Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Una historia del territorio

La Dorada

La Dorada nació como solución a un problema de ingeniería fluvial —el trasbordo obligado por los raudales del Magdalena cerca de Honda— y creció como nudo donde el río, el ferrocarril inglés y el cable aéreo se encontraron para mover el café y las…

18 min de lectura29 fuentes

La Dorada es un municipio del oriente de Caldas asentado sobre la margen izquierda del río Magdalena, en el tramo medio del río, entre los puertos históricos de Honda —aguas arriba, en Tolima— y Puerto Berrío —aguas abajo, en Antioquia—. Su lugar en la historia colombiana no se explica por su pertenencia administrativa a Caldas, departamento del que está separada por la Cordillera Central y con cuya capital cafetera, Manizales, apenas se comunicó a través de un cable aéreo tendido en la década de 1920. Se explica, más bien, por su condición de nudo: punto donde el río se encontraba con el ferrocarril inglés, donde la ganadería de la llanura aluvial se cruzaba con el café bajado de la cordillera, y donde el Magdalena Medio —esa región de frontera abierta entre siete departamentos— encontró, junto a Puerto Berrío, Puerto Boyacá y Barrancabermeja, uno de sus cuatro ejes económicos, políticos y sociales. Esa vocación de encrucijada le dio prosperidad, le dio migrantes y, en el último medio siglo, le dio también un lugar en el mapa del conflicto armado y la violencia paramilitar en Colombia.

Un puerto en el medio del río

El Magdalena, al que la memoria nacional llama el río de la Patria, nace en el páramo de las Papas y desciende hasta el Caribe delimitando las fronteras de nueve departamentos: Tolima, Cundinamarca, Caldas, Boyacá, Antioquia, Santander, Bolívar, Cesar y Magdalena. En su curso medio —el que va aproximadamente desde Honda hasta más allá de Puerto Berrío, un tramo de cerca de 386 kilómetros que constituye la región llamada Magdalena Medio— el río se ensancha, baja el declive a apenas 0,60% en los 640 kilómetros que van de El Hato a Nare, y recibe una sucesión de afluentes caudalosos: La Miel, el Nare, el Carare, el Sogamoso, el Lebrija, el Cimitarra, el Opón. Aquí, entre las cordilleras Oriental y Central, el río deja de ser corriente andina y se convierte en llanura navegable. Y aquí, sobre esa llanura, se planta La Dorada.

La posición geográfica del municipio no es accidental. Doscientos kilómetros en línea recta separan a Honda de Puerto Berrío, y en ese trecho el río casi duplica su ancho. La Dorada quedó en la mitad de esa distancia, sobre terreno bajo y caluroso, con acceso a la Ciénaga del Silencio y al corregimiento ribereño de Guarinocito, y con el corregimiento de Purnio articulando el hinterland rural. Del otro lado del río, en jurisdicción de Cundinamarca, quedó su gemelo administrativo y funcional: Puerto Salgar. Los dos puertos han sido, desde su origen, un mismo sistema portuario partido por una frontera departamental. La Dorada mira más a Puerto Salgar, a Honda, a Mariquita y a Puerto Boyacá que a Manizales, y esa geografía práctica —la del comercio, la del trasbordo, la del ganado— pesa más en su vida cotidiana que la geografía política que la ata a la capital caldense.

Los orígenes: caserío, ferrocarril inglés, puerto

La Dorada se consolidó a fines del siglo XIX como estación de un proyecto ferroviario. A principios de la década de 1880 se puso en obra el ferrocarril de Honda a La Dorada, una línea corta destinada a resolver un problema muy concreto del transporte fluvial: los raudales y saltos del Magdalena en las inmediaciones de Honda impedían la navegación continua a vapor entre el bajo y el alto río, y obligaban a un trasbordo terrestre. Para 1886, la vía llevaba quince kilómetros construidos —una de las líneas más cortas registradas entonces en el censo ferroviario del país— y era conocida en los documentos de la época como el ferrocarril inglés de La Dorada, en referencia al capital británico que la financiaba, en línea con la ola de inversión inglesa que sostuvo buena parte de la red férrea colombiana del siglo XIX.

