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Hecho histórico · Frente Nacional · 1958–1974

Estatuto Minero de 1969 y subordinación del suelo al subsuelo

En diciembre de 1969, el gobierno de Carlos Lleras Restrepo expidió la Ley 20 y el Decreto-Ley 2655 (Estatuto Minero), que abolieron la propiedad privada del subsuelo, radicaron en el Estado la soberanía sobre los recursos subterráneos y consagraron la prelación del derecho minero sobre los derechos superficiarios. La norma se produjo en simultaneidad con la reforma agraria del INCORA, generando una contradicción estructural: mientras el Estado repartía superficies, aseguraba que lo verdaderamente valioso —el subsuelo— quedaba fuera del reparto campesino.

Estatuto Minero de 1969 y subordinación del suelo al subsuelo
Diciembre de 1969
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
Diciembre de 1969
Protagonistas
Carlos Lleras Restrepo, Misael Pastrana Borrero, INCORA, ECOPETROL, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), Congreso de Colombia, Enrique Peñalosa Camargo
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Crisis de divisas y caída de los precios del café que presionaban al gobierno a diversificar la canasta exportadora hacia sectores minero-energéticos capaces de aportar dólares
  2. Agotamiento del régimen concesional petrolero heredado del siglo XIX, que ataba el subsuelo al propietario del suelo bajo una lógica liberal decimonónica incompatible con el proyecto desarrollista
  3. Concesión de facultades extraordinarias al Ejecutivo por el Congreso desde 1968, que habilitó la expedición de decretos-ley en materia minera sin necesidad de trámite legislativo ordinario
  4. Influencia de la reflexión cepalina y desarrollista latinoamericana que exigía al Estado posicionarse como propietario y árbitro de los recursos estratégicos del subsuelo
  5. Fracaso relativo de la Ley 135 de 1961: capturada por élites terratenientes, insuficientemente financiada y vaciada en el Congreso, la reforma agraria operaba solo sobre la superficie sin tocar la lógica extractiva del subsuelo
  6. Tensiones con el capital extranjero y con los organismos multilaterales que hacían urgente redefinir los términos de la contratación petrolera para aumentar la participación estatal en las rentas
Diciembre de 1969Estatuto Minero de 1969 y subordinación del suelo al subsuelo

Consecuencias

  1. Desacoplamiento jurídico definitivo entre suelo y subsuelo en el derecho positivo colombiano, convirtiendo cualquier título agrario —incluidos los emitidos por el INCORA— en un derecho estructuralmente incompleto y subordinado al derecho minero estatal
  2. Creación del marco jurídico que permitió a ECOPETROL recibir zonas de exploración como aporte del Estado y operar bajo contratos de asociación, activando la producción de petróleo, carbón y níquel y transformando a Colombia en exportador neto de energía
  3. Abolición en 1974 del sistema de concesión petrolera y consolidación del modelo de contratos de asociación, en línea directa con los objetivos de la Ley 20 de 1969
  4. Generación de una contradicción constitutiva del proyecto modernizador llerista: la reforma agraria redistribuía superficies mientras el Estatuto Minero aseguraba la primacía del subsuelo estatal-concesionado sobre esas mismas superficies
  5. Trazado de la genealogía jurídica del conflicto agrominero contemporáneo en regiones como el Cesar, La Guajira, el sur de Bolívar y el Magdalena Medio, donde títulos mineros y concesiones petroleras terminaron superponiéndose a títulos agrarios y territorios indígenas
  6. Exclusión práctica de los pueblos indígenas del control sobre el subsuelo de sus resguardos, al reservar el Estado la explotación de hidrocarburos y minerales con independencia de los derechos territoriales superficiarios reconocidos constitucionalmente
  7. Percepción extendida entre campesinos y víctimas de desplazamiento de que es más fácil obtener un título minero o una concesión petrolera que un título de propiedad agraria, reflejando la asimetría institucional consolidada desde 1969
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El Estatuto Minero de 1969 fija la contradicción estructural más duradera del proyecto modernizador del Frente Nacional: el mismo gobierno que intentó profundizar la reforma agraria codificó la primacía jurídica del subsuelo sobre la tierra campesina, produciendo un régimen en el que redistribuir la superficie no implicaba redistribuir la riqueza que yacía debajo. Esa disociación no fue un accidente técnico sino el resultado de dos lógicas estatales parcialmente autónomas —la agraria y la minero-energética— que operaron sin coordinación y con jerarquías implícitas que favorecieron sistemáticamente al extractivismo. La norma traza la genealogía jurídica directa de los conflictos agromineros que décadas después sacudirían el Cesar carbonífero, la Guajira gasífera y el sur de Bolívar aurífero, y explica por qué la consulta previa y los derechos territoriales indígenas y campesinos siguen chocando contra un andamiaje legal cuya lógica profunda fue diseñada en 1969.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

El Estatuto Minero de 1969 y la subordinación del suelo al subsuelo

El 3 de diciembre de 1969, en las postrimerías del gobierno de Carlos Lleras Restrepo, el Congreso expidió la Ley 20 y, en desarrollo de facultades extraordinarias, el Ejecutivo firmó el Decreto-Ley 2655, conocido desde entonces como el Estatuto Minero. Los dos textos, complementarios y casi simultáneos, ejecutaron una operación jurídica de largo alcance: abolieron la propiedad privada del subsuelo como sistema de contratación petrolera, radicaron en cabeza del Estado la propiedad de los recursos del subsuelo y organizaron el régimen de concesiones y contratos que en adelante regiría la exploración y explotación de hidrocarburos y minerales. En el mismo bienio en que el INCORA intentaba, bajo la Ley de arrendatarios y aparceros de 1968, profundizar una tímida redistribución de la tierra, el mismo gobierno codificó la primacía del derecho minero estatal sobre los derechos superficiarios. De esa doble maniobra —celebrada en su momento como nacionalización y como reforma— nace la contradicción estructural que, décadas después, atravesaría los campos del Cesar, la Guajira y el sur de Bolívar: la reforma agraria repartía superficies mientras el Estatuto Minero aseguraba que lo verdaderamente valioso quedaba fuera del reparto.

