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Idea · Estados Unidos de Colombia

Capital cultural

En Colombia, el capital cultural designa el conjunto de bienes simbólicos —escuelas, mapas, periódicos, gramáticas, credenciales letradas— que el Estado y las élites ilustradas administraron para producir autoridad política y legitimidad, con su momento más ambicioso durante el proyecto radical de los Estados Unidos de Colombia (1863–1886).

4.079 palabras50 documentos70 fragmentos citados
Capital cultural

Trayectoria de una idea

  1. 1791

    El Papel Periódico y la protoesfera pública ilustrada

  2. 1793

    Nariño imprime los Derechos del Hombre

  3. 1850

    Comisión Corográfica: el saber territorial como responsabilidad del Estado

  4. 1870

    Decreto Orgánico de Instrucción Pública: la pedagogía como política de Estado

  5. 1876

    Guerra civil de 1876–1877: el capital cultural como campo de batalla

  6. 1886

    La Regeneración revierte el proyecto laico

03

La lectura

El capital cultural en Colombia no fue una abstracción académica sino un programa político concreto: libros con presupuesto, mapas con decreto de fundación, escuelas con maestros contratados en Prusia. Su historia arranca en la Expedición Botánica de Mutis y en el Papel Periódico de 1791, cuando una minoría criolla aprendió a pensar el territorio como objeto científico y la imprenta como instrumento de comunidad. Los radicales de los Estados Unidos de Colombia lo llevaron al extremo entre 1863 y 1886: estatizaron el saber, laicizaron la escuela y cartografiaron el país, apostando a que la instrucción podía fundar la legitimidad que el ejército y la Iglesia ya no monopolizaban. La contradicción fue estructural: con más del 80% de la población analfabeta y matrículas que apenas rozaban el 3% del total nacional, aquel acervo fue siempre patrimonio de círculos urbanos delgados en Bogotá, Medellín, Popayán y algunos núcleos santandereanos. La Regeneración de 1886 no destruyó ese capital; lo transfirió a la Iglesia, que lo administró durante casi un siglo como monopolio doctrinal, con consecuencias que el propio Concordato de 1887 no supo prever.

El capital cultural en los Estados Unidos de Colombia

En Colombia, entre 1863 y 1886, un grupo reducido de letrados liberales convirtió la ilustración, la ciencia y las letras en instrumento de gobierno. Bajo la Constitución de Rionegro, el proyecto radical entendió que una república federal, laica y anticlerical necesitaba algo más que ejércitos y leyes: requería una autoridad simbólica propia, capaz de disputarle a la Iglesia el monopolio del saber. De ese impulso nacieron la Comisión Corográfica, el Decreto Orgánico de 1870, las escuelas normales con maestros alemanes, una prensa laica militante y un mapa por fin dibujado del territorio nacional. Todo ese acervo institucional —escuelas, credenciales, obras, sociabilidades letradas— funcionó como divisa política de una élite en el poder: capital cultural entendido como conjunto de bienes simbólicos administrados por el Estado para producir autoridad. Sobrevivió a la caída del régimen en 1886 y siguió operando, durante buena parte del siglo XX, como marca de distinción de una minoría letrada que nunca logró —ni necesitó del todo— extenderlo a las mayorías analfabetas.

No se trata de una categoría flotante. Los libros, mapas, periódicos, gramáticas y escuelas normales del período radical son objetos concretos, con presupuestos, decretos de fundación y nombres propios. La singularidad del momento consiste en que los radicales no se limitaron a heredar el prestigio ilustrado de fines de la Colonia: lo estatizaron. Lo pusieron a producir gacetas oficiales, sistemas de instrucción, cartografía y observatorios. Convertir la cultura en política y la política en pedagogía dio al período su fisonomía, y explica por qué su derrota, hacia 1886, se dirimió no solo en el terreno militar sino en el de la Iglesia, la escuela y el idioma.

Detrás de la operación había una premisa: la legitimidad del régimen federal se apoyaba en la formación de ciudadanos ilustrados capaces de sostener la vida pública. La instrucción, la geografía nacional y la prensa eran las tres columnas de esa arquitectura. La contradicción fue estructural. Con más del 80% de la población analfabeta todavía en 1912, con matrículas que apenas rozaban el 3% del total nacional en 1873 y un país mayoritariamente rural, disperso y monolingüe católico, aquel acervo fue siempre patrimonio de círculos urbanos delgados: Bogotá, Medellín, Popayán, algunos núcleos santandereanos. Un proyecto de Estado sin base social; un programa nacional sostenido por unos pocos.

De Mutis al Papel Periódico

El acervo que los radicales heredaron y reordenaron se venía formando desde fines del siglo XVIII. La Expedición Botánica de José Celestino Mutis, instalado en la Nueva Granada desde 1761, había reunido en torno a un proyecto científico patrocinado por las reformas borbónicas a una generación de criollos —Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Zea, Salvador Rizo, Sinforoso Mutis, Pedro Fermín de Vargas— cuyo trabajo, concebido para explotar racionalmente los recursos coloniales, terminó nutriendo, casi contra su voluntad, una conciencia territorial criolla. Los ilustrados aprendieron a mirar el país como objeto científico y, al hacerlo, empezaron a pensarlo como patria.

El otro pilar de esa protoesfera pública fue la prensa. El Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, dirigido entre 1791 y 1797 por el cubano Manuel del Socorro Rodríguez, publicó 270 números y reunió en sus páginas a lo más selecto del mundo intelectual neogranadino: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa. Sus ensayos sobre botánica, física, medicina y filosofía, alimentados por los escritos de la Tertulia Eutropélica, mostraron que la palabra impresa podía articular una comunidad de lectores dispersa por un territorio inmenso. Le seguirían el Correo curioso, erudito, económico y mercantil (1801), fundado por Jorge Tadeo Lozano y el presbítero José Luis de Azuola como primer periódico particular de Santafé, y el gesto emblemático de Antonio Nariño, quien el 13 de diciembre de 1793 imprimió en su Imprenta Patriótica los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Asamblea Constituyente francesa.

De ese doble linaje —expedición científica y prensa ilustrada— salió el molde. El territorio se pensaba con instrumentos, la nación se convocaba con imprenta, y ambos gestos eran obra de una minoría letrada que se reconocía a sí misma en el trabajo intelectual. La República heredaría ese modelo. Los radicales lo llevarían al extremo.

La Comisión Corográfica y el mapa como acto de Estado

El primer gran acto republicano de institucionalización de ese capital fue la Comisión Corográfica, establecida por la Ley 29 de 1849 durante la administración de José Hilario López y encabezada por el coronel-ingeniero italiano Agustín Codazzi (1792–1859). Entre 1850 y 1859, la Comisión recorrió buena parte del territorio nacional con un propósito ambicioso: levantar el mapa general de la República, describir sus provincias, inventariar sus recursos naturales, precisar sus límites. Fue el primer intento científico institucional de alcance global sobre el territorio colombiano.

Codazzi murió en 1859, en plena tarea, sin haber alcanzado a explorar con intensidad la zona del Caquetá y los territorios amazónicos —una extensión, se dijo entonces, casi equivalente al resto de la República—. Pero lo que dejó fue mucho más que un mapa. La Comisión articuló ciencia territorial, administración estatal y literatura. Manuel Ancízar, su secretario durante tres años, publicó a partir del 11 de enero de 1850 sus crónicas en El Neogranadino bajo el título de Peregrinación de Alpha: un texto que combinaba geografía física, estampa costumbrista y sensibilidad literaria, y que fijaría el modelo de mirada culta sobre el país. Santiago Pérez Manosalbas, otro miembro de la Comisión, dejó en sus Apuntes de Viaje (1853), poco después de la abolición de la esclavitud en 1851, un registro sombrío de la situación de la población negra: su pobreza, su falta de escolarización, la ausencia de caminos, la indiferencia de los blancos. La Comisión no solo cartografiaba: producía diagnóstico social.

Su marco institucional también importa. La Comisión se creó junto con el Instituto de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas, bajo cuya tutela quedaron el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de Bogotá. Era un aparato estatal de producción de conocimiento, todavía frágil, pero ya inconfundiblemente moderno. Cuando llegaron los radicales al poder, esta era la infraestructura que encontraron y prolongaron: el saber territorial como responsabilidad del Estado, no de la Iglesia ni de mecenas privados.

El Decreto Orgánico de 1870 y la reforma escolar

El acto de mayor ambición del proyecto radical en materia educativa fue la reforma impulsada en 1870 por el presidente Eustorgio Salgar. El Decreto Orgánico de la Instrucción Pública Primaria estableció tres principios que juntos constituían una revolución: la enseñanza primaria laica, es decir, la neutralidad religiosa del aula; la obligatoriedad de la instrucción elemental; y un sistema nacional de educación organizado, dirigido e inspeccionado por el gobierno central. En un país federal cuya Constitución de Rionegro había reducido drásticamente el poder del Ejecutivo, la instrucción pública se pensó como una de las pocas materias en las que el centro debía imponer coherencia.

Para dirigir el proceso, el gobierno contrató una misión pedagógica de maestros alemanes protestantes que fundaron escuelas normales en los estados de la Federación. Sus métodos —pestalozzianos, apoyados en la actividad del alumno, la inducción y la disciplina del amor reflexivo, con enseñanza de corte prusiano— introdujeron por primera vez en Colombia una pedagogía sistemática, actualizada según los últimos adelantos europeos. Se pretendía escolarizar al país con maestros extranjeros, protestantes, formados por un Estado laico: una audacia que multiplicaba la del programa mismo.

Los resultados iniciales fueron considerables. La matrícula en escuelas primarias creció de 60.155 alumnos en 1870 a 83.626 en 1873–1874. Los estados con mayor escolarización eran Antioquia (5,4%), Cundinamarca (4,6%) y Santander (3,1%); Bolívar y Boyacá apenas alcanzaban el 2,9%. Detrás de las cifras se lee ya la desigualdad regional que marcaría todo el siglo. Pero el impulso era real, y por primera vez el Estado colombiano intentaba, con recursos y método, construir una ciudadanía instruida.

Fue entonces cuando el proyecto tropezó con su límite político. La reforma se convirtió en una de las causas de la guerra civil de 1876–1877. El Partido Conservador y la Iglesia católica no aceptaron la enseñanza laica, la intervención estatal en materia educativa, ni menos aún la presencia de maestros alemanes protestantes en las normales. El debate ideológico enfrentó a liberales como Aníbal Galindo —que defendía sin ambages enseñar doctrinas liberales mientras el partido estuviera en el poder— con conservadores como Miguel Antonio Caro, para quien el Estado invadía con violencia los derechos de la religión y de la ciencia. La guerra la ganaron los radicales militarmente, pero la perdieron en todo lo demás. Se suspendieron clases, se destruyeron libros de texto, las aulas sirvieron de cuarteles. En 1881 la matrícula había caído a 71.070 alumnos, excluyendo Santander. El sistema quedó descoyuntado.

Prensa, tertulia y esfera pública

El tercer pilar del proyecto fue la palabra impresa. Los letrados colombianos del siglo XIX consideraban la prensa la forma preeminente de acción pública. Los debates sobre educación, libre comercio, federalismo y religión se libraban en periódicos que proliferaban con cada coyuntura. El Neogranadino, dirigido inicialmente por Manuel Ancízar, difundió el costumbrismo literario y despertó entre los jóvenes el interés por retratar el paisaje y las costumbres locales. La Gaceta Mercantil de Santa Marta, dirigida en 1847 por Manuel Murillo Toro —futuro presidente radical y figura tutelar del régimen—, se pronunció por la absoluta libertad de imprenta y denunció los intentos de restringirla. La prensa era, para el radicalismo, un artículo de fe.

