San Andrés
“San Andrés es la paradoja geográfica de Colombia: isla capital de un departamento insular que se extiende sobre 300.000 kilómetros cuadrados de mar Caribe, pero que apenas suma 44 kilómetros cuadrados de tierra emergida, habitada por una sociedad…”
En el Caribe occidental, a 120 millas del litoral nicaragüense y a más de 700 kilómetros de Cartagena, San Andrés es la isla más grande y poblada del archipiélago colombiano que lleva su nombre, capital administrativa de un departamento que suma apenas 44 kilómetros cuadrados de tierra emergida pero se extiende sobre casi 300.000 kilómetros cuadrados de mar. Habitada por una sociedad anglófona, protestante y afrocaribeña —los raizales—, incorporada tardíamente a la República de Colombia y sometida durante el siglo XX a un proyecto sostenido de colombianización, la isla es al mismo tiempo el punto más lejano del país continental y su frontera marítima más disputada. Su historia no se entiende sin esa doble condición: pertenece jurídicamente a un Estado andino e hispano cuyo centro de gravedad está a mil kilómetros de distancia, y culturalmente al arco caribeño que va de Jamaica a la Mosquitia. De esa contradicción viven, y sobreviven, sus habitantes.
Una isla del Caribe occidental
San Andrés se ubica entre los meridianos 78° y 82° de longitud oeste y los paralelos 12° y 16° de latitud norte, en un tramo del Caribe occidental que la deja rodeada de estados con los que Colombia comparte frontera marítima: Jamaica al norte; el arco de Antillas mayores y menores al oriente; Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá al noroccidente, occidente y sur. La proximidad al continente centroamericano —y en particular a las costas nicaragüenses— es el hecho geográfico decisivo de su historia: San Andrés está mucho más cerca de Bluefields que de cualquier puerto continental colombiano.
A diferencia de Providencia y Santa Catalina, islas volcánicas con relieves de hasta 550 metros, San Andrés presenta un perfil más bajo y alargado, con tres grandes referencias que ordenan su geografía humana: North End, en el norte, donde se concentra la actividad urbana, portuaria y turística; San Luis, en la costa oriental, poblado tradicional raizal; y La Loma, la elevación central donde se asentaron las iglesias bautistas y buena parte de las familias isleñas de más antiguo arraigo. Alrededor de la isla principal, el archipiélago incluye los cayos e islotes de Roncador, Serrana, Bolívar, Quitasueño, Serranilla, Albuquerque y Bajo Nuevo: un rosario de arrecifes, bancos y cayos que multiplican la extensión marítima del país y que han sido, durante siglos, escenario de disputas de soberanía.
Esa zona económica exclusiva —1.614 kilómetros de perímetro sobre el mar— es lo que convierte a Colombia en un país con once fronteras internacionales, entre continentales y marítimas. Sin San Andrés, la geopolítica colombiana en el Caribe se reduciría a Cartagena, Barranquilla y La Guajira. Con ella, el país se asoma a Centroamérica.
El origen inglés y protestante
La colonización europea permanente del archipiélago no fue española sino inglesa. En 1629, colonos puritanos ingleses —los mismos círculos calvinistas que estaban colonizando Nueva Inglaterra— se asentaron en Providencia; en las décadas siguientes, la actividad de corsarios como Francis Drake y de contrabandistas ingleses hizo de estas islas un enclave anglosajón en un mar dominado nominalmente por la Corona española. El poblamiento estable con familias, esclavizados africanos y pequeños plantadores llegó en el siglo XVIII, cuando las islas se integraron al circuito económico del Caribe británico —algodón, coco, tortuga, contrabando— con Jamaica como referencia comercial, lingüística y religiosa.
