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Idea · Estados Unidos de Colombia

Campo literario

En la Colombia del siglo XIX, y especialmente durante los Estados Unidos de Colombia (1863-1886), no existió un campo literario autónomo en sentido bourdieusiano, sino un proto-campo tensionado: una red de tertulias, revistas, imprentas y academias cuya infraestructura simbólica y material dependía estructuralmente del poder político, la burocracia federal y las redes clientelares partidistas.

3.916 palabras30 documentos42 fragmentos citados
Campo literario

Trayectoria de una idea

  1. 1791

    Papel Periódico de Santafé: modelo fundacional

  2. 1858

    Fundación de El Mosaico: primera institución de consagración

  3. 1863

    Constitución de Rionegro: boom editorial sin autonomía

  4. 1865

    El Mosaico cambia de orientación: subordinación al campo político

  5. 1872

    Academia Colombiana de la Lengua: consagración institucional estable

  6. 1881

    Revistas literarias regionales: policentrismo del proto-campo

  7. 1886

    La Regeneración concentra lo que el federalismo había esparcido

03

La lectura

El campo literario colombiano del siglo XIX no fue un espacio autónomo de consagración, sino un proto-campo atravesado por una contradicción constitutiva: la libertad de prensa más absoluta del continente coexistió con la dependencia más estrecha del salario público y el contrato de imprenta. Los letrados que lo habitaron —poetas, ministros, diplomáticos, redactores de constituciones y jefes militares a la vez— ejercieron una dominación simbólica real, capaz de imponer cánones, géneros y vocabularios cívicos, pero estructuralmente frágil porque no podía sostenerse al margen del Estado. La revista El Mosaico y la tertulia de Vergara y Vergara fueron sus instituciones más representativas: espacios donde se decidía qué era la literatura nacional y quién tenía derecho a escribirla, pero también escenarios donde la coyuntura partidista podía cambiar la orientación ideológica de una publicación en cuestión de meses. El federalismo radical dispersó geográficamente esa vida letrada, habilitando tertulias y revistas en Medellín, Cartagena y otras ciudades; la Regeneración de 1886 concentraría por la fuerza lo que el federalismo había esparcido, cerrando el período más fértil —y más contradictorio— del proto-campo colombiano.

En la Colombia del siglo XIX no existió, en sentido estricto, un campo literario autónomo como el que Pierre Bourdieu describió para la Francia de Flaubert: un espacio de fuerzas y luchas con reglas propias, capaz de otorgar consagración al margen del poder político. Lo que sí operó, sobre todo durante los Estados Unidos de Colombia (1863-1886), fue un proto-campo tensionado, poblado de tertulias, revistas, imprentas, academias y disputas por la legitimidad, cuya infraestructura material y simbólica dependía estructuralmente del mismo nodo político que pretendía diferenciar. La libertad absoluta de prensa consagrada por la Constitución de Rionegro habilitó una proliferación editorial sin precedentes; los partidos, la burocracia federal y las redes clientelares se encargaron de que esa proliferación no cuajara nunca en autonomía. Entender el campo literario colombiano decimonónico es entender un dispositivo doble: una máquina que produjo instituciones, jerarquías y géneros con lógica propia —el costumbrismo, la Academia, el proyecto de biblioteca nacional— y, a la vez, una malla dependiente del salario público, del contrato de imprenta y de la militancia partidista.

La semblanza: qué se disputa cuando se disputa el campo

Hablar de campo literario en Colombia es traducir a un léxico sociológico moderno una realidad más compleja: la de una república recién salida de las guerras civiles, con una población lectora escasa, un mercado del libro prácticamente inexistente y una élite letrada que ejercía a la vez de poetas, ministros, diplomáticos, redactores de constituciones y jefes militares. La categoría bourdieusiana sirve para nombrar lo que ocurría, no para calcarlo: un campo de fuerzas que actúa sobre sus miembros según la posición que ocupan, y un campo de luchas que busca conservar o transformar esa distribución. En la Colombia decimonónica, la posición de un escritor no se medía solo por su obra publicada, sino por su cercanía a un ministerio, su acceso a una imprenta oficial, su capacidad de sostener una tertulia y su ubicación en el mapa partidista.

Ángel Rama vio con claridad esa condición al describir a los letrados latinoamericanos —sacerdotes, educadores, administradores, profesionales— como una clase especializada en la misión civilizadora dentro de las ciudades letradas. En Bogotá, esa clase existió con nitidez, aunque su fuerza fue simultáneamente dominante en lo simbólico y frágil en lo estructural: podía imponer un canon, un gusto, un vocabulario cívico, pero no podía sostenerse económicamente al margen del Estado. De ahí que la palabra "campo" haya que usarla con reserva. Lo que hubo fueron dinámicas análogas: instituciones de consagración, jerarquías internas, posiciones subalternas y una lucha permanente por definir qué era la literatura nacional y quién tenía derecho a escribirla.

