Madrid
“Madrid no fue para Colombia simplemente una capital lejana: fue el nodo donde se producía la legalidad, se archivaba la memoria y se decidía el destino de un territorio que nunca pisaron quienes lo gobernaban.”
Madrid en la historia de Colombia
Durante casi tres siglos, Madrid fue la ciudad donde se decidía qué podía suceder en la Nueva Granada: qué se imprimía, qué se explotaba, qué obispo se enviaba, qué visitador vigilaba a qué encomendero. Cuando esa arquitectura imperial se derrumbó, el vínculo no se rompió: se reformuló. Madrid siguió siendo el eje al que Colombia regresaba —o del que se apartaba con estudiada distancia— para pensarse a sí misma: en las tertulias hispanistas de Miguel Antonio Caro, en los archivos que custodian los dibujos de Mutis, en los despachos editoriales de Espasa Calpe, en las cumbres iberoamericanas, en los pisos de Chamberí donde una diáspora reciente sostiene el otro extremo del hilo. La historia de Colombia no se explica sin Madrid, pero tampoco se agota en lo que Madrid dispuso: es, más bien, el largo relato de cómo una periferia americana negoció, apropió, resistió y a veces reinventó lo que la metrópoli quiso imponerle.
La capital imperial y su sombra larga
Madrid consolidó su condición de sede permanente de la Corona bajo Felipe II, y desde allí operó el aparato que gobernó las Indias durante toda la dominación colonial. El Consejo de Indias, con sede en la Villa y Corte, funcionaba como coleccionista supremo, guardián y supervisor de la memoria imperial: acumulaba los expedientes producidos en América, los cotejaba, los archivaba y decidía qué debía saberse y cómo. Ese archivo era también un dispositivo de censura. El mismo Consejo otorgaba las licencias de impresión de libros y controlaba los textos referidos a las Indias, de modo que condicionaba la manera en que se leía la documentación estatal y las circunstancias bajo las cuales podía accederse a ella. Escribir sobre América sin pasar por Madrid era, durante siglos, casi imposible; y lo que se escribía llevaba impresa esa mediación.
Hacia la segunda mitad del siglo XVI, la Corona percibió con creciente inquietud lo que se ha llamado la "feudalización de América": la tendencia de conquistadores y encomenderos a comportarse como señores territoriales, coartando el poder regio. Felipe II y el Consejo respondieron con una intensificación burocrática que buscó recuperar el control mediante la multiplicación de oidores, obispos, corregidores y visitadores. Ese proceso debilitó, aunque nunca extinguió, el poder de los primeros conquistadores. Los conflictos entre la política peninsular y los intereses de los colonos —élites criollas, encomenderos, cabildos— aparecieron muy temprano y se manifestaron con notable frecuencia a lo largo de los tres siglos coloniales, dibujando una tensión permanente entre lo que Madrid ordenaba y lo que Santafé, Cartagena o Popayán estaban dispuestas a acatar.
Entre los instrumentos que Madrid empleó para vigilar la Nueva Granada, la visita fue el segundo en importancia después del sistema regular de gobierno. Las visitas generales, ordenadas sin sujeción a períodos fijos, procuraban amplios informes sobre la marcha de la administración, la economía, la hacienda y —sobre todo— la situación de la población indígena; las especiales atendían asuntos puntuales. En un caso significativo, las autoridades madrileñas llegaron a ordenar al virrey-arzobispo que suspendiera investigaciones sobre ciertos descubrimientos mineros en el reino, invocando razones de conveniencia imperial. Todo el mecanismo cabía en ese gesto: Madrid podía, con una sola cédula, cerrar una veta que el reino consideraba propia.
La conquista y el bautizo: Granada trasplantada
El nombre mismo del territorio nace de un gesto peninsular. En 1538, Gonzalo Jiménez de Quesada bautizó los altiplanos recién conquistados como "Nuevo Reino de Granada" en honor a su ciudad natal en España. El 6 de agosto de ese año fundó Santafé —la futura Bogotá— como capital del reino. Antes de esa fundación, él y sus lugartenientes habían ocupado todo el territorio muisca, superando la resistencia armada con relativa facilidad; después, se enfrentaron a un desafío distinto: la llegada casi simultánea de dos expediciones rivales, la de Nikolaus Federmann desde el occidente venezolano y la de Sebastián de Belalcázar, que subía desde Quito tras haber fundado Popayán y Cali en su marcha hacia el norte. Los tres capitanes optaron por no dirimir a sangre y fuego el reparto del botín muisca, y viajaron a la Corte para que Madrid arbitrara. El gesto es revelador: incluso en los años más caóticos de la conquista, el poder se acababa remitiendo al Consejo de Indias.
El móvil principal de aquella conquista fue el oro; en esos años surgió la leyenda de El Dorado, posiblemente urdida por los propios indígenas para despistar a los invasores enviándolos a territorios lejanos. El costo humano fue devastador: la población indígena disminuyó drásticamente por la violencia directa, por las armas modernas de los conquistadores y, sobre todo, por las enfermedades introducidas —la viruela, la gripa— contra las que no había defensa biológica. Desde 1550, con el establecimiento de una autoridad local estable, los historiadores marcan el paso a la época propiamente colonial, aunque en muchas regiones la guerra continuó por décadas. Hay algo vertiginoso en la cronología: mientras en la Península se derribaban las últimas mezquitas de la Alpujarra, en los Andes se levantaban las primeras iglesias de una segunda Granada, bautizada por un abogado granadino apenas cuarenta y seis años después de la reconquista de la primera. Como si el imperio necesitara duplicar sus topónimos para asegurarse de que la conquista fuera un acto continuo.
