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Biografía

Alonso de Ojeda

Conquista

1466–1515

17 min de lectura20 documentos
Nacimientoc. 1466, Cuenca, Castilla
Fallecimiento1515, Santo Domingo, La Española
RolesCapitán de carabela en el segundo viaje de Colón (1493) · Explorador y capitulante de la costa del golfo de Paria (1499)
Lugar principalColombia
Período históricoConquista1499–1599
03

La biografía

Alonso de Ojeda (c.1466–1515) fue el primer capitán español en tocar tierra de la actual Colombia. Llegó al Cabo de la Vela en 1499 acompañado de Juan de la Cosa y Amerigo Vespucio, y en 1508 recibió de la Corona la gobernación de Urabá —también llamada Nueva Andalucía—, una franja continental que iba desde el golfo de Urabá hasta La Guajira y que constituye la primera demarcación jurisdiccional española sobre suelo colombiano. Fue bravucón, endeudado, devoto y, al final, prescindible: murió en la indigencia en Santo Domingo tras un desastre expedicionario del que apenas la mitad de sus hombres regresó con vida. Su lugar en la historia no procede de sus triunfos —no los tuvo— sino de haber inaugurado el molde del conquistador de Tierra Firme: una empresa privada capitulada con la Corona, orientada al rescate de oro y perlas, sostenida por la fuerza y estrellada, una y otra vez, contra la resistencia indígena y la mortalidad tropical del Caribe continental.

02

Línea de vida

  1. 1493

    Segundo viaje de Colón

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    Ojeda participó como capitán de una de las carabelas en el segundo viaje de Colón, que partió en septiembre de 1493 con diecisiete naves y más de mil hombres hacia La Española y las Antillas menores. Allí adquirió pericia marinera y se ganó fama de valor temerario, incluyendo la captura del cacique Caonabo mediante un engaño con esposas de metal presentadas como joyas ceremoniales.

  2. 1499

    Expedición al Cabo de la Vela: primer contacto europeo con Colombia

    Leer contexto

    Con una capitulación para explorar la costa del golfo de Paria, Ojeda partió con Juan de la Cosa como piloto y cartógrafo y Amerigo Vespucio como socio. Bordearon las costas venezolanas, observaron poblados indígenas sobre pilotes —origen del topónimo 'Venezuela'— y alcanzaron el Cabo de la Vela en la península de La Guajira, hecho registrado como el primer contacto europeo con tierras de la actual Colombia.

  3. 1508

    Capitulación de Burgos: gobernación de Urabá

    Leer contexto

    El 8 de junio de 1508, en Burgos, la Corona dividió la Tierra Firme entre Ojeda y Diego de Nicuesa. A Ojeda le fue asignada la franja desde el golfo de Urabá hasta el Cabo de la Vela, denominada gobernación de Urabá o Nueva Andalucía, constituyendo el primer diseño jurisdiccional español sobre el litoral caribe de la actual Colombia.

  4. 1509

    Expedición a Urabá y fundación de San Sebastián

    Leer contexto

    Ojeda zarpó desde Santo Domingo hacia su gobernación con más de doscientos hombres. Desembarcó en la costa del Urabá, donde la resistencia indígena —con flechas envenenadas— y las enfermedades tropicales diezmaron la expedición. Ordenó la fundación del asiento fortificado de San Sebastián de Urabá, pronto abandonado. Cuando regresó a La Española, apenas cien hombres sobrevivían.

  5. 1510

    Fundación de Santa María la Antigua del Darién por sus sucesores

    Leer contexto

    Los sobrevivientes de la expedición de Ojeda, liderados por Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa, cruzaron al lado occidental del golfo de Urabá —jurisdicción de Nicuesa— y fundaron Santa María la Antigua del Darién, primera ciudad española estable en territorio de la actual Colombia, que en 1513 se convirtió en capital de la gobernación de Castilla del Oro.

  6. 1515

    Muerte en la indigencia en Santo Domingo

    Leer contexto

    Herido, endeudado y con la salud quebrantada tras el fracaso en Urabá, Ojeda murió en Santo Domingo en 1515, en el convento de San Francisco donde había pedido ser enterrado. La leyenda sostiene que solicitó ser sepultado bajo el umbral de la iglesia en penitencia por sus violencias.

