antes, algo de tabaco y añil. Los colonos abrían el bosque; ellos capitalizaban el resultado.

Nombres recurrentes puntean el capítulo. Felipe Villegas al inicio, con la concesión colonial de fines del XVIII. Juan de Dios Aranzazu, Elías González y Gabriel Echeverri en la primera mitad del XIX, articulando el paso de Sonsón a Manizales con una combinación de capital, títulos y presión política. La familia Caicedo detrás de la Concesión Burila, disputando el sur del Quindío desde Manizales. Fermín López como figura del colono legendario del Quindío, expulsado repetidamente por títulos que llegaban tras el desmonte. En Yolombó, en la década de 1890, un tramo del mismo drama a la vera del ferrocarril.

Las compañías colonizadoras y las grandes casas comerciales usaron un repertorio consistente de instrumentos: créditos para la compra de bestias, semillas, herramientas y ganado; apoyo institucional para la titulación de baldíos; mediación política en pleitos y litigios; construcción de caminos con contraprestación en tierra. El Estado, por su parte, ofreció hasta cien hectáreas de baldíos por kilómetro construido para caminos específicos —como el que iba a partir de Macanal hacia el río Upía en Casanare, o el que comunicaría las provincias de Ricaurte y Occidente de Boyacá—, política que si bien no fue diseñada para la colonización antioqueña, ilustra el modo general en que la apertura de vías se pagaba con tierra pública.

El capital que financió esta trama provenía sobre todo de la minería y del comercio antioqueños. Comerciantes medellinenses reinvirtieron en tierras y caminos parte de la acumulación previa. Esa continuidad —del oro al hacha, del comercio a la colonización, y luego al café y la manufactura— es una de las razones por las que Antioquia produjo algo que otras regiones con recursos comparables, como el Cauca o Santander, no lograron producir. El simple control de recursos no lo explica; la trayectoria acumulativa del capital regional, sí, en parte.

En ese cuadro coexistieron dos ethos que la historiografía suele presentar como opuestos y que en realidad se reforzaban: por un lado, la fraternidad y el igualitarismo relativo de los colonos pioneros, forjados en el aislamiento, la selva y la escasez; por otro, una mentalidad empresarial y capitalista, presente desde temprano en los comerciantes y en los empresarios, que orientaba sus decisiones por criterios de inversión, exportación y valorización. La fábula de la frontera solo retuvo el primero. El segundo, sin embargo, fue el que fijó buena parte de las condiciones del proceso.

Caminos, ferrocarril y demografía

Nada de esto habría cuajado sin caminos. A comienzos del siglo XIX las vías que comunicaban las ciudades antioqueñas con el río Nare eran, en descripción contemporánea, sumamente fragosas, y su mal estado se atribuía a la inacción de las autoridades provinciales. Mejorarlas era condición para que la agricultura y el comercio pudieran extraer sus frutos y engancharse con el resto del país. Durante el siglo XIX, caminos de mulas y luego ferrocarriles fueron bajando los costos de transporte y abriendo, poco a poco, un espacio nacional. Entre 1870 y 1930, la ocupación de las vertientes andinas donde se expandió el café —esa franja que la colonización antioqueña había venido preparando— unificó el espacio colombiano y dio existencia efectiva a un mercado nacional, aunque incipiente.

El auge de los ferrocarriles y de la navegación a vapor por el Magdalena fue prioridad de infraestructura precisamente cuando la actividad agroexportadora despegaba, y el esfuerzo por armar una red eficiente consumió buena parte de los recursos del Estado a lo largo del siglo XX. La imagen que resume la precariedad previa —una carga transportada 150 kilómetros sobre una tarima al hombro de decenas de cargueros descrita, sin ironía, como una proeza de ingeniería— vale como recordatorio del salto que significó el ferrocarril.

Sobre este trasfondo material se leen las cifras demográficas. Hacia finales del siglo XVIII, el oriente colombiano —Santanderes, Boyacá, Cundinamarca— concentraba el 53% de la población; el sur-occidente, apenas el 22%; la costa atlántica cerca del 16%; y el centro —Tolima y Huila—, el 9%. En 1870, el oriente todavía guardaba cerca de la mitad de los habitantes del país, y el sur-occidente había subido al 30%. A lo largo del siglo, la costa y el oriente perdieron peso relativo en favor del occidente, en un desplazamiento que refleja la intensidad de los nuevos procesos de poblamiento en la vertiente cafetera. Colombia, a diferencia de Argentina o Brasil, recibió muy poca inmigración extranjera durante el siglo XIX y buena parte del XX; el crecimiento y la redistribución fueron básicamente asuntos internos, resultado sobre todo del comportamiento diferencial de la mortalidad entre regiones. Antioquia, en particular, no atrajo una proporción significativa de los pocos extranjeros radicados en el país, lo que dio a su expansión un carácter marcadamente endógeno. A mediados del siglo XIX, Medellín ocupaba el cuarto lugar entre las ciudades colombianas por población, detrás de Bogotá, Socorro y Piedecuesta. Para 1930 estaba en camino de disputarle a Bogotá el primer lugar del país.

