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Biografía

Pedro Fermín de Vargas

Pre-independencia

1762–1830

17 min de lectura19 documentos
Nacimientoc. 1762
Fallecimientoc. 1830
RolesCorregidor de Zipaquirá · Funcionario del virreinato de la Nueva Granada
Lugar principalColombia
Período históricoPre-independencia1780–1809
03

La biografía

Pedro Fermín de Vargas (c. 1762 – c. 1830) fue funcionario del virreinato de la Nueva Granada, corregidor de Zipaquirá, redactor de una obra reformista temprana sobre la economía y la población del reino y, tras su fuga del servicio real, uno de los primeros criollos neogranadinos que buscó en Europa apoyo para la independencia hispanoamericana. Se le conoce como precursor desconocido de la Independencia colombiana, y el mote captura con exactitud su lugar: figura de peso en el pensamiento económico y político preindependentista, pero de resonancia pública menor que la de Antonio Nariño o Francisco de Miranda, con quienes coincidió en los caminos del exilio. Su trayectoria condensa la paradoja del reformismo borbónico en América: el mismo Estado que lo formó como técnico ilustrado lo empujó, por sus propios límites, a imaginar la ruptura con España.

02

Línea de vida

  1. 1762

    Nacimiento en la Provincia del Socorro

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    Nació hacia 1762, probablemente en la Provincia del Socorro (actual Santander), región marcada dos décadas antes por la revuelta de los Comuneros de 1781. El año exacto y las circunstancias familiares no están fijados con precisión documental.

  2. 1783

    Formación en el ambiente ilustrado de Santafé

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    Se formó en Santafé de Bogotá en el círculo intelectual influido por José Celestino Mutis y la Real Expedición Botánica, puesta bajo dirección de Mutis el 1 de abril de 1783. Su obra escrita refleja el mismo espíritu empírico y la confianza en el dato estadístico propios de ese ambiente científico.

  3. 1790

    Corregidor de Zipaquirá y redacción de su obra reformista

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    Ejerció como corregidor de Zipaquirá, cargo con jurisdicción sobre un territorio productivo ligado a la sal. Desde ese puesto y desde Santafé compuso los 'Pensamientos políticos' y la 'Memoria sobre la población del Nuevo Reino de Granada', diagnóstico económico y demográfico del virreinato que analiza el estado social, la agricultura, el comercio y las minas del reino.

  4. 1793

    Fuga del servicio real e inicio del exilio conspirador

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    En el contexto de la represión virreinal desatada tras la impresión de los Derechos del Hombre por Nariño (diciembre de 1793), Vargas abandonó su cargo y se alejó del servicio real, iniciando una trayectoria de conspiración contra la monarquía española que lo llevaría a buscar apoyo para la independencia hispanoamericana en Europa.

  5. 1800

    Gestiones en Europa en favor de la independencia hispanoamericana

    Leer contexto

    Tras su fuga, Vargas buscó en Europa —Londres y París entre sus destinos— apoyo para la causa independentista, coincidiendo en los caminos del exilio con figuras como Francisco de Miranda. Su actividad conspiratoria lo convirtió en uno de los primeros criollos neogranadinos en actuar abiertamente fuera del horizonte monárquico.

  6. 1944

    Primera edición moderna de sus obras reunidas

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    Los 'Pensamientos políticos' y la 'Memoria sobre la población del Nuevo Reino de Granada' fueron publicados conjuntamente en Bogotá en 1944, rescatando para la historiografía colombiana un corpus que había permanecido fuera de circulación editorial durante más de un siglo.

  7. 2016

    Reedición en la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana

    Leer contexto

    El Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia publicaron una nueva edición de sus obras reunidas dentro de la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana, con presentación de Renán Silva, consolidando el reconocimiento de Vargas como figura relevante del pensamiento económico y político preindependentista.

Un funcionario que aprendió a ver el reino

Vargas pertenece a una generación estrecha y peculiar: la de los criollos nacidos hacia 1760, formados en Santafé al calor de las reformas borbónicas, familiarizados con la ciencia ilustrada que traían Mutis y sus discípulos, y colocados desde jóvenes en cargos del aparato virreinal. A esa generación la Corona le pidió eficiencia; ella devolvió, cuando pudo, diagnóstico. Vargas devolvió diagnóstico.

Lo que lo distingue no es la agitación pública —terreno de Nariño— ni la retórica revolucionaria continental —especialidad de Miranda—, sino la mirada analítica: un modo de escribir sobre el Nuevo Reino de Granada que ordena los problemas por rubros —población, agricultura, comercio, minas— y trata cada uno con el instrumental de la economía política ilustrada. Sus Pensamientos políticos y su Memoria sobre la población del Nuevo Reino de Granada funcionan como un verdadero estudio de conjunto en sentido moderno, y esa fórmula, más allá del elogio, señala su singularidad: donde otros escribían representaciones, súplicas o alegatos, Vargas escribió algo parecido a un informe de Estado sobre un Estado del que empezaba a descreer.

Ese doble movimiento —adentro del aparato, afuera de la fe monárquica— es la clave de su lugar en la crisis colonial neogranadina. No fue un letrado ajeno al poder que criticaba desde fuera; fue un funcionario del rey que, al inventariar el reino con las categorías que la propia Corona le había enseñado, descubrió que las trabas al desarrollo del virreinato eran estructurales al orden colonial. La consecuencia lógica —que después habría de darse— fue salirse de él.

