Francisco Javier Matís
Pre-independencia
1765–1851
La biografía
Francisco Javier Matís Mahecha, nacido en Guaduas hacia el último tercio del siglo XVIII y muerto en Bogotá en 1851, fue el pintor botánico de más larga vida de la Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. Ese oficio, aparentemente subalterno —dibujar plantas al lado del sabio José Celestino Mutis—, terminó convirtiéndolo en algo que ninguno de sus contemporáneos letrados alcanzó: el eslabón físico entre la ciencia ilustrada del ancien régime colonial y la enseñanza botánica de la república. Cuando Humboldt subió a Santafé en 1801 quiso conocerlo; cuando Boussingault llegó tres décadas más tarde volvió a buscarlo; y cuando la cátedra de botánica se instaló en los colegios bogotanos del siglo XIX, fue Matís, sustituto del presbítero Juan María Céspedes, quien la sostuvo en el aula. Su caso importa menos por lo que produjo como intelectual —no lo fue— que por lo que sobrevivió: la memoria técnica y visual de un proyecto científico que la Independencia y la guerra habían desmantelado.
Línea de vida
- 1783
Ingreso al taller de la Expedición Botánica
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Matís se incorporó como pintor al proyecto dirigido por José Celestino Mutis, formalizado el 1 de abril de 1783, aprendiendo en la práctica la iconografía botánica —miniatura, iluminación y témpera sobre vitela y papel terso— en el taller que contó con hasta diecinueve dibujantes simultáneos.
- 1801
Encuentro con Alexander von Humboldt en Santafé
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Durante la visita de dos meses que Humboldt realizó a Mutis en Santafé, el naturalista prusiano conoció a Matís en el taller de la Expedición y, según la tradición historiográfica colombiana, lo calificó como el mejor pintor de flores del mundo, reconocimiento que se convirtió en la principal credencial pública de Matís.
- 1810
Supervivencia al desmantelamiento de la Expedición
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Tras la muerte de Mutis y el inicio del proceso de Independencia en 1810, y especialmente después de la Reconquista de Morillo en 1816 —que costó la vida a Caldas, Cabal y otros ilustrados—, Matís sobrevivió por no haber firmado proclamas políticas, preservando así la memoria técnica y visual del proyecto botánico.
- 1830
Visita de Jean-Baptiste Boussingault
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Décadas después del cierre de la Expedición, el naturalista francés Jean-Baptiste Boussingault buscó a Matís en Bogotá, evidenciando que su reputación como depositario del saber técnico botánico mutisiano seguía vigente en los círculos científicos internacionales.
- 1842
Sustituto en la cátedra de botánica de Bogotá
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Cancelada la Expedición y reconstruidas parcialmente las instituciones científicas republicanas, Matís fue designado sustituto en la cátedra de botánica de los colegios de Bogotá —cuyo titular era el presbítero Juan María Céspedes—, ejerciendo una influencia docente entre la juventud a la que había llegado únicamente a través de su oficio de pintor.
El artesano de Guaduas
Matís vino al mundo en Guaduas, la villa cálida sobre el camino real que descendía de la sabana hacia el Magdalena. Era un lugar de paso, no de aulas; y él no fue muchacho de aulas. Apenas tuvo formación letrada. Quienes lo trataron en la vejez coincidieron en describirlo como un hombre sin mayor cultura general, ajeno a las lenguas clásicas y a la erudición filosófica que definía al criollo ilustrado. Su ingreso al mundo del saber no ocurrió por la puerta del colegio ni por la del seminario, sino por la del oficio: sabía dibujar.
Ese detalle, en el orden estamental de la Nueva Granada colonial, no era menor. La Ilustración española que llegaba desde Madrid con Feijoo, Jovellanos y Campomanes intentaba —sin éxito pleno— desmontar el prejuicio contra el trabajo manual, elevar los oficios mecánicos, dignificar al artesano. La intelligentsia criolla neogranadina de finales del siglo XVIII compartió ese programa, pero la sociedad que la rodeaba seguía siendo la de dos mundos separados: el de las letras y el de las manos. Matís pertenecía irremediablemente al segundo. Su ascenso hacia la ciencia se hizo, por tanto, a contracorriente: fue la Expedición Botánica la que necesitó de sus manos, no la República de las Letras la que lo llamó a sus tertulias.