La invención del concepto: Parsons, el antioqueñismo y sus revisiones

La colonización antioqueña como categoría historiográfica es más joven que el proceso. Sus contornos se fijaron en dos momentos. Primero, entre finales del siglo XIX y principios del XX, cuando los publicistas antioqueños construyeron el "antioqueñismo": la afirmación de que las montañas habían aislado a Antioquia de las influencias foráneas y preservado en ella una esencia castellana y cristiana, con virtudes distintivas de laboriosidad, honradez y arraigo. Segundo, en la década de 1940, cuando James J. Parsons publicó, a partir de su disertación doctoral, The Antioqueño Colonization in Western Colombia, obra que traducida al español por Emilio Robledo alcanzaría al menos cuatro ediciones —la cuarta, del Banco de la República y El Áncora Editores en 1997—, y fijó para varias generaciones el marco interpretativo del proceso.

El aporte de Parsons fue doble. Por un lado, sistematizó con trabajo de campo y fuentes primarias un proceso que hasta entonces circulaba sobre todo en la literatura regional. Por otro, lo dotó de un concepto: la idea de una "frontera igualitaria" que habría producido, en el occidente colombiano, un ethos distinto —más laborioso, más democrático, menos jerárquico— del que predominaba en los altiplanos andinos o en la Costa. La afinidad con la clásica tesis de la frontera de Frederick Jackson Turner, formulada para el Oeste estadounidense, ha sido señalada por buena parte de la crítica; Parsons trasladó un utillaje conceptual del norte y lo aplicó, con matices, al caso colombiano.

El antioqueñismo previo había preparado el terreno. Intelectuales como Libardo López proclamaron abiertamente, en textos como "Raza antioqueña" publicado en la revista Voces, la superioridad racial del pueblo antioqueño y la expansión colonizadora como una "antioqueñización" del país, con asimilación de los extranjeros. Otros publicistas, con menos estridencia, repitieron durante décadas la descripción del antioqueño como "el más bello tipo de la República", trenzando belleza física con constitución social y moral. La visión predominante fue la del comerciante andariego más que la del colono agrícola, y el espíritu comerciante se vinculó al capital acumulado antes en la minería. Las montañas cultivadas eran presentadas como el reflejo mismo de la laboriosidad paisa: el paisaje probaba la raza.

Investigaciones posteriores han desarmado buena parte de ese andamiaje. Juan Camilo Escobar Villegas ha mostrado que el antioqueñismo no fue una narración espontánea sino una creación deliberada de las élites intelectuales de la región, y que su tesis del aislamiento montañoso —esa esencia castellana preservada por la geografía— convivía en contradicción abierta con el hecho de que esas mismas élites mantenían contacto frecuente con Europa a través de viajes y publicaciones. La imagen de una raza campechana e incontaminada era producida, en la práctica, por intelectuales cosmopolitas.

Sobre la tesis de la frontera igualitaria, la revisión ha sido más lenta. Keith H. Christie, en 1986, discutió los planteamientos de Parsons sin proponer una refutación radical. Trabajos posteriores, apoyados en la documentación de baldíos —notablemente los de Catherine LeGrand— y en la historia agraria de Marco Palacios, mostraron con detalle la concentración de la propiedad, los litigios de la Concesión Burila, los conflictos de Yolombó y el peso decisivo de compañías y empresarios, complicando el retrato del hachero libre. Una literatura revisionista más marginal ha cuestionado incluso la preponderancia exclusiva de los antioqueños en el poblamiento de Risaralda, Quindío y Valle del Cauca, señalando la presencia significativa de migrantes caucanos y tolimenses que la historiografía canónica opacó; esa línea, sin embargo, ha circulado en publicaciones de difusión restringida y no ha logrado desplazar las grandes explicaciones establecidas.

El saldo es un concepto útil pero exigente. Hablar hoy de colonización antioqueña obliga a distinguir el proceso material —la migración, el desmonte, el café— de su elaboración discursiva —el antioqueñismo, la frontera igualitaria—, y a reconocer que ambos se produjeron pero no siempre coinciden.