El mundo del que brota la norma: modernización, Frente Nacional y crisis heredada

Cuando Carlos Lleras Restrepo asumió la presidencia el 7 de agosto de 1966 con 1.891.175 votos, encabezaba el tercer gobierno del Frente Nacional. El pacto bipartidista, ideado en 1958 para clausurar la Violencia mediante la alternancia entre liberales y conservadores, mostraba a esas alturas signos claros de agotamiento. El debilitamiento no venía tanto de una oposición organizada como de fallas internas del propio arreglo: quedaban por fuera del bipartidismo fuerzas políticas cada vez más audibles, los compromisos entre facciones se reproducían por vía clientelar y la legitimidad se erosionaba de manera visible. A eso se sumaba una crisis económica de consideración: parálisis del sector industrial, caída de los precios del café, estancamiento agrario y una balanza de pagos tensionada por la escasez de divisas.

Lleras venía de una biografía política densa. Había sido ministro de Hacienda de Eduardo Santos, donde impulsó la creación de institutos y fondos autónomos que ampliaron la presencia sectorial del Estado, y estaba emparentado con la élite empresarial colombiana —era sobrino del banquero Julio Lleras Acosta—, esa capa que transitaba con naturalidad entre las juntas directivas y los ministerios. Su proyecto para la presidencia era coherente con esa trayectoria: modernizar el aparato estatal, sustentar la industrialización por sustitución de importaciones y contener las presiones desestabilizadoras que venían tanto del anapismo de Rojas Pinilla como del avance de las guerrillas nacidas a mediados de la década.

Ese proyecto se movió en tensión permanente con los organismos multilaterales. Lleras rechazó abiertamente los consejos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, aunque sin intentar sacar a Colombia de la órbita de Washington, y dictó medidas defensivas frente al capital extranjero en momentos de aguda escasez de divisas, para impedir que las remesas de utilidades al exterior agravaran la crisis de balanza de pagos. Los préstamos externos, sin embargo, venían atados a compromisos de liberalismo comercial que presionaban en sentido contrario. Cuando los seguidores de Rojas Pinilla intentaron desestabilizar al gobierno, Lleras decretó el estado de sitio e impuso toque de queda, con un tono categórico que caracterizaría toda su gestión.

Fue en ese contexto —un Estado que se pensaba a sí mismo como motor de la modernización, un Frente Nacional exhausto y una economía asfixiada por la escasez de divisas— donde se decidió reordenar simultáneamente el régimen de la tierra y el régimen del subsuelo.

La reforma agraria vaciada: la Ley 135 de 1961 y la Ley de 1968

Para entender el Estatuto Minero de 1969 hay que entender el fracaso relativo de la reforma agraria que lo antecede y que corre en paralelo. La Ley 135 fue aprobada el 23 de noviembre de 1961, sancionada el 13 de diciembre, y el 29 de ese mes se constituyó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, INCORA, bajo la dirección de Enrique Peñalosa Camargo, un economista de treinta y un años. La ley pretendía atacar una concentración de la tierra abrumadora: en 1959, los predios de menos de cinco hectáreas eran el 55% del total de unidades agrarias pero ocupaban apenas el 4,18% de la tierra productiva; los mayores de cien hectáreas, con solo el 4,5% de las propiedades, controlaban el 64% del área productiva. Era la fotografía de un país estructuralmente latifundista.

El proyecto original de la Ley 135, más ambicioso en materia redistributiva, fue moderado tras un largo trámite en el Congreso. La oposición laureanista —dirigida en la Cámara por Hugo Escobar Sierra— y la del Movimiento Revolucionario Liberal cuestionaron los aspectos redistributivos. La influencia de las élites terratenientes sobre el Congreso recortó el alcance de la ley, redujo su financiación y elevó las barreras legales para la expropiación. Los grandes propietarios cabildearon además dentro de la burocracia del INCORA para que la agencia concentrara su actividad en proyectos que no perturbaran la tenencia existente. El resultado fue una reforma legal sin aplicación real: la principal acción del INCORA bajo la Ley 135 fue la colonización dirigida fuera de la frontera agrícola —piedemonte oriental, Magdalena Medio, altillanura Meta-Vichada, sur de Córdoba, Urabá—, con avances muy modestos en redistribución de tierras aptas para la producción. Para 1971, menos del 1% de las tierras sujetas a expropiación habían sido distribuidas, y la mayoría correspondía a baldíos. Entre 1960 y 1970, la concentración de la propiedad no solo no se corrigió: aumentó. El Censo Nacional Agropecuario 1970-71 mostró que las explotaciones de más de 500 hectáreas eran apenas el 0,7% de las unidades pero controlaban el 40,9% de la superficie, mientras las de menos de 10 hectáreas —el 73,1% de las explotaciones— apenas ocupaban el 7,2%.

Consciente del estancamiento, Lleras intentó forzar la máquina. Impulsó en 1968 la Ley de arrendatarios y aparceros, orientada a agilizar la afectación de predios inadecuadamente explotados y a convertir a arrendatarios y aparceros en propietarios, contra la oposición explícita del Congreso y los gremios empresariales. Complementariamente, mediante el Decreto 755 de 1967, creó la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, con el objetivo declarado de organizar a arrendatarios y aparceros, canalizar propuestas de crédito y servir de interlocutor entre campesinos y Estado. Detrás del gesto reformista latía también un cálculo político: contener el ascenso de las guerrillas y de las zonas de autodefensa campesina, y disputarle terreno al populismo anapista. La ANUC terminaría impulsando la mayor movilización rural de la segunda mitad del siglo XX en Colombia, con presencia decisiva en los Montes de María y el Caribe.

Ese era, pues, el rostro visible del reformismo llerista al final de su mandato: un INCORA capturado desde adentro, una ley de 1968 desafiada por gremios y Congreso, una organización campesina recién nacida y una concentración de la tierra que seguía creciendo. En diciembre de 1969, mientras esa arquitectura fatigada intentaba redistribuir la superficie, el Estatuto Minero organizaba el reparto del subsuelo por otra vía y con otra lógica.

El desarrollo del Estatuto: Ley 20 y Decreto-Ley 2655 de 1969

Desde 1968, el Congreso colombiano venía entregando voluntariamente su función legislativa al Ejecutivo mediante la concesión de facultades extraordinarias, un mecanismo que en materia minera y de recursos naturales habilitó la expedición de decretos-ley durante todo el período. El binomio normativo de finales de 1969 se apoyó en ese dispositivo.

