Miguel Antonio Caro
Regeneración
1843–1909
La biografía
Pocas figuras del siglo XIX colombiano concentran tanto poder simbólico y político como Miguel Antonio Caro Tobar (Bogotá, 1843 — Bogotá, 1909). Filólogo, traductor de Virgilio, polemista católico, coautor intelectual de la Constitución de 1886 y presidente encargado entre 1892 y 1898, Caro fue el hombre que tradujo una doctrina —hispanismo tradicionalista, centralismo, confesionalismo, autoridad presidencial casi absoluta— en el andamiaje jurídico que rigió a Colombia durante más de un siglo. Su nombre bautiza al Instituto Caro y Cuervo porque su autoridad sobre el idioma pareció, en su tiempo y después, indistinguible de su autoridad sobre la república. En él, gramática y gobierno fueron una sola cosa: una forma de mandar con la corrección del latín, la firmeza del dogma y la desconfianza sostenida hacia todo lo que se pareciera al siglo liberal.
Línea de vida
- 1871
Fundación de El Tradicionista
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Caro fundó el periódico El Tradicionista, laboratorio de su pensamiento conservador, desde el que defendió a la Iglesia frente a los gobiernos radicales, atacó la Constitución de Rionegro de 1863 y sostuvo que la única garantía del orden social eran la Iglesia católica y un ejecutivo fuerte.
- 1871
Polémica con Ezequiel Rojas sobre el utilitarismo
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Caro debatió con el filósofo utilitarista Ezequiel Rojas, argumentando que el utilitarismo era incompatible con las raíces católicas del proyecto republicano colombiano. La polémica alcanzó proyección internacional al llegar a la Académie des Sciences Morales et Politiques de París, consagrando a Caro como el pensador conservador más articulado del país.
- 1886
Redacción de la Constitución de 1886
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Como principal pensador conservador en el Consejo Nacional de Delegatarios, Caro fue el autor intelectual decisivo de la nueva carta. La Constitución extinguió la forma federal, creó el centralismo departamental, declaró el catolicismo religión de la nación, subordinó la educación pública a la Iglesia, incorporó el estado de sitio y consagró la irresponsabilidad presidencial absoluta.
- 1887
Impulso y firma del Concordato con el Vaticano
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Los regeneradores, con Caro como ideólogo, impulsaron el Concordato firmado con la Santa Sede en 1887 y aprobado en 1888. El acuerdo estableció el catolicismo como religión oficial, ató la educación pública a los preceptos de la Iglesia, otorgó efectos civiles al matrimonio canónico, abolió el divorcio civil y reconoció compensaciones por la desamortización de bienes eclesiásticos.
- 1892
Asunción del poder efectivo como vicepresidente y presidente encargado
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Elegido vicepresidente en fórmula con Núñez en 1892, Caro asumió el mando cotidiano del gobierno ante la retirada de Núñez a Cartagena. A la muerte de Núñez en 1894 quedó al frente sin contrapeso, gobernando con carácter autoritario, excluyendo a los liberales de los puestos de mando y rechazando las reformas propuestas por los conservadores históricos.
- 1895
Sofocamiento de la rebelión liberal de enero
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En enero de 1895 estalló una rebelión armada liberal que comenzó con un plan para secuestrar al gabinete. El gobierno de Caro la sofocó militarmente, pero el episodio evidenció que la exclusión sistemática de la oposición cerraba toda vía pacífica de participación política.
- 1896
Rechazo del Manifiesto de los 21
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Veintiún conservadores históricos publicaron un manifiesto con críticas a la Regeneración y demanda de reformas constitucionales y mayor participación liberal. Caro lo rechazó, profundizando la fractura interna del conservatismo y acelerando el camino hacia la Guerra de los Mil Días.
- 1898
Fin del gobierno y episodio del regreso en cinco días
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Para no inhabilitarse electoralmente, Caro renunció y encargó el gobierno a Guillermo Quintero Calderón, quien propuso eliminar la Ley de los Caballos. Caro regresó cinco días después, revirtió la medida y quedó él mismo inhabilitado para la reelección, ilustrando su incapacidad de tolerar la más mínima flexibilización doctrinal aun al precio de arruinar sus propios planes.
El letrado que gobernó sin salir del altiplano
Caro pertenece a una estirpe muy particular de la política colombiana: la del intelectual que gobierna desde el escritorio y desde la certeza. Hijo del poeta José Eusebio Caro —uno de los fundadores del ideario conservador—, creció en una Bogotá de tertulias, seminarios y periódicos doctrinarios, dentro de un catolicismo ultramontano que no admitía transacciones. Sus contemporáneos y adversarios lo describieron como arrogante, huraño fuera del círculo de íntimos, intransigente, autoritario. El general Rafael Uribe Uribe, que lo enfrentó en la tribuna y con las armas, resumió en una imagen célebre lo que muchos pensaban: Caro era un académico que nunca había salido del área urbana de Bogotá, que solo conocía la agricultura por las Geórgicas de Virgilio o por la Silva de Andrés Bello, y que juzgaba un país que no había pisado.