Guaduas quedaba a un día largo de Honda, puerto fluvial sobre el Magdalena, y a dos jornadas de Mariquita, donde Mutis instaló durante muchos años el cuartel general de la Expedición. Esa geografía —la del camino que unía la sabana con el gran río— explica en parte la biografía de Matís: creció en el corredor por el que circulaban los ilustrados, los correos oficiales, los cajones de láminas y las plantas prensadas. La cercanía territorial hizo posible el encuentro; la escasez de pintores capaces, lo hizo urgente.
La Expedición Botánica y la escuela del pincel
El 1 de abril de 1783 la Corona española puso formalmente en marcha la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, bajo la dirección de José Celestino Mutis, con Eloy Valenzuela como subdirector y Pablo Antonio García del Campo como primer pintor. La empresa se inscribía en una política borbónica de largo aliento: en las mismas décadas la Corona había financiado la expedición al Orinoco de 1754-1761, la Comisión de Guantánamo iniciada en 1769 y la Expedición Botánica al Virreinato del Perú desde 1777. El objetivo, más allá del inventario natural, era doble: fortalecer el control territorial de los dominios americanos y aplicar la ciencia moderna al aprovechamiento de sus recursos —quinas, cacaos, maderas, tintes, minerales.
Mutis, médico gaditano llegado a la Nueva Granada en 1761 en el séquito del virrey Pedro Messía de la Cerda, había preparado el terreno durante dos décadas. Fue el primero en enseñar públicamente el sistema copernicano en el virreinato, gesto que le costó el enfrentamiento con los dominicos y una campaña para expulsarlo que solo se detuvo por la protección del arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora. Mantenía correspondencia con Linneo, quien le había dedicado el género Mutisia, y su prestigio se extendía hasta Uppsala y la Academia de Estocolmo. Cuando la Expedición se organizó, él era ya el eje intelectual de la ciencia neogranadina.
Pero un proyecto de esa escala requería manos. Muchas manos. La Expedición llegaría a contar con diecinueve dibujantes trabajando simultáneamente, cifra desproporcionada frente a los dos pintores de las expediciones a México y al Perú, y produciría una colección iconográfica sensiblemente mayor que la de sus pares americanas. Para levantarla, Mutis modeló deliberadamente una escuela de iconos botánicos: reclutó pintores quiteños, formados en la tradición barroca y rococó de aquella ciudad —célebre por la minuciosidad, los colores brillantes y las líneas sinuosas de sus imágenes religiosas—, y sumó a ellos jóvenes locales capaces de aprender el nuevo lenguaje. Los quiteños dominaban el oficio pero desconocían los iconos botánicos; hubo que enseñárselos. Salvador Rizo actuaba como interlocutor de Mutis en la gestión cotidiana de los artistas y en la administración del taller.
En ese taller entró Matís. Su presencia como pintor de la Expedición está atestiguada, y todo lo que vino después de su vida se explica desde ese punto de partida. Aprendió en la práctica el difícil equilibrio de la iconografía botánica: representar la planta no como el ojo la ve, sino como la ciencia necesita verla —hojas desplegadas para revelar la nervadura, flor abierta y disecada, fruto en corte, escala reconocible, color exacto. Aprendió, sobre todo, una técnica.
La técnica: miniatura, iluminación y témpera
Las láminas botánicas de la Expedición se ejecutaron sobre soportes exigentes —vitela y papel terso— y con métodos que la tratadística de la época distinguía con nombres precisos. La miniatura consistía en pintar sobre vitela o papel terso ejecutando el claro y oscuro punteado, no tendido: cada gradación de sombra se construía punto a punto, con paciencia de orfebre. La iluminación se definía como una especie de pintura al temple ejecutada ordinariamente en las mismas superficies. Y la pintura al temple, técnica acuosa de larga tradición, se preparaba mezclando pigmentos con ingredientes pegantes: goma, cola, o la templa de huevos que le había dado nombre. El Real Jardín Botánico de Madrid, custodio hoy del grueso de las láminas mutisianas, las cataloga bajo el término italiano témpera, denominación que ha suscitado discusiones técnicas sobre su exactitud.
