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Idea · Regeneración

Blanqueamiento

El blanqueamiento fue el conjunto de dispositivos jurídicos, demográficos, escolares, sanitarios y culturales mediante los cuales, desde el ordenamiento colonial de castas hasta la primera mitad del siglo XX, el Estado y las élites colombianas administraron la diferencia racial por asimilación jerárquica: mestizaje dirigido hacia el polo europeo, promoción selectiva de la inmigración blanca e hispanidad católica como cemento identitario.

3.729 palabras51 documentos67 fragmentos citados
Blanqueamiento

Trayectoria de una idea

  1. 1778

    Censo colonial revela mayoría mestiza

  2. 1821

    La república abolió las categorías raciales coloniales en la ley

  3. 1836

    Fracaso del proyecto de colonización europea en Antioquia

  4. 1853

    Ancízar formula el mestizaje-blanqueamiento como modernización

  5. 1886

    La Regeneración institucionaliza el blanqueamiento cultural

  6. 1920

    Debate degeneracionista y mestizaje dirigido como única vía

  7. 1991

    Reforma constitucional y reconocimiento de la diversidad étnica

03

La lectura

El blanqueamiento no fue en Colombia una ley ni un decreto, sino una tecnología de gobierno dispersa en registros parroquiales, constituciones, manuales escolares, políticas migratorias y discursos médicos que, durante dos siglos, orientó la diferencia racial hacia la asimilación jerárquica en lugar de la segregación formal. Su paradoja fundacional es que operó en una nación cuya mayoría demográfica era mestiza desde antes de la Independencia, lo que obligó a sus promotores a construir la jerarquía no por exclusión visible sino por selección de lo representable: la nación andina, católica, letrada y de ascendencia hispana reconocible. La Regeneración de 1886 fue su momento de mayor coherencia institucional, cuando Caro convirtió la herencia hispana, la fe católica y la lengua española en los tres vínculos de una comunidad que dejaba a indígenas y afrodescendientes en los márgenes decorativos del retrato nacional. El fracaso de la inmigración europea masiva —un goteo de centenares frente a los millones que recibió Argentina— privó al proyecto de su palanca demográfica y lo empujó hacia el mestizaje dirigido interno y el debate degeneracionista de 1920. Su legado más duradero no es ninguna institución abolible, sino una propensión social al 'lavado de sangre' matrimonial y una ausencia: la de la pregunta étnica en los censos durante casi todo el siglo XX.

En Colombia, el blanqueamiento fue —y en registros persistentes sigue siendo— una tecnología de gobierno de las poblaciones, no un simple prejuicio de piel. Se trata del conjunto de dispositivos jurídicos, demográficos, escolares, sanitarios y culturales mediante los cuales, desde el ordenamiento colonial de castas hasta la primera mitad del siglo XX, el Estado y las élites letradas administraron la diferencia racial no por segregación explícita, como en el modelo anglosajón, sino por asimilación jerárquica: mestizaje dirigido hacia el polo europeo, promoción selectiva de la inmigración blanca, hispanidad católica como cemento identitario y silenciamiento estadístico de indios y negros. Su bisagra decisiva es la Regeneración (1886-1930), que le da marco constitucional, concordatario y escolar. Pero el arco es más largo: hunde raíces en las cédulas coloniales de gracias al sacar y en las categorías de pureza de sangre, atraviesa el siglo XIX republicano —cuando José Manuel Restrepo imaginaba una nación "progresivamente más blanca"—, se codifica hacia 1886 y se prolonga, con voz de médicos y ministros, hasta el debate degeneracionista de 1920, para sobrevivir después en la categoría "trigueño", en el "lavado de sangre" matrimonial y en la ausencia de la pregunta étnica en los censos durante casi todo el siglo XX.

Un proyecto sin nombre propio

Ninguna ley colombiana se llamó jamás "de blanqueamiento". La palabra no figura en las constituciones ni en los códigos. Y sin embargo, quien recorre los dos siglos que van del último tercio del XVIII a la reforma constitucional de 1991 encuentra una insistencia: la del deseo, por parte de las élites, de que Colombia se parezca menos a lo que demográficamente es —una nación mayoritariamente mestiza, con enclaves indígenas y afrodescendientes bien definidos— y más a lo que quisiera ser: una república andina, católica, letrada, de ascendencia hispana reconocible.

Ese deseo no fue uniforme ni siempre coherente. Lo impulsaron conservadores hispanistas y liberales cientificistas, médicos y poetas, corógrafos y notarios de pueblo. Operó a veces como legislación —el Concordato de 1887, las prohibiciones de inmigración de chinos, hindúes y "turcos"—, otras como discurso escolar —el manual de Henao y Arrubla—, otras como práctica social difusa —la preferencia matrimonial por rasgos europeos—. Su fuerza está justamente en esa dispersión: al no ser un régimen segregacionista formal, no dejó una Rosa Parks a la cual señalar, pero tampoco dejó que los excluidos aparecieran plenamente en el retrato nacional.

Un dato basta para dimensionar el resultado: el censo de 1778-1780, en la Nueva Granada tardocolonial, registraba 46,4% de "libres" (mestizos), 26% de blancos, 19,5% de indios y 7,8% de esclavos. La mayoría demográfica era ya mestiza antes de la Independencia. La república nació, entonces, con el problema de qué hacer con una población cuya composición real desmentía las jerarquías que sus élites querían conservar.

De la casta al ciudadano: la herencia colonial

El sistema colonial hispanoamericano organizaba a las personas por calidad: una categoría social que involucraba color, riqueza, linaje legítimo, oficio y opinión pública, y que se consolidaba en el registro parroquial del bautismo. La blancura, en ese esquema, no era estrictamente un tono de piel sino una condición social —"ausencia de mancha"— que se demostraba por documentos: partida de nacimiento legítimo y certificación de pureza de sangre.

