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Biografía

Pedro de Heredia

Conquista

N. 1500

18 min de lectura28 documentos
Nacimientoca. 1500, Madrid
FallecimientoSin fecha registrada
RolesConquistador · Teniente de gobernador de Santa Marta
Lugar principalColombia
Período históricoConquista1499–1599
03

La biografía

Pedro de Heredia fundó Cartagena de Indias en 1533 y convirtió el saqueo de las tumbas zenúes en el capital fundacional de una de las primeras plazas del imperio español en América. Madrileño de origen hidalgo, teniente de gobernador en Santa Marta, capitulador en la corte de Carlos V y, más tarde, procesado varias veces por sus abusos, encarna con más nitidez que casi ningún otro conquistador la figura del empresario privado que la Corona autorizó, toleró y contuvo a partes iguales. Su empresa levantó una ciudad imperial —punto de partida de la Flota de los Galeones, cabeza de gobernación, cabeza de puerto—, pero lo hizo sobre la profanación sistemática de los enterramientos rituales del Sinú, la violencia contra los cacicazgos costeros y una lógica de gobierno personalista que la monarquía tuvo que corregir a golpe de cédula. Entender a Heredia es entender que la Cartagena imperial nació de esa tensión irresuelta entre el botín y la ley.

02

Línea de vida

  1. 1529

    Llegada a Santa Marta y acumulación de capital

    Leer contexto

    Heredia llegó a Santa Marta junto con Pedro de Vadillo, enviado por la Audiencia de Santo Domingo. Actuó como mediador entre Vadillo y Rodrigo Álvarez Palomino, desempeñó el cargo de teniente de gobernador y reunió 4.000 pesos de oro mediante el negocio de 'rescate' con los indios, capital que usaría para gestionar su propia licencia de conquista.

  2. 1532

    Obtención de la capitulación en la corte de Carlos V

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    Con los 4.000 pesos acumulados en Santa Marta, Heredia viajó a España y obtuvo a principios de 1532 una licencia real para conquistar el trecho costero entre el río Magdalena y el golfo de Urabá con la correspondiente tierra adentro, pese a la oposición del cabildo y la vecindad de Santa Marta. No logró, sin embargo, el nombramiento de gobernador que anhelaba.

  3. 1533

    Fundación de Cartagena de Indias

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    En la bahía de Calamarí, en territorio de los indios calamaríes, Heredia fundó la ciudad y puerto de Cartagena, eligiendo el sitio por su excepcional fondeadero y su posición estratégica equidistante entre Santa Marta y el golfo de Urabá. La fundación constituyó el reconocimiento político de la hueste por parte de la Corona y el punto de partida de la explotación de la región.

  4. 1534

    Expedición al Sinú y saqueo de las tumbas zenúes

    Leer contexto

    Heredia avanzó desde Calamarí por los montes de María para descubrir el Fincenú. Encontró los cacicazgos zenúes (Fincenú, Pancenú y Cenúfana) con sus enterramientos rituales cubiertos por montículos de tierra que contenían coronas, patenas, diademas, narigueras y brazaletes de oro. Organizó una operación sistemática de exhumación empleando alrededor de treinta esclavos negros, convirtiendo el oro funerario en la base económica de la provincia y en preludio de la futura economía minera colonial.

  5. 1534

    Encuentro con el cacique Guley y avance hacia el Panzenú

    Leer contexto

    En el Panzenú norteño, el cacique Guley adoptó una táctica de recepción hospitalaria y le abrió un camino de catorce varas de ancho hasta Jegua. La región fue posteriormente repartida en encomiendas: la isla de Mompox en treinta y nueve encomiendas y la densa Loba dividida en dos por la magnitud de su población.

El hombre que llegó a las Indias

Los datos personales sobre Heredia son parcos. Nació en Madrid hacia comienzos del siglo XVI, en el ambiente de una España recién unificada bajo los Reyes Católicos que había cerrado la Reconquista e iniciaba la conquista americana con las mismas instituciones —el cabildo, el repartimiento, la hueste privada— y la misma mentalidad que le habían servido para expulsar a los musulmanes de Granada. La continuidad tuvo consecuencias directas: el procedimiento aplicado a los indígenas americanos fue análogo al empleado contra los moros peninsulares, y los hombres que embarcaban a Indias venían formados en un mundo donde la guerra, la fe y el botín eran facetas del mismo oficio. Los hidalgos y segundones que no habían encontrado acomodo en la Península veían en América la oportunidad de rehacer, con espada y capitulación, un destino que en Castilla se había cerrado. Un tipo social muy concreto, y muy castellano: hombres jóvenes, endeudados, con más apellido que hacienda, dispuestos a jugarse la vida en una travesía a cambio de un botín incierto y de una posibilidad —remota pero real— de acabar sus días con títulos y encomiendas.

