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Idea · Pre-independencia

Historia natural

Entre 1760 y 1810, la historia natural se transformó en la Nueva Granada de curiosidad de médicos y misioneros en empresa de Estado: un dispositivo colonial que, al inventariar quinas, minerales y selvas con criterios linneanos, formó a la élite criolla que usaría ese saber territorial como plataforma política hacia la Independencia.

3.668 palabras22 documentos45 fragmentos citados
Historia natural

Trayectoria de una idea

  1. 1760

    Llegada de Mutis y del saber linneano a la Nueva Granada

  2. 1778

    Disputa por la quina y la política borbónica de recursos naturales

  3. 1783

    Fundación e inauguración oficial de la Real Expedición Botánica

  4. 1784

    Integración de botánica y mineralogía como programa imperial único

  5. 1791

    El Papel Periódico y la circulación pública del saber natural

  6. 1808

    Muerte de Mutis y legado inconcluso de la Expedición

  7. 1816

    Clausura definitiva de la Expedición Botánica durante la Reconquista

03

La lectura

La historia natural llegó a la Nueva Granada como lenguaje del poder imperial: describir la naturaleza americana con criterios linneanos era, en la lógica borbónica, un preludio de extraer sus riquezas. La quina, los minerales y las selvas del Quindío no eran objetos de contemplación sino recursos a inventariar, tasar y poner en circulación mercantil. Sin embargo, el dispositivo colonial produjo efectos que Madrid no había calculado: al formar pintores, botánicos, astrónomos y periodistas criollos, al reformar aulas y fundar periódicos, la historia natural creó una nueva imagen del territorio como espacio propio, cognoscible y administrable por quienes lo habitaban. Esa doble condición —instrumento fiscal del Imperio y escenario involuntario de una nueva conciencia territorial— define la singularidad del proyecto neogranadino frente a sus homólogos peruano y mexicano. Cuando la Expedición fue clausurada en 1816, sus láminas inéditas y su herbario de 20.000 plantas eran ya el archivo de una nación que estaba aprendiendo a nombrarse.

La historia natural en la Nueva Granada

Entre 1760 y 1810, la historia natural dejó de ser en el Nuevo Reino de Granada una curiosidad de médicos y misioneros para convertirse en una empresa de Estado. La Corona española, en el ciclo pragmático de Carlos III, invirtió en un proyecto inédito: describir, clasificar y explotar la naturaleza americana con criterios linneanos, cartográficos y económicos. Ese proyecto tuvo un nombre —la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, fundada el 1 de abril de 1783— y un director, el gaditano José Celestino Mutis, cuya figura organizó durante más de medio siglo el paisaje intelectual del virreinato. Fue también más que una expedición: un tejido de tertulias, periódicos, observatorios, cátedras reformadas y viajeros europeos que, al inventariar la quina, los minerales, las selvas del Quindío y las alturas andinas, terminó formando a la élite criolla que hacia 1810 usaría ese saber territorial como plataforma política. La historia natural neogranadina fue, así, un dispositivo colonial de doble filo: instrumento fiscal del imperio y, a la vez, escenario involuntario de una nueva conciencia del territorio.

Un saber útil para un imperio en reforma

La historia natural que llegó a Nueva Granada a mediados del siglo XVIII no era la del gabinete barroco de curiosidades, sino la de la sistemática moderna: la taxonomía de Carl von Linné, con su ordenamiento jerárquico de reinos, clases y géneros, y su promesa de convertir el mundo vegetal en catálogo administrable. Ese marco epistemológico no era neutro. Se acompasaba con las urgencias de la monarquía borbónica, que bajo Carlos III buscó reconstruir la economía peninsular mediante la explotación racional de sus dominios ultramarinos. Describir era, en esa lógica, un preludio de extraer.

De ahí que la Expedición Botánica de Nueva Granada no fuera un hecho aislado, sino un eslabón de una política imperial de expediciones científicas. Antes que ella habían salido la Expedición al Orinoco (1754-1761), en la que participó José de Iturriaga, y la Real Comisión de Guantánamo (1769-1802), encargada de levantar el plano del canal del río Güinas en Cuba; paralela a la neogranadina corrió la Expedición Botánica al Virreinato del Perú, iniciada en 1777. La Corona quería un inventario simultáneo de sus territorios, y en cada uno destinó equipos con dibujantes, herbolarios y astrónomos. La orden venía de Madrid y la traducían los virreyes en cada capital colonial.

