Francisco José de Caldas
Independencia
1768–1816
La biografía
Francisco José de Caldas y Tenorio (Popayán, 1768 – Santafé de Bogotá, 1816) fue el más notable de los científicos criollos de la Nueva Granada tardocolonial: astrónomo, botánico, geógrafo, editor y patriota. Formado en el ambiente ilustrado del Seminario de Popayán y del Colegio del Rosario, midió altitudes con métodos de su propia invención, construyó a mano los instrumentos con los que estudió los cielos y las plantas de los Andes, dirigió el Observatorio Astronómico de Santafé, editó el Semanario del Nuevo Reino de Granada y se sumó a la primera República hasta el cadalso. Pablo Morillo lo fusiló en 1816 durante la reconquista española, y desde la década de 1820 su figura fue reelaborada como la del "Sabio": genio patriótico y mártir fundacional de la ciencia colombiana. Este artículo reconstruye tanto al hombre como al mito: el criollo periférico que hizo ciencia en el aislamiento y el símbolo que la República centralista bogotana talló sobre su memoria.
Línea de vida
- 1768
Nacimiento en Popayán
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Nació en Popayán, capital de una gobernación minera y esclavista del sur del virreinato de la Nueva Granada, en el seno de una élite criolla blanca a la vez cerrada y culta.
- 1781
Formación con José Félix Restrepo en el Seminario de Popayán
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Estudió filosofía de orientación científica con José Félix Restrepo en el Seminario Conciliar de Popayán, maestro que transmitía la cadena ilustrada iniciada por Mutis; de esa aula salieron también Francisco Antonio Zea y José María Cabal.
- 1795
Investigaciones independientes en Popayán y Quito
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Trabajó durante años en virtual aislamiento en los Andes ecuatoriales: desarrolló un método propio de medición de altitudes por el punto de ebullición del agua, estudió la quina y otras plantas útiles, y construyó con sus propias manos instrumentos astronómicos y geodésicos de notable precisión.
- 1801
Encuentro con Alexander von Humboldt en Quito
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Humboldt quedó sorprendido de la precisión de los instrumentos que Caldas había fabricado artesanalmente; sin embargo, rechazó la propuesta de Caldas de acompañarlo en el resto de su viaje por América, privándolo de la consagración internacional que el circuito europeo habría podido otorgarle.
- 1804
Publicación de los viajes ecuatorianos
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Tras tres años y medio de estudio en Ecuador, publicó 'Viaje de Quito a las costas del océano Pacífico por Malbucho' y 'Viaje al corazón de Barnuevo', itinerarios geográficos que prefiguraban su programa de expedición científica integral del virreinato.
- 1805
Director del Observatorio Astronómico de Santafé y miembro de la Expedición Botánica
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José Celestino Mutis lo vinculó como astrónomo a la Real Expedición Botánica y lo nombró director del Observatorio Astronómico de Santafé, primer cargo institucional estable de su carrera científica.
- 1808
Fundación del Semanario del Nuevo Reino de Granada
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Fundó y editó el Semanario (1808–1810), revista científica que publicó artículos de geografía, botánica, meteorología y estadística, acogió colaboraciones de Jorge Tadeo Lozano, José María Salazar y Humboldt, y sirvió de plataforma para su agenda expedicionaria. En sus páginas apareció el ensayo 'Del influjo del clima sobre los seres organizados', donde rechazó la deferencia acrítica hacia Newton, Buffon y Montesquieu y afirmó la primacía de la observación local.
- 1816
Fusilamiento por Pablo Morillo
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Fue ejecutado en Santafé de Bogotá en octubre de 1816 durante la reconquista española dirigida por Pablo Morillo, que hizo de la muerte de los ilustrados patriotas un método de pacificación. Desde la década de 1820 su figura fue reelaborada como símbolo del genio patriótico y mártir fundacional de la ciencia colombiana.
El sabio de Popayán
Caldas encarna una figura muy precisa del final del período colonial neogranadino: la del criollo de élite provincial que, sin viajar a Europa, se pone al día con la ciencia moderna, produce conocimiento original sobre su territorio y llega a la política independentista por la puerta del laboratorio y el observatorio. No es un aficionado ilustrado ni un pensador especulativo: es un hombre que mide, cartografía, clasifica y publica. Su obra —dispersa en el Semanario, en las Memorias que lo complementaron y en los manuscritos legados a Mutis— fija en el papel una imagen del virreinato como sistema geográfico coherente, con altitudes, climas y plantas propios, susceptible de ser gobernado con criterio racional.
