Salvador Rizo Blanco
Pre-independencia
1762–1816
La biografía
Salvador Rizo Blanco (Mompox, c. 1762 – Santafé de Bogotá, 1816) fue mayordomo, tesorero y jefe del taller de pintores de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. Bajo esa designación administrativa aparentemente modesta se esconde el eje operativo de la empresa científica más ambiciosa de la Ilustración neogranadina: quien reclutó y disciplinó a los diecinueve dibujantes que produjeron el archivo botánico más extenso de la América hispana, quien administró los caudales enviados por la Corona borbónica y quien —por esa misma posición de bisagra entre José Celestino Mutis y la naciente sociabilidad criolla ilustrada— terminó fusilado por Pablo Morillo en la ola represiva de la Reconquista. Su nombre se pronuncia hoy en la sombra alargada de Mutis y de Caldas, pero cualquier reconstrucción de cómo se hizo la ciencia en la Nueva Granada tardocolonial pasa por su despacho, por su libro de cuentas y por el taller de láminas del que fue capataz durante casi tres décadas.
Línea de vida
- 1783
Incorporación a la Real Expedición Botánica
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Cuando la Expedición fue organizada el 1 de abril de 1783 e inaugurada oficialmente el 27 de abril en la Mesa de Juan Díaz (Mariquita), Rizo se integró primero como pintor y luego como coordinador del taller de láminas, ascendiendo progresivamente hasta ocupar la posición de mayordomo-tesorero bajo la dirección de José Celestino Mutis.
- 1791
Traslado y reorganización del taller en Santafé de Bogotá
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A comienzos de la década de 1790, Rizo fue pieza central del traslado de la sede de la Expedición a la capital virreinal, reordenando el archivo, reubicando a los diecinueve pintores y ajustando los flujos de suministro, convirtiendo la institución en un referente urbano y social de la Ilustración neogranadina.
- 1800
Gestión del taller en su etapa de mayor producción
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Durante los años 1800, Rizo administró el taller en su momento de mayor escala: coordinó a diecinueve dibujantes de origen neogranadino y quiteño, gestionó conflictos internos —como la salida del pintor José María Espinosa por consejo de Mutis—, supervisó la producción del archivo iconográfico más extenso de la América hispana y produjo retratos canónicos del propio Mutis.
- 1810
Posición de bisagra en la politización criolla
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En el contexto del 20 de julio de 1810 y la formación de la junta de gobierno en Santafé, Rizo ocupaba el centro operativo de la red de sociabilidad criolla ilustrada articulada en torno a la Expedición, controlando los libros, distribuyendo sueldos y siendo parte del entorno de Mutis, Caldas y otros próceres del criollismo científico.
- 1816
Fusilamiento durante la Reconquista española
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Tras la clausura de la Expedición Botánica en 1816 durante la Reconquista de Pablo Morillo, Rizo fue ejecutado en Santafé de Bogotá como parte de la represión sistemática contra los criollos ilustrados vinculados al movimiento independentista, víctima de los Consejos de Guerra establecidos por el régimen restaurador.
De Mompox al despacho de Mutis
Rizo nació hacia 1762 en Mompox, la villa ribereña que en la segunda mitad del siglo XVIII era, tras Cartagena, el punto neurálgico de la circulación mercantil del bajo Magdalena. Su padre, del mismo nombre, aparece asociado al comercio y a la administración local en la villa, y de ese medio urbano y letrado —no señorial, pero sí instruido— proviene la combinación de destrezas que definirá al hijo: caligrafía firme, aritmética contable, sensibilidad artística temprana y la disposición práctica de quien creció viendo pasar mercancías, oficiales y órdenes reales por un puerto interior.
Mompox importa aquí por algo más que por ser cuna. Era una ciudad donde el criollismo ilustrado y el pardo instruido se rozaban sin fundirse, donde las fortunas comerciales financiaban capillas y donde la vida artesanal —herreros, plateros, imagineros— sostenía una cultura material sofisticada. En esa villa se ejercitaban simultáneamente el trazo del imaginero, la letra del escribano y el cálculo del comerciante; era un lugar donde un joven con aptitud podía adquirir, sin plan preconcebido, un repertorio de oficios híbrido. Rizo llegó a Santafé —o a la Mariquita donde Mutis instaló la Expedición en sus primeros años— formado en esa mezcla: no era un pintor académico salido de un taller quiteño ni un letrado de colegio mayor, sino un hombre de oficios múltiples cuya utilidad para Mutis fue precisamente su versatilidad.
