Consolidación del régimen minero-esclavista del Pacífico y crisis de la encomienda en la Nueva Granada (1600–1650)
Entre 1600 y 1650, la Nueva Granada operó bajo dos regímenes extractivos simultáneos y divergentes: la minería esclavista africana en el occidente aurífero y la encomienda indígena en el altiplano oriental, ambos incapaces de generar acumulación interna y condenados a drenar riqueza hacia el exterior. El período cerró con el agotamiento del primer ciclo minero, el colapso demográfico indígena y la ruptura del sistema de asientos portugueses, sellando la dependencia estructural de la economía colonial neogranadina.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1600–1650
- Dónde
- Nueva Granada, Antioquia, Chocó, Popayán, Tunja, Pamplona, Zaragoza, Cáceres, Remedios, Guamocó, Cartagena de Indias, Santafé de Bogotá
- Protagonistas
- Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Carlos Sempat Assadourian, William Sharp, Baez Cutinho (asentista portugués), Germán Peralta, Jorge Palacios Preciado, Juan Friede, Vicente Restrepo, Encomenderos neogranadinos, Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales, Corona española
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Agotamiento progresivo de los yacimientos superficiales auríferos por el mecanismo de desplazamiento sucesivo de cuadrillas hacia nuevos frentes, sin posibilidad de reposición indefinida
- Colapso demográfico indígena —la provincia de Tunja perdió el 90% de su población entre 1537 y 1757— que redujo drásticamente la mano de obra disponible para la encomienda y la mita
- Dependencia estructural del abastecimiento de esclavos africanos a través del sistema de asientos portugueses, vigente entre 1595 y 1640 gracias a la unión de las coronas ibéricas, y vulnerable a su ruptura política
- Precios exorbitantes de los esclavos en los reales de minas antioqueños —350 a 450 pesos en Remedios en 1616, el doble o triple que en otras partes de las Indias— que endeudaban crónicamente a los mineros y concentraban la renta en intermediarios y asentistas
- Drenaje fiscal y mercantil sistemático: el quinto real, los estipendios eclesiásticos, los costos de abastecimiento de las cuadrillas y el pago a los asentistas impedían que la renta minera se convirtiera en capital productivo local
- Contrabando estructural de oro en polvo y de mercancías —favorecido por la geografía costera, la presencia holandesa en Curazao desde 1634 y la complicidad de cabildos y funcionarios— que subestimaba la producción real y erosionaba la fiscalidad imperial
Consecuencias
- Caída pronunciada de la producción aurífera registrada desde aproximadamente 1610: en 1630 los distritos antioqueños producían la mitad del pico de 1600, y hacia 1660 apenas una décima parte; los depósitos de Guamocó y Zaragoza estaban agotados hacia esa fecha
- Ruptura del abastecimiento formal de esclavos en 1640 con la separación de las coronas ibéricas, que privó a las cuadrillas mineras de su circuito regular de reposición justo cuando los yacimientos superficiales se agotaban, sellando el fin del primer ciclo minero
- Pérdida de influencia política de la élite encomendera en los cabildos de Santafé y Tunja desde finales del siglo XVI, con ausentismo y abandono de funciones públicas, como resultado del desplome de la tributación indígena
- Imposibilidad de acumulación de capital productivo interno: la renta generada por ambos regímenes —esclavista y encomendero— se fugaba hacia Sevilla, los asentistas portugueses y los mercaderes intermediarios, sin dejar infraestructura mercantil propia
- Configuración de la élite esclavista de Popayán a través de la apertura de la frontera minera del Pacífico, proceso que se consolidaría en el siglo XVIII y que definió el carácter criollo-señorial de esa clase dirigente regional
- Cierre eventual de las minas de plata de Mariquita y Pamplona tras la abolición de la mita en 1729, remate de una crisis de mano de obra indígena que se había incubado a lo largo de todo el siglo XVII
- Inicio del segundo ciclo minero en el siglo XVIII, circunscrito exclusivamente a Popayán y Antioquia, con un repunte perceptible desde hacia 1680 en el distrito de Popayán, como consecuencia directa del agotamiento del primer ciclo en el oriente andino
La clave interpretativa
Por qué importa
Este medio siglo fijó la matriz extractiva de larga duración de la economía colombiana: dos regímenes de trabajo coercitivo —esclavitud africana y encomienda-mita indígena— que producían para el exterior sin generar acumulación interna, sentando las bases de la dependencia estructural que los historiadores Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe y Carlos Sempat Assadourian identificaron como rasgo definitorio del orden colonial neogranadino. La coincidencia del agotamiento de los yacimientos superficiales, el colapso demográfico indígena y la ruptura del sistema de asientos portugueses en torno a 1640 no fue accidental sino sinérgica, y explica por qué el Nuevo Reino no pudo capitalizar el período de mayor producción aurífera de América para construir una economía mercantil propia. Comprender este nudo es indispensable para explicar tanto la fragilidad fiscal del virreinato tardío como las condiciones de la independencia.
Desarrollo histórico
La historia completa
La matriz extractiva neogranadina, 1600-1650
Entre 1600 y 1650, la Nueva Granada quedó fijada en una economía de dos rostros que no se articulaban entre sí. En el occidente húmedo —los frentes auríferos de Antioquia, la gobernación de Popayán y, más allá de la cordillera Occidental, la selva del Chocó que aún no se dejaba someter— el trabajo lo hacían cuadrillas de esclavos africanos comprados a precios exorbitantes en Cartagena. En el altiplano oriental —Tunja, Santafé, Pamplona— la riqueza seguía descansando sobre encomiendas de indios cuyo número se derrumbaba a un ritmo que ninguna reforma administrativa logró contener. Los dos sistemas producían para afuera: oro que salía en polvo y en barras por el puerto caribeño, tributo indígena que llenaba los graneros de una élite encomendera cada vez más pobre en manos vivas. Al medio siglo, el primer ciclo aurífero se había apagado sin dejar tras de sí ni capital acumulado ni infraestructura mercantil propia, y el interior indígena estaba diezmado. Fue el medio siglo en que la Nueva Granada se hizo estructuralmente dependiente, no por un solo golpe sino por la coincidencia sostenida de un drenaje externo eficiente y una fragilidad interna que ese drenaje agravaba.