En torno a esa terminal ferroviaria y al embarcadero nació el caserío. Antes de la guerra de los Mil Días, iniciada en 1899, el ferrocarril había alcanzado —parcialmente— los objetivos para los que había sido concebido: servía, más o menos bien, el trasbordo. Ese "más o menos bien" es toda una definición de la infraestructura colombiana de la época, y también del propio puerto: bastó para atraer comercio, mano de obra, colonos y capital, aunque nunca fuera perfecto. Nombres como Francisco Pineda López, Emilia Vengoechea, Ramón Marín o Henrique Luis Roman quedaron asociados, en la memoria local, a los años fundacionales del caserío; Rafael Reyes, presidente entre 1904 y 1909, pertenece al horizonte político nacional en que el puerto adquirió estatus de referencia dentro del sistema fluvial. La Dorada aparecería desde entonces mencionada, junto a Girardot, Puerto Berrío y Barrancabermeja, como uno de los grandes puertos del Magdalena. Lo era también en un sentido menos amable: los cuatro figuraban en los reportes sanitarios como focos de enfermedades tropicales, marca inevitable de las ciudades cálidas y ribereñas de la Colombia de entonces.

La colonización de las tierras bajas del Magdalena Medio, desde la cordillera Central hacia el río, fue el proceso mayor que pobló el hinterland de La Dorada. Colonos antioqueños, tolimenses y caldenses bajaron a la llanura aluvial buscando tierra para ganado, cultivos comerciales o simple supervivencia. La subregión sur del Magdalena Medio quedó marcada por esa migración andina, y esa procedencia se reconoce todavía hoy en el acento, en la organización familiar y en la mentalidad económica del municipio.

De estación de trasbordo a nodo nacional

Si el ferrocarril inglés hizo el pueblo, el cable aéreo lo confirmó como nodo. En 1922 quedó terminada una obra de ingeniería que marcó el siglo XX del occidente colombiano: el cable aéreo Manizales-Mariquita, de 72 kilómetros de longitud y con capacidad de diez toneladas por hora, propiedad del mismo ferrocarril inglés de La Dorada. La compañía —The Manizales Rope Way Ltd., registrada en el listado de inversiones inglesas en Colombia con un capital de 200.000— resolvía de un solo trazo el descenso del café caldense desde el altiplano hasta las inmediaciones del Magdalena. Mariquita queda a pocos kilómetros del río, y desde allí el café bajaba en tren a La Dorada o a Honda para embarcarse. El costo del transporte cayó a 37 pesos por tonelada en ese tramo, cifra que muestra de un golpe por qué la obra fue celebrada como un hito. La ruta compitió, en esos años, con el Ferrocarril del Pacífico, que también sacaba café colombiano al mercado internacional por el otro flanco de la cordillera.

Entre 1922 y 1926, en el marco del entusiasmo ferroviario que financió con las indemnizaciones del canal de Panamá una expansión notable de la red férrea colombiana, La Dorada consolidó su papel: puerto fluvial, cabecera del ferrocarril, punto terminal del cable, articulación entre el mercado internacional, el café de Manizales y el interior del país. En la práctica, se convirtió en un nudo de escala nacional, no meramente regional. Su prosperidad de ese cuarto de siglo se apoya en esa condición de encrucijada: mercancías que salían y entraban, migrantes que llegaban buscando trabajo, comerciantes que se instalaban, y una vida urbana modelada por el pulso del embarcadero y de las bodegas de trasbordo.

El siglo XX, sin embargo, no fue amable con la navegación a vapor por el Magdalena. El río, embarrado, con calados descendentes y sin las obras de canalización necesarias, fue perdiendo su papel como arteria principal. La navegación fluvial se convirtió, con las décadas, en un mero recuerdo, en frase de época. Las carreteras y el transporte terrestre desplazaron al vapor; el propio ferrocarril inglés terminó absorbido, como el resto de la red, por los procesos de nacionalización, unificación y decadencia que marcaron los ferrocarriles colombianos en la segunda mitad del siglo. La Dorada, empero, sobrevivió a esa mutación porque el nudo se reconfiguró: dejó de ser puerto de vapores y quedó como nudo de carreteras, como cabecera de la Troncal del Magdalena Medio, como punto de paso obligado entre Bogotá, Medellín y la costa norte. La vocación no cambió; cambió el modo del transporte.

