Ensayo · Regeneración · 1886–1929
La excepción colombiana: ¿por qué Colombia no fue tierra de inmigrantes entre 1880 y 1930?
Mientras Argentina, Brasil y Chile recibían millones de europeos, Colombia apenas contabilizaba unos pocos miles de inmigrantes estables entre 1880 y 1930. Este enigma demográfico abre la pregunta sobre si la ausencia fue un límite impuesto por la geografía y el clima, o una opción ideológica deliberada de las élites regeneradoras que prefirió la homogeneidad hispano-católica al costo del estancamiento demográfico, industrial y cultural.
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La respuesta en breve
La marginalidad migratoria colombiana no fue producto de un solo factor sino de la convergencia de restricciones materiales reales —puertos precarios, el Magdalena no navegable todo el año, costos de transporte prohibitivos, deuda pública devastada tras la Guerra de los Mil Días— con decisiones políticas e ideológicas activas: el marco institucional del Concordato de 1887 hacía de Colombia un país inhóspito para quien no fuera católico hispanohablante, y la coalición terrateniente bloqueó cualquier reforma agraria que hubiera ofrecido tierra parcelable al colono europeo. La brecha más reveladora es la de los años veinte: cuando por primera vez hubo recursos suficientes —indemnización panameña y créditos externos— para financiar una política migratoria de escala, el dinero se destinó a ferrocarriles, no a colonización. El discurso racial que lamentaba la 'degeneración' de la población nunca se tradujo en política estatal comparable a la argentina o la paulista, lo que confirma que la ausencia migratoria fue, en última instancia, una opción sostenida por las élites andinas.
La historiografía oscila entre dos polos explicativos que el material obliga a matizar. Una corriente privilegia los condicionantes estructurales: la geografía fragmentada, los puertos deficientes, la triple cordillera y los costos de transporte habrían hecho inviable cualquier política de atracción masiva, absolviendo a las élites de responsabilidad histórica. La corriente opuesta subraya la decisión ideológica: el hispanismo católico de Miguel Antonio Caro, el Concordato de 1887 que ató educación, matrimonio y cementerios a la Iglesia, y el racismo diagnóstico de Jiménez López, López de Mesa y Laureano Gómez habrían configurado un proyecto de nación deliberadamente cerrado al colono no católico. El debate se agudiza en torno a la paradoja de los años veinte: las élites intelectuales —tanto liberales como conservadoras— coincidían en diagnosticar 'degeneración racial' y proponían inmigración del norte como remedio, pero cuando llegaron los recursos de la indemnización panameña y los créditos externos, no se financió ninguna política migratoria de escala. Esto sugiere que el bloqueo no era solo geográfico ni solo ideológico, sino también estructural-agrario: ofrecer tierra parcelable a colonos europeos habría exigido enfrentar a la coalición terrateniente que sostenía a ambos partidos. La existencia de núcleos inmigrantes prósperos en Barranquilla —tan tropical como Santos— desmiente que el clima fuera obstáculo insuperable, y la colonia japonesa de Usiacurí, que se dispersó por inacción estatal mientras Brasil asentaba más de doscientos mil japoneses en São Paulo, confirma que la ventana existió y se cerró por falta de voluntad política, no por fatalidad geográfica.
Ensayo completo
La lectura
¿Por qué Colombia no fue tierra de inmigrantes entre 1880 y 1930?
Entre 1880 y 1930, mientras Argentina absorbía más de seis millones de europeos, Brasil recibía cuatro y Chile poblaba su sur austral con colonos alemanes, italianos y yugoslavos, Colombia contabilizaba a duras penas unos pocos miles de extranjeros radicados de forma estable. La cifra es tan desproporcionada que ha generado un enigma persistente: ¿por qué el país que había sido el mayor virreinato de la América española quedó al margen del gran movimiento migratorio que rehizo demográficamente el Cono Sur y el sur de Brasil? De la respuesta depende cómo se explica un mercado laboral con apenas quince mil obreros industriales en 1930, un sindicalismo esporádico y sin tradición anarcosindicalista, una modernización cultural mediada por élites letradas antes que por masas migrantes, y un discurso racial que oscilaría durante décadas entre el lamento por la degeneración y la exaltación del mestizaje. Conviene pesar las respuestas disponibles —la geografía adversa, la estructura agraria latifundista, el hispanismo católico de la Regeneración, el racismo diagnóstico de los años veinte— y proponer una lectura que no las reduzca a una sola causa pero tampoco se refugie en el "todas las anteriores".
Preguntar por qué Colombia no recibió inmigrantes es preguntar, en realidad, por el tipo de país que se estaba construyendo entre la Constitución de 1886 y la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo. Argentina y Brasil no fueron destinos migratorios por accidente: sus élites concibieron la inmigración como política de Estado. Juan Bautista Alberdi acuñó el "gobernar es poblar", Domingo Faustino Sarmiento hizo de la escuela pública laica el instrumento de asimilación, y São Paulo subvencionó con dinero público el pasaje de decenas de miles de campesinos italianos para sus cafetales. La ausencia colombiana obliga a preguntarse si sus élites nunca formularon un proyecto equivalente, si lo formularon y fracasaron, o si formularon uno opuesto: el de una nación hispano-católica que veía en la homogeneidad, no en la mezcla europea, la garantía del orden.