Desde finales del siglo XVI, y con creciente insistencia en el XVIII, esa acreditación fue requisito para acceder a la universidad, a cargos públicos elevados y al oficio de notario. Mestizos y mulatos quedaban formalmente excluidos. La Corona ensayó, sin embargo, una salida transaccional: las cédulas de gracias al sacar, que permitían comprar la dispensa —blanquearse legalmente— mediante pago a la hacienda real. El dispositivo revela con precisión la lógica del sistema: la blancura era una categoría inestable, negociable, y su cierre etnológico convivía con una apertura pecuniaria.

Bajo esa arquitectura, las categorías "blanco" y "español" se usaban de manera intercambiable, aunque a veces sirvieran también para distinguir al peninsular del criollo. Y por debajo, indígenas, negros esclavizados, mestizos y mulatos ocupaban posiciones subordinadas cuya legitimación intelectual invertía la causalidad: se decía que eran inferiores porque estaban sometidos, cuando en realidad estaban sometidos porque el orden colonial los había hecho inferiorizables. El racismo, así entendido, fue consecuencia gradual de la Conquista, no su premisa.

Este cimiento importa porque nada de lo que sigue —ni la retórica republicana de la igualdad, ni el hispanismo de Miguel Antonio Caro, ni el degeneracionismo de 1920— se explica sin él. Los mecanismos cambiaron; la jerarquía persistió.

La república y la promesa del mestizaje

Las constituciones de la primera república rompieron con el vocabulario de castas. La Constitución de 1821 definió al ciudadano como varón libre nacido en el territorio nacional; los censos, los documentos legales y los avisos de fugitivos abandonaron las categorías coloniales, con la excepción notable de "indio" y "esclavo", que sobrevivieron como estatus jurídicos particulares.

En el plano intelectual, esa abolición formal se acompañó de una visión positiva del mestizaje. José Manuel Restrepo, historiador y ministro, anticipó que las castas desaparecerían a medida que indios, europeos y africanos se mezclaran, dando por resultado una nación de personas libres y progresivamente más blancas. La imagen tiene un parentesco evidente con la "raza cósmica" que Vasconcelos formularía un siglo después, pero con una diferencia decisiva: en Restrepo, el mestizaje no celebraba la síntesis, la orientaba. El resultado esperado no era una tercera raza, sino un blanqueamiento demográfico.

Frente a los modelos alternativos disponibles —la exclusión racial norteamericana, la ruptura haitiana—, los legisladores colombianos optaron por la asimilación. Y en esa opción se juega el rasgo más característico del blanqueamiento colombiano: no expulsa, integra; pero integra en jerarquía, no en igualdad.

Manuel Ancízar dejó, en su Peregrinación de Alpha (1853), la formulación clásica. Recorriendo Santander como miembro de la Comisión Corográfica, describió la absorción del componente indígena por el europeo como un proceso que produciría una población "homogénea, vigorosa y adaptable" al trabajo agrícola y artesanal. José María Samper acompañó ese diagnóstico regional. La ecuación era transparente: mezclarse para blanquearse, blanquearse para modernizarse.

En la política indígena, la traducción práctica fue la disolución de los resguardos y la incorporación de sus habitantes al mercado y a la vida ciudadana mediante asimilación cultural y mezcla biológica. Esa política —que atravesaría todo el siglo XIX y llegaría intacta hasta los años sesenta del XX— consideraba la propiedad comunal indígena un obstáculo al proyecto nacional. Con la negritud, tras la abolición del 21 de mayo de 1851 (vigente desde el 1 de enero de 1852), la operación fue distinta: la ley declaró a los libertos "granadinos con los mismos derechos y obligaciones", pero el discurso letrado siguió su curso. El mismo Santiago Pérez, en sus Apuntes de Viaje de 1853, describía a la población negra libre del Chocó y Buenaventura en términos de pobreza, incuria, falta de caminos y desinterés de los blancos, y agregaba caracterizaciones de tono abiertamente racista. La igualdad formal no desmontó el desprecio.

El desplazamiento conceptual es crucial: la raza dejó de ser cálculo colonial de linaje honorable para volverse metáfora moral. Ya no se trataba de probar pureza en papel notarial, sino de diagnosticar aptitud —o incapacidad— para la modernidad. Ese giro, aparentemente ilustrado, hacía posible reproducir la jerarquía sin nombrarla como racial: bastaba con hablar de educación, laboriosidad, higiene o civilización.

1886: la Regeneración le da forma de Estado

La Regeneración, iniciada con la Constitución de 1886 y sellada con el Concordato de 1887, es el momento en que ese dispositivo difuso adquiere columna vertebral institucional. No porque introduzca una legislación racial explícita —no la hay—, sino porque cristaliza el conjunto de instituciones y símbolos con los cuales la nación se representará durante casi medio siglo.

Rafael Núñez lo inicia; Miguel Antonio Caro lo arma. Vicepresidente de Núñez y presidente de facto tras la muerte de este en 1894, Caro es el arquitecto intelectual de la Constitución de 1886 y el ideólogo del hispanismo católico como cemento nacional. Filólogo, latinista, socio de Rufino José Cuervo en la defensa del castellano culto, concibió la nación como una comunidad definida por tres vínculos: la herencia hispana, la fe católica y la lengua española. La raza, en su lenguaje, aparece menos como categoría biológica que como filiación cultural y religiosa; pero el efecto es equivalente, porque la comunidad así definida deja fuera —o adentro solo por asimilación— a quienes no comparten esa filiación: indígenas de lenguas propias, afrodescendientes de memoria africana, mestizos alejados del canon letrado.

La Constitución de 1886 estableció que la educación pública se orientaría conforme a los preceptos de la religión católica. El Concordato de 1887 hizo del catolicismo la religión oficial, devolvió a la Iglesia las propiedades confiscadas por los liberales radicales, ató el sistema escolar a los preceptos católicos y abolió el divorcio civil. La Iglesia se convirtió, así, en co-gestora del proyecto: no solo administraba los sacramentos, administraba la nación. La reacción venía de lejos —los liberales radicales habían contratado en 1870 una misión pedagógica de protestantes alemanes, y el alzamiento conservador de 1876, aunque derrotado, había marcado el terreno—; con 1886, esa reacción se hizo Estado.

