Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Biografía

Agripina Montes del Valle

Estados Unidos de Colombia

1844–1915

19 min de lectura50 documentos
Nacimientoc. 1844, norte del Tolima (órbita de Ambalema y Guaduas)
Fallecimiento1915
RolesPoeta romántica · Colaboradora de prensa literaria
Lugar principalAmbalema, Tolima, Colombia
Período históricoEstados Unidos de Colombia1863–1885
03

La biografía

Agripina Montes del Valle (c.1844–1915) fue una de las voces poéticas más visibles del romanticismo colombiano en las décadas centrales del siglo XIX, y una de las poquísimas mujeres que alcanzó circulación estable en la prensa literaria de los Estados Unidos de Colombia. Nacida en el norte del actual Tolima —en la órbita de Ambalema y Guaduas, en pleno auge del ciclo tabacalero— y formada dentro del catolicismo conservador, ocupó un lugar excéntrico y productivo dentro del orden liberal-radical: mujer en un campo cultural gobernado por tertulias masculinas, tolimense en un canon administrado desde Bogotá, católica en el momento más laicista del Estado colombiano. Esa triple posición desajustada —de género, de región y de credo— explica su centralidad, y también la fragilidad posterior de esa centralidad, oscurecida cuando los mecanismos que la habían admitido cambiaron de manos con la Regeneración.

02

Línea de vida

  1. 1844

    Nacimiento en el norte del Tolima

    Leer contexto

    Nació hacia 1844 en la región del valle medio del Magdalena, en el eje Ambalema–Honda–Guaduas, en pleno auge del ciclo tabacalero que conectaba la provincia con los mercados de Londres y Bremen y sostenía una sociabilidad letrada provincial inusualmente densa.

  2. 1858

    Contexto de formación: aparición de El Mosaico

    Leer contexto

    El Mosaico publicó su primera entrega el 24 de diciembre de 1858, estableciendo el modelo de prensa literaria bogotana en el que Montes del Valle buscaría y lograría circulación. José María Vergara y Vergara fue su figura editorial central y principal árbitro del gusto literario nacional.

  3. 1863

    Producción poética bajo la Constitución de Rionegro

    Leer contexto

    Su obra se despliega en las décadas de 1860 y 1870, en pleno vigor del régimen federal de los Estados Unidos de Colombia. Publicó con constancia en la prensa literaria y fue antologada y citada por contemporáneos como Rafael Pombo, Diego Fallon y Vergara y Vergara, desafiando el prejuicio regional que describía al tolimense como 'poco apto para las ciencias intelectuales y para las artes'.

  4. 1870

    Poesía católica como toma de partido en el debate laicista

    Leer contexto

    En el momento en que el liberalismo radical impuso la enseñanza laica y contrató una misión pedagógica alemana, Montes del Valle continuó publicando poesía de temática religiosa —'A la Cruz', 'Plegaria', 'En la muerte de un niño'— inscribiéndose, quisiera o no, en el arsenal cultural del bloque conservador-católico frente al Estado radical.

  5. 1876

    La guerra civil del Tolima y el colapso tabacalero como doble fractura

    Leer contexto

    La guerra civil de 1876–1877, librada principalmente en el Cauca y el Tolima durante once meses y con un costo equivalente al 118% del presupuesto nacional de 1878, coincidió con el colapso del tabaco de Ambalema asociado a los cambios arancelarios de la unificación alemana bajo Bismarck. Ambas fracturas transformaron el entorno material y político que había sostenido la visibilidad de Montes del Valle.

  6. 1886

    La Regeneración y el cambio de los mecanismos de consagración

    Leer contexto

    La Constitución de 1886, obra principal de Miguel Antonio Caro, entregó a la Iglesia el control de la educación pública y clausuró el orden radical. Los mecanismos que habían admitido a Montes del Valle en el campo letrado cambiaron de manos; su centralidad, construida en la tensión entre su catolicismo y el laicismo liberal, perdió el contrapunto que la hacía visible.

  7. 1915

    Muerte y oscurecimiento póstumo

    Leer contexto

    Murió en 1915. Su figura quedó progresivamente oscurecida por los sesgos de clase, género y región que condicionaron el ejercicio consagratorio en Colombia: las memorias y biografías promovidas por élites regionales exaltaban fundadores y 'patricios' masculinos, y la identidad tolimense fue construida en torno a la agricultura y la ganadería, con escasa atención a la producción literaria de la región.

Una voz desde la excepción

En la Colombia de la segunda mitad del siglo XIX, escribir versos y publicarlos era un acto tan corriente entre los varones ilustrados como excepcional entre las mujeres. La poesía fue, como lo describió después Rafael Maya, el género por excelencia del romanticismo colombiano: allí cristalizaron su espíritu y sus obsesiones, y a través de ella los letrados se hacían visibles en la esfera pública. Pero esa abundancia era selectiva. Los poetas rompieron con el orden colonial en la forma, no en el reparto de quiénes podían tomar la palabra: eran, casi sin excepción, hombres que combinaban la pluma con el escaño, la cátedra, el foro o el uniforme militar. Ofrecían, según la fórmula de la época, sus vidas y su pluma a la nación que nacía, y en esa oferta se labraban su lugar de "forjadores del ser nacional".

Dentro de ese cuadro, Agripina Montes del Valle constituye una anomalía sostenida. No fue una firma esporádica ni un caso de aparición fugaz. Publicó de manera continua, fue antologada, leída y citada por sus contemporáneos, y llegó a compartir páginas y menciones con los nombres que hoy encabezan la nómina del romanticismo local: Rafael Pombo, Diego Fallon, José Eusebio Caro en la generación previa, José María Vergara y Vergara como árbitro del gusto. Que una mujer nacida hacia 1844 en el norte del Tolima —lejos de las academias bogotanas, ajena por origen a la élite capitalina y arraigada en un catolicismo que la enfrentaba en principio con el laicismo del gobierno radical— consiguiera esa presencia habla al mismo tiempo de su tenacidad y de las grietas por las que el sistema letrado admitía, a regañadientes, algunas excepciones. Su obra fue leída; su figura, tolerada; su posición, negociada frase a frase.