El mundo que se hereda hacia 1600
El siglo XVI había sido, para las tierras del Nuevo Reino, un largo ejercicio de rapiña convertida en institución. Los primeros ingresos fiscales de la Corona vinieron de los quintos de sepulturas y rescates de la conquista: la expedición de Pedro de Heredia rindió 71.206 pesos de oro fino y 24.672 de oro bajo entre enero de 1533 y marzo de 1537; la de Gonzalo Jiménez de Quesada, 225.026 pesos. Era un botín, no una economía: el oro se lo llevaban los conquistadores, y ningún sistema de finanzas estable podía sostenerse sobre saqueos. Lo que sí se sostuvo, a partir de mediados del siglo XVI, fue la minería propiamente dicha, primero en los lavaderos del altiplano y luego, desde las últimas décadas del quinientos, en los frentes calientes de Cáceres, Zaragoza, Remedios y Guamocó, en el nordeste antioqueño.
Ese desplazamiento fue el motor del primer ciclo. Entre 1570 y 1620, el Nuevo Reino fue el principal productor de oro de América, con años en que la producción registrada alcanzó los dos millones de pesos. El techo se situó entre 1590 y 1600. El distrito de Antioquia —que agrupaba Antioquia, Zaragoza, Cáceres y Guamocó— acuñó en el quinquenio 1595-1599 una cifra que ya no volvería a repetirse; el distrito de Santafé, 1.349.705 pesos en el mismo período. La lógica de expansión era simple y frágil: cuando un yacimiento superficial se agotaba, las cuadrillas se desplazaban al siguiente frente. Ese mecanismo prolongó el ciclo cerca de setenta años, pero no reponía la base sobre la que se apoyaba.
La base era la mano de obra, y ahí los dos regímenes se separaban ya desde antes de 1600. En Santafé, Tunja, Pamplona, Cartago y Popayán, la producción se mantenía apretando el trabajo indígena mediante encomienda y mita. En Cáceres y Zaragoza, en cambio, se había optado, desde la apertura de aquellos yacimientos en las últimas décadas del siglo XVI, por la mano de obra esclava africana. La razón era demográfica: donde no había suficientes indios reducidos, o donde el ambiente selvático los mataba con rapidez, la única alternativa era comprar bozales en Cartagena. Esa bifurcación —altiplano encomendero contra occidente esclavista— es el legado que 1600 recibe y que 1650 devolverá agrietado.
Los frentes auríferos y las cuadrillas
El corazón del régimen esclavista neogranadino en el primer medio siglo del XVII estaba en las minas antioqueñas. En 1616, en Remedios, un negro bozal —recién llegado de África, sin adiestrar— valía 350 pesos oro; si sabía trabajar en la minería, entre 400 y 450. Eran precios escandalosos respecto a otras partes de las Indias, donde el mismo esclavo costaba la mitad o la tercera parte. Esa distorsión revela algo esencial: la demanda neogranadina era intensa, la oferta estrangulada, y el margen se lo llevaban los intermediarios que dominaban el paso por Cartagena.
La cuadrilla era la unidad productiva. Su tamaño normal iba de 50 a 200 esclavos, aunque las mayores llegaban a varios cientos. Los propietarios distinguían con crudeza contable entre la gente útil —los que trabajaban en el lavado del oro o en los cortes— y la chusma: niños, enfermos, ancianos que consumían sin producir. Esa distinción tenía consecuencias directas sobre la rentabilidad, porque la cuadrilla debía alimentarse, y la alimentación era el segundo gran costo después del propio esclavo. Una división del trabajo que permitiera autoabastecerse —cultivos de plátano, maíz, yuca, cría de cerdos y ganado menor— exigía dedicar a esas labores un número apreciable de brazos, y por eso solo las cuadrillas grandes conseguían ese equilibrio. Las minas autosuficientes gastaban 16 a 17 patacones de oro anuales por cabeza de esclavo; las que dependían de comerciantes externos, hasta 30. Casi el doble.
Esa aritmética explica por qué los pequeños mineros vivían crónicamente endeudados y por qué se quejaban sin descanso ante las autoridades: no había esclavos suficientes, los precios eran prohibitivos, el crédito lo daban los mismos mercaderes que les vendían los víveres. La renta minera, aun cuando el oro salía en abundancia, se fugaba antes de convertirse en capital: parte al asentista portugués que había traído al esclavo, parte al mercader caleño o cartagüeño que abastecía la cuadrilla, parte al fisco real que reclamaba su quinto. Al minero de Zaragoza o Cáceres le quedaba lo justo para reponer bajas y comprar otro año de operación.
Y las bajas eran continuas. La mortalidad de los esclavos en las minas neogranadinas era alta —no comparable a la de los cañaverales antillanos o brasileños, pero suficiente para exigir importaciones sostenidas—. Cada cuadrilla necesitaba ser realimentada. Cuando el flujo de bozales por Cartagena se interrumpía, la cuadrilla se contraía, y con ella la producción del real.
La trata portuguesa y el puerto de Cartagena
El sistema que abastecía de africanos a la Nueva Granada estaba montado sobre un accidente político mayor: la unión de las coronas ibéricas entre 1580 y 1640, que permitió a mercaderes portugueses obtener asientos formales para introducir esclavos en los dominios españoles. Cartagena de Indias fue el principal beneficiario y víctima de ese arreglo. Entre 1603 y 1611, el asentista portugués Baez Cutinho introdujo unos 12.000 esclavos por el puerto. Bajo un asiento lusitano posterior, entraron aproximadamente 5.000 más. En los dos primeros decenios del siglo XVII, la cifra legal —sin contar el contrabando— alcanzó los 17.000 esclavos. Entre 1618 y 1624 se registraron 29.574. Y en el período largo 1580-1640, no menos de 110.000 africanos entraron bajo registro por Cartagena, cifra que otras estimaciones elevan hasta 196.000.