El vínculo con José Celestino Mutis, el médico gaditano que había llegado a Santa Fe en 1761 como facultativo del virrey Pedro Messía de la Cerda, se consolidó en la primera década de vida de la Expedición. Mutis, ya sexagenario cuando empezó la empresa, necesitaba a alguien que le liberara del gobierno cotidiano de una institución de gran escala: pagos a dibujantes, compra de papel y pigmentos, logística de las excursiones herborizadoras, custodia de los pliegos secos, correspondencia con la Corte. Rizo asumió esas funciones y las convirtió en oficio. En los papeles internos figura como "mayordomo", una palabra que hoy suena a servidumbre y que entonces significaba, en rigor, administrador general. La distancia entre el uso actual y el uso dieciochesco del término es en sí misma un índice de cómo la posteridad ha empequeñecido su figura.
La Expedición como taller
La Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada fue organizada el 1 de abril de 1783 bajo la dirección de Mutis, e inaugurada oficialmente el 27 de abril del mismo año en la Mesa de Juan Díaz, en la provincia de Mariquita. La estructura inicial contemplaba a Eloy Valenzuela como subdirector, a Antonio García del Campo como pintor y a los auxiliares Luis Esteban y Roque Gutiérrez. La empresa se inscribía en el gran movimiento de exploración científica impulsado por Carlos III, que en las décadas anteriores había enviado la Expedición al Orinoco (1754-1761), la Real Comisión de Guantánamo (1769-1802) y la Expedición Botánica al Virreinato del Perú (iniciada en 1777). El objetivo declarado era describir el Nuevo Mundo con la taxonomía linneana; el tácito, aprovechable, era inventariar los recursos vegetales cuyo rendimiento —quinas, canelas, tintes, maderas— podía apuntalar la economía imperial.
En esta arquitectura, Rizo entró primero como pintor y luego como coordinador del taller de láminas. Fue ascendiendo hasta ocupar la posición de mayordomo-tesorero: el hombre que firmaba libramientos, custodiaba llaves y respondía ante Mutis por la marcha material del proyecto. Cuando la sede se trasladó a Santafé de Bogotá, a comienzos de la década de 1790, Rizo fue pieza central de la mudanza y de la reorganización del taller en la capital virreinal, donde la Expedición terminó de convertirse en institución urbana y social además de científica. El paso de Mariquita a Santafé no fue una simple mudanza logística: implicó reordenar el archivo, reubicar a los pintores, ajustar los flujos de suministro y renegociar la posición institucional de la empresa frente al virreinato. Todo eso pasó por manos de Rizo.
Lo distintivo de la Expedición neogranadina, comparada con sus hermanas peruana y novohispana, fue la escala del cuerpo de dibujantes. Mientras las expediciones a México y al Perú contaron con dos pintores cada una, la de Mutis llegó a agrupar a diecinueve. Esa hipertrofia iconográfica —el archivo mutisiano se cuenta hoy por miles de láminas— no fue accidental: fue una decisión de Mutis y una ejecución de Rizo. Reclutar, alojar, pagar, disciplinar y coordinar a diecinueve artistas simultáneos, con distintos orígenes regionales, distintas escuelas de formación y distinta sujeción contractual, era una empresa administrativa de complejidad considerable, y ese fue el corazón del oficio de Rizo durante más de veinte años.
Los pintores: dos escuelas bajo un mismo techo
La composición del taller es la clave para entender por qué la Expedición fue algo más que una oficina científica y por qué su capataz terminó siendo políticamente legible para el régimen restaurador.
