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Una historia del territorio

Cesar

El Cesar es uno de los departamentos más jóvenes de Colombia en términos administrativos, pero uno de los más antiguos en términos de ocupación humana: koguis, wiwas, arhuacos y barí habitan sus sierras en continuidad cultural con civilizaciones que…

19 min de lectura53 fuentes

En el nororiente del Caribe colombiano, entre dos macizos montañosos y regado por un río que le presta el nombre, se extiende un departamento joven y de historia densa. El Cesar fue creado en 1967, cuando el Frente Nacional partió en tres al viejo Magdalena Grande, y desde entonces ha condensado en su geografía y en sus ciclos económicos algunas de las tensiones más agudas del país: la frontera ganadera sobre territorios indígenas milenarios, la cuna del vallenato como identidad exportable, el escenario sucesivo de las bonanzas del algodón, la marihuana y el carbón, y uno de los epicentros del paramilitarismo en los años noventa. Su capital es Valledupar y su superficie alcanza las 2.290.500 hectáreas. Es tierra plana entre dos serranías: las nieves de la Sierra Nevada asoman al oeste, y las cumbres del Perijá dibujan la frontera oriental con Venezuela. En su territorio conviven los kogui, arhuaco, wiwa y barí —herederos de los antiguos taironas y de los motilones del Catatumbo—, los ganaderos de hato inmenso, los músicos de acordeón, las multinacionales del carbón y los desplazados de tres décadas de guerra. El Cesar es un departamento donde cada capa nueva se montó sobre las anteriores sin borrarlas del todo.

Geografía de un valle entre dos sierras

El Cesar se organiza en tres regiones nítidas: la vertiente oriental de la Sierra Nevada de Santa Marta, la serranía del Perijá y el valle amplio del río que le da nombre. Ese valle es el corazón del departamento: una franja fértil, bien irrigada y cargada de sedimentos que bajan de ambos flancos montañosos, y que se extiende hacia el sur hasta encontrarse con la región del Magdalena Medio. La fertilidad no es un accidente: es el producto geológico de estar situado entre dos grandes sistemas orográficos que le entregan agua y suelo desde hace milenios.

Al occidente se levanta la Sierra Nevada de Santa Marta, esa pirámide de tres caras cuyos picos Cristóbal Colón (5.770 m) y Simón Bolívar (5.775 m) son los más altos de Colombia. Desde Valledupar, en las mañanas claras, sus cumbres nevadas se recortan contra el cielo caribe. La cara septentrional del macizo corre paralela al Caribe, con pendientes muy pronunciadas por donde bajan ríos veloces a través de estrechas gargantas. Al oriente, la serranía del Perijá traza la línea fronteriza con Venezuela y alberga los últimos bosques no colonizados del departamento: apenas 43.350 hectáreas, a las que se suman 124.291 hectáreas de bosque ya intervenido en las laderas de ambas sierras.

El río Cesar recoge las aguas del valle y las conduce hacia el sur, hasta desembocar en el Magdalena en la depresión momposina, ese gran embudo donde confluyen también el Cauca y el San Jorge. Antes de perderse en el río grande, el Cesar forma la ciénaga de Zapatosa, la más grande del país, y su hermana menor, la ciénaga de Chilloa. Alrededor de la isla de Mompós, las ciénagas de Iguana, Morrocoyal, Punta de Blanco y otras completan un sistema de aguas lentas alimentado por los cuatro grandes ríos. Es un paisaje anfibio, de garzas y babillas, donde el agua manda tanto como la tierra y donde en verano el polvo levanta cortinas amarillas sobre los caminos que unen los caseríos ribereños.

El uso del suelo cuenta la historia económica del departamento: de 1.947.816 hectáreas dedicadas al agropecuario, 1.644.513 son potreros y apenas 105.371 sostienen cultivos. El Cesar es, ante todo, tierra de ganado.

Los primeros habitantes y la larga persistencia indígena

Antes de que llegara Hernando de Santana con su tropa, el territorio del actual Cesar estaba habitado por sociedades complejas cuya continuidad hasta el presente es uno de los rasgos más singulares del departamento. En las estribaciones de la Sierra Nevada vivían los antepasados de los pueblos que hoy conocemos como koguis, wiwas y arhuacos (ijkas), herederos directos de la civilización tairona que asombró a los primeros cronistas. La evidencia arqueológica y etnográfica es contundente: los koguis, por ejemplo, siguen organizando la vida social alrededor de los templos, en línea directa con la tradición tairona del siglo XVI.

En el Perijá y hacia la cuenca binacional del río Catatumbo habitaba —y habita— el pueblo motilón barí, que vive en grandes casas comunales de cerca de cincuenta personas y ocupa varias de esas casas de manera estacional, aprovechando distintas alturas ecológicas. Ese patrón —el poblamiento vertical, móvil entre pisos térmicos— es un rasgo compartido con los pueblos de la Sierra Nevada, aunque cada grupo lo practica a su modo. La lógica no es solo económica o ambiental: es una forma de ocupación del territorio que la conquista intentó romper y no logró del todo.

La resistencia indígena fue prolongada y coordinada. Taironas y chimilas hicieron alianzas militares contra los españoles, envenenaron fuentes de agua con barbasco y hostigaron durante décadas a las tropas venidas de Santa Marta. La respuesta colonial fue de una violencia extrema: el gobernador Juan Guiral Velón ordenó capturar, torturar, mutilar y desmembrar a los jefes indígenas, exhibiendo sus miembros en jaulas por las aldeas, mientras refuerzos de Cartagena, Valledupar, Sevilla y Córdoba destruían campos de maíz y aldeas enteras. Las tribus se dispersaron, se desorganizaron y se aislaron hasta perder la noción de haber sido poderosas. Pero no fueron aniquiladas: sus voces fueron silenciadas sin ser extinguidas, y hoy los cuatro pueblos serranos y los barí del Perijá siguen habitando su territorio ancestral. En 2018 el Estado colombiano reconoció formalmente la Línea Negra, la frontera imaginaria que demarca el territorio sagrado de los pueblos de la Sierra Nevada e impone restricciones a la actividad económica en tres resguardos. Una victoria simbólica y jurídica de una resistencia de casi cinco siglos.