Ese gesto era, a la vez, científico y político. Al describir la Nueva Granada como un cuerpo natural inteligible, Caldas construía las condiciones intelectuales de una soberanía distinta a la española: si el territorio podía ser conocido desde adentro, también podía ser administrado desde adentro. Por eso su fusilamiento en octubre de 1816, en el orden más negro de la reconquista, no fue el ajusticiamiento accidental de un naturalista atrapado por la política; fue la eliminación consciente de un cerebro patriota. Morillo, que hizo de la muerte de los ilustrados un método de pacificación, ejecutó a Caldas como se ejecuta un proyecto.
Y sin embargo la pieza tiene un doble filo que la historiografía tardó en advertir. La misma ciencia territorial que armaba una posible república neogranadina consagraba también una jerarquía interior: los Andes como sede de la civilización y el progreso, y las tierras calientes —costas, valles ribereños, llanos y selvas— como geografías de la barbarie y el atraso. Alfonso Múnera ha señalado que Caldas fue posiblemente el creador del discurso hegemónico de la "república andina" que dominaría el siglo XIX y buena parte del XX. La tragedia del sabio es entonces doble: la del hombre asesinado por Morillo y la del pensamiento cuya emancipación frente a España venía cosida, de fábrica, a una exclusión de los de abajo.
Popayán, Mutis y la formación de un criollo ilustrado
Caldas nació en 1768 en Popayán, capital de una gobernación minera y esclavista del sur del virreinato, cuya élite blanca era a la vez cerrada y culta. Su formación siguió la ruta clásica del criollo con recursos: filosofía en el Seminario Conciliar de Popayán y, luego, derecho en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, en Santafé. Lo decisivo, sin embargo, no fue el título de abogado —que apenas ejerció— sino el maestro que le tocó en Popayán: José Félix Restrepo, uno de los grandes puentes entre la ilustración española y la generación que haría la Independencia.
Restrepo, egresado del Colegio de San Bartolomé, había vuelto a su tierra hacia 1781 llevando al Seminario payanés una filosofía de orientación científica. Su cátedra no era una excentricidad local: se insertaba en una cadena que arrancaba con la llegada de José Celestino Mutis a la Nueva Granada en 1761, como médico del virrey, y que se había convertido en el eje del reformismo científico borbónico en el virreinato. Mutis había expuesto las tesis de Copérnico en el Rosario contra la resistencia furiosa de los dominicos, salvado por el arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora, que apoyaba, por mandato de Carlos III, cuanto proyecto pragmático pudiera fortalecer la economía imperial. La influencia de Mutis se propagó por generaciones: Felipe Vergara y Caycedo en los años sesenta, Eloy Valenzuela en los setenta, y luego, indirectamente, Restrepo, que enseñó filosofía moderna en San Bartolomé entre 1778 y 1781 antes de trasladarla a Popayán.
Del aula de Restrepo salieron, en pocos años, los tres criollos payaneses que más marcarían el pensamiento ilustrado del virreinato: Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Zea y José María Cabal. El Seminario de Popayán funcionó, en ese sentido, como una segunda capital intelectual, paralela a Santafé, y dio también al proceso independentista figuras como Camilo Torres, Francisco Antonio Ulloa y Joaquín Mosquera. La generación de Mutis y Restrepo bebía sobre todo del padre Benito Jerónimo Feijóo y de la España ilustrada de Carlos III, y solo tardíamente —y a menudo de contrabando— del enciclopedismo francés. Fue la generación siguiente, la que llegaría al poder con la Independencia, la que absorbió con mayor libertad a Montesquieu, Rousseau y Buffon. Caldas cabalgó entre ambas orillas: heredero del cientificismo hispano contra la escolástica, y lector crítico de los filósofos franceses que pretendían explicar el mundo americano sin haberlo pisado.
Los años de Quito: instrumentos propios y ciencia sin biblioteca
Recibida la formación en Popayán y Santafé, Caldas no siguió la carrera del derecho ni la de la administración colonial. Volvió al sur, se sumergió en los Andes ecuatoriales y trabajó durante años en condiciones de virtual aislamiento total. Ese aislamiento —lejos de las academias europeas, sin instrumentos importados, sin comunidad de pares— es la clave para entender la originalidad y también la desmesura de su obra. Sin nada, hizo mucho.
En los alrededores de Popayán y Quito desarrolló un método propio de medición de altitudes basado en el punto de ebullición del agua, adelantándose a técnicas que otros naturalistas usarían por vías más costosas. Estudió la quina —el árbol de la cinchona, materia prima del principal medicamento antipirético del mundo atlántico— y otras plantas útiles con una perspectiva a la vez botánica y económica. Construyó él mismo, con las manos y los conocimientos disponibles, los instrumentos con que realizó observaciones astronómicas y geodésicas. Cuando Alexander von Humboldt, en el curso del gran viaje americano que lo hizo célebre, se topó con Caldas en Quito, quedó sorprendido de la precisión de esos aparatos artesanales. El detalle es revelador: el barón prusiano, provisto de la mejor tecnología europea, encontró en un criollo de provincia a un par técnico.