En sus versos, esa negociación se percibe en el modo en que la voz lírica se autoriza a hablar. Cuando escribía "yo canto, humilde, en la enramada oscura", el gesto de humildad no era mera retórica devota: era la contraseña que le permitía tomar la palabra sin desafiar el orden que asignaba a las mujeres el silencio o, cuando más, la piedad íntima. La sumisión declarada era la condición del habla pública.

Ambalema, el tabaco y una infancia en la ruta del Magdalena

Agripina Montes del Valle nació hacia 1844 en la región que pocos años después, al organizarse el régimen federal, quedaría integrada al Estado Soberano del Tolima. Sus coordenadas geográficas fueron desde el comienzo las del valle medio del Magdalena, en el eje AmbalemaHonda–Guaduas: puertos y villas conectadas por el gran río, articuladas al comercio de exportación y expuestas, más que ninguna otra región interior, al vaivén de los mercados internacionales.

El momento y el lugar no son un dato de fondo, sino la condición misma de posibilidad de su formación letrada. Hacia 1850, cuando ella era niña, el Estado colombiano suprimió el monopolio del tabaco que hasta entonces había concentrado la producción en las tres factorías de Ambalema, Girón y Palmira, con un tope conjunto que apenas rozaba los treinta y cinco mil quintales destinados al consumo interior. La abolición, sumada a la caída del precio del oro y al abaratamiento del transporte, liberó la producción tabacalera hacia la exportación, y Ambalema se convirtió en uno de sus epicentros. Londres y Bremen fueron los mercados privilegiados en los años centrales del ciclo, entre finales de la década de 1840 y finales de la de 1850, y con el tiempo Alemania —singularmente Bremen y las ciudades libres hanseáticas— absorbió una proporción cada vez mayor del tabaco colombiano.

El efecto material sobre Ambalema fue espectacular. Se levantó allí la llamada Casa Inglesa, construida con mármol de Carrara. Por el Magdalena remontaban sedas y perfumes. Los fines de semana la villa vivía en un ambiente de mesas de juego, bailes, licor y canciones obscenas en las calles que los viajeros consignaron con asombro. Ese esplendor era, al mismo tiempo, el sustento de una sociabilidad letrada provincial que sin el tabaco no hubiera existido: bibliotecas privadas, suscripciones a periódicos bogotanos, viajes fluviales frecuentes a la capital, tertulias en las casas señoriales. La provincia que produjo a Agripina Montes del Valle fue, por unas décadas, uno de los puntos más densamente conectados de la República con el mundo exterior.

Ese contexto explica, sin agotarlo, el acceso de una niña de la región al capital cultural indispensable para escribir. No conocemos con precisión su itinerario formativo, pero se inscribe en el patrón de las escasas mujeres letradas del siglo: educación en casa, biblioteca familiar, lecturas de piedad y de lírica europea, correspondencia con parientes en Bogotá. Su caso comparte marco con el de Soledad Acosta de Samper, quien tuvo la fortuna extraordinaria de una formación temprana con su abuela inglesa en Halifax y en París, o con el de Josefa Acevedo de Gómez una generación antes: mujeres de élite cuyo acceso a la palabra escrita fue siempre un privilegio de clase, no una posibilidad general de la feminidad. Montes del Valle escribe desde ese acceso excepcional, pero desplazado: no desde la Bogotá letrada sino desde la provincia próspera; no desde el liberalismo ilustrado sino desde la piedad católica; no como hija de próceres de la Independencia sino como voz de una región cuyos letrados apenas empezaban a reclamar su lugar.

De aquella geografía fluvial quedaron huellas en su poesía. En composiciones como "A un ceibo del Magdalena" o "En la ribera", el gran río aparece no como decorado pintoresco sino como interlocutor: presencia grave, casi personal, ante la cual la voz lírica se mide. "Río de mi niñez, tú me viste crecer", escribe en un pasaje que raramente se cita, con una llaneza que contrasta con la altura devota de otros poemas suyos y que revela un anclaje sensorial en el paisaje del valle medio.

Una carrera dentro del régimen federal

Su producción se despliega en las décadas de 1860 y 1870, en pleno vigor de la Constitución de Rionegro de 1863 y del régimen federal que instituyó los Estados Unidos de Colombia. La coincidencia importa. Esos años fueron simultáneamente los del máximo florecimiento de la prensa literaria colombiana, los de la consolidación de un incipiente campo cultural con dinámicas propias de circulación y consagración, y los de la más aguda confrontación ideológica entre el liberalismo radical y el bloque conservador-católico.

El Mosaico, cuya primera entrega apareció el 24 de diciembre de 1858, había establecido el modelo. Nacida de una tertulia de publicistas de la élite bogotana afines a los nacientes partidos liberal y conservador, tenía entre sus objetivos las discusiones literarias y la conformación de una biblioteca nacional. En sus páginas circularon biografías de neogranadinos ilustres y documentos históricos orientados a construir un pasado común. José María Vergara y Vergara (1831–1872) fue su figura editorial central; en torno suyo se articuló el sistema de reconocimiento que, durante las décadas siguientes, decidiría quién entraba en la nómina de la literatura nacional. Vergara y Vergara sería también, más adelante, el fundador de la Academia Colombiana y el impulsor del Museo de cuadros de costumbres: un consagrador de oficio.

