Idea · Seguridad Democrática
Palma africana
La Elaeis guineensis pasó de semillero experimental en los años cincuenta a convertirse en el cultivo permanente más extendido de Colombia y en el primer productor de aceite de palma de América Latina; ese salto productivo coincidió geográfica y temporalmente con la expansión paramilitar en Urabá, el Bajo Atrato, el norte del Magdalena y el Cesar, convirtiendo al cultivo en dispositivo simultáneo de agroindustria legítima y de despojo territorial.
Trayectoria de una idea
- 1953
Rojas Pinilla declara el río Mira zona de colonización
- 1960
Primer semillero comercial en Tumaco
- 1999
Colombia alcanza el cuarto o quinto lugar mundial en producción de aceite de palma
- 2000
Desplazamiento forzado y siembra de palma en Curvaradó y Jiguamiandó
- 2005
Vicente Castaño reconoce públicamente el proyecto palmero paramilitar
- 2007
Escándalo del Programa Agro Ingreso Seguro
- 2008
Política de biocombustibles: Conpes 3510
- 2011
Denuncia de nexos entre paramilitarismo y trece empresas palmeras
La lectura
La palma africana llegó a Colombia como apuesta estatal de sustitución de importaciones y se convirtió, en pocas décadas, en el cultivo que mejor ilustra la paradoja del desarrollo rural colombiano: un sector agroindustrial con rendimientos reales y capacidad exportadora, construido en parte sobre el despojo sistemático de comunidades campesinas y afrodescendientes. Su estructura agronómica —rendimiento tardío, escala mínima de rentabilidad, extractora como nodo obligado— produce concentración incluso en ausencia de violencia; donde la violencia estuvo presente, como en el Bajo Atrato o el norte del Magdalena, esa estructura sirvió de envoltura legal para blanquear tierras arrebatadas a punta de fusil. El Estado no fue espectador pasivo: instituciones como Finagro, el Banco Agrario y el Incoder otorgaron créditos y títulos que convirtieron el despojo en propiedad legítima, mientras el Programa Agro Ingreso Seguro canalizaba subsidios hacia los mismos actores que habían financiado el paramilitarismo. La política de biocombustibles de 2008 añadió una capa adicional de incentivos públicos a un sector cuya expansión más violenta ya había ocurrido, consolidando la palma como cultivo del futuro en el discurso oficial al tiempo que los tribunales comenzaban a desmontar ese relato.
La palma africana en Colombia
La Elaeis guineensis, palma originaria de la franja tropical africana que corre entre Senegal y Angola, llegó a Colombia como semillero experimental en 1960 y terminó, seis décadas después, convertida en el cultivo permanente más extendido del país, en el emblema de la política de biocombustibles y en la pieza central de uno de los mayores escándalos de despojo territorial de la historia reciente. El país pasó, entre mediados del siglo XX y comienzos del XXI, de importar oleaginosas a producir más aceite de palma que cualquier otra nación de América Latina y a ocupar el quinto lugar en el escalafón mundial. Ese salto productivo, presentado en la retórica gremial y estatal como modelo de desarrollo rural, alternativa a la coca y motor de la economía del posconflicto, coincidió geográfica y temporalmente con la expansión paramilitar en Urabá, el Bajo Atrato, el norte del Magdalena y el Cesar. La palma africana en Colombia es, por eso, dos cosas a la vez: un sector agroindustrial legítimo con más de sesenta años de historia y un dispositivo que, en zonas y momentos precisos, sirvió para blanquear despojo, absorber créditos públicos hacia manos indebidas y consolidar el control territorial de actores armados.
Qué es este cultivo y por qué pesa
La palma africana es una especie de rendimiento tardío y compromiso largo. Sembrada la semilla, no da frutos hasta el tercer o cuarto año, y una vez en producción se comporta como cultivo permanente durante décadas. Esta lentitud inicial define casi todo lo demás: el pequeño productor pasa tres años sin ingresos mientras prepara el terreno, y para sostenerse toma crédito. El fruto, además, tiene una particularidad implacable: la extracción del aceite debe hacerse en las primeras doce horas tras la recolección, lo que obliga a instalar plantas extractoras junto a los cultivos y encadena geográficamente la parcela a la industria. El rendimiento promedio ronda las 3,3 toneladas de aceite por hectárea, pero Fedepalma ha estimado que la rentabilidad mínima solo aparece a partir de las 3.000 hectáreas. Ese umbral, sencillo de enunciar y difícil de alcanzar, es el hecho económico decisivo: la palma castiga la pequeña propiedad y premia la escala.
Del aceite crudo se derivan aceites de cocina, margarinas, jabones, detergentes, cosméticos, pinturas, velas, betunes y, desde 2008, biodiésel. Esa versatilidad industrial explica su atractivo como sustituto de importaciones y luego como bandera de la política energética. Hacia finales del siglo XX Colombia había cerrado el ciclo de dependencia externa en oleaginosas y comenzaba a exportar; con la política de biocombustibles adoptada en 2008, más del 40 por ciento de la producción se orientó a ese destino. La palma se volvió, en el discurso oficial, cultivo del futuro.