El efecto de blanqueamiento no está en cláusulas raciales que no existen, sino en la selección de lo representable. La nación, tal como la codifica la Regeneración, es Bogotá y las capitales andinas, es la lengua de Cuervo y la fe de Caro, es la genealogía que retrocede sin ruptura hasta la Conquista española. El manual escolar de Henao y Arrubla —lectura obligatoria durante décadas— traza esa línea de continuidad con la herencia española y colonial, sin repudiar la Conquista ni la Colonia, cohesionando momentos históricos que la primera república había querido oponer. Los indígenas, los negros, sus geografías —el Pacífico, la Costa Caribe, el Chocó, buena parte del Cauca— y sus culturas quedan, si no fuera del retrato, sí en sus márgenes decorativos.

A la construcción positiva se suma la exclusión política. Caro impuso una regla sucesoria sesgada que vetó la participación liberal en el Congreso, clausuró periódicos, fusiló y desterró a líderes de la oposición. El régimen fue autoritario, teocrático y centralista, y esa concentración explica la eficacia de su hegemonía cultural: los aparatos del Estado —escuela, registro, ejército, Iglesia— hablaron con una sola voz durante décadas.

El estrecho gotero de la inmigración europea

Toda ideología de blanqueamiento demográfico necesita, para cumplirse, un flujo migratorio. Colombia lo intentó y fracasó de manera espectacular. Desde 1821, los congresos republicanos adjudicaron tierras baldías a inmigrantes europeos y norteamericanos como incentivo para poblar el territorio. En 1836, Antioquia hizo el ensayo más ambicioso: se concedieron 100.000 fanegadas a Tyrell Moore para que trajera al menos mil colonos europeos —agricultores, fabricantes, artesanos, mineros—, con exención del diezmo por veinte años y del servicio militar por doce. Para 1842, el fracaso era evidente. Las guerras internas, el clima tropical y el aislamiento de las regiones convirtieron el proyecto en letra muerta.

Las cifras del período 1880-1914 son elocuentes por su modestia: no más de 100 inmigrantes al año durante la década de 1880; el doble entre 1890 y comienzos del siglo XX; quizás 400 por año entre 1908 y 1914. El contraste latinoamericano es abrumador: Argentina recibió una inmigración neta de aproximadamente tres millones y medio de personas entre 1857 y 1930, y en 1914 tres cuartas partes de los adultos de Buenos Aires habían nacido en el extranjero; a Brasil emigraban unos 50.000 italianos por año. El goteo que llegó a Colombia —núcleos sirio-libaneses, judíos del este europeo, alemanes e italianos asentados sobre todo en la Costa Atlántica— montó comercios de importación e industrias, pero no alteró la composición demográfica del país.

Ese fracaso convivió con una xenofobia oficial explícita. El Estado prohibió la inmigración de chinos, hindúes y "turcos" (otomanos) mientras alentaba la europea, y la prensa calificó a los trabajadores jamaicanos que llegaban al Caribe como "absolutamente indeseables" por el "grave daño que hacen a nuestra raza". El antisemitismo casual —asociación del judío con la Crucifixión, con el control de la banca internacional, con un carácter percibido como reprobable— circulaba con naturalidad en la burguesía. El blanqueamiento por inmigración quería, pues, un blanco muy particular: europeo occidental, católico o al menos cristiano, agricultor o artesano. No cualquier extranjero servía.

El resultado paradójico es que Colombia se quedó sin la palanca demográfica que sí operó en el Cono Sur. Cuando el debate racial estalle hacia 1920, esa carencia empujará a las élites hacia el mestizaje dirigido como única vía disponible —y hacia la fabricación regional de tipos que sirvieran de modelo interno de blancura.

La geografía como jerarquía: Antioquia, Santander y sus reveses

Si la nación no podía blanquearse por inmigración masiva, podía al menos representarse a través de regiones-modelo. En la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, la literatura corográfica y ensayística construyó dos tipos regionales con vocación de espejo nacional: el antioqueño y el santandereano.

El antioqueño fue descrito como "quizás el más bello tipo de la República". Los visitantes lo veían "blanco" pese a que los censos mostraban una mayoría regional de mestizos y mulatos. Su origen triétnico —español, indígena, negro esclavizado— quedaba disimulado bajo la denominación de "raza antioqueña", que la propia literatura crítica llamaría después "herejía etnológica". La retórica identitaria enfatizaba una ascendencia predominantemente española —vasca, castellana, andaluza, con guiños sefardíes— y anclaba la belleza física en virtudes morales: laboriosidad, austeridad, empresa. La analogía con el vasco español servía de sello, aunque los apellidos dominantes no correspondieran al señorío de Vizcaya. La construcción era ideológica antes que genealógica.

Santander recibió tratamiento paralelo. Ancízar y Samper describieron una población mestizo-blanca de componente español —aragonés y catalán— e indígena chibcha, laboriosa en agricultura, minería y artesanía de tejidos y sombreros. La región aparecía como laboratorio exitoso del mestizaje asimilatorio: el indio absorbido, la raza mejorada, el trabajador formado.

Estos dos tipos —el antioqueño empresario, el santandereano artesano— cumplían una función precisa en la economía simbólica de la nación: mostraban que el blanqueamiento era posible, que había ya regiones donde el proyecto había dado frutos. Y por contraste, jerarquizaban el territorio. El Chocó y el Pacífico, donde las poblaciones negras se habían asentado en zonas tropicales húmedas comparables a las africanas, quedaban relegados a la periferia moral y económica. El Magdalena y los "valles ardientes" habitados por poblaciones negras, mulatas y zambas cargaban con la asociación entre tropicalidad y atraso. El sur andino con sus poblaciones indígenas era descrito por los viajeros del XIX en términos de "modos primitivos".

La jerarquía no necesitaba enunciarse como racial. Bastaba con hablar de laboriosidad, de progreso, de belleza. La geografía se encargaba del resto.