Los diecinueve dibujantes se dividían, a grandes rasgos, en dos vertientes. Por un lado, artistas neogranadinos formados localmente, entre ellos figuras como Francisco Javier Matís, que llegó a ser considerado uno de los grandes miniaturistas botánicos del continente. Por otro, un contingente de pintores quiteños que Mutis atrajo aprovechando la incorporación de la Audiencia de Quito al Virreinato de la Nueva Granada. Quito, foco artístico de larga tradición, arrastraba un prestigio pictórico y escultórico basado en la minuciosidad, los colores brillantes, las líneas sinuosas y una acumulación de motivos decorativos asociados a una impronta rococó más marcada que la de la capital virreinal. Varios de esos jóvenes eran hijos o discípulos de maestros consagrados —los hijos de José Cortés, por ejemplo, se habían formado en el taller paterno— y llegaron a Santafé sin experiencia previa en iconografía botánica: su repertorio era la pintura religiosa, las tallas policromadas, la ornamentación arquitectónica.
Convertir a esos artesanos, formados en la representación devocional, en ilustradores linneanos capaces de dibujar con exactitud una umbela o la nervadura de una hoja fue una obra pedagógica sostenida. Mutis fijaba el patrón —proporciones, convenciones taxonómicas, códigos de color—; Rizo lo hacía cumplir. Fue en su despacho, y bajo su ojo, donde la minuciosidad quiteña se domesticó al servicio del sistema sexual de Linneo: los colores brillantes que en un San Miguel iluminaban un manto pasaron a distinguir corolas y estambres; las líneas sinuosas que trazaban rostros angélicos pasaron a describir zarcillos y raíces.
La composición del taller tenía también una geografía política. La influencia artística quiteña se extendía por el sur de la actual Colombia —Popayán, Pasto, Cali, Buga—, mientras el norte y el centro se nutrían de tradiciones neogranadinas. Rizo administraba un microcosmos regional: bajo su firma trabajaban hombres de Quito y de la Sabana, de Popayán y del Magdalena, de origen artesanal y de origen menor-criollo, cuyas trayectorias personales cruzaban un territorio que la Expedición estaba, literalmente, cartografiando en sus láminas. Convivían en un mismo local escuelas pictóricas que en la calle rara vez se cruzaban, y la coexistencia diaria exigía una coordinación que iba mucho más allá del reparto de encargos: horarios comunes, tarifas equiparables, jerarquías internas capaces de amortiguar los agravios de una escuela contra otra.
La disciplina del taller
Un taller de diecinueve personas trabajando en régimen de larga duración produce, inevitablemente, fricciones. Se conserva al menos un episodio revelador: en una crisis interna, Mutis aconsejó a Rizo dejar que abandonara la Expedición el pintor santafereño José María Espinosa, cuya presencia había causado más problemas de los que resolvía dentro de la comunidad de artistas. La escena es breve pero definitoria del vínculo entre director y mayordomo: Mutis no interviene directamente sobre el pintor problemático; delega en Rizo la gestión del conflicto y le indica la salida. Rizo no es un ejecutor ciego, sino un interlocutor a quien el sabio le confía decisiones de personal.
Esta disciplina —selectiva, personal, atenta a temperamentos— produjo un resultado material extraordinario. El archivo iconográfico mutisiano, conservado hoy en su mayor parte en el Real Jardín Botánico de Madrid tras ser transportado a España en 1817, es una de las series de láminas botánicas más grandes del mundo y la mayor producida por una expedición ilustrada en América. Cada una de esas láminas pasó, en algún momento, por la supervisión de Rizo: por su ojo administrativo antes que artístico, por su firma de recibo, por su libro de cuentas.
Rizo, además, era él mismo pintor y llegó a producir imagen de otro registro. Se le atribuyen retratos del propio Mutis, entre ellos las representaciones canónicas que fijaron para la posteridad el rostro del director —el hombre de sotana, ojos alertas, mano sobre un pliego botánico— que hoy circula en manuales y billetes. Que el retratista oficial de Mutis fuera su mayordomo es un detalle revelador: el vínculo entre ambos combinaba trabajo administrativo, colaboración científica y una intimidad iconográfica que la relación estrictamente jerárquica no explica.