La Ilustración borbónica y los dibujos que Madrid guarda
En el siglo XVIII, Madrid dejó de ser solo el centro que ordenaba y castigaba: fue también el que investigaba. Las reformas borbónicas orientaron el aparato imperial hacia un conocimiento científico del territorio pensado como palanca de control y rendimiento económico. Fortalecer la administración territorial y aprovechar los recursos naturales exigía saber qué había, dónde y en qué cantidad. En ese marco desembarcó en la Nueva Granada, en 1761, José Celestino Mutis: sacerdote, botánico autodidacta, uno de los principales ilustrados españoles. Promovió, desde entonces y durante décadas, una nueva imagen del territorio neogranadino como espacio rico en recursos que valía la pena catalogar, dibujar y clasificar. La empresa se conocería como la Expedición Botánica, y de ella salieron miles de láminas de una precisión que sigue siendo asombrosa.
Esas láminas —el legado visual más deslumbrante de la ciencia colonial americana— no reposan en Bogotá. Se conservan en el Real Jardín Botánico de Madrid, institución que también custodia los archivos de correspondencia científica asociados a la colección. Hacia mediados del siglo XX, cuando Enrique Pérez Arbeláez —naturalista colombiano y una de las figuras clave en la recuperación del legado mutisiano— quiso acceder a copias y facilidades de trabajo, tuvo que escribir a Madrid. Existía por entonces un proyecto de edición de los dibujos en el que el Jardín Botánico madrileño desempeñaba un papel protagónico. La ecuación se repite: lo producido en la Nueva Granada —por un ilustrado español al servicio del rey, sí, pero con dibujantes criollos y saber indígena incorporado— pasó a formar parte del patrimonio custodiado en Madrid, y desde allí regresa, en copias, ediciones y facsímiles, al país donde fue hecho.
1808: el hilo se rompe
La captura de la familia real española por Napoleón en 1808 y la conquista de la mayor parte de la Península al año siguiente pusieron a Madrid en una situación inédita: el centro del imperio quedó, literalmente, vacío. Ese vacío detonó la crisis política que empujó a los criollos neogranadinos a llenarlo. La teoría que justificó su acción era escolástica en su origen y radical en sus consecuencias: en ausencia del monarca, la soberanía que él ejercía retornaba al pueblo como su legítimo depositario. No se trataba, al principio, de romper con España, sino de sustituir a un rey ausente. Por eso los revolucionarios de 1810 declararon en todos los casos su lealtad a Fernando VII, "el Amado": el 20 de julio en Santafé, el grito de independencia se dio en su nombre, aunque estuviera cargado ya de las ideas ilustradas y del resentimiento acumulado ante las reformas borbónicas que habían apretado el control fiscal y desplazado a los criollos de posiciones que consideraban suyas.
La ilusión duró poco. En 1814, cuando Fernando VII regresó al trono tras la derrota de Napoleón, la mayor parte de sus súbditos neogranadinos —en regiones como el Gran Tolima, por ejemplo— volvieron al bando absolutista, dejando a Bolívar y a los revolucionarios en una posición insostenible. España no supo aprovechar el amplio campo intermedio que existía entre una independencia total y algún régimen autonómico: concentró sus energías en rechazar a Napoleón y luego en restaurar el absolutismo, desatendiendo la posibilidad de una política conciliadora con América. Cuando Fernando VII envió el ejército de Pablo Morillo a "pacificar" el reino, la brecha se volvió irreparable. La independencia definitiva llegaría después de Boyacá, en 1819; el 21 de septiembre de ese año, los informes sobre el colapso del dominio colonial en la Nueva Granada —tras la batalla que había precipitado la huida de las autoridades virreinales de Bogotá el mes anterior— llegaron a las autoridades en Madrid. La escena tiene algo de silencio administrativo: en la Corte se leía el fin de trescientos años de dominación como quien lee un despacho más.
Reconocer al hijo pródigo: la diplomacia del siglo XIX
La independencia inauguró una relación nueva y áspera. En diciembre de 1819, apenas proclamada la República de Colombia, Francisco Antonio Zea —vicepresidente de la naciente república— fue comisionado por el Congreso para emprender una ofensiva diplomática en Europa con el objetivo doble de obtener reconocimiento internacional y fondos extranjeros. La Gran Colombia, bajo la dirección de Pedro Gual en la Secretaría de Relaciones Exteriores, envió misiones a distintos países de América y Europa, incluida la Santa Sede. Madrid era, en esta cartografía diplomática, la capital más difícil: la que había perdido, la que tardaría décadas en aceptar la pérdida. El reconocimiento pleno de la nueva república por parte de España sería un proceso lento y cargado de recelo.