1920: el diagnóstico médico de la nación

El aparato retórico de la Regeneración se prolongó, en las primeras décadas del siglo XX, en un lenguaje nuevo: el de la medicina y la higiene pública. En 1918, ante el Tercer Congreso Nacional de Médicos, Miguel Jiménez López presentó la tesis Nuestras razas decaen. El diagnóstico era catastrófico: la población colombiana estaba en degeneración fisiológica —baja estatura, escaso conteo de glóbulos rojos, temperatura corporal inferior a la normal—, y esa decadencia provenía de la mezcla original entre "españoles aventureros inmorales" e "indígenas ya degenerados antes de la colonización". La Conquista, en esta lectura, no había sido acto fundacional sino contaminación biológica primera.

El debate estalló dos años después. Entre mayo y octubre de 1920, el Teatro Municipal de Bogotá albergó la "famosa discusión de las razas": conferencias sucesivas de médicos e intelectuales sobre el problema racial colombiano. Jiménez López, conservador, sostuvo su diagnóstico. Luis López de Mesa, psiquiatra e intelectual liberal, lo respaldó en lo esencial y propuso, junto con Marco Fidel Suárez, la regeneración de la sangre colombiana mediante inmigración del norte —Europa o Norteamérica—. Torres Umaña sistematizó el tropicalismo: el clima tropical ejercía una acción deletérea sobre organismos humanos y animales, y hacía al trópico prácticamente inhabitable para razas destinadas a la civilización.

El hecho decisivo es la coincidencia transpartidista. El conservador Jiménez López y el liberal López de Mesa —y después el conservador Laureano Gómez, cuyas conferencias Interrogantes sobre el progreso de Colombia de 1928 ofrecerían un diagnóstico spengleriano igualmente pesimista sobre la raza y el territorio— compartían la lectura de la nación como enfermo racial. El degeneracionismo no era ideología de partido: era el sentido común de la élite letrada colombiana.

No fue, sin embargo, sentido común incontestado. El debate incluyó una réplica ambientalista: el problema no era la sangre sino la alimentación, la vivienda, la higiene, la escuela. El ministro de Higiene del período defendió esa posición, que desplazaba la explicación desde la biología hacia las condiciones sociales. La disputa no se resolvió con una victoria clara de ninguno de los dos campos, pero fijó un vocabulario que dominaría durante décadas: hablar de la nación en clave médica, entender los males del país como patologías corporales de su población, buscar la salud pública como sinónimo de regeneración racial.

Ese lenguaje médico fue especialmente eficaz porque parecía neutral. No hablaba de castas, no invocaba pureza de sangre, no citaba a Caro. Hablaba de glóbulos rojos, de temperatura, de estatura, de clima. Pero producía el mismo mapa: unas poblaciones eran aptas para la modernidad, otras la lastraban. Y las que la lastraban eran, sistemáticamente, las mismas de siempre.

Los efectos de larga duración

El régimen de la Regeneración terminó en 1930 con la elección liberal de Enrique Olaya Herrera. Pero el aparato de blanqueamiento no era reducible a un gobierno ni a una constitución: había penetrado la escuela, el registro parroquial, el matrimonio, el imaginario regional, el vocabulario cotidiano. Sobrevivió a la caída de sus arquitectos.

Sobrevivió, primero, en la clasificación social difusa. La categoría "trigueño" —marcador ambiguo que permitía a personas de piel oscura ser adscritas a la "raza blanca"— operó a lo largo del siglo XX como mecanismo de blanqueamiento por autoidentificación y por opinión colectiva. El viejo criterio colonial, según el cual la casta dependía de "la opinión de la colectividad donde habitaba", no había desaparecido: solo se había vuelto informal.

Sobrevivió, segundo, en la práctica matrimonial. La preferencia por parejas de rasgos europeos y mayor estatura como mecanismo de "elevación de estatus social" —el llamado lavado de sangre— persistió sin recibir jamás un tratamiento sistemático ni un nombre institucional. Era una lógica que se enseñaba en casa, no en la escuela.

Sobrevivió, tercero, en el silencio censal. Durante casi todo el siglo XX, las estadísticas nacionales ignoraron la pregunta étnico-racial bajo el argumento de que blancos, negros e indios convivían y se mezclaban sin conflicto. La ausencia de dato era el punto final del proyecto: si nadie era contado como negro o indio, la nación mestiza-blanca podía representarse como consumada. Solo el censo de 1993 volvió a introducir la pregunta étnica, y sus resultados fueron reveladores: la probabilidad de que alguien se autoidentificara como afrocolombiano dependía significativamente de variables como región, tamaño del municipio, nivel educativo y ocupación. El blanqueamiento seguía operando por dentro, en la manera misma en que las personas se declaraban.

Sobrevivió, en fin, en el despojo local. En el Patía caucano, la notaría pública operó durante buena parte del siglo XX de manera contraria a su función normativa, facilitando el desalojo socioespacial de propietarios negros en connivencia con nuevos actores blancos. La institución que en teoría fijaba la propiedad servía para transferirla. Es un ejemplo, entre otros, de cómo el aparato administrativo, sin necesidad de legislación racial, podía producir efectos raciales.

Contra esa larga duración empezaron a operar movimientos y políticas correctivas cuya cronología escapa a este artículo. El PRODEIN de 1983, bajo el gobierno de Belisario Betancur, intentó una redefinición de las relaciones entre el Estado y las etnias colombianas en un contexto de creciente movilización indígena. La Constitución de 1991 —ya fuera de este arco— reconocería finalmente el carácter multiétnico y pluricultural de la nación. Ambos gestos son legibles como respuesta a un siglo largo de blanqueamiento; ambos siguen midiéndose, hoy, contra sus efectos residuales.

Lo que fue el blanqueamiento

Conviene, para cerrar, decir con precisión qué fue y qué no fue este proyecto.

No fue un sistema segregacionista al modo estadounidense o sudafricano. Colombia no legisló prohibiciones raciales para el matrimonio, para el voto o para el uso de espacios públicos. La ciudadanía formal fue temprana e igualitaria en el papel: 1821 la abrió a todo varón libre nacido en el territorio.