Pero la misma estructura agronómica que hace atractivo el cultivo lo vuelve un instrumento de concentración. Cuando el pequeño productor entra en un esquema de alianzas productivas —el modelo que Fedepalma y sucesivos gobiernos promovieron desde los años noventa— firma un crédito solidario en el que la tierra opera como prenda real. Si no puede pagar durante los años de espera productiva, la asociación se queda con el predio. La extractora, generalmente controlada por la gran compañía, fija el precio de compra del fruto. Y como los campesinos suelen carecer de títulos perfectos, los bancos pignoran la fruta a través de esas mismas extractoras. El resultado es un circuito cerrado: quien siembra depende, para sobrevivir tres años sin ingresos, del mismo actor que le compra la cosecha y le cobra la deuda. Esta arquitectura contractual, defendida como modelo de inclusión, produce estructuralmente la salida del pequeño propietario incluso donde no hay violencia. Donde sí la hay, la salida es directa.
Del semillero de Tumaco a la agroindustria nacional
El cultivo comercial de palma africana en Colombia arrancó en los años cincuenta. En 1960 el Instituto de Fomento Algodonero instaló el primer semillero en la finca El Mira, en Tumaco, e introdujo la especie en el Pacífico colombiano. La decisión no fue aislada: el general Gustavo Rojas Pinilla, durante su gobierno de 1953 a 1957, había declarado el río Mira zona de colonización, y esa apertura formal preparó el terreno para que miles de hectáreas de bosque de la cuenca se transformaran en pastos, banano y palma aceitera. Tumaco se convertiría en el nodo original del cultivo: hacia 1999 aportaba el 11 por ciento de la producción nacional y el 13,3 por ciento del área sembrada, con rendimientos altos de dieciséis toneladas por hectárea al año.
Durante las tres décadas siguientes, la palma se instaló en cuatro grandes zonas: la costa norte (Magdalena, Cesar, Atlántico), el Magdalena Medio (Puerto Wilches, San Alberto, Sabana de Torres), la Orinoquia (Meta, Casanare) y el Pacífico nariñense. En cada una el cultivo adoptó una forma distinta según el tipo de tenencia previa, la presencia estatal y el peso del conflicto armado. En el Cesar y Santander se consolidaron grandes plantaciones empresariales, con Indupalma como referente laboral desde los años setenta. En el Magdalena Medio se ensayaron modelos de palma campesina en asociación con empresas y programas de desarrollo. En Urabá, el Bajo Atrato y el norte del Magdalena, la expansión coincidiría, ya en los años dos mil, con el control paramilitar del territorio.
El salto verdaderamente significativo ocurrió al cierre del siglo XX y en la primera década del XXI. Colombia dejó de ser importador neto de oleaginosas y se convirtió, según los cálculos de Salomón Kalmanovitz y Enrique López, en el quinto productor mundial de aceite de palma. Fedepalma, más generosa con sus propios registros, llegó a situar al país en el cuarto lugar. El sector se organizó rápidamente en un gremio de los más disciplinados del país, comparable en su capacidad de interlocución con el Estado a Asocaña, Fedearroz o la Federación Nacional de Cafeteros. Desde el final de la administración Gaviria se les asignó a esos gremios un papel activo en la política sectorial, con recursos parafiscales para investigación y asistencia técnica, en un modelo inspirado en el cafetero.
Los años decisivos: 2002-2018
Los quince años que van del primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez al final del segundo mandato de Juan Manuel Santos marcan el auge del cultivo y, simultáneamente, su judicialización. La Seguridad Democrática ofreció la retórica —palma como cultivo lícito, como alternativa a la coca, como consolidación territorial— y el Proceso de Paz ofreció el marco jurídico —restitución de tierras, justicia transicional— para empezar a examinar lo que había pasado bajo esa retórica.
Dos instrumentos concentraron el impulso oficial. El primero fue el Programa Agro Ingreso Seguro, creado en 2007 bajo el Ministerio de Agricultura de Andrés Felipe Arias, cuya distribución de subsidios terminó beneficiando a parapolíticos y terratenientes vinculados al sector palmero. Entre los nombres que aparecieron figuran Eduardo Vives Lacouture y Silvestre Dangond Lacouture, propietario de Palmas Oleaginosas del Casacará. Arias fue condenado por la Corte Suprema de Justicia en julio de 2014 y previamente destituido e inhabilitado por la Procuraduría en 2011. El segundo instrumento fue la política de biocombustibles adoptada en 2008, que estableció objetivos de seguridad energética, protección ambiental y desarrollo rural, y canalizó incentivos y expectativas de mercado hacia los cultivos de palma y caña. Entre 2008 y 2012, solo en Norte de Santander, Finagro aprobó créditos para palma por 77.918 millones de pesos.
En el discurso oficial, la palma cumplía tres funciones simultáneas: sustituía coca, sustituía combustibles fósiles y consolidaba el control efectivo del territorio. Los tres verbos se sostenían mutuamente. El modelo de alianzas productivas fue definido explícitamente como un esquema para sustituir cultivos ilícitos y afianzar la presencia estatal en zonas periféricas. En Tumaco, proyectos financiados con recursos del Plan Colombia sembraron cerca de 1.500 hectáreas. En Urabá, ante las dificultades del banano por la revaluación del peso, la palma se presentó como cultivo de reemplazo. Sobre el papel, se articulaba con la política de seguridad y con la política de drogas.
Pero por debajo de ese ensamblaje ocurría algo distinto. Un empresario palmero admitió que había recurrido al modelo de alianzas con pequeños productores porque con el negocio del lavado de activos no podía permitirse comprar tierras costosas para sembrarlas con palma. La confesión, aunque anónima, condensa el problema: el diseño mismo de las alianzas —crédito solidario, tierra en prenda, extractora fijando precios— servía tanto para incluir campesinos como para colocar capital de origen dudoso sobre superficies enormes sin adquirirlas directamente.
