Funpazcor y el despojo legalizado mediante filantropía armada
Entre 1991 y finales de los noventa, Fidel Castaño Gil utilizó la Fundación para la Paz de Córdoba (Funpazcor) para convertir tierras despojadas por el paramilitarismo en propiedad legítima, distribuyendo parcelas a campesinos y desmovilizados del EPL mientras colocaba prestanombres en los mejores predios y borraba la tradición jurídica de las fincas mediante la figura del 'área nueva'. El dispositivo prefiguró el patrón de acumulación por desposesión que las ACCU y las AUC replicarían en toda Colombia.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 26 de marzo de 1991 (constitución operativa de Funpazcor); proceso extendido hasta aproximadamente 2000
- Dónde
- Córdoba, Montería, Tierralta, Sur de Córdoba, Valencia, Las Tangas (hacienda), El Porvenir, Campo Alegre, Damasco, Estambul, Tislo, Cedro Cocido (finca)
- Protagonistas
- Carlos Castaño, Gonzalo Rodríguez Gacha, Pablo Escobar, Fidel Castaño, Vicente Castaño Gil, Sor Teresa Gómez Álvarez (Teresita Gómez), Carlos Alfonso Goez Oquendo, Restrepo (dueño formal de Cedro Cocido), Fundación para la Paz de Córdoba (Funpazcor), Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), Los Tangueros, Tribunal Superior de Medellín, Sala de Justicia y Paz
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Acumulación previa de tierras por Fidel Castaño desde 1983 (compra a Ballestas de Las Tangas, El Porvenir, Campo Alegre, Damasco, Estambul y Tislo) mediante desplazamiento forzado y compras bajo el terror paramilitar.
- Desmovilización estratégica y no real de Los Tangueros en 1990: Fidel Castaño usó el proceso de paz con el EPL y el contexto de la Asamblea Nacional Constituyente para construir una fachada de reconciliación que le permitiera legalizar el patrimonio despojado.
- Ausencia de control estatal sobre el proceso de desmovilización, que dejó a Castaño en libertad de direccionar la entrega de tierras y la constitución de la fundación a favor de su propia organización.
- Articulación del paramilitarismo con el narcotráfico (Cartel de Medellín, Escobar, Rodríguez Gacha), que proveyó capital y rutas logísticas sobre las cuales se asentó la economía del despojo en el sur de Córdoba y Urabá.
- Existencia de figuras jurídicas manipulables —declaración de 'área nueva', cláusulas de inalienabilidad, personería jurídica de fundación— que permitieron borrar la tradición registral de los predios y congelar su disposición bajo control paramilitar.
Consecuencias
- Legalización del despojo: las fincas acumuladas por Los Tangueros ingresaron al registro público como 'área nueva', borrando su historia de violencia y quedando blindadas jurídicamente frente a reclamaciones posteriores.
- Neutralización de la reinserción del EPL: al hacer a los excombatientes dependientes económicamente de una estructura vinculada al paramilitarismo, Funpazcor disolvió la posibilidad de que la desmovilización generara organización campesina o política autónoma en el sur de Córdoba.
- Reactivación paramilitar y estructuración de las ACCU (1994) y luego las AUC: la desmovilización parcial y la legalización patrimonial proveyeron la base territorial y financiera para la expansión confederada del paramilitarismo en Córdoba, Urabá, Magdalena Medio y el Caribe.
- 'Recuperación' ilegal de las parcelas adjudicadas: tras la muerte de Fidel y Carlos Castaño, Sor Teresa Gómez articuló con los nuevos comandantes la reversión de las adjudicaciones a campesinos y reinsertados, dejando un rastro de amenazas y asesinatos de reclamantes.
- Funpazcor se convirtió en fachada para la adquisición ilegal de tierras adicionales, el tráfico de armas y el lavado de activos del narcotráfico, según el Tribunal Superior de Medellín (Sala de Justicia y Paz, 2014).
- Prefiguración de un patrón replicado nacionalmente: el modelo de acumulación mediante ficción filantrópica o cooperativa (Convivir, INCORA/INCODER capturado) se reprodujo en Urabá, Magdalena, los Llanos y el Caribe durante la década siguiente, con complicidad de notarios, registradores y funcionarios del Estado.
- Clausura preventiva del lenguaje de la reforma agraria: al ocupar el discurso redistributivo con un dispositivo de despojo, Funpazcor erosionó la credibilidad de cualquier iniciativa estatal o social de reforma agraria real en la región.
La clave interpretativa
Por qué importa
Funpazcor representa la sofisticación jurídica del despojo paramilitar: no fue un crimen burdo sino una operación de ingeniería registral y filantrópica que usó el lenguaje de la reforma agraria para legalizar la acumulación por desposesión, haciendo prácticamente invisible la violencia que la sustentaba. Su importancia trasciende el sur de Córdoba porque estableció el modelo que las estructuras paramilitares replicarían en toda Colombia durante los años noventa y dos mil, con la complicidad activa de operadores civiles, notarios y funcionarios del Estado. Entender Funpazcor es entender por qué el despojo paramilitar fue tan difícil de revertir: las víctimas no solo perdieron sus tierras, sino que las perdieron frente a títulos que el propio Estado había validado.
