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Idea transversal

Frontera agrícola

La frontera agrícola es el borde móvil donde Colombia ha incorporado tierra al cultivo y la ganadería durante casi dos siglos, funcionando como válvula de escape a la desigual distribución de la tierra: en lugar de reformar el latifundio interior, el Estado prefirió correr la frontera hacia el piedemonte, los Llanos y la Amazonía, reproduciendo en cada nuevo frente la misma estructura de despojo que expulsaba a los colonos.

4.235 palabras51 documentos65 fragmentos citados
Frontera agrícola

Trayectoria de una idea

  1. 1820

    Baldíos como herencia republicana

  2. 1873

    Código Fiscal y cierre del acceso campesino

  3. 1874

    Ley 61 de 1874 y consolidación del latifundio

  4. 1898

    Despegue cafetero y colonización antioqueña

  5. 1932

    Consolidación cafetera y transformación de la tenencia

  6. 1944

    Ley 100 de 1944 y reversión de la reforma

  7. 1953

    Colonización armada hacia La Macarena

  8. 1958

    Colonización dirigida por la Caja Agraria

  9. 1961

    Ley 135 y creación del INCORA

  10. 1962

    Conceptualización de la colonización armada

  11. 1977

    Expansión cocalera en la Amazonía

  12. 1994

    Ley 160 y giro neoliberal en la política de tierras

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La lectura

La frontera agrícola colombiana no fue un fenómeno natural ni un proceso espontáneo: fue un dispositivo político deliberado mediante el cual el Estado y las élites propietarias descargaron durante casi dos siglos la presión social generada por la desigualdad en la distribución de la tierra, ofreciendo baldíos lejanos en lugar de reformar el latifundio consolidado. El mecanismo descrito por Fals Borda como la 'ley de tres pasos' —colono tumba monte, vende mejoras a bajo precio, terrateniente consolida hacienda ganadera— se repitió con asombrosa regularidad en los Llanos, el Caquetá, el Magdalena Medio y el piedemonte amazónico, convirtiendo cada frente de colonización en una nueva versión de la estructura que había expulsado al colono de su lugar de origen. La historiografía de Catherine LeGrand, Absalón Machado, Darío Fajardo y Alfredo Molano convergió en mostrar que la frontera no era la solución al problema agrario colombiano sino su perpetuación geográfica: el conflicto no se resolvía, se trasladaba. Cuando La Violencia de mediados del siglo XX empujó a miles de campesinos hacia la Amazonía occidental y el Partido Comunista organizó 'columnas de marcha' hacia La Macarena, quedó trazado el camino que llevaría, décadas después, a la confluencia entre colonización, coca y guerrilla en los márgenes del Estado. La cifra que resume todo el ciclo es elocuente: entre 1902 y 1953 solo se adjudicó el 6% del área total de baldíos adjudicada históricamente, mientras el 94% restante se repartió entre 1954 y 2012, cuando la frontera ya había avanzado sobre ecosistemas irreemplazables y el conflicto armado había echado raíces profundas en esos territorios.

En Colombia, la frontera agrícola no es una línea técnica trazada por agrónomos ni una categoría cartográfica neutra: es el borde móvil donde el país incorpora tierra al cultivo y la ganadería, y al hacerlo desplaza selva, comunidades y conflicto hacia dentro del monte. Ha funcionado durante casi dos siglos como una válvula de escape: cada vez que el orden agrario del interior amenazó con estallar por la desigual distribución de la tierra, el Estado y las élites propietarias prefirieron correr la frontera hacia afuera —hacia el piedemonte, los Llanos, la Amazonía, el Catatumbo— antes que redistribuir la tierra consolidada. El colono pobre desbrozaba el monte a costo casi nulo, y detrás llegaban el ganadero, el terrateniente y, más tarde, la coca y el fusil. Entender la frontera agrícola es entender por qué en Colombia el conflicto por la tierra no se resolvió: se aplazó, geográficamente, una y otra vez.

Qué es y por qué pesa

La frontera agrícola designa, en sentido estricto, el límite entre la tierra incorporada a la producción agropecuaria y la tierra que permanece como bosque, selva, sabana natural o territorio no intervenido. En Colombia ese límite ha estado siempre en movimiento: desde los baldíos que la República heredó de la Corona hasta los frentes de deforestación que hoy avanzan sobre Caquetá y Guaviare, la frontera se ha corrido de manera sostenida durante casi dos siglos, y ese corrimiento ha sido el eje sobre el que se ha organizado buena parte de la vida rural del país.

Pesa por tres razones que se entrelazan. Primero, porque a través de ella se resolvió —de manera indirecta y siempre insuficiente— el problema de la tierra: en lugar de reformar el latifundio existente, el Estado prefirió ofrecer baldíos lejanos a los campesinos sin tierra. Segundo, porque la frontera fue el escenario donde se reprodujo, a escala ampliada, la misma estructura latifundista que expulsaba a los colonos: la tierra habilitada por el hacha del pobre terminaba, con notable regularidad, en manos del ganadero rico. Y tercero, porque en esos bordes sin Estado se anidaron sucesivamente la violencia rural de finales del siglo XIX, las autodefensas campesinas de mediados del XX, las FARC, los cultivos de coca y la deforestación amazónica contemporánea. La frontera agrícola es el hilo que enhebra la historia agraria de Colombia con su historia de violencia y con su emergencia ambiental.

Los baldíos y la genealogía del dispositivo

El punto de partida legal es la herencia de los baldíos: tierras públicas que la República debía adjudicar, y que desde 1820 sirvieron para pagar a los soldados de la Independencia y, hasta 1870, para alimentar un mercado marcado por la especulación. El Código Fiscal de 1873 fijó un precio mínimo de cincuenta centavos por hectárea y exigió que las compras se hicieran mediante bonos territoriales, un mecanismo que en la práctica cerraba la puerta al campesino pobre y la abría al capital especulativo. La Ley 61 de 1874 —citada a veces como Ley 51— intentó reglamentar la adjudicación en favor de los cultivadores efectivos, pero terminó consolidando lo contrario: favoreció a los latifundistas, empujó la colonización antioqueña como política de poblamiento y dejó a las minorías rurales en la condición precaria de ocupantes de baldíos, sin título.

El fenómeno no era nuevo. Desde el siglo XVIII, el poblamiento de "tierras sin hombres" en Santander y la Costa Caribe había servido para dar salida a los "hombres sin tierra", una fórmula que siguió funcionando en el período poscolonial mientras hubo frontera disponible y presión demográfica que empujara la colonización. La ecuación era simple y letal: el país aplazaba la reforma agraria porque siempre había un monte más que tumbar.