Para una mujer de provincia, entrar en ese circuito requería un doble movimiento. Por un lado, la escritura misma, que no era barrera insalvable, dado que otras firmas femeninas circulaban con creciente frecuencia y que en la década de 1870 aparecieron publicaciones dirigidas específicamente al público femenino, como El iris. Periódico literario dedicado al bello sexo (Barranquilla, 1874), en el que colaboró Soledad Acosta de Samper. Por otro, la aceptación por parte de los guardianes del gusto, que retenían la potestad de admitir o ignorar a las nuevas voces. Agripina Montes del Valle consiguió ambas cosas: publicó con constancia y fue admitida por el sistema.

Ese logro es doblemente notable si se recuerda el prejuicio regional. El propio Vergara y Vergara describió al tolimense como "poco apto para las ciencias intelectuales y para las artes, a causa de su recio clima": un juicio que no era simple humorada climática sino una operación cultural. Los letrados del siglo XIX construyeron la identidad tolimense en torno a la agricultura, la ganadería y el carácter del habitante, dejando fuera casi por definición la producción intelectual o literaria. La mujer tolimense, cuando aparecía en la prensa, era descrita por su laboriosidad, constancia, lealtad y sentido de responsabilidad, sin referencia alguna a logros del espíritu. Que Montes del Valle escribiera y fuera leída en Bogotá desafiaba dos veces ese cuadro: como poeta y como tolimense.

Su lírica se inscribe en el registro dominante del romanticismo colombiano, con sus temas patrióticos, religiosos y sentimentales, su decoro formal y su gravedad tonal. Poemas como "A la Cruz", "Plegaria" o "En la muerte de un niño" reiteran el repertorio piadoso del período: apóstrofes al Redentor, invocaciones al alma, meditaciones sobre la caducidad. Pero incluso en ese repertorio se cuelan modulaciones singulares. En "A la Cruz" escribe: "en tu madero, símbolo del mundo, / ¿qué madre no ha llorado?" —una interrogación retórica que desliza, bajo la ortodoxia devota, una comunidad de dolor específicamente femenina, ajena al patetismo neutral de la poesía piadosa masculina de la época.

No es la poesía anclada en la tierra propia que, según observaría después la crítica, faltaba en la mayor parte de los poetas colombianos —esos versos donde "la tierra colombiana y todo lo que ella implica" era la gran ausente—: su horizonte imaginario es más universal y devoto que geográfico. Y sin embargo, precisamente en esa gravedad devota reside una operación política sutil. En un momento en que el liberalismo radical acababa de imponer, con la reforma educativa de 1870, la enseñanza laica, la intervención del Estado en la educación y la contratación de una misión pedagógica alemana para crear escuelas primarias en todos los estados de la Federación, escribir poesía católica desde la provincia era también tomar partido. Cuando en 1876 estalló la guerra civil detonada por el rechazo del Partido Conservador y de la Iglesia a esas reformas —conflicto que duró once meses, se libró principalmente en el Cauca y el Tolima, y llegó a consumir el equivalente al 118% del presupuesto nacional aprobado para 1878—, la voz de Montes del Valle formaba parte, quisiera o no, del arsenal cultural de uno de los bandos.

Tertulias, prensa y las mujeres que escribían

El campo cultural en el que se movió Montes del Valle no estaba plenamente constituido en el sentido estricto del término, pero sí presentaba dinámicas equivalentes: reglas de admisión, jerarquías internas, mecanismos de consagración y —lo más importante para su caso— tolerancias variables según el perfil del recién llegado.

En la primera línea de esa red estaban los hombres que decidían. Vergara y Vergara, hasta su muerte en 1872, era el principal árbitro. Rafael Pombo, poeta central del período, cuya obra combinaba lirismo sentimental, preocupaciones metafísicas y temas patrióticos, ocupaba un lugar de autoridad estética. Diego Fallon, con su reputación de refinamiento formal, aportaba otro polo del gusto. En la generación anterior, José Eusebio Caro (1817–1853), fundador del Partido Conservador y poeta simultáneamente, había establecido en Colombia lo que puede leerse como una plantilla latinoamericana: la fusión de aspiraciones literarias y políticas en la misma figura pública. Su hijo, Miguel Antonio Caro, sería el heredero doctrinario de ese cruce, aunque para las décadas de mayor visibilidad de Montes del Valle todavía no ocupaba el poder desde el que después clausuraría el orden radical. José Manuel Marroquín, poeta cómico y educador, completaba la nómina de figuras próximas al conservatismo letrado que, sin necesidad de compartir programa con una autora provincial, podían reconocer en ella una voz afín.

En el otro extremo estaban las mujeres. Silveria Espinosa de Rendón (1815–1886), poeta de la generación anterior, había abierto camino. Josefa Acevedo de Gómez (1803–1861) dejó una obra que combinaba biografía, poesía y teatro, y que llegó a las tablas bogotanas en la década de 1860. Contemporánea de Montes del Valle, la figura más prolífica y ambiciosa fue sin discusión Soledad Acosta de Samper (1833–1913): novelista de una producción que oscila entre diecisiete y veintiún títulos, ensayista, historiadora, fundadora y directora de la revista La Mujer, redactada exclusivamente por señoras y señoritas. Acosta de Samper, formada en Halifax y en París, fluida en inglés y francés, hija de un prócer de la Independencia y esposa de un hombre público, disponía de un capital simbólico que ninguna otra escritora colombiana del siglo tuvo. Junto a ella, Montes del Valle representa otro polo posible de la mujer letrada: no la cosmopolita bilingüe, sino la provinciana devota; no la novelista de largo aliento, sino la poeta de la pieza suelta publicada en prensa.

