Alfonso López Pumarejo
República Liberal
1886–1959
La biografía
Alfonso López Pumarejo (Honda, 1886 – Londres, 1959) fue el presidente que intentó, entre 1934 y 1945, poner a Colombia al día con el siglo XX. Reformador desde arriba, patricio que hablaba el idioma de las clases populares sin pertenecer a ellas, condujo dos administraciones —la Revolución en Marcha (1934-1938) y una segunda presidencia (1942-1945) que no alcanzó a terminar— con un programa de intervención estatal, modernización tributaria, apertura a la agenda obrera y reforma constitucional que rompió con más de medio siglo de dominio conservador. La Constitución de 1886 sobrevivió a su paso, pero salió transformada. La Iglesia perdió su monopolio jurídico sobre la nación. El Estado dejó de ser gendarme para asumir deberes sociales. Y sin embargo, al final de su segundo mandato, López renunció acorralado por escándalos familiares, un intento de golpe militar en Pasto y el bloqueo sistemático de un Congreso de su propio partido. Esa distancia entre lo que prometió y lo que efectivamente redistribuyó —enorme la primera, escasa la segunda— es la clave para entender por qué el reformismo lopista aparece hoy como la última oportunidad que tuvo el orden liberal colombiano antes de precipitarse en la Violencia.
Línea de vida
- 1886
Nacimiento en Honda
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Nació el 31 de enero de 1886 en Honda, puerto sobre el Magdalena, hijo de Pedro Aquilino López, bogotano raizal que consolidaría una casa de exportación de café y un banco comercial durante la Primera Guerra Mundial y la posguerra.
- 1933
Candidatura presidencial y abstención conservadora
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El 6 de noviembre de 1933 aceptó la candidatura presidencial liberal. Una semana después, el 13 de noviembre, el Directorio Nacional Conservador decretó la abstención electoral para los comicios de 1934, tras comprobar que el liberalismo había duplicado su votación en las elecciones parlamentarias de ese año.
- 1934
Primera posesión presidencial y conformación del gabinete
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Tomó posesión el 7 de agosto de 1934 con un gabinete de jóvenes intelectuales —Alberto Lleras Camargo (28 años), Plinio Mendoza Neira, Antonio Rocha, Jorge Soto del Corral y Darío Echandía, todos menores de 38 años— tras rechazar el Directorio Conservador su oferta de participación ministerial en Hacienda, Agricultura e Industrias.
- 1936
Reforma constitucional y Ley 200
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La reforma constitucional de 1936, la más importante a la Carta de 1886 en sus 105 años de vigencia, consagró el intervencionismo estatal, suprimió el reconocimiento de la Iglesia Católica como religión de la nación e instauró la libertad de cultos. Ese mismo año se promulgó la Ley 200, que estableció la función social de la propiedad y la reversión al Estado de predios incultos tras diez años, aunque en la práctica benefició principalmente a los terratenientes al resolver sus problemas de titulación.
- 1936
Plan General de la Ciudad Universitaria de Bogotá
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Entre 1934 y 1936 se desarrolló el Plan General de la Ciudad Universitaria de Bogotá, diseñado por los alemanes Fritz Karsten, Eric Lange y Leopoldo Rother, dotando a la Universidad Nacional de un campus moderno concebido como institución central del Estado reformado.
- 1942
Inicio del segundo mandato presidencial
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Inició su segunda presidencia (1942-1945) en un contexto político más adverso, con un Congreso de su propio partido que le bloqueaba sistemáticamente las iniciativas y una oposición conservadora y eclesiástica fortalecida.
- 1944
Ley 100 y reversión de la reforma agraria
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Sancionó la Ley 100 de 1944, que amplió los plazos concedidos a los propietarios para poner a producir la tierra improductiva y restauró poderes de los terratenientes, revirtiendo en la práctica los aspectos centrales de la Ley 200 de 1936 y cerrando la ventana redistributiva abierta en su primer mandato.
- 1945
Renuncia a la presidencia
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Renunció antes de concluir su segundo mandato, acorralado por escándalos familiares, un intento de golpe militar en Pasto y el bloqueo sistemático del Congreso liberal. Le sucedió Alberto Lleras Camargo.
El hijo de Honda
Nació el 31 de enero de 1886 en Honda, el puerto sobre el Magdalena que entonces era la puerta comercial de Bogotá hacia el mundo. Su padre, Pedro Aquilino López, era un bogotano raizal cuya ambición no cabía en el comercio local: durante los años de la Primera Guerra Mundial y la posguerra consolidó una casa de exportación de café y un banco comercial, y con ellos una fortuna que abrió al hijo mayor las puertas de un mundo que ningún político colombiano de la época frecuentaba con la misma soltura.
Ese linaje mercantil se apoyaba en una tradición política más antigua. Ambrosio López, antepasado de la familia, había organizado en el siglo XIX las Ligas Democráticas de Bogotá —esos primeros ensayos de organización popular urbana que agitaron la capital en tiempos del liberalismo radical— y sus restos reposaban bajo el altar mayor de la iglesia de Las Nieves. La casa López combinaba dos herencias que en Colombia rara vez se juntaban: el capital moderno y la memoria de la política popular. El nieto ejercería ambas cosas.
Alfonso recibió sus primeras clases en Honda y, al trasladarse la familia a Bogotá, pasó por el Colegio San Luis Gonzaga y el Liceo Mercantil. La educación se completó con clases particulares con algunos de los maestros más notables de su tiempo, posiblemente entre ellos Miguel Antonio Caro, el gramático conservador que había cogobernado el país en los años noventa del siglo anterior. No obtuvo, en rigor, un título universitario convencional: su formación fue la de un hijo de comerciante rico al que se le da el conocimiento útil y las lecturas necesarias, sin las ceremonias del doctorado. Esa condición de autodidacta ilustrado, más cercana al gentleman anglosajón que al doctor bogotano, marcaría su estilo.