Detrás del dispositivo legal operaba otro más eficaz. Los terratenientes y juristas influyentes lograron apropiarse sistemáticamente de las tierras desmontadas por los colonos, empujándolos a colonizar más lejos o a convertirse en jornaleros y arrendatarios de las mismas haciendas que los habían despojado. De ese proceso surgió, hacia finales del siglo XIX, una nueva forma de violencia rural anclada en la tierra: los enfrentamientos entre colonos y terratenientes que documentó Catherine LeGrand a partir de la Correspondencia de Baldíos de Colombia (1830-1930), un fondo hasta entonces inexplorado y que contiene solicitudes de concesión, informes de agrimensores y peticiones de colonos acosados por hacendados.

Al mismo tiempo, la segunda mitad del siglo XIX vio la invasión y disolución de resguardos indígenas y la apropiación de baldíos por grupos con mayor poder económico y político. La tendencia era clara: concentración por arriba, precariedad por abajo, y una frontera que se corría selva adentro para descargar la presión.

La ley de tres pasos: mecánica del ciclo

Fue Orlando Fals Borda quien nombró con precisión el mecanismo que hacía girar la rueda. La llamó la "ley de tres pasos" y describió con ella la trayectoria típica del colono libre en la frontera. En el primer paso, el colono tumbaba el monte y habilitaba la tierra con rozas de maíz y plátano, hasta que el suelo se agotaba. En el segundo, vendía sus mejoras a bajo precio a un contratista o finquero que iba consolidando parcelas contiguas. En el tercero, un gran terrateniente absorbía esas tierras ya habilitadas para ampliar su estancia o montar una hacienda ganadera nueva. La secuencia no siempre operaba en tres tiempos limpios: era frecuente que el terrateniente contratara verbalmente al colono desde el principio, le pidiera tumbar monte y dejarlo sembrado en pastos después de una o dos cosechas, entregándole apenas la semilla. En todos los casos —y este es el punto— la apertura de tierras ocurría con costos monetarios extraordinariamente bajos para los terratenientes.

La economía campesina agrícola no tenía cómo sostenerse en esas zonas. Áreas marginales, alejadas de los mercados, con altos costos de transporte e insumos, incapaces de competir con las regiones consolidadas del interior. Un número alto de colonos fracasaba porque no podía sostener la explotación ni dar el salto a la ganadería, mejor adaptada a las condiciones ambientales pero exigente en capital y de rentabilidad lenta. Al arruinarse, al colono solo le quedaban dos opciones: vender sus mejoras y colonizar más lejos, o desistir y volver al lugar de origen.

Había, dentro de la propia colonización, una diferenciación temprana: mientras la mayoría entraba con herramientas mínimas y ningún capital, otros —los que llegaban un poco después— podían comprar tierras ya desmontadas por los pioneros o enriquecerse a través del comercio local. Esa capa intermedia fue la bisagra entre el colono empobrecido y el hacendado consolidador.

El resultado fue estructural. En los Llanos Orientales, en Caquetá, en el piedemonte llanero, en el Sarare, en el Ariari, en el Magdalena Medio, la ganadería extensiva se convirtió en el destino final de las tierras habilitadas por los colonos. Los estudios del INCORA en los años sesenta ya vinculaban explícitamente el problema de la concentración de la tierra con la dinámica de la colonización: no eran dos fenómenos separados, sino dos momentos del mismo proceso. Y donde el sistema legal fallaba —que era casi siempre— el conflicto se resolvía por medios violentos. Los enfrentamientos entre colonos y terratenientes de finales del siglo XIX y comienzos del XX no fueron episodios aislados: fueron la forma normal en que se ejecutaba la ley de tres pasos.

Las oleadas: café, Violencia y Amazonía

La colonización antioqueña del siglo XIX, prolongada hacia el Viejo Caldas, el Quindío y el norte del Valle, es la más mitificada y también la más matizada por la historiografía reciente. Estudios revisionistas de alcance regional han mostrado que en Risaralda, Quindío y el Valle del Cauca hubo también colonos de Tolima, Huila, Nariño, Cundinamarca, Boyacá y Santander, aunque esa literatura no ha logrado desplazar la gran narrativa antioqueña. Lo indiscutible es su efecto económico: la producción cafetera de Antioquia y el Viejo Caldas pasó del 15% de la producción nacional en 1898 al 47% en 1932. Y su efecto social fue igualmente notable: la hacienda cafetera del siglo XIX tendió a desintegrarse en favor de pequeños y medianos productores, y la combinación de propiedad parcelaria y pago en salarios apuntaló el despegue cafetero del siglo XX. La colonización antioqueña generó, al menos en sus fases iniciales, un ethos relativamente igualitario que contrastaba con los altiplanos andinos y con el latifundio caribeño, sostenido por la lucha común contra la selva y el aislamiento en los tiempos de la guaquería, el caucho y las pequeñas parcelas. Fue el único frente de colonización colombiano donde el ciclo de Fals Borda no cerró del todo.

La segunda gran oleada fue distinta: la impulsó La Violencia. Entre 1947 y 1962 —el período canónico del enfrentamiento bipartidista— se produjo uno de los procesos migratorios más importantes de la historia colombiana hacia la Amazonía occidental. Miles de campesinos expulsados de la región interandina por el terror partidista y por el Ejército marcharon hacia Caquetá, Putumayo y Meta, y desde allí siguieron internándose. Hacia 1953, campesinos expulsados por operativos militares abrieron camino desde el Caquetá hasta la Sierra de La Macarena. Más tarde, el Partido Comunista organizó nuevos frentes de colonización en la misma sierra mediante las llamadas "columnas de marcha", una modalidad de desplazamiento colectivo y organizado políticamente que anticipó lo que Nicolás Buenaventura, del PCC, formuló intelectualmente en 1962 con el concepto de "colonización armada": campesinos que colonizaban con las armas al hombro, no porque quisieran hacer la guerra, sino porque sin ellas no sobrevivían al hacendado ni al Ejército.

De ese sustrato surgirían, en la década siguiente, las FARC. La vinculación al Partido Comunista y su estrategia de "combinación de todas las formas de lucha" convivió, no sin tensiones, con la naturaleza concreta de su base social: campesinos desplazados por la Violencia con demandas agraristas puntuales —tierra, precios, vías, protección frente al despojo—. Esa base se consolidaría con la economía de la coca a partir de los años ochenta, dando forma al nexo entre colonización, coca y guerrilla que la historiografía colombiana estudió desde mediados de los ochenta, con el libro homónimo de Cubides, Jaramillo y Mora en 1986 como referencia temprana.