No fue tampoco una ingeniería demográfica exitosa. La inmigración europea, palanca principal en Argentina y Brasil, fracasó rotundamente: unos pocos cientos de personas al año en el mejor período. El país siguió siendo, como lo mostraba ya el censo de 1778-1780, abrumadoramente mestizo.

Y no fue, finalmente, un programa unificado de una élite coherente. Sus versiones diferían: la hispanidad católica de Caro no era el degeneracionismo médico de Jiménez López; el mestizaje asimilatorio de Ancízar no era el pesimismo spengleriano de Laureano Gómez. Conservadores e intelectuales liberales coincidieron en el diagnóstico racial pero disintieron en las soluciones. La Iglesia y el laicismo científico se disputaron el terreno.

Fue, sin embargo, algo más resistente que un programa: una gramática compartida. Todas las variantes coincidían en que la nación colombiana debía orientarse hacia el polo europeo-católico-letrado; en que el indio debía asimilarse y disolverse; en que el negro era problema o adorno pero no núcleo; en que ciertas regiones —Antioquia, Santander, la Bogotá andina— representaban lo que Colombia debía ser, y otras —el Pacífico, el Caribe, el sur indígena— lo que debía superar.

Esa gramática fue institucionalizada por la Regeneración entre 1886 y 1930. La Constitución le dio forma jurídica; el Concordato, alma religiosa; el manual escolar, memoria histórica; la política migratoria, tímido esbozo demográfico; el debate médico de 1920, legitimidad científica. Su eficacia no dependió de segregación explícita ni de ingeniería masiva, sino de invisibilización estadística, asimilación jerárquica y jerarquización territorial. Por eso pudo sobrevivir sin nombre, sin defensores declarados, sin una fecha de nacimiento y otra de muerte. Por eso, todavía, se lo encuentra menos en los archivos legislativos que en la trama fina de los apellidos preferidos, los censos sin pregunta, las categorías intermedias y las notarías cómplices.

El blanqueamiento colombiano fue una tecnología de gobierno real pero incompleta: potente en su ideología, débil en su ejecución, coherente en su dirección, dispersa en su forma. Su historia es la historia de cómo una república nominalmente igualitaria administró durante dos siglos la distancia entre su mayoría demográfica y el retrato que quiso hacerse de sí misma.

04

En el archivo

2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Rafael Núñez — iniciador de la Regeneración que dio marco constitucional al blanqueamiento cultural e institucional
  2. 02Miguel Antonio Caro — arquitecto intelectual de la Constitución de 1886 y del hispanismo católico como cemento nacional excluyente
  3. 03José Manuel Restrepo — historiador que anticipó una nación progresivamente más blanca mediante la desaparición de las castas por mezcla racial
  4. 04Manuel Ancízar — formuló en 1853 el mestizaje-blanqueamiento como vía de modernización regional en Santander
  5. 05Mestizaje — proceso demográfico y cultural que el blanqueamiento orientó jerárquicamente hacia el polo europeo
  6. 06Regeneración — período 1886-1930 que constituyó la bisagra institucional del blanqueamiento en Colombia
  7. 07Pureza de sangre — dispositivo colonial de exclusión sociorracial que sentó las bases del blanqueamiento republicano
  8. 08Degeneracionismo — discurso médico-racial de la década de 1920 que prolongó el blanqueamiento bajo lenguaje científico
  9. 09Hispanismo — ideología cultural promovida por Caro que definió la nación por filiación hispana, católica y castellana, invisibilizando a indígenas y afrodescendientes
  10. 10Concordato de 1887 — instrumento que ató el sistema escolar a los preceptos católicos, reforzando el modelo cultural del blanqueamiento
06

Documentos y fragmentos citados

51 documentos · 67 fragmentos

01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 761 cita
[1]

las uniones efectuadas entre ellos, lo cual dio lugar a la forma- ción de las llamadas castas. De esa suerte, en el de- sarrollo del grupo humano colonial confluyeron múltiples factores derivados de la presencia de culturas diferentes, lo cual planteó a la Corona el problema de crear unas pautas de comportamien- to…

p. 76
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 196, 1994 citas
[2]

las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…

p. 196
[3]

las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…

p. 196
[7]

vienen levas militares de población o tributos, o los dos. De to- das maneras, la tendencia de la población será, de 30) aquí en adelante, hacia un crecimiento sostenido. Una de las realidades que se evidencian en el censo de 1778, que inquiere por la pertenencia socio-racial, es el crecimiento de la población…

p. 199
[8]

vienen levas militares de población o tributos, o los dos. De to- das maneras, la tendencia de la población será, de 30) aquí en adelante, hacia un crecimiento sostenido. Una de las realidades que se evidencian en el censo de 1778, que inquiere por la pertenencia socio-racial, es el crecimiento de la población…

p. 199
03Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 341 cita
[4]

caracterizaciones, que se volvieron rutinarias, sobre los rasgos de cada grupo, y que se atribuían presuntamente a todos sus miembros: por ejemplo, el indio era visto como engañoso, falso, perezoso, estúpido, etc. También los negros, o las mezclas que incluyen estos grupos inferiores, como los mestizos y los mulatos,…

p. 34
04Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1021 cita
[5]

a sp ira r a ocupar un lugar de m ayor estatus. D urante las últim as décadas del siglo XVIII, el creciente núm ero de aspirantes m estizos y m ulatos generó eviden tes tensiones sociales. D esde finales del siglo xvi, varias disposiciones esp añ o las m antenían a raya las aspiraciones sociales de m estizos y m…

p. 102
05Blancos, no blancos, casi blancos. Cuerpo, color y belleza en Colombia, segunda mitad del siglo XXPietro Pisano · 2019 · p. 59, 922 citas
[6]

uso de “blanco” como ideal étnico y marca de identidad (Taylor, 2005: 54) 44 Capítulo 1. Blancuras En las colonias españolas, el significado de “blanco” adquirió entonces nuevos matices, superposición de “raza” y nacionalidad: la categoría “blanco” terminó coincidiendo con aquella de español 14 determinando, por un…

