Josefa Acevedo de Gómez
Nueva Granada
1803–1861
La biografía
Josefa Acevedo de Gómez (Santafé de Bogotá, 1803 – Pasca, 1861) fue la primera prosista de la Nueva Granada republicana. Hija del prócer José Acevedo y Gómez —el "Tribuno del Pueblo" del 20 de julio de 1810— y esposa del diputado y académico Diego Fernando Gómez, escribió desde el interior de la élite criolla ensayos, tratados y relatos que convirtieron la casa, el matrimonio y las costumbres privadas en materia de reflexión pública. Su Tratado sobre economía doméstica (1848) y sus Cuadros de la vida privada de algunos granadinos la sitúan como pionera de una prosa civil escrita por mujeres en Colombia, aun cuando su nombre desapareciera de los grandes inventarios canónicos del siglo XIX y solo la edición de 2017 del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional haya empezado a devolverla al lugar que le corresponde.
Línea de vida
- 1803
Nacimiento en Santafé de Bogotá
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Nació en el seno de una familia de élite criolla ilustrada. Su padre fue José Acevedo y Gómez (1772–1817) y su madre Catalina Sánchez de Tejada y Nieto, cuya cultura era considerada superior a la media accesible a las mujeres neogranadinas de la época.
- 1810
El 20 de julio y la atmósfera familiar de la Independencia
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Con siete años, Josefa vivió en su propio hogar la jornada en que su padre arengó a la multitud santafereña. Al día siguiente, el 21 de julio, José Acevedo y Gómez escribió 'Somos libres'. El vocabulario republicano —libertad, patria, tiranía, virtud— circulaba en su casa con naturalidad cotidiana.
- 1817
Muerte del padre y orfandad política
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José Acevedo y Gómez murió en 1817, en circunstancias vinculadas al exilio interno impuesto por el régimen de Pablo Morillo tras la reconquista española de 1816. Josefa tenía catorce años. El padre muerto por la patria se convirtió en herencia de prestigio y herida abierta que atravesaría sus textos.
- 1832
Matrimonio con Diego Fernando Gómez y acceso a la élite intelectual
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Se casó con Diego Fernando Gómez, diputado electo por Bogotá con 29 votos (53,7% en primera vuelta) y uno de los once ciudadanos nombrados en la reinstalación de la Academia el 25 de diciembre de 1832, junto a Joaquín Mosquera, Rufino Cuervo, Joaquín Acosta y José Hilario López. El matrimonio la situó en la intersección entre política parlamentaria, vida académica y sociabilidad ilustrada bogotana.
- 1848
Publicación del Tratado sobre economía doméstica
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Publicó el Tratado sobre economía doméstica para el uso de las madres de familia y de las amas de casa, obra que describe la mentalidad de la época sobre los roles de género y la división de tareas conyugales. Al firmarlo y publicarlo, Josefa convirtió la casa en tema literario y se constituyó en autora, gesto que ninguna prescripción sobre la mujer virtuosa contemplaba.
- 1848
Corpus de prosa civil: Deberes de casados
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Anterior a los Cuadros de la vida privada, Deberes de casados es un tratado breve sobre conducta conyugal que, junto al Tratado sobre economía doméstica, forma un corpus coherente dedicado a codificar la vida privada de la élite neogranadina. El relato de Angelina en el 'Cuadro cuarto' de los Cuadros dialoga expresamente con ambas obras.
- 1858
Publicación de los Cuadros de la vida privada de algunos granadinos
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Su obra costumbrista más reconocida aborda la vida conyugal, la enfermedad (incluida la elefantiasis) y la memoria de personas olvidadas. Escrita desde el interior doméstico, se distingue del costumbrismo masculino de El Mosaico por su ángulo: la casa, el lecho de enfermo y la memoria familiar como materiales literarios.
- 1861
Muerte en Pasca
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Falleció en Pasca, Cundinamarca, en 1861. Su nombre desapareció de los grandes inventarios canónicos del siglo XIX colombiano, y solo la edición de 2017 del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia —dentro de la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana— comenzó a devolverle el lugar que le corresponde.
- 2017
Reedición oficial y recuperación canónica
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Los Cuadros de la vida privada de algunos granadinos fueron reeditados por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia dentro de la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana, iniciando un proceso de recuperación de su figura como pionera de la prosa civil escrita por mujeres en Colombia.
Una hija del 20 de julio
Josefa nació en 1803, siete años antes de la Revolución que tendría a su padre como protagonista y treinta y tantos antes de que ella misma comenzara a publicar. Ese dato ordena toda su vida: creció en una casa donde la política de la Independencia no era memoria ajena sino carne propia, donde el vocabulario republicano —libertad, patria, tiranía, virtud— circulaba con la naturalidad de las conversaciones de mesa. La tarde del 21 de julio de 1810, un día después de la jornada en que su padre había arengado a la multitud santafereña, José Acevedo y Gómez escribió una frase que resume el temple de aquella hora: "Somos libres". Josefa tenía siete años. Qué entendió entonces es imposible saberlo; también lo es suponer que aquella atmósfera no la marcara.