Los orígenes: imprentas coloniales, tertulias ilustradas y prensa fundacional

La materia prima del campo llegó tarde. La primera publicación impresa en el territorio la realizaron los jesuitas en 1738, casi tres siglos después de las ediciones de Gutenberg. Ese retraso condicionó todo lo que vino. El primer periódico bogotano, la Gaceta de Santa Fe, apareció en 1785 y no pasó de tres números. La empresa fundacional fue el Papel Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá (1791-1797), semanario de 270 números dirigido por el cubano Manuel del Socorro Rodríguez, quien se propuso enseñar y estimular el trabajo intelectual de los jóvenes criollos. En sus páginas convivieron ensayos de botánica, física, medicina y filosofía con escritos literarios producidos en la Tertulia Eutropélica, y por ellas pasaron José Celestino Mutis, Francisco Antonio Zea, Francisco Javier Matiz, Francisco José de Caldas y Pedro Fermín de Vargas Ulloa. Allí quedó establecido un modelo que se repetiría durante más de un siglo: la publicación periódica como espacio simultáneo de instrucción, sociabilidad letrada y política.

En 1793, la Imprenta Patriótica de Antonio Nariño imprimió, el 13 de diciembre, el folleto de los Derechos del hombre y del ciudadano proclamados por la Asamblea Constituyente de Francia. La imprenta era, desde el principio, un artefacto político. El Correo curioso, erudito, económico y mercantil (1801), fundado por Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, fue el primer periódico particular de importancia y alcanzó 46 números. El Semanario de Caldas (1808-1810) apareció ya en los albores de la Independencia, y con él quedó dibujado el arco que llegaría hasta el siglo XIX: prensa erudita, particular, ligada a la ilustración criolla y, cada vez más, al proyecto emancipador. Las sociedades de amigos del país, activas en el período colonial tardío, fueron una primera etapa de ese patriotismo letrado que precedió al discurso independentista.

Tras la Independencia, la infraestructura mejoró en calidad técnica pero no en autonomía. El Constitucional, fundado el 27 de mayo de 1824 por Leandro Miranda en Bogotá, fue la publicación particular de mejor factura técnica del período, con cuatro columnas, textos en español e inglés, maquinaria e impresor traídos de Inglaterra. Esa sofisticación material no desató la producción del patronazgo político; solo la hizo más eficiente.

La trayectoria: 1863 y la explosión editorial de los EUC

El punto de inflexión llegó con la Constitución de Rionegro de 1863, que consagró la libertad absoluta de prensa y abolió el delito de libelo. Fue una decisión ideológica del liberalismo radical, pero produjo consecuencias materiales inmediatas. Para comienzos de la década de 1880 circulaban en Colombia más de cien periódicos, además de libros, panfletos y hojas sueltas, entre una población lectora de aproximadamente un cuarto de millón. Ese boom editorial es la condición sin la cual no puede hablarse de un proto-campo literario colombiano: por primera vez había suficiente producción impresa, suficiente circulación y suficiente diversidad de publicaciones para que se dibujaran posiciones, se librasen disputas de estilo y se generaran jerarquías internas.

El Decreto Orgánico del régimen federal autorizó fondos para financiar una docena de periódicos dedicados a la instrucción pública, vinculando así el aparato estatal directamente a la infraestructura periodística. El periodismo del período federal fue militante, combativo y extremadamente politizado: los periódicos funcionaron como arma fundamental de las luchas partidistas y contribuyeron a radicalizar posiciones que desembocaron en guerras civiles. Escritores políticamente conectados y con acceso a imprentas, como Medardo Rivas, recibían contratos gubernamentales para producir publicaciones oficiales, lo que generó una ventaja estructural para quienes tenían vínculos con el poder. El campo emergente creció, entonces, montado sobre una contradicción: la libertad absoluta multiplicó los actores, pero la dependencia del contrato público concentró las ventajas.

En ese marco, dos hechos definieron la fisonomía del proto-campo. El primero fue la aparición, el 24 de diciembre de 1858, de la revista El Mosaico, que se prolongó hasta 1872. El segundo fue la fundación, en el ocaso de la revista, de la Academia Colombiana de la Lengua, con la que El Mosaico compartió colaboradores y orientaciones en su última época. Entre esos dos hitos se organizó buena parte de la vida literaria bogotana del período.

Las instituciones de consagración: El Mosaico, la tertulia y la Academia

El Mosaico fue mucho más que una revista. Fue un proyecto cultural de la élite bogotana, integrado por publicistas afines tanto al Partido Liberal como al Conservador, cuyos objetivos declarados incluían las discusiones literarias, la conformación de una biblioteca nacional y la publicación de obras contemporáneas y coloniales del territorio neogranadino. Su alma editorial fue José María Vergara y Vergara (1831-1872), quien también fundaría la Academia Colombiana de la Lengua y sostuvo la tertulia homónima que articulaba la producción costumbrista de la época. La tertulia de Vergara y Vergara funcionó como espacio de sociabilidad literaria donde se gestó, entre otras cosas, la publicación de Manuela de Eugenio Díaz Castro, novela considerada un hito del costumbrismo colombiano.