En Santafé, esa traducción tuvo un mediador decisivo: el arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora, quien concibió la Expedición como parte de un plan de explotación racional de las riquezas del reino y, a la vez, como instrumento para reorientar la cultura letrada del virreinato. Su diagnóstico era severo: la Nueva Granada seguía atada, según él y según el virrey Manuel de Guirior antes que él, a un "antiguo letargo" escolástico mientras el resto de la monarquía había abrazado la ilustración. Las ciencias meramente especulativas debían ceder terreno a las ciencias exactas útiles; un reino rico en recursos naturales, argumentaba, necesitaba más sujetos capaces de observar la naturaleza y explotarla que teólogos ejercitados en sutilezas. El visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, figura clave y polémica del reformismo borbónico, también aparece en el origen del proyecto: la Expedición Botánica fue una iniciativa administrativa antes que una vocación criolla espontánea.

Mutis antes de la Expedición

Cuando la Real Cédula formalizó la empresa en 1783, José Celestino Mutis llevaba ya más de veinte años instalado en el virreinato. Había partido de Madrid el 28 de julio de 1760 como médico personal del virrey Pedro Messía de la Cerda, y se estableció en Santafé en 1761. En su equipaje traía un ejemplar de la Philosophia Botanica de Linné —obra que estaba en la biblioteca de su alma mater desde 1752 y de la que el naturalista Frédrik K. Logié le regaló su propio ejemplar antes del viaje—: fue, con toda probabilidad, el primer libro linneano que ingresó al Nuevo Reino, y Mutis lo conservó como pieza fundacional de su biblioteca americana.

Esa primera etapa, entre 1760 y 1783, fue de carácter personal. Mutis ejerció como médico, se ocupó de asuntos mineros, dictó cátedra y sostuvo una correspondencia intensa con Linné en Uppsala. El sabio sueco le dedicó plantas —una de ellas, el género Mutisia, conserva su nombre en la nomenclatura botánica— y difundió sus trabajos en los círculos científicos europeos, abriéndole las puertas de la Academia de Estocolmo y del propio ambiente universitario de Uppsala. Cuando Antonio José Cavanilles, botánico valenciano de peso mayúsculo, le dedicó más tarde sus trabajos con la fórmula In honorem sapientissimi botanicorum in America Princeps, salutatur, debetque etiam inter primatos Europeos collocari, no hacía sino ratificar un lugar que Mutis se había ganado por vía epistolar: el de un europeo desplazado en América que, sin embargo, era leído en Europa como interlocutor de primer nivel.

Esa reputación no lo protegió del conflicto local. Mutis fue el primero en enseñar el sistema copernicano en la Nueva Granada, y su defensa del heliocentrismo en el Colegio Mayor del Rosario le atrajo la denuncia de los dominicos, que lo acusaron de herejía ante instancias inquisitoriales. Detrás del ruido teológico había una disputa por la reforma universitaria: la nueva ciencia amenazaba el monopolio escolástico de las órdenes religiosas sobre la enseñanza superior. El respaldo de Caballero y Góngora fue, en ese sentido, no solo institucional sino biográfico: protegió a Mutis del acoso doméstico y le abrió el camino hacia la dirección de la Expedición.

El otro pleito de Mutis fue con Sebastián López Ruiz, quien reclamó ante el virrey Manuel Antonio Flórez el título de descubridor de las quinas del Nuevo Reino. Por Real Orden de 1778, López Ruiz había sido encargado de recorrer las montañas del virreinato para estudiar los lugares donde crecían la quina y la canela silvestre de los Andaquíes, misión que cumplió y de la que regresó en 1783 —el mismo año de la fundación de la Expedición—. El pleito fue sentenciado a favor de Mutis, aunque López Ruiz viajó a España a defender su causa y llegó a atacar la legitimidad misma de los títulos médicos de su rival: en su Informe sobre los profesores de Santa Fe sostuvo que nadie los había visto y que el Real Colegio de Cirugía de Cádiz, donde Mutis se había formado, otorgaba títulos de cirujano latino y no de médico. La disputa, técnica en apariencia, era una guerra por el control de un recurso: la quina.

La quina, motor y pretexto

Ningún objeto del reino vegetal americano condensó mejor las esperanzas de la política borbónica que la corteza del quino. Febrífugo eficaz contra las fiebres palúdicas, la quina tenía un mercado internacional consolidado: hacia finales del siglo XVIII se estimaba un consumo mundial cercano a las 16.000 arrobas anuales. En un momento del cálculo hacendístico, la libra puesta en Cartagena se tasó en 20 reales de plata —unos 62 pesos y medio por arroba—, y los proyectistas de la Corona vieron en el monopolio un ingreso sustancial para el Erario. Cuando el comercio se liberalizó, sin embargo, el precio cayó a entre 6 y 8 reales la libra. El debate sobre si la explotación debía quedar en manos del Rey o de los particulares —con la advertencia siempre presente de que "la avaricia del comerciante" podía arruinar la calidad del producto— atravesó toda la política ilustrada del ramo.

