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Idea · Regeneración

Hispanismo

El hispanismo colombiano fue un dispositivo ideológico-institucional montado entre 1886 y 1930 para refundar la nación sobre la lengua castellana, la fe católica y la herencia hispánica, contra el proyecto federal y laico de los liberales radicales. Fue proyecto de Estado antes que estilo literario: determinó qué se enseñaba, qué historia se contaba y quién hablaba en nombre de Colombia.

3.994 palabras45 documentos61 fragmentos citados
Hispanismo

Trayectoria de una idea

  1. 1849

    Reacción conservadora a las reformas liberales

  2. 1861

    Desamortización y Constitución de Rionegro: el hispanismo a la defensiva

  3. 1869

    Historia eclesiástica y civil de José Manuel Groot

  4. 1886

    Constitución de 1886: el hispanismo hecho norma fundamental

  5. 1887

    Concordato con la Santa Sede

  6. 1894

    Caro asume el control total del gobierno

  7. 1914

    Inauguración del monumento a Rufino José Cuervo

  8. 1991

    Constitución de 1991: fin del marco confesional hispanista

03

La lectura

El hispanismo colombiano no fue una nostalgia de letrados sino un dispositivo ideológico-institucional de precisión: usó la Constitución, el Concordato, la filología y los manuales escolares para decidir quién hablaba en nombre de la nación y qué pasado merecía ser recordado. Su eficacia fue más de clausura que de integración: cerró el espacio público a las alternativas liberales, federalistas y laicas antes que construir una nación cohesionada, empujando al liberalismo a dos guerras civiles en 1895 y 1899. La lengua castellana se convirtió en su territorio simbólico privilegiado: Bogotá se proclamó Atenas suramericana y custodia del español en América, operación que la filología rigurosa de Cuervo legitimaba sin haberlo buscado. Sus críticos más lúcidos —Uribe Uribe, William Ospina— señalaron que el modelo borraba a indios, negros y regiones, construyendo una nación imaginaria sobre un ideal hispanista que ignoraba la realidad plural del país. La Constitución de 1991 cerró formalmente el ciclo, pero los efectos culturales y educativos del hispanismo persistieron mucho más allá del cambio constitucional.

El hispanismo en Colombia

El hispanismo colombiano no fue una nostalgia difusa ni un gusto de letrados por lo antiguo: fue un dispositivo ideológico-institucional montado con precisión entre 1886 y 1930 para refundar la nación sobre tres pilares —la lengua castellana, la fe católica y la herencia hispánica— contra el proyecto federal y laico que los liberales radicales habían intentado a partir de 1863. Su arquitecto principal fue Miguel Antonio Caro; su instrumento jurídico, la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887; su clima cultural, un catolicismo ultramontano que hacía del pasado colonial no un accidente que superar sino el fundamento que preservar. Fue proyecto de Estado antes que estilo literario: una manera de decidir quién hablaba en nombre de Colombia, qué se enseñaba en sus escuelas, qué historia se contaba en sus manuales y qué lugar ocupaban en ese relato los indios, los negros, las regiones y las mayorías mestizas. Que su eficacia haya sido más de clausura que de integración —cerrar el espacio público a las alternativas antes que construir una nación cohesionada— explica tanto su persistencia como su fragilidad estructural.

Antes de la Regeneración: la reacción conservadora al radicalismo

El hispanismo regeneracionista no nació en 1886. Sus raíces se hunden en el medio siglo de conflicto que siguió a las reformas liberales de mediados del XIX y que fue endureciendo, en el bando conservador, la convicción de que Colombia se había desviado de su sustancia hispano-católica.

El punto de partida está en el gobierno de José Hilario López, iniciado en 1849: expulsión de los jesuitas en 1850, abolición de la esclavitud en 1851, eliminación de los privilegios eclesiásticos. Cada una de esas medidas tuvo un costo político y económico que empujó a terratenientes, clero y a un sector de la clase letrada a organizarse. El Partido Conservador se formó, en buena parte, para defender esos intereses concretos —la Iglesia era entonces el mayor terrateniente del país— apelando a un lenguaje que ya combinaba orden, tradición, religión y evolución pausada frente a los cambios bruscos. Sus padres fundadores, Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, habían defendido inicialmente el librecambio; fue la reacción al romanticismo político radical surgido de las revoluciones europeas de 1848 la que acentuó, en su pensamiento, la dicotomía entre libre comercio y democracia plebeya.

La ofensiva liberal culminó en la desamortización de bienes de manos muertas decretada en 1861 por Tomás Cipriano de Mosquera, que golpeó a la Iglesia con brutal desproporción: sus propiedades estaban avaluadas en diez millones de pesos cuando el presupuesto nacional apenas alcanzaba dos millones. La Constitución de Rionegro, sancionada en 1863, coronó el proyecto radical: régimen federal, nueve estados soberanos, Ejecutivo débil, amplias libertades individuales. Para los conservadores, esa Constitución era la fórmula misma del desorden.

Sobre ese fondo trabajaron los historiadores conservadores del XIX, sobre todo José Manuel Groot, cuya Historia eclesiástica y civil de la Nueva Granada de 1869 fue la formulación más elaborada de una relectura del pasado colonial como época de orden, gobierno y valores, frente al desorden republicano. La operación no era decorativa: ponía en circulación una memoria alternativa a la crítica liberal —que había construido al Estado colonial como centralista, monopólico y fiscalista para legitimar sus propias revoluciones— y ofrecía a la reacción una genealogía respetable.

