Pacífico colombiano
“El Pacífico colombiano no es una periferia olvidada por accidente geográfico: es un territorio construido deliberadamente, durante cinco siglos, como frontera extractiva racializada, donde la riqueza —oro, platino, madera, palma, tráfico portuario—…”
El Pacífico colombiano
El Pacífico colombiano es una franja de 1.300 kilómetros de selva pluvial, esteros y cordillera baja que se extiende desde el Darién panameño hasta la frontera con Ecuador, y comprende los departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño. Es una de las regiones más biodiversas del planeta —la precipitación en el centro del Chocó supera los 7.000 milímetros anuales— y una de las más pobres de Colombia. La habitan mayoritariamente afrocolombianos, descendientes de los esclavizados que la Corona española llevó a las minas desde el siglo XVI, y pueblos indígenas embera, wounaan, eperara y otros que resistieron primero a la conquista y luego a cada oleada extractiva que vino después. Entenderla exige leer al mismo tiempo la cuenca del Atrato y el contenedor del puerto de Buenaventura: no es una periferia olvidada por accidente geográfico, sino un territorio construido, durante cinco siglos, como frontera extractiva racializada. Esa continuidad —oro colonial, platino norteamericano, madera, palma, cocaína, tráfico portuario— y la resistencia sostenida de sus comunidades son las dos claves que este artículo intenta ordenar.
Un país de aguas
La geografía manda en el Pacífico como en pocas regiones de Colombia. La cordillera Occidental corre paralela al litoral, pero se acerca al mar en el norte —donde la serranía del Baudó forma un cordón montañoso propio— y se aleja al sur del cabo Corrientes, dejando una planicie ancha y anegadiza. Esa diferencia física produce dos Pacíficos. El del norte, el chocoano, es un mundo cerrado de selvas altísimas, ríos caudalosos y lluvia diaria. El del sur, sobre el Valle, el Cauca y Nariño, es un laberinto de esteros de agua semisalobre por donde las mareas suben tierra adentro y donde una rama de la corriente fría de Humboldt, que roza la isla Gorgona, condensa la humedad y baja la temperatura del aire: sigue siendo húmedo, pero no superhúmedo. La ensenada de Utría, en el litoral chocoano —un saco marino angosto y profundo, de aguas cristalinas—, es santuario de los apareamientos anuales de ballenas jorobadas que viajan desde regiones polares.
Los ríos son el sistema circulatorio de la región y también sus fronteras internas. El Atrato baja hacia el norte para desembocar en el golfo de Urabá; el San Juan corre hacia el sur y desagua en el Pacífico; el Baudó se abre camino entre serranías; el Patía atraviesa el litoral nariñense; el Iscuandé y el Micay articulan el Cauca costero. Estos cauces funcionaron durante la Colonia como arcifinios —fronteras naturales— que marcaron procesos distintos de poblamiento dentro de un mismo territorio administrativo. Sobre ellos se organizó una etnoecología de precisión extraordinaria: los habitantes leen mareas, corrientes, ciclos lunares, comportamiento del río desde la cuenca alta hasta la desembocadura, tipos de manglar y de selva, maderas de agua, plantas útiles, hábitos de peces. Ese saber, acumulado durante generaciones, es lo que ha permitido vivir de esas aguas.
La fauna terrestre, en cambio, cede desde hace décadas. La danta centroamericana ha desaparecido del litoral. El puerco de monte es raro. En el Iscuandé, el Micay y el Patía, ríos antes reputados por su abundancia, ya cuesta pescar. La presión de la cacería, la pesca comercial y la contaminación de la minería mecanizada ha ido vaciando el paisaje por dentro sin alterar su verdor de fotografía.
La conquista tardía y las minas del Chocó
El Pacífico fue conquistado tarde y con dificultad. Mientras el altiplano andino quedó bajo control español en pocas décadas, el Chocó resistió durante más de un siglo. En 1640, indígenas rebeldes cerraron las minas chocoanas y cruzaron la cordillera para saquear e incendiar los pueblos españoles de Anserma, Arma y Cartago: no era una escaramuza, era una guerra fronteriza que los conquistadores no supieron ganar rápido. Los jesuitas habían llegado al San Juan hacia 1624 y solo tras unos treinta años de labor lograron algunas conversiones. Los franciscanos que intentaron establecerse en el Atrato fueron rechazados desde la década de 1640 hasta cerca de 1670. Las misiones de Simón Amigo y Luis Antonio de la Cueva, desde mediados de la década de 1660, buscaron reducir a los indígenas mediante el modelo clásico de concentración, pero fracasaron: los pueblos del Chocó, con un largo historial de contacto europeo y en un territorio donde el oro era abundante, no tenían incentivo para aceptar unos términos misioneros que además les exigían mantener a los frailes. La gran rebelión de 1684 sacudió a la vez el distrito del San Juan y el del Atrato. Solo dos años después, hacia 1686, los españoles lograron someter efectivamente el territorio.
Sometido —nunca del todo—, el Chocó comenzó su función definitiva dentro del orden imperial: producir oro. Desde la última década del siglo XVI, el esclavo africano fue reemplazando al indígena en las minas. La población nativa, diezmada por el trabajo forzado y las enfermedades, fue desplazada a la producción agraria y al abastecimiento; para 1782, sobre unos 35.000 habitantes del Chocó, la población negra representaba cerca del 75% y los blancos apenas el 2%. Esa demografía dice casi todo sobre lo que la región había llegado a ser: un enclave esclavista donde la mano de obra africana extraía el metal que sostenía el comercio exterior de la Corona.
El modelo productivo se llamaba real de minas. Un empresario con capital reunía una cuadrilla de esclavos, la instalaba junto al yacimiento y explotaba el territorio bajo la vigilancia fiscal de la Corona, que había creado esas unidades administrativas para asegurar el cobro de sus derechos. Los reales eran asentamientos provisionales, precarios, que se movían con la veta. Su inestabilidad daba al Chocó un aspecto de frontera permanente y escandalizaba a los funcionarios reales que lo visitaban. En 1712, el oidor Aramburo fue comisionado para instalar una Caja Real en Nóvita y fundó el pueblo de San Felipe de Tamana como su asiento, con casas para las Cajas y para vivienda: un intento de fijar en el paisaje al menos un punto de control urbano.