En el fondo, se juega la relación entre estructura y decisión política. Si la geografía lo explica todo —puertos precarios, el Magdalena no navegable todo el año, la cordillera triple—, la excepción colombiana es un dato natural y las élites regeneradoras quedan absueltas de responsabilidad histórica. Si en cambio se atribuye todo a la ideología —el catolicismo intransigente de Miguel Antonio Caro, el racismo de Laureano Gómez, el hispanismo de Marco Fidel Suárez—, se cae en el idealismo inverso: se olvida que gobernar sin barcos ni caminos ni divisas es una restricción real. La pregunta obliga a pensar cómo se combinaron ambos planos, y qué margen quedó para haber decidido otra cosa.
La primera respuesta sostiene que la ausencia migratoria fue ante todo un problema material. El río Magdalena, principal arteria entre el interior y el Caribe, no era navegable todo el año. Los puertos —Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Buenaventura— no admitían grandes embarcaciones ni contaban con maquinaria adecuada para carga y descarga, en faenas que podían tardar quince días y que dañaban las mercancías por humedad. Los caminos hacia el interior andino eran trochas donde la carga se movía a lomo de mula, con costos de transporte prohibitivos. A ello se sumaba una deuda nacional que hacia 1905-1906 alcanzaba los diecinueve millones y medio de dólares, y una moneda que tras la Guerra de los Mil Días se había desplomado a una fracción mínima de su valor de 1899. En estas condiciones, ninguna política de atracción migratoria habría sido viable: un colono italiano que desembarcara en Santos podía llegar a un cafetal paulista en tren; uno que desembarcara en Barranquilla enfrentaba semanas de viaje hasta el altiplano y precios de alimentos y herramientas inflados por el transporte. La geografía, en esta lectura, fue destino.
La segunda respuesta desplaza el énfasis hacia la estructura agraria. Argentina ofrecía la pampa: tierras planas, homogéneas, cercanas al puerto, susceptibles de ser parceladas en chacras familiares. Colombia ofrecía un mosaico: latifundios ganaderos en la Costa Atlántica y los Llanos, haciendas cafeteras en las cordilleras oriental y central, colonización antioqueña con núcleos de pequeña propiedad que se degradaban rápidamente en agregados y arrendatarios. La legislación de baldíos de 1874 concedía terreno adyacente gratuito solo a los colonos que sembraran cacao, café o caña —cultivos de exportación con retornos a mediano plazo— y excluía a los que apenas cultivaran para subsistencia. Un inmigrante europeo, comparando pampa contra montaña colombiana, no elegía Colombia: elegía la Argentina. El proyecto liberal de blanqueamiento por inmigración se estrelló, en esta lectura, contra la coalición terrateniente que no estaba dispuesta a fragmentar sus dominios para acomodar al colono.
La tercera respuesta apunta al corazón ideológico de la Regeneración. Miguel Antonio Caro, arquitecto intelectual de la Constitución de 1886 y de un pensamiento conservador que veía en la Iglesia y el Estado fuerte las únicas garantías del orden frente al individualismo liberal, jamás salió del altiplano bogotano. El Concordato de 1887, firmado por Rafael Núñez, estableció el catolicismo como religión oficial, devolvió propiedades eclesiásticas confiscadas durante los gobiernos radicales, ató la educación pública a los preceptos de la Iglesia y abolió el divorcio civil. El proyecto regeneracionista reivindicó el idioma castellano y la religión católica como fundamentos del orden nacional. Para un campesino italiano católico esto podía ser indiferente; para un colono alemán protestante, un judío del este europeo o un menonita, Colombia era un país donde no podría casarse civilmente, educar a sus hijos fuera del catecismo ni acceder a cementerios laicos. La homogeneidad hispano-católica no era un accidente: era el proyecto.
La cuarta respuesta cruza las tres anteriores con el discurso racial. Entre 1918 y 1928, la élite intelectual colombiana debatió abiertamente si la población nacional estaba biológicamente degenerada. Miguel Jiménez López, médico conservador de Boyacá, presentó en 1918 ante el Tercer Congreso Nacional de Médicos la tesis Nuestras razas decaen, que diagnosticaba la decadencia colombiana a partir de baja estatura, escasos glóbulos rojos y temperatura corporal inferior a la normal, y la atribuía a la mezcla de "españoles aventureros inmorales" con "indígenas ya degenerados antes de la colonización". Entre mayo y octubre de 1920, el Teatro Municipal de Bogotá albergó el gran debate sobre las razas. El psiquiatra liberal Luis López de Mesa —que en 1934 publicaría De cómo se ha formado la nación colombiana, primer estudio integral moderno de la nacionalidad— respaldó las tesis degeneracionistas de Jiménez López y, junto a Marco Fidel Suárez, propuso "regenerar la sangre colombiana" mediante inmigración del norte. Laureano Gómez publicó en 1928 Interrogantes sobre el progreso de Colombia con un diagnóstico igualmente pesimista. Liberal y conservador coincidían en los presupuestos raciales.
Aquí aparece la paradoja que ninguna lectura simple resuelve: las élites colombianas de los años veinte querían inmigración europea "del norte" para regenerar biológicamente al país, y sin embargo esa voluntad discursiva jamás se tradujo en política estatal comparable a la argentina o la paulista. Entre 1923 y 1928 el país recibió alrededor de doscientos millones de dólares por la vía combinada de la indemnización panameña y los créditos externos, una cifra que multiplicaba varias veces cualquier ingreso extraordinario del siglo anterior; en el mismo arco, las inversiones estadounidenses se multiplicaron casi por diez en una década. Había, por primera vez desde 1886, dinero suficiente para financiar una política migratoria de escala continental. Se destinó a ferrocarriles, no a colonización. La brecha entre el discurso racial y la política pública es reveladora: se lamentaba la degeneración, pero no se financiaba el remedio.
