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Biografía

José Félix de Restrepo

Independencia

1760–1832

17 min de lectura23 documentos
Nacimiento1760, Envigado
Fallecimiento1832, Bogotá
RolesCatedrático de filosofía (Colegio de San Bartolomé, 1778–1781) · Catedrático de filosofía (Colegio-Seminario de Popayán)
Lugar principalColombia
Período históricoIndependencia1810–1831
03

La biografía

En la generación que hizo la Independencia, José Félix de Restrepo Vélez (Envigado, 1760 — Bogotá, 1832) no fue el hombre de la espada ni el del pronunciamiento, sino el letrado que tradujo la Ilustración hispana tardía en cátedras, dictámenes y leyes. Filósofo formado en San Bartolomé, maestro en Popayán de una promoción entera de próceres, jurista en el Cabildo payanés de 1809, diputado en Cúcuta y arquitecto de la ley de manumisión de partos de 1821, presidió en 1826 la comisión que redactó el plan de estudios de la República. Su centralidad se juega en un lugar preciso: el punto donde la crítica antiescolástica de los ilustrados de Carlos III se convierte, después de 1810, en instituciones republicanas concretas. Ese trabajo de traducción —silencioso, jurídico, pedagógico— explica que se le llame el patriarca civil de la Independencia neogranadina, y también los límites de su reformismo: era un letrado propietario que emancipaba con gradualidad y soñaba una nación libre y progresivamente blanca.

02

Línea de vida

  1. 1778

    Cátedra de filosofía moderna en San Bartolomé

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    Entre 1778 y 1781 enseñó filosofía de orientación científica en el Colegio de San Bartolomé de Santa Fe, desplazando la física aristotélica escolástica por el análisis newtoniano y el sistema copernicano.

  2. 1782

    Traslado al Colegio-Seminario de Popayán

    Leer contexto

    Trasladó su cátedra de filosofía moderna al Colegio-Seminario de Popayán, donde formó a figuras como Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Ulloa y Joaquín Mosquera, futuros próceres de la Independencia.

  3. 1809

    Intervención en el Cabildo de Popayán

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    El 26 de septiembre de 1809, intervino en el Cabildo de Popayán para controvertir el embargo de bienes de vecinos quiteños, invocando el Derecho de Gentes como marco argumentativo frente a la medida colonial.

  4. 1821

    Ley de manumisión de partos en el Congreso de Cúcuta

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    Como diputado al Congreso Constituyente reunido en la Villa del Rosario de Cúcuta, fue el principal impulsor de la ley de libertad de partos, que declaraba libres a los hijos de esclavas nacidos tras su promulgación, estableciendo la abolición gradual de la esclavitud en la Gran Colombia.

  5. 1821

    Participación en la Constitución de Cúcuta

    Leer contexto

    Contribuyó a la elaboración de la Constitución de 1821, que consagró el principio de legalidad, la presunción de inocencia, la prohibición de detención sin proceso judicial previo y la prohibición de testificar contra uno mismo o sus parientes.

  6. 1826

    Presidencia de la comisión del plan de estudios

    Leer contexto

    Presidió la comisión que elaboró el plan de estudios de 1826, promulgado bajo el gobierno de Santander, que organizó la educación republicana en torno a las ciencias naturales, las matemáticas, el derecho público y una filosofía moral secularizada.

  7. 1828

    Correspondencia con Bolívar tras la dictadura

    Leer contexto

    Mantuvo correspondencia directa con Simón Bolívar en diciembre de 1828, tras la instauración de la dictadura el 27 de agosto de ese año, en el contexto de la pugna entre bolivarianos y santanderistas.

El antioqueño que llegó a San Bartolomé

Restrepo nació en Envigado en 1760, en el corazón de una Antioquia minera y mercantil que enviaba a sus hijos ambiciosos al altiplano para adquirir letras. Antes de cumplir los veinte años ya estaba en Santa Fe, matriculado en la Facultad de Derecho del Colegio de San Bartolomé, la institución jesuítica —desde 1767 en manos seculares— por donde pasaba entonces la élite letrada del virreinato. Allí, en la segunda mitad de los años setenta, ocurrió el giro que lo definiría: el joven estudiante de derecho se volvió devoto de la filosofía moderna.