Los dueños de las minas más ricas nunca vivieron en el Chocó. Controlaban sus propiedades desde Buga, Cartago, Cali, Anserma, Popayán o Santa Fe de Bogotá, en parte porque se creía —no sin razón epidemiológica— que el clima cálido y húmedo era mortal para los blancos. Aquí aparece uno de los rasgos estructurales que se repetirá durante siglos: la riqueza extraída del Pacífico se acumulaba fuera del Pacífico. El oro salía; el capital nunca volvía. Cualquier progreso basado en la minería era eminentemente precario y no sobrevivía al cierre del yacimiento.
Dentro de las cuadrillas, sin embargo, se estaba fraguando algo que la Corona no había planeado. Mujeres esclavizadas que llegaban a las minas como mancebas del capitán de cuadrilla podían, con los años, establecer vínculos con otros trabajadores, formar familias y convertirse en figuras centrales de linajes mineros. Ese proceso, estudiado por Diego Romero, está en el origen del sistema que más tarde se conocería en el Pacífico como los troncos: redes de parentesco extensas que organizan la memoria familiar y la territorialidad afropacífica hasta hoy. La manumisión por autocompra fue más frecuente que la otorgada por los amos; la gratuita solía beneficiar a esclavas concubinas y a sus hijos mulatos. Así, dentro mismo del sistema esclavista, se abrieron los intersticios por donde una sociedad afrocolombiana propia empezó a existir.
Ríos, troncos, palenques: la construcción de un mundo
Cuando la esclavitud fue abolida en 1851, las comunidades negras del Pacífico ya habían comenzado a construir, sobre las cuencas de los ríos, un patrón de poblamiento propio. Aldeas lineales ribereñas, casas dispersas a lo largo del cauce, agricultura de plátano y frutales, pesca, minería artesanal, corte de madera: una economía de subsistencia articulada a los ciclos del río y del bosque. Ese trazado lineal ribereño y ese poblamiento disperso en sistemas de cuencas eran compartidos por las aldeas indígenas del Pacífico: dos grupos étnicos con trayectorias muy distintas terminaron habitando el mismo paisaje con lógicas espaciales convergentes.
La dispersión no impidió la cohesión. En el Atrato, el patrón de vida afroatrateño se caracterizaba por una fuerte solidaridad comunitaria: se compartía el plátano, se compartía el pescado con vecinos y parientes, y el problema de uno era el problema de todos. Vivir separados por kilómetros de río no impedía redistribuir alimentos, cuidar a los enfermos ajenos, sentir como propio el luto del otro. Los troncos —esas redes de parentesco venidas de los reales de minas— sostuvieron la trama social a lo largo del siglo XIX y buena parte del XX, cuando el Estado colombiano prácticamente no existía en la región.
Ese Estado, cuando aparecía, aparecía para extraer. La abolición de 1851 no rompió el patrón: liberó a los esclavizados sin dotarlos de tierra, y el ciclo extractivo continuó bajo otras manos. En el valle del Cauca, los cimarrones asentados desde tiempos coloniales fueron despojados de sus tierras a finales del siglo XIX, en un proceso que empujó a nuevas colonizaciones. En el Pacífico propiamente dicho, la población afrodescendiente —cerca del 85% del total regional— quedó como titular de hecho de un territorio del que carecía de titularidad de derecho. Los indígenas embera y wounaan, entre el 6% y el 10% de la población regional, ocupaban las cabeceras de los ríos y las zonas altas, con una relación de vecindad y ocasional tensión con las comunidades negras del curso medio y bajo.
Del oro colonial al platino de la Chocó Pacífico
El siglo XX trajo al Chocó una nueva potencia extractiva: la Compañía Minera Chocó Pacífico, empresa norteamericana que se convirtió en la principal beneficiaria del auge del platino colombiano entre 1916 y 1930, y que operó sin pagar impuestos al gobierno colombiano. Sus grandes dragas revolvían el lecho de los ríos para extraer oro y platino, dejando los desechos amontonados en las orillas, alterando cauces, contaminando aguas y produciendo, año tras año, la mayor parte de la producción metálica de la región. El patrón colonial se repetía con actor nuevo: capital extranjero, mano de obra local, riqueza que salía sin transformar el territorio de donde venía. La minería, desde la Colonia hasta hoy, nunca generó en el Chocó un desarrollo económico endógeno sostenible; los datos son elocuentes en su continuidad: 24.529 kilos de oro producidos en el Chocó en 2010, 27.915 en 2011, 24.438 en 2012; platino 991, 1.225 y 1.439 kilos en los mismos años; corte de madera 268.558 metros cúbicos al cierre de 2011. Cifras robustas de extracción en un departamento que sigue en los últimos lugares de todos los indicadores de bienestar.
La era liberal (1930-1946) intentó tímidas correcciones. En 1946, el Chocó fue elevado a departamento, poniéndolo formalmente en igualdad política con el resto del país. Diego Luis Córdoba, jurista y político nacido en la región, fue la gran figura liberal chocoana de esos años y motor de esa reforma. Los subsidios nacionales al territorio crecieron durante la era liberal, pero siguieron siendo insuficientes y las oportunidades económicas no se ampliaron más allá de la expansión burocrática local. La lógica no cambió: la periferia recibía funcionarios, no inversión productiva.
Buenaventura, mientras tanto, seguía otro camino. En los años sesenta, la creación de Colpuertos —la empresa estatal de puertos— generó en la ciudad empleo estable, una fuerte organización sindical portuaria y, por primera vez en el Pacífico colombiano, una clase media y una élite política local afrodescendiente con capacidad de ascenso. A principios de los años noventa, la privatización del puerto invirtió el proceso. El nuevo modelo instaló una economía de enclave portuario y clausuró aquellos mecanismos de movilidad social: mucho contenedor, poca ciudad. Buenaventura pasó a ser un puerto sin comunidad, un territorio paradójico: principal puerto de Colombia, con importancia geoestratégica, y a la vez una ciudad con pobreza aguda, servicios insuficientes y violencia crónica.
1991: el reconocimiento y su límite
Algo, sin embargo, se movió desde abajo. En la segunda mitad de los años ochenta, en el curso medio del río Atrato, surgió por primera vez un discurso y una estrategia organizativa que imaginaban a los campesinos negros como un grupo étnico con cultura, identidad y derechos territoriales propios. No era una obviedad: hasta entonces, el orden jurídico colombiano reconocía derechos étnicos a los indígenas pero no a las comunidades negras, que aparecían como campesinos sin adjetivo o simplemente no aparecían. La formulación atrateña rompió ese esquema y llegó a la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 con fuerza suficiente para inscribirse en la nueva Constitución.