De ese siglo procede la sociedad que se reconocería después como raizal: descendientes de familias anglófonas y criolloparlantes, herederas de un mestizaje entre colonos ingleses y africanos esclavizados, con una lengua propia —el criollo isleño de base inglesa— y una religiosidad que se afirmaría, a lo largo del siglo XIX, como bautista. La figura decisiva de esa consolidación religiosa fue Philip Beekman Livingston Jr., pastor bautista de origen isleño que fundó en La Loma la Primera Iglesia Bautista de San Andrés y estableció el patrón que definiría por generaciones la vida comunitaria: primero se abría la escuela, después se erigía la iglesia. La evangelización bautista no fue un asunto solo de púlpito; fue, sobre todo, un proyecto pedagógico. El inglés se enseñaba en las escuelas dominicales, la alfabetización pasaba por la lectura de la Biblia King James, y la iglesia funcionaba como institución rectora de la vida civil isleña en ausencia de un Estado que pudiera —o quisiera— llegar hasta allá.
Cuando la Gran Colombia incorporó nominalmente el archipiélago en 1822, encontró una sociedad ya formada, con lengua, religión y estructuras propias, radicalmente distinta de la sociedad hispanohablante y católica del continente. Bolívar aceptó la adhesión, formalizada tras la iniciativa de líderes locales, pero durante casi un siglo el vínculo con Bogotá fue apenas nominal. Providencia, en particular, mantuvo su lengua y su cultura jamaicanas con desafío, y sus habitantes expresaban abiertamente desdén por los panyas —los españoles, los del continente—.
La incorporación tardía a Colombia
El siglo XIX pasó sobre las islas casi sin dejar Estado. Tomás Cipriano de Mosquera, en su política de organización territorial durante el federalismo, incluyó formalmente el archipiélago en la geografía nacional, pero la administración efectiva era mínima. La vida cotidiana la organizaban la Iglesia bautista, las familias extensas y el comercio con Jamaica, Panamá y la costa Mosquitia nicaragüense. Los isleños viajaban a Colón, a Kingston o a Bluefields con más facilidad que a Cartagena.
Fue apenas en 1912 cuando el gobierno colombiano creó la Intendencia Nacional de San Andrés y Providencia, un régimen especial que sustraía al archipiélago de la organización departamental ordinaria y lo ponía bajo dependencia directa del ejecutivo. La figura del intendente —nombrado desde Bogotá— se convertiría, durante el siglo XX, en el instrumento central de la colombianización. Líderes isleños como Francisco Newball, comerciante y político raizal, participaron en las gestiones iniciales confiando en que el nuevo régimen daría al archipiélago voz institucional propia; la realidad fue otra: la intendencia se volvió una administración crecientemente ajena a la sociedad isleña, con funcionarios que llegaban por períodos cortos, no hablaban criollo y no compartían la fe protestante.
En 1928 comenzó el primer choque abierto de las autoridades continentales con la estructura organizativa local. La expresión que quedó en la memoria oral fue precisa: "les molestaba todo lo que era el idioma". La intervención sobre la lengua —a través de la exigencia del español en la escuela oficial y de la marginación del inglés y el criollo en la vida pública— marcó el inicio de lo que los propios raizales describirían más tarde como una etapa de colonización cultural. La Prefectura Apostólica, encomendada desde comienzos del siglo XX a los capuchinos españoles bajo el liderazgo del padre Luis Amigó y Ferrer, había traído el catolicismo institucional al archipiélago con escuelas propias en español, en un movimiento paralelo al de la administración civil. El resultado fue una presión lenta pero constante sobre la escuela bautista, la lengua inglesa y la vida religiosa protestante.
El diferendo con Nicaragua y el meridiano 82
Mientras el Estado colombiano intentaba consolidar su presencia interna, en el plano internacional se jugaba una partida decisiva por la soberanía. La cercanía del archipiélago al litoral nicaragüense hacía inevitable la controversia. En 1928 se firmó el Tratado Esguerra-Bárcenas entre Colombia y Nicaragua, y en el acta de canje de ratificaciones del 5 de mayo de 1930 se estableció una fórmula que sería citada durante décadas: el archipiélago de San Andrés y Providencia no se extendía al occidente del meridiano 82 de Greenwich.
