Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Ensayo · Regeneración · 1886–1929

La Regeneración y el hispanismo católico

Entre 1878 y 1900, una élite letrada colombiana que conocía Europa de primera mano construyó un orden centralista, confesional y autoritario fundado en la tradición hispano-católica. La pregunta es si ese giro fue un repliegue defensivo ante la modernidad o una respuesta intelectual sofisticada a la experiencia de la marginalidad.

14 min de lectura3.003 palabras46 documentos58 fragmentos
La Regeneración y el hispanismo católico
Actualizado 03 de agosto de 2026
01

Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

El hispanismo regenerador no fue un repliegue nostálgico sino una toma de posición deliberada: la élite letrada colombiana conocía la modernidad liberal europea, la juzgó inadecuada a la tradición hispanoamericana y eligió conscientemente construir un orden republicano alternativo sobre los recursos simbólicos e institucionales de la herencia católica-colonial. Miguel Antonio Caro produjo una operación filosófica capaz de dialogar con los debates europeos desde dentro de la tradición tomista —su polémica con Ezequiel Rojas llegó hasta la Académie des Sciences Morales et Politiques— y la filología castellana fue instrumentalizada como tecnología de construcción nacional. Sin embargo, esa sofisticación hacia arriba coexistió con un cierre oligárquico sistemático hacia adentro: el mismo proyecto que competía intelectualmente con Europa invisibilizaba la diversidad geográfica, racial y cultural del país que gobernaba.

La tensión

La historiografía se divide entre quienes leen la Regeneración como involución reaccionaria —el retorno de la Colonia disfrazada de república, la venganza clerical contra el liberalismo radical, el provincianismo de una élite asustada por la modernidad— y quienes reconocen en ella una modernidad propia, jerárquica y católica, cuya durabilidad institucional (la Constitución de 1886 rigió hasta 1991) se explica precisamente porque no era importada sino elaborada desde una tradición larga. El caso de Caro concentra la paradoja: el ideólogo más influyente del hispanismo colombiano nunca salió del altiplano bogotano ni conoció España, construyó la pertenencia hispánica desde el dominio filológico de los textos y legisló sobre un país cuya diversidad geográfica y cultural ignoraba sistemáticamente. La conversión de José María Samper desde el anticlericalismo militante hacia el conservatismo añade otro eje de tensión: ¿fue traición ideológica o diagnóstico pragmático de la inadecuación del liberalismo doctrinario importado a la realidad hispanoamericana? El Manual de Historia de Colombia (Procultura) critica que el llamado humanismo de Caro era en realidad una equiparación de humanismo y conservatismo que vaciaba el primero de contenido, reduciéndolo a ejercicios de latín seminarístico; sus defensores responden que esa filología tenía estatura técnica reconocida internacionalmente y articulaba un proyecto de identidad colectiva transatlántica con coherencia interna.

Temas
RegeneraciónHispanismo y latinidad católicaFilología y construcción nacionalCosmopolitismo y marginalidad periféricaConcordato de 1887 y relaciones Iglesia-EstadoConstitución de 1886Liberalismo radical y federalismoContramodernidad y tradición tomista
02

Ensayo completo

La lectura

¿Fue la Regeneración una operación intelectual sofisticada o un repliegue reactivo?

Entre 1878 y 1900, un puñado de letrados bogotanos —encabezados por Miguel Antonio Caro y Rafael Núñez— desmontaron el orden federal liberal de 1863 y construyeron en su lugar un régimen centralista, confesional y autoritario cuya arquitectura jurídica —la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887— sobrevivió más de un siglo. Ese proyecto suele leerse como una involución: el retorno de la Colonia disfrazada de república, la venganza de la Iglesia contra el liberalismo radical, el repliegue defensivo de provincianos asustados por el mundo. ¿Pero cómo sostener esa imagen frente a quienes construyeron el régimen? No eran provincianos ignorantes ni clérigos rurales: eran filólogos que traducían a Virgilio en octavas reales, políticos que habían vivido en París y Londres, ensayistas que polemizaban en la Académie des Sciences Morales et Politiques e ideólogos que leían a Balmes, a Donoso Cortés y a Menéndez Pelayo con la misma solvencia con que sus adversarios leían a Bentham o a Spencer. La pregunta seria no es si la Regeneración fue moderna o antimoderna, sino qué tipo de operación intelectual produjo un giro hispano-católico desde una élite que había recorrido Europa y podía haber elegido cualquier otro lenguaje de legitimación.

¿Qué se juega en la pregunta?