La Constitución Política de 1991 reconoció formalmente a los afrocolombianos y a los indígenas como sujetos colectivos con derecho a la titularidad de sus territorios y a la autonomía cultural. Fue un cambio sustancial. El Artículo Transitorio 55 ordenó al Congreso expedir, en un plazo de dos años, una ley que reconociera a las comunidades negras ocupantes de tierras baldías en zonas rurales ribereñas de la cuenca del Pacífico el derecho a la propiedad colectiva sobre dichas áreas. Dos años después, dentro del plazo, se expidió la Ley 70 de 1993: ocho capítulos, sesenta y ocho artículos. Los cinco primeros regulaban la delimitación, constitución y manejo de los territorios colectivos del Pacífico; los tres restantes abordaban derechos, identidad cultural y desarrollo económico y social de las comunidades negras en términos más generales. El Decreto 1745 de 1995 reglamentó los requisitos y procedimientos de titulación colectiva y consolidó los consejos comunitarios como instancia de organización y autoridad administrativa dentro de cada territorio.
El resultado en el mapa es contundente. En los cuarenta y cuatro municipios del Pacífico viven hoy 859.716 afrodescendientes —el 19,93% del total nacional— junto con población indígena. Ambos grupos habitan territorios colectivos y resguardos que abarcan el 63% de la región: 7.071.488 hectáreas en total, distribuidas en 5.476.338 hectáreas correspondientes a 166 territorios colectivos de comunidades negras y 1.595.150 hectáreas en 172 resguardos indígenas. En el corredor pacífico funcionan 128 consejos comunitarios y más de 169 resguardos de los pueblos wounaan, embera dobidá, chamí, katío, eyabida y eperara siapidara. Nunca antes en la historia de Colombia una minoría étnica había obtenido, en tan poco tiempo, una titularidad territorial de esa escala.
Pero la Ley 70 también encerraba trampas. Restringida en su alcance directo a las comunidades rurales del Pacífico, dejó fuera a los pobladores negros urbanos y a los de otras regiones del país. Ató a las organizaciones a una perspectiva institucional trazada por la propia ley y las hizo dependientes de recursos estatales, lo que agudizó el faccionalismo interno del movimiento negro y redujo su dinamismo. Las organizaciones que se habían apartado antes de intentos de coordinación nacional —por reticencia a ceder autonomía a los grupos urbanos— quedaron ahora en competencia con ONG y liderazgos nuevos por protagonismo y reconocimiento. Y varios capítulos de la Ley 70 permanecieron sin implementar durante décadas: en 2013, veinte años después de su promulgación, un vicepresidente prometió públicamente activarlos antes de fin de año, promesa que tampoco se cumplió.
Detrás de los incumplimientos hay una lógica más honda. El Estado central colombiano ha mantenido con el Pacífico —y muy especialmente con el Chocó y el Medio Atrato— una relación predominantemente absentista e intervencionista: carencia crónica de recursos, servicios y beneficios sociales comparables a los de otras regiones, combinada con presencia puntual cuando se trata de aprovechar recursos naturales o de garantizar corredores estratégicos. Esa presencia selectiva ha tratado a los habitantes del Pacífico como ciudadanos de segunda categoría. La representación colonial del Chocó como territorio vacío, útil al Imperio español para justificar la eliminación indígena y la expansión del dominio, se prolongó bajo formas nuevas: territorio para explorar, territorio desarrollizable, territorio para el desarraigo. El reconocimiento de 1991 no rompió esa trama; la disputó.
La guerra sobre los ríos
A finales de los años setenta, las FARC iniciaron presencia en el Chocó, primero en el bajo Atrato y luego en el Atrato medio, usando el departamento como zona de retaguardia y descanso. Durante casi dos décadas, la guerra colombiana rozó el Pacífico sin instalarse. Eso cambió en 1996. La penetración paramilitar comenzó ese año en Bajirá y luego en Riosucio, con una ola de masacres, desplazamientos y terror que se extendió hacia Murindó, Vigía del Fuerte y Bojayá. En 2002, la masacre de Bojayá —un cilindro bomba lanzado sobre una iglesia donde la población civil se había refugiado— dejó una herida que aún no ha cicatrizado y produjo daños culturales directos: al desconocer y burlarse de las autoridades tradicionales y de las prácticas rituales, la violencia atacó las certezas construidas por generaciones.
En el sur, el paramilitarismo se extendió sobre el eje Buenaventura-Tumaco a finales de los noventa. Los bloques Calima y Frente Pacífico de las AUC entraron a las comunidades afrocolombianas de Bajamar en Buenaventura entre 2000 y 2001; en ese lapso se registraron allí 46 masacres. La cifra sola cuenta poco; hay que sumarle lo que vino después. Entre enero y abril de 2005 hubo en Buenaventura 90 asesinatos; en todo 2005, 324 homicidios según Medicina Legal; en 2006, 416. La disputa entre actores armados por el control de barrios produjo fronteras invisibles que la población civil aprendió a leer para sobrevivir, y una estigmatización de los jóvenes negros como sospechosos permanentes.
La violencia en Buenaventura ha estado atada a dos intereses simultáneos sobre el territorio: el narcotráfico, que necesita corredores hacia el Pacífico, y la ampliación del puerto, que necesita terrenos costeros libres de comunidad. Los desplazamientos intraurbanos, las desapariciones forzadas, las ejecuciones extrajudiciales y la violencia sexual persistieron durante cerca de una década tras las masacres de 2000-2001. En Nariño, la presencia paramilitar coincidió con la expansión del cultivo de coca en el litoral y con tensiones sobre la tierra de comunidades negras e indígenas. Las FARC, presionadas en Putumayo y otras zonas tradicionales, ampliaron su presencia en Nariño, Cauca y el Valle del Cauca. El Pacífico, que había permanecido relativamente al margen del conflicto durante décadas, se convirtió en uno de sus escenarios más agudos justo en el momento en que sus comunidades acababan de obtener reconocimiento jurídico.
A las guerras se sumó una economía extractiva reforzada. La minería ilegal invadió el Atrato y sus afluentes con dragas y retroexcavadoras, contaminando el agua con mercurio, tornándola oscura y maloliente, arruinando la pesca. En 2016, la Corte Constitucional declaró al río Atrato sujeto de derechos mediante la Sentencia T-622/16 y ordenó recuperar sus ecosistemas: un fallo pionero en América Latina, hijo directo del movimiento etnoterritorial nacido en los años ochenta. La palma africana, la ganadería extensiva y la tala industrial completaron un cuadro donde las comunidades han sido desplazadas por ciclos extractivos sucesivos —oro, tagua, madera, palma, minería mecanizada, coca— cuya lógica capitalista choca frontalmente con las formas colectivas y de subsistencia de uso de la tierra.
Desde la década de 1980, los gobiernos han formulado planes sucesivos para desarrollar la región: el Pladeicop (1983), el Plan Pacífico (1993), el Proyecto Biopacífico (1993-1996). Cada uno prometía integrar la región al país aprovechando sus recursos. Pocos indicadores muestran que lo hayan logrado en beneficio de sus habitantes.
Voces que nombran la región
El Pacífico ha producido también su propia palabra sobre sí mismo. Manuel Zapata Olivella, novelista, médico y antropólogo, publicó en 1983 Changó, el gran putas, obra monumental sobre la diáspora africana y el pensamiento libertario en las Américas, estructurada sobre la cosmogonía yorubá y trazada desde la época colonial hasta el siglo XX. La novela ha sido leída como una épica afrocolombiana y afrodiaspórica, próxima a la tradición radical negra que Cedric Robinson identificó en la historia intelectual del Atlántico. Rogerio Velásquez, antropólogo chocoano de generación anterior, fue pionero del estudio de la cultura afropacífica desde adentro. Jaime Arocha y Nina S. de Friedemann, desde la antropología académica, ayudaron a instalar el estudio riguroso de las comunidades negras en las universidades colombianas y a construir el lenguaje conceptual que después nutriría el movimiento etnoterritorial.
En el terreno de la política, Diego Luis Córdoba encarnó en la primera mitad del siglo XX la aspiración liberal chocoana; Piedad Córdoba, senadora nacida en la región, ha sido una de las voces afrocolombianas más visibles de las últimas décadas; y Francia Márquez, lideresa ambiental del norte del Cauca, llegó en 2022 a la Vicepresidencia de la República como la primera mujer afrocolombiana en ocupar ese cargo, culminación política de un ciclo de organización que comenzó, hace cuarenta años, en el curso medio del Atrato.
Y está la música. En el Pacífico no se dio masivamente el mestizaje que sí modeló otras regiones colombianas, y en las expresiones de sus comunidades negras predomina la matriz africana: marimbas, cununos, bombos, guasás, cantos de arrullo y de alabao. Con una excepción notable: el pueblo chocoano reinterpretó danzas europeas —jota, mazurca, danza, contradanza— con conjuntos de chirimía de instrumental europeo, produciendo un híbrido regional distintivo. La coreógrafa Mercedes Montaño trabajó, desde su compañía, con integrantes venidos de Guapi, Tumaco, Buenaventura y Chocó, incorporando un repertorio inusualmente diverso de estilos regionales que rara vez habían sido presentados juntos en escena. El Festival Petronio Álvarez, que se celebra anualmente en Cali desde 1997, se ha convertido en la vitrina más importante de esta producción musical y en un espacio donde las comunidades del Pacífico reafirman, año tras año, una identidad cultural que la geografía disgregada nunca logró romper.
Lo que queda
El Chocó sigue siendo, en 2020s, uno de los departamentos más pobres de Colombia y uno de los más desconocidos para sus propios compatriotas. Su débil integración socioeconómica con el resto del país, su aislamiento geográfico —no hay carretera decente que conecte Quibdó con el interior— y los estereotipos sociorraciales sobre las culturas amerindias y afroamericanas que lo habitan han producido una invisibilidad persistente. Guías turísticas internacionales como Lonely Planet omiten la región citando problemas de seguridad, y esa omisión, aunque justificada por episodios reales, refuerza la marginalidad que documenta. Buenaventura mueve una parte enorme del comercio exterior colombiano y sigue teniendo una de las tasas de pobreza más altas de sus ciudades intermedias. Tumaco es a la vez puerto pesquero, capital cocalera del Pacífico sur y epicentro de disputas armadas que no cesaron con el Acuerdo de Paz de 2016.
Y sin embargo, la región no es solo lo que le hicieron. En 166 territorios colectivos, en 172 resguardos, en los consejos comunitarios que funcionan río arriba y río abajo, hay una experiencia jurídica y organizativa sin equivalente en América Latina: comunidades afrodescendientes con propiedad colectiva reconocida sobre millones de hectáreas, autoridades propias, formas de gobierno que combinan tradición y ley. La Sentencia T-622 de 2016 sobre el Atrato, la elección de Francia Márquez en 2022, la vitalidad del Petronio Álvarez, la persistencia del alabao y del currulao, la memoria activa de Bojayá: son señales de que la lógica extractiva racializada, aunque siga operando, no ha logrado ni logrará clausurar el territorio.
El Pacífico colombiano no es una frontera perdida. Es una región donde el país, si algún día decide serlo entero, todavía tiene una deuda por saldar y una historia por reconocer como propia. Los ríos, entretanto, siguen bajando. Los troncos, siguen creciendo.