La quina explica buena parte de la Expedición: uno de sus objetivos declarados era describir mejor las propiedades comerciales de la corteza y localizar sus especies aprovechables. Y explica también por qué la historia natural interesaba a Madrid. Los mismos años en que la Expedición se organizaba, en 1784, el Ministerio de Indias envió al Nuevo Reino dos mineros formados en Sajonia, Suecia y Hungría para introducir métodos más seguros en las minas de plata de Mariquita y Pamplona, y el Rey mandó laborear por su propia cuenta cuatro vetas para estimular a los particulares. Botánica y mineralogía se pensaban como un solo programa: identificar riqueza natural, describirla con precisión, ponerla en circulación mercantil.

La Expedición en marcha

La Real Expedición Botánica se inauguró oficialmente el 27 de abril de 1783. Su estructura inicial era modesta: Mutis como director, Eloy Valenzuela —joven neogranadino nacido en 1756, futuro sacerdote y botánico— como subdirector, Antonio García del Campo como pintor, y Luis Esteban y Roque Gutiérrez como auxiliares. La primera sede se instaló en la Mesa de Juan Díaz, en la actual Cundinamarca; luego el trabajo se desplazaría a Mariquita y finalmente a Santafé de Bogotá, donde la Expedición adquirió su rostro más reconocible.

Esa segunda etapa, ya en la capital virreinal, transformó la empresa. Con presupuesto sostenido de la Corona, sedes propias, herbario, biblioteca y taller de dibujo, la Expedición dejó de ser el trabajo de un naturalista con auxiliares para volverse una institución con reglas, escuelas y jerarquías. El taller de pintores llegó a contar con hasta diecinueve dibujantes trabajando simultáneamente —una cifra desmesurada frente a las expediciones paralelas de Perú y México, que operaban con dos dibujantes cada una—. Mutis los formó. Los que venían de Quito traían la tradición de la Escuela quiteña —minuciosidad, colores brillantes, líneas sinuosas— pero desconocían la iconografía botánica y sus exigencias específicas de exactitud morfológica: raíz, tallo, hoja, flor y fruto dispuestos según convenciones linneanas. La formación que Mutis les impuso combinó el oficio pictórico local con las normas europeas del género, produciendo una escuela de ilustración botánica sin equivalente en el mundo hispánico.

El resultado fue una colección de láminas cuyo carácter estético e informativo la separaba de sus homólogas peruana y mexicana. Frente a las cerca de dos mil imágenes reunidas por Perú y México, la Expedición de Mutis produjo una masa considerablemente mayor. Pero esas láminas tuvieron una historia editorial desdichada: los textos correspondientes a otra de las expediciones hispánicas del ciclo se publicaron tardíamente en México en 1886 y 1887, bajo los títulos Plantae Novae Hispaniae y Flora mexicana, con más de un siglo de retraso. La obra visual y descriptiva de Mutis corrió suerte similar: el proyecto de una Flora de Bogotá quedó inconcluso a su muerte, y las láminas permanecieron guardadas, sustraídas parcialmente del circuito científico internacional. Cuando Humboldt visitó a Mutis, este tenía un herbario de 20.000 plantas y colecciones de maderas y minerales, un archivo cuya magnitud contrastaba con su difusión.

La red intelectual y el aula reformada

La Expedición no operó en el vacío. A su alrededor —y en parte por su influencia— se tejió una red de instituciones y personas que reconfiguró la vida intelectual del virreinato. La genealogía de esa red pasa por las aulas.

Mutis enseñó a Felipe Vergara y Caycedo en los años 1760, y a Eloy Valenzuela en los 1770, ambos en el Rosario, y ambos transmisores del saber matemático y filosófico moderno. José Félix de Restrepo, estudiante de derecho en el Colegio de San Bartolomé, se hizo seguidor de la filosofía moderna en la segunda mitad de los años 1770 y entre 1778 y 1781 enseñó allí filosofía con orientación científica; luego llevó esa enseñanza al Colegio-Seminario de Popayán, donde reemplazó la escolástica por una lógica crítica acompañada de aritmética y geometría —esta última presentada como "madre de las ciencias y de las artes"—, y rechazó abiertamente la lógica tradicional "erizada de inútil jerga". Del aula de Restrepo en Popayán salieron tres nombres decisivos: Francisco José de Caldas, futuro astrónomo y geógrafo; Francisco Antonio Zea, futuro director del Jardín Botánico de Madrid; y José María Cabal, que estudiaría química en París.

La intelligentsia criolla que se formó en ese circuito compartía con la España ilustrada de Carlos III un mismo repertorio: rechazo a la escolástica, entusiasmo por la ciencia moderna, fe en la educación técnica y científica como remedio a los males sociales. La lectura de Benito Jerónimo Feijoo, el benedictino asturiano que había sido en la primera mitad del siglo el gran divulgador crítico peninsular, fue decisiva en ese giro; el historiador José Manuel Restrepo escribió más tarde que Feijoo le había dado "algunos principios de crítica" y lo había alejado de "rancias preocupaciones". La misma frase habría podido firmarla media generación neogranadina.