De la conquista a la sociedad ganadera

La fecha fundacional del Cesar colonial es 1550, año en que Hernando de Santana y Juan Castellanos fundaron Valledupar en la llanura entre la Sierra y el Perijá. La fecha no es solo simbólica: marca el paso de una sociedad de conquista, basada en saqueo y botín, a una sociedad colonial organizada alrededor de la encomienda. El encomendero controlaba el trabajo del indio y, con él, la base de su poder político y económico. En el siglo XVI los encomenderos dominaron los cabildos municipales de la región, y desde ese dominio institucional repartieron las tierras de los alrededores y monopolizaron la mano de obra frente a otros españoles menos afortunados. Esa temprana concentración —el control simultáneo del trabajo, la tierra y el gobierno local— es el molde sobre el cual se fundió la sociedad regional de los siglos siguientes.

Sobre esas tierras planas y bien regadas se soltó el ganado, y el ganado hizo el paisaje. Hacia 1605 pastaban en el valle del Cesar unas 70.000 cabezas de ganado cimarrón: bestias sin dueño reconocido que pastaban en tierras sin cercar y que eran cazadas antes que criadas. La vaquería, en el sentido caribe del término, se parecía más a la caza que a la ganadería. Hacia 1770, los residentes de Mompox poseían entre 66.000 y 68.000 cabezas en el área que iba de Riohacha a Valledupar y Tamalameque, y la Provincia de Santa Marta habría tenido unas 85.000 cabezas adicionales.

Lo notable es cuánto duró ese régimen. En 1876 el ingeniero francés Luis Striffler todavía observaba en el Cesar "cimarroneras inmensas" cuyos animales "no reconocen dueños i generalmente son propiedad del primero que pueda apropiárselos". El cercamiento y la consolidación de la propiedad ganadera fueron procesos tardíos, y la apertura de pastizales operó por la vía de la llamada "ley de tres pasos": el colono tumbaba monte, sembraba una roza, y luego —a bajo precio o por obligación contractual— cedía la tierra habilitada al terrateniente, que la convertía en potrero. Así se levantó el latifundio ganadero costeño: sobre el trabajo del hachero pobre y la retirada, ordenada o forzada, de quien había abierto la selva. Todavía hoy, quien viaja de Valledupar a Bosconia atraviesa kilómetros de potrero interrumpidos por matas de campano y por corrales polvorientos donde el mayordomo cuenta reses al atardecer: una escena que se puede fechar lo mismo en 1770 que en 2020.

La creación del departamento: 1967 y sus significados

Durante casi cuatro siglos, el valle del Cesar fue un rincón del vasto departamento del Magdalena, gobernado desde Santa Marta con la distancia y la desatención habituales de las periferias. Eso cambió el 21 de diciembre de 1967, cuando el Congreso creó el departamento del Cesar segregándolo del Magdalena Grande. La operación se enmarcó en la modernización administrativa impulsada por el Frente Nacional, y no fue aislada: en 1965 se había creado La Guajira, en 1966 Sucre, y con el Cesar el Caribe colombiano pasó de cuatro a siete departamentos.

La reorganización tenía dos caras. Por un lado, respondía a un impulso técnico de descentralización que buscaba mejorar la administración de territorios olvidados. Por el otro, abría espacio para nuevos feudos políticos regionales que restaban poder a las viejas maquinarias departamentales y creaban clientelas frescas. En el Cesar, ese diseño coincidió con el ascenso de una figura decisiva: Alfonso López Michelsen, primer gobernador del departamento entre 1967 y 1968 y padrino político de una generación entera de vallenatos que llegarían al Congreso, a los ministerios y a la presidencia. La creación del departamento fue, simultáneamente, un acto de justicia administrativa y una inversión política de largo plazo por parte de la clase dirigente costeña.

El vallenato: identidad regional, proyecto nacional

Al mismo tiempo que se dibujaba el nuevo mapa institucional, el Cesar empezó a proyectar hacia el resto del país una identidad musical propia. El vallenato se originó en Valledupar y sus alrededores, con el acordeón —introducido en Colombia a finales de la década de 1880, posiblemente por inmigrantes alemanes— como instrumento central. Antes de los años sesenta era una música de clases trabajadoras y clase media baja, tanto rural como urbana, ligada a fiestas y a un tono frecuentemente melancólico. Se tocaba en parrandas, no en teatros. El acordeón, la caja y la guacharaca —tres instrumentos, tres manos, tres orígenes: Europa, África, América— sonaban en patios de tierra apisonada, bajo bombillos amarillos, mientras corría el ron blanco y se improvisaban versos sobre amores, deudas, muertes de compadres y viajes por trochas polvorientas.

La operación que lo convirtió en símbolo nacional fue deliberada. Rafael Escalona, compositor cuyas canciones novelaban la vida provinciana del Valle, se hizo amigo de escritores y políticos, entre ellos Gabriel García Márquez y López Michelsen. Consuelo Araújonoguera —"la Cacica"— fundó en 1968, apenas un año después de la creación del departamento, el Festival de la Leyenda Vallenata, un dispositivo cultural que consagraba a Valledupar como capital del género y como escenario donde la élite política nacional se mezclaba con acordeoneros y compositores. La coincidencia temporal no es casual: la clase dirigente cesarense necesitaba capital simbólico para legitimar el nuevo departamento, y encontró en el vallenato una lengua propia que podía exportarse.