La cláusula tenía dos lecturas. Colombia leyó el meridiano 82 como límite marítimo definitivo entre los dos países, y de ahí derivó su reclamación sobre los cayos de Roncador, Quitasueño, Serrana, Serranilla y Bajo Nuevo, todos situados al oriente de esa línea. Nicaragua sostuvo, en cambio, que el meridiano solo señalaba el límite occidental del archipiélago propiamente dicho, no una frontera marítima general. La disputa quedó abierta, agravada además por la reclamación estadounidense sobre Roncador, Quitasueño y Serrana, que Colombia solo resolvió con Washington en la segunda mitad del siglo XX.
El desenlace judicial llegaría muchas décadas después. En 2012, la Corte Internacional de Justicia de La Haya reconoció la soberanía colombiana sobre las islas y cayos, pero adjudicó a Nicaragua amplias zonas marítimas que Colombia consideraba parte de su zona económica exclusiva. La decisión fue recibida en Bogotá con rechazo abierto: el Gobierno colombiano declaró que no aceptaría el fallo en los términos en que había sido dictado. Para los isleños, el efecto fue tangible y ambiguo: se redujeron los caladeros tradicionales de pesca en aguas que los pescadores raizales habían frecuentado por generaciones, mientras el país continental discutía la sentencia como asunto de honor nacional. La geografía volvía a imponer su lógica: San Andrés estaba, y sigue estando, más cerca de Nicaragua que de Colombia.
Rojas Pinilla y la apertura del Puerto Libre
El acontecimiento que transformó irreversiblemente a San Andrés fue una decisión administrativa tomada a mil kilómetros de distancia. En 1953, el general Gustavo Rojas Pinilla declaró la isla puerto libre y ordenó la construcción de un aeropuerto internacional que la vinculara al continente. La medida tenía dos objetivos entrelazados: dinamizar económicamente el archipiélago y estrechar su integración a Colombia mediante un flujo constante de bienes, viajeros y capital continental.
Los efectos superaron cualquier proyección. El estatus de puerto libre —con importaciones exentas de aranceles— convirtió a San Andrés, casi de la noche a la mañana, en destino comercial masivo para colombianos del interior que llegaban a comprar electrodomésticos, licores y textiles. En una isla de escasos kilómetros cuadrados, el turismo comercial detonó una demanda inédita de hoteles, restaurantes, tiendas y servicios. Y con esa demanda llegó la migración: comerciantes de Barranquilla, sirio-libaneses del interior, empresarios paisas, empleados públicos y trabajadores del Pacífico y del Caribe continental empezaron a establecerse en la isla, en una oleada que continuó sin pausa durante las décadas siguientes.
El cambio demográfico fue radical. Una isla que había sido casi enteramente raizal —anglófona, protestante, afrocaribeña— se convirtió en pocas décadas en un mosaico en el que los raizales pasaron a ser minoría en su propio territorio. La lengua del comercio se hizo español; la del gobierno, también; la de las nuevas escuelas oficiales y de la televisión que empezó a llegar, igualmente. El criollo isleño y el inglés quedaron confinados al hogar, a la iglesia bautista y a los pueblos tradicionales de San Luis y La Loma. North End, la zona portuaria, se llenó de edificios de concreto, hoteles y almacenes que borraron el paisaje isleño anterior.
Despojo, militarización y economía del enclave
La transformación urbana no fue neutra. La memoria raizal describe un proceso sistemático de despojo de tierras para la construcción de infraestructura turística y aeroportuaria, con la participación directa de intendentes militares y el apoyo del Ministerio de Turismo. Más de la mitad de los intendentes de San Andrés durante el siglo XX fueron militares, y esa militarización de la administración civil coincidió con la pérdida acelerada de tierras costeras y cementerios sagrados que pasaron a manos de proyectos hoteleros y estatales.
El patrón combina tres elementos: la designación desde Bogotá de intendentes ajenos a la sociedad isleña, muchos de ellos militares con lógicas de control territorial; la incorporación del Ministerio de Turismo como aliado del desarrollo hotelero; y la conversión de la política de puerto libre en un mecanismo que privilegiaba a inversionistas continentales sobre propietarios raizales. Terrenos donde estaban un cementerio tradicional, viviendas familiares y espacios comunales fueron incorporados a proyectos hoteleros, al aeropuerto y a obras públicas, muchas veces mediante procedimientos que la memoria raizal recuerda como imposiciones más que como transacciones.
A esa lógica de despojo material se sumó otra, simbólica. Desde 1936 hubo proyectos estatales de instalar en la isla estatuas de próceres nacionales —hombres de la historia continental de Colombia sin ningún vínculo con la historia local— en lo que voces raizales describen como un intento de imponer una cosmovisión de tierra firme sobre la insularidad. La operación cultural y la territorial iban del brazo: mientras se ocupaban las playas raizales para construir hoteles, se poblaba el paisaje simbólico con figuras del panteón andino.
La época del narcotráfico
A partir de los años ochenta, la posición geopolítica que había dado a San Andrés su importancia estratégica —cerca de Centroamérica, en la ruta marítima entre el Pacífico colombiano y los mercados norteamericanos— la convirtió en pieza de otra economía. El cartel de Medellín y sus sucesores encontraron en el archipiélago un punto de distribución idóneo: las lanchas rápidas que salían de la costa Pacífica o del Urabá podían usar los cayos y las aguas del archipiélago como escala hacia Centroamérica y el Caribe. La proximidad a las costas nicaragüenses, decisiva en la disputa limítrofe, era también decisiva en la geografía del tráfico de cocaína.
Durante décadas, San Andrés fue el único departamento colombiano sin confrontación armada directa entre la fuerza pública y las guerrillas —no había FARC ni ELN en la isla—, pero eso no significó ausencia de violencia. Redes mafiosas del narcotráfico y del contrabando se implantaron con fuerza, y hacia el final de la primera década del siglo XXI, estructuras herederas del paramilitarismo desmovilizado —Los Rastrojos, Los Paisas y bandas similares— disputaron el control de las rentas ilegales. Los años 2010 y 2011 marcaron picos altos de homicidios en el archipiélago, como ratificaría después la Defensoría del Pueblo en una Alerta Temprana de 2018. La violencia isleña no tenía la forma del conflicto armado continental, pero era igualmente letal, y golpeaba especialmente a jóvenes raizales atrapados entre economías legales que no llegaban a ellos y economías ilegales que sí.
Al despojo territorial se sumó así una fractura social: la sociedad raizal, empobrecida en términos relativos por décadas de exclusión económica en el modelo de puerto libre, quedó expuesta a las ofertas de las bandas criminales, mientras las élites del turismo —mayoritariamente continentales— gestionaban el capital de la isla.
El reconocimiento constitucional y la invención del "raizal"
La Constitución de 1991, redactada en un momento de apertura al carácter pluriétnico y multicultural de Colombia, cambió el marco jurídico en que se movía la sociedad isleña. El nuevo texto reconoció a la población isleña como grupo étnico del archipiélago, elevó el territorio a la categoría de Departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y abrió la posibilidad de un régimen especial en materia administrativa y de control migratorio para responder a la crisis demográfica y ambiental.
Ese último punto se concretó ese mismo año con el Decreto 2762 de 1991, que creó la Oficina de Control, Circulación y Residencia —conocida como Occre—, encargada de restringir la migración hacia el archipiélago para proteger su sostenibilidad poblacional y ambiental. La medida llegaba tarde: décadas de migración masiva habían transformado ya irreversiblemente la composición demográfica de la isla. Pero por primera vez el Estado colombiano reconocía institucionalmente que el archipiélago era un territorio étnicamente diferenciado, con capacidad limitada de carga, y que la libre circulación de colombianos hacia él debía ser regulada como excepción al principio general.
En ese contexto, y como respuesta a esa apertura, los isleños hicieron un movimiento identitario decisivo. En los años noventa acuñaron el término raizal —derivado del castellano raíz— para autodesignarse. La categoría no venía del pasado ancestral; era una elaboración política contemporánea, forjada para distinguirse simultáneamente de los migrantes continentales llegados desde los años cincuenta y de otras categorías étnicas nacionales como las comunidades negras, afrocolombianas o palenqueras. La identidad raizal no reivindicaba, como otras identidades indígenas latinoamericanas, ancestros precolombinos: era una forma distinta de indigeneidad, anclada en la descendencia de las familias anglófonas y criolloparlantes asentadas en las islas desde el siglo XVIII, en la fe protestante bautista y en la lengua criolla.