Caballero y Góngora consolidó esa tendencia con un plan de reforma educativa que quiso hacer de la Expedición no solo un centro de investigación sino también un instrumento pedagógico: cambiar la orientación de los establecimientos de enseñanza, sustituir las ciencias meramente especulativas por las útiles, formar sujetos capaces de leer el territorio. La reforma nunca se completó, pero su horizonte marcó a una generación.

El Papel Periódico y la circulación pública del saber natural

La segunda plataforma de la historia natural fue la prensa. En 1791 apareció en Santafé el Papel Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá, dirigido por el cubano Manuel del Socorro Rodríguez; se publicó hasta 1797 y alcanzó 270 números. Fue el primer periódico de importancia del virreinato, y su lista de colaboradores es un directorio de la ilustración neogranadina: Mutis, Zea, el pintor de la Expedición Salvador Rizo —aquí probablemente aludido en la variante "Matiz" que aparece entre los firmantes—, Caldas, Ulloa, además del propio Rodríguez. Publicó ensayos sobre botánica, física, medicina y filosofía, y acogió escritos literarios producidos en la Tertulia Eutropélica que animaba Rodríguez.

En 1801 salió el segundo periódico de importancia, el Correo Curioso, erudito, económico y mercantil de la ciudad de Santafé de Bogotá, fundado y dirigido por particulares —Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola—, con 46 números y una orientación temática más específica, restringida a colaboraciones en prosa sobre economía, erudición y mercado. El tercer momento de la prensa ilustrada llegó con el Semanario del Nuevo Reino de Granada, dirigido por Francisco José de Caldas entre 1808 y 1810, ya en los albores de la Independencia.

Esos tres periódicos, junto con las tertulias y la correspondencia privada, cumplieron una función que la historiografía ha pensado con las categorías de Benedict Anderson: crearon comunidad imaginada entre las élites criollas de provincias distintas. Un lector de Popayán podía leer lo mismo que un lector de Cartagena o de Mompox; un botánico de Antioquia se enteraba de lo que hacía Mutis en Santafé. La república de las letras neogranadina se hizo en gran medida a través de la ciencia natural, no de la política, porque la ciencia natural era el género tolerado —y financiado— por la administración colonial. Ese detalle importa: los escritos básicos de la Ilustración política llegaron por los mismos canales que los trabajos científicos, en las cajas de libros que atravesaban el Atlántico para nutrir bibliotecas de médicos y letrados. La ciencia útil funcionó, sin quererlo del todo, como caballo de Troya de otras lecturas.

Humboldt en Santafé

En marzo de 1801, Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland entraron formalmente a Nueva Granada. Llegaron a Cartagena el 30 de marzo tras pasar por la bahía de Cispatá, en la desembocadura del Sinú, y por la isla de Barú. Remontaron el Magdalena y llegaron a Santafé, donde la visita a Mutis se prolongó dos meses.

Fue un encuentro que las dos partes reconocieron como cumbre. Humboldt, ya entonces reconocido como estudioso de la biogeografía y recorredor de las Indias españolas, encontró en Mutis a un naturalista con biblioteca, herbario y años de observación acumulada; Mutis encontró en Humboldt al enviado del gran mundo europeo, capaz de leer y dar a leer el trabajo del virreinato. Intercambiaron conocimientos sobre biogeografía, botánica, geografía —incluido el mapa del Magdalena—, barometría, historia natural y leyendas locales. Mutis revisó el mapa preliminar del río que Humboldt traía, le sugirió cambios y el prusiano los incorporó de inmediato. Publicado luego en París, el mapa apareció acreditando a Caldas, en un gesto de reconocimiento a la red criolla que Humboldt había conocido en persona.

De Santafé, Humboldt y Bonpland siguieron hacia el sur y atravesaron el Quindío en 1801, antes de la colonización antioqueña de la región. Su testimonio —el de un naturalista con instrumentos— fijó por escrito el estado de despoblamiento y selva casi impenetrable de esas tierras en ese momento preciso, un documento que sería después fuente irremplazable para reconstruir el paisaje pre-colonizador. De los materiales recogidos por Bonpland y Humboldt en el virreinato salió, con el trabajo botánico del alemán Carl Sigismund Kunth, una parte sustantiva de las Plantas equinocciales: cerca de treinta de las 142 especies tratadas en sus dos tomos pertenecían a la Flora de Bogotá.