Los números son inequívocos en su marginalidad. Durante la década de 1880 llegaron a Colombia no más de cien inmigrantes al año; la cifra se duplicó hacia 1890, y entre 1908 y 1914 apenas alcanzó los cuatrocientos anuales, cuando unos cincuenta mil italianos emigraban cada año solo a Brasil. La comparación aplasta cualquier discusión sobre "flujo modesto": el flujo colombiano no era modesto, era estadísticamente insignificante. El censo de 1912 clasificaba al 34% de la población como "blanca", pero esa categoría correspondía casi por entero a descendientes de los colonizadores españoles originales, no a nuevos aportes migratorios. La estructura demográfica del país en vísperas de la Primera Guerra Mundial era, en lo esencial, la que dejó el ordenamiento colonial.
La marginalidad numérica no equivale a irrelevancia. El pequeño núcleo que sí llegó —sirio-libaneses en el Caribe, alemanes en Barranquilla y los Santanderes, italianos dispersos, judíos del este europeo llegados sobre todo después de 1933— montó un número apreciable de comercios de importación y varias industrias. El peso relativo de los inmigrantes en la conformación de la burguesía local fue abrumador en Barranquilla, descollante en Bogotá, y considerablemente menor en Antioquia y en ciudades medias como Cartagena, Manizales, Pereira y Bucaramanga. Los comerciantes alemanes tenían la ventaja de vender más barato que los ingleses —incluso productos ingleses— en los mercados de frontera de los Santanderes. Simón Guberek y otros memorialistas judíos describen la figura del buhonero bogotano que vendía a crédito en los barrios del sur y en pocos años acumulaba capital para dar el salto al comercio establecido. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y el gobierno colombiano intervino los bienes de los ciudadanos del Eje, las listas dejaron ver la geografía real de esa inmigración: 259 italianos y 213 alemanes encabezaban el registro de extranjeros con bienes bajo administración fiduciaria, y de los 550 casos nacionales, 353 se concentraban en Barranquilla. La ciudad caribeña era, en términos relativos, la única capital colombiana con una densidad inmigrante comparable —a escala mucho menor— a la de puertos brasileños o rioplatenses.
La existencia misma de estos núcleos prósperos desmiente que el clima o la geografía fueran obstáculos insuperables. Barranquilla es tan tropical como Santos; Ciénaga, más que Rio de Janeiro. Lo que Barranquilla ofrecía y Bogotá no era una posición portuaria, una tradición liberal más fuerte, un tejido comercial abierto al mundo. Cuando el entorno local lo permitía, la integración era posible y productiva. El problema no fue la hostilidad activa hacia el extranjero individual —que llegó, prosperó y a menudo se casó con la élite local— sino la ausencia de una política estatal capaz de convertir esos casos individuales en flujo masivo.
La ventana asiática confirma el diagnóstico. Hacia 1910 llegó a Usiacurí, en el actual departamento del Atlántico, un pequeño grupo de colonos japoneses. Brasil, en las mismas décadas, recibiría más de doscientos mil japoneses en São Paulo mediante política de colonización dirigida; Perú los asentaría en la costa central. Colombia no. La colonia de Usiacurí se dispersó y no dejó descendencia demográficamente significativa. No hubo consulado japonés activo en la promoción, ni ley de colonización que asignara tierras a la comunidad, ni infraestructura de recepción. La ventana existió y se cerró por inacción.
En materia agraria, el bloqueo estructural es visible en el detalle. Los latifundios coloniales de la región de Tequendama, en el altiplano bogotano, se fragmentaron progresivamente en haciendas cafeteras desde al menos 1865, y algunas se parcelaron desde finales del siglo XIX; pero el proceso fue lento, se prolongó hasta mediados del siglo XX y benefició a colonos colombianos, no a inmigrantes. La colonización antioqueña generó inicialmente núcleos de pequeños y medianos propietarios, pero el crecimiento demográfico y la llegada de nuevos colonos fue conformando una masa de agregados y arrendatarios vinculada a las grandes haciendas. Los conflictos entre colonos y terratenientes durante la expansión de la frontera agraria fueron numerosos: la tierra estaba en disputa entre colombianos, con violencia manifiesta, mucho antes de que llegara ningún posible inmigrante. La Ley 200 de 1936, ya bajo López Pumarejo, intentó ordenar el conflicto reconociendo derechos de propiedad al colono que explotara económicamente un predio durante cinco años, pero en la práctica tendió a favorecer a los grandes propietarios. Ofrecer tierra parcelable a un colono europeo habría exigido enfrentar a la coalición terrateniente que sostenía tanto al Partido Conservador como a buena parte del liberalismo. Nadie lo hizo.
Los casos de Usiacurí y Tequendama, leídos juntos, dibujan el mismo patrón desde ángulos distintos: una ventana externa que se cierra por falta de gestión, una estructura interna que no se reforma por falta de voluntad. Desde ese patrón se entiende por qué las consecuencias no se detienen en el plano migratorio sino que se prolongan en la forma misma del país.
