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Idea · Conquista

Ganaderización

La ganaderización designa el proceso por el cual el ganado europeo —bovino, equino, porcino, ovino y caprino— se convirtió, entre finales del siglo XV y las últimas décadas del XVI, en el principal instrumento de ocupación del territorio que hoy es Colombia, precediendo a la titulación formal, transformando ecosistemas y reordenando el trabajo indígena.

4.050 palabras32 documentos38 fragmentos citados
Ganaderización

Trayectoria de una idea

  1. 1493

    Bulas papales y primer marco jurídico del traslado ganadero

  2. 1499

    Primer desembarco europeo en territorio colombiano

  3. 1525

    Introducción de ganado en Santa Marta y el litoral caribe

  4. 1538

    Ganado en el altiplano muisca: caballos y marranas en la fundación de Bogotá

  5. 1560

    Consolidación del mercado agropecuario neogranadino y destrucción de sementeras indígenas

  6. 1573

    El hato de Arma y el ganado cimarrón en el valle de Aburrá

  7. 1590

    Composiciones: la Corona sanciona lo que el ganado ya había ocupado

03

La lectura

La ganaderización no fue un efecto secundario de la Conquista sino uno de sus mecanismos más eficaces: los animales europeos ocuparon territorios, destruyeron economías indígenas y produjeron hechos territoriales que la administración colonial apenas alcanzaba a sancionar por escrito. Su lógica fue biológica antes que jurídica: el ganado se multiplicaba, se alzaba y definía quién tenía derecho a qué mucho antes de que llegara la merced o la composición. El reparto zoológico del Nuevo Reino tuvo además una geografía social precisa —caballos para los señores, vacunos para los ricos, ovejas para los campesinos, cerdos para todos—, de modo que la jerarquía ibérica viajó encarnada en los propios animales. La destrucción de sementeras indígenas por el ganado errante no fue accidental: liberó tierra, desarticuló economías de subsistencia y empujó a los nativos hacia el trabajo concertado en las estancias españolas, cerrando un círculo en el que el animal actuaba como agente involuntario de la expropiación. El mercado interno neogranadino que emerge hacia 1580 —harinas de Tunja, jamones del altiplano, reses de Arma— es en buena parte hijo directo de esa violencia silenciosa que comenzó con los primeros rebaños desembarcados en las Antillas.

La ganaderización de la Conquista

La ganaderización designa el proceso por el cual el ganado europeo —bovino, equino, porcino, ovino y caprino— se convirtió, entre finales del siglo XV y las últimas décadas del XVI, en el principal instrumento de ocupación del territorio que hoy es Colombia. No fue un efecto colateral de la Conquista ni un simple traslado zoológico. Fue un dispositivo activo que precedió a la titulación, transformó ecosistemas enteros, reordenó el trabajo indígena y produjo, con la fuerza silenciosa de los rebaños, hechos territoriales que la Corona y sus audiencias apenas alcanzaban a sancionar por escrito. Cuando en 1590 las composiciones empezaron a sanear títulos y usurpaciones, los animales llevaban casi un siglo definiendo, con sus rutas de pastoreo y su capacidad de multiplicarse en tierras sin dueño formal, quién tenía derecho a qué. La ganadería colonial temprana no se explica por la voluntad de un solo hombre ni por la lógica de una sola institución: es el resultado de una fuerza biológica y económica que distintos actores —conquistadores, encomenderos, indígenas, mestizos, zambos, agregados— capturaron de manera desigual, y que marcó la estructura agraria del país.

Un mundo americano sin ganado mayor

La escala del cambio se entiende mejor recordando lo que no existía. Antes de 1493, en las tierras del Nuevo Reino no había vacas, ni caballos, ni cerdos, ni ovejas, ni cabras. El ganado bovino doméstico había sido domesticado hace entre siete mil y nueve mil años en el noreste africano, en la frontera entre Sudán y Egipto, en un proceso paralelo al ocurrido en Asia Menor; su ancestro salvaje, el auroch, sobreviviría en los bosques de Polonia hasta extinguirse en 1627. La península ibérica había recibido esa herencia zootécnica y le había añadido siglos de práctica pastoril: cuando los Reyes Católicos aceptaron, mediante las bulas del papa Alejandro VI de 1493, los derechos de "príncipes cristianos" sobre las tierras descubiertas, disponían de un repertorio ganadero maduro y de una cultura señorial que consideraba al caballo signo de nobleza y a los rebaños medida de riqueza.

Los animales viajaron en las bodegas de los barcos desde los primeros años. Cuando en 1499 Alonso de Ojeda, acompañado de Américo Vespucio, tocó el Cabo de la Vela en la península de La Guajira —el primer desembarco europeo en lo que hoy es Colombia—, en las Antillas ya se multiplicaban los cerdos, las vacas lecheras, las cabras y los caballos traídos desde España. Las islas funcionaron como criaderos y trampolín. De ellas saldrían, décadas después, los animales que Rodrigo de Bastidas embarcó hacia Santa Marta en 1525, los que Pedro de Heredia llevó a Cartagena en 1533 y los que Sebastián de Belalcázar arreó desde el sur hasta la fundación de Popayán, Cali y, en 1538, hasta la sabana muisca. El Nuevo Mundo era, jurídicamente, reserva y propiedad de la Corona; en la práctica, la Corona cedía a los conquistadores privilegios sobre el suelo y sus habitantes, y los conquistadores cedían al ganado la vanguardia de la ocupación.