Ganaderías, latifundios y comerciantes: la economía del hinterland

La estructura económica de La Dorada y de toda la subregión sur del Magdalena Medio —en la que el municipio se inscribe junto a Puerto Boyacá, en la orilla oriental— gira alrededor de tres columnas: el latifundio ganadero, la alta inversión privada y, más al norte, la explotación minera y petrolera. En el entorno inmediato de La Dorada domina la ganadería extensiva, actividad que exige mucha tierra y muy poco trabajo, y que ha modelado a lo largo del siglo XX la estructura agraria y política de la región. Grandes ganaderos y comerciantes han sido, desde los inicios del puerto, la élite local: los mismos apellidos aparecen en las juntas del comercio, en las alcaldías, en las asociaciones gremiales y —como se verá— en la génesis de otras cosas menos declarables.

Aguas arriba y aguas abajo, la economía regional se completa con vecinos que son también socios: Puerto Nare, en la orilla antioqueña, ha sido uno de los grandes distritos de explotación de mármoles y calizas, junto con Puerto Berrío, Maceo y Puerto Triunfo; Barrancabermeja, más al norte, es la capital petrolera del país; Puerto Boyacá, del otro lado del río, sostiene un modelo ganadero paralelo al de La Dorada. Los cuatro polos —Puerto Berrío, La Dorada, Puerto Boyacá, Barrancabermeja— constituyen los ejes económicos del Magdalena Medio, y funcionan menos como capitales de sus respectivos departamentos que como piezas de un sistema regional propio.

La infraestructura del sistema es hoy la Troncal del Magdalena Medio, que enhebra el eje sur-norte del país; la Troncal de la Paz; la vía Medellín-Puerto Berrío-Cimitarra-Landázuri-Vélez-Tunja; y, en un horizonte proyectado más que realizado, la recuperación de la navegabilidad del río Magdalena, que devolvería a los puertos su función original de conexión con el mar Caribe y los mercados internacionales. La Dorada, en cualquiera de esos escenarios, sigue siendo nodo: por ella pasan las mercancías, se articulan los mercados regionales y se estructura una economía comercial de servicios que complementa la ganadería del entorno rural.

Una excepción bipartidista en un mar de política irregular

La historia política del Magdalena Medio tiene una peculiaridad conocida: la movilización social de la región se desarrolló, en su mayor parte, al margen del bipartidismo tradicional que estructuró la vida política colombiana durante casi todo el siglo XX. En una región de frontera, poblada por colonos, sin instituciones estatales consolidadas más allá de la presencia militar, ni el Partido Liberal ni el Conservador lograron organizar establemente la vida cívica. Los sindicatos petroleros de Barrancabermeja, las ligas campesinas del Carare, las movilizaciones colonas del Sinú y el Sur de Bolívar, la izquierda de tradición comunista y las guerrillas mismas ocuparon el espacio que en otras regiones del país llenaron las maquinarias partidarias.

La Dorada y Puerto Salgar son la excepción explícita. En esos dos municipios, la movilización social sí se desplegó dentro del cauce bipartidista. Es una singularidad reveladora: los dos puertos gemelos, más consolidados urbanísticamente, más antiguos como asentamientos comerciales, más integrados al Estado por la presencia del ferrocarril y por su papel logístico nacional, conservaron una vida política más convencional, más semejante a la de las ciudades del interior andino que a la del resto del Magdalena Medio. La geografía del comercio pesó, otra vez, más que la geografía de la frontera.

Esa condición no significó, sin embargo, ausencia de conflicto. En La Dorada se celebró en algún momento una convención cuyos dirigentes fueron arrestados por la fuerza pública, hecho que generó protestas, debate nacional y una citación en el Congreso: diecinueve congresistas, incluidos algunos conservadores, exigieron al ministro de Gobierno explicaciones sobre la represión. El general Joaquín Tiberio Galvis expuso ante los parlamentarios de izquierda de la Cámara de Representantes su versión de los hechos y reclamó el libre ejercicio de los derechos constitucionales. El episodio, en apariencia local, resonó en Bogotá porque tocaba una fibra sensible: los límites del orden público en un país donde la protesta social y la represión militar convivían en tensión permanente.

El giro sombrío: paramilitarismo, ganadería y narcotráfico

El Magdalena Medio fue, entre 1980 y 1988, una de las tres regiones colombianas con mayor población expulsada por desplazamiento forzado, junto con Urabá y el Alto Sinú y San Jorge. Las tres, sumadas, concentraron más de la mitad de los éxodos registrados en el país durante esos años. Detrás de esa cifra —abstracta, brutal— hay procesos concretos, y La Dorada quedó en el corazón de uno de ellos.