La expresión, para quienes la usaban entonces, no era ornamental. Significaba abandonar la física aristotélica que aún se enseñaba en las cátedras coloniales —con sus disputas sobre formas sustanciales, cualidades ocultas y el ordenamiento ptolemaico del cielo— y entrar en el terreno de la observación, la matemática y las ciencias naturales contemporáneas. Significaba leer a Newton, aceptar el sistema de Copérnico y considerar la escolástica no como método sino como obstáculo. Significaba, sobre todo, participar de una atmósfera introducida en Santa Fe por José Celestino Mutis, quien desde el Colegio del Rosario venía enseñando el copernicanismo pese a la oposición de la orden dominica, que intentó sin éxito expulsarlo gracias a la protección virreinal.

La red intelectual que rodeaba a Restrepo se articulaba generacionalmente. Mutis había formado en los años sesenta a Felipe Vergara y Caycedo y, en los setenta, a Juan Eloy Valenzuela; ambos transmitieron matemáticas y filosofía en el Rosario. Restrepo se inscribió en esa cadena por San Bartolomé. La generación completa —Moreno, Mutis, Restrepo— compartía menos con el enciclopedismo francés que con la Ilustración española del reinado de Carlos III: la misma actitud crítica ante el saber tradicional, el mismo rechazo a la escolástica, el mismo entusiasmo por la ciencia moderna como remedio contra los males sociales, la misma fe en la educación como palanca de recuperación de España y sus reinos americanos. Los franceses influirían decisivamente solo en la promoción siguiente, la de Nariño y Zea.

El propio José Manuel Restrepo, historiador de la revolución y sobrino ilustre del filósofo, dejaría escrito en su Autobiografía que Feijóo le había dado "algunos principios de crítica" y lo había alejado "de muchas rancias preocupaciones de aquel tiempo". La mención al benedictino gallego funciona como huella del linaje intelectual: los criollos ilustrados de Nueva Granada entraron a la modernidad de la mano de un abate español que enseñaba a dudar de los prejuicios heredados. José Félix de Restrepo pertenecía a ese mundo, no al de los philosophes de París.

La cátedra: San Bartolomé y el Seminario de Popayán

Entre 1778 y 1781, todavía joven, Restrepo enseñó filosofía de orientación científica en su propia alma máter. Fueron años decisivos, no tanto por su duración como por lo que representaban: un estudiante de derecho de veintipocos años se convertía en catedrático de la filosofía que él mismo acababa de adoptar. En las aulas de San Bartolomé introdujo el estudio de la naturaleza en clave newtoniana y desplazó las "fútiles cuestiones de la teología escolástica" por el análisis físico y matemático del mundo. Se trataba, en el vocabulario de la época, de sustituir el lenguaje filosófico opuesto a la verdadera filosofía por el estudio de la naturaleza tal como la ciencia moderna empezaba a describirla.

Poco después trasladó su cátedra al Colegio-Seminario de Popayán. Allí encontró un ambiente propicio: un rector sacerdote secular de intereses intelectuales afines, una ciudad con élite letrada rica y curiosa, y un cuerpo estudiantil que sería, en la década siguiente, el semillero de la revolución. En Popayán, la enseñanza de la filosofía moderna dejó de ser experimento y se volvió tradición. Del Seminario Conciliar salieron —entre otros— Camilo Torres Tenorio, Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Ulloa y Joaquín Mosquera. Todos ellos se contarían, apenas veinte años más tarde, entre los protagonistas de la Independencia; Caldas, geógrafo, meteorólogo, astrónomo y botánico, sería la figura más nítida del enlace entre ciencia ilustrada y proyecto patriota.

La paradoja de esa formación es la clave de todo el ciclo. La Corona borbónica había impulsado, bajo Carlos III, una política de reformas científicas y pedagógicas destinada a modernizar el imperio: expediciones botánicas, sociedades económicas, tertulias, protección virreinal a hombres como Mutis. La élite criolla ilustrada se formó dentro de ese programa. Pero la misma matriz —crítica del saber tradicional, confianza en la ciencia, hábito de discutir— le proporcionó los instrumentos intelectuales para cuestionar el orden colonial que la había producido. Restrepo enseñó a leer a Newton y terminó formando a quienes escribirían el Memorial de agravios. La Ilustración hispana desactivó, en América, el andamiaje simbólico de la propia monarquía que la había patrocinado.