El hogar de los Acevedo Tejada combinaba, en proporciones inusuales, vocación pública, interés militar y afición por las ciencias y las artes. Ese cruce tuvo un componente materno decisivo. Catalina Sánchez de Tejada y Nieto, madre de Josefa, poseía una cultura muy por encima de la media accesible a las mujeres neogranadinas del cambio de siglo, y es plausible que su presencia intelectual modelara el tono de la casa tanto como la figura, más ruidosa, del padre. Josefa aprendió a leer y a escribir en ese ámbito doméstico, sin poner un pie en institución educativa alguna, por la sencilla razón de que casi ninguna niña de su tiempo lo hacía. Que sus padres se interesaran por instruirla fue, en el vocabulario sobrio de su época, una forma de suerte.
Esa suerte tenía un reverso. La mayoría de las mujeres de la Nueva Granada crecía sin acceso a la letra escrita, y las que sí aprendían lo hacían dentro de los muros del hogar o, en casos excepcionales, del convento. Josefa se formó en la única modalidad disponible para una hija de la élite ilustrada: la educación privada, mediada por los libros de la casa, por la conversación adulta y por el ejemplo de padres que discutían, escribían y actuaban en la esfera pública. No es un dato menor: casi todo lo que haría después —desde su reflexión sobre la economía doméstica hasta su propuesta de escalonar la enseñanza de las niñas— dialoga con esa experiencia originaria en la que la casa fue aula y biblioteca.
El padre prócer y la sombra larga del exilio
José Acevedo y Gómez (1772-1817) no fue solo el "Tribuno" de una jornada memorable; fue, hasta su muerte prematura, un hombre de gobierno en la primera República. En 1814, los comisionados políticos del gobierno general de las Provincias Unidas lo nombraron subpresidente y jefe superior político de la Villa de Zipaquirá y Nemocón, con el encargo específico de regular el abasto, mantener el orden político y económico y velar por que los bienes de los enemigos —es decir, de los realistas— estuvieran a buen recaudo. El cargo tenía la aridez administrativa de la guerra: no era gloria, era logística.
Las cartas del padre en los días agitados de julio de 1810 dejan un retrato que Josefa habría de heredar como identidad. Acevedo declaró estar dispuesto a perder sus fondos en España con tal de que la patria cortara la cadena con la Península, a la que llamó, con acidez, "manantial perenne de sus tiranos". En la misma correspondencia se quejaba de que el gobierno había dejado perecer a su familia: algo enviado a Cádiz por requerimiento del propio gobierno había sido capturado por un enemigo poderoso en el mar. Ese doble registro —el patriota que arriesga la hacienda y el padre que ve peligrar a los suyos— fue el aire respirado por Josefa en la infancia.
La derrota de la Primera República en 1816 y la reconquista española pusieron fin a esa vida. José Acevedo y Gómez murió en 1817, en circunstancias vinculadas al exilio interno impuesto por el régimen de Pablo Morillo. Josefa tenía catorce años. La orfandad política —no solo emocional— definió su relación con la escritura: el padre muerto por la patria era, a la vez, herencia de prestigio y herida abierta, y ese doble legado atravesaría sus textos con una densidad que ninguna otra escritora granadina de su generación pudo reclamar.
Un matrimonio de la élite
Casarse, en la Nueva Granada de las primeras décadas republicanas, era menos un asunto de afecto que una operación estratégica. Los matrimonios entre familias de la élite se arreglaban entre padres y pretendientes, respondiendo a motivaciones sociales, políticas y económicas, y la endogamia era la regla: se casaba en el círculo propio, para vincular fortunas, apellidos o actividades comerciales. Los enlaces "desiguales" —los que cruzaban las líneas del círculo— producían escándalo y comentario. En ese sistema, el matrimonio era, para una mujer de élite, el mecanismo central de consolidación social. La elección del cónyuge era, en buena medida, la elección de la posición.
Josefa se casó con Diego Fernando Gómez, un hombre que reunía capital político y capital intelectual en dosis considerables. Gómez había sido elegido diputado por Bogotá con veintinueve votos —un 53,7 % en primera vuelta para el quinto puesto de diputado—, cifra que en el pequeño universo electoral de la ciudad significaba respaldo firme. El 25 de diciembre de 1832, bajo el gobierno de Francisco de Paula Santander, cuando se reinstaló la Academia designando once ciudadanos para ocupar los lugares de los miembros fallecidos, Diego Fernando Gómez fue uno de esos once. Los otros nombres bastan para dimensionar el peso del gesto: Joaquín Mosquera, Rufino Cuervo, Joaquín Acosta, José Hilario López. Era, literalmente, la nómina de la élite intelectual y política que Santander quería articular al proyecto republicano.