Desde comienzos de los años ochenta, el Magdalena Medio se convirtió en laboratorio del paramilitarismo colombiano. El acuerdo académico sobre el origen del fenómeno es amplio: el paramilitarismo nació en la subregión sur —con epicentro en Puerto Boyacá, al otro lado del río frente a La Dorada— y desde allí se expandió de manera radial hacia el resto de la región y, después, hacia el país entero. En 1981 se consolidó allí el MAS, "Muerte a Secuestradores", uno de los primeros grupos irregulares nacidos con financiación de ganaderos y de un naciente sector narcotraficante bajo la bandera del combate a las guerrillas y al secuestro. De ese tronco surgieron las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá, que después se reconocerían como Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM), la expresión paramilitar más nítida de la región. Otros grupos —Los Tiznados, entre ellos— operaron en el mismo escenario.

La presencia del Estado en la región se limitó, durante esos años, casi exclusivamente al aparato militar. Esa ausencia de jurisdicción civil —de tribunales, de policía civil, de administración— abrió un vacío que las organizaciones irregulares llenaron: regularon precios, arbitraron conflictos por la tierra, cobraron impuestos, castigaron. Grandes ganaderos y comerciantes de la región integraron la célula original del paramilitarismo, en un pacto entre la élite ganadera regional y la fuerza pública que fue el ADN original del fenómeno.

A finales de la década de 1980, ese modelo entró en crisis. Sostener un aparato paramilitar en armas y en expansión se volvió prohibitivamente costoso, y la ganadería extensiva —económicamente ineficiente por naturaleza— no daba para financiarlo. Fue entonces cuando el narcotráfico se convirtió en el factor dominante de financiación. Los narcotraficantes se involucraron en compras masivas de tierras y se convirtieron ellos mismos en terratenientes y ganaderos: se configuró así un sector social nuevo, que la literatura especializada, adaptando terminología de Fedegán, ha llamado narco-ganaderos. La violencia paramilitar y la acumulación acelerada de tierras marcharon juntas; el mecanismo no requiere descripción académica: donde había masacres, había desplazamiento; donde había desplazamiento, había tierra a bajo precio; donde había tierra a bajo precio, aparecían los nuevos dueños.

Ramón Isaza y la incursión a Caldas

El nombre que resume esa mutación en el flanco de La Dorada es el de Ramón Isaza. Narcotraficante antioqueño convertido en jefe paramilitar, Isaza levantó una fuerza propia en el Magdalena Medio antioqueño y, junto con sus hijos, la proyectó hacia el sur y el oriente, hasta hacerla presente en el oriente de Caldas. Durante años, La Dorada y Norcasia fueron los únicos municipios caldenses bajo influencia de las Autodefensas de Ramón Isaza; el resto del departamento —una zona con presencia guerrillera en los municipios cordilleranos— quedaba, todavía, fuera del alcance del clan.

Ese equilibrio se rompió en 1996. El 15 de julio de ese año, una masacre atribuida a paramilitares en el municipio caldense de Samaná abrió una nueva fase: las Autodefensas de Isaza iniciaron la incursión hacia Caldas más allá de La Dorada y Norcasia, y en los años siguientes su presencia se extendió a Victoria, Samaná y Pensilvania. La secuencia temporal es clara: desde la retaguardia doradense, el clan proyectó fuerza hacia la cordillera. La población campesina del sur y oriente de Caldas —Samaná, Pensilvania, Victoria, Norcasia— quedó atrapada, desde los años noventa, entre los fuegos cruzados de los paramilitares de Isaza y los frentes 9 y 47 de las FARC-EP. Masacres, asesinatos selectivos y desplazamientos masivos marcaron esa década.

En 1997, en el proceso de articulación nacional del paramilitarismo que dio origen a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), Ramón Isaza figuró entre los comandantes regionales integrados a la nueva estructura. La Dorada quedó así inscrita en la geografía de las AUC no como periferia sino como cabeza de puente: puerta de entrada al oriente caldense y bisagra con el eje Puerto Boyacá-Magdalena Medio.

Conviene, para no confundir referencias, aclarar que en Colombia existe otra "La Dorada" —un centro poblado en el municipio de San Miguel, Putumayo—, escenario también de acciones paramilitares del llamado Bloque Sur de Putumayo (BSP): allí, en episodios distintos a los del Magdalena Medio, el BSP convocó a los habitantes al parque principal, retuvo a la población durante cuatro horas y ejecutó a un hombre que intentaba escapar. La coincidencia toponímica ha llevado a confusiones ocasionales, pero se trata de dos historias territoriales separadas.