Desarrollo histórico
La historia completa
Funpazcor
La Fundación para la Paz de Córdoba —Funpazcor— fue el instrumento con que Fidel Castaño Gil convirtió el despojo paramilitar en propiedad legítima. Constituida en 1991 en el sur de Córdoba, en el momento exacto en que el país escribía una nueva Constitución y sellaba pactos de reincorporación con guerrillas como el EPL, la fundación operó bajo el lenguaje de la reforma agraria: recibió donaciones de tierras del propio Castaño y de sus prestanombres, y las redistribuyó en parcelas a campesinos pobres, desplazados y excombatientes desmovilizados. Bajo esa arquitectura filantrópica se cocinaba otra cosa. Las fincas donadas habían sido acumuladas mediante desplazamiento forzado y compras a la sombra del terror; los predios entraban al registro público como "área nueva", borrando su historia de tradición; y los beneficiarios de las parcelas convivían con testaferros de la propia Casa Castaño. Una década después, cuando el modelo productivo colapsó y la organización paramilitar se reactivó bajo la denominación de las ACCU y luego las AUC, las mismas tierras fueron "recuperadas" por vías ilegales, dejando un rastro de amenazas, asesinatos de reclamantes y expedientes judiciales que llegan hasta hoy. Funpazcor no fue una desviación filantrópica del proyecto paramilitar: fue una de sus piezas jurídicas centrales, y prefiguró un patrón que en la década siguiente se replicaría, con las Convivir y con la complicidad activa del INCORA/INCODER, en Urabá, Magdalena, los Llanos y el Caribe.
Antes de la fundación: Los Tangueros, la Constituyente y la desmovilización del EPL
Para entender qué era Funpazcor hay que retroceder al menos hasta 1983, cuando Fidel Castaño compró a un hacendado llamado Ballestas un conjunto de fincas en el sur de Córdoba —Las Tangas, El Porvenir, Campo Alegre, Damasco, Estambul, Tislo— que en la década siguiente serían la infraestructura territorial de su ejército privado. Sobre esas haciendas se levantó Los Tangueros, la estructura paramilitar de primera generación que operó en el sur de Córdoba y en el Urabá antioqueño con el respaldo de hacendados y ganaderos locales resentidos con la guerrilla, y en articulación con el negocio de la coca del Cartel de Medellín. Las masacres contra campesinos y trabajadores agrícolas sospechosos de simpatizar con el EPL fueron su firma. El desplazamiento forzado que dejaron esas incursiones siguió las mismas rutas que las compras masivas de tierras por narcotraficantes y paramilitares: sur de Córdoba, Urabá, Magdalena Medio.
A finales de los años ochenta, la región ya estaba amarrada a una economía del despojo. En diciembre de 1988, la hacienda El Martillo, entre Canaletes y Puerto Escondido, pasó a manos de Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, y desde allí operaba una flota que llevaba droga a Panamá y regresaba con armas —ese mismo mes ingresaron por Puerto Escondido seiscientos fusiles R-15. La organización de los Castaño se movía en ese ecosistema, con apoyo de capos del narcotráfico.
El giro llegó en 1990. El 30 de julio, Fidel Castaño emitió un comunicado de prensa aceptando avanzar en el desmantelamiento del paramilitarismo. La condición la había puesto el EPL, que negociaba entonces su reincorporación a la vida civil en el marco de la Asamblea Nacional Constituyente. Ese año Castaño se sometió a la justicia junto a trescientos de sus hombres y entregó varias haciendas, con el argumento público de contribuir a la reconciliación. La desmovilización de Los Tangueros parecía, junto a la del EPL, el inicio del fin de la violencia política en la región.
No lo fue. Años después, el Tribunal Superior de Medellín, en su Sala de Justicia y Paz, estableció lo que ya entonces empezaba a intuirse: la desmovilización de Los Tangueros careció de compromiso real. Fue una estrategia diseñada por Fidel Castaño para mantener la base social de su organización, sostener el discurso legitimador que había construido —el hacendado justiciero que defendía la región del comunismo— y, sobre todo, encubrir sus finanzas y legalizar el patrimonio adquirido mediante el despojo. La voluntariedad del proceso y la falta de control estatal le dieron a Castaño el margen para direccionar la desmovilización a favor de su propia organización. Funpazcor fue la pieza jurídica que faltaba para cerrar esa operación.
La arquitectura de la fundación: donaciones, hectáreas y "área nueva"
La constitución formal de Funpazcor y su fase inicial de acumulación patrimonial ocurrieron entre marzo y junio de 1991, en cuestión de tres meses. El 26 de marzo de ese año, un hombre llamado Restrepo —dueño formal de la finca Cedro Cocido— donó 320 hectáreas de ese predio a la fundación. La operación tenía una segunda cara que solo se hizo visible después: meses más tarde, Restrepo vendió el resto de Cedro Cocido a Carlos Alfonso Goez Oquendo por 35 millones de pesos, y cuando Funpazcor distribuyó las tierras entre los campesinos beneficiarios, el mismo Goez Oquendo apareció como adjudicatario de una parcela de veinte hectáreas. La coincidencia —comprador de un predio grande convertido de pronto en campesino sin tierra— fue el primer indicio público de que el circuito de la fundación incluía prestanombres.
En el mismo trimestre, los Castaño o sus prestanombres transfirieron a Funpazcor parcelas en Las Tangas y El Porvenir, en Campo Alegre, Damasco, Estambul y Tislo. La fundación recibió como donación filantrópica exactamente el mismo paquete de fincas que Fidel Castaño había comprado a Ballestas en 1983 y sobre el cual se había asentado la infraestructura militar de Los Tangueros. Las tierras que habían sido base de operaciones del paramilitarismo pasaban ahora, sin cambiar de dueño real, a ser insumo de una reforma agraria privada.