En los años previos a su carrera política, López se movió con naturalidad por los circuitos de Londres y Nueva York, entre tertulias, clubes y oficinas comerciales. Aprendió inglés, trató banqueros, entendió cómo funcionaba una economía moderna. Cuando regresó a la política doméstica, traía una ventaja que casi ningún dirigente colombiano poseía: sabía cómo pensaban las capitales del capitalismo mundial, y sabía —esto es lo decisivo— que Colombia no funcionaba de ese modo.
Pertenecía a lo que se llamó la generación centenarista, la cohorte que llegó a la vida pública alrededor del centenario de la independencia y que incluyó a Enrique Olaya Herrera y Eduardo Santos, dos futuros presidentes liberales. Era una generación de hijos de la Regeneración conservadora que decidieron desmontarla desde adentro, sin destruir sus formas.
El fin de la hegemonía
Para entender el ascenso de López hay que medir el edificio que le tocó heredar. Desde 1886 —el año de su nacimiento, coincidencia perfecta— Colombia había vivido cuarenta y cuatro años bajo dominio ininterrumpido del Partido Conservador. La hegemonía conservadora fue derrotada en 1930 no por una insurrección liberal sino por una división interna en sus propias filas, que permitió a Enrique Olaya Herrera llegar al poder con un gobierno de Concentración Nacional: bipartidista, con la mitad de los ministerios entregados al conservatismo y el compromiso explícito de no tocar el Concordato ni el estatuto de la Iglesia Católica. Fue un cambio de guardia negociado, no una revolución.
López, ministro y luego dirigente liberal durante ese gobierno de transición, entendió antes que nadie que la aritmética estaba cambiando. Las elecciones parlamentarias de 1933 se lo confirmaron: el liberalismo duplicó la votación conservadora y ganó en todos los departamentos salvo Antioquia, Caldas y Nariño, obteniendo por primera vez en más de medio siglo la mayoría en la Cámara de Representantes. El fenómeno de fondo era demográfico y sociológico —la universalización del sufragio para varones mayores de 21 años, sin requisito de alfabetización ni de renta, había vuelto mayoritario a un liberalismo que crecía sobre todo en las ciudades—, pero el efecto político inmediato fue táctico: el Directorio Nacional Conservador se percató de que era ahora un partido minoritario y respondió con la abstención.
El 6 de noviembre de 1933, López aceptó la candidatura presidencial de su partido. Una semana después, el 13 de noviembre, el Directorio Conservador decretó la abstención para los comicios de 1934. La estrategia se repetiría en las elecciones de renovación bicameral de 1935 y en la sucesión que llevó a Eduardo Santos al poder. La lógica declarada era la deslegitimación: si López había sido elegido solo con votos liberales, era presidente de los liberales y no de todos los colombianos; el Congreso resultante era un "congreso liberal" y no el del país. Entre 1933 y 1949, el Partido Liberal obtuvo mayorías en las dos Cámaras, en casi todas las asambleas departamentales y en seis o siete de cada diez concejos municipales. Sobre el papel, una hegemonía; en la práctica, una hegemonía cuya legitimidad la oposición nunca aceptó.
López, consciente del problema, intentó un gesto: tres días antes de posesionarse ofreció al Directorio Conservador tres ministerios —Hacienda, Agricultura e Industrias— con carácter fiscalizador y limitado. El Directorio rechazó la oferta. Y así, el 7 de agosto de 1934, tomó posesión el primer presidente colombiano del siglo XX que gobernaría sin conservadores en el gabinete y con un Congreso monocolor. Lo acompañaba un equipo llamativamente joven: Alberto Lleras Camargo con 28 años, Plinio Mendoza Neira, Antonio Rocha, Jorge Soto del Corral, Darío Echandía —todos menores de 38—, jóvenes intelectuales en lugar de los grandes barones tradicionales del liberalismo. Era ya una declaración.
La Revolución en Marcha
El nombre lo dice casi todo. La Revolución en Marcha era una promesa de movimiento y una advertencia sobre su límite: revolución, sí, pero en marcha, es decir procesal, gradual, dentro de las formas. Se apoyó en tres pilares simbólicos: reforma tributaria, reforma agraria y democratización de la educación. Y su coronación fue la reforma constitucional de 1936, la más importante que sufrió la Carta de 1886 en sus 105 años de vigencia.
La reforma tributaria introdujo impuestos directos y progresivos que aumentaron considerablemente los recursos del Estado. Por primera vez en Colombia, quien más tenía debía aportar proporcionalmente más al fisco, y el Estado dispuso de un músculo fiscal capaz de sostener obras públicas, educación e intervención económica sin depender exclusivamente del café y las aduanas.
La reforma constitucional de 1936 fue el gran giro doctrinario. Matizó el individualismo puro de 1886 con preceptos de contenido social y —lo decisivo— consagró el intervencionismo estatal como principio: el Estado quedó autorizado a intervenir en la explotación de industrias y empresas públicas o privadas para racionalizar la producción, la distribución y el consumo de las riquezas. Aquello significaba el fin del Estado gendarme decimonónico y la instauración jurídica de un Estado con deberes sociales activos. En materia religiosa, la reforma suprimió el artículo 38 de la Constitución de 1886, que reconocía a la Iglesia Católica como religión de la nación, e instauró la libertad de conciencia y de cultos. Pero —y aquí aparece el primer límite del reformismo— la libertad quedó condicionada a no ser contraria a la moral católica ni a las leyes, y el Concordato de 1887 quedó intacto. El Estado dejó de ser confesional en el texto, pero siguió siéndolo en la práctica, sobre todo en los territorios donde la Iglesia gobernaba de facto la educación, el registro civil y buena parte de la vida cotidiana. Esa tensión entre la letra reformada y el Concordato sobreviviente duraría hasta la Constitución de 1991.
En el frente educativo, López fue tajante en su discurso de posesión: denunció la falta de maestros formados, universidades desconectadas de los problemas del país, ausencia de estadísticas y de ciencias sociales que pudieran orientar la acción del Estado. El gobierno lanzó una campaña nacional de alfabetización y, mediante la Ley 12 de 1934, creó la Campaña de Cultura Aldeana y Rural. Se buscó adaptar la enseñanza al proceso de industrialización, incorporando motivaciones económicas y sociales junto a los principios liberales de libre examen y fe en la ciencia. El proyecto más visible fue arquitectónico: entre 1934 y 1936 se desarrolló en Bogotá el Plan General de la Ciudad Universitaria, diseñado por los alemanes Fritz Karsten, Eric Lange y Leopoldo Rother, en paralelo al Plan Regulador de la ciudad trazado por el urbanista austríaco Karl Brunner. La Universidad Nacional recibió, por primera vez, un campus concebido como tal —un pedazo de modernidad europea trasplantado a la sabana— y con él una idea nueva: la universidad como institución central del Estado moderno.
La Ley 200 y sus trampas
El pilar más ambicioso y más traicionero fue la reforma agraria, condensada en la Ley 200 de 1936. Sobre el papel, la ley era audaz: si un propietario no daba destinación económica a su predio rural, éste revertiría al Estado al cabo de diez años. Además, otorgaba a los colonos que hubieran explotado económicamente un predio durante cinco años el derecho a adquirir el dominio, siempre que hubieran obrado de buena fe. El principio subyacente —la función social de la propiedad— era revolucionario para la Colombia terrateniente.
La realidad fue otra. La Ley 200 no fue en verdad una reforma redistributiva: fue una medida para estimular la productividad y modernizar el campo sin tocar la estructura latifundista. Y su efecto más importante, quizá inconfesado, fue resolverles a los grandes propietarios un problema jurídico secular: hasta entonces, quien reclamaba un título sobre tierra debía remontarlo a una concesión de la Corona española o de la República —la llamada "prueba diabólica", casi imposible de aportar—. La Ley 200 sustituyó ese requisito por el criterio de la destinación económica del predio. Bastaba estar explotando la tierra para consolidar su propiedad. Al gran terrateniente esto le regalaba, de un plumazo, la seguridad jurídica que siglos de litigios coloniales no habían logrado.
Peor aún: en varias regiones la ley produjo el efecto contrario al anunciado. Temerosos de que colonos, arrendatarios y aparceros les disputaran las tierras alegando haberlas explotado, muchos terratenientes procedieron a expulsarlos antes de que se cumplieran los plazos. La aplicación fue radicalmente desigual, y dependió del equilibrio de poder local: donde los grandes propietarios controlaban los gobiernos municipales, la policía y los jueces de distrito —es decir, casi en todas partes—, lograron burlar la ley, imponer su propia interpretación o, sencillamente, quedarse con las tierras de los colonos. El artículo sexto, que preveía la extinción del dominio sobre predios incultos, tuvo aplicación mínima. La ambigüedad de la ley —oscilaba entre la vía de la pequeña propiedad y la vía de la transformación de la hacienda en empresa capitalista— se resolvió en la práctica por la segunda: el capitalismo agrario avanzó sin desmontar el latifundio.
El desenlace lo confirmaría el propio López. Durante su segundo mandato, en pleno reflujo político, sancionó la Ley 100 de 1944, que amplió los plazos concedidos a los propietarios para poner a producir la tierra improductiva y, en términos generales, restauró poderes de los terratenientes que la Ley 200 había amagado con recortar. Los gobiernos liberales posteriores reforzarían la vía del crédito y la tecnología, abandonando toda perspectiva redistributiva. Hacia mediados de los años cuarenta, la ventana que se había abierto en 1936 estaba cerrada. La cuestión agraria, sin resolver, quedó incubándose bajo la superficie del país. Diez años después, se llamaría la Violencia.
El obrero como ejército del régimen
Si con la Ley 200 López intentó absorber al campesinado desde arriba sin distribuir tierra, con el movimiento obrero ensayó una operación paralela y más exitosa: absorber sus demandas sin ceder el poder. La lógica era limpia. Para los liberales progresistas —y para López en particular— la oposición reaccionaria del conservatismo y la Iglesia solo podía neutralizarse si el gobierno contaba con un respaldo popular organizado. El movimiento obrero, aún incipiente pero en crecimiento, era el "ejército en potencia" del régimen.
El método fue triple. Primero, apropiarse del lenguaje: la Revolución en Marcha adoptó el vocabulario socializante y las demandas de la izquierda —justicia social, intervencionismo, derechos laborales, redistribución— sin nunca comprometerse con un proyecto socialista. Fue un reformismo pragmático más cercano al New Deal de Roosevelt que a cualquier utopía europea, aunque prestara de ambos. Segundo, cooptar a los cuadros: puestos burocráticos para jóvenes intelectuales de izquierda o con militancia en ella, a los que se les pedía no abandonar el lenguaje socializante y a quienes se permitía asistir como funcionarios a congresos y manifestaciones populares. Tercero, garantizar reformas laborales concretas —la reforma constitucional de 1936 y las leyes que la desarrollaron abrieron un piso jurídico para el sindicalismo moderno— que hicieran del gobierno liberal un aliado estratégico frente a la patronal.
El resultado fue una domesticación del movimiento inconforme. El sindicalismo colombiano se organizó bajo el ala del liberalismo, y el liberalismo se apropió de la capacidad de movilización obrera que otros países latinoamericanos verían crecer por fuera de los partidos tradicionales. Cuando los golpes conspirativos contra López se multiplicaron —y llegaron a materializarse en 1944—, ese respaldo obrero organizado fue el principal sostén popular del régimen. La ecuación era estable mientras funcionara: el Estado entregaba reformas legales; los sindicatos entregaban lealtad. Pero era también una ecuación frágil, porque desactivaba la agencia autónoma de las clases populares y dejaba su suerte atada a la voluntad reformista del liberalismo. Cuando el liberalismo se dividió y perdió el poder en 1946, el movimiento obrero cooptado se quedó sin protectores. La Violencia lo encontraría desarmado.
La segunda presidencia
Entre 1938 y 1942 gobernó Eduardo Santos, liberal moderado, que enfrió el ímpetu reformista y buscó reconciliar al país. Cuando López volvió al Palacio de la Carrera en 1942, la Colombia que encontró era otra: la Segunda Guerra Mundial imponía sus emergencias, el conservatismo se había reorganizado bajo el liderazgo de Laureano Gómez, y el propio liberalismo estaba profundamente faccionalizado. La segunda presidencia de López fue el reverso agrio de la primera.
Laureano Gómez, desde el diario El Siglo —que había fundado en 1936 precisamente para combatir la Revolución en Marcha—, lanzó una corriente constante de denuncias que iban desde los derechos electorales conservadores hasta las finanzas personales del presidente. La oposición conservadora enmarcó las reformas lopistas como vehículo de infiltración comunista, proyectando sobre Colombia los enfrentamientos europeos entre extremismos de derecha e izquierda. La prensa conservadora —El Siglo, la Revista Javeriana, un semanario radical en Medellín— se alineó como un frente denso contra el gobierno. Gómez, seguidor doctrinal de la Falange española más que estrictamente fascista, había pasado con López por años de amistad personal; ahora esa cercanía se había convertido en enemistad pública. El Congreso, pese a la mayoría liberal, bloqueaba sistemáticamente los programas domésticos del presidente. López, cercado, empezó a hablar públicamente de renunciar desde octubre de 1943.
Entonces estallaron los escándalos. En 1943, Alfonso López hijo —el delfín— fue vinculado al asesinato del ex boxeador Francisco Pérez, apodado "Mamatoco", quien editaba un pasquín antigobiernista y había publicado un enredo sentimental del joven López con una dama del cuerpo diplomático. Al mismo tiempo, el hijo del presidente aparecía involucrado en negocios de la firma Handel y de la Trilladora del Tolima, en un caso de tráfico de influencias que Gómez amplificó desde El Siglo dentro de una campaña permanente sobre moral y buenas costumbres.
López pidió al Congreso, en noviembre de 1943, permiso para una licencia. Ostensiblemente, para llevar a su esposa María Michelsen a tratamiento médico en Estados Unidos. Se ausentó del 16 de noviembre de 1943 al 16 de mayo de 1944, dejando al designado Darío Echandía al mando. Fueron seis meses de vacío presidencial en una república acorralada por escándalos, prensa hostil, oposición virulenta y un Congreso que no legislaba. Cuando volvió, era ya un presidente disminuido.
Pasto
El desenlace llegó el 10 de julio de 1944. López se encontraba en Pasto asistiendo a maniobras militares cuando un grupo de oficiales sublevados lo apresó. El principal ejecutor identificado del golpe fue el coronel Diógenes Gil. En Bogotá, el designado Darío Echandía asumió inmediatamente el mando, con la colaboración estrecha del ministro Alberto Lleras Camargo, el respaldo de amplios sectores de la sociedad y —decisivamente— la adhesión de los altos mandos militares, que no siguieron a los sublevados. Trabajadores y comunistas se movilizaron en respaldo del presidente secuestrado. En aproximadamente dos días, el golpe estaba fracasado y López libre.
La consecuencia inmediata fue el endurecimiento del régimen: estado de sitio, cierre del Congreso, censura de prensa. Laureano Gómez fue arrestado en 1944 por el carácter inflamatorio de sus ataques desde El Siglo. Pero el golpe fallido había roto algo más profundo que la legalidad. Había demostrado que el presidente era vulnerable, que su base militar era incierta y que su capital político estaba agotado. López lo entendió mejor que nadie: en 1945 renunció formalmente, antes de terminar el mandato que le correspondía hasta 1946.
Alcanzó, en ese último tramo de gobierno, a impulsar en 1945 una reforma constitucional que otorgó la ciudadanía a la mujer —sin que el reconocimiento del voto viniera todavía—, prohibió a los militares en servicio activo sufragar e intervenir en política, e introdujo modificaciones laborales y territoriales. Fue su despedida legislativa. La sancionó y se fue.
Alberto Lleras Camargo, uno de aquellos jóvenes intelectuales del primer gabinete de 1934, completó el período. Su gobierno de transición incorporó tres ministerios conservadores y practicó una política de entendimiento bipartidista. La era del reformismo lopista había terminado. En 1946, con el liberalismo dividido entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán, ganó las elecciones el conservador Mariano Ospina Pérez. La República Liberal, iniciada en 1930, había concluido.
La red y el país
Ningún reformador opera solo, y menos un patricio. López se movió toda su vida dentro de una red densa y muy definida. Su primera generación de aliados fue la centenarista: Enrique Olaya Herrera, que le abrió el camino en 1930; Eduardo Santos, moderador y rival amistoso; los intelectuales jóvenes que armó como cuadro de gobierno —Alberto Lleras Camargo, Darío Echandía, Plinio Mendoza Neira, Antonio Rocha, Jorge Soto del Corral—, todos ellos futuros protagonistas del liberalismo colombiano. Su antagonista mayor fue Laureano Gómez, con quien la relación pasó de la amistad personal a la enemistad más pública que conoció la política colombiana de la primera mitad del siglo. En el flanco populista de su propio partido creció Jorge Eliécer Gaitán, cuyo ascenso López observó con la ambivalencia del reformador desde arriba frente al agitador desde abajo. Y en el conservatismo dialogante estaba Mariano Ospina Pérez, quien en 1946 recogería —bajo el rótulo bipartidista— algunas de las ideas de convivencia entre los partidos que López, al retirarse, habría dejado esbozadas.