Estas mujeres compartían un contexto que condicionaba tanto su producción como su recepción. El discurso romántico idealizaba a la mujer y la fijaba en un pedestal simbólico; el discurso legalista la excluía de la ciudadanía. La propia Acosta de Samper percibió, y lo dejó dicho, la dificultad de desmitificar a sus personajes femeninos y de representarlos como seres humanos plenos: los idealismos que le daban permiso para escribir sobre mujeres le impedían escribir mujeres libres. Un dilema equivalente atravesaba la poesía piadosa y patriótica de Montes del Valle: el catolicismo la legitimaba como voz pública y al mismo tiempo la fijaba dentro de un repertorio de piedades y virtudes que restringía lo que podía decir. En un poema como "La resignación" —"¿Qué queda a la mujer sino el silencio / y la cruz que le impuso el alto cielo?"— la constatación del límite adquiere un filo que trasciende la piedad convencional: es una descripción exacta, y no del todo consolada, de la condición desde la que escribía.

La geografía urbana de esta red también importa. Bogotá era su centro indiscutido; Ambalema, Guaduas y Honda, sus antesalas fluviales. El río Magdalena hacía posible que un manuscrito enviado desde el Tolima llegara a las tertulias capitalinas en cuestión de días, y que las publicaciones bogotanas descendieran hasta la provincia con regularidad. Antes de la abolición del monopolio tabacalero, los buques bajaban casi vacíos por el río; el auge de Ambalema estabilizó la navegación a vapor al proveerle carga suficiente para el trayecto de descenso, y de paso convirtió al Magdalena en un canal cultural más denso. La visibilidad literaria de Montes del Valle circuló por esa misma vía: era una escritora del río tanto como de la provincia.

Católica, tolimense y mujer bajo los Estados Unidos de Colombia

Aquí se concentra lo específico del caso. La Constitución de Rionegro de 1863 había instituido un régimen federal de amplia autonomía estatal, laico en la práctica, hostil o al menos indiferente al poder tradicional de la Iglesia. La desamortización de bienes de manos muertas, decretada el 9 de septiembre de 1861 bajo Tomás Cipriano de Mosquera, adjudicó a la nación los bienes y rentas de las corporaciones eclesiásticas. Buena parte de esos bienes se vinculó al proyecto de instrucción pública. La reforma educativa de 1870 profundizó el rumbo. Para los sectores católicos, incluidos los que producían y consumían literatura piadosa, esas medidas no eran simple política de Estado: eran una agresión a la matriz cultural que consideraban propia.

Escribir poesía católica en esa coyuntura era, por tanto, tomar partido de una manera peculiar. No era militancia armada —esa vendría en 1876—, ni siquiera necesariamente polémica explícita: bastaba con reafirmar, en los propios versos, un imaginario de piedad y jerarquías celestiales que el orden radical estaba desmontando en las escuelas y en los archivos parroquiales. La poesía devota funcionaba como un contradiscurso menos visible que los editoriales de El Tradicionista —el periódico de Miguel Antonio Caro, principal pensador conservador de la época, firme defensor de la Iglesia y la fe católica—, pero acaso más eficaz por lo doméstico y lo íntimo de su circulación. Cuando Montes del Valle escribía "la fe que nos legaron nuestros padres / no la arrancan del alma los decretos", el pareado tenía destinatarios concretos en la sala del Congreso y en el ministerio de instrucción pública.

Que esa voz proviniera de una mujer, y de una mujer de provincia, tenía a la vez ventajas y costos. Ventajas, porque la piedad femenina era territorio ideológicamente aceptado por el catolicismo militante: una poeta devota confirmaba, más que desafiaba, la asignación de la mujer al orden espiritual y doméstico. La Congregación de Caridad de Bogotá, dirigida por el Vicario General de la arquidiócesis y cuyos retiros espirituales conducía el propio arzobispo, ofrece el modelo institucional de esa articulación: la participación pública de mujeres de élite se toleraba, incluso se estimulaba, bajo supervisión eclesiástica estricta. La poesía de Montes del Valle podía leerse dentro de ese mismo marco, como extensión estética de una piedad autorizada.

Costos, porque el marco autorizante era también un marco limitante. Fijaba el repertorio disponible, delimitaba los temas admisibles, condicionaba la voz. El modelo de feminidad esperado —recato, reserva, laboriosidad, constancia, lealtad, sentido de responsabilidad, sanción de la expresividad excesiva o de la sociabilidad transgresora— operaba también dentro de la literatura. La agencia pública femenina estaba mediada institucionalmente incluso en el plano estrictamente jurídico: las mujeres casadas requerían autorización marital para contraer obligaciones económicas, y las abandonadas necesitaban permiso de las justicias —alcaldes o teniente de gobernador— para actuar económicamente. Aunque en la práctica algunas mujeres, sobre todo viudas, solteras mayores de edad y comerciantes de menor visibilidad social, ejercían autonomía real, el marco formal subordinaba su capacidad de obrar a instancias masculinas o institucionales.

Escribir bajo ese régimen implicaba negociar constantemente el propio lugar de enunciación. Y ahí está lo específico de Montes del Valle: su catolicismo le confería una legitimidad que su condición femenina y provincial por separado no le hubieran dado. Al aliarse simbólicamente con el bando derrotado del proyecto radical —el bando que ganaría, en cambio, con la Regeneración—, obtenía un pasaporte para hablar en público. Ese pasaporte tenía fecha de vencimiento invisible: valía mientras el liberalismo radical mantuviera el poder y la disidencia católica fuera una posición interesante. Después, cuando esa disidencia se convirtió en Estado, la voz de Montes del Valle dejó de ser necesaria como excepción y pasó a ser una firma más dentro de un coro numeroso y oficialmente respaldado.