La ingeniería del despojo se jugaba en las oficinas de instrumentos públicos. Los predios transferidos a Funpazcor fueron declarados por los Castaño como "área nueva". La figura del "área nueva" borra artificialmente la tradición jurídica de un predio: lo inscribe como si su historia registral comenzara en ese momento, sin antecedentes, sin cadena de compradores anteriores, sin las escrituras que podrían delatar cómo llegó a manos del donante. Esa potestad correspondía legalmente solo al dueño formal registrado, y los Castaño —o quienes figuraban por ellos— la utilizaron sistemáticamente. En un solo trámite quedaban resueltos dos problemas: se limpiaba la historia de despojo que traían las fincas y se les daba una apariencia de propiedad originaria, a partir de la cual la nueva titularidad —la de Funpazcor y luego la de los parceleros— se veía como legítima.
La cláusula que acompañaba las adjudicaciones cerraba el dispositivo. Funpazcor incorporaba en los contratos con los campesinos una prohibición de compraventa: las parcelas no podían enajenarse mientras las familias siguieran vinculadas al proyecto. En apariencia, era una protección contra la especulación y el desalojo. En la práctica, congelaba la disposición real de la tierra en manos de la fundación, garantizando que ningún parcelero pudiera vender su lote a un tercero ajeno al esquema, y preservando el control efectivo del paquete territorial en la órbita de los Castaño.
Los beneficiarios: campesinos, desmovilizados y prestanombres en la misma lista
Entre 1990 y 1991, Funpazcor distribuyó tierras a desplazados y a reinsertados del EPL. Ese fue el hecho que le dio a la fundación su prestigio público y que hizo verosímil la imagen del hacendado convertido en actor de paz. No todos los beneficiarios eran ficticios: hubo campesinos reales que recibieron parcelas, familias que se asentaron y trabajaron la tierra durante años, excombatientes que apostaron por la reincorporación en el mismo territorio donde habían combatido. Y ahí residía la eficacia del dispositivo: Funpazcor entregó parcelas de verdad, y esa entrega —bajo el lenguaje de la reforma agraria y con la retórica de la reconciliación— fue precisamente lo que la blindó frente al escrutinio público.
Pero en la misma lista estaban los prestanombres. El caso de Goez Oquendo es el mejor documentado, no el único. La operación tenía sentido económico porque mezclaba beneficiarios reales con testaferros que garantizaban que una fracción sustantiva de las parcelas siguiera bajo control efectivo de la organización. El campesino que recibía un lote pequeño en un rincón marginal de la finca funcionaba como legitimador social; el prestanombre que aparecía con veinte o más hectáreas en los mejores paños funcionaba como reserva patrimonial. Ambos figuraban en los mismos registros y compartían el mismo lenguaje de "beneficiarios de Funpazcor". Esa mezcla fue el hallazgo jurídico del dispositivo: hizo prácticamente imposible, durante años, distinguir a los unos de los otros sin una investigación patrimonial detallada que el Estado no estaba en condiciones de hacer.
Al donar tierras a los desmovilizados del EPL, los Castaño lograron algo que ninguna otra estructura paramilitar de la época consiguió con la misma eficacia: neutralizaron a los excombatientes en su propio territorio, los volvieron dependientes económicamente de una estructura vinculada al paramilitarismo y disolvieron la posibilidad de que la reinserción diera lugar a nuevas formas de organización campesina o política en el sur de Córdoba. La reforma agraria filantrópica funcionó, en ese sentido, como una prolongación de la contrainsurgencia por otros medios.
Sor Teresa Gómez y la red de operadores civiles
El rostro civil de Funpazcor —y el que garantizó la continuidad del dispositivo cuando los Castaño ya no pudieron dirigirlo directamente— fue el de Sor Teresa Gómez Álvarez, también conocida como Teresita Gómez. Nacida en Amalfi, Antioquia, el 27 de junio de 1956, había sido criada con los hermanos Castaño Gil y era viuda de Ramiro Gil, medio hermano de Fidel, Carlos y Vicente. Hermana de crianza y cuñada a la vez, quedó instalada desde muy temprano en el núcleo íntimo de la Casa Castaño, y desde los inicios de la organización armada fue una mujer de confianza. La cercanía era estructural: Carlos Castaño la incluyó como uno de los cuatro garantes del testamento que escribió dos años antes de ser asesinado en 2004. Fue, además, suegra de "Monoleche", uno de los operadores armados de la organización en su segunda generación.
Su papel en Funpazcor consolidó a la fundación como pieza mixta: aparato paramilitar hacia adentro, oficina de fachada hacia afuera. Con la muerte de Fidel Castaño —cuya fecha y circunstancias exactas nunca fueron del todo esclarecidas, y que la organización ubicó a comienzos de los años noventa— y luego con la desaparición y asesinato de Carlos en 2004, cuyo cadáver fue hallado en 2006 en la hacienda Las Tangas, precisamente la finca de origen de todo el patrimonio de Funpazcor, la fundación entró en una segunda vida bajo su gestión. Fue ella quien articuló con los nuevos comandantes la operación conocida como la "recuperación" de las tierras: revertir, por vías ilegales, las adjudicaciones que se habían hecho a los campesinos y reinsertados en 1990 y 1991, y volver a concentrar los predios en manos de la organización o de sus prestanombres. El mismo dispositivo que había servido para legalizar el despojo servía ahora, doce o quince años después, para desandarlo hacia el destino original.
