Tierralta
“Tierralta condensa, en un solo territorio de frontera, las tensiones que han definido el Caribe colombiano contemporáneo: la riqueza ecológica del Nudo de Paramillo convive con siglos de despojo, desde el saqueo de las sepulturas zenúes en 1534…”
Tierralta es el municipio más extenso del departamento de Córdoba y la puerta terrestre del Alto Sinú: la porción montañosa del valle donde el río nace, se alimenta de sus dos grandes afluentes —el Verde y el Esmeralda— y se estrecha en la Cerrazón de Urrá antes de abrirse a la planicie. Su territorio abraza buena parte del Parque Nacional Natural Paramillo y del Nudo del mismo nombre, esa "fábrica de agua" desde la que se desprenden hacia el Caribe el Sinú y el San Jorge, y en la que se entrecruzan corredores fluviales y terrestres entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar. Por esa condición de gozne geográfico, Tierralta ha sido escenario, y no telón de fondo, de casi todos los procesos que definieron el Caribe colombiano del siglo XX: la colonización antioqueña sobre el latifundio ganadero, la resistencia del pueblo emberá katío frente al megaproyecto hidroeléctrico de Urrá, la consolidación del paramilitarismo en el sur de Córdoba, la firma en su corregimiento de Santa Fe de Ralito del pacto que buscaba "refundar el Estado". Comprender Tierralta es comprender cómo se ensamblaron, en un mismo territorio de frontera, la represa, el fusil y el decreto.
Un municipio de frontera en el Alto Sinú
El río Sinú nace en las estribaciones del cerro de Paramillo, dentro del parque natural que lleva su nombre; su curso principal brota en el cerro de León, a 3.200 metros, en la hoya montañosa que encierran las serranías de Abibe, al occidente, y San Jerónimo, al oriente. Ese anfiteatro es el Alto Sinú: una unidad geográfica diferenciada, húmeda, boscosa, articulada por tres corrientes —el curso principal, el Verde y el Esmeralda— que confluyen antes de la Cerrazón de Urrá. Allí, en ese estrangulamiento entre serranías, termina el Sinú montañoso y comienza el Sinú de planicie, con sus haciendas ganaderas, sus pueblos de vida lacustre y su complejo de ciénagas —Betancí, Ciénaga Grande, Tinajones— aguas abajo.
Tierralta ocupa el centro de ese Alto Sinú. Su cabecera se asienta sobre el río, a las puertas de la montaña, y su jurisdicción se prolonga hacia el sur cubriendo corregimientos como Frasquillo, Crucito, Batata y Saiza, en dirección al Nudo de Paramillo. El Nudo mismo, articulación de la cordillera con la llanura caribe, es la clave geográfica del municipio: de él bajan las aguas que fertilizan el valle, y por él pasan las rutas que comunican el bajo Cauca antioqueño y partes del Chocó con las salidas al mar por el Golfo de Urabá y la costa cordobesa. Esa doble condición —santuario ecológico y encrucijada de caminos— explica por qué el territorio ha sido, a la vez, reserva biológica y corredor estratégico, hogar de tigrillos y cabecera de guerras.
Sin el río no se comprende nada de Tierralta. Es su arteria, su frontera, su historia de largo aliento y también su recurso disputado. El río explica el poblamiento zenú prehispánico, el asentamiento colonial, la ganadería moderna y, en el último medio siglo, la decisión estatal de represarlo.
Los zenúes y los tres reinos
Antes de la conquista, la región del Sinú albergó una de las sociedades más densas y organizadas del norte del actual territorio colombiano. Los zenúes ocuparon la cuenca del río y sus afluentes con una economía basada en la ingeniería hidráulica: sus obras de riego, todavía legibles en el paisaje del bajo Sinú, evidencian la presión de una población numerosa y una notable capacidad de gestión colectiva del agua. El geógrafo Gordon estimó, con base en argumentos económicos, ecológicos y geográficos, que la población zenú pudo aproximarse al millón de habitantes antes del contacto europeo: una estimación, no un dato firme, pero suficiente para calibrar el orden de magnitud de aquella sociedad.
Los cronistas hablaban de tres reinos o provincias; entre ellas se mencionan con claridad el Finzenú y el Panzenú, articulados por relaciones de comercio y especialización regional. Los zenúes eran orfebres refinados: Fernández de Enciso registró que mezclaban oro con plata, y de sus cámaras funerarias proceden anillos para la nariz, collares y filigranas trenzadas en espiral. Para ellos, el oro no era moneda sino fuente de poder numinoso, símbolo de eternidad vinculado a la energía solar; por eso lo enterraban con sus muertos.