Durante buena parte del siglo XIX, Madrid dejó de ser para Colombia el centro de decisión y se convirtió en algo más ambiguo: un referente cultural, una legitimidad simbólica, un archivo. Los diplomáticos colombianos que llegaban a la Corte se movían por un espacio urbano que había cambiado —el barrio de Salamanca comenzaba a proyectarse como el ensanche burgués, el paseo del Prado y Recoletos se consolidaban como eje de la vida ilustrada— pero que seguía cargado de una densidad histórica que a los recién llegados de una república joven no podía sino impresionar. Bogotá tenía por entonces menos de cincuenta mil habitantes; Madrid superaba los trescientos mil y crecía a un ritmo que a los enviados neogranadinos debía parecerles otra escala de mundo. La diplomacia se hacía en salones donde todavía colgaban retratos de los Borbones que habían firmado las cédulas contra las que la república había nacido.
Caro, la Regeneración y el hispanismo sin viaje
Pocas figuras encarnan con tanta pureza la paradoja de la relación con Madrid como Miguel Antonio Caro, el principal pensador conservador de Colombia en la segunda mitad del siglo XIX y, en gran medida, el autor de la Constitución de 1886. Caro era católico ultramontano, hispanófilo militante y tradicionalista intransigente. Su periódico El Tradicionista fue tribuna de una defensa cerrada de la Iglesia, de la fe católica y del legado hispánico. Defendió la santificación del pasado colonial sin excluir la Inquisición ni el régimen de conquista, postura que sus críticos consideraban un exceso difícilmente conciliable con una lectura mínimamente crítica de la historia.
Lo notable —y a la vez perfectamente coherente— es que Caro construyó ese hispanismo militante sin poner un pie en España. Se decía de él que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá de los confines de la Sabana de Bogotá. Personalidad arrogante y huraña fuera de su círculo íntimo, cultivaba un latín pulido y una filología erudita como quien construye una fortaleza. Su Madrid era mental: la Madrid de los clásicos, del catolicismo tridentino, de la lengua guardada por la Real Academia. Vicepresidente de Rafael Núñez, ejerció de hecho el ejecutivo en Bogotá durante los últimos años en que Núñez gobernaba desde Cartagena sin ejercer efectivamente el cargo; a la muerte del cartagenero en 1894, asumió el control completo del poder.
Su insistencia en políticas conservadoras que excluían a los liberales de todo puesto de gobierno contribuyó decisivamente a la polarización política de finales de siglo, cuyo desenlace fueron la guerra de los Mil Días (1899-1902) y la pérdida de Panamá en 1903. El hispanismo caroísta no fue una nostalgia individual: fue un proyecto de Estado. La equiparación colombiana entre humanismo y conservatismo —el cultivo del latín como marcador de clase, la resistencia de la universidad medievalizante frente a la ciencia moderna y la Ilustración— se alimentaba del viejo conflicto hispánico entre la ciencia y la ortodoxia eclesiástica, y trasplantó ese conflicto al altiplano bogotano. Filológicamente precario, socialmente ineficaz, ese humanismo fue sin embargo políticamente eficacísimo: dio a la Regeneración un lenguaje, una legitimidad y una duración que llegaría, con transformaciones, hasta bien entrado el siglo XX.
Sevilla, Madrid y los archivos: la historia se escribe desde la metrópoli
Cuando en el siglo XX los historiadores colombianos quisieron reconstruir con rigor la Colonia, encontraron que las fuentes esenciales estaban del otro lado del Atlántico. El Archivo General de Indias de Sevilla se convirtió en destino obligado; los investigadores que aspiraban a una tesis seria sobre la Nueva Granada aprendían a leer paleografía y viajaban a la ciudad andaluza. Germán Colmenares es el caso paradigmático: renovador de la historiografía colombiana con métodos cuantitativos y sensibilidad estructural, amplió en 1970 y 1971 sus investigaciones en el Archivo de Indias para sostener una tesis de doctorado en la Universidad de París, auspiciada por la Escuela Práctica de Altos Estudios. La trayectoria dibuja un triángulo revelador: los legajos peninsulares, la teoría francesa y la escritura hecha desde Bogotá. Bajo la orientación de Luis Navarro García se formó, además, en Sevilla, una verdadera "escuela sevillana" que produjo múltiples tesis doctorales y tesinas sobre historia colonial de la Nueva Granada, y por décadas un joven colombiano con vocación colonialista supo que su camino pasaba por la calle Santo Tomé.
Madrid, por su parte, se consolidó como centro editorial y de referencia bibliográfica para esa historiografía. Richard Konetzke, el gran hispanista alemán instalado en la Península, editó desde Madrid, para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la monumental compilación documental sobre la formación social hispanoamericana que se volvió imprescindible en cualquier bibliografía colonial colombiana. Un académico alemán, escribiendo en español desde el CSIC franquista, se convirtió así en referencia obligada para los historiadores de un país que llevaba siglo y medio de independencia. Algo similar ocurrió con José María Ots Capdequi, exiliado del franquismo y figura clave en la historiografía del derecho indiano, cuyas obras sobre las instituciones coloniales aparecieron en México y en Barcelona y fueron incorporadas por la historiografía colombiana como referencia estándar. Las publicaciones periódicas madrileñas siguieron alimentando durante décadas los aparatos de notas: en 1968, por ejemplo, Demetrio Ramos publicó allí un estudio sobre uno de los grandes cronistas del Nuevo Reino de Granada. Y las colecciones documentales editadas también en Madrid seguían llegando por barco a las bibliotecas universitarias de Bogotá y Medellín.