La visita hizo algo más que registrar plantas: puso la historia natural neogranadina en circuito internacional. Cuando en Europa se leyó a Humboldt, se leyó también, en cita indirecta, a Mutis y a Caldas. El virreinato entró al mapa cognitivo de la ciencia atlántica no por su producción autónoma —que quedó inédita— sino por la mediación del prusiano.

Caldas y la geografía como programa

Si Mutis fue el eje de la primera generación, Caldas encarnó la segunda. En 1805 se vinculó como astrónomo a la Real Expedición Botánica y fue nombrado director del Observatorio Astronómico de Santafé —el observatorio que Mutis había impulsado y que aún hoy se conserva—. Antes, Mutis lo había comisionado para recorrer los bosques del Ecuador, de donde regresó cargado de materiales científicos.

Caldas hizo de la geografía y la cartografía la prolongación natural de la botánica. En el Semanario publicó, junto con Joaquín Camacho y José Manuel Restrepo, ensayos sobre la geografía del reino y sus provincias; él y Restrepo dibujaron mapas del territorio que complementaban los de los ingenieros militares españoles. Concibió un gran mapa del virreinato a escala de dos pulgadas por legua, al que llamó "pintura mágica": una imagen capaz —escribió— de atraer a los espíritus más ilustrados y fomentar la industria, la navegación, el transporte y la extracción de recursos naturales. La ignorancia geográfica, advirtió, generaba "humillación, letargo y pobreza". La frase condensa el programa de toda su generación: conocer el territorio era la condición para gobernarlo.

Caldas fue más lejos y propuso una expedición "geográfica o económica" con cooperación simultánea de astrónomos, botánicos, mineralogistas, zoólogos, economistas y diseñadores —el equipo entero de la Expedición Botánica aplicado sistemáticamente al inventario integral del virreinato—. Nunca se realizó. Pero la sola proposición marca un desplazamiento: ya no la Corona ordenando desde Madrid, sino un criollo neogranadino diseñando la política científica de su reino.

En Caldas se anuncia también la sombra larga del proyecto ilustrado. Al leer el territorio, produjo una geografía moral: identificó las tierras andinas como zonas de civilización y progreso, y las tierras calientes como geografías de barbarie y atraso. Ese discurso —del que puede considerarse creador— fundó una hegemonía cognitiva interna, la "república andina", que serviría menos para enfrentar a España que para jerarquizar el propio territorio y legitimar el dominio de las élites de la sabana sobre las periferias del Caribe, los Llanos y la Amazonía. La ciencia natural, que había prometido inventariar objetivamente, terminó ordenando el país según prejuicios climáticos y raciales que sobrevivirían al siglo XIX.

El cierre y la huella

La Expedición Botánica se cerró definitivamente en 1816, durante la Reconquista española comandada por Pablo Morillo. Mutis había muerto en 1808. Caldas fue fusilado en 1816. El taller de pintores se dispersó, el herbario quedó en cajas, la Flora de Bogotá nunca se publicó completa. Buena parte de las láminas terminó en Madrid, en el Real Jardín Botánico, donde permanecen; una parte del legado documental circuló por vías clandestinas —láminas asociadas a otras expediciones del ciclo fueron sacadas de España y terminaron en universidades estadounidenses—.

La empresa duró 33 años y quedó truncada, pero su huella no se mide en publicaciones sino en gente. Formó a Caldas, a Zea, a Cabal, a Sinforoso Mutis —sobrino del director—, a Jorge Tadeo Lozano —el mismo del Correo Curioso, que sería presidente de Cundinamarca en 1811— y a Pedro Fermín de Vargas, funcionario y ensayista económico. Todos ellos participarían de un modo u otro en la política del período 1810-1816. La correlación es demasiado espesa para ser casual, pero también demasiado compleja para reducirla a una causa mecánica: la Expedición no fabricó independentistas, pero proveyó las redes sociales, el vocabulario territorial y la confianza cognitiva sin los cuales el proyecto criollo habría carecido de sustento.

Vista desde el imperio, la historia natural neogranadina fue una política exitosa a medias: financió durante tres décadas un aparato científico considerable, produjo un inventario visual sin equivalente y ayudó a formar cuadros técnicos —Zea llegaría a dirigir el Jardín Botánico de Madrid, síntoma del retorno criollo al centro del sistema—, pero no logró que la quina, los minerales ni la canela produjeran los ingresos calculados. La liberalización del comercio deshizo las cuentas del monopolio antes de que la ciencia terminara su catálogo.