Bajo la sombra de la Ilustración borbónica
La Expedición no era una empresa neutra. Nació en el momento álgido de la política ilustrada de Carlos III y siguió operando bajo Carlos IV y Fernando VII gracias a la protección continuada de los virreyes. Uno de sus grandes valedores fue el arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora, quien había defendido a Mutis frente a los dominicos que intentaron expulsarlo por enseñar el sistema copernicano y quien vio en la ciencia natural un instrumento de gobierno. La supervivencia institucional de la Expedición a través de tres reinados y de varias vacantes virreinales tiene aquí una de sus explicaciones: el respaldo político no fue nunca automático, sino que hubo que negociarlo, y ese trabajo cotidiano de sostenimiento burocrático recaía en buena medida sobre el despacho del mayordomo.
El clima intelectual en el que Rizo maduró como funcionario cultural estaba definido por una tensión que atravesó la segunda mitad del siglo XVIII neogranadino: la filosofía escolástica que dominaba en universidades y colegios frente a la nueva ciencia natural cuyos partidarios buscaban reformar los planes de estudio. Mutis fue uno de los polos de esa disputa; su casa, su gabinete y —por extensión— el taller de Rizo, uno de sus escenarios.
Rizo no fue un teórico ni un polemista, pero vivió durante décadas en el centro material de ese debate. El taller de la Expedición era, en sentido concreto, un espacio donde la ciencia moderna se producía cotidianamente: se secaban pliegos, se clasificaban por familias linneanas, se pintaban láminas con exactitud taxonómica. Cada jornada de trabajo era una impugnación práctica de la escolástica, aunque nadie la formulara así. Los pintores quiteños que copiaban antes vírgenes ahora dibujaban órganos florales; los caudales que la Corona giraba desde Madrid financiaban un conocimiento que iba formando, casi de contrabando, a una generación de criollos capaces de mirar su territorio con ojos nuevos.
Esa formación no premeditada es central. La Corona borbónica pagaba la Expedición porque quería saber qué recursos poseía en el Virreinato; los criollos que trabajaban en ella iban aprendiendo, en el proceso, que el territorio era suyo antes que del rey. La Expedición generó una red de discipulado: Mutis mentoreó a Francisco José de Caldas, quien a su vez, entre 1808 y 1810, formó a jóvenes criollos a través del Semanario del Nuevo Reino de Granada. Y en el centro operativo de esa red —controlando los libros, distribuyendo los sueldos, decidiendo quién entraba al taller y quién no— estaba Rizo. Que la formación del criollismo científico ocurriera dentro de una institución financiada por la propia Corona es una de las paradojas del período, y esa paradoja se materializaba en los pagos que Rizo firmaba mes a mes.
La red de sociabilidad
Los años 1800 fueron, para la élite ilustrada de Santafé, un período de creciente politización. La Expedición, financiada por la Corona, se había vuelto también un lugar de conversación entre hombres que administraban a diario los materiales del imperio y empezaban a pensar contra él. Alrededor de Mutis, y por tanto de Rizo, se anudó una sociabilidad urbana —tertulias, correspondencia, préstamos de libros, colaboración en observaciones astronómicas y botánicas— sostenida por un puñado de publicaciones. El Papel Periódico de Santafé, patrocinado virreinalmente, había circulado desde 1791 entre funcionarios reales y criollos ilustrados; el Semanario del Nuevo Reino de Granada, editado por Caldas a partir de 1808, era ya otra cosa: más científico, más agudo, más territorial. Esa red constituyó el sustrato humano del movimiento del 20 de julio de 1810.
Rizo estaba dentro de esa sociabilidad. No era autor de artículos ni figura de tertulia declarada, pero su despacho era un lugar por donde pasaban Mutis, Caldas, Sinforoso Mutis (sobrino del director), Francisco Javier Matís y, más lateralmente, hombres como Antonio Nariño, cuyo destino político lo llevó por caminos distintos pero cuyo mundo intelectual era el mismo. La posición de Rizo en esa red no era la del pensador ni la del agitador: era la del administrador de un espacio compartido, y esa función —invisible en los periódicos, densísima en la práctica— tiene un peso propio. Sin quien pagara los pliegos y ordenara las horas, no había ni láminas ni tertulia.