La proyección familiar fue tan fuerte como la política. Su hijo Alfonso López Michelsen, educado en universidades extranjeras y perteneciente a la élite dirigente bogotana, fundaría a fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), la disidencia rebelde del liberalismo y el más elocuente crítico del Frente Nacional. El padre había pactado la fórmula bipartidista al retirarse; el hijo la combatiría desde su izquierda antes de reintegrarse al partido y llegar, décadas después, a la presidencia. La saga López es una de las más largas del país: Ambrosio en el siglo XIX, Pedro Aquilino en la transición, Alfonso en la reforma, Alfonso López Michelsen en la crítica y luego en el poder. Un linaje que atraviesa la historia política moderna colombiana de punta a punta.
Los territorios de su biografía dibujan también un mapa: Honda —la puerta fluvial—, Bogotá —el escenario—, Londres y Nueva York —el afuera formativo—, Pasto —la humillación—, y finalmente Londres otra vez, donde moriría en 1959 lejos del país al que había intentado modernizar.
La huella
López Pumarejo dejó tres herencias mayores. La primera es institucional: el Estado colombiano posterior a 1936 no fue el Estado de 1886. Adquirió capacidad tributaria, base jurídica intervencionista, y una idea de sí mismo como agente de transformación social —así fuera limitada, así fuera contradictoria— que ningún gobierno posterior pudo enteramente revertir. La reforma constitucional de 1936 sobrevivió al lopismo, al Frente Nacional y a la propia Carta de 1886, y sus principios pasaron ampliados a la Constitución de 1991.
La segunda es política: López inauguró en Colombia el modelo de reformismo desde arriba que buscaría, con distintos rostros, resolver los conflictos sociales sin alterar sustancialmente la estructura de poder. La cooptación del movimiento obrero, la ambigüedad reformista en el agro, la modernización educativa sin resolver el analfabetismo estructural: todo eso fue plantilla para gobiernos posteriores. También lo fue el bipartidismo pactado que, embrionariamente presente al final de su segundo mandato y al principio del de Lleras, cristalizaría trece años después en el Frente Nacional. Mariano Ospina Pérez, al presentarse al debate electoral de 1946, retomaría la idea de suprimir los gobiernos de partido y distribuir el poder entre los dos bandos históricos.
La tercera herencia es más incómoda: el fracaso relativo del reformismo lopista dejó abierta la brecha entre las expectativas movilizadas y la redistribución efectivamente entregada. La cuestión agraria no se resolvió; el conflicto en el campo se agudizó bajo la superficie. La polarización política, exacerbada por la oposición furibunda de Laureano Gómez y agitada por la faccionalización del liberalismo, no se enfrió cuando López se fue: estalló en abril de 1948 con el asesinato de Gaitán y se desató en la Violencia. No cabe responsabilizar a López de aquello. Pero sí cabe decir que su proyecto fue la última oportunidad ordenada que tuvo el orden liberal colombiano para procesar por vía institucional las tensiones que venían acumulándose desde el fin de la hegemonía conservadora, y que esa oportunidad se perdió parcialmente por diseño, parcialmente por resistencia de las élites terratenientes, parcialmente por la contingencia de escándalos y golpes, parcialmente por el propio agotamiento del reformador.
En su figura conviven por igual el patricio que quiso democratizar el país sin dejar de ser patricio y el modernizador cuyo programa era lo bastante audaz para asustar a las élites y lo bastante limitado para no aliviar de verdad a los desposeídos. Ambas cosas son ciertas y no se cancelan. López fue el presidente que le dio a Colombia el Estado social sobre el papel, la reforma agraria sin reforma, la separación de la Iglesia con Concordato intacto, la modernidad urbana sin alfabetización universal, la ciudadanía sin voto para la mujer, el sindicalismo protegido y domesticado. Fue el reformador que un país oligárquico permitió: exactamente el que fue posible, no más.
Murió en Londres el 20 de noviembre de 1959, casi setenta y cuatro años después de haber nacido en Honda. Colombia estaba entonces bajo el Frente Nacional que él había ayudado a esbozar. La Violencia declinaba lentamente. Y la cuestión agraria seguía sin resolverse.
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Documentos y fragmentos citados
42 documentos · 58 fragmentos01Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Páginas 213, 2152 citas
[1]desempeñarse en los más altos cargos. "La leyenda que él mismo contribuyó a difundir, Alfonso López Pumarejo Alfonso López Pumarejo 233 F ue un accidente el que hubiera nacido en Honda. Mi abuelo, Pedro A. López, era bogotano raizal. Los restos de su padre, Ambro- sio López, el organizador de las Ligas Demo- cráticas…
p. 213
[47]el cargo ejecutivo Darío Echandía, quien con la estrecha colabora- ción del ministro de Gobierno, Alberto Lleras, el respaldo unánime de los diversos sectores de la sociedad y la adhesión pronta y decidida de los altos mandos militares del país, sorteó efi- cazmente la situación y entregó el cargo al pre- sidente…
p. 215
02Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Páginas 6, 462 citas
[2]lo haría grande después: la política. Sus contemporáneos lo describían como un caballero que parecía una estampa de club londinense, que llegaba a la redacción de los periódicos — en donde entonces se hacían tertulias— a paso lento, con su flema y con su sonrisa extraña. Como buen hijo y nieto de sastre, vestía muy…
p. 46
[3]© Óscar Alarcón Núñez, 2022 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2022 Calle 73 n.º 7-60, Bogotá www.planetadelibros.com.co Primera edición (Colombia): abril de 2022 ISBN 13: 978-628-00-0293-4 ISBN 10: 628-00-0292-6 Desarrollo E-pub Digitrans Media Services LLP INDIA Impreso en Colombia – Printed in Colombia Conoce…
p. 6
03Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Páginas 146, 1492 citas
[4]ren dió los sec retos d e la l eng ua en clases particu lares con Miguel Antonio Caro, maes tr o del arte retórica. A las des tr ezas m ov ilizadoras de Ola ya y a la publicidad de sus reformas laborales, J.ú p ez añad ió un a hábil manipula ci ón lexico- 149 150 Marco Paúzcios gráfica de hondo ca lado popul ar. Como…
p. 149