El primer número de El Mosaico, aparecido en diciembre de 1858, publicó un texto que lamentaba el desconocimiento del territorio, la memoria borrada de los pueblos originarios y las hazañas olvidadas de los héroes de la Independencia. Ha sido leído como un acto de fe en los valores de la tierra colombiana, y funciona como declaración fundacional del proto-campo: la literatura como reconocimiento del país. La revista impulsó, en esa línea, un proyecto de biblioteca nacional que reuniera obras contemporáneas y otras producidas en el territorio neogranadino desde la Colonia hasta la primera mitad del siglo XIX. Fue una tentativa de consagración interna: decidir qué libros integraban el canon nacional y, por lo tanto, quién quedaba dentro y quién fuera.

Esa autonomía tuvo límites nítidos. En julio de 1865, el liberal Felipe Pérez asumió la dirección de El Mosaico al frente de una "asociación progresista", en sintonía con el renovado radicalismo liberal de la época, y la revista adoptó un carácter progresista-liberal. El giro es revelador: la publicación literaria más ambiciosa del país cambió de orientación ideológica en cuestión de meses, siguiendo la coyuntura política. Mantuvo su identidad elitista, pero la subordinación de sus jerarquías simbólicas a las del campo político quedó a la vista. Su etapa final, entre 1871 y 1872, coincidió con la creación de la Academia Colombiana de la Lengua, institución con la que compartió colaboradores y con la que se prolongó, ya en otra clave, la ambición de consagración del proto-campo.

La Academia trasladó la disputa por la legitimidad literaria a un terreno más estable y menos expuesto a los vaivenes de la prensa: el de la norma, el diccionario, la filiación con la Real Academia Española. En manos de figuras como Miguel Antonio Caro, esa orientación derivaría en un hispanismo gramatical y latinista que contribuyó a borrar de las instituciones a indios, negros, selvas y valles, y a construir el armazón institucional de la Constitución de 1886 desde una perspectiva encerrada en el altiplano.

La red: Bogotá, sus tertulias y los policentros regionales

Bogotá funcionó como la ciudad letrada por excelencia del período, en el sentido riguroso que dio Rama al término: espacio donde una clase especializada en la misión civilizadora concentraba las funciones simbólicas del Estado. El apodo con que se la conocía —"la Atenas de Sudamérica"— resultaba pretencioso para los visitantes extranjeros y era objeto frecuente de burla. Un cónsul británico, en 1906, reconocía con condescendencia cierta cultura entre las élites letradas bogotanas, aunque subrayaba sus limitaciones y su posición periférica. Esa mezcla de pretensión y provincialismo es constitutiva del proto-campo: se afirmaba como centro justamente porque su centralidad era frágil.

Los letrados colombianos del siglo XIX ejercieron simultáneamente cargos públicos, tribunas parlamentarias, roles en ejércitos, finanzas e ideología partidista, y fueron a la vez descubridores del paisaje nacional y forjadores de la identidad colectiva. Manuel Ancízar sembró desde El Neogranadino las semillas del costumbrismo al advertir que la novela y el cuento eran el mejor análisis psicológico para comprender las sociedades. José Eusebio Caro, poeta romántico y uno de los fundadores del Partido Conservador, encarnó el patrón que se repetiría durante generaciones: la fusión de aspiraciones literarias y políticas, la trayectoria en la que poesía, ensayo, periodismo y militancia se sostenían mutuamente. Jorge Isaacs es el caso más nítido: diputado conservador, luego liberal radical, fundador del semanario La República, funcionario público a lo largo de su vida, y autor de María. La literatura no era una profesión; era una dimensión del ejercicio del poder.

En Bogotá, la sociabilidad literaria se organizó en tertulias sucesivas. Al final del siglo, la Gruta Simbólica reunió a poetas, músicos y bohemios como Julio Flórez, Clímaco Soto Borda, Jorge Pombo, Diego Uribe y Carlos Villafañe, que se juntaban para compartir versos, música y vida social. Fue el último eslabón de una tradición que había pasado por la Tertulia Eutropélica de fines del XVIII y por la tertulia de El Mosaico a mediados del XIX.

El federalismo hizo, además, algo que la historiografía centralista tiende a subestimar: habilitó una vida letrada policéntrica. A partir de 1880 surgieron diversas revistas literarias regionales, entre ellas La Floresta en Cartagena (1881), junto a publicaciones bogotanas como El Liceo Granadino, La Guirnalda, La Lira, La Abeja y La Familia. En Medellín funcionaron el Casino Literario y la Tertulia Literaria; algunos de sus miembros participaron después en publicaciones periódicas regionales, entre ellas la revista de la Sociedad de la Bohemia Alegre. A comienzos del siglo XX, en la misma ciudad, las tertulias que presidían el Negro Cano en su librería y Tomás Carrasquilla en el café La Bastilla mantendrían la tradición. En la costa, publicaciones dirigidas al "bello sexo" como El Iris de Barranquilla (1874) y El Aficionado de Yarumal (1874) mostraron que la circulación letrada excedía al altiplano. El proto-campo colombiano fue, en la práctica, más disperso geográficamente de lo que la mitología bogotana sugiere. La Regeneración concentraría por la fuerza lo que el federalismo había esparcido.

El costumbrismo como género fundacional

Si el proto-campo tuvo un género propio, ese fue el costumbrismo. Aunque como constante literaria era anterior a la Independencia, como corriente histórica se afirmó después de ella, y encontró en los EUC su momento de máxima productividad. El cuadro de costumbres y la novela costumbrista funcionaron como el dispositivo mediante el cual la élite letrada nombraba el país: sus tipos sociales, sus paisajes, sus tensiones entre lo colonial heredado y lo republicano por construir.

