Río Sinú
“El Sinú no es solo un río: es el eje vertebrador de una de las transformaciones territoriales más profundas de la Colombia caribeña.”
Sinú
El Sinú es un río que baja del nudo de Paramillo y un valle que se explaya en la llanura del Caribe colombiano hasta desembocar en el golfo de Morrosquillo. Pero decirlo así es decir poco. En sus 415 kilómetros de curso —del cerro de León, a 3.200 metros de altitud, hasta la boca de Tinajones— el Sinú ha sido cauce de una de las culturas hidráulicas más sofisticadas de la América prehispánica, frontera colonial repoblada por decreto borbónico, teatro de la mayor concentración latifundista de la Costa Atlántica, cuna del porro y del sombrero vueltiao, y epicentro del proyecto paramilitar de los hermanos Castaño. El departamento de Córdoba, que hoy alberga la casi totalidad de su cuenca, nació en 1951 como culminación política de una colonización antioqueña iniciada en 1913 y que reescribió el pacto entre agua, tierra y poder que los zenúes habían firmado con este territorio dos milenios antes. Entender el Sinú es entender cómo se pierde una cultura anfibia y qué queda en el lugar donde estuvo.
Un río en dos tramos
La geografía manda. El Sinú y el San Jorge se desprenden juntos del nudo de Paramillo, en el extremo norte de la cordillera Central, sobre suelos de origen ígneo y marino, y de allí se desploman hacia el Caribe por caminos paralelos que solo la Depresión Momposina termina de separar. El río tiene dos vidas. La primera es el alto Sinú: una hoya montañosa cerrada por las serranías de Abibe y San Jerónimo, estribaciones del Paramillo, donde el curso principal recoge las aguas del Verde y del Esmeralda entre paredes torrentosas. La segunda empieza donde el río rompe la Cerrazón de Urrá y sale a la planicie. Allí cambia de naturaleza: se ensancha, se enlentece, se desborda con las lluvias, y en su tramo final teje un complejo de ciénagas —Betancí, Ciénaga Grande de Lorica, Tinajones— que durante milenios fueron el corazón productivo del valle. Ese geoecosistema, compartido con el San Jorge, debe su fertilidad a la humedad del clima tropical y a los limos que el río deposita año tras año en las llanuras aluviales.
La desembocadura ha sido móvil. El delta conserva al norte un caño salado, hoy cubierto de manglar, que parece haber sido el brazo principal del río en un pasado no muy remoto. En 1938, la apertura artificial de una boca en Tinajones para aprovechar el agua como riego alteró de raíz el patrón de desembocadura y produjo transformaciones que aún hoy modelan la costa cordobesa. El río, en el Sinú, no es un accidente inmóvil: es una entidad que cambia de curso, y a veces le cambian el curso.
La civilización anfibia
Antes de que este río tuviera nombre castellano, los zenúes habían resuelto el problema fundamental de la planicie sinuana: cómo vivir de un territorio que seis meses del año se inunda. La respuesta fue una ingeniería hidráulica extendida por miles de kilómetros cuadrados en el bajo San Jorge y la Depresión Momposina, replicada con matices en la cuenca del Sinú. Extraían limos del fondo y los acumulaban en camellones —diques alargados que servían de vivienda y plantío— separados por canales de desagüe. El sistema cumplía una doble función: drenaba el agua excedente durante las lluvias mediante zanjas y terraplenes, y aseguraba su suministro en verano mediante represas. Otros hombres, en otros tiempos, se acomodaron a este ambiente con herramientas más rudimentarias que las actuales, y su solución fue notable: la población zenú prehispánica pudo acercarse al millón de habitantes, una densidad imposible sin ese sistema de riego.
La sociedad que habitaba esos camellones se organizaba en tres reinos o provincias principales, aunque las relaciones de los hermanos Pedro y Alonso de Heredia sugieren que existieron otras. La orfebrería zenú mezclaba el oro con plata; el oro no era moneda sino sustancia numinosa, símbolo de eternidad ligado a la energía del sol, y sus objetos cumplían función ritual y funeraria. La tierra, para los zenúes, era el tapiz de la imaginación: sus diseños en textiles, redes de pesca y cerámicas evocaban el entorno natural y ritual del que habían aprendido a vivir sin combatirlo.
Cuando Pedro de Heredia entró al Finzenú en 1534, avanzando desde Calamar por los montes de María y luego hacia Faraquiel y Betancí, la población ya había disminuido. Los indios aludían a epidemias recientes: es probable que contactos indirectos con expediciones anteriores hubieran propagado enfermedades europeas antes de que el conquistador viera un solo camellón. Y algo más inquietante: las excavaciones en el bajo San Jorge revelan que el sistema de zanjas y lomas ya estaba abandonado en la época de los cacicazgos protohistóricos e históricos. La conquista no destruyó la ingeniería zenú; llegó cuando ya se había apagado. Lo que Heredia encontró era el eco de una civilización, no su plenitud.
Repoblamiento y frontera colonial
Entre la conquista y el siglo XVIII, el Sinú es un territorio arrocheldo: población dispersa, sin control eclesiástico ni fiscal firme, mezclada en pequeños asentamientos ribereños. El giro llega con la política borbónica. En la segunda mitad del siglo XVIII, el coronel Antonio de la Torre y Miranda emprendió en la provincia de Cartagena un proceso masivo de reducción de poblaciones dispersas, fundando pueblos y organizando su geografía humana. Su propia obra —Noticia individual de las poblaciones nuevamente fundadas— dejó constancia del trabajo: un número significativo de villas nacieron o se consolidaron en su recorrido, incluidas varias del bajo Sinú, en un intento del reformismo ilustrado por hacer legible al súbdito y al territorio.