Heredia perteneció a la generación intermedia de conquistadores, la que ya no vino con Colón, Ojeda o Bastidas, sino la que aprovechó la infraestructura previa. Cuando cruza el Atlántico, el Caribe español ya tiene sus núcleos: Santo Domingo como centro administrativo y judicial, Santa María la Antigua del Darién como primera sede episcopal de Tierra Firme desde 1510, Panamá como puerto convertido en pieza clave tras el descubrimiento del Perú. Las Antillas y el istmo funcionan como escuela y trampolín. Heredia sigue esa lógica: no viene a explorar territorio virgen, viene a insertarse en un aparato ya en marcha, a acumular capital y contactos, y a saltar de ahí hacia una empresa propia. En las islas aprendió el idioma de la conquista práctica —el cómo se arma una hueste, cómo se financia, cómo se reparte el botín, cómo se pacta con las autoridades— antes de intentar ser él quien firmara los pactos. En la periferia caribeña de la primera generación se hizo el hombre que años más tarde se presentaría en la corte con una propuesta madura y con nombres, cifras y rutas capaces de impresionar a los funcionarios del Consejo.

El salto lo dio desde Santa Marta.

Aprendizaje en Santa Marta

Hacia finales de la década de 1520, tras la muerte de Rodrigo de Bastidas —el mismo que había recorrido en 1500 y 1501 la costa desde el Cabo de la Vela hasta el golfo de Urabá y dejaba fama de haber tratado bien a los indios—, la Audiencia de Santo Domingo envió a Pedro de Vadillo a hacerse cargo de Santa Marta. Heredia llegó con él y encontró un teatro político turbulento. El "común" de vecinos había elegido gobernador por su cuenta a Rodrigo Álvarez Palomino; la ciudad estaba fracturada entre caudillos, agotada por el pillaje y sostenida por expediciones de saqueo cuya única lógica era recoger oro y esclavizar indígenas para venderlos en las Antillas.

En ese entorno, Heredia mostró dos capacidades que definirían su carrera. La primera fue política: medió entre Vadillo y Álvarez Palomino y zanjó las diferencias entre ambos caudillos. La segunda fue empresarial: como teniente de Vadillo, se metió de lleno en el negocio del "rescate" —eufemismo para el trueque desigual y coactivo con los indios— y reunió cuatro mil pesos de oro. En Santa Marta, el oro se agotaba rápido, y la esclavización indígena se convirtió pronto en la principal exportación de la gobernación; los vecinos cruzaban el Magdalena para hacerse con esclavos y provisiones, y Heredia se movió con soltura en ese universo. Aprendió también a leer los mapas invisibles de la política caribeña, en los que un gobernador destituido, un obispo denunciante o un oidor en Santo Domingo podían decidir el destino de una empresa antes que cualquier batalla. Aprendió, sobre todo, que la conquista era tanto un ejercicio militar como una negociación permanente con las instancias jurídicas del imperio, y que ninguna hueste sobrevivía a largo plazo si no sabía moverse en las dos.

Con los cuatro mil pesos en la mano, hizo lo que ningún otro teniente había hecho antes: cruzó el Atlántico en sentido inverso, se presentó en la corte y negoció su propia licencia.

La capitulación

A comienzos de 1532, Heredia obtuvo de la Corona una capitulación para conquistar el trecho costero entre el río Magdalena y el golfo de Urabá, con la correspondiente "tierra adentro". No consiguió, sin embargo, el nombramiento de gobernador al que aspiraba: la monarquía era ya consciente de la arrogancia de los conquistadores —el mismo año había nombrado gobernador de Santa Marta al banquero García de Lerma, con negocios en Santo Domingo desde 1514, precisamente como parte de una política dirigida a poner mano firme sobre las huestes—. La concesión a Heredia se hizo, además, contra la resistencia del cabildo y la vecindad de Santa Marta, cuyos ganados ocupaban ya la banda opuesta del Magdalena y que veían en la nueva gobernación un competidor directo por el mismo territorio.

La capitulación era el instrumento jurídico central de la conquista. Constaba de tres partes: la licencia real para conquistar y descubrir, las obligaciones del descubridor y las mercedes que la Corona concedía —siempre condicionalmente— si la empresa salía adelante y el conquistador se comportaba. Desde 1526 se venían incluyendo cláusulas expresas sobre el buen tratamiento de los indios, señal de que la monarquía intentaba ya contener los excesos previsibles de sus propios agentes. Pero la conquista seguía siendo, en lo esencial, una empresa privada: eran los conquistadores quienes ponían el capital y asumían los riesgos, y por eso Heredia había tenido que juntar sus cuatro mil pesos antes de poder pedir licencia. El papel firmado en Toledo no le regalaba territorio: le autorizaba a arriesgar su fortuna para tomarlo. El coste de la expedición —barcos, hombres, armas, caballos, provisiones, herrajes, esclavos negros que compraría después para el trabajo de excavación— saldría de su bolsillo y del de los socios que consiguiera enrolar en el proyecto, y solo si la empresa producía retorno podría cobrar en encomiendas y en participación sobre los quintos reales lo invertido.

Con ese papel firmado, embarcó de vuelta.