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Documentos y fragmentos citados
56 documentos · 72 fragmentos01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 120, 1424 citas
[1]a veces du- rante una media hora en la noche, con bastante fuerza, acompañado de fuerte lluvia y descargas eléctricas durante los meses de junio a octubre. Durante los meses de enero a octubre el mar es algo agitado en las costas de Córdoba y Antioquia, debido a vientos del norte. Sin embargo, los barcos de cabotaje…
p. 120
[2]a veces du- rante una media hora en la noche, con bastante fuerza, acompañado de fuerte lluvia y descargas eléctricas durante los meses de junio a octubre. Durante los meses de enero a octubre el mar es algo agitado en las costas de Córdoba y Antioquia, debido a vientos del norte. Sin embargo, los barcos de cabotaje…
p. 120
[3]nor- te a sur, hay diversas bahías y ancones en donde pequeños pueblos de pescadores, en su mayoría negros, llevan una existencia tranquila. Las cuatro bahías principales son Cupica, Chirichire, Nabugá y Solano. En Tribugá están situadas las ensenadas de Utría y Coquí. La ensenada de Utría, que es un saco marítimo…
p. 142
[4]nor- te a sur, hay diversas bahías y ancones en donde pequeños pueblos de pescadores, en su mayoría negros, llevan una existencia tranquila. Las cuatro bahías principales son Cupica, Chirichire, Nabugá y Solano. En Tribugá están situadas las ensenadas de Utría y Coquí. La ensenada de Utría, que es un saco marítimo…
p. 142
02Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 451 cita
[5]mineras del Pacífico han sido: el Alto Atrato, el Alto San Juan, el Dagua-Raposo y el Patía-Yurumanguí. Ya desde los inicios de la conquista se fundaron pueblos mineros, pese a las difíciles condiciones climáticas que allí imperaban. La parte sur del Pacífico colombiano es una pla- nicie ancha, puesto que la…
p. 45
03Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 661 cita
[6]Golfo de Urabá y de la Serranía del Darién. Allí el paisaje es de pla- nicies aluviales pantanosas y de manglares interrumpidos a trechos por oscuros riscos y bahías pedregosas. Las tierras bajas de la costa Pacífica presentan un cuadro totalmente diferente de la costa Caribe. Tupidas y enmarañadas selvas pluviales se…
p. 66
04Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 1381 cita
[7]mangle rojo arde atin estando biche. Los extensos cuangariales del Pacifico colombiano han sido diezmados después de 30 afios de explotacién maderera mal planificada. La fauna terrestre es muy diversa, no asi la de los cur- sos de agua dulce. La presién de la caceria y la pesca ha sido intensa. La danta de América…
p. 138
05Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 90, 1002 citas
[8]volverían en décadas. En 1640, los indígenas rebeldes no solo cerraron las m inas chocoanas sino que cruzaron la cordillera y saquearon e incendiaron los pueblos españoles de A nserm a, A rm a y Cartago. Los jesuítas, q u ienes llegaron al San Juan hacia 1624, tuvieron algún éxito en convertir a los indios de la…
p. 90
[19]los esclavos fue la posibilidad de autocom pra, pues la m anum isión por los am os fue m enos frecuente que esta. A dem ás, m uchos de los esclavos liberados por sus am os lo fueron por razones personales, que poco tenían que ver con el precio o el valor económico. M uchos de los liberados eran esclavas, frecuentem…
p. 100
06Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 1061 cita
[9]century, there were significant differences between the Atrato, San Juan, and Baudó Rivers. Water was central to how the Chocó and the Pacific were understood and traversed. Jiménez notes that during the colonial period, the region was divided by natural borders and characterised by cultural politics; saw renewed…
p. 106
07La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 39, 572 citas
[10]HÉROES DEL CHOCÓ 39 Las condiciones geográficas y climáticas se articulan con dinámicas pro- ductivas que han configurado las formas de poblamiento del Chocó. Desde el periodo colonial, se ha percibido al departamento como una despensa de recursos extractivos como el platino y el oro. Desde esta visión, se han ex-…
p. 39
[29]de organizaciones sociales a través de los consejos comunitarios, para la protección y utilización sustentable de los recursos naturales (Grueso, 2000). Estos consejos comunitarios son las instancias de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del terri- torio que han ocupado de acuerdo a sus…
p. 57
08Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 1431 cita
[11]permanente de hierro. Los REALES DE MINAS El real de minas era el poblamiento, muchas veces provisorio, de una cua- drilla en las inmediaciones de la explotación minera. La inestabilidad de estos asientos estaba forzada por la apertura de nuevos cortes y la búsque- da de depósitos de mayores rendimientos. La…
p. 143
09Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 3471 cita
[12]contaba con 600 esclavos importa - dos y en 1782 los negros ya representaban casi el 75 % de la población en el Chocó, de un total aproximado de 35. 000, mientras los blancos constituían apenas el 2 %, y el resto los indígenas. Los blancos eran dueños o supervisores de las minas, oficiales de la Corona, curas o…
p. 347
10Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 146, 1482 citas
[13]de Zaragoza para fines del siglo entre 3.000 y 4.000 esclavos. Francisco Beltrán de Caycedo poseía en las minas de Remedios 500 negros esclavos (14). De otra parte, en las minas de Las Lajas y Santa Ana -las que generalmente se supone fueron trabajadas exclusivamente por los mitayos de Santa Fe y Tunja (15) se…
p. 148
[14]de que tanto precisaba Europa, ya en la prehistoria del capitalismo, para dilatar los canales de su circulación mercantil. Durante casi todo el período colonial la economía de la Nueva Granada fue esencial- mente una economía minera y la explotación intensiva de los yacimientos de oro, plata y es- meraldas se realizó…
p. 146
11Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 832 citas
[15]de la dificultad que se presentó en la recluta de arrendatarios indígenas y mestizos, de su ínfima productividad cuando eran sojuzgados y de la fortaleza de la organización indígena que en algunos casos se prolongaría hasta el presente. El esclavismo, de otra parte, dominaba en las actividades mi- neras del Pacífico,…
p. 83
[16]de la dificultad que se presentó en la recluta de arrendatarios indígenas y mestizos, de su ínfima productividad cuando eran sojuzgados y de la fortaleza de la organización indígena que en algunos casos se prolongaría hasta el presente. El esclavismo, de otra parte, dominaba en las actividades mi- neras del Pacífico,…
p. 83
12Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 861 cita
[17]minas propiamente dichas, donde un empresario minero con capital suficiente para tener una cuadrilla de esclavos explotaba un territorio de su propiedad. Una o varias de ellas constituyeron los llamados reales de minas, unidades administrativas creadas por las autoridades espafiolas para ejercer el control de la…