La Ley 20 de 1969 abolió la propiedad privada del subsuelo como sistema de contratación petrolera. La norma cortaba con una tradición jurídica que venía de la Colonia y de la Conquista, cuando el derecho consagraba la propiedad del suelo y del subsuelo en cabeza del mismo dueño. La ley respetó los derechos adquiridos —en especial los referidos a yacimientos ya descubiertos— pero, hacia adelante, reservó al Estado la potestad soberana sobre el subsuelo. Sus desarrollos inmediatos abrieron la puerta para que la Empresa Colombiana de Petróleos, ECOPETROL, recibiera determinadas zonas como aporte del Estado, para explorarlas y explotarlas directamente o mediante contratos de asociación. Ese nuevo sistema contractual, orientado a lograr una mayor participación directa del Estado en el negocio del petróleo, terminaría de instalarse en 1974, cuando se abolió el sistema de concesión petrolera y las nuevas contrataciones se orientaron hacia el modelo de asociación.

El Decreto-Ley 2655 acompañó y complementó esa reorganización desde el ángulo del régimen minero general. Codificó los principios sobre los que se erigiría toda la política minera colombiana de las décadas siguientes: propiedad estatal del subsuelo, régimen concesional, declaración de utilidad pública de la actividad minera y prelación del derecho minero sobre los derechos superficiarios. Su forma era modernizadora y su retórica nacionalista, pero la operación era doble: nacionalizaba lo que estaba bajo tierra, arrebatándolo del régimen liberal decimonónico que lo ataba al suelo, y a la vez organizaba desde el Estado la maquinaria concesional que permitiría entregar ese subsuelo a operadores privados —nacionales primero, transnacionales después— bajo términos definidos centralmente.

En su lectura contemporánea, la Ley 20 fue vista sobre todo como una victoria del proyecto desarrollista: el Estado se posicionaba como dueño y árbitro del subsuelo, condición previa para negociar de tú a tú con las compañías petroleras. Esa dimensión no debe minimizarse. El marco jurídico creado en 1969, y la confianza en el respeto colombiano a los contratos, contribuiría a activar la producción de petróleo, carbón y níquel, y a transformar el panorama minero del país hasta convertirlo, décadas más tarde, en exportador neto de energía. Pero la operación tenía un costado silencioso que la retórica desarrollista no nombraba: al desacoplar suelo y subsuelo en el derecho positivo, el Estatuto Minero convertía cualquier título sobre la tierra —incluidos los que el INCORA repartía— en un derecho estructuralmente incompleto, revocable en la práctica por una decisión concesional tomada en Bogotá.

Las causas: dos lógicas modernizadoras superpuestas

La contradicción entre reforma agraria y política minera no fue producto de un diseño deliberado del llerismo. Ni el proyecto original de la Ley 135 preveía la Ley 20, ni los redactores del Estatuto Minero anticipaban específicamente los conflictos agrominero que se materializarían en el Cesar y La Guajira. Hubo, más bien, la superposición de dos lógicas estatales débiles y parcialmente autónomas, cada una respondiendo a sus propias presiones.

La lógica agraria estaba atrapada estructuralmente. La Ley 135 llegó a 1969 vaciada por dentro: recortada por el Congreso, saboteada en la burocracia del INCORA, insuficientemente financiada. La ley de 1968 intentó reanimarla, pero los gremios agrarios y el Congreso ya habían aprendido a bloquear cualquier gesto redistributivo serio. La reforma agraria fracasó no por la política minera sino por la resistencia sostenida de las élites terratenientes, y porque la propia arquitectura del Frente Nacional dependía políticamente de esas élites regionales.

La lógica minera respondía a otros vectores. La escasez de divisas presionaba hacia sectores exportadores capaces de aportar dólares. La caída de los precios del café hacía urgente diversificar la canasta exportadora. La reflexión desarrollista latinoamericana, en la CEPAL y en los ministerios técnicos, insistía en el papel del Estado como propietario y operador de recursos estratégicos. La coyuntura petrolera internacional, con las tensiones que desembocarían en la crisis de 1973, hacía imperativo repensar el régimen concesional que Colombia arrastraba desde principios del siglo XX. Y en el plano administrativo, la concesión de facultades extraordinarias por el Congreso desde 1968 permitió al Ejecutivo actuar por decreto en un terreno técnicamente complejo. Nada de eso apuntaba explícitamente contra la reforma agraria; simplemente operaba en otro plano.

El problema es que ese otro plano no era neutral respecto de la tierra. Al consagrar jurídicamente la disociación suelo/subsuelo y otorgar al derecho minero prelación sobre los derechos superficiarios, el Estatuto Minero clausuraba una posibilidad que la reforma agraria, en su formulación original, no había tenido que enfrentar: que los campesinos beneficiarios de la redistribución tuvieran algún control sobre lo que yacía bajo sus parcelas. Sin haberlo planeado, el gobierno Lleras Restrepo produjo así una contradicción constitutiva. La reforma agraria, ya limitada a la superficie, quedó además doblemente subordinada: por la presión de los grandes propietarios sobre el reparto, y por la primacía jurídica del subsuelo estatal-concesionado sobre cualquier título superficiario que el INCORA lograra emitir.

Detrás de esa doble subordinación había, además, una continuidad histórica más honda. La estructura agraria colombiana venía siendo empujada hacia la concentración desde la colonización española, cuando la encomienda, la mita y el resguardo favorecieron la formación de latifundios y la descomposición de las comunidades indígenas. El mecanismo inicial de despojo —la concentración de varios resguardos en uno solo, en tierras de menor calidad y distantes de los centros poblados— produjo la masa de campesinos desposeídos que se convertiría en peones, aparceros y arrendatarios. El Estatuto Minero de 1969 no inventó la subordinación campesina: la recodificó en un lenguaje técnico-jurídico moderno, dándole forma de derecho positivo a una jerarquía que el país llevaba siglos reproduciendo bajo otras formas.

Consecuencias inmediatas: contrarreforma bajo Pastrana y arquitectura minero-petrolera

Las consecuencias inmediatas del binomio normativo se movieron en dos planos distintos. En el plano agrario, el impulso reformista llerista se derrumbó rápidamente. Bajo el gobierno conservador de Misael Pastrana Borrero (1970-1974) las leyes relativas a la reforma agraria fueron derogadas o revertidas. El Pacto de Chicoral, en 1972, selló ese retroceso: los gremios agrarios y los partidos tradicionales acordaron el desmonte efectivo del programa redistributivo. Los miembros del movimiento campesino agrupado en la ANUC —entonces en su fase más movilizada, con tomas de tierras que sacudían los Montes de María y la Costa Caribe— fueron perseguidos y encarcelados, y la desposesión de minifundistas y colonos se reanudó. La organización campesina, radicalizada por la represión, se dividió y muchas de sus bases regionales quedaron expuestas a las violencias que vendrían.