La tercera oleada, la propiamente amazónica, fue la de la coca. Entre 1977 y 1987 el cultivo se expandió en Caquetá, Putumayo y Guaviare, atrayendo gente de todo el país a un nuevo auge de colonización. Antes había llegado la marihuana; después llegaría, en algunas zonas, la amapola. Las precarias condiciones económicas de los colonos y la notable ausencia del Estado —diagnóstico que Alfredo Molano formuló con precisión en 1989— explican por qué esos cultivos prendieron tan rápido en tierras donde la agricultura lícita no tenía cómo competir. Vista desde la perspectiva agraria, la adopción de la coca por campesinos amazónicos fue una forma de supervivencia marginal ligada a estructuras de desigualdad —monopolio de tierras, fracaso de la reforma agraria, ausencia estatal—, más que resultado de un afán de lucro individual o de una supuesta dirección guerrillera del narcotráfico. Que las FARC y luego los paramilitares se enriquecieran con esos cultivos no contradice esa base: la aprovecharon, no la crearon.

El Estado entre la Ley 200 y la Ley 160

El siglo XX colombiano hizo varios intentos de contener el dispositivo, casi todos frustrados. La "Revolución en Marcha" de Alfonso López Pumarejo, en los años treinta, buscó adjudicar tierras a campesinos y presionar la puesta en producción de los latifundios improductivos. Los intentos se enfriaron durante el gobierno de Eduardo Santos y quedaron definitivamente revertidos con la Ley 100 de 1944, que amplió los plazos para que los latifundios pusieran a producir la tierra ociosa y favoreció así a los grandes propietarios. El pulso de esa década resume el patrón: cada vez que la reforma tocaba la tierra consolidada, la reacción del latifundio la derrotaba, y el país volvía al expediente de correr la frontera.

En 1958 se le asignó a la Caja Agraria la responsabilidad de dirigir la colonización oficial, y se seleccionaron vastas zonas baldías en Caquetá y Meta como base de los programas siguientes. La Ley 135 de 1961, promovida durante el Frente Nacional, creó el INCORA y orientó la colonización dirigida hacia el piedemonte oriental de la cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura Meta-Vichada, el sur de Córdoba y subregiones de Antioquia como el Bajo Cauca, el Nordeste y Urabá. La ley contemplaba asistencia técnica, créditos, mejoramiento de servicios rurales y adjudicación de baldíos. La creación de la ANUC —Asociación Nacional de Usuarios Campesinos— por Carlos Lleras Restrepo, con el nombramiento simultáneo de funcionarios reformistas, formó parte del mismo intento por ampliar la base social del régimen a costa de las élites locales.

El resultado fue modesto. La colonización dirigida se superpuso, en el terreno, a colonizaciones espontáneas y forzadas previas: muchas de las zonas escogidas ya estaban ocupadas, pero seguían siendo oficialmente baldías, lo que generó tensiones desde el arranque. Las dificultades de conectividad, la precariedad de los servicios, la superposición de colonos de distintos orígenes y —sobre todo— la resistencia sostenida del sector de las élites que promovía la concentración de la propiedad limitaron el alcance de los programas. Los efectos sobre la concentración de la tierra no fueron significativos. La frontera se corrió otra vez, pero la estructura de fondo permaneció.

Entre 1902 y 1953 solo se adjudicó el 6% del área total de baldíos adjudicada históricamente en el país; el 94% restante se adjudicó entre 1954 y 2012. La cifra dice dos cosas a la vez: que la colonización había comenzado desde mediados del siglo XIX, pero que la titulación estatal llegó con décadas —a veces siglos— de rezago, dejando que la posesión efectiva y su despojo ocurrieran al margen del papel. El Estado siempre llegó tarde a la frontera, y llegar tarde fue, en la práctica, no llegar.

La Ley 160 de 1994, expedida en pleno giro aperturista, desplazó el énfasis del modelo hacia mecanismos de mercado: acceso a la tierra vía crédito y subsidios condicionados a proyectos productivos competitivos, con menor intervención directa del Estado en la adjudicación. No eliminó formalmente la figura del baldío, pero cambió su lógica: la tierra debía asignarse a quien pudiera hacerla productiva y competitiva, no a quien la necesitara para subsistir. En paralelo, las tres agencias agrarias creadas en los años sesenta fueron desmontadas: el IDEMA se liquidó en 1996 y la Caja Agraria se transformó en el Banco Agrario de Colombia. El INCORA sería reemplazado más tarde por el INCODER. El aparato institucional de la reforma agraria, tal como lo había concebido el Frente Nacional, dejó de existir.

En sentido acumulado, las leyes de reforma agraria en Colombia han tenido resultados marginales sobre la estructura de la propiedad: favorecieron principalmente la titulación de baldíos en la frontera de colonización, afectaron muy poco las tierras dentro de la frontera consolidada y mantuvieron el modelo dual latifundio-minifundio. El campesinado sin tierra fue empujado, por acción u omisión estatal, hacia zonas de colonización caracterizadas por la exclusión y la pobreza.

Coca, guerra y contrarreforma

A partir de los años ochenta, la frontera agrícola se convirtió en el escenario donde convergieron todos los procesos que el país no había resuelto: la desigualdad agraria, la debilidad estatal, la guerra insurgente y la economía del narcotráfico. En regiones como Caquetá, Putumayo y Guaviare, la coca ofreció una salida económica que la agricultura lícita no daba, y esa salida atrajo tanto a los colonos como a los actores armados. Las FARC promovieron nuevos procesos de colonización en zonas como La Macarena, donde llegaron a controlar la acumulación de tierras y a redistribuir posesiones a nuevos colonos, generando resistencia entre los viejos colonos que veían sus mejoras afectadas por esa lógica redistributiva paralela.

El discurso oficial se negó, sistemáticamente, a reconocer el carácter campesino de la producción de coca y la distinción entre campesinos y guerrilleros. La declaración del presidente Álvaro Uribe sobre La Macarena en 2005, equiparando a los cultivadores con el "narcoterrorismo", fue la culminación de una tradición que ya se había ensayado con las llamadas "repúblicas independientes" —el rótulo con que Álvaro Gómez Hurtado estigmatizó a comunidades campesinas de Marquetalia, El Pato y Sumapaz en los años sesenta, con eco en medios y funcionarios estadounidenses en clave de Guerra Fría, y que sirvió para legitimar operaciones militares contra ellas—. La estigmatización se convirtió en política: si los colonos eran enemigos, no había que negociar con ellos ni titularles la tierra; había que combatirlos.