El encuentro tuvo, sin embargo, un desenlace amargo. Caldas propuso a Humboldt acompañarlo en el resto del viaje por América; Humboldt lo rechazó. Las razones se han debatido —desde diferencias temperamentales hasta sospechas de rivalidad—, pero el efecto sobre Caldas fue estructural: quedó al margen de la operación de consagración internacional que Humboldt organizaría después desde París, y su nombre no viajó por los circuitos europeos con la fuerza que su obra merecía. Humboldt, en cambio, sí llegó a Bogotá en 1801, donde Mutis lo alojó dos meses y le brindó todo el apoyo del centro de la Expedición Botánica.
Caldas siguió, entretanto, en el sur. En 1804, después de tres años y medio de estudio en Ecuador, publicó dos textos densos y sintomáticos: Viaje de Quito a las costas del océano Pacífico por Malbucho y Viaje al corazón de Barnuevo. Son a la vez itinerarios geográficos, informes económicos y reflexiones sobre el vínculo entre territorio y sociedad. En ellos aparece ya, sin nombre todavía, el programa que ordenará el resto de su vida: una expedición "geográfica o económica" que reúna a astrónomos, botánicos, mineralogistas, zoólogos, economistas y diseñadores para levantar un conocimiento sistemático del virreinato. La ciencia, para Caldas, no era contemplación: era inventario, cartografía, política pública.
Santafé: el Observatorio, la Expedición Botánica y el Semanario
En 1805, Caldas subió a Santafé de Bogotá y se incorporó al centro de gravedad de la ciencia neogranadina. José Celestino Mutis lo vinculó como astrónomo a la Real Expedición Botánica y lo nombró director del Observatorio Astronómico, la torre octogonal que Mutis mismo había mandado construir en el patio del Colegio del Rosario y que aún hoy se yergue, algo desplazada, en el centro histórico. Era la primera vez que el criollo de Popayán trabajaba con recursos institucionales estables. Y fue también el momento en que su vocación científica se articuló con una vocación editorial que lo llevaría a la primera plana política.
En 1808 —el año más decisivo de su vida— Caldas fundó y comenzó a editar el Semanario del Nuevo Reino de Granada, revista científica que apareció entre 1808 y 1810 y que completó luego con las Memorias, donde se recogió el grueso de su obra. El Semanario se inscribía en una tradición corta pero significativa de periodismo ilustrado neogranadino, iniciada con el Papel Periódico de Santafé (1791–1797) y continuada por el Correo Curioso (1801). A diferencia de estos, tuvo un programa: hacer del conocimiento del territorio la base de una economía política racional. Publicó artículos de geografía, botánica, meteorología y estadística; acogió colaboraciones de Jorge Tadeo Lozano, José María Salazar, el propio Humboldt y otros; y funcionó como plataforma para la agenda expedicionaria que Caldas había prefigurado desde Ecuador.
En sus páginas apareció, el 3 de julio de 1808, el texto que mejor resume su ambición intelectual: Del influjo del clima sobre los seres organizados. Es un ensayo largo, argumentativo y de carga polémica considerable. Caldas se enfrenta allí a dos tradiciones simultáneamente. Por un lado, a la escuela climatista europea representada por Buffon, Lacépède y Daubenton, a quienes reconocía una "visión de conjunto" de la naturaleza que sus adversarios —"los enemigos del clima"— no tenían. Por otro, a las tesis de Cornelius de Pauw sobre la inferioridad natural del continente americano y sus habitantes, que combatió punto por punto. Caldas se apropió del marco climatista para invertir sus conclusiones: sí, el clima moldea a los seres organizados, pero los climas americanos —y en particular la asombrosa gradación andina, desde los 200 hasta más de 5000 metros sobre el nivel del mar, con sus microclimas escalonados— no producen degeneración sino diversidad. El territorio neogranadino, lejos de ser una anomalía de la creación, era su despliegue más completo.
La declaración de método con la que abrió el ensayo es célebre y merece releerse: sus rodillas, escribió, no se doblaban ante ningún filósofo, ni siquiera ante Newton o Bernardin de Saint-Pierre; lo que dijeran Buffon o Montesquieu debía confirmarse en la experiencia antes de ser aceptado. La frase no era un desplante retórico; era la formulación de una posición epistemológica precisa —hoy diríamos empirista y crítica— que ponía la autoridad de la observación local por encima del prestigio de los grandes nombres europeos. En un criollo periférico y sin biblioteca, la afirmación tenía además un peso adicional: era una declaración de mayoría de edad intelectual.