Vicente Castaño y el laboratorio del Bajo Atrato
El caso que define la relación entre paramilitarismo y palma es el del Bajo Atrato chocoano. En el año 2000 el Incora tituló como territorios colectivos las cuencas del Curvaradó y Jiguamiandó a favor de sus consejos comunitarios afrocolombianos. Ese mismo año, según registros posteriores del Incoder, ya existían dentro de esos territorios cerca de 4.183 hectáreas de palma africana: 3.636 en Curvaradó y 198 en Jiguamiandó, además de áreas adicionales no plenamente inventariadas. La cronología cuenta: la palma llegó al mismo tiempo que el título colectivo, o antes.
El comandante paramilitar Rodrigo Zapata, alias Ricardo, declaró en el proceso judicial que desde 1997 había estado adquiriendo tierras en las cuencas del Curvaradó y Jiguamiandó, y que sabía perfectamente que había zonas no aptas para ser adquiridas porque estaban en trámite de adjudicación como territorios colectivos. Sabía y compraba. El motor de esas adquisiciones fue el desplazamiento forzado: entre finales de los noventa y comienzos de los dos mil, paramilitares del Bloque Elmer Cárdenas y la fuerza pública provocaron, mediante amenazas y asesinatos, la salida de las comunidades afrocolombianas de Jiguamiandó, Curvaradó y Cacarica. Una vez vaciado el territorio, se sembró palma.
El articulador político y económico del proyecto fue Vicente Castaño Gil, jefe paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia. En entrevista publicada por Semana en junio de 2005 reconoció, sin eufemismos, que en Urabá tenían cultivos de palma y que él mismo había conseguido a los empresarios para invertir. La idea, dijo, era llevar a los ricos a invertir en distintas zonas del país. El contacto entre Castaño y el sector empresarial de la costa lo facilitó Hernán Gómez Hernández, alias el Sibarita. Del otro lado apareció la familia Zúñiga Caballero, con experiencia previa en procesamiento de aceite, que se convirtió en socia mayoritaria de Urapalma y Palmura a través de Construcciones Unidas Ltda. El conglomerado empresarial resultante —Urapalma, Extractora Bajirá y Palmura como núcleo, conectado con Aceites S.A. y con la procesadora Gradesa S.A. mediante el solapamiento de juntas directivas— fue el vehículo formal de la operación.
Al lado del proyecto directamente empresarial operó otro circuito, el de las asociaciones campesinas de fachada. Sor Teresa Gómez, cuñada de los hermanos Castaño, figuró como representante legal de la Asociación Asoprobeba, creada junto con Ignacio Roldán, alias Monoleche, para adquirir predios en Belén de Bajirá y Curvaradó destinados a palma. La estructura combinaba dos niveles: sociedades anónimas con inversionistas de la costa y asociaciones campesinas controladas por operadores del paramilitarismo.
El esquema no se limitó al Bajo Atrato. El Bloque Norte de las AUC, comandado por Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, articuló relaciones con empresas palmeras en tres focos simultáneos: el norte del Cesar (El Copey), el norte del Magdalena (Ciénaga, Algarrobo, Fundación, Zona Bananera) y Atlántico. La expansión paramilitar y la expansión de cultivos coincidieron en el Magdalena de manera tan estrecha que la superposición de mapas resulta casi didáctica. En 2011, el entonces senador Gustavo Petro denunció que la Fiscalía había hallado pruebas de nexos entre el paramilitarismo y al menos trece empresas palmeras que despojaron tierras a comunidades campesinas y afrodescendientes en Urabá, y señaló que el grupo posdesmovilización Águilas Negras seguía colaborando con palmeros bajo tolerancia militar.
Una carta atribuida al proyecto palmero de las AUC describía la ambición sin escatimar cifras: un emporio de entre setenta y cien mil hectáreas que en su momento se negociaría con el establecimiento económico colombiano e internacional como parte de los acuerdos del fin del conflicto. La palma, en esa lectura, no era negocio subordinado a la guerra: era la manera de convertir la guerra en propiedad legítima.
El Estado como legalizador
El acaparamiento violento de tierras para la agroindustria palmera no ocurrió al margen del Estado. Ocurrió con el Estado. Instituciones como el Banco Agrario, Finagro y el Incora —después Incoder— facilitaron la legalización de títulos sobre tierras despojadas donde ya se cultivaba palma, otorgando créditos y subsidios a empresas cuya adquisición de predios había sido denunciada por los desplazados. Al transformar tierras despojadas en propiedad legítima con papel bancario y sello notarial, la autoridad formal de las instituciones quedó paradójicamente reforzada. El despojo terminaba de consumarse cuando el Estado le ponía la firma. El acaparamiento no operó en un vacío institucional: operó gracias a que las instituciones orientaron el derecho a favor de los usurpadores.
El Programa Agro Ingreso Seguro fue la manifestación más visible, y por ello más escandalosa, de ese mecanismo. Pero el flujo cotidiano de créditos de Finagro, de titulaciones del Incoder y de aprobaciones bancarias era la infraestructura permanente. Los subsidios y créditos otorgados en el marco del Plan Colombia y de los sucesivos programas de sustitución añadieron una capa adicional: dinero público destinado a fortalecer la lucha antinarcóticos irrigó, en la práctica, cultivos sembrados sobre tierras robadas a comunidades afrocolombianas.