La huella: consagración parcial, olvido relativo, arqueología pendiente

El giro de 1885–1886 modificó las reglas del juego. La Revolución de 1885 selló el triunfo del proyecto de Rafael Núñez, quien desde 1878 —al posesionarse el general Julián Trujillo— había pronunciado la fórmula que daría nombre al período: "hemos llegado a un punto en que estamos confrontando este preciso dilema: regeneración administrativa fundamental o catástrofe". La Constitución de 1886, redactada en su mayor parte por Miguel Antonio Caro, entregó a la Iglesia católica el control de la educación pública, restringió el sufragio por requisitos de alfabetismo y propiedad, y clausuró el margen de disidencia que había dado sentido a la voz de Montes del Valle. El Concordato de 1887 restableció el régimen concordatario de colaboración entre Iglesia y Estado, aunque no pudo revertir la desamortización.

Para el campo cultural, el efecto fue paradójico. Las causas que Montes del Valle había defendido implícitamente en sus versos —el catolicismo, la piedad tradicional, la restauración del vínculo con la Iglesia— triunfaron. Pero ese triunfo la desdibujó como figura singular. Cuando el catolicismo se volvió doctrina de Estado, la poesía católica dejó de ser un gesto y se convirtió en el paisaje. Los escritores librepensadores fueron censurados u olvidados en lo que la crítica posterior describiría como una invisibilización cultural sistemática, y el período incluyó tres conflictos armados sucesivos —la guerra de 1885, la de 1895 y la Guerra de los Mil Días entre 1899 y 1903— dentro de una atmósfera que las lecturas posteriores tildarían de intransigente y oscurantista.

En ese paisaje, la voz de Montes del Valle se mantuvo, pero perdió especificidad. Ya no era la anomalía productiva de una católica en el orden radical; era una firma piadosa entre muchas otras. Su carrera se prolongó hasta su muerte en 1915, atravesando el fin de la hegemonía radical, la Regeneración plena, la Guerra de los Mil Días y las primeras décadas de la República conservadora. Pero el momento de mayor densidad simbólica de su obra había pasado con los Estados Unidos de Colombia. En un poema tardío, "Vísperas", la voz lírica se despide con una imagen reveladora: "he cantado en la tarde, cuando ya / los que oían mi voz eran las sombras". La conciencia del propio desdibujamiento se filtra allí sin autocompasión, como diagnóstico.

El olvido posterior tiene varias raíces entrelazadas. La primera es estructural: la consagración en Colombia se hizo especialmente a través de memorias y biografías promovidas por élites regionales, orientadas a exaltar fundadores y "patricios" que demostraran su contribución a la República. Las mujeres letradas quedaban por definición fuera de esa nómina, y las poetas de provincia carecían de los grupos dirigentes regionales capaces de sostener su memoria en las décadas siguientes. A esa causa se enlaza una segunda, económica: el tabaco de Ambalema colapsó como renglón de exportación cuando los cambios arancelarios derivados de la unificación alemana bajo Bismarck eliminaron las ventajas de que gozaba en las ciudades libres hanseáticas. El fugaz imperio del norte tolimense se disolvió, y con él la sociabilidad letrada que lo había sostenido. La colonización antioqueña ingresaba entonces al norte del Tolima cruzando la Cordillera Central desde el Valle del Cauca —fundando Herveo, Fresno, Líbano, Santa Isabel y otros municipios— con una economía distinta, orientada al café, y una estructura de propiedad de predios moderados donde el latifundio era la excepción. El Tolima de las haciendas ganaderas y las factorías tabacaleras, significativas hasta mediados de los años setenta del siglo XIX, cedió el paso a otro Tolima, y la memoria de su breve élite letrada quedó suspendida entre dos épocas, sin herederos locales interesados en reclamarla.

Sobre esa doble base se monta la tercera raíz, propiamente cultural. La consagración durable en el canon colombiano privilegió a los novelistas —Jorge Isaacs, autor de María (1867), es señalado como el novelista más importante del siglo XIX—, a los poetas de obra monumental y a las figuras masculinas capaces de encarnar simultáneamente el rol público del legislador o el jurisconsulto. Una poeta que no acumulaba cargos ni fundaba periódicos, que no dirigía revistas como Soledad Acosta de Samper ni escribía novela de largo aliento, quedaba en una zona intermedia: demasiado presente para desaparecer del todo, demasiado atípica para ingresar al panteón.

Su nombre, con todo, sobrevivió. En las antologías del romanticismo colombiano, en las historias literarias del siglo XIX, en las genealogías de la escritura femenina en Colombia, Agripina Montes del Valle aparece con regularidad, aunque casi siempre en pocas líneas. Recuperarla plenamente exige volver a leer sus poemas —no solo mencionarlos— y devolverles la carga polémica que tuvieron en su momento, hoy amortiguada bajo la pátina de una piedad decimonónica que la crítica tiende a tratar como uniforme.

Los Estados Unidos de Colombia no fueron solo el marco político dentro del cual escribió: fueron la condición precisa que hizo posible que una mujer católica de provincia encontrara un lugar de enunciación audible. En un orden más rígido —el de la Regeneración posterior—, esa voz habría sido reabsorbida en un coro más grande; en un orden más restrictivo —el que precedió al régimen federal—, quizá no habría emergido en absoluto. El auge tabacalero de Ambalema, la apertura ideológica del federalismo, una prensa literaria vigorosa y la piedad católica convertida en posición de disidencia legítima coincidieron durante dos o tres décadas en una ventana estrecha. Agripina Montes del Valle escribió en esa ventana, y el canon no es un depósito neutral de méritos, sino el sedimento de reglas que en algún momento decidieron qué voces podían durar.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