Alrededor de Sor Teresa se tejió una red de operadores civiles: abogados que gestionaban las escrituras, contadores que llevaban las cuentas de la fundación, notarios que registraban las transacciones. Ese entramado civil fue el que permitió que Funpazcor sobreviviera al vaivén militar de la organización: los comandantes cambiaban, morían, se desmovilizaban en Santafé de Ralito, pero la fundación seguía ahí, con su patrimonio jurídicamente blindado y su lenguaje de paz intacto.
La fase de las ACCU y la instrumentalización de las figuras legales
Mientras Funpazcor operaba bajo su fachada filantrópica, la organización armada que le daba origen no se había desmontado: la desmovilización de 1990 había sido parcial y estratégica. Desde 1994, la Casa Castaño inició un proceso de confederación de estructuras paramilitares bajo la denominación Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá —las ACCU—, con epicentro en el sur de Córdoba y el Urabá antioqueño, expandiéndose luego al norte y Bajo Cauca antioqueño y hacia el Darién. Para 1996, el Bloque Sinú de Salvatore Mancuso ya había estrechado vínculos con los hermanos Castaño. El Nudo del Paramillo, corredor estratégico entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar, se consolidó como territorio clave para la estabilización del proyecto paramilitar y para las economías ilegales que lo financiaban: cocaína bajando hacia el Golfo de Urabá, armas subiendo desde el Darién, ganadería extensiva sobre tierras despojadas.
En esa fase, Funpazcor cambió de función sin cambiar de fachada. Lo que en 1991 había sido un dispositivo de legalización del despojo se convirtió, en la segunda mitad de la década, en una estructura de cobertura para operaciones más amplias. La fundación y las tierras "recuperadas" habrían servido como fachada para la adquisición ilegal de tierras adicionales, el tráfico de armas y el lavado de activos provenientes del narcotráfico. La misma personería jurídica que había recibido donaciones de campesinos servía ahora para justificar movimientos patrimoniales cuya lógica ya no era la reforma agraria sino la acumulación financiera del bloque paramilitar en expansión. Detrás del membrete filantrópico circulaban ahora escrituras, transferencias interbancarias, contratos de arrendamiento y compraventas que rebasaban con creces el sur de Córdoba.
El patrón se repetiría enseguida con las Convivir. A partir de mediados de los noventa, la Casa Castaño y las ACCU tomaron la figura legal de las cooperativas de vigilancia rural y la usaron con la misma lógica que habían inaugurado con Funpazcor: una carcasa jurídica reconocida por el Estado, una junta directiva civil, un objeto social defendible en público, y detrás la misma estructura armada haciendo el mismo trabajo. La fundación filantrópica y la cooperativa de seguridad privada eran variaciones del mismo hallazgo: cómo darle personería jurídica a un aparato paramilitar sin cargar el costo reputacional del acto armado directo.
El colapso del modelo productivo: 1995-1998
El costado agrario de Funpazcor —el que le daba al dispositivo su verosimilitud pública— empezó a fallar hacia mediados de la década. En 1995, las directivas de la fundación tomaron una decisión que revela hasta qué punto el proyecto productivo había fracasado: cambiaron el sistema de financiamiento y decidieron arrendar las parcelas a quienes estuvieran interesados en la producción agrícola, con el compromiso de repartir las ganancias entre el arrendatario y la fundación. La medida reconocía tácitamente que los parceleros no estaban en condiciones de sostener por sí mismos la explotación de sus lotes, y que la promesa original de convertir a los desplazados y reinsertados en pequeños propietarios autónomos había resultado, en la práctica, inviable.
El esquema de arrendamiento tuvo escasa participación. Los interesados en arrendar en aquella zona no abundaban —el sur de Córdoba a mediados de los noventa era un territorio en plena reactivación paramilitar, con las ACCU consolidándose, y no era exactamente un mercado agrícola normal—, y los parceleros originales no vieron mejorar su situación económica. Tres años después, en 1998, Funpazcor tomó la segunda decisión estructural: levantó la cláusula contractual que prohibía la compraventa de las parcelas a las familias que aún permanecían vinculadas al proyecto.
El levantamiento de la cláusula fue el momento en que el dispositivo mostró su rostro. Con la prohibición de venta suspendida, los parceleros podían por primera vez enajenar sus lotes, pero lo hacían en un contexto en que la presión paramilitar sobre el territorio se había recrudecido, en que la fundación misma —bajo la mano de Sor Teresa Gómez y los nuevos comandantes— estaba interesada en concentrar de nuevo los predios, y en que los precios que se ofrecían no reflejaban valor de mercado sino coacción. Entre 1998 y los primeros años del siglo XXI, lo que en 1991 se había entregado bajo la retórica de la reforma agraria filantrópica volvió a la órbita de la organización mediante compras forzadas, amenazas y desplazamientos silenciosos. El circuito regresaba a su punto de partida.
Yolanda Izquierdo y el costo humano de reclamar
Cuando el proceso de Justicia y Paz abrió, años después de la desmovilización de las AUC en Santafé de Ralito, una rendija jurídica para que las víctimas del despojo reclamaran sus tierras, muchos de los antiguos parceleros de Funpazcor —los que habían sido presionados a vender entre 1998 y 2002 y los que habían perdido sus lotes— intentaron organizarse. La respuesta fue el asesinato.