Determinar si el hispanismo regenerador fue reflejo reactivo o respuesta intelectual sofisticada no es asunto de matiz académico. De la respuesta depende cómo se lea todo el siglo XX colombiano: ¿llegó el país tarde a la modernidad porque una élite miedosa lo hizo retroceder a la Colonia, o tuvo una modernidad propia —jerárquica, católica, letrada— cuya durabilidad institucional se explica precisamente porque no era importada? Depende también quién carga la responsabilidad del cierre oligárquico: ¿un puñado de reaccionarios, o toda una generación cosmopolita que eligió deliberadamente construir el orden público sobre exclusiones? Depende, finalmente, qué relación guarda el proyecto de Caro con el de sus interlocutores europeos: ¿copia atrasada del tradicionalismo español —Balmes, Menéndez Pelayo, el ultramontanismo romano— o elaboración local con voz propia en los debates transatlánticos sobre autoridad, lengua y religión que atravesaron el fin de siglo?

La cuestión tiene, además, un pliegue paradójico que la hace irresistible. La operación fue conducida por hombres que, en su mayoría, habían pasado por París: Núñez fue diplomático en Le Havre y Liverpool antes de la presidencia, Samper vivió su período francés antes de su conversión política, Rufino José Cuervo terminaría sus días en París trabajando su Diccionario de construcción y régimen. Solo Caro constituye una excepción sistemática y significativa: no salió jamás del altiplano bogotano y presumía de no cruzar los confines de la Sabana. Que el ideólogo más influyente del hispanismo colombiano fuera también el único que nunca vio España cifra en un solo hombre la paradoja de una élite que produjo pertenencia hispana desde la distancia geográfica y desde el dominio filológico de los textos.

¿Repliegue defensivo o toma de posición?

La lectura estándar del giro regeneracionista lo interpreta como repliegue defensivo. La generación de Caro, escandalizada por el laicismo radical de 1863 y por las reformas educativas de 1870 —con su misión pedagógica alemana protestante—, habría buscado refugio en una identidad católica premoderna; el hispanismo habría funcionado como consuelo simbólico ante la marginalidad económica y política de una república pobre y desordenada frente a la Europa industrial. En esta lectura, el latín de Caro, la urbanidad castellanizante de Carreño, la restauración de la enseñanza confesional y la exaltación del legado colonial de historiadores como José Manuel Groot serían síntomas de un mismo gesto: darle la espalda a una modernidad que se experimentaba como amenaza. Nostalgia de orden disfrazada de programa.

La lectura contraria sostiene que ese giro no fue reflejo sino cálculo. La generación regeneradora no ignoraba la modernidad europea: la conocía íntimamente y la juzgaba insuficiente. Su hispanismo no era huida sino toma de posición. Habría aprendido en Europa que existían al menos dos modernidades disponibles —la anglosajona-utilitarista, la católica-latina— y habría elegido conscientemente la segunda por razones filosóficas, no por incapacidad de alcanzar la primera. La latinidad católica, en esta lectura, no es lo que queda cuando falla el cosmopolitismo: es la forma que el cosmopolitismo adopta cuando se elabora desde una periferia consciente de sí misma. Caro polemizó con Ezequiel Rojas sobre utilitarismo en un debate que llegó hasta París; conocía perfectamente lo que rechazaba.

¿Cuál de las dos lecturas resiste? Ambas contienen algo verdadero y las dos escamotean lo esencial. La primera reduce a Caro a una caricatura clerical y no explica su solvencia técnica, su capacidad polémica ni la durabilidad institucional de su obra. La segunda concede a la Regeneración una sofisticación intelectual real pero encubre lo que ese proyecto, en su ejecución concreta, hizo con la sociedad colombiana. La pregunta correcta no elige entre defensa y ofensiva: interroga qué tipo de operación pudo ser simultáneamente sofisticada hacia arriba —hacia sus interlocutores europeos— y provinciana hacia adentro, hacia el país que gobernaba.

¿De qué estaba hecho el giro?

El giro tenía primero un fondo filosófico. Caro se formó en la tradición del catalán Jaime Balmes, cuya Filosofía fundamental ofrecía una crítica sistemática del liberalismo utilitario desde categorías tomistas actualizadas para el siglo XIX. Contra Bentham y sus discípulos, contra la escuela de la utilidad que Ezequiel Rojas defendía en la Universidad Nacional, Caro construyó una posición que no era medieval sino contemporánea: arrancar las raíces católicas del proyecto republicano equivalía a dejarlo sin fundamento moral, la utilidad como criterio último disolvía la obligación en cálculo, y la sociedad requería instituciones fuertes —familia, Iglesia, Estado— para contener las pasiones. Su polémica con Rojas llegó hasta la Académie des Sciences Morales et Politiques: no discusión de sacristía, sino versión colombiana del debate europeo de fondo entre tradicionalismo católico y liberalismo doctrinario, formulada con las mismas herramientas conceptuales.