Estos números convirtieron a Cartagena en el principal puerto negrero del Caribe hispánico y de la cuenca brasileña en aquel medio siglo. Conviene, sin embargo, separar el volumen de entrada del volumen de internamiento. No todos los esclavos desembarcados en Cartagena se quedaban en la Nueva Granada: buena parte se reexportaba hacia Panamá y de allí al Perú, o hacia otros mercados del Caribe. El número efectivamente internado en las minas antioqueñas y en las provincias del Pacífico parece haber sido, en proporción, modesto —lo que ayuda a explicar por qué los precios se mantenían tan altos en Remedios y por qué los mineros se quejaban tanto—.
La geografía del contrabando
El contrabando complementaba, y a veces desbordaba, el circuito legal. Cartagena era una plaza estratégica en la Carrera de Indias, y su litoral —una sucesión de ensenadas, ciénagas y bocas fluviales imposibles de vigilar— atraía a holandeses, franceses e ingleses que ofrecían esclavos y mercancías por fuera del asiento, a precios más bajos y con evasión sistemática de derechos. La geografía trabajaba a favor del contrabandista: entre las bocas de Ceniza y el golfo del Darién se extendía un frente de más de quinientos kilómetros que la Corona no tenía cómo custodiar, y en el que cualquier balandra podía descargar de noche una partida de bozales o de textiles flamencos para introducirlos por los canales del Sinú o por el bajo Magdalena.
Curazao, ocupada por los holandeses desde 1634, se convirtió pronto en el gran nudo del contrabando negrero hacia Tierra Firme. Desde allí, las factorías de la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales despachaban esclavos a Riohacha, a Santa Marta y a los fondeaderos discretos de la costa cartagenera. La Guajira, con su población wayuu que jamás fue sometida y con sus salinas de Manaure abiertas al comercio con cualquiera que pagara, funcionaba como una zona franca de facto: los holandeses cambiaban armas, aguardiente y textiles por perlas, ganado y esclavos reexportados, y ni la Audiencia de Santafé ni la gobernación de Santa Marta tenían medios para cerrar ese comercio.
El Magdalena era la arteria por donde ese contrabando penetraba hacia el interior. La boga —los champanes tripulados por bogas negros e indígenas que subían y bajaban el río entre Mompox y Honda— transportaba, junto con las cargas registradas, mercancías que jamás habían pagado almojarifazgo. Mompox, punto de tránsito obligado, se convirtió en el gran mercado intermedio del contrabando: allí se blanqueaba oro sin quintar, se cambiaban letras, se despachaban esclavos hacia los reales de minas de Antioquia por rutas que evitaban los registros oficiales. Los oidores de Santafé conocían el fenómeno y lo denunciaban periódicamente, pero cualquier medida efectiva chocaba con la complicidad de los mismos cabildos y funcionarios locales que se beneficiaban del tráfico.
En el Pacífico, la lógica era distinta pero el resultado análogo. Los puertos naturales de la Buenaventura y del Chocó, sin población española estable y con selvas prácticamente impenetrables, permitían desembarcos furtivos que abastecían las cuadrillas del interior caucano sin pasar por ningún registro. El oro chocoano, cuando empezó a extraerse en pequeñas cantidades desde mediados del siglo XVII, salía en buena parte por esas mismas rutas, sin haber pasado nunca por Cartagena ni por caja real alguna. La producción efectiva del Nuevo Reino pudo ser entre la mitad y un tercio mayor que la acuñada oficialmente, y esa diferencia se explica menos por el fraude individual del minero que por la existencia de un circuito paralelo, tolerado y estructurado, que unía los reales de minas con los mercados internacionales sin pasar por la fiscalidad imperial.
En 1640, cuando Portugal se separó de la Corona española, el sistema de asientos se rompió. El abastecimiento formal se interrumpió, y aunque el contrabando siguió operando, la Nueva Granada perdió el circuito regular de reposición de sus cuadrillas justo en el momento en que sus yacimientos superficiales daban señales de agotamiento. La coincidencia no fue casual sino sinérgica: dos crisis convergentes que sellaron el fin del primer ciclo.
El altiplano y el desplome del indio tributario
Mientras el occidente vivía su ciclo esclavista, el altiplano oriental se hundía en una crisis demográfica silenciosa pero devastadora. La provincia de Tunja tenía cerca de 215.000 indígenas en 1537; en los primeros veinticinco años tras la conquista había perdido ya una cuarta parte, y en dos siglos perdería el noventa por ciento, hasta quedar reducida a 25.000 hacia 1757. El medio siglo que aquí importa —1600 a 1650— cae en la fase de aceleración de esa curva.
El tributo que la encomienda extraía del indio era pesado y estratificado: las pensiones particulares para el encomendero, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el sueldo del corregidor. Sobre menos indios, la misma carga se hacía intolerable, y las comunidades respondían huyendo, muriendo o cayendo en el mestizaje que las sacaba del padrón tributario. A finales del siglo XVI, la pérdida acelerada del poder encomendero, sustentado precisamente en esa tributación, se tradujo en una pérdida de influencia del sector en el cabildo capitalino de Santafé, con ausentismo y abandono de los funcionarios públicos. Los encomenderos que habían sido los amos de la primera generación colonial se convirtieron, hacia 1620 y 1630, en una clase venida a menos, endeudada, empeñada en pleitos por indios que ya no existían.
La mita —el turno de trabajo forzoso en minas, haciendas, transporte de cargas y obras públicas— era la institución más opresiva. En el distrito de Pamplona se aplicaba a las minas de plata de Vetas y La Montuosa, y a las de Las Lajas en Ibagué; también a la boga del Magdalena y al transporte de mercancías y personas a hombros. Los mitayos llegaban a las minas de plata pamplonesas contra su voluntad, y buena parte huía antes de que los devolvieran a sus lugares de origen. Esa fuga era, en la práctica, imposibilidad de acumular oficio: los mineros no lograban formar una fuerza de trabajo experimentada, y la producción se resentía por partida doble —falta de brazos y falta de destreza—.