p. 86
13Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 3311 cita
[18]XVII) y su aparición en el Chocó (s. XVIII) Fuera de los centros mineros de la región de Antioquia, la mano de obra esclava ocupó un lugar secundario en el resto de las explotaciones de la Nueva Granada durante los siglos XVI y XVII. Ya se ha visto cómo hacia 1628 había apenas 250 esclavos en Popayán. En 1623 no se…
p. 331
14Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 651 cita
[20]fueron flexibles y acomodadas al ambiente de trabajo. El estudio historiográfico de Diego Romero ha contri- buido a trazar momentos de la génesis de la familia mine- ra en el litoral pacífico y del papel jugado por la mujer en la evolución del sistema que más tarde se convertiría en los troncos. De uno de los textos…
p. 65
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 381 cita
[21]% del total nacional) y 859.716 descendientes de hombres y mujeres traídos de África esclavizados (19,93% del total nacional) viven en cuarenta y cuatro municipios del Pacífico 34. Estos habitan organizados en territorios colectivos y resguardos indíge- nas que abarcan el 63% de toda la región (7.071.488 hectáreas),…
p. 38
16Vivir sabroso. Luchas y movimientos afroatrateños en Bojayá, Chocó, ColombiaNatalia Quiceno Toro · p. 761 cita
[22]haciendo su ranchito aquí. Cuando ya la gente se fue acomodando aquí. Lo que yo recuerdo, y creo que hoy todavía se sostiene eso, es que aquí se ha vivido toda la vida en familia, porque aquí si el uno tiene un plátano, lo comparte con el otro, si consigue un pedazo de pescado, lo comparte con el otro. Teniendo en…
p. 76
17Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 72, 2712 citas
[23]pequeñas agrupaciones aisladas en mesetas de quebradas y de trazado sobre planta circular, las más recientes aldeas neoaborígenes fluviales adoptaron el modelo de localización y el diseño basadas en el trazado lineal ribereño. 6.4. Estas aldeas se integran a un poblamiento disperso en sistemas de cuencas. En…
p. 271
[26]representaciones culturales como un sistema autónomo [Restrepo, 1996]. La década de 1990 resultó, pues, fundamental porque la explosión de los estudios sobre lo negro en Colombia influyó en Antioquia y Chocó; los investigadores de las discipli- 75 Aproximaciones al análisis histórico del negro en Colombia nas sociales…
p. 72
18Representaciones y epistemes locales sobre la naturaleza en el Pacífico sur de ColombiaCarlos Enrique Osorio Garcés · 2018 · p. 191 cita
[24]y sus comunidades, animales y sus poblaciones, suelos y sus fertilidades, comportamiento y estructura de los ríos desde las cuencas altas hasta sus desembocaduras, mareas, corrientes, manglares y los ciclos hidrológicos, lunares y climáticos, por mencionar tan solo algunos de sus componentes no humanos. Esta es la…
p. 19
19"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 4881 cita
[25]del Cauca ha sido visto como un departamento habitado por blancos y paisas. A juicio de los dirigentes afros, se ha querido mostrar que lo “afro se origina a partir del desplazamiento, presentándose a los negros como ve- nideros en el Valle” 325. A juicio de los dirigentes afrocolombianos, se considera que en el Paci…
p. 488
20Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 110, 1382 citas
[27]Camilo. (Ed.) 1994 La política social en los 90: análisis desde la universidad. Bogotá D.C.: Universidad Nacional de Colombia, Departamento de Trabajo Social; Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz - Indepaz -, p. 92. iii. Memorias de la exclusión: Lógicas en tensión en chocó y el medio atrato 139 El Estado…
p. 138
[65]y las restricciones de los grupos armados. Como se ha visto, de los hechos de violencia a que han sido sometidos los habitantes por 111 ii. Memorias de los daños producidos por la violencia: Cambios, pérdidas y rupturas en la vida de bojayá y la región parte de todos los actores armados presentes en la región han…
p. 110
21Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2941 cita
[28]a las específicas sedimentaciones de la alteridad. Y esto no es un asunto únicamente del presente. Para poner un ejemplo, las disímiles maneras en que el racismo científico se materializa en debates y medidas eugenésicas en Argentina o Colombia se comprenden en relación con el lugar de la diferencia en las dos…
p. 294
22Participating in Peace: Violence, Development and Dialogue in ColombiaJefferson Jaramillo-Marín, Luz Mery López-Lizarazo, Adriel Ruiz-Galvan, Matthew Louis Bishop, Juan Mario Díaz-Arévalo, Juan Miguel Kanai, Melanie Lombard, Simon Rushton, Anastasia Shesterinina, Henry Staples, Helen Louise Turton · 2023 · p. 99, 1052 citas
[30]internally displaced people and communities, Buenaventura maintains strong links with its rural hinterland. This is especially significant in the Pacific, where conceptions of territory are imbricated with Afro- Colombian communities’ histories of place. These have been recognized in law since Colombia’s 1991…
p. 105
[43]third section, we outline participatory experiments for peace in Buenaventura which have run alongside formal government- sponsored processes, specifically the Paro Cívico of 2017 and its antecedents. In the final section, we reflect on the strike’s consequences, including local peace education and policy initiatives,…
p. 99
23Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 81, 3592 citas
[31]elaboración propia con base en datos del RUV. Para entender dónde, cómo y por qué se presentan los ataques contra la integri- dad territorial de estas comunidades es importante abordar dos aspectos. Primero, el proceso de poblamiento de los territorios del pueblo afrocolombiano y el camino recorrido en su defensa y…
p. 359
[38]128 consejos comunitarios de comunidades negras y más de 169 resguardos de los pueblos indígenas Wounaan, Embera Dobidá, Chamí, Katío y Eyabida, y Eperara Siapidara 112. Geográficamente, el corredor está conformado por selva, serranías, montañas, planicies, cañones y ríos, y su conexión con el océano Pacífico lo ha…
p. 81
24Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5751 cita
[32]modo específico se reconoce el derecho a la propiedad colectiva para las poblaciones negras que habitan los ríos de la cuenca del Pacífico y además el derecho a una normatividad especial que permita el desarrollo de su propia cultura. El discurso inaugurado en el medio Atrato en la mitad de los ochenta encuentra su…
p. 575
25Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 1161 cita
[33]55 de la Constitución Política de 1991 y, posterior- mente, fue desarrollado en la Ley 70 de 1993. Esta última fue reglamentada por el Decreto 1745 de 1995, en lo relativo a los requisitos y procedimientos para la titulación colectiva de los territorios ancestrales en la cuenca del Pacífico y en otras regiones del…
p. 116
26Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 257, 2622 citas