Sobre esa base se levantaba una operación filológica. Caro fue latinista serio y traductor notable: su versión de la Eneida en octavas reales sigue siendo referencia, y su trabajo sobre gramática castellana —codificado luego en el Instituto Caro y Cuervo— tenía estatura técnica reconocida internacionalmente. La filología del siglo XIX no era ejercicio erudito neutro: bajo la epistemología del lenguaje entonces dominante, el idioma expresaba el "espíritu del pueblo" que lo animaba, y la gramática se anudaba con la construcción de identidades colectivas. Escribir bien castellano, según esta lógica, era pertenecer a una comunidad transatlántica hispánica; hacer gramática era hacer nación. Rufino José Cuervo, formado por los jesuitas y por educadores como Lorenzo Lleras, Ricardo Carrasquilla y Santiago Pérez, llevaría esa operación a su cumbre técnica; sus Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano le dieron a Bogotá una autoridad filológica que sus condiciones materiales no justificaban.

La filología se apoyaba a su vez en una narrativa histórica. Los conservadores del siglo XIX —José Manuel Groot con su Historia eclesiástica y civil de la Nueva Granada de 1869 a la cabeza— construyeron un relato que idealizaba el período colonial como tiempo de orden y avance gradual, contrastándolo con las convulsiones republicanas. La Independencia, sugerían, quizás había llegado antes de que el país estuviera preparado. Si la Colonia no era el pozo oscuro que el liberalismo pintaba, entonces la herencia hispánica no era lastre a superar sino patrimonio a reivindicar. Un crítico contemporáneo objetó con lucidez que era tiempo, sí, de terminar la declamación contra la Conquista, pero que Caro llegaba a la "santificación del pasado, sin exceptuar la Inquisición y el régimen colonial". La corrección de un exceso liberal se hacía por vía de un exceso simétrico.

En el plano pedagógico, las Nociones de urbanidad y buenas maneras de Manuel Antonio Carreño —completadas y adaptadas al medio bogotano por Rufino Cuervo y Barreto— formaron durante generaciones a las clases dirigentes en un modelo donde la urbanidad no era técnica social neutra sino ethos católico. Cuervo y Barreto argumentaba que la enseñanza de las niñas debía dividirse en tres clases según su posición social, rechazando "toda idea de igualdad democrática" por carecer de "objeto práctico", y comparaba la escala social con la clasificación natural de los géneros, especies y familias animales y vegetales. La jerarquía quedaba teologizada por vía de la analogía natural. La elección de este modelo confesional castellanizante en lugar de la civilidad francesa —modelo disponible, conocido, dominante en el resto de las élites latinoamericanas del período— formaba parte del programa.

Todo desembocaba en instituciones. La Constitución de 1886 estableció un período presidencial de seis años, restringió las libertades individuales y de prensa, y sustituyó el ultra-individualismo liberal por valores autoritarios. El Concordato de 1887, aprobado en 1888, restableció el catolicismo como religión oficial y devolvió a la Iglesia lo perdido durante la desamortización de 1861: propiedades confiscadas, indemnizaciones anuales ab aeternitatem, control sobre la educación pública, abolición del divorcio civil. El Artículo 41 constitucional dispuso que la educación pública se organizaría en concordancia con la religión católica, disposición que dirimió la disputa educativa a favor de la Iglesia durante cerca de cincuenta años.

¿En qué consistió, entonces, la operación?

La generación regeneradora tomó la experiencia europea —Núñez en Le Havre y Liverpool, Samper en París— y la procesó como diagnóstico: la modernidad liberal, tal como se ofrecía desde Londres o desde el París del Segundo Imperio y la Tercera República, era ajena. No solo por distancia geográfica: ajena por incompatibilidad de tradición. Frente a ese diagnóstico había al menos dos respuestas posibles. Una era continuar el proyecto de importación: adaptar mejor el liberalismo doctrinario, mejorar la traducción, esperar a que el país madurara. Otra era construir una legitimidad alternativa a partir de la única tradición larga disponible en el suelo americano: la católica-hispánica, aquello que la Colonia había dejado y que la Independencia había puesto en tensión sin llegar a extirpar.

La respuesta efectivamente tomada no proponía volver a la Colonia: proponía usar los recursos simbólicos e institucionales de la tradición colonial —lengua castellana codificada, jerarquía eclesiástica territorialmente extendida, filosofía tomista modernizada por Balmes, memoria histórica reivindicada por Groot— como materiales para construir un orden republicano que compitiera con el modelo liberal en sus propios términos. Caro produjo una operación filosófica capaz de dialogar con los debates europeos desde dentro de la tradición católica: sus interlocutores no eran solo Balmes y Donoso Cortés, sino también los adversarios liberales que había leído. La elección de la urbanidad confesional castellanizante de Carreño sobre la civilidad francesa fue decisión programática: no preferencia estética sino toma de partido sobre qué tipo de sujeto formar. La civilidad francesa venía asociada al modelo secular; la urbanidad de Carreño anudaba comportamiento social y catecismo. Elegir Carreño era elegir un ethos.