Cuando Pedro de Heredia entró a conquistarlos en 1534, encontró una población ya diezmada por epidemias, probablemente propagadas por contactos indirectos previos con los españoles. La consecuencia inmediata de esa entrada no fue solo el pillaje de combate, sino algo distinto y de más largo aliento: el saqueo sistemático de las sepulturas indígenas. Aquella explotación —la primera empresa económica española en la región que no dependía del enfrentamiento militar— fue, en escala modesta, el preludio de la futura economía minera colonial. El oro ritual de los zenúes se convirtió en el primer capital extraído del Sinú.
La conquista no exterminó a la población. Todavía hoy sobreviven descendientes zenúes en la región, y en las montañas del Alto Sinú se consolidó, o se preservó, la presencia del pueblo emberá katío. A mediados del siglo XIX, el residente francés Luis Striffler, en uno de sus recorridos por el río, registró que Montería era todavía "el último pueblo civilizado" antes de entrar en territorio emberá: la frontera indígena empezaba, entonces, justo donde comienza el actual municipio de Tierralta.
De colonos, madereros y antioqueños: la formación del latifundio
La colonización moderna del Alto Sinú se produjo en oleadas superpuestas durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Antes que los grandes hacendados llegaron las compañías extranjeras, atraídas por los bosques de maderas finas y los aluviones auríferos: fue esa incursión empresarial la que abrió trochas, montó infraestructuras rudimentarias y produjo los primeros títulos de tierra en zonas hasta entonces indígenas o baldías.
Sobre esa base, y no en un vacío, se montó la colonización antioqueña. La familia Ospina, de linaje empresarial paisa, compró en 1913 la hacienda Marta Magdalena a los franceses; en 1920, los Ospina Vásquez extendieron su presencia sobre las haciendas Santa Helena y Cañaflecha. Cada una de esas operaciones —modestas si se leen aisladas, decisivas si se leen en serie— trastocó las relaciones sociales tradicionales del valle e introdujo una lógica hacendataria moderna, más orientada al pasto y al ganado que a la agricultura de subsistencia. Otras familias antioqueñas, enriquecidas por la minería y el comercio, siguieron esa ruta, y algunos observadores han querido leer en ese movimiento una de las condiciones que hicieron pensable, en 1951, la creación del departamento de Córdoba como entidad separada de Bolívar, aunque la relación entre ambos procesos es de afinidad más que de causa directa.
El resultado, hacia mediados del siglo XX, fue una configuración sociodemográfica particular: Córdoba, y con él Tierralta, recibió flujos tanto de colonizadores antioqueños como de la costa Caribe, y quedó marcado por una mezcla que lo diferencia de sus vecinos Sucre y Bolívar. Esa mezcla se expresó, sobre todo, en la ganadería. Entre 1950 y 1976, la zona norte del país —Urabá, valles del San Jorge, del Atrato, del Sinú y del Bajo Cauca— pasó de 6,8 millones a 12 millones de cabezas de ganado, con una tasa de crecimiento anual del 2,8 %, la mayor del país. En el valle del Sinú, cerca del 75 % de las praderas terminaron sembradas en pastos Pangola y Pará. Tierralta, con sus tierras de piedemonte y sus corredores hacia la montaña, participó activamente de esa expansión.
Pero la expansión no fue pacífica. Ya en 1932, grupos organizados de entre cien y trescientos campesinos invadieron latifundios en varios municipios del Sinú, y el alcalde de Montería alertó al gobernador de que "el problema de dominio y posesión de la tierra" se presentaba "con caracteres alarmantes". Esa frase, escrita décadas antes de las guerras contemporáneas, resume una tensión estructural del municipio: la coexistencia, en el mismo suelo, del latifundio ganadero, del colono sin título y de comunidades indígenas cuya presencia el derecho apenas empezaba a reconocer.
El río represado: Urrá y los emberá katío
En la Cerrazón de Urrá, ese punto donde el río se estrecha entre las últimas estribaciones montañosas, la geografía ofrece una condición óptima para levantar una gran represa: un embudo natural, un caudal robusto alimentado por tres corrientes, laderas firmes en los flancos. Esa evidencia técnica fue la matriz del proyecto hidroeléctrico Urrá, concebido en dos fases —Urrá I y Urrá II— para aprovechar íntegramente el caudal del Sinú.