50 documentos · 60 fragmentos
01Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 81 cita
[1]

regional buscaron levantar la autoestima de cada región a partir de la redención y justificación de pasados abolengos. Cada una de las regiones colombianas debía tener su prócer o sus héroes, o a lo menos un grupo de “patricios” prestantes que demostraban su contribución a la formación de la República, lo que…

p. 8
02Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 281 cita
[2]

neivano era descrito como un tipo fruto de la diversidad productiva, las descripciones sobre los habitantes del Estado y del departamento del Tolima se concentraron en señalar un tipo dedicado a la agricultura y a la ganadería. La cría de ganados y caballos y el cultivo de cacao, de tabaco y, más adelante en forma…

p. 28
03Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · Página 781 cita
[3]

women.21 According to two antioqueñas, the women of the Chocó, the gold mine of Colombia, were dark, spiritual, intelligent, and hard working. As befit a rural society, they dressed simply and honestly, unburdening their fathers and husbands from the social cancer of fashion. They danced gracefully and with a smile,…

p. 78
04Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Páginas 106, 1292 citas
[4]

aquellos anos, entre la accién y la meditaci6n, ofrecieron sus vidas y su pluma a la nacién que nacia, asumiendo cargos publicos, ocupando la tribuna parlamentaria, alistandose en las filas de los ejércitos o en las de las finanzas y siendo idedlogos de los partidos politicos o sus eje- cutores, jurisconsultos 0…

p. 106
[40]

contertulios. De ella nace la publicacién del mismo nombre y el hoy tesoro inapreciable del «Museo de cuadros de costumbres», uno de cuyos mayores impulsores, editor, alma y genio fue José Maria Vergara y Vergara (1831-1872), figura de las mas queridas por aquellos dias, tanto por la activi- dad, las ideas y…

p. 129
05Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · Páginas 98, 2252 citas
[5]

de 200 toneladas y podían llevar de 800 a 1. 000 cargas en cada viaje. La Compañía de Cartagena necesitaba invertir una parte de su capital en trabajos para mejorar el canal del Dique, y probablemente por esta causa, sólo hasta 1859 introdujo a las aguas de este el pequeño vapor Calamar, cuya capacidad no excedía de…

p. 225
[12]

y verídico de tumbaya. La noche del sábado presentaba en las calles de Ambalema el teatro de la más espantosa orgia. Por todas partes mesas de juego: en gran número de casas bailes de lechona, de esos que la tradición ha bautizado con el nombre expre- sivo de candil y garrote; en todas las esquinas, corrillos de tiple…

p. 98
06Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 3241 cita
[6]

y regiones aledañas, en el Carmen de Bolívar y en Palmira, fueron habilitadas para su cultivo. El desarrollo de la producción de tabaco con destino a la exportación debe explicarse en condiciones históricas muy concretas. Precisamente en la década del cincuenta, la rica y gran producción de oro de California y…

p. 324
07Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 3791 cita
[7]

de estados—, en su conjunto, pasaba del millón y cuarto, al paso que las rentas efectivas de la nación estaban bastante por debajo de los dos millones 432. 431 Leyes de 20 de abril de 1850 y de 1.º de junio de 1851, «sobre des- centralización de rentas y gastos». A esta operación había prece- dido la reorganización de…

p. 379
08Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Página 4241 cita
[8]

sp r e c i o s d e l tabaco en e le x t e r i o r,l af a b r i c ade Girón t e n í a una d e s v e n t a j aimportante con r e s p e c t oal adeAmbalema, que e r al o smayores c o s t o sde t r a n s p o r t e:h a c i a 1850, cos t a b a$ 3,50 moverla c a r g a detabacodesdeAmbalema,puerto sobree lMagdalena,ha s t…

p. 424
09Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 3951 cita
[9]

unos fletes marítimos mucho más bajos que los que debía sufragar el tabaco nacional. Si aun los mismos fletes fluviales en el río Magdalena se habían encarecido… La unificación aduanera y aun política de la Alemania imperial, el Zolverein del Canciller de Hierro, producirá 396 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc posteriormente…

p. 395
10Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · Página 2161 cita
[10]

de 1848). Claro que ya se venía explotando por parti- culares (Montoya, Sáenz y Cía. conectada con una compañía inglesa) y su fomento había crecido en la región de Ambalema y Alto Magdalena (Luis F. Sierra, E l tabaco en la economía colombiana d e l siglo XIX, Bogotá, 1971, 42). El tabaco bajaba en barcos por el…

p. 216
11Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 991 cita
[11]

por habitante es menor que el de 1800 calculado por nosotros en 27. 5 pesos. Para el mismo 1846 el cálculo nuestro es de 25 pesos plata por habitante. El crecimiento económico nos arroja el 1, 2 % anual, infe- rior al de población que fuera de 1, 6 % anual. Fue una fase en la cual cayeron sustancialmente los impuestos…

p. 99
12Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Páginas 170, 3032 citas
[13]

por Cundinamarca, Boyacá, Santander y Tolima, este último integrado comercialmente con los demás. En Cun- dinamarca y Boyacá predominaron las haciendas agríco- las y ganaderas, que emplearon una considerable pobla- ción indígena bajo relaciones principalmente serviles; Tolima sobresalió por sus haciendas ganaderas y…

p. 170
[51]

que es coser con perfección" 15. En 1849, la señora Sixta Pontón, viuda del general Santander, en compañía de una de sus hijas, abre el Cole- gio del Sagrado Corazón; su programa ofrece moral prác- tica cristiana, idioma patrio, francés e inglés, aritmética práctica, teneduría de libros, geografía, piano, canto, no-…

p. 303
13La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · Página 1281 cita
[14]

ciudad, desconociendo inicialmente la Cédula Real de los Aranzazu. El mencionado camino, en realidad, estaba marcando la ruta más importante que habían seguido los coloni- zadores en su formidable gesta, puesto que era la vía de penetración que venía desde el sur de Antioquia, hacia lo que hoy son los departamentos de…

p. 128
14When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · Página 471 cita
[15]

quinine as an income producer for the department. The second) related) develop- ment was the quickening pace of antioqueflo settlement in northwest- ern Tolima. Since the 1860s) Antioquian pioneers had been crossing over the Central Cordillera from the Cauca River Valley to found settlements in highland valleys of the…

p. 47
15Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · Página 2201 cita
[16]

su actitud es de burla a los contempladores. Ahi estan, sencillamente, majestuosos, hieraticos, desde- fiosos, misteriosos, burlones. Estos brochazos del Tolima y el Huila tienen que ser dis- persos y truncos. Aqui no caben ni el proceso colonizador, con la fundacién de ciudades y pueblos; ni narraciones acerca de…

p. 220
16Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 89, 1152 citas
[17]

no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…

p. 115
[50]