Del otro lado del conflicto, los grupos paramilitares se articularon con ganaderos, terratenientes y sectores empresariales para desarrollar lo que la historiografía y buena parte del campesinado han denominado una "contrarreforma agraria": el despojo masivo y violento de tierras a campesinos, afrodescendientes e indígenas, ejecutado con una combinación de ley y crimen —ejércitos privados, fuerza pública, golpizas, asesinatos selectivos y masacres—. Alrededor de 300.000 parcelas fueron despojadas durante la época de la Violencia, y cerca de dos millones de hectáreas están hoy reclamadas en el proceso de restitución. Los datos de largo plazo son elocuentes: el coeficiente de Gini de concentración de la tierra pasó de 0,86 en 1970 a 0,905 en 2014, sin contar territorios étnicos. Entre esos mismos años, la participación de los predios mayores de 1.000 hectáreas en el área agropecuaria total aumentó 30,8 puntos porcentuales, pasando del 30,4% al 61,2%. Todas las categorías de predios menores redujeron su participación relativa, y la franja de 100 a 500 hectáreas fue la más afectada, con una caída de 14 puntos.

La Ley 975 de 2005, con la que se organizó la desmovilización paramilitar, no avanzó en establecer acuerdos efectivos para que los grupos de autodefensas restituyeran los bienes despojados como condición de acceder a los beneficios legales. La contrarreforma se consolidó, en buena parte, con impunidad territorial.

Las Zonas de Reserva Campesina: la contra-jugada

Frente a ese cuadro, el campesinado organizado buscó una figura propia que le permitiera estabilizar la tenencia en las zonas de frontera y protegerlas de la absorción latifundista. Esa figura, contemplada en la Ley 160 de 1994 y desarrollada por el Decreto 1777 de 1996, fue la Zona de Reserva Campesina. No cayó del cielo: fue una exigencia central de las marchas cocaleras que en la segunda mitad de los noventa recorrieron Caquetá, sur de Bolívar, Putumayo, Cauca y Guaviare, presionando al gobierno para reconocer al colono cocalero como campesino y no como narcotraficante.

Su implementación inicial contó desde 1998 con financiamiento del Banco Mundial, bajo la línea de innovación y aprendizaje, en el marco de un proyecto piloto. Dentro de ese piloto se establecieron tres reservas emblemáticas: El Pato, en San Vicente del Caguán, Caquetá, con 111.000 hectáreas, 38 veredas y 1.500 familias; Calamar, en Guaviare, con 40.000 hectáreas, 11 veredas y 450 familias; y Cabrera, en Cundinamarca, con 44.000 hectáreas, 17 veredas y 850 familias. Cuando en 1996 comenzó a explorarse la primera ZRC en el Meta, el Ejército —con unidades paramilitares operando en paralelo— desató un operativo que agudizó el terror y el desplazamiento en la región. La contra-jugada campesina se leyó, desde ciertos sectores del Estado y del poder rural, como una amenaza.

En años recientes, la tensión se ha reeditado con los proyectos de ley 133 de 2014 y 233 de 2015, conocidos como ZIDRES —Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social—, denunciados por el congresista Alberto Castilla como una vía para otorgar baldíos a empresarios agroindustriales con incentivos al gran capital, en contradicción directa con la consolidación de las ZRC. La disputa por la frontera agrícola sigue abierta: entre agronegocio y campesinado, entre concentración y reserva, entre la tierra como activo financiero y la tierra como territorio de vida.

La frontera contra el bosque

El costo ambiental de todo este ciclo es, hoy, visible desde el aire. La deforestación en la Amazonía colombiana avanza desde el piedemonte hacia el interior de la selva, con una transición nítida de bosque denso a potreros y cultivos a medida que uno se aproxima a la cordillera Oriental. Grandes zonas del piedemonte amazónico en Caquetá y Putumayo, que eran bosque hace cincuenta años, son hoy fincas ganaderas. La infraestructura vial actúa como eje articulador del proceso: la conversión de bosque en potreros es visible a lo largo de la carretera hacia San José del Guaviare y Calamar, y algo parecido ocurre en el Darién, donde centenares de familias campesinas se han internado en las selvas en busca de tierra propia.

La ganadería extensiva es uno de los motores centrales de esa deforestación, junto con la tala y la minería. La tesis de la hamburger connection, formulada por Norman Myers para vincular ganadería y deforestación en Centroamérica y el mercado norteamericano de hamburguesas, fue retomada por investigadores del CIFOR —Kaimowitz, Merrens, Wunder, Pacheco— para analizar la Amazonía brasileña; su lógica se aplica también al caso colombiano, donde el destino final de las tierras habilitadas por colonos ha sido consistentemente ganadero. El ciclo se agrava a sí mismo: los colonos desplazados por hacendados ganaderos se internan más en la selva, tumban más bosque, habilitan más tierra que a su vez será absorbida, y así sucesivamente. La deforestación no es un subproducto: es la firma en el paisaje de la ley de tres pasos.

Los incendios forestales recientes en Meta, Guaviare y Caquetá han sido vinculados por expertos no a la estación seca sino a la tala masiva previa y a la acción de "manos criminales", con alertas ambientales que llegaron hasta Bogotá. El investigador Rodrigo Botero ha señalado que la tierra deforestada pierde su capacidad de absorción hídrica y genera un efecto de arcilla expansiva que agrava las sequías. Una crónica de 1975 —treinta años antes de que la crisis climática entrara en la agenda global— hablaba ya, con inquietante lucidez, de una "gangrena del desierto" avanzando sobre la selva empobrecida por la deforestación. La imagen se ha cumplido.

La frontera en el espejo latinoamericano

El caso colombiano no es único, pero tiene rasgos propios. Buena parte de las reformas agrarias latinoamericanas del siglo XX fueron ejecutadas por militares —Perú, Ecuador, El Salvador—; las de Lázaro Cárdenas en México, Jacobo Arbenz en Guatemala y la del Perú intentaron transformaciones fundamentales pero llegaron a compromisos que debilitaron el proceso. Andrew Gunder Frank sostuvo, con dureza, que solo el tipo de reforma que intenta desde el principio una transformación rápida y fundamental —Cuba como caso— merece el nombre de reforma agraria, por ser el único capaz de conseguir un mínimo de las demandas planteadas. Colombia, medida contra esa vara, ni siquiera ingresó al debate: sus leyes agrarias afectaron marginalmente la frontera consolidada y descargaron la presión hacia los baldíos.