El siglo XIX, con la disolución del régimen colonial y la construcción del Estado republicano, produjo el instrumento jurídico que abriría el valle al despojo moderno. La Ley 55 de 1905 cedió las tierras de los antiguos resguardos indígenas a los municipios para su remate a particulares. La mecánica era transparente: lo que había sido comunal se privatizó, y las tierras quedaron —previsiblemente— en manos de hacendados y jefes políticos locales con capacidad económica e influencia política. En el Sinú, ese golpe cayó sobre los descendientes zenúes justo cuando el valle empezaba a interesarle a otros. Compañías extranjeras se establecieron para explotar bosques, maderas finas y oro. El francés Luis Striffler, que remontó el alto Sinú en esos años, dejó constancia de que Montería era entonces el último pueblo civilizado antes de entrar en territorio emberá: una frontera móvil que empujaba hacia el sur.
La hacienda ganadera y la ley de tres pasos
En 1913, la familia antioqueña Ospina compró la hacienda Marta Magdalena a los franceses, anticipando una salida por ferrocarril de Medellín al mar. Esa fecha, aparentemente menor, marca el inicio de una oleada de colonización antioqueña sobre el alto Sinú y el San Jorge que, décadas después, tendría consecuencias políticas mayúsculas. Familias enriquecidas por la minería y el comercio paisas empezaron a apropiarse sistemáticamente de tierras en un valle que hasta entonces había pertenecido, cultural y demográficamente, al mundo costeño. Esa tendencia —una colonización interna que traía consigo lengua, hábitos empresariales y un ideal de propiedad distinto— culminaría en 1951 con la creación del departamento de Córdoba, nombrado en honor a un héroe paisa de la independencia. El bautizo no fue inocente.
Sobre ese suelo se consolidó, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, un régimen de gran hacienda ganadera que se convirtió en la marca del valle. El paisaje que hoy se recorre —potreros interminables, cebúes bajo palos de mango, cercos que se extienden hasta el horizonte— no es natural: es el resultado de un mecanismo social minucioso que los campesinos llamaron la "ley de tres pasos". Un colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra con rozas, sembraba yuca y maíz durante dos o tres años, y luego vendía sus mejoras a bajo precio a un finquero mediano; ese finquero, con el tiempo, era absorbido por un gran terrateniente que se apropiaba de la tierra ya limpia y lista para el pasto. Completaba el engranaje el sistema de arriendo con siembra de pastos: el campesino accedía temporalmente a una parcela con la obligación de devolverla, al término del contrato, sembrada en pasto para ganado. Le entregaba, gratis, la infraestructura de su propio desplazamiento.
Los terratenientes ejercían sobre esos campesinos formas de sujeción que combinaban condiciones de trabajo impuestas verbalmente con prácticas de coerción social que rozaban el señorío: entre ellas la llamada compra de doncellas. No hacía falta esclavitud legal para que existiera dependencia; bastaba el monopolio sobre la tierra y el aislamiento del ribereño. El resultado, medido en cifras, es implacable: la concentración de la propiedad en la zona sinuana alcanzó un índice de Gini de 0,87, casi siete puntos por encima del ya alto promedio de la Costa Atlántica. Pocas regiones colombianas han condensado tanto poder en tan pocas manos.
Del río domado a la ciénaga desecada
Las inundaciones fueron, desde el comienzo, la obsesión de las élites locales. El río que había permitido a los zenúes vivir mejor durante siglos era ahora, para los hacendados, el enemigo: destruía potreros, ahogaba miles de reses, arruinaba temporadas. Desde 1912, los grandes propietarios del Sinú demandaron obras de dragado y canalización, y esa demanda se volvió el eje de sus proyectos de desarrollo regional. La lógica era clara: para que la ganadería fuera rentable, el río tenía que dejar de ser río anfibio y volverse cauce disciplinado. La apertura artificial de Tinajones en 1938 fue el primer gran acto de esa domesticación.
El segundo llegó a través del Estado. En 1967, el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria —INCORA— inició institucionalmente la desecación de ciénagas en Córdoba como parte de un programa de adjudicación de tierras. La ironía fue amarga: una política concebida para redistribuir se convirtió en el modelo que los terratenientes privados replicaron por su cuenta para ampliar sus fincas, reduciendo el espejo de agua, destruyendo la base alimentaria de pescadores y agricultores anfibios, y borrando ciénagas enteras de los mapas. El despojo, en el Sinú, no fue solo de tierras: fue también de aguas. Playones que en la cultura tradicional eran bienes comunales pasaron a cercos privados. Ecosistemas que sostenían la reproducción de peces y la subsistencia de familias enteras desaparecieron. Con cada ciénaga desecada moría un pedazo de la cultura anfibia heredera del zenú.
Los campesinos no se quedaron mirando. Entre 1931 y 1932 se produjo en el Sinú un movimiento organizado de invasión de latifundios: grupos de entre 100 y 300 campesinos ocuparon haciendas ganaderas en varios municipios, y el alcalde de Montería calificó el problema como alarmante. Fue el primer episodio de gran envergadura de un ciclo largo. Décadas después, la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, la ANUC, tuvo presencia decisiva en Córdoba, con baluartes locales como Juana Julia —que hereda su nombre de Juana Julia Guzmán, la organizadora popular de comienzos del siglo XX en Montería—, El Boche y Urbano de Castro, y con líderes regionales como Clovis Flores y Rodrigo Zapata vinculados a la línea de ANUC Sincelejo. Que la ganadería costeña fuera una calamidad histórica o una respuesta empresarial racional a las condiciones estructurales del Caribe es discusión que sigue viva; lo que no está en duda es que en el valle del Sinú la expansión del pasto y la contracción del monte y la ciénaga fueron simultáneas al empobrecimiento del campesinado.