Yolanda Izquierdo, líder de reclamantes de tierras en Córdoba que había asumido la vocería de campesinos víctimas del despojo asociado a la Casa Castaño y a Funpazcor, fue asesinada en 2007 en Montería. Su crimen fija el precio que las comunidades pagaron por atreverse a nombrar el dispositivo. No fue un caso aislado: reclamantes víctimas de estructuras vinculadas al paramilitarismo cordobés —incluidos casos asociados a Jairo Correa, otra figura del despojo regional— solicitaron protección tras recibir amenazas, y varios no lograron nunca recuperar sus predios. Antes, en 1998, había caído en Medellín el abogado y defensor de derechos humanos Jesús María Valle Jaramillo, quien había denunciado con detalle la connivencia entre paramilitares, hacendados y funcionarios del Estado en el corredor Córdoba-Urabá que era el epicentro de Funpazcor.
La cadena de asesinatos y amenazas mostró que el dispositivo Funpazcor no se sostenía únicamente por su ingeniería jurídica. Detrás del "área nueva" en el registro, de las cláusulas contractuales y de la personería jurídica de la fundación, había una capacidad de violencia diferida que se activaba cada vez que alguien intentaba desandar el circuito. La sofisticación notarial funcionaba porque, en última instancia, contaba con la posibilidad del disparo selectivo.
Un patrón que se replicó: INCORA, INCODER y las notarías del despojo
Funpazcor fue el prototipo, no la excepción. En la década siguiente, el mecanismo de legalización del despojo se replicó en otras regiones del país, con variantes que compartían el mismo principio: usar el aparato institucional agrario y registral para dar apariencia de legalidad a la usurpación paramilitar.
En el Magdalena, entre febrero y marzo de 2003, el INCORA revocó la adjudicación de 134 predios argumentando abandono o incumplimiento de créditos: a un promedio de dos por día, una cifra que resulta obscena si se contrasta con los apenas 80 predios revocados en los siete años anteriores. Un exintegrante del Bloque Norte declaró después que funcionarios del INCODER en Sabanas de San Ángel aceptaban sobornos de paramilitares, y que fue el propio Estado, a través de la entidad agraria, el que abrió la puerta al despojo. En el proyecto parcelario del Gran Magdalena la trama tuvo firmas concretas: Eduardo Carlos Gutiérrez Noguera, Omar Elías Obando, Carlos Eduardo Reyes Jiménez y Jesualdo Arzuaga Rubio, funcionarios agrarios que aceptaron renuncias al subsidio, ventas de mejoras e ingreso de nuevas familias a predios vacantes con pleno conocimiento del contexto de violencia, y expidieron adjudicaciones que blanquearon jurídicamente el despojo.
En los Llanos la variante fue más coral. Procesos judiciales establecieron que las tierras arrebatadas a campesinos por paramilitares se legalizaron con el concurso simultáneo de testaferros, abogados, funcionarios corruptos del INCODER, jueces, registradores y notarios: un dispositivo distribuido en el que cada eslabón añadía una capa de legalidad al eslabón anterior. Todavía en 2010 el ERPAC ejercía control territorial en la zona, lo que hacía materialmente inviable cualquier restitución mientras las armas siguieran donde estaban. En el Chocó, la Dirección de Registro de la Superintendencia de Notariado y Registro estableció que inscripciones realizadas en la Oficina de Registro de Quibdó eran irregulares e ilegales, con resoluciones de adjudicación inscritas extemporáneamente en noviembre de 2003 contra la prohibición legal; concluyó que el registro estaba anunciando al público la existencia de un derecho de propiedad que en realidad no existía —es decir, dándole apariencia oficial a un dueño inventado— y ordenó su revocatoria.
En todos esos casos, la lógica era la que Funpazcor había ensayado por primera vez en 1991: aprovechar la institucionalidad agraria y notarial —fundaciones, cooperativas, adjudicaciones del INCORA, inscripciones registrales— para darle a la usurpación una carcasa de legalidad que la restitución posterior tendría que romper una por una, escritura por escritura, expediente por expediente.
El legado: restitución, sentencias y las cuentas pendientes
La Ley de Víctimas y Restitución de Tierras y el proceso de Justicia y Paz abrieron, desde 2011, una vía formal para desandar el despojo. Los resultados hablan del tamaño del problema. De 7.098 sentencias de restitución proferidas con corte al 28 de febrero de 2021, el 53% —3.761 casos— atribuye la responsabilidad a grupos paramilitares, muy por encima de las guerrillas con el 19% o de los enfrentamientos entre actores armados con el 20%. En Urabá, sur de Córdoba y Darién Chocoano, al corte de marzo de 2019, existía una brecha significativa entre las solicitudes presentadas y las sentencias efectivamente proferidas.
El caso Funpazcor entró en ese circuito con lentitud desigual. La Subunidad Élite de Persecución de Bienes para la Restitución de la Unidad Nacional para la Justicia y la Paz documentó casos relacionados con las regiones de Urabá y la Sierra Nevada, y la Casa Castaño y su fundación aparecen en la genealogía del despojo paramilitar en el sur de Córdoba, con al menos una finca —Katanga— señalada expresamente como parte de la operación de despojo de Funpazcor en la zona de San Pedro de Urabá, Tierralta y Montería. La devolución material de los predios a los parceleros originales o a sus herederos, sin embargo, avanzó con dificultad, y en muchos casos las tierras que el propio Incoder adjudicó en años posteriores terminaron en manos de personas vinculadas al paramilitarismo, prolongando el despojo bajo apariencia de legalidad institucional.