El hombre que abrió el continente

Ojeda pertenece a esa primera hornada de capitanes que, entre el segundo viaje de Colón y la conquista de México, transformaron la exploración antillana en avance sobre la masa continental de América. Había navegado ya con el Almirante —fue capitán de una de las carabelas del segundo viaje, el de 1493— y de esa experiencia salió con dos cosas: la pericia marinera de quien había reconocido las Antillas mayores en la primera oleada, y la convicción de que el monopolio de Colón sobre las Indias no sobreviviría a la codicia de la corte ni a la rivalidad de los propios navegantes.

Cuando en 1499 obtuvo su primera capitulación para explorar la costa del golfo de Paria, Ojeda no descubrió un territorio virgen: seguía la estela abierta por el tercer viaje colombino de 1498, que había avistado ya tierra firme al sur del Caribe. Su mérito consistió en ir más allá. La expedición que armó ese año, con Juan de la Cosa como piloto y cartógrafo y Vespucio como socio de conocimientos y capital, recorrió las costas venezolanas y las prolongó hacia el occidente hasta la península de La Guajira, plantando el pie europeo, por primera vez, en lo que hoy es Colombia. Ese instante en el Cabo de la Vela —un promontorio árido asomado al mar, sin puertos ni ríos notables— es la fecha de nacimiento del contacto colombiano con Europa.

Pero Ojeda no fue un descubridor en el sentido colombino de la palabra. Su viaje de 1499 fue de reconocimiento y rescate: intercambiar quincalla por oro y perlas, tantear la costa, medir la resistencia de los naturales, volver a España con muestras suficientes para justificar una próxima empresa. Ese modelo —exploración financiada por particulares, autorizada por la Corona mediante capitulación, remunerada con lo arrancado a los indígenas y a la tierra— es el que Ojeda instala como norma para todo lo que vendrá. Cuando en 1508 la Corona formalice en Burgos el reparto de la Tierra Firme entre él y Diego de Nicuesa, no hará sino consagrar como derecho lo que Ojeda había ensayado como práctica nueve años antes.

Cuenca, La Española y la escuela del segundo viaje

Nacido hacia 1466 en Cuenca, en tierras castellanas, Ojeda pertenecía a la baja nobleza empobrecida que abastecería de capitanes a la conquista americana. Poco se sabe con precisión de sus primeros años; su figura entra en la historia adherida a la de Colón, con quien embarcó en el segundo viaje —el de septiembre de 1493, el que iba a poblar La Española y a explorar las Antillas menores. Aquel viaje, distinto del primero por su escala (diecisiete naves, más de mil hombres, ganado, semillas y clérigos), fue la escuela práctica de la primera generación de conquistadores: allí aprendieron a montar fortines, a interpretar los vientos alisios, a leer las señales de una costa desconocida y, sobre todo, a tratar con los taínos y los caribes.

En La Española, Ojeda se ganó fama de valor temerario y crueldad calculada. La captura del cacique Caonabo —a quien, según la tradición, engañó ofreciéndole unas esposas de metal presentadas como joyas ceremoniales— circuló en las Antillas como emblema de su carácter: pequeño de estatura, ágil, litigante, capaz de resolver por la astucia lo que no podía resolver por la fuerza. Esa reputación lo acompañó siempre, y explica en parte por qué el obispo de Sevilla Juan Rodríguez de Fonseca —el hombre que desde Castilla manejaba los asuntos de Indias y que trabajaba activamente para acotar el poder de Colón— vio en él al capitán ideal para probar las autorizaciones que la Corona empezaba a repartir entre navegantes independientes.

El marco jurídico que hizo posible ese giro había quedado fijado el 19 de abril de 1495, cuando una Real Cédula abrió las Indias a la emigración general y habilitó a la Corona a otorgar licencias particulares para exploración, conquista y reconocimiento. Ese instrumento, la capitulación, sería el vehículo institucional de toda la conquista continental. Constaba de tres partes: la licencia real para conquistar y descubrir, las obligaciones concretas del capitulante —qué territorios reconocer, con cuántos hombres, en qué plazo— y las mercedes regias, las recompensas condicionadas al éxito: gobernaciones, prerrogativas, derechos de reparto de tierras e indios. La Corona se reservaba dos cosas: la jurisdicción suprema —civil y criminal— y el quinto real, aquella participación del veinte por ciento sobre el botín que provenía de las guerras de la Reconquista y que constituía el impuesto medular del imperio. Todo lo demás corría por cuenta del conquistador. La empresa era, en lo esencial, privada; el Estado ponía el sello y cobraba.