La geometría del asunto es clara: el poder imperial produjo, durante trescientos años, una documentación gigantesca que centralizó en Sevilla y Madrid; la historiografía nacional colombiana, en el siglo XX, tuvo que ir a buscar allí los materiales para escribir su propia historia. La independencia política no repatrió el archivo. Pero los historiadores colombianos no fueron a Sevilla a rendir tributo: fueron a extraer de las cédulas, informes de visitadores y cartas de encomenderos los argumentos para una historia crítica, social y económica, que a menudo iba contra el relato heroico y contra el hispanismo caroísta. El archivo imperial acabó siendo, paradójicamente, cantera de una historiografía que discutía al imperio.
Editoriales, tertulias y el peso de Espasa
En paralelo, Madrid ejercía otra forma de gravitación: la editorial. Desde los años treinta, Espasa Calpe se mostraba muy activa en América Latina, donde logró hacer conocidas sus principales colecciones. Realizó negocios y ofertas al Gobierno colombiano, y el Ministerio de Educación adquirió textos traducidos del francés —entre ellos los de J. H. Fabre— para las escuelas del país. La influencia editorial madrileña se extendió a la historia literaria: obras de crítica sobre autores colombianos, incluyendo estudios sobre José Asunción Silva y sobre cronistas de Indias, aparecieron en editoriales de la capital española como Cátedra, Gredos y Orbis. Investigadores colombianos se integraron a colecciones y homenajes académicos madrileños entre los años setenta y ochenta. Las obras completas de José Enrique Rodó —con Ariel, El mirador de Próspero y Rumbos nuevos, lecturas fundacionales del arielismo hispanoamericano que tanto marcó a las élites letradas colombianas— salieron en Madrid por la editorial Aguilar.
El caso de Gabriel García Márquez es más complejo de lo que suele contarse. Cien años de soledad no fue una novela publicada en Madrid: apareció en Buenos Aires en 1967, en la Editorial Sudamericana. La consagración madrileña llegó cuarenta años después, cuando en 2007 la Real Academia Española editó en la capital española la edición conmemorativa del libro. Entre una fecha y otra hay una historia larga de decisiones personales del escritor. García Márquez había mantenido siempre una relación oblicua con España: rechazó, por razones éticas de independencia, el ofrecimiento de un consulado en Barcelona, con la frase de que el único modo legítimo de que sus libros se vendieran más era escribirlos bien. Cuando Madrid quiso reclamarlo, en 2007, lo hizo sobre un autor que había construido su carrera fuera de sus circuitos oficiales, que había publicado donde había querido y que había rehusado los cargos que la burocracia hispánica ofrecía a los escritores latinoamericanos consagrados. La edición de la RAE fijaba a García Márquez —él, el liberal cartagenero, el reportero de Aracataca— en el canon hispánico oficial, pero llegaba tarde a un fenómeno cuya escala ya la determinaba el mercado global: la novela ha vendido, según algunas estimaciones, cerca de cuarenta millones de copias, y se ubica entre los libros más vendidos en lengua española después del Quijote y la Biblia. Cuando el escritor murió en 2014, el diario El País de España tituló "Murió Gabriel García Márquez: genio de la literatura universal". La proyección internacional que Madrid ayudó a consolidar fue, en última instancia, una proyección de la lengua compartida, no de una dependencia editorial.
Otros artistas colombianos habían pasado antes por Madrid en momentos formativos. Fernando Botero viajó a la capital española en 1952 y estudió en la Escuela de San Fernando; la ciudad, con el Prado a la vuelta de la esquina, ofrecía a un joven antioqueño el acceso directo a Velázquez y Goya que ninguna otra le habría dado. Álvaro Mutis, García Márquez, Plinio Apuleyo Mendoza, Germán Arciniegas: la generación del Boom y sus alrededores hicieron de Madrid, junto con Barcelona y París, uno de los vértices de un triángulo cosmopolita. El Café Gijón, en el paseo de Recoletos, fue durante décadas escenario de tertulias donde el español americano se cruzaba con el peninsular sin jerarquías previas. Se pedía café, se discutía sobre Rulfo, se cerraban ediciones, se pactaban prólogos: la relación imperial se había vuelto conversación de mesa.
Cumbres, crisis y el nuevo tablero iberoamericano
En 1992, quinientos años después del desembarco de Colón, España organizó una serie de conmemoraciones que redibujaron el mapa simbólico de sus relaciones con América. La Exposición Universal de Sevilla fue la más visible; en paralelo, la segunda Cumbre Iberoamericana se celebró en Madrid ese mismo año. Colombia enviaba a la reunión al presidente César Gaviria. Pero en julio de 1992, en vísperas del viaje, Pablo Escobar se fugó de la cárcel de La Catedral, y la crisis interna sacudió los preparativos de la delegación. La asimetría de las agendas tenía algo casi novelesco: mientras Madrid celebraba la comunidad iberoamericana con banquetes y discursos, Bogotá lidiaba con la fuga del narcotraficante más peligroso del hemisferio. El presidente colombiano viajaba de una reunión de cancilleres a otra con la cabeza puesta en un operativo militar que se le desmoronaba a cinco mil kilómetros de distancia.