Ahora bien, la Regeneración no fue un programa ideológico coherente sino una alianza táctica entre dos temperamentos opuestos, y sin ese detalle no se entiende su fisonomía. Núñez —fino político liberal, hombre de mundo, presidente cuatro veces entre 1880 y 1892— llegó al proyecto por diagnóstico pragmático del fracaso radical; Caro, católico intransigente y hombre encerrado en la Sabana, por convicción doctrinaria plena. El caso de José María Samper —nacido en 1828, muerto en 1888— refuerza el argumento por otro flanco. Samper fue anticlerical militante en su juventud, publicó en 1861 un Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las repúblicas colombianas donde criticaba con dureza el carácter centralista, monopólico, fiscalista e intervencionista del Estado español y de la Iglesia coloniales, y terminó su vida incorporado al conservatismo. Justificó su tránsito con una fórmula lapidaria: "el partido liberal se ha perdido por exceso de fuerza y falta de responsabilidad", produciendo una "oligarquía sapista" que no merecía perpetuarse en el poder. No estaba solo: Salvador Camacho Roldán, Camilo A. Echeverri, Ramón Santodomingo Vila y Nicolás Pereira Gamba siguieron trayectorias análogas. Toda una franja del liberalismo aburguesado concluyó, hacia 1878, que el liberalismo doctrinario importado había resultado inadecuado a la realidad hispanoamericana. El diagnóstico de Samper —el mismo que hizo Núñez cuando en 1878 enunció el dilema "regeneración administrativa fundamental o catástrofe"— no era clerical: era pragmático. Y precisamente por serlo hizo posible la alianza con el ala doctrinaria de Caro, dando al régimen su temperamento doble: escéptico positivista en la cúspide, ultramontano en la ideología. La alianza produjo el régimen; también contenía su punto de ruptura.

¿Y el país sobre el que se legislaba?

Todo esto es cierto, y todo esto es insuficiente. La misma operación que puede describirse como respuesta intelectual sofisticada al problema de la marginalidad europea se describe, vista desde el interior del país, como cierre oligárquico sistemático. Caro nunca salió del altiplano. Construyó las instituciones nacionales desde una posición de encierro académico centrado en la gramática y los textos latinos, sin conocimiento directo de la diversidad geográfica y cultural del país que legislaba. Un país que en 1880 era mayoritariamente rural, con vastas regiones indígenas en el sur y el oriente, con poblaciones negras y mulatas en las costas y en el Cauca, con selvas amazónicas y llanuras orientales pobladas por sociedades que ni hablaban castellano ni compartían la matriz católica romana en sus formas oficiales. Sobre ese país se aplicó una arquitectura constitucional diseñada desde un altiplano cuya población letrada cabía en unas pocas manzanas de Bogotá.

Los efectos fueron precisos. Los conservadores nacionalistas construyeron instituciones que invisibilizaban a indios, negros y a la diversidad geográfica y cultural del país, favoreciendo una visión centralista y gramatical del orden social. La sociedad se pensó como jerarquía: familia, Iglesia y Estado por encima de las pasiones, letrados por encima de iletrados, castellano por encima de las lenguas indígenas. Las élites católico-liberales, tanto conservadoras como del liberalismo desencantado, compartían una imagen despreciativa de los grupos populares —negros, mulatos, indígenas— tanto por su fenotipo como por sus costumbres, y concebían el proyecto civilizatorio como batalla de las luces contra el atraso y la barbarie. La sofisticación intelectual europeísta no atenuaba esta jerarquía: la fundamentaba.

La prensa da la medida. Los pasquines y periódicos iconoclastas que habían florecido durante el federalismo fueron sustituidos bajo la Regeneración por publicaciones sectarias, y Núñez y Caro —ambos, no se olvide, provenientes de la "república de las letras" y editores en su momento de periódicos como El Tradicionista de Caro— usaron el principio de "responsabilidad de la prensa" para cerrar el espacio público a la disidencia. La Universidad Nacional fue clausurada. El período 1886-1903 se caracterizó por la intransigencia, la represión y la censura de la obra de ilustrados y librepensadores. Muerto Núñez en 1894, la Regeneración se volvió Caro puro: tras la desaparición del socio pragmático, el ala doctrinaria gobernó desde la vicepresidencia con mano intransigente, y ese purismo llevó al país a la Guerra de los Mil Días (1899-1902), cuyo detonante político directo fue el clima de exclusión sistemática de los liberales de los puestos de mando, y cuyo saldo demográfico y económico marcaría al país por décadas. Tres guerras civiles jalonaron el régimen; la durabilidad institucional del proyecto y su incapacidad para procesar el disenso brotaban de la misma raíz —una coalición que solo podía sostenerse mientras convivieran en ella el escepticismo administrativo y la certeza doctrinaria.

¿Cómo responder, entonces?

El giro hispano-católico de la Regeneración fue ambas cosas a la vez, y esa simultaneidad es precisamente lo que lo define. Fue respuesta intelectual sofisticada a la experiencia europea de la marginalidad: sus protagonistas conocían el mundo que rechazaban, dialogaban con sus mejores exponentes y elaboraron una alternativa filosóficamente articulada. La operación de Caro no fue mera reacción clerical: fue una crítica tomista actualizada del utilitarismo, con interlocución transatlántica real, capaz de sostener el debate en las academias europeas. La elección de Carreño sobre la civilidad francesa fue programática, no provinciana. La conversión de Samper fue síntoma auténtico de una inadecuación diagnosticada por toda una generación, no traición oportunista. En estos planos —filosófico, pedagógico, generacional, institucional— la Regeneración operó con nivel intelectual comparable al de cualquier tradicionalismo europeo contemporáneo.

Al mismo tiempo, esa sofisticación se puso al servicio de un proyecto de cierre oligárquico que, examinado desde su interior, es indistinguible de la dominación letrada más convencional. La contramodernidad católica que Caro construyó era cosmopolita hacia arriba —hacia sus pares europeos— y provinciana hacia adentro —hacia la mayoría iletrada, no castellana, no blanca, no bogotana del país sobre el que legislaba—. La operación intelectual era real; la exclusión estructural que instrumentaba, también. No hay tensión resoluble entre las dos observaciones: son la misma cosa vista desde dos escalas. La Regeneración fue una respuesta sofisticada a un problema europeo mal traducido a un país que sus autores no conocían, y esa mala traducción no era accidente sino condición de posibilidad del proyecto.

Aquí es donde las lecturas parciales fallan. Quien defiende la Regeneración como contramodernidad legítima —tesis con sustento filosófico real— evade que esa contramodernidad se construyó sobre la invisibilización sistemática de la mayoría de los colombianos; quien la denuncia como retroceso reactivo evade que sus arquitectos eran técnicamente competentes y filosóficamente serios, y que la durabilidad de su obra —una Constitución vigente hasta 1991, un Concordato con efectos hasta la segunda mitad del siglo XX, una jerarquía eclesiástica que todavía en 1955 condenaba al liberalismo por defender la libertad de cultos y el divorcio civil— no puede explicarse solo por la fuerza. Fue durable porque tenía consistencia intelectual, y fue oligárquica porque esa consistencia se elaboró sobre exclusiones que sus autores nunca sintieron la necesidad de justificar más allá de la analogía natural de Cuervo y Barreto: la escala social como género, especie y familia.

La Regeneración no fue el destino inevitable del cosmopolitismo criollo desilusionado: fue una elección concreta, con arquitectos identificables, hecha entre 1878 y 1886, cuyas consecuencias todavía se dejan sentir. Reconocer su seriedad intelectual no la absuelve; señalar sus exclusiones no la reduce. La seriedad y la exclusión no eran fuerzas contrarias que se equilibraran, sino la misma operación: la filología como forma de gobierno, la gramática como umbral de ciudadanía, el latín de Caro como la línea que separaba a quienes tenían nación de quienes eran gobernados por ella. Toda una república cabía —y no cabía— en una octava real.

03

Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

46 documentos · 58 fragmentos de referencia
01De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 fragmentos
[1]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
[17]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
02De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 fragmentos
[2]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
[18]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
03Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 391 fragmento
[3]

el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…

p. 39
04Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 351 fragmento
[4]

for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…

p. 35
05Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 76, 802 fragmentos
[5]

negada con sólo seis votos a favor. Del mismo modo apoyaron una pro- Capítulo 2 61 puesta de investigación del Banco Na- cional, que tuvo apenas el apoyo de los mismos seis representantes antio- queños. El Ministerio del Tesoro, se- gún se dijo, habría ofrecido resistir con las bayonetas todo intento de en- trar al…

p. 76
[19]

fueron a pique y, en su forma original, resultó tan inadecuada a la realidad nacional (a pesar de reconocer mejor que la Cons- titución del 63 algunos aspectos bási- cos de esta realidad) como las anterio- res. Mientras no fue modificada, lo que ocurrió a consecuencia del gran fracaso representado por la guerra de los…

p. 80
06El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 5431 fragmento
[6]

a quedar tan anémico, que la servidumbre se acepta entre las masas con abúlica indife- rencia — aguantando —. Se soporta, se calla de continuo, para de repente volver a vociferar. Más característica es la resistencia que los principios de gobierno de Núñez han encontrado entre los conservadores, buenos católicos y…