La textura de esa lentitud se lee mejor a ras de tierra. En El Japón, en La Dorada, un testimonio recogido por investigadores resumió la situación con una frase seca: "esa finca no la han querido mover", mientras predios cercanos como Brisas y La Agustina sí avanzaban en trámite. En estos dos últimos, un testaferro llegó a iniciar el proceso de restitución antes de que se identificara a la familia propietaria originaria: el mismo mecanismo de suplantación que Funpazcor había estrenado en 1991 se coló, veinte años después, dentro del propio aparato encargado de repararlo. Las reclamantes mujeres, por su parte, enfrentaron amenazas directas incluso al momento de inscribirse formalmente en el registro, y la falta de representación jurídica volvió sus procesos lentos y peligrosos a la vez.
Treinta años después
La operación registral de 1991 no se agota en el expediente judicial. Funpazcor fue el primer dispositivo colombiano que articuló deliberadamente el lenguaje de la reforma agraria con el aparato registral notarial para blindar el despojo paramilitar. La declaración de "área nueva", la cláusula de inenajenabilidad, la mezcla de beneficiarios reales con prestanombres, la fundación como personería jurídica de cobertura: cada uno de esos elementos por separado existía antes, pero su combinación integrada, en un solo trimestre y bajo la marca de un actor armado, fue el modelo que las estructuras paramilitares posteriores replicarían con las Convivir y con la cooptación del INCORA/INCODER.
Al ocupar en 1991 —el año exacto de la nueva Constitución, con su promesa de una función social de la propiedad y su reactivación del debate sobre reforma agraria— el lenguaje mismo de la redistribución de tierras, los Castaño ocuparon el terreno donde el Estado habría tenido que activar una reforma real en el sur de Córdoba y Urabá. Cuando quince años después la Ley de Víctimas quiso volver sobre esos territorios, se encontró con que las tierras ya tenían escrituras, adjudicaciones, resoluciones y expedientes que había que romper uno por uno.
Detrás de la ingeniería jurídica hay nombres. Los campesinos que recibieron parcelas de Funpazcor en 1991, los reinsertados del EPL que apostaron por una reincorporación en las tierras de quien había sido su enemigo, los reclamantes que en los años dos mil intentaron recuperar lo que se les había arrebatado por segunda vez: sobre ellos se ensayó el dispositivo, y en ellos se midió su costo, en desplazamientos, en amenazas y en asesinatos como los de Yolanda Izquierdo y Jesús María Valle Jaramillo. Los expedientes de restitución de Tierralta, Valencia, Montería y San Pedro de Urabá siguen abiertos. Mientras no se resuelvan, aquella operación notarial de tres meses en 1991 sigue produciendo efectos jurídicos.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 319, 4032 citas
[1]dado a los proyectos de reinserción económica y social, y la falta de compromiso real con la desmovilización. La desmovilización de Los Tangueros fue parte de una estrategia implemen- tada por Fidel Castaño para mantener una base social y su discurso legitimador, así como para encubrir sus finanzas y legalizar lo…p. 319
[37]una Colombia en paz con opor- tunidades y garantías para todos. Por el Gobierno Nacional: LUIS CARLOS RESTREPO Alto Comisionado para la Paz Por las Autodefensas Unidas de Colombia AUC: HERNAN HERNÁNDEZ RAMIRO VANOY LUIS CIFUENTES FRANCISCO TABARES ADOLFO PAZ JORGE PIRATA VICENTE CASTAÑO CARLOS CASTAÑO SALVATORE…p. 403
02Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 2391 cita
[2](Comisión de Superación de la Violencia, 1992). Esta oleada de violencia paramilitar disminuyó en el sur de Córdoba luego de que Fidel Castaño se sometiera a la justicia 81 En la misma entrevista realizada por Alejandro Reyes, Fidel Castaño ilustraba muy claramente la lógica de la guerra que libraron durante esos…p. 239
03Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 90, 982 citas
[3]Gómez o ‘Teresita Gómez’ –criada con los herma- nos Castaño Gil, viuda de un medio hermano de éstos, Ramiro Gil, y suegra de ‘Monoleche’– sería la aliada de los nuevos coman- dantes en la ‘recuperación’ de la tierra que los Castaño habían donado a través de Funpazcor a los desplazados y reinsertados del EPL entre 1990…p. 90
[5]de Pueblo Nuevo (Córdoba). En la finca aún se buscan por lo menos 37 cuerpos más, y en 2006, en una fosa del terreno, fue hallado el cadáver de Carlos Castaño. La finca Las Tangas estaba dotada de piscinas, canchas de tenis, fútbol, billares, bares y pasadizos subterráneos camufla- dos 92, y varios testigos afirmaban…p. 98
04Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 191, 2092 citas
[4]habían comprado a Alberto Ospina, hermano del secuestrado y representante de la empresa familiar. Sin embargo, los Castaño las seguían sintiendo como propias, tanto así que ellos las declararon como área nueva, una manera de borrarles la tradición a los predios, cuando en realidad eso solo lo hubiera podido hacer…p. 209
[29]a otros cinco vecinos que se llevaron de sus casas entre abril y diciembre de 1988. Ninguno volvió. «A Las Tangas todo el mundo la llamaba Sarabanda –recuerda ahora una hija de Villegas– porque esa era una telenovela en la que desaparecían gente». Sin embargo, unos días después de que se los llevaran, vino a la aldea…p. 191
05The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1111 cita
[6]was with him from dawn until late at night, and during the entire time, he did not once talk to me directly. Whatever he had to com- municate to me he did by sending me a message through an employee who was submissive to him. I really realized that these kinds of people look down on people below, as if these same…p. 111
06A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 471 cita