Compositores como Calixto Ochoa, nacido en el corregimiento de Valencia de Jesús —hoy jurisdicción de Valledupar—, tendieron puentes entre el valle y las sabanas sucreñas, y enseñaron acordeón a nuevas generaciones dentro de un circuito que llevó la matriz vallenata más allá de su comarca. En 1993, el samario Carlos Vives grabó Clásicos de la Provincia, álbum que modernizó el género con un tempo más animado y lo convirtió en éxito inmediato en Colombia y América Latina. Para entonces, el vallenato ya no era música de provincia sino banda sonora de una idea de país. En 2015 la Unesco lo declararía Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, distinción que en Valledupar convive con debates que no se cierran: quién es el vallenato auténtico, cuál es el peso de la industria bogotana frente a las parrandas de patio, cómo se reparten regalías y prestigio entre los cuatro aires clásicos y las nuevas fusiones. Cada abril, en el Festival de la Leyenda, esas discusiones vuelven a ponerse sobre la tarima.

Las bonanzas y sus sombras

El vallenato no fue solo una banda sonora: fue también la voz con la que se cantaron —a veces celebrándolas, a veces llorándolas— las bonanzas que transformaron el paisaje agrario del Cesar en la segunda mitad del siglo XX. Compositores como Escalona pusieron nombre a hacendados, comerciantes de algodón y contrabandistas de la Guajira; el auge del acordeón y el auge del cultivo del oro blanco corrieron en paralelo por las mismas carreteras destapadas. La música registró, casi en directo, el vértigo económico que se apoderó del valle a partir de los años cincuenta.

Entre 1950 y 1980, aproximadamente, el Cesar vivió el auge del algodón. Las tierras planas del valle se llenaron de cultivos de fibra, y en torno a ellos se fortalecieron renglones enteros de la economía regional: transporte, agroquímicos, comercio, servicios financieros. El algodón fue el primer gran ciclo agroindustrial del departamento y le dio a Valledupar una modernización acelerada. Pero fue también un ciclo frágil, dependiente de precios internacionales, subsidios y crédito, y su declive se aceleró con la apertura económica impulsada durante la presidencia de César Gaviria (1990-1994), con Rudolf Hommes como ministro de Hacienda. El propio presidente de la SAC señaló la apertura como factor relevante en el abandono de la agricultura por parte de muchos productores. Entre 1991 y mediados de los 2000, el área en cultivos del Cesar cayó un 48%.

Antes y durante ese declive, otra bonanza había tomado por asalto las estribaciones de la Sierra Nevada: la marimbera. La Sierra fue uno de los territorios centrales del cultivo y exportación de marihuana, primera etapa histórica del narcotráfico colombiano. En las partes bajas, los cultivos de cannabis dominaron el paisaje agrícola hacia principios de los años ochenta; luego esos mismos suelos fueron ocupados por coca y, ya en el siglo XXI, por cafetales. La bonanza marimbera resultó efímera comparada con la cocaína posterior —producto voluminoso, más difícil de esconder, con un ciclo comercial breve—, pero dejó huellas profundas: una cultura del dinero rápido, una violencia armada nueva, y unas rutas ilegales que se incorporaron al metabolismo regional. Aguachica, en el sur del departamento, se consolidó como centro de tránsito y negocios, con ríos y pistas clandestinas que facilitaban el movimiento de mercancías ilícitas.

La tercera bonanza fue la del carbón, y a diferencia de las anteriores no ha terminado. Desde la década de 1980 comenzó la desnacionalización de la industria minera en el Magdalena Grande, y las grandes concesiones del carbón cesarense quedaron en manos de multinacionales: Drummond, el Grupo Glencore-Prodeco, Murray, CNR y Sloane, titulares también de la infraestructura portuaria y férrea para la exportación. El gobierno colombiano redujo las tasas de regalías a instancias del FMI y el Banco Mundial, permitiendo que las empresas extranjeras retuvieran una mayor proporción de la riqueza extraída. En paralelo, el Estado tendió el andamiaje logístico que hizo posible sacar el mineral hacia el mar: la Ruta del Sol —Santa Marta, Ciénaga, Bosconia, La Loma, San Alberto— quedó integrada como corredor prioritario, y la estrategia oficial de transporte se orientó a optimizar los puertos de Ciénaga y la bahía de Santa Marta. Sobre el papel eran documentos técnicos; sobre el terreno eran vagones de cien en cien atravesando el departamento de madrugada.

El carbón desplazó a las actividades agropecuarias como eje económico departamental. Entre 1991 y mediados de los 2000, mientras el área de cultivos caía 48%, el área de pastos aumentó apenas 3%, señal de que la mano de obra y el capital agrícolas no migraron principalmente al ganado sino a la minería y a los servicios ligados a ella. La Jagua de Ibirico, Chiriguaná y Becerril se convirtieron en pueblos-mina: municipios cuya economía, política y vida cotidiana giran alrededor de los volquetes, los turnos y las regalías. En la noche, desde la carretera, las minas a cielo abierto parecen ciudades encendidas en medio del monte; de día, los trenes de más de cien vagones cruzan el departamento en dirección al Caribe, dejando una fina lluvia negra sobre techos y patios.

El paramilitarismo y el corredor minero

Ese ciclo de bonanzas no ocurrió en paz. A mediados de los años setenta el ELN llegó al norte del país por el piedemonte del Perijá, ubicándose en lo que hoy corresponde a Curumaní, Chimichagua y Pailitas; venía desde Barrancabermeja siguiendo el curso del río Magdalena. Antes ya habían existido experiencias guerrilleras previas: entre 1963 y 1966, un foco insurreccional operó con epicentro en Agustín Codazzi, en la serranía del Perijá, en las primeras experiencias armadas del Caribe colombiano. Las FARC llegarían después, y el sur del Cesar y el corredor minero se convirtieron en zonas de disputa.