Casarse con Gómez colocó a Josefa en el punto de intersección exacta entre la política parlamentaria, la vida académica y la sociabilidad ilustrada de Bogotá. Fue, en términos sociales, un enlace ventajoso; en términos intelectuales, fue algo más: fue el permiso tácito para escribir. No porque el marido la autorizara, sino porque en la Nueva Granada de la primera mitad del siglo XIX una mujer solo podía aspirar a que su prosa fuera leída si el apellido con el que firmaba abría, por sí mismo, la puerta del salón. El de Josefa la abría dos veces: por el padre muerto y por el marido vivo.
Conviene no maquillar la naturaleza de ese acceso. Josefa Acevedo escribió porque su clase se lo permitió, porque su matrimonio se lo permitió y porque su educación doméstica —producto también de la clase— la había preparado para hacerlo. Su caso no es la excepción heroica que rompe con el orden; es el margen exacto que la élite criolla concedía a una mujer de su linaje. Reconocerlo no la disminuye: la sitúa. Sin esa lucidez, cualquier retrato suyo cae en el sentimentalismo del rescate, que es otra forma de invisibilización.
La escritura como territorio
Josefa Acevedo empezó a publicar en un momento en que la literatura colombiana, en sentido estricto, apenas comenzaba a existir. La crítica ha situado el inicio de esa literatura hacia 1830, con los escritores del romanticismo, y ha sostenido que solo entonces puede hablarse propiamente de escritores "colombianos". Josefa, nacida en 1803 y activa en las décadas de 1840 y 1850, pertenece a esa primera generación. La diferencia es que casi todos sus contemporáneos con voz pública eran hombres —José Eusebio Caro, fundador de El Granadino y La Civilización; los animadores de la tertulia y la revista El Mosaico, encabezada por José María Vergara y Vergara desde diciembre de 1858— y ella, prácticamente sola, ejercía la prosa desde la posición estructuralmente marginada de una mujer.
Su primera obra de peso conocido es el Tratado sobre economía doméstica para el uso de las madres de familia y de las amas de casa, publicado en 1848. El título anuncia con exactitud el terreno elegido: la casa, el gobierno de la casa, la vida doméstica como saber transmisible. El libro reproduce, sin ambages, la mentalidad de su época sobre los roles de género: describe con detalle la división de tareas entre marido y mujer, prescribe conductas, ordena el trabajo del hogar. Leerlo hoy como manifiesto emancipatorio sería falsificarlo. Pero leerlo apenas como reproducción pasiva del ideal republicano de mujer virtuosa también sería insuficiente: al escribirlo, al firmarlo, al publicarlo, Josefa hacía algo que ninguna prescripción sobre la mujer virtuosa contemplaba, que era convertirla en autora. La casa, así tematizada, dejaba de ser el espacio silencioso al que se relegaba a las mujeres para volverse tema; y el tema, en cualquier sistema literario, es lo primero que se posee.
Deberes de casados, obra anterior a los Cuadros de la vida privada, opera en registro complementario: es un tratado breve sobre la conducta conyugal, y su presencia en el catálogo confirma que Josefa había construido, hacia mediados de siglo, un pequeño corpus dedicado a codificar la vida privada de la élite neogranadina. Cuando en el "Cuadro cuarto" de los Cuadros aparece el relato de Angelina, la ficción dialoga expresamente con el Tratado y con Deberes de casados. Los textos se remiten unos a otros, forman sistema. Josefa no escribía piezas sueltas: construía una obra.
Su reflexión sobre educación femenina merece detenerse. En uno de sus escritos, propuso distribuir la enseñanza de las niñas en tres clases o niveles, argumentando que ello era positivo, útil y provechoso, y rechazando explícitamente la igualdad democrática abstracta en ese ámbito. La propuesta no es progresista en el sentido en que se usaría hoy la palabra; es, si acaso, ilustrada y jerárquica. Josefa pensaba que a cada estamento correspondía una educación distinta, y no le pareció necesario disimularlo. Ese detalle importa porque muestra los límites reales de su pensamiento: escribió desde la élite, para la élite y en función de un orden social que no impugnó. Su singularidad no está en romper ese orden, sino en ocupar dentro de él un lugar —el de la autora— que su tiempo no había previsto para las mujeres.
Los Cuadros de la vida privada
Los Cuadros de la vida privada de algunos granadinos son la obra por la que Josefa entra en el género que marcaría el siglo XIX literario colombiano: el costumbrismo. Ese estilo —cultivado tanto por liberales como por conservadores, aunque con propósitos distintos— buscaba retratar la sociedad, sus hábitos, su entorno, sus personajes; contraponer lo nacional a la creciente influencia francesa e inglesa; dar a conocer el país en el extranjero. En los cuadros de costumbres predomina la descripción minuciosa: la naturaleza, la familia, el hogar, los objetos, las tradiciones, los viajes, los medios de transporte, la atmósfera cotidiana, el recuento pormenorizado de las acciones de un protagonista. Es un género de mirada larga y detalle preciso, y le venía a Josefa como anillo al dedo, porque su formación doméstica la había entrenado precisamente en la observación de esos espacios.