La dimensión ideológica exige más matiz. No hubo una ley que prohibiera la inmigración protestante ni un decreto que restringiera el ingreso por raza. Hubo algo distinto y quizá más eficaz: un marco institucional —Concordato, monopolio educativo eclesiástico, matrimonio y cementerios confesionales— que hacía de Colombia un país inhóspito para quien no fuera católico hispanohablante. La insistencia de Caro en políticas conservadoras que excluían a los liberales agudizó las tensiones que desembocarían en la Guerra de los Mil Días. El general Rafael Uribe Uribe señaló como limitación de Caro para gobernar el hecho de no haber salido nunca del altiplano bogotano: desconocía las trochas, la navegación fluvial, la agricultura tropical. Ese desconocimiento no era personal sino institucional. La Constitución de 1886 fue diseñada por un letrado bogotano para un país que él imaginaba andino, católico y castellano, e invisibilizaba a los indígenas, a los afrodescendientes y a las regiones costeras precisamente donde la inmigración habría podido asentarse.
Y sin embargo, cuando llegó el momento —el debate del Teatro Municipal en 1920, los diagnósticos de López de Mesa y Laureano Gómez en los veinte—, las mismas élites que habían construido ese marco confesional y centralista pidieron inmigración europea del norte. La contradicción no se explica por simple hipocresía. Se explica por la incapacidad estatal para convertir el deseo racial en política pública: sin catastro rural moderno, sin puertos capaces de recibir barcos migrantes, sin oficinas de colonización en Europa, sin dinero para subvencionar pasajes, sin voluntad para tocar el latifundio, el "queremos europeos" quedaba en discurso literario.
La articulación es específica y datable, y va de la Regeneración a la República Liberal. La Regeneración no diseñó un programa antimigratorio explícito. Diseñó otra cosa: un orden hispano-católico centralista que asumía la homogeneidad como valor, y que por lo tanto no vio ninguna urgencia en construir la infraestructura material —puertos, ferrocarriles, catastro, oficinas de colonización— que habría permitido revertir los obstáculos geográficos preexistentes. Argentina y Brasil enfrentaban también dificultades materiales; las superaron porque hicieron de la inmigración proyecto de Estado. Colombia no las superó porque su élite no consideró prioritario superarlas.
Esa omisión fue deliberada en un sentido preciso. No hubo un decreto de exclusión, pero sí una jerarquía de prioridades. Caro y Marco Fidel Suárez pensaban la nación como comunidad de lengua y fe, no como reservorio demográfico por completar. El Concordato de 1887 ató la educación al catolicismo cuando en Argentina la Ley 1420 de 1884 la hacía laica precisamente para asimilar a los recién llegados. La Constitución de 1886 estableció un centralismo que gobernaba desde el altiplano regiones costeras que, dejadas a su ritmo, quizá habrían atraído más flujos comerciales y migratorios: Barranquilla lo demuestra a pesar del centralismo, no gracias a él. La estructura latifundista quedó intocada porque la coalición conservadora del período dependía de ella. Y el debate racial de los años veinte, aunque llegó a formular en voz alta el deseo de inmigración europea, llegó tarde: cuando por fin hubo divisas ya la industria colombiana requería otro tipo de inversión y las políticas activas de colonización europea habían perdido momentum en toda América Latina.
Las consecuencias estructurales son las que la comparación con el Cono Sur ilumina con crudeza. El mercado laboral colombiano quedó configurado sobre una base campesina y artesanal, sin la infusión de obreros europeos que en Buenos Aires o São Paulo aportaron oficios, sindicatos y culturas políticas foráneas. En 1930, Colombia tenía apenas quince mil obreros industriales en fábricas, dos tercios de ellos mujeres. Raúl Eduardo Mahecha, dirigente de las tres grandes huelgas de los años veinte, era comunista colombiano, no anarquista italiano. La radicalidad obrera colombiana existió —la Masacre de las Bananeras de 1928 fue real—, pero tuvo un carácter distinto al rioplatense: menos anarcosindicalista, más ligada a los partidos tradicionales y a la Iglesia, más fácil de encuadrar por el bipartidismo. En el plano cultural, la consecuencia fue un cosmopolitismo de élite sin transformación demográfica: Bogotá se hacía llamar Atenas Suramericana y sus letrados leían a los simbolistas franceses, pero la modernidad cultural entraba por la biblioteca de la élite, no por la calle de la ciudad de inmigrantes. El discurso del mestizaje que se consolidaría a mediados del siglo XX —"raza en transición, inacabada", con tendencia a la "estabilización" hacia el tipo blanco-castellano— fue en buena medida la sublimación intelectual de la excepción migratoria: al no haber blanqueado por inmigración, se blanqueó por narrativa.
Queda un margen que la evidencia no zanja del todo. No hay política explícita y coordinada de rechazo a la inmigración; hay omisiones sistemáticas, un marco institucional inhóspito y una jerarquía de prioridades que nunca puso la colonización europea en primer plano. La diferencia entre "no se quiso" y "no se pudo" es más fina de lo que sugiere cualquier síntesis. Rafael Reyes, el más pragmático de los presidentes del período, comprometido con la importación de tecnología extranjera y la expansión exportadora, tampoco logró revertir la tendencia migratoria durante su Quinquenio. Si un régimen abiertamente modernizador no lo consiguió, la responsabilidad puramente ideológica de la Regeneración queda matizada. Pesa también la percepción europea de Colombia como país inestable: la Guerra de los Mil Días dejó decenas de miles de muertos, la pérdida de Panamá en 1903 fue un desastre reputacional, y la moneda colapsó. La estabilidad de la Hegemonía Conservadora entre 1910 y 1930 llegó tarde: cuando Colombia ofreció por fin veinte años de orden institucional, los grandes flujos migratorios europeos ya estaban repartidos entre Argentina, Brasil, Estados Unidos y Canadá, y la Primera Guerra Mundial primero, la Depresión después, cerraron el ciclo. Aun un Estado colombiano vocacionalmente migratorio en 1912 habría encontrado en 1929 un mundo que ya no exportaba campesinos.