El maestro, sin embargo, fue más cauto que sus discípulos. Mientras Caldas y Torres se movían hacia la política radical, Restrepo permaneció en un registro más institucional: la cátedra, el dictamen jurídico, el cabildo. Esa diferencia de temperamento —el filósofo que forma revolucionarios sin serlo del todo él mismo— es una constante en su biografía, y explica por qué su nombre no aparece en las hagiografías militares pero sí en la letra fina de las leyes fundacionales.

Popayán, 1809: la voz del Derecho de Gentes

La primera intervención política documentada de Restrepo ocurrió en la coyuntura más delicada del ciclo prerrevolucionario. El 10 de agosto de 1809, Quito formó una Junta que asumía el gobierno en nombre de Fernando VII, cautivo de Napoleón. La reacción de las autoridades del virreinato de Santa Fe fue inmediata: había que aislar a los quiteños, cortarles recursos, disuadir contagios. El 26 de septiembre de ese año, el Cabildo de Popayán se reunió a examinar una disposición severa: el embargo de los bienes y caudales de los vecinos quiteños residentes o con intereses en la jurisdicción payanesa.

En esa sesión intervino el doctor Félix Restrepo, entonces catedrático ilustre de la ciudad, para controvertir la medida. Los argumentos precisos que esgrimió no quedaron íntegramente en el acta, pero su marco conceptual sí: el Derecho de Gentes, esa rama del derecho natural que regulaba las relaciones entre pueblos y protegía a las personas y sus bienes frente a la arbitrariedad del poder. En un cabildo americano de 1809, invocar el Derecho de Gentes contra un embargo dictado por lealtad a la Corona era una operación cargada de implicaciones: oponer la razón jurídica ilustrada al reflejo administrativo colonial, y hacerlo, además, en defensa de vecinos de una ciudad que acababa de formar una junta rebelde.

Restrepo no proponía romper con la monarquía. El Cabildo de Popayán actuó ese día dentro de la lógica de lealtad al rey ausente. Pero su intervención mostró algo decisivo en los meses siguientes: los letrados criollos disponían de un lenguaje jurídico —derecho natural, derecho de gentes, principios de humanidad y propiedad— con el que podían discutir, matizar y eventualmente resistir las órdenes emanadas del aparato colonial. Ese lenguaje era el mismo que, apenas diez meses después, permitiría al Cabildo de Santa Fe articular el acta del 20 de julio de 1810; el mismo que, en distintas variantes, invocarían los cabildos de Buenos Aires, Caracas y otras capitales del continente para reasumir la soberanía en nombre del pueblo.

El episodio payanés de septiembre de 1809 tiene, por eso, un valor emblemático que excede lo local. Anticipa el modo en que Restrepo actuaría durante toda la Independencia y la temprana República: no como conspirador ni como tribuno, sino como el jurista que reformula, dentro del cabildo o de la sala del Congreso, los términos en que puede discutirse una decisión. Su fuerza fue la del argumento; su instrumento, el derecho.

El Congreso de Cúcuta y la manumisión de partos

Once años más tarde, cuando la República de Colombia —la Gran Colombia— reunió su primer congreso constituyente en la Villa del Rosario de Cúcuta, Restrepo ya era una figura consular. Sesenta años cumplidos, autoridad reconocida en filosofía, derecho y letras, había sobrevivido a la Reconquista y estaba entre los diputados que, entre mayo y octubre de 1821, tendrían que dar forma jurídica al Estado nacido de doce años de guerra. En Cúcuta desplegó lo que puede considerarse su obra política mayor: la ley de libertad de partos, mecanismo central del régimen de abolición gradual de la esclavitud que la República adoptó.

La ley establecía que serían libres los hijos de esclavas nacidos a partir de su promulgación, con la carga de servir hasta cierta edad a los amos de sus madres para compensarles la crianza. No liberaba a los esclavos existentes; los dejaba morir esclavos, y confiaba a la generación siguiente la extinción del régimen. Era, en la lógica del derecho ilustrado, una fórmula de compromiso: reconocía la incompatibilidad entre esclavitud y república, pero preservaba la propiedad de los amos y evitaba la ruptura económica que una abolición inmediata habría producido en las provincias mineras y en las haciendas del Cauca y del Chocó.