El oficio no era un dibujo rápido de campo sino una construcción de estudio, lenta, punteada, cromáticamente estable. Un pintor de la Expedición producía pocas láminas terminadas al año; una carrera entera podía cifrarse en unas cuantas decenas de imágenes acabadas. La destreza no se improvisaba y no se sustituía. Ahí residió, sin que él lo supiera todavía, el capital futuro de Matís.
La escuela que Mutis armó en Mariquita —y luego trasladó a Santafé— fue algo más que una brigada de copistas. Fue, funcionalmente, la primera institución de formación técnica visual del virreinato: allí se enseñaba a mirar y a fijar lo mirado con un protocolo científico. El propio Mutis dirigió durante años una clase gratuita de dibujo en el marco de la Expedición, todavía activa cuando Humboldt llegó a Santafé en 1801. Matís, formado en ese taller, se convirtió con los años en uno de sus productos más maduros y en uno de los pocos capaces de perpetuarlo.
El círculo mutisiano y la sombra del taller
La cadena intelectual que Mutis construyó durante casi medio siglo tuvo dos hebras que rara vez se cruzaron. Una era letrada: Felipe Vergara y Caycedo en los años 1760, Eloy Valenzuela en los 1770, ambos trasplantando la ciencia moderna al Colegio Mayor del Rosario; José Félix Restrepo, formado en ese ambiente, llevando la filosofía natural a Popayán entre 1778 y 1781; y de allí, la generación decisiva —Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Zea, José María Cabal— que llenaría de nombres la ilustración criolla y, más tarde, las cárceles y los patíbulos de la Reconquista. Esa hebra escribió, polemizó, editó periódicos y firmó memoriales. Sus miembros aparecen entre los colaboradores del Papel Periódico de Santafé de Bogotá que Manuel del Socorro Rodríguez dirigió entre 1791 y 1797 —270 números en total—, del Correo Curioso de Jorge Tadeo Lozano y José Luis de Azuola en 1801, y del Semanario del Nuevo Reino de Granada que Caldas editó entre 1808 y 1810.
La otra hebra era manual: los pintores, los recolectores, los preparadores. Matís pertenecía a ella. En las listas de colaboradores del Papel Periódico figura un "Matiz" junto a Mutis, Zea, Caldas y Ulloa, presencia marginal en la escena ilustrada, más de contribuyente ocasional que de publicista. Su nombre no está en las tertulias eutropélicas, ni en las polémicas científicas, ni entre los redactores de proyectos de reforma. Estaba en el taller.
Esa asimetría no fue accidente biográfico. Fue el diseño mismo del proyecto ilustrado neogranadino, que reprodujo dentro de la ciencia la estructura social del virreinato: los letrados criollos discutían la teoría, los artesanos —quiteños, mestizos, guaduenses— ejecutaban la técnica. Mutis, ilustrado a la española, quiso dignificar el oficio manual sin dejar de necesitarlo subordinado. Matís sobrevivió institucionalmente porque esa jerarquía creó una dependencia real del saber-hacer del pincel que ningún letrado del círculo podía suplir. Cuando Caldas, Zea o Cabal cayeron ante el pelotón de Morillo en 1816, la iconografía botánica no murió con ellos: sobrevivió en las manos de quienes, por no haber escrito, tampoco habían firmado.
Humboldt en Santafé, 1801
En julio de 1801 Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland llegaron a Santafé después de remontar el Magdalena desde Cartagena. Humboldt, que venía de Cuba con planes de continuar directamente hacia Quito y Lima, había desviado su ruta con un solo propósito: presentarle sus respetos a Mutis. La visita, prevista breve, se prolongó dos meses.
Fueron dos meses de conversación densa. Mutis le habló a Humboldt de Guatavita y de la leyenda de El Dorado, de las minas de sal de Zipaquirá, de sus estudios sobre la quinina, del curare, de fenómenos barométricos observados a lo largo de años. Humboldt, en cambio, le expuso los principios de la biogeografía que estaba formulando, la anatomía comparada de los manatíes que había estudiado en el Orinoco, las luciérnagas fosforescentes que había observado en Honda al pie del río, sus reflexiones sobre la naturaleza mineral de las piedras americanas. Mutis revisó el mapa preliminar del Magdalena que Humboldt traía y le sugirió correcciones que el prusiano incorporó de inmediato. El viejo director de la Expedición trabajaba entonces en la Flora de Bogotá, para la cual había reunido un herbario de veinte mil plantas y colecciones importantes de maderas y minerales.