1499: el viaje que inauguró Colombia

El viaje de 1499 es el episodio matriz de la biografía de Ojeda y, con ella, del contacto europeo con el territorio colombiano. Partió con cuatro naves, un piloto excepcional —Juan de la Cosa, autor del célebre mapa que en 1500 registraría por primera vez el perfil del Caribe continental— y un socio cuya presencia daría a la expedición ecos internacionales: el florentino Amerigo Vespucio, cuyos relatos publicados en Europa harían que el continente terminara llevando su nombre en vez del de Colón.

Bordearon la costa venezolana. Encontraron poblados indígenas construidos sobre pilotes en las aguas someras del litoral, imagen que los remitió a la ciudad de los canales italianos; de ahí el bautizo, "Venezuela", "Pequeña Venecia", que se pegó a la región para siempre. Reconocieron la isla Margarita y la desembocadura de las bocas del Orinoco. Y, empujando hacia el occidente, alcanzaron el Cabo de la Vela: un promontorio bajo, seco, casi desértico, en la punta oriental de la península de La Guajira. Aquel toque de tierra, fechado en 1499, es el que la historiografía colombiana registra como el descubrimiento de sus costas por parte de los europeos.

El contenido concreto del viaje fue, sin embargo, más modesto que su significación posterior. Ojeda hizo rescates —el intercambio de baratijas por oro y perlas— en los puntos donde los naturales aceptaron trato, y aplicó la fuerza donde no. El botín no fue espectacular, pero sí suficiente para que, al año siguiente, Alonso Niño y Cristóbal Guerra volvieran a Venezuela con una sola nave y treinta y un hombres y regresaran con ciento cincuenta marcos de perlas: la prueba pública de que la costa firme podía enriquecer a quien la trabajase con lucidez y pocos escrúpulos. El viaje de Ojeda, más que un fin, fue el detonador de un enjambre de expediciones que en pocos años barrió el Caribe meridional.

Los competidores y el mapa que se dibujaba solo

Entre 1499 y 1502, la costa que hoy es colombiana fue recorrida cuatro veces por capitanes que se pisaban los talones. Después de Ojeda vino Rodrigo de Bastidas, que capituló en 1500 la exploración del litoral desde el Cabo de la Vela hasta la desembocadura del Atrato: partió de Sevilla y, con Juan de la Cosa nuevamente como piloto, recorrió toda la costa caribe entre esos dos hitos, avistando la desembocadura del río Magdalena —según la tradición, en la festividad de Santa Marta, de donde tomaría nombre—, la bahía que se llamaría de Cartagena y la profunda ensenada del Urabá. Fue el primer europeo en recorrer de corrido el arco costero colombiano, y su método marcó una diferencia significativa con el de Ojeda: Bastidas dio buen trato a los indígenas, evitó el combate cuando pudo, y descubrió que el rescate pacífico podía rendir más oro que el saqueo. Volvió rico.

En 1501, Juan de la Cosa —el compañero constante— hizo un viaje propio en el que consolidó la identificación de las bahías de Cartagena y Santa Marta y de la boca del Magdalena. Su carta náutica de 1500, dibujada con datos frescos de los viajes previos, es el primer registro cartográfico serio de la costa colombiana. La generación que abría la Tierra Firme era pequeña —los mismos nombres circulaban de expedición en expedición como socios y rivales alternos—, y en ella Ojeda ocupaba la posición ambigua del pionero: el primero en llegar, pero no el más eficaz en aprovechar lo que llegaba.

Ese contraste explica una parte del destino de Ojeda. Bastidas exploró y comerció, y salió indemne; Juan de la Cosa cartografió y volvió a Castilla con prestigio técnico; Niño y Guerra hicieron el negocio limpio de las perlas. Ojeda, en cambio, insistiría en el molde más costoso: fundar, gobernar, someter. Sus dos siguientes viajes lo probaron.

La capitulación de Burgos y la gobernación de Urabá

El 8 de junio de 1508, en Burgos, la Corona firmó la capitulación que dividió la Tierra Firme entre los dos capitanes que se habían ofrecido a poblarla. A Diego de Nicuesa le tocó Veragua, el territorio al occidente del golfo de Urabá, extendido hacia lo que sería Panamá. A Ojeda le tocó Urabá —también llamada, con impropiedad que la costumbre convirtió en canon, Nueva Andalucía—: la franja continental que iba desde el mismo golfo, en el occidente, hasta el Cabo de la Vela en La Guajira, en el oriente. Era el primer diseño jurisdiccional español sobre suelo continental sudamericano, y coincidía casi exactamente con el litoral caribe de la actual Colombia.