La caricatura tiene carga polémica, pero apunta a algo real. Caro escribió y legisló para una nación que imaginaba desde la biblioteca. Redactó la Constitución de un país de selvas, ríos, valles ardientes, comunidades indígenas y afrodescendientes, sin haber conocido el Magdalena que Alfredo Molano contrastaría, un siglo después, con la figura del traductor que llevó a Eneas a las playas del Lacio pero jamás bajó a las playas del Caribe. Su horizonte fue el altiplano cundiboyacense, la sacristía y el archivo. Desde allí, con la seguridad de quien se creía asistido por la Providencia, negó derechos a sus adversarios y gobernó convencido de que el error liberal no merecía tolerancia porque la verdad católica no admitía competencia.
Ese es el personaje: un hombre de vastísima cultura clásica, exponente del ala más reaccionaria del conservatismo, místico de la autoridad y obsesivo religioso, cuya influencia sobre Colombia sería desproporcionada respecto a su experiencia del país.
Formación y primeras armas: del hispanismo al Tradicionista
La formación de Caro fue la de un humanista del siglo XIX bogotano: latín, teología, filosofía escolástica, lectura sistemática de los clásicos y de la tradición apologética católica. Su maestro filosófico decisivo fue el sacerdote español Jaime Balmes, cuya defensa del catolicismo como fundamento del orden social le proporcionó el aparato conceptual con el que combatiría toda su vida al liberalismo. De Balmes, y de la lectura del hispanista Marcelino Menéndez y Pelayo, tomó la convicción de que España había sido injustamente descrita como tierra estéril para la ciencia moderna, y que su contribución al pensamiento occidental —anclada en el catolicismo— era el legado que Colombia debía preservar como propio.
En 1871 fundó El Tradicionista, periódico cuyo nombre era ya un manifiesto. Desde sus páginas defendió a la Iglesia frente a los gobiernos radicales que la habían despojado, atacó las libertades individuales consagradas por la Constitución de Rionegro de 1863 y sostuvo que la única garantía del orden social eran la Iglesia católica y un ejecutivo fuerte. Ese periódico fue el laboratorio de las ideas que quince años después se convertirían en normas.
Su debate más resonante de esa etapa fue con Ezequiel Rojas, el filósofo utilitarista que había intentado reconciliar a Bentham con la religión natural. Caro le respondió que el utilitarismo era incompatible con las raíces católicas del proyecto republicano: al reemplazar la idea de pecado por la de utilidad personal, se invitaba a los ciudadanos a buscar el beneficio individual sin restricciones morales, y con ello se destruía el orden. La polémica alcanzó proyección internacional al llegar a la Académie des Sciences Morales et Politiques de París, y consagró a Caro, todavía joven, como el pensador conservador más articulado del país.
El arquitecto de 1886
En 1885, tras la derrota liberal en la guerra civil, Rafael Núñez —el cartagenero que había roto con el radicalismo y buscado alianza con los conservadores— proclamó que la Constitución de 1863 había dejado de existir. Se convocó un Consejo Nacional de Delegatarios que redactaría la nueva carta, y allí Caro asumió el papel decisivo. Núñez puso el mando político; Caro, la doctrina y la pluma.
La Constitución de 1886 fue, en gran medida, obra suya. Extinguió la forma federal, dividió el territorio en departamentos gobernados desde el centro y trasladó la decisión política al poder nacional. Estableció el catolicismo como religión de la nación, ordenó que la educación pública se organizara en concordancia con la Iglesia, y creó el mecanismo del estado de sitio: en casos de alteración del orden público o guerra exterior, el presidente podía dictar decretos con fuerza legislativa provisional. Esta herramienta —pensada como excepción— se convertiría, en el siglo XX, en el régimen ordinario de gobierno de Colombia.
El punto más revelador del pensamiento de Caro sobre el poder está en su defensa de la irresponsabilidad presidencial. Al analizar la relación entre el ejecutivo y el legislativo, sostuvo que ningún Congreso podría enjuiciar al presidente, porque cualquier conflicto entre ambos poderes conduciría necesariamente al cierre del Congreso. La conclusión —la absoluta irresponsabilidad del presidente— no era un descuido sino una tesis: para Caro, la autoridad debía concentrarse arriba y no ser cuestionable desde abajo. Un ejecutivo débil era, en su lectura, la puerta al desorden liberal de los años sesenta y setenta.