En ese Santafé de 1801 la Expedición estaba viva: Caldas regresaba de su viaje al Ecuador para hacerse cargo del Observatorio Astronómico —del que sería nombrado director ese mismo año—, la clase gratuita de dibujo seguía funcionando, y los pintores continuaban produciendo láminas. Humboldt visitó el taller. Ahí conoció a Matís.
De ese encuentro surgió una frase que la historiografía colombiana ha repetido durante casi dos siglos: Humboldt habría dicho que Matís era el mejor pintor de flores del mundo. Exacta o embellecida por la tradición, la sentencia atestigua que Humboldt, formado en las academias europeas y familiarizado con los mejores ilustradores botánicos del continente, encontró en aquel artesano guaduense un dominio técnico que juzgó digno de memoria. La observación circuló, se repitió y, con el tiempo, se convirtió en la única credencial que la memoria pública conservó de Matís.
Humboldt siguió su camino: cruzó en 1801 el paso del Quindío, describió sus tierras despobladas y casi impenetrables, bajó a Popayán, subió a Quito y a Lima. En 1804, de regreso a Europa, coincidió en París con un joven caraqueño llamado Simón Bolívar; sus conversaciones dejaron una huella duradera en el futuro Libertador. Y las láminas de la Expedición mutisiana, junto con los dibujos y planchas coloreadas del propio Humboldt y Bonpland, pusieron el paisaje neogranadino a disposición de las apropiaciones nacionalistas que la ilustración estaba a punto de detonar en política.
De la Expedición a la República
Mutis murió con la Flora de Bogotá inconclusa, dejando el herbario, las colecciones y millares de láminas al cuidado de su sobrino Sinforoso Mutis y del núcleo restante de la Expedición. La Independencia se precipitó en 1810; la Reconquista de Morillo llegó en 1816. El régimen del terror desmontó la ciencia neogranadina con una eficacia sombría: Caldas fue fusilado en octubre de 1816, Cabal en agosto del mismo año, Zea logró exiliarse. La Imprenta Patriótica que Antonio Nariño mantenía en Santafé desde 1793 —donde en diciembre de ese año había impreso su famoso folleto de los Derechos del Hombre— hacía tiempo que había dejado de operar. Las colecciones de la Expedición fueron embaladas y enviadas a España como botín científico.
Matís sobrevivió. Sobrevivió porque no había firmado proclamas, porque su nombre no aparecía en la lista de conspiradores, porque un pintor viejo no era una amenaza. Sobrevivió también, quizás, porque nadie lo consideraba lo bastante importante para matarlo. Y sobrevivió lo suficiente para volverse indispensable en la escena posterior.
Cuando la Nueva Granada republicana empezó lentamente a reconstruir sus instituciones científicas, la botánica se enseñaba en los colegios de Bogotá bajo la responsabilidad del presbítero Juan María Céspedes, autodidacta como buena parte de los sabios de la primera generación republicana, titular de la cátedra correspondiente. Hacia 1842 Céspedes recomendaría abandonar el sistema de clasificación de Linneo —el mismo que Mutis había defendido y practicado— por el sistema natural de Jussieu, movimiento que refleja el modo lento en que la botánica neogranadina se puso al día con la ciencia europea posterior. Matís fue sustituto de esa cátedra. La palabra "sustituto" tiene, en el vocabulario académico de la época, un lugar preciso: era quien reemplazaba al titular en su ausencia y cargaba con la enseñanza cotidiana. No era una posición decorativa. Era, para efectos prácticos, la docencia.
Junto a Céspedes y al médico Francisco Bayón, Matís fue uno de los tres nombres que la crónica científica del siglo XIX asocia con la enseñanza de la botánica en Bogotá. Ejerció "cierta influencia entre la juventud". La fórmula es modesta, y probablemente exacta: no fundó escuela, no publicó tratado, no dejó discípulos de renombre. Enseñó lo que sabía —el sistema linneano aprendido en el taller de Mutis, la técnica del dibujo botánico, el reconocimiento de familias y géneros— a quienes quisieron aprenderlo. Su magisterio fue de baja intensidad, alta continuidad y valor institucional casi invisible: mantuvo la llama.