Restrepo argumentó la medida con un discurso célebre en el que combinó el lenguaje del derecho natural, el cálculo económico y una visión de nación. Esa visión merece ser mirada de frente. El filósofo antioqueño concibió una Colombia poblada por personas libres y progresivamente blancas: entendía el mestizaje como el mecanismo por el cual las "castas" coloniales se disolverían en el suelo republicano hasta desaparecer. La abolición gradual, en esa lógica, no era solo un compromiso con los propietarios, sino parte de un proyecto de homogeneización social donde la libertad venía acompañada de una expectativa de blanqueamiento demográfico. La emancipación jurídica formal convivía, en la cabeza de sus mismos redactores, con jerarquías raciales heredadas del orden colonial, ahora recodificadas en lenguaje liberal.

La Constitución de Cúcuta, en cuya elaboración Restrepo participó, consagró principios que hoy consideramos elementales pero que en 1821 eran conquistas: el principio de legalidad, la presunción de inocencia, la prohibición de detención sin proceso judicial previo, la prohibición de testificar contra uno mismo o los parientes cercanos. Y el ordenamiento republicano, en su conjunto, abolió las categorías raciales coloniales del uso legal: los censos, los documentos, los avisos de fugitivos ya no debían clasificar por casta. La excepción fue significativa: indios y esclavos permanecieron como categorías jurídicas diferenciadas. La ley republicana no rompió materialmente con el esquema colonial; lo transformó, lo adaptó al pensamiento liberal y democrático, y arrastró consigo continuidades que la retórica emancipadora ocultaba mal.

Esa combinación —principios universales en el frontispicio, excepciones estructurales en la letra fina— es la marca de fábrica del reformismo ilustrado de Restrepo. No es cinismo ni cálculo puro: es la forma efectiva en que un letrado propietario del Cauca podía imaginar la República en 1821. Reconocerlo no rebaja su estatura; explica su función histórica.

Bogotá, 1826: el plan de estudios de la República

Terminada la fase constituyente, Restrepo se trasladó del ámbito legislativo al gubernamental. La República necesitaba refundar su sistema educativo, y el vicepresidente Francisco de Paula Santander —que gobernaba de hecho mientras Bolívar hacía las campañas del Sur— entendió que la tarea correspondía por derecho al viejo maestro de Popayán. En 1826, el gobierno santanderista promulgó su célebre plan de estudios tras el análisis de una comisión presidida por Restrepo.

El plan buscó completar lo que un artículo de El Constitucional de Cundinamarca de esos años sintetizaba con orgullo: bajo la dominación española, decía el articulista, las ciencias estaban ausentes de colegios y universidades; la República las introducía. La afirmación era exagerada —los colegios coloniales habían albergado, gracias a hombres como Mutis y el propio Restrepo, cátedras de filosofía moderna desde los años setenta—, pero capturaba con exactitud la voluntad refundacional del proyecto. La educación republicana se organizó en torno a las ciencias naturales, las matemáticas, el derecho público y una filosofía moral secularizada.

Antes, en el primer decreto educativo de la República, se habían fijado los rudimentos: enseñanza de lectura, escritura, aritmética, moral cristiana y los derechos y deberes del hombre en sociedad. La combinación es reveladora. La moral cristiana permanecía como fundamento; los derechos y deberes del hombre —lenguaje directamente derivado de las declaraciones revolucionarias del Atlántico— entraban al currículo elemental. Restrepo, presidiendo el plan de 1826, extendió esa arquitectura al nivel medio y superior.

El plan también fue el terreno de una de las polémicas doctrinales más ruidosas de la temprana República: la adopción de textos de Jeremy Bentham para la enseñanza del derecho. Vicente Azuero, defendiendo la medida, sostenía que la doctrina benthamiana no era contraria a la moral ni atacaba las instituciones básicas —familia, propiedad, religión—. Los opositores eclesiásticos, con el padre Francisco Margallo a la cabeza, denunciaban en Bentham una impiedad utilitaria que socavaba los fundamentos católicos de la sociedad. Restrepo, hombre de matices, no encabezó ninguno de los bandos; presidió la comisión que instrumentó el marco donde la disputa se produjo. La misma posición institucional —arquitecto del andamiaje, no combatiente del debate— define su modo de actuación política a lo largo de la década.