Los artículos de costumbres fueron usados con orientaciones opuestas por los dos partidos. Los liberales los emplearon para desdeñar el pasado colonial; los conservadores, para criticar las reformas modernas. Ambos coincidieron, sin embargo, en un doble propósito: contraponer lo nacional a la influencia francesa e inglesa, y dar a conocer el país en el extranjero con el fin de atraer inmigrantes. Los cuadros modelaron los ideales de la élite letrada y quedaron como fuente privilegiada para entender el período. Los escritores costumbristas adumbraron tipos sociales para representar a Colombia —el artesano empobrecido, el indio aculturado, el contrabandista— y los bogas del río Magdalena se convirtieron durante décadas en el sine qua non de la literatura nacionalista.

Manuela (1858-1859), de Eugenio Díaz Castro, publicada en El Mosaico, y los Cuadros de la vida privada de algunos granadinos de Josefa Acevedo de Gómez (1803-1861), que circularon en el entorno del grupo de la revista durante la década de 1860, ejemplifican el modo en que la producción costumbrista se enredaba con las instituciones del proto-campo: la novela nace en la tertulia, se publica en la revista, discute las tensiones entre las costumbres heredadas y el proyecto republicano, y contribuye a definir qué es y qué no es literatura colombiana. La convivencia de superstición y fe con el espíritu racionalista, la dificultad de sustituir costumbres por leyes, la representación del subalterno sin darle la palabra: todo eso quedó cifrado en el género, y todo eso remite a un campo que se estaba dando reglas propias mientras seguía atado al aparato político que lo financiaba.

Las posiciones subalternas: mujeres escritoras en el proto-campo

Ningún campo se define solo por quienes participan plenamente en él, sino también por quienes negocian su acceso desde una posición marginal. Las mujeres escritoras colombianas del siglo XIX no participaron plena ni abiertamente en las dinámicas del proto-campo, pero tampoco estuvieron completamente al margen: configuraron una comunidad discursiva incipiente que compartía ideologías y visiones de mundo, y desarrollaron estrategias propias para inscribirse en un espacio que no las autorizaba. Esa condición ambigua —dentro y fuera al mismo tiempo— es teóricamente productiva: obliga a pensar el proto-campo no como un conjunto delimitado de agentes plenos, sino como un sistema con umbrales, con zonas de admisión condicionada, con licencias revocables.

Los prólogos de esas escritoras son documentos reveladores. En ellos aparece una marcada inseguridad sobre la recepción de la obra, la anticipación del rechazo tanto masculino como femenino, y una posición defensiva ante la expectativa de la burla. Pero también hay negociación activa, búsqueda de voz propia y, a veces, rechazo explícito de las justificaciones patrióticas o morales convencionales. Las estrategias fueron variadas y no siempre consistieron en pedir aval a una autoridad masculina: hubo quienes se ampararon en la tradición devocional, quienes reivindicaron la experiencia doméstica como saber legítimo, quienes tomaron distancia irónica del propio gesto de excusarse. Cada prólogo es, en ese sentido, un mapa en miniatura de las tensiones del campo: qué se puede decir, desde qué lugar, con qué precauciones, esperando qué sanciones.

El caso más notable es el de Soledad Acosta de Samper. Educada en Halifax y París, con dominio del inglés y el francés, su acceso a la cultura letrada la ubicaba en una posición ventajosa respecto al hombre letrado promedio. Al mismo tiempo, su condición de mujer la excluía del proceso de construcción nacional. Su voz se situó en una frontera peculiar: entre los letrados criollos, las mujeres no criollas y los hombres subalternos. Desde esa posición ambigua defendió públicamente la capacidad intelectual femenina y la apertura de todas las profesiones a las mujeres, como quedó consignado en su monografía Aptitud de la mujer para ejercer todas las profesiones y el periodismo en Hispanoamérica. Su trayectoria muestra que el capital cultural elevado —lenguas, viajes, formación— podía compensar parcialmente la exclusión de género, pero no cancelarla: Acosta escribió mucho más que la mayoría de sus contemporáneos varones, y aun así su lugar en el canon consagrado por la Academia y por la crítica posterior fue durante décadas marginal.

Las publicaciones dirigidas al "bello sexo", como El Iris y El Aficionado, ambas de 1874, mostraron que existía una circulación mínima de espacios femeninos, aunque su función fluctuara entre lo expresivo y lo normativo: enseñaban a las mujeres a leer y a escribir de un cierto modo tanto como les daban un espacio de aparición pública. Esa doble faz —habilitación y disciplinamiento— es característica de las posiciones subalternas dentro de un campo: se recibe un lugar a condición de ocuparlo de una manera específica. Durante la hegemonía conservadora posterior a 1886, el estatus político de la mujer no experimentaría cambios sustanciales, y el marco de habilitación restringida se estrechó todavía más bajo el amparo de la moral católica institucionalizada.