La respuesta paramilitar se organizó en el mismo periodo en que se consolidaba la industria carbonera. A finales de los años noventa, en La Loma —mina de Drummond—, se habría celebrado una reunión con representantes de Drummond, Prodeco, militares y las AUC, en la que se acordó apoyar a un grupo de doscientos hombres con armas, manutención, vehículos y combustible. En 1997 se habrían formalizado los envíos: un primer grupo de cien paramilitares en enero y un segundo grupo de cien en mayo, cuya llegada y estacionamiento habrían sido organizados por empleados de seguridad de Prodeco y Drummond junto con militares. La versión coincide con la cronología documentada de la violencia en el corredor minero.

Los resultados fueron devastadores. El Bloque Norte de las AUC, comandado por Rodrigo Tovar Pupo —alias Jorge 40— bajo la tutela ideológica de Carlos Castaño y la coordinación militar de Salvatore Mancuso, ejecutó en pocos años masacres decisivas: Media Luna, en San Diego, el 27 de octubre de 1996, con siete asesinados; La Victoria de San Isidro, en La Jagua de Ibirico, el 24 de marzo de 1997, con cuatro; Los Estados Unidos, en Becerril, el 16 de noviembre de 1998, con once. Cada masacre marcó un territorio: no eran actos aleatorios sino instrumentos de una estrategia de control sobre el corredor minero y las rutas de acceso al Perijá.

Entre 1997 y 2007 se registraron en el Cesar al menos 116.767 desplazados. Los municipios más golpeados fueron Valledupar (27.197), Agustín Codazzi (17.429) y El Copey (9.012), y a ellos se sumaron Chiriguaná, Bosconia, Astrea y los pueblos-mina. Miles de hectáreas fueron abandonadas. Dentro de la estructura del Bloque Norte, Jorge Gnecco actuó como jefe político de Jorge 40, encargado de traducir el control militar en control electoral y partidista. La estrategia paramilitar en el Gran Magdalena combinó la acción armada para "limpiar" zonas de influencia guerrillera con la consolidación posterior mediante elecciones y dominio de partidos, un ciclo que en el Cesar dejaría huella en la política departamental durante toda la primera década del siglo XXI. En 2002, además, el Bloque Norte cooptó a las Autodefensas Campesinas de Magdalena y La Guajira (ACMG), tras disputas por el control de la Sierra Nevada que implicaban la producción, procesamiento y exportación de drogas ilícitas.

Causa Común: la política que no fue

Antes de que el paramilitarismo cerrara el ciclo, hubo un intento de abrirlo por la vía civil. En los años ochenta, un grupo de jóvenes educados de Valledupar fundó el movimiento Causa Común con un propósito preciso: reemplazar a la dirigencia tradicional del Cesar por una más legítima y conectada con los sectores marginados del departamento. Sus integrantes venían de la universidad, del periodismo regional y de sectores profesionales urbanos que empezaban a mirar con distancia el orden de hacendados, comerciantes y clientelas heredado del siglo XIX. La iniciativa apuntaba a una renovación pacífica de una política departamental capturada por las viejas maquinarias y por los intereses de las élites algodoneras y ganaderas.

En paralelo, en el sur y en el piedemonte del Perijá se organizaban marchas campesinas que reclamaban tierra, vías, precios y presencia estatal. Ambos movimientos —el urbano y el rural— fueron percibidos como subversivos por políticos tradicionales, terratenientes y fuerza pública, en un momento en que la doctrina del enemigo interno permeaba las instituciones y en que empezaban a formarse los primeros núcleos de autodefensas en el Magdalena Grande. La respuesta fue el asesinato selectivo. Líderes de Causa Común y dirigentes de la marcha campesina fueron eliminados en una secuencia de crímenes que descabezó la alternativa política moderada antes de que alcanzara peso electoral.

El efecto fue paradójico. Cerrar la vía política a los jóvenes inconformes ensanchó el terreno de la insurgencia armada, que encontró en las nuevas generaciones cesarenses un caldo de reclutamiento y de simpatías tácitas, y endureció el ciclo posterior: más guerrilla en el corredor minero, más paramilitares para combatirla, más masacres para consolidar el control. La eliminación de la opción reformista no produjo estabilidad sino radicalización, y el vacío dejado por Causa Común lo ocuparon, en la década siguiente, actores armados de todos los signos. Cuando se clausura el centro, se ensanchan los extremos.

Hacia el fin del ciclo paramilitar, la gobernación del Cesar quedó en manos de Hernando Molina Araújo, elegido en 2003 con respaldo del Bloque Norte según investigaciones posteriores de la Corte Suprema de Justicia sobre la parapolítica. Molina —sobrino de Consuelo Araújonoguera, secuestrada y asesinada por las FARC en 2001— encarnó la superposición completa de las capas cesarenses: apellido de la élite vallenata tradicional, herencia cultural de la Cacica del festival, elección con votos comprados con violencia. El Cesar, en él, se miraba en el espejo entero de su historia reciente.

El presente: territorio en disputa

Hoy el Cesar es un departamento de contrastes que la geografía y la historia siguen produciendo. En el corredor minero central —La Jagua de Ibirico, Chiriguaná, Becerril, El Paso— la economía gira alrededor de las minas a cielo abierto y los trenes cargados que atraviesan el paisaje rumbo a los puertos de Ciénaga y Santa Marta. En Valledupar, capital de casi medio millón de habitantes, conviven la élite ganadera y musical con las comunas de desplazados llegados de las masacres de los noventa. En la Sierra Nevada, los koguis, arhuacos y wiwas administran sus resguardos bajo el amparo jurídico de la Línea Negra reconocida en 2018, con Pueblo Bello y Manaure Balcón del Cesar como puntos de contacto entre el mundo indígena y el mestizo. En el Perijá, los barí siguen habitando sus casas comunales estacionales. En Aguachica, al sur, persisten las economías de tránsito heredadas de la marimbera. En cada rincón se lee, si se sabe mirar, una capa distinta de la historia.