p. 59
[64]

racialización de la persona a quien sea atribuido. La posibilidad de intercambiar “trigueño” y “blanco” hace que una persona que sea descrita (o se descri ba a sí misma) como tal, pueda ser inscrita en esa “raza”, como comprueba el uso de expresiones como “blanco/a, trigueño/a” utilizadas en algunos anuncios de…

p. 92
06Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 412 citas
[9]

años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se reprodujera ese…

p. 41
[10]

mulatos; diez años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se…

p. 41
07¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 49, 1062 citas
[11]

de que un hombre y una mujer debían escoger libremente a su pareja, y especialmente el que habría de ser el padre o la madre de sus hijos, se volvió un mandato, algo imposible de solventar. Todavía algunas familias ultraconservadoras y algunas personas dóciles dentro de ellas aceptaban una imposición, hasta mediados…

p. 106
[57]

por la cual se les dejó libres. Esa condición de esclavos libres, de cimarrones al azar buscando horizonte, les permitió establecerse en este territorio inmenso donde hallaron un entorno suficientemente parecido al de su África nativa, es decir, una zona tropical húmeda con gran pluviosidad, que aunque no era de mucha…

p. 49
08Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 1811 cita
[12]

men, the Indians will have mixed with the European and the African races, and a third race will result, which ac- cording to experience does not have the defects of the indigenes; finally the racial mixes (castas) will progressively disappear from our soil.’’ 6 Anticipat- ing the cosmic race imagined a century later…

p. 181
09Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 1811 cita
[13]

men, the Indians will have mixed with the European and the African races, and a third race will result, which ac- cording to experience does not have the defects of the indigenes; finally the racial mixes (castas) will progressively disappear from our soil.’’ 6 Anticipat- ing the cosmic race imagined a century later…

p. 181
10Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 741 cita
[14]

has promoted to honor and employmenr rhose who have distinguished themselves; there is no doubt that as this class continues to edtrcate itself, public opinion will give up its color prej, udices."e5 For him, as for other Colombian intellectuals and politi cians, to imagine Colombians was to imagine citizens with…

p. 74
11Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 3511 cita
[15]

Estado de Cartagena de Indias, Constitución Política, Cartagena de Indias, 14 de junio de 1812, tíulo 1, artículo 8. 310 Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831 castigar en consideración a la virtud o al delito, pero jamás “a la clase o a la condición”. En consecuencia, ningún hombre tendría título…

p. 351
12Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 16, 222 citas
[16]

con la indígena, e indígena pura; la primera y la última forman el menor número, y cuando la absorción de la raza indígena por la europea se haya completado, lo que no dilatará mucho, quedará una población homogénea, vigorosa y bien conformada, cuyo carácter será medianero entre lo impetuoso del español y lo calmudo y…

p. 22
[43]

ser un pueblo campesino, comerciante, próspero y moral, frente a un pueblo considerado mayoritariamente contrario a estas características. La fuerza de la descripción alabadora y positiva del tipo antioqueño obedeció, en gran medida, a la construcción de una imagen poderosa de la población y el paisaje antioqueño…

p. 16
13Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 361 cita
[17]

un ser inferior y perezoso que era incapaz de salir de la pobreza por sí mismo. Durante los primeros años de la vida independiente, según estudia el autor, los criollos mantuvieron la idea de integrar al indígena y en especial las tierras de los resguardos para hacerlas productivas, pero se refirieron en menor medida…

p. 36
14Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 501 cita
[18]

1810, the system became, if anything, more repressive: legislation and judicial rulings autho - rizing the sale of resguardo lands legitimized their expropriation by outsiders, often achieved through violence. 5 A great deal of land was lost in this way. The dominant ideology of the era, enacted into law, facilitated…

p. 50
15Rites, Rights & Rhythms: A Genealogy of Musical Meaning in Colombia's Black PacificMichael Birenbaum Quintero · 2019 · p. 1431 cita
[19]

the tutelage of the State and the Church.” 28 As for rural dwellers, Almario writes that “Pombo considered that [their] condition... was one of vir - tual savagery, and that only a modern urban context could transform them into citizens...”; indeed, an 1827 law on the Canton of Raposo near Buenaventura, intended to…

p. 143
16Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4181 cita
[20]

adoro la libertad, dice el poeta que seguidamente se esfuerza por librarse de su sentimiento de culpa añadiendo /n o basta a mi conciencia no ser yo quien te niega ese tesoro. En los escritos de la Comisión Corográfica lo que quedó inscrito (Restrepo, 1984) fue una visión de la situación social del negro poco después…

p. 418
17Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 cita
[21]

util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…

p. 44
18Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1141 cita
[22]

el restablecimiento de la pena de muerte, el fortalecimiento del Ejecuti- vo, el confesionaliemo, la eduración organizada conforme alos dogmas de la religión católica. La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 con frguraron el neevo arden, El liberalismo empezó a padecer los rigores de la discriminación; desespe…

p. 114
19Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1921 cita
[23]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
20¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 681 cita
[24]

la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
21De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[25]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
[28]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
22Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1461 cita
[26]

las ind í genas, LA REP Ú BLICA FEDERAL 151 ilc esp í ritu infantil, y una autoridad fuerte era indispensable para controlar el esp í ritu montaraz y rebelde de mestizos y mulatos. La Iglesia era esencial para que s ú bditos o ciudadanos aceptaran las restricciones de la vida en sociedad: al reemplazar la idea de…

p. 146
23Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 39, 432 citas
[27]

el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…

p. 39
[35]

se construyó un país desde mediados del siglo XIX, y allí se destruyó un país a mediados del siglo XX. Hay que saberlo para entender lo que ocurrió en Colombia en los últimos setenta años, y el modo como se fue gestando la catástrofe. Porque si el triunfo de la Regeneración y de la república conservadora había…

p. 43
24De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[29]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
25Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 761 cita
[30]