Entre Bolívar y Santander: un letrado en la tormenta

La república grancolombiana entró, a partir de 1826, en la crisis que terminaría por disolverla. Los términos de la disputa eran conocidos: por un lado, Bolívar y su entorno, con el proyecto constitucional boliviano de presidencialismo vitalicio y poderes casi monárquicos; por otro, Santander y quienes defendían la Constitución de 1821 y un régimen menos concentrado. La Convención de Ocaña, en 1828, escenificó la ruptura: los bolivarianos se retiraron, los santanderistas se declararon sujetos al orden de Cúcuta, y el 27 de agosto de ese año Bolívar asumió el poder supremo por decreto, instaurando una dictadura.

La posición de Restrepo en ese conflicto ilustra una segunda tensión de su biografía. Había servido bajo Santander en la organización del sistema educativo; en el gabinete santanderista se desempeñó, además, José Manuel Restrepo —su sobrino, secretario del Interior—, con quien compartía sensibilidad y programa. Pero, junto a otros criollos ilustrados como José Acevedo, aparece asociado al llamado Partido del Libertador: al grupo que priorizaba la construcción de legitimidad nacional e internacional para la República y que, por eso mismo, se aproximaba a Bolívar como figura de estabilidad. En diciembre de 1828, apenas cuatro meses después de instaurada la dictadura y semanas después del atentado del 25 de septiembre contra el Libertador, Restrepo mantenía correspondencia directa con él.

¿Bolivariano, entonces? Solo parcialmente, y en un sentido específico. Restrepo no defendía el presidencialismo vitalicio ni el proyecto boliviano; defendía la República como institución, y en 1828 la República como institución dependía —eso pensaba una parte considerable de la élite letrada— de que Bolívar no fuera derribado por conspiración. Su afinidad con el Libertador era funcional y contingente, no doctrinal. La misma pluma que había redactado la ley de manumisión bajo el marco constitucional de 1821 escribía en 1828 al hombre que había suspendido esa constitución. La coherencia de Restrepo no está en la fidelidad a una facción, sino en la fidelidad a un proyecto: hacer durar la República como marco jurídico y pedagógico, con quien fuera necesario.

Esa flexibilidad tuvo, sin embargo, un costo interpretativo. La agencia transformadora del período fue, en muchos casos, más nítidamente atribuible a sus discípulos —Caldas, Torres, Mosquera— que a él mismo. Los alumnos del Seminario de Popayán habían convertido la filosofía moderna aprendida en las aulas en acción política radical, mientras el maestro, cuarenta años después, negociaba planes de estudio y respondía cartas al dictador. Es una inversión de la dirección causal que suele suponerse: no fue Restrepo quien empujó a sus discípulos a la Independencia; fueron ellos quienes, adelantándose, dieron sentido político a la enseñanza que él había impartido con propósitos originalmente reformistas, no revolucionarios.

El nodo de una red

Situar a Restrepo en su red ilumina el ecosistema de la Ilustración neogranadina mejor que cualquier retrato aislado. Al fondo está Mutis, el gaditano que introdujo el copernicanismo y organizó la Expedición Botánica; en la generación inmediata anterior, sus alumnos Vergara y Caycedo y Valenzuela; contemporáneos suyos, Francisco Antonio Zea —también antioqueño, también científico, futuro representante diplomático de la República— y Miguel de Pombo. Como discípulos directos o indirectos, la nómina de Popayán: Camilo Torres, Caldas, Ulloa, Mosquera. En el aparato republicano, su sobrino José Manuel Restrepo, cronista mayor del proceso. Como interlocutores políticos, Bolívar y Santander. Como polemistas del momento, Vicente Azuero y el padre Margallo.

La geografía de esa red dibuja una diagonal precisa. Antioquia —Envigado, Medellín, Rionegro— proporcionó el origen social y económico: una región minera con capital acumulado, con familias como los Restrepo que podían enviar hijos a estudiar al altiplano. Santa Fe de Bogotá aportó el capital cultural: San Bartolomé, el Rosario, la corte virreinal, la Expedición Botánica. Popayán fue el laboratorio pedagógico donde la filosofía moderna se convirtió en semillero político. Cúcuta fue el escenario constituyente. Bogotá, otra vez, el centro de la República. Restrepo recorrió esa diagonal a lo largo de setenta años, y cada estación dejó huella en su obra.