Urrá y el cierre del ciclo hidráulico
El tercer acto de la domesticación llegó con la hidroeléctrica. Las obras civiles de Urrá I comenzaron en 1993 y la represa fue inaugurada el 1 de julio de 2000. Una presa de 73 metros de altura embalsó 7.400 hectáreas del alto río Sinú para producir 340 megavatios de capacidad instalada. Costó 800 millones de dólares —doscientos más de lo presupuestado— y cada kilovatio instalado terminó saliendo a 2.350 dólares, muy por encima del rango eficiente que se manejaba entonces, entre 1.100 y 1.350. La construyó el consorcio sueco-colombiano SKANSKA-CONCIVILES para la Empresa Multipropósito Urrá S.A. ESP, con el 52% de capital estatal.
Los efectos ecológicos fueron previsibles. Urrá cortó las rutas de los peces reofílicos del Sinú —los que ascienden a partes torrentosas de ríos y quebradas para desovar— y afectó su potencial reproductivo. Entre las especies más golpeadas está el Brycon sinuensis, la charúa o dorada, endémica de la cuenca, cuyas migraciones medianas se dirigen precisamente al alto Sinú y que hoy figura como Casi Amenazada. También sufrieron el bocachico —Prochilodus magdalenae— y el blanquillo —Sorubim cuspicaudus—. Consciente del daño, el INPA estableció por el Acuerdo 013 del 14 de diciembre de 1999 un área de reserva pesquera de 12 kilómetros entre la presa y Pasacaballos, con prohibición total de aprovechamiento, y una zona de reserva especial de 118 kilómetros hasta Gallo Crudo. Fue una compensación tardía sobre un daño estructural.
Pero el costo mayor no fue de peces sino de gente. Los Embera Katío del Alto Sinú se opusieron a la represa desde 1993; el Estado colombiano, a través de sus ramas ejecutiva y judicial, avaló el desconocimiento de su derecho a la consulta previa —obligación consagrada por el artículo 76 de la Ley 99 de 1993— y lo sustituyó por un resarcimiento monetario individual por familias, ignorando su sistema cultural y organizacional colectivo. La represa no se detuvo. El 23 de abril de 2000, tras años de movilización con apoyo de Global Response, Amnistía Internacional y Survival International, los Embera lograron la ampliación de sus territorios y la suspensión —solo la suspensión— de Urrá II. En el camino murieron el profesor Alberto Alzate Patiño de la Universidad de Córdoba en 1997, el profesor emberá Lucindo Domicó en 1999, y desapareció el líder Kimy Pernía en 2001, secuestrado por los paramilitares. Cientos de familias fueron desplazadas.
La cuna del paramilitarismo
Que los tres asesinatos anteriores hayan sido obra paramilitar no es coincidencia geográfica. El sur de Córdoba —específicamente los municipios de Tierralta y Valencia, en la orilla del alto Sinú— fue el corazón del proyecto paramilitar de los hermanos Castaño Gil. Allí, en un conjunto de fincas que sirvieron de base operativa, Fidel Castaño organizó a fines de los años ochenta los primeros grupos armados de la región, en un contexto donde el Cartel de Medellín y los propios Castaño estaban comprando tierras y montando la infraestructura del negocio ilegal de la coca. Los vínculos con las autodefensas del Magdalena Medio se tejieron entonces: hombres entrenados en Puerto Boyacá fueron enviados a Valencia, con mediación de al menos un oficial del Ejército, para integrarse al grupo de seguridad de Fidel.
Tras la muerte de Pablo Escobar en diciembre de 1993, los hermanos Castaño se refugiaron en el sur de Córdoba con armamento y con refuerzos de hombres del capo que prefirieron sumarse a sus filas. En 1994 comenzó el proceso de confederación de estructuras en Urabá, norte y Bajo Cauca antioqueño, Córdoba y el Darién. En 1995 nacieron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá —ACCU—, preámbulo directo de la organización mayor. Para 1996, el Bloque Sinú de Salvatore Mancuso ya había estrechado vínculos con los Castaño, sumando el apoyo de familias pudientes del norte de Córdoba. Y en 1997, en la región, jefes de nueve organizaciones paramilitares del país se reunieron para conformar las Autodefensas Unidas de Colombia —AUC—, con dirección única y estado mayor conjunto. El valle del Sinú fue, literalmente, la sala de partos.
Desde allí las AUC se expandieron al Chocó, al Cesar, a Sucre, al Magdalena, a los Llanos Orientales, al Catatumbo, al Meta, al Guaviare, al sur de Bolívar. Las Convivir, las cooperativas de seguridad legalizadas en los noventa, fueron aprovechadas para dar cobertura jurídica a esa expansión. El Nudo de Paramillo —cabecera del Sinú, del San Jorge y de otros afluentes— resultó ser una posición estratégica insustituible: corredor entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar, sede de economías ilegales, y a la vez retaguardia militar.
La violencia paramilitar en el Sinú no fue un accidente sobreimpreso a un territorio pacífico: fue el último eslabón de una cadena de despojos. La emergencia de estos grupos se apoyó en élites ganaderas resentidas por el asedio guerrillero, en la infraestructura del narcotráfico, y en la ofensiva contraguerrillera de las fuerzas militares. Convirtieron a la población indígena —Embera Katío y Zenú— en uno de sus blancos, según estableció el Tribunal Superior de Medellín en sentencia de 2014. Articularon despojo de tierras con control político: Mancuso y "Don Berna" influyeron en la elección de alcaldes y concejales desde el año 2000, y el llamado Pacto de Granada evidenció el control sobre administraciones locales para depredar rentas públicas. Mancuso confesó, en el marco de Justicia y Paz, que el Bloque Catatumbo bajo su mando fue responsable de cinco mil muertes de civiles y que las autodefensas habían infiltrado todas las ramas del poder público.