Boussingault y los viajeros
En los años 1820 y 1830 la Nueva Granada, ya como República de Colombia y luego como República de la Nueva Granada, recibió una segunda oleada de naturalistas europeos que venían a completar la exploración inaugurada por Humboldt. Jean-Baptiste Boussingault, químico y agrónomo francés, llegó en 1822 contratado por los agentes de Bolívar en Europa y permaneció en el país hasta 1831. Como Humboldt antes que él, buscó a los depositarios vivos del saber mutisiano. Encontró a Matís envejeciendo en Bogotá y lo trató con la deferencia debida a un superviviente de una época heroica. Otros viajeros —naturalistas, ingenieros, diplomáticos aficionados a la ciencia— hicieron lo mismo.
Ese papel de referencia vivo es lo que da su especificidad histórica a Matís. No fue un teórico, no fue un descubridor, no fue un reformador. Fue el hombre a quien se iba a preguntar cómo se hacía una cosa, qué planta era esta, cómo llamaba Mutis a aquella. Fue el archivo consultable. En un país que había perdido a Caldas, a Cabal, a Lozano, y en el que las colecciones de la Expedición habían sido enviadas a Madrid, Matís representaba una forma peculiar de continuidad: la de la mano que recuerda, la del ojo entrenado que persiste. Su valor no era filosófico ni literario, era técnico y biológico, y por eso resultó insustituible.
El artesanado que en la Colonia lo había mantenido en los márgenes de la República de las Letras se convirtió, en la República propiamente dicha, en su credencial. Los viajeros europeos no buscaban a un intelectual: buscaban a alguien que hubiera manejado el prensado, la trementina, los pigmentos, y que hubiera hablado con Mutis. Matís cumplía las tres condiciones.
Autoría difusa y memoria material
El taller mutisiano en que se formó Matís fue una institución, no una anécdota. Durante décadas reunió a pintores quiteños y neogranadinos en un trabajo colectivo regido por protocolos, jerarquías y rutinas. Se dibujaba en serie, se corregía, se archivaba. Las láminas circulaban entre el terreno —donde el recolector traía la planta viva—, el escritorio del botánico —donde se identificaba y describía— y la mesa del pintor —donde se fijaba en imagen. El producto final no tenía autor único en el sentido moderno: era un artefacto colectivo firmado, si acaso, por Mutis como director.
Ese régimen de autoría difusa explica por qué la obra individual de Matís es hoy difícil de aislar. Existen láminas que se le atribuyen —muchas de excelente factura—, pero la mayoría de las imágenes mutisianas conservadas en Madrid no llevan firma personal identificable, y su asignación a un pintor u otro depende de análisis estilísticos y de las pocas listas administrativas que sobrevivieron. Esa opacidad, lejos de ser un problema, es la marca misma del taller: allí se producía ciencia, no obra de arte. El pintor era un instrumento del proyecto, no su titular.
Y sin embargo, en ese régimen de autoría difusa reside la centralidad de Matís. Cuando el proyecto se disolvió y las láminas partieron a España, lo que quedó en Bogotá no fue el archivo sino el pintor. Él era el fragmento vivo de una institución que ya no existía.
La huella difusa
Matís murió en Bogotá en 1851, avanzado el siglo XIX. Había atravesado el reinado de tres monarcas españoles, la Independencia, la Gran Colombia, la Nueva Granada, las guerras civiles del medio siglo. Había visto morir a Mutis en Santafé, a Caldas en el patíbulo, a Bolívar en Santa Marta. Había enseñado botánica en los colegios de una ciudad que ya no se llamaba como cuando él llegó a ella. Su longevidad no fue solo estadística: fue estructural. Le permitió cumplir la función que ningún otro miembro del círculo mutisiano cumplió: la de puente institucional entre dos épocas de la ciencia colombiana.
La memoria pública lo ha tratado con la ambigüedad reservada a las figuras que no encajan en las categorías canónicas. No es prócer, no es sabio, no es artista mayor. Los tratados de historia del arte colombiano lo mencionan como pintor botánico; los de historia de la ciencia, como último eslabón de la Expedición; los de historia de la educación, como sustituto de una cátedra. Ninguna de esas casillas lo captura entero. Su nombre aparece en placas conmemorativas, en calles menores, en referencias eruditas; no en el panteón de bronce.