negada con sólo seis votos a favor. Del mismo modo apoyaron una pro- Capítulo 2 61 puesta de investigación del Banco Na- cional, que tuvo apenas el apoyo de los mismos seis representantes antio- queños. El Ministerio del Tesoro, se- gún se dijo, habría ofrecido resistir con las bayonetas todo intento de en- trar al…

p. 76
26Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 13, 152 citas
[31]

hija, á nuestra patria. 35 Los relatos escolares mantuvieron un criterio de linealidad allí donde los héroes eran la parte fundamental de la trama histórica y establecieron una diacronía cuyos cortes temporales se mantuvieron durante todo el siglo. XX 36 Las características de los manuales de historia patria y los…

p. 13
[42]

cultural”. 43 Los presupuestos teóricos y este tipo de conclusiones del eximio representante liberal coincidían con las del líder conservador Laureano Gómez. Más allá del ámbito electoral y de las disputas por el poder local y nacional, los grupos dirigentes colombianos tienen claras coincidencias. Imbuido por la…

p. 15
27Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 89, 922 citas
[32]

this, however, there was no agree- ment among contenders who sought to control Colombian education. Like most disagreements in Colombia from the mid-nineteenth century to the late twentieth century, educational disputes merged with political party faction- 76 Chapter Four alism. The civil war of 1876 is an example of…

p. 92
[34]

carry out the constitution and will of the people expressed in this act, concerning the form of provisional government that has been installed; and to defend our sacred Roman Catholic Apostolic Religion until the last drop of blood has been sacrificed.’” 4 Subsequent constitutions, including that of 1991, but with the…

p. 89
28Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 671 cita
[33]

fun- cionar más que como complemento. El Estado estimula, protege y ayuda, pero ahí debe concluir el campo de su intervención. Ahora, más allá del complejo tejido interno de las justificaciones ideoló- gicas en que este precepto se apoya, hay que decir que su realización sig- nificó en el plano práctico la renuncia…

p. 67
29Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1281 cita
[36]

amenazaran con abandonar la República. 129 Bfiíní dicerfiis ítraópits uí Crlrpois Gráfica 18 Fuente: Kalmanovitz, 2012. La República tuvo también una regla de sucesión clara pero sesgada del partido en el poder, con serios proble- mas en los derechos de la oposición, como los vetos a la participación liberal en el…

p. 128
30Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 289, 2972 citas
[37]

por lo tanto, invertido directamente en el reparto y el juego de las fuerzas... poder que no está ligado al desconocimiento sino que, al contrario, sólo puede funcionar gracias a la formación de un saber, que es para él tanto un efecto como una condición de su ejercicio (Foucault, 2000a; 55-59). Una genealogía del…

p. 297
[41]

José María Vergara y Vergara 4 tomos. Bogotá: Minerva, 2: 120-129. UNA GENEALOGÍA DEL RACISMO EN COLOMBIA: CONTINUIDADES Y DISCONTINUIDADES D E L SIGLO X I X A L X X Sandra Lucía Castañeda Medina ¿Existe un punto de partida fijo, una fecha exacta o por lo menos aproximada, acaso un hecho fundamental, desde dónde…

p. 289
31Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1801 cita
[38]

fue el Teatro Municipal de Bogotá, entre mayo y octubre de 1920, con la “famosa discusión de las razas”. Desde 1918, Miguel Jiménez López, médico conservador de Boyacá, abrió la polémica en el Tercer Congreso Nacional de Médicos con la tesis “Nuestras razas decaen”. Decadencia sustentada en “la inferioridad…

p. 180
32Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 1891 cita
[39]

feminización de sus poblaciones. Tropicalismo y geografía de las razas En la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX, en los escritos de los letrados, corógrafos y expertos se puede trazar una correlación entre lo tropical y ciertas características en los individuos o colectividades que lo habitan. Los…

p. 189
33El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 2541 cita
[40]

inscrita en un marco más amplio. Preguntarse por el consumo de carne es, desde esta perspectiva, preguntarse por la salubridad y por la práctica de la medicina en el país; es tratar a las enfermedades como "manifestaciones específicas de la estructura social" y no tanto como "formas parológicas" 87 • Un editorial de…

p. 254
34Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 2931 cita
[44]

inmigración nunca fue factor de gran importancia en esta épo- ca. Durante la década de 1880 llegaron al país no más de 100 inmigrantes al año, en promedio. Esta cifra se duplicó durante el lapso comprendido entre 1890 y la primera década de este siglo, y luego llegó tal vez a 400 por año, entre 1908 y 191<f44. En…

p. 293
35Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 261 cita
[45]

Porce River M a g da le n a R i v e r N E S W composition of Antioquia at the close of the nineteenth century show less evidence of Negro presence than those of colonial times. 4 Observing the primitive ways of the blacks living along the Magdalena river, or of the Indians of the south of the country and the highlands…

p. 26
36Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 261 cita
[46]

Porce River M a g da le n a R i v e r N E S W composition of Antioquia at the close of the nineteenth century show less evidence of Negro presence than those of colonial times. 4 Observing the primitive ways of the blacks living along the Magdalena river, or of the Indians of the south of the country and the highlands…

p. 26
37Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 1171 cita
[47]

la producción ce realera en la pampa y el desarrollo de las nacientes economías urbanas de la costa, la corriente de inmigrantes se convirtió en una inundación. Entre 1857 y 1930 Argentina recibió una inmigración neta de quizá tres y medio millones de personas. Antes de la Primera Guerra Mundial más de la mitad eran…

p. 117
38La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 751 cita
[48]

poner a funcionar la Nueva República. 3. Adjudicación de tierras baldías a los inmigrantes eu- ropeos y norteamericanos que quisieran venir a la Nueva República, en su condición de agricultores o artesanos, y con el fin de estimular el poblamiento de una nación diez- mada por la guerra. 4. Adjudicación de baldíos a…

p. 75
39Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 711 cita
[49]

fanegadas para que las dieran a familias extranjeras. Y en 1836 se hizo el intento en grande en Antioquia, con la concesión a Tyrell Moore de 100.000 fanegadas para poblarlas con europeos, agricultores, fabricantes, artesanos o mineros. A los potenciales pobladores se los eximía del impuesto de diezmo 6 9 E n s a y o…