El proyecto paramilitar del Sinú no habría sido posible sin la ciénaga desecada, sin el campesinado desplazado, sin la tierra ya vacía por décadas de "ley de tres pasos" y por la Ley 55 de 1905. La domesticación del río no creó la violencia contemporánea, pero eliminó los últimos refugios —ciénagas, playones, territorios indígenas— donde una vida alternativa era todavía posible. Hizo el territorio legible, apropiable, disponible.
Cultura anfibia, resistencia zenú
Y sin embargo el Sinú no es solo la crónica de lo que se perdió. Es también un territorio que produjo, en el mismo siglo XX en que fue desmontado, una de las culturas populares más ricas del Caribe colombiano. San Pelayo, en la margen izquierda del río, es la cuna del porro, con una tradición de bandas de viento cuya densidad no tiene equivalente en Colombia. Ese porro sinuano —de fuertes maderas, con el clarinete y el bombardino conversando sobre un bajo de tuba— viajó a las orquestas urbanas cuando Lucho Bermúdez y Pacho Galán lo estilizaron con arreglos de big band, mezclándolo con el mambo y el jazz latinoamericano para producir la síntesis que se bailó en todo el continente entre los años cuarenta y sesenta. En las tardes de fiesta patronal, esas bandas todavía se enfrentan en concursos que duran hasta el amanecer, con los clarinetes rasgados por el uso y los platillos hirvientes de humedad, un patrimonio sonoro que se sostiene fuera de la industria discográfica y contra ella.
El sombrero vueltiao, tejido en caña flecha por los descendientes zenúes de San Andrés de Sotavento y Momil, se convirtió en emblema nacional: se trenza en pintas cuyos nombres son un catálogo de la fauna, de los oficios y de los ancestros, y el número de vueltas de una pieza mide, todavía hoy, la paciencia y el rango del artesano. Las corralejas —esas plazas de madera armadas en tres días, esos toros que corren entre borrachos con capote— siguen siendo el ritual de masas del valle, con su cortejo anual de heridos y su ambivalencia irresuelta entre fiesta y matanza. La figura de María Barilla, los mitos de origen zenú, la leyenda del hombre caimán componen una identidad rural caribeña de largo aliento; el porro se pega a los versos octosílabos de los cantadores, el hombre caimán aparece en cumbias de Ciénaga y en boleros de Barranquilla, la corraleja se cuenta y se pinta antes de que empiece.
Esa densidad cultural encontró en la generación mediana del siglo XX quien la escribiera. La Historia doble de la Costa levantó del suelo sinuano una épica campesina que integró la resistencia de la ANUC, el mundo anfibio y la memoria zenú en un solo relato con dos voces —la académica y la narrativa— corriendo en paralelo por la página. Manuel Zapata Olivella, desde Lorica, la puso en la novela y en la etnografía; Delia Zapata Olivella la investigó en el gesto del baile y la llevó a los escenarios. David Sánchez Juliao construyó una obra en la que el humor costeño —ese gozo por la descripción minuciosa y el relato extenso, más que por el remate cómico— encontró forma literaria en monólogos, cuentos y radionovelas que hicieron del habla ribereña un idioma escrito. El poeta Jorge Artel evocó el asombro jubiloso del Sinú como impulso vital colectivo hacia el río, y esa fórmula sirve todavía para nombrar lo que ocurre en los pueblos de la ribera cuando la creciente vuelve o la fiesta comienza.
Los indígenas zenúes contemporáneos, contra todo pronóstico, no desaparecieron. Los censos actuales reportan un número significativo de descendientes que sostienen resguardos, formas organizativas y demandas territoriales activas. En los primeros años de la década de los setenta se produjo en el norte de Córdoba una movilización zenú intensa, articulada con la Secretaría Indígena de la ANUC y con el CRIC, con apoyo estudiantil y de líderes campesinos, que impulsó un proceso de autorreconocimiento de la identidad cultural diferenciada. La violencia terrateniente y la negación sistemática de la existencia zenú como pueblo originario habían dejado huellas profundas: un miembro de la comunidad guardaba un título colonial escondido bajo su cama, por miedo a que los blancos se lo quitaran. Ese gesto —un pergamino del siglo XVII bajo un colchón del siglo XX— resume mejor que cualquier análisis lo que fue el despojo en el Sinú: una violencia lenta que obligó a los vencidos a esconder incluso las pruebas de su antigua legitimidad. Y sin embargo el título estaba allí, doblado y guardado; y sin embargo el resguardo se reactivó, y las asambleas zenúes volvieron a llenar patios de tierra en San Andrés de Sotavento.
Lo que queda
El río Sinú sigue bajando del Paramillo. Sigue explayándose en la planicie, aunque con menos ciénagas y menos peces. Sus aguas atraviesan Tierralta, Montería —capital de un departamento cuya creación en 1951 fue el sello político de una colonización—, Cereté, Lorica, San Bernardo del Viento, hasta salir al mar por la boca artificial de Tinajones. En sus orillas conviven la memoria zenú y los pastos del cebú, la banda de porros y la fosa común, la orfebrería antigua y la hidroeléctrica que rompió las migraciones de la charúa. Es un valle que en cinco mil años ha sido escrito y reescrito por civilizaciones, imperios, hacendados, sindicatos y ejércitos privados, y donde cada capa dejó su marca sobre la anterior sin borrarla del todo.