La respuesta institucional llegaría tarde y de manera parcial. La Corte Constitucional intervino a finales de 2009 en relación con los territorios colectivos de Curvaradó y Jiguamiandó, y ordenó medidas de restitución material. La Fiscalía General de la Nación logró, en los años siguientes, treinta y nueve condenas contra palmicultores por apropiación ilegal de tierras. La Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, impulsada en 2011 por el gobierno Santos, diseñó un procedimiento con fase administrativa de registro en la Unidad de Restitución de Tierras y fase judicial ante jueces especializados. El proceso se planeó gradual, focalizado geográficamente en coordinación con el Ministerio de Defensa. A diferencia de la experiencia sudafricana, en la que la restitución se inició tras la firma de los acuerdos de paz, Colombia empezó a restituir mientras el conflicto seguía activo. Para 2021, sin embargo, la URT documentaba 117 casos de comunidades étnicas, de los cuales solo 30 habían llegado a jueces de restitución; los 87 restantes no presentaban avances y la mayoría de esas poblaciones seguía desplazada en cabeceras municipales y regiones distintas de sus territorios de origen.
Las otras palmas
Reducir el sector a la operación paramilitar del Bajo Atrato sería, sin embargo, un error simétrico al de la apología. La palma africana tuvo, y tiene, otras vidas.
En San Pablo, sur de Bolívar, la comunidad de La Floresta desarrolló un programa de palma campesina que a comienzos de 2009 reunía a diecisiete familias. El proyecto fue posible gracias al Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, a Fundepalma, al Incoder —que compró la hacienda— y al Fondo de Inversiones para la Paz. Los campesinos, sin títulos perfectos, dependían de la pignoración de la fruta a través de las extractoras, lo que los obligaba a vender al precio fijado por estas. La experiencia mostró tanto la viabilidad del modelo como su fragilidad estructural: incluso en el mejor de los casos, la asimetría con la industria seguía siendo la regla. En Puerto Carreño, campesinos vecinos de Indupalma solicitaron la presencia de la Defensoría del Pueblo y del Incoder para negociar la titulación de sus predios, en un contexto en que la Procuraduría había determinado que algunas superficies en poder de la empresa tenían falsa tradición, con títulos sobre mejoras no perfeccionados.
La historia laboral del sector añade otra dimensión. Indupalma, la gran empresa palmera del Cesar, protagonizó en 1977 una de las huelgas más conocidas del sindicalismo colombiano de la segunda mitad del siglo XX. El conflicto, en el que la empresa era acusada de violar la ley laboral en materia de derechos y prestaciones, culminó con el secuestro del gerente Ferreira Neira por el M-19. Jaime Bateman Cayón describiría después que, antes del operativo, los trabajadores se habían acostumbrado a que los conflictos laborales se resolvían cuando la empresa invadía con tractores los predios sindicales. El secuestro terminó sin víctimas mortales y con la aceptación del ciento por ciento del pliego. Décadas más tarde, el Centro Nacional de Memoria Histórica reconstruyó esa historia laboral, que ha corrido paralela y a veces enfrentada a la historia empresarial.
Investigadores como García y Calderón han advertido que la relación entre presencia de cultivos de palma y desplazamiento forzado no puede generalizarse como característica inherente al sector palmicultor colombiano. La advertencia es correcta y necesaria: hay palma sin despojo, hay palma campesina, hay palma sindicalizada, hay palma exportadora que participa en mercados internacionales con sellos de sostenibilidad. Lo que la evidencia sostiene con firmeza es más preciso y más incómodo: donde el paramilitarismo tuvo control territorial —Urabá, Bajo Atrato, norte del Magdalena, franjas del Cesar—, la palma fue vehículo de despojo. La coexistencia de las dos formas es el hecho, no su alternativa.
Lo que la palma hace al territorio
Más allá de la cuestión de la propiedad, el monocultivo transforma los ecosistemas en los que se instala. La Elaeis guineensis, aunque especie doméstica sujeta a mejoramiento genético para aumentar su producción de aceite, es planta introducida en América. Su expansión sobre coberturas vegetales naturales tiene consecuencias sobre la diversidad de especies endémicas. Los sistemas de drenaje que la plantación exige modifican los cursos hídricos y las cuencas naturales, desviando quebradas y creando zanjas de evacuación que trasladan el problema aguas abajo sin resolverlo. En el Magdalena Medio, expertos en recuperación de ciénagas han descrito cómo el monocultivo reemplaza el ambiente existente y elimina las especies incompatibles con él. En Tibú, en el Catatumbo, pobladores han expresado preocupaciones sobre el agua y sobre la seguridad alimentaria: un habitante recogió, en un taller de memoria de 2012, la observación de que la palma es un cultivo que a medida que crece desplaza a todos los demás. Donde entra la palma, salen la yuca, el plátano, el maíz de pancoger.
La política de biocombustibles añadió una paradoja. El sector palmero proyectaba, para determinadas instalaciones, dejar de emitir más de 500.000 toneladas de metano anuales desde el primer año de operación, con Certificados de Reducción de Emisiones cotizables en mercados de carbono en Europa, Japón y Estados Unidos. El cultivo que reemplazaba bosque húmedo tropical —y que en algunas de sus versiones más violentas talaba selva del Chocó biogeográfico— aparecía en las cuentas internacionales como parte de la solución climática. Empresas como Maderas del Darién, que aportó al Bloque Elmer Cárdenas entre veinte y treinta millones de pesos anuales desde el año 2000 y le permitió usar las frecuencias de sus antenas repetidoras, prepararon el terreno de esa transición aparentemente virtuosa mediante la tala previa.