Los orígenes: San Gil, Santafé y la formación borbónica

Nació hacia 1762, probablemente en la Provincia del Socorro, tierra santandereana marcada apenas dos décadas antes por la revuelta de los Comuneros de 1781, antecedente inevitable de la sensibilidad política que le tocaría vivir. El año exacto y las circunstancias familiares no están fijados con precisión, y la incertidumbre alcanza también al final de su vida: 1830 aparece consignado como fecha probable de su muerte, con las reservas que corresponden a un hombre que pasó sus últimas décadas fuera de la vista de los archivos americanos.

Se formó en Santafé de Bogotá, en la misma ciudad donde José Celestino Mutis, llegado en 1761 como médico del virrey Pedro Messía de la Zerda, se había convertido en el principal agente de la ilustración científica en la Nueva Granada. Mutis enseñó astronomía copernicana y sostuvo, no sin sobresaltos, un pulso con los dominicos que intentaron expulsarlo, sin éxito, gracias a la protección del arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora. Una capital virreinal donde la ciencia moderna disputaba lugar a la escolástica y donde el propio poder eclesiástico y civil respaldaba a los ilustrados: ese fue el aire de sus años de formación.

En 1783, cuando Caballero y Góngora puso la Real Expedición Botánica bajo la dirección de Mutis, con Eloy Valenzuela como subdirector, la Nueva Granada adquirió un dispositivo científico permanente: un taller de descripción del mundo con la taxonomía de Linneo por herramienta. Vargas se movió en las cercanías de ese círculo; su obra escrita respira el mismo aire empírico, la misma confianza en el dato, el mismo hábito de organizar la realidad por variables. La Corona había querido botánica útil; sin proponérselo, había abierto una escuela de crítica al régimen que la financiaba.

Su entrada al servicio real se produjo por la vía habitual del criollo instruido: la burocracia virreinal. Alcanzó el corregimiento de Zipaquirá, cargo intermedio pero con jurisdicción concreta sobre un territorio productivo, cercano a Santafé y ligado a la sal —recurso fiscal de primer orden—. Fue desde ahí, y desde su presencia en la capital, donde compuso los textos que hoy lo definen. El cargo también le enseñó las servidumbres del funcionario de rango medio: la distancia entre el papel escrito en Santafé y su aplicación en un partido con sus propias jerarquías, sus intereses locales, sus resistencias sordas a cualquier medida que alterara la costumbre. Buena parte del realismo económico que atraviesa su obra —la certeza de que las palabras del reformismo se estrellan contra estructuras concretas— viene probablemente de ese aprendizaje administrativo.

La obra: diagnóstico de un reino que no cuaja

Los Pensamientos políticos y la Memoria sobre la población del Nuevo Reino de Granada son las dos piezas que sostienen su reputación. Se publicaron conjuntamente en una edición bogotana de 1944 y volvieron a las prensas en 2016, con presentación de Renán Silva, en la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana editada por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia. Entre una fecha y otra corren casi dos siglos de silencio editorial que la propia trayectoria de Vargas explica en parte.

Los Pensamientos políticos abordan el estado social del Nuevo Reino: agricultura, comercio, minas y condiciones económicas del virreinato. La Memoria sobre la población hace lo suyo con la demografía. La operación intelectual es coherente: Vargas cree que un reino se conoce contando lo que tiene y midiendo lo que le falta, y que solo desde ese conocimiento puede gobernarse con acierto. Es el credo del ilustrado utilitario, la confianza en que la buena política empieza por el buen inventario.

Su diagnóstico demográfico rompió con el optimismo que Francisco José de Caldas cultivaría poco después. Frente a la idea de un reino en expansión natural, Vargas sostuvo que los recursos poblacionales eran escasos y que esa escasez condicionaba todo lo demás. En una observación que ha quedado como emblema de su mirada, notó que en las provincias sin actividad minera o artesanal la población se reducía a unos pocos labradores cuyos frutos se invertían en su propia manutención: no había excedente, no había mercado, no había circuito. La frase describe con dureza clínica una economía colonial escasamente integrada, donde amplias regiones vivían fuera del intercambio mercantil y por debajo del umbral que un Estado moderno necesitaría para gravar, administrar y expandir.

De esa constatación se desprende su reformismo económico. Aunque el detalle programático completo no siempre se recupera con nitidez, Vargas ha sido asociado con posiciones favorables a la libertad económica y con la crítica a los obstáculos que el sistema colonial imponía al desarrollo productivo. Su pensamiento se inscribe en una corriente ilustrada ibérica más amplia —encuentra respaldo explícito en los economistas españoles Jovellanos, González y Dormer—, lo que impide leerlo como fenómeno aislado o como profecía subversiva anticipada. Era, en principio, un reformista dentro del horizonte de la propia monarquía ilustrada.

Y sin embargo su método —el uso sostenido del dato estadístico para conocer y administrar la capacidad productiva de la población— tenía un filo que no era solo técnico. Cuantificar variables humanas para orientar la acción del Estado es una operación coherente con los proyectos ilustrados de racionalización del gobierno; pero, aplicada a un virreinato cuyas trabas al desarrollo residían en el propio pacto colonial —monopolio, alcabalas, comunicaciones deficientes, comercio exterior obstruido—, la operación producía inevitablemente una conclusión incómoda. El obstáculo era el sistema.

Hay además, en el modo en que Vargas escribe, una discreta ruptura con la retórica administrativa habitual. Sus textos evitan la fórmula suplicