Qué se publica y qué se queda afuera
Las reglas con las que se decide, escritas para que se puedan reclamar.
Tres condiciones a la vez
Una pieza se publica cuando cumple las tres, no dos de tres:
- Responde la pregunta con la que empezó. No una parecida, ni una más cómoda.
- Cada afirmación tiene dónde anclarse. Las que no lo tenían fueron eliminadas antes de escribir, no suavizadas con un «al parecer».
- Se entiende sin ayuda. Si hace falta saber de antemano de qué se está hablando, la pieza está incompleta.
Una pieza que falla en cualquiera de las tres no se publica a medias: se guarda. Guardar no cuesta nada; publicar algo que no se sostiene cuesta la credibilidad del archivo entero.
El archivo prefiere el silencio al relleno.
Cinco cosas que no llegan a publicarse
- Lo que el corpus no sostiene, por interesante que sea. La calidad de una anécdota no es un argumento a su favor.
- La conjetura vestida de hecho. Se puede conjeturar, pero diciendo que se conjetura y sobre qué base.
- El dato huérfano: la cifra, la fecha o el nombre propio que llegó sin procedencia y que nadie sabe de dónde vino.
- El relleno de contexto: párrafos que no responden nada y sólo sirven para que el texto parezca más completo.
- El título que promete de más. Un titular que el cuerpo no cumple es una forma de mentir, aunque cada frase por separado sea cierta.
Cómo se nombra lo que no se sabe
Buena parte del pasado no está establecido, y fingir lo contrario es la manera más común de faltar a la verdad sin decir una sola falsedad. Aquí la incertidumbre se escribe.
Cuando un año no está establecido, la ficha se queda sin año. No se redondea, no se aproxima y no se elige el más citado: se deja vacío. Por eso algunas piezas muestran campos en blanco. Un vacío es información; una fecha inventada, no.
Cuando las fuentes discrepan, la pieza lo dice y nombra la discrepancia. Cuando una afirmación descansa en un solo autor, se atribuye a ese autor en vez de presentarse como consenso. Ninguna de esas fórmulas es una debilidad del texto: son la parte del texto que más se puede verificar.
Qué pasa cuando hay un error
Habrá errores. Un archivo que crece y se apoya en fuentes que discuten entre sí no puede prometer lo contrario. Lo que sí se puede prometer es la conducta frente al error.
Una pieza equivocada se corrige donde está: conserva su dirección y su lugar en el archivo, y pasa a mostrar la versión corregida. No se borra la entrada para hacer desaparecer el problema, ni se deja en pie con una nota al margen que nadie lee.
Y si la corrección obliga a retirar una afirmación sin poder reemplazarla, se retira. El archivo puede permitirse decir menos; no puede permitirse sostener algo que ya sabe que no se sostiene.
Corregir antes que defender.
Qué es cada cosa y qué se le puede exigir
El archivo publica cuatro tipos de pieza. Cada uno responde a una pregunta distinta, y por eso se le puede exigir algo distinto.
Los directorios de entidades están separados por naturaleza: personas, lugares e ideas.
Dos advertencias finales
Las imágenes que acompañan algunas piezas son ilustraciones editoriales compuestas para el archivo. Acompañan la lectura y ordenan la página; no son documentos de época ni se presentan como tales, y nada de lo que afirma una pieza descansa sobre ellas.
Todo lo que aquí se publica lo firma Alejandro Gutiérrez. La firma no es un crédito: es la indicación de quién responde si alguno de estos criterios se incumple.