Cuando los gremios rompen el pacto

Uno de los rasgos más interesantes de la fase final del ciclo paramilitar es el giro del sector comercial local. Durante años, comerciantes y ganaderos habían sido, cuando no financiadores, al menos vecinos silenciosos del proyecto paramilitar en el Magdalena Medio. Ese pacto tácito se rompió cuando el paramilitarismo se volvió depredador hacia sus propios sostenes: cuando el secuestro, la extorsión y la muerte alcanzaron a los mismos actores económicos que antes habían pagado la vacuna.

El 28 de febrero de 2005 fue asesinado en La Dorada —en este caso la del Putumayo, aunque el episodio es ilustrativo de un fenómeno más general— el comerciante José Hurtado, por liderar una protesta contra el secuestro de otro comerciante que había cometido el BSP el 27 de enero de ese año. El giro es el que interesa: los gremios locales, hartos del costo del dominio paramilitar, empezaron a moverse contra sus antiguos aliados. Esa disputa entre paramilitares y sectores comerciales es una de las claves para entender por qué, hacia mediados de la década, el ciclo entró en su fase de descomposición y desmovilización.

En Barrancabermeja, entretanto, ocurrió el episodio urbano más elocuente de la disputa territorial paramilitar-guerrilla del período. El 25 de mayo de 1998, un comando paramilitar incursionó en barrios de las comunas nororiental y suroriental de la ciudad, asesinó a siete pobladores y se llevó vivos a otros veinticinco. Fue el inicio de la urbanización de la guerra: entre 1998 y 2002, la capital petrolera del Magdalena Medio se convirtió en una de las ciudades más violentas del país, con los paramilitares pasando de operaciones encubiertas a presencia abierta en barrios antes controlados por milicias urbanas del ELN y las FARC. La Dorada no vivió una batalla urbana equivalente, pero su tejido cotidiano —el del comercio, el transporte y la ganadería— quedó atravesado por esa misma lógica de disputa territorial que definió la región.

Migrantes andinos, ciudad ribereña

Sobre la trama económica y sobre la trama violenta se ha ido construyendo, entretanto, una vida urbana. La subregión sur del Magdalena Medio, y La Dorada en particular, es un producto demográfico de las migraciones andinas: gente bajada desde la cordillera Central —de Antioquia, del Tolima grande, del Viejo Caldas, de Boyacá— hacia la llanura aluvial. Ese origen serrano explica muchas cosas: el peso de la ganadería, importada del modelo antioqueño; el catolicismo tradicional; la estructura familiar extendida; la mentalidad comercial de sus élites y —de nuevo— su relativa afinidad con la política bipartidista, extraña en el resto de la región.

La ciudad hoy es cabecera funcional del Magdalena Medio sur, hospedaje de paso, centro comercial regional, punto de servicios para las ganaderías y las agroindustrias de su hinterland. Sus corregimientos de Purnio y Guarinocito articulan el vínculo con las ciénagas y con el río. La Ciénaga del Silencio, el pescado, el turismo fluvial modesto y las playas del Magdalena hacen parte de una economía secundaria que se activa en temporadas. Todo el conjunto —el puerto, el hinterland ganadero, la ciudad de servicios— configura una entidad urbana que es cabeza real, aunque no formal, de una porción amplia del Magdalena Medio.

La huella: memoria, verdad y disputa por el relato

En el proceso de reconocimiento del conflicto armado colombiano y del trabajo de esclarecimiento histórico impulsado tras el Acuerdo de Paz de 2016, La Dorada quedó formalmente inscrita como escenario de memoria. La Comisión de la Verdad instaló allí una de sus Casas de la Verdad, dentro de la red territorial de veintiocho sedes que el organismo estableció en el país, y el municipio funcionó también como centro de investigación territorial de la Comisión. Esa instalación reconoció, en la práctica, lo que la historia regional ya había mostrado: que La Dorada no es sólo un puerto y un nudo de carreteras, sino un punto donde se decidieron —y se destruyeron— vidas por miles a lo largo de casi tres décadas de conflicto.