La sociabilidad letrada la alimentaba. La tertulia de José María Vergara y Vergara reunió a escritores costumbristas de distintas filiaciones —entre ellos Eugenio Díaz—, mostrando que el costumbrismo fue terreno compartido por liberales y conservadores, aunque cada quien lo usara con propósitos distintos. Los artículos de costumbres, publicados en tertulias, libros y periódicos, servían para contraponer lo nacional a la influencia extranjera y para dar a conocer el país en el exterior. Contribuían a modelar imaginarios de identidad, siempre desde una minoría letrada urbana que se pensaba a sí misma como intérprete legítima de la nación.

Esa esfera pública tuvo sus contradicciones. Alberto Urdaneta fue encarcelado por razones políticas atribuidas a su periódico satírico El Mochuelo: el número 3 fue destruido y la prensa confiscada, un gesto incomprensible bajo el régimen de libertades proclamado por los radicales, y que revela hasta qué punto la teoría de la libertad de imprenta convivía con prácticas represivas cuando el poder se sentía tocado. La expansión del sufragio tuvo efectos ambivalentes: dio a artesanos y sectores urbanos oportunidades de participación, pero también promovió prácticas clientelares en las zonas rurales.

Hacia 1879, Carlos Martínez Silva denunció en un discurso pronunciado en la clausura de estudios del Colegio del Espíritu Santo la esterilidad intelectual del período: en veinte años, dijo, apenas se habían producido tres o cuatro libros de valor, y difícilmente podía Colombia seguir afirmando que iba a la cabeza del movimiento intelectual sudamericano. El diagnóstico, viniendo de un conservador, tenía carga polémica; pero indicaba también la sensación creciente de que el proyecto radical, tan brillante en sus formas, no había cuajado en obra duradera.

Los hombres del proyecto

El radicalismo tuvo la fisonomía de una generación, y conviene detenerse en sus figuras porque el proyecto se sostuvo menos en doctrinas escritas que en trayectorias personales cruzadas. La figura tutelar fue Manuel Murillo Toro (Chaparral, 1816 – Bogotá, 1880), dos veces presidente de la Unión, periodista, diplomático, ideólogo del federalismo: cuando murió en 1880 se enterró con él una manera de entender la política como continuación de la prensa, y esa muerte marcaría el comienzo real del fin del Olimpo. Aquileo Parra condujo el gobierno durante la guerra civil de 1876–1877 que hirió de muerte a la reforma educativa, y su nombre quedaría asociado para siempre a esa derrota; Santiago Pérez, cronista de la Comisión Corográfica antes de ser presidente, encarnó como pocos la continuidad entre ciencia territorial y política radical: los Apuntes de Viaje de 1853 preparaban al hombre público de los años setenta.

Alrededor de ellos, Salvador Camacho Roldán —economista, publicista, ministro— sostuvo con su pluma el liberalismo doctrinario y traducía en artículos y en cátedras la fe en el libre comercio que era también fe pedagógica. Felipe y Dámaso Zapata, hermanos y funcionarios, dedicaron años a armar desde la administración el sistema escolar salido del Decreto Orgánico: Dámaso, sobre todo, ejerció como director de Instrucción Pública y viajó a los estados para instalar las normales alemanas, y su nombre es inseparable del ensayo pedagógico de la década. José María Samper, con trayectoria más zigzagueante, pasó del radicalismo al conservatismo católico sin cambiar de mundo social; su itinerario da la medida de la porosidad ideológica de una generación cuyos miembros se leían mutuamente antes de combatirse.

Ese mundo estaba unido por la Comisión Corográfica y la esfera ilustrada tanto como por el partido. Ancízar como cronista, Codazzi como cartógrafo, habían fijado el modelo del hombre público que era a la vez científico y escritor. Un modelo que el adversario también practicaba: Ezequiel Uricoechea, filólogo y americanista, y sobre todo Rufino José Cuervo, gramático de renombre internacional, pertenecían por familia al mundo conservador que combatiría al radicalismo, pero trabajaban en las mismas canchas —filología, geografía, historia, prensa— con las mismas reglas. Filólogos católicos y cartógrafos liberales compartían academias, imprentas y bibliotecas mientras se disputaban el sentido de la nación.

Del otro lado, Miguel Antonio Caro (1843–1909), católico ultramontano e hispanófilo tradicionalista, elaboró desde muy temprano la matriz retórica del argumento conservador: aquella acusación de 1870 según la cual el Estado invadía con violencia los derechos de la religión y de la ciencia. Rafael Núñez (1825–1894), político liberal de origen pero escéptico y positivista, terminaría convergiendo con Caro en la Regeneración. Y detrás de todos ellos gravitaba la sombra de Tomás Cipriano de Mosquera, cuyas leyes de 1861 —expropiación de tierras, casas y edificios de comunidades religiosas— habían sentado las bases materiales del anticlericalismo estatal que la Constitución de Rionegro consagraría.

Geografías y lenguas del proyecto

Los lugares también hablan. Rionegro, en el oriente antioqueño, dio nombre a la Constitución de 1863: instalada el 4 de febrero de ese año, la Convención produjo la primera carta colombiana que no comenzaba con la invocación En nombre de Dios sino En nombre y por autorización del pueblo y de los Estados Unidos Colombianos. El poder emanaba del pueblo, no de Dios. Bogotá siguió siendo la capital letrada, con sus colegios, su Biblioteca, su Universidad Nacional (fundada en 1867) y su enjambre de periódicos. Medellín, Popayán, Mompox y las ciudades santandereanas —Bucaramanga, Socorro— aportaron sus propias tertulias, imprentas y colegios.