El caballo, o la Conquista como aristocracia armada

De todos los animales embarcados, el caballo era el más costoso y el más simbólico. Junto con las armas de fuego, la pólvora y las armaduras, formaba el núcleo del equipamiento de una hueste, y su posesión —de carácter individual, no estatal— estratificaba internamente cada expedición desde antes de zarpar. Ir a caballo no era un detalle logístico: era una condición social. En la Nueva Granada colonial, el ganado caballar quedó restringido a señores, hacendados y caciques de la antiélite, conservando los rasgos aristocráticos del sur de Europa y reforzando, en suelo americano, la estructura señorial ibérica.

Los registros de las expediciones confirman esa centralidad. En la campaña de Gonzalo Jiménez de Quesada al altiplano muisca, los caballos aparecen una y otra vez: por su costo, por los ejemplares muertos en la travesía por el Magdalena y las estribaciones andinas, por su presencia en los momentos decisivos del avance. Pedro Cieza de León, cronista y expedicionario, recorrió el occidente colombiano entre 1535 y 1536 a pie y a ratos a caballo por las estribaciones de las serranías de Abibé y Ayapel, uso mixto que revela lo precioso del recurso: no se cabalgaba por gusto, se cabalgaba cuando el terreno lo permitía y el animal aguantaba. En 1538, cuando Belalcázar ascendió desde el sur al altiplano y su tropa se anunció con "numerosos caballos", el dato fue transmitido a Jiménez de Quesada como señal de poderío militar: contar caballos era contar poder.

Ese mismo año, tras el encuentro de los tres conquistadores en la sabana —Jiménez de Quesada, Belalcázar y Nicolás de Federmán—, la partida hacia España a disputar sus derechos dejó en la recién fundada Bogotá unos cuatrocientos hombres y ciento cincuenta caballos. La cifra importa: ciento cincuenta caballos en una ciudad de cuatrocientos hombres era una densidad ecuestre extraordinaria, y sentaba las bases de una élite urbana que se pensaba a sí misma como caballería. La fundación de Cartagena por Heredia en 1533, la de Santafé en 1538, la de Tunja por Gonzalo Suárez Rendón en 1539, la de Vélez, la de Cartago por Jorge Robledo en 1540 fueron el mecanismo por el que los conquistadores —los que iban a caballo— se autoproclamaron nueva élite indiana, convirtiendo el mérito militar en título, encomienda y cargo burocrático. El caballo, animal caro y escaso, fue el primer filtro social del régimen colonial.

Cerdos, ovejas y cabras: la ganadería de los otros

Mientras el caballo se estratificaba hacia arriba, otros animales se difundieron por rutas más democráticas y más rápidas. El cerdo llegó con los primeros barcos y, en el altiplano muisca, dejó una huella temprana: cuando los tres conquistadores partieron de Bogotá en 1538, dejaron atrás trescientas marranas preñadas. La cifra, insignificante en apariencia, es reveladora: en una ciudad de fundación reciente, con cuatrocientos hombres y ciento cincuenta caballos, había ya el plantel reproductivo de una piara considerable.

El cerdo tuvo, además, una función simbólica peculiar en la sociedad colonial: poseer piaras alejaba sospechas sobre la condición de cristiano nuevo del dueño. En una cultura obsesionada con la limpieza de sangre, el marrano era prueba de ortodoxia, garantía tácita de que su propietario no descendía de judíos ni de musulmanes conversos. Este uso religioso-legal del ganado porcino, importado tal cual desde la península, viajó con los animales. Y con ellos viajó también su doble condición de arma y compañía: el cerdo europeo, como el perro, fue instrumento de ataque en los primeros años —hozando sementeras indígenas, destrozando cuerpos en las razias— y luego, en un proceso cuyos pasos son difíciles de reconstruir, se volvió compañero constante del campesino andino, componente inseparable del solar campesino.

La oveja siguió una trayectoria aún más notable. Su difusión entre los indígenas fue en algunos casos espontánea: llegó a regiones donde los españoles aún no habían establecido presencia efectiva, adoptada por comunidades que la incorporaron a su economía doméstica. De ahí la tradición, todavía viva, de considerarla "la caja de ahorros del pobre": animal que se reproducía sin exigencias mayores, ofrecía lana, leche y carne, y cuyo valor podía realizarse en el mercado local sin depender de las grandes cadenas comerciales. La región de Tunja se consolidó desde el siglo XVI como un importante centro de pastoreo ovino y de tejidos de lana y algodón, con mercado que iba desde la región minera de Pamplona en el norte hasta Almaguer en el sur. En las sabanas del Caribe, la ganadería ovina se desarrolló casi monopólicamente sobre otras formas de crianza, en un proceso donde blancos criollos, indígenas y negros contribuyeron conjuntamente a la formación de la hacienda.