Del clima al territorio: la geografía como política
El Influjo del clima no era solo un texto científico. Era el fundamento de una imagen del virreinato que la generación patriota iba a hacer suya. Caldas construyó allí, y en otros artículos del Semanario, la representación de la Nueva Granada como república natural escalonada, cuya columna vertebral eran los Andes. Los valles y mesetas cordilleranos —Popayán, Bogotá, Tunja— eran el área de la civilización, el clima templado, la agricultura ordenada, la ciudad. Las tierras calientes —costas del Pacífico y del Caribe, valles del Magdalena y del Cauca, llanos del Orinoco, selvas amazónicas— quedaban del otro lado: enfermas, indolentes, atrasadas, pobladas por gentes cuya condición climática las condenaba, según el mismo esquema climatista, a la barbarie o a la simple ausencia.
Este era el mapa mental que la República heredaría. Alfonso Múnera ha mostrado cómo la "república andina" que Caldas contribuyó a formular sería el discurso hegemónico del proyecto nacional colombiano durante más de un siglo, marginando sistemáticamente a Cartagena, a Santa Marta, al Chocó, a los Llanos, a la Amazonía, y a las poblaciones negras e indígenas que los habitaban. En la Colombia que se pensaría a sí misma desde Bogotá, Popayán o Medellín, las tierras calientes serían territorio a colonizar, no región a integrar. La contradicción es densa: la ciencia territorial de Caldas, que emancipaba al criollo del tutelaje intelectual español, encerraba al mismo tiempo un dispositivo de exclusión interno del que la República no supo salir.
Sería injusto, sin embargo, leerlo solo como ideólogo de esa clausura. Su llamado a producir un mapa detallado y digno del virreinato —una "pintura mágica" que atrajera mentes brillantes y fomentara la industria, la navegación, la educación y la extracción de recursos— tenía un tono genuinamente moderno. Lamentaba el estado incipiente del conocimiento geográfico sobre su tierra natal y proponía remediarlo con una expedición coordinada que sumase disciplinas. Era, en germen, un proyecto de Estado científico, extraordinariamente ambicioso para el marco colonial en que se pensaba.
Independencia: del gabinete al Cuerpo de Ingenieros
Cuando el 20 de julio de 1810 estalló en Santafé la Revolución, Caldas ya estaba adentro, aunque no en primera fila. Los intelectuales del Semanario pasaron, casi de un día para otro, a ser cuadros administrativos y políticos de las nuevas juntas. Caldas se sumó a la causa patriota sin renunciar a su vocación científica: fue vinculado al Cuerpo de Ingenieros Cosmógrafos, y desde allí puso su conocimiento técnico —cartografía militar, cálculo de trayectorias, artillería— al servicio del gobierno revolucionario.
La llamada Patria Boba (1810–1816) partió a la Nueva Granada en dos: de un lado, el centralismo de Antonio Nariño en Cundinamarca; del otro, el federalismo de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, constituidas el 27 de noviembre de 1811 por Antioquia, Cartagena, Pamplona, Neiva y Tunja bajo una Constitución propia. Caldas se alineó con el federalismo. Camilo Torres Tenorio, su coterráneo payanés, encabezó políticamente esa corriente desde el Congreso de las Provincias Unidas, y Caldas fue identificado como uno de los directores de esa política. La guerra civil que enfrentó a centralistas y federalistas —un conflicto armado interno en medio de la lucha contra España— consumió recursos, hombres y años preciosos justo cuando el imperio español, victorioso Fernando VII contra Napoleón, preparaba la reconquista.
De la actuación militar y administrativa concreta de Caldas en esos años queda menos rastro que de su obra científica anterior, en parte porque los archivos se perdieron con la reconquista y en parte porque su figura se profesionalizó en la logística técnica —fortificaciones, planos, instrumentos— más que en el mando de campo. Pero la deriva era clara: el naturalista se había convertido en funcionario de la República, y su nombre estaba en las listas que Morillo llevaría consigo.
1816: el año más negro
Pablo Morillo desembarcó en las costas de Tierra Firme en 1815 al mando de la mayor expedición militar que España hubiera enviado nunca a América. Su misión era la pacificación: restaurar el orden colonial en Venezuela y la Nueva Granada por la fuerza. Cartagena fue el primer gran objetivo. El sitio duró aproximadamente ciento dos días y terminó el 6 de diciembre de 1815 con la caída de la ciudad. Se calcula que la tercera parte de la población cartagenera murió en el asedio, víctima del hambre y las epidemias.
De allí, Morillo remontó el Magdalena. Durante su marcha hacia la capital, en Mompós, hizo ahorcar a varios patriotas y llegó a ordenar la decapitación del cadáver del teniente coronel Fernando Carabaño; un documento atribuido al propio Morillo consigna con frialdad administrativa que "se colocó la cabeza de Fernando Carabaño en un palo". El detalle no es folclor macabro: era método. Morillo entendía que la pacificación se hacía con terror ejemplar, y sus contemporáneos —incluidos historiadores como el venezolano Rafael María Baralt y el chileno Diego Barros Arana— lo describieron como un hombre imperioso, frío y cruel por sistema más que por inclinación. En Venezuela ya se habían realizado en 1815 ventas de bienes confiscados a los insurgentes, y el patrón se repetiría en la Nueva Granada: definición amplia de "insurgente" —líderes, simpatizantes, emigrantes—, confiscación sin debido proceso, centralización de los fondos para financiar la campaña.