Las cumbres iberoamericanas —y la Casa de América, inaugurada en el palacio de Linares en la plaza de Cibeles como sede institucional del diálogo cultural con el continente— consolidaron a Madrid, en la última década del siglo XX, como capital de un espacio comunitario que aspiraba a superar la vieja lógica metrópoli-colonia por la vía de la cooperación entre estados soberanos. La igualdad formal era real; la asimetría de recursos, también. Los presidentes latinoamericanos que llegaban a Cibeles firmaban declaraciones conjuntas con el jefe de Gobierno español y con el rey Juan Carlos, pero volvían a países cuyas economías dependían en grados desiguales del capital, la banca y la energía peninsulares. Telefónica, Repsol, Endesa y los grandes bancos españoles se convertirían en los años siguientes en actores centrales de la economía colombiana: cuando el usuario bogotano descolgaba el teléfono, cuando el conductor barranquillero llenaba el tanque, cuando el ahorrador medellinense abría una cuenta, había una probabilidad creciente de que la contraparte fuera una empresa con sede en Madrid. La cumbre era, en ese sentido, también un escenario donde se reescribía —bajo el lenguaje de la comunidad cultural— la vieja gramática de las asimetrías.
La otra Madrid: la de la diáspora
Frente a la Madrid de las embajadas, las editoriales y los archivos, hay otra ciudad —menos visible en los libros pero decisiva en la vida cotidiana de miles de familias— que también forma parte de la historia colombiana reciente. Es la Madrid de la diáspora. Desde finales del siglo XX, Colombia se convirtió en uno de los países con mayor migración de Suramérica: uno de cada diez colombianos vivía fuera del país. Las causas principales fueron económicas, seguidas por razones familiares y, más ocasionalmente, por motivos de seguridad. Madrid recibió una parte significativa de ese flujo: colombianos que llegaron a trabajar en el servicio doméstico, la construcción, la hostelería, y que fueron levantando redes barriales en distintos puntos de la ciudad y su área metropolitana. Barrios como Usera, Vallecas o zonas del corredor del Henares se poblaron, en apenas dos décadas, de peluquerías, restaurantes de comida costeña, locutorios y agencias de envío de dinero que dibujaban, sobre el plano de Madrid, una geografía duplicada. Un vecino de Usera podía almorzar bandeja paisa un martes cualquiera; un pasajero del cercanías a Alcalá de Henares oía el vallenato saliendo de un local abierto de par en par.
Junto a la migración económica llegó también el exilio político. La persecución paramilitar en Colombia se extendió más allá de la Unión Patriótica para afectar a personas desmovilizadas, movimientos sindicales y sectores de la sociedad civil; parte de esa persecución produjo exilios en Europa. Figuras de la izquierda política encontraron en el continente refugio: Aída Avella, presidenta de la Unión Patriótica, se exilió en Suiza en 1997, en un patrón que se repitió con otros dirigentes hacia distintas capitales europeas. Madrid, con su lengua compartida y su relativa cercanía institucional, acogió a parte de esa emigración forzada. La Madrid colombiana ya no era solo la de los diplomáticos y escritores del siglo XIX y XX, sino la de trabajadores, activistas y familias que sostenían desde España vínculos económicos y afectivos con sus lugares de origen. Una Madrid que habla con acento paisa en las obras de la M-30, con acento caleño en los locutorios de Cuatro Caminos, con acento bogotano en las cátedras de universidades públicas; una Madrid que, sin proponérselo, se ha vuelto tan colombiana como muchas ciudades intermedias del país de origen.
Lo que Madrid dejó, lo que Colombia hizo con eso
Si algo enseña la larga historia entre Madrid y Colombia es que la dependencia estructural no explica el desenlace de cada momento; lo explican, más bien, las decisiones concretas, las contingencias y las apropiaciones. Sin la captura de la familia real por Napoleón en 1808, el 20 de julio de 1810 habría tenido —si es que hubiera ocurrido— otro signo. Sin la elección personal de Miguel Antonio Caro de no viajar nunca a España, su hispanismo habría tenido otra textura. Sin la fuga de Pablo Escobar en julio de 1992, la Cumbre Iberoamericana de Madrid habría tenido para Colombia una imagen distinta. Sin la decisión de García Márquez de rechazar el consulado barcelonés, la relación entre el Boom y las embajadas españolas se habría enredado de otro modo.
Madrid fue la ciudad desde la cual se legisló la Nueva Granada, se censuró su imprenta, se archivó su documentación, se consagró a sus escritores, se editó su Mutis, se recibió a sus exiliados. Pero fue también la ciudad contra la cual —o desde cuya distancia— Colombia definió repetidamente los términos de su propia existencia. El vínculo no es de simple dependencia ni de simple ruptura: es de negociación permanente. Las cédulas del Consejo de Indias que ordenaron la vida colonial, los dibujos de la Expedición Botánica custodiados por el Real Jardín, los estudios sobre literatura colombiana editados en la capital española, las familias colombianas que hoy pagan una hipoteca en Chamberí o Lavapiés y envían remesas a Pereira o a Ibagué: todo eso pertenece a un mismo largo relato, cuyos capítulos no se suceden por la lógica de una metrópoli que ordena y una periferia que obedece, sino por la de dos ciudades —una imperial, otra virreinal; una europea, otra andina— que han estado hablándose, discutiéndose y traduciéndose durante casi quinientos años.