La huella
La palma africana quedó, al cierre de este período, como el cultivo más ilustrativo de la ambigüedad estructural del sector agropecuario colombiano. Es el gremio más organizado, con Fedepalma como uno de los interlocutores privilegiados del Estado. Es el producto que llevó al país de importador a exportador y lo puso entre los primeros productores del mundo. Es la bandera de la política de biocombustibles y la promesa recurrente de sustitución de coca. Y es, simultáneamente, el nombre asociado a Curvaradó y Jiguamiandó, a las trece empresas señaladas en Urabá, al escándalo de Agro Ingreso Seguro, a la condena de un exministro de Agricultura, a treinta y nueve palmicultores condenados por apropiación ilegal de tierras.
El diseño mismo del cultivo —tres años sin ingresos, escala mínima de 3.000 hectáreas, extracción encadenada a la extractora, alianzas productivas con tierra en prenda— produce concentración incluso sin violencia; allí donde la violencia estuvo, esa concentración se hizo despojo; y el Estado, por acción y por omisión, legalizó lo despojado. La palma africana no es en Colombia un cultivo con problemas: es un cultivo cuyo problema es constitutivo, porque su lógica económica y su historia política se han entretejido de manera que separar las dos vetas requiere un trabajo de restitución que apenas comienza. Los 117 casos étnicos con solo 30 en juicio miden bien esa distancia.
Colombia siembra hoy palma en más regiones que nunca, exporta aceite y biodiésel, y discute en foros internacionales sobre sostenibilidad. En los mapas de restitución, sin embargo, siguen apareciendo los mismos nombres —Curvaradó, Jiguamiandó, Bajirá, Chivolo, María La Baja— con familias que no han vuelto. Los dos mapas se superponen sin cancelarse.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Vicente Castaño Gil — articuló empresarios con el proyecto palmero paramilitar en Urabá y el Bajo Atrato
- 02Andrés Felipe Arias — ministro de Agricultura condenado por irregularidades en subsidios al sector palmero vía Agro Ingreso Seguro
- 03Rodrigo Tovar Pupo (alias Jorge 40) — comandante del Bloque Norte de las AUC que articuló expansión palmera en Cesar, Magdalena y Atlántico
- 04Fedepalma — gremio organizador del sector, interlocutor del Estado y promotor del modelo de alianzas productivas
- 05Urabá — región donde la expansión palmera coincidió con el control paramilitar y el desplazamiento de comunidades
- 06Bajo Atrato (Curvaradó y Jiguamiandó) — territorios colectivos afrocolombianos sobre los que se sembraron miles de hectáreas de palma tras el desplazamiento forzado
- 07Tumaco — nodo original del cultivo en Colombia, con el primer semillero comercial en 1960
- 08Restitución de tierras — proceso jurídico del Acuerdo de Paz que comenzó a examinar y revertir los despojos asociados a la expansión palmera
- 09Lavado de activos — función encubierta del modelo de alianzas productivas para colocar capital de origen ilícito sobre grandes superficies sin adquirirlas directamente
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
40 documentos · 52 fragmentos
01Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 141 cita
[1]palma africana es un cultivo de rendimiento tardío porque, a pesar de que es permanente, sólo empieza a ge - nerar frutos a partir del tercer o cuarto año. La extrac - ción del aceite debe realizarse máximo en las primeras 12 horas después de que el fruto ha sido recolectado, lo que exige la ubicación de una planta de…
p. 14
02Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 483, 4882 citas
[2]la superficie destinada a este cultivo en tan solo 3 años. Gracias a esta evolución “al final del siglo, el país había pasado de ser un importador neto de oleaginosas a ser el quinto productor mundial de aceite palma e incluso a exportar parte de su producción” (Kal- manovitz y López, 2006, página 260). Si bien se ha…
p. 483
[41]un terraplene, un muro de tal modo que caño Elvira está acumulando todas estas aguas que pa- san y estas aguas no pasan ya por solera, no tienen salida” (citado por Soler y León, 2009). Sobre el incremento de plagas y cambio en la calidad del suelo, se identificaron relatos aislados de los campesinos desplazados de…
p. 488
03Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 4471 cita
[3]beso en señal de despedida y salió a esperar el bus que lo llevaría a la empresa. Rebeca se paró en la puerta y lo miró alejarse. El corazón le saltó en el pecho y esto le hizo recordar su sueño. Un extraño frío le recorrió el cuerpo. Ella se persignó, le echó una bendición silenciosa, lo miró hasta que lo perdió de…
p. 447
04El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 431 cita
[4]Codazzi y el Magdalena Medio" Esta apreciación de Currie, de que un cultivo tras otro hayan bajado de las laderas a las tierras planas, debe ser una expresión figurativa. De hecho, muchos de los cultivos comerciales eran an- tes prácticamente inexistentes o se cultivaban en áreas reduci- das de las planicies. Estos…
p. 43
05Plantas exóticas con alto potencial de invasión en ColombiaDairon Cárdenas López, María Piedad Baptiste E., Nicolás Castaño A. · 2017 · p. 951 cita
[5]de aceite ha sido objeto de me- joramiento genético para aumentar sus cualidades de producción de aceite y facilitar su cultivo ȋǦ ͖͔͕͕ȌǤ transformación de las coberturas vegetales naturales que se encuentran en las áreas donde esta especie está…
p. 95
06Reconocimiento de los Servicios Ambientales: Una Oportunidad para la Gestión de los Recursos Naturales en ColombiaSergio Camilo Ortega (editor) · 2008 · p. 1511 cita
[6]dejarán de emitir a la atmósfera desde el pri- mer año de operación más de 500.000 toneladas de metano y, por prestar este servicio ambiental para ayudar a mitigar el cambio climático, son muchas S ECCIÓN 3: La Visión del Sector Privado | 151 las empresas internacionales de Europa, Japón y de los mismos Estados Unidos…