p. 543
07El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 126, 1302 fragmentos
[7]

fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…

p. 130
[20]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
08Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 fragmento
[8]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
09A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 261 fragmento
[9]

faith. As the educational process aims to educate rational individuals, it should be free from the influence of religion, and in no way should it impose or weaken the private individual’s faith. The debate con - ltinued throughout the 19th century, alternating between the official endorse - ment of the books and their…

p. 26
10Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1921 fragmento
[10]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
11Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 10, 952 fragmentos
[11]

el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

p. 10
[14]

la Union y constituirse en republi- cas independientes o anexarse a otro pais, como lo intentaron Antioquia y Panama. Pero por algo la Constitucién de 1858 les prohibié usar bandera o escudo de otra nacién. Aquella conducta no era nueva, pues recordemos cémo en 1831 algunas provincias proclamaron su anexi6n a…

p. 95
12Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1701 fragmento
[12]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
13Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1891 fragmento
[13]

que el surgimiento de una clase obrera, que solo viene a darse a principios del siglo XX, sin negar que el proletariado asalariado ya surgía en las postrimerías del si - glo XIX pero vinculado al comercio y a la explotación agrícola extensiva. 4. La regeneración hasta 1930 E n un artículo Melo 28 hace referencia a los…

p. 189
14Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 561 fragmento
[15]

as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…

p. 56
15Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2751 fragmento
[16]

de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…

p. 275
16El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 74, 1602 fragmentos
[21]

social de España en el siglo de los Reyes Cató- licos. El mismo espíritu que encendió hogueras de here- jes, multiplicó y alimentó los cuerpos de sabios llamados órdenes religiosas, y los grandes centros de educación lla- mados Universidades. Hay además injusticia en creer que sólo en España hubo fanatismo, y que el…

p. 160
[45]

y de afluencia a sus puertos de millones de inmigrantes de las más diversas religiones, ideologías y nacionalidades. La lucha por una política de 38 José María Samper, Historia de un alma, Biblioteca Popular de Autores Colombianos, Bogotá, 1946, vol. i, pág. 185. Los periódi- cos de Bogotá y de las provincias…

p. 74
17Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 146, 1622 fragmentos
[22]

las ind í genas, LA REP Ú BLICA FEDERAL 151 ilc esp í ritu infantil, y una autoridad fuerte era indispensable para controlar el esp í ritu montaraz y rebelde de mestizos y mulatos. La Iglesia era esencial para que s ú bditos o ciudadanos aceptaran las restricciones de la vida en sociedad: al reemplazar la idea de…

p. 146
[44]

indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…

p. 162
18Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 631 fragmento
[23]

a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…

p. 63
19Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2011 fragmento
[24]

progreso, tal como lo exigía el modelo liberal burgués que se quería hacer fructificar. He aquí cómo la época li- beral se forjaba críticamente su propio pasado, que servía a su vez de legiti- mación a sus proyectos revoluciona- rios del presente. La historiografía conservadora apa- rece en el ambiente de crisis y de…

p. 201
20Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 132 fragmentos
[25]

hija, á nuestra patria. 35 Los relatos escolares mantuvieron un criterio de linealidad allí donde los héroes eran la parte fundamental de la trama histórica y establecieron una diacronía cuyos cortes temporales se mantuvieron durante todo el siglo. XX 36 Las características de los manuales de historia patria y los…

p. 13
[28]

27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

p. 1
21Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 2201 fragmento
[26]

esa altura y nos sería lícito esperar que la influencia de tales ideas se limitara al respeto de la forma y no alcanzara a obrar sobre la percepción de las cosas. ¡Qué acentos de indignación encuentra Caro para increpar a Quintana su grito generoso, humano, cuando recono- ciendo las crueldades de la Conquista, quiere…

p. 220
22Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 6001 fragmento
[27]

a Miguel Antonio Caro no justificaba que a esos ejercicios se les diera el nombre de humanismo; porque la obra que leg ó a Colombia ese humanismo fue filol ó gicamente tan precaria y socialmente tan ineficaz, q ue asociarla a una de las formas hist ó ricas del Humanismo equi va. l í a a un acto de desmesura…

p. 600
23La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 3511 fragmento
[29]