Vista desde el virreinato, en cambio, produjo algo que Madrid no había previsto: una imagen del territorio como entidad cognoscible desde adentro. Los criollos que leyeron a Linné, dibujaron plantas para Mutis, midieron alturas con Caldas o publicaron en el Papel Periódico aprendieron a pensar el reino como un objeto en el que había recursos por identificar, poblaciones por describir, mapas por levantar. Ese aprendizaje fue silencioso, gradual y aparentemente apolítico. Cuando llegó la coyuntura de 1810 —crisis de la monarquía, vacío peninsular, cabildos abiertos—, los criollos ilustrados no improvisaron: pusieron sobre la mesa un saber territorial que llevaban tres décadas acumulando bajo el amparo, y con el dinero, de la propia Corona que ahora abandonaban.

La historia natural en la Nueva Granada fue, entonces, un dispositivo con dos vidas: la que le dio la política borbónica —extraer riqueza natural con ayuda de la ciencia útil— y la que le dieron sus practicantes criollos —construir un dominio cognitivo sobre el territorio que resultó ser también, sin proponérselo del todo, una condición del proyecto político posterior—. Ninguna de las dos explica a la otra por completo. Juntas explican por qué, al hablar de ciencia en Colombia, se sigue volviendo a Mutis, a Caldas, a las láminas guardadas en Madrid: allí se ensayó, entre 1760 y 1810, la primera forma moderna de mirar el país.

04

En el archivo

5 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01José Celestino Mutis — director de la Real Expedición Botánica y principal agente de la historia natural ilustrada en la Nueva Granada
  2. 02Real Expedición Botánica — institución que materializó el programa de historia natural borbónico en el Nuevo Reino de Granada (1783-1816)
  3. 03Antonio Caballero y Góngora — arzobispo-virrey que respaldó políticamente la Expedición y concibió la historia natural como instrumento de reforma cultural y económica
  4. 04Carl von Linné — cuya taxonomía proveyó el marco epistemológico de la historia natural aplicada en la Nueva Granada
  5. 05Reformas borbónicas — política imperial de Carlos III que impulsó las expediciones científicas como instrumento de explotación racional de los recursos coloniales
  6. 06Conciencia criolla — proceso intelectual al que la historia natural contribuyó involuntariamente al formar a la élite que lideraría la Independencia
06

Documentos y fragmentos citados

22 documentos · 45 fragmentos

01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 88, 912 citas
[1]

alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…

p. 91
[5]

(1818-1819). tado a través de la aplicación de las llamadas cien- cias útiles, la conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli y la apropiación de una ideología diferente a aquella que sustentaba el ab- solutismo monárquico, crearon las condiciones para madurar el proceso de Independencia, el cual de…

p. 88
02Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 36, 42, 48, 534 citas
[2]

innovación y experimen- tación. La desarrolló únicamente con los recursos que obtuvo de sus distintas disciplinas: médico, mineralogista y profesor. Tuvo un solo pintor de santos, monjas y más adelante, virreyes, Pablo Antonio García del Campo, y alguno que otro ocasional. Este período duró desde 1760 hasta 1783. La…

p. 48
[13]

grandes avances en el territorio español pero murió al llegar a Venezuela. Dejó un cúmulo de íconos por los que se disputaban los botáni - cos españoles y el círculo de Linné. Dentro de la disputa y gracias a la presencia de botánicos suecos en Cádiz, Mutis pudo acceder, días antes de su viaje a América, a la famosa…

p. 42
[14]

laborioso e instruido en la ciencia natural» 15. Cuando a Mutis le roban el descubrimiento de los árboles de quina, es a Suecia y no a España donde acude en busca de auxilio. La extensa biblioteca de Mutis, que abarcaba todos los aspectos de la cultura, historia, literatura, geografía, matemá- ticas y botánica,…

p. 36
[20]

santafereño, José María Espinosa. Dentro de la comunidad de artistas fue el que causó más proble- mas hasta el punto que Mutis le aconsejó a Rizo, en un momento de crisis, que lo dejara abandonar la Expedición. Donde Mutis pudo modelar su escuela de iconos botá- nicos fue con los quiteños. Los jóvenes, en su gran…

p. 53
03Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 60, 632 citas
[3]

alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…

p. 60
[36]

podía y acaso porque tampoco le interesaba; su rebeldía era en esencia contra el método escolástico, contra sus colegas, que sentían exce- siva confianza por los textos de los científicos de ese momento (Newton, Buffon, Montesquieu), sin demostrar antes si lo que se decía en esos textos se confirmaba en la…

p. 63
04El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 538, 543, 559, 5704 citas
[4]

el progreso de la sociedad. En el pensamiento neogranadino aparecía el concepto de «utilidad social de la ciencia», que había 370 Vida y escritos, ed. cit., págs. 143 y 144. 544 Jíndi Jícídneer Ucnsi sido completamente ajeno a la cultura colonial, cultura de contenido religioso esencialmente, jurídica y filológi- ca,…

p. 543
[25]

filosofía dictado en la misma ciudad, que, por otra parte, era idéntica a la del que profesaría más tarde en Santafé: «Comenzaremos por 571 Eí ndicersdita óaíarfseia di dí csoía psp la lógica —decía al hacer la explicación preliminar—, aque- lla facultad que enseña al hombre a pensar y a examinar sus pensamientos;…

p. 570
[26]

su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…

p. 538
[27]