[34]se habían apartado del intento de crear una coordinación nacional del movimiento ne- gro, reticentes a ceder autonomía a grupos de activistas de sede urbana pero carentes de representatividad en el seno de las or- ganizaciones de base. En torno al movimiento negro en Colombia i 337 ] La Ley 70 contiene 8 capítulos y…
p. 257
[35]y quedando así restringidas a una perspectiva puramente institucional trazada por la Ley 70. Se han ubicado así en la situación desventajosa de que para poder continuar en sus reclamaciones al Estado, y la profundización de la dinámica organizativa, las organizaciones dependen casi exclusivamente de los recursos del…
p. 262
27Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 2861 cita
[36]mayoritariamente por pobladores negros que ocupan la región desde los siglos XVII y XVIII y solo hasta hace poco ha sido afectada por el con fl icto ar- mado y la coca. Sus pobladores han visto disputados sus territorios por la presencia sucesiva de economías extractivas, tales como la explotación del oro, la tagua y…
p. 286
28Becoming Black Political Subjects: Movements and Ethno-Racial Rights in Colombia and BrazilTianna S. Paschel · 2016 · p. 2151 cita
[37]by a meeting in Quibdó in August of 2013 in which the vice president of Colombia vowed to implement the remaining chapters of the then-twenty-year-old law by December of that same year. That too came to pass. Meetings like the one in Tumaco question the very idea that there was, or ever will be, a ruta, or route, to…
p. 215
29Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 2631 cita
[39]parte de la Cordillera Occidental arriba del istmo de San Pablo parece igualmente rica en otros minerales. El istmo está atravesado por una carretera de 67 km que comunica los dos grandes ríos. 264 Eíndice Grst (a) (b) Figura 50 (a). Las grandes dragas de las empresas mineras —Compañía Minera Chocó- Pacífico— producen…
p. 263
30Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1921 cita
[40]además un mercado que puede desaparecer repentinamente con el agotamiento de las minas y con el que nadie puede contar como una base definitiva para su estabilidad económica. Todo progreso realizado sobre esa base es eminentemente precario, como muestra la experiencia tantas veces repetida del colapso económico…
p. 192
31Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 2831 cita
[41]los esteros. En Buenaventura las dinámicas de poblamiento de la ciudad, su organización y paisaje, han estado determinadas por una serie de actividades económicas asociadas al puerto (Aprile, 2002). Así, desde la década del ochenta los sucesivos gobiernos nacionales han formulado diversos planes y programas orientados…
p. 283
32Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1971 cita
[42]como en todo un universo de representacio- nes y conocimientos. 1990 -2013 Década de 1990 hasta hoy: In- tervencionismo económico desde el centro nacional con una economía de enclave por- tuario y de rela- ción instrumental, megaproyectos 2000 – 2013 Ciudad – “puerto sin comuni- dad” y orden de violencia de la…
p. 197
33Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1761 cita
[44]agua era diferente. La recuerda clara y cristalina, pero hoy parece lodo y es muy oscura. Explica que el olor de las aguas también ha cambiado y hoy es desagradable. Considera que además son grandes las afectaciones que causa la minería a la salud y al medioambiente. En concreto, señala que, para las comunidades…
p. 176
34Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 3331 cita
[45]sin embargo, no tenían tierra, y les vendían su fuerza laboral a las empresas madereras y palmeras o a las camaroneras que llegaron en los años ochenta. O cortaban árboles por su cuenta, o buscaban barequear en algún río donde después de menear la batea un día al rayo del sol podían encontrar un par de pepitas de oro…
p. 333
35La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 1541 cita
[46]través de la legislación agraria, ambiental y étnica mencionada. ''Antioquia y sus gremios -dice uno de los empresarios que representa esta posición- vemos con gran preocupación el des- enlace, no solamente de 4.000 hectáreas de palma, sino 6'000.000 del Pacífico colombiano conquistadas con fines oscuros sin un solo…
p. 154
36Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 1371 cita
[47]incremento anual de 23,8%; el oro representó un 77,3% del total de minerales metalíferos y avanzó un 13,8%; la plata participó con 19,3% y creció 91,9%. El platino lo hizo con 3,4%, mejorando en 23,6% (ICER, 2012, páginas 31-32). La producción de oro fue de 24.529 kilos en 2010, 27.915 en 2011 y 24.438 en 2012. La de…
p. 137
37El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 811 cita
[48]del ELN, las Farc y los grupos paramilitares, cuya presencia en este territorio tuvo el siguiente desarrollo. Hasta mediados del 70 en el departamento no existía presencia de ningún grupo armado, este era un territorio de paz en donde las comunidades negras e indígenas habían desarrollado métodos y nor- mas para la…
p. 81
38El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 811 cita
[49]del ELN, las Farc y los grupos paramilitares, cuya presencia en este territorio tuvo el siguiente desarrollo. Hasta mediados del 70 en el departamento no existía presencia de ningún grupo armado, este era un territorio de paz en donde las comunidades negras e indígenas habían desarrollado métodos y nor- mas para la…
p. 81
39Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 1571 cita
[50]en la población. 157 Crónica del conflicto armado en el puerto de Buenaventura (2000-2013) cial de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanita- rio, 2003, página 5). Esta presencia de las FARC en el Valle en la década del setenta se caracterizó por tener niveles muy bajos de operatividad armada y victimización,…
p. 157
40Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6771 cita
[51]comunidades afrocolombianas de Bajamar, en el municipio de Buenaventura, Valle del Cauca. Bajamar es un territorio poblado por habitantes desplazados de las cuencas de los ríos Yurumanguí, Naya, Calima y Cajambre, que se asentaron en la isla Cascajal, al costado del puerto, en barrios que son considerados los más…
p. 677
41El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 2982 citas
[52]sus mandatos, o intimidarlos en caso que fueran testigos de algún crimen. Lo anterior se corresponde con las alarmantes cifras de homici- dios de la época: entre enero y abril de 2005, se habían registrado 90 asesinatos en el Puerto, y según cifras del Instituto de Medicina Le- gal, en todo el año 2005 se habrían dado…
p. 298
[53]sus mandatos, o intimidarlos en caso que fueran testigos de algún crimen. Lo anterior se corresponde con las alarmantes cifras de homici- dios de la época: entre enero y abril de 2005, se habían registrado 90 asesinatos en el Puerto, y según cifras del Instituto de Medicina Le- gal, en todo el año 2005 se habrían dado…
p. 298
42Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1211 cita