Las ideas que circularon en esa red eran identificables: crítica de la escolástica, entusiasmo por Newton y las ciencias naturales, adopción del derecho natural como marco jurídico, fe en la educación como instrumento de transformación social, cauteloso utilitarismo. No eran las ideas del jacobinismo francés —Restrepo no era Nariño, y su generación no fue la de la traducción de los Derechos del Hombre—; eran las ideas de una Ilustración hispana católica, reformista, gradualista, que buscaba modernizar sin destruir. Esa procedencia intelectual explica tanto el alcance como los límites de su proyecto republicano.

Muerte, memoria y disputa

Restrepo murió en Bogotá en 1832, el mismo año en que Santander regresaba del exilio para asumir la presidencia de la Nueva Granada, ya disuelta la Gran Colombia. Alcanzó a ver el final del ciclo grancolombiano, la separación de Venezuela y del Ecuador, y el retorno a un marco político más acotado, más ajustado a la realidad institucional del país. Su obra jurídica —la ley de manumisión, la Constitución de Cúcuta, el plan de estudios de 1826— sobrevivió a la disolución del proyecto bolivariano y pasó, con modificaciones, al ordenamiento neogranadino.

La memoria histórica lo ubicó en una posición particular. No entró en el panteón militar de la Independencia; no hay estatua ecuestre, no hay batalla asociada a su nombre. Entró, en cambio, en la genealogía civil de la República: los historiadores del siglo XIX lo mencionaron como uno de los patriarcas jurídicos de la fundación, y Mariano Ospina Rodríguez —discípulo indirecto suyo, futuro presidente conservador— le dedicó una obra monográfica, El Doctor José Félix de Restrepo y su época, que fijó buena parte del retrato canónico. La escritura de la historia colombiana en el siglo XIX se hizo de la mano de la política y participó activamente en la construcción de la institucionalidad estatal; los letrados como los Restrepo —José Félix como sujeto, José Manuel como historiador— fueron simultáneamente actores y cronistas de ese proceso.

El Diario político y militar de José Manuel Restrepo, iniciado en 1819 y concluido en 1854, es en cierto modo el complemento documental de la obra del tío. Vio la luz un siglo después, en 1954, aunque fragmentos habían circulado en la Revista Literaria entre 1890 y 1893, y la Selección Samper Ortega había reeditado partes en 1936. Rafael Gómez llamó en 1963 a José Manuel "fundador de la República y padre de la historia moderna" del país; el elogio se extiende, indirectamente, al patriarca de Envigado.

La disputa historiográfica sobre José Félix de Restrepo no ha sido nunca ruidosa —no es una figura polarizante como Bolívar o Nariño—, pero recorre en clave menor las mismas tensiones que atraviesan toda la historia de la Independencia. ¿Fue un ilustrado radical o un reformista tibio? ¿Un abolicionista o el arquitecto de un régimen de emancipación gradual que preservó la esclavitud durante otras tres décadas? ¿Un republicano coherente o un letrado adaptable a las facciones sucesivas? Las respuestas honestas son las que reconocen simultáneamente ambos lados: fue un ilustrado genuino cuyo reformismo tenía límites estructurales; fue un abolicionista dentro de las categorías de su tiempo, no de las nuestras; fue coherente con un proyecto —la República como marco jurídico y pedagógico— antes que con una facción.

Lo que su biografía deja como legado no es una épica sino una demostración: que la Independencia no fue solo obra de generales, que hubo un trabajo largo y silencioso de traducción intelectual sin el cual las victorias militares no habrían encontrado forma institucional, y que ese trabajo lo hicieron letrados formados en aulas coloniales que aprendieron a leer a Newton porque Carlos III lo permitía y terminaron escribiendo constituciones porque la misma formación se los enseñó. Restrepo es el nombre exacto de esa paradoja. La Ilustración hispana entró a América como programa de modernización imperial y salió, medio siglo después, convertida en material jurídico de las nuevas repúblicas. Entre esos dos momentos hay una biografía: la de un antioqueño que enseñó filosofía en Popayán, argumentó en un cabildo en 1809, escribió la ley de partos en 1821 y presidió el plan de estudios en 1826. No la biografía de un héroe, sino la de un traductor. Y las repúblicas —tanto como los ejércitos— se hacen también con traductores.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