La fundación de Cartagena

En 1533, tras primeros reconocimientos el año anterior, en la bahía de Calamarí, en el territorio de los indios calamaríes, Pedro de Heredia fundó la ciudad y puerto de Cartagena. La elección del sitio no fue capricho: la bahía ofrecía uno de los mejores fondeaderos del Caribe, y la costa estaba estratégicamente equidistante entre Santa Marta y el golfo de Urabá, dentro del trecho que la capitulación le había concedido. La fundación tampoco era un acto simbólico. En el sistema español, el núcleo urbano era el reconocimiento político de la hueste por parte de la Corona, y desde la ciudad se organizaba la explotación de las regiones conquistadas: fundar una ciudad significaba tomar posesión efectiva del territorio y de los pueblos que lo habitaban.

Las primeras salidas de reconocimiento encontraron hostilidad generalizada de los indígenas, que Heredia dice haber "desbaratado fácilmente" —fórmula habitual del cronista-conquistador para narrar sin detenerse el uso de la fuerza—. En esas primeras entradas actuó ya el capitán Francisco César, que protagonizó una de las incursiones más audaces desde Cartagena hacia el Urabá y el valle del Sinú, abriendo caminos que la hueste principal seguiría después. Pero la clave del progreso de la ciudad no estaba en esas escaramuzas costeras. Estaba tierra adentro, en el Sinú.

El saqueo del Sinú

A comienzos del siglo XVI, la región del bajo Sinú y del río San Jorge estaba organizada en tres cacicazgos zenúes de cultura aparentemente homogénea: Fincenú, en el valle del Sinú, con centro en la Laguna de Betancí; Pancenú, en la hoya del San Jorge; y Cenúfana, en el bajo Cauca y el Nechí. Eran sociedades con una rica tradición ritual centrada en el oro como símbolo de poder y eternidad, con enterramientos diferenciados que sugieren una estructura de rangos y con una simbología asociada a la fertilidad. Los muertos de mayor jerarquía eran sepultados con coronas, patenas, diademas, narigueras, brazaletes y otras piezas de oro, cubiertos por montículos de tierra visibles desde lejos. La orfebrería zenú, con sus técnicas de fundición a la cera perdida y sus filigranas de hilos entrelazados, había alcanzado un refinamiento técnico que las piezas fundidas en los crisoles de Cartagena borrarían para siempre: lo que llegaba a Sevilla en forma de lingote había sido antes narigueras rituales, pectorales votivos, orejeras ceremoniales.

En 1534, Heredia avanzó desde Calamarí por los montes de María rumbo al Finzenú. Lo que encontró no fue una guerra abierta ni una mina, sino un cementerio. Los montículos revelaban su contenido a golpe de pala, y el conquistador organizó una operación sistemática de exhumación. Empleó alrededor de treinta esclavos negros para excavar, y el negocio generó tal codicia que produjo tensiones internas dentro de la propia compañía, entre los soldados que exigían su parte y el gobernador que centralizaba el reparto. Junto a él trabajaban su hermano Alonso, lugarteniente permanente y encomendero mayor, y el licenciado Francisco de Santa Cruz, que se ocupó del reparto local de encomiendas; los tres formaban el núcleo firme de una empresa familiar disfrazada de administración pública.

El episodio tiene una importancia que suele subestimarse. Fue, para los españoles de la costa neogranadina, la primera ocasión de montar una explotación económica que no dependiera del combate directo ni del rescate desigual con indios vivos: un preludio, en escala muy modesta, de la futura economía minera. Y tuvo consecuencias diferenciadas frente a Santa Marta: allí, agotado rápido el oro visible, la esclavización indígena se había convertido en la principal economía de exportación; en Cartagena, los entierros del Sinú retrasaron esa transformación de los indígenas en mercancía, porque durante años el oro funerario dio para financiar la empresa sin necesidad de vender personas. La violencia se ejerció, entonces, sobre los muertos antes que sobre los vivos, aunque los vivos —los descendientes de esos linajes, obligados a contemplar la profanación de sus antepasados— pagaron su parte en desmoralización cultural y desestructuración política.

En el Panzenú norteño, Heredia se encontró con una respuesta inesperada. El cacique Guley, en vez de resistir, adoptó una táctica de recepción hospitalaria y munificencia política: le abrió un camino de catorce varas de ancho hasta Jegua para facilitarle el paso. Fue una lectura política aguda —convertir la sumisión en gesto de dignidad para preservar la comunidad—, aunque no evitó lo que vendría después: el reparto de la región en encomiendas, con la isla de Mompox distribuida en treinta y nueve encomiendas y la densa Loba dividida en dos por la magnitud de su población.

Las relaciones que los hermanos Pedro y Alonso de Heredia escribieron sobre estas expediciones son piezas imprescindibles para reconstruir el poblamiento zenú, con observaciones del propio Heredia sobre las costumbres de mercado y trueque de los malibúes que amplían el retrato clásico.

El oro convertido en ciudad

El oro extraído de las sepulturas del Sinú fue la base del progreso económico de la provincia de Cartagena y explica que la ciudad fuera desde el principio una plaza floreciente, mientras Santa Marta languidecía y otras fundaciones costeras apenas subsistían. La bahía cartagenera se llenó pronto de comerciantes y navíos —el contraste con el escaso tráfico samario era notorio—, y la ciudad se pobló de gentes ricas y empleados del gobierno español más que de colonos rasos: la inmigración fue contenida desde temprano por las dificultades de navegación y las demandas navales de los reinados de Carlos V y Felipe II, y eso dio a Cartagena una fisonomía peculiar, con fuerte peso de la burocracia colonial y del capital mercantil.