El 20 de julio y la Primera República
El 20 de julio de 1810 se constituyó en Santafé una junta de gobierno que asumió provisionalmente la autoridad reconociendo aún a Fernando VII como rey legítimo. El plan había sido concebido y conocido solo por un grupo reducido de dirigentes; la masa del pueblo no tenía conocimiento previo. El virrey Antonio Amar y Borbón —calificado luego de pusilánime por no haber ordenado la represión militar, aunque hay quien sostiene que el ejército tampoco habría actuado— fue nombrado presidente nominal de una junta que rápidamente lo desplazó. José Acevedo y Gómez redactó el acta firmada al amanecer del 21 de julio.
Rizo, ya cincuentón, tenía a esas alturas cerca de tres décadas de servicio en la Expedición y una posición reconocida en el Santafé ilustrado. Su alineamiento con el gobierno criollo es inequívoco por lo que vino después. En los años de la Primera República (1810-1816), la llamada Patria Boba, la Expedición Botánica no fue clausurada; continuó operando con dificultades crecientes bajo la autoridad de los sucesivos gobiernos criollos, y Rizo siguió al frente de sus asuntos materiales.
Rizo no fue un dirigente político de primera fila, ni un ideólogo del proceso independentista, ni un cabecilla militar. Fue un funcionario que continuó siendo funcionario cuando el régimen que lo empleaba cambió de manos: siguió administrando la Expedición para los criollos como antes lo había hecho para el virrey. Esa continuidad tuvo un precio.
La Reconquista
En 1815, tras la derrota de Napoleón y la restauración de Fernando VII en el trono, la Corona envió una expedición militar de reconquista al mando del general Pablo Morillo. Las tropas entraron a Cartagena el 6 de diciembre de 1815 encontrando cadáveres en las calles, ruina generalizada y una población diezmada que había perdido más de un tercio de sus habitantes durante el sitio. Desde ese punto de apoyo, Morillo remontó el Magdalena y completó la reconquista neogranadina en los primeros días de octubre de 1816, tras una campaña rápida que derrotó a los principales reductos independentistas. Las fuerzas realistas habían retomado Santa Fe ya en mayo de 1816.
La represión que siguió fue sistemática y burocrática. Morillo estableció al menos tres instituciones para procesar a los patriotas: el Consejo de Purificación, encargado de examinar la lealtad de los desafectos; las Juntas de Secuestros, que incautaban los bienes de los acusados de traición; y los Consejos de Guerra, que imponían la pena capital a quienes eran acusados de rebelión. Los recursos económicos del ejército expedicionario dependieron en parte de la administración centralizada de la tesorería militar, que recaudó los ingresos del Consejo de Purificación y de la Junta de Secuestros. El Archivo General de la Nación conserva las secciones documentales Purificaciones y Secuestros —tomos que testimonian, con nombre y apellido, la maquinaria de la restauración.
Morillo fue caracterizado como cruel por sistema más que por inclinación. En su marcha hacia la capital, estando en Mompox —la villa natal de Rizo—, hizo ahorcar a varios patriotas y llegó a ordenar la decapitación del cadáver del teniente coronel Fernando Carabaño. El propio Morillo lo confirmó en un documento conservado: "se colocó la cabeza de Fernando Carabaño en un palo". La violencia de la Reconquista no fue accidental ni pasional; fue política de Estado.
Salvador Rizo fue detenido, procesado por un Consejo de Guerra y fusilado en Santafé de Bogotá en 1816, en el mismo ciclo de ejecuciones que segó, entre muchos otros, la vida de Camilo Torres Tenorio, de Francisco José de Caldas y de buena parte de la élite ilustrada neogranadina. Murió, en rigor, por lo que había sido durante treinta años: el hombre que hacía funcionar la Expedición Botánica.
Naturaleza de su ejecución
El fusilamiento de Rizo no fue el castigo a un conspirador de primera línea ni el silenciamiento de un ideólogo peligroso. Los Consejos de Guerra de Morillo no distinguían con finura entre gestores culturales, funcionarios civiles, oficiales militares y dirigentes políticos: quien había servido al gobierno criollo, quien había firmado documentos, quien había cobrado sueldos de la tesorería de la Patria Boba, era candidato a la horca o al fusilamiento. Rizo había firmado durante seis años recibos, órdenes de pago y correspondencia oficial en nombre de una administración que la Corona restaurada consideraba rebelde. Con eso bastaba.