Esa recepción difusa es consistente con la naturaleza de su aporte. Matís no produjo un objeto simbólico —una batalla, un libro, una constitución— que la memoria nacional pudiera fijar. Produjo, durante más de medio siglo, un servicio continuo: dibujar, catalogar, enseñar, responder preguntas. Ese tipo de trabajo se disuelve en la infraestructura de un país sin dejar la marca visible que exigen los relatos heroicos.
Florentino Vezga, contemporáneo de la generación que aún lo recordaba en vida, lo situó en su Memoria sobre la historia del estudio de la botánica en la Nueva Granada como uno de los tres pilares de la enseñanza botánica de la primera mitad del siglo XIX, junto a Céspedes y Bayón. Esa valoración temprana, hecha desde la cercanía y no desde el bronce, es probablemente la más ajustada.
Un caso, no una gesta
La biografía de Francisco Javier Matís no autoriza epopeya. Ni la sobriedad de los datos ni la naturaleza de su oficio se prestan para ello. Autoriza, en cambio, un caso: el del artesano sin letras que, por longevidad, destreza y una configuración institucional específica, terminó siendo el custodio material de un saber que la sociedad letrada de su tiempo consideraba superior al suyo. El sistema colonial lo mantuvo en los márgenes del prestigio; el sistema republicano lo puso a enseñar en el aula. Ni uno ni otro le dieron reconocimiento pleno, y ambos, sin proponérselo, dependieron de él. La Expedición Botánica formó pintores extraordinarios sin formarlos como científicos autónomos; produjo un archivo visual de valor mundial sin construir la institución que lo perpetuara en suelo americano; educó a una generación criolla que abrazó la Independencia y murió por ella, sin resolver la contradicción entre el saber teórico letrado y el saber técnico manual que ella misma reproducía. Matís vivió en el filo de esa contradicción durante ochenta años, y su respuesta a ella fue modesta y precisa: enseñar, en la medida de lo posible, a quien quisiera aprender. Sin escuela, sin manifiesto, sin sistema. Solo con las manos, la memoria y el tiempo.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
24 documentos · 38 fragmentos01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 88, 912 citas
[1]alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…
p. 91
[6](1818-1819). tado a través de la aplicación de las llamadas cien- cias útiles, la conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli y la apropiación de una ideología diferente a aquella que sustentaba el ab- solutismo monárquico, crearon las condiciones para madurar el proceso de Independencia, el cual de…
p. 88
02Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 282 citas
[2]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
p. 28
[4]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…
p. 28
03Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1201 cita
[3]o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…
p. 120
04Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 601 cita
[5]alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…
p. 60
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 463, 549, 5553 citas
[7]franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…
p. 549
[16]percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…
p. 555
[32]nica, como buen criollo al servicio de la alta sociedad local, Guti é rrez recoge sin embargo, tal 482 LAS ARTES PLASTICAS DURANTE EL PER Í ODO COLONIAL vez inconscientemente, aspectos de la tradici ó n mestiza, y mezcla todo en unos retratos con “ pose ” oficial dieciochesca de figuras planas cargadas de elementos…
p. 463
06Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 2561 cita
[8]almacén, de la manufactura, del taller y de la hacienda tabacalera. La vieja economía colonial suponía un rechazo del tra- bajo manual. Es la dulce ociosidad feudal del latifundista 257 Eíndnice r ístasóe ld te ogpanóge ml Cntniuge y del fraile. Ella es la condición de la formación de una cultura mística, religiosa en…
p. 256
07Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 233, 277, 2793 citas
[9]establecer acertados méto- dos y estudios útiles. Escribe el virrey Guirior: «La ilustración de la juventud y el fomento de las ciencias y las artes es uno de los fundamen- tales principios del buen gobierno, de que como fuente dimanan la felicidad del país y la prospe- ridad del Estado para las artes, industrias, co-…
p. 277
[15]ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…
p. 279