Contar la historia del Sinú es contar cómo se domestica un río y qué se pierde en el proceso; cómo se convierte una cultura anfibia en un paisaje ganadero, y cómo esa transformación produce, sin haberlo planeado, la geografía perfecta para el poder armado. Es también contar la persistencia: la de los zenúes que guardaron el título bajo la cama, la de los campesinos que invadieron latifundios en 1931 y volvieron a hacerlo en cada década, la de los Embera Katío que resistieron a Urrá aunque no la detuvieron, la de las bandas de San Pelayo que siguen tocando porros sobre un valle donde el agua ya no manda. El Sinú, al final, no es un río vencido: es un río todavía en disputa.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
54 documentos · 68 fragmentos01Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1302 citas
[1]ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los ríos Cauca, San Jorge, Sinú y…
p. 130
[2]y la complejidad relativa de ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los…
p. 130
02Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 40, 522 citas
[3]campesinado. En las sabanas del departamento de Sucre, su capital, Sincelejo, es un balcón anclado en la Sierra Flor, desde donde mira al mar Caribe y a la Serranía de Coraza. En los días descapotados, Coveñas, Tolú y toda la línea costanera del golfo de Morrosquillo y el archipiélago de San Bernardo parecen al…
p. 40
[20]conocedor del asunto, Las élites criollas de principios del XIX percibían aún el mestizaje como un proceso precario, que no alcanzaba, ni mucho menos, a menguar la otra percepción que se tenía de las razas negra e indígena como amenazas y obstáculos reales al proceso de construcción de una nación fundamentado en los…
p. 52
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 94, 1394 citas
[4]de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…
p. 94
[5]de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…
p. 94
[8]sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…
p. 139
[9]sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…
p. 139
04Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 351 cita
[6]en la tenencia de la tierra. Esta misma economía se practica también en la región sinuana, en Córdoba, aunque en ella las zo- nas inundables son menores, excepto en las cié- nagas de Betancí, en Ciénaga Grande y en Tinajo- nes. El río Sinú, que nace en el parque natural del cerro de Paramillo, es la arteria de la…
p. 35
05Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 2351 cita
[7]inundación en ambas orillas del brazo principal del río y de sus ramales (caños) en el delta. La parte norte del delta —con el caño salado— parece que fue alguna vez el brazo principal, pero hoy no recibe aguas del río (el nombre lo dice); está cubierto por manglares. Entre los manglares y 236 Eíndice Grst los bosques…
p. 235
06Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 641 cita
[10]Fiídadnfitt Además de ganarle la batalla a las inundaciones anua- les, el manejo hidrológico busca unos mecanismos que permitan la utilización del líquido donde y cuando se nece- site. La primera meta exige la construcción de canales de desagüe y terraplenes que se eleven bien por encima del nivel de las aguas. Para…
p. 64
07Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2861 cita
[11]de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…
p. 286
08¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 191 cita
[12]la po sibilidad de valorar el legado productivo de nuestra historia. Aquel proceso se remonta, por lo menos, a los últimos cuatro mil años, cuando, según el profesor Carl Langebaek, existen evidencias arqueológicas del aprovechamiento de plantas como complemento de la caza. En ese proceso tan prolongado en el tiempo,…
p. 19
09Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 2141 cita
[13]Sin duda, se supone, fue una sociedad más igualitaria que no desarrolló una centralización política comparable a la de sus predecesores, ni una orfebrería tan notable. Suena fascinante, pero hay algo paradójico en la argumentación. Por un lado, se supone que la región inundable del bajo San Jorge fue, según los…
p. 214
10Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 771 cita
[14]cu bierta de un sistema de peque ñ as lomas alargadas paralelas, cons truidas artificialmente. Probablemente se trata de campos de cul tivo y de un sistema de drenaje, aunque no se puede descartar la posibilidad de que sean nansas o estanques para la cr í a de ciertas especies de peces. Tales construcciones, restos de…
p. 77
11Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 371 cita
[15]riego, lo que indica la presión de una densa población; la existencia de especialistas orfebres —que mezclaban, según Fernández de Enciso, el oro con plata—, la presencia de especialización regional y de un activo comercio sugieren un desarrollo económico notable. El más importante especialista, Gordon, sostiene con…
p. 37
12Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 3161 cita
[16]que sus torsos desnudos están decorados con intrincados motivos incisos o excisos, tal vez repre- sentando tatuaje o pintura corporal. Ocasionalmente se encuentran también figuras sueltas que no formaban parte de un recipiente. Una clase de cerámica de color oscuro y superficie muy bien alisada está decorada con…
p. 316
13Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 691 cita
[17]extraordinario. Mientras se aprestaba a la defensa del Panzenú por ese lado del gran río con apremio de sus colegas malibúes, Guley se vio asediado por el otro, el de las sabanas, cuando don Pedro de Heredia (el fundador de Cartagena) avanzó en 1534 desde Cala- mar! por los montes de María para descubrir el Finzenú.…
p. 69
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 731 cita
[18]Les- mes de Espinosa, con los indígenas de Vélez, Mu- zo y La Palma, en 1617, y en Cartago y Anserma en 1627; Herrera Campuzano, en Antioquia, en 1614; y Rodríguez de San Isidro en 1637, en el Valle del Cauca. Sin embargo, la época en que se hicieron ma- yor número de fundaciones fue en el siglo si- guiente, el XVII;…