[7]49 • La organización paramilitar que funcionaba en las fincas de Córdo- ba dirigida por la familia Castaño Gil estaba apoyada por los ganaderos de la región, por jefes políticos y por capos del narcotráfico. Contaba igualmente con el respaldo de los mandos militares de la brigada 11 del 47 Córdoba. No todo está…p. 47
07El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1402 citas
[8]mayor retirado del Ejército nacional apodado Gabino, comandaban alrededor de cin- cuenta hombres, que tenían como base la hacienda El Martillo entre Canaletes y Puerto Escondido (DAS, 1989, 16 de marzo, página 30). En este último mu- nicipio contaban con una pequeña flota de embarcaciones que llevaba droga a Panamá y…p. 140
[9]mayor retirado del Ejército nacional apodado Gabino, comandaban alrededor de cin- cuenta hombres, que tenían como base la hacienda El Martillo entre Canaletes y Puerto Escondido (DAS, 1989, 16 de marzo, página 30). En este último mu- nicipio contaban con una pequeña flota de embarcaciones que llevaba droga a Panamá y…p. 140
08Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 73, 772 citas
[10]Tierras y territorios en las versiones de los paramilitares (CNMH, 2012c), Romero (1995 y 2003), Dun- can (2006) y Ronderos (2104) resaltan cómo la denominada Casa Castaño fue central en la transición entre la primera generación y la segunda generación paramilitar, mediante la conformación de las ACCU, a mediados de…p. 73
[13]luego en las AUC. A comienzos de los años noventa, la desmovilización del EPL, y de los grupos armados del Clan Castaño en el contexto de la Asamblea Nacional Constituyente, parecían representar el princi- pio del viraje hacia el fin de la violencia política en la región. Sin embargo, a pesar de este panorama…p. 77
09Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2512 citas
[11]Escobar. Escobar sostuvo que el verdadero problema de la UP no era tanto Rodríguez Gacha, como Fidel Castaño. Agregó que era poco lo que podía hacer para influir sobre el líder paramilitar, a quien Escobar llamaba Dos Mil, por el número de miembros de la UP que estimaba había matado Castaño. 48 A pesar de la…p. 251
[12]Escobar. Escobar sostuvo que el verdadero problema de la UP no era tanto Rodríguez Gacha, como Fidel Castaño. Agregó que era poco lo que podía hacer para influir sobre el líder paramilitar, a quien Escobar llamaba Dos Mil, por el número de miembros de la UP que estimaba había matado Castaño. 48 A pesar de la…p. 251
10La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 1181 cita
[14]esta iniciativa terminó afectada por los mismos factores que incidirían en las dinámicas productivas de pequeños, medianos e inclusive grandes productores, relacionadas con las garantías para la producción, la comercialización y la estructura de mercado definida por la política nacional del Estado Colombia- no en…p. 118
11Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 522, 5344 citas
[15]7.5.6 Los Llanos, tierra usurpada a campesinos desplazados Como lo establecieron los procesos judiciales, las tierras de los campesinos y campesinas desplazadas y despojadas por los paramilitares en los Llanos, fueron legalizadas con apoyo de testaferros, abogados, funcionarios corruptos del INCODER, jueces,…p. 534
[16]7.5.6 Los Llanos, tierra usurpada a campesinos desplazados Como lo establecieron los procesos judiciales, las tierras de los campesinos y campesinas desplazadas y despojadas por los paramilitares en los Llanos, fueron legalizadas con apoyo de testaferros, abogados, funcionarios corruptos del INCODER, jueces,…p. 534
[30]INCODER no había revocado los títulos de los testaferros para devolverlos a sus dueños, ni los jueces habían aten - dido la orden de protección legal de las parcelas. El abogado defen - sor de los campesinos y campesinas, Rafael Barros, explicó: “No entendemos por qué nadie ha tomado medidas, más aún, sabiendo que,…p. 522
[31]INCODER no había revocado los títulos de los testaferros para devolverlos a sus dueños, ni los jueces habían aten - dido la orden de protección legal de las parcelas. El abogado defen - sor de los campesinos y campesinas, Rafael Barros, explicó: “No entendemos por qué nadie ha tomado medidas, más aún, sabiendo que,…p. 522
12Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 4712 citas
[17]la notaría (…) sí hay reclamantes y se ha motivado muchísimo, se ha trabajado a través de la Mesa Municipal de Víctimas (…) Hay un señor que lo ha venido trabajando y él incluso está pidiendo protección porque ha tenido muchas amenazas, porque sigue in- sistiendo en el tema de tierras. Fue víctima de Jairo Correa. Y…p. 471
[18]la notaría (…) sí hay reclamantes y se ha motivado muchísimo, se ha trabajado a través de la Mesa Municipal de Víctimas (…) Hay un señor que lo ha venido trabajando y él incluso está pidiendo protección porque ha tenido muchas amenazas, porque sigue in- sistiendo en el tema de tierras. Fue víctima de Jairo Correa. Y…p. 471
13Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 1481 cita
[19]que permiten la violación de la prohibición de acumular parcelas en extensiones que excedan el tamaño de la Unidad Agrícola Familiar y las prescripciones de dominio. 150 Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena En el trámite, servidores del Incora/Incoder como Eduardo Car- los Gutiérrez Noguera, Omar Elías…p. 148
14Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 241 cita
[20]por Fidel Castaño en el sur de Córdoba y Urabá, en los últimos años ochenta, de manera que su despliegue se relaciona con la compra de tierras e instalación de infraestructura del nego - cio ilegal de la coca por parte de reconocidos miembros del Car - tel de Medellín y por los propios Castaño, con la fuerte ofensiva…p. 24
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 871 cita