Las obras civiles de Urrá I comenzaron en 1993. El propietario fue la Empresa Multipropósito Urrá S.A. ESP, sociedad anónima de servicios públicos, y la construcción quedó a cargo del consorcio sueco-colombiano SKANSKA-CONCIVILES. El costo final ascendió a 800 millones de dólares —frente a los 600 millones inicialmente proyectados—, con una estructura de financiación mixta en la que el Estado aportó el 52 % y el resto quedó en manos privadas. El precio por kilovatio instalado terminó en 2.350 dólares, muy por encima del rango eficiente internacional de 1.100 a 1.350. La represa fue inaugurada el 1 de julio del 2000, con una altura de presa de 73 metros, capacidad instalada de 340 megavatios y un área inundada de 7.400 hectáreas.
Detrás de esas cifras había un pueblo. Desde 1993, año en que arrancaron las obras, los emberá katío del Alto Sinú manifestaron su oposición al proyecto. Su cultura y su organización social no admitían separar el territorio del ecosistema: afectar una parte del río era afectar el equilibrio de toda la comunidad, y una represa que interrumpía cursos, inundaba selvas y cortaba rutas migratorias de peces —el bocachico entre ellos— no era, para ellos, un dato técnico sino una herida ontológica. La resistencia combinó demandas, tutelas, audiencias públicas y una internacionalización del caso: organizaciones como Global Response, Amnistía Internacional y Survival International sumaron a los emberá a una red de denuncia junto a otras luchas indígenas latinoamericanas.
Esa lucha tuvo victorias. El 23 de abril del 2000, semanas antes de la inauguración de Urrá I, los emberá katío lograron dos conquistas jurídicas nada menores: la inclusión de nuevos territorios en su resguardo y la suspensión del proyecto Urrá II. La represa mayor ya estaba hecha; la segunda quedó frenada. Fue, en la escala de lo posible, un triunfo real: la frontera no se cerró de una sola vez ni sin fisuras.
Pero el costo fue devastador. El Estado, por vía ejecutiva y judicial, avaló el desconocimiento de los derechos territoriales colectivos del pueblo emberá katío e impuso, en su lugar, una figura de resarcimiento monetario por familias. La Ley 99 de 1993, en su artículo 76, protege la integridad cultural, social y económica de las comunidades indígenas frente a la explotación de recursos naturales; en el caso de Urrá, esa protección fue sustituida por una lógica individualizante que ignoró el sistema colectivo del pueblo. La consecuencia, medida en el largo plazo, ha sido profunda: la indemnización por familias erosionó la cohesión política y cultural de los emberá, y las nuevas generaciones —beneficiarias directas del dinero y no del territorio— han tendido a desconocer los sistemas de propiedad y producción colectivos que definían a su pueblo. Ese proceso, si no se revierte, apunta hacia la extinción cultural.
En el río, los daños fueron igualmente medibles. El proyecto interrumpió por completo la ruta migratoria del bocachico (Prochilodus), aislando poblaciones aguas arriba y aguas abajo del frente de presa. Aguas abajo se detectó un empobrecimiento genético de las poblaciones naturales y la aparición de variantes atribuibles a los programas de repoblamiento: linajes exógenos que, con la mejor intención, alteraron la base biológica del río. Lo que en el mapa aparece como un embalse de 7.400 hectáreas fue, para el ecosistema, una amputación.
El asesinato de Kimy Pernía y la maquinaria del despojo
El símbolo más pesado de aquella resistencia y de su costo fue Kimy Pernía Domicó. Líder emberá katío, cabeza visible de la oposición organizada contra Urrá, Pernía articuló la denuncia jurídica con la protesta pública y con la interlocución internacional. Su desaparición forzada y posterior homicidio, ejecutados por estructuras paramilitares, no fueron un episodio aislado sino la consecuencia previsible de un patrón deliberado.
Años después, ante Justicia y Paz, Salvatore Mancuso reconoció la responsabilidad de las AUC en la desaparición y muerte de Kimy Pernía. En su testimonio explicó, además, la lógica del ataque: los golpes contra las comunidades indígenas estuvieron orientados a debilitar sus procesos organizativos y a facilitar los espacios de negociación y consulta previa con la empresa Urrá y con el Estado. La violencia paramilitar operó, en este caso, como servicio auxiliar del megaproyecto: eliminar interlocutores para reducir el costo político de la obra.