La capitulación reproducía la estructura clásica: licencia real, obligaciones de poblamiento y guerra, mercedes condicionadas. Ojeda debía llevar hombres, naves, armas y bastimentos a su costa; fundar allí ciudades; someter a los indígenas al vasallaje del rey y a la evangelización; entregar el quinto real de todo botín. A cambio recibía el título de gobernador, prerrogativas jurisdiccionales y el derecho a los repartos que hiciera. Todo el aparato de la conquista continental colombiana quedaba inscrito, desde el primer día, en ese esquema de empresa privada regulada.

Ojeda armó su expedición en Santo Domingo con socios y acreedores, y en 1509 zarpó hacia su gobernación. Lo que siguió fue un desastre ejemplar. Desembarcó en la costa del Urabá con más de doscientos españoles, y allí, buscando alimento y oro en un territorio hostil, permaneció entre ocho y diez meses. Los indígenas de la región —expertos en flechas envenenadas, un arma que los conquistadores encontraron especialmente aterradora porque convertía cualquier herida en sentencia— resistieron con dureza. Las enfermedades tropicales hicieron el resto. Cuando por fin lograron embarcar de regreso, apenas cien hombres quedaban vivos, y las tres naves que sobrevivían no bastaban para el orgullo con que Ojeda había partido. Fernández de Oviedo, que recogió el testimonio de la catástrofe, describió a los expedicionarios de aquel tramo como gente cuyo afán no era servir a Dios ni al Rey sino robar. En algún episodio extremo —en la localidad costera de Zamba—, el hambre llevó a los españoles a matar y devorar a un indio capturado. La conquista, en su forma más cruda, empezaba así.

Antes del final del desastre, Ojeda había ordenado la fundación de un pequeño asiento fortificado, San Sebastián de Urabá, en el margen oriental del golfo. Sería abandonado poco después. Por una decisión que resultaría decisiva —la escasez de recursos, la presión indígena, la falta de un puerto viable en su propia jurisdicción—, los sobrevivientes terminaron cruzando al lado occidental del golfo, a tierras que jurisdiccionalmente eran de Nicuesa. Allí, en 1510, con Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa a la cabeza, fundaron Santa María la Antigua del Darién: la primera ciudad española estable en territorio de la actual Colombia y una de las primeras del continente.

El relevo: cuando el molde se cumple sin su autor

Ojeda no vio consolidarse ese asiento. Herido en un enfrentamiento, endeudado, enfermo, regresó a La Española con la salud quebrantada y el prestigio agotado. La empresa que él había capitulado la ejecutarían otros, y contra sus propios socios. Cuando Nicuesa protestó porque Santa María la Antigua caía en su gobernación de Veragua, Balboa —que ya se había afirmado como cabeza de los sobrevivientes— lo embarcó a la fuerza rumbo a Santo Domingo; Nicuesa se ahogó en la travesía. La ciudad recibió título en 1513 como capital de una nueva gobernación, Castilla del Oro, que unificó Tierra Firme bajo un solo mando. Ese mismo año, desde su puerto, partió la expedición que llevó a Balboa a avistar el océano Pacífico en septiembre. Y en 1514 llegó Pedrarias Dávila con miles de españoles —artesanos, médicos, mujeres, clérigos, un obispo— y las instrucciones detalladas de la Corona para poblar ciudades: la conquista dejaba de ser aventura de capitanes solitarios para volverse programa imperial.

En esa aceleración institucional, Ojeda ya no cabía. Murió en Santo Domingo en 1515, pobre, en el convento de San Francisco donde había pedido ser enterrado. La leyenda —piadosa, retrospectiva— sostiene que había pedido ser sepultado bajo el umbral de la iglesia para que todos los fieles le pisaran los huesos al entrar, en penitencia por sus violencias. El detalle importa como imagen, pero también como diagnóstico: el propio Ojeda parecía saber, al final, que su vida había sido la de un instrumento fallido de una empresa mayor.