Esta prosperidad temprana explica una decisión que pesaría durante siglos: Cartagena se convertiría en la primera plaza del Nuevo Reino de Granada y una de las principales del poderío español en América, escala obligada de las flotas transatlánticas en el siglo del auge de la plata peruana y el oro neogranadino, y objetivo de corsarios ingleses, franceses y holandeses que la obligarían a levantar sus célebres obras de defensa. Entre 1550 y 1650 zarparon del puerto casi una flota y cuarta cada año, y ese ritmo bastó para tejer el puente atlántico que sostuvo la fiscalidad imperial. Su gran limitación estructural también quedó marcada desde el origen: la falta de una conexión eficiente con el río Magdalena la mantendría, hasta 1650, dependiente de un tráfico oneroso por mar o a lomo de mula, un obstáculo que ni Heredia ni sus sucesores inmediatos resolvieron.

Todo eso pertenecía al futuro. Al Heredia de los años treinta y cuarenta le tocó otra cosa: gobernar con creciente conflicto una empresa cuya rentabilidad atraía la atención de rivales, súbditos descontentos y una Corona cada vez más suspicaz.

Gobierno autoritario y frenos de la Corona

Heredia gobernó Cartagena como una empresa propia. En 1535 apresó a Julián Gutiérrez, un expedicionario venido de Castilla del Oro que se había establecido en Urabá, con el argumento de que invadía sus dominios jurisdiccionales; el incidente marca la frontera móvil y disputada entre las gobernaciones vecinas y la propensión de Heredia a defender el territorio como coto exclusivo. Repartió encomiendas —él, su hermano Alonso y el licenciado Santa Cruz— en un momento en que solo estaban vigentes ciertas disposiciones generales de la Corona sobre repartimientos, sin que hubiera llegado aún el oidor encargado de reglamentarlas localmente. Legislaba sobre la marcha, o interpretaba la ley con margen amplio a su favor.

La encomienda funcionó en la región bajo su lógica clásica. Se asignaba a un conquistador un grupo indígena preexistente —un clan o una tribu—, obligado a tributar y trabajar, con el cacique como representante y pagador del tributo a nombre de la comunidad. Era una institución de extracción viable solo donde había sociedades sedentarias, con excedentes y con jerarquía política aprovechable como intermediaria. Donde no las había, los españoles recurrían a la rapiña directa o a la guerra de desplazamiento. En la costa Caribe, los zenúes y algunos grupos ribereños ofrecían esas condiciones; en las serranías interiores, no. Los primeros encomenderos cartageneros —el propio Heredia, su hermano, Santa Cruz, los capitanes que le habían acompañado en la travesía y en las entradas al Sinú— se repartieron entre pocas manos una masa demográfica que empezaría a decrecer con rapidez por enfermedad, huida y muerte violenta, y esa concentración inicial marcaría la estructura de propiedad de la gobernación durante décadas.

La violencia escapó pronto de todo control. Hacia 1535, el obispo de Cartagena escribió a la Corona describiendo un panorama devastador: los españoles quemaban la tierra, mataban y partían niños, ahorcaban indios, cortaban manos y asaban indígenas. La mayor parte del territorio estaba alzada, y los indios "muy escandalizados". La denuncia episcopal reflejaba el modo ordinario de operación de la conquista, y llegó a Madrid en un momento en que la monarquía empezaba a tomar en serio el problema de sus propios agentes.

La respuesta llegó en forma de cédulas reales que recortaron la autoridad de Heredia de manera concreta. Le prohibieron estar presente en el cabildo cuando se trataran asuntos que le concernieran, otorgar oficios a familiares y allegados, e impedir a los vecinos quejarse directamente al Consejo de Indias. Le quitaron el derecho de ser juez en pleitos de segunda instancia, estableciendo que las apelaciones fueran directamente al Consejo. Eran limitaciones sustanciales: cerraban las tres puertas por las que un gobernador podía convertir su cargo en poder personal absoluto —el control del cabildo, la red clientelar familiar y el filtro de las quejas—. Y no se quedaron en el caso Heredia: la Corona las extendió luego a otras gobernaciones, generalizando el modelo a partir del laboratorio cartagenero.

A ese arsenal se sumaron los juicios de residencia. Juan de Vadillo, primero, y Miguel Díaz de Armendáriz, después, llegaron con instrucciones de investigar la gestión del gobernador y de sus allegados; detrás de ellos operaban, más lejos, los oidores de la Audiencia de Santo Domingo, que arbitraban conflictos entre las gobernaciones caribeñas antes de que se creara la Audiencia de Santafé. Heredia fue procesado en varias ocasiones, sus bienes fueron embargados, su hermano Alonso apresado, y él mismo debió viajar dos veces a España a defenderse. La imagen del conquistador triunfal se fue erosionando en despachos, sumarios y comparecencias. Cada regreso a Cartagena después de un pleito superado le devolvía formalmente al mando, pero le restaba autoridad efectiva: los vecinos habían aprendido que el gobernador era vulnerable, y los enviados de la Corona seguían llegando.