Las fronteras del proto-campo se definieron, en suma, tanto por exclusión activa como por inclusión subordinada. Las escritoras fueron autorizadas a escribir bajo condiciones estrictas —temas domésticos, tonos moderados, prólogos disculpatorios— y las que salieron de ese marco pagaron el precio en reconocimiento. Que hayan salido igualmente es lo que permite hablar de un proto-campo con dinámicas propias y no de un mero apéndice de la política masculina.

La ruptura: la Regeneración y el cierre del proto-campo

La llegada de los conservadores al poder y la promulgación de la Constitución de 1886 reconfiguraron violentamente el campo. El período 1886-1903 —marcado por tres guerras civiles: la de 1885, la de 1895 y la Guerra de los Mil Días— ha sido caracterizado como uno de los momentos de mayor intransigencia y oscurantismo de la historia colombiana. El Artículo 41 de la Constitución estableció que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la Religión Católica, y entregó a la Iglesia el control de la educación por los siguientes cincuenta años. El Concordato con la Santa Sede, aprobado en 1888, extendió a la Iglesia autonomía de gobierno, fuero eclesiástico, ventajas fiscales y protección frente a la competencia de otras confesiones. Una cláusula transitoria de la Constitución autorizaba al gobierno a regular la prensa y castigar sus abusos hasta que el Congreso promulgara una ley del ramo, y esa cláusula resultó especialmente odiosa para los disidentes en los años siguientes. Se abolió el derecho a poseer y traficar armas, se limitó el sufragio con requisitos de alfabetización y propiedad, y muchas elecciones directas se convirtieron en indirectas.

La Universidad Nacional fue cerrada. La obra de ilustrados y librepensadores al margen del poder fue censurada u olvidada, hasta el punto de que buena parte del corpus literario de los liberales radicales que habían incursionado en la poesía y la novela se transformaría después en materia de arqueología literaria. Los conservadores basaron sus políticas en el pensamiento católico e hispánico, y consideraron a la Iglesia como fuente del cemento social y espiritual de una sociedad jerárquica. Miguel Antonio Caro, que nunca salió del altiplano, construyó desde una perspectiva encerrada en la gramática y el latinismo el armazón institucional del nuevo orden.

Sería erróneo leer la Regeneración como la clausura de un campo literario previamente autónomo. Lo que ocurrió fue una reconfiguración de los términos de dependencia: el patronazgo liberal-radical, que había financiado periódicos de instrucción y otorgado contratos a impresores conectados con el partido en el poder, cedió el lugar al control clerical-conservador, que censuraba, cerraba universidades y regulaba la prensa por decreto. El campo nunca había sido autónomo; simplemente cambió el nodo del que dependía. Y ese cambio no fue solo político: fue también geográfico y simbólico. El policentrismo del federalismo —Bogotá, Medellín, Cartagena, las publicaciones costeñas, las revistas antioqueñas— se contrajo hacia una centralización creciente en la que la Bogotá gramatical de Caro se erigió como norma y filtro.

La estructura económica reforzó ese cierre. El auge y colapso de la economía exportadora —tabaco, quina— entre 1850 y 1885 había estructurado directamente la hegemonía liberal y su posterior derrota conservadora, y condicionó el marco material dentro del cual operaba la producción literaria. Sin recursos exportadores en manos de la élite liberal, sin libertad de prensa, sin universidad pública, sin patronazgo alternativo al eclesiástico, el proto-campo se replegó.

Su huella: qué queda del proto-campo de los EUC

Lo que se sedimentó del período no fue una tradición literaria estable, sino una serie de dispositivos que la posteridad heredaría en versiones sucesivas. La Academia Colombiana de la Lengua sobrevivió a El Mosaico y se consolidó como institución de consagración durante el siglo XX. El costumbrismo dejó los tipos sociales —el boga, el artesano, el indio aculturado— con los que la literatura colombiana siguió pensando la nación durante décadas, y dejó también la sospecha, incómoda, de que ese repertorio había sido menos un reconocimiento del país que un mecanismo de silenciamiento de sus voces no letradas. La prensa literaria estableció el patrón, largamente vigente, del escritor colombiano como funcionario, diplomático, editorialista y político simultáneo: una superposición legible desde José Eusebio Caro y Jorge Isaacs hasta bien entrado el siglo XX.

El enfrentamiento entre liberalismo y catolicismo que había estructurado el campo se prolongó al menos hasta mediados del siglo XX, y generó los períodos de intransigencia y conflicto civil que marcaron la vida intelectual del país. La Regeneración no solo cerró la Universidad Nacional y silenció a los librepensadores; también fijó, por décadas, los términos en que se podía escribir y publicar. La categoría misma de "campo literario" es útil precisamente porque permite ver lo que se perdió: la posibilidad, entrevista fugazmente en los EUC, de que en Colombia se consolidara un espacio de producción simbólica con reglas parcialmente autónomas. Esa posibilidad no cuajó. Lo que hubo fue un proto-campo real, denso, poblado de instituciones y disputas, pero sostenido sobre una infraestructura material que no podía separarse del poder político sin colapsar.

Ver hoy el campo literario colombiano en sus condiciones actuales —con premios estatales, ferias del libro, academias, editoriales trasnacionales y sistemas universitarios de crítica— exige recordar que ese sistema no nació con el siglo XXI ni con las reformas culturales del XX. Su forma embrionaria se gestó entre 1858 y 1886, en el arco que va del primer número de El Mosaico al Concordato con la Santa Sede, y quedó marcada por una paradoja que ninguna reforma posterior ha disuelto del todo: la de un espacio simbólico que reclama autonomía frente al poder político sin haberla tenido nunca en sus condiciones de origen. El campo literario colombiano tiene, como casi todo lo colombiano, una fecha inaugural provisional y una serie de clausuras sucesivas. La de 1886 sigue siendo, en muchos sentidos, la más decisiva.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Pierre Bourdieu: formuló en 1995 la teoría del campo literario como campo de fuerzas y luchas que sirve de marco analítico para interpretar —con reservas— la vida intelectual colombiana decimonónica
  2. 02Ángel Rama: su concepto de 'ciudad letrada' complementa el análisis al describir a los letrados latinoamericanos como clase especializada en la misión civilizadora, aplicable a la élite bogotana del período
  3. 03El Mosaico (revista, 1858-1872): principal institución de consagración del proto-campo, espacio de jerarquización literaria, proyecto de biblioteca nacional y escenario de la subordinación política del campo
  4. 04Bogotá: ciudad letrada por excelencia del período, centro privilegiado de la vida intelectual colombiana y sede de las principales instituciones del proto-campo
  5. 05Constitución de Rionegro (1863): condición material del boom editorial que hizo posible el proto-campo, al consagrar la libertad absoluta de prensa
  6. 06Costumbrismo: género literario fundacional del proto-campo colombiano, articulado en torno a El Mosaico y la tertulia de Vergara y Vergara
  7. 07Academia Colombiana de la Lengua: institución de consagración derivada del proto-campo que trasladó la disputa por la legitimidad literaria al terreno de la norma gramatical
  8. 08Federalismo radical: régimen político que habilitó el policentrismo editorial y la proliferación de publicaciones regionales, condición estructural del proto-campo durante los EUC
06

Documentos y fragmentos citados

30 documentos · 42 fragmentos

01Narradoras en ColombiaCarmiña Navia Velasco · 2021 · p. 24, 282 citas
[1]

estos interrogantes. Si partimos de una noción como la de campo literario descrita por Bourdieu (1995) en su obra Las Reglas del Arte, nos podemos preguntar si estas escritoras participaron activamente en el espacio literario o intelectual vigente en Colombia en los últimos años del siglo XIX: El campo literario es un…

p. 24
[2]

campo literario, dada por Bourdieu (1995), sí podemos hablar de una dinámica intelectual, bastante común, que acerca a las mujeres entre sí, y les permite ideologías y visiones de mundo cercanas. Es, pues, en medio de este ámbito, que las colombianas de la segunda mitad del siglo XIX empiezan a trazar los primeros…

p. 28
02Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 207, 216, 2193 citas
[3]

los momentos críticos cuando la política se volvía demasiado apasionada y los desacuerdos se tornaban manifiestos. En dichos momentos críticos, cuando con más claridad se evidencia el valor estratégico de la prensa para ganar adeptos, hasta la prensa literaria se convierte en un nicho desde el cual se puede formar…

p. 216
[12]

inmensos de esta tierra tan rica y tan hermosa, son totalmente desconocidos en la actualidad. Los recuerdos tan originales, tan poéticos de los primitivos habitantes de América se van oscureciendo día por día; la varonil constancia de los compañeros de Colón, los preciosos episodios de la Conquista son casi de todo el…

p. 219
[41]

últimas décadas de la Colonia hasta mediados del siglo XIX. En este periodo se pueden diferenciar cuatro etapas: la primera corresponde al patriotismo naciente, de las sociedades de amigos del país en el periodo colonial 1; la segunda 1 El desarrollo de una conciencia protonacional, que ha sido estudiada desde el…

p. 207
03Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 83, 1142 citas
[4]

the Fatherland.” 13 By seeing everything from one position, the literati were able to exclude other fields of vision. Their position, however, was a weak and fragmentary one. To understand why, we should map the positions from where literati spoke. B o g o t á, a L e t t e re d C i t y As Michael Shapiro has pointed…

p. 83
[34]

P E R The experience of Soledad Acosta de Samper, a creole woman mem- ber of the literati, differed from that of Candelario Obeso. Her voice, as that of a white woman, lay on the border between creole men, non- creole women, and subaltern men. Her writing reflects the dilemmas and ambiguities of being subordinated…

p. 114
04Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 521 cita
[5]

estaba conformada por publicistas de la élite bogotana, afines a los nacientes partidos liberal y conservador, y tuvo como uno de sus objetivos prin- cipales las discusiones literarias y la conformación de una biblioteca nacional en la que se publicaran tanto las obras de los autores contemporáneos como las que habían…

p. 52
05The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 129, 1322 citas
[6]

culture and as an appendage to the lettered republic. Absolute freedom of the press and the abolition of libel, first attempted in the 1850s and finally sanctioned in the 1863 constitution, fueled a publications boom in Bogotá and to a lesser extent in other cities. By the early 1880s, more than 100 periodicals and…

p. 129
[31]