La crisis del altiplano no era solo demográfica: era estructural. La élite encomendera no podía, o no quería, sustituir el indio en fuga por mestizos o esclavos negros, como sí hicieron los mineros del Cauca, Antioquia y Chocó. Cuando finalmente la mita fue abolida en 1729, las minas de plata de Mariquita y Pamplona cerraron; pero aquello fue apenas el remate de una crisis que venía de mucho antes, de todo el siglo XVII, del decreciente suministro de mano de obra indígena y de la incapacidad de reemplazarla.
La imposibilidad de acumulación interna
Aquí está el nudo del medio siglo. Los dos regímenes —el esclavista occidental y el encomendero oriental— producían renta, pero ninguno la retenía en forma de capital productivo local. La minería antioqueña generaba oro que salía hacia Sevilla y hacia los mercaderes portugueses, con una parte creciente evadida por el contrabando. La encomienda oriental generaba tributo en especie y en trabajo que sostenía un consumo señorial —casas en Tunja y Santafé, doctrineros, corregidores— pero no una inversión productiva.
El fraude fiscal era sistemático y estructural. Las cifras de acuñación registradas en las Cajas Reales son indicadores de tendencia y no de magnitudes absolutas: el oro en polvo se escondía con facilidad, el metal salía por rutas alternas, los quintos se declaraban a la baja. La Casa de la Moneda de Santafé, establecida en 1627, intentó contener parte de este fraude ofreciendo condiciones más ventajosas: cobraba solo el 5% de derechos reales frente al quinceavo —el 6,67%— que se mantenía en ciertas regiones, y permitía declarar oro sin haberlo declarado previamente en el sitio de extracción, sin incurrir en sanción. Fue una concesión de la Corona a la realidad: reconocer que el registro completo era imposible y captar al menos una parte mayor del oro que ya circulaba.
Pero incluso el oro que sí se registraba se iba. La Nueva Granada no tenía flota, ni banca, ni casas comerciales propias con alcance transatlántico. Los mercaderes portugueses que traían esclavos volvían con oro; los mercaderes españoles que traían textiles, hierro y vino se lo llevaban también. Lo que quedaba en el interior era el metálico necesario para pagar salarios, tributos y consumo suntuario, no para invertir en infraestructura, en mejora técnica, en integración regional. Cuando los ciclos de producción se contrajeron, no había reserva acumulada que amortiguara la caída.
A esto se sumaba la geografía. Los distritos mineros vivían aislados unos de otros y de los centros administrativos. La cordillera Occidental, con sus selvas espesas por encima de los 2000 metros, funcionaba como un tapón natural entre el Pacífico y el interior andino. Los reales de minas del Chocó eran asentamientos provisorios, poblaciones que se desmontaban cuando la cuadrilla se desplazaba al siguiente frente, y esa inestabilidad estructural hacía imposible cualquier consolidación urbana o mercantil sobre la que pudiera construirse una acumulación. El comercio de abastecimiento —Popayán, Cali, luego Medellín y Rionegro— hacía fortunas privadas internando mercancías en los reales, pero esas fortunas eran comerciales, no productivas: reponían inventario, no ampliaban capacidad.
El resultado, hacia 1640, era una economía que había producido durante décadas cifras respetables de oro sin haber generado ni una banca ni una flota ni una industria de repuestos ni una red urbana articulada. La renta se había ido en línea recta al Atlántico.
Las fronteras que resistían
Ninguno de estos procesos se desplegaba sobre un vacío. Los territorios que la matriz extractiva quería incorporar tenían habitantes, y esos habitantes resistieron durante todo el medio siglo con una eficacia que reconfiguró la geografía del oro.
Entre la gobernación de Popayán y el Nuevo Reino se extendía una zona incierta en la que paeces, pijaos y yalcones se sostuvieron durante casi un siglo. Popayán, cuya jurisdicción cubría casi la mitad del territorio ocupado del Nuevo Reino y llegaba hasta los confines de la Audiencia de Quito, tuvo su epicentro real reducido durante mucho tiempo al valle de Pubenza. La ciudad no proyectó su poder efectivo sobre el valle del Patía, la banda occidental del río Cauca, las estribaciones de la Cordillera Central o el extremo suroccidental de su jurisdicción sino hasta bien entrado el siglo XVIII. En el medio siglo aquí examinado, esos territorios eran fronteras disputadas, no periferias sometidas.
El caso más elocuente es el del Chocó. En 1640, en pleno cierre del ciclo esclavista antioqueño y en plena ruptura de la unión ibérica, los indígenas del Chocó no se limitaron a cerrar las minas que se habían empezado a explotar en la vertiente pacífica: cruzaron la cordillera y saquearon e incendiaron los pueblos españoles de Anserma, Arma y Cartago. Fue una demostración de fuerza que retrasó por décadas la incorporación del Chocó al circuito minero neogranadino. Los franciscanos que habían intentado establecerse en el Atrato desde la década de 1640 fueron rechazados durante tres décadas. La gran rebelión de 1684 volvería a cerrar la región, y solo en 1686, tras una campaña militar dura, los españoles lograron someterla efectivamente. La apertura minera plena del Pacífico chocoano —el gran segundo ciclo, el de los siglos XVIII— no pudo comenzar mientras las cuadrillas no pudieran instalarse con relativa seguridad.
El cimarronaje y la contracara de la cuadrilla
Al fenómeno de resistencia indígena se sumaba, en el mundo esclavista occidental, el cimarronaje. La fuga era una posibilidad presente en cada real de minas, y las cifras que se conservan hablan de una constante: cuadrillas que en los inventarios de un año perdían diez, veinte, treinta esclavos que no habían muerto ni habían sido vendidos, sino que simplemente habían desaparecido monte adentro. Las condiciones geográficas del occidente neogranadino favorecían esa fuga como no ocurría en las plantaciones antillanas: bastaba con caminar unos días selva arriba o cordillera adentro para llegar a zonas donde ninguna autoridad española tenía capacidad de perseguir.
Los palenques —asentamientos de fugitivos, a menudo mixtos con población indígena— se multiplicaron a lo largo del medio siglo. En la serranía de San Lucas, en el bajo Cauca, en las estribaciones del río Nechí, en las vertientes selváticas del Patía y del San Juan, se formaron comunidades que combinaban agricultura de subsistencia, caza y, cuando podían, asaltos a las cuadrillas y a los arrieros que transportaban víveres a los reales. Algunos palenques negociaban con mercaderes de segunda línea, cambiando oro lavado clandestinamente por herramientas, sal y armas; otros vivían en aislamiento casi completo, replicando en la selva estructuras políticas de origen africano que la historiografía apenas empieza a reconstruir.