La ejecución se inscribe además en el desmantelamiento material de la Expedición. En 1817, tras la muerte de Rizo, los pliegos, las láminas y los libros de cuentas se enviaron a Madrid, donde permanecieron encajonados durante generaciones. El archivo iconográfico se conservó; la comunidad que lo había producido fue dispersada, encarcelada o ejecutada. El destino paralelo del archivo y de sus operarios —el primero embarcado hacia la metrópoli, los segundos fusilados o proscritos— ilustra el modo en que la Reconquista trató la herencia científica neogranadina: preservó los objetos y suprimió a las personas que los habían generado.
Memoria posterior
La memoria posterior de Rizo es tenue. La construcción del panteón patriótico colombiano durante el siglo XIX privilegió a los mártires con figura pública inequívoca —Camilo Torres, Caldas, Antonio Villavicencio, Policarpa Salavarrieta— y a los libertadores victoriosos. La historiografía decimonónica se centró en las acciones de los héroes epónimos de la Independencia y participó activamente en la creación de la institucionalidad estatal, enfatizando la unidad nacional. En esa narrativa, la figura del mayordomo-tesorero no tenía un lugar retórico obvio. Rizo no había firmado el acta del 20 de julio, no había redactado manifiestos, no había mandado tropas.
La figura de Caldas, en cambio, fue reelaborada en los años 1820 como el "genio patriótico" que propugnaba la libre circulación de mercancías y conocimiento técnico que necesitaba la joven República; sus escritos originales fueron descontextualizados, editados y reimpresos con propósitos políticos, en el marco de la construcción del Estado grancolombiano por parte del llamado Partido de Libertadores en el que militaba, entre otros, José Manuel Restrepo. La operación de memoria fue selectiva: consagró a los que podían ser convertidos en símbolos utilizables y dejó en penumbra a los que —como Rizo— habían sido indispensables sin haber sido protagónicos.
El siglo XX rescató parcialmente su nombre a través de la historia de la Expedición Botánica y del culto a Mutis. Cuando el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior y otras instituciones culturales revisaron el legado de la Ilustración neogranadina, Rizo empezó a aparecer no ya como sombra sino como colaborador de peso propio. Su papel en la formación del taller de pintores, su labor administrativa y sus retratos de Mutis entraron al canon de la historia cultural del período. Aun así, en la iconografía popular de la Expedición tiende a figurar como una silueta al lado del sabio: nombre citado, biografía apenas dibujada.
Restituirle su volumen exige mirar la Expedición no como el logro individual de un hombre —Mutis— sino como una institución compleja, con su cuerpo técnico, su administración, sus artesanos y su geografía interna. En esa institución, Rizo fue operador, articulador y, finalmente, uno de los primeros nombres borrados por la restauración. Su fecha de muerte —1816, en Santafé, ante un pelotón realista— y su cargo —mayordomo y tesorero de la Real Expedición Botánica— bastan para situarlo en el mapa de la ciencia y la política neogranadinas de finales del período colonial.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
27 documentos · 35 fragmentos01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 91, 1082 citas
[1]alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…
p. 91
[22]julio de 1810, que asumió el gobierno en nombre de Fernando El 20 desulio de 1810. Ñ Firma del Acta de Independencia en el cabil- do de Santafé, el 20 de Julio de 1810, óleo de Coriolano Leudo. En el Acta se reconocía a Fernando VII como legítimo rey de España. VII. En El Socorro, por su parte, fue el pueblo el que…
p. 108
02Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Páginas 36, 48, 533 citas
[2]innovación y experimen- tación. La desarrolló únicamente con los recursos que obtuvo de sus distintas disciplinas: médico, mineralogista y profesor. Tuvo un solo pintor de santos, monjas y más adelante, virreyes, Pablo Antonio García del Campo, y alguno que otro ocasional. Este período duró desde 1760 hasta 1783. La…
p. 48
[3]laborioso e instruido en la ciencia natural» 15. Cuando a Mutis le roban el descubrimiento de los árboles de quina, es a Suecia y no a España donde acude en busca de auxilio. La extensa biblioteca de Mutis, que abarcaba todos los aspectos de la cultura, historia, literatura, geografía, matemá- ticas y botánica,…
p. 36
[5]santafereño, José María Espinosa. Dentro de la comunidad de artistas fue el que causó más proble- mas hasta el punto que Mutis le aconsejó a Rizo, en un momento de crisis, que lo dejara abandonar la Expedición. Donde Mutis pudo modelar su escuela de iconos botá- nicos fue con los quiteños. Los jóvenes, en su gran…