En el plano minero-petrolero, en cambio, la arquitectura creada en 1969 se consolidó sin sobresaltos. El régimen de contratos de asociación se estabilizó a partir de 1974, ECOPETROL fue afianzándose como operador estatal, y las bases legales del Estatuto Minero pasaron de gobierno en gobierno como un dato del paisaje jurídico. La retórica del período era optimista: se hablaba de las grandes ilusiones puestas en las empresas públicas del sector minero-energético, entre las que se contaba Carbocol —la empresa estatal creada para desarrollar el carbón—, Paz del Río y Econiquel. En principio, se trataba de un capitalismo de Estado en el subsuelo, con el país reservándose el papel de propietario y árbitro.

Pero esa arquitectura estaba diseñada para operar mediante concesiones. Y las concesiones podían otorgarse a cualquiera: al Estado, a empresas nacionales o, llegado el momento, a operadores transnacionales. La decisión política sobre a quién concesionar quedaba abierta, sujeta a los vaivenes de cada gobierno. En 1969 esa apertura parecía compatible con un proyecto nacionalista. Quince años después, sería el vector por el que entraría el capital extranjero a gran escala.

La materialización: El Cerrejón, el Cesar y la desnacionalización de los años ochenta

La riqueza carbonífera de La Guajira era conocida desde mucho antes de su explotación industrial. Autores como Milcíades Chaves habían señalado décadas atrás que el yacimiento del Cerrejón podía ser fuente de riqueza para los guajiros y para el país, imaginando incluso la infraestructura ferroviaria y portuaria necesaria para llevar el carbón al mar. Fue durante la administración de Alfonso López Michelsen (1974-1978) —el mismo gobierno que abolió definitivamente la concesión petrolera en favor del contrato de asociación— cuando se impulsó el desarrollo del sector minero-energético en La Guajira sobre la base del marco creado en 1969. En 1976 se estructuró el proyecto de Cerrejón Norte como un contrato de asociación entre Carbocol y una filial de una multinacional. Bajo esa arquitectura, la planificación temprana contemplaba la extracción de quince millones de toneladas anuales durante veintitrés años a partir de 1986, embarcadas desde Puerto Bolívar —a 150 kilómetros al norte de la mina— por barcos de hasta 180.000 toneladas. Eran cifras concebidas para una economía de exportación de gran escala, no para una minería articulada con la vida local.

El Cerrejón se convertiría con el tiempo en la mina de carbón a cielo abierto más grande de Colombia y de América Latina, la décima del mundo. Pero su historia societaria muestra el otro rostro del Estatuto de 1969. A partir de la década de 1980, en un giro impulsado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial —que presionaban por la reducción de las tasas de regalías del carbón para permitir que las empresas extranjeras retuvieran una mayor proporción de la riqueza extraída—, se inició la desnacionalización de la industria minera del Magdalena Grande. La propiedad de El Cerrejón terminaría en manos de tres multinacionales: BHP Billiton, Anglo American y Xstrata. En el Cesar, las concesiones fueron entregadas a Drummond (estadounidense), Glencore-Prodeco (suiza), Murray, CNR y Sloane. Desde los años noventa, el carbón pasó a ser el segundo producto de exportación colombiano después del petróleo, y los proyectos de Drummond y Cerrejón concentrarían el grueso del volumen total producido en el país.

La disociación jurídica entre suelo y subsuelo consagrada en 1969, en combinación con la desnacionalización de los ochenta y noventa, produjo entonces su efecto acumulado. En el Cesar, las tierras que en su momento estuvieron entre las que la ANUC reclamaba —y en algunos casos las mismas parcelas despojadas a campesinos años después— fueron entregadas en títulos mineros a Drummond y Glencore-Prodeco. Los departamentos de Cesar y Magdalena serían territorios vaciados por el paramilitarismo mediante desplazamientos masivos durante los años noventa, y la violencia se cebó especialmente en el sindicalismo minero: el 12 de marzo de 2001, paramilitares del Frente Juan Andrés Álvarez de las AUC asesinaron a los sindicalistas Valmore Locarno Rodríguez y Víctor Hugo Orcasita Maya, promotores de una huelga contra la Drummond. Despojo, título minero, extracción: la secuencia dibujaba, sobre el mapa, la jerarquía que el Estatuto había fijado en el derecho.

En La Guajira, El Cerrejón desató un conflicto de otra naturaleza. La mina se localiza en la Baja Guajira, zona que también concentra bosques de galería, centros urbanos y actividades agropecuarias, en contraste con las subregiones Alta y Media, donde predomina la población wayúu. La territorialidad wayúu se organiza en clanes con vínculos ancestrales al suelo, y la expansión minera produjo daños que no admiten cuantificación fácil en un balance corporativo: los muertos ya no pueden ser enterrados en el territorio del clan, los espacios de pastoreo y cría se pierden, la vida comunitaria se rompe. Las reclamaciones wayúu se han centrado con creciente fuerza en el agua, posicionándola como eje de sus demandas frente a la expansión minera. Y aquí la lógica del Estatuto Minero se hace explícita: el Estado colombiano solo reconoce la autonomía territorial indígena sobre la superficie de los resguardos, pero se reserva el derecho de explotar el subsuelo, ignorando en la práctica derechos reconocidos por la Constitución y los convenios internacionales. Comunidades como el pueblo Awá han denunciado que las decisiones sobre política minera se toman sin consulta previa, precisamente porque el subsuelo pertenece —jurídicamente— a otro dueño.

Consecuencias de largo plazo: la genealogía del conflicto agrominero

La proyección del Estatuto Minero de 1969 sobre la Colombia contemporánea se lee en varios registros simultáneos. En el jurídico, sentó el principio —que llegaría hasta la Ley 685 de 2001 y más allá— de que la actividad minera es de utilidad pública y tiene prelación sobre los derechos superficiarios. En el político, dejó el subsuelo colombiano organizado como una arquitectura concesional lista para ser abierta o cerrada al capital transnacional según los ciclos ideológicos: capitalismo de Estado en los setenta, apertura acelerada desde los ochenta, boom minero en los dos mil.