Los Cuadros abordan la vida conyugal, la enfermedad —incluida la elefantiasis, presencia inquietante que introduce el cuerpo doloroso en un género habitualmente amable— y la memoria de personas olvidadas. Ese último gesto es característico: rescatar del olvido a figuras menores, restituirles nombre y densidad, es una operación historiográfica encubierta bajo la forma del cuadro literario. Josefa, hija de un prócer que había pasado a la historia grande, sabía por experiencia lo que significaba quedar del lado equivocado de la memoria; y su prosa parece consciente de que la vida privada, si no se escribe, se pierde entera.
La diferencia con los costumbristas masculinos de su época no está tanto en la técnica —el género impone convenciones compartidas— como en el ángulo. Los grandes costumbristas de la generación siguiente, agrupados en torno a El Mosaico entre 1858 y 1872, escribieron desde la calle, el mercado, la tertulia masculina, el escenario público donde el hombre criollo se movía con naturalidad. Josefa escribió desde el interior de la casa, desde la vida conyugal, desde el lecho de enfermo, desde la memoria familiar. No porque no pudiera imaginar lo otro, sino porque su experiencia y su legitimidad estaban donde estaban. Que ese ángulo fuera, con el tiempo, el que menos peso adquirió en el canon dice más del canon que de la obra.
La red intelectual y sus intersticios
El mundo intelectual bogotano de la primera mitad del siglo XIX era pequeño, denso y masculino. Sus instituciones principales —la Academia reinstalada en 1832, los periódicos fundados por particulares como el Correo curioso, erudito, económico y mercantil de Jorge Tadeo Lozano en 1801, el Papel Periódico dirigido por Manuel del Socorro Rodríguez entre 1791 y 1797, y más tarde El Granadino y La Civilización de José Eusebio Caro— funcionaban como espacios de sociabilidad casi exclusivamente entre hombres. Cuando en diciembre de 1858 se fundó El Mosaico como publicación de miscelánea literaria, científica y musical, la tertulia que la sostenía estaba conformada por publicistas de la élite bogotana afines a los nacientes partidos liberal y conservador, y su horizonte era, entre otros, la conformación de una biblioteca nacional y de una memoria histórica y literaria del país.
Josefa se movía en los bordes de esa red. No era miembro de la Academia —ninguna mujer lo era—, pero era esposa de un académico. No firmaba las editoriales de los periódicos, pero circulaba en el mundo social del que salían esas editoriales. Su acceso al campo intelectual era oblicuo: mediado por parentescos, por matrimonios, por lecturas compartidas y por la disposición benévola de algunos varones ilustrados que aceptaban leerla. Las pocas mujeres que en el siglo XIX se atrevían a escribir en público, en Colombia como en el resto del continente, enfrentaban una ansiedad enorme, a veces insuperable, para emprender una escritura pública en un entorno intelectual cuyas dinámicas tendían sistemáticamente a marginarlas. Que Josefa lograra publicar, y publicar sostenidamente, dice mucho de su fuerza personal y también de la sólida base familiar que la respaldaba.
La generación siguiente ilustraría cuánto había cambiado —y cuánto no— en pocas décadas. Soledad Acosta de Samper, la escritora más prolífica del siglo XIX colombiano, publicaría más de una veintena de títulos entre novelas, cuentos, ensayos históricos y periodismo, fundaría y dirigiría La Mujer como revista redactada exclusivamente por mujeres, y escribiría una monografía titulada Aptitud de la mujer para ejercer todas las profesiones y el periodismo en Hispanoamérica, defendiendo explícitamente la capacidad intelectual femenina. Josefa Acevedo abrió el terreno sobre el que Soledad Acosta pudo caminar; pero la diferencia entre ambas es también instructiva. Acosta impugnó, con argumento y datos, la desigualdad de género en la esfera intelectual. Josefa, dos generaciones antes, no lo hizo: se limitó —si "limitar" es la palabra— a ejercer la autoría sin discutir sus fundamentos. Cada una habitó el margen que su tiempo permitía.
Detrás de ambas, más atrás, la sombra tutelar de la Madre Castillo —Sor Francisca Josefa del Castillo, la mística de Tunja— recordaba que la escritura femenina en el territorio que sería Colombia había existido siempre, aunque a través de otros dispositivos. La Madre Castillo había escrito por mandato de obediencia, en el claustro, segregada del mundo, desdeñando el saber mundano. Josefa Acevedo escribió por decisión, en el mundo, cultivando el saber civil. Entre una y otra median dos siglos y una revolución de independencia. En el medio, el hueco de las mujeres a las que la historia no dejó escribir.
La casa como jurisdicción
Hay que decir con precisión qué hizo Josefa Acevedo con el espacio doméstico, porque en ello reside su rareza histórica. En la Nueva Granada de su tiempo, la casa era simultáneamente el lugar donde se recluía a la mujer y el argumento con que se justificaba esa reclusión: la esposa virtuosa reinaba en el hogar porque su naturaleza la destinaba a él, y no debía salir de allí porque su reino estaba dentro. Los críticos contemporáneos de la educación femenina observaban con dureza el resultado: mujeres casadas sin ilustración quedaban, a los pocos meses de matrimonio, reducidas a esclavas o amas de llaves de su propia casa. La domesticidad prescrita no ennoblecía: sometía.
Josefa hizo algo distinto y, en su modestia, radical: tomó ese espacio prescrito y lo trató como objeto de conocimiento. La economía doméstica, en su Tratado de 1848, deja de ser un conjunto de rutinas invisibles para volverse un saber codificado, transmisible, escrito. Los deberes conyugales, en el opúsculo homónimo, dejan de ser costumbre para volverse doctrina argumentada. La vida privada, en los Cuadros, deja de ser anecdotario para volverse literatura. Cada uno de esos desplazamientos —de la rutina al saber, de la costumbre a la doctrina, del anecdotario a la literatura— es un acto de apropiación intelectual. Josefa no salió de la casa: convirtió la casa en jurisdicción.
Ese gesto tiene consecuencias que su época apenas alcanzó a leer. Si la mujer virtuosa reinaba en el hogar, y si el hogar podía ser objeto de escritura autorizada, entonces la mujer virtuosa podía ser autora sin dejar de ser virtuosa. El argumento no está enunciado así en ninguna página de Josefa —ella no fue una teórica de la emancipación—, pero funciona como operación implícita en toda su obra. Escribir sobre lo doméstico desde dentro de lo doméstico no impugnaba el ideal republicano de la mujer virtuosa: lo cumplía y, al cumplirlo con pluma, lo excedía. Ninguna prescripción sobre la mujer virtuosa había previsto que su virtud pudiera tomar la forma de un libro impreso.
Fue, si se quiere, una revolución callada dentro de los términos del régimen. No cambió las leyes ni el estatuto jurídico de la mujer —eso tardaría más de un siglo en empezar a moverse en Colombia—, pero abrió un precedente. Y el precedente, en literatura, es todo.
Los últimos años y la muerte en Pasca
Josefa Acevedo murió en 1861, en Pasca, un municipio de Cundinamarca al sur de Bogotá. Tenía cincuenta y ocho años. El país en el que moría no era el mismo en el que había nacido: había atravesado la disolución de la Gran Colombia, el ciclo santanderista, las guerras civiles de mediados de siglo, la reforma liberal de 1849 en adelante, el impacto —tardío pero real— de la revolución francesa de 1848 y la influencia creciente de Fourier, Saint-Simon, Proudhon, Lamartine y Louis Blanc en la cultura política neogranadina entre 1850 y 1870. Josefa vio pasar cinco constituciones, incontables presidentes y la mutación del país de virreinato desarticulado a república en construcción. Escribió durante buena parte de ese arco.
Su muerte en Pasca —fuera de Bogotá, en la provincia— tiene un aire final coherente con su obra: la escritora de la vida privada muriendo en un pueblo, lejos de las tertulias capitalinas que apenas la habían acogido. Si aquel retiro fue elección o circunstancia, se ignora, pero la geografía del final se ajusta bien al perfil de una autora que había hecho de la periferia doméstica su centro.
La desaparición y el regreso
Que Josefa Acevedo desapareciera del canon después de su muerte no fue accidente. Fue el funcionamiento normal de un campo literario en construcción que, aunque todavía no plenamente constituido, ya operaba con criterios de género que relegaban a las escritoras a la periferia con independencia de su calidad o su primacía. La Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana, uno de los grandes inventarios del canon nacional en el siglo XX, agrupó a las escritoras en un volumen colectivo de cuentistas mujeres —tratamiento sintomáticamente distinto del que recibieron muchos autores masculinos, dedicados a título individual—, y en ese conjunto Josefa Acevedo aparece marginada, si es que aparece. El viajero suizo Ernst Röthlisberger, cuando en El Dorado enumeró a los costumbristas colombianos del siglo XIX, tampoco la incluyó entre los nombres visibles. El olvido operó por acumulación de gestos pequeños: no citarla, no reeditarla, no incluirla en las antologías, no comentarla en la crítica. Cada omisión era leve; el conjunto la borró.
La hegemonía conservadora que se instaló en Colombia entre 1886 y 1930 no ayudó. Durante ese período no hubo cambios en el estatus político de la mujer, y la educación femenina heredó estructuras decimonónicas que relegaban a las mujeres a formas educativas menores y marginales. En ese clima, una autora como Josefa —que había escrito sobre economía doméstica y educación de las niñas— fue leída, cuando fue leída, como reliquia costumbrista de un pasado benévolo, no como pionera de una tradición que valiera la pena continuar. El costumbrismo mismo, con el tiempo, pasó a ser considerado género menor frente a la novela y la poesía; y en la jerarquía interna del costumbrismo, los nombres masculinos —los animadores de El Mosaico, los grandes cuadristas de la segunda mitad de siglo— se llevaron la atención de la crítica.