Ninguna ciudad extranjera pesa tanto en la historia de Colombia como Madrid; y ninguna ha sido, al mismo tiempo, tan resignificada por los colombianos que se relacionaron con ella. Ese doble movimiento —el peso y la resignificación— es el que hay que entender para no caer ni en la nostalgia hispanista de Caro ni en el rechazo antiespañol simétrico. Madrid es, en la historia de Colombia, un espejo estructural: un espejo que devuelve, con implacable claridad, tanto lo que se aceptó como lo que se disputó, tanto lo heredado como lo inventado en contra de la herencia.
El territorio en el archivo
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Documentos y fragmentos citados
40 documentos · 47 fragmentos01Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 1211 cita
[1]De una parte, la profusa producción, la cuidadosa colección y la exclusiva posesión de textos servía para proyectar una cautivante imagen de un Estado omnisciente y que todo lo conocía. De otra, los documentos manuscritos servían como fuentes para la escritura y publicación de la historia oficial y su colección servía…
p. 121
02Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 611 cita
[2]nuevos títulos y bienes. Según Lope de Vega, los indianos son derrochadores por naturaleza, pues “tienen dineros y los dan en toda ocasión”, además de vivir presumiendo no solo las fatigas y trabajos vividos en el pasado, sino también los títulos que gracias a ello han alcanzado (Martínez-Tolentino, 2001, pp. 83 -…
p. 61
03Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 142 citas
[3]instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…
p. 14
[4]instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…
p. 14
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 3461 cita
[5]y la de los virreyes Eslava, escrita por el oidor Ber á s- tegui (1751), Sol í s (1760), Mess í a de la Zerda (1772), Guirior (1776), Caballero y G ó ngora (1789), Ezpeleta (1796), Mendinueta (1803), Montalvo (1818), se cuentan entre los m á s valiosos docu mentos que dej ó el gobierno colonial para el estudio de la…
p. 346
05Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 5121 cita
[6]de Amagá. Encontró todas las dificultades de rigor, y el término que se le dio para iniciar la producción hubo de ser prorrogado, pero ya en 1869 su producción había hecho disminuir la importación de hierro 632. En 1870 era «la empresa de más porvenir que se ha acometido en el Estado» 633. Poco 630 Pero no se pasó de…
p. 512
06Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 181, 1882 citas
[7]Nuevo Reino de Granada (Sevilla, 1918). 284. Ramos, Demetrio: “Consideraciones acerca de Fray Pedro de Aguado”, RI, Madrid, 98 (1968). 285. Romero, Mario Germán: Juan de Castellanos... (Bogotá, 1964). 286. Vergara y Vergara, Gabriel: Historia de la Literatura en la Nueva Granada, desde la Conquista a la Independencia…
p. 188
[47]en Colección de documentos inéditos para la historia de España, vol. 71 (Madrid, 1879). 87. Velasco, Juan de: Historia del reyno de Quito en la América Meridional (Quito, 1971). 88. Zamora, Alonso de: Historia de las provincias de San Antonio del Nuevo Reino de Granada. 3 vols. (Bogotá, 1945). C. LITERATURA SECUNDARIA…
p. 181
07Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1011 cita
[8]half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…
p. 101
08Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 481 cita
[9]sonal, aunque pagaban impuestos al comercio o a la producci ó n minera (quinto, que se redujo a menos de 5% en pocos a ñ os) y agr í cola (diezmo para sostener la Iglesia). Con estas reformas, desde 1550 existi ó una autoridad local en todo el territorio y hubo un esfuerzo persistente por someter a los EL…
p. 48
09Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 1531 cita
[10]denominador y principal movil de la conquista del territorio colombiano fue la busqueda del oro. La leyenda de El Dorado fue creada desde aquella época, parece que por los propios indige- nas, para despistar a los espanoles. La conquista fue una empresa cruenta. Muchas poblaciones nativas fueron arrasadas y los…
p. 153
10Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 1321 cita
[11]UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:46 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. bI bl I o G r AP hy Primary Archival Sources AGI Archivo General de…
p. 132
11Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 14, 1092 citas
[12]historia de Colombia, tomos I-IV, Bogotá, 1982. CASTELLANOS, JUAN DE: Elegías de varones ilustres de Indias,Bogotá, 1955. Documentos relativos a don Pedro de La Casca y Gonzalo Pizarro, tomos I-II, Madrid, 1964. FRIEDE, JUAN:Gonzalo Jiménez de Quesada a través de documentos históricos,Bogotá, 1960.: Documentos…
p. 109
[34]Relatos libres (Bogotá, Bandera Roja, 1972), "La gran negociación y su contraimagen en la poesía de la generación del 27", en Studio philologica in honorem Rafael Lapesa (Madrid, Gredos, 1974), Naturaleza, historia y poética en Pablo Neruda (Madrid, Sociedad General, 1978), Estudios sobre literatura española y…
p. 14
12Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1061 cita
[13]los distintos grupos sociales de la Nueva Granada. En realidad, fue la coyuntura nacida de la inva- sión napoléonica a España la que incitó a los criollos a llenar el vacío de poder dejado por los Borbones, con la teoría en virtud de la cual, cuando faltaba el monarca, la sobe- ranía que éste ejercía a nombre del…
p. 106