El testimonio de Mancuso reveló otro nivel del engranaje. Según él, el Ejército Nacional acusaba a las víctimas indígenas de ser guerrilleras y, en el intercambio de información establecido con las AUC en Córdoba, se compartieron censos poblacionales de las comunidades. Ese detalle desmiente cualquier lectura del asesinato de Kimy Pernía como acto de un actor privado autónomo: la información fluía entre agentes estatales y estructuras paramilitares, y el señalamiento —"guerrillero"— era la fórmula burocrática que autorizaba el crimen. Consulta previa, censos militares e indemnización individual formaron, así, un mismo dispositivo.
El Nudo de Paramillo, corredor de guerras
Nada de lo anterior puede explicarse sin la geografía. El Nudo de Paramillo es, según lo reconoció un excomandante de las AUC, una "estrella" de corredores fluviales y terrestres que conecta Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar. La ausencia de vías internas transitables por la fuerza pública convirtió esa condición de nodo en ventaja estratégica para los grupos armados ilegales: quien controlaba el Nudo controlaba las rutas.
Sobre esa base geográfica se montó el paramilitarismo del sur de Córdoba. Desde finales de los años ochenta, en el sur del departamento y en Urabá, se articuló una alianza entre la compra de tierras e infraestructura del negocio de la coca —impulsada por el Cartel de Medellín y por los hermanos Castaño Gil, Fidel y Carlos—, una fuerte ofensiva contraguerrillera de las fuerzas militares dirigida especialmente contra el EPL, y el apoyo activo de élites locales, hacendados y ganaderos resentidos por la extorsión de las guerrillas. Los grupos paramilitares que emergieron en Córdoba, Sucre y Bolívar —región marcada por un agudo conflicto entre campesinos sin tierra y grandes ganaderos— fueron dirigidos inicialmente por Fidel Castaño Gil.
En la segunda mitad de los años noventa, los enfrentamientos entre paramilitares y FARC se intensificaron en la Serranía del Abibe, dentro del Nudo de Paramillo, en las zonas montañosas de Valencia, Montelíbano y Tierralta. Los objetivos paramilitares eran precisos: arrebatar a la guerrilla el control del cultivo de coca y consolidar un corredor estratégico que comunicara el bajo Cauca, parte del Magdalena Medio e incluso el Catatumbo con las salidas al mar por el Golfo de Urabá y la costa cordobesa. Sobre el terreno operaron los bloques Héroes de Tolová, Córdoba —también conocido como Sinú—, Mineros y Bananero.
La estrategia estaba escrita. Un documento político de las AUC de 1997 planteaba con crudeza el método: "limpiar" zonas rurales mediante matanzas ejemplares e indiscriminadas para sembrar terror y desplazar a la población que simpatizara con las guerrillas. La estabilización del paramilitarismo en el Nudo de Paramillo se financió, así, por la doble vía del control de economías ilegales y del desplazamiento forzado, con el corolario predecible de la apropiación de tierras.
Santa Fe de Ralito y la ambición de refundar el Estado
El poder acumulado por las AUC en el Nudo de Paramillo tenía que traducirse, tarde o temprano, en política. El escenario elegido para esa traducción fue Santa Fe de Ralito, un corregimiento del propio municipio de Tierralta.
Allí, en julio de 2001, se firmó el llamado Pacto de Ralito. El documento reunió a jefes paramilitares de las AUC con más de cincuenta políticos entre senadores, congresistas, alcaldes y gobernadores. Su propósito declarado era "refundar el Estado": construir un proyecto político financiado desde el narcotráfico que, partiendo de la región Caribe y del Bloque Norte, se expandiría al conjunto del Estado colombiano. La traducción del poder territorial paramilitar en influencia legislativa y ejecutiva era la etapa lógica que seguía al control militar del territorio.
Entre los firmantes locales figuraron el alcalde de Tierralta, Sigifredo Senior, y su secretario de Planeación, Marciano Argel, junto con otros alcaldes y funcionarios de Córdoba. La sede misma del pacto —un corregimiento del municipio— no fue casualidad: en Tierralta el paramilitarismo tenía retaguardia, protección y tejido político local. El pacto contravino, sin embargo, los intereses de Carlos Castaño, quien ya se había distanciado de los propósitos del Bloque Norte, un bloque fuertemente empoderado y alejado del propósito paramilitar original.