El sistema, no el hombre: capitulaciones, quinto real y guerra justa

El destino individual de Ojeda es indisociable del andamiaje jurídico e ideológico que hizo posible la conquista. Las capitulaciones no eran meros contratos: eran la forma en que la Corona transformó la iniciativa privada en soberanía territorial. Un capitán ponía el capital, el riesgo y la sangre; el rey ponía la legitimidad. Si la empresa triunfaba, el territorio quedaba incorporado a la Corona y el capitán recibía el título de gobernador o adelantado. Si fracasaba, la Corona no perdía nada: la próxima capitulación repetiría la fórmula con otro postulante. Ese diseño explica la lentitud relativa de la conquista continental —dependía de que aparecieran empresarios dispuestos a arriesgar fortunas propias— pero también su capacidad extractiva: cada capitán llegaba obligado a producir oro para pagar deudas, sostener a sus hombres y entregar el quinto real.

El quinto —esa cuota del veinte por ciento sobre todo botín, heredada de la Reconquista— tenía además una función simbólica: convertía cada saqueo en tributo, cada acto de rapiña en participación fiscal del rey. Los conquistadores no robaban por su cuenta; robaban en parte para la Corona. Y ese dato modifica la lectura moral del episodio: lo que aparece como afán individual de riqueza —el motor personal que Bernal Díaz declararía sin pudor años después, o el que llevó a labradores traídos por Las Casas a irse "con los conquistadores a robar"— era también el combustible del sistema.

A eso se añadía la doctrina de la guerra justa. Los indígenas que resistían con armas —y las flechas envenenadas del Urabá y del Sinú fueron el ejemplo más citado— eran clasificados no como enemigos legítimos sino como rebeldes al vasallaje que la bula pontificia había asignado al rey de Castilla. Esa recategorización tenía consecuencias jurídicas precisas: el rebelde podía ser sometido por la fuerza sin las restricciones que las leyes de guerra imponían al trato del enemigo. La resistencia indígena, paradójicamente, legitimaba la violencia que la provocaba. Ojeda operaba dentro de ese marco, y sus prácticas —tomar oro de vivos y de muertos, extorsionar poblaciones, saquear tumbas, torturar caciques para arrancar información sobre santuarios— no eran desviaciones sino aplicaciones del modelo.

En 1526, la Corona empezaría a incluir en las capitulaciones cláusulas expresas sobre el buen tratamiento de los indios. Ese giro, tardío respecto de Ojeda, insinuó que el problema se reconocía; no lo resolvió.

Su red: los nombres que lo cruzan

La biografía de Ojeda es también un mapa de relaciones. Con Colón compartió el segundo viaje y luego la ruptura: el Almirante habría querido monopolizar la exploración continental, y Ojeda fue el primero en romper esa exclusiva. Con Fonseca —el obispo que desde Sevilla y luego desde Burgos manejó los asuntos indianos durante décadas— tuvo la relación instrumental del favorecido: fue Fonseca quien, contra Colón, autorizó al primer competidor. Con Juan de la Cosa, la relación fue de socio y de complementariedad técnica: el uno mandaba, el otro sabía leer el mar; juntos hicieron el viaje de 1499 y De la Cosa siguió después con Bastidas, con expediciones propias y, más tarde, con el propio Ojeda en la desdichada empresa del Urabá, donde encontró la muerte antes que él. Con Vespucio, la relación fue de un solo viaje pero de consecuencias enormes: el florentino escribiría relatos que darían nombre al continente y opacarían el papel de Colón, sin que Ojeda —el capitán que lo había llevado— sacara de ello ningún beneficio.

Con Nicuesa, la relación fue de gemelos rivales: capitularon el mismo día en Burgos, se repartieron la Tierra Firme por el eje del golfo de Urabá, y ambos terminaron mal, cada uno a su manera. Con Balboa y Enciso, la de un antecesor cuyo proyecto ellos ejecutaron, contra su propia jurisdicción y contra su propio socio Nicuesa. Con Bastidas, el paralelo silencioso: el gaditano hizo con más eficacia y menos sangre lo que Ojeda había intentado con estruendo. Con Pizarro —que sirvió en la fallida empresa del Urabá antes de saltar al Perú— la relación fue de maestro a discípulo, aunque el discípulo llevaría el modelo mucho más lejos de lo que el maestro imaginó.

Y en el horizonte, siempre, los caciques innombrados en la mayoría de las crónicas, los guerreros con flechas envenenadas, las mujeres capturadas y las poblaciones extorsionadas: la contraparte indígena de todo el episodio, cuya resistencia armada y cuyo conocimiento del terreno impusieron a la primera conquista continental los límites que ningún papel de la Corona pudo levantar.