La división en nueve estados soberanos que consagró la Constitución de 1863 fue, para el proyecto cultural, un dato ambiguo. Permitió experimentaciones regionales —Santander, por ejemplo, se distinguió por su empuje escolar—, pero dificultó la coherencia nacional del sistema educativo, que en la práctica dependía más de los gobiernos regionales y locales que del Ejecutivo central. Hacia 1867, José María Vergara y Vergara reconocía esa fragmentación como hecho político duradero y la adoptaba como marco para clasificar los caracteres regionales del país, sin renunciar al horizonte de una futura reunificación.

Las influencias extranjeras llegaban por vías cruzadas y se instalaban en la trama cotidiana del debate intelectual. La revolución francesa de febrero de 1848 repercutió de inmediato en la juventud universitaria y la clase artesanal bogotana: durante las dos décadas siguientes alimentó una frondosa literatura política de tono radical, romántico y utópico, y formó a los primeros líderes republicanos que rompieron con el monopolio español y el mercantilismo colonial. De ahí saldría la adhesión al laissez-faire que atravesó a ambos partidos —el debate ya no era si adoptar el libre comercio, sino con qué alcance—, adhesión que se enseñaba en las cátedras con manuales traducidos: en la Universidad Católica, el Tratado del liberal español Colmeiro reemplazaba a los Éléments del francés Garnier, y esa sustitución era ya, en sí misma, una declaración de linaje intelectual. Antes que ellos, José Eusebio Caro había combinado romanticismo, sansimonismo tecnocrático y admiración por los Estados Unidos, debilitando el apego a la tradición hispánica en la propia familia que después la reivindicaría con Miguel Antonio. Este era el humus del radicalismo. Décadas más tarde, ya bajo la hegemonía regeneracionista, la Generación del Centenario de 1910 respiraría otro aire: el de la cultura francesa de fin de siglo, con Rodó llegando desde Montevideo, Taine desde la crítica positivista, Anatole France y D'Annunzio como lecturas obligadas, y la generación española de 1898 como espejo cercano. Desde esa formación releerían con distancia crítica al radicalismo derrotado.

La Iglesia como adversario estructural

El proyecto cultural radical no puede entenderse fuera de su conflicto con la Iglesia católica. Desde las leyes de desamortización de Mosquera en 1861 y la Constitución de Rionegro en 1863, el liberalismo había avanzado en el desmonte del poder material y jurídico de la Iglesia. La reforma educativa de 1870 llevó el pulso al terreno del alma: si el Estado organizaba la instrucción primaria de manera laica y obligatoria, la Iglesia perdía su condición histórica de tutora del saber.

El choque fue frontal. La Iglesia era, en el momento del enfrentamiento, la única institución colombiana con aparato burocrático centralizado, doctrinal y organizativamente coherente, con ascendencia y respeto social a escala nacional. En el país fragmentado del federalismo, ese hecho pesaba enormemente. Sectores de la clase dirigente empezaron a ver en la Iglesia la única fuerza capaz de proveer la cohesión ético-religiosa que el Estado federal no había logrado. Esa lectura estratégica —más que la mera piedad— explicaría, en la década siguiente, la Regeneración. La guerra civil de 1876–1877 sería interpretada por más de un autor como la máxima expresión del enfrentamiento entre laicismo anticlerical e Iglesia en el siglo XIX colombiano. Los radicales ganaron el campo de batalla y perdieron la iniciativa histórica.

Regeneración y desmontaje del acervo radical

La fractura interna del Partido Liberal entre radicales e independientes —estos aliados con conservadores para apoyar a Rafael Núñez frente al candidato radical Aquileo Parra— y la muerte de Manuel Murillo Toro en 1880 sellaron el fin del Olimpo Radical. Núñez llegó por segunda vez a la presidencia en 1884 y lideró la elaboración de la Constitución de 1886, texto conservador, centralista y católico que se mantendría en esencia hasta 1991.

El desmontaje fue metódico. El artículo 41 de la nueva Constitución estableció que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la Religión Católica: el laicismo escolar quedaba enterrado. El Concordato de 1887, firmado por Núñez con la Santa Sede, hizo del catolicismo la religión oficial de Colombia, devolvió las propiedades eclesiásticas confiscadas por los gobiernos anticlericales, ató la educación pública a los preceptos de la Iglesia y abolió el divorcio. La Iglesia hizo concesiones sobre derechos económicos a cambio del monopolio del aparato educativo, en un movimiento que la devolvía a su posición colonial en materia de instrucción, aunque con mayor autonomía frente al Estado.

La Regeneración no se conformó con desmontar: construyó su propio acervo. El hispanismo tradicionalista de Caro reemplazó al francofilismo radical. José Manuel Groot y otros historiadores conservadores idealizaron el esfuerzo educativo de España en la Colonia, la promoción de las ciencias, el impulso al arte y la literatura, en contraste con los desórdenes de la república liberal. Hacia 1910, con motivo del centenario de la Independencia, el manual de historia patria de Jesús María Henao y Gerardo Arrubla trazó una línea de continuidad con el proyecto regeneracionista: no repudió a España ni su accionar en la Conquista y la Colonia, y cohesionó momentos históricos que podían parecer opuestos bajo un mismo hilo narrativo. Los relatos escolares se organizaron en torno a la linealidad heroica, con cortes temporales que se mantendrían durante todo el siglo XX.

La represión política acompañó el proceso simbólico. La oposición liberal tropezó con la represión oficial: desde 1887 se adoptaron medidas restrictivas contra la prensa opositora, en franco contraste con las libertades proclamadas por Rionegro. El período 1885–1930 sería después caracterizado como uno de ultraintolerancia, marcado por el nexo formal entre Estado e Iglesia. La hegemonía conservadora perduró en el poder hasta 1930, y la Guerra de los Mil Días (1899–1902), aunque desestructuró parcialmente la relación de fuerzas entre los partidos, no modificó los fundamentos del orden político dominante ni las condiciones de producción y reproducción cultural instauradas por la Regeneración.