La Carta restringió libertades que la de 1863 había consagrado en fórmulas amplias —expresión, imprenta, culto no católico—, sometiéndolas a la reglamentación legal y al principio de responsabilidad. Quedó armado así un edificio coherente: centralismo, confesionalismo, ejecutivo fuerte, restricción de derechos individuales. Todo lo que Caro había predicado desde El Tradicionista se transformó, con notable fidelidad, en articulado constitucional.
El Concordato de 1887
La Constitución declaraba el catolicismo como religión de la nación; faltaba pactar con el Vaticano los términos de esa reincorporación. El Concordato firmado con la Santa Sede en 1887, y aprobado en 1888, cerró el circuito. Fue el instrumento con el que la Iglesia, despojada durante los gobiernos radicales, recuperó su lugar central en la vida colombiana.
Sus disposiciones son elocuentes. El Estado se obligaba a proteger y hacer respetar la religión católica. La educación pública quedaba atada a los preceptos de la Iglesia, que adquiría una incidencia decisiva sobre lo que se enseñaba y quién lo enseñaba. Se otorgaron efectos civiles al matrimonio canónico y se abolió el divorcio civil, con consecuencias que durarían casi un siglo. Se reconoció una compensación económica —modesta, dada la penuria fiscal, con pagos anuales— por los perjuicios de la desamortización de bienes eclesiásticos ejecutada a mediados del siglo XIX. Se concedió a la Iglesia autonomía plena de gobierno, se restauró el fuero eclesiástico y se le otorgaron ventajas fiscales y protección frente a la competencia de otras confesiones.
Las instrucciones que Núñez envió al negociador Joaquín Fernando Vélez piden leerse con atención: pedían que el texto reflejara el espíritu de la Constitución y que la deuda económica se enmarcara en la penuria del erario, ofreciendo compromisos módicos y auxilios presupuestales para misiones, seminarios y diócesis pobres. Núñez, más pragmático que Caro, sabía que el gobierno no podía prometer lo que no podría pagar; Caro, más doctrinario, obtuvo lo esencial: la Iglesia como institución constitutiva del orden social colombiano.
En esa arquitectura, Caro cumplía una convicción largamente elaborada. Había criticado la separación Iglesia-Estado de todas las constituciones colombianas anteriores. Consideraba, siguiendo a Balmes, que la Iglesia era imprescindible para que los ciudadanos aceptaran las restricciones de la vida en sociedad, porque sin la idea de pecado no había freno para el egoísmo individual. El Concordato no era, para él, un privilegio confesional entre otros: era la reparación de un error histórico y la piedra angular de una república católica.
La vicepresidencia y el poder efectivo
Elegido vicepresidente en la fórmula con Núñez en 1892, Caro asumió muy pronto el poder efectivo. Núñez se había retirado a El Cabrero, en Cartagena, sin ejercer la presidencia con presencia real en Bogotá, y la vicepresidencia equivalió en la práctica al mando cotidiano del gobierno. A la muerte de Núñez, en 1894, Caro quedó al frente sin contrapeso.
Su administración estuvo marcada desde el inicio por dos rasgos. El primero fue la exclusión de los liberales de los puestos de mando: convencido de que el error no tenía derechos, Caro no negoció, no incluyó, no pactó. El segundo fue la fractura del propio conservatismo. Su elección agudizó una división que ya venía gestándose entre los llamados conservadores históricos, encabezados por Carlos Martínez Silva, y los nacionalistas, que Caro lideraba. Los históricos —conservadores también, pero abiertos a corregir los excesos de la Regeneración— proponían dar participación política a los liberales y abolir la llamada Ley de los Caballos, que imponía severas restricciones a la prensa. Los nacionalistas, en cambio, defendían la ortodoxia del proyecto original sin concesiones.
Esa fractura interna es reveladora. El régimen que Caro había ayudado a construir empezó a resquebrajarse no por presión externa sino por la intolerancia de su propio núcleo. En septiembre de 1892, delegados liberales de distintas partes del país se reunieron en Bogotá, nombraron a Santiago Pérez director del partido y le encomendaron su reorganización. Pérez —expresidente, hombre respetado— fue expatriado por el gobierno de Caro, que lo acusó de conducir al país a la guerra. La medida, lejos de apaciguar, encendió los ánimos.
En enero de 1895 estalló una rebelión armada liberal. Comenzó con un plan para secuestrar al gabinete el 22 de enero y desató un conflicto que el gobierno logró sofocar militarmente, pero cuyo mensaje era claro: el pacto regeneracionista no toleraba oposición, y la oposición no tenía otra vía que la fuerza.