La alianza entre los ricos del campo y las agencias de seguridad del Estado, que en Colombia parece connatural al régimen agrario, no es una constante latinoamericana: en el resto del continente el panorama general es más bien el de un matrimonio inestable, puntuado por divorcios dramáticos, con variaciones notables de país a país. Que en Colombia esa alianza haya sido tan sostenida y tan poco interrumpida por rupturas reformistas explica, en parte, por qué la frontera agrícola se convirtió aquí, más que en otros países, en el gran dispositivo de aplazamiento del conflicto agrario.

La huella

Los grandes intérpretes del problema —Alejandro López desde comienzos del siglo XX, Absalón Machado, Darío Fajardo, Catherine LeGrand, Alfredo Molano, Orlando Fals Borda— coincidieron, desde perspectivas distintas, en un diagnóstico que la política pública colombiana ha resistido reconocer: la frontera agrícola no es un problema técnico de titulación ni un asunto de fomento productivo, sino la manifestación territorial de una estructura agraria que el país eligió no reformar. Cada oleada de colonización —la antioqueña cafetera, la de La Violencia hacia la Amazonía, la cocalera de los ochenta— fue interpretada por el Estado como una oportunidad para poblar y no como una señal de que el orden agrario del interior estaba expulsando gente.

Hoy la frontera sigue viva, aunque ha cambiado de forma. Ya no se corre solamente con hacha y machete: se corre con motosierra, con ganado, con títulos irregulares, con proyectos agroindustriales, con cultivos ilícitos y con proyectos mineros. Los actores armados que en las décadas pasadas la controlaron —guerrillas, paramilitares— han mutado o se han fragmentado, pero el vacío estatal que los alimentó no se ha llenado. Las Zonas de Reserva Campesina, la restitución de tierras iniciada tras 2011, los acuerdos de La Habana en su capítulo agrario y las políticas de contención de la deforestación han buscado, cada uno a su manera, intervenir en el dispositivo. Los resultados son ambiguos: hay avances puntuales, pero el Gini de la tierra siguió subiendo, la Amazonía siguió perdiendo bosque y la violencia contra líderes campesinos y ambientales siguió cobrando víctimas.

La frontera agrícola es, en última instancia, un espejo. Refleja lo que Colombia decidió no hacer: distribuir la tierra que ya tenía. Y refleja también lo que otros —el colono con hambre, el hacendado con capital, la guerrilla con proyecto, el paramilitar con motosierra, el narcotraficante con dólares— hicieron en el vacío que esa decisión dejó abierto. Mientras el país no cierre la frontera —no en el sentido de detener el bulldozer, sino en el de reformar el latifundio consolidado que la empuja— la línea seguirá corriéndose selva adentro, y con ella seguirán corriéndose el conflicto, el despojo y la deforestación. La historia agraria colombiana, mirada así, no es la de una tierra insuficiente: es la de una tierra mal repartida, que aprendió a esconder su desigualdad detrás del monte que le quedaba por tumbar.

04

En el archivo

14 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Absalón Machado — economista agrario que estudió la estructura de la tenencia de la tierra y la dinámica de los baldíos en Colombia
  2. 02Darío Fajardo — investigador que analizó la colonización y el conflicto agrario en las zonas de frontera
  3. 03Catherine LeGrand — historiadora que documentó el conflicto entre colonos y terratenientes a partir de la Correspondencia de Baldíos de Colombia (1830-1930)
  4. 04Alfredo Molano — sociólogo que describió la colonización amazónica y la economía cocalera como resultado de la ausencia estatal y la desigualdad agraria
  5. 05Carlos Lleras Restrepo — presidente que impulsó la Ley 135 de 1961 y creó la ANUC como parte de la política de colonización dirigida
  6. 06Baldíos — tierras públicas cuya adjudicación fue el mecanismo legal central del corrimiento de la frontera agrícola durante casi dos siglos
  7. 07Colonización armada — modalidad de colonización protagonizada por campesinos organizados políticamente y armados, conceptualizada por Nicolás Buenaventura en 1962
  8. 08Latifundio — estructura de concentración de la tierra que se reproducía en cada nuevo frente de colonización mediante la compra de mejoras a colonos empobrecidos
  9. 09Economía cocalera — sistema productivo que se instaló en las zonas de frontera amazónica desde los años setenta, aprovechando la marginalidad estructural de los colonos y la ausencia del Estado
  10. 10Caquetá — región emblemática de la colonización amazónica, destino de oleadas sucesivas de desplazados por La Violencia y escenario central de la expansión cocalera
  11. 11Magdalena Medio — zona de colonización donde la ganadería extensiva fue el destino final de las tierras habilitadas por colonos, reproduciendo el ciclo latifundista
  12. 12INCORA — institución creada por la Ley 135 de 1961 para dirigir la colonización y adjudicar baldíos, cuyos efectos sobre la concentración de la tierra fueron limitados
06

Documentos y fragmentos citados

51 documentos · 65 fragmentos

01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2542 citas
[1]

de la intervención del Es- tado como regulador de las condiciones sociales. En 1820 se tomaron medidas tendientes al re- parto de las tierras, especialmente la retribución a los soldados de la guerra de Independencia; hasta 1870 el comercio de tierras se vio afectado por la especulación de tierras baldías. La ley 51…

p. 254
[2]

de la intervención del Es- tado como regulador de las condiciones sociales. En 1820 se tomaron medidas tendientes al re- parto de las tierras, especialmente la retribución a los soldados de la guerra de Independencia; hasta 1870 el comercio de tierras se vio afectado por la especulación de tierras baldías. La ley 51…

p. 254
02Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1981 cita
[3]

haciendo legalmente difícil la adquisición de tierras. La política agraria, por lo tanto, estuvo en- caminada a desincentivar la fuga de la barata mano de obra rural. La adquisición de baldíos por parte de individuos de escasos medios fue obstaculizada por una ley de 1868 que establecía como requisito de compra una…

p. 198
03El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 631 cita
[4]

orígenes la FNCC ha organizado los intereses cafeteros a nom- bre de la sociedad y del Estado, los ha representado en el mundo, y desde 1932 ha propuesto el discurso central del "café en Colombia'', calcado de la conciencia cafetera de los hacendados de fines del siglo XIX y comienzos del xx:: permanecer en el mercado…

p. 63
04Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 601 cita
[5]

jurists who had managed through a variety of strategies to appropriate the newly cleared lands worked by the colonos. Their tactics pushed colonos to settle newer lands or to become day laborers and tenant farmers on the large haciendas that wealthier, politically influential individuals constructed. Ultimately, then,…

p. 60
05Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 1771 cita
[6]