[31]marcan aproximada- mente los años 1740 y 1820 y se localiza sobre todo en la capital del Virreinato, Santa Fe de Bogotá. Este gusto, más europeo que propiamente español, se manifestó sobre todo en el mobiliario y en la decoración o en aspectos accesorios y ornamentales de las pinturas y esculturas, pues seguía la…
p. 233
08Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Páginas 98, 1782 citas
[10]taxonómica de la naturaleza, era una estructura del conocimiento que daba más prioridad al orden, a través de la mediday la composición de series jerárquicas. Conocer significaba discriminar, y esta disaiminación tenía lugar a través de la separación de interminables parecidos en dos grupos: de u n a parte, las…
p. 178
[24]la mayor parte de los curanderos y cirujanos romancistas eran mestizos. Ciertamente, Isla estudió filosofía con los jesuítas en la Universidad Javeriana de Bogotá y luego ingresó a la orden de San Juan de Dios. Sin embargo, la 94 Santiago Castro-Gótru directo a la pretensión "ilegal" de Mutis de formar médicos por…
p. 98
09The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Páginas 101, 2872 citas
[11]them and were awaiting higher appointments. These young men were more likely to be responsive to the new science than were older men operating according to a long-established routine. It is possible to construct a kind of intellectual genealogy showing how Mutis's influence spread from one student genera- tion to the…
p. 101
[22]8. John Tate Lanning has suggested that the Dominicans were less con- cerned about Copernicanism than about the university reform being proposed by Moreno and Guirior; the attack on Mutis, under this construction, was supposed to throw the modernists on the defensive ("El sistema de Copérnico en Bogotá," Revista de…
p. 287
10¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 481 cita
[12]en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…
p. 48
11La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · Página 1171 cita
[13]xix la enseñanza de esta ciencia en la Nueva Granada quedó en manos de Francisco Javier Matís, quien ejercía cierta influencia entre la juventud; aparte de él, esta activi - dad tan sólo era desempeñada por el presbítero Juan María Céspedes y por el médico Francisco Bayón. Céspedes, aun - que autodidacta en su…
p. 117
12Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Páginas 53, 59, 1383 citas
[14]santafereño, José María Espinosa. Dentro de la comunidad de artistas fue el que causó más proble- mas hasta el punto que Mutis le aconsejó a Rizo, en un momento de crisis, que lo dejara abandonar la Expedición. Donde Mutis pudo modelar su escuela de iconos botá- nicos fue con los quiteños. Los jóvenes, en su gran…
p. 53
[17]miniatura es «pintura que se eje- cuta sobre vitela o papel terso, a manera de iluminación; pero ejecutado el claro y el oscuro, punteado y no tendi- do» 36. Iluminación es una «especie de pintura al temple, que de ordinario se ejecuta en vitelas o papel terso». Pin- tura al temple, «especie de pintura acuosa, que se…
p. 59
[34]de los 25 años— se observan los labios gruesos y la prominente nariz aguileña que lo caracterizaban. Así también retrató a sus padres y a sus hermanos. Figura 13. Espinosa Prieto, José María (atribuido). Bogotá, 10.1976-Bogotá, 24.2.1883. Autorretrato de José María Espinosa. Acuarela, acuarela/papel. 51 x 36 cm 99…
p. 138
13Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 1841 cita
[18]the plaza and museum. In a deliberate fashion, the city has been building parks and outdoor public spaces for tourists and citizens alike. 168 22. Casa Mutis CGM, 2008 Place: Mariquita, Colombia This is the house where José Celestino Mutis lived while in Colombia. It was also the headquarters of the botanical…
p. 184
14Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 195, 2042 citas
[19]Pedro Messía de la Cerda. Lo impulsaba, fundamentalmente, el de- seo de desentrañar las propiedades de la quina y establecer sus auténticas propiedades médicas. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botá- nica o zoológica. Al año de su llegada, sentó las bases de su…
p. 204
[36]un viaje a Quito. El alemán quedó sorprendido de la precisión de los instrumentos del caucano, pero rechazó su pro- puesta de acompañarlo en el viaje que proyectaba por América. Tras perma- necer tres años y medio de estudio e investigación en Ecuador, en 1804 Caldas publicó Viaje de Quito a las costas del océano…
p. 195
15Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Páginas 69, 802 citas