La memoria del municipio está, así, tironeada por relatos en tensión. Está la memoria industriosa de la fundación: el ferrocarril inglés, el cable aéreo, los comerciantes fundadores, la prosperidad del puerto que unió el café de Manizales con el Magdalena. Está la memoria política de la ciudad bipartidista, con sus convenciones, sus arrestos y sus debates en el Congreso. Y está la memoria oscura del paramilitarismo, de la ganaderización violenta del territorio, de las masacres del oriente caldense, de la expansión del clan Isaza desde el puerto hacia la cordillera, del narcotráfico como financiador y como propietario, del desplazamiento forzado y de los muertos.

Ninguna de esas tres memorias cancela a las otras. La Dorada es, hoy, las tres a la vez: el puerto pujante, la ciudad política y el escenario del conflicto. Y esa superposición es probablemente la clave de su identidad. Fue nodo antes que Caldas —antes de la creación del departamento en 1905 y desde luego antes de que se organizara la vida caldense moderna—; fue estación ferroviaria antes que capital regional; fue puerto de trasbordo antes que centro urbano. Su gramática fundamental es la del paso, la del cruce, la de la conexión. Ese carácter le dio prosperidad y modernidad tempranas, y ese mismo carácter la convirtió en pieza codiciada por actores armados que entendieron, tanto o mejor que los colonos y los comerciantes del siglo XIX, el valor estratégico de un nudo en el medio del río.

La historia de La Dorada, en el fondo, es la historia de esa condición doble: la de haber sido siempre encrucijada útil y encrucijada disputada. Su prosperidad y su tragedia comparten la misma raíz geográfica —el río, la vía férrea, la carretera— y la misma raíz humana: la de una ciudad hecha por gente que vino de otras partes a instalarse en el sitio exacto donde el país cambia de medio de transporte, cambia de región y, en más de un sentido, cambia de destino.

Conexiones

El territorio en el archivo

Dónde aparece y con qué se relaciona

Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

28 documentos · 29 fragmentos
01
Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 144
1 cita
[1]

La Miel, Cimitarra y Opón, Lebrija, Nare, Carare y Sogamoso, además de una serie de pequeños afluentes. Cuando llega a Puerto Berrío, a más o menos doscientos kilómetros en línea recta desde Honda, es más del doble de ancho —casi quinientos cincuenta metros—. Al acercarse a los humedales y la ciénaga de Simití, otros…

p. 144
02
Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 111
1 cita
[2]

Caldesa S.A. Puerto Nare ha sido uno de los municipios de mayor explotación de mármoles y calizas en el distrito minero que com- prende también los municipios de Puerto Berrío, Maceo y Puerto Triunfo. El Magdalena Medio es una región geográ fi ca que se encuentra ubicada en el centro de Colombia, entre las cordilleras…

p. 111
03
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 177
1 cita
[3]

su cuenca se desarrollaron acontecimientos históricos de tal magnitud, que decidieron la suerte del país. Fue, y es, «el río de la Pa- tria». Aunque en el pasado sólo dio lugar para el asiento humano en su curso medio superior y especialmente en el alto curso, el cauce inferior sólo sirvió como vía de co- municación.…

p. 177
04
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 37
1 cita
[4]

nieves perpetuas y páramos interminables a la vista, conviven el frailejón, el cañizo y el romero en absoluta quietud y en un silencio que solo se altera con el sobrevuelo del águila. Allí, colchones de musgo, que actúan como esponjas de la naturaleza, gota a gota forman los ríos que marcan la geografía y la historia…

p. 37
05
Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 374
1 cita
[5]

de ruta inevitable hacia y desde el exterior y, en forma concordante, aumentó progresivamente la navegación. Pero, no obstante su importancia histórica y el creciente tráfico en ambas direcciones, durante el largo periodo transcurrido desde la fundación por los españoles de los principales puertos ribereños y la…

p. 374
06
Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 220
1 cita
[6]

y financiación de los estados, se definieron los trazos más o menos inconexos de los ferrocarriles propuestos como parte de hipotéticas líneas interoceánicas. Además del ferrocarril de Panamá, terminado en 1856 por una compañía de capital norteamericano, se iniciaron las siguientes líneas: 1. Barranquilla-Sabanilla:…

p. 220
07
Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 399
1 cita
[7]