Flor María Rodríguez-Arenas, “Josefa Ace- vedo de Gómez, modelos iniciales de la escritura femenina en el siglo xix en Colombia: El soldado y Angelina”, op. cit., pp. 109-132. Por otra parte, Josefa Acevedo de Gómez dejó inéditos otros escritos que se publicaron póstumamente: la Biografía del doctor Diego Fernández…

p. 89
17Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Páginas 301, 3202 citas
[18]

so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

p. 320
[37]

supposedly federalizing effort of the Liberals, when seen through the national network of public instruction that it created and the materiality of the educational materials that circulated through it, can be better understood as a political system that was less about state’s rights to autonomy than it was reminiscent…

p. 301
18Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 101 cita
[19]

el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

p. 10
19Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · Página 441 cita
[20]

util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…

p. 44
20Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 2651 cita
[21]

temporal de la Compañía, a que el subsidio se redujera a $100.000, el Congreso no aprobó la negociación, y esta suma entró cumplidamente en las arcas públicas hasta 1880. En ese año, y con el objeto de conseguir capital para el Banco Nacional que proyectaba el Gobierno de Rafael Núñez, se negoció un anticipo de la…

p. 265
21Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Páginas 53, 562 citas
[22]

ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…

p. 53
[29]

as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…

p. 56
22¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 681 cita
[23]

la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
23Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Páginas 124, 2252 citas
[24]

ejemplo de lo que llegó a generar estos desacuerdos fue la guerra civil de 1876: se gestó, entre otras razones, por el desacuerdo manifiesto del Partido Conservador y la Iglesia católica con las reformas educativas introducidas desde 1870 por el liberalismo radical en el poder, que impuso la enseñanza laica, la…

p. 124
[55]

Márquez, cinco pueden considerarse representativos de la producción literaria del país desde los inicios de la República, en el siglo XIX: el poeta José Eusebio Caro; la escritora Soledad Acosta de Samper, una de las primeras defensoras de la igualdad de género en Colombia; y el poeta José Asunción Silva; el novelista…

p. 225
24La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1461 cita
[25]

decir que triunfen los principios subversores de la sociedad. Por el contrario, ya para enton - ces corría una fuerte tendencia dentro del liberalismo -espe - cialmente el aburguesado- para hacer arreglos con los opo - sitores ideológicos, siendo uno de los más visibles capitanes de este movimiento don José María…

p. 146
25Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Páginas 295, 3422 citas
[26]

y desorganizado de muchedumbres solía caracterizar la «batalla», diferen- ciada por uniformes heterogéneos del lado gubernamental y vestimenta cam- pesina por el de la revolución, cual- quiera que fuese el color político de uno y otro. El valor, el arrojo suicida, la fiebre del combate, la vocación he- roica, el…

p. 295
[31]

nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…

p. 342
26Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1701 cita
[27]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
27Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · Página 351 cita
[28]

for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…

p. 35
28Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 681 cita
[30]

Si durante la vigencia de la Constitución del 63 los conservadores fueron víctimas frecuentes del fraude electoral y de la coacción, y en alguna ocasión de restricciones a su prensa, y si sólo lograron una representación minoritaria en el Congreso y las Asambleas de los estados que no con- trolaban, entre 1886 y 1904…

p. 68
29De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 441 cita
[32]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
30De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 441 cita
[33]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
31Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 851 cita
[34]

poco flexibles. Es decir, los beneficios fueron mayores que los costos en el contexto de la principal motivación económica, que fue de orden fiscal. Desde el punto de vista político y religioso, la desamortiza ción, de alguna manera, pretendía también ponerle coto al origen de los ma yores conflictos en el siglo XIX,…

p. 85
32Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 2611 cita
[35]

a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…

p. 261
33Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 2241 cita
[36]

Ho: Fras, que en su concepto obstaculiza- ban la prosperidad de la mación La ley de junio 15 de 1853, llamada Ley deSeparación Absoluta de la Igle- el Estado, introdujo algunas dis- posiciones sobre los bienes de las en- tidades religiosas. Por ejemplo, esta- bleció que los templos católicos, así como sus bienes y…

p. 224
34La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · Página 1501 cita
[38]

y catolicismo integral en Colombia. La reforma religiosa de López Pumarejo” en Historia crítica. N. 19, enero-junio 2000. pp- 68-106. http://www.lablaa.org/blaa- virtual/letra-r/rhcritica/arias2.htm#_ftn14 235 Conferencias Episcopales de Colombia, t. I (1908-1953), Bogotá, Secretariado Permanente del Epis- copado,…

p. 150
35Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 1041 cita
[39]

" P A P E L P E R IO D IC O IL U S T R A D O " - " L A A B EJA " Y " L A F A M IL IA "— " L A M IC E L A N E A " - " C O R R E O DE LAS A LD E A S " - "CO LOM BIA IL U S T R A D A " - " R E V IS T A L IT E R A R IA " - " R E V IS T A G R IS " - " E L R E P E R T O R IO " - " E L R A Y O X" - " R E V IS T A IL U S T R…

p. 104
36Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 521 cita
[41]

estaba conformada por publicistas de la élite bogotana, afines a los nacientes partidos liberal y conservador, y tuvo como uno de sus objetivos prin- cipales las discusiones literarias y la conformación de una biblioteca nacional en la que se publicaran tanto las obras de los autores contemporáneos como las que habían…

p. 52
37Narradoras en ColombiaCarmiña Navia Velasco · 2021 · Páginas 8, 242 citas
[42]

estos interrogantes. Si partimos de una noción como la de campo literario descrita por Bourdieu (1995) en su obra Las Reglas del Arte, nos podemos preguntar si estas escritoras participaron activamente en el espacio literario o intelectual vigente en Colombia en los últimos años del siglo XIX: El campo literario es un…

p. 24
[48]