En 1896, los conservadores históricos publicaron el llamado Manifiesto de los 21: veintiún puntos de crítica a la Regeneración, con demanda de reformas a la Constitución y mayor participación liberal. Era, en esencia, un intento de salvar el régimen abriéndolo. Caro lo rechazó.
La crisis fiscal y el episodio del regreso en cinco días
Bajo la administración de Caro, Colombia vivió una crisis fiscal severa. El gobierno no podía pagar su propia nómina. Los negocios estaban en quiebra, los campos desolados, el desempleo era grande. La emisión monetaria descontrolada, iniciada bajo Núñez y continuada bajo Caro, había erosionado la confianza en el papel moneda. El proyecto regeneracionista —que prometía orden, catolicismo y prosperidad— entregaba una realidad económica que contradecía su promesa.
En ese contexto ocurrió uno de los episodios más grotescos del período. Caro intentó reelegirse, pero para no inhabilitarse por ejercer el poder en el momento de la elección, renunció año y medio antes de los comicios y encargó el gobierno a Guillermo Quintero Calderón. Quintero Calderón, apenas asumido, propuso eliminar la Ley de los Caballos —gesto de apertura hacia los históricos y los liberales moderados. Caro no lo toleró: regresó cinco días después, se posesionó de nuevo, revirtió la medida y, con ese regreso precipitado, quedó él mismo inhabilitado para la reelección.
El episodio condensa la política de Caro: la incapacidad de tolerar la más mínima flexibilización de su doctrina, aun al precio de arruinar sus propios planes. La coherencia intelectual se pagó con torpeza política.
Impulsó entonces la fórmula nacionalista para las elecciones de 1898: Manuel Antonio Sanclemente, con más de ochenta años y salud precaria, como presidente; José Manuel Marroquín, poeta y letrado, como vicepresidente. Se impusieron sobre la candidatura liberal, pero la división conservadora persistió y la fórmula ganadora era, en sí misma, un síntoma del agotamiento del régimen: un anciano enfermo y un versificador, en un país al borde de la guerra civil.
La caída del edificio: los Mil Días y Panamá
El fracaso de la reforma electoral en 1898 detonó lo que se venía anunciando desde hacía años. Los sectores belicistas del liberalismo, convencidos de que no había vía pacífica, se movilizaron. En 1899 estalló la Guerra de los Mil Días, el conflicto civil más devastador del siglo XIX colombiano. Terminó en 1902 con más de cien mil muertos, la economía en ruinas y el país exhausto. En 1903, Panamá se separó de Colombia.
Caro había dejado el poder en 1898, pero su responsabilidad en el desenlace es difícil de eludir. La exclusión sistemática de los liberales de los puestos de gobierno, la clausura de la prensa disidente, la expatriación de figuras como Santiago Pérez, la negativa a admitir las reformas propuestas por los históricos: todo ello construyó el clima en el que la vía armada terminó imponiéndose. En el gobierno de Marroquín, que sucedió al enfermo Sanclemente tras un golpe palaciego en 1900, el poder efectivo pasó de las manos de los letrados a las de militares rasos como el general Arístides Fernández, quien impuso el toque de queda en Bogotá y encarceló varias veces al propio Marroquín, que además de vicepresidente era poeta. La observación es cruel y exacta: Caro y Marroquín, en sus regodeos verbales, no pudieron pasar de la contemplación a la acción, y el poder concreto quedó en manos de quienes no leían latín.
El filólogo: gramática y poder
Cualquier retrato de Caro que omita su obra filológica lo mutila. Fue uno de los grandes latinistas de la lengua española del siglo XIX. Tradujo la Eneida de Virgilio en octavas reales —empresa monumental que le dio prestigio continental—, y vertió al castellano a otros poetas latinos, textos bíblicos y autores franceses e ingleses. Escribió sonetos propios, entre ellos Pro senectute y Patria, y la Oda a la estatua del Libertador. Publicó ensayos filológicos como Del uso en sus relaciones con el lenguaje, recogido más tarde en la Selección Samper Ortega de literatura colombiana.
Junto a Rufino José Cuervo (1844-1911) —autor de las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano y del monumental Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana— compuso la gramática latina que durante décadas se estudió en los colegios colombianos. La dupla Caro-Cuervo definió la autoridad lingüística del país, y el Instituto que hoy lleva sus nombres es la prolongación institucional de esa autoridad.
Aquí es donde la biografía se vuelve interpretación. Para Caro y los conservadores, la corrección lingüística estaba vinculada al ejercicio del poder político. Quien dominaba el idioma dominaba la nación, porque el idioma era el vehículo de la tradición hispánica y católica que la Regeneración quería restaurar. Hablar bien y gobernar bien eran, en esa lógica, operaciones análogas: ambas exigían sometimiento a la norma, respeto por la autoridad, rechazo del capricho individual.