Dos hechos precipitaron el final del ciclo radical. La reforma educativa de 1870, que impuso la enseñanza laica, la intervención del Estado en la instrucción pública y la contratación de una misión pedagógica alemana de orientación protestante para crear escuelas primarias y normales, chocó frontalmente con el Partido Conservador y con la Iglesia; la guerra civil de 1876 fue, en parte, su consecuencia. Y el colapso de la economía tabacalera a partir de 1875, junto con la caída de los precios de otras exportaciones, minó la base material del liberalismo radical. Cuando el Partido Liberal se dividió entre radicales e independientes, y estos últimos se aliaron con los conservadores en torno a Rafael Núñez, la puerta a la Regeneración quedó abierta.

La Regeneración: hispanismo hecho constitución

La Regeneración fue un proyecto político concreto —centralización, fortalecimiento del Ejecutivo, restauración de relaciones armónicas con la Iglesia— impulsado por Rafael Núñez en alianza con el Partido Conservador y su ideólogo Miguel Antonio Caro. Su producto mayor fue la Constitución de 1886, que se mantendría, en lo esencial, vigente hasta 1991.

El texto era hispanista de principio a fin. Estableció el catolicismo como religión de la Nación y ordenó a los poderes públicos protegerlo como elemento esencial del orden social. Su artículo 41 dispuso que "la educación pública será organizada y dirigida en concordancia con la Religión Católica". El diseño fue fuertemente centralista y devolvió al Ejecutivo el peso que la Constitución de 1863 le había quitado. Restringió la prensa: Núñez y Caro, provenientes de la "república de las letras", buscaron cerrarla a los disidentes bajo el principio de "responsabilidad de la prensa", sustituyendo el ultra-individualismo liberal por valores autoritarios. Limitó el sufragio con requisitos de alfabetización y propiedad. Amplió los poderes presidenciales.

El complemento indispensable llegó al año siguiente. El Concordato con la Santa Sede, negociado en 1887 y aprobado en 1888, ató la educación pública a los preceptos católicos, dispuso indemnizar a la Iglesia por la desamortización mediante pagos anuales a perpetuidad —no devolvió los bienes—, abolió el divorcio civil, otorgó a la Iglesia el fuero eclesiástico, autonomía plena de gobierno, ventajas fiscales y protección frente a la competencia de otros cultos. En materia educativa, entregó al clero el control directo de la instrucción pública y la vigilancia sobre la privada, dominio que las congregaciones religiosas mantendrían durante los cincuenta años siguientes.

La operación conjunta de Constitución y Concordato instaló la infraestructura ideológica del hispanismo. La Iglesia fue definida como parte esencial del orden nacional; la lengua castellana, unificada por Caro y su círculo, se volvió sinónimo de nación; la memoria colonial dejó de ser un pasado que superar para convertirse en el fundamento sobre el cual entender el presente. Bajo la Regeneración, el vínculo con el mercado mundial en modalidad agroexportadora se mantuvo —el proyecto no era económicamente proteccionista— pero el marco cultural y político se replegó sobre una identidad católica e hispanófila que se pretendía inmutable.

El costo fue el sectarismo. El liberalismo padeció los rigores de la discriminación política, y esa exclusión —agravada por el centralismo y por tensiones regionales que la Constitución no supo digerir— empujó al partido derrotado a dos guerras civiles: la de 1895 y, sobre todo, la Guerra de los Mil Días, iniciada en 1899. La alianza entre Iglesia y Partido Conservador, mientras tanto, convirtió al clero en actor político determinante: intervenía en elecciones, condenaba al liberalismo desde el púlpito, orientaba el voto de los fieles.

Caro, arquitecto y símbolo

Ninguna figura encarna mejor las virtudes y los límites del hispanismo colombiano que Miguel Antonio Caro. Fue el principal pensador conservador de la Regeneración, redactor decisivo de la Constitución de 1886, vicepresidente de Núñez y titular del poder en Bogotá desde 1894, tras la muerte del presidente, hasta el final de su período. Fue también gramático, latinista, poeta, traductor y director de El Tradicionista, el periódico donde forjó y difundió su ortodoxia.

Su hispanismo era total. Católico ultramontano, hispanófilo, tradicionalista, Caro creía que la nación colombiana era la prolongación americana de una civilización cuya forma acabada estaba en la Iglesia romana y en la España de los Austrias. Tradujo La Eneida de Virgilio en octavas reales y dejó versiones de otros poetas latinos, bíblicos, franceses e ingleses, además de ensayos sobre asuntos que iban de la gramática al derecho constitucional. Su producción letrada era imponente. Precisamente por eso resultaba tan visible el contraste con su desapego del país real: sus contemporáneos decían que, por principio, raramente viajaba más allá de los confines de la Sabana de Bogotá.

Esa contradicción se convirtió en munición polémica. El general Rafael Uribe Uribe —caudillo liberal, jefe militar en la Guerra de los Mil Días y uno de los adversarios más lúcidos del régimen regeneracionista— lo hizo notar con crueldad: el conocimiento de Virgilio y las Geórgicas no servía para aprender las fatigas de una trocha ni la navegación en piragua, ni para gobernar un país cuya realidad exterior se desconocía. Uribe Uribe contraponía a los productores —el cafetero— frente a los políticos e ideólogos tradicionales, y criticaba el gobierno de "ideólogos, abogados, militares y eruditos"; la contraposición entre "cafetero" y "palaciego" anticipaba lo que más tarde Gaitán llamaría "país nacional" y "país político". Ya en clave contemporánea, el escritor y ensayista William Ospina ha caracterizado a Caro como arquitecto de instituciones que borraban a indios, negros y a la diversidad geográfica del país, construyendo un modelo de nación que ignoraba la realidad plural de Colombia en favor de un ideal centralista.