23 documentos · 29 fragmentos
01The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Páginas 101, 2902 citas
[1]

them and were awaiting higher appointments. These young men were more likely to be responsive to the new science than were older men operating according to a long-established routine. It is possible to construct a kind of intellectual genealogy showing how Mutis's influence spread from one student genera- tion to the…

p. 101
[8]

out-of- the-way places as Chire and Pore, in the Casanare region, and Carnicerías, in the upper reaches of the Magdalena River, were also represented. The viceregally sponsored Papel Periódico, which was more rhetorical and less seriously scientific than the Semanario, had at least 147 subscribers in its first year,…

p. 290
02Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 601 cita
[2]

alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…

p. 60
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 5491 cita
[3]

franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…

p. 549
04Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1201 cita
[4]

o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…

p. 120
05El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Páginas 538, 5592 citas
[5]

Sema- nario del Nuevo Reino de Granada, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, Bogotá, 1942, vol. ii, pág. 137. 386 Plan, f. 295 r. El subrayado es nuestro. 560 Jíndi Jícídneer Ucnsi Parece que de propósito se ha olvidado la naturaleza, y contentándose con algunas expresiones generales, se fue introduciendo un…

p. 559
[23]

su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…

p. 538
06¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 481 cita
[6]

en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…

p. 48
07Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · Página 1011 cita
[7]

Popayan, infinita como puede sentirse en un desierto o en el huerto de un claustro» La tradicion humanista de Popayan se asegurd primero ‘omo el Seminario Conciliar, 0 ener. inde- pendencia. De alli salieron hombres de ja de Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Ulloa, Joaquin Mosquera, que fue…

p. 101
08Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Página 751 cita
[9]

solo a la plaza de Cádiz, los americanos tenían el derecho a “asegurar su futura felicidad” y remediar sus necesidades, pues del “principio del Derecho de Gentes resulta que todos los pueblos indistintamente descansan bajo la seguridad que les ofrece el poder de su Rey, que este como padre general no puede sem - brar…

p. 75
09Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 631 cita
[10]

convincentes razones jurídicas. En el cabildo del 25 de mayo en Buenos Aires, declaró Juan José Castelli: «La España ha caducado en su poder para con la América, y con ella las autoridades que son su emanación. Al pueblo corresponde reasumir la sobe- ranía del monarca, e instituir en representación suya, un gobierno…

p. 63
10Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 2511 cita
[11]

en nuestra patria. Alcance social: por primera vez se habla en nuestro país de soberanía del pueblo; el pueblo confiere a Amar el cargo de presidente de la junta; cambió la condición de la raza indígena y de los criollos. Los hijos de este suelo pudieron aspirar a los elevados cargos. Alcance económico: dado que esta…

p. 251
11Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · Página 1811 cita
[12]

men, the Indians will have mixed with the European and the African races, and a third race will result, which ac- cording to experience does not have the defects of the indigenes; finally the racial mixes (castas) will progressively disappear from our soil.’’ 6 Anticipat- ing the cosmic race imagined a century later…

p. 181
12Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · Página 1811 cita
[13]

men, the Indians will have mixed with the European and the African races, and a third race will result, which ac- cording to experience does not have the defects of the indigenes; finally the racial mixes (castas) will progressively disappear from our soil.’’ 6 Anticipat- ing the cosmic race imagined a century later…

p. 181
13Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Páginas 247, 251, 2963 citas
[14]

os lectura, escritura, aritm é tica y los dogmas de la moral cristiana. “ Les instruir á n en tos deberes y derechos del hombre en sociedad y les ense ñ ar á n el ejercicio militar todos los d í as de fiesta y los jueves en la tarde ”. 256 EL PROCESO DE LA EDUCACI Ó N Para este efecto, dice el art í culo 8? del…

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á rroco de la iglesia de La Tercera, quien en sus sermones domffiV cales y sus art í culos publicados en el Gallo de San Pedro adelant ó una violenta campa ñ a contra el benthamismo y contra su activo defensor, Vicente Azuero 26. El gobierno de Santander.ccoj sider ó excesiva y peligrosa la campa ñ a y solicit ó la…