Esa lectura ayuda a entender por qué Caro pudo gobernar Colombia sin haber administrado nunca una hacienda, sin conocer la producción agrícola sino por Virgilio, sin haber pisado dos tercios del territorio. En una república sin burocracia técnica consolidada y sin ejército profesional moderno, el capital simbólico disponible para gobernar era el dominio del lenguaje culto. Caro lo monopolizó por convicción y por defecto. La gramática fue su plataforma de mando.
Los juicios posteriores sobre su obra filológica no son unánimes. El llamado humanismo colombiano asociado a Caro ha sido descrito como filológicamente precario y socialmente ineficaz, y equipararlo con el Humanismo histórico europeo se ha juzgado un acto de desmesura provinciana. Es un veredicto duro, pero atiende a un desequilibrio real: Caro fue un traductor notable y un latinista sólido, pero su obra propia como poeta fue limitada, y su pretensión de erigir la gramática en fundamento de la vida pública desbordaba lo que la disciplina podía sostener.
La prensa: el silenciamiento de los disidentes
La política de prensa del gobierno de Caro merece capítulo propio. Núñez y Caro, escudados en el principio de responsabilidad de la prensa, intentaron —con éxito variable— cerrar los periódicos que disentían del régimen. La llamada Ley de los Caballos, dictada durante la administración de Caro, endureció esas restricciones y permitió sancionar administrativamente a los periodistas.
Durante la Regeneración decayó la vitalidad iconoclasta de los periódicos que habían florecido en el federalismo, y fueron reemplazados por publicaciones alineadas con la ortodoxia oficial. El caso del semanario satírico El Zancudo es ilustrativo: clausurado por seis meses a partir de agosto de 1890, reapareció el 22 de febrero de 1891 con textos irónicos sobre la Regeneración y fue cerrado definitivamente el 4 de octubre de ese año.
La paradoja es filosa. Núñez y Caro provenían de la república de las letras: eran hombres de periódico, de polémica, de tribuna escrita. Habían usado la libertad de prensa para construir el proyecto regeneracionista. Una vez en el poder, la restringieron. Los valores autoritarios reemplazaron el ultra-individualismo liberal, sustituyendo una ortodoxia por otra.
La red: Núñez, Cuervo, Menéndez y Pelayo, Suárez
Caro no fue una figura aislada, sino el nodo de una red intelectual y política densa. Con Rafael Núñez formó la dupla decisiva de la Regeneración: Núñez, más pragmático, con oficio de negociador; Caro, más doctrinario, con la pluma que fijaba los principios. Fue una alianza de temperamentos opuestos que funcionó mientras vivió Núñez, y que perdió equilibrio cuando Caro quedó solo.
Con Rufino José Cuervo compartió la empresa de la gramática latina y el proyecto de fijar la autoridad lingüística del país. Cuervo, más silencioso, terminaría radicándose en París y consagrando su vida al Diccionario de construcción y régimen; Caro, en cambio, quedó atado a Bogotá y a la política.
En el plano internacional, su interlocutor y modelo fue Marcelino Menéndez y Pelayo, el gran hispanista español que reivindicó el aporte católico a la civilización occidental. Menéndez y Pelayo llegó a calificar a Caro de grande hombre, y algunos sectores colombianos siguieron esa valoración sin criterio propio ni lectura directa. Fue un préstamo de prestigio que consolidó su aura en el mundo hispanohablante.
Le sucedió en el liderazgo doctrinario del conservatismo Marco Fidel Suárez, otro filólogo, otro presidente, otra prueba de que en Colombia la ruta al Palacio de San Carlos pasaba por la gramática. Sergio Arboleda, José Manuel Marroquín y Manuel Antonio Sanclemente completaron la constelación de letrados que dominaron la escena pública entre la Regeneración y las primeras décadas del siglo XX.
Legado y disputa
Caro murió en Bogotá en 1909, siete años después del fin de la Guerra de los Mil Días y seis después de la separación de Panamá, dos catástrofes que fueron, entre otras cosas, consecuencias del régimen que él ayudó a construir. La Constitución de 1886, con reformas sucesivas, siguió rigiendo a Colombia hasta 1991. El Concordato, con modificaciones, hasta 1973. Pocos ideólogos en la historia latinoamericana han visto su doctrina durar tanto.