Sema- nario del Nuevo Reino de Granada, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, Bogotá, 1942, vol. ii, pág. 137. 386 Plan, f. 295 r. El subrayado es nuestro. 560 Jíndi Jícídneer Ucnsi Parece que de propósito se ha olvidado la naturaleza, y contentándose con algunas expresiones generales, se fue introduciendo un…

p. 559
05¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 481 cita
[6]

en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…

p. 48
06Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 120, 122, 1363 citas
[7]

o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…

p. 120
[44]

sentim iento incipiente de id en tid a d n eo g ran ad in a antes de finalizar el periodo colonial. El m u ch as veces citado Imagined Com m unities, de Benedict A nderson, sostiene q u e los periódicos del p eriodo colonial tardío, publicados en la N u e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de…

p. 136
[45]

en las ciencias n atu rales tam bién debió facilitar la introducción d e las ideas políticas de la Ilustración. Esto es difícil de com probar puesto q u e fue peligroso para las elites criollas ap o y ar públicam ente las ideas revolucionarias. Sin em bargo, p u ed e establecerse q u e los escritos bási cos de la…

p. 122
07Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 195, 2042 citas
[8]

Pedro Messía de la Cerda. Lo impulsaba, fundamentalmente, el de- seo de desentrañar las propiedades de la quina y establecer sus auténticas propiedades médicas. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botá- nica o zoológica. Al año de su llegada, sentó las bases de su…

p. 204
[30]

un viaje a Quito. El alemán quedó sorprendido de la precisión de los instrumentos del caucano, pero rechazó su pro- puesta de acompañarlo en el viaje que proyectaba por América. Tras perma- necer tres años y medio de estudio e investigación en Ecuador, en 1804 Caldas publicó Viaje de Quito a las costas del océano…

p. 195
08Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 citas
[9]

que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…

p. 28
[10]

de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…

p. 28
09La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 69, 94, 1053 citas
[11]

conocimientos a la Europa, y para coronarse de gloria! Sea como fuere, Mutis acepta la invitación de don Pedro Messía de la Cerda, marqués de la Vega de Armijo, y se dirige en 1760 a la Nueva Granada, como médico del nuevo virrey. En su mente debe bullir una idea: realizar el estudio de la historia natural de América,…

p. 69
[21]

muerte acaecida en Barcelona, el médico que le acompañó en sus últimos momentos sustrajo las láminas, las que pasados los años fueron vendidas y sacadas subrepticiamente de España, siendo descritas ante las autoridades aduaneras como di - bujos realizados a manera de ejercicios por aprendices de bellas artes.…

p. 94
[37]

que el alojamiento y las facilidades ofrecidas en Bogotá y a lo largo de la ruta. De las 142 especies tratadas en los dos tomos de las Plantas equinocciales, cerca de treinta pertenecían sin duda a la Flora de Bogotá. Por su aporte al conocimiento de la flora colombiana, ocupan lugar destacado en la historia de la…

p. 105
10Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 69, 80, 993 citas
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primero que enseñó entre no- sotros el sistema de Copérnico, mirado como herejía por los frailes de la Colonia, los que no admitían que la tierra tuviera movimiento alguno. Sostuvo correspondencia con Linné, y este sabio le de- dicó varias plantas, conocida una con el nombre de mutisia, e hizo circular en el mundo…

p. 80
[15]

España, y solicitó del Virrey, don Manuel Antonio Flórez, el título de descu- bridor de las quinas del Nuevo Reino. Esta solicitud fue origen de un pleito seguido entre López Ruiz y el señor Mutis, y sentenciado a favor del segundo, no obstante ha- berse trasladado López Ruiz a España con el fin de apreciar el negocio…

p. 99
[34]

España, y trabaja en la Fauna cundinamarquesa; Caldas había sido comisionado por el Director para recorrer y es- tudiar los bosques del Ecuador, y regresaba cargado de ricos despojos de esta campaña científica a encargarse del Ob- servatorio; Juan Bautista Aguiar y Benedicto Domínguez se habían distinguido por su…

p. 69
11Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 98, 1782 citas
[16]

la mayor parte de los curanderos y cirujanos romancistas eran mestizos. Ciertamente, Isla estudió filosofía con los jesuítas en la Universidad Javeriana de Bogotá y luego ingresó a la orden de San Juan de Dios. Sin embargo, la 94 Santiago Castro-Gótru directo a la pretensión "ilegal" de Mutis de formar médicos por…

p. 98
[19]