the writings of José María Samper, Felipe Pérez, José Manuel Marroquín, and many others. The influence of Cuervo’s portrait reached even into governmental labor and commercial policies. 54 Those who followed Cuervo’s literary pursuits found outlets for their writing in numerous weekly newspapers and book anthologies,…

p. 132
06Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 391 cita
[7]

el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…

p. 39
07Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 471 cita
[8]

national taxes. “Hasn’t Egypt gained immensely under the wise and honorable administration of the English?” he asked. 7 Europeans living in Colombia reinforced their hosts’ perception that if not personally inferior to foreigners, they and their country occupied a distinctly peripheral place in the concert of nations.…

p. 47
08Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 106, 1292 citas
[9]

aquellos anos, entre la accién y la meditaci6n, ofrecieron sus vidas y su pluma a la nacién que nacia, asumiendo cargos publicos, ocupando la tribuna parlamentaria, alistandose en las filas de los ejércitos o en las de las finanzas y siendo idedlogos de los partidos politicos o sus eje- cutores, jurisconsultos 0…

p. 106
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contertulios. De ella nace la publicacién del mismo nombre y el hoy tesoro inapreciable del «Museo de cuadros de costumbres», uno de cuyos mayores impulsores, editor, alma y genio fue José Maria Vergara y Vergara (1831-1872), figura de las mas queridas por aquellos dias, tanto por la activi- dad, las ideas y…

p. 129
09Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 77, 1152 citas
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lectores con artículos y crónicas que hablaban más bien de la importancia de retratar el paisaje y las costumbres locales. Ancízar advirtió que no había mejor análisis psicológico, para comprender a las sociedades, que la novela y el cuento, en la medida en que la imaginación resultaba el mejor aliado para construir…

p. 77
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no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…

p. 115
10Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 104, 117, 1263 citas
[13]

pasó la imprenta, la más alta dote de la moderna civilización, a la hoja diaria que*constituye una mejora en los círculos polí ticos y comerciales, pero de ninguna manera en los literarios. En éstos, por el contrario, para mejorar se exige menos prisa en la preparación de sus'materiales y términos más largos en su…

p. 117
[18]

P. Carrasquilla, Rafael Tamayo, Francisco A. Gutiérrez, Vergara y Vergara, Manuel Vicente Umaña, Lázaro María Girón y muchos más, cuyas firmas perdurarán en esta reliquia del arte tipográfico y de nuestra literatura como es el "PAPEL PERIODICO ILUSTRADO" En Cartagena, don Eusebio Hernández T. dirigió en 1881 el…

p. 126
[20]

" P A P E L P E R IO D IC O IL U S T R A D O " - " L A A B EJA " Y " L A F A M IL IA "— " L A M IC E L A N E A " - " C O R R E O DE LAS A LD E A S " - "CO LOM BIA IL U S T R A D A " - " R E V IS T A L IT E R A R IA " - " R E V IS T A G R IS " - " E L R E P E R T O R IO " - " E L R A Y O X" - " R E V IS T A IL U S T R…

p. 104
11Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2431 cita
[14]

primeras revistas ilustradas de Antioquia’, BCB,  /  (),  – . 54 Quoted by C. Gómez in Lo mejor de Efe Gómez (Medellín, ), . 55 See ‘Recuerdo de un viaje de Medellín a Bogotá,  ’, BHA,  /  (Bogotá ), , fn. . 56 Estatutes of the Compañía El Montañés, quoted in El Montañés,  (Medellín,…

p. 243
12Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2431 cita
[15]

primeras revistas ilustradas de Antioquia’, BCB,  /  (),  – . 54 Quoted by C. Gómez in Lo mejor de Efe Gómez (Medellín, ), . 55 See ‘Recuerdo de un viaje de Medellín a Bogotá,  ’, BHA,  /  (Bogotá ), , fn. . 56 Estatutes of the Compañía El Montañés, quoted in El Montañés,  (Medellín,…

p. 243
13María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 491 cita
[16]

de belleza y conocimiento, y un talismán contra la melancolía que intentaba instalarse en su conciencia de mujer solitaria. Las agradables conversaciones y discusiones dejaron de ser esporádicas. María, conocedora de las tertulias que muchos escritores e intelectuales hacían en Medellín —desde la que presidía su…

p. 49
14Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 59, 2392 citas
[17]

pianista, bohemio, diplomático a ratos, soldado muchas veces y en todo momento ingenioso inven- tor de apuntes repentinos y chispazos al rompe. Su nombre, que no era extraño a nadie en la Santafé de hace cien años, se ha hundido de manera ingrata en el pozo de la amnesia colectiva, hasta el punto de que hoy sólo lo…

p. 59
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jera libros sino, sobretodo, porque produjo imprentas. Él 240 Díndic Síeris Pdtína creó un sistema de fabricación revolucionario y eficiente. Tras el éxito del taller de Mainz, las imprentas se multipli- caron. En 1465 las había en Italia; en 1470, en Francia, en 1472, en España; en 1475, en Inglaterra y los Países…

p. 239
15Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 1141 cita
[19]

pro- liferaron en la época, se podría inten- tar una síntesis diciendo que el perio- dismo de este período se destacó por su militancia, combatividad y extrema politización. Todas esas publicaciones contribuyeron a radicalizar posiciones y a exacerbar los ánimos de unos par- tidos que buscaron los campos de ba- talla…