La ausencia de inmigración masiva no fue un accidente climático ni una fatalidad geográfica, aunque la geografía la hiciera más costosa de revertir que en la pampa. Fue el resultado de una configuración específica en la que el hispanismo de la Regeneración proveyó el marco cultural, el Concordato le dio forma jurídica, el latifundio bloqueó la puerta agraria, el centralismo bogotano definió qué regiones importaban, y el discurso racial de los años veinte llegó tarde y sin instrumentos fiscales para hacerse política. Ninguna de esas piezas por sí sola habría bastado; su combinación produjo un país que no rechazó al inmigrante europeo con leyes, pero tampoco lo llamó con políticas. En ese vacío entre el rechazo explícito y la atracción activa se coló la excepción colombiana, y con ella una modernidad distinta: menos plural, más mediada por élites letradas, con un mercado laboral de baja densidad industrial y una cultura del mestizaje que sublimó como virtud lo que quizá fue, ante todo, la marca de una oportunidad histórica no tomada.
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Documentos usados en esta lectura
50 documentos · 61 fragmentos de referencia01Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 391 fragmento
[1]el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…
p. 39
02De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 fragmento
[2]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
03De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 fragmento
[3]tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…
p. 41
04Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3521 fragmento
[4]aumentando equi- tativamente cuando mejore la situa- ción fiscal. Esta renta se destinará al auxilio de diócesis, cabildos, semina- rios, misiones y otras obras eclesiásti- cas. En resumen, la Iglesia hace conce- siones sobre sus derechos económicos a cambio del monopolio en el aparato educativo; esto significó un…
p. 352
05Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1461 fragmento
[5]las ind í genas, LA REP Ú BLICA FEDERAL 151 ilc esp í ritu infantil, y una autoridad fuerte era indispensable para controlar el esp í ritu montaraz y rebelde de mestizos y mulatos. La Iglesia era esencial para que s ú bditos o ciudadanos aceptaran las restricciones de la vida en sociedad: al reemplazar la idea de…
p. 146
06Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 5681 fragmento
[6]varios ensayos periodísticos, el señor Núñez advir- tió que la Regeneración era un movimiento que tendía hacia la racionalización del Estado y la vida política: «Si mal no comprendemos y apreciamos la situación, es la ver- dad que estamos saliendo de la época de la imaginación para 569 Eíndnice r ístasóe ld te…
p. 568
07Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 1, 162 fragmentos
[7]ONE Colombia in 1914 In 1914 the republic of Colombia, located in the northwest corner of the South American continent with an area of 461,606 square miles and a population of 5,476, 604, seemed poised to embrace the twentieth century with a period of rapid development. 1 Having put aside the unstable poli- tics and…
p. 1
[15]possibil- ities were well supported by the data they recorded, but neither of them EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:01 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Colombia in 1914 17 could have predicted the refusal of the U. S. Senate to…
p. 16
0830 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 1511 fragmento
[8]división entre los conservadores, los históricos y los nacionalistas. Carlos Martínez Silva quedó a la cabeza de los conservadores históricos y Miguel Antonio Caro de los nacionalistas. Los históricos propugnaban por darles participación a los liberales y abolir la llamada Ley de Caballos, que incluía fuertes…
p. 151
09Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1191 fragmento
[9]nosotros por la inmensidad de las soledades del océano. 4 El general Uribe Uribe se preguntó cómo podía ser presidente de Co- lombia el “académico” Miguel Antonio Caro, quien, por no haber salido del área urbana de Bogotá, no había “podido aprender en Virgilio lo que son las fatigas de una trocha o la navegación en…
p. 119
10Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 2931 fragmento
[10]inmigración nunca fue factor de gran importancia en esta épo- ca. Durante la década de 1880 llegaron al país no más de 100 inmigrantes al año, en promedio. Esta cifra se duplicó durante el lapso comprendido entre 1890 y la primera década de este siglo, y luego llegó tal vez a 400 por año, entre 1908 y 191<f44. En…
p. 293
11Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 261 fragmento
[11]Porce River M a g da le n a R i v e r N E S W composition of Antioquia at the close of the nineteenth century show less evidence of Negro presence than those of colonial times. 4 Observing the primitive ways of the blacks living along the Magdalena river, or of the Indians of the south of the country and the highlands…
p. 26
12Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 261 fragmento
[12]Porce River M a g da le n a R i v e r N E S W composition of Antioquia at the close of the nineteenth century show less evidence of Negro presence than those of colonial times. 4 Observing the primitive ways of the blacks living along the Magdalena river, or of the Indians of the south of the country and the highlands…
p. 26
13Becoming Black Political Subjects: Movements and Ethno-Racial Rights in Colombia and BrazilTianna S. Paschel · 2016 · p. 53, 562 fragmentos
[13]to conclude, “Very few countries give less impor- tance to race than this one. Whites, blacks and Indians live together and mix without any fuss; and this indifference has been and continues to be so much the case that in the national statistics gathering these [ethno-racial] questions have been totally ignored.” 27…
p. 53
[16]of “superior” and “inferior” races, which preoccupied elites elsewhere, mapped 44 Chapter Two directly onto the Colombian territory in unique ways. In this sense, Colom- bia’s imagined race mixture could be said to be more about culture and geography than about imagined notions of “mixed blood,” even though the latter…
p. 56
14Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 591 fragmento
[14]means, therefore, that Cundinamarca was the most populated department that made up the fledgling independent nation- state, since it held close to 50 percent of the total population. Table 2.1 shows how during the two hundred years of the Colombian republic, the population multiplied roughly forty- two- fold. This…
p. 59
15Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 201 fragmento
[17]% anual a fines del siglo xix y en los albores del siglo xx. Es interesante hacer la comparación entre las tasas demográficas de los distintos estados soberanos que cons- tituyeron los Estados Unidos de Colombia durante el siglo 21 Bfiíní dicerfiis ítraópits uí Crlrpois xix, pues refleja las disparidades en el…
p. 20
16Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 571 fragmento
[18]y 7'851.000 diez años más tarde. El censo de 1938 arrojaba una población de 8'701.816 y el de 1951, 11'584.172 (36). A pesar del rápido crecimiento poblacional, que ubicaba a Colombia en cuarto lugar en América Latina después de Brasil, México y Argentina, ésta tenía grandes extensiones prácticamente desocupadas. De…
p. 57
17Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 561 fragmento
[19]of population growth dur- ing the first half of the twentieth century to reach 2.2 percent. These positive demographic shifts, together with difficulties of implementing family planning given the conservative Catholic beliefs that dominated society, resulted in a demographic explosion in the 1960s and 1970s. During…
p. 56
18Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 721 fragmento
[20]fue la relación entre lo urbano y lo rural: en 1938, el 31% de la población habitaba en las cabeceras municipales, lo que representa que para entonces unos 2.700.000 habitantes vivían en condiciones más cercanas a la vida urbana que a la rural, mientras que los restantes 6.000.000 estaban dedicados a las faenas del…
p. 72
19Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1801 fragmento
[21]fue el Teatro Municipal de Bogotá, entre mayo y octubre de 1920, con la “famosa discusión de las razas”. Desde 1918, Miguel Jiménez López, médico conservador de Boyacá, abrió la polémica en el Tercer Congreso Nacional de Médicos con la tesis “Nuestras razas decaen”. Decadencia sustentada en “la inferioridad…
p. 180
20Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 289, 2972 fragmentos
[22]por lo tanto, invertido directamente en el reparto y el juego de las fuerzas... poder que no está ligado al desconocimiento sino que, al contrario, sólo puede funcionar gracias a la formación de un saber, que es para él tanto un efecto como una condición de su ejercicio (Foucault, 2000a; 55-59). Una genealogía del…
p. 297
[26]José María Vergara y Vergara 4 tomos. Bogotá: Minerva, 2: 120-129. UNA GENEALOGÍA DEL RACISMO EN COLOMBIA: CONTINUIDADES Y DISCONTINUIDADES D E L SIGLO X I X A L X X Sandra Lucía Castañeda Medina ¿Existe un punto de partida fijo, una fecha exacta o por lo menos aproximada, acaso un hecho fundamental, desde dónde…
p. 289
21Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 13, 152 fragmentos
[23]cultural”. 43 Los presupuestos teóricos y este tipo de conclusiones del eximio representante liberal coincidían con las del líder conservador Laureano Gómez. Más allá del ámbito electoral y de las disputas por el poder local y nacional, los grupos dirigentes colombianos tienen claras coincidencias. Imbuido por la…
p. 15
[58]se construyeron a partir de la dramaticidad que tienen los sucesos de los que se ocupa. Sin embargo, sus cuadros corresponden siempre a momentos 32 privilegiados por la historia tradicional sobre el pasado nacional. Los aportes interpretativos intentaron acentuar los aspectos populares de esos hechos, con lo cual la…
p. 13
22Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 166, 3752 fragmentos
[24]del país apenas habría unos treinta mil nativos. Sin embargo, ar- gumentaba que las 2/3 partes de la na- ción eran habitadas por diversos gru- pos indígenas. «La población cristiana posee apenas una reducida porción de la parte central de esa enorme área lla- mada Colombia: casi toda la circun- ferencia está en manos…
p. 375
[49]de impor- tación quedaba en gran parte en ma- nos colombianas, y después de medio siglo de vida republicana independien- te no se distingue un grupo fuerte de comerciantes ingleses que se defina como tal, sino algunos apellidos ingle- ses ya «neogranadinizados». Fueron menos visibles que los alemanes. Los ingleses…
p. 166
23Rites, Rights & Rhythms: A Genealogy of Musical Meaning in Colombia's Black PacificMichael Birenbaum Quintero · 2019 · p. 1431 fragmento
[25]the tutelage of the State and the Church.” 28 As for rural dwellers, Almario writes that “Pombo considered that [their] condition... was one of vir - tual savagery, and that only a modern urban context could transform them into citizens...”; indeed, an 1827 law on the Canton of Raposo near Buenaventura, intended to…
p. 143
24La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 531 fragmento
[27]histórico-social de las crisis a que da lugar la refracción y descomposición de órdenes en Colombia, cuenta con el valioso aporte del profesor Luis López de Mesa, quien publicó un Escrutinio sociológico de la histo ria colombiana en 1956. Es esta una obra mucho más sis- temática que su anterior y clásico estudio, De…
p. 53
25Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 961 fragmento
[28]a veces. Así lo son también en su carácter, en su sensibilidad, en su idiología, por donde nos viene el que aún no hayamos concebido cultura propia, seamos tan difíciles de gobernar, tan escépticos, tan crí- ticos e individualistas. Anarquía biológica en que los elementos, como las matrices en que se va a fundir y…