[8]Boyacá, y en las santandereanas de P amp lona y García Rovira. Por primera vez en más de medio siglo De la amp liación de la ciudadanía a la dicta dur a y a la elite plutocrática l os liberales obt uvieron mayorías ab solutas. Sin e mbar go el siste- ma de c ir cuns cr ipciones les impidió se r mayoritarios en el Con-…
p. 146
04Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · Páginas 22, 242 citas
[5]Depresión que, al aumentar los precios de los productos importados, los había puesto por fuera del alcance de la 1nayoría de los consu1nidores y estünuló así la demanda de productos locales, disponibles a precios mucho más b~jos. Es de anotar que el Par- tido Conservador ejercía un proteccionisn1o con1ercial que rigió…
p. 22
[34]lograron permanecer en las tierras que habían trabajado, pero bajo condiciones que no son del todo claras 22. En algunos lugares, los terratenientes sencillamente no expulsaron a los colonos de tierras cuyo estatus legal seguía sin definirse. Los terrate- nientes también consiguieron arrebatar tierras a los colonos,…
p. 24
05Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Páginas 484, 4882 citas
[6]época de la Violencia, que va de 1946 a 1957; después, el Frente Nacional, de 1958 a 1982 y, por último, el proceso de negociación, apertura política y reforma institucional que se viene desarrollando desde 1982. Cada uno de ellos se desenvuelve en el contexto de unos hechos y situaciones específicas, tiene unas…
p. 484
[11]1933) de Jorge Eliécer Gaitán, la Asocia- ción Patriótica de Empresarios Nacionales (Apen, 1931- 35) de inspiración derechista, la Liga de Acción Política (Lap, 1934-35) de orientación socialista. Ninguna de estas fuerzas logró perdurar -excepto el partido comunista- ni alterar el monopolio que sobre la opinión…
p. 488
06Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1981 cita
[7]en medio de una ola latinoamericana de golpes y gobiernos militares. Junto al sufragio manejado por caciques de ambos partidos, hubo nume rosos votos influidos por el debate pol í tico, estimulado por diarios cada vez m á s le í dos, por sus comentarios y sus caricaturas. Adem á s, sac ó la pol í tica de clubes y…
p. 198
07Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Páginas 321, 3642 citas
[9]su polí- tica internacional de independencia y buena vecindad, su política moderni- zante del sector judicial y de los có- digos, como lo atestiguan la ley 45 de 1936, que contribuyó a limar odiosas 306 Nueva Historia de Colombia. Vol. I Llegada de Alfonso López Pumarejo a Bogotá, donde es recibido triunfalmente como…
p. 321
[24]I nómicamente explotados. Quien com- probara que por cinco años había ex- plotado económicamente un predio, tenía derecho a adquirir el dominio, si había obrado de buena fe. A su vez, y en desarrollo del principio de la fun- ción social de la propiedad y de que ésta implicaba obligaciones, si un pro- pietario no daba…
p. 364
08Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Página 971 cita
[10]Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:21:44 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. COLOMBIA SIGLO XX 98 mayoría en el Senado, actuaban con conocimiento de causa: expulsados de las alcaldías municipales durante el gobierno de Olaya Herrera y enfrentados a un…
p. 97
09Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 911 cita
[12]de la historia, la cultura y los problemas de la nación. En su discurso de posesión se refirió al sistema educativo que re- cibía su gobierno con duras palabras de crítica: «En los talleres y en los campos ve- mos que nuestros hombres manejan sus instrumentos de trabajo al precio de un esfuerzo rutinario; el producto…
p. 91
10El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 492 citas
[13]pretendió renovar las estructuras de un Estado anquilosado, con rezagos colonialistas, excluyente y violento. Quiso intentar su “New deal”. Pragmático y dogmático, ningún otro presidente en la historia colombiana ha sido tan controvertido. Llamando a su gobierno la “Revolución en Marcha”, buscó la armonía social…
p. 49
[14]pretendió renovar las estructuras de un Estado anquilosado, con rezagos colonialistas, excluyente y violento. Quiso intentar su “New deal”. Pragmático y dogmático, ningún otro presidente en la historia colombiana ha sido tan controvertido. Llamando a su gobierno la “Revolución en Marcha”, buscó la armonía social…
p. 49
11Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Páginas 72, 742 citas
[15]crecimiento económico. Con este objeto trajo a su Gobierno un programa completo de reforma social y un nuevo grupo de intelectuales y administradores para que lo ejecutaran. Su primer gabinete no incluía ninguno de los grandes líderes del Partido Liberal. Estaba compuesto de jóvenes in- telectuales como Alberto…
p. 72
[37]hube de explicar que creía estar interpretando el programa del Liberalismo en el Gobiernol7. Es pues claro que para sobrevivir, los liberales progresistas, y Alfonso López en particular, necesitaban enfrentar a la fronda reac- cionaria con un movimiento obrero militante dispuesto a defender al régimen. En cierto…
p. 74
12Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1151 cita
[16]institucionalidad se pretendió dar respuesta. En efecto, Colombia padecía desde hacía varios lustros de una larvada guerra civil que en los años ochenta y noventa tomó inusitado vigor. Diversos procesos de pacificación han logrado que algunos de los grupos armados se integren al sistema. No obstante, la guerra civil…
p. 115
13Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 204, 2122 citas
[17]López Pumarejo ante el presidente del Congreso, Laureano Gó- mez. Desde ese momento, López dejó claro su pro- pósito de adelantar la Revolución en Marcha. Senado de la República y sancionada por el presi- dente el día 30 del mismo mes y año, y aparecer en el Diario Oficial del 21 de enero de 1937, sólo empezó a regir…
p. 204
[42]dad de su esposa, María Michelsen, por lo que tuvo que ausentarse de la presidencia, entre el 16 de no- viembre de 1943 al 16 de mayo de 1944, para llevarla a los Estados Unidos a un tratamiento médico, siendo reemplazado por el desig- nado Darío Echandía. Para com- pletar, en 1943 estalló un escánda- lo que…
p. 212
14Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 8551 cita