Las fuerzas realistas retomaron Santafé en mayo de 1816. En los primeros días de octubre, Morillo daba por terminada la reconquista: los principales reductos independentistas habían caído. Ese año, el más negro de la revolución americana en la Nueva Granada, se instaló en la memoria como el año de las ejecuciones. Horca, decapitación y fusilamiento —lo que el vocabulario oficial llamaba "pacificación"— se aplicaron sistemáticamente contra la élite ilustrada patriota. Cayeron Camilo Torres Tenorio, Jorge Tadeo Lozano, José María Carbonell, Antonio Villavicencio, José María Cabal, Policarpa Salavarrieta. Cayó Caldas.
Su fusilamiento en Santafé, en 1816, cerró de golpe la biografía del sabio y abrió, casi en el mismo instante, la del mito. La sociedad criolla, que lo conocía como director del Observatorio y editor del Semanario, encajó el hecho con una conmoción de la que quedaría testimonio literario cuatro años después: su coterráneo José María Gruesso lo evocó en la Lamentación de Pubén, poema de 1820 al que se atribuye la primera aparición de la palabra "romántico" para describir la naturaleza en la literatura colombiana. La ciencia y el romanticismo, en Colombia, empezaron entrelazados sobre la misma tumba.
La represión fernandina, sin embargo, produjo un efecto que Morillo no había calculado. Al eliminar físicamente a buena parte de la generación ilustrada moderada, forzó a los americanos sobrevivientes a unificar sus esfuerzos hasta entonces dispersos, a buscar el apoyo de los sectores medios de la sociedad y a hacer concesiones al pueblo llano. La guerra que reanudaría Bolívar desde el Orinoco en 1817–1819 sería una guerra distinta a la de la Patria Boba: más popular, más radical, más decidida. En ese sentido macabro, el fusilamiento de Caldas y los suyos aceleró la República que ellos no vieron.
Red: maestros, pares, discípulos, adversarios
La figura de Caldas se entiende mejor sobre el tejido de personas y lugares que la sostuvieron. Su primer maestro decisivo fue José Félix Restrepo, en Popayán, cuya cátedra de filosofía moderna lo empujó hacia la ciencia. Su patrón institucional en Santafé fue José Celestino Mutis, quien lo integró a la Expedición Botánica y le entregó el Observatorio. Sus pares intelectuales fueron Francisco Antonio Zea, José María Cabal y Jorge Tadeo Lozano, con quienes compartió el ambiente de la Expedición y del Semanario, y con Lozano en particular la militancia en la primera República. Camilo Torres Tenorio, su coterráneo, encarnó la traducción política del proyecto ilustrado que Caldas encarnaba científicamente; ambos morirían fusilados el mismo año.
Su gran par internacional —y su gran frustración— fue Alexander von Humboldt. El encuentro en Quito, la propuesta de acompañarlo, el rechazo, y luego la estancia de dos meses de Humboldt y Aimé Bonpland en Bogotá con Mutis, dibujan una geografía asimétrica del reconocimiento: el europeo se llevó la fama y el criollo se quedó con la obra. Sinforoso Mutis, sobrino de don José Celestino, y otros miembros de la Expedición formaron el entorno técnico cotidiano.
Sus adversarios fueron tanto intelectuales como políticos. Contra Cornelius de Pauw peleó por escrito, refutándolo. Contra la escolástica de los dominicos —herencia de las batallas de Mutis por Copérnico— peleó por método. Contra Antonio Nariño y el centralismo bogotano peleó por bando, en la Patria Boba. Contra Pablo Morillo peleó, finalmente, con la vida, y la perdió.
La huella: el "Sabio" y la República centralista
Con Caldas fusilado, sus manuscritos dispersos y su Semanario interrumpido desde 1810, la obra pudo haberse desvanecido en el silencio de la reconquista. No ocurrió. Lo que ocurrió fue una operación de rescate y reconstrucción muy activa, comandada por el nuevo Estado republicano de la Gran Colombia y luego por la Nueva Granada centralista de los años veinte y treinta. Sus textos del Semanario —el Influjo del clima, los llamados a una expedición geográfica coordinada, las descripciones del territorio— fueron descontextualizados, editados y reimpresos repetidamente desde la década de 1820 en adelante. En ese proceso, Caldas se convirtió en "el Sabio": el primer científico de Colombia, el genio patriótico, el mártir de la razón.