p. 114
16Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 5551 cita
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percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…

p. 555
17Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 2791 cita
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ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…

p. 279
18Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 124, 2252 citas
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Márquez, cinco pueden considerarse representativos de la producción literaria del país desde los inicios de la República, en el siglo XIX: el poeta José Eusebio Caro; la escritora Soledad Acosta de Samper, una de las primeras defensoras de la igualdad de género en Colombia; y el poeta José Asunción Silva; el novelista…

p. 225
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ejemplo de lo que llegó a generar estos desacuerdos fue la guerra civil de 1876: se gestó, entre otras razones, por el desacuerdo manifiesto del Partido Conservador y la Iglesia católica con las reformas educativas introducidas desde 1870 por el liberalismo radical en el poder, que impuso la enseñanza laica, la…

p. 124
19Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2001 cita
[25]

Trasladado a las selvas con el cargo de subinspector del Camino de Dagua, en el Cauca, etapa en la que comparte la vida de los obreros y contrae el pa- ludismo, comienza a escribir su nove- la María, publicada en 1867, que per- durará como una obra clásica de las letras latinoamericanas. En 1866, Isa- acs es elegido…

p. 200
20Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 351 cita
[26]

for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…

p. 35
21Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3511 cita
[27]

El valor de las exporta ciones de tabaco, producidas en un' pequeño enclave del Magdalena Medio, aumentó rápidamente hasta promediar entre dos y tres millones de pesos oro entre 1850 y 1875. Pero el colapso de la economía exporta· dora de tabaco, a partir de la última fecha, simultáneamente con la calda de la demanda…

p. 351
22Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 2001 cita
[28]

aceptación e influencia en Francia. La obra de Jean Baptiste Siméon Chardin (1699-1779) es un buen ejem- plo de esta influencia. En Inglaterra, a mediados del siglo xviii las costumbres y la caricatura se fusionaron en las pinturas y grabados de William Hogarth (1697-1764), para relatar en sus series las historias…

p. 200
23Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · p. 121 cita
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los escritores liberales para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos; y a los con - servadores, para vapulear las ilusiones modernas, el menosprecio de los liberales por la tradición y las reformas con las que alimenta - ron la fundación de las repúblicas. Para ambos, sin embargo, fueron útiles para…

p. 12
24Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 751 cita
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za- guanes en La s Nieves o Santa Dárbara, o en las piaras de cerdos que, con los perros callejeros, se alimentaban y retozaban en los ve rtedero s del río San Francisco o en los muladares de Las Cruces. M un do cercano a los sabores y olores, y al poder de los cinco senti- dos evocados en los cuadros de costumbres.…

p. 75
25Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · p. 1, 232 citas
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se enternezca profundamente con el capítulo de «Soledad, hambre y demencia» o con «El soldado», ha perdido su corazón. Bogotá, abril 22 de 1863. J. M. Vergara Vergara. 25 § Introducción y dedicatoria Una hermosa tarde del mes de marzo del año de 1849 me hallaba yo ocupada de mis quehaceres ordina- rios cuando entró en…

p. 23
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JOSEFA DE ACEVEDO Y GÓMEZ literatura C u AD r OS DE l A V i DA pri VADA DE A l G un OS G r A n AD in OS JOSEFA DE ACEVEDO Y GÓMEZ C u AD r OS DE l A V i DA pri VADA DE A l G un OS G r A n AD in OS Acevedo de Gómez, Josefa, 1803-1861, autor Cuadros de la vida privada de algunos granadinos / Josefa Acevedo de Gómez;…

p. 1
26Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 401 cita
[35]

el papel de los sexos, «deshaciendo la obra de la Providencia y haciendo desatinos por enmendar a Dios la plana». Durante el período conocido en la historia del país como «la hegemonía conserva- dora» de 1886 a 1930 no se presen- taron cambios en el estatus político de la mujer. Voces de mujeres y en favor de la mujer…

p. 40
27Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 1811 cita
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del siglo XIX. Muy posiblemente se encuentran ahí como simples vestigios familiares y como un recuerdo de las hijas de Pineda. La calidad y el estado de conservación y el corte del papel permiten hablar de la manera en la que se guardan y cómo se estudia un siglo que, en buena medida, construimos con objetos,…

p. 181
28La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1501 cita
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- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
29La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 1501 cita
[39]

y catolicismo integral en Colombia. La reforma religiosa de López Pumarejo” en Historia crítica. N. 19, enero-junio 2000. pp- 68-106. http://www.lablaa.org/blaa- virtual/letra-r/rhcritica/arias2.htm#_ftn14 235 Conferencias Episcopales de Colombia, t. I (1908-1953), Bogotá, Secretariado Permanente del Epis- copado,…

p. 150
30Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 5411 cita
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semanario excepcional fue el que comenzó a publicar el 27 de mayo de 1824 Leandro Miranda, el hijo del sacrificado precursor don Francisco de Miranda, en cuanto estableció su residencia en Bogotá. Se llamó El Constitucional y llevaba en su encabezado uno de los primeros escudos colombianos que circularon en Londres,…

p. 541