Del ganado cimarrón que Striffler vio en 1876 al carbón que las bandas transportadoras llevan hoy al Caribe, el patrón se repite con variaciones: sobre un territorio ancestralmente ocupado se monta un ciclo económico —encomienda, hato, algodón, marihuana, carbón— cuya riqueza se concentra en pocas manos y cuyo costo social se paga en tierras abandonadas, poblaciones desplazadas o subordinadas, y culturas locales presionadas hasta el límite. Ninguno de esos ciclos fue inevitable: cada uno requirió decisiones políticas concretas, alianzas específicas entre élites regionales, Estado central y capital externo, y complicidades armadas cuando el proyecto encontró resistencia. La violencia paramilitar de los noventa fue la forma más brutal de ese patrón, pero también el resultado de coyunturas contingentes —la apertura de Gaviria, la desnacionalización minera, la alianza específica de 1997— que pudieron haber sido otras.

El acordeón sonará en Valledupar el próximo abril, como sonó el anterior, y las nieves de la Sierra Nevada se dejarán ver en las mañanas claras desde la plaza Alfonso López. Río abajo, el Cesar seguirá buscando la ciénaga de Zapatosa. Mientras tanto, en los juzgados se sigue litigando la parapolítica, en los despachos se pelean predios por restituir, en los resguardos se defiende palmo a palmo la Línea Negra, y en los pueblos-mina se discute qué quedará cuando las multinacionales apaguen las retroexcavadoras y desmantelen los campamentos. El departamento entró en el siglo XXI cargando todas sus capas al mismo tiempo, y quizá esa acumulación —más que la promesa de una sola bonanza definitiva— sea lo que hoy define al Cesar como territorio del Caribe interior colombiano: un lugar donde ninguna época termina de irse, y donde el polvo que levantan los trenes de carbón cae, invariablemente, sobre los techos de casas que fueron primero de encomenderos, después de algodoneros, y siempre, en el fondo, de indios.

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1550ExtractivismoEntidad1828OcañaEntidad1854La Comisión Corográfica (1850-1859)Ensayo1910Norte de SantanderEntidad1950Rafael Rangel GómezEntidad1966El reformismo de Lleras Restrepo y la creación de la ANUC (1966–1970)Hecho1967ValleduparEntidad1969Estatuto Minero de 1969 y subordinación del suelo al subsueloHecho1970Auge y radicalización de la ANUC: Mandato Campesino y recuperaciones de tierras (1970–1972)Hecho1970Magdalena MedioEntidad1971ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos)Entidad1974Alfonso López MichelsenEntidad1978Bonanza marimberaEntidad1980CimitarraEntidad1985Hacienda ganaderaEntidad1988La elección popular de alcaldes y la descentralización (1986-1988)Ensayo1990Narcotráfico y tierra en Colombia (1980-2000)Ensayo1995Capital transnacionalEntidad1995Cooperativas de Trabajo Asociado y desmantelamiento del sindicalismo palmero (1995–2005)Hecho1995Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM)Hecho1996Sustitución de cultivosEntidad1998El despojo agrario en Colombia, 1985-2010Ensayo1998El exterminio del sindicalismo colombiano (1986-2010)Ensayo1998Hernán Giraldo SernaEntidad2000Estado paraleloEntidad2002Auge extractivo y las locomotoras minero-energéticas (2002–2016)Hecho2002El DAS bajo Jorge Noguera y la captura paramilitar del aparato de inteligencia (2002–2005)Hecho2002Falsos positivos y ejecuciones extrajudicialesHecho2005Body countEntidad2005Directiva 029 de 2005 y la arquitectura de incentivos para los falsos positivosHecho2005Falsos positivos (2002-2008)Ensayo2006El escándalo de la parapolíticaHecho2006La parapolíticaEnsayo2006ParapolíticaEntidad2008El pacifismo colombiano entre el Mandato de 1997 y el plebiscito de 2016Ensayo2008Falsos positivosEntidad2008Palma africanaEntidad2010El archivo transicional del paramilitarismo colombianoEnsayo2011Ricardo Sabogal UrregoEntidad2016Crisis migratoria venezolana hacia Colombia (2016–2022)Hecho2018Pastor AlapeEntidad2022Leonor Zalabata TorresEntidad
Relacionadaspor co-ocurrencia
Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

42 documentos · 53 fragmentos
01
Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 221, 229
2 citas
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2.290.500 hectáreas de superficie y 1.947.816 hectáreas de uso agropecuario, el Cesar es otro de los grandes departamentos ganaderos del país, pues dedica a esa actividad 1.644.513 hectáreas, mientras que solo ocupa 105.371 hectáreas en agricultura. El departamento tiene tres regiones claramente diferenciadas: la…

p. 221
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el Cesar es hoy un departamento de tránsito. Aguachica es el centro de paso y centro de negocios, hay ríos y hay pistas” 125. Desplazados y hectáreas abandonadas en municipios del Cesar 1997-2007 Municipio Desplazados (datos de Acción Social) Hectáreas abandonadas por la incidencia de grupos paramilitares (datos de…

p. 229
02
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 245
1 cita
[2]

conocida con el nombre del Sinú, por el principal río de Córdoba que le da su nombre. San Jorge: en los últimos tiempos se ha iniciado con éxito la colonización en tierras selváticas de la Cordillera Occidental, en los límites con Antioquia. Los centros de esta comarca son los municipios de Planeta Rica, sede de un…