en los años cuarenta. 4.3. Los conflictos sobre tierras Según Tovar, en el siglo XIX el proceso de organización y movilización de los campesinos adquirió la forma del bandidismo, especialmente por su parti cipación en las guerras civiles, movidos por la lealtad local hacia los caciques y caudillos que los enrolaron en…

p. 177
06Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1041 cita
[7]

e cu ltu ra hispana y no tan dócil como los indígenas. La presión de blancos pobres y de libres p o r ob ten er tierra halló su ex presión en dos tipos de colonización, q u e H erm es T ovar Pinzón ha llam ado la "frontera cerrada" y la "frontera abierta". La p rim era consistía en las tierras co m unitarias indígenas…

p. 104
07Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 631 cita
[8]

distintas en años recientes y en nuevas regiones fronterizas. Contribuyó, por ejemplo, a La Violencia, esa guerra civil anárquica que costó 200 000 vidas en los años cincuenta, y dio pábulo a los movimientos guerrilleros que actúan hoy en las zonas fronterizas de Colombia. La interpretación del desarrollo de la…

p. 63
08El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 1141 cita
[9]

se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…

p. 114
09Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 66, 3422 citas
[10]

total del país vive en la gran región oriental de la Amazonía y la Orinoquía. La colonización es conflictiva porque los grupos iniciales de campesinos que desmontan la selva o los bosques de galería llaneros son desplazados por los grandes compradores de mejoras, que concentran la propiedad para la ganadería extensiva…

p. 66
[39]

el punto de vista agrario, la expansión de cultivos ilícitos es solo la última forma de supervivencia marginal de un campesinado que ha colonizado selvas vírgenes desde hace más de seis décadas, como alternativa frente a un monopolio creciente de las mejores tierras y al fracaso de la reforma agraria de los años…

p. 342
10Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 491 cita
[11]

afirmaban que habrían encontrado el territorio desierto (Calle, 2017). 50 VIOLENCIA PARAMILITAR EN LA ALTILLANURA: AUTODEFENSAS CAMPESINAS DE META Y VICHADA INFORME N.° 3 grandes extensiones de tierra a manos de hacendados ganaderos, que se posicionarían como un nuevo actor social en la región, y luego tendrían que…

p. 49
11El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[12]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
12Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 372, 3912 citas
[13]

la nueva zona. Otras características detectadas fueron la migración sucesiva a varias zonas rurales e incluso urbanas, en busca de mejores condiciones de vida, y la precariedad de los recursos finan- cieros iniciales de la gran mayoría. Esto establece, por una parte, con- diciones diferenciales entre colonos, pues…

p. 391
[19]

y de sus intereses particulares. Comenzaban a articularse las bases de un mercado nacional a la par con el proceso de uni- ficación política y cultural. Este pro- ceso, sin embargo, ha ocupado el siglo entero sin agotarse y ha sido desigual, espontáneo, discontinuo y con carac- terísticas diferenciales. Distintas…

p. 372
13El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[14]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
14Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 291 cita
[15]

año, algo más de 250 mil hectáreas de bosques. El resto de la historia no se ha escrito aún, pero ya comenzó con el empobrecimiento de unas tierras en las cuales, a medida que caen los árboles, comienza a avanzar la gangrena del desierto. Entonces los colonos, desterrados de los mejores suelos —sobre el lomo de las…

p. 29
15Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 361 cita
[16]

Santander, palos de tinte en la costa Atlántica, y caucho en el Caquetá, Vichada y Putumayo y en me - nor escala en To lima. Pero por su base demográfica y por su im- pacto en definir las grandes regiones colombianas del siglo xx, las colonizaciones decisivas habrían de ser las del café, muy identifi- cadas con el…

p. 36
16Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 211 cita
[17]

de esta fase de la lucha fue una estructura de clases basa- da en la extensión de la tierra poseída que, a comienzos del siglo se configuraba así: rninifundio en las tierras altas; un sistema mixto de pro- ducción en las laderas, y latifundios en las llanuras 6. Estos patrones de producción todavía caracterizan el…

p. 21
17Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 509, 5122 citas
[18]

y conflicto La extrema pobreza en muchas regiones campesinas y sectores urbanos, así como la exagerada concentración de tierras en nuestro país, alimentaron el alto número de personas que se aventuraron a colonizar el piedemonte amazónico desde mediados del siglo XX. Dicha ocupación ha consistido en un largo proceso…

p. 509
[38]

Macarena parece haberse planteado, entre otras cosas, no solo para quebrar las finanzas de las FARC provenientes de la coca sino también para afectar a los campesinos,1 1 sin lugar a dudas la muy genérica “base social” de la guerrilla, pero a quienes les cabe también cierto rango de independencia ante la estructura…

p. 512
18Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 175, 1782 citas
[20]

Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado” Panel 2 · Colonización, coca y movimiento social: el caso del Putumayo 175 iniciaron esfuerzos para colonizar esta parte de la Amazonia con el fin de ejer- cer su soberanía sobre esta área de frontera. 1947-1962: la colonización de la violencia Durante este periodo se…

p. 175
[37]

5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…

p. 178
19Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 50, 582 citas
[21]

“país en el medio” que, contrariado con el teatro del Caguán, acogió con entusiasmo la Política de Seguridad De- mocrática del presidente Uribe y cambió los balances previos (Palacios, 2006). Un tópico del conflicto colombiano señala la proclividad de los colonos a involucrarse, como quedó demostrado en esa amalgama…

p. 58
[41]

clientelismo, colonizaciones inte riores y contrabando) que contribuyeron a mantener y enredar el conflicto. A mediados de 1980 se había formado el tejido apropiado para que el despe gue de la economía de la droga implicara grandes dosis de violencia; ofrecía oportunidades a las farc, el m -19, el e pl y el e l n, a…

p. 50
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 571 cita
[22]

El llanto del arpa», 25. 125 Molano, Fragmentos de la historia del conflicto armado, 38. 126 Medina Gallego, FARC-EP y ELN. 127 Entrevista 150-PR-03306. Compareciente. Bloque Sur FARC, Columna Teófilo Forero. 58 fiflćflThffifffj fjfl. flffflfj Tercera oleada: colonización dirigida o institucional Un tercer tipo de…

p. 57
21Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4871 cita
[23]