La cabra completó el cuadro, adaptándose especialmente a zonas semiáridas como La Guajira, donde encontraría un nicho ecológico que la convertiría, con el tiempo, en signo de identidad regional. El reparto zoológico del Nuevo Reino tuvo, así, una geografía social precisa: caballos para los señores, vacunos para los ricos como capital acumulable, ovejas para los campesinos, cerdos para todos, cabras para las tierras pobres. El ganado no llegó a América en abstracto; llegó ya jerarquizado.

La vaca y la producción del hecho territorial

El ganado vacuno fue, entre todos, el que más transformó el territorio, y lo hizo con una lógica peculiar: multiplicándose. En las zonas de ladera y piedemonte donde inicialmente se manejó, las reses se reproducían con rapidez, escapaban a la vigilancia y ocupaban espacios que nadie había titulado. Ese fenómeno —el ganado alzado, el ganado cimarrón— fue uno de los mecanismos silenciosos por los que la ganaderización precedió a la propiedad.

El caso del valle de Aburrá ilustra el proceso con nitidez documental. En 1573, un hato de quinientos animales fue arreado desde Arma, en el sur antioqueño, hasta las minas de Remedios, ruta ganadera que ya conectaba las regiones productoras con los centros mineros del norte. En el camino, más de un centenar de reses se extraviaron en el valle de Aburrá, entonces poco poblado por españoles. Ocho años después, en 1581, el yerno del dueño original del hato solicitó una concesión de dos leguas cuadradas cerca de Guarne para establecer una estancia: alegaba que los animales extraviados se habían multiplicado enormemente y que gente sin escrúpulos los mataba causándole grave perjuicio. La secuencia es reveladora: primero llegó el ganado, luego se multiplicó sin dueño, luego —solo luego— llegó la solicitud de merced que retroactivamente ordenaba el territorio en función de esa presencia animal. El hato precedió a la hacienda; el ganado cimarrón fue el argumento que justificó la propiedad.

Un mecanismo análogo operaba desde los Llanos Orientales. Ya en el siglo XVI, vaqueros salidos de Tunja rodeaban el ganado cimarrón que vagaba por las llanuras y lo arreaban hacia la cordillera para venderlo en Sogamoso, estableciendo un nexo entre Casanare y el altiplano boyacense cuya antigüedad se remonta a esos primeros decenios. El capitán Pedro Daza había salido de Tunja para fundar Santiago de las Atalayas, primera ciudad española en los llanos, y desde ella se organizó el vínculo económico entre las dos regiones. La ganadería llanera, que se consolidaría plenamente en el siglo XVII con la conquista progresiva de los llanos y su tránsito de agricultura a ganadería de subsistencia, ya en el XVI había producido un flujo comercial que dependía de la capacidad del ganado para hacerse cimarrón y del vaquero para volverlo mercancía.

Las quejas por destrucción de sementeras indígenas hacia 1560 completan el cuadro. En las regiones de Santa Fe, Tunja y Pamplona, donde para entonces se cultivaba maíz y cebada en las fincas españolas, el ganado de los europeos irrumpía en los cultivos nativos y los arruinaba. En la década siguiente, esas mismas regiones abastecían con harinas, jamones y quesos a las zonas mineras y a los puertos del Magdalena y Cartagena: la agricultura española se consolidaba en el mismo movimiento en que el ganado destruía la agricultura indígena. No era casualidad ni descuido: la destrucción de sementeras liberaba tierra y forzaba a los indígenas a buscar trabajo asalariado o concertado en las estancias españolas, cerrando un círculo en el que el animal actuaba como agente involuntario —o no tanto— de la expropiación.

Ese círculo produjo, con el tiempo, una economía articulada. Las harinas de Tunja bajaban por caminos de recuas al puerto de Honda; los quesos y jamones del altiplano seguían la misma ruta hacia el bajo Magdalena y Cartagena; las reses de Arma engordaban en las estribaciones antioqueñas antes de morir junto a las minas de Remedios. Cada uno de esos flujos había nacido de una sementera arruinada, de una legua ocupada por reses sin marca, de un vaquero que rodeaba en la sabana lo que nadie había titulado. El mercado interno neogranadino, tal como emerge hacia 1580, es en buena parte hijo directo de esa violencia silenciosa.

Encomienda, resguardo y la sanción tardía del despojo

La ganaderización se articuló, desde el principio, con el sistema de trabajo colonial. La encomienda, base institucional de las primeras décadas, consistía esencialmente en la cesión al conquistador de los tributos de un grupo indígena, tributos que podían pagarse en trabajo, bienes agrícolas u otras mercancías. Sobre esa base, el repartimiento entregaba a los encomenderos una fuerza laboral que podían utilizar, con pocos límites efectivos, en la explotación que libremente escogieran. Las primeras propiedades agrarias españolas surgieron alrededor de los aposentos de los encomenderos, ubicados en las inmediaciones de los asentamientos indígenas; y cuando la población nativa comenzó a disminuir —de manera alarmante ya a comienzos del siglo XVII—, las tierras vacantes fueron incorporadas al núcleo del aposento, ampliando la base territorial del encomendero sin necesidad de nueva titulación.