[21]los muchachos, a decirles que allá sí se pasaba bien, que allá iban a ganar plata... Muchos vecinos de allá huyeron, muchachos se fueron con ellos. Hubo una familia, ellos eran muy conocidos de mi abuelo. Tenían siete hijos. Todos los siete muchachos se fueron con la guerrilla, con el Frente 6 de Diciembre del ELN. El…p. 87
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 50, 702 citas
[22]masivo de las comunidades campesinas e indígenas de la región del Alto Sinú a las zonas urbanas de Tucurá y Tierralta. En Urabá, se dieron tensiones con sindicatos y organizaciones alineadas con el Partido Comunista, o con juntas de acción comunal y organizaciones sociales que estaban ligadas a dinámicas…p. 70
[35]de los dos anteriores, su legado no trascendió en las insurgencias, sino en las autodefensas. En la década de 1990, sus hijos conformaron uno de estos grupos en las tierras de San Pedro de Urabá, Tierralta y Montería, a través del cual vigilaban barrios y veredas, controlaban a los pobladores y asesinaban a presuntos…p. 50
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1411 cita
[23]Gráfica 1. Desplazamiento forzado en Colombia Fuente: Elaboración propia, con base en el Registro Único de Víctimas. En el mapa 10 se puede observar el comportamiento regional del desplazamiento en la población rural no étnica, como una aproximación a lo campesino, por periodos, dividido por quinquenios a partir de…p. 141
18La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 681 cita
[24]ya entrada la década de los noventa, sirvieron como plataforma para el posicionamiento, a nivel nacional, de los hermanos Castaño, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); y en la dimensión regional, de los grupos paramilitares en el sur del Chocó y su costa…p. 68
19Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 1391 cita
[25]el sur del Cesar, San Vicente de Chucurí y el valle del río Cimitarra. La consolidación de las ACCU bajo una estrategia similar ya había facilitado cierta hegemonía paramilitar en zonas limítrofes entre los departamentos de Antioquia, Sucre y el sur de Bolívar. Esto permitió establecer una especie de perímetro sobre…p. 139
20El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 2531 cita
[26]legitimación estatal de la hegemonía paramilitar a nivel nacional, que por obvias razones tiene su “zona de diálogo” en Santafé de Ralito, un corregimiento del mu- nicipio de Tierralta. Un proceso bastante cuestionado a nivel nacional e internacional dada la impunidad rampante. Buena parte de estas dinámicas de tipo…p. 253
21El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 2531 cita
[27]legitimación estatal de la hegemonía paramilitar a nivel nacional, que por obvias razones tiene su “zona de diálogo” en Santafé de Ralito, un corregimiento del mu- nicipio de Tierralta. Un proceso bastante cuestionado a nivel nacional e internacional dada la impunidad rampante. Buena parte de estas dinámicas de tipo…p. 253
22Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 721 cita
[28]con los bloques Héroes de Tolová, Córdoba o Sinú, Mineros y Bananero. El nudo de paramillo fue clave para la estabilización del paramilitarismo debido a la presencia de economías ilegales en la zona y a las ventajas para su comer- cialización entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar, lo que permitió la financiación…p. 72
23La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 431 cita
[32]Verdad Abierta: (…) Entre febrero y marzo de 2003, el Incora revocó la adjudicación de 134 predios, dos en promedio por día, argumentando que los campesinos abandonaron la tierra o incumplieron con el pago de un crédito que les otorgaron quince años atrás. Se aprecia lo exagerado de la cifra, si se tiene en cuenta que…p. 43
24La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 1651 cita
[33]DE LOS PARAMILITARES Ante la solicitud de revocatoria de este grupo de resoluciones de ad- judicación, hecha por el ministerio de Agricultura el 18 de septiembre de 2006, la Dirección de Registro de la Superintendencia de Notariado y Registro" determinó que el presunto derecho de dominio que te- nían estas personas no…p. 165
25No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4001 cita
[34]ellas a través de mecanismos ilegales o aparentemente legales. La Comisión de la Verdad ha documentado que las AUC se caracterizaron por un despojo sofisticado al contar con la complicidad de servidores públicos para registrar en notarías las miles de hectáreas usurpadas e impulsar la creación de empresas y la llegada…p. 400
26Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 3751 cita
[36]despo- jo en Magdalena y Cesar precipitadas por la captura de Augusto Francisco Castro Pacheco, alias Tuto Castro 427, después de que el 427 Hermano del exsenador Jorge Castro Pacheco, condenado por vínculos con grupos paramilitares (CSJ, 12 de mayo de 2010, Sentencia condenatoria contra Jorge de Jesús Castro…p. 375
27Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 411 cita
[38]Corporación Jurídica Yira Castro, «La tierra también es nuestra», 20. 90 Entrevista 036 - VI - 00042. Mujer, campesina, Antioquia. 42 El primero, el más difícil, es el de superar el daño moral anclado en la memoria de la masacre, pues el daño que no ha sido atendido ni reparado causa una profunda sensación de…p. 41
28La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2141 cita
[39](GEFPDC), «Desde el exilio», 01105. quiénes se han ido: voces, rostros y causas del exilio 215 «Eso es lo que yo he venido entendiendo, que el problema no es la tierra, es lo que está debajo de ella, y eso es gravísimo. El problema es el oro, la finca tiene oro y manganeso. […] A los dos meses me llaman, que vaya a la…p. 214
29Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5181 cita
[40]Convivir. 1033 Ver el tomo Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivas, del Informe Final de la Comisión de la Verdad. 1034 Ibíd, 368. hacia la paz territorial 519 Forjando Futuros, de 7.098 sentencias de…p. 518