p. 151
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 50, 1202 citas
[7]tumaqueña empezó a desplazarse en abril de 1948, y cómo años después el General Rojas Pinilla (1953-1957) declaró el río Mira –en la frontera de Nariño con Ecuador– zona de colonización. Esa decisión permitiría que cinco mil hectáreas de bosques de la cuenca del río se transformaran en pastos para la ganadería,…
p. 50
[21]20 de julio de 2013. 420 Corte Constitucional, Sentencia SU394/16, 28 de julio de 2016. 421 Según informes del Incoder, en el año 2000 existían dentro del territorio colectivo de Curvaradó 3.636 hectáreas de cultivos de palma africana, mientras que en el área correspondiente a la cuenca del Jiguamiandó, la extensión…
p. 120
08Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 262, 2662 citas
[8]en uso del municipio de Tumaco y el 13.3 % del área total sembrada en palma en Colombia. Colombia es el primer productor de palma de aceite en América Latina y el cuarto en el mundo, aportando Tumaco el 11% de la producción nacional de aceite de palma, con un promedio anual de 16 toneladas/ha (Fedepalma 1999). Esta…
p. 262
[24]financiamos de las grandes cadenas de producción de la economía como el banano, el plátano, la ganadería. Pero en la región se adquirieron muchas tierras que se dice compraron las autodefensas. La realidad es que se quedaron con ellas los que iban atrás de nosotros ‘palmoteándonos’” (Urabá Hoy N o 34, abril 2006;…
p. 266
09Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 1961 cita
[9]importancia tanto en el area como en la produc- cion, dejando espacio al surgimiento de cultivos nuevos como las flores, el sorgo, la palma afri- cana, las hortalizas y las frutas, entre otros. Buena parte de esta variacién respondio a los cambios en la poblacion colombiana y a las mejoras en el Evolucion de la…
p. 196
10Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 3631 cita
[10]iban en vehí- culo del ministerio del Interior.” 30. Ramírez, “Sintrainagro, en paro indefinido desde el jueves”; Inter- American Commission on Human Rights, “Admissibility: María del Consuelo Ibarguen Rengifo, et al., Colombia.” 31. Bedoya Madrid, “Los trabajadores bananeros suspenden el paro in- definido.” 32.…
p. 363
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 281 cita
[11]Tierras (Himat). A este esfuerzo gubernamental se sumó la cons- titución de gremios en el sector; el primero la Fe- deración Nacional de Cafeteros, y luego el Fondo Nacional del Café (1927) y su centro de investiga- ción (Cenicafé) en Chinchiná (Caldas), el Instituto de Fomento Algodonero en 1948, Coltabaco, Pro-…
p. 28
12Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1951 cita
[12]la operación. Los recursos se manejan a través de una fiduciaria. Los créditos son solidarios, o sea que la asociación respectiva responde por ellos en primera instancia, pero, claro está, si el socio no puede pagar, la asocia- ción se queda con la tierra, que es la prenda real del negocio. 148 Se define como un…
p. 195
13Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 5991 cita
[13](con excepción de los productos de caucho), de hecho el sector más exitoso durante la apertura económica, así como del sector de papel e imprenta. Esto estuvo acompañado, sin embargo, por un retroceso de las industrias del caucho, vidrio y, especialmente, todas las metalmecánicas, incluido el sector automotriz, pese a…
p. 599
14Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 1311 cita
[14]que se expandió a recursos de enti- dades nacionales. Muestra de ello es la destinación de subsidios del Programa Agro Ingreso Seguro 197 que terminaron en manos de parapolíti- cos y terratenientes 198 como Eduardo Vives Lacouture, uno de los condenados por parapolítica, y Silvestre Dangond Lacouture 199, propietario…
p. 131
15Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 3821 cita
[15]para los amantes de la naturaleza, disminuye los costos que tenían las campa- ñas de sabotaje para las finanzas de las empresas mineras y petroleras, destacándose Ecopetrol, pero también para el golpeado ecosistema. Otro de los logros de Santos fue hacer aprobar una nueva reforma constitucional que prohi- bió la…
p. 382
16Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1701 cita
[16]manera, una co ntinuidad de la explotación de monocultivos que viene asociada a la pérdida de la diversidad biológica, al uso insostenible del agua, al vertimiento de sustancias tóxicas y a la paulatina desertificación del suelo. 487 Informe 365 - CI - 01261, Federación Nacion al de Cultivadores de Palma de Aceite…
p. 170
17Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 135, 1642 citas
[17]de tierras, tierras robadas a campesinos, indígenas y comunidades negras para el exclusivo sembrado de la palma con el total apoyo de la Presidencia de la República. A principios del 2003 la plantación ilegal de la palma de aceite o africana, avanzaba en el norte de Colombia en las regiones próximas al Darién,…
p. 135
[19]narcoparamilitar Freddy Rendón Herrera, alias 'el alemán' afirmo: «…necesitamos una gran revolución agraria que nos involucre». Por su parte la revista semana en una de sus entrevistas al temido cabecilla Vicente Castaño, alias 'el profe' —prófugo de la justicia y quien se pasea como Pedro por su casa en toda la Costa…
p. 164
18Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 135, 1642 citas
[18]de tierras, tierras robadas a campesinos, indígenas y comunidades negras para el exclusivo sembrado de la palma con el total apoyo de la Presidencia de la República. A principios del 2003 la plantación ilegal de la palma de aceite o africana, avanzaba en el norte de Colombia en las regiones próximas al Darién,…