(1995), pp. 21 - 75; Betancourt y García. (1990), pp. 23 - 55; Betancourt y García (1994), pp. 12 1 - 149; Campo (1980), pp. 17 - 54. 4 Palacio (1983); L ópez Toro (1970); M achado (1988). C hristie (1986), p. 36, discute la hi pótesis de Parsons sobre la colon ización antioqueña, pero considera q u e sus planteam…

p. 487
22Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 311 cita
[24]

medianas y pequeñas propiedades de San- tander bajo el sistema de aparcería; en las grandes haciendas de Cundinamarca se hizo bajo la con- tratación de arrendatarios; y en las explotaciones de Antioquia, por intermedio de los agregados, formas propias de la economía del siglo XIX. Último paso del proceso cafetero: el…

p. 31
23El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2841 cita
[25]

en un medio natural pobre, de tierras yermas, penosas para trabajar por lo abruptas y erosionadas. Así fueron llegando a los nuevos parajes pioneros y aventureros con sus ilusiones, su pobreza y su coraje para buscar y desenterrar guacas, explotar los bosques sacando cau- cho y sembrar cacao en pequeñas parcelas…

p. 284
24Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4971 cita
[26]

conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…

p. 497
25La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 221 cita
[27]

para la sociedad. Gráfico 1. Relaciones en la política agraria POLÍTICA DE TIERRAS R E F O R M A A G R A R I A D E S A R R O L L O R U R A L C O N T E X T O N A C I O N A L E I N T E R N A C I O N A L 23 Capítulo 2. Las políticas sin una historia elaborada N o existe una elaboración histórica completa y sistemática…

p. 22
26Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 112 citas
[28]

enfoque que se había querido dar al sector agropecuario colombiano con la Ley 200 de 1936. Esta situación se hace evidente cuando se consagran como algunos de los objetivos fundamentales de la ley: promover los procesos de adquisición de tierras por parte de los campesinos a través de crédito y subsidio directo a los…

p. 11
[29]

enfoque que se había querido dar al sector agropecuario colombiano con la Ley 200 de 1936. Esta situación se hace evidente cuando se consagran como algunos de los objetivos fundamentales de la ley: promover los procesos de adquisición de tierras por parte de los campesinos a través de crédito y subsidio directo a los…

p. 11
2725 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1461 cita
[30]

el 44.63% de la superficie ocupada 37 • Esto muestra que se fragmentó la pequeña propiedad y que los pequeños y medíanos campesinos perdíeron control sobre la tierra. mientras los gran- des propietarios lo aumentaron. Por otra parte, las leyes de reforma agraria han tenido escasos resulta- dos: han favorecido la…

p. 146
28Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 311 cita
[31]

propiedad y reforma agraria biando la tendencia hacia una mayor equidad en la distribución de la tierra (CNMH, 2016, página 154). El rezago secular en la tarea de adjudicar los baldíos se puede ver al comparar las adjudicaciones de la primera mitad del siglo, pues entre 1902 y 1953 solo se adjudicó el 6 por ciento del…

p. 31
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 461 cita
[32]

Departamentos en los que la ANUC tenía una fuerza muy importante. En aplicación de la Ley 135 de 1961 el Incora dirigió durante los años sesenta la colonización del piedemonte oriental de la cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura entre el oriente del Meta y Vichada, el sur de Córdoba y en varias…

p. 46
30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 511 cita
[33]

El proceso de colonización fue asumido por el Incora 66. Entre 1961 y 1973 se adjudicaron en la intendencia de Arauca 85.830 hectáreas 67, con el propósito de incor- porarlas a la producción agropecuaria nacional 68. Aparte de brindar asistencia técnica y créditos a los pequeños productores campesinos, la ley incluía…

p. 51
31At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2701 cita
[34]

agreement with Peru and Ecuador (est. 2013). 3 In terms of its global commit- ments, Colombia became a signatory of the Uruguay Round of the General Agreement on Tariffs and Trade (1994) and a member of the World Trade Organization (est. 1999). As a developmental model, neoliberalism ’ s emphasis on market-led…

p. 270
32Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 224, 2412 citas
[35]

de negociaciones y acuerdos entre el go- bierno y los líderes campesinos que dirigieron las marchas de los co- caleros de 1997 en el Caquetá, el Sur de Bolívar, Putumayo, Cauca y Guaviare, en oposición a las restricciones en la comercialización de insumos para el procesamiento de la hoja de coca y contra las fu-…

p. 224
[49]

del potencial total de áreas susceptibles de ser involucradas a la producción agropecuaria a través del riego, solamente el 21 por 81 Véase al respecto el capítulo 7 de este informe. 242 Tierras y conflictos rurales Historia, políticas agrarias y protagonistas ciento de ellas están efectivamente adecuadas. A su vez,…

p. 241
33Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 571 cita
[36]

necesito. Le dije: listo. Yo voy a trabajar con usted. De eso se trata, yo voy. Entonces [me dijo:] ya no me haga más servicios en la cocina. Usted aquí va a coger es… es manejar un radio, y me empezaron a poner de punto, vigilante. (CNMH, MNJCV, 2017, 5 de septiembre) En Vistahermosa –así como en las márgenes del…

p. 57
34La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 3461 cita
[40]

la frontera agrícola en el Caque- tá. Seminario sobre expansión de la frontera agropecuaria y medio ambiente. Brasilia: CEPAL. Cifuentes, M., y Vanegas, E. (1987). El desarrollo de la ganadería en el Caquetá: perspectivas y proyecciones. Bogotá: Centro de Investiga- ciones Para el Desarrollo. Ciro Rodríguez, E.…

p. 346
35Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2441 cita
[42]

el propósito de convertir las autodefensas campesinas en la guerrilla del partido dentro de la estrategia de combinación de todas las formas de lucha (Pizarro, 1991). Uno de estos asentamientos campesinos, Marquetalia, se constituyó en la esencia del mito fundacional de las FARC. Se trataba de una comunidad campesina…

p. 244
36Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 1541 cita
[43]

amenazas de los narcotraficantes, promovieron nuevos procesos de colonización, 95 tendieron a con- trolar la acumulación de tierras en un solo propietario, o replan- tearon las magnitudes de las posesiones existentes, para que estas les fueran entregadas a nuevos colonos. Los recortes de tierras para entregar…

p. 154
37A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 792 citas
[44]

civil que se refugió en el alto Sumapaz y de allí se desplazó poco a poco hacia el Duda, el Guayabero y El Pato. Aquí, Richard y Camargo se agregaron a la colonización e impusieron su autoridad. Una república independiente, al decir de Gómez Hurtado. Richard murió en el año 64 y Camargo se apartó del movimiento.…

p. 79
[45]

civil que se refugió en el alto Sumapaz y de allí se desplazó poco a poco hacia el Duda, el Guayabero y El Pato. Aquí, Richard y Camargo se agregaron a la colonización e impusieron su autoridad. Una república independiente, al decir de Gómez Hurtado. Richard murió en el año 64 y Camargo se apartó del movimiento.…