Huella: el primer eslabón de una cadena

Ojeda dejó menos monumentos que fechas. No fundó una ciudad que perdurara —San Sebastián de Urabá se abandonó pronto—; no consolidó su gobernación; no volvió rico. Su nombre no bautizó accidentes geográficos duraderos ni instituciones. Y sin embargo, la historiografía colombiana lo instaló, con razón, como el primer eslabón de la conquista de su territorio. La razón es doble.

Primero, porque su viaje de 1499 es la fecha fundacional del contacto: el Cabo de la Vela, ese punto árido de La Guajira, es donde empezó a existir Colombia para Europa. Todo lo demás —la costa de Bastidas, el mapa de Juan de la Cosa, la fundación del Darién, la posterior fundación de Santa Marta en los años veinte, la de Cartagena en 1533— se despliega a partir de ese primer toque. Y aunque el mérito técnico del reconocimiento costero corresponda más a De la Cosa y a Bastidas, y aunque la fundación estable corresponda a Balboa, la primacía cronológica es de Ojeda.

Segundo, porque la capitulación de Burgos de 1508 constituye el acta jurisdiccional inaugural de la Tierra Firme colombiana. Con ese documento, un tramo de costa que hasta entonces era objeto de reconocimiento se convirtió en objeto de gobierno. La gobernación de Urabá —o Nueva Andalucía— fue efímera y fracasada, pero su existencia jurídica prefiguró todas las divisiones administrativas que vinieron después: la de Santa Marta, la de Cartagena, la del Nuevo Reino de Granada. El primer plano de división del suelo colombiano lleva la firma de Ojeda y Nicuesa, aunque ninguno de los dos consiguió ocupar efectivamente el territorio que se les asignó.

La memoria posterior lo trató con ambigüedad. La historiografía nacional del siglo XIX y XX lo incluyó en el panteón de los descubridores con un tono más de fecha que de gloria: Ojeda era el que había llegado primero, pero también el que había fracasado peor. Las grandes crónicas —desde Fernández de Oviedo hasta las obras contemporáneas— insistieron en su valor personal, en su devoción mariana, en su temperamento litigioso, y en la crueldad de sus procedimientos. No hay un culto a Ojeda como sí lo hay a Balboa o a Cortés. Su figura se lee como la de un pionero cuyo mérito fue abrir camino y cuyo destino fue ser superado.

Ese diagnóstico es históricamente justo. Ojeda encarnó, en su forma más cruda, el prototipo del conquistador temprano: bravucón, devoto, endeudado, prescindible. Y su función histórica no fue construir sino inaugurar. El patrón que instaló —empresa privada capitulada con la Corona, orientada al saqueo, sostenida por la fuerza y legitimada por la doctrina de la guerra justa— fue el que otros ejecutarían después con mayor eficacia sobre el mismo territorio: Bastidas con su rescate pacífico, Balboa con la fundación estable, Pedrarias con el poblamiento programático, y más adelante Jiménez de Quesada con la conquista del altiplano muisca. Ninguno de ellos operó en un vacío institucional; todos escribieron sobre las líneas que Ojeda había trazado primero.

Su muerte en 1515, en el convento franciscano de Santo Domingo, en la pobreza, cerró una vida cuyo saldo material fue mínimo pero cuya huella estructural resultó decisiva. La Colombia que empezaría a construirse en las décadas siguientes —dividida en gobernaciones costeras, avanzada por capitanes endeudados, extraída del oro indígena y de las tumbas prehispánicas— seguía siendo, en muchos sentidos, la Colombia que Ojeda había imaginado en Burgos y estrellado en el Urabá. Que él mismo no la habitara al final no cambia la genealogía. Fue el primer eslabón; los demás vinieron después.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

20 documentos · 27 fragmentos
01Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · Páginas 1, 57, 853 citas
[1]

| América la bien llamada, Buenos Ai- | | res, 1948. | Manzano y Colón y su secreto, Madrid, 1982”. Manzano, J. | Morison, S. E. The European Discovery of America, Oxford Press, 1974. | q o | Varela, C. Cristóbal Colón. Textos y documen- tos completos. Relaciones de viajes, | cartas y memoriales. Edición, pró- logo y…

p. 57
[2]

pri- mera audiencia en toda América, zarparon los ex- ploradores que visitaron las costas de lo que hoy es Colombia. En 1499, el conquistador Alonso de Ojeda, compañero de Colón, obtuvo una capitula- ción para explorar la costa del golfo de Paria. El mismo año llegó al cabo de la Vela, con lo cual po- demos decir que…

p. 85
[27]