La huella: paisaje, café y mito

Lo que dejó el proceso es visible todavía. En el paisaje, la franja cafetera del occidente colombiano —hoy Paisaje Cultural Cafetero, con reconocimiento de la Unesco desde 2011— es la marca material más obvia: pueblos de balcones, cafetales en ladera, arquitectura de bahareque y tapia, una densidad municipal característica. En la estructura productiva, la pequeña y mediana propiedad cafetera que se consolidó en Caldas, Quindío, Risaralda, norte del Valle y norte del Tolima; la Federación Nacional de Cafeteros, creada en 1927, institucionalizó y estabilizó parte de ese mundo. En la economía nacional, el café fue durante gran parte del siglo XX la primera fuente de divisas del país, y la manufactura antioqueña —textiles, cerveza, alimentos, comercio— nació apoyada en el mercado interno que la colonización cafetera había creado.

En la vida cultural, la colonización dejó una subcultura que la historiografía y la literatura llamaron paisa, con rasgos ligados al trabajo, la religiosidad, la familia extensa y un cierto emprendedurismo mercantil. Autores como Luis López de Mesa y, más tarde, ensayistas como Tomás Rueda Vargas, contribuyeron a fijar en el imaginario nacional la idea de un paisa moderno, independiente, laborioso e igualitario, distinto del bogotano y del costeño. Esa reputación —parcialmente merecida, parcialmente construida— tuvo consecuencias políticas: sostuvo la hegemonía regional antioqueña en el siglo XX y dio a Medellín un peso económico y simbólico que le disputa a la capital desde entonces.

El precio simbólico del relato también dejó huella. Al presentar la colonización como epopeya de raza, el antioqueñismo naturalizó jerarquías internas y borró conflictos: los pleitos por baldíos, la desigualdad en la adjudicación, el papel de las compañías, la dependencia de los pequeños respecto de comerciantes e intermediarios, la presencia previa de comunidades indígenas y campesinas de otras procedencias en las tierras "colonizadas". Convertida en mito, la colonización se volvió difícil de discutir; los cronistas regionales —Alfredo Cardona Tobón entre ellos— han hecho un trabajo persistente para restituir episodios y nombres que la narración canónica había dejado fuera.

La violencia bipartidista de mediados del siglo XX y, más tarde, la crisis cafetera de fines de siglo, cerraron el ciclo largo de la colonización clásica. Los descendientes de los colonos volvieron a migrar, ahora en dirección inversa —hacia Medellín, Cali, Bogotá y el exterior—, dejando pueblos que hoy viven del café, del turismo cultural y de la memoria de aquel proceso. Lo que queda, además del paisaje y de la economía, es una pregunta que la historiografía sigue trabajando: cuánto del carácter antioqueño se hizo en las montañas del sur, cuánto en las oficinas de las élites de Medellín, y cuánto en los libros que, como el de Parsons, le pusieron nombre a una expansión que ya había ocurrido.