Los cronistas y los vencidos

La memoria de la fundación no se escribió sola. Pedro Cieza de León desembarcó en Cartagena en 1535 o 1536, apenas fundada la ciudad, y dejó los primeros testimonios sobre la conquista del occidente colombiano; su prosa, sobria y atenta al detalle, dibuja una Cartagena todavía en obras y una hueste que aún se estaba haciendo a sí misma. Juan de Castellanos y Gonzalo Fernández de Oviedo escribirían después, y el autor de las Elegías aplicó a los conquistadores la poética renacentista del héroe épico. De ahí salió una imagen de Heredia y sus pares que ha tardado siglos en desmontarse: un conquistador de verso endecasílabo, virtuoso y sufrido, que tapa al gobernador procesado, al saqueador de tumbas y al empresario ávido.

En el reverso de esa literatura están los pueblos indígenas: los calamaríes de la bahía, los turbacos, los malibúes del bajo Magdalena, los zenúes de los tres cacicazgos, los chimilas al oriente. No fueron exterminados por completo —los censos modernos todavía registran comunidades zenúes de varios miles y grupos chimilas reducidos pero persistentes—, pero sufrieron un colapso demográfico y una reconfiguración cultural profundos. La etiqueta de "caribes" y "comedores de carne humana", aplicada a diversos grupos costeros durante las primeras décadas del siglo XVI, sirvió para convertirlos en mercancía legítima en los mercados de esclavos antillanos: bastaba con clasificar a un pueblo dentro de la categoría para levantar la prohibición general de esclavizar indios. Los que sobrevivieron adoptaron animales domésticos y nuevos cultivos sin destruirse culturalmente, y junto con los negros desarrollaron técnicas de embalse y traslado de ganado mayor desconocidas en la España peninsular. La historia zenú no termina con Heredia; se transforma bajo su presión, y algunos de sus rasgos —el manejo de las ciénagas, las técnicas de canalización, la relación con el ganado— pasan a formar parte del sustrato cultural de la costa Caribe hasta el presente.

El naufragio

Después de años de gobierno, procesos y viajes de defensa, Pedro de Heredia embarcó en 1554 rumbo a España para atender uno más de sus asuntos pendientes ante la corte. Ese viaje debía ser el último movimiento de una vida entera pasada esquivando cargos, presentando descargos y comprando tiempo frente a los enviados de la Corona: otra travesía atlántica, otra comparecencia en Madrid, otra tentativa de salvar la hacienda acumulada en veinte años de gobernación. El barco naufragó cerca de las costas de la Península. Heredia murió ahogado, sin llegar a defenderse una última vez ni a rendir cuentas ante los oidores que lo esperaban.

Hay algo obstinadamente literal en ese final. El hombre que había cruzado el Atlántico para acumular oro murió en el mar, camino a defenderse por él. La misma ruta que había hecho posible su empresa —el puente marítimo entre Sevilla y el Caribe, la travesía como escenario de fortuna y de arbitrio real— se lo tragó cuando volvía a jugarse la última partida. Ni cárcel, ni proceso concluido, ni sentencia firme: solo el agua, que resolvió por vía natural lo que los jueces de residencia habían dejado pendiente durante dos décadas. Sus bienes en Cartagena quedaron enredados en litigios, su hermano Alonso siguió tratando de sostener lo que quedaba de la empresa familiar, y la gobernación, en la práctica, tuvo que reinventarse sin fundador.

La gobernación de Cartagena continuó sin él. La ciudad ya no lo necesitaba: el impulso fundacional había cuajado, el sistema de flotas empezaba a organizarse y las obras de defensa contra corsarios se anunciaban en el horizonte. Cartagena entraba en su siglo de oro imperial mientras la memoria de su fundador se decantaba en las crónicas, primero como epopeya y siglos después como problema.

La huella

Pedro de Heredia dejó una fundación de primer orden y una biografía incómoda. Ninguna otra ciudad de la costa neogranadina alcanzaría el peso que Cartagena tuvo desde el siglo XVI hasta la Independencia, y esa preeminencia se decidió en los primeros años, cuando el oro zenú financió la consolidación urbana, la infraestructura portuaria y la atracción de capital mercantil español. Sin ese arranque, la ciudad probablemente habría corrido la suerte de Santa Marta: expuesta, empobrecida, marginal. La geografía —una bahía excepcional— dio la ventaja; el saqueo de las tumbas dio el capital.

La huella incluye también lo que la fundación destruyó. Los cacicazgos del Sinú, del San Jorge y del bajo Cauca, con su compleja cultura funeraria y su organización política jerarquizada, quedaron desarticulados. La violencia denunciada por el obispo de Cartagena hacia 1535 —quemas, mutilaciones, ahorcamientos, indios asados— no fue excepción sino método, y la Corona respondió no aboliéndola sino regulándola: cédulas que limitaron el poder personal del gobernador, cláusulas de buen trato en las capitulaciones, jueces de residencia, apelaciones directas al Consejo de Indias. Ese aparato jurídico convivió con los abusos más de lo que los frenó, y sirvió, sobre todo, para que la monarquía se reservase el último gesto de autoridad sin renunciar al primer gesto de conquista. La Cartagena de Heredia nació en el pulso permanente entre el botín privado y la soberanía reguladora, y ese pulso quedó incrustado en la ciudad como una segunda fundación, más duradera que las murallas.