The Manizales Rope Way Ltd. 200.000 _______ Fuente: Francisco Posada Díaz, Colombia: violencia y subdesarrollo (Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1969), p. 76 y Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia (Medellín, Santa Fe, 1955), p. 352. El siglo xix fue escenario de la inversión inglesa en los…

p. 399
08
El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 307
1 cita
[8]

año I925, p. 94. Todos los puertos fluviales del Magdalena eran focos de este tipo de enfermedades, principalmente Girardot, La Dorada, Puerto Berrío y Barrancabermeja. 305 EL CAFÉ EN COLOMBIA La pobreza campesina se abate un poco y la región se integra mucho mejor a la red de comunicaciones del país. En 1917-1918 el…

p. 307
09
Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 524
1 cita
[9]

ferrocarril de Panamá— 655. La guerra de 1899 causó la destrucción de vía y material que es de suponer, y retardó la construcción de ferrocarri- les por muchos años. Algunos de ellos —Panamá, Barranquilla-Puerto Colombia, Calamar-Cartagena, Zulia-Cúcuta, y, parcial- mente, el de La Dorada— habían alcanzado sus…

p. 524
10
Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 200
1 cita
[10]

la exportación los hicieron viables para los inversionistas: la navegación a vapor y los ferrocarriles. Respecto del primer sistema, ya en el decenio de 1820 fue aprobado por el gobierno de Bolívar y Santander un privilegio para que el empresario alemán, nacionalizado colombiano, Juan Bernardo Elbers adelantara la…

p. 200
11
Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 192
1 cita
[11]

the coast and the exterior. Thus, steamship transportation along the Magdalena River is now a mere memory. The Magdalena River was not the only waterway that served to facilitate steamship navigation. The Atrato River on the west coast was a key trans- portation route. The Esmeralda arrived in Quibdó in 1852 and was…

p. 192
12
El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 16
1 cita
[12]

latifundio ganadero, la alta inversión pri- vada y la explotación minera. En esta subregión, cuyos centros económicos más importantes son La Dorada y Puerto Boyacá, predominan las migraciones de la región andina. También se 9 Conferencia Episcopal Colombiana. http://www.cec.org.co/img_upload/8403bf…

p. 16
13
Seminario los procesos de paz en Colombia: experiencias y propuestas desde las ciudades regiones. Propuestas en siete ciudades-regiones de Colombia: Barrancabermeja (Magdalena Medio), Cali (Valle del Cauca), Medellín (Antioquia), Pasto (Nariño), Sincelejo (Montes de María), Tibú (Catatumbo) y Bogotá DCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 120
1 cita
[13]

silícea, la explotación de la minería y, recientemente, el descubrimiento de yacimientos de carbón, gas y esmeraldas. A lo cual hay que agregar: ü La variedad de actividades comerciales y turísticas que se entrecruzan y pasan necesariamente por la región hasta el centro del país, a puertos y puntos estratégicos del…

p. 120
14
El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 311
1 cita
[14]

temprano como en la célula inicial del Magdalena Medio. Pero solo se convirtió en un factor dominante a finales de la década de 1980, cuando los eos tos de mantener el aparato militar subieron de manera prohibitiva, Una economía tan ineficiente como la ganadería extensiva no podía ya sostener el esfuerzo. El…

p. 311
15
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 43
1 cita
[15]

del sur de Antioquia, desde el río Cauca hasta el río Magdalena. La economía de municipios como Aguadas, Pácora, Salamina, Aranzazu, Manzanares, Marulanda, Marquetalia, Pensilvania y Samaná gira en torno al café, aunque también se destacan cultivos de plátano y en la última década se ha consolidado un creciente…

p. 43
16
Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 136
1 cita
[16]

del corre- gimiento. Treinta policías que arribaron hacia las diez y media de la mañana fueron emboscados en la vía a Berlín; uno de ellos resultó herido (La Patria, 1996, 23 de febrero). La respuesta paramilitar se daría con una masacre en Samaná: “El 15 de julio de 1996 integrantes de un grupo paramilitar asesinaron…

p. 136
17
Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 147
1 cita
[17]

liderado por Pablo Escobar, y orientado a forzar al Gobierno a suspender la extradición de narcotraficantes a Estados Unidos. El sucesor de Barco, César Gaviria, ofreció como alternativa a la confrontación terrorista la política de sometimiento a la justicia y aceptó prohibir la extradición en la reforma…

p. 147
18
La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 258
1 cita
[18]