taxonómica de la naturaleza, era una estructura del conocimiento que daba más prioridad al orden, a través de la mediday la composición de series jerárquicas. Conocer significaba discriminar, y esta disaiminación tenía lugar a través de la separación de interminables parecidos en dos grupos: de u n a parte, las…

p. 178
12Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · p. 63, 892 citas
[17]

y en cercanías del río de la Magdalena, debería ser para el Reino una fuente inagotable de bienes. Calcúlese que en todo el universo se consumen anualmente cerca de 16. 000 arrobas de este género. Cada arroba puesta en Cartagena importa a razón de 20 reales de plata la libra — 62 ½ pesos—, ganando el Erario inmensas…

p. 63
[18]

se habían extraído del Chocó 152 arrobas y 20 libras de platina, que siguieron inmediatamente 90 Píndi Fídcer ní Vsdtsa § Plata Es cierto que en otro tiempo se cultivaban las minas de Mariquita y de Pamplona con notables utilidades, y aunque rebajemos mucho de lo que escribieron de ellas los escritores del siglo…

p. 89
13Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 549, 5552 citas
[22]

franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…

p. 549
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percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…

p. 555
14The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 101, 2872 citas
[23]

8. John Tate Lanning has suggested that the Dominicans were less con- cerned about Copernicanism than about the university reform being proposed by Moreno and Guirior; the attack on Mutis, under this construction, was supposed to throw the modernists on the defensive ("El sistema de Copérnico en Bogotá," Revista de…

p. 287
[24]

them and were awaiting higher appointments. These young men were more likely to be responsive to the new science than were older men operating according to a long-established routine. It is possible to construct a kind of intellectual genealogy showing how Mutis's influence spread from one student genera- tion to the…

p. 101
15Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 277, 2792 citas
[28]

establecer acertados méto- dos y estudios útiles. Escribe el virrey Guirior: «La ilustración de la juventud y el fomento de las ciencias y las artes es uno de los fundamen- tales principios del buen gobierno, de que como fuente dimanan la felicidad del país y la prospe- ridad del Estado para las artes, industrias, co-…

p. 277
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ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…

p. 279
16Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 48, 602 citas
[29]

coastlines, and territories. At the time of his writing, Caldas lamented that geographic knowledge about his place of birth was in its infancy. He argued no expense should be spared to ensure the production of a stately, dignified, detailed map, a “magic painting” that would attract the brightest minds and foment…

p. 48
[33]

to carry it through, given the benefits it would bring to the colony. Caldas demanded a scale for the project that would reveal all the natural wonders the New Granada colony had to offer: two inches per league of terri- EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:31:09 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS…

p. 60
17Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1621 cita
[31]

indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…

p. 162
18Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 1101 cita
[32]

de las plantas, una perspec- tiva que ciertamente adquirié durante sus viajes por el Cauca y el Ecuador y, sobre todo, cuando insistid en la urgencia de realizar una expedicion «geogra- fica 0 econdémica», con la cooperacién simultanea de astronomos, botanicos, mineralogistas, zodlo- gos, economistas y unos cuantos…

p. 110
19Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 801 cita
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la osadía. De acuerdo con Alfonso Múnera: 58 Caldas, “El influjo”, 143. 81 Amada Carolina Pérez Benavides Caldas interpretó el territorio y los habitantes del virreinato desde una postura meto- dológica que le permitió identificar y hacer comprensible la geografía de los Andes como el área de la civilización y el…

p. 80
20Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 138, 3452 citas
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dio más tiempo para ir a presentar sus respetos al hombre por el que había desviado su camino: José Celestino Mutis. La visita se alargó por dos meses. Mutis deleitaba a Humboldt con sus historias de Guatavita y las leyendas de El Dorado; con el recuento acerca de las dificultades técnicas de la extracción de sal en…

p. 138
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la política y me hizo seguir el carro de Marte”. En 1804, Simón Bolívar viajó a Francia, atraído como un imán a París. En una ciudad que seguía padeciendo los efectos del parto de la revolución, cayó bajo el hechizo de los dos hombres más famosos de Europa: un naturalista y un soldado. Alexander von Humboldt y…

p. 345
21La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 2131 cita
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Quindío. Este viaje verdaderamente heroico, por el cúmulo de penalidades, lo hizo en 1801, prácticamente en las pos- trimerías de la época colonial, cuando aquellas tierras que estaban despobladas eran, ni más ni menos, extensas y casi impenetrables selvas, pues la avanzada de los colonizado- res todavía no había…

p. 213
22The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 5411 cita
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map— published later in Paris, with credit given to Caldas. Our extract is substantially incomplete for excluding the accompanying drawings —in a record that married scientific observation with literary ambition and the artistic effort of drawing and painting the landscape. As with the hundreds of color plates…

p. 541