En el registro territorial, el efecto fue más profundo. La disociación suelo/subsuelo se convirtió en el sustrato de un conflicto agrominero permanente, especialmente severo en las zonas donde la reforma agraria había dejado a los campesinos con títulos precarios o los había reemplazado por adjudicaciones de baldíos en la frontera agrícola. En el área de manejo especial de la Macarena, los pobladores lo formulan como una asimetría cotidiana: en sus territorios resulta más fácil obtener un título minero o una concesión petrolera que un título de propiedad sobre la tierra. La titulación agraria se dilata durante años, la informalidad se instala y por esa grieta entran los foráneos, mientras la política minera fluye con eficiencia técnica.

En el sur de Bolívar, según Colombia Nunca Más, las acciones violentas contra mineros y campesinos dejaron desde 1998 un saldo de 80 desapariciones forzadas, 330 asesinatos, 88 personas torturadas y 57.000 desplazadas. El Consejo Regional Indígena del Cauca ha sostenido que la campaña paramilitar de desplazamiento y despojo en esa región buscó desvertebrar el tejido social para permitir el ingreso de empresas multinacionales mineras como AngloGold Ashanti. En el Bajo Cauca antioqueño, la presencia paramilitar desde los años ochenta estuvo vinculada, entre otros factores, a la bonanza aurífera que atrajo oleadas migrantes. La ecuación —tierra despojada, concesión minera, actor armado— se repite con variaciones regionales.

Frente a esa arquitectura, las resistencias han producido su propia gramática. Organizaciones como Censat-Amigos de la Tierra han denunciado que los procesos de formalización y legalización minera son costosos e inaccesibles para los mineros artesanales y tradicionales, favoreciendo a las transnacionales, mientras el Estado orienta su política a garantizar rentabilidad y competitividad para la gran minería. En agosto de 2013, el paro agrario nacional articulado por la Mesa Nacional Agropecuaria y Popular de Interlocución y Acuerdo presentó un pliego que retomó, ampliadas, muchas de las demandas históricas del campesinado.

Una norma que no ha caducado

El Estatuto Minero de 1969 no se ha derogado en su núcleo. Ha sido reemplazado, actualizado, discutido, pero el principio que lo funda —el subsuelo es del Estado, y el derecho minero prevalece sobre los derechos superficiarios— sigue siendo el eje del ordenamiento jurídico colombiano en la materia. Esa continuidad no es un detalle técnico: es lo que hace estructuralmente reversible cualquier reforma agraria, cualquier restitución de tierras, cualquier proceso de retorno de desplazados. Un título de propiedad rural en Colombia es, en sentido estricto, un derecho sobre la superficie, revocable en la práctica por una decisión concesional tomada bajo un régimen jurídico que le antecede en autoridad.

No es cierto que Lleras Restrepo diseñara un aparato para bloquear la reforma agraria mediante la política minera: los dos proyectos operaban en carriles distintos, con lógicas propias, y la contradicción entre ambos no fue explícitamente pensada. Pero tampoco es cierto que el Estatuto Minero fuera un tecnicismo administrativo neutral: al codificar en el derecho positivo la primacía del subsuelo estatal-concesionado sobre el suelo campesino, produjo una jerarquía de derechos cuyas consecuencias serían asumidas por otros gobiernos, otras coyunturas y otras violencias.

El proyecto modernizador del Frente Nacional intentó, con Lleras Restrepo, ser simultáneamente reformista y desarrollista. Repartió tierras insuficientes por arriba mientras organizaba el subsuelo por abajo. Esa doble operación, superpuesta sobre siglos de concentración agraria y anterior a la desnacionalización minera de los ochenta, es la genealogía jurídica del conflicto que hoy atraviesa el país. Se lee en los cementerios wayúu que quedaron del lado equivocado del tajo minero; en las fincas que la ANUC llegó a ocupar en el Cesar y que hoy son títulos de Drummond; en los barequeros del sur de Bolívar cuyos ríos aparecen en los mapas de AngloGold Ashanti; en los aluviones del Bajo Cauca, donde el oro llegó antes que el Estado; en el Catatumbo, donde la coca y el crudo se disputan las mismas trochas. En todos esos lugares la contradicción se hace carne: campesinos con títulos precarios sobre superficies concesionadas, comunidades indígenas con autonomía reconocida solo hasta donde termina la tierra vegetal, sindicalistas asesinados en zonas donde el carbón vale más que la vida. El Estatuto Minero de 1969 no explica por sí solo ese paisaje, pero le puso el andamiaje jurídico, y por eso pertenece al núcleo de acontecimientos sin los cuales la historia contemporánea de Colombia se vuelve ilegible.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