p. 135
[20]narcoparamilitar Freddy Rendón Herrera, alias 'el alemán' afirmo: «…necesitamos una gran revolución agraria que nos involucre». Por su parte la revista semana en una de sus entrevistas al temido cabecilla Vicente Castaño, alias 'el profe' —prófugo de la justicia y quien se pasea como Pedro por su casa en toda la Costa…
p. 164
19Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 1611 cita
[22]consejos comunitarios por el Incora en 2000 y fueron objeto de des- plazamiento tanto por las FARC como por los paramilitares. De este proceso de otorgamiento de titulación colectiva a las comunidades del sector ya eran conscientes los paramilitares, según se recoge en las declaraciones de Rodrigo Zapata, alias…
p. 161
20La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 145, 1472 citas
[23]del agente organizador para la apropiación de tierras, es decir, con los grupos paramilitares asentados en la zona, en particular de Vicente Castaño." Inscrito en un proceso de reordenamiento del capital en el terri- torio, la formación de ese engranaje inicia con la articulación de un sector empresarial de la costa…
p. 145
[33]secreto a voces que es un proyecto suyo que alcanzado entrará a nivelarse con cualquier emporio de los del estableci- miento, incluso promoverá su crecimiento a unas 70 ó 100 mil hectáreas como uno de los muchísimos proyectos que habrá en el pos conflicto. Es este tipo de inversiones las que se nego- cian en los…
p. 147
21La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 3881 cita
[25]dos sectores: por un lado, las em- presas de palma de aceite o palma africana. Por otro, los grandes cultivos industriales de banano. Respecto a la dinámica de la palma, esta estructura paramilitar encontró tres focos importantes de colaboración forzada y volun- taria: i) en el norte del Cesar, en especial en el…
p. 388
22La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 4391 cita
[26]Intereclesial de Justicia y Paz (2007), sus efectos nocivos se inscriben a partir de dos factores: el despojo territorial y la destrucción de ecosistemas. Desde el punto de vista de los derechos humanos, las empresas cultivadoras de palma llegan a los territorios ancestrales de comunidades nativas, des- pojando a…
p. 439
23Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 522, 5304 citas
[27]Petro detalló el reclamo de protección, reparación, seguridad y la devolución y reconocimiento de la ti - tularidad de las tierras despojadas a comunidades campesinas y afros con compromiso de trece empresas palmeras, sobre parte de las cuales la Fiscalía había hallado pruebas de sus nexos con el paramilitarismo.…
p. 530
[28]Petro detalló el reclamo de protección, reparación, seguridad y la devolución y reconocimiento de la ti - tularidad de las tierras despojadas a comunidades campesinas y afros con compromiso de trece empresas palmeras, sobre parte de las cuales la Fiscalía había hallado pruebas de sus nexos con el paramilitarismo.…
p. 530
[46]INCODER no había revocado los títulos de los testaferros para devolverlos a sus dueños, ni los jueces habían aten - dido la orden de protección legal de las parcelas. El abogado defen - sor de los campesinos y campesinas, Rafael Barros, explicó: “No entendemos por qué nadie ha tomado medidas, más aún, sabiendo que,…
p. 522
[47]INCODER no había revocado los títulos de los testaferros para devolverlos a sus dueños, ni los jueces habían aten - dido la orden de protección legal de las parcelas. El abogado defen - sor de los campesinos y campesinas, Rafael Barros, explicó: “No entendemos por qué nadie ha tomado medidas, más aún, sabiendo que,…
p. 522
24Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 1221 cita
[29]He submitted a letter to INCORA explaining the reason why he was leaving the parcel of land he was granted in 1987. He submitted a second letter in 1995 hoping that the institution would prevent him from losing the land, but in vain. In 2007, the land appeared registered in the name of an unknown person who had never…
p. 122
25Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1341 cita
[30]uinto Penal del Circuito Especializado de Medellín, 2014). Como vemos, el acaparamiento violento de las tierras no se llevó a cabo en un vacío institucional. No es la ausencia o la debilidad del Estado lo que explica la facilidad con la cual los paramilitares se apropiaron de la tierra. Por el contrario, fue…
p. 134
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1381 cita
[31]el mapa 9 se pueden apreciar, por ejemplo, los municipios que presentan expansión de cultivos de palma en el periodo 2001-2013, en relación con los que registran fenómenos de desplazamiento forzado entre 2001 y 2004. Se evidencia allí una correspondencia en algunas regiones del Urabá, el Magdalena Medio o el Meta. La…
p. 138
27Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 941 cita
[32]de mucho tiempo atrás, cuando los Castaño, ‘El Alemán’ y otros jefes de las Autodefensas despojaron de sus tierras a agricultores que ocupaban las áreas rurales del municipio de Belén de Bajirá, entre otros, para establecer proyec- tos empresariales de palma de aceite 83. En esa época, Sor Teresa fi- guró como la…
p. 94
28Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5091 cita
[34]216. 1012 Ocampo, Sebasti á n. «Agroindustria y conflicto armado. El caso de la palma de aceite», en Revista Colombia Internacional, N.° 70, julio-diciembre, 2009, p. 180. 510 fiflffffflhalz g osrlescmflrnlcsz nacional, actores armados, especialmente el paramilitarismo, lo ubicaron como alter - nativa de financiación…
p. 509
29Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 368, 3712 citas