Bolívar (San Pablo, Morales y Simití) y Cesar (Gamarra y San Alberto). La Rochela: memorias de un crimen contra la justicia 260 en la segunda estos provinieron principalmente del Bajo Magdale- na, Bolívar y las sabanas de Sucre y Córdoba. 3 Es imprescindible señalar que el Magdalena Medio adquirió su identidad por la…

p. 258
19
Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 22
1 cita
[19]

y se consolidaron como grupo guerrillero predominante. Durante los años ochenta aparecieron varios grupos armados que fueron la base del paramilitarismo, entre ellos MAS (Muerte a Secuestradores), Los Tiznados y las Autodefensas de Puerto Boya - cá, quienes luego se reconformarían como ACMM (Autodefensas Campesinas…

p. 22
20
Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 52
1 cita
[20]

siones, excesivas generalizaciones y al desconocimiento de la com- plejidad de los procesos experimentados en esa área del territorio colombiano” (página 22). Empero, esa falencia se ha ido subsa- nando: antes, Vásquez (2006) y, posteriormente, los informes del CNMH han contribuido a establecer los factores y…

p. 52
21
El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 33
2 citas
[21]

y mapas, así como la colaboración con el proceso de edición. Al igual que con todos los informes de esta serie, a la Dirección Técnica de la DAV le correspondió la dirección general en términos de orientación, acompañamiento y revisión detallada del conjunto del texto y de su proceso de consolidación y edición. Álvaro…

p. 33
[22]

y mapas, así como la colaboración con el proceso de edición. Al igual que con todos los informes de esta serie, a la Dirección Técnica de la DAV le correspondió la dirección general en términos de orientación, acompañamiento y revisión detallada del conjunto del texto y de su proceso de consolidación y edición. Álvaro…

p. 33
22
Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 150
1 cita
[23]

afectando el 60 por ciento de los mu- nicipios del territorio nacional (ver Mapa 4). Al analizar la magnitud del desplazamiento a nivel regional, tres regiones sobresalen como las mayores expulsoras y represen- tan más de la mitad de los éxodos registrados en este periodo: Urabá; Magdalena Medio; y Alto Sinú y San…

p. 150
23
¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 116
1 cita
[24]

AUC hacia el Meta estuvo acompañado por una ofensiva sobre la zona norte del Magdalena medio: el 25 de mayo de 1998, un comando de los paramilitares incursionó en varios barrios de las comu- nas nororiental y suroriental de Barrancabermeja, donde asesinó a siete pobladores y se llevó vivos a otros 25. Esta acción…

p. 116
24
Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 257
1 cita
[25]

del BSP en La Dorada. Con el transcurrir del tiempo y por los efectos devastadores del dominio paramilitar, la opinión de los gremios de La Dorada frente al BSP cambiaría radicalmente. El caso más conocido es el del comerciante José Hurtado, quien fue asesinado el 28 de febrero de 2005 por liderar una protesta 258…

p. 257
25
No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 47
1 cita
[26]

una presencia pre- dominante, sobre todo en las zonas más alejadas. Es así como en los años ochenta la disputa por el control territorial en el Magdalena Medio –región donde se encuentra ubicado Simacota– tuvo como actor principal a los grupos paramilitares, en parti- cular el Muerte a Secuestradores (MAS), que se…

p. 47
26
María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 182
1 cita
[27]

Fueron ellos quienes, al llegar a Bogotá, denunciaron el atropello en la Cámara de Representantes. El general Joaquín Tiberio Galvis expuso ante los parlamentarios de izquierda la verdad de los hechos, pues lo que decían las noticias era que los revolucionarios estaban armados y preparaban la revolución. Los hechos de…

p. 182
27
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 23
1 cita
[28]

investigación ubicados en Aguachica, Apartadó, Arauca, Barrancabermeja, Bogotá, Bucaramanga, Buenaventura, Cali, Cúcuta, Cundinamarca-Boyacá, Florencia, Ibagué, La Dorada, Medellín, Montería, Neiva, Pasto, Pereira, Popayán, Puerto Asís, Quibdó, San José de Guaviare, Santa Marta, Sincelejo, Tumaco, Valledupar,…

p. 23
28
En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 24
1 cita
[29]

motivo de la fiebre de la quina o cascarilla. El despoblamiento de nativos hecho por quineros y cazado- res fue, según Rodríguez Plata, (citado en Jacque April-Gniset, 1997, p. 11) alarmante: "De 15.000 en 1860 a 10.000 en 1880, a 5.000 en 1900, a 1.000 en 1910, a 500 en 1920, y dos docenas en 1925". Todavía en 1924,…

p. 24