Líderes raizales como Marcus Dilbert y Juan Ramón Martínez encarnaron desde entonces la formalización política de esa identidad: activistas por la enseñanza del criollo isleño en las escuelas, por la restitución de tierras despojadas, por la representación política en el Congreso y por el reconocimiento del archipiélago como territorio étnico. En el censo nacional de 2018, los raizales aparecen como una de las categorías de autoidentificación étnica junto a las comunidades negras, afrocolombianas y palenqueras: un lugar propio en la contabilidad oficial del país.
La cultura raizal y la lengua que resiste
Pese a un siglo de colombianización, la cultura raizal se mantiene reconocible en varios pilares. La lengua es el primero: el criollo isleño —una lengua de base léxica inglesa con estructuras gramaticales propias, emparentada con los criollos jamaicano y nicaragüense— sigue siendo la primera lengua de muchos hogares raizales, junto con un inglés estándar caribeño que se usa en la vida religiosa y en la comunicación con el mundo anglófono. El español se aprende como lengua adicional; su dominio, sin embargo, se ha vuelto universal por presión escolar y laboral.
El segundo pilar es la fe bautista, cuyos templos —en La Loma, en San Luis, en varios puntos de la isla— siguen siendo centros de reunión comunitaria más allá del culto religioso. La organización eclesial bautista fue durante décadas la estructura política de facto de la sociedad raizal, y aunque hoy compite con otras denominaciones evangélicas, católicas y adventistas, mantiene un peso simbólico decisivo. El calendario de servicios, los coros gospel, las escuelas dominicales y las celebraciones familiares vertebran una vida comunitaria que ha resistido pese al debilitamiento urbano.
El tercer pilar es la memoria del territorio: los nombres ingleses de sitios y familias, la arquitectura tradicional de casas de madera pintadas de colores sobre pilotes, la cocina —el rondón, la sopa de pescado con leche de coco y plátano—, la música y las tradiciones de pesca artesanal. San Luis conserva el aire de pueblo raizal más nítidamente que North End, transformado por el turismo hasta hacerlo irreconocible respecto a la isla que había cincuenta años atrás.
Una frontera irresuelta
La historia de San Andrés sigue tensada, en el siglo XXI, por las mismas fuerzas que la definieron durante el XX. La presión demográfica no cede: pese al régimen de la Occre, la migración continúa —legal e ilegal— y la isla enfrenta problemas serios de sobrepoblación, agua potable, manejo de residuos y colapso ambiental de sus arrecifes. El modelo económico del puerto libre, deteriorado desde que la apertura comercial nacional de los años noventa redujo su ventaja arancelaria, se apoya cada vez más exclusivamente en el turismo, con la vulnerabilidad que eso implica: la pandemia de 2020 y el paso devastador del huracán Iota sobre Providencia ese mismo año mostraron hasta qué punto una economía de servicios turísticos en un archipiélago pequeño puede quedar paralizada.
El diferendo con Nicaragua tampoco cierra. Después del fallo de 2012, Managua ha continuado presentando nuevas demandas ante la Corte Internacional de Justicia buscando extender su plataforma continental más allá de lo ya adjudicado, en zonas que Colombia considera suyas. Cada nueva ronda judicial reabre en la isla la conversación sobre lo que significa ser el punto más avanzado del país en el Caribe y, al mismo tiempo, la ficha más frágil de su geografía.
Y la relación entre la sociedad raizal y el Estado colombiano sigue siendo asimétrica. El reconocimiento constitucional de 1991 abrió canales institucionales que los raizales han sabido usar —peticiones ante la Corte Constitucional, participación en la Comisión de la Verdad, movilización internacional ante instancias de derechos de los pueblos originarios—, pero no ha revertido el despojo territorial acumulado ni ha restituido la posición demográfica anterior a la apertura del puerto libre. La memoria raizal insiste en nombrar la relación con Bogotá con una palabra dura: sometimiento. No es una palabra que niegue la ciudadanía colombiana de los raizales —al contrario, la reclama con derechos plenos—, sino una que insiste en que esa ciudadanía se ejerció históricamente sobre el desconocimiento de su lengua, su fe, sus tierras y su historia.