Dos años después, el mismo lugar cambió de función. En julio de 2003, el Gobierno nacional, representado por el alto comisionado de paz Luis Carlos Restrepo, suscribió con los jefes de las AUC el Acuerdo de Santa Fe de Ralito, mediante el cual las autodefensas se comprometieron a desmovilizar la totalidad de sus miembros y ratificaron el cese de hostilidades. Los acercamientos previos habían pasado por reuniones exploratorias en la hacienda Jaraquiel, en los límites entre Córdoba y el Urabá antioqueño, con participación de Salvatore Mancuso, Carlos Castaño, Freddy Rendón y la mediación de obispos católicos.
Para operativizar el proceso, el gobierno colombiano estableció en Santa Fe de Ralito una zona de concentración de 368 kilómetros cuadrados donde reubicar a los paramilitares desmovilizados y adelantar las negociaciones formales, que iniciaron en mayo de 2004. La Organización de Estados Americanos fue designada para verificar la desmovilización. Entre noviembre de 2004 y diciembre de 2005, más de veinte grupos de las AUC —más de trece mil combatientes— se desmovilizaron en el marco del proceso. Fue un desarme masivo, pero también controvertido: los paramilitares eran responsables de aproximadamente el 70 % de las violaciones de derechos humanos documentadas en Colombia y estaban directamente involucrados en el narcotráfico.
Tierralta fue, así, dos veces sede: primero del pacto que pretendía capturar el Estado, después del acuerdo que buscaba desmovilizar a sus firmantes. Entre 2001 y 2005, el municipio concentró en sus corregimientos —Ralito, Jaraquiel en el borde— las dos caras del mismo proyecto paramilitar: su ambición de convertirse en poder político y su repliegue negociado bajo custodia estatal e internacional.
Después de la desmovilización: nuevos actores, viejos corredores
La desmovilización no cerró el ciclo. El paramilitarismo mutó en estructuras herederas —las llamadas bandas criminales o grupos armados organizados, entre ellas las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC)— que retomaron corredores, economías ilegales y capacidades de coerción sobre el territorio. En octubre de 2008, las AGC decretaron un paro armado con repercusión en Puerto Libertador y Tierralta, varios municipios de Urabá, el bajo Cauca antioqueño y la Costa Caribe: la señal de que los flujos geográficos que las AUC habían controlado seguían siendo, para las estructuras sucesoras, tan valiosos como antes.
Los corregimientos altos del municipio —Crucito, Batata, Saiza, la línea que sube hacia el Paramillo— siguen siendo, todavía hoy, zonas de disputa. La coca, el oro, las rutas hacia Urabá y hacia el bajo Cauca alimentan una economía ilegal cuya lógica sigue la traza geográfica que describió, con claridad casi cartográfica, aquel excomandante paramilitar: donde no hay vías, no hay Estado; donde no hay Estado, hay renta armada.
Memoria de un municipio bisagra
Tierralta condensa, en un solo territorio, una historia larga y coherente. La primera empresa económica española en el Sinú fue el saqueo de las sepulturas zenúes; cinco siglos después, el Estado colombiano avaló el desconocimiento de los derechos colectivos emberá y sustituyó el territorio por indemnizaciones individuales. Entre uno y otro extremo se despliega un patrón: la conversión sistemática de bienes colectivos indígenas y campesinos en recursos apropiables por actores externos —conquistadores, compañías extranjeras, familias antioqueñas, empresas hidroeléctricas, redes narcoparamilitares—, con el Estado como garante jurídico de cada ciclo.
Ese patrón, sin embargo, nunca fue lineal. Los zenúes no fueron exterminados: sus descendientes viven todavía en la región. Los emberá katío no fueron derrotados por completo: forzaron la suspensión de Urrá II, ampliaron sus resguardos, internacionalizaron su lucha, dejaron en Kimy Pernía Domicó un nombre que ninguna desmovilización puede borrar. Los campesinos del Sinú han disputado la tierra desde 1932 hasta hoy, y el municipio conserva memorias de resistencia que sobreviven a las masacres. La frontera de Tierralta no se cerró de una sola vez ni sin fisuras: se cerró a golpes, con costo, con concesiones parciales, con daños culturales irreversibles y con derrotas jurídicas que también fueron, en su momento, victorias reales.