04

En el archivo

93 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Prehispánicoantes de 14991
  1. 1970BioarqueologíaFicha
02Conquista1499–15992
  1. 1535NutibaraFicha
  2. 1578Gaspar de RodasFicha
03Colonia1600–17801
  1. 1782Francisco SilvestreFicha
04Pre-independencia1780–18093
  1. 1781Conspiración esclava de Antioquia de 1781 y el rumor de la cédula real ocultaHecho
  2. 1785Reforma agraria antioqueña de Juan Antonio Mon y Velarde (1785-1788)Hecho
  3. 1787Juan Antonio Mon y VelardeFicha
05Nueva Granada1831–18624
  1. 1848Ramón Torres MéndezFicha
  2. 1849Mariano Ospina RodríguezFicha
  3. 1855CostumbrismoFicha
  4. 1864Modelos regionales de acumulación en el siglo XIX: Antioquia y el Valle del CaucaPregunta
06Estados Unidos de Colombia1863–18857
  1. 1845Introducción masiva de pastos africanos y expansión ganadera (1845–1880)Hecho
  2. 1864Antioquia bajo Pedro Justo Berrío: laboratorio conservador dentro del federalismo radical (1864-1873)Hecho
  3. 1868Pedro Justo BerríoFicha
  4. 1870Auge exportador y dependencia agraria bajo el radicalismo (1870–1882)Hecho
  5. 1870La colonización antioqueña y la fábrica del pionero (1870–1880)Hecho
  6. 1870Trabajo asalariadoFicha
  7. 1870Vicente ArbeláezFicha
07Regeneración1886–192917
  1. 1885Los ferrocarriles colombianos y la modernización infraestructural (1885–1910)Hecho
  2. 1886Identidad regionalFicha
  3. 1886La RegeneraciónÉpoca
  4. 1886Mercado internoFicha
  5. 1890Consolidación cafetera del centro-occidente colombiano (1890–1910)Hecho
  6. 1905Fragmentación territorial en 34 departamentos bajo el Quinquenio de Reyes (1905-1908)Hecho
  7. 1905Industrialización antioqueña y concesiones petroleras (1905–1919)Hecho
  8. 1910Alejandro López RestrepoFicha
  9. 1910Carlos E. RestrepoFicha
  10. 1910La Reforma Constitucional de 1910 y la Unión RepublicanaHecho
  11. 1918Marco Fidel SuárezFicha
  12. 1920Betsabé EspinosaFicha
  13. 1920Mujeres y orígenes del movimiento social colombianoPregunta
  14. 1922La dependencia económica de Colombia, 1903–1934Pregunta
  15. 1924Pedro Nel OspinaFicha
  16. 1927María CanoFicha
  17. 1929Fernando González OchoaFicha
08República Liberal1930–194614
  1. 1930Colapso de la hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima (1930–1936)Hecho
  2. 1930La Federación Nacional de Cafeteros como poder paraestatal (1930–1946)Hecho
  3. 1933Sindicalismo confesional católico: UTRAN, FANAL y génesis de la UTC (1933–1946)Hecho
  4. 1934Industrialización por sustitución de importaciones y modernización económica (1934–1945)Hecho
  5. 1934Quema de bibliotecas aldeanas por resistencia clericalHecho
  6. 1935Infraestructura y fragmentación territorial en la República LiberalPregunta
  7. 1935Luis López de MesaFicha
  8. 1935Masculinismo estructural en la historiografía de la República LiberalPregunta
  9. 1936Institucionalización de la antropología y la arqueología nacionales (1936–1942)Hecho
  10. 1936Pedro Nel GómezFicha
  11. 1938Arqueología nacionalFicha
  12. 1938Industrialización en ColombiaFicha
  13. 1938Silvio VillegasFicha
  14. 1940Débora Arango PérezFicha
09La Violencia1946–19574
  1. 1948Mariano Ospina PérezFicha
  2. 1950Conflicto agrarioFicha
  3. 1950Miguel Ángel BuilesFicha
  4. 1956El decomiso de La Habana (1956)Hecho
10Frente Nacional1958–19742
  1. 1970Estanislao ZuletaFicha
  2. 1975La transición demográfica colombiana, 1965-1993Pregunta
11Crisis y narcotráfico1974–19902
  1. 1980Carlos LehderFicha
  2. 1980ColonizaciónFicha
12Constitución de 19911991–20021
  1. 1994Colonización campesinaFicha
13Seguridad Democrática2002–20161
  1. 2006Álvaro Uribe VélezFicha
14Transversal33
  1. 1541AntioquiaFicha
  2. 1675MedellínFicha
  3. 1850Los cuatro relatos del siglo XIX colombianoPregunta
  4. 1863PereiraFicha
  5. 1863RionegroFicha
  6. 1880La colonización antioqueña democráticaPregunta
  7. 1880La colonización antioqueña y el mito de la democracia ruralPregunta
  8. 1889ArmeniaFicha
  9. 1896Tomás CarrasquillaFicha
  10. 1900Eje CafeteroFicha
  11. 1900Frontera internaFicha
  12. 1900Hacienda cafeteraFicha
  13. 1900ManizalesFicha
  14. 1902BelloFicha
  15. 1905CaldasFicha
  16. 1910Valle del CaucaFicha
  17. 1930ViotáFicha
  18. 1950Frontera agrícolaFicha
  19. 1950Río SinúFicha
  20. 1952Córdoba (Colombia)Ficha
  21. 1961Colonización dirigidaFicha
  22. 1964Sur del TolimaFicha
  23. 1966QuindíoFicha
  24. 1970Comuna Nororiental de MedellínFicha
  25. 1970TierraltaFicha
  26. 1979Marco PalaciosFicha
  27. 1980ApartadóFicha
  28. 1980EnvigadoFicha
  29. 1980MonteríaFicha
  30. 1985Oriente antioqueñoFicha
  31. 1985Puerto TriunfoFicha
  32. 1985San CarlosFicha
  33. 1990Norte del ValleFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01James J. Parsons: geógrafo estadounidense cuya disertación 'The Antioqueño Colonization in Western Colombia' consolidó la imagen canónica del proceso como 'frontera igualitaria' y fijó la categoría historiográfica de colonización antioqueña.
  2. 02Felipe Villegas: concesionario colonial cuyas tierras entre el río Aures y la quebrada de Arma fueron el destino inicial de los colonos de Rionegro y Marinilla en 1789, constituyendo el punto de arranque formal del proceso.
  3. 03Empresa Burila (familia Caicedo): compañía con sede en Manizales que reclamaba unas 130.000 hectáreas en el sur del Quindío y norte del Valle del Cauca basándose en una merced real de 1641, protagonizando el principal conflicto de tierras de la colonización tardía.
  4. 04Eje Cafetero: resultado territorial y económico directo de la colonización antioqueña; la franja cafetera entre Salgar (Antioquia) y Trujillo (Valle) concentra los municipios fundados por el proceso y sostiene la economía cafetera colombiana del siglo XX.
  5. 05Frontera agraria y baldíos: marco jurídico y conceptual en el que se inscribe el proceso; la legislación de baldíos y su aplicación asimétrica determinaron la estructura de tenencia resultante y los conflictos entre colonos pobres y grandes concesionarios.
  6. 06Hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima: contrapunto estructural de la colonización antioqueña; mientras en el occidente el café se diseminó entre pequeños y medianos propietarios, en Cundinamarca y Tolima predominó el régimen de hacienda, escenario de las luchas agrarias de los años veinte y treinta.
06