p. 73
15Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 961 cita
[19]Equality, 31–32. 87 Antonio de la Torre y Miranda, Noticia individual de las poblaciones nuevamente fun - dadas en la provincia de cartagena, la mas principal del nuevo reino de granada, de la montañas que se descubrieron, caminos que se han abierto de los canales, ciénagas y ríos que se han hecho navegables, con…
p. 96
16La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 34, 1442 citas
[21]armados que han aparecido y desapare- cido en la región, pero cuya presencia los ha perpetuado en la memoria de la colectividad. El Departamento de Córdoba recibió durante muchas décadas un flujo importante de colonizadores antioqueños y de la costa Caribe, quienes le dieron una configuración socio-demográfica un poco…
p. 34
[30]con el playón, dando como resultado la ampliación de la hacienda, la reducción del espejo de agua y la 110 Negrete, Victor (1991a) «Hacia un plan de desarrollo integral de la Ciénaga Grande del bajo Sinú y sus cuentas tributarias», en Negrete (ed.) En Busca del Desa- rrollo, Montería, Corporación Autónoma Regional de…
p. 144
17Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 142, 1572 citas
[22]de Urabá y su cacique Julián Bernal (Oficina Provincial de Registro de Instrumentos Públicos, Lorica, noviembre 8, 1887). Sabaneta con Lorenzo Pestaña, Julián Patrón y otros (Oficina Provincial de Registro de Instrumentos Públicos, Lorica, marzo 4, 1916; entrevistas con vecinos del lugar, 1984). Morroa y Joney:…
p. 142
[26]recogido por Antolín Díaz, y de seguro don Francisco tuvo centenares de compadres y ahijados (rechazó la compra de doncellas). Pero en muchas partes los colonos pobres llegaron a "temerle más a los hombres que a las fieras del monte". Se sabe que, como Berástegui, en la plantación francesa de Tucura, en el Este…
p. 157
18Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 2871 cita
[23]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…
p. 287
19Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 2871 cita
[24]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…
p. 287
20El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 56, 1772 citas
[25]J. Parsons, "Spread of African Pasrure Gra.sses ro the American Tropics", }ourna/ of Rang< Managmzent 25 (1972); Brew, El desarrollo económico, 179-181. "Comraloría, Geagrafia...,Antioquia, 137; Diego Monsalve, Colombia cafiura (Bogotá: Artes Gráficas, 1927); Brew, El desarrollo económico, 181. " B. Le Roy Gordon,…
p. 56
[28]Sinú, está también bajo las aguas [... ] todas las ottaS poblaciones de la Provincia se hallan también invadidas por las aguas, nada hay en seco sobre las márgenes del río. En jurisdicción de Montería se han perdido dos hermosísimas haciendas y miles de reses se han ahogado arrebatadas por las aguas". Así, las…
p. 177
21El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 1141 cita
[27]se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…
p. 114
22Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 2271 cita
[29]formas. En 1927 un profeta errante proclamaba el fin del mundo y millares de campesinos convergieron en la localidad de San Marcos, en lo que parece haber sido un movimiento milenarista incipiente 22 • Cuatro años después, el día de elecciones, Montería se vio sacudida por la violencia, que dejó 69 muertos y 146 casas…
p. 227
23A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 15, 202 citas
[31]ciénagas En Córdoba no sólo se disputan las tierras sino también las ciénagas de los ríos. Cuando se inició la tímida y fracasada Reforma Agraria de la década de 1960, la desecación de las ciénagas de Córdoba para ampliar la frontera agrícola se convirtió en el procedimiento que garantiza- ba invertir los préstamos de…
p. 20
[58]más de 100 personas y es considerada una de las acciones más sanguinarias de las AUe. Mancuso confesó que el Bloque Catatumbo que él comandaba fue responsable de la muerte de cinco mil civiles y que las autodefensas habían infiltrado todas las ramas del poder público"2. Pero ese no era tema de conversación en una…
p. 15
24El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 2481 cita
[32]la consecuente proletarización del campesinado. Por su parte, los grandes terratenientes se han ido convirtiendo o han sido 3. Sistema de endeude que obliga a los campesinos a trabajar para la hacienda hasta que pague la deuda. 4. El campesino pide una parcela de tierra para cultivar, sin pagar renta, pero como…
p. 248
25El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 2481 cita
[33]la consecuente proletarización del campesinado. Por su parte, los grandes terratenientes se han ido convirtiendo o han sido 3. Sistema de endeude que obliga a los campesinos a trabajar para la hacienda hasta que pague la deuda. 4. El campesino pide una parcela de tierra para cultivar, sin pagar renta, pero como…
p. 248
26Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 143, 1522 citas
[34]abarcas y arrugados sombreros”, a quienes así mismo destaca por su “tradición de frugalidad”40. Además de los casos notorios de grandes empresarios, tradicionales o emergentes, sería necesario hacer un mayor esfuerzo para apreciar el com portam iento de los amplios sectores de pequeños y medianos ganaderos, y de las…
p. 152
[35]con la actividad ganadera, apreciaba su naturaleza y, sobre todo, su importancia central en el pasado nacional. Para Ospina Vásquez, “la extensión de la ganadería [...] fue el principal elemento dinámico de nuestra evolución agrícola desde el fin del período colonial hasta la gran expansión del café”1 2. Esta…
p. 143
27The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 2861 cita
[36]Atlantico [10} 11. Peasant, ANUC Armenia, Atlantico [11} 12. INCORA officials, Magdalena [12} 13. Regional peasant leader, ANUC Armenia, Magdalena [13} 14. INCORA officials, Cordoba [14} 15. Former ML activist, Cordoba {15] 16. Peasants, former baluarte Juana Julia, ANUC Sincelejo, Cordoba {16} 17. Clovis Flores,…
p. 286
28Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 3071 cita
[37]agrícolas en gran escala y en menor escala la generación de energía. • Área inundada de 7.400 hectáreas. • Altura de la presa: 73 m. • Capacidad instalada: 340 MW, lo cual significa 21,7 hectáreas utilizadas para producir un megavatio. • El costo inicial concebido para Urrá fue de US $600 millones. Su costo real fue…
p. 307
29Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 2761 cita
[38]y globales9 que contribuyen al cambio social (Princcen 1994; Sethi 1993; Wapner 1994, 1995). En otros países latino americanos como Ecuador, Brasil, México, Bolivia y Nicaragua, los pueblos indígenas y los ecologistas han liderado luchas en contra de compañías madereras y petroleras, programas de desarrollo…
p. 276
30Estado crítico de la propiedad en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 92 citas
[39]de la comunidad indígena, el Estado, tanto a través del ejecutivo como de la rama judicial, avaló su desconocimiento y en reemplazo impuso un resarcimiento monetario de los perjuicios ocasionados. Debido a que la relación de los indígenas y de las comunidades negras con la tierra no se circunscribe a una relación…
p. 9
[40]de la comunidad indígena, el Estado, tanto a través del ejecutivo como de la rama judicial, avaló su desconocimiento y en reemplazo impuso un resarcimiento monetario de los perjuicios ocasionados. Debido a que la relación de los indígenas y de las comunidades negras con la tierra no se circunscribe a una relación…
p. 9
31Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 3131 cita
[41]s olidarios y sostenibles, bancos de semillas y acopios de alimentos, en contextos en los que la confrontación armada sitúa a las diversas formas de organización comunitaria en el centro de la sospecha, no ha sido fácil, pero sí definitivo para recomponer la forma de vida campesina. Durante la construcción de la…
p. 313
32Libro rojo de peces dulceacuícolas de Colombia 2012José Iván Mojica, José Saulo Usma, Ricardo Álvarez-León, Carlos A. Lasso (Eds.) · 2012 · p. 1061 cita
[42]pérdida de los desoves aguas arriba (Atencio-García 2000) y la pesca indiscriminada de peces reofílicos con capacidad de reproducirse, se traducen en pérdida de su potencial re- productivo como consecuencia de la cons- trucción de la hidroeléctrica Urrá. Medidas de conservación tomadas El Acuerdo 013 del 14 diciembre…
p. 106
33Guía de las Especies Migratorias de la Biodiversidad en Colombia. Peces. Volumen 2Luis Alonso Zapata Padilla, José Saulo Usma Oviedo (Editores) · 2013 · p. 2511 cita
[43]río San Jorge (mu- nicipio de Ayapel), excepto en ambientes torrenciales (Maldonado-Ocampo et al., 2005). Categoría de residencia en Colombia Migrante Local (RNI). C ARTOGRA fí A Sinonimia Othonophanes bolivariensis, Dahl, 1943. Guía de las Especies Migratorias de la Biodiversidad en Colombia 250 Familia Orden…
p. 251
34No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1571 cita
[44]Córdoba, bajo el mando de Fidel, Vicente y Carlos Castaño, entre 1983 y 1994 se crearon grupos paramilitares como los Tangueros, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y, posteriormente, en 1997, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Su centro de control estaba ubicado en un conjunto de fincas…
p. 157
35Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 1831 cita
[45]Ejército llamado Aníbal». 82 Uno de esos hombres enviados desde Puerto Boyacá fue Rigoberto Rojas, alias “Escorpión”, cuyo padre, Adán Rojas, había fundado un grupo de autodefensa en los setentas en El Palmor, un pueblito de Magdalena, otro departamento en la Costa Caribe. Él, sin embargo, asegura que ya estaba en…
p. 183
36Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 2391 cita
[46](Comisión de Superación de la Violencia, 1992). Esta oleada de violencia paramilitar disminuyó en el sur de Córdoba luego de que Fidel Castaño se sometiera a la justicia 81 En la misma entrevista realizada por Alejandro Reyes, Fidel Castaño ilustraba muy claramente la lógica de la guerra que libraron durante esos…
p. 239
37Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 571 cita
[47]cultivos de coca en el Guaviare, el sur del Meta y Caquetá. Más tarde llegaron al Valle del Cauca, el Cauca y otras áreas del Tolima, así como a algunas 58 Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico regiones de la costa Caribe, como los alrededores de la Sierra Ne- vada de Santa Marta y…
p. 57
38Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 241 cita
[48]por Fidel Castaño en el sur de Córdoba y Urabá, en los últimos años ochenta, de manera que su despliegue se relaciona con la compra de tierras e instalación de infraestructura del nego - cio ilegal de la coca por parte de reconocidos miembros del Car - tel de Medellín y por los propios Castaño, con la fuerte ofensiva…
p. 24
39Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 9151 cita
[49]del Bloque de Búsqueda no fueron llevados a juicio, a pesar de las evidencias del fiscal Gustavo De Greiff 3292. Por los crímenes de los Pepes solo investigaron a Fidel, Carlos y Vicente Castaño y a Eugenio León García Jaramillo, socio de Escobar conocido con el alias de Taxista. Pero solo Fidel Castaño –quien murió…
p. 915
40Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 311 cita
[50]aspectos, el ca- pítulo ofrece los antecedentes de formación de los paramilitares y brinda elementos para comprender la manera como a partir de 1997 aplicaron un plan que buscaba constituirlos en un actor polí- tico de orden nacional y convertirlos en autoridades indisputadas en regiones de su interés. 1. La…
p. 31
41¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1071 cita
[51]de 1997), 9A. 160 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica En 1995 se fundaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá –ACCU –, y en 1997 se dieron cita en un lugar de la región los jefes de nueve organizaciones paramilitares de distintos puntos de la geografía nacional para conformar las…
p. 107
42Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 73, 852 citas