Comprender a Tierralta es aceptar que el modelo colombiano de frontera interna del siglo XX no operó por un solo instrumento sino por tres, complementarios y superpuestos: el megaproyecto estatal, que redefinió el paisaje y el derecho de aguas; la violencia paramilitar organizada, que eliminó interlocutores y disciplinó territorios; la colonización agraria del capital, que rehizo la estructura de la propiedad. Los tres operaron sobre un mismo sustrato indígena y campesino, y los tres necesitaron —o produjeron— la captura política del Estado local. El corregimiento donde se firmó el Pacto de Ralito no está en el centro del país: está en el borde. Pero es en los bordes donde se decide, siempre, qué clase de Estado hay en el centro.
Tierralta no es un municipio periférico. Es el municipio donde, en el mismo territorio y en el mismo medio siglo, se represó un río, se firmó un pacto para refundar el Estado, se asesinó al líder indígena que resistía la represa, se desmovilizaron trece mil hombres armados y se prolongaron los corredores de la economía ilegal. Cada uno de esos hechos ocurrió a menos de dos horas de camino de los demás. La historia de Colombia del siglo XX y de lo que va del XXI cabe entera en ese mapa breve.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
35 documentos · 40 fragmentos01Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 351 cita
[1]en la tenencia de la tierra. Esta misma economía se practica también en la región sinuana, en Córdoba, aunque en ella las zo- nas inundables son menores, excepto en las cié- nagas de Betancí, en Ciénaga Grande y en Tinajo- nes. El río Sinú, que nace en el parque natural del cerro de Paramillo, es la arteria de la…
p. 35
02Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1302 citas
[2]y la complejidad relativa de ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los…
p. 130
[3]ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los ríos Cauca, San Jorge, Sinú y…
p. 130
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 942 citas
[4]de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…
p. 94
[5]de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…
p. 94
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 401 cita
[6]campesinado. En las sabanas del departamento de Sucre, su capital, Sincelejo, es un balcón anclado en la Sierra Flor, desde donde mira al mar Caribe y a la Serranía de Coraza. En los días descapotados, Coveñas, Tolú y toda la línea costanera del golfo de Morrosquillo y el archipiélago de San Bernardo parecen al…
p. 40
05Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 371 cita
[7]y el Bajo Atrato chocoano 37. El paisaje antioqueño que parece haberse fijado en la imaginación de los colom- bianos –y de los propios antioqueños de las subregiones del centro– es el andino, pues al departamento lo cruzan dos ramales de los Andes de paso hacia su destino final al norte de Colombia, en la región…
p. 37
06Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 72, 1762 citas
[8]con los bloques Héroes de Tolová, Córdoba o Sinú, Mineros y Bananero. El nudo de paramillo fue clave para la estabilización del paramilitarismo debido a la presencia de economías ilegales en la zona y a las ventajas para su comer- cialización entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar, lo que permitió la financiación…
p. 72
[22]ribera izquierda del río San Jorge y en la 303 Informe 1898825-FS-19. Fiscalía General de la Nación. «Estructuras del Bloque Occidental de las FARC EP», 239. 304 Ibíd., 142. 305 Ibíd., 241. 306 Informe 1898825-FS-12. Fiscalía General de la Nación, «Caracterización del Bloque Oriental», 142. parte iii: violencias,…
p. 176
07Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 371 cita
[9]riego, lo que indica la presión de una densa población; la existencia de especialistas orfebres —que mezclaban, según Fernández de Enciso, el oro con plata—, la presencia de especialización regional y de un activo comercio sugieren un desarrollo económico notable. El más importante especialista, Gordon, sostiene con…
p. 37
08Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2861 cita
[10]de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…
p. 286
09Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 691 cita
[11]extraordinario. Mientras se aprestaba a la defensa del Panzenú por ese lado del gran río con apremio de sus colegas malibúes, Guley se vio asediado por el otro, el de las sabanas, cuando don Pedro de Heredia (el fundador de Cartagena) avanzó en 1534 desde Cala- mar! por los montes de María para descubrir el Finzenú.…
p. 69
10Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 271 cita
[12]agotado21. El episodio de las sepulturas fue la primera ocasión que se ofreció a los españoles de montarjina.explotació:n_.econó.mica-que.no. estuviera fundada enJa-japiña_de los combates. Se trataba, en escala muy modesta, de un preludio de la futura economía minera. La explotación se desenvolvía en los límites…
p. 27
11Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 2871 cita
[13]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…
p. 287
12Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 2871 cita
[14]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…
p. 287
13Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1571 cita
[15]recogido por Antolín Díaz, y de seguro don Francisco tuvo centenares de compadres y ahijados (rechazó la compra de doncellas). Pero en muchas partes los colonos pobres llegaron a "temerle más a los hombres que a las fieras del monte". Se sabe que, como Berástegui, en la plantación francesa de Tucura, en el Este…
p. 157
14La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 34, 4382 citas
[16]armados que han aparecido y desapare- cido en la región, pero cuya presencia los ha perpetuado en la memoria de la colectividad. El Departamento de Córdoba recibió durante muchas décadas un flujo importante de colonizadores antioqueños y de la costa Caribe, quienes le dieron una configuración socio-demográfica un poco…
p. 34
[39]institucional, especialmente las muje- res campesinas y las comunidades indígenas, y posteriormente los reinsertados de la guerrilla, que optaron por desarrollar proyectos productivos agropecuarios. Algunos sectores campesinos de los tres departamentos continuaron la lucha por la tierra; la persecu- ción contra sus…
p. 438
15El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 1201 cita
[17]que a la conquista de importantes regiones al Norte de Antioquia y en el departamento de Córdoba. Dentro de esta 118 región están comprendidas las zonas de Urabá, los Valles de los Ríos San Jorge, Atrato, Sinú y Bajo Cauca. La población estimada para la zona pasó de 6.8 millones de cabezas en 1950 a 12.0 millones en…
p. 120
16Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 2761 cita
[18]y globales9 que contribuyen al cambio social (Princcen 1994; Sethi 1993; Wapner 1994, 1995). En otros países latino americanos como Ecuador, Brasil, México, Bolivia y Nicaragua, los pueblos indígenas y los ecologistas han liderado luchas en contra de compañías madereras y petroleras, programas de desarrollo…
p. 276
17Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 2161 cita
[19]esta relación al plantear que Para los pueblos indígenas del departamento [Chocó] el bien- estar está basado en el sentido de pertenencia a la Naturaleza como un legado ancestral de su origen; la Naturaleza y el mundo están constituidos por múltiples espíritus donde cada uno de ellos re- presenta una de las especies…
p. 216
18Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 3071 cita
[20]agrícolas en gran escala y en menor escala la generación de energía. • Área inundada de 7.400 hectáreas. • Altura de la presa: 73 m. • Capacidad instalada: 340 MW, lo cual significa 21,7 hectáreas utilizadas para producir un megavatio. • El costo inicial concebido para Urrá fue de US $600 millones. Su costo real fue…
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19Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5541 cita
[21]responsabilidad en la desaparición forzada y el homicidio del líder indígena Kimy Pernía Domicó. Mancuso señaló en su testimonio que los ataques dirigidos contra las comunidades indígenas estuvieron orientados a debilitar los procesos organizati - vos y facilitar los espacios de negociación y de consulta previa con la…
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20Estado crítico de la propiedad en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 92 citas
[23]de la comunidad indígena, el Estado, tanto a través del ejecutivo como de la rama judicial, avaló su desconocimiento y en reemplazo impuso un resarcimiento monetario de los perjuicios ocasionados. Debido a que la relación de los indígenas y de las comunidades negras con la tierra no se circunscribe a una relación…
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[24]de la comunidad indígena, el Estado, tanto a través del ejecutivo como de la rama judicial, avaló su desconocimiento y en reemplazo impuso un resarcimiento monetario de los perjuicios ocasionados. Debido a que la relación de los indígenas y de las comunidades negras con la tierra no se circunscribe a una relación…
p. 9
21Libro rojo de peces dulceacuícolas de Colombia 2012José Iván Mojica, José Saulo Usma, Ricardo Álvarez-León, Carlos A. Lasso (Eds.) · 2012 · p. 821 cita
[25]que los programas de repoblamiento carezcan de programas estrictos de regulación de la pesca: liberar alevinos y no controlar la pesca, parece un contrasentido tanto eco- nómico como biológico. Esta práctica con- lleva además a un empobrecimiento gené- tico debido a que los alevinos repoblados provienen de muy pocos…
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22Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 2431 cita
[26]de la coca en un momento en el que el cultivo se había generalizado y estaba controlado por el grupo guerrillero; y ii) consolidar un corredor estratégico que comunicara el bajo Cauca, parte del Magdalena Medio e, incluso, el Catatumbo, con las salidas al mar por el Golfo de Urabá y la zona costanera de Córdoba. Como…
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23El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 3851 cita
[27]la cooptación de otras estructuras mediante alianzas: Paralelamente, las AGC entablaron su propia e intensa guerra que se ex- pandió en varias regiones con ‘los Paisas’; chocaron en Urabá, Córdoba y Medellín y extendieron las disputas al Bajo Cauca y a varias zonas de la región Caribe. Es de recordar que cuando se…