p. 53
03Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 1781 cita
[4]taxonómica de la naturaleza, era una estructura del conocimiento que daba más prioridad al orden, a través de la mediday la composición de series jerárquicas. Conocer significaba discriminar, y esta disaiminación tenía lugar a través de la separación de interminables parecidos en dos grupos: de u n a parte, las…
p. 178
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 463, 5492 citas
[6]nica, como buen criollo al servicio de la alta sociedad local, Guti é rrez recoge sin embargo, tal 482 LAS ARTES PLASTICAS DURANTE EL PER Í ODO COLONIAL vez inconscientemente, aspectos de la tradici ó n mestiza, y mezcla todo en unos retratos con “ pose ” oficial dieciochesca de figuras planas cargadas de elementos…
p. 463
[12]franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…
p. 549
05Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · Página 491 cita
[7]caer una flor y la des- petala, los quiteños y los cuzqueños acumulan cien y las densifican. Concebida en tal forma, esta decoración re- sulta profundamente americana; se liga a la decoración precolombina, alucinada por la reiteración sin fin de un 50 Míndí Tníií mismo motivo, a la asfixia decorativa y al sentido…
p. 49
06Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 2331 cita
[8]marcan aproximada- mente los años 1740 y 1820 y se localiza sobre todo en la capital del Virreinato, Santa Fe de Bogotá. Este gusto, más europeo que propiamente español, se manifestó sobre todo en el mobiliario y en la decoración o en aspectos accesorios y ornamentales de las pinturas y esculturas, pues seguía la…
p. 233
07Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1201 cita
[9]o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…
p. 120
08Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 282 citas
[10]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…
p. 28
[11]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
p. 28
09Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 601 cita
[13]alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…
p. 60
10El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Páginas 538, 5592 citas
[14]su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…
p. 538
[15]Sema- nario del Nuevo Reino de Granada, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, Bogotá, 1942, vol. ii, pág. 137. 386 Plan, f. 295 r. El subrayado es nuestro. 560 Jíndi Jícídneer Ucnsi Parece que de propósito se ha olvidado la naturaleza, y contentándose con algunas expresiones generales, se fue introduciendo un…
p. 559
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1691 cita
[16]en duda el viejo orden social y político, sino también los preceptos de la fe que regían hasta entonces, para establecer métodos de investigación más objetivos y, si pudiera decirse, científicos. Parale- lamente al racionalismo de Descar- tes se instaura, principalmente en Inglaterra, el empirismo, cuyos mayores…
p. 169
12The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Página 2901 cita
[17]out-of- the-way places as Chire and Pore, in the Casanare region, and Carnicerías, in the upper reaches of the Magdalena River, were also represented. The viceregally sponsored Papel Periódico, which was more rhetorical and less seriously scientific than the Semanario, had at least 147 subscribers in its first year,…
p. 290
13Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 2511 cita
[18]en nuestra patria. Alcance social: por primera vez se habla en nuestro país de soberanía del pueblo; el pueblo confiere a Amar el cargo de presidente de la junta; cambió la condición de la raza indígena y de los criollos. Los hijos de este suelo pudieron aspirar a los elevados cargos. Alcance económico: dado que esta…
p. 251
14Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · Página 342 citas
[19]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…
p. 34
[20]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…
p. 34
15Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 371 cita
[21]it was clear—and the vice- roy knew it—that the army would not act against the demonstrators. The plan worked: a junta was organized. At dawn on July 21, 1810, a document was signed that Colombians now refer to as their act of independence. Written by José Acevedo y Gómez, the act made clear the purposes and direction…
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16Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · Página 2651 cita