[20]primero que enseñó entre no- sotros el sistema de Copérnico, mirado como herejía por los frailes de la Colonia, los que no admitían que la tierra tuviera movimiento alguno. Sostuvo correspondencia con Linné, y este sabio le de- dicó varias plantas, conocida una con el nombre de mutisia, e hizo circular en el mundo…
p. 80
[23]España, y trabaja en la Fauna cundinamarquesa; Caldas había sido comisionado por el Director para recorrer y es- tudiar los bosques del Ecuador, y regresaba cargado de ricos despojos de esta campaña científica a encargarse del Ob- servatorio; Juan Bautista Aguiar y Benedicto Domínguez se habían distinguido por su…
p. 69
16Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 601 cita
[21]religiones, e incluso con sangre vinculada a árabes o judíos, muestra esta obsesión por la pureza religiosa. Esto se refleja, por supuesto, en el sistema educativo, que en la escuela básica forma a las personas en verdades indiscutibles, y a los pocos adultos que van a la universidad les inculca los principios de la…
p. 60
17Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Páginas 138, 3452 citas
[25]dio más tiempo para ir a presentar sus respetos al hombre por el que había desviado su camino: José Celestino Mutis. La visita se alargó por dos meses. Mutis deleitaba a Humboldt con sus historias de Guatavita y las leyendas de El Dorado; con el recuento acerca de las dificultades técnicas de la extracción de sal en…
p. 138
[29]la política y me hizo seguir el carro de Marte”. En 1804, Simón Bolívar viajó a Francia, atraído como un imán a París. En una ciudad que seguía padeciendo los efectos del parto de la revolución, cayó bajo el hechizo de los dos hombres más famosos de Europa: un naturalista y un soldado. Alexander von Humboldt y…
p. 345
18La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · Página 2131 cita
[26]Quindío. Este viaje verdaderamente heroico, por el cúmulo de penalidades, lo hizo en 1801, prácticamente en las pos- trimerías de la época colonial, cuando aquellas tierras que estaban despobladas eran, ni más ni menos, extensas y casi impenetrables selvas, pues la avanzada de los colonizado- res todavía no había…
p. 213
19The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 5411 cita
[27]map— published later in Paris, with credit given to Caldas. Our extract is substantially incomplete for excluding the accompanying drawings —in a record that married scientific observation with literary ambition and the artistic effort of drawing and painting the landscape. As with the hundreds of color plates…
p. 541
20La tierra de los tesoros tristesSimón Posada Tamayo · 2022 · Página 731 cita
[28]obsidiana, y los cuales atribuyó a los muiscas, aunque hoy en día se piense que, al parecer, dichas cabezas llegaron de Centroamérica por alguna ruta de comercio anterior a la Conquista. En una carta a su hermano, Wilhelm von Humboldt, destacó la riqueza de las lenguas que conoció durante su viaje, en especial, la de…
p. 73
21Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Página 1141 cita
[30]de clasificaci6n zooldgica y botanica. La Sociedad de Naturalistas publicé dos nu- meros de su boletin: Contribuciones de Colombia a las ciencias y a las artes (1860-1861). En el co- trespondiente al primer ano se incluy6 la que habria de ser la primera obra sobre la historia de la ciencia en Colombia: Memoria sobre…
p. 114
22Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · Página 1101 cita
[33]encargo), pues de esa €poca, y de anos posteriores, se conservan buenas muestras de su talento como caricaturista y dibujante. En este campo, como ya senalamos, reside la grandeza del pintor, intérprete avisado y tierno, burlén a veces, de la sociedad en que le tocé vivir. Ramé6n Torres Méndez (1809-1885) EI maestro…
p. 110
23Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 481 cita
[35]coastlines, and territories. At the time of his writing, Caldas lamented that geographic knowledge about his place of birth was in its infancy. He argued no expense should be spared to ensure the production of a stately, dignified, detailed map, a “magic painting” that would attract the brightest minds and foment…
p. 48
24El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Páginas 538, 5592 citas
[37]su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…
p. 538
[38]Sema- nario del Nuevo Reino de Granada, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, Bogotá, 1942, vol. ii, pág. 137. 386 Plan, f. 295 r. El subrayado es nuestro. 560 Jíndi Jícídneer Ucnsi Parece que de propósito se ha olvidado la naturaleza, y contentándose con algunas expresiones generales, se fue introduciendo un…
p. 559