Los límites materiales

En 1912, más del 80% de la población colombiana seguía siendo analfabeta. La proporción de escolares sobre el total había pasado del 1,2% en 1835 al 3,0% en 1873; el número de estudiantes en escuelas elementales había crecido de 29.118 en 1847 a 137.482 en 1897 y a 165.062 en 1905. Y sin embargo, el sistema escolar seguía siendo incapaz de ofrecer a la población la escolaridad mínima. Los gobiernos regionales y locales pagaban y gestionaban la mayor parte del sistema: la instrucción pública era, en la práctica, más responsabilidad de los departamentos que del gobierno central. Las guerras civiles, la inestabilidad política y las asignaciones presupuestales exiguas —en algunos años el presupuesto nacional no incluyó partida alguna para educación— impidieron sistemáticamente que el sistema escolar alcanzara cobertura mínima.

Esa realidad material relativiza el drama simbólico entre radicales y conservadores. Ni el laicismo triunfó verdaderamente en las aulas antes de 1886 ni el control eclesiástico posterior alcanzó a la mayoría rural analfabeta. El capital cultural del siglo XIX colombiano —radical o regeneracionista— fue divisa de una franja urbana muy delgada, que se disputaba entre sí las claves de una nacionalidad cuyos supuestos destinatarios apenas sabían firmar. Miguel Ángel Urrego lo formuló con nitidez para las primeras décadas del siglo XX: el país seguía siendo eminentemente rural, disperso, mayoritariamente analfabeto, y las guerras civiles habían alterado las relaciones de fuerza entre los partidos sin modificar las condiciones estructurales de producción y reproducción cultural.

Qué sobrevivió

Y sin embargo, algo sobrevivió, y su inventario importa porque explica la larga sombra que el radicalismo proyectó sobre el siglo XX. La Comisión Corográfica dejó un archivo, un método y un ideal de conocimiento territorial que siguió operando en la administración pública mucho después de que sus promotores hubieran muerto: sus mapas, itinerarios y descripciones provinciales alimentaron durante décadas la enseñanza de la geografía patria y sirvieron de base a las delimitaciones departamentales que la Constitución de 1886 heredó sin poder reemplazar. Las escuelas normales, castigadas por la guerra y por la nueva carta, transmitieron una tradición pedagógica que la enseñanza católica no logró borrar del todo: en Santander sobre todo, pero también en pequeños núcleos antioqueños y cundinamarqueses, la huella pestalozziana de los maestros alemanes se dejó sentir en generaciones de institutores que ya no serían protestantes pero conservarían el gusto por el método. La prensa laica del período nutrió por décadas la sociabilidad liberal, y el modelo del letrado —científico, periodista, profesor y político a la vez— pervivió como ideal generacional hasta bien entrado el siglo XX, sostenido por los esqueletos institucionales de bibliotecas, observatorios, museos y el Instituto de Ciencias Naturales, sobre los que las generaciones posteriores volverían a construir.

Menos visible, pero acaso más decisiva, fue la persistencia de ciertos hábitos: el costumbrismo, la caricatura política, la retórica del progreso, la valoración de la geografía como saber patriótico. Todo eso quedó como sedimento cultural común, más allá de las banderas partidistas. La obra de Rufino José Cuervo sobre la lengua española americana no podía ser reclamada en exclusiva ni por el laicismo radical ni por el catolicismo regeneracionista; Ezequiel Uricoechea abrió el americanismo filológico desde una posición igualmente ambigua. Sus figuras muestran hasta qué punto el capital del período fue patrimonio compartido de una élite letrada, aunque cada facción intentara apropiárselo bajo bandera propia. En las academias fundadas al calor de la Regeneración —la de la Lengua en 1871, la de Historia en 1902— los descendientes intelectuales del radicalismo y los del hispanismo católico convivieron en sillones vecinos, disputándose la administración de una tradición común.

Al reemplazar el capital cultural laico por uno confesional igualmente elitista, la Regeneración no destruyó un edificio sólido: reocupó un espacio que el radicalismo, pese a su brillantez programática, nunca había logrado democratizar. Prolongó, bajo signo opuesto, la misma condición estructural. Lo que pasó de Rionegro a la Regeneración, y de allí al siglo XX, no fue una doctrina, sino una forma social: la de un país cuya voz pública seguía pronunciándose por encima de la cabeza de sus habitantes, y cuyos administradores del sentido —fueran gramáticos católicos o cartógrafos liberales— compartían biblioteca, apellido y clase antes de disputarse el color de la bandera.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01José Celestino Mutis — fundador de la Expedición Botánica, primer gran nodo institucional del capital cultural criollo en la Nueva Granada desde 1761
  2. 02Decreto Orgánico de 1870 — instrumento jurídico central del proyecto radical de estatización del capital cultural
  3. 03Comisión Corográfica — empresa estatal de producción de saber territorial que articuló ciencia, literatura y administración entre 1850 y 1859
  4. 04Iglesia católica — institución rival en la disputa por el control del capital cultural, victoriosa con la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887
  5. 05Manuel Murillo Toro — figura tutelar del radicalismo cuya muerte en 1880 simbolizó el fin del proyecto letrado liberal
  6. 06Bogotá — centro geográfico y simbólico donde se concentraron las instituciones productoras de capital cultural: Observatorio, Jardín Botánico, Museo de Historia Natural, escuelas normales y prensa letrada
06

Documentos y fragmentos citados

50 documentos · 70 fragmentos

01Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 citas
[1]

que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…

p. 28
[2]

de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…

p. 28
02Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 2791 cita
[3]

ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…

p. 279
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 5551 cita
[4]

percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…

p. 555
04Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 50, 2462 citas
[5]

constructor de identidad al reelaborarse su sentido a la luz del pensamiento ilustrado. De hecho, las políticas borbónicas, con el objetivo de desarrollar las riquezas naturales coloniales en beneficio del Estado español, habían patrocinado el estudio de las ciencias útiles a través de la reforma de la educación,…

p. 50
[36]

es de todas nuestras cosas lo único que encierra verdaderamente el alma y aire de la patria. El granadino que oiga hablar español en Esmirna o Jerusalén sentirá un vivo placer, pero se dirá ¿esa voz es granadina, americana o española? Mas si oyese preludiar un bambuco, gritara, corriendo hacia el músico: ¡es mi…

p. 246
05Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 128, 1362 citas
[6]

sentim iento incipiente de id en tid a d n eo g ran ad in a antes de finalizar el periodo colonial. El m u ch as veces citado Imagined Com m unities, de Benedict A nderson, sostiene q u e los periódicos del p eriodo colonial tardío, publicados en la N u e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de…

p. 136
[7]

u e el gobierno real tuviera u n a cara m ás criolla. Esto distaba m u cho del grito de in d ependencia, pero re p resen ta b a un paso hacia u n sentim iento nacionalista. En los años siguientes, ni el p u eblo neogranadino ni sus gober nantes españoles o lv id aro n la rebelión d e los C om uneros. Los sucesos de…

p. 128
06Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 104, 1102 citas
[8]

de las plantas, una perspec- tiva que ciertamente adquirié durante sus viajes por el Cauca y el Ecuador y, sobre todo, cuando insistid en la urgencia de realizar una expedicion «geogra- fica 0 econdémica», con la cooperacién simultanea de astronomos, botanicos, mineralogistas, zodlo- gos, economistas y unos cuantos…

p. 110
[47]

econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…

p. 104
07Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2031 cita
[9]

public instruction and the roads. In , the state’s secretario de gobierno, the Caucano Néstor Castro, argued unreservedly for government interven- tion in education: it should be ‘... made as readily available to the people as the water from the public fountain’. 5 That year the state of Antioquia adopted a…

p. 203
08Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2031 cita
[10]

public instruction and the roads. In , the state’s secretario de gobierno, the Caucano Néstor Castro, argued unreservedly for government interven- tion in education: it should be ‘... made as readily available to the people as the water from the public fountain’. 5 That year the state of Antioquia adopted a…

p. 203
09Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 1511 cita
[11]

period show a decline in enrolments, and the central governments neglected public education almost totally to the point that, in some years, it included no item for education in the na- tional budget. 8 The education reform of President Eustorgio Sal gar proposed compulsory elementary schooling, neutrality in…

p. 151
10Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1241 cita
[12]

ejemplo de lo que llegó a generar estos desacuerdos fue la guerra civil de 1876: se gestó, entre otras razones, por el desacuerdo manifiesto del Partido Conservador y la Iglesia católica con las reformas educativas introducidas desde 1870 por el liberalismo radical en el poder, que impuso la enseñanza laica, la…

p. 124
11Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 921 cita
[13]

this, however, there was no agree- ment among contenders who sought to control Colombian education. Like most disagreements in Colombia from the mid-nineteenth century to the late twentieth century, educational disputes merged with political party faction- 76 Chapter Four alism. The civil war of 1876 is an example of…

p. 92
12Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 1251 cita
[14]

los colombianos consideraron los nombres de Salgar, propuesto por el liberalismo radical, y de Mosquera, apoyado por gran parte del conser- vatismo, curiosamente, y parte de los liberales enemistados con los radicales. Ganó el primero y se posesionó el lo. de abril de 1870. En realidad, el nuevo mandatario llegaba al…

p. 125
13Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 308, 3202 citas
[15]

tenuous con- sensus agreements struck by national government authorities and state officials were strained to the breaking point. Ultimately, the success of a secular national education system would prove to be partly responsible for its unraveling. Conser- vative Party members began to fear how the new cadre of…

p. 308
[18]

so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

p. 320
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 157, 1602 citas
[16]

la segunda mitad del siglo XIX rigieron una escuela normal y una elemental mo- delo, anexa a la normal; introdujeron la enseñanza prusiana y en especial los métodos de enseñanza pestalozziana, que se basaban en la actividad de los alumnos por medio de la inducción y con la disciplina del amor reflexivo. Como sustento…

p. 160
[32]

magistrados de la Corte Suprema de Justicia y pro- curador general de la Nación, pero cada uno de ellos debía escogerse en elecciones distintas, por lo que el país vivía en permanente debate electo- ral. Acogiéndose a lo estipulado en la Constitu- ción, las provincias de Bogotá, Cauca, Córdoba, Cundinamarca, Chocó,…

p. 157
15Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 531 cita
[17]

Jaramillo Uribe has called “the polemic of the textbooks.” 27 Conservatives like Miguel Antonio Caro, writing in the party newspaper El Tradicionalista, complained that the state was confusing its obligation to educate with the Church’s right to indoc- trinate. It was clear to Caro and his copartisans that the state,…

p. 53
16Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2131 cita
[19]

la Regeneración. CuADRO 1v.6. Estudiantes en las escuelas elementales durante la segunda mitad del siglo x1x 1847 29.118 1852 21.937 1870 60.155 1873-74 83.626 1881 71.070" 1890 99.215 1893 104.463 1897 137.482 1905 165.062 @ Excluye a Santander, donde había unos 14.000 alumnos. FUENTE: Felipe Pérez, Geografía general…

p. 213
17The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 117, 1252 citas
[20]

aspects of education, yet each framed his promotion of popular learning in terms of the lettered consen- sus. In a report to the Magdalena state assembly on the difficulties in ex- panding the public system, Robles noted a lack of resources and qualified instructors, but he primarily blamed illiterate parents’…

p. 125
[43]

significant reforms over public instruction, from the freedom of learning during emancipation to the major reform of 1870 known as the Organic Decree over universal primary education. Each sys- temic change in schooling embodied particular features of liberal civiliza- tion, and while letrados understood basic…

p. 117
18¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 651 cita
[21]

garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…

p. 65
19Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1091 cita
[22]

and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…

p. 109
20Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 342, 3522 citas
[23]

nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…

p. 342
[29]

aumentando equi- tativamente cuando mejore la situa- ción fiscal. Esta renta se destinará al auxilio de diócesis, cabildos, semina- rios, misiones y otras obras eclesiásti- cas. En resumen, la Iglesia hace conce- siones sobre sus derechos económicos a cambio del monopolio en el aparato educativo; esto significó un…

p. 352
21Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 1972 citas
[24]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
[31]

y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

p. 197
22Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 261, 3162 citas
[25]

a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…

p. 261
[44]

movimiento educativo de Europa y Am é. rica. Constituyen una fuente indispensable para el conocim í ent de la vida intelectual y pol í tica del per í odo. / ' ■! No todo era optimismo. Hab í a tambi é n oposiciones y esp í rit ú i negativistas. En la clausura de estudios del Colegio del Esp í ritu Santo, quiz á bajo…

p. 316
23La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 136, 1392 citas
[26]