Huella
San Andrés es hoy muchas cosas a la vez. Es el destino turístico donde miles de colombianos aprenden que su país tiene mar Caribe, aunque muchos no lleguen a advertir que la isla que visitan tiene otra lengua, otra religión y otra historia. Es el nodo geopolítico que le da a Colombia frontera con once países y que la mantiene en litigio con Nicaragua ante los tribunales internacionales. Es la memoria viva de una colonización interna: la de un Estado andino y católico que, sin haberlo planeado nunca del todo pero decisión tras decisión —la intendencia de 1912, la intervención escolar de 1928, el puerto libre de 1953, la designación de intendentes militares, el despojo turístico, la militarización policiva—, terminó por transformar irreversiblemente una sociedad angloafrocaribeña.
Y es, sobre todo, el territorio de una identidad que se rehízo bajo presión. Los raizales no existían como categoría política antes de los años noventa; se inventaron como pueblo en respuesta a la migración masiva, a la pérdida de tierras y a la apertura constitucional que les ofreció por primera vez un marco jurídico donde reclamar. Esa invención no es debilidad: todas las identidades étnicas modernas son construcciones históricas. Es, más bien, la prueba de que la sociedad isleña encontró la manera de responder a un siglo de colombianización usando las herramientas mismas del Estado que la había producido.
La pregunta que San Andrés le hace a Colombia es, por eso, incómoda. No es solo qué hará el país para proteger su soberanía marítima frente a Nicaragua, ni qué modelo económico sustituirá al puerto libre agotado, ni cómo se detiene la migración que asfixia a la isla. Es una pregunta más honda: si un país que se piensa a sí mismo desde los Andes está dispuesto a aceptar que una de sus fronteras más importantes es también una sociedad distinta, con lengua, fe e historia propias, y que integrarla no puede significar disolverla. La respuesta, después de dos siglos, sigue pendiente.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
19 documentos · 26 fragmentos01Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 355, 3682 citas
[1]que contribuyen a controlar y securitizar los territorios. Región Archipiélago El archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina comprende una extensión de 44 km2 de territorio emergido, incluyendo los bancos y cayos de Roncador, Serrana, Bolívar y Quitasueño, rodeados por una gran extensión marina que…
p. 355
[20]ha apoyado en el reconocimiento étnico para recrear sus discursos de identidad y, a la vez, legitimar sus luchas contra la discriminación política, económica, social y cultural a la que históricamente se ha visto enfrentada. El estatus especial, una de las situaciones más significativas propiciadas por la nueva carta,…
p. 368
02Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 1961 cita
[2]de Roncador y Albuquerque > m) hecha de sedin Infraestructura basica ae Longitud total de vias (km) 79 Aeropuertos nacionales (#) 1 Aeropuertos locales (#) 1 Puertos maritimos (#) 2 Fuentes: Invias, 2003; UPME, 2003; MVDTMA, 2004; Ministerio de Transporte, 2003; Aerocivil, 2004 Arrecife de Providencia 196 | Gran…
p. 196
03Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1111 cita
[3]el cartel de Medellín, el M -19, las FARC y los paramilitares; la de Vene- zuela, (2219 km), por ELN, las FARC, paramilitares y narcotraficantes; las de Brasil, (1645 km), Perú, (1626 km) y Ecuador, (586 kms), por las FARC, para- militares y narcotraficantes. Además, Colombia ejerce soberanía en el archi- piélago de…
p. 111
04Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 421 cita
[4]23 6 23. Valle del Cauca 21.245 105,6 42 387 83 11 ii. Intendencias 139.289 1,3 13 69 13 4 1. Arauca 23.490 1 2 25 2 - 2. Caquetá 90.185 1,2 7 25 6 1 3. Putumayo 25.570 2,2 3 17 5 3 4. San Andrés y Providencia 44 380,3 2 2 - - iii. Comisarías 388.900 0,2 4 8 24 1 1. Amazonas 121.240 0,1 1 - 7 1 2. Guainía 78.065 0,1 -…
p. 42
05Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 40, 492 citas