El regreso empezó tarde. En 2017, el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia reeditaron los Cuadros de la vida privada de algunos granadinos dentro de la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana, con presentación de Alberto Escovar Wilson-White. La edición catalogó la obra bajo "Literatura colombiana - Historia y crítica" y "Colombia - Vida social y costumbres", un reconocimiento institucional que la sitúa, por fin, en el lugar canónico que le correspondía desde hacía siglo y medio. Es un gesto tardío pero irreversible: una vez que el Estado editorial republicano ha reconocido a una autora, la posibilidad de volver a borrarla se reduce.
Qué queda
Josefa Acevedo de Gómez no fue una feminista antes del feminismo ni una rebelde disfrazada de dama de sociedad. Fue una intelectual de la primera generación republicana neogranadina que ejerció la autoría desde las coordenadas exactas que su clase, su matrimonio y su época le ofrecían, y que en el proceso desplazó silenciosamente las expectativas sobre lo que una mujer podía escribir. Su obra —el Tratado sobre economía doméstica, los Deberes de casados, los Cuadros de la vida privada, sus escritos sobre educación femenina— codifica el mundo doméstico de la élite neogranadina con una precisión que sigue siendo, a distancia de siglo y medio, documento histórico irremplazable. Ninguna otra fuente entra en las casas de la Bogotá republicana temprana con la autoridad de una hija de esas casas que decidió escribirlas.
Su lugar en la historia de Colombia se sostiene en tres puntos concretos. Fue la primera prosista mujer con obra publicada continuada en la Nueva Granada republicana, y esa primacía cronológica —a menudo trivializada— es un hito real: alguien tenía que ser la primera, y fue ella. Trasladó al español americano la posibilidad de que la vida privada, escrita por mujeres, fuera literatura; sin ese precedente, la explosión posterior de Soledad Acosta de Samper y de las escritoras finiseculares habría carecido de antecedente local. Y ancló, mediante la escritura, la memoria de una fracción de la sociedad neogranadina —la casa de élite, la vida conyugal, la enfermedad privada, la muerte olvidada— que sin ella habría quedado sin registro literario.
Que su obra reprodujera las jerarquías de su tiempo —de clase, de género, de escala social en la educación— no la anula; la sitúa en su contradicción constitutiva. Josefa Acevedo escribió desde dentro del orden que la contenía, y no impugnó ese orden. Lo que hizo fue ejercer, dentro de él, una autoría que ese orden no había previsto. Esa tensión irresuelta —autora sin ser rebelde, ilustrada sin ser demócrata, doméstica sin ser silenciosa— es lo que la vuelve, más allá de cualquier operación de rescate, una figura históricamente significativa. No la santa de un altar civil ni la víctima de un olvido inocente: la primera prosista de un país que tardó un siglo y medio en admitir que la tenía.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
24 documentos · 33 fragmentos01Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · Páginas 1, 12, 173 citas
[1]situado el Centro Cultural Gabriel García Márquez en un inmueble diseñado por el arquitecto Rogelio Salmona. Pero la mayor parte de las mujeres no tu- vieron la oportunidad de formarse allí, este fue el caso de Josefa Acevedo, quien aprendió a leer y escribir en su casa gracias al interés de sus padres y en ese…
p. 12
[2]olvido a aquellos que ya nadie re- cuerda o que si lo hacen es para difamarlos. Otras histo- rias tienen que ver con sus preocupaciones personales, como el relato de Angelina que se expone en el «Cuadro cuarto» y que remite a dos de sus obras literarias previas a esta como lo son Deberes de casados y Tratado sobre…
p. 17
[10]JOSEFA DE ACEVEDO Y GÓMEZ literatura C u AD r OS DE l A V i DA pri VADA DE A l G un OS G r A n AD in OS JOSEFA DE ACEVEDO Y GÓMEZ C u AD r OS DE l A V i DA pri VADA DE A l G un OS G r A n AD in OS Acevedo de Gómez, Josefa, 1803-1861, autor Cuadros de la vida privada de algunos granadinos / Josefa Acevedo de Gómez;…
p. 1
02Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Páginas 303, 3082 citas
[3]de sus hijas en un país re- volucionario[...] una educación exacta y delicada ha- bría puesto (a las mujeres) en parte a cubierta de los trabajos que las amenazan en todos los estados. Y finalmente de la abyección y abatimiento a que queda- rán reducidas en caso de abrazar el matrimonio, en el que por falta de…
p. 308
[27]que es coser con perfección" 15. En 1849, la señora Sixta Pontón, viuda del general Santander, en compañía de una de sus hijas, abre el Cole- gio del Sagrado Corazón; su programa ofrece moral prác- tica cristiana, idioma patrio, francés e inglés, aritmética práctica, teneduría de libros, geografía, piano, canto, no-…
p. 303
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1001 cita