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de Santa In é s y Santa Clara, y Rufino Cuervo fund ó d Colegio de la Merced, donde junto a la formaci ó n religiosa y en jornia dom é stica se ense ñ aban lenguas modernas, gram á tica y jn ú sica- El norteamericano John Stewart, que vivi ó en Bogot á en 1836, observaba que el pa í s hac í a lentos progresos en…

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14Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · Páginas 34, 2912 citas
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Constitución de Cúcuta de 1821 se consagraron principios como el de legalidad, la presunción de inocencia, la prohibición de detención sin proceso judicial previo, y la prohibición de tes - tificar contra uno mismo o sus parientes 32. No obstante, en medio de la guerra y con el propósito de con - jurar situaciones de…

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de Indepen - dencia de Socorro (15 de agosto de 1810), de la Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada (27 de noviem - bre de 1811), y en las Constituciones de Cundinamarca (30 de marzo de 1811), Tunja (9 de diciembre de 1811), Antioquia (21 de marzo de 1812), Cartagena de Indias (15 de junio de 1812),…

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15Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · Página 441 cita
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sido mejorado en forma sustancial. Por otro lado, durante el régimen colonial tan sdlo se habian fundado universidades en Bogota, Caracas y Quito. Por lo que Santander decreté, el 14 de abril de 1827, la fundacion de la Universidad de Popayan, la cual estaria llamada a ejercer notable influencia en el sur del pais.…

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16Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 891 cita
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group gave to independence. Indians who did not sup- port the war were therefore profoundly different from other cit- izens, but through no fault of their own. “The opprobrium that breaks all of the soul’s springs managed to sink them in the most profound abject poverty and in the most brutal of stupidity.... They…

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17Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · Página 3541 cita
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306–9. 45. Blanco and Azpurúa, Documentos para la historia de la vida pública del Libertador, XII, 705–20. 46. Mosquera, Memoria sobre la vida del General Simón Bolívar, 567. 47. Campbell to Dudley, Bogotá, 14 June 1828, National Archives, PRO, FO 18/53. 48. See Chapter 9. 49. Organic Decree, 27 August 1828, Decretos…

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18Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1421 cita
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bolivarianos La Constitución de Cúcuta, de 1821, que incluía a Venezuela y Quito, instauró un régimen centra- Camilo Torres, líder fede- ralista. Centralismo y fe- deralismo fueron el origen de los partidos políticos. lista que, sin embargo, no encontró mayor oposición ni generó bandos definidos hasta 1826, cuando el…

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19Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 991 cita
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de integracion politica de la Gran Colombia, con la unién de Venezuela, Nueva Granada y Quito. Los centralistas defendieron la integracion en una republica unitaria e indivisible, con un gobierno fuerte, adaptable a la realidad americana, de carac- ter discolo y anarquico, y con una administracion centralista para el…

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20Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 861 cita
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tanto la ausencia de dichos distritos, que pronto se convertirían en repúblicas, como la renuncia a la presidencia que Simón Bolívar presentó a la Convención causaron que esta nueva carta política naciera muerta. La secesión y la guerra civil que ella produjo permitieron que en las provincias de la Nueva Granada…

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21Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1691 cita
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en duda el viejo orden social y político, sino también los preceptos de la fe que regían hasta entonces, para establecer métodos de investigación más objetivos y, si pudiera decirse, científicos. Parale- lamente al racionalismo de Descar- tes se instaura, principalmente en Inglaterra, el empirismo, cuyos mayores…

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22Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Páginas 1, 152 citas
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los españoles en Chile” (1844)”, en Caracas, Ministerio de Educación, 1957, pp. 160-161 (Obras Obras completas, completas,). XIX Rafael Gómez, “José Manuel Restrepo, fundador de la República y padre de la historia moderna” (1963), op. cit,, pp. 4-14., p. 15. Ibid. Quizás por eso, el de José Manuel Restrepo solo vio la…

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27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

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23El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 5971 cita
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Alberto Restrepo Hernández, Félix Restrepo, José Félix de Restrepo Piñeres, Anita Restrepo Ramos, Juan de Dios (Emi- ro Kastos) Restrepo Restrepo, Carlos Eugenio Restrepo Vélez, José Manuel Restrepo, Simón Reyes Prieto, Rafael Riego y Flórez, Rafael del Ricaurte Lozano, Antonio Robertson, William Robledo, Jorge…

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