La valoración de esa herencia es materia de disputa permanente. Para una corriente, Caro fue el estadista que dio unidad a un país fragmentado por el federalismo, restauró la relación con la Iglesia, dotó a Colombia de instituciones estables y preservó la lengua castellana como patrimonio nacional. Para otra, fue el hombre que perfeccionó el modelo de exclusión, la dominación espiritual y el escepticismo ante la ley en una sociedad desprotegida, como escribió William Ospina; el ideólogo cuya intransigencia hizo inevitable la guerra civil y cuya visión de un país reducido al altiplano invisibilizó a indios, negros, selvas y valles ardientes al servicio de un proyecto centralista.
Más de un observador externo, admirador y crítico a la vez, reconoció la inteligencia de Caro pero cuestionó su tendencia a la santificación del pasado, sin exceptuar la Inquisición y el régimen colonial, y la juzgó incompatible con esa misma inteligencia. Su vehemencia al increpar al poeta Manuel José Quintana por reconocer las crueldades de la Conquista se comparó con la de un monje fanático, aun cuando compartía el rechazo a la declamación anticonquistadora sin matices.
La Constitución de 1886, en su forma original, resultó tan inadecuada a la realidad nacional como las anteriores. Reconocía mejor que la Carta de 1863 algunos aspectos básicos del país —la necesidad de un poder central, el peso cultural del catolicismo—, pero mientras no fue modificada, a consecuencia de la guerra y de la pérdida de Panamá, no hizo sino alejar las posibilidades de convivencia pacífica entre los colombianos. Fue, a la vez, una obra intelectual coherente y un instrumento de exclusión duradero.
Ese es el corazón del enigma Caro. Su coherencia doctrinal —el rasgo que sus admiradores celebran— fue también el motor de la exclusión que sus críticos condenan. Su dominio del lenguaje, del latín, de la teología, le dio la autoridad para redactar un país; su desconocimiento del país que redactaba, y su convicción de que quienes discrepaban estaban en el error y no tenían derechos, hizo de esa redacción una máquina que produjo guerra civil, pérdida territorial y un siglo de constitucionalismo autoritario administrado por estados de sitio.
Queda la figura: un hombre pequeño, huraño, encerrado en su biblioteca de Chapinero, que tradujo a Virgilio y redactó constituciones, que nunca vio el Magdalena y sin embargo mandó sobre él, que creyó gobernar con la Providencia y terminó desplazado por militares rasos. Un filólogo que quiso hacer de Colombia una frase bien construida, y que descubrió, tarde, que los países no se conjugan.
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Documentos y fragmentos citados
32 documentos · 44 fragmentos01El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 1301 cita
[1]fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…
p. 130
02Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 261 cita
[2]Constitución de 1886 El liberalismo radical fue exciirido del gobrerao y duramente per ido, Proviamento a la elaboración de Ea Constitación.el Consejo Nacional de Delegatariós expidió un “acuendo so- bre reforma constitucional”, quese sometió a La aprobación de Los conve jos municipales, cuyos miembros provedean —…
p. 26
03El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 5431 cita
[3]a quedar tan anémico, que la servidumbre se acepta entre las masas con abúlica indife- rencia — aguantando —. Se soporta, se calla de continuo, para de repente volver a vociferar. Más característica es la resistencia que los principios de gobierno de Núñez han encontrado entre los conservadores, buenos católicos y…
p. 543
04Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Páginas 66, 76, 803 citas
[4]negada con sólo seis votos a favor. Del mismo modo apoyaron una pro- Capítulo 2 61 puesta de investigación del Banco Na- cional, que tuvo apenas el apoyo de los mismos seis representantes antio- queños. El Ministerio del Tesoro, se- gún se dijo, habría ofrecido resistir con las bayonetas todo intento de en- trar al…
p. 76
[19]casos de guerra exterior o conmoción interna, momentos en que podía decretar el estado de sitio. En este caso adquiría facultades legislati- vas provisionales y los poderes deri- vados de las leyes y el derecho de gen- tes. Por último, se declaró que sólo se- ría responsable por traición a la patria, violencia…
p. 66
[44]fueron a pique y, en su forma original, resultó tan inadecuada a la realidad nacional (a pesar de reconocer mejor que la Cons- titución del 63 algunos aspectos bási- cos de esta realidad) como las anterio- res. Mientras no fue modificada, lo que ocurrió a consecuencia del gran fracaso representado por la guerra de los…
p. 80
05Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · Páginas 39, 432 citas
[5]el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…
p. 39
[41]se construyó un país desde mediados del siglo XIX, y allí se destruyó un país a mediados del siglo XX. Hay que saberlo para entender lo que ocurrió en Colombia en los últimos setenta años, y el modo como se fue gestando la catástrofe. Porque si el triunfo de la Regeneración y de la república conservadora había…
p. 43
06Desterrados: Crónicas del desarraigoAlfredo Molano · 2001 · Página 111 cita
[6]colonos en las soledades de la montana, y que poco a poco van derrotando a punta de rula, ganando terre no para cosechar y so bre todo para mirar bien lejos y saber quien llega. Como los colonos, fui tambien «fundandome», ha ciendo las paces con las paredes del apartamento, con las esquinas del barrio, con las calles…
p. 11
07Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 115, 1192 citas
[7]nosotros por la inmensidad de las soledades del océano. 4 El general Uribe Uribe se preguntó cómo podía ser presidente de Co- lombia el “académico” Miguel Antonio Caro, quien, por no haber salido del área urbana de Bogotá, no había “podido aprender en Virgilio lo que son las fatigas de una trocha o la navegación en…
p. 119
[36]no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…
p. 115
08Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1461 cita
[8]las ind í genas, LA REP Ú BLICA FEDERAL 151 ilc esp í ritu infantil, y una autoridad fuerte era indispensable para controlar el esp í ritu montaraz y rebelde de mestizos y mulatos. La Iglesia era esencial para que s ú bditos o ciudadanos aceptaran las restricciones de la vida en sociedad: al reemplazar la idea de…
p. 146
09When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · Página 391 cita
[9]liberty in all its different applications over against oppression and despotism in monarchical, military, demagogic, literary or any other variation; legal equality against aristocratic, demagogic, academic or any other kind of special privilege; true and effective [religious] tolerance versus exclusivism and…
p. 39
10A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Páginas 13, 262 citas
[10]faith. As the educational process aims to educate rational individuals, it should be free from the influence of religion, and in no way should it impose or weaken the private individual’s faith. The debate con - ltinued throughout the 19th century, alternating between the official endorse - ment of the books and their…
p. 26
[14]last part of the colonial period, al - ready show the complexity and richness of economic thought related to the debate about the right policies for modernization and their timing. After 1819, free trade was not an issue. The right time to implement it was. The liberal governments and especially the Radicals who came…
p. 13
11Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 631 cita
[11]a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…
p. 63
12El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Páginas 149, 1602 citas
[12]social de España en el siglo de los Reyes Cató- licos. El mismo espíritu que encendió hogueras de here- jes, multiplicó y alimentó los cuerpos de sabios llamados órdenes religiosas, y los grandes centros de educación lla- mados Universidades. Hay además injusticia en creer que sólo en España hubo fanatismo, y que el…
p. 160
[13]del martirio domestica los hijos de las selvas y muchas veces rinde la vida por Cristo; el in- dio que azorado y errante vaga con los hijos puestos al seno —como decía ya Horacio de los infelices que en su tiempo eran víctimas de iguales despojos sin las compensaciones de la caridad cristiana—, o que gime esclavizado…
p. 149
13Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 1141 cita
[15]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…
p. 114
14De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 41, 44, 473 citas
[16]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
[20]papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…
p. 41
[25]los casos de México o Argentina- fueron reforzadas por el concordato y por un ULTRAINTOLERANClA 48 régimen conservador, rabiosamente antiliberal, que gobernaría al país desde 1885 hasta 1930. y los conservadores gobernaron de manera muy parecida a como lo habían hecho anteriormente los liberales, llevando a cabo una…
p. 47
15De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 41, 44, 473 citas
[17]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…
p. 44
[21]tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…
p. 41
[26]o Argentina- fueron reforzadas por el concordato y por un ULTRAINTOLERANClA 48 régimen conservador, rabiosamente antiliberal, que gobernaría al país desde 1885 hasta 1930. y los conservadores gobernaron de manera muy parecida a como lo habían hecho anteriormente los liberales, llevando a cabo una completa exclusión de…
p. 47
16Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 1971 cita
[18]organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…
p. 197
17Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Páginas 261, 6002 citas
[22]a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…
p. 261
[43]a Miguel Antonio Caro no justificaba que a esos ejercicios se les diera el nombre de humanismo; porque la obra que leg ó a Colombia ese humanismo fue filol ó gicamente tan precaria y socialmente tan ineficaz, q ue asociarla a una de las formas hist ó ricas del Humanismo equi va. l í a a un acto de desmesura…
p. 600
18La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1501 cita
[23]- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…
p. 150
19Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3481 cita
[24]el Concordato es una consecuencia lógica de lo estatuido por la Constitución. Joaquín Fernan- do Vélez había sido nombrado repre- sentante del gobierno de José Eusebio Otálora ante la Santa Sede, pero sin ins- trucciones. Regresa al país para par- ticipar en la defensa del gobierno de Núñez en la guerra civil (1885) y…