Hay otra objeción, menos frecuente, formulada por el propio Uribe Uribe en sus Notas de Viaje sobre Venezuela y demás naciones grancolombianas de 1908: la del hispanismo como "prurito retrospectivo". Reconociendo que era tiempo de superar la vieja declamación anticonquista, criticaba sin embargo que Caro llegara a la santificación del pasado colonial sin exceptuar la Inquisición, postura difícilmente conciliable —añadía— con su alta inteligencia.

El "humanismo" que Caro y sus seguidores promovieron fue denunciado, ya entonces, como filológicamente precario y socialmente ineficaz: ejercicios escolares apoyados en crestomatías latinas de seminarios eclesiásticos y en manuales de mitología, sin altura científica comparable a las formas históricas del humanismo europeo. La equiparación colombiana entre humanismo y conservatismo era, en el fondo, un eco tardío del conflicto hispano entre ciencia moderna y universidad medievalizante, entre las suscitaciones de la Ilustración y la pertinacia tradicionalista de la ortodoxia eclesiástica. Un escritor bogotano llegó a sostener que España había sido tierra estéril para la ciencia moderna y que, fuera de algunos clásicos, los libros españoles podían desaparecer sin que la cultura universal sufriera mengua.

Caro nunca aceptó ese diagnóstico. Su respuesta, más implícita que sistemática, señalaba que el fanatismo español no había tenido un efecto singular sobre la ciencia: otras naciones europeas habían padecido también fanatismo religioso y sin embargo produjeron ciencia. La defensa era honesta y a la vez insuficiente: no explicaba por qué Colombia, bajo la hegemonía cultural que él mismo había ayudado a instaurar, se acercaba mucho más al modelo peninsular deficitario que al de otras naciones europeas.

Cuervo, Suárez y la lengua como patria

El hispanismo no fue solo derecho eclesiástico y arquitectura constitucional. Fue también, y de manera decisiva, filología. La lengua castellana se convirtió en el territorio simbólico donde la nación era pensada como continuación de España.

Rufino José Cuervo, nacido en Bogotá el 1 de septiembre de 1844, fue la figura mayor de esa corriente. Formado en filología por los jesuitas y por educadores como Lorenzo Lleras, Mariano Ortega, Ricardo Carrasquilla y Santiago Pérez, Cuervo elevó el estudio del español a un nivel de rigor científico que trascendía cualquier militancia partidaria. El prestigio que su obra confirió al idioma castellano —y al cuidado bogotano de ese idioma— fue, sin embargo, capitalizado por el proyecto hispanista como prueba de que Colombia, en la Atenas suramericana que se decía ser Bogotá, había asumido una custodia especial de la herencia peninsular. La operación no dependía de la voluntad de Cuervo: la filología rigurosa quedaba de todos modos investida de una función política que la excedía.

El 17 de julio de 1914, la inauguración en Bogotá del monumento a Cuervo materializó ese reconocimiento. Más allá de la ceremonia, lo que se celebraba era una comunidad letrada que se pensaba a sí misma como puente y como aduana del castellano en América.

Más tarde, la Selección Samper Ortega de literatura colombiana consagraría en su canon obras de Caro —entre ellas Del uso en sus relaciones con el lenguaje— y de Cuervo, fijando la centralidad de esta tradición filológica en la memoria escolar del país. La operación fue circular: el hispanismo daba prestigio a la lengua, la lengua daba prestigio al hispanismo, y el conjunto ocupaba las aulas.

Marco Fidel Suárez completó la trilogía, no tanto por su obra filológica cuanto por su trayectoria política y por la forma en que hizo suyo el estilo hispanista como manera de ejercer el poder. Con él, y con José Manuel Marroquín antes, el hispanismo se volvió gramática de la vida pública: el gobernante escribía como si redactara una oración de sujeto y predicado, y esa corrección formal se ofrecía como sustituto del gobierno efectivo.

La historiografía y el manual: cómo se enseñó Colombia

Si la Constitución fijó el marco jurídico y la filología el marco cultural, la historiografía fijó el marco de la memoria. Aquí el hispanismo tuvo su triunfo más silencioso y más duradero.

La historiografía conservadora del siglo XIX, cuya figura mayor había sido Groot, revalorizó el período colonial como fuente de orden, jerarquía y religión, contrastándolo con los desórdenes republicanos. La operación era simétricamente inversa a la de la historiografía liberal, que había construido una imagen crítica de la Colonia para legitimar sus revoluciones. Bajo la Regeneración, esa manera de contar el pasado dejó de ser una corriente entre otras para convertirse en la voz oficial.

La Historia de Colombia de Jesús María Henao y Gerardo Arrubla ganó el premio de historia del Centenario en 1910 y se convirtió, durante los siguientes tres cuartos de siglo, en el texto con el que los colombianos aprenderían su propia historia. Su continuidad con el proyecto regeneracionista era explícita: no repudiaba a España ni al accionar de la Conquista y la Colonia, y cohesionaba la herencia colonial con el período republicano en un solo relato de linealidad heroica. Los cortes temporales que fijó —los períodos, los personajes centrales, las gestas ejemplares— se mantuvieron durante todo el siglo XX.