Se hace importante recalcar que el pluralismo constructivo debe reconocer la dife- rencia para promover armonía e interacción entre personas, grupos y culturas 175. Este pluralismo no puede ser restrictivo, agresivo o excluyente sino una búsqueda de la unidad en la diversidad. Pero la laicidad llevó en algunas partes…

p. 136
[34]

auxilio, [para formar] una nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de ‘Estados Unidos de Colombia” 184. Es la primera Constitución del país que no comienza “En nombre de Dios” 185 sino “En nombre y por autorización del 183 Véase para toda la historia de la laicidad en Francia, Assemblée générale du…

p. 139
24De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[27]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
25De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[28]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
26Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 62, 702 citas
[30]

miem- bros de la clase dirigente, aunque el liberalismo tardara más en reconocer- lo, como la única institución capaz de establecer una ligadura ético-religiosa eficaz dentro de un país extenso y de- sarticulado, con extremadas desigual- dades sociales, raciales y regionales con una peligrosa tradición de secta- rismo…

p. 70
[53]

se correspondió en ma- yor medida con el plano de las reali- zaciones prácticas. Frente a una po- blación que de manera reducida pero estable no dejó de crecer a lo largo del siglo, el sistema escolar se mostró siempre incapaz para ofrecer a los re- cién estrenados ciudadanos la dosis mínima de escolaridad que supone…

p. 62
27Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 24, 1212 citas
[33]

de vías de comunicación. Como varia- ción a la estructura de la rama ejecutiva federal se sustituyó la figur Debe resaflarse de esta Constitu- ción la introducción de un mecanismo de control de constitucionalidad y Je- Evento Federa en virmud del cual la Corte Federal podía suspender los e Me aturas de los estados…

p. 24
[37]

Radical José María Rojas Garrido, al prociamar la unión liberal y lanzar la candidatura presidencial de Francisco Javier Zaldúa, en abril de 1881: «El partido conservador es el cancer de la República y es preciso extirparlo Ll I-fingnmas unjurmmento solemne: antes que permitir el triunfo conser vador, que no quede…

p. 121
28Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 38, 602 citas
[35]

lución colombiana con la de otros paí- ses latinoamericanos, o si se advierte que la inestabilidad política no fue in- ferior bajo el imperio de constitucio- nes centralistas y autoritarias, el re- sultado no fue tan negativo, y bajo la vigencia de estas constituciones se fue- ron consolidando mecanismos de po- der…

p. 38
[59]

era irrevocablemente liberal. Los acontecimientos de fines de ese año no sólo lo entregaron, ob- jetivamente, en manos de los conser- vadores, sino que lo convencieron de que el radicalismo no debía volver a levantar cabeza. Y los elementos del pensamiento conservador, el autori- tarismo, la utilización del…

p. 60
29Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 501 cita
[38]

Estado de Bo ya cá cuya población era cinco y media veces ma - yor. La s vo taciones para presidente, cuyo mandato era de dos años y comenzaba el primero de abril, se efectuaban con notables dife - rencias, de ma yo a no viembre. Tales calendarios debilitaban al eje- cutivo nacional. A mitad del período presidencial,…

p. 50
30Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 57, 592 citas
[39]

'm l l ipáut»»; ptra ao podrá toafeaeda porga ifr- de sMUaona.” ao qin pao#do 40 di»»«ornado· dcidoaMafe-. Por el Ciodtdiaofretidaoia da la Rapábiiaa. i. porqot má toen·i 310 no» baflamo»«a la BSnmiuria. Psradm tmtUiv*. A ^ft MlUfllf «I «ItsUtflifliÍMttA n Facsímiles da "L A BANDERA NACIO NAL", periódico del Genera!…

p. 59
[41]

un quincenario de la capital de la república. El 10 de septiembre imprimieron en Medell fn: "EL BOBO." "L A GACETA M ERCANTIL" En Santa Marta, el 22 de septiembre de 1847 se dió al público "LA GACETA MERCAN TIL " dirigida por el doctor Manuel Murillo Toro, para preconizar las ideas liberales. Este semanario se destacó…

p. 57
31Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 771 cita
[40]

lectores con artículos y crónicas que hablaban más bien de la importancia de retratar el paisaje y las costumbres locales. Ancízar advirtió que no había mejor análisis psicológico, para comprender a las sociedades, que la novela y el cuento, en la medida en que la imaginación resultaba el mejor aliado para construir…

p. 77
32Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · p. 121 cita
[42]

los escritores liberales para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos; y a los con - servadores, para vapulear las ilusiones modernas, el menosprecio de los liberales por la tradición y las reformas con las que alimenta - ron la fundación de las repúblicas. Para ambos, sin embargo, fueron útiles para…

p. 12
33Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 252, 3342 citas
[45]

de Mosquera, padre e inoculador de la nueva Colombia, no es sufi- ciente caricatura de Simón Bolívar, padre y libertador de la grande? […] ¿Quién es el autor de este texto? Está firmado por Simte ¿Es el mismo Urdaneta o uno de sus socios en la empresa? Lo que por un lado se deduce de la carta es que se tiene una…

p. 334
[51]