Documentos y fragmentos citados

37 documentos · 49 fragmentos

01La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 691 cita
[1]

la vista del investigador a medida que se va inter- nando en el interesante mundo de los archivos locales. Un memorial dirigido al gobernador de la Provincia, con fecha de 27 de agosto de 1789, es muy elocuente y preciso sobre este particular. Dice así, en su parte pertinente: Nosotros, los suscritos vecinos de la…

p. 69
02Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2001 cita
[2]

Central, en donde se encontraron con las grandes migraciones rumbo al corredor antioqueño que ya llevaba en proceso más de cien años. La movilización de los antioqueños se había iniciado muchas décadas antes de la Independencia, huyendo de la hambruna, las sequías y la sobrepoblación de las zonas montañosas de los…

p. 200
03Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 309, 3942 citas
[3]

Después de la primera fase de la colonización siguió un proceso autogenerado, consistente en que la parcela primeramente desmontada servía por un tiempo para albergar y dar trabajo a la familia, pero luego, al crecer esta, se tornaba insuficiente y algunos hijos se marchaban cada vez más hacia el sur a constituir su…

p. 309
[25]

1.375.916 86.619.774 36.328.333 1921 2.251.327 140.707.992 41.945.052 1922 1.711.913 105.668.763 36.291.812 1923 1.978.230 123.639.678 43.387.760 1924 2.127.361 132.949.612 68.793.353 1925 1.948.366 116.90.1944 66.579.916 1926 2.454.251 147.255.065 84.517.256 Consecuencias del cultivo del café Pueden resumirse así: 1.…

p. 394
04Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 278, 2812 citas
[4]

dinero por todo el país, diversificando sus carteras para reducir riesgos y, al mismo tiempo, desplazando capital de donde era abundante (Antioquia) hacia lugares en donde era relativamente escaso (Bogotá, la Costa Caribe). Las observaciones anteriores, sin embargo, distan mucho de probar que Antioquia era una región…

p. 278
[17]

ahora, el expendio de café era algo prácticamente desconocido en el país hacia 1850, donde el té y el chocolate eran bebidas más comunes. Los primeros cálculos de la producción cafetera colombiana da- tan de 1874. Para ese año, la cosecha total fue de unos 114 mil sacos, de los cuales el 90% provino de Santander. El…

p. 281
05Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3481 cita
[5]

de maíz que conformaban la base de su dieta, estos trabajadores comprendían alrededor de cuatro quintas partes de los 15 mil mineros del oro que hubo en' Antioquia en los años de máximo empleo en el siglo XIX. Los' mazamorreros desarrollaron técnicas mineras y una cultura altamente móvil con el fin de aprovechar los…

p. 348
06Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 861 cita
[6]

Biblioteca Aldeana de Colombia, tomo 55 (Bogotá, 1936). 87 Iíndicers t aeócouurpí oí Cólóvxrs 1810-1930 a exámenes críticos agudos. La idea tradicional no ha salido demasiado mal parada 59. En 1778 no alcanzaba a contar 50. 000 miembros —el 6 % del total—, pero aumentaba rápidamente y estaba abriendo con actividad…

p. 86
07La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 1, 612 citas
[7]

auríferos, fueron tomados por los indígenas de pozos de 150 pies de profundidad. 57 Las minas de Marmato nunca se bastaron a sí mismas y para muchos recursos dependían de Cartago, Mariquita y ocasionalmente de Antioquia mismo. Así Boussingault escribió lo siguiente, acerca de su conocimiento experimental de estas…

p. 61
[39]

Título original: The Antioqueño Colonization in Western Colombia Traducción: Emilio Robledo La colonización antioqueña en el occidente de Colombia JAMES J. PARSONS BANCO DE LA REPÚBLICA 1 EL ÁNCORA EDITORES Cuarta edición en español: Banco de la República El Áncora Editores Bogotá, 1997 ISBN 958-9506-05-4 Portada:…

p. 1
08"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 411 cita
[8]

vertiente occidental recibió la mayor in fl uencia antioqueña durante el siglo XIX con un poblamiento disperso en la zona de ladera, que evitó el choque con los propietarios de la zona plana. Sin embargo, la colonización no estuvo exenta de con fl ictos entre colonos y propietarios. En esta región fue famoso el con fl…

p. 41
09Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 241 cita
[9]

resto del pa í s. Por ello mismo, esta é tica particular los hac í a m á s inclinados al trabajo y a la b ú squeda de nuevas formas de riqueza mediante el trabajo personal. La colonizaci ó n interna de la provincia de Antioquia, en la segunda mitad del siglo xix, avanz ó inicialmente sobre la Cordi llera Central. Los…

p. 24
10Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 89, 1472 citas
[10]

Consecuentemente, estos eran los rasgos propios de la Colombia de esa época: fronteras altamente esparcidas, una economía exportadora que se desa- rrollaba en las vertientes de las montañas y en las tierras bajas, y una política de tierras que estimulaba tanto la inversión capitalista como la colonización campesina en…

p. 89
[13]

trazado de ferrocarriles, los territorios anteriormente vacantes atraían simultáneamente tanto a especuladores como a colonos. En esos sectores los empresarios orientaban sus principales esfuerzos a la adquisición de derecho sobre la tierra per se, la cual, gracias a su localización privilegiada, podía, al venderse,…

p. 147
11Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 921 cita
[11]

mayoría fundaciones de Risaralda ocurrieron desde 1850: 3 entre 1850-1880 y 5 en el periodo de 1880-1910.De nuevo, parece seguir el auge del cultivo el café. Por último Quindío presenta una situación que destaca de todos los demás lugares: De las 8 fundaciones ocurridas entre 1820 y 1910, 6 ocurrieron en el útimo…

p. 92
12El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 284, 2902 citas
[12]

agrimensura, el descuido oficial sobre el registro de tierras públicas, el mismo desconocimiento de vastas áreas, obliga a presumir que muchos colonos pobres, colocados un poco al margen lograron asentarse y sobrevivir, sin que la tierra pasara al registro estadístico; por ejemplo, en las 128.000 hectáreas que…

p. 290
[31]

en un medio natural pobre, de tierras yermas, penosas para trabajar por lo abruptas y erosionadas. Así fueron llegando a los nuevos parajes pioneros y aventureros con sus ilusiones, su pobreza y su coraje para buscar y desenterrar guacas, explotar los bosques sacando cau- cho y sembrar cacao en pequeñas parcelas…

p. 284
13Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 40, 622 citas
[14]

mayor la porción de explotación en cul- tivo o ganados que el adjudicatario debía demostrar para adquirir el título de propiedad. Así pues, mientras los adjudicatarios de bal- díos inferiores a 200 hectáreas debían explotar el 40 por ciento del terreno, los concesionarios de 3.001 hasta 5.000 hectáreas estaban…

p. 40
[15]

el total de adjudicaciones y la superficie adjudicada a estos pasó de 1,3 por ciento a 10 por ciento (Tablas 1 y 2). Tabla 2. Adjudicación de baldíos a particulares según rangos de tamaño. Colombia, 1901-1931 Rangos Adjudicaciones % Hectáreas % 1-20 2.789 57,0 41.897 4,2 21-100 979 20,0 55.689 5,6 101-500 671 13,7…

p. 62
14Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 211 cita
[16]

de esta fase de la lucha fue una estructura de clases basa- da en la extensión de la tierra poseída que, a comienzos del siglo se configuraba así: rninifundio en las tierras altas; un sistema mixto de pro- ducción en las laderas, y latifundios en las llanuras 6. Estos patrones de producción todavía caracterizan el…

p. 21
15La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1311 cita
[18]

la presión refor- mista del grupo de comerciantes medellinenses establecidos en compañías colonizadoras y constructoras de caminos, como los que en 1835 eran dueños del extenso territorio de Caramanta (J. Parsons, 1949, pp. 85-95). A estos comer- ciantes, empr e sarios y contratistas les interesaba el fomento de…

p. 131
16Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 151 cita
[19]

s 150 kil ó metros sobre una tarima al hombro de decenas de cargueros) era una proe za de ingenier í a. Las v í as de comunicaci ó n — los mejores caminos de mu í as y los ferrocarriles — redujeron poco a poco los costos del transporte y permitieron un comercio interregional m á s activo, as í como la exportaci ó n de…

p. 15
17Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 8, 3612 citas
[20]

que se han adoptado aquí para la subdivisión cronológica del tema. De hecho, en sus comienzos en las últimas décadas del siglo XIX, la expan- sión cafetera se asentó sobre un régimen de haciendas, principalmente en el occi- dente de Cundinamarca, los Santande- res, Antioquia y en menor medida el Valle del Cauca. Sin…

p. 8
[34]