13When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 301 cita
[14]the cry heard often in Tolima during the Revolt of the Comuneros. 14 As major landmarks in the political life of late-eighteenth-century Tolima, the Jesuit expulsion and the Comunero revolt were most significant for the reaction they failed to evoke. Those events did not trigger any popular outcry against the king,…
p. 30
14When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 433 citas
[15]when national independence was declared two decades later. \;\/hat seemed on the surlace to be an angry reaction against monarchical rule was actually a protest against Napoleon Bonaparte's conquest of Spain. The French dictator enraged Spanish subjects when he seized the royal family in 1808 and conquered most of…
p. 43
[16]when national independence was declared two decades later. \;\/hat seemed on the surlace to be an angry reaction against monarchical rule was actually a protest against Napoleon Bonaparte's conquest of Spain. The French dictator enraged Spanish subjects when he seized the royal family in 1808 and conquered most of…
p. 43
[17]when national independence was declared two decades later. \;\/hat seemed on the surlace to be an angry reaction against monarchical rule was actually a protest against Napoleon Bonaparte's conquest of Spain. The French dictator enraged Spanish subjects when he seized the royal family in 1808 and conquered most of…
p. 43
15Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 311 cita
[18]mundo cambió para millones de personas que habitaban la América española. En este capítulo se examinan dichas transformaciones ideológicas, políticas, económicas y territoriales para el caso de Colombia, 6 las cuales estaban inextricablemente ligadas a los cambios que ocurrían simultáneamente en el contexto del mundo…
p. 31
16La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 621 cita
[19]un derecho exclusivo del rey; solo en su presencia se podía llevar a cabo dicha reunión. Pero ante el vacío de poder como resultado de la abdicación al trono por parte de Fernando VII, el pueblo estaba en la obligación de convocar a la institución encargada de su representación para proteger al reino de sus invasores,…
p. 62
17Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 1121 cita
[20]emancipaci6n de Hispanoamérica era un he- cho inevitable, pues constituia la culminacion logica de su proceso historico. Sin embargo, el momento y la forma en que se produjera si estaban sujetos a variaciones notables, en funcion de la habilidad con que se condujeran sus protagonistas. Entre la in- dependencia…
p. 112
18De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[21]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
19De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[22]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…
p. 44
20El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1301 cita
[23]fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…
p. 130
21Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 2201 cita
[24]esa altura y nos sería lícito esperar que la influencia de tales ideas se limitara al respeto de la forma y no alcanzara a obrar sobre la percepción de las cosas. ¡Qué acentos de indignación encuentra Caro para increpar a Quintana su grito generoso, humano, cuando recono- ciendo las crueldades de la Conquista, quiere…
p. 220
22Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 6001 cita
[25]a Miguel Antonio Caro no justificaba que a esos ejercicios se les diera el nombre de humanismo; porque la obra que leg ó a Colombia ese humanismo fue filol ó gicamente tan precaria y socialmente tan ineficaz, q ue asociarla a una de las formas hist ó ricas del Humanismo equi va. l í a a un acto de desmesura…
p. 600
23Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 971 cita
[26]cosas que pasaban en esa época, mientras definíamos los fueros de cada entidad. Otra historia tuvo que ver con la crisis que generó la fuga de Pablo Escobar en julio de 1992. Por esos días, se iba a celebrar en Madrid la segunda Cumbre Iberoamericana y estaba ocurriendo además la Exposición Universal de Sevilla que…
p. 97
24La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 1111 cita
[27]Alejandro que apoyar a los rebeldes griegos promovía la revolución internacional y se oponía diametralmente a los objetivos de la Alianza. Mientras el zar ya estaba reuniendo los fondos necesarios entre banqueros amsterdameses, supieron evitar a última hora que declarara la guerra a Turquía. 11 La misión de Zea Una…
p. 111
25Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 331 cita
[28]fundamental del Congreso, el antiguo virreinato de Nueva Granada y la antigua Capitania General de Venezuela se unian para formar un solo Estado. fruto de su madura inteligencia, don Pedro Gual tra- duce a la realidad las ideas inspiradoras de Bolivar y en primer lugar organiza la propia Secretaria de Relaciones…
p. 33
26A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 431 cita
[29]Press. DOI: 10.4324/9781003289241-3 2.1 Introduction On September 21, 1819, a series of thorough, yet little explored reports explain - ing the rapid collapse of colonial rule in New Granada (present-day Colombia and Ecuador) flooded the office of the authorities in Madrid. The previous month, a small battle in a town…
p. 43
27La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 200, 3782 citas