Historia de COLOMBIA Descubrimiento y Conquista I Tomo 3 SALVAT Directores: Juan Salvat Roberto Garcia Rojas Director de la obra: Ricardo Martin Director cientifico: Gonzalo Hernández de Alba Secretario de redacción: Amancio Fernández Coordinación genera!: Sylvia Mallarino de Rueda Equipo editorial: Miguel Barrachina,…

p. 1
02El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 2821 cita
[3]

Castilla (1451-1504), y Fernando ii de Aragón (1542-1516), los «Reyes Católicos» de la España unificada. 144 Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano (1485-1547), con- quistador extremeño y capitán general de México que se llamó en esos años la Nueva España. 145 Francisco Pizarro González (1478-1541), el conquistador…

p. 282
03Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Página 441 cita
[4]

históricos asociados a la emergencia de una élite que, entremezclando lo económico, lo po - lítico y lo cultural, gobernaría a la naciente Colombia a lo largo de la segunda mitad del xix y la primera mitad del xx. Élites de espada: la autoproclamación del conquistador como la primera élite del Nuevo Mundo La aventura…

p. 44
04Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · Páginas 98, 1122 citas
[5]

recoge y juega el primer oro. A veces relampaguean al aire los puñales: más comúnmente, las blasfemias. Un día llegan a la ciudad Alonso Niño y Cristóbal Guerra. Del viaje maravilloso que han hecho podría componerse un libro estupendo. Con treinta y un hombres, en una sola nave, salieron de España. Por ciertas líneas…

p. 98
[14]

verse muy poco en los anales del mundo. En uno de esos viajes, Colón había explorado las costas de las Cayanas y Venezuela; hasta donde dejó la marca de las perlas. En otro, vio la América Central hasta Veragua, donde encontró el primer oro de Tierra Firme. Ahora es preciso unir estos dos puntos del mapa, explorar un…

p. 112
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 114, 1172 citas
[6]

ello en deudas y gastos, pero los medios financieros de que dispon í a no eran suficientes para continuarla como tal monopolio. En 1495, la Real C é dula del 19 de abril abri ó las puertas de Am é rica a la emigraci ó n general mediante aquellas “ capitulaciones * con personas particulares. En estas se otorgaban…

p. 114
[18]

”. Pas ó con su ej é rcito ala otra banda del Atrato y fund ó un nuevo pueblo con el nombre.d é Santa Mar í a la Antigua del Dari é n. Cuando Diego de Nicuesa protest ó contra esa fundaci ó n, pues ca í a en tierras de su gober naci ó n, Balboa no vacil ó en embarcarlo a la fuerza y enviarlo a Santo Domingo, pese a…

p. 117
06Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 241 cita
[7]

cumplidas- del mandante (Ots Capdequi, 1946). Las capitulaciones tenían tres partes según el autor: la licencia del Rey para conquistar y descubrir, las obligaciones del descubridor y las mercedes regias concedidas por la Corona, y el carácter condicional de las mercedes, supeditadas al éxito de la empresa y la…

p. 24
07Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 331 cita
[8]

debate. Hoy sabemos, por ejemplo, que las economías agrarias de grupos indígenas que gozaban de una compleja organización social fueron suficientes para sustentar por más de una generación a los pequeños grupos urbanos de la sociedad conquistadora. Es importante advertir también un rasgo económico dominante en el…

p. 33
08Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Páginas 57, 602 citas
[9]

una casi total desaparición de los sujetos en un breve plazo. 1 Segunda Parte LOS HECHOS DE LA CONQUISTA Capítulo 4 El DESCUBRIMIENTO DE LA COSTA Y LAS PRIMERAS GOBERNACIONES 1. Los viajes de exploración 1 Cristóbal Colón fue el primer explorador que avistó tierra del continente, cuando en 1498, en su tercer viaje a…

p. 57
[16]

a Fernández de Oviedo, quien recorrió la costa menos de 10 años después, a decir que gente como La Cosa, más bien que exploradores, eran “alteradores y destructores de la tierra, pues que su afán no era tanto de servir a Dios ni al Rey, como de robar” 9. Después de tomar a Darién volvieron a Urabá, donde debieron…

p. 60
09Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · Página 741 cita
[10]

del Perú y de Colombia, haciendo de ese estrechamiento un sitio de importancia fundamental para la navegación regio- nal de los tres países, una especie de llave para el dominio de la navegación de los ríos amazónicos. Y a causa de que la re- gión se va desarrollando día a día y la ciencia permite extraer más fácil y…