La caída demográfica fue el trasfondo de toda la ganaderización, y sus dimensiones fueron brutales: la provincia de Tunja pasó de unos 215.000 indígenas en 1537 a 25.000 en 1757, una caída del noventa por ciento; Cartago perdió el 97% de su población nativa en cincuenta años; los Quimbaya se redujeron a una fracción mínima en cuatro décadas. Las consecuencias territoriales fueron enormes. Menos indígenas significaba menos tributarios, menos mano de obra y —cruzando el umbral hacia lo agrario— más tierras "vacas", vacías de moradores, disponibles para nuevas mercedes.

El resguardo, institución impulsada por la Corona presuntamente como medida proteccionista, terminó operando en ese contexto como mecanismo de concentración funcional al despojo. Al reducir a los indígenas dispersos en núcleos delimitados —donde recibían entre una y dos hectáreas por cabeza, superficie insuficiente para generar excedentes pero que los mantenía atados al pago de tributos y al trabajo en las estancias españolas—, el resguardo dejaba libres franjas amplias de terreno que podían ser declaradas vacías y solicitadas en merced. La secuencia no siempre fue explícita en los documentos, pero su lógica es transparente: concentrar para liberar, liberar para conceder, conceder para consolidar la hacienda.

Las mercedes de tierra, otorgadas por las audiencias y los gobernadores, y las composiciones posteriores a 1590 —mecanismo mediante el cual la Corona regularizaba, a cambio de pagos, títulos precarios o usurpaciones anteriores— constituyeron el aparato jurídico con que el Estado colonial reconoció ex post lo que el ganado y los encomenderos ya habían hecho en el terreno. La composición de 1590 no fue el inicio de la propiedad agraria en el Nuevo Reino: fue su ratificación tardía. El régimen tributario, entre tanto, obligaba al indígena a cubrir cuatro cargas simultáneas: la pensión al encomendero, el quinto al Rey, el estipendio del cura doctrinero y el salario del corregidor. Esa presión combinada empujó la evolución del trabajo desde la coerción absoluta de la encomienda hacia el sistema de conciertos. En él, la mano de obra se distribuía por vía político-administrativa y el indígena aparecía formalmente como trabajador libre.

La geografía diferenciada del hato

Hacia finales del siglo XVI, la ganaderización había producido varias geografías, no una sola. La Sabana de Bogotá y la región de Tunja funcionaban como un complejo agrícola-ganadero de tipo europeo: trigo, cebada, ovejas, tejidos de lana y algodón, jamones y quesos que hacia la década de 1570 ya salían hacia las zonas mineras y los puertos del Magdalena. Era un altiplano frío donde los campesinos indígenas participaban en el nuevo sistema productivo y donde la ganadería, sin desaparecer, coexistía con la agricultura cerealera y ovina.

La Costa Caribe desarrolló otra lógica. En las sabanas del San Jorge y Sucre, la ganadería mayor exigió un aprendizaje que los propios españoles peninsulares no poseían: sabían manejar ovejas, pero no conducir vacas por terrenos anfibios. Fueron los pobladores locales —criollos blancos, indígenas y negros— quienes desarrollaron ese saber, y en ese proceso conjunto se formó la hacienda ganadera costeña. Blancos pobres, mestizos y mulatos construyeron dentro de esa cultura anfibia fincas medianas y pequeñas, con formas de trabajo asalariado dentro del marco señorial general, sin que predominaran servidumbres distintas de la esclavitud africana. La ganadería costeña no fue exclusivamente de gran escala ni siempre irracional: incluyó desde el hato del gran propietario hasta la parcela mixta del pequeño ganadero, y esa heterogeneidad interna es tan constitutiva del hato costeño como la extensión que la memoria posterior le atribuyó.

Los Llanos Orientales configuraron una tercera geografía, apenas esbozada en el siglo XVI y consolidada en el XVII. Allí la ganadería se organizó en grandes hatos sin cercas, donde el ganado vivía semisalvaje y la riqueza se medía en cabezas más que en títulos. Surgió una figura social específica, el "agregado": agricultor-ganadero autónomo que vivía en semi-independencia de los grandes hatos, participaba en los rodeos y carecía de título de propiedad sobre la tierra que ocupaba. La técnica central era el rodeo, la captura de reses casi salvajes mediante enlazado en dominios sin límites físicos, y el llanero se parecía más al cazador que al pastor. Esta autonomía relativa, sostenida sobre la posibilidad biológica del ganado cimarrón, muestra que la ganaderización no fue solo dispositivo de despojo: hubo también, en los márgenes, apropiación desde abajo.

Pastos, sabanas y la transformación del paisaje

El ganado no se limitó a ocupar el paisaje: lo reconfiguró. Se discute si las sabanas neogranadinas son formaciones naturales condicionadas por suelo o inundación, o bosques sustituidos por vegetación herbácea mediante tala y quema constantes. Sea cual sea el origen, la presencia sostenida del ganado —con su ramoneo, su pisoteo y su tolerancia al fuego pastoril— expandió las zonas de pastizal a costa de la vegetación arbórea. En la Sabana de Bogotá, especies vegetales europeas introducidas más tarde —eucaliptos, pinos, acacias, y pastos como el kikuyo— desplazaron a las variedades nativas hasta el punto de que hoy resulta imposible imaginar ese paisaje sin ellas. El proceso de europeización ecológica, iniciado con la Conquista, se prolongó y profundizó en siglos posteriores, pero su matriz —la sustitución de ecosistemas autóctonos por asociaciones vegetales y animales importadas— se instaló en el XVI.

Las sementeras destruidas hacia 1560 fueron el primer signo de esa reconfiguración. El maíz, la papa, la quinua, los cultivos de tuberosas andinas cedieron espacio ante los pastos de las estancias y ante los trigales y cebadales de las fincas españolas. La transformación no fue lineal ni total: el maíz sobrevivió, el trigo nunca conquistó todos los pisos térmicos, la papa siguió siendo alimento indígena. Pero el balance vegetal del altiplano se inclinó irreversiblemente hacia las especies traídas, y ese cambio ecológico fue tanto causa como consecuencia de la ganaderización.

Los pastos, sobre todo, cambiaron la escala del tiempo agrario. Una sementera de maíz se siembra y se cosecha en el ciclo de un año; un pastizal, una vez instalado, se sostiene con quemas periódicas y con el propio pisoteo del ganado durante décadas. Cuando la merced se otorgaba sobre una legua de sabana, se otorgaba también, implícitamente, sobre un régimen temporal distinto: el de la propiedad extensiva, permanente, transmisible sin necesidad de trabajo continuo. Esa temporalidad del pasto, tan distinta del ciclo agrícola indígena, es una de las herencias más duraderas de la ganaderización.

La red humana del ganado

Detrás de cada rebaño había nombres, y detrás de cada nombre una jerarquía. Los conquistadores que condujeron las primeras huestes son, en la crónica de sus ciudades, fundadores; en la historia del ganado, son eslabones de una misma cadena de arreo. Jiménez de Quesada subió por el Magdalena desde Santa Marta en 1536 contabilizando caballos como se contabilizaba el oro. Belalcázar arreó desde Quito el ganado que pondría las bases de la ganadería del suroccidente y llegó a la sabana en 1538 con una tropa cuya sola mención de "numerosos caballos" se leyó como amenaza militar. Federmán, en nombre de los Welser, ascendió desde Venezuela y confluyó ese mismo año con los otros dos: tres huestes convergiendo sobre un altiplano al que ningún cuadrúpedo europeo había pisado veinte años antes. Cada fundación posterior —Cartago abriendo la ruta entre el Cauca medio y Antioquia, Cartagena como puerto de entrada del ganado hacia el norte, Santa Marta y el Valle de Upar prolongando la presencia castellana en las sabanas caribeñas— fue también un nudo en la red de arreo.

Actuaban en un marco institucional que la Corona iba definiendo con retraso. Las bulas alejandrinas de 1493, la política de mercedes, el sistema de encomiendas y la ordenación posterior de resguardos y composiciones formaban un aparato que llegaba siempre después: los conquistadores fundaban ciudades, repartían indios, arreaban ganado y solicitaban a continuación los títulos que legalizaran lo actuado. Gonzalo Fernández de Oviedo, cronista mayor de Indias, registró desde su Historia general y natural la magnitud del cambio zoológico y vegetal que se estaba produciendo, y su testimonio permanece como uno de los principales archivos de la ganaderización temprana.

Pero la red no se agotaba en los conquistadores, y ese es el punto. Por debajo de la firma del encomendero se movía un mundo entero: los mayordomos y caporales que administraban los hatos cuando los propietarios vivían en la ciudad; los vaqueros asalariados; los concertados indígenas que prestaban trabajo individual; los agregados llaneros que operaban al margen de los títulos; los zambos, mestizos y negros que en la Costa Caribe aprendieron y enseñaron a conducir el ganado mayor por terrenos anfibios; los campesinos indígenas del altiplano que adoptaron la oveja como caja de ahorros y el cerdo como compañía. Sin ese sustrato, ningún hato se sostenía. La ganaderización fue obra de una red social amplia y jerárquica, y solo la firma final fue de la élite señorial.

La huella larga

Hacia 1600, la ganaderización había producido tres efectos duraderos. Primero, había sentado la base territorial de la hacienda, institución que se consolidaría en el siglo XVII con el nuevo flujo de mano de obra, el debilitamiento de la encomienda y la titulación de tierras a los antiguos encomenderos. La estructura social del hato colonial —propietario ausente residente en la ciudad, mayordomo administrador, caporales, vaqueros asalariados, concertados indígenas— configuraba una jerarquía semifeudal que se prolongaría, con variaciones, hasta bien entrado el siglo XX.