[4]nomo, sin sujeci ó n al Consejo de Regencia: el 29 de mayo Torres habl ó de “ nuestra independencia y libertad, esta independencia que deb í amos disfrutar desde [...] septiembre de 1808 [...] Ya est á muy cerca el d í a [...] en que se declare y reconozca que somos hom bres, que somos ciudadanos y que formamos un…
p. 100
04Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 1591 cita
[5]de importantes haciendas y empresas económicas, fue lo que obligó a los comisionados políticos del Gobierno general de las provincias unidas a nombrar, en 1814, al coronel José Acevedo y Gómez como subpresidente y jefe superior político de la Villa de Zipaquirá y Nemocón para que regulara el abasto de los pueblos y…
p. 159
05Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1381 cita
[6]e enviara a C ádiz p o r requerim iento del gobierno fue ca p tu rad o p o r "u n poderoso enem igo en la m ar". Así, decía, "este gobierno bárbaro ha dejado a perecer mi fam ilia". A cevedo concluyó que estaba d isp u esto a p e rd e r los fondos que aú n tenía en E spaña, "con tal de q u e mi patria corte la cadena…
p. 138
06La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · Página 4221 cita
[7]Francisco Soto 1 1,9 La elección de la República Las elecciones bajo el Jano de poder Bolívar-Santander, 1818-1828 402 403 Bogotá Manuel Bernardo Álvarez 1 1,9 Policarpo Uricochea 1 1,9 Ángel Lastra 1 1,9 José Manuel Restrepo 1 1,9 Estanislao Vergara 2 3,8 Bogotá Votación 4.º diputado Votación 5.º diputado Votación 6.…
p. 422
07Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 271 cita
[8]los veintiin miembros que debian formarla, todos ellos ilustres personajes de la época. La Academia habia dejado de funcionar y era necesario reorga- nizarla. El 25 de diciembre de 1832 se realiz6 la rea- pertura y se designo a once ciudadanos para ocu- par el lugar de los que habian fallecido, nombran- dose a los…
p. 27
08Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Páginas 259, 5112 citas
[9]en esta situación era el he- cho de que los novios eran seleccionados en la mayoría de 190 Ibidem, pág. 161. 260 Bíndice Cnrdif Cnianonv los casos por los padres, quienes tenían en cuenta principal- mente motivaciones de índole social, política o económica: el matrimonio de una mujer era cosa de hombres, padre y…
p. 259
[26]al tedio de la vida doméstica, o a un matrimonio impuesto por su familia, o buscando en el silencio y recogimiento de la 305 Mantilla, Luis Carlos, op. cit., pág. 43. 512 Bíndice Cnrdif Cnianonv vida conventual un espacio para desarrollar sus aptitudes intelectuales, ya fuese en la lectura, en el aprendizaje del…
p. 511
09Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · Páginas 1, 122 citas
[11]JOSÉ MANUEL MARROQUÍN Y OTROS AUTORES MOT iv O p OR EL c UAL: ARTÍ c ULOS d E c OSTUM b RES i J OSÉ M ANUEL M ARROQUÍN Y OTROS AUTORES MOT iv O p OR EL c UAL: ARTÍ c ULOS d E c OSTUM b RES i Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia Marroquín, José Manuel, 1827-1908 Motivo por el cual [recurso…
p. 1
[12]los escritores liberales para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos; y a los con - servadores, para vapulear las ilusiones modernas, el menosprecio de los liberales por la tradición y las reformas con las que alimenta - ron la fundación de las repúblicas. Para ambos, sin embargo, fueron útiles para…
p. 12
10Nociones de urbanidad y buenas manerasManuel Antonio Carreño, Rufino Cuervo y Barreto · 2016 · Página 1451 cita
[13]parte, los padres en lo gene- ral carecen de medios, y algunos hasta de voluntad, para enviar sus hijas a las escuelas, temerosos del riesgo siempre creciente a que están expuestas yendo quizá de grandes dis- tancias a los poblados, o estando recomendadas en ellos a personas desidiosas, todo lo cual presenta la…
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11Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 1291 cita
[14]contertulios. De ella nace la publicacién del mismo nombre y el hoy tesoro inapreciable del «Museo de cuadros de costumbres», uno de cuyos mayores impulsores, editor, alma y genio fue José Maria Vergara y Vergara (1831-1872), figura de las mas queridas por aquellos dias, tanto por la activi- dad, las ideas y…
p. 129
12Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 1091 cita
[15]Díaz, Eustacio Santamaría, José Caicedo' Rojas, Ricardo Carrasquilla, Rafael Pombo, Lorenzo María Lleras, Manuel María Madiedo, José Manuel Marroquín, Dotares Calvo de Piñeres, Januario Salgar, José David Guarín y Doña Soledad Acosta de Samper. Organizaron 81 agencias en todo el país y 17 en el exterior. "EL MOSAICO"…
p. 109
13Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Páginas 219, 2822 citas
[16]de tendencia a lo monstruoso. Comparándola con Luisa Pérez, ideal martiano de poetisa americana, afirma el autor: Hay un hombre altivo, a veces fiero, en la poesía de ia Avellaneda: hay en todos los versos de Luisa un alma clara de mujer [...]. La Avellaneda es atrevidamente grande; Luisa Pérez es tiernamente tímida.…
p. 282