El más famoso, El Castigo, ubicado en una serranía inaccesible entre Pasto y Popayán, resistió durante años los intentos de negociación de la Real Audiencia de Quito hasta que fue destruido por una expedición armada al mando de Juan Álvarez y Tomás Hurtado en 1745. Aunque su destrucción es posterior al medio siglo aquí examinado, El Castigo era ya en 1650 parte del paisaje: los ausentismos de amos y las dificultades de los capataces para mantener la unidad de las cuadrillas alimentaban continuamente el flujo de fugitivos, y los palenques eran la contracara viva de la matriz esclavista.
El impacto económico del cimarronaje fue mayor de lo que las cifras oficiales dejan ver. Cada esclavo fugado representaba una inversión perdida —350 a 450 pesos oro en los precios de Remedios— que la cuadrilla debía reponer. Cada palenque activo obligaba al minero a destinar recursos a la vigilancia y a expediciones punitivas que rara vez alcanzaban su objetivo. Y, más profundamente, la posibilidad misma de la fuga condicionaba el régimen de trato dentro de la cuadrilla: los propietarios inteligentes concedían márgenes de subsistencia —parcelas propias, permisos de mercado los domingos, tolerancia hacia las prácticas religiosas africanas— que reducían la propensión a huir. Esa negociación implícita, invisible en los libros de cuenta, era parte del funcionamiento cotidiano del régimen esclavista neogranadino, y no habría existido sin la amenaza permanente del monte.
Las resistencias, indígenas y cimarronas, no fueron marginales. Reorientaron la frontera extractiva, retrasaron la explotación del Pacífico durante todo el medio siglo, obligaron a los mineros a concentrarse en los frentes antioqueños que se estaban agotando, y en esa medida contribuyeron —desde abajo, sin proponérselo— a que la crisis de 1650 fuera más aguda de lo que habría sido si el Chocó hubiera estado abierto y sometido a tiempo.
La contracción y el fin del primer ciclo
Hacia 1630, los distritos antioqueños producían la mitad de lo que habían rendido en el pico de 1600. Hacia 1660, su producción apenas alcanzaba una décima parte. Guamocó y Zaragoza estaban prácticamente agotados. El distrito de Santafé, cuyas cifras habían sido notables en el último quinquenio del siglo XVI, se desplomó también, y en el altiplano de Pamplona las minas de plata seguían operando pero con dificultades crecientes por la fuga de mitayos. El primer ciclo minero de la Nueva Granada, que había durado unos setenta años, se apagaba sin transición hacia otra base productiva.
Las causas se acumularon en un mismo momento. Los yacimientos superficiales, que habían sostenido el ciclo mediante desplazamientos sucesivos, se estaban agotando y no había, sin tecnología subterránea, cómo reponerlos. El colapso demográfico indígena había reducido la mano de obra disponible en los distritos que trabajaban con encomienda y mita. La ruptura de la unión ibérica en 1640 interrumpió el asiento portugués y con él el abastecimiento regular de esclavos africanos, precisamente cuando las cuadrillas antioqueñas necesitaban reposición para seguir operando. El aislamiento geográfico, que había sido rasgo estructural del ciclo desde el principio, se convirtió en obstáculo insalvable cuando dejó de haber margen para financiar los costos de transporte con producción abundante. Y las resistencias indígenas y cimarronas cerraron o encarecieron las fronteras que habrían podido abrir un nuevo frente.
Ninguna de estas causas, por sí sola, habría cerrado el ciclo. Fue su convergencia lo que lo hizo. Y esa convergencia revela lo que la aparente prosperidad del primer ciclo había ocultado: la Nueva Granada nunca había construido, en sus décadas mejores, una economía capaz de absorber sus propios choques. Vivía al día del oro que salía, y cuando el oro dejó de salir, no quedó nada abajo.
Desde el punto de vista imperial, la contracción neogranadina fue apenas un episodio menor. El oro del Nuevo Reino, aun en sus mejores años, era una fracción de los ingresos que México y Perú aportaban con sus minas de plata. Las flotas seguían saliendo, la Corona seguía cobrando; simplemente, la Nueva Granada dejó de contar. Ese fue el más duradero de los efectos del medio siglo: el paso de una provincia que había sido, entre 1570 y 1620, la principal productora de oro de América, a una periferia rezagada dentro de su propio imperio, que solo volvería a interesar cuando el ciclo chocoano, después de 1680, empezara a rendir.
Por qué sigue importando
El medio siglo entre 1600 y 1650 no ofrece un comienzo, sino una fijación. Es el momento en que quedaron establecidas ciertas relaciones estructurales que la Nueva Granada arrastraría durante el resto del período colonial.
La primera es la desconexión entre las regiones productoras y los mercados internos. La matriz extractiva neogranadina se articuló hacia afuera —hacia Cartagena, hacia Sevilla, hacia los circuitos negreros del Atlántico— antes que hacia adentro. Los distritos mineros y las regiones encomenderas coexistieron durante décadas sin construir entre sí una red de intercambio suficiente como para amortiguar la caída de cualquiera. Cuando el oro se contrajo, el altiplano no absorbió el impacto: se contrajo también, por su cuenta y por otras razones.
La segunda es la dependencia de las rentas extractivas y la dificultad de convertirlas en capital productivo local. El oro del primer ciclo no financió una industria, ni una banca, ni una infraestructura de transporte que sobreviviera a la caída de la producción. Se fue casi entero al exterior, en parte por el mecanismo fiscal, en parte por el circuito comercial de abastecimiento, en parte por el contrabando. Lo que quedó en el interior fue consumo señorial y deuda: el patrón de un territorio que produce mucho y retiene poco.