p. 245
03
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 38
1 cita
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aguas en la búsqueda de sus seres queridos. A medida que la guerra ha desescalado, las tamboras han vuelto a sonar, otra vez hay fiestas patronales y regresaron los festivales, los bailes cantados y los cantos bailados, reconstruyendo los vínculos entre las gentes. En las montañas santandereanas, en medio de la…

p. 38
04
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 98, 139
4 citas
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de Mompós, de casi 90 km de longitud, enmarcada por el brazo de Mompós, al oriente, y el brazo de Loba, al occidente. Alrede- dor de la isla se extienden las grandes ciénagas de Zapatosa, Chilloa, Iguana, Morrocoyal, Punta de Blanco y muchas más, que son alimentadas por el río Magdalena y los grandes cursos de agua…

p. 98
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de Mompós, de casi 90 km de longitud, enmarcada por el brazo de Mompós, al oriente, y el brazo de Loba, al occidente. Alrede- dor de la isla se extienden las grandes ciénagas de Zapatosa, Chilloa, Iguana, Morrocoyal, Punta de Blanco y muchas más, que son alimentadas por el río Magdalena y los grandes cursos de agua…

p. 98
[6]

sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…

p. 139
[7]

sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…

p. 139
05
Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 145
1 cita
[8]

litoral Atlántico. Se considera la montaña de litoral más elevada del mundo, y sus picos son los más altos del país: el Bolívar, de 5.775 m, y el Colón, de 5.770. Estas 118 ZONA ARQUEOLOGICA TAIRONA Ia Xm cumbres se levantan bruscamente desde el nivel del mar hasta las nieves perpetuas, a pocos kilómetros del litoral,…

p. 145
06
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 169
1 cita
[9]

departamento es unó de los principales productores del país. Tienen también importancia la caña de azúcar, la yuca, el plátano, la palma africana y el sorgo. En las llanuras se cría ganado vacuno. 895 La región cuenta con yacimientos de carbón y petróleo. Escasa impor- tancia tiene la industria, en la que se destaca…

p. 169
07
Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 290
1 cita
[10]

llamaban los cronistas a los nativos— se había reducido en la región de una población de setenta mil a apenas ochocientos, debido a una combinación de abusos, fiebres y esclavitud. En las islas del Caribe, unos tres millones de arahuacos murieron entre 1494 y 1508. Transcurridos apenas 150 años desde la llegada de…

p. 290
08
Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 54
1 cita
[11]

de los animales, las piezas de cacería y determinaba en gran medida la disponibilidad de los recursos y sus usos. Su intervención era (y es) fundamental — mediante salmos y rezos, ritos y otras ceremonias— para la reproducción de los mismos animales: recogía el “alma” de la presa y la remitía a su lugar de origen, a…

p. 54
09
Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 437
1 cita
[12]

enco- miendas que se establecían en las estribaciones serranas del oriente y del norte. Para controlar a los rebeldes, el ejército español de Santa Marta recibió refuerzos de Cartagena, Valledupar, Sevilla y Córdoba. Con la finalidad de desvertebrar la economía indígena, los europeos arrasaron las aldeas que suminis-…

p. 437
10
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 320
1 cita
[13]

y chimilas deciden realizar una alianza para emboscar a los españoles y resuelven envenenar con barbasco las aguas de la laguna que se hallaba en los alrededores de la sabana del Si- carare, donde el capitán español y los soldados mueren envenenados al tra- tar de calmar la sed. Cuando los in- dígenas emboscados salen…

p. 320
11
Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 187
1 cita
[14]

los barí, de la serranía de Perija. Ellos viven en grandes casas comunales, habitadas por cerca de 50 personas. Pero no tienen una, sino varias de esas grandes casas, las cuales ocupan de manera estacional. Ni los kogi, ni los u'wa, ni los barí son casos únicos: de hecho, ninguno de los grupos indigenas que habitaban…

p. 187
12
Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 200
1 cita
[15]

Ltda, solicitaron en 2005 la sustracción de 5.707 hectáreas de la Reserva Forestal de la Serranía de Los Motilones, 200 Con licencia para desplazar para adelantar un proyecto de “mediana minería” que permitiría el desarrollo de una “región deprimida”, en la que “sus habitantes de dedican al cultivo de coca” (MAVDT,…

p. 200
13
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 37, 66
2 citas
[16]

Sierra Nevada de Santa Marta hay esperanza para la pervivencia de sus pueblos. Como resultado de la lucha y resistencia de los pueblos indígenas, en 2018, el Gobierno de Colombia reconoció la Línea Negra, una frontera imaginaria que demarca el territorio, impone restricciones al apetito económico, protege ecosistemas…

p. 37
[22]

(1960); y en Magdalena (hoy Cesar): San Alberto (1966) y Codazzi (1967). Mientras sucedían estas componendas en el marco de las tensiones sociales del período, la geografía política del Caribe se transformaba drásticamente, en conso- nancia con la modernización de la estructura del Estado y la descentralización polí-…

p. 66
14
El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 53
1 cita
[17]

residen res de Mompox poseían entre 66.000 y 68.000 cabezas en el área desde Riohacha a Valledupar y a Tamalameque. Adelaida Sourdis N ajera, en "Escrucrura de la ganadería en el Caribe colombiano durante el siglo XVIII"', Ht«llas 47-48 (1996), 47, anota que un reporte del contrabando en esta región indicaba que los…

p. 53
15
Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 161
1 cita
[18]

de ladrillos achatados, ya hoy medio gastados y derruidos pero todavía resistentes, que en forma de muralla baja va bordeando el curso del río Magdalena y reforzando el barranco donde originalmente se hallaba el caserío de los tres caciques malibúes a quienes abatió el conquistador J u a n de Santa Cruz. La había…