La operación no era inocente. La República colombiana necesitaba legitimar una economía política centralizada, la libre circulación de mercancías y la incorporación del conocimiento técnico al gobierno; los escritos de Caldas ofrecían un repertorio perfecto para esas prioridades. La cultura impresa republicana —periódicos oficiales, gacetas, reimpresiones— cinceló de manera indeleble en la memoria nacional, y especialmente entre las élites bogotanas, una versión particular de la Independencia, del republicanismo y del pensamiento ilustrado, con Caldas como una de sus figuras centrales. La imagen del sabio solitario y patriótico, martirizado por el despotismo español y adelantado de la nación futura, desplazó tanto la complejidad de su obra como su inserción colectiva en un proyecto de generación.
Ese mito tuvo, y tiene, consecuencias. Naturalizó la primacía intelectual de Bogotá y de los Andes como sede legítima del saber sobre la nación. Convirtió la geografía criolla ilustrada en fundamento incuestionable del proyecto republicano, sin someter a examen sus exclusiones. Y transformó a un pensador que se había definido por su desconfianza hacia toda autoridad —"mis rodillas no se doblan ante ningún filósofo", había escrito— en autoridad indoblegable él mismo, citado sin discusión.
La historiografía contemporánea ha empezado a desandar ese trabajo. La lectura de Múnera sobre la "república andina" ha reabierto la pregunta por lo que la ciencia territorial de Caldas legitimó tanto como por lo que emancipó. Otras lecturas subrayan, con razón, que la figura póstuma no debería tapar al Caldas real: un criollo de Popayán que hizo ciencia sin biblioteca, construyó instrumentos con sus manos, midió alturas con métodos propios, entendió antes que casi nadie la lógica ecológica de los Andes tropicales, editó la mejor revista científica del virreinato y murió, a los cuarenta y ocho años, fusilado por defender una república que apenas empezaba a existir.
La ambivalencia es su marca. Caldas fue, a la vez, el patriota que Morillo temió y ejecutó, y el ideólogo cuya geografía consagraría la exclusión de las tierras calientes durante más de un siglo. Su ciencia era emancipación frente a España y jerarquía frente a los de abajo, indistintamente. Su martirio abrió el camino a la República independiente y proveyó, al mismo tiempo, el mito con el que esa República se contó a sí misma sin mirar sus propias sombras. Entenderlo exige aceptar esa doble condición: no elegir entre el sabio y el ideólogo, sino verlos como el mismo hombre trabajando en el mismo escritorio, en un país que todavía no existía y que él ayudó a imaginar —para bien y para mal— tal como sería.
Su nombre está hoy en un departamento, en universidades, en calles, en billetes, en el propio Observatorio que dirigió y que aún funciona en el patio del Rosario. Todos esos objetos son la sombra larga de aquel fusilamiento de 1816. Detrás de la sombra hay un hombre concreto que midió montañas con agua hirviendo, se atrevió a contradecir a Buffon desde Popayán y editó un semanario en Santafé porque creía que conocer el territorio era la condición de tener uno propio. Esa creencia lo llevó al patíbulo, y ese patíbulo lo hizo mito. La historia de Colombia sigue leyéndose, en buena medida, sobre el mapa que él trazó.
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Documentos y fragmentos citados
29 documentos · 39 fragmentos01The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Páginas 101, 1042 citas
[1]Anillo, an engineer and mathematician sent from Spain as the vice-royalty's director of public works. 22 The most notable of the upper-class creole scientists who appeared at this time was Francisco José de Caldas of Popayán, who, despite the fact that he worked for a long time in virtually total isolation, managed to…
p. 104
[3]them and were awaiting higher appointments. These young men were more likely to be responsive to the new science than were older men operating according to a long-established routine. It is possible to construct a kind of intellectual genealogy showing how Mutis's influence spread from one student genera- tion to the…
p. 101
02Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · Página 1011 cita
[2]Popayan, infinita como puede sentirse en un desierto o en el huerto de un claustro» La tradicion humanista de Popayan se asegurd primero ‘omo el Seminario Conciliar, 0 ener. inde- pendencia. De alli salieron hombres de ja de Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Ulloa, Joaquin Mosquera, que fue…
p. 101
03El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Páginas 538, 5592 citas
[4]su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…
p. 538
[10]Sema- nario del Nuevo Reino de Granada, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, Bogotá, 1942, vol. ii, pág. 137. 386 Plan, f. 295 r. El subrayado es nuestro. 560 Jíndi Jícídneer Ucnsi Parece que de propósito se ha olvidado la naturaleza, y contentándose con algunas expresiones generales, se fue introduciendo un…
p. 559
04Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 282 citas
[5]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
p. 28
[6]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…
p. 28
05Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 120, 1362 citas
[7]o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…
p. 120
[23]sentim iento incipiente de id en tid a d n eo g ran ad in a antes de finalizar el periodo colonial. El m u ch as veces citado Imagined Com m unities, de Benedict A nderson, sostiene q u e los periódicos del p eriodo colonial tardío, publicados en la N u e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de…