49 documentos · 60 fragmentos
01Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 253, 2562 citas
[1]"Ahora me doy cuenta de que la sabiduría es la carrera más larga para llevar al error". Este ilustre payanés, que hizo periodismo, brilló en la oratoria pronta y ágil, amante de la cacería y el buen vivir, y que fue rico en anéc- dotas, continuó vinculado a la actividad política hasta el final de su vida. Carlos…p. 253
[10]ho- gares a partir de las nueve de la noche, bajo peligro de enfrentarse los díscolos con las pre- rrogativas del estado de sitio y el toque de queda en la República. Así, de modo categórico y resuelto, se abortó el intento de los fieles del general Rojas Pinilla. Los siguientes son algunos de los párrafos del mensaje…p. 256
02Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 2631 cita
[2]of the Liberal Republic, Conservatives such as Mariano Ospina Pérez necessarily devoted most of their energies to nonpolitical affairs. That most Colombian public figures were both businessmen and politicians helps explain the easy osmotic way in which they passed back and forth be- tween the worlds of business and…p. 263
03Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 981 cita
[3]miento material de las escuelas. El sis- tema, además, propiciaba el control de las escuelas y el nombramiento de maestros por los políticos y gamonales locales. En el control nacional de to- dos los aspectos se veía la única forma de superar esos vicios y tener una po- lítica educativa coherente. El proyecto de…p. 98
04The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 2401 cita
[4]the peasants. The best account of ANAPO's short-lived career is R.H. Dix, "Political oppositions," pp. 140-164. See also J.P. Martinez and M.I. Izquierdo, ANAPO; M. Palacios, El Populismo en Colombia, 1971; P. Gilhodes, La Question, pp. 463-490. 35. In the 1966 election, ANAPO's Liberal candidate, Jose Jaramillo…p. 240
05Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 2341 cita
[5]wick, Transaction Books, 1980. CEPEDA, FERNANDO. Pensamiento político colombiano contemporáneo. (Mimeo.) Bogotá - Caracas, Uniandes, 1983. DIX, ROBERT. Colombia: The political dimensions of change. New Haven, Yale University Press, 1967. LEAL, FRANCISCO. Estado y política en Colombia. Bogotá, CEREC - Siglo XXI, 1984.…p. 234
06Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos asesinados en Norte de SantanderCarlos Andrés Pallares Rincón · 2014 · p. 761 cita
[6]1950, durante la rectoría de Emilio Arango S.J. El 20 de febrero de 1951 se iniciaron las labores académicas en la sede de la Antigua Academia Javeriana 49. 2.4.1. Gobernando entre su gente El escenario con el que inicia el tercer gobierno del Frente Nacional en cabeza del presidente liberal Carlos Lleras Restrepo…p. 76
07Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3921 cita
[7]siglo XIX parecieron ofrecer una manera moderna de conquistar el poderoso Magdalena, pero el dinero se desvió hacia tecnologías ferroviarias más modernas, después de la mitad del siglo, y con la aparición del automóvil en el siglo XX, los barcos a vapor desaparecieron del todo. Los pueblos sobre el río, sin embargo,…p. 392
08Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 410, 4194 citas
[8]de capital que les permitieron a las compañías foráneas hacerse al control de varias empresas esta- tales o privadas previamente en manos de empresarios naciona- les o de inmigrados. A pesar de tan nefastos precedentes no se observó en Colom- bia una actitud nacionalista de parte del empresariado local y mucho menos…p. 419
[9]de capital que les permitieron a las compañías foráneas hacerse al control de varias empresas esta- tales o privadas previamente en manos de empresarios naciona- les o de inmigrados. A pesar de tan nefastos precedentes no se observó en Colom- bia una actitud nacionalista de parte del empresariado local y mucho menos…p. 419
[31]de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…p. 410
[32]de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…p. 410
09Café y ferrocarriles en Colombia: los trenes santandereanos (1869-1990)Juan Santiago Correa Restrepo · 2012 · p. 11 cita
[11]t11 - Los Caminos deHierro4 El Colegio de Estudios Superiores de Administración -CESA- es una entidad privada, sin ánimo de lucro, fundada en 1974 en Bogotá por un grupo de empresa- rios y figuras nacionales liderados por los doctores Car- los Lleras Restrepo y Hernán Echavarría Olózaga, con el apoyo del Instituto…p. 1
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 801 cita
[12]entonces senador Carlos Lleras Restrepo, quien señaló cómo los predios de menos de cinco hectáreas –el 55 % del total de las unidades agrarias– ocupaban en ese momento apenas el 4,18 % de la tierra productiva, mientras que los predios mayores de 100 hectáreas, que representaban el 4,5 % de las propiedades, ocupaban el…p. 80
11Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 1161 cita
[13]algunos sectores del valle del Sinú y el norte del Tolima. Para lograr que estas extensiones de tierra sean cultivadas efectivamente, será necesario suministrar asistencia técnica y financiera y mejorar la salud, la educación y los servicios de transporte (informe del BIRF, en Lleras Restre- po, 1961, páginas 30-31).…p. 116
12Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3491 cita
[14]oriente del To- lima, fue visto como el preludio a una grave agitación agraria. A pesar de la oposición laureanista dirigida en la Cámara por Hugo Es- cobar Sierra, el proyecto fue aprobado el 23 de noviembre y sancionado por el presidente el 13 de diciembre como ley 135 de 1961, base de toda la polí- tica agraria de…p. 349
13Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4691 cita
[15]y al autorizar la expropiación sin indemnización. Decimaquinta: por no ser esta reforma un remedio contra el comunismo que amenaza al país y sí, muy al contrario, el camino que se le abre a esta secta devastadora para perturbar nuestro orden jurídico tradicional y dar al traste con el derecho natural de propiedad.…p. 469
14Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5011 cita
[16]élites terrate - nientes bloquearon la redistribución de tierras, usando la representación directa que tenían en la legislatura, además de la captura de una parte de los funcionarios elegidos, jueces o burócratas, que respondían a la distribución paritaria entre los partidos, y al uso del clientelismo para socavar el…p. 501
15La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 411 cita
[17]de esta cláusula fue derogada por la Ley 599 de 2000, pero aun así los “delitos políticos” se tratan muy indulgentemente en Colombia. Estas cláusulas cementaban el equilibrio político descentralizado de Colombia y lo hacían al tolerar bastante violencia. También abrieron el sistema para crear mucho daño colateral.…p. 41
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 461 cita
[18]Departamentos en los que la ANUC tenía una fuerza muy importante. En aplicación de la Ley 135 de 1961 el Incora dirigió durante los años sesenta la colonización del piedemonte oriental de la cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura entre el oriente del Meta y Vichada, el sur de Córdoba y en varias…p. 46
17Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2491 cita
[19]puertas de crédito para la producción agraria, viéndose obligadas a acelerar los flujos migratorios campo-ciudad y a intensificar la ocupación de nuevos territorios. Machado indica que el grado de concentración de la propiedad aumentó entre 1960 y 1970 a pesar de la prolija legislación agraria promulgada alrededor de…p. 249
18Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 301 cita
[20]hecho de que esta región se encuentra de Santander y del inte- rior del país una cadena de 1nontaúas y llanuras y a la baja densi- dad de población aún más el de la guerra Los términos la distribución de tierra eran tan ambiguos que el Ministerio Agricultura tuvo la determinar tierras podían ser Se llegó a este…p. 30
19Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 65, 862 citas
[21]dominant classes’ capability to accommodate the needs and wishes of the rural poor, as if the impoverished were the social strata that held political and economic power in Bogotá: Due to a changing social climate and the efforts of the government land reform, Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA),…p. 65
[51]production, both socially and economically. Throughout the early to mid-twentieth century, a considerable portion of the rural population consisted of subsistence-based laborers working to support their immediate family and/or community (Kalmanovitz, 1978). Throughout the 1930s and 1940s, this structure stayed…p. 86
20La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 2121 cita
[22]luz, […] entonces eso es una contradiccion, donde se dice que no pero donde las bases de una u otra forma empiezan a recibir los favores de los políticos tradicionales (Hombres/adultos/ ex dirigentes campesinos/ Sincelejo/ Sucre/ noviembre de 2009). Pero no se puede poner en duda que el gran gestor inicial de la Anuc…p. 212
21Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1031 cita
[23]y en la prestacion de servicios (crédito y asistencia técnica) que en la re- distribucién de la tierra. Estos gobiernos dedicaron sus esfuerzos a atender algunas zonas criticas, afec- 1778 tadas por la violencia politica en el decenio anterior, y a contrarrestar el surgimiento de las zonas de au- todefensa campesina,…p. 103
22Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1391 cita
[24]un énfasis en la dotación de tierras a los arrendata - rios y aparce ros, y la profun dización de la reforma por medio de la organiza ción de los campe sinos. Esta última medida condujo a la creación de la Asocia ción Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), que constituía una osada respuesta al ascenso de los movi…p. 139
23Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 951 cita
[25]pacifying existing militant peasant and guerrilla groups (Rudqvist 1983). The same law also created the Colombian Institute for Agrarian Reform (Instituto Colombiano para la Reforma Agraria, or INCORA). Mostly in the early 1970s, INCORA bought up farms totalling 472,470 hectares and distributed land to 30,000 families…p. 95
24La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 371 cita
[26]CAPÍTULO I. ANTECEDENTES DEL FENÓMENO PARAMILITAR EN EL ATLÁNTICO, CESAR, LA GUAJIRA Y MAGDALENA 37 tierras. Nació la reforma agraria en el Magdalena con esas setenta y siete mujeres; mujeres que peleaban, se enfrentaban a la Policía. Ellas fueron las que me enseñaron a mí a pelear con el Ejército; con la Policía. En…p. 37
25La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 1021 cita
[27]el corazón de los Montes de María, ade- más de permitir el acceso y la disposición de agua en una región seca y caliente. Sin embargo, es importante aclarar que no se trata de una geografía como la que habitualmente se asocia con una 62 Ibíd. Grupo de Memoria Histórica 102 zona de retaguardia estratégica desde el…p. 102
26Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 212, 2172 citas
[28]épocas de la Colonia y la Conquista, que consagraban la propiedad del suelo y del subsuelo en cabeza de sus duenos. La Ley 20 de 1969 pretendio, entre sus muchas disposiciones, abolir la propiedad privada del subsuelo como sistema de contratacion petrolera, respetando, sin embargo, los derechos adquiridos que…p. 217
[30]en el tiempo y la confianza en el tradicional respeto de Colombia a los contratos, han conducido al pais a una importantisima activacion en la produccién de petréleo, carbon y niquel. Con la explotacién de estos productos cambié el panorama minero de Colombia y el pais se convirtié en exportador neto de energia. El…p. 212
27Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 231 cita
[29]más que todo los límites. La tierra es lo palpable, lo que se puede ver, coger, sembrar, donde hacemos casa, echamos semilla, eso es la tierra. El territorio es un todo, el conjunto de tierra que incluye bosque, río, quebrada, personas, todo” (Actualización Plan de Salvaguarda étnica del pueblo Awá: 60). En ese orden…p. 23
28Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 2951 cita
[33]Política hace que esos baldíos sean inadjudicables) o se encuentran dentro de distritos de manejo integrado que forman parte del área de manejo especial de la Macarena, en cuyo caso en algunos casos se requiere la expedición, antes que el Incoder pueda proceder a titularlos, de un plan de 295 Riesgos persistentes ante…p. 295
29La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 1771 cita
[34]del subsuelo sobre los del suelo, es decir la situación de la agricultura frente a la minería. En bibliografía revisada, excepto la prensa escrita y revistas, no se encuentran análisis de la relación y conflictos tierra-minería, más allá de consideraciones jurídicas sobre el uso del subsuelo y conflictos conocidos en…p. 177
30Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 15, 462 citas
[35]inició la exploración, explotación y ex- portación del carbón, actualmente en cabeza de Drummond, el Grupo Glencore – Prodeco, Murray, CNR y Sloane, multinacio- nales titulares de las concesiones mineras y de la infraestructura portuaria y férrea para la exportación del carbón en el Magdalena Grande. Este capítulo se…p. 15
[46]de San Diego, porque ella no tenía orden para el desalojo. Antes de esta situación, nosotros no habíamos visto, ni hablado con el señor Alfonso Murgas (2013-b, página 12). No obstante, al final de 1991 ochenta familias ocupaban El Toco. Ese año crearon la Junta de Acción Comunal en la que fue nombrado como presidente…p. 46
31Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 5241 cita
[36]con pluma que actualmente se torna profética: El árido suelo de su territorio no ha despertado aún la codicia de los blancos, pero desventurados de ellos [los guajiros], el día que estos [los blancos] descubran que debajo de aquel suelo, que hasta ahora han visto con desdén, se hallan ocultos tesoros en forma de…p. 524
32Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 2061 cita
[37]y la pérdida de reservas internacionales. La prolongada recesión terminó por crear una grave acumulación en la car- tera morosa y de dudoso recaudo del sistema financiero. Esta situación, en conjunto con la aceleración de la tasa de devaluación, impidió reducir las ta- sas reales de interés y reforzó en con- secuencia…p. 206
33Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1042 citas
[38]larguísima historia de la orfebrería ni tener precursores agudos y enterados como Isaacs y Hubach 32 (Acosta 1986) que encontraron a tiempo los grandes yacimientos de carbón y níquel, ni haber conformado la gran mina y fundición de El Zancudo, ni las ferrerías tempranas de Pacho, Samacá y Anorí, ni las grandes…p. 104
[39]No ha bastado la larguísima historia de la orfebrería ni tener precursores agudos y enterados como Isaacs y Hubach 32 (Acosta 1986) que encontraron a tiempo los grandes yacimientos de carbón y níquel, ni haber conformado la gran mina y fundición de El Zancudo, ni las ferrerías tempranas de Pacho, Samacá y Anorí, ni…p. 104