Segundo, había establecido la distribución diferencial del ganado como marcador social permanente. Los vacunos, monopolizados por los ricos como capital bancario acumulable; los caballos, restringidos a señores y hacendados; las ovejas, aceptadas ampliamente por los campesinos indígenas; los cerdos, presentes en casi todos los solares. Esa distribución, importada de Iberia y consolidada en el XVI, sigue marcando la estructura agropecuaria colombiana: la ganadería vacuna asociada a la gran propiedad, la ovina y la porcina a la economía campesina.

Tercero, había producido un cambio ecológico de largo aliento. La expansión de sabanas, la introducción de pastos europeos, la destrucción de sementeras nativas y la sustitución progresiva de la agricultura indígena por la ganadería y los cereales de Castilla transformaron el paisaje neogranadino de manera irreversible. Las prácticas extensivas y de mínima intervención descritas a comienzos del siglo XX —reses pastando sin cuidado, pariendo al descampado, recibiendo sal una vez al mes, grandes rebaños atendidos por un solo hombre— eran la prolongación directa del patrón instalado en la Conquista.

La herencia es ambivalente y esa ambivalencia es constitutiva. La ganaderización fue motor de expansión territorial y máquina de concentración. Produjo mercado interno y bloqueó la agricultura campesina. Consolidó a las élites y le dio al pobre su caja de ahorros ovina. Los tres verbos no se anulan: coexisten en el mismo animal, en el mismo hato, en la misma década. Fue elemento dinámico de la evolución agrícola colombiana desde el fin del período colonial hasta la gran expansión cafetera; fue también latifundio que desplazó al campesinado y bloqueó la diversificación agrícola. Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo, y solo el hato mismo, con su doble filo, las sostiene juntas.

Y sin embargo, el siglo XVI no admite reducirse a esa disputa. Lo específico de esos cien años no fue el diseño colonial —que llegó tarde— ni la voluntad de los conquistadores —que fue oportunista más que programática—, sino el encuentro entre una biología pastoril traída de Iberia y unas estructuras sociales que la capturaron a tirones. Los animales se reproducían solos, se alzaban solos, cimarroneaban solos, destruían sementeras y creaban pastos por su cuenta. Los hombres corrieron detrás, arrearon, marcaron, pidieron mercedes. Cuando el siglo cerró, el territorio ya había sido reescrito por pezuñas antes de que la pluma alcanzara a nombrarlo. Esa desincronía entre el hecho y el papel —entre el rebaño y el título— es la marca propia de la ganaderización de la Conquista, y su herencia más difícil de saldar.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Encomienda: institución colonial que articuló el trabajo indígena con la expansión ganadera, permitiendo a los encomenderos ampliar sus propiedades a medida que la población nativa disminuía y sus tierras quedaban vacantes.
  2. 02Latifundio: forma de propiedad agraria que emergió directamente del proceso de ganaderización, consolidándose especialmente en haciendas ganaderas de tierras calientes, frecuentemente en manos de órdenes religiosas y grandes propietarios.
  3. 03Resguardo: institución presuntamente proteccionista que, al concentrar a los indígenas en núcleos delimitados, liberó tierras circundantes que fueron incorporadas al proceso de expansión ganadera y latifundista.
  4. 04Hacienda colonial: unidad productiva que surgió en muchos casos a partir de los aposentos de los encomenderos y se consolidó sobre tierras ocupadas previamente por el ganado cimarrón, especialmente en regiones de tierras calientes.
  5. 05Frontera agraria: concepto que describe el avance continuo de la ganadería sobre territorios no titulados, proceso que en los Llanos Orientales se intensificó desde el siglo XVII transformando la agricultura de subsistencia en ganadería extensiva.
  6. 06Gonzalo Jiménez de Quesada: conquistador cuya expedición al altiplano muisca documentó extensamente el uso del caballo como instrumento militar y símbolo de poder, y que dejó en Bogotá en 1538 el plantel ganadero fundacional del altiplano.
  7. 07Sebastián de Belalcázar: conquistador que arreó ganado desde el sur hasta el altiplano muisca en 1538; su tropa fue anunciada a Jiménez de Quesada precisamente por el número de caballos que portaba, evidenciando el valor militar y simbólico del ganado equino.
  8. 08Sabana de Bogotá: territorio donde la ganaderización se manifestó tempranamente con la introducción de caballos y cerdos en 1538, y que hacia 1570 ya abastecía con productos ganaderos a las zonas mineras y portuarias del Nuevo Reino.
06

Documentos y fragmentos citados

32 documentos · 38 fragmentos

01Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 291 cita
[1]