p. 96
26Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 26, 362 fragmentos
[29]ion es y par - tid os. Algunos trazos de este cuadro cambiaron pau sada mente co n la ca - fi cultura. C once ntrada prime ro en la, Cordill era Oriental, se desplaz ó al occide nte del país, e impul só el capital ism o c omercial y / as co loni- zaciones. Las oscila c iones de precios internacionales traje ron ciclos…
p. 26
[30]Santander, palos de tinte en la costa Atlántica, y caucho en el Caquetá, Vichada y Putumayo y en me - nor escala en To lima. Pero por su base demográfica y por su im- pacto en definir las grandes regiones colombianas del siglo xx, las colonizaciones decisivas habrían de ser las del café, muy identifi- cadas con el…
p. 36
27Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 341 fragmento
[31]logr ó igualar las cifras de kil ó metros en uso, de equipo rodante y de inversi ó n, con las de los ferrocarriles de las zonas cafeteras desarrollados durante m á s de seis d é cadas. Con el auge de las inversiones p ú blicas en v í as de comunicaci ó n se resolvi ó, pues, una de las limitaciones para el…
p. 34
28Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 361 fragmento
[32]individuo que ocupe terrenos incultos pertenecientes a la Nación, a los cuales no se les haya dado aplicación especial por la ley, y establezca en ellos habitación y labranza, adquiere dere- cho de propiedad sobre el terreno que cultive, cualquiera que sea su extensión [Énfasis agregado]. Adicionalmente, el colono…
p. 36
29Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 211 fragmento
[33]de esta fase de la lucha fue una estructura de clases basa- da en la extensión de la tierra poseída que, a comienzos del siglo se configuraba así: rninifundio en las tierras altas; un sistema mixto de pro- ducción en las laderas, y latifundios en las llanuras 6. Estos patrones de producción todavía caracterizan el…
p. 21
30Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 1831 fragmento
[34]Amaneceres. Historia de tos agrarios de Sumapa^j Oriente del Tolima. Alcaldía Local de Sumapaz, Fondo Editorial UAN, Bogotá, 2007. 71 Sobre los conflictos en las haciendas cafeteras ver Absalón Machado (1988), son innumerables las referencias sobre estos conflictos en los treinta; en el libro de Catherine LeGrand hay…
p. 183
31Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2271 fragmento
[35]parte de las tierras recibidas, para valorizar las restantes. De este modo, otorgaron facilidades para la conformación de los núcleos iniciales de pobladores, donando usualmente las tierras para la cabecera y vendiendo a bajo precio pequeños lotes agrícolas. En uno y otro caso se generó un sistema de colonización en…
p. 227
32Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 921 fragmento
[36]return to analyse in some greater detail the social structure of the regions which in the twentieth century would be the 'traditional' coffee cultivators of the country. 16 Coffee in Colombia, 1850-1970 In summary, we can say that the minifundio in the altiplano reached the limits of its productive capacity: the…
p. 92
33Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3641 fragmento
[37]I nómicamente explotados. Quien com- probara que por cinco años había ex- plotado económicamente un predio, tenía derecho a adquirir el dominio, si había obrado de buena fe. A su vez, y en desarrollo del principio de la fun- ción social de la propiedad y de que ésta implicaba obligaciones, si un pro- pietario no daba…
p. 364
34Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 621 fragmento
[38]see attitude, hoping that after five years, they would receive titles. 57 While scattered evidence suggests that the land judges tended to side with large proprietors, according to the Ministry of Industries more than 80 percent of existing suits over public lands, title disagreements, and conflicts of interests were…
p. 62
35El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 2571 fragmento
[39]emigra. Ciertos sistemas de pago y contratación empleados por las haciendas · requerían el empleo de individuos que fuesen más que simples peones y jornaleros. En muchos casos, la rocería, por ejemplo, y ciertas faenas de mantenimiento de pastizales y cafetales se pactaban "a contrato", con un ".,, contratista. 68…
p. 257
36Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 35, 552 fragmentos
[40]tres décadas bajo el control de los comunistas, y las tres grandes huelgas de los años veinte fueron dirigidas por el comunista Raúl Eduardo Mahecha, vicepresidente del Congreso Socialista de 1924. PROSPERIDAD ECONÓMICA Pero antes de analizar las grandes huelgas comunistas es necesario discutir el estado de la…
p. 55
[51]pp. 403-440. · 1931-1946: 2. República de Colombia, Contralor(a General de la República. Primer censo:;indica] de Colombia, 1947. Bogotá, 1949. 1947-1965: 3. República de Colombia. Diario Oftria/, enero de 1947-marzo de 1966. a) nt: acuerd<l con el Código Laboral, articulo 368, es obligación de todo sindicato, tan…
p. 35
37Arrogant Diplomacy: U.S. Policy Toward Colombia, 1903-1922Richard L. Lael · 1987 · p. 1091 fragmento
[41]1899 that value had dropped to $.297; by 1900, to $.104; by 1901, to $.038; by 1902, to $.014; by 1903, to $.011; and during both 1904 and 1905, to $.010. 53 In addition, the Reyes administration faced a total national debt calculated at $19,541,567 (U.S.) by 190506. 54 In view of such dismal financial realities,…
p. 109
38Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 2391 fragmento
[42]which today we see in other countries.s? Rafael Reyes, whose candidacy was supported publicly by moder- ate Conservatives and privately by most Liberals, was a man whose life and thought contrasted sharply with that of Velez. In his mid-50's in 1904 Reyes had received little formal education and was known as a man of…
p. 239
39Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 471 fragmento