p. 161
16
Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 121
1 cita
[19]

el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…

p. 121
17
Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 56
1 cita
[20]

en realidad pueblos de encom enderos. Esto es, se fu n d a b an com o residencia de los encom enderos servidos p o r indios de los alre d ed o re s y funcionaban com o un receptáculo español del tributo indígena. En el siglo xvi, los encom enderos d o m in aro n los concejos m unicipales (cabildos o ayuntam ientos).…

p. 56
18
Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 147
1 cita
[21]

el llama do “ganado cimarrón”, que pastaba en tierras todavía sin cercar, cuando la actividad central de los ganaderos, la vaquería, se asemejaba a la de los cazadores24. Hay que insistir en este punto, sobre todo frente a una tradición historiográfica com o la colom biana, que ha tendido a identificar del todo a los…

p. 147
19
El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 17, 114
2 citas
[23]

se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…

p. 114
[28]

pueden comprar algodón muy por encima del precio de Liverpool porque esto no haría sino agravar su situación com- petitiva y perderían más mercados tanto externos como internos. Los algodoneros, por su parte, arguyen que antes ellos han subsidiado a los industriales vendiéndoles por debajo del precio internacional y…

p. 17
20
Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 420
1 cita
[24]

Publicaciones Universidad del Atlántico, 1999), 212. 121. Posada Carbó, The Colombian Caribbean, 62–65; Will Calderón Guerra, Bonanza y crisis del algodón en el Cesar, 1950–2010 (Valledupar, Colombia: Imagen Visual Ltda., 2010), 21. See also José Antonio Ocampo and Santiago Montenegro, Crisis mundial, protección e…

p. 420
21
Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 630, 634
2 citas
[25]

por qué muchas fincas salieron de agricultura y se pasaron a ganadería. Porque durante la presidencia de César Gaviria y el ministerio de hacienda de Rudolf Hommes se arrasó con la agri- 589 Organizaciones sociales rurales y gremios del sector agropecuario cultura, por la apertura indiscriminada. La gente, para tener…

p. 634
[26]

pragmatismo para sobrevivir en medio de la confron- tación armada: A uno le toca bailar con la que está en la fiesta (…) Como ha sucedido en las épocas de alta violencia, está la guerrilla, entonces llegan los otros y eso se vuelve una matazón que uno no sabe. (…) Y el inocente, porque no lo ha hecho por gusto, ni por…

p. 630
22
Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 105
1 cita
[27]

departamento acusa formas de violencia guerrillera y paramilitar en Inmobiliaria y alquiler de vivienda 1,99 gran parte de su territorio, en especial en las zonas ce ¥ r montanosas de la Sierra Nevada y en el Perija Administraci6n publica 5,43 is y. Enseflanza 5,46 Tendencias Sociales y de salud 2,57 La estructura…

p. 105
23
Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 15, 138
2 citas
[29]

inició la exploración, explotación y ex- portación del carbón, actualmente en cabeza de Drummond, el Grupo Glencore – Prodeco, Murray, CNR y Sloane, multinacio- nales titulares de las concesiones mineras y de la infraestructura portuaria y férrea para la exportación del carbón en el Magdalena Grande. Este capítulo se…

p. 15
[33]

de- claró inexequible (CConst. Sentencia C-644 de 2012). 218. Según el Ministerio de Minas y Energía los títulos inscritos en el Registro Minero Nacional pasaron de 8.574 en 2010 a 9.612 en 2014. El 17 por ciento corres- ponde a carbón, (2016, página 47). 219. Adoptados mediante documentos del Consejo de Política…

p. 138
24
Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in ColombiaGarry Leech · 2009 · p. 152, 169
2 citas
[30]

had lowered the royalty rates for coal at the urging of the International Monetary Fund and World Bank, allowing foreign companies to keep a greater share of the country’s resource wealth. It was difficult for me to see how the implementation of such policies was benefiting rural Colombians who lived in resource-rich…

p. 152
[31]

Afro-Colombian and indigenous communities. As was the case with oil, the Colombian government had lowered the royalty rates for coal at the urging of the International Monetary Fund and World Bank, allowing foreign companies to keep a greater share of the country’s resource wealth. It was difficult for me to see how…

p. 169
25
La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 374
1 cita
[32]

de la seguridad de Drummond en el Cesar, a finales de los años noven- ta. Según El Canoso, la reunión fue en La Loma –mina más conocida de Drummond en Colombia– donde llegaron personas de la empresa, Prodeco, militares y representantes de las AUC. En el relato se menciona que se acor- dó apoyar a este nuevo grupo de…

p. 374
26
La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 53, 57
2 citas
[34]

su forma de operar y el despliegue en el territorio, tan- to como la relación con pobladores y los combates con estructuras paramilitares. 1.3.1 El ELN (Ejército de Liberación Nacional) El ELN ingresó a la zona norte del país a mediados de los setenta y se ubicó en la Serranía del Perijá: “Más o menos en lo que hoy…

p. 57
[35]

de incursión guerrillera en la zona norte del país consistió en pequeñas e incipientes actuaciones intimidatorias en territorios reducidos y algunos primeros intentos de in- cidencia e influencia ideológica en sectores sociales subalternos. En con- tribución voluntaria entregada a la Dirección de Acuerdos de la Verdad…

p. 53
27
Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 89
1 cita
[36]

esclare- cer de qué estuvo hecha ese crecimiento en esta región. 1. Los problemas de acción colectiva de esa confederación de grupos que fue las AUC. Así, los autores describen las constantes disputas y negociaciones por recursos y dominios territoriales, entre las diferentes facciones y jefes que la com- ponían. En…

p. 89
28
Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 27
1 cita
[37]