[52]Tierras y territorios en las versiones de los paramilitares (CNMH, 2012c), Romero (1995 y 2003), Dun- can (2006) y Ronderos (2104) resaltan cómo la denominada Casa Castaño fue central en la transición entre la primera generación y la segunda generación paramilitar, mediante la conformación de las ACCU, a mediados de…
p. 73
[57]fue una estructura militar, sino “un movimiento social y político de carácter regional” (CNMH, 2012c, página 33). Mientras en el sur de Córdoba, los comandantes Salvatore Man- cuso y Don Berna, influyeron en la elección de alcaldes y conceja- les de manera sostenida y visible desde las elecciones de 2000. El…
p. 85
43La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 431 cita
[53]enviados a Cesar por el ganadero cordobés Sal- vatore Mancuso, cumplían órdenes de René Ríos, alias Santiago Tobón y del exguerrillero Baltazar Mesa Durango (Verdadabier- ta.com, 22 de agosto de 2013, “La historia del “Juan Andrés Ál- varez””). En 1996 el paramilitarismo iniciaba una expansión sin precedentes bajo la…
p. 43
44Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 1391 cita
[54]el sur del Cesar, San Vicente de Chucurí y el valle del río Cimitarra. La consolidación de las ACCU bajo una estrategia similar ya había facilitado cierta hegemonía paramilitar en zonas limítrofes entre los departamentos de Antioquia, Sucre y el sur de Bolívar. Esto permitió establecer una especie de perímetro sobre…
p. 139
45La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 681 cita
[55]ya entrada la década de los noventa, sirvieron como plataforma para el posicionamiento, a nivel nacional, de los hermanos Castaño, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); y en la dimensión regional, de los grupos paramilitares en el sur del Chocó y su costa…
p. 68
46Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 72, 1762 citas
[56]con los bloques Héroes de Tolová, Córdoba o Sinú, Mineros y Bananero. El nudo de paramillo fue clave para la estabilización del paramilitarismo debido a la presencia de economías ilegales en la zona y a las ventajas para su comer- cialización entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar, lo que permitió la financiación…
p. 72
[62]ribera izquierda del río San Jorge y en la 303 Informe 1898825-FS-19. Fiscalía General de la Nación. «Estructuras del Bloque Occidental de las FARC EP», 239. 304 Ibíd., 142. 305 Ibíd., 241. 306 Informe 1898825-FS-12. Fiscalía General de la Nación, «Caracterización del Bloque Oriental», 142. parte iii: violencias,…
p. 176
47Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 74, 802 citas
[59]cuando se desató la violencia política y se aprovechó este contexto para la apropiación violenta de tierras; iv. La segunda mitad de la década de los años sesenta, cuando se consolidaron varias organizaciones campesinas, al tiempo que surgió el EPL en este territorio; v. Los primeros años de la dé- cada de los…
p. 74
[68](CNMH, CV, entrevista hombre Zenú, 2017, 30 de octubre). La vio- lencia terrateniente de años anteriores y la negación de la existencia de un pue- blo originario, tuvo, además, impactos en términos del autorreconocimiento: Y, entonces, a través de ir, llevarle y dialogar, decirle que era para un bien de los indígenas,…
p. 80
48La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 2641 cita
[60]ilegítimas o éticamente censurables. Algunos empresarios también están aprovechando el contexto de violencia para especular con el precio de la tierra o 482 CNMH, Buenaventura: Un puerto sin comunidad, 235. 265 C AP Í TU LO 3. Auschwitz como impulso para pensar el caso colombiano acceder a los territorios adecuados…
p. 264
49Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 191 cita
[61]pese a que algunos de sus máximos jefes se hayan desmovilizado, estén en prisión y hayan ju rado no volver a cometer ni un delito, en un proceso de negociación adelantado con el actual presidente de Colombia, Alvaro Uribe Vélez, propietario también de una hacienda en esta región. Saber todo eso genera un vacío extraño…
p. 19
50La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 1331 cita
[63]aproximación al entendimiento de los problemas que han afectado la vida y el devenir de una región, que constituyó un hito en las luchas campesinas por la tierra en los años sesenta y setenta del siglo pasado. El diseño de la investigación permitió que las víctimas expresaran sin temores y en medio de la guerra sus…
p. 133
51Cumbia! Scenes of a Migrant Latin American Music GenreHéctor Fernández L'Hoeste, Pablo Vila (eds.) · 2013 · p. 481 cita
[64]Eduardo Ber- múdez, 1912–94) and “Pacho” Galán (Francisco Galán, 1904–88).22 Both had come to the regional music tradition of the coast to give stylized orchestral arrangements and big band sound to the music. Their music was halfway between the big band jazz style of Benny Goodman and the mambo of the Pérez Prado,…
p. 48
52Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 151 cita
[65]aplausos y vítores de un público embriagado de sangre y sangría es bárbaro, tal vez usted nunca haya ido a una corraleja. Gran parte de ese abanico cultural, que hace que en otros países tengamos el alivio de que muchas veces nos reconozcan no por el endiosado narcotraficante y terrorista Pablo Escobar, ni por nuestra…
p. 15
53Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 141 cita
[66]samarlos, cartageneros y XIV P R E S E N T A C I Ó N barranquilleros. No es tampoco la Costa del Carnaval de Barran- quilla, los Lanceros de Getsemaní o el fútbol de Pescadito. Es una Costa más rural, menos conocida y más olvidada, en todos los sentidos. Es la Costa de María Barilla, la valentía de los Chimilas, los…
p. 14
54Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 3471 cita
[67]Esto obedece a que es allí donde estalla la pólvora del chiste y la descripción cui- dadosa resulta una inversión para for- marse mejor la idea cómica que luego tendrá su detonante en la frase final. El humor, costeño, en cambio, dis- fruta más con la descripción que con el desenlace. Son célebres, por sus lar- gas…
p. 347