[5]se muestran en el mapa de la siguiente pagina. En total, Colombia limita con 11 paises (4 suramericanos, 4 centroamericanos y 3 del Caribe). La frontera terrestre la comparte con 5 pai- ses (Venezuela, Brasil, Peru, Ecuador y Panama); y la maritima, con 9 (Venezuela, Haiti, Republica Do- minicana, Jamaica, Islas…
p. 40
[14]vecinos. Sin embargo. subsiste un pleito juridico con Nicaragua y atin no frontera maritima con Ve- ha sido posible acordar le nezuela. El mapa del diferendo ilustra este proble: ma. Las peninsulas de La Guajira y Paraguana cons- tituyen la entrada al golfo de Venezuela, y como t deben ser tomadas en cuenta en la…
p. 49
06Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 76, 1374 citas
[6]R C A R I B E 81°35'W 3°59'N PANAMÁ REPÚBLICA DE NICARAGUA REPÚBLICA DE COLOMBIA Cayo Se rra na (Colo mbia) Cayo Ron cad or (Colo mbia) Ser ran illa (Colo mbia) Isla d e Pr ovid encia (Colo mbia) Isla S an ta Catalin a (Colo mbia) Isla d e Sa n An dré s (Co lom bia) Ca yos de Q uitasu eño (Colo mbia) Cayos de Al bur…
p. 76
[7]I. Gorgona M A R C A R I B E 81°35'W 3°59'N PANAMÁ REPÚBLICA DE NICARAGUA REPÚBLICA DE COLOMBIA Cayo Se rra na (Colo mbia) Cayo Ron cad or (Colo mbia) Ser ran illa (Colo mbia) Isla d e Pr ovid encia (Colo mbia) Isla S an ta Catalin a (Colo mbia) Isla d e Sa n An dré s (Co lom bia) Ca yos de Q uitasu eño (Colo mbia)…
p. 76
[25]cia a la posibilidad de fortalecer la cultura raizal para generar una complejidad social capaz de hacer valer sus intereses. Odio molum quo enihitio im nim quatur res no- bis dolore pellaccus ea dendis alia dolore min ra cone pratis aut ressit dolectiberit untem assitasi- tio officid estotatet, sit, ommodig endande…
p. 137
[26]le proporciona una gran importan- cia a la posibilidad de fortalecer la cultura raizal para generar una complejidad social capaz de hacer valer sus intereses. Odio molum quo enihitio im nim quatur res no- bis dolore pellaccus ea dendis alia dolore min ra cone pratis aut ressit dolectiberit untem assitasi- tio officid…
p. 137
07Intereses de Colombia en el Mar: Reflexiones y Propuestas para la Construcción de País MarítimoSamuel Rivera-Páez (Editor), Daniel Alfonso Rojas Sánchez, Héctor Mauricio Rodríguez Ruiz, Sergio Uribe Cáceres, Luis H. Osorio Dussán, Paola Marcela Iregui Parra, Natalia Pérez Amaya, William Pedroza Nieto, Giovanny Vega-Barbosa, Hermann León Rincón, Julio Monroy Silvera, César Grisales López, Natalí Delgado Orozco, Oscar Medina Mora · 2018 · p. 831 cita
[8]y los intereses en juego deben identi fi carse y analizarse en este contexto. En síntesis, del análisis de las de fi niciones de geopolítica, se acogerá la de fi nición de geopolítica que a fi rma que esta es la rama de las ciencias sociales y políticas que estudia la aplicación e fi ciente de todas las herramientas…
p. 83
08Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 1141 cita
[9]of new migrants from mainland Colom - bia to San Andrés Island in the 1950s. This dramatic demographic shift prompted islanders to draw sharper distinctions with the new island resi - dents and continually adopted terminology to define themselves. By the 1990s, San Andrés, Providencia, and Santa Catalina islanders had…
p. 114
09The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 77, 802 citas
[10]are included as ethnic identities within the umbrella category of “black communities.” A palenquera would be a woman from one of the Colombian communities that traces its history to those enslaved Africans who escaped to create new lives on the outskirts of colonial-era towns. A mujer raizal would be a woman descended…
p. 77
[12]defiantly, upheld its Jamaican English language and culture while asserting disdain for Span- iards (panyas or pays) and matters Spanish. Only since the early 1960s, when Colombia’s own political situation seemed at last to be settling in an upright position, has there been any sign of mutual recognition between…
p. 80
10Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 2741 cita
[11]la población era bautista. El credo bautista destacaba al individuo y sus emocio- nes; partía de una visión romántica del porvenir "según la cual la inocencia que el hombre perdió con la caída se re- cuperaría a través de la redención a la cual se llega creyen- do en el Cristo muerto y resucitado". Desde un comienzo,…