[30]León de Greiff (p. 313). Bogotá: Colcultura, Colección Popular. De Greiff, L. (2004). Obra poética 1. Bogotá: Universidad Nacional. Escobar, M. (1995). Los panidas de Medellín. Revista Credencial Historia, (70). Fuenmayor, A. (1982). Ramón Vinyes tuvo que elegir entre los bananos y la literatura. En R. Vinyes,…
p. 378
[35]limo. Barcelona: Seix Barral. Pearce, J. (1999). Literary Converts. Harper Collins. Poizat, M. (s. f.). L’opéra ou Le cri de l’ange. París: Éditions Métailié. Rendón, F. de P. ([1907] 1954). Cuentos y novelas. Medellín: Editorial Bedout. Rivas Groot, J. M. ([1902] 1951). «Resurrección». En Novelas y cuentos. Bogotá:…
p. 200
28Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 1181 cita
[31]Botero se fue a Madrid en 1952 y estudió en la Escuela de San Fernando. En la Academia de San Marcos, en Florencia, tuvo como profesor a Bernard Berenson.Vivió en Nueva York, en Greenwich Village; allí sobrevivió vendiendo su arte por muy poco; “hacía réplicas de grandes obras, para turistas”, sin imaginar que…
p. 118
29Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 1381 cita
[32]a escribirlos. Álvaro Mutis había viajado a México, a donde lo persiguió la intolerancia de unas empresas que consideraban siempre aceptable gastar dinero en campañas electorales y en relaciones públicas pero que veían escandaloso que se hicieran esos mismos gastos en relaciones culturales y en estímulos a los…
p. 138
30Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 2031 cita
[33]oficio compromete la independencia del escritor, y que esta es para él, según mi modo de pensar, algo tan esencial, como saber escribir. Más aún: si no he asistido a la entrega de los premios que se me han otorgado en distintos países, ni participado nunca en ninguna clase de promociones públicas, no es solamente por…
p. 203
31La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · p. 281 cita
[36]hizo importantes negocios y ofertas editoriales al Gobierno colombiano en los años treinta, era una editorial católica, de fuerte tendencia conservadora, muy alerta a los signos del mercado (de manera rápida y muy promocionada editó en castellano Mein Kampf, de Hitler, poco después de su publicación) y muy activa en…
p. 28
32Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 citas
[37]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
p. 28
[38]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…
p. 28
33La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 1751 cita
[39]¿Sería oportuno mi viaje a esa por septiembre-octubre? ¿Podría yo tener una copia muestra de los dibujos Mutis por junio? En espera de los consejos y determinaciones de Ud. me suscribo su atto. s.s. Enrique Pérez Arbeláez (Rubricado) [Archivo Real Jardín Botánico de Madrid] En una segunda carta dirigida al mismo…
p. 175
34Indómita: Colombia según el cine extranjeroPaula Andrea Barreiro Posada · 2019 · p. 1261 cita
[40]suelen hacer para cometer un crimen o vengarse. Según la investigación que mencionamos pre- viamente acerca del perfil migratorio, las causas de la migración de colombianos son principalmente de tipo económico, le siguen las de tipo familiar y, más oca- sionalmente, por razones de seguridad (p. 20). En las cintas que…
p. 126
35Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 951 cita
[41]Alfredo Molano quien lo hizo en Barcelona en 2001. Véanse Molano (2001); Semana (2016, 3 de octubre). 96 Exilio colombiano Huellas del conflicto armado más allá de las fronteras En este contexto, continuó la persecución contra los grupos y organizaciones de izquierda como la UP 149, y se extendió contra aquellas…
p. 95
36La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 761 cita
[42]migraciones colombianas a Europa 100. 100 Entre estas investigaciones destacan: «Gender and Forced Migration: The Experiences of Colombian Refugees Living in London» y «Political Transnationalism, Gender and Peace-building among Colombian Migrants in the UK and Spain» (financiadas por ESRC, Reino Unido); «Crisis,…
p. 76
37Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 171 cita
[43]algunas investigaciones iniciadas en 1968 den tro de un programa del Departamento de Historia de la Universidad de los Andes. En 1970 y 1971 se ampliaron en el Archivo de Indias de Sevilla para sostener una tesis de doctorado en la Universidad de París, auspicia da por la Escuela Práctica de Altos Estudios. En 1972 y…
p. 17
38Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 141 cita
[44]de este intento de síntesis, se han realizado investigaciones valiosas, particular- mente en Sevilla (España) bajo la orientación de don Luis Navarro García. Varias tesis de doctorado y algunas tesinas de lo que podría llamarse con propiedad escuela sevillana se han ocupado minuciosamente de algunos-te- xvi HISTORIA…
p. 14
39Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 3421 cita
[45]Provinces of Columbia [sic ]. vols. London: John Murray, . Humboldt, Alexander von. ‘‘Diario VII a y b.’’ In Alexander von Humboldt, En Colombia: Extractos de sus Diarios preparados y presentados por la Academia colombiana de ciencias exactas, físicas y naturales y la Academia de Ciencias de la República…
p. 342
40Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 3421 cita
[46]Provinces of Columbia [sic ]. vols. London: John Murray, . Humboldt, Alexander von. ‘‘Diario VII a y b.’’ In Alexander von Humboldt, En Colombia: Extractos de sus Diarios preparados y presentados por la Academia colombiana de ciencias exactas, físicas y naturales y la Academia de Ciencias de la República…
p. 342