34La masacre de Bahía Portete: Mujeres Wayuu en la miraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Pilar Riaño A. (Relatora), Jesús Abad Colorado L., María Luisa Moreno R., María Emma Wills O. · 2010 · p. 39, 1342 citas
[40]territorio venezolano en el estado de Zulia. tinacionales: BHP Billiton, Anglo American y Xstrata (Sarmiento, 2008: 132-151). Desde los años 1990, el carbón es el segundo producto de exportación colombiano después del petróleo. El 92,3% del volumen total producido en Colombia es apor- tado por los proyectos de…p. 39
[47]las di- námicas de frontera social y política, la ilegitimidad del Estado y la creciente estatalización del Departamento requiere, a su vez, ser considerado con en relación al aspecto señalado en torno a que en La Guajira, en este periodo de rápidos cambios, se confi- guraron organizaciones sociales, que han…p. 134
35The rights of the Wayúu people and water in the context of mining in La Guajira, Colombia: demands of relational water justiceAstrid Ulloa · 2020 · p. 11 cita
[41]1 Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia Corresponding Author: Astrid Ulloa, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Cra 30 No.45- 03, Colombia. Email: eaulloac@ unal. edu. co Article Human Geography 2020, Vol. 13(1) 6–15 © The Author(s) 2020 Article reuse guidelines: sagepub. com/ journals- permissions…p. 1
36Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 1781 cita
[42]impera una cobertura vegetal de bosques secos, matorrales o vegetación xerófila, especialmente cactáceas, en la Alta; estepas herbáceas y montes espinosos semiáridos densos o esparcidos (cardonales), en la Media; y bosques de galería reemplazados cada vez más por pastos y cultivos, o por centros urbanos y la…p. 178
37Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in ColombiaGarry Leech · 2009 · p. 152, 1692 citas
[43]Afro-Colombian and indigenous communities. As was the case with oil, the Colombian government had lowered the royalty rates for coal at the urging of the International Monetary Fund and World Bank, allowing foreign companies to keep a greater share of the country’s resource wealth. It was difficult for me to see how…p. 169
[44]had lowered the royalty rates for coal at the urging of the International Monetary Fund and World Bank, allowing foreign companies to keep a greater share of the country’s resource wealth. It was difficult for me to see how the implementation of such policies was benefiting rural Colombians who lived in resource-rich…p. 152
38Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 674, 6802 citas
[45]que se constituyó sobre parcelas despojadas a los campesinos y luego entregadas en títulos mineros a las multina- cionales Drummond (Estados Unidos) y Prodeco-Glencore (Suiza) 2293. En 2002, la región había sufrido la violencia contra sindicalistas. Esta incluyó los asesinatos el 12 de marzo de 2001 de Valmore Locarno…p. 680
[55]años noventa dejaron un país convulsionado por la crudeza de la guerra. En las zonas donde el paramilitarismo fue ganando el pulso, los territorios fueron vaciados con desplazamientos masivos, como ocurrió en la frontera con Panamá, y el Caribe en las regiones de Urabá, Montes de María y los departamentos de Cesar y…p. 674
39Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 3511 cita
[48]juro que nosotros nunca tuvimos contacto con la guerrilla. Recuerdo que un día cogí y le vacié la casa a mi mamá, y le dije: «¡Nos vamos de aquí! No nos vamos a hacer matar». Yo creía que con traérmele todas sus cosas se iba a venir conmigo, pero ella dijo: «No, yo no me voy. Si me van a matar, que me maten en mi…p. 351
40Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 211 cita
[49]y se remataron tierras. El despojo se inició cuando se concentraron varios resguardos en uno solo, generalmente distantes de los centros poblados y en tierras de menor calidad (Liévano Aguirre, 2002)3. Con la descomposición de los resguardos se fue formando el trabajo a sa lariado al que se incorpora el indio y una…p. 21
41La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 11 cita
[50]ESTANISLAO ZULETA ASOCIACION NACIONAL DE USUARIOS CAMPESINOS LA TIERRA EN COLOMBIA 6 CUADERNOS LA OVEJA NEGRA LA EN COLOMBIA ESTANISLAO ZULETA ASOCIACION NACIONAL DE USUARIOS CAMPESINOS LA TIERRA EN COLOMBIA EDITORIAL LA OVEJA NEGRA Primera edición: jimio de 1973. Editorial La Oveja Negra Ltda. Corrección: Walter…p. 1
42Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 211 cita
[52]títulos de las fincas superiores a 500 hectáreas eran sentencias judiciales de pertenencia obtenidas ante los jueces civiles en los años que siguieron a la Ley 200 de 1936 (Reyes Posada, 1976). Las adjudicaciones de baldíos durante el periodo liberal de 1930-1946 tendieron a corregir el sesgo a favor de las grandes…p. 21
43La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 911 cita
[53]la creciente presencia del capital monopólico internacional, usurero y comprador, configuran los rasgos característicos del semifeudalismo colombiano. 93 Cuadro No. 2. 1 CONCENTRACION DE LA TIERRA EN COLOMBIA 1960 - 1970 0-10 has + 500 has TOTAL 1960 SUPER (miles # EXPLOT. has) 2.403.7 1 1.052 27.337.8 925. 750 6.902…p. 91
44Las ideas socialistas en ColombiaJorge Eliécer Gaitán · 2017 · p. 1251 cita
[54]cantidad llamada renta, como tributo al que ha monopolizado un elemento de producción que antes era de la sociedad. Y por último, el pequeño propietario territorial, que día a día irá siendo absorbido, y que por razón de las relaciones entre el capital y la tierra se verá cada vez más imposibilitado para trabajar…p. 125
45Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 441 cita
[56]del paramilitarismo en la región, que, con lista en mano, fue ejecutando a los mineros y campesinos que retornaban a sus comunidades. Un año después, asesinaron a Édgar Quiroga, uno de los principales representantes en la Mesa de Negociación del Éxodo (ver: Nuevas incursiones: El Paraíso y Cerro Azul). Según Colombia…p. 44
46El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 231 cita
[57]a las demandas sociales. 22 EL BLOQUE MINEROS DE LAS AUC Las disputas de los actores armados por el control del territorio reflejaron la creciente importancia que cobraba la región, en especial el Bajo Cauca, en donde se experimentaba un nuevo auge económico por la bonanza aurífera desatada desde los años setenta, lo…p. 23
47Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 1851 cita
[58]recaudando millones con la excusa de la “protección” que ofrecen a las explotaciones. La tercera es la más compleja. Se trata del proceso de legaliza- ción y formalización de las explotaciones mineras, que perjudica a los artesanales y tradicionales y favorece a las transnacionales. Un trabajo de Censat-Amigos de la…p. 185
48Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 1851 cita
[59]recaudando millones con la excusa de la “protección” que ofrecen a las explotaciones. La tercera es la más compleja. Se trata del proceso de legaliza- ción y formalización de las explotaciones mineras, que perjudica a los artesanales y tradicionales y favorece a las transnacionales. Un trabajo de Censat-Amigos de la…p. 185
49La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 251 cita
[60]carbón de Calenturitas en Cesar y Cerrejón Central en La Guajira. Fue la primera piedra de una expansión que llevó a la empresa suiza a comprar varios yacimientos más en toda la región. La feria del secuestro La guerrilla del ELN recurrió a los retenes ilegales y a los secuestros en las carreteras del país.…p. 25