El fundador épico de la ciudad más importante del Caribe español y el saqueador de tumbas que operó al filo de la ley con impunidad negociada conviven en la misma biografía. Solo mirándolos a la vez se entiende por qué Cartagena existe, por qué existe donde existe, y por qué su piedra fundacional está hecha —literalmente, no como metáfora— del oro de los muertos zenúes.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

28 documentos · 51 fragmentos
01Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 40, 42, 953 citas
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aspiraciones de d o m in ar las regiones que iban o cu p an d o ratificaron la fragm entación ya su g erid a por la topografía. Los prim eros encuentros ocurrieron a lo largo de la costa del m ar Caribe. Al prim er viaje de exploración y com ercio de A lonso de O jeda a La Guajira (1499) le siguió el de Juan de la…

p. 40
[17]

e riqueza. Puesto que en Santa M arta se agotó rá p id a m en te la fase de saqueo del oro, la esclavización llegó tem p ran o y fue m uy im p o rtan te en la econom ía de la C onquista. En contraste, en la zona de C artagena los d esc u brim ientos de los entierros de oro del Sinú retrasaron la transform ación d e…

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la región que concurrían a ofrecer alim entos y otros servicios a la tripulación. D urante la década de los años 1770, la población cartagenera osciló alrededor de los 12.000 habitantes. A u n q u e la bien protegida bahía de C artagena le b rindaba gran d es ven ta jas com o puerto, el desarrollo de un centro de…

p. 95
02El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 2821 cita
[2]

Castilla (1451-1504), y Fernando ii de Aragón (1542-1516), los «Reyes Católicos» de la España unificada. 144 Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano (1485-1547), con- quistador extremeño y capitán general de México que se llamó en esos años la Nueva España. 145 Francisco Pizarro González (1478-1541), el conquistador…

p. 282
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 36, 39, 423 citas
[3]

Am é rica la religi ó n mantuvo su predomi nio durante toda la Colonia y fue la base esencial del orden social y la raz ó n para la obediencia de las leyes y de las normas morales y de convivencia social. Aunque Espa ñ a incorpor ó muchos de los avances t é cnicos de la é poca, su cultura no estimul ó la actitud cient…

p. 36
[6]

al otro lado del golfo de Urab á. Santa Mar í a re cibi ó t í tulo de ciudad y de all í sali ó en 1513 la expedici ó n que, con ayuda de indios amigos, llev ó a Vasco N úñ ez de Balboa al oc é ano Pac í fico. Se convirti ó en 1513 en capital de una nueva gobernaci ó n, la de Castilla del Oro, que un í a Tierra Firme…

p. 39
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de varios “ regidores ”, que asum í a la autoridad sobre la ciudad y su entorno rural. El con quistador principal “ encomendaba ” o repart í a entonces los indios a los conquistadores, que trataban de intercambiar por oro productos atractivos para los indios (hachas y cuchillos, tijeras, cuentas, aba lorios) y los…

p. 42
04Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · Páginas 85, 952 citas
[4]

pri- mera audiencia en toda América, zarparon los ex- ploradores que visitaron las costas de lo que hoy es Colombia. En 1499, el conquistador Alonso de Ojeda, compañero de Colón, obtuvo una capitula- ción para explorar la costa del golfo de Paria. El mismo año llegó al cabo de la Vela, con lo cual po- demos decir que…

p. 85
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presencia del Estado español. Ellos daban cuenta de la realidad urbana a gobernadores, audiencia y virreyes, que eran sus superiores en la escala burocrática. El ilustre historiador Haring, que ha investigado mucho sobre la naturaleza de las ciudades hispa- noamericanas y su evolución colonial, dice que aquéllas…

p. 95
05Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 63, 2182 citas
[5]

Urabá; lle- ga a la isla de Codego, ubicada en la bahía de Cartagena. Fundación de Santa María de Antigua del Darién a cargo de Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa. Nace en Granada Gonzalo Jiménez de Quesada.; 1510 Juan de la Cosa muere en Turbaco a manos de los indígenas. Balboa descrubre el río…

p. 218
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rior, función que fue disputada por Tunja y Santa- fé de Bogotá; pero en un corto plazo de tiempo se dirimió la decisión a favor de la segunda, gracias a su situación de cruce de caminos y a que gozaba de una localización más estratégica en términos de defensa de la ciudad, debido a la barrera de montañas que servían…

p. 63
06Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · Página 2192 citas
[7]

y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…

p. 219
[8]

y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…

p. 219
07Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Página 441 cita
[9]

históricos asociados a la emergencia de una élite que, entremezclando lo económico, lo po - lítico y lo cultural, gobernaría a la naciente Colombia a lo largo de la segunda mitad del xix y la primera mitad del xx. Élites de espada: la autoproclamación del conquistador como la primera élite del Nuevo Mundo La aventura…

p. 44
08Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 252 citas
[10]

de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus confesores y…

p. 25
[11]

una posesión de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus…

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09Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 331 cita
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debate. Hoy sabemos, por ejemplo, que las economías agrarias de grupos indígenas que gozaban de una compleja organización social fueron suficientes para sustentar por más de una generación a los pequeños grupos urbanos de la sociedad conquistadora. Es importante advertir también un rasgo económico dominante en el…