[35]Superior de Medellín, las empresas madereras cancelaron a los paramilitares el equivalente del 5% de producción sobre la madera fina y el 3% sobre madera ordinaria, a cambio de seguridad, una información que aportó el propio Fredy Rendón Herrera durante una de sus versiones libres en junio de 2007 820. 817 Informe…
p. 368
[38]de Restitución de Tierras (URT), para 2021 se adelantaba la documentación de 117 casos, de los cuales solo 30, ubicados principalmente en las regiones del Pacifico y el Caribe 835, se han llevado ante los jueces de restitución de tierras despojadas; el 50% de las demandas del Pacífico corresponde a tierras del…
p. 371
30El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 651 cita
[36]paramilitares quienes tienen amenazados a los jaibanás en la zona de Bojayá, pues consideran que están empleando sus poderes espirituales contra ellos, bien sea para que sus acciones bélicas contra la guerrilla sean fallidas, o para que les caigan enferme- dades incurables. Desafios y amenazas actuales Estos efectos…
p. 65
31El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 651 cita
[37]paramilitares quienes tienen amenazados a los jaibanás en la zona de Bojayá, pues consideran que están empleando sus poderes espirituales contra ellos, bien sea para que sus acciones bélicas contra la guerrilla sean fallidas, o para que les caigan enferme- dades incurables. Desafios y amenazas actuales Estos efectos…
p. 65
32Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 2741 cita
[39]la guerra contra el narcotráfico”-, defiende el esquema asociativo argumentando que “[C]on el ne- gocio del lavado de activos, no podía darme el lujo de comprar tierras muy costosas para sembrarlas con palma de aceite (…). Por esta razón recurrí a los pequeños productores” (Fedebiocombus- tibles, s.f.). Algunos…
p. 274
33Lucho Arango, el defensor de la pesca artesanalMelba Patricia Quijano Triana, Ledis Bohórquez Farfán, Clemencia Rodríguez · 2014 · p. 931 cita
[40]gral de ciénagas y restauración de la oferta ictiológica en el Mag - dalena Medio, caracterizan el cultivo de la palma en relación con su afectación de los humedales: La palma no se integra en el ambiente existente, lo reem - plaza en el suyo, lo que quiere decir que destruye las especies de fauna y flora que no son…
p. 93
34Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 232 citas
[42]alimen - tos destinada al consumo interno ha disminuido o se ha orientado a la produc - ción de insumos para la agroindustria y los biocombustibles, lo cual amenaza su vez la supervivencia de la economía campesina tradicional, especialmente la de carácter familiar. Esta experimenta fuertes presiones para su…
p. 23
[43]alimen - tos destinada al consumo interno ha disminuido o se ha orientado a la produc - ción de insumos para la agroindustria y los biocombustibles, lo cual amenaza su vez la supervivencia de la economía campesina tradicional, especialmente la de carácter familiar. Esta experimenta fuertes presiones para su…
p. 23
35Cuatro crisis que marcaron a Colombia: Memorias del fraude bancario de 1982, el apagón de 1992, la debacle financiera de 1999 y las negociaciones con el ELN en 2018Juan Camilo Restrepo · 2022 · p. 1501 cita
[44]La política de restitución de tierras, que a mi entender es la pieza de mejor implementación en cuanto toca con las políticas agrarias que ha tenido el país hasta el momento, busca fundamentalmente facilitar la recuperación de las tierras de quienes han sido despojados a sangre y fuego en las últimas décadas o por la…
p. 150
36Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 3301 cita
[45]las reclamaciones en el Registro de tierras despojadas, y la tarea judicial, que termina con el fallo de los jueces de restitución de tierras. La ley 1448 previó que el estudio de las reclamaciones procediera gradualmente, según fuera la densidad de despojos, las condiciones de seguridad para el proceso y las…
p. 330
37Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 1511 cita
[48]sólo en los sitios de trabajo, sino en todas las otras dimensiones de la vida cotidiana, en una confrontación más sutil y a veces más intensa, como veremos en el siguiente capítulo. De esta forma la clase obrera colombiana construía lentamente su identidad como tal. NOTAS (1) Ver El Tiempo, 14 febrero, 18 marzo, 1920;…
p. 151
38Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 1791 cita
[49]cuando secuestramos al gerente de una empresa cuyos trabajadores, en huelga una vez más, se habían acos tumbrado a que los conflictos laborales se terminaban cuando la empresa invadía con tractores los predios sindicales, mientras seguía violando la ley laboral en lo que a derechos y prestaciones sociales de los…
p. 179
39En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 132, 1362 citas
[50]el tiempo de retención de las reses, lo que golpeaba severamente los presupuestos campesinos. Los "silva- perros", como la gente llama a los miembros de seguridad de la empresa, se hicieron más rígidos. Por mediación del PoPMM los campesinos pidieron la presencia de la Defensoría del Pueblo y del lNCODER para negociar…
p. 132
[51]de mostrar que no todo lo que los empleados de FUNDEPALMA nos decían sobre Candelia era una verdad completa. Caso San Pablo La Floresta es una comunidad relativamente nueva y se ha for- mado alrededor de una hacienda comprada por el INconER para desarrollar un programa de palma campesina con apoyo del Fondo de…
p. 136
40Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1741 cita
[52]Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander, tomo II. Bogotá: CNMH, 2020. ———. El modelo paramilitar de San Juan Bosco la Verde y Chucurí. Informe n.° 5. Bogotá: CNMH, 2019. ———. Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013). Bogotá: CNMH, 2016. ———. Y a la vida por fin daremos todo. Memorias de las…
p. 174