1870, la mitad de la población residía en el oriente colombiano (Santanderes, Bo- yacá y Cundinamarca); el 30 % en el sur-occidente, en lo que hoy son los departamentos de Antioquia, antiguo Caldas, Valle, Cauca, Chocó y Nari- ño; el 8 % en el centro (Tolima y Hui- la) y el 12 % en la costa atlántica. Pese al notorio…

p. 361
18Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 3171 cita
[21]

después de diez años o más de haberse efectuado los primitivos desmontes y cuando los suelos ricos en humus habían dado en abundancia las primeras cosechas de maíz, fríjoles o tabaco. Aun en la hoya del Quindío, donde la colonización ha sido relativamente reciente y donde hoy, más que en cualquier otra parte de…

p. 317
19Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1822 citas
[22]

mitades entre aparcero y terrate- niente. Cualquier aumento de la productividad y la producción repercutía en incrementos proporcionales en el ingreso del apar- cero; por lo tanto, operaba un incentivo para introducir mejoras técnicas de siembra, recolección, cuidado de la tierra, etc. En los casos en que el aparcero…

p. 182
[23]

mitades entre aparcero y terrate- niente. Cualquier aumento de la productividad y la producción repercutía en incrementos proporcionales en el ingreso del apar- cero; por lo tanto, operaba un incentivo para introducir mejoras técnicas de siembra, recolección, cuidado de la tierra, etc. En los casos en que el aparcero…

p. 182
20Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 331 cita
[24]

más heterogéneos, los partidos se moderaron. No es s?rpr:ndente, entonces, el surgimiento del republicanismo en Ant10qwa unos años después del establecimiento definitivo del café como~el prime~ pro~ucto de la región. Se puede decir, entonces, que el ca fe fomento el:h~a de estabilidad política que era necesario para…

p. 33
21Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 1801 cita
[26]

/ Aranzazu La Dorada.f r N • ••••/ Manzanares -'pL./ac (. - • - C A L D A S,-.Pavas H o n d a ^ J ' N e i r a. • • • • • j MAN IZ ALES /.'/.Chinchina O T A "->?• A. P E R E I R A..•) Filandia # "•••/ Toro f Quimbaya. m.Salento / O b La Union / V A L/L E • Circasia / _ n andoiARMENIA / ' U • " •Calarca JQUINDIO/'. • •…

p. 180
22La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 481 cita
[27]

un centro ner vioso en el conjunto de la economía. C. La producción cafetera ayudó a conformar el mercado interno vinculando extensas zonas que antes eran montañas y grandes núcleos de pobla ción a la economía monetaria. Esto tuvo gran im portancia para el desarrollo de la industria liviana en el país. La…

p. 48
23Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1911 cita
[28]

la sociedad hubiera sido suficiente para evitar la con - formación de los grupos de narco- traficantes que todavía trastornan el ambiente político y dificultan el buen manejo del sistema. 193 C olombia C ompleja 17 e l o CC idente C afetero En el trayecto central del río Cauca, en una pequeña franja alargada entre…

p. 191
24Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 16, 192 citas
[29]

más que la visión de colonos, fue la de comerciantes andariegos la que primó en torno a lo antioqueño.1 2 Después de la minería, y gracias al capital acumulado con ésta, fue el comercio una actividad privilegiada para las élites antioqueñas. El espíritu comerciante y capitalista adjudicado a los antioqueños fue…

p. 19
[45]

ser un pueblo campesino, comerciante, próspero y moral, frente a un pueblo considerado mayoritariamente contrario a estas características. La fuerza de la descripción alabadora y positiva del tipo antioqueño obedeció, en gran medida, a la construcción de una imagen poderosa de la población y el paisaje antioqueño…

p. 16
25Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 761 cita
[30]

las pautas so- cioeconémicas y politicas conocidas en la fase de poblamiento que termina en las fundaciones de Neira y Manizales. Aqui intervinieron tres factores que combinaban aspectos econdémicos sociales y politicos: a) La dotacién de recursos para las faenas del desmonte y el poblamiento inicial, consistentes en…

p. 76
26Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1141 cita
[32]

pleitos y riquezas, descuidando ente ram ente la felicidad de los pueblos. Para conseguir la de este país, se deben componer con la m ayor perfección los dos caminos que de sus principales ciudades siguen al Este y llegan hasta el N are... Su fragosidad presente es obra de la inacción y del descuido. Los jefes de la…

p. 114
27Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 1011 cita
[33]

hasta 100 has de baldíos por cada km que se construya del camino que, partiendo de Macanal sobre el río Batá, vaya a terminar en un punto nave gable del río Upía en el Casanare. Igual autorización se da para el camino que comunica las Provincias de Ricaurte y Occiden te de Boyacá. Fuente: Villegas y Restrepo (sin…

p. 101
28Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 26, 302 citas
[35]