p. 274
11Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1181 cita
[13]hacen parte de dicho ar- chipiélago de San Andrés, sin incluir los cayos de Roncador, Quitasueño y Serrana, cuyo dominio está en litigio entre Colombia y los Estados Uni- dos.» En el acta del canje de ratificacio- nes, el 5 de mayo de 1930, del tratado Esguerra-Bárcenas, se dejó estableci- do que el archipiélago de…
p. 118
12Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 1291 cita
[15]diferente en ese solo mar, no pa- rece ser argumento de valor para un hecho tan importante. — 1 2 8 — Si pasamos al Atlántico la cosa cambia completamente. A l adoptar la teoría de la línea paralela a la costa, sea cualquie- ra la extensión que le demos, se nos pueden presentar algu- nos problemas que es indispensable…
p. 129
13Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2851 cita
[16]La Haya, que le reconoció a Nicaragua la soberanía sobre amplias zonas marítimas, ha sido discutido por el Gobierno colombiano, que no está dispuesto a aceptarlo en los términos en los cuales se dictó. Por supuesto, la producción y el tráfico de drogas, sobre todo de cocaína y heroína, de Colombia hacia los mercados…
p. 285
14Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 661 cita
[17]Providencia. He used the occasion to declare San Andrés a free port and to order the construction of an airport that would tie it closer with the mainland, but throughout his administration, his primary concern was with the Llanos. During his trial by the Senate in 1959, he explained that before he came to power,…
p. 66
15Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4481 cita
[18]hacerse una especie de sometimiento histórico. Incluso desde el año 36 quería ponerse un paseo de estatuas y de próceres nacionales desconociendo la historia local. En lugar de trabajar una cosmovisión local, se ha tratado de llevar la cosmovisión de tierra firme a un territorio insular. Es como intentar vestirse o…
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16Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 3671 cita
[19]comienzan las pérdidas de las tierras por todos los juicios de pertenencia o de prescripción Volumen Testimonial del Informe Final de la Comisión de la Verdad Versión digital - 28 de junio del 2022 367 adquisitiva ordinaria. Eso fue por allá en el tiempo de la quema del Palacio de la Intendencia. La misma época en que…
p. 367
17Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 511 cita
[21]Palenquero); Raizal are the people who have inhabited the islands of San Andrés and Providencia in the Caribbean. These statistics show how individuals who answered the census self- identified, not what a government official perceived while taking down information. We therefore have close to 14 percent of Colombians…
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18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1471 cita
[22]raizal asume que por esa vía el archipiélago quedó ligado al conflicto armado, aunque las dinámicas confrontacio- nales derivadas de este estuvieran referidas al territorio continental. Así lo manifestó a la Comisión de la Verdad un líder raizal de San Andrés: «Las bandas criminales 335 Entrevista 241-PR-00336.…
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19Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 3072 citas
[23]ARMADOS POSDESMOVILIZACION DE LAS AUC A NIVEL DEPARTAMENTAL Y NACIONAL, 2009-2014 Mapa 2. Presencia de grupos posdesmovilización en el departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, año 2014 Fuente: procesado por la DAV del CNMH con base en la revisión de informes de entidades oficiales…
p. 307
[24]ARMADOS POSDESMOVILIZACION DE LAS AUC A NIVEL DEPARTAMENTAL Y NACIONAL, 2009-2014 Mapa 2. Presencia de grupos posdesmovilización en el departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, año 2014 Fuente: procesado por la DAV del CNMH con base en la revisión de informes de entidades oficiales…
p. 307