Gonzalo Jiménez de Quesada sentó su real en la Sabana de Bogotá, mandó construir doce bohíos en memoria de las doce tribus de Israel en su estación de Elim... Esta puede ser la clave de la persistencia del trazado en damero y de la regularidad creciente de la manzana cuadrada en las ciudades americanas... El modelo de…

p. 29
02El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 118, 3452 citas
[2]

cada municipio colombiano con la historia minoica en su plaza taurina. Esros son eventos paradójicos de la historia, pues la especie habría sido domesticada en el noreste africano (frontera entre Sudán y Egipto) hace unos 7.000 a 9.000 años tras un largo proceso de selección en las sabanas y desiertos, un hecho que…

p. 345
[38]

les brinda ningún cuidadn a las reses; las vacas pastan, paren sus terneros al descampado y grandes rebaños de novillos engordan al cuidado de un sólo hombre. Cuando una res muere, siempre es a causa de una "peste". Los propietarios más esmerados sólo les dan sal una vez al mes, y muy de vez en cuando les sacan unos…

p. 118
03Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · p. 301 cita
[3]

grasa empacadas por la naturaleza. Los cocos que sobran, porque los pasajeros murieron antes de consumirlos, se tiran al mar Caribe una vez se avizora el puerto, y crecen entonces palmas en las costas. Si el español llegó con el cerdo, la vaca lechera, la cabra, las semillas; los negros llegan con su miseria, su…

p. 30
04¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 411 cita
[4]

o en los haberes de la población común y corriente. También, por razones obvias, adquirieron relevancia los cerdos, puesto que estos eran garantía de legalidad; así, tener piaras de puercos garantizaba que no hubiese lugar a sospechas sobre la naturaleza de los cristianos nuevos establecidos en una determinada región.…

p. 41
05Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 631 cita
[5]

otra cualquier ma- nera o naturaleza de piedras preciosas, así como perlas e aljófar de cualquier manera o calidad que sean, e asi- mismo mostros, animales o aves de cualquier natura- leza o cualquier calidad o forma que sean, e todas e cualesquier serpientes e pescados que sean; e asi- mismo toda manera de especería…

p. 63
06El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 282, 2882 citas
[6]

Castilla (1451-1504), y Fernando ii de Aragón (1542-1516), los «Reyes Católicos» de la España unificada. 144 Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano (1485-1547), con- quistador extremeño y capitán general de México que se llamó en esos años la Nueva España. 145 Francisco Pizarro González (1478-1541), el conquistador…

p. 282
[12]

relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…

p. 288
07Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 1421 cita
[7]

1 Heredia, Pedro de founder of Cartagena, 39 n. 9 governor of Cartagena, 9 n. 19, 29, 29 n. 17 Hernández, Gonzalo, 46 n. 25, 57 Hernández Gallegos, Diego, 42 n. 17, 49, 52 injured in battle, 57 Hierro Maldonado, Hernando, 96 n. 26 Hispaniola, 3, 32, 39 n. 8 horses, 21, 28, 29 n. 16, 35 n. 1, 72, 84, 88, 96, 97, 105,…

p. 142
08Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 511 cita
[8]

su costa donde padecieron muchos trabajos hambres y necesidades. (Yáñez, s. f.) La conquista de la Nueva Granada emerge entonces no solo como una aventura liderada por segundones y campesinos, sino también como una empresa familiar (Restall y Fernández-Armesto, 2013, p. 73). Como consecuencia de esto, dados los altos…

p. 51
09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 451 cita
[9]

tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…

p. 45
10La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 901 cita
[10]

habido variedades americanas, cf. Sauer, 1952, pp. 57-60), fue tan popular, entre los nativos que en muchos casos “volaba” delante de los conquistadores, difundiéndose 9 D e la subversión y la finali D a D histórica espont á neamente en regiones a las cuales los peninsulares todavía no habían llegado (Aguado, 1906, p.…

p. 90
11Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 291 cita
[11]

por Pedro de Heredia. En 1535 o 1536 desembarcó allí otro soldado- escritor, Pedro Cieza de León (nacido en Extremadura, España, alrededor de 1518 y muerto allí mismo en 1560). En la primera parte de su Crónica del Perú (publicada en España en 1553) Cieza de León dejó los primeros testi- monios sobre la conquista del…

p. 29
12Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 108, 1322 citas
[13]

ovina casi monopólicamente en detrimento de otras ganaderías, en América en general, y en el San J o r g e y sabanas en particular, los blancos criollos, indígenas y negros lograron inventar conjuntamente una institución fundamental: la hacienda 1 5 /. 5. Orlando Fals Borda, El hombre y la tierra en Boyacá (Bogotá, 3…

p. 108
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como los blancos po- bres, mestizos y mulatos desarrollaron fincas propias medianas y pequeñas dentro de la cultura anfibia regional, y formas de asalariado dentro del régimen señorial. No hubo mayor auge de formas serviles (excepto la esclavitud) en las relaciones sociales 4. Entradas a La Candelaria, Florida,…

p. 132
13La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 961 cita
[14]

daños a la propiedad privada podía dársele la muerte sin pena alguna. Al propio tiempo se asignaron pastos comunes en el cerro de Buriticá "para esta villa y su ganado". En toda la provincia creció también el número de ganado. De un hato de quinientos que fue arreado de Arma a las minas de Remedios en 1573, más de un…

p. 96
14Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1251 cita
[15]

veces gar- banzos, habas, fríjoles, caña y lino). Fuera de esto, debían dar indios de servicios (un 3 o 4% de los varones adultos) para los aposentos del encomendero, los cuales eran casi siempre tie- rras ocupadas de hecho en las inmediaciones del asentamiento indígena. Además, la obliga- ción del tributo en especie…