 Fredonia ,  Santa Rosa ,  Yolombó ,   Aguadas ,  Yarumal ,  Santa Rosa ,   San Vicente ,  Titiribí ,  Rionegro ,  Sources: ‘Cuadro jeneral de la población de la República por Estados, Territorios, Distritos y Aldeas en , comparados con el censo de  ’, Anuario…

p. 30
[37]

Porce River M a g da le n a R i v e r N E S W composition of Antioquia at the close of the nineteenth century show less evidence of Negro presence than those of colonial times. 4 Observing the primitive ways of the blacks living along the Magdalena river, or of the Indians of the south of the country and the highlands…

p. 26
29Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 26, 302 citas
[36]

 Fredonia ,  Santa Rosa ,  Yolombó ,   Aguadas ,  Yarumal ,  Santa Rosa ,   San Vicente ,  Titiribí ,  Rionegro ,  Sources: ‘Cuadro jeneral de la población de la República por Estados, Territorios, Distritos y Aldeas en , comparados con el censo de  ’, Anuario…

p. 30
[38]

Porce River M a g da le n a R i v e r N E S W composition of Antioquia at the close of the nineteenth century show less evidence of Negro presence than those of colonial times. 4 Observing the primitive ways of the blacks living along the Magdalena river, or of the Indians of the south of the country and the highlands…

p. 26
30A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 218, 2242 citas
[40]

explained this Antioqueño exceptionality? This is precisely the question that James J. Parsons asked in his dissertation. Parson’s book is divided into 12 chapters. The first six relate to the region’s geography and the colonial period. In Chapter six, he refers to Antioqueño colonization. The narrative centerpiece of…

p. 218
[44]

the Andes divides into three mountain ranges when it enters Colombia – this has been a country where regions and regionalism have played an enormous role in the economy, politics, and culture. Throughout the 19th century, but especially in the first half of the 20th century, Antioquia and the areas its people…

p. 224
31Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3941 cita
[41]

1985), 85. 33. Malcolm Deas, "El rompecabezas de la paz," El Tiempo, Lecturas Dominicales, April 19, 1986. 34. Arturo Alape, La Paz, la violencia: Testigos de excepción (Bogotá, 1985), p. 367. 35. Ricardo Santamaría and Gabriel Silva, Proceso político en Colombia (Bogotá, 1984), 69. 36. Zabala, "La toma del Palacio de…

p. 394
32Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4871 cita
[42]

(1995), pp. 21 - 75; Betancourt y García. (1990), pp. 23 - 55; Betancourt y García (1994), pp. 12 1 - 149; Campo (1980), pp. 17 - 54. 4 Palacio (1983); L ópez Toro (1970); M achado (1988). C hristie (1986), p. 36, discute la hi pótesis de Parsons sobre la colon ización antioqueña, pero considera q u e sus planteam…

p. 487
33Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1521 cita
[43]

¿no es ahora también irreal el acendrado regionalismo antioqueño a la luz del mundo globaliza- do? ¿De qué verdad hablaba Carrasquilla? ¿A qué se refería con “cargar la herramienta”? ¿A que el escritor antioqueño o colombiano debía ser a la vez un campesino jornalero? Pero, ¿nos imaginamos a Carrasquilla arrean- do…

p. 152
34Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1851 cita
[46]

was the true explanation of the region’s eco- nomic well-being. The legend, in his view, was the expression of a kind of “sour grapes” attitude to the region’s success by the economi- cally weak provinces. 128 But as Álvaro López has pointed out, it is dif- ficult to say that the control of resources is enough to…

p. 185
35De quebradores y cumplidores: Sobre hombres, masculinidades y relaciones de género en ColombiaMara Viveros Vigoya · 2002 · p. 1381 cita
[47]

percibida generalmente en los siguientes térmi- nos: pujante, andariega, comerciante y muy religiosa. Algunos de es- tos rasgos se atribuyen al haber tenido que convertir paisajes quebra- dos e inhóspitos en zonas de agricultura para asegurar la subsistencia propia y de la familia. Un autor originario de la región…

p. 138
36La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 3551 cita
[48]

católico, antes separados, porque «Barranquilla está llamada a ser […] la patria común de familias de distintas nacionalidades y por consiguiente de distintas creencias religiosas» 34. El cementerio, creado por iniciativa de los masones, es universal por el espíritu cosmopolita que lo anima. Contrario a este espíritu…

p. 355
37Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 291 cita
[49]

a hot spot of the Pacific Ring of Fire. Medellín, north of the main coffee zone, is an important commercial and industrial hub of west-central Colombia, serving as a marketplace for coffee from the south and mineral wealth from surrounding Antioquia and the Chocó. It is also the most developed industrial and…

p. 29