[17]inmensos de esta tierra tan rica y tan hermosa, son totalmente desconocidos en la actualidad. Los recuerdos tan originales, tan poéticos de los primitivos habitantes de América se van oscureciendo día por día; la varonil constancia de los compañeros de Colón, los preciosos episodios de la Conquista son casi de todo el…
p. 219
14Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 521 cita
[18]estaba conformada por publicistas de la élite bogotana, afines a los nacientes partidos liberal y conservador, y tuvo como uno de sus objetivos prin- cipales las discusiones literarias y la conformación de una biblioteca nacional en la que se publicaran tanto las obras de los autores contemporáneos como las que habían…
p. 52
15Narradoras en ColombiaCarmiña Navia Velasco · 2021 · Páginas 8, 24, 573 citas
[19]estos interrogantes. Si partimos de una noción como la de campo literario descrita por Bourdieu (1995) en su obra Las Reglas del Arte, nos podemos preguntar si estas escritoras participaron activamente en el espacio literario o intelectual vigente en Colombia en los últimos años del siglo XIX: El campo literario es un…
p. 24
[23]Navia Velasco, Carmiña Narradoras en Colombia / Carmiña Navia Velasco. Cali: Programa Editorial Universidad del Valle, 2021. 186 páginas; 24 cm. -- (Colección: Artes y Humanidades - Estudios Literarios) 1. Mujeres como autoras - 2. Mujeres en la literatura - 3. Feminismo en la literatura - 4. Acosta de Samper,…
p. 8
[25]mantuvo en alerta frente a la discriminación luchando por conseguir siempre ser escuchadas y ser reconocidas en pie de igualdad con los varones. Uno de los campos en los que la lucha fue más ardua fue en todo lo relacionado con la educación. La herencia del período de La Regeneración; herencia que, como vemos en el…
p. 57
16Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 1141 cita
[20]P E R The experience of Soledad Acosta de Samper, a creole woman mem- ber of the literati, differed from that of Candelario Obeso. Her voice, as that of a white woman, lay on the border between creole men, non- creole women, and subaltern men. Her writing reflects the dilemmas and ambiguities of being subordinated…
p. 114
17Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 401 cita
[21]el papel de los sexos, «deshaciendo la obra de la Providencia y haciendo desatinos por enmendar a Dios la plana». Durante el período conocido en la historia del país como «la hegemonía conserva- dora» de 1886 a 1930 no se presen- taron cambios en el estatus político de la mujer. Voces de mujeres y en favor de la mujer…
p. 40
18Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 2091 cita
[22]were written from the perspective of strong female protagonists, and she generally tasked her female characters to “search for self- knowledge through experience.” 9 Acosta de Samper is considered a leading early pioneer in calling for equal treatment for women, and she insisted on the intellectual capacity of women…
p. 209
19Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 545, 5552 citas
[24]ú blica, 4^ ed., M é xi c o, F. C. E., 1963, p é g. 118. La madre Castillo ha sido frecuentemente comparada con sor Juana In é s de la Cruz; en realidad, los posibles puntos de compa raci ó n entre las dos figuras no van m á s all á de su condici ó n com ú n de mujeres, de religiosas, de escritoras y de americanas.…
p. 545
[28]percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…
p. 555
20Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 2791 cita
[29]ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…
p. 279
21El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 2781 cita
[30]vencedor» 184. Los años comprendidos entre 1850 y 1870, que verán surgir en la Nueva Granada una frondosa literatura política de carácter radical romántico y utópico, están marcados por 184 En Ángel y Rufino J. Cuervo, Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época, ed. cit., vol. i, pág. 54. 279 Eí ndicersdita…
p. 278
22Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1771 cita
[31]mismo sentido, quienes la protagonizan, encarnan en sí mismos los ideales del héroe romántico. Quizás por es- ta razón y por las características ex- huberantes de nuestra geografía, el romanticismo se instaló de manera contundente en la Nueva Granada, generando un inusitado aumento en la producción literaria. Los…
p. 177
23La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Página 1651 cita
[32]Cuentos de Perrault • Cuentos de Schmid • Aventuras del barón de Münchhausen • Aventuras de Till • Fábulas de Samaniego • Historias de Sófocles • La tienda del anticuario • Historias de Corneille • Entremeses de Cervantes • Historias de Aristófanes • Historias de Lord Byron • Historias de Tennyson • Leyendas de…
p. 165
24El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 2191 cita
[33]cuadros de la vida suramericana (1869), sus Biografías de hombres ilustres o notables relativas a la época del descubrimiento, conquista y coloni- zación de la parte de América denominada actualmente EE. UU. de Colombia (1883), la Biografía del general Joaquín Acosta (1905) y la Biografía del general Antonio Nariño…
p. 219