La Academia Colombiana de Historia funcionó como aparato institucional de esa memoria. Vinculada a un proyecto de historia patria centrado en héroes y grandes personalidades, encuadró con los manuales escolares y con la sensibilidad conservadora en la lectura del pasado. Años después, el historiador austriaco-colombiano Juan Friede —pionero de la historia indígena y de la investigación archivística en Colombia— la criticaría públicamente por limitarse a la interpretación ideológica de hechos insuficientemente estudiados, produciendo obras de género literario más que histórico; ese defecto, decía, generaba en Colombia un "complejo de inferioridad" ante su propia trayectoria histórica. La observación era severa y, en lo esencial, exacta: la historia oficial hispanista era menos investigación que confirmación.

El Centenario de 1910: apogeo y grieta

Las celebraciones del centenario de la independencia, en 1910, fueron el momento en que el hispanismo se exhibió con mayor amplitud y, simultáneamente, empezó a mostrar sus grietas.

Los actos incluyeron una gran exposición con logros artísticos, científicos, industriales, agrícolas, ganaderos y artesanales; la inauguración de monumentos, estatuas, del acueducto de Chapinero y del Parque de la Independencia; concursos científicos y culturales. La exposición reunió representantes de todas las tendencias políticas, con un espíritu de optimismo, conciliación, concordia e integración que más tarde se llamaría "centenarismo". El manual de Henao y Arrubla se llevó el premio de historia, sellando el matrimonio entre relato oficial e institución celebratoria.

El "centenarismo" fue construido por un grupo relativamente pequeño —la Generación del Centenario— que proyectó una imagen optimista y conciliadora del país. Su lectura de la independencia era, en clave hispanista atenuada, deudora del uruguayo José Enrique Rodó, cuya influencia se dejó sentir sobre todo a través de la obra Idola Fori: el sustrato castellano y comunero se reivindicaba como fuente del espíritu de libertad trasladado a América, en una operación que emparentaba la independencia con la propia España profunda antes que con la ruptura frente a ella.

Pero el Centenario ocurrió a apenas siete años del fin de la Guerra de los Mil Días y de la separación de Panamá, en 1903. La retórica de la concordia disimulaba una fatiga profunda. El embajador francés Daloz, en conversación con el diplomático y economista Aníbal Galindo, formuló hacia esos años una crítica devastadora: ochenta años de independencia y el país seguía sin lograr construir infraestructura básica mientras se gastaba en guerras civiles. Liberales y modernistas caracterizaban el período 1886-1903 como una etapa de intransigencia, represión y oscurantismo, marcada por el cierre de la Universidad Nacional y por la censura de obras de ilustrados y librepensadores. El hispanismo conservador, encarnado en Caro y Marroquín, era criticado por su incapacidad de pasar de la contemplación verbal a la acción política concreta: el poder real durante la Guerra de los Mil Días había quedado en manos de militares como Arístides Fernández, no de los latinistas.

Hegemonía Conservadora: administración del legado

Entre 1910 y 1930 el Partido Conservador logró una estabilidad política que contrastaba con el siglo XIX. Las libertades civiles de las clases altas se respetaron en términos generales, y la sucesión presidencial se dio sin las convulsiones armadas del período anterior. En 1914, José Vicente Concha, candidato conservador apoyado por Uribe Uribe, fue elegido con una ventaja de ocho a uno, inaugurando su gobierno el 7 de agosto de ese año. La imagen de orden ocultaba, sin embargo, una infraestructura de poder mucho menos sólida de lo que parecía.

Esa fragilidad se hacía visible primero en el terreno del orden público. Las policías departamentales eran corruptas, politizadas e indisciplinadas, carecían de uniforme y de unidad de mando, y participaban directamente en la política partidista y faccional local. Eran instrumentos del régimen más que aparatos modernos de seguridad. La hegemonía se apoyaba en alinear tras el gobierno a los actores clave del poder municipal —fuerzas policiales, poderes locales, redes clientelares— más que en una capacidad estatal genuinamente cohesiva.

El mismo cuadro de fragilidad se repetía en el terreno ideológico. En los años diez y veinte surgió un anticlericalismo obrero y artesanal, expresado en periódicos que no eran ateos —el matiz importa— sino opositores a la jerarquía eclesiástica. En paralelo, el ambiente intelectual dejó de ser el jardín cerrado del hispanismo de sacristía: Rodó seguía presente, pero también Taine, la generación española de 1898, Anatole France, D'Annunzio. La simple coexistencia de esas voces bastaba para que el monopolio conservador sobre lo que un lector culto podía leer y pensar se resquebrajara. Y desde afuera del país, el Tratado de Versalles de 1919 introdujo presiones internacionales que empujaron hacia reformas jurídicas laborales que el marco confesional no había contemplado.

Dentro del propio Partido Conservador, la crisis fue diagnosticada por Laureano Gómez en sus Interrogantes sobre el progreso de Colombia, conferencias publicadas en 1928. En tono spengleriano, Gómez ofreció un examen sombrío del país y de su futuro, en un momento en que en las élites —conservadoras y también liberales— circulaban presupuestos sobre la composición racial de Colombia influidos por ideas de "pureza de raza" que luego tomarían forma más aguda en el franquismo y el fascismo. Ese hispanismo tardío ya no era el de Caro, seguro de la superioridad de una tradición; era un hispanismo defensivo, atormentado por la pregunta sobre si la nación mestiza sobre la que se había construido el proyecto era capaz de sostener el edificio.