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24Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 571 cita
[28]cultivos de coca en el Guaviare, el sur del Meta y Caquetá. Más tarde llegaron al Valle del Cauca, el Cauca y otras áreas del Tolima, así como a algunas 58 Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico regiones de la costa Caribe, como los alrededores de la Sierra Ne- vada de Santa Marta y…
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25Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 241 cita
[29]por Fidel Castaño en el sur de Córdoba y Urabá, en los últimos años ochenta, de manera que su despliegue se relaciona con la compra de tierras e instalación de infraestructura del nego - cio ilegal de la coca por parte de reconocidos miembros del Car - tel de Medellín y por los propios Castaño, con la fuerte ofensiva…
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26Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 2431 cita
[30]sitúan dentro del Parque Nacional Natural Nudo de Paramillo, por ejemplo, Ituango, Dabeiba y Peque—, las minas antipersonales y el miedo 163. El Urabá antioqueño, como eje de salida de narcóticos y entrada de armas y contrabando, ha sido una zona en disputa territorial entre grupos ilegales. Buena parte de los…
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27A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 831 cita
[31]del senador y jefe del Partido Conservador Julio Manzur, Rodrigo Burgos de la Espriella; el ex alcalde de Chinú, Córdoba, y suplente a la Cámara de Represen- tantes, Luis Álvarez; el líder conservador, José de los Santos Negrete; el ex diputado conservador, Álvaro Cabrales Hodge; el director de la Corporación Autónoma…
p. 83
28Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1441 cita
[32]significativos de las AUC junto con más de 50 políticos entre senadores, congresistas, alcaldes y gobernadores cuyo último propósito no era otro que el refundar el Estado. El nombre viene del corregimiento de Santa Fe de Ralito, en Tierralta, Córdoba, y donde toman especial relevancia muchos nombres de la política…
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29Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 3551 cita
[33]terms of this process, formal talks began in May 2004. The government set up a zone consisting of 368 square kilometers in Santa Fe de Ralito, Cordoba, to relocate demobilized paramilitaries 261 Colombia: A Country Study and conduct the talks, and an Organization of American States (OAS) mission came to verify this…
p. 355
30¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1071 cita
[34]de 1997), 9A. 160 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica En 1995 se fundaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá –ACCU –, y en 1997 se dieron cita en un lugar de la región los jefes de nueve organizaciones paramilitares de distintos puntos de la geografía nacional para conformar las…
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31Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1631 cita
[35]de octubre, las auc publicaron un documento político expedido el 26 de junio de ese año “en las montañas de Colombia".45 Ahí se reinventaron como "Organización civil defensiva en armas" que sustituía al Estado, dada su “conducta omisiva", en las tareas de "garantizar la vida, el orden social, la paz ciudadana, el…
p. 163
32La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 4621 cita
[36]quien también se desmovilizó, llegó a ser diputado del Magdalena, lo que da cuenta de la fuerte incidencia de este grupo de autodefensas en la política de la región (Verdad Abierta, 2008). El proceso de desmovilización de las Autodefensas del Sur de Magdalena estuvo marcado por la resistencia de su comandante Chepe…
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33Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 3331 cita
[37]un cese al fuego unilateral, que este grupo d«e líderes de las auc aceptó mediante una carta dirigida al presidente Uribe, en la cual se acogían a esta exigencia a partir del 1 de diciembre de 2002. De inmediato el Gobierno nombró, pocas semanas más tarde, el 23 de diciembre, una Comisión Exploratoria de Paz que,…
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34La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 3091 cita
[38]en Santafé de Ralito. Diciembre Desmovilización del Bloque Calima (exclusión de Gordolindo). Noviembre AUC declara cese de hostilidades. Enero Inicio negociación política. Reconfiguración del Bloque Pacífico. 2002 2003 2004 310 LA GUERRA VINO DE AFUERA EL BLOQUE PACÍFICO EN EL SUR DEL CHOCÓ: UNA HERIDA QUE AÚN NO…
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35Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 2271 cita
[40]formas. En 1927 un profeta errante proclamaba el fin del mundo y millares de campesinos convergieron en la localidad de San Marcos, en lo que parece haber sido un movimiento milenarista incipiente 22 • Cuatro años después, el día de elecciones, Montería se vio sacudida por la violencia, que dejó 69 muertos y 146 casas…
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