La tercera es la centralidad del trabajo forzoso —esclavo en el occidente, mitayo y encomendado en el oriente— como base de una acumulación que nunca terminó de ser acumulación. Los mineros se quejaban del precio de los esclavos, no de la esclavitud. Los encomenderos se quejaban de la fuga de indios, no de la encomienda. El sistema se dio por natural durante todo el medio siglo y durante los dos siglos siguientes, y las consecuencias demográficas —el noventa por ciento de reducción indígena en Tunja, las cuadrillas mantenidas mediante importaciones continuas de africanos— configuraron la composición étnica y regional del país que emergería del período colonial.
La cuarta es la agencia de los resistentes. Paeces, pijaos, yalcones, los rebeldes chocoanos de 1640 y 1684, los cimarrones que formaron palenques desde el Cauca hasta el Patía: todos ellos, sin poder detener la matriz extractiva, la reconfiguraron. La retrasaron, la desviaron, la encarecieron. La geografía del oro colombiano no fue solo lo que los mineros decidieron explotar: fue también lo que los resistentes lograron que no se explotara, o que se explotara solo mucho después. Esa dimensión —la de las fronteras negociadas desde abajo— es parte del legado del medio siglo, y una de las claves para entender por qué la Nueva Granada tuvo, ya desde el siglo XVII, una geografía política tan fragmentada.
El medio siglo entre 1600 y 1650 no dejó monumentos ni fechas conmemorables. Dejó estructuras: una matriz extractiva orientada al Atlántico, dos regímenes de trabajo forzoso incapaces de reproducirse sin importación continua de cuerpos, un territorio fracturado por fronteras internas que la Corona nunca terminó de cerrar. Sobre esas estructuras, y no sobre los acontecimientos ruidosos que suelen ocupar la crónica, se levantó el resto de la historia colonial neogranadina.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 58, 88, 903 citas
[1]que, a partir de 1608, m uchos m ineros prefirieron explotar las m ás novedosas y m ejor em p la zadas m inas de G uam ocó. Sin em bargo, ya en 1660 los depósitos de G uam ocó y Z aragoza estaban agotados. Según las estadísticas oficiales de acuñación, en 1630 los distritos antioqueños p roducían la m itad de lo que…p. 88
[29]volverían en décadas. En 1640, los indígenas rebeldes no solo cerraron las m inas chocoanas sino que cruzaron la cordillera y saquearon e incendiaron los pueblos españoles de A nserm a, A rm a y Cartago. Los jesuítas, q u ienes llegaron al San Juan hacia 1624, tuvieron algún éxito en convertir a los indios de la…p. 90
[37]las zonas aledañas. Al lado de los centros adm inistrativos estabilizados por una base ag ro p e cuaria bien consolidada y de los pueblos m ineros m ás inestables, aparecieron otros poblados españoles que funcionaban com o pu n to s de tránsito en la ru dim entaria red de cam inos. Los puertos caribeños de Santa M…p. 58
02Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 641 cita
[2]entre 1510 y 1550 cu los mejores a ñ os el oro lleg ó a 300000 pesos, entre 1570 y 1 620 el Nuevo Reino se convirti ó en el principal productor de oro de Am é rica y hubo a ñ os en los que la producci ó n lleg ó a 2 millo nes de pesos. Desde el punto de vista del imperio, el oro era apenas 68 HISTORIA M Í NIMA DE…p. 64
03Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 59, 79, 863 citas
[3]productividad per cápita, sino más bien del hallazgo de nuevos yacimientos con una gran riqueza superficial y del aumento constante de la mano de obra. En ambos casos la tendencia al agotamiento producía una curva muy regular en todos los distritos mineros. El hallazgo inicial incitaba a la compra de esclavos, por lo…p. 59
[43]minas propiamente dichas, donde un empresario minero con capital suficiente para tener una cuadrilla de esclavos explotaba un territorio de su propiedad. Una o varias de ellas constituyeron los llamados reales de minas, unidades administrativas creadas por las autoridades espafiolas para ejercer el control de la…p. 86
[49]en los consumos que le valieron el nombre de “Pamplonita la loca”, la ciudad entró en un período de larga decadencia. Poblados como Vitoria o Guamocó podían desaparecer sin dejar rastro o convertirse en sombras. Durante el siglo xvi1 ciudades como Popayán, Medellín y Rionegro hicieron su fortuna con la internación de…p. 79
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 227, 231, 234, 2414 citas
[4]en los dos decenios de 1590-1610. En adelante la producci ó n tiende a contraerse hasta entrar en una crisis que abarca una buena parte del siglo xvii. Hacia 1680 se observa un repunte (para el dis trito de Popay á n; posiblemente tambi é n para Antioquia) que se va afirmando en los primeros decenios del siglo xvm.…p. 227
[7]jueces de comisi ó n, cuyas actuaciones eran casi siempre rechazadas por los vecinos del lugar. Aun dentro del Nuevo Reino, Tunja y Santa Fe rivalizaron durante todo el siglo xvi como centros de poder, y s ó lo visitas sucesivas de los oidores (o visitas de la tierra) lograron coartar a la postre una actitud muy…p. 231
[12]una alternativa de empleo y de perma nencia en explotaciones agr í colas. Dentro del sistema defensivo del Imperio y la ruta de la Carre ra de Indias, Cartagena goz ó de una situaci ó n estrat é gica que favo rec í a no s ó lo la introducci ó n l í cita de esclavos y mercanc í as, sino que invitaba a su comercio il í…p. 241
[38]contactos permanentes con contra bandistas franceses, ingleses y holandeses. Desde otro punto de vista, el Chor ó caracteriza'muy bien, los esfuerzos de la administraci ó n espa ñ ola por integrar fiscalmente estas regiones fronterizas. Desde 1713 el oidor Aramburu hab í a sido comisionado para asentar un poblamiento…p. 234
05Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 328, 352, 364, 3794 citas
[5]en otras partes (véase gráficos 6, 9, 10). En tanto que en Santa Fe, en Cartago y en Popayán la producción logra man tenerse en ocasiones como consecuencia de presiones renovadas sobre el trabajo indígena, la caída en las regiones en donde se empleaban esclavos no se atenúa en ningún momento. La villa de Santa Fe de…p. 364
[11]—según el fiscal— se registraba en Popayán, en donde (hacia 1678) se extraía más oro que en el conjunto de los restantes distritos 181 mineros. Con todo, el establecimiento déla Casa de la Moneda en Santa Fe (1627) contribuyó a disminuir el impacto de los fraudes en los quintos reales. En adelante, toda persona podía…p. 352