El final llegó en clave de sectarismo. Entre el 29 y el 30 de diciembre de 1930, en Capitanejo, Santander, liberales cometieron una masacre de quince conservadores: señal inequívoca del deterioro de la convivencia política y del ciclo que se cerraba. La hegemonía conservadora había durado casi medio siglo, pero terminó sin haber resuelto las tensiones raciales, regionales y de clase que su hispanismo fundacional se había limitado a ignorar.

La huella: qué queda del hispanismo

El hispanismo dejó tras de sí una arquitectura institucional persistente y una cultura letrada cuyos ecos aún se dejan sentir. Su permanencia no se explica solo por la fuerza de sus doctrinas, casi todas desprestigiadas hoy, sino por el modo en que se sedimentaron en tres estratos —el jurídico, el letrado y el memorioso— que sobrevivieron a la desaparición del clima intelectual que los había producido.

En el estrato jurídico, la Constitución de 1886 se mantuvo, en lo esencial, hasta 1991. Durante 105 años, el Estado colombiano fue confesional en su declaración, centralista en su diseño y presidencialista en su reparto de poderes. Esa duración es, en sí misma, un hecho comparativamente extraño: muy pocas cartas hispanoamericanas de finales del XIX resistieron intactas hasta el fin del siglo XX. El Concordato aseguró a la Iglesia católica un lugar en la educación pública que solo empezaría a resquebrajarse hacia mediados del siglo XX y que la Constitución de 1991 finalmente superaría al establecer un marco pluralista. La red de colegios de congregaciones religiosas, que había crecido al amparo del control eclesiástico sobre la educación garantizado en 1886 y 1887, sobrevivió como parte del paisaje escolar colombiano mucho más allá del fin de la Hegemonía; buena parte de las élites dirigentes del siglo XX se formó en sus aulas, y con ellas se formó también una cierta manera de entender la autoridad, la disciplina y el lugar de la religión en la vida civil.

En el estrato letrado, la lengua castellana quedó en Colombia investida de un prestigio y de una vigilancia gramatical que muy pocos países hispanoamericanos alcanzaron. La labor filológica de Cuervo, ejercida sin cálculo hispanista, se articuló con un aparato institucional —la Academia Colombiana de la Lengua, los manuales escolares, la Selección Samper Ortega— que hizo del cuidado del idioma un rasgo identitario. Que Bogotá se autodenominara "Atenas suramericana" no era vanidad gratuita: era la expresión cultural de un proyecto político que había hecho de la lengua uno de sus fundamentos. La consecuencia fue una cultura pública donde la corrección idiomática funcionó como signo de clase y de autoridad, y donde el argumento gramatical pudo suplir, en más de una ocasión, al argumento sustantivo. Esa herencia sigue operando allí donde la buena sintaxis se toma todavía por prueba de buen gobierno.

En el estrato memorioso, el manual de Henao y Arrubla enseñó a los colombianos, durante tres cuartos de siglo, una historia lineal y heroica en la que el legado colonial no era objeto de repudio y la nación aparecía como continuidad natural de una tradición hispano-católica. La Academia Colombiana de Historia consolidó ese enfoque desde su función institucional. Descentrar a los héroes, incorporar a los invisibilizados y cuestionar la linealidad fue tarea que solo la historiografía profesional de la segunda mitad del siglo XX empezaría a asumir en serio, y que aún compite con la memoria escolar sedimentada por aquellos manuales. Buena parte de las discusiones contemporáneas sobre monumentos, próceres y fechas patrias son legibles como querellas dentro de ese depósito hispanista aún sin desmontar.

Y sin embargo, medida por su propia ambición, la obra del hispanismo estuvo lejos de completarse. Su función real fue más de clausura que de integración: cerró el espacio público a la educación laica, al federalismo, a la prensa disidente, a las corrientes intelectuales modernas, pero no logró construir la nación cohesionada que decía fundar. La invisibilización de indios, negros y de la diversidad geográfica del país señalada por Ospina; la brecha entre "país nacional" y "país político" denunciada por Uribe Uribe y luego por Gaitán; el "complejo de inferioridad" ante la propia historia diagnosticado por Friede: todos son síntomas de la misma insuficiencia. El hispanismo dio a Colombia un marco jurídico, una lengua vigilada y una memoria oficial. No le dio, sin embargo, una manera de reconocerse plural, ni instituciones capaces de digerir el conflicto sin recurrir a la guerra civil, ni una relación honesta con las mayorías que su proyecto no lograba nombrar.

Su historia, entendida en esta escala, es la de un dispositivo que funcionó espléndidamente para lo que se propuso —fijar el poder de una élite letrada bogotana durante casi medio siglo, sedimentar un marco confesional-centralista durante más de un siglo— y que fracasó exactamente en lo que decía perseguir: fundar una comunidad nacional. Esa doble condición, de éxito institucional y fracaso integrador, es lo que hace del hispanismo colombiano un objeto histórico cuyos efectos siguen operando incluso ahora que sus doctrinas fundacionales han perdido casi todo su prestigio.