p. 79
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 30, 722 citas
[46]

la soberanía del Estado, y agregó: «Hay la República Independiente de Sumapaz. Hay la República Independiente de Planadas, la de Riochiquito, la de este bandolero que se llama Richard». Gómez, además, le pidió al Gobierno que se diera vía libre al Ejército para que operara «a plenitud»; de no hacerlo, «está fomentando…

p. 72
[58]

pesino, considerado por todos los actores armados como alguien que debía ser dis- ciplinado y modernizado –incluso mediante la fuerza–, y consolidaron un sesgo anticampesino en la historia política y económica del país. Como consecuencia de esto, sus intereses han estado subrepresentados en los debates regionales y…

p. 30
39Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 32, 774 citas
[47]

y demo - gráficos se articulan para transformar los bosques. En el caso de la frontera agrícola, la situación en la Amazon í a es ilustrativa de esta dinámica. Al mirar el mapa de Colombia en Google Earth, la zona amazónica aparece de un verde oscuro (bosque), pero a medida que uno se acerca a la cordillera oriental,…

p. 77
[48]

y demo - gráficos se articulan para transformar los bosques. En el caso de la frontera agrícola, la situación en la Amazon í a es ilustrativa de esta dinámica. Al mirar el mapa de Colombia en Google Earth, la zona amazónica aparece de un verde oscuro (bosque), pero a medida que uno se acerca a la cordillera oriental,…

p. 77
[55]

incluye la puesta en marcha de las ya mencionadas zonas de reserva campesina, y e) favorece la extranjerización de tierras (Gaceta del Congreso, 2015, n. o 254). Vale la pena resaltar que, recientemente, el congresista Alberto Castilla de - nunció que en abril se radicó el proyecto de ley 233 del 2015, que es…

p. 32
[56]

incluye la puesta en marcha de las ya mencionadas zonas de reserva campesina, y e) favorece la extranjerización de tierras (Gaceta del Congreso, 2015, n. o 254). Vale la pena resaltar que, recientemente, el congresista Alberto Castilla de - nunció que en abril se radicó el proyecto de ley 233 del 2015, que es…

p. 32
40Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 2351 cita
[50]

este año, los incendios forestales estuvieron más voraces que nunca y no tuvieron nada que ver, según los expertos, con la estación seca, sino con la cantidad de árboles que se talaron al final de 2021. Hubo manos criminales detrás de las llamas que devoraron grandes porciones de bosque y selva en los departamentos de…

p. 235
41Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1751 cita
[51]

border. Ecuador has demanded that Colombia cease aer- ial spraying within 10 kilometers of the border. Although the Uribe government has insisted that spraying drug crops with the toxic her- bicide glyphosate is harmless, Ecuador's protests forced the Colom- bian government to revert to manual eradication of coca…

p. 175
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 521 cita
[52]

frontera agrícola. Para ello, desde 1958, el Estado estimuló la creación de las Juntas de Acción Comunal (JAC), como escenarios de organización y participación para las comu- nidades. Estas reforzaron los procesos que eran cotidianos y autónomos desde la 94 Villamil, La reforma agraria del Frente Nacional.…

p. 52
43Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5521 cita
[53]

cercanía a los mercados. Cuando en 1996, comenzó a explorarse la posibilidad de establecer la primera de estas reservas en el departamento del Meta, el ejército, junto con unidades paramilitares desató un gran operativo paramilitar, lo que agudizó el terror entre los pobladores y su desplazamiento de la región. A…

p. 552
44A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 201 cita
[54]

ciénagas En Córdoba no sólo se disputan las tierras sino también las ciénagas de los ríos. Cuando se inició la tímida y fracasada Reforma Agraria de la década de 1960, la desecación de las ciénagas de Córdoba para ampliar la frontera agrícola se convirtió en el procedimiento que garantiza- ba invertir los préstamos de…

p. 20
45Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 2681 cita
[57]

50 a 100 has 2,4 98 5,9 21 100 a 500 has 1,7 99,7 12,6 33,6 500 a 1.000 has 0,2 99,9 4,8 38,4 >1000 has 0,2 100,1 61,2 99,6 Sin contar los territorios étnicos del censo agropecua- rio, el Gini de 2014 se reduce a 0, 905, bastante mayor que el de 1970 que alcanzó 0, 86, reflejo de la concentración de la propiedad que…

p. 268
46Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 5032 citas
[59]

otros bienes despojados. en la política de desmovilización y reinserción no se ha avan - zado en la construcción de acuerdos entre el Gobierno nacio - nal y los GAIML, particularmente con los grupos de auto - defensas, para que estos restituyan efectivamente los bienes a las víctimas, como condición indispensable para…

p. 503
[60]

otros bienes despojados. en la política de desmovilización y reinserción no se ha avan - zado en la construcción de acuerdos entre el Gobierno nacio - nal y los GAIML, particularmente con los grupos de auto - defensas, para que estos restituyan efectivamente los bienes a las víctimas, como condición indispensable para…

p. 503
47Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1301 cita
[61]

haya habido amenazas, simplemente no había una formación catastral. Después viene el proyecto de palma y cogen la escritura de la fi nca y reinterpretan los linderos (León, 2005). Este discurso fue retomado por los actores involucrados en el acaparamiento de las tierras. La caracterización de la región como una…

p. 130
48El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 2881 cita
[62]

pero más restricciones que a nivel local, t harto y último, algunos Gobiernos podrían querer ampliar su base M»cial a costa de determinadas élites locales, para obtener objetivos |itogramáticos, éxitos electorales, o ambos.239 Por todas estas razo nes, la alianza estratégica entre los ricos del campo y las agencias…

p. 288
49Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4821 cita
[63]

lograr la ley y combatir la oposición, que a la postre se llega a compromisos que debilitan la reforma. Ejemplos de este tipo son la reforma agraria de Cárdenas en México, la de Arbenz en Guatemala y la actual del Perú. 3) “El tercer tipo intenta desde un principio efectuar una rápida y fundamental transformación del…

p. 482
50El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 3381 cita
[64]

American G.ographm 98(1), 2-23. 12 David Kaimowitz, Benoir Merrens, Sven Wundcr y Pablo Pacheco, del Cenrer for Inrernational Fo- restry R.esearch (Gfur), redactan su texto "'Hamburger Connecrion Fuels Amazon Destrucrion: Carde ranching and deforestation in Brazil's Amazon" siguiendo la línea de una de las denuncias…

p. 338
51Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 1801 cita
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