p. 71
40Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 1051 cita
[50]

immigration of Chinese, Hindus, and Turks (Otomanos), but encouraging European immigration. That same year a writer for El Tiempo protested Tropical Oil’s use of Jamaican guest workers in its Colombian fields, a charge the company “enthusiastically denied.” Still, the editorialist concluded, “we hope the government…

p. 105
41Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 2362 citas
[51]

la Costa un tipo de hacienda que inmovilizara cantidades apreciables de arrenda- tarios), a lo cual se sumó el arribo de un núcleo pequeño de inmigrantes sirio-libaneses, judíos del este europeo, alemanes e italianos, que montaron un número apreciable de comercios de importación y varias industrias. Según Nichols, "en…

p. 236
[52]

la Costa un tipo de hacienda que inmovilizara cantidades apreciables de arrenda- tarios), a lo cual se sumó el arribo de un núcleo pequeño de inmigrantes sirio-libaneses, judíos del este europeo, alemanes e italianos, que montaron un número apreciable de comercios de importación y varias industrias. Según Nichols, "en…

p. 236
42La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 101 cita
[53]

XVIII, cuando tuvo lugar un cambio de las antiguas y ardientes tierras 24 La colonización antioqueña de Santa Fe hacia la nueva villa de Medellín. El conquistador Jorge Robledo había sentado el precedente de regresar de su visita a España con su esposa y un séquito de dieciséis señoritas. U na de éstas, doña Mencia de…

p. 10
43Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2311 cita
[54]

poco se fue extendiendo la mancha de los cafiaduzales por toda la planicie. El aguardiente de cana, Nacido de grandes matas, Que hasta e! hombre més cabal, Hace andar en cuatro patas. El mestizaje Por Alfonso Bonilla Aragon {Como son los actuales habitantes de estos valles? Va- riopintos seria la respuesta, si se…

p. 231
44Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 2071 cita
[55]

ge- neral esta sección es la segunda en la República. Bastará decir, en relación con este asunto, que en diez años fueron fundados allí, de 1871 a 1881, trece o catorce bancos de circulación, establecimientos que hasta entonces eran del todo desconocidos, no sólo en ese estado, sino en la Na- ción. Su tipo físico…

p. 207
45Becoming Black Political Subjects: Movements and Ethno-Racial Rights in Colombia and BrazilTianna S. Paschel · 2016 · p. 531 cita
[56]

to conclude, “Very few countries give less impor- tance to race than this one. Whites, blacks and Indians live together and mix without any fuss; and this indifference has been and continues to be so much the case that in the national statistics gathering these [ethno-racial] questions have been totally ignored.” 27…

p. 53
46Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 52, 2562 citas
[58]

aceptación, y han pasado por cambios políticos e institucionales de la sociedad colombiana desde la Colonia hasta nuestros días. En este libro se utiliza la denominación de poblaciones afrocolombianas en for- ma equivalente a la de poblaciones negras-mulatas, como términos descripti- vos, independientemente de un…

p. 52
[65]

55 que ordena la misma Asam- blea Constituyente. Cuadro 2: modelo logístico para las respuestas a la pregunta étnica del censo Variables: Grad. Lib. Chi -cuadrado Probabilidad INTERCEPT 1 0.41 0.5237 SEXO 1 80.08 0.0000 EDADY 2 209.26 0.0000 NlVEDUY 5 1294.58 0.0000 SOCIOCUP 16 6693.06 0.0000 T AMLOCAL 4 5052.80…

p. 256
47Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 99, 2192 citas
[59]

y a los disturbios propios de esta época, que en el Valle del Cauca alcanzaron niveles muy agudos. Para el siglo XIX, además de las fuentes notariales, los fondos de manumisión del Archi- vo General de la Nación, el Archivo Histórico de Antioquia, el Archivo Central del Cauca y otros archivos de carácter regional, la…

p. 99
[63]

después de la abolición de la esclavitud. Estos dos fenómenos sociohistóricos marcaron en la larga duración las estructuras socia- les regionales de asentamiento negro hasta que se introdujeron cultivos agroindustriales en diferentes periodos desde finales del siglo XIX y a lo largo del XX (caña de azúcar, banano,…

p. 219
48Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 841 cita
[60]

resurgieron a to- dos los niveles: provincial, seccional y cantonal. Africa en un mapa del atlas de Blaeuw. El continente africano fue la cantera constante de la que, durante siglos, se sacaron miles y miles de negros para ser condenados a la esclavitud. La captura por parte de los blancos se vio a menudo favorecida…

p. 84
49The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 192, 3422 citas
[61]

narratives of, 41; Reclus on, 50; José María Samper on, 112–13; Obeso on, 121, 122, 130; and civil marriage, 150; Jiménez López on, 222 Race war: and civil war of 1859–62, 64–68 Racial difference: and citizenship, 2, 9; and national unity, 3; and posteman- cipation civil equality, 9–10, 36–37; historicizing race,…

p. 342
[62]

the kind of let- tered and business-oriented Liberal politics Medardo Rivas touted on the page. Soon after the 1879 coup that toppled his government in Santa Marta, Robles had withdrawn from the coast to a life of law and letters in Bogotá. In 1892, voters sent him to Congress—the first Liberal there in eight…

p. 192
50Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 1871 cita
[66]

o s a g u a s, d o s m u n d o s 187 Paralelamente, la amañada confabulación entre los nuevos actores o inmigrantes blancos se configuró como una estrategia para imponer nuevos modelos de desplazamiento a los propietarios patianos. Esta dinámica, como se ha podido constatar, fue posible por medio de instituciones como…

p. 187
51Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1201 cita
[67]

que habia sido recu- perado por los indigenas guambianos como parte de su territorio tradicional. En Silvia el presidente Betancur, dirigiéndose a los indigenas declaré: «...no hay razones de raza, ni de religién, ni de lengua que justifiquen la discri- minacién de los indigenas. Habitantes como son del territorio…

p. 120