04

En el archivo

8 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

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Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Miguel Antonio Caro — arquitecto principal del hispanismo institucional, redactor de la Constitución de 1886 y vicepresidente de Núñez
  2. 02Rafael Núñez — impulsor político de la Regeneración, aliado con el Partido Conservador para instalar el marco hispanista
  3. 03Concordato de 1887 — instrumento jurídico que entregó a la Iglesia el control de la educación pública, pilar institucional del hispanismo
  4. 04Rufino José Cuervo — filólogo cuya obra elevó el castellano a rigor científico, capitalizada por el proyecto hispanista como prueba de la custodia colombiana de la herencia peninsular
  5. 05Marco Fidel Suárez — figura que completó la trilogía hispanista convirtiendo la corrección gramatical en gramática de la vida pública
  6. 06Catolicismo ultramontano — sustento doctrinal del hispanismo, que hacía del pasado colonial el fundamento que preservar antes que un accidente que superar
  7. 07Constitución de 1886 — producto jurídico mayor del hispanismo, vigente en lo esencial hasta 1991
  8. 08Hegemonía conservadora — período político (1886-1930) en que el hispanismo funcionó como ideología de Estado
  9. 09Desamortización — medida liberal de 1861 que el hispanismo buscó revertir simbólica y materialmente mediante el Concordato
  10. 10José Manuel Groot — historiador conservador cuya relectura del período colonial como época de orden anticipó el hispanismo regeneracionista
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Documentos y fragmentos citados

45 documentos · 61 fragmentos

01De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[1]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
[16]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
02De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[2]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
[12]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
03Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 391 cita
[3]

el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…

p. 39
04El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 126, 1302 citas
[4]

fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…

p. 130
[26]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
05Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 115, 1192 citas
[5]

nosotros por la inmensidad de las soledades del océano. 4 El general Uribe Uribe se preguntó cómo podía ser presidente de Co- lombia el “académico” Miguel Antonio Caro, quien, por no haber salido del área urbana de Bogotá, no había “podido aprender en Virgilio lo que son las fatigas de una trocha o la navegación en…

p. 119
[53]

no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…

p. 115
06Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 6001 cita
[6]

a Miguel Antonio Caro no justificaba que a esos ejercicios se les diera el nombre de humanismo; porque la obra que leg ó a Colombia ese humanismo fue filol ó gicamente tan precaria y socialmente tan ineficaz, q ue asociarla a una de las formas hist ó ricas del Humanismo equi va. l í a a un acto de desmesura…

p. 600
07Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 2201 cita
[7]

esa altura y nos sería lícito esperar que la influencia de tales ideas se limitara al respeto de la forma y no alcanzara a obrar sobre la percepción de las cosas. ¡Qué acentos de indignación encuentra Caro para increpar a Quintana su grito generoso, humano, cuando recono- ciendo las crueldades de la Conquista, quiere…

p. 220
08Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 351 cita
[8]

for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…

p. 35
09Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 56, 652 citas
[9]

as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…

p. 56
[23]

de la nu eva soc iedad industri a l. Pero Co- lombia distaba de ser una sociedad industrial. Las ten siones socia- les, especia lm ente en las regione s rura les, seguían mediadas por el ga monali smo, el paternali s mo, el secta rismo partidista. De la paz ci mtífi ca a los desast,·es de la guerra La Reg en er ación…

p. 65
10The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 3141 cita
[10]

———. “The Man on Foot: Conscription and the Nation-State in Nineteenth- Century Latin America.” In Studies in the Formation of the Nation-State in Latin America. ed. James Dunkerley, 77–93. London: ILAS, 2001. ———. “Miguel Antonio Caro and Friends: Grammar and Power in Colombia.” History Workshop Journal 34 (1992):…

p. 314
11Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 241 cita
[11]

Tradujo, en octavas reales soporíferas, La Eneida de Virgilio. Tradujo muchos otros poetas latinos, bíblicos, franceses e in- gleses. Como poeta original, perduran algunos de sus sonetos («Pro senec- tute», «Patria»...) y, en medio de una literatura más retórica que lírica, más formal que intensamente sentida (como lo…

p. 24
12Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 120, 1242 citas
[13]

los limitó a solo aquellos que no fueran contrarios a la moral cristiana y a las leyes (Artículo 40), y en su Artículo 38 estableció con claridad lo que será dominante durante los siguientes cincuenta años: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que…

p. 120
[18]

ejemplo de lo que llegó a generar estos desacuerdos fue la guerra civil de 1876: se gestó, entre otras razones, por el desacuerdo manifiesto del Partido Conservador y la Iglesia católica con las reformas educativas introducidas desde 1870 por el liberalismo radical en el poder, que impuso la enseñanza laica, la…

p. 124
13Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1701 cita
[14]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
14Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 112, 1142 citas
[15]

el restablecimiento de la pena de muerte, el fortalecimiento del Ejecuti- vo, el confesionaliemo, la eduración organizada conforme alos dogmas de la religión católica. La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 con frguraron el neevo arden, El liberalismo empezó a padecer los rigores de la discriminación; desespe…

p. 114
[30]

de Bonald, Politicamente el conservatisme es pos- terior a la ideología liberal. surgió ra contradecitla. La execración de a revolución francesa, violadora del comen natural al cual debe retornarse, contiene una reacción antiliberal, El conservatismo ex canela ante el progresismo y el reformismo, lo emeperan los…

p. 112
15La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1501 cita
[17]

- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
16Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 1972 citas
[19]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
[34]

y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

p. 197
17Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 cita
[20]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
18Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 60, 2302 citas
[21]

era irrevocablemente liberal. Los acontecimientos de fines de ese año no sólo lo entregaron, ob- jetivamente, en manos de los conser- vadores, sino que lo convencieron de que el radicalismo no debía volver a levantar cabeza. Y los elementos del pensamiento conservador, el autori- tarismo, la utilización del…

p. 60
[43]