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10Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 120, 123, 1273 citas
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nadie ”, proveedora de esclavos y de oro que se arrebataba a los indios, situaci ó n que perdur ó varios a ñ os. Fue Panam á, sede definitiva de Pedrarias D á vila, la que poco despu é s, al descubrirse el Per ú, se convirti ó en importante puerto comercial y, en 1538, sede de una Real Audiencia que tuvo pocos a ñ os…

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Fue ya la é poca en la cual las autoridades espa ñ olas trataron de combatir la arrogancia de los “ americanos ” que orgullosos de haber con quistado un imperio para Espa ñ a, desafiaban cualesquiera leyes que trataban de limitar su libre acci ó n. En M é xico fue destituido por, aquel entonces el “ conquistador ”…

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del r í o. Llegado a la tierra asignada, Heredia fund ó en 1532 la ciudad y puerto de Cartagena. Hizo luego algunas salidas de reconoci miento, encontrando una general hostilidad de la poblaci ó n ind í gena que desbarataba f á cilmente. La principal actividad de Heredia se concentr ó sobre la exploraci ó n del Sln ú,…

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11Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 69, 71, 843 citas
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que la muerte de Bastidas, entregó la provincia de Santa Marta a la desenfrenada conquista. Muerto aquél, el "común" eligió para go- bernar a Santa Marta a Rodrigo Alvarez Palomi- no, conquistador curtido en las guerras de Méxi- co, gobierno que fue luego compartido con Pedro de Vadillo, enviado por la Audiencia de…

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Oviedo. Pero Oviedo no hizo diligencia alguna para tomar posesión de la tierra y los vecinos de Santa Marta acostumbraron a cruzar el Magdalena en busca de esclavos y provisiones. El ya mencionado Pedro de Heredia, te- niente de Vadillo, supo aprovechar bien su per- manencia en Santa Marta. Mediante el negocio de…

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construir una fortaleza como defensa contra Nueva Historia de Colombia, Vol. I los piratas y contra los franceses, entonces en guerra con España. Continuaba gobernando de una manera autoritaria como lo atestiguan las cédulas reales que le fueron dirigidas. Estas extendidas luego a otras gobernaciones, prohi- bían al…

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12Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · Páginas 49, 602 citas
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Spaniards reached Sompallón, they did not venture ahead, in spite of the fact that their Indian guides and translators always spoke of the great riches, large provinces, and the lords who ruled them, that would be found much farther upriver. However, in spite of these rumors, on the occasions that the Span- iards made…

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extended to other lands and islands, as best serves you. If another governor or conquistador from neighboring lands, or from anywhere else, were to enter the province to conquer, or are within its borders, that Your Majesty order that they leave; and that my father, the adelantado, have the authority to arrest them…

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13Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Páginas 24, 272 citas
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cumplidas- del mandante (Ots Capdequi, 1946). Las capitulaciones tenían tres partes según el autor: la licencia del Rey para conquistar y descubrir, las obligaciones del descubridor y las mercedes regias concedidas por la Corona, y el carácter condicional de las mercedes, supeditadas al éxito de la empresa y la…

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se hiciera el reparto a los privilegiados, generándose un problema de tierras con los indígenas y los nuevos inmigran tes europeos, o los españoles pobres. Las capitulaciones daban al conquistador una especie de dominio emi nente, que se particularizó y concretó con la encomienda. La norma según la cual el territorio…

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14Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Páginas 24, 27, 1203 citas
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civiliza ciones extrañas, el europeo sentía la necesidad de agruparse para subordi narlas y al mismo tiempo para preservar su «ser europeo». La afirmación de ciertos valores culturales sólo podía darse en ese contexto urbano, pues vivir en «república» equivalía a «... llevar una vida urbana bien arreglada y…

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agotado21. El episodio de las sepulturas fue la primera ocasión que se ofreció a los españoles de montarjina.explotació:n_.econó.mica-que.no. estuviera fundada enJa-japiña_de los combates. Se trataba, en escala muy modesta, de un preludio de la futura economía minera. La explotación se desenvolvía en los límites…

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denominación de «caribes» y la reputación de «comedores de carne humana», convirtiéndose así en una mercancía fructuosa en los mercados de esclavos de las Antillas en las primeras décadas del siglo XVI. Los relatos de los cronistas y las relaciones oficiales revelan la existencia de una gran variedad de grupos…

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15Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · Páginas 69, 74, 773 citas
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extraordinario. Mientras se aprestaba a la defensa del Panzenú por ese lado del gran río con apremio de sus colegas malibúes, Guley se vio asediado por el otro, el de las sabanas, cuando don Pedro de Heredia (el fundador de Cartagena) avanzó en 1534 desde Cala- mar! por los montes de María para descubrir el Finzenú.…