p. 136
06Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 549, 5552 citas
[8]franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…
p. 549
[22]percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…
p. 555
07Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 60, 632 citas
[9]alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…
p. 60
[12]podía y acaso porque tampoco le interesaba; su rebeldía era en esencia contra el método escolástico, contra sus colegas, que sentían exce- siva confianza por los textos de los científicos de ese momento (Newton, Buffon, Montesquieu), sin demostrar antes si lo que se decía en esos textos se confirmaba en la…
p. 63
08Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 1951 cita
[11]un viaje a Quito. El alemán quedó sorprendido de la precisión de los instrumentos del caucano, pero rechazó su pro- puesta de acompañarlo en el viaje que proyectaba por América. Tras perma- necer tres años y medio de estudio e investigación en Ecuador, en 1804 Caldas publicó Viaje de Quito a las costas del océano…
p. 195
09Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Página 1101 cita
[13]de las plantas, una perspec- tiva que ciertamente adquirié durante sus viajes por el Cauca y el Ecuador y, sobre todo, cuando insistid en la urgencia de realizar una expedicion «geogra- fica 0 econdémica», con la cooperacién simultanea de astronomos, botanicos, mineralogistas, zodlo- gos, economistas y unos cuantos…
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10Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · Página 151 cita
[14]más desesperanzadoras expectativas aún suelen escucharse en algunos rincones de ella. La región andina es un término que se ha considerado como ampliamente arbitrario y que acoge una enorme variedad de ecosistemas agrupados en una clasificación más social que natural. No obstante, podemos destacar de ella algunos…
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11Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 1381 cita
[15]dio más tiempo para ir a presentar sus respetos al hombre por el que había desviado su camino: José Celestino Mutis. La visita se alargó por dos meses. Mutis deleitaba a Humboldt con sus historias de Guatavita y las leyendas de El Dorado; con el recuento acerca de las dificultades técnicas de la extracción de sal en…
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12La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · Páginas 105, 1102 citas
[16]hoy es universal en Europa. La historia, sus usos económicos, médicos, dietéticos se presentarán en nuestro idioma en utilidad del común. De este modo se ha reunido la comodidad de los sabios y del vulgo. Acordándonos que Nommen genericum ut pote non necessario significans arbitrarium ideo dare potest; que el 111 Lfi…
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[17]que el alojamiento y las facilidades ofrecidas en Bogotá y a lo largo de la ruta. De las 142 especies tratadas en los dos tomos de las Plantas equinocciales, cerca de treinta pertenecían sin duda a la Flora de Bogotá. Por su aporte al conocimiento de la flora colombiana, ocupan lugar destacado en la historia de la…
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13Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 801 cita
[18]primero que enseñó entre no- sotros el sistema de Copérnico, mirado como herejía por los frailes de la Colonia, los que no admitían que la tierra tuviera movimiento alguno. Sostuvo correspondencia con Linné, y este sabio le de- dicó varias plantas, conocida una con el nombre de mutisia, e hizo circular en el mundo…
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14Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Páginas 48, 522 citas
[19]coastlines, and territories. At the time of his writing, Caldas lamented that geographic knowledge about his place of birth was in its infancy. He argued no expense should be spared to ensure the production of a stately, dignified, detailed map, a “magic painting” that would attract the brightest minds and foment…
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[21]8:31:09 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Gran Colombian Print Culture 34 under the Spanish Crown to legitimate a centralized Colombian political economy that could most effectively extricate natural wealth. They went further by criticizing any attempts by…
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15Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 2791 cita
[20]ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…
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16Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Páginas 29, 542 citas
[24](1942) "Relación territorial de la provincia de Pamplona". En: Semanario del Nuevo Reino de Granada. 3 volúmenes. Bogotá: Editorial Kelly, 2.. (1810) (Memoria 2) Sobre las causas, y curación de los cotos. Bogotá: Colección Biblioteca Nacional. Fernández Madrid, José. (1810) (Memoria 6) Sobre la naturaleza, causas y…
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[26]Caldas a los denigradores de América no se dirigía a la noción de "un imperio ilimitado del clima", sino a s u s generalizaciones sobre los climas y hombres americanos de las cuales los criollos salían tan mal librados, ya fuera por la aseveración sobre la inferioridad del lugar geográfico de su nacimiento, planteada…
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17Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 301 cita