p. 348
20Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · Página 3021 cita
[27]Rubio to R. Herrera, Sasaima, 11 October 1898. 20 A great deal has been written on this period. Good bibliographies are provided by C. Bergquist, 'Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1904: Origins and Outcome of the War of the Thousand Days', unpublished Ph.D. thesis, Stanford University, 1973, and by L. Martinez…
p. 302
2130 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 1511 cita
[28]división entre los conservadores, los históricos y los nacionalistas. Carlos Martínez Silva quedó a la cabeza de los conservadores históricos y Miguel Antonio Caro de los nacionalistas. Los históricos propugnaban por darles participación a los liberales y abolir la llamada Ley de Caballos, que incluía fuertes…
p. 151
22Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 1671 cita
[29]al país a la guerra, por lo que me apresuré a decretar su extradición". En su momento, Caro justificó también las medidas al alegar que se estaba fraguando un golpe de Estado. Pero los intentos de éste se presentarían más adelante, en 1895, cuando se inició la rebelión armada contra su gobierno. Esta fue el resultado…
p. 167
23Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Página 201 cita
[30]requisitos para ser elector, permitió una alianza fugaz entre históricos conser- vadores y liberales. Cuando en noviembre de 1898 fracasó el intento de hacer aprobar una reforma electoral en el Congreso, los guerreristas liberales desple- garon sus velas y se hicieron a la mar. Entre tanto, en el conservatismo la…
p. 20
24Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · Páginas 63, 802 citas
[31]power, with the blessing of the state, "to impose onerous conditions on their debtors." Caro believed that behind the demand for free stipulation lay the desire to dismantle the entire re- gime of paper money that the Regeneration had constructed. Oppo- nents of paper money proceeded from the false assumption that…
p. 63
[33]chosen. Critics immediately emphasized the immoderate age of the Nationalist candidates and one pundit described their choice as an example of "political paleontol- ogy."22 Sanclemente, a native of Buga, Cauca, was eighty-three years old in 1897. Given his age and poor health (critics said he was senile), it was…
p. 80
25Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1761 cita
[32]en la Cá- mara, el general Rafael Uribe Uri- be, que sentenció: «O nos dais la li- bertad o nos la tomamos». En 1897 la convención nacional liberal le otorgó credencial a Uribe, a Foción Soto y a Luis A. Robles para que en representa- ción del liberalismo buscaran auxilios económicos ante los partidos liberales de…
p. 176
26Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 241 cita
[34]Tradujo, en octavas reales soporíferas, La Eneida de Virgilio. Tradujo muchos otros poetas latinos, bíblicos, franceses e in- gleses. Como poeta original, perduran algunos de sus sonetos («Pro senec- tute», «Patria»...) y, en medio de una literatura más retórica que lírica, más formal que intensamente sentida (como lo…
p. 24
27The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Página 3141 cita
[35]———. “The Man on Foot: Conscription and the Nation-State in Nineteenth- Century Latin America.” In Studies in the Formation of the Nation-State in Latin America. ed. James Dunkerley, 77–93. London: ILAS, 2001. ———. “Miguel Antonio Caro and Friends: Grammar and Power in Colombia.” History Workshop Journal 34 (1992):…
p. 314
28La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Página 1651 cita
[37]Cuentos de Perrault • Cuentos de Schmid • Aventuras del barón de Münchhausen • Aventuras de Till • Fábulas de Samaniego • Historias de Sófocles • La tienda del anticuario • Historias de Corneille • Entremeses de Cervantes • Historias de Aristófanes • Historias de Lord Byron • Historias de Tennyson • Leyendas de…
p. 165
29Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 561 cita
[38]as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…
p. 56
30Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 3641 cita
[39]de agosto de 1890 El Zancudo fue clausurado por seis meses. Cuando reapareció, el 22 de febrero de 1891, publicó un saludo y un texto irónico: «Y resucitó entre los muertos», relativo a la Regenera- ción. Fue cerrado definitivamente por el Gobierno el 4 de octubre de 1891. 290 Ibidem, pág. 126. 291 Ibidem, pág. 100.…
p. 364
31La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · Página 3511 cita
[40]«justipreciar a Caro» y darle Iván González Puccetti 352 el verdadero valor que tiene, tan distinto del que le confieren los que nunca lo han leído. Tal vez así llegarán a saber alguna vez en dónde residen los méritos de Caro aquellas gentes intonsas que escriben seis columnas de periódico para afirmar « que Caro era…
p. 351
32Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · Página 2201 cita
[42]esa altura y nos sería lícito esperar que la influencia de tales ideas se limitara al respeto de la forma y no alcanzara a obrar sobre la percepción de las cosas. ¡Qué acentos de indignación encuentra Caro para increpar a Quintana su grito generoso, humano, cuando recono- ciendo las crueldades de la Conquista, quiere…
p. 220