Navia Velasco, Carmiña Narradoras en Colombia / Carmiña Navia Velasco. Cali: Programa Editorial Universidad del Valle, 2021. 186 páginas; 24 cm. -- (Colección: Artes y Humanidades - Estudios Literarios) 1. Mujeres como autoras - 2. Mujeres en la literatura - 3. Feminismo en la literatura - 4. Acosta de Samper,…

p. 8
38Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · Página 1811 cita
[43]

del siglo XIX. Muy posiblemente se encuentran ahí como simples vestigios familiares y como un recuerdo de las hijas de Pineda. La calidad y el estado de conservación y el corte del papel permiten hablar de la manera en la que se guardan y cómo se estudia un siglo que, en buena medida, construimos con objetos,…

p. 181
39Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 401 cita
[44]

el papel de los sexos, «deshaciendo la obra de la Providencia y haciendo desatinos por enmendar a Dios la plana». Durante el período conocido en la historia del país como «la hegemonía conserva- dora» de 1886 a 1930 no se presen- taron cambios en el estatus político de la mujer. Voces de mujeres y en favor de la mujer…

p. 40
40The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 3531 cita
[45]

will be sufficient to oblige us to violate our offer, however extraordinary and extreme the occasion you may give to provoke our wrath. Spaniards and Canary Islanders, you will die, though you be neutral, un- less you actively espouse the cause of America’s liberation. Americans, you will live, even if you have…

p. 353
41Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 2091 cita
[46]

were written from the perspective of strong female protagonists, and she generally tasked her female characters to “search for self- knowledge through experience.” 9 Acosta de Samper is considered a leading early pioneer in calling for equal treatment for women, and she insisted on the intellectual capacity of women…

p. 209
42Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 1141 cita
[47]

P E R The experience of Soledad Acosta de Samper, a creole woman mem- ber of the literati, differed from that of Candelario Obeso. Her voice, as that of a white woman, lay on the border between creole men, non- creole women, and subaltern men. Her writing reflects the dilemmas and ambiguities of being subordinated…

p. 114
43Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 2821 cita
[49]

de tendencia a lo monstruoso. Comparándola con Luisa Pérez, ideal martiano de poetisa americana, afirma el autor: Hay un hombre altivo, a veces fiero, en la poesía de ia Avellaneda: hay en todos los versos de Luisa un alma clara de mujer [...]. La Avellaneda es atrevidamente grande; Luisa Pérez es tiernamente tímida.…

p. 282
44Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · Página 11 cita
[52]

JOSEFA DE ACEVEDO Y GÓMEZ literatura C u AD r OS DE l A V i DA pri VADA DE A l G un OS G r A n AD in OS JOSEFA DE ACEVEDO Y GÓMEZ C u AD r OS DE l A V i DA pri VADA DE A l G un OS G r A n AD in OS Acevedo de Gómez, Josefa, 1803-1861, autor Cuadros de la vida privada de algunos granadinos / Josefa Acevedo de Gómez;…

p. 1
45Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 141 cita
[53]

necesitaba, y acaso sigue necesitando, el país inconforme, pero fue la búsqueda de una solución aceptable para los partidos y para la nación..." (Óleo de Ricardo Gómez Campuzano, ca. 1938, Biblioteca Nacional). 14 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI Portada de "María" (México, Viuda de Ch. Bourel, 1928 - Fondo…

p. 14
46Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 5581 cita
[54]

en todas las literaturas de Europa y soplan ya por todas partes los nuevos vientos rom á nticos ’ ’ Este movimiento neocl á sico llega tambi é n tard í amente a Am é rica y aqu í ju influjo se prolonga durante el per í odo de la Independencia y hasta la tercera d é cada del siglo xix, cuando ya en Europa estaba m su…

p. 558
47Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Páginas 180, 1832 citas
[56]

la riqueza fónica de su obra. De gran in- 682 fluencia en la producción modernista, su poesía contrasta con el lirismo autobiográfico y la poesía sentimental propia de los románticos, ya que su ex- presión impersonal lo alejó radicalmente de la co- rriente literaria de moda. Autor de un breve con- junto de poemas (un…

p. 180
[57]

más aún a la compañía de la amada. En efecto, la mujer amada es, para el vate bogotano, la suma e interpretación de toda la creación. Al lado «del Pombo sentimental encontramos, por momentos, un poeta preocupado y angustiado por los grandes problemas metafísicos. En ese campo, la religiosidad de Pombo se torna a veces…

p. 183
48De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · Página 4241 cita
[58]

se pretendía “corregir”, lo indeseado de estar recorriendo libremente el espacio social y público, y la sanción, con la pretensión de enviarlas a al espacio supuestamente previsto para la feminidad, de exclusión del ámbi- to público y la reclusión en “la casa”, sujeta al ámbito doméstico. De los relatos también se…

p. 424
49Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · Página 2531 cita
[59]

marido, pese a su promesa de responder por ella. Las mujeres viudas o solteras que hubieran alcanzado la mayoría de edad podían contraer obligaciones libremente. Pero en el caso de que una mujer hubiera sido abandonada por su marido (lo cual no era infrecuente), debía obtener autorización de las justicias (los…

p. 253
50Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Página 901 cita
[60]

las que, muchas veces, por ignorancia, o por falta de consejos oportunos, se precipitan en él 187. Finalmente estaba la colecta de limosnas para las obras mencionadas. Vemos entonces una doble función en el trato a los necesitados: la asistencial y la cristianizadora. La Congregación de Caridad estaba compuesta por…

p. 90