[23]marca el punto de partida para lograr el progreso y felicidad de estas ricas comarcas. La re- lación fiel e imparcial de la revolución del 20 de julio y de la Guerra de la Independencia, debería ponerse en manos de nuestros hijos y ser su primer estudio después de la religión y la moral; porque ciertamente, después…
p. 265
17Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 6051 cita
[24]de Alzaga, son actos cívicos tan importantes —política- mente, mucho más— que la formación de una Junta el 25 de mayo del año x». Ya en una vieja y muy conocida obra de Esteban Echeverría, el Dogma socialista, se pueden leer las siguientes frases: «La fórmula única, definitiva, 606 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc…
p. 605
18La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · Página 831 cita
[25]regiones más extensas e importantes, el Caribe colombiano y el Cauca grande, en manos de los españoles y vastos territorios, más de dos tercios, en manos de nadie. Uno puede imaginarse el rostro con el que Cartagena recibió al triunfante Morillo y su ejército de reconquista el 6 de diciembre de 1815, luego de todo un…
p. 83
19Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · Página 281 cita
[26]dia a los nativos lares. Como es de suponer, cuando finalmente el ge- neral Morillo y sus tropas penetraron en la ciudad, 859 lo que encontraron fue el mas macabro de los es- pectaculos: cadaveres, ruina, miseria, muerte por todas partes. Don Lino de Pombo, testigo presencial del asedio, y otros coeténeos, como el…
p. 28
20Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 611 cita
[27]conjunto de leyes podemos rescatar algunos de sus artículos que se orientan al mantenimiento de las propiedades secuestradas. Mediante los procedimientos de secuestros, el Virreinato de Nueva Granada y su capital Santafé de Bogotá se convirtieron en la región administrativa de mayor fortaleza para la “pacificación”,…
p. 61
21Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · Página 2911 cita
[28]Constitución de Cúcuta de 1821 se consagraron principios como el de legalidad, la presunción de inocencia, la prohibición de detención sin proceso judicial previo, y la prohibición de tes - tificar contra uno mismo o sus parientes 32. No obstante, en medio de la guerra y con el propósito de con - jurar situaciones de…
p. 291
22Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · Página 1031 cita
[29]102 En lo moral era un hombre imperioso y frío, cruel por sistema más que por inclinación, con arranques espontáneos de franqueza y aun de generosidad in- termitente, pero desconfiado y sujeto a accesos de ira que lo ponían fuera de sí 36. El chileno Diego Barros Arana refiere que es- tando Morillo en Mompós, a…
p. 103
23Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 4341 cita
[30]255, 256, 257A, 257B, 258, 259, 260, 261/2, 262/2, 263A/2, 264, 265, 266, 267, 268, 281, 282/4. 284 Panamá, N. os 323, 324, 325, 326, 327, 328 ARCHIVO DE SIMANCAS, ESPAÑA Sección Guerra y marina Tomos 7172, 7194, 7282, 7294, 7295, 7299 ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, BOGOTÁ, COLOMBIA Sección Colonia, Intendencia de…
p. 434
24Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 4341 cita
[31]255, 256, 257A, 257B, 258, 259, 260, 261/2, 262/2, 263A/2, 264, 265, 266, 267, 268, 281, 282/4. 284 Panamá, N. os 323, 324, 325, 326, 327, 328 ARCHIVO DE SIMANCAS, ESPAÑA Sección Guerra y marina Tomos 7172, 7194, 7282, 7294, 7295, 7299 ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, BOGOTÁ, COLOMBIA Sección Colonia, Intendencia de…
p. 434
25Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Páginas 48, 562 citas
[32]coastlines, and territories. At the time of his writing, Caldas lamented that geographic knowledge about his place of birth was in its infancy. He argued no expense should be spared to ensure the production of a stately, dignified, detailed map, a “magic painting” that would attract the brightest minds and foment…
p. 48
[33]qualified minds, Caldas placed control over New Granada’s nature in the hands of the “good Cit- izens” who contributed to the publication. 25 The dozens of good citizens Caldas mentored in this practice of performing neutrality through the Semanario included the young José Manuel Restrepo. EBSCOhost: eBook Collection…
p. 56
26Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 251 cita
[34]Jose Celestino Mutis leads expedition to search out and describe all botanical species in viceroyalty. 1 794 Antonio Narino is arrested and convicted of sedition for having printed a Spanish translation of the French "Declaration of the Rights of Man and Citizen." 1 808 Abdication of Ferdinand VII, under pressure of…
p. 25
27Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 11 cita
[35]27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…
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