1983). Capítulo 8 215 De Carlos E. Restrepo a Marco Fidel Suárez. Republicanismo y gobiernos conservadores Jorge Orlando Melo Se inauguraron monumentos y esta- tuas, así como el acueducto de Cha- pinero y el Parque de la Independen- cia, con varios pabellones en los que se hicieron exposiciones industriales,…

p. 230
19Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 5861 cita
[22]

todo el poder político de la obstinada y terca fracción radical, representa, indudable- mente, la realización de la unidad del pueblo colombiano. Ahora bien, la democracia afirma la unidad del pueblo con- sigo mismo, considerado el pueblo como unidad política. La Regeneración es, pues, un movimiento democrático.…

p. 586
20El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 82, 1072 citas
[24]

Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…

p. 82
[49]

sus principios y sus dirigentes; describe a los hombres del Gobierno como «palaciegos», intrigantes, desfalcadores del Tesoro Público, duefíos de fortunas mal habidas que por lo mismo no pasarán, como reza el proverbio «a la segunda generación»; arremete contra los latifundistas «parásitos» que tienen sus negocios de…

p. 107
21Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 441 cita
[25]

dación de un régimen confesional. Las disposiciones constitucionales y concordatarias hicieron del catolicismo una pieza fundamental del andamiaje del Estado colombiano, lo que se vio reflejado de inme- diato en los planos educativo, moral, social y cultural. Además de su influencia en la sociedad y en el individuo,…

p. 44
22Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 67, 2012 citas
[27]

progreso, tal como lo exigía el modelo liberal burgués que se quería hacer fructificar. He aquí cómo la época li- beral se forjaba críticamente su propio pasado, que servía a su vez de legiti- mación a sus proyectos revoluciona- rios del presente. La historiografía conservadora apa- rece en el ambiente de crisis y de…

p. 201
[54]

fun- cionar más que como complemento. El Estado estimula, protege y ayuda, pero ahí debe concluir el campo de su intervención. Ahora, más allá del complejo tejido interno de las justificaciones ideoló- gicas en que este precepto se apoya, hay que decir que su realización sig- nificó en el plano práctico la renuncia…

p. 67
23Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 631 cita
[28]

a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…

p. 63
24Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 2391 cita
[29]

en la región de Santander, abogaban por la supresión del estanco del tabaco que les impedía la expansión de la producción, y secundaban también las reformas fiscales, en especial la abolición del diezmo eclesiástico que pesaba duramente sobre ellos. Los terratenientes, por el contrario, eran los partidarios del statu…

p. 239
25Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1331 cita
[31]

N DEL MEDIO SIGLO Para 1849 los candidatos presidenciales eran, en el conservatismo gobernante, el vicepresidente Rufino Cuervo, un maestro boya- cense, civilista y antiguo secretario de Hacienda, que representaba el esp í ritu de transacci ó n con el liberalismo que ahora encarna 1 38 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA ba…

p. 133
26Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1091 cita
[32]

and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…

p. 109
27Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1101 cita
[33]

la Indepen- dencia. Este cambio, sin embargo, era más rápido cuando la situación de demanda (doméstica y externa) hacía irresistible para la clase dirigente la posibilidad de enormes ganancias. Durante el período 1845-1885las riendas del gobierno estuvieron en manos de los liberales radicales (o "gólgotas", como se…

p. 110
28Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3511 cita
[35]

El valor de las exporta ciones de tabaco, producidas en un' pequeño enclave del Magdalena Medio, aumentó rápidamente hasta promediar entre dos y tres millones de pesos oro entre 1850 y 1875. Pero el colapso de la economía exporta· dora de tabaco, a partir de la última fecha, simultáneamente con la calda de la demanda…

p. 351
29Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 3201 cita
[36]

so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

p. 320
30Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 1321 cita
[37]

los requisitos que se recomiendan a quien quiera consagrar la vida a la gramática es que sea bogotano. A los bogotanos les atrae la gramática como a los escoce- ses el whisky. Cuervo era bogotanísimo. Había nacido en la capital el 1 de septiembre de 1844. Los responsables de haberle inculcado la goma de la gramática…

p. 132
31Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicop. 591 cita
[38]

José Cuervo fue elaborada por el escultor francés Charles Raoul Verlet. El pedestal fue ejecutado, mediante contrato firmado el 4 de abril de 1914, por Pedro Sánchez y Demetrio Vejarano, quien fue contratado el día 20 de mayo de 1914 “para relabrar la loza 1. Pedro María Ibáñez, Crónicas de Bogotá, tomo I, 2ª ed.,…

p. 59
32La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · p. 1651 cita
[39]

Cuentos de Perrault • Cuentos de Schmid • Aventuras del barón de Münchhausen • Aventuras de Till • Fábulas de Samaniego • Historias de Sófocles • La tienda del anticuario • Historias de Corneille • Entremeses de Cervantes • Historias de Aristófanes • Historias de Lord Byron • Historias de Tennyson • Leyendas de…

p. 165
33El Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia (ALEC). Cuestionario preliminarTomás Buesa Oliver, Luis Flórez · 1954 · p. 101 cita
[40]

por Rufino José Cuervo 3i, Luis Flórez 3r> y Francisco Sánchez Aréva- 3 0 POP, RPF, I, 290-291. 3 1 Qiiestionnaire linguistique, O m i t e International Permanent de Linguistcs, Mácon, 1951 (dos cuadernos); consta de 570 preguntas. SE%'ER POP está publicando u n a e x h a u s t i v a Bibliographie des questionnaires…

p. 10
34Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 13, 15, 173 citas
[41]

hija, á nuestra patria. 35 Los relatos escolares mantuvieron un criterio de linealidad allí donde los héroes eran la parte fundamental de la trama histórica y establecieron una diacronía cuyos cortes temporales se mantuvieron durante todo el siglo. XX 36 Las características de los manuales de historia patria y los…

p. 13
[42]

DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 61 sustituye a los estudios lingüísticos. Su objeto natural e inherente es la y no la regulación investigación. 47 Para Friede la tarea de los académicos solo se limitaba a una “ de los hechos —a interpretación veces incluso insuficientemente…

p. 17
[58]

cultural”. 43 Los presupuestos teóricos y este tipo de conclusiones del eximio representante liberal coincidían con las del líder conservador Laureano Gómez. Más allá del ámbito electoral y de las disputas por el poder local y nacional, los grupos dirigentes colombianos tienen claras coincidencias. Imbuido por la…

p. 15
35Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 322 citas
[44]

que el país tomará nuevos rumbos (Posa- da, E. citado por Esquivel, F. en Rincón et al. 2010: 274), en un momento en el que Colombia ha querido, al celebrar la primera centuria de vida independiente, dar una muestra de cultura y progreso” (Marroquín, J. M. citado por Gómez, L. en Rincón et al. 2010: 322). El primer…

p. 32
[45]

país tomará nuevos rumbos (Posa- da, E. citado por Esquivel, F. en Rincón et al. 2010: 274), en un momento en el que Colombia ha querido, al celebrar la primera centuria de vida independiente, dar una muestra de cultura y progreso” (Marroquín, J. M. citado por Gómez, L. en Rincón et al. 2010: 322). El primer…

p. 32
36Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1691 cita
[46]

manes, italianos, colombianos...; en su Idola Fori, obra de mucha influen- cia en la Generación del Centenario, la influencia quizás más notable es la del uruguayo Rodó. Carlos Uribe Ce- lis, en su reciente libro Los años veinte en Colombia, ideología y cultura, se- ñala la persistente influencia de Taine y de la…

p. 169
37Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · p. 1931 cita
[47]

con el milagro de su tenacidad y de sus bríos, toda la altivez y el celo de las comunidades castellanas. Tal espíritu como ese, agonizante bajo la inmediata opresión del primero de los Habsburgo, importador del despotismo exótico en la tierra de los fueros, transportábase sobre los berganti- nes aventureros a las…

p. 193
38El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 1601 cita
[48]

social de España en el siglo de los Reyes Cató- licos. El mismo espíritu que encendió hogueras de here- jes, multiplicó y alimentó los cuerpos de sabios llamados órdenes religiosas, y los grandes centros de educación lla- mados Universidades. Hay además injusticia en creer que sólo en España hubo fanatismo, y que el…

p. 160
39When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 623 citas
[50]

the Threshold of a New Age Two men sat together in the chill of a cloudy Bogota afternoon chatting of Colombia and the world. One of them was Anibal Galindo, now in his sixties, urbane and widely traveled, translator of Milton's Paradise Lost, wise in the ways of his country after a lifetime of seIVice lito party and…

p. 62
[51]

the Threshold of a New Age Two men sat together in the chill of a cloudy Bogota afternoon chatting of Colombia and the world. One of them was Anibal Galindo, now in his sixties, urbane and widely traveled, translator of Milton's Paradise Lost, wise in the ways of his country after a lifetime of seIVice lito party and…

p. 62
[52]

the Threshold of a New Age Two men sat together in the chill of a cloudy Bogota afternoon chatting of Colombia and the world. One of them was Anibal Galindo, now in his sixties, urbane and widely traveled, translator of Milton's Paradise Lost, wise in the ways of his country after a lifetime of seIVice lito party and…

p. 62
40Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 921 cita
[55]

this, however, there was no agree- ment among contenders who sought to control Colombian education. Like most disagreements in Colombia from the mid-nineteenth century to the late twentieth century, educational disputes merged with political party faction- 76 Chapter Four alism. The civil war of 1876 is an example of…

p. 92
41Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 11 cita
[56]

ONE Colombia in 1914 In 1914 the republic of Colombia, located in the northwest corner of the South American continent with an area of 461,606 square miles and a population of 5,476, 604, seemed poised to embrace the twentieth century with a period of rapid development. 1 Having put aside the unstable poli- tics and…

p. 1
42El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1311 cita
[57]

departamentos. Además, existía una Policía tributaria—los Resguardos de Rentas— extraor dinariamente corrupta y politizada, y dotada de amplios poderes. I.as policías en general no habían completado ni de lejos el pro ceso de separación y distinción de la sociedad civil típico de los aparatos de seguridad modernos.…

p. 131
43No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[59]

ideología de ultraderecha tenía audiencia y el anticomunismo, arraigo. Si bien en Bogotá los partidos mantenían las formas, en medio de una gran polarización política, en las regiones los episodios de violencia pasaron de ser esporádicos a reiterados. Probablemente uno de los episodios que marcaron el regreso de la…

p. 49
44Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 911 cita
[60]

con los grupos protestantes fue todavía más ambigua. En general los artesanos y los obreros de las primeras generaciones los defendían contra los ataques del catolicismo, como lo hicieron en el siglo pasado los radicales. A su vez, los protestantes respondían facilitando no pocas veces sus imprentas para la…

p. 91
45Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1891 cita
[61]

que el surgimiento de una clase obrera, que solo viene a darse a principios del siglo XX, sin negar que el proletariado asalariado ya surgía en las postrimerías del si - glo XIX pero vinculado al comercio y a la explotación agrícola extensiva. 4. La regeneración hasta 1930 E n un artículo Melo 28 hace referencia a los…

p. 189