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l U " da". El encuentro fue, pues, grato para ambas partes, y Guley, con sus indios, le fue abriendo a Heredia "a pala y escoba" un camino de catorce varas de ancho hasta llevarlo a Jegua, Fue un hábil gesto de munificencia política. El río Jegú estaba alto y, para pasarlo, los viajeros tuvieron que usar el…

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de clase social) y diversos alimentos (el membrillo, el plátano, el arroz, el árbol del pan). Los malibúes mismos no eran tan atrasados como otras tri- bus, si hacemos caso a lo observado por el propio Pedro de He- redia en relación con sus costumbres de mercado y trueque (Friede, Documentos, VIII, 53-55). Ya hemos…

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16Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · Páginas 35, 3252 citas
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tros que indiquen una integración para la construcción y el mantenimiento del sistema. En el fondo, según todos los datos disponibles hasta ahora, parece que se trataba de una población rural cuyos restos materiales están muy super- ficialmente dispersados. Fue una sociedad de rangos bien definidos, al juzgar por la…

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de ahí en ade- lante el oro se volvió su obsesión. Lo raparon de los vivos y de los muertos; extorsionaron las poblaciones, tortura- ron a los caciques, saquearon las tumbas y los santuarios. La búsqueda del oro pronto se convirtió en el factor deci- sivo en determinar las rutas de penetración de las huestes…

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17Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Páginas 83, 902 citas
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y acusaciones. Parece que Heredia logró utilizar buena cantidad de esclavos —se habló de 30— que había traído para excavar, oro en las tumbas, cosa que no consideraban equitativa los demás miembros de la compañía. El aumento del número de españoles, por otra parte, continuaba agravando los problemas: para mayo de…

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población aborigen. Pero pese a su disminución, los indígenas de los alrededores mantuvieron, mucho mas allá de 1550 —año en el que se presentó una violenta rebelión de los indios de Buritaca— una actitud belicosa que hizo de Santa Marta una de las localidades del Nuevo Reino de Granada, más expuestas a ataque de los…

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18Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 2861 cita
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de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…

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19Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · Página 1311 cita
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llegó a ser en bre- ve una de las plazas principales del poderío español en América; pero, sobre todo, la primera del Nuevo Reino de Granada. Poblada por gentes ricas y por los empleados del Go- bierno español, desplegó desde un principio el genio alegre y hospitalario, altivo y dominador, algún tanto aristocrático en…

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20La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · Páginas 15, 192 citas
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de los primeros de propiedad de la Corona española. Por su puerto salía rumbo a La Habana, Cuba, y de allí a España, la gran Flota de los Galeones, cargada de fantásticas toneladas de oro y plata. Se ha escrito bastante sobre esta caravana de imponentes barcos que surcó el mar Caribe a lo largo de dos siglos,…

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de una simple expansión del gran océano. 2 Los estudiantes aprendíamos, por otra parte, que las costas del norte de Colombia estaban pobladas por los caribes, como salidos de un confuso norte geográfico. Indígenas de muy mala fama –se nos decía–: caníbales, enemigos del progreso y violentos sin justa causa. En…

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21Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · Página 2871 cita
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–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’  n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…

p. 287
22Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · Página 2871 cita
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–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’  n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…

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23¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 341 cita
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de la tierra, se ha solido enseñar, se expresó mediante diferentes instituciones: una fue la encomienda, donde un grupo indígena era obligado a trabajar para un español -el encomendero- que lo recibía en recompensa por su participación en la Conquista, a cambio de no separarlo y garantizar su conversión al…

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24Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 232 citas
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y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

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y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

p. 23
25Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · Página 751 cita
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pueblos de indios o en sus cercanías. En la isla de Mompox y fuera de ella, las autoridades concedieron así 39 encomiendas, a otros tantos encomenderos. Fue el comienzo formal de lo que se ha llamado el " r é g i m e n señorial" implantado en tierras ameri- canas. [C] Según los documentos, Loba era tan poblada…

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26Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · Página 4381 cita
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describir como el rápido despojo de lo ajeno, permitió que un puñado de conquistadores se enriqueciera, pero fue más la excepción que la regla. La segunda opción, establecer encomiendas, tenía un problema, y es que solo era posible cuando se trataba de sociedades más o menos sedentarias que producían excedentes y…

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27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 441 cita
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se configu- raron los rasgos de las principales conflictividades y tensiones sobre el ordenamiento territorial y la distribución de la tierra que estuvieron en las raíces del conflicto armado interno. Las fundaciones coloniales provocaron una ruptura violenta en el ordenamiento territorial existente. No respondían a…

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28Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 29, 352 citas
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por Pedro de Heredia. En 1535 o 1536 desembarcó allí otro soldado- escritor, Pedro Cieza de León (nacido en Extremadura, España, alrededor de 1518 y muerto allí mismo en 1560). En la primera parte de su Crónica del Perú (publicada en España en 1553) Cieza de León dejó los primeros testi- monios sobre la conquista del…

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poética del Renacimiento para pintar con tintes heroicos a los conquistadores de la zona equinoccial como héroes de la Ilíada o la Odisea, como varones ilustres que se aventuraban por un territorio selvático, con ríos y montañas enormes, que se enfrentaban a comunidades indígenas que no se caracterizaban por su…

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