[54]GRUPOS PARAMILITARES, 1978-2016 EL ORIGEN DEL PARAMILITARISMO EN COLOMBIA El paramilitarismo va a surgir, al igual que la guerrilla, en enclaves bajo una importante ausencia del Estado, si bien, a diferencia de la naturaleza guerrillera, en Colombia solo se puede interpretar el paramilitarismo, no como un hecho…
p. 121
43No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3761 cita
[55]del narcotráfico por el Pacífico. También obedecían a intereses de élites económicas y políticas que buscaban frenar las demandas por la tierra y autonomía política de los pueblos indígenas y afrodes- cendientes. De acuerdo con el CNMH, entre 1965 y 2013 las FARC-EP concentraron sus acciones en los departamentos de…
p. 376
44Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2722 citas
[56]Pontificia Universitaria Javeriana, 2009), 423-466. 272 James D. Henderson campañas, el BCB estableció asimismo un bloque en el extremo sur del país, en Putumayo, donde, con extrema brutalidad, sus fuerzas acabaron con el dominio que tenían las FARC sobre 15 000 hectáreas de cultivos de coca del departamento. Esto…
p. 272
[57]Pontificia Universitaria Javeriana, 2009), 423-466. 272 James D. Henderson campañas, el BCB estableció asimismo un bloque en el extremo sur del país, en Putumayo, donde, con extrema brutalidad, sus fuerzas acabaron con el dominio que tenían las FARC sobre 15 000 hectáreas de cultivos de coca del departamento. Esto…
p. 272
45Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 751 cita
[58]Cesar y Magdalena). En 2001, las Farc se habían extendido, además de las regiones y departamentos mencionados, a Nariño, Chocó, Sucre, Cundinamarca, sur y occidente de Antioquia, Catatumbo y la región cafetera de Caldas, Risaralda y Quindío. Los cuatro mapas de frecuencia de acciones de las Farc muestran las…
p. 75
46Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 3011 cita
[59]de junio del 2022 300 En el Pacífico sufres con tu gente, aquí sufres solo Yo soy un activista juvenil afrocolombiano, he estado trabajando en pro de los derechos educativos de las comunidades negras y en cuanto al territorio del Pacífico Sur colombiano, también movilizándome demasiadamente en las dinámicas…
p. 301
47Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 1841 cita
[60]disputadas. Los corredores estratégicos son entendidos como franjas territoriales que permiten a los acto- res del conflicto la movilidad de tropas, comida, armas, drogas y otros elementos indispensables para garantizar la continuidad de la guerra, entre los que se encuentran los corredores de alta mon- taña, los…
p. 184
48Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 3261 cita
[61]se trata aquí de hacer un inven- tario de las manifestaciones musicales del país en el presente, que ya han sido agrupadas por los estudiosos por orígenes, regiones y características; lo que se quiere destacar es que todo ese universo sonoro del pueblo colombia- no, resultado de una compleja trama de préstamos,…
p. 326
49Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 721 cita
[62]theater, chronicle, novel, folk tales, poetry, and even scripts for radio and television, in addition to a beautiful autobiographical text called Levántate mulato (1990). His distinguished work is Changó... el gran putas (1983), a monumental and fundamental work about the African diaspora literature and libertarian…
p. 72
50Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 2191 cita
[63]te necesito. Vengo por ti. Quiero sacarte de esta porquería. Nos iremos a vivir a Manga donde nunca sepamos nada de Chambacú. Ahora soy sargento. Sé que no es mucho dinero, pero en secreto te digo que me han prometido mu- chos dólares. Viviremos decentemente. Te compraré vestidos, radio… y podría ser que hasta un…
p. 219
51Rites, Rights & Rhythms: A Genealogy of Musical Meaning in Colombia's Black PacificMichael Birenbaum Quintero · 2019 · p. 2111 cita
[64]clarinet [as in the capital of Chocó]; it was with flutes made from reeds [in the rural style, today practically extinct], that was the late Venté Murillo... [AC:] He was Chocoano because in the group there were members from Guapi, from Tumaco, from Buenaventura and from Chocó, and so the Chocoanos taught their…
p. 211
52A Gringa in Bogotá: Living Colombia's Invisible WarJune Carolyn Erlick · 2010 · p. 941 cita
[66]Atlantic coast, a lawyer who had done her studies in Bogotá 54 | A GRINGA IN BOGOTÁ and stayed. At handicrafts stores, public festivals, and even music stores, I was reminded of other far-flung places in the jungles and plains of Colombia. Chocó was not seen or heard of, or as they say in literature classes back at…
p. 94
53De quebradores y cumplidores: Sobre hombres, masculinidades y relaciones de género en ColombiaMara Viveros Vigoya · 2002 · p. 1301 cita
[67]capital del departamento del Chocó, uno de los de- partamentos menos conocidos para la mayoría de los colombianos debido a su débil integración socioeconómica con el resto del país, a su aislamiento geográfico, sus particularidades ecológicas (ser una de las regiones más lluviosas de la Tierra), los estereotipos…
p. 130
54Afrodescendant Resistance to Deracination in Colombia: Massacre at Bellavista-Bojayá-ChocóAurora Vergara-Figueroa · 2018 · p. 65, 1112 citas
[68]gave and contracted smallpox and were particularly susceptible to many tropical fevers. Because seventeenth-and- eighteenth century accounts describe the Chocó simply as fever-ridden (…). (4) This suggests three dimensions that seem central to my reading of the significance of this description. First, the way in which…
p. 65
[69]rather than as a society with a different culture and history, facilitates practices of deracination. I present some of the main dimensions of the process of ‘marginalization’ of this region by describing some of the colonial narratives that refer to it. I split the his- torical formation of these blank spaces into…
p. 111
55Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1331 cita
[70]las comunidades, y en cambio a estas no se les brindó seguridad alguna. Así lo explic ó Nayibe cuando afirm ó que el Estado, además de ser selectivo al hacer presencia integral, estuvo influenciado en sus acciones por el racismo estructural en ciertos territorios y comunidades: «Sí, yo creo que parte de las…
p. 133
56Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 74, 2472 citas
[71]a canal to rival that running through Panama proved to be wishful thinking, and beyond expanding the local bureaucracy to provide more jobs for the growing educated black community, little progress was made in creating economic opportunities for the people or improving their material well-being. 57 Nevertheless, with…
p. 247
[72]and Pasto. When Santos arrived in Quibd ó on June 23, local dignitaries and the charismatic black Liberal Diego Luis C ó rdoba gave him a warm welcome. The president elect visited the city's new hospital, described as the best in the intendancy, and the Escuela Carrasquilla, then under construction. Pledging to…
p. 74