p. 125
15Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2511 cita
[16]

que pudieran ser accesibles simult á nea- ’ mente a varios estancieros espa ñ oles. Es obvio que, dada la densidad de la poblaci ó n total, las estan cias de los espa ñ oles no pod í an aprovecharse con algo que se pare ciera a una explotaci ó n intensiva. La acumulaci ó n de tierras serv í a en todo caso para…

p. 251
16Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 651 cita
[17]

tiem po necesario para las labores en sus propios lotes. O tro sig no del desarrollo de la agricultura española p u ed e seguirse en las quejas contra la destrucción de sem enteras indígenas por el ganado de los europeos. Hacia 1560 se cultivaba m aíz y cebada en las fincas españolas de Santa Fe, Tunja y Pam plona. En…

p. 65
17Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 3841 cita
[18]

that extended to the Casanare River and the comisaría of Arauca in the north, and to the Meta River, the intendancy of Meta and the comisaría of Vichada to the south and east. It is difficult to imagine two more contrasting environments joined together in one departmentthe cool, highland valleys of Boyacá and the flat…

p. 384
18Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 601 cita
[19]

comúnmente órdenes religiosas. No parece que el latifundio se estuviera extendiendo en forma muy notoria. En ciertas regiones de las tierras calientes ocupaba una porción importante de las tierras. Se trataba principalmente de haciendas ganaderas, más raramente, de haciendas de caña y de cacao. * El latifundio era de…

p. 60
19Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 131 cita
[20]

y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…

p. 13
20Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 421 cita
[21]

y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…

p. 42
21La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 211 cita
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nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…

p. 21
22Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 721 cita
[23]

única mano de obra disponible. El régimen del trabajo evolucionó de una coerción absoluta, que resultaba de transformar en servicios personales la obligación de pagar un tributo, hacia un sistema de conciertos. Como se ha visto, la distribución de la mano de obra disponible se realizaba en los conciertos mediante…

p. 72
23Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 32 citas
[24]

existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…

p. 3
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existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…

p. 3
24Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1711 cita
[26]

menos de los comerciantes europeos; los intercambios regionales o locales suplantan a los intercontinentales, el oro entra a desempeñar —así sea débilmente— un papel como moneda local, y posiblemente el nivel de vida de los encomenderos, que han visto desaparecer el espejismo de una rápida fortuna en América y…

p. 171
25Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1902 citas
[27]

de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

p. 190
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de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

p. 190
26Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 3331 cita
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más rica, siendo comunes muchas especies que hoy 334 Eíndice Grst nutrientes del suelo) del lugar. Para otros, donde en la ac- tualidad hay sabanas existieron bosques, pero debido a la tala y quema constantes, la vegetación arbórea fue susti- tuida por una herbácea. Creemos que en esta polémica sobre el origen de las…

p. 333
27Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 702 citas
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lo tanto desdeñados por esa visión progresista. En este proceso de euro - peización y modernización de los sistemas productivos se transforma la natu - raleza del territorio. Hoy en día es imposible pensar en la sabana de Bogotá sin los eucaliptos que sirven en muchas partes de cercas vivas o que están en gran - des…

p. 70
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lo tanto desdeñados por esa visión progresista. En este proceso de euro - peización y modernización de los sistemas productivos se transforma la natu - raleza del territorio. Hoy en día es imposible pensar en la sabana de Bogotá sin los eucaliptos que sirven en muchas partes de cercas vivas o que están en gran - des…

p. 70
28Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 1431 cita
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con la actividad ganadera, apreciaba su naturaleza y, sobre todo, su importancia central en el pasado nacional. Para Ospina Vásquez, “la extensión de la ganadería [...] fue el principal elemento dinámico de nuestra evolución agrícola desde el fin del período colonial hasta la gran expansión del café”1 2. Esta…

p. 143
29Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1331 cita
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vigoroso movimiento en la composición de las tierras y de una intensa monopolización en los decenios 1780-1800. La abundancia de espacio permite que numerosos pequeños ganaderos o agricultores exploten sin apremios las comunidades y los ejidos. Ningún control es posible, lo que parece haber sido no sólo tolerado sino…

p. 133
30Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1331 cita
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vigoroso movimiento en la composición de las tierras y de una intensa monopolización en los decenios 1780-1800. La abundancia de espacio permite que numerosos pequeños ganaderos o agricultores exploten sin apremios las comunidades y los ejidos. Ningún control es posible, lo que parece haber sido no sólo tolerado sino…

p. 133
31Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 461 cita
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vida ha sido nuestra lucha Resistencia y Memoria en el Cauca indígena Las haciendas surgieron en el siglo XVII a causa del nuevo fl ujo de la mano de obra, el debilitamiento de la encomienda y la titulación de la tierra a los encomenderos. Parte de esta estructura se ha heredado hasta el día de hoy. Para Fals Borda,…

p. 46
32Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 41 cita
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of the hato owner, the veguero might also own some cattle. On the hato itself, the vaqueros were in charge of work- ing with the cattle. They owned their own horses and riding equipment neces- sary for their job and received a salary. Caballiceros took charge of caring for the horses on the estate. The hato also…

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