«justipreciar a Caro» y darle Iván González Puccetti 352 el verdadero valor que tiene, tan distinto del que le confieren los que nunca lo han leído. Tal vez así llegarán a saber alguna vez en dónde residen los méritos de Caro aquellas gentes intonsas que escriben seis columnas de periódico para afirmar « que Caro era…

p. 351
24Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 1611 fragmento
[30]

sus análisis, ha cambiado lo que concebimos como esencia del lenguaje: "El lenguaje 'se enraiza' no por el lado de las cosas percibidas, sino por el lado del sujeto en su actividad. Se habla porque se actúa, no porque al reconocer se conozca Lo cual tiene dos consecuencias. La primera, en el siglo XTX el lenguaje va a…

p. 161
25Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 1321 fragmento
[31]

los requisitos que se recomiendan a quien quiera consagrar la vida a la gramática es que sea bogotano. A los bogotanos les atrae la gramática como a los escoce- ses el whisky. Cuervo era bogotanísimo. Había nacido en la capital el 1 de septiembre de 1844. Los responsables de haberle inculcado la goma de la gramática…

p. 132
26Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 241 fragmento
[32]

Tradujo, en octavas reales soporíferas, La Eneida de Virgilio. Tradujo muchos otros poetas latinos, bíblicos, franceses e in- gleses. Como poeta original, perduran algunos de sus sonetos («Pro senec- tute», «Patria»...) y, en medio de una literatura más retórica que lírica, más formal que intensamente sentida (como lo…

p. 24
27El Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia (ALEC). Cuestionario preliminarTomás Buesa Oliver, Luis Flórez · 1954 · p. 11 fragmento
[33]

EL ATLAS LINGÜISTICO-ETNOGRAFICO DE COLOMBIA (ALEC) CUESTIONARIO PRELIMINAR INTRODUCCIÓN "Ethnographie et linguistique ne vont point l'une sans l'autrc" (FERDINAND BRUNOT). "Palabras, sí, palabras, pero enlazadas a la cosa" (MA- NUEL ALVAR). I. PROPÓSITO. El Instituto Caro y Cuervo, a través de su Departamento de…

p. 1
28Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 121 fragmento
[34]

en pocos días saldría para Alejandría, Beirut y Damasco a per- feccionar sus conocimientos de árabe. Pensaba regresar a Bruselas en febrero, pero el 28 de julio de 1880 murió en Beirut por causa de una apoplejía. Muchos de los trabajos de Uricoechea no se alcanzaron a publicar y dejó truncos varios proyectos…

p. 12
29Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 921 fragmento
[35]

this, however, there was no agree- ment among contenders who sought to control Colombian education. Like most disagreements in Colombia from the mid-nineteenth century to the late twentieth century, educational disputes merged with political party faction- 76 Chapter Four alism. The civil war of 1876 is an example of…

p. 92
30Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1241 fragmento
[36]

ejemplo de lo que llegó a generar estos desacuerdos fue la guerra civil de 1876: se gestó, entre otras razones, por el desacuerdo manifiesto del Partido Conservador y la Iglesia católica con las reformas educativas introducidas desde 1870 por el liberalismo radical en el poder, que impuso la enseñanza laica, la…

p. 124
31Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 531 fragmento
[37]

Jaramillo Uribe has called “the polemic of the textbooks.” 27 Conservatives like Miguel Antonio Caro, writing in the party newspaper El Tradicionalista, complained that the state was confusing its obligation to educate with the Church’s right to indoc- trinate. It was clear to Caro and his copartisans that the state,…

p. 53
32Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2131 fragmento
[38]

la Regeneración. CuADRO 1v.6. Estudiantes en las escuelas elementales durante la segunda mitad del siglo x1x 1847 29.118 1852 21.937 1870 60.155 1873-74 83.626 1881 71.070" 1890 99.215 1893 104.463 1897 137.482 1905 165.062 @ Excluye a Santander, donde había unos 14.000 alumnos. FUENTE: Felipe Pérez, Geografía general…

p. 213
33Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 111, 1152 fragmentos
[39]

no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…

p. 115
[53]

a la conciencia en el extremo del crimen, para fulminar el rayo de los cielos. 65 Bien podríamos decir que su reportaje es materia prima para una narra- ción digna de Conan Doyle. 63 Luis Capella Toledo, Leyendas históricas. Imprenta Gerardo A. Nuñez, Bogotá, 1879. Se reeditó en el siglo xx (Editorial Minerva, Bogotá,…

p. 111
34Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1941 fragmento
[40]

guarda su dinero y se contrata como peón en alguna hacienda de la parte inferior del valle, trabaja allí durante dos o tres meses en desmontes y otras operaciones agrícolas, y luego regresa al hogar a continuar sus faenas habituales, llevando buena provisión de patacones (piezas de cinco francos), herramientas y…

p. 194
35Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 971 fragmento
[41]

Samper el periodo republicano de me- diados de siglo: «Faltos de una verdadera educación y tradición de hombres de gobierno y de auténtico sentido político, los hombres de la Independencia se plantearon programas basados en ideas absolutas, de autoridad fuerte los unos, de libertades absolutas los otros. Veían el…

p. 97
36La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 146, 1502 fragmentos
[42]

decir que triunfen los principios subversores de la sociedad. Por el contrario, ya para enton - ces corría una fuerte tendencia dentro del liberalismo -espe - cialmente el aburguesado- para hacer arreglos con los opo - sitores ideológicos, siendo uno de los más visibles capitanes de este movimiento don José María…

p. 146
[46]

- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
37Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 691 fragmento
[43]

También ha interpretado equivocadamente el señor Samper la actitud política de Antonio Nariño. Oigámoslo: «Es incuestionable que cuando Nariño publicaba los Dere- chos del Hombre, a fines del siglo pasado, y conspiraba con otros criollos neogranadinos, por el anhelo de ver emancipada a su patria, pensaba y obraba como…

p. 69
38Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1091 fragmento
[47]

and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…

p. 109
39La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 1501 fragmento
[48]

y catolicismo integral en Colombia. La reforma religiosa de López Pumarejo” en Historia crítica. N. 19, enero-junio 2000. pp- 68-106. http://www.lablaa.org/blaa- virtual/letra-r/rhcritica/arias2.htm#_ftn14 235 Conferencias Episcopales de Colombia, t. I (1908-1953), Bogotá, Secretariado Permanente del Epis- copado,…

p. 150
40Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3581 fragmento
[49]

el clero, sobre todo en los sectores más politizados: Severo González, cura de Cali, e «intérprete infalible del evan- gelio conservador», pidió que fuera expulsado Carlos Martínez Silva del directorio conservador por haberle prestado las páginas de su revista al P. Vélez para insultar al clero y al par- tido…

p. 358
41Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 68, 992 fragmentos
[50]

al catolicismo decimonónico en Colombia, sobre su recuperación institucional en el país, ver: William Plata, “La romanización de la Iglesia en el siglo XIX, proyecto globalizador del tradicionalismo católico” en Globalización y Diversidad Religiosa en Colombia. Ana María Bidegain (Ed.), 107-147 (Bogotá: Universidad…

p. 68
[51]

la necesidad de ocuparse de la clase obrera, puesto que aún era embrionaria. Por otra parte, la difusión de la encíclica coincidió con el establecimiento de la Regeneración y el reinado de la intransigencia católica, lo cual hizo que la polémica política ocupara las fuerzas de los católicos, dejando a un lado la…

p. 99
42Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2241 fragmento
[52]

Ho: Fras, que en su concepto obstaculiza- ban la prosperidad de la mación La ley de junio 15 de 1853, llamada Ley deSeparación Absoluta de la Igle- el Estado, introdujo algunas dis- posiciones sobre los bienes de las en- tidades religiosas. Por ejemplo, esta- bleció que los templos católicos, así como sus bienes y…

p. 224
43Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 521 fragmento
[54]

estaba conformada por publicistas de la élite bogotana, afines a los nacientes partidos liberal y conservador, y tuvo como uno de sus objetivos prin- cipales las discusiones literarias y la conformación de una biblioteca nacional en la que se publicaran tanto las obras de los autores contemporáneos como las que habían…

p. 52
44Nociones de urbanidad y buenas manerasManuel Antonio Carreño, Rufino Cuervo y Barreto · 2016 · p. 1, 1452 fragmentos
[55]

MANUEL A. CARREÑO y RUFINO CUERVO y BARRETO NOCIONE s d E URBANI d A d y BUENA s MANERA s urbanidad MANUEL A. CARREÑO y RUFINO CUERVO y BARRETO NOCIONE s d E URBANI d A d y BUENA s MANERA s urbanidad Carreño, Manuel Antonio, 1812-1874, autor Nociones de urbanidad y buenas maneras [recurso electrónico] / Manuel Antonio…

p. 1
[56]

parte, los padres en lo gene- ral carecen de medios, y algunos hasta de voluntad, para enviar sus hijas a las escuelas, temerosos del riesgo siempre creciente a que están expuestas yendo quizá de grandes dis- tancias a los poblados, o estando recomendadas en ellos a personas desidiosas, todo lo cual presenta la…

p. 145
45Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 4011 fragmento
[57]

Calle, B. de la  Campamento (town) , ,  Campoamor, J. M. (Jesuit)  Cañasgordas , ,  Cano, A. J. (‘El Negro’) , , , ,  Cano, Fidel , , , , , ,  Cano, Francisco Antonio , ,  Cano Márquez, M. de los Á. , ,  Canoas (town)  capellanías (endowed…

p. 401
46Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 4011 fragmento
[58]

Calle, B. de la  Campamento (town) , ,  Campoamor, J. M. (Jesuit)  Cañasgordas , ,  Cano, A. J. (‘El Negro’) , , , ,  Cano, Fidel , , , , , ,  Cano, Francisco Antonio , ,  Cano Márquez, M. de los Á. , ,  Canoas (town)  capellanías (endowed…

p. 401