[16]mismo un lote de 31 esclavos, a razón de 260 pesos la pieza126, lo cual indica que el precio debía ser más bien de 3 0 0 pesos. Más al interior, en Mariquita, un comerciante de esclavos, Fran cisco García de la Jara, vendió en 1590 una partida de 28 esclavos a Juan Martín, vecino de Vitoria. Más tarde se alegó que los…p. 328
[48]qüe los corsarios franceses que andaban al acecho asaltaran las naves2. Erruna sola «entrada», Heredia llevó a Cartagena más de cincuenta mil pe gos, de los cuales correspondieron al rey 11.280. En total, desde enero de 1533 hasta marzo de 1537 los quintos de sepulturas y «rescates» produje ron 71.206 pesos de oro…p. 379
06Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 118, 120, 123, 1464 citas
[6]accesible de los veneros, con- denaba de nuevo al aislamiento a regiones ente- ras y anulaba todos los esfuerzos anteriores. El hallazgo repetido de yacimientos impuso tam- bién un ritmo de desarrollo desigual que acen- tuaban la ausencia de comunicaciones y la im- posibilidad de imponer patrones políticos uni-…p. 120
[8]más allá del núcleo inicial del Nuevo Reino se ejercía mediante jueces de comisión, cuyas actuaciones eran casi siempre rechazadas por los vecinos del lugar. Aun dentro del Nuevo Reino, Tunja y Santa Fe rivalizaron durante todo el siglo xvi como centros de poder, y sólo visitas sucesivas de los oidores (o visitas de…p. 118
[9]de que tanto precisaba Europa, ya en la prehistoria del capitalismo, para dilatar los canales de su circulación mercantil. Durante casi todo el período colonial la economía de la Nueva Granada fue esencial- mente una economía minera y la explotación intensiva de los yacimientos de oro, plata y es- meraldas se realizó…p. 146
[10]Estos desplaza- La economía y la sociedad coloniales, 1550-1800 131 mientos estaban regidos por las posibilidades de rentabilidad de los esclavos y, en todo caso, permitían su reproducción en condiciones más favorables que en las minas. Ya se ha aludido en el curso de este trabajo a factores estructurales de la…p. 123
07Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 38, 41, 1433 citas
[13]muy elevadas y que, por lo tanto, las importaciones debieron ser cuantiosas comparadas con la población esclava supérstite. 7 V. E. Vila, op. cit. Tabla IV de la pág. 205. Según Jorge Palacios Preciado, en Cartagena de Indias, gran factoría de mano de obra esclava (Lecturas de Historia No. 4. Tunja, 1975), entre 1618…p. 41
[14]administrativos. Entre 1595 y T 1640, cuando la trata dependió de la unidad de las coronas española y por- ~; fuguesa, las cifras pactadas con los asentistas portugueses arrojan una es- l tiñlaéión inicial que puede controlarse con las cargazones pr-obables de barcos autorizados para pasar a las Indias y,…p. 38
[30]permanente de hierro. Los REALES DE MINAS El real de minas era el poblamiento, muchas veces provisorio, de una cua- drilla en las inmediaciones de la explotación minera. La inestabilidad de estos asientos estaba forzada por la apertura de nuevos cortes y la búsque- da de depósitos de mayores rendimientos. La…p. 143
08La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 271 cita
[15]puertos americanos ingresaron en esos años alrededor de 600 000 esclavos, de los cuales el mayor número, 196 000, lo hizo por Cartagena. Según el historiador Germán Peralta, en el período de poco más de medio siglo que va de 1580 a 1640, en el que Cartagena tuvo su mayor esplendor y crecimiento, entraron por este…p. 27
09Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1902 citas
[17]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
[18]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
10Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 421 cita
[19]y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…p. 42
11Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 391 cita
[20]acciones de la comunidad eran regidas y supervisadas por el Cabildo, pero sus contrapartes, la Real Audiencia y sus oidores, se reservaron la legislación sobre temáticas centrales y primordiales para el funcionamiento económico de la ciudad: Tasación de los tributos indígenas.. Legislación sobre encomienda..…p. 39
12¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 341 cita
[21]de la tierra, se ha solido enseñar, se expresó mediante diferentes instituciones: una fue la encomienda, donde un grupo indígena era obligado a trabajar para un español -el encomendero- que lo recibía en recompensa por su participación en la Conquista, a cambio de no separarlo y garantizar su conversión al…p. 34
13Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 441 cita
[22]sentido cultural—, o para fines de utilidad general: mitas para el transporte de leña, para obras públicas; y —lo que en un tiempo fue particularmente opresivo— para el transporte de perso- nas y mercancías a hombros, para la boga en el Magdalena 5, y para el trabajo de las minas de plata de propiedad fiscal de Las…p. 44
14Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 71, 754 citas
[23]fin defi- nitivo en 1729 cuando esta institución fue abolida por la admi- nistración colonial. Según Vicente Restrepo, la eliminación de la mita precipitó el cierre de las minas de plata de Mariquita y Pam- plona, 96 pero esto debió de ser apenas el remate de una situación caracterizada por un decreciente suministro…p. 71
[24]fin defi- nitivo en 1729 cuando esta institución fue abolida por la admi- nistración colonial. Según Vicente Restrepo, la eliminación de la mita precipitó el cierre de las minas de plata de Mariquita y Pam- plona, 96 pero esto debió de ser apenas el remate de una situación caracterizada por un decreciente suministro…p. 71
[31]costos monetarios, no tanto las horas de trabajo de que disponía por ser dueño y señor de los esclavos. La dificultad mayor en el Chocó residía en el transporte tan costoso y en márgenes de intermediación muy altos para los comerciantes, por el alto riesgo de los viajes, antes de los cuales, como lo anota Colmenares,…p. 75
[32]costos monetarios, no tanto las horas de trabajo de que disponía por ser dueño y señor de los esclavos. La dificultad mayor en el Chocó residía en el transporte tan costoso y en márgenes de intermediación muy altos para los comerciantes, por el alto riesgo de los viajes, antes de los cuales, como lo anota Colmenares,…p. 75
15Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 50, 56, 713 citas
[25]determinado entonces por un mar- cado descenso de la población tributaria que creó una situación de abundancia de tierras y escasez extrema de mano de obra. La producción de oro colapsó, lo que llevó a que en 1700 casi desapareciera por completo, de un nivel de 2 millones de pesos plata a principios del siglo. Sola-…p. 50
[44]Kfiídficnerst Posiblemente la producción de oro fue entre la mitad y un tercio mayor de la acuñada (Sharp, 1976) ya que así se eva- día el impuesto del quinto — 20 % del producto— y se financiaba el contrabando, que por esa misma razón sería reducido progresivamente hasta alcanzar un 3 % del valor de la producción…p. 56
[50]regional del trabajo entre los distritos mineros de Antioquia, Chocó y Cauca con los centros artesanales de Santander, Nariño y Santa Fe, que como centro congregaba la burocracia virreinal de altos ingresos; en el fértil altiplano que la rodeaba, se pro- ducía el trigo, la cebada y la papa, y se engordaba el ganado…p. 71
16Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1061 cita
[26]La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…p. 106
17Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 42, 2742 citas
[27]de campo mano de obra indígena. g) Que “el elemento más seguro de identificación era el alcance del poblamiento espa- ñol, la zona de influencia de un centro urbano”, pero que en todo, “los confines de una jurisdicción podían resultar demasiado remotos”; en el caso de la ciudad de Popayán, su “epicentro real” se…p. 42
[39]ensenada y la isla de Tumaco, conectado por un sendero y arrastradero terrestre entre las minas y el mar: una trocha unía las áreas mineras con Pasto. En la región minera del Raposo, el camino de Cali se prolongaba hasta el puerto –entonces fluvial– de La Buena Ventura. Más al norte la vía 277 Apuntes sobre el proceso…p. 274
18Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1811 cita
[28]como una élite terrateniente, minera 181 Capítulo 7. El localismo de las élites caucanas en el siglo xix y comerciante, que se consolidaría hacia el siglo xviii, tal y como lo expusiera Colmenares (1975). La situación de las élites de Popayán fue diferente. Al contar con un importante número de comunidades indígenas,…p. 181
19Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 78, 1202 citas
[33]conocimientos especialmente valo- rados por los amos eran los de los carpinteros, las parteras y los curanderos de picaduras de víboras. Las cuadrillas mineras llegaron a estar conformadas hasta por varios cientos de esclavos, aunque lo normal era que el tamaño de una cuadrilla oscilara entre los 50 y los 200…p. 78
[42]vivían de algunos cultivos, la caza, la pesca y de algún trato con la hacienda. El desafío de estos palenques a la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados era un reto tácito al influjo 70 Colmenares, Germán, 1979, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, Medellín: La Carreta, págs. 215-227. 121…p. 120
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 cita
[34]mientras mujeres negras adornadas con corpiños y brazaletes de oro se paseaban desnudas para servir a sus amos. Cuenta la historia que Pedro Quiñones, Marqués de Miraflores y alférez real de Barbacoas, preparaba plátanos cubiertos de polvo de oro y para evitar que los esclavos recuperaran el preciado metal de sus…p. 44
21Representaciones y epistemes locales sobre la naturaleza en el Pacífico sur de ColombiaCarlos Enrique Osorio Garcés · 2018 · p. 501 cita
[35]2011:16). Regiones que se constituyen en fronteras internas y presentan una baja gobernabilidad y presencia del estado central. El Pacífico sur es un ejemplo claro de estos fenómenos, separado del resto de la antigua gobernación de Popayán y hoy del sector andino del departamento del Cauca por la codillera occidental,…p. 50
22Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 451 cita
[36]mineras del Pacífico han sido: el Alto Atrato, el Alto San Juan, el Dagua-Raposo y el Patía-Yurumanguí. Ya desde los inicios de la conquista se fundaron pueblos mineros, pese a las difíciles condiciones climáticas que allí imperaban. La parte sur del Pacífico colombiano es una pla- nicie ancha, puesto que la…p. 45
23La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 391 cita
[40]HÉROES DEL CHOCÓ 39 Las condiciones geográficas y climáticas se articulan con dinámicas pro- ductivas que han configurado las formas de poblamiento del Chocó. Desde el periodo colonial, se ha percibido al departamento como una despensa de recursos extractivos como el platino y el oro. Desde esta visión, se han ex-…p. 39
24Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 651 cita
[41]su perspectiva, fray Juan de Santa Gertrudis manifestó: Ha muchísimo tiempo que unos ladrones se dieron maña de hurtar un situado que bajaba con treinta mulas cargadas de plata del Rey, de Pasto a Popayán, y estos se fueron temerosos de la justicia a buscar donde poder estar sin riesgo. Unos indios de Taminango les…p. 65
25Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · p. 841 cita
[45]el Rey se dé a los introductores un doblón de a 4 pesos cada cabeza, por vía de premio. Dedicándose a la agricultura, des- pués se derogó este premio y se ha renovado la libre introducción. 85 Píndiceínrsd tsaóremsd o cícspei dslpí ai tslaimebn gía Nuíys Ríens gí Gpinigi les indemnizaban del trabajo. Muchas porciones…p. 84
26Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 891 cita
[46]and the wooded areas near Santa Marta and Riohacha. In return, British sailors illegally brought in fabrics, tools, arms—and, occasionally, slaves. 127 Spain officially imposed a yearly fixed tax of four pesos on the mazamo- rreros (independent prospectors) panning for gold in the Sinú, San Jorge, and Cauca Rivers and…p. 89
27Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 891 cita
[47]and the wooded areas near Santa Marta and Riohacha. In return, British sailors illegally brought in fabrics, tools, arms—and, occasionally, slaves. 127 Spain officially imposed a yearly fixed tax of four pesos on the mazamo- rreros (independent prospectors) panning for gold in the Sinú, San Jorge, and Cauca Rivers and…p. 89