[18]hacerse sentir, muy marcadamente, los elementos políticos, y emocionales. La intervención se convierte en el eje de la política del liberalismo. La reforma constitucional de 1936 dio entrada al inter- vencionismo entre los cánones fundamentales, y le quiso imprimir un tipo: El Estado puede intervenir por medio de…
p. 855
15Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 821 cita
[19]should govern during the nineteenth century, the democracy that predominated was maintained without any major changes concerning its liberal conception—that is, a state composed of individual citizens whose rights needed to be guaranteed. In this sense, the nineteenth- century state did not intervene in matters of…
p. 82
16Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 1201 cita
[20]los limitó a solo aquellos que no fueran contrarios a la moral cristiana y a las leyes (Artículo 40), y en su Artículo 38 estableció con claridad lo que será dominante durante los siguientes cincuenta años: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que…
p. 120
17Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · Páginas 52, 2102 citas
[21]a, the places where they are created, and the functions that the respective employees perform." 21 Such glaring ambiguities would continue to inhibit effective government in the territories for the next fifty years. Church State Relations Despite efforts by radical Liberals, the Constitutional Reform of 1936 did not…
p. 52
[38]growth of passionate party politics, was a very different country than it had been in 1934, and for reasons that have yet to be properly explained, López himself abandoned his call for radical change and swung toward the center. A strong supporter of the Allies, he embraced Santos's foreign policies by declaring war…
p. 210
18Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · Página 1461 cita
[22]Hoy el panorama ha cambiado de manera fundamental y se necesita estar ciego para des- conocer lo que como obra de justicia social y de transfor- mación económica ha significado la reforma tributaria del liberalismo. La equidad que caracteriza nuestra revolución tributaria resalta aún más cuando se considera que los…
p. 146
19Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 1951 cita
[23]como portadora y representan- te no sólo de una nueva estética sino también de una nueva visión de los modos de vivir. La conjunción de una ideología po- lítica de progreso y del mensaje de la arquitectura moderna confluyó en la implantación de esas ideas en Colom- bia como parte de la «Revolución en Marcha» pregonada…
p. 195
20Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 4451 cita
[25]situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…
p. 445
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 501 cita
[26]jueces agrarios y estableció mecanismos para evitar la acumulación ociosa de baldíos, lo que a la larga les permitió a muchos campesinos hacerse con la propiedad de la tierra que ocupaban. Así se inició una tradición en el modelo de garantía del derecho a la tierra del campesinado que privilegió la entrega de baldíos…
p. 50
22Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 3372 citas
[27]y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…
p. 337
[28]y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…
p. 337
23No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 451 cita
[29]las tierras improductivas, sus alcances estaban diri- gidos a estimular la productividad y la modernización rural, pero no a «adelantar una reforma agraria redistributiva» 50, lo que permitió con el tiempo perpetuar el modelo de acumulación de tierra. La aplicación de esta Ley 200, como ocurrió a lo largo del siglo…
p. 45
24Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Páginas 54, 3192 citas
[30]200 de 1936-- no será sino un apéndice de esa reforma constitucional. Ella pretendía presionar a los terratenientes para que modernizaran la producción agropecuaria mediante la distante amenaza de expropiación, sin que realmente buscara modificar sustancialmente la situación de colonos y arrendatarios.…
p. 54
[50]Molina, Las Ideas Socialistas, pp. 303 y ss.; e Ignacio Torres G., Los Inconformes, Vol IV, pp. 284-286. Los diplomáticos norteamericanos reseñaron el origen de grupos fascistas pero sin considerarlos como una seria amenaza (NAW 821.00/1122 y 1215). Denunciaron también conspiraciones conservadoras (821.00/ 1099).…
p. 319
25Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · Páginas 272, 2862 citas
[31]escenario para el desarrollo futuro del campo colombiano con base en grandes propiedades privadas. ¿Qué papel desempeñó entonces el movimiento de colonos en la formu- lación de la política oficial para el sector rural? Indudablemente, las invasiones suscitaron interés nacional en el problema de la propiedad. El…
p. 286
[33]1932, p. 80; Santander, Informe del Secretario de Gobierno, 1936, pp. 18-19, y AHOH, caja 6, carpeta 46, comunicación del Procurador General al Ministro de Industrias, 4 de agosto de 1933. 221 EL ESTADO Y EL PROBLEMA AGRARIO, 1930-1936 222 De acuerdo con las consideraciones anteriores se contemplaron dos al-…
p. 272
26Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 3631 cita
[32]nacional. Esta obligación se denominó “prueba diabólica”, puesto que para muchos propietarios era practicamente imposible cumplirla. “Estas sentencias —indica Albert Hirschman— hicieron temblar los cimientos del orden establecido. Acuciados por sus necesidades, los arrendatarios no fueron nada remisos para aprovechar…
p. 363
27Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 2251 cita
[35]del grado de polarización política del país y del descontento creciente de un sector de las Fuerzas Armadas contra López (Archila, 1991). López dimitió finalmente a comienzos de 1945 y lo sucedió en el cargo Alberto Lleras Camargo. La llegada de Lleras, que hasta el momento se des empeñaba como Ministro de Hacienda de…
p. 225
28Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 2531 cita
[36]"Colombia S.A.", libro del sociólogo Antonio García, publicado en Manizales en 1934. Nueva Historia de Colombia. Vol. III te al oficialismo liberal. Aunque la UNIR había proclamado la abstención electoral en las elecciones de 1935, como lo había hecho en 1934 para las presidenciales, Gaitán flamantemente salió elegido…
p. 253
29Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 582 citas