[25]publicarían todas las semanas, en un pliego de a folio, esta "GAZETA MINIS TERIAL". También indicaban que el precio de la suscripción por año, para los lectores de la capital, sería de diez pesos y de trece para los de las provincias. El notable historiador santandereano Dr. Gustavo Otero Muñoz, nada dice sobre la…
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18Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 801 cita
[27]la osadía. De acuerdo con Alfonso Múnera: 58 Caldas, “El influjo”, 143. 81 Amada Carolina Pérez Benavides Caldas interpretó el territorio y los habitantes del virreinato desde una postura meto- dológica que le permitió identificar y hacer comprensible la geografía de los Andes como el área de la civilización y el…
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19Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 691 cita
[28]También ha interpretado equivocadamente el señor Samper la actitud política de Antonio Nariño. Oigámoslo: «Es incuestionable que cuando Nariño publicaba los Dere- chos del Hombre, a fines del siglo pasado, y conspiraba con otros criollos neogranadinos, por el anhelo de ver emancipada a su patria, pensaba y obraba como…
p. 69
20Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 4221 cita
[29]Constitución de Cundinamarca. 40 14 de junio: Antonio Nariño lanza su periódico La Bagatela. 41 19 de septiembre: Lozano es depuesto. Nariño asume la presidencia de Cundinamarca. 42 Octubre: Reunión de un nuevo Congreso de las Provincias Unidas de Nueva Granada. 43 11 de noviembre: Cartagena declara su independencia…
p. 422
21Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 4221 cita
[30]Constitución de Cundinamarca. 40 14 de junio: Antonio Nariño lanza su periódico La Bagatela. 41 19 de septiembre: Lozano es depuesto. Nariño asume la presidencia de Cundinamarca. 42 Octubre: Reunión de un nuevo Congreso de las Provincias Unidas de Nueva Granada. 43 11 de noviembre: Cartagena declara su independencia…
p. 422
22Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 251 cita
[31]Jose Celestino Mutis leads expedition to search out and describe all botanical species in viceroyalty. 1 794 Antonio Narino is arrested and convicted of sedition for having printed a Spanish translation of the French "Declaration of the Rights of Man and Citizen." 1 808 Abdication of Ferdinand VII, under pressure of…
p. 25
23Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · Páginas 34, 1152 citas
[32]compuesto por representantes de las provincias de Antioquia, Cartagena, Casanare, Chocéd, Cundinamarca, Neiva, Pamplona, Socorro y Tunja, adopté el sistema fe- deral y comisioné a su presidente, el doctor Camilo Torres, para redactar una constitucién basada en la de los Estados Unidos de América. El acta o pac- to de…
p. 34
[35]Hhhong (ss * i presidente de las Provincias Unidas de Nueva Gra- “ ti: nada, Camilo Torres. Morillo volvid a Venezuela de- jando al pais en aparente sumision. La represion fernandina estuvo en el origen de un cambio profundo en la contienda civil, pues forz6 a los americanos a unificar sus esfuerzos, hasta entonces…
p. 115
24¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 511 cita
[33]biern o esp a ñ o l y fue c a ptu ra d o en 1814 p or l a s guerrill a s de indígen a s, neg r os y mestiz o s qu e defendí a n l o s a lre d ed or es d e P a st o. Con el rest a blecimiento d e 99 ¿Otra historia de Colombia? Fernando VII en el trono, el movimiento realista se fortaleció aún más, al enviar a Venezuela…
p. 51
25Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 611 cita
[34]conjunto de leyes podemos rescatar algunos de sus artículos que se orientan al mantenimiento de las propiedades secuestradas. Mediante los procedimientos de secuestros, el Virreinato de Nueva Granada y su capital Santafé de Bogotá se convirtieron en la región administrativa de mayor fortaleza para la “pacificación”,…
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26La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · Página 831 cita
[36]regiones más extensas e importantes, el Caribe colombiano y el Cauca grande, en manos de los españoles y vastos territorios, más de dos tercios, en manos de nadie. Uno puede imaginarse el rostro con el que Cartagena recibió al triunfante Morillo y su ejército de reconquista el 6 de diciembre de 1815, luego de todo un…
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27Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · Página 1031 cita
[37]102 En lo moral era un hombre imperioso y frío, cruel por sistema más que por inclinación, con arranques espontáneos de franqueza y aun de generosidad in- termitente, pero desconfiado y sujeto a accesos de ira que lo ponían fuera de sí 36. El chileno Diego Barros Arana refiere que es- tando Morillo en Mompós, a…
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28En defensa de mi raza y otros textosManuel Quintín Lame Chantre · 2017 · Página 451 cita
[38]escriben sobre las inmensas playas del Arén mostrando su ímpetu, en medio de la oración que desencadenó ese dios de la ins- piración allá en esas praderas donde cruza el Águila de la psicología contemplando el palacio donde se engendra el pensamiento del hombre, para tomar el nombre del Gi- gante del pensamiento del…
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29Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · Página 1101 cita
[39]hanging, decapitation and shooting, cynically described as ‘pacification’, while peasants were herded into labour gangs to turn the colony into a supply base for Morillo’s army. The year 1816 was the blackest year of the American revolution, the year of the gallows in New Granada and of reaction and retribution…
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