p. 74
10Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 401 cita
[11]

aspiraciones de d o m in ar las regiones que iban o cu p an d o ratificaron la fragm entación ya su g erid a por la topografía. Los prim eros encuentros ocurrieron a lo largo de la costa del m ar Caribe. Al prim er viaje de exploración y com ercio de A lonso de O jeda a La Guajira (1499) le siguió el de Juan de la…

p. 40
11Un año en los Andes, o, Aventuras de una Lady en BogotáRosa Carnegie-Williams · 2017 · Página 991 cita
[12]

es- pañoles en 1536. Cuando los españoles desembarcaron en Venezuela —que estuvo unida a la Nueva Granada, o Colombia, en 1819 —, en 1499, la vieron como un con- junto de chozas, construidas sobre pilotes por los indios para levantar sus pueblos sobre el agua estancada que cu- bría las planicies; esto indujo a los…

p. 99
12Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 651 cita
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"pleitos colombinos", que sólo se pudieron resolver con el hijo de Diego, Luis Colón, mediante el pago de indemnización y la confirmación de la nobleza de la familia. Fue con estas nuevas condiciones con las cuales en el año 1500, Rodrigo de Bastidas, escribano de Triana, barrio de Sevilla, capituló la conquista del…

p. 65
13Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · Página 181 cita
[15]

d el territorio que hoy conforma lepartamen Antioquia estaba ocupado por numerosos grupos indigenas, en su mayor p: caribes, entre los cuales podemos citar a los catio, embera, cuna, uraba y zen en la parte occidental y noroccidental (cuenca del Atrato y alto Sinu); los nutaba en la zona central; los tahami hacia el…

p. 18
14Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2181 cita
[17]

Urabá; lle- ga a la isla de Codego, ubicada en la bahía de Cartagena. Fundación de Santa María de Antigua del Darién a cargo de Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa. Nace en Granada Gonzalo Jiménez de Quesada.; 1510 Juan de la Cosa muere en Turbaco a manos de los indígenas. Balboa descrubre el río…

p. 218
15Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 36, 392 citas
[19]

al otro lado del golfo de Urab á. Santa Mar í a re cibi ó t í tulo de ciudad y de all í sali ó en 1513 la expedici ó n que, con ayuda de indios amigos, llev ó a Vasco N úñ ez de Balboa al oc é ano Pac í fico. Se convirti ó en 1513 en capital de una nueva gobernaci ó n, la de Castilla del Oro, que un í a Tierra Firme…

p. 39
[24]

Am é rica la religi ó n mantuvo su predomi nio durante toda la Colonia y fue la base esencial del orden social y la raz ó n para la obediencia de las leyes y de las normas morales y de convivencia social. Aunque Espa ñ a incorpor ó muchos de los avances t é cnicos de la é poca, su cultura no estimul ó la actitud cient…

p. 36
16La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 831 cita
[20]

parte del i m pulso de las conquistadores provenía del no muy celestial afán de rique- za y del ansia de poder. Su ideal de hombría era el soldado, y aun los religiosos y místicos resultaron ser “caballeros a lo divino”. Aunque hablaban mucho de la justo, demostra- ron tener solo un sentido abstracto de la justicia y…

p. 83
17Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 211 cita
[21]

España, pues el rey no era soberano temporal del mundo, ni ocuparse de la conversión de los indios lo convertía en soberano de ellos. Pero si los indios no se sometían y, en especial, si ofrecían alguna forma de resistencia armada a la prédica cristiana, era lícito atacarlos y someterlos a la fuerza. Era, entonces,…

p. 21
18Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · Página 351 cita
[22]

de ahí en ade- lante el oro se volvió su obsesión. Lo raparon de los vivos y de los muertos; extorsionaron las poblaciones, tortura- ron a los caciques, saquearon las tumbas y los santuarios. La búsqueda del oro pronto se convirtió en el factor deci- sivo en determinar las rutas de penetración de las huestes…

p. 35
19Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 271 cita
[23]

Nuñez de Balboa founded Santa Mar í a la Antigua del Darién in 1510. This was the first city in what today we call Colombia, and one of the first of Spanish origin on the American continent. However, the conquerors soon understood they were facing nations with different languages, customs, hierarchical regimes,…

p. 27
20Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · Página 2192 citas
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y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…

p. 219
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y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…

p. 219