Córdoba), Villanueva (Valencia, Córdoba) entre otros. En su avance el Bloque Norte se topó con estructuras paramili - tares locales tradicionales de la región que no compaginaron con su propio proyecto paramilitar y con las cuales se vio enfrentado. Es el caso del enfrentamiento entre las Autodefensas Campesinas de…

p. 27
29
¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 107
1 cita
[38]

de 1997), 9A. 160 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica En 1995 se fundaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá –ACCU –, y en 1997 se dieron cita en un lugar de la región los jefes de nueve organizaciones paramilitares de distintos puntos de la geografía nacional para conformar las…

p. 107
30
No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 508
1 cita
[39]

decenas de políticos, empresarios, militares, especialmente de la región Caribe, relacionados con pagos, apoyos electorales y contratos. El contenido se conoció parcialmente a través de la Revista Semana en septiembre de ese año y se convirtió en un escándalo político nacional. Esta era la tercera vez que la justicia…

p. 508
31
Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 91
1 cita
[40]

communications.) Under the tutelage of Mancuso and Castaño, Jorge 40 became commander of the "Bloque Norte," or Northern Bloc, of the AUC. Mancuso was his military boss, Jorge Gnecco his political boss, and Castaño his ideological boss. Their plan was the same in every place they targeted: "clean" the area of…

p. 91
32
Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 667
1 cita
[41]

lugar de recuperarlos, decidió comprar predios periféricos de la hacienda a los Marulanda para hacer la reforma. Estos son los predios San Antonio, Santa Helena, Los Cacaos y San Carlos (Informe 365- CI-01322, Castellanos Acosta y Comisión Colombiana de Juristas, CCJ, «Los silencios del despojo. Capítulo Cesar», 5.…

p. 667
33
Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 349
1 cita
[43]

gobierno lo básico: servicios públicos, escuelas, carreteras transitables. Jóvenes educados de Valledupar que querían cambiar las cosas y hacer una sociedad más justa, hicieron Causa Común con ellos. Ese fue el nombre que le pusieron a su movimiento que buscaba reemplazar a la dirigencia del Cesar por una más…

p. 349
34
Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 327
1 cita
[44]

narcotráfico se activa, tanto a partir de sus continuidades históricas, como de las condiciones sociales específicas que asume en Colom- bia y la manera como se relaciona con el Estado colombiano y con la lógica VIII Cátedra Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado” Panel 4 · Narcotráfico y violencias en Colombia…

p. 327
35
Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 74
2 citas
[45]

cocaína por la misma razón que había entrado en el negocio de la marihuana. Llegaron extranjeros que buscaban esta mercancía ilegal y ofrecían pagar muy bien por ella. Más allá de esto, ha- bía notables diferencias entre el negocio de la marihuana y el de la cocaína en Colombia, que conjuntamente explican por qué la…

p. 74
[46]

cocaína por la misma razón que había entrado en el negocio de la marihuana. Llegaron extranjeros que buscaban esta mercancía ilegal y ofrecían pagar muy bien por ella. Más allá de esto, ha- bía notables diferencias entre el negocio de la marihuana y el de la cocaína en Colombia, que conjuntamente explican por qué la…

p. 74
36
Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 62
1 cita
[47]

allá de la disputa militar, el interés en estos corredores fue «estratégico», porque permitieron obtener armamento y desarrollar actividades para financiar la guerra. A medida que los diferentes grupos armados se fueron asentando en los territorios de los pueblos étnicos, estos se vieron afectados primordialmente por…

p. 62
37
Cumbia! Scenes of a Migrant Latin American Music GenreHéctor Fernández L'Hoeste, Pablo Vila (eds.) · 2013 · p. 52
1 cita
[48]

de Leyva, and El Banco, with a “popular, urban” cumbia, stylized, and with vocals, like “La pollera colorá” (The Red Skirt) by Wilson Choperena, sang by its composer and performed by Pedro Salcedo’s orches- tra (and successfully released by Discos Tropical), which eventually became a sort of popular national anthem.…

p. 52
38
Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 189
1 cita
[49]

Chapter Eight The vallenato, according to Wade, originated in and around the city of Valledupar near the north coast and generally includes the accordion (an in- strument introduced to Colombia in the late 1880s by German immigrants); it is folk poetry from the region put to music. The vallenato was popular among the…

p. 189
39
Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 154
1 cita
[50]

cución se utiliza una tambora o bombo, un guache, una maraca y una caña de millo; es un aire básica- mente mulato y zambo, cuyo baile típico se danza con velas encendidas y usualmente no es cantada. El bullerengue y el chandé se interpretan con tambores y batir de palmas de las manos; a dife- rencia de la cumbia, sí…

p. 154
40
Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 345
1 cita
[51]

market and remain fully conscious of the benefits and risks associated with collaboration with the state. They are not pas - sive cultural actors. Engaging with the state includes the possibility of tak - ing advantage of greater resources and even the possibility of identifying potential weaknesses within…

p. 345
41
Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 79
1 cita
[52]

Escalona, el arte de nombrar a Urumita y a Fundación, el pájaro amarillo que viene volando por el juncal florido del riachuelo, el hombre que mirando el paisaje, casi sin esfuerzo, lo convierte en estas palabras inolvidables: “El vaquero va cantando una tonada y la tarde va muriéndose en el río”, y allí están esa…

p. 79
42
Un bosque de memoria viva, desde la Alta Montaña de El Carmen de BolívarCentro Nacional de Memoria Histórica, Carmen Andrea Becerra Becerra · 2018 · p. 73
1 cita
[53]

el acordeón. Teníamos muy buenos intérpretes. A ellos los venían a buscar para amenizar las fiestas y celebracio- nes de la región. Uno de los grandes acordeoneros era el tío de estos muchachos llamado Ernesto García. Otros músicos famosos que existieron antes de él fueron Ismael García, el difunto Pedro García y el…

p. 73