[39]el conflicto entre facciones políticas (Pécaut, 1987) Luego de 1942, regresa nuevamente al poder Alfonso López Pumarejo, in- tentando reafirmar las anteriores reformas impuestas en su primer gobierno, sin embargo en esta ocasión va a recibir una mayor oposición, la cual se va a ver reflejada en la inestabilidad de la…
p. 58
[40]el conflicto entre facciones políticas (Pécaut, 1987) Luego de 1942, regresa nuevamente al poder Alfonso López Pumarejo, in- tentando reafirmar las anteriores reformas impuestas en su primer gobierno, sin embargo en esta ocasión va a recibir una mayor oposición, la cual se va a ver reflejada en la inestabilidad de la…
p. 58
30Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · Página 551 cita
[41]rst political speech a public defense of Gómez. 27 The 1930s brought out a very di ff erent Gómez. Known for his fi ery style and a personality su ffi ciently forceful to grant him fi rst-name recognition, Laureano gained a new moniker early in the Liberal Republic: “The Monster.” The reforms of López’s Revolution on…
p. 55
31Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 5171 cita
[43]282, 284– 85; retirement, 295, 349; Rojas Pinilla enmity, 371; SAC presidency, 245–46; women’s rights extended, 260 —as president: first term (1934–38), 210– 24; second term (1942–45), 276–85; scandals of second term, 278–82, 284, 289–90 López Pumarejo, Eduardo, 230 López Pumarejo, Miguel, 131, 249, 262, 270 Los…
p. 517
32Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 1371 cita
[44]administración, los trabajadores y los comunistas se la jugaron por apoyarlo y defenderlo políticamente, en especial después del intento de golpe de Estado del 10 de julio de 1944, cuando el presidente fue apresado por un movimiento militar en Pasto. Los militares demostraban así que no estaban al margen de los…
p. 137
33Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · Páginas 72, 2502 citas
[45]821.00/1745, Box 4289, Department of State, Deci- mal Files, 1940–1944, RG 59, NARA. 168. Lane to Hull, 6 Mar. 1944, 821.00/1701; and “The Colombian Political Situation,” 12 Feb. 1944, 821.00/1706, Box 4289, Department of State, Decimal Files, 1940–1944, RG 59, NARA. 169. This fact is interesting in that later, during…
p. 250
[57]assistance, contin- ued to wait. Politics and Violence in Colombia, 1945–1948 For Colombian authorities, the Rio Pact embodied hemispheric solidarity. The conference also intensified their frustrations with U.S. foreign economic policy. Yet neither attracted much public attention in Colombia. The country’s domestic…
p. 72
34La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · Página 4641 cita
[46]la manera de controlar la policía sin permitir que progresara independientemente, había que vincularla sometiéndola integralmente al ejército; hacer de ella una prolongación de las fuerzas armadas. Si tal no hacían, pensaban ellos, el ejército vendría con el correr del tiempo a ser superado por la policía; no había…
p. 464
35El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 981 cita
[48]partido dominante reconocido como tal) (Gutiérrez, en prensa). Estaban demasiado faccionalizados, sufrían de una cantidad muy grande de fracturas territoriales e ideológi cas, y carecían del acceso a recursos claves (como por ejemplo una alianza orgánica con la Iglesia católica) que habían constituido un aspecto…
p. 98
36Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 791 cita
[49]que se identificaba. Cada partido, más aún, cada tendencia partidista, poseía su propio periódico. López contaba con El Liberal, 86. Citado en Tirado, Álvaro, Velásquez, Magdala, La reforma constitucional de 1936, Bogotá, Fundación Friedrich Naumann, Oveja Negra, 1982, pp. 223-224. 87. Anales de la Cámara de…
p. 79
37La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Páginas 49, 662 citas
[51]pago de la deuda externa”. 90 A pesar de lo anterior y teniendo en cuenta las limitaciones del erario públi - co, el Gobierno propuso algunas alternativas para luchar contra el analfabetismo, lo cual estaba directamente vinculado con los aspectos culturales de la nación. La 88 Latorre Rueda, “1930-1934. Olaya Herrera:…
p. 49
[52]anterior, crea dentro de su normativa la Campaña de Cultura Aldeana y Rural. Ley 12 de 1934, Diario Oficial No. 22765 del 20 de diciembre de 1934. 24 Tirado Mejía, “López Pumarejo: la Revolución en Marcha”, p. 305. 56 La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947 Olaya Herrera se…
p. 66
38Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 2801 cita
[53]como resultado del plebiscito de 1958 los gobiernos del Frente Nacional aplicaron a educaci ó n e) 10% de los ingresos,' porcentaje que fue aumentado eri los posteriores presupuestos nacionales. La reforma adelantada en la d é cada de 1930-1940 fue cohe rente con el esp í ritu reformista de los gobiernos liberales.…
p. 280
39Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 1191 cita
[54]en lo escuela del lica- nismo, contrael parecer de López Fu= mareo, declimo la idea de una cartdi- detura liberal, prefiriendo llegar al sobre los hombros de una Con- centración Patriótica Nacional; la ad- hesión del conservafismo republi- cano concretoel proposito Sobre esta base, la administración Cayo fue una…
p. 119
40Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 1811 cita
[55]Sanz de Santamaría ante el presidente Ospina Pérez como ministro de Guerra, enero de 1947. En aplicación de la tesis de Lleras Camargo de repartición del poder político, hubo ministros liberales en el gabinete del presidente conservador. 184 Nueva Historia de Colombia, Vol. II Pero, simultáneamente, con el pro-…
p. 181
41Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 151 cita
[56]primer presi- dente liberal. Siguié entonces su activa vida politica, ocupando los siguientes cargos: secretario de la de- legaci6n de Colombia en la Conferencia de Mon- tevideo en el afio 1934; secretario de la misién que acompani al presidente electo, doctor Alfonso Lé- pez, en su visita a los Estados Unidos,…
p. 15
42Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · Página 1501 cita
[58]de la república, se crió en el medio aristocrático bogotano y se educó en ilustres universidades extranjeras. Pocas personas como él llegaron a tener privilegios, y ya en su juventud fue acusado de haber aprovechado la información confidencial que tenía el gobierno para hacer movimientos económicos en su propio…
p. 150