[43]the context of Manifest Destiny, the U.S. expansionist war with Mexico (1846–1848), and the incorporation of the Southwest into U.S. territory, this first U.S. pro- tectorate with Colombia over Panama not only signaled a sea change in U.S. foreign policy—an entangling alliance—but also served as a model for…
p. 47
40Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 23, 402 fragmentos
[44]Pachón, Álvaro, Ramírez, María Teresa, La infraestructura de transporte en Colombia durante el siglo XX, Bogotá, Fondo de Cultura Económica, Banco de la República, 2006, p. 29. 7. Ibídem, pp. 22-50. los años de cambio 23 exportadora y para el intercambio local y regional, tampoco logró modernizarse en las primeras…
p. 23
[56]germinado ni se habrían desarrollado en la forma que estamos viendo si el ambiente social no favoreciera su germinación y desarrollo”. 31 Varios ejemplos históricos servían para corroborar sus postulados: “nosotros no creemos que la intimidación, ni las leyes que borran los linderos entre la libertad y la licencia,…
p. 40
41Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 236, 3184 fragmentos
[45]la Costa un tipo de hacienda que inmovilizara cantidades apreciables de arrenda- tarios), a lo cual se sumó el arribo de un núcleo pequeño de inmigrantes sirio-libaneses, judíos del este europeo, alemanes e italianos, que montaron un número apreciable de comercios de importación y varias industrias. Según Nichols, "en…
p. 236
[46]la Costa un tipo de hacienda que inmovilizara cantidades apreciables de arrenda- tarios), a lo cual se sumó el arribo de un núcleo pequeño de inmigrantes sirio-libaneses, judíos del este europeo, alemanes e italianos, que montaron un número apreciable de comercios de importación y varias industrias. Según Nichols, "en…
p. 236
[47]Bogotá, eran inmigrantes de la primera o segunda generación. La muestra de Gilbert dio los re- sultados consignados en el cuadro 5.8. Esto significa que el peso relativo de los inmigrantes en la conformación de la burguesía local es o ha sido considerable en el país, abrumador en Barranquilla y descollante en Bogotá,…
p. 318
[48]Bogotá, eran inmigrantes de la primera o segunda generación. La muestra de Gilbert dio los re- sultados consignados en el cuadro 5.8. Esto significa que el peso relativo de los inmigrantes en la conformación de la burguesía local es o ha sido considerable en el país, abrumador en Barranquilla y descollante en Bogotá,…
p. 318
42Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 6161 fragmento
[50]a q u e e l n ú m e r o p o d í a e s t a r s u b e s t i m a d o, p o r lo q u e s o l i c i t a b a m a y o r i n f o r m a c i ó n. [5 3 8 ] (9), Pueblobello (8) y Santa Marta (8), en otras poblaciones de la región (3 7), y en lugares no identificados (125) (véase Cuadro 17. 6). La mayoría de extranjeros que te…
p. 616
43Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1921 fragmento
[52]naciente clase obrera colom- biana no tenía un componente de trabajadores in- dustriales fuertes; para 1930 sólo 15.000 obreros laboraban en fábricas; la mayoría de ellos, las dos terceras partes, eran mujeres; las formas de orga- nización sindical tuvieron carácter esporádico. Los sectores que presentaron mayor grado…
p. 192
44Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 621 fragmento
[53]contrario, decidió que el avance intelectual y doctrinario no radicaba más en el liberalismo y optó por pasar al socialismo, aunque años después regresó a las toldas liberales. Los socialistas, por su lado, continuaban concretando ideas. Hacia 1924, en un nuevo congreso, orientaron su perfil hacia un compromiso más…
p. 62
45El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 1411 fragmento
[54]industrial fuerte, y de la inmadurez ideol ó gica de los primeros dirigentes obreros, se presenta la d é cada de los veinte como mera “ prehistoria ” del “ verdadero ” movimiento obrero. No recurrir á con ligereza a este argumento de la “ inmadurez ” quien analice cr í ticamente el estado 146 presente de la Izquierda…
p. 141
46Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1231 fragmento
[55]Confederación Sindical de Trabaja- dores de Colombia, que aún subsiste como una de las grandes federaciones sindicales del país, ahora bajo el nombre de Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC). En 1946, fruto de un cisma en la misma, se creó la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC), que junto con la Unión…
p. 123
47Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 911 fragmento
[57]de la historia, la cultura y los problemas de la nación. En su discurso de posesión se refirió al sistema educativo que re- cibía su gobierno con duras palabras de crítica: «En los talleres y en los campos ve- mos que nuestros hombres manejan sus instrumentos de trabajo al precio de un esfuerzo rutinario; el producto…
p. 91
48El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 931 fragmento
[59]protestado abiertamente contra las ilegalidades de la Hegemonía y su intento de excluir al adversario; en esto no estuvo solo). Y en efecto los nuevos diseños tuvieron al menos dos consecuencias positivas e importantes. Primero, atrajeron al Parti do l iberal al camino de la legalidad. Aquí es necesario ser un poco…
p. 93
49Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2431 fragmento
[60]el designado Jorge Holguín retira los tratados del debate del Congreso y Reyes reasume el mando. Reyes se embarca hacia Santa Marta y abandona el país. El Congreso elige a Ramón González Valencia para terminar el sexenio, y restablece la división del país en departamentos. 1910 Reforma Constitucional: abolición de la…
p. 243
50La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 11 fragmento
[61]b i b l i o t e c a a b i e r t a c o l e c c i ó n g e n e r a l e s t u d i o s i n t e r d i s c i p l a n a r i o s La hegemonía conservadora La hegemonía conservadora Rubén Sierra Mejía editor 2018 catalogación en la publicación universidad nacional de colombia La hegemonía conservadora / Rubén Sierra Mejía,…
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