Se estableció por algún tiempo en Venezuela (1840 - 1846) donde ejerció la docencia y formó parte del Liceo Venezolano, fundado para propagar las luces y fomentar el cultivo de la literatura y las bellas artes. Allí se relacionó con la élite intelectual de Caracas. A su regreso a la Nueva Gra- nada, en 1846, era…

p. 252
34La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 1261 cita
[46]

mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…

p. 126
35Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 161 cita
[48]

Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…

p. 16
36Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 146, 1622 citas
[49]

indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…

p. 162
[58]

las ind í genas, LA REP Ú BLICA FEDERAL 151 ilc esp í ritu infantil, y una autoridad fuerte era indispensable para controlar el esp í ritu montaraz y rebelde de mestizos y mulatos. La Iglesia era esencial para que s ú bditos o ciudadanos aceptaran las restricciones de la vida en sociedad: al reemplazar la idea de…

p. 146
37Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4181 cita
[50]

adoro la libertad, dice el poeta que seguidamente se esfuerza por librarse de su sentimiento de culpa añadiendo /n o basta a mi conciencia no ser yo quien te niega ese tesoro. En los escritos de la Comisión Corográfica lo que quedó inscrito (Restrepo, 1984) fue una visión de la situación social del negro poco después…

p. 418
38Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 121 cita
[52]

cantón en los distritos de temperatura cálida. Maderas preciosas, resinas aromáticas, bálsamos y plan - tas medicinales de sorprendente eficacia se encuentran 2 González, Beatriz, Manual de arte del siglo xix en Colombia, Bogotá: Ediciones Uniandes, 2013, pág. 170. 13 Píndnicersti 13 a cada paso, y a menudo al…

p. 12
39Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 331 cita
[54]

del centenario de la Independencia en 1910. Como lo señala Miguel Ángel Urrego, “la coyuntura que representó la Guerra de los Mil Días había desestructurado parcialmente la relación de fuerzas entre los partidos, sin que ello hubiese significado un cambio en los fundamentos del orden político dominante. La guerra…

p. 33
40Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 191 cita
[55]

relation to the connection with the world beyond geographical borders; the twen - tieth century opened the doors of the territory, thanks to coffee, in a process that brought rapid changes in social organization. The conditions for entering the new century were unfavorable for the country in the midst of the last…

p. 19
41Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 132 citas
[56]

44 Capítulo II Institucionalizar el pasado nacional Las pretensiones de los escritos históricos del siglo eran obvias: construir un espacio de XIX comprensión homogéneo que instaurara los elementos donde podrían insertarse las redes de pertenencia y legitimidad que cubrieran por igual a todas las regiones geográficas…

p. 1
[57]

hija, á nuestra patria. 35 Los relatos escolares mantuvieron un criterio de linealidad allí donde los héroes eran la parte fundamental de la trama histórica y establecieron una diacronía cuyos cortes temporales se mantuvieron durante todo el siglo. XX 36 Las características de los manuales de historia patria y los…

p. 13
42El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1301 cita
[60]

fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…

p. 130
43Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 631 cita
[61]

a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…

p. 63
44El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 126, 2782 citas
[62]

vencedor» 184. Los años comprendidos entre 1850 y 1870, que verán surgir en la Nueva Granada una frondosa literatura política de carácter radical romántico y utópico, están marcados por 184 En Ángel y Rufino J. Cuervo, Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época, ed. cit., vol. i, pág. 54. 279 Eí ndicersdita…

p. 278
[66]

político de esa centuria. Sin embargo, es claro que también Núñez y José Eusebio 78 El romanticismo en Europa, especialmente en Alemania, condujo a una admiración muy grande por todos los rasgos característicos del alma española tales como el espíritu caballeresco, el intenso sen- timiento religioso, y en general por…

p. 126
45A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 34, 682 citas
[63]

view reflects the emer - gence of an alignment among interest groups that led to a cultural change and the confrontation between liberal and anti-liberal positions, the former taking inspiration from England and the United States and the latter from France and Prussia. However, the story is not that simple. This…

p. 68
[65]

1870s. Spanish texts were not included in the official textbooks and were not part of the material for graduation exams. Universidad Católica’s announce - ment shows that Manuel Colmeiro’s Treatise was the primary reference. How - ever, the French influence is still present as Colmeiro was one of the main…

p. 34
46Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 291 cita
[64]

viajes y la educación europea, los nuevos símbolos de prestigio en la sociedad republicana. En realidad esta comunidad de intereses se reconoció oficial- mente por primera vez en las elecciones de 1853. En esas elecciones el candidato conservador para la Procuraduría General de la Nación fue don Florentino González,…

p. 29
47Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 271 cita
[67]

post he retained until 1930. 3 Olaya's career has been recounted in detail because it is representative of a generation of Colombian academicians, politicians, and intellectuals who shaped national events in the 1920s and 1930s. 4 Calling themselves the Centenarios (Centenarists) because their actions came 100 years…

p. 27
48Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 281 cita
[68]

dando en el país suscitaron profundos debates en el campo intelectual de la época. A través de la prensa, de la cátedra, de la política, los intelectuales desempeñaron un papel de primer orden, pues sus intervenciones contribuyeron en muy buena medida a reconfigurar la sociedad colombiana. A finales de los años diez,…

p. 28
49Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1691 cita
[69]

manes, italianos, colombianos...; en su Idola Fori, obra de mucha influen- cia en la Generación del Centenario, la influencia quizás más notable es la del uruguayo Rodó. Carlos Uribe Ce- lis, en su reciente libro Los años veinte en Colombia, ideología y cultura, se- ñala la persistente influencia de Taine y de la…

p. 169
50Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 121 cita
[70]

directrices de nuestra cultura, al menos en ese tiempo: los finales del siglo XIX y las tres primeras décadas del siglo XX. Véase lo que ocurre. Con base en la doctrina positivista (Augusto Comte en la filosofía; Hi- pólito Taine en su aplicación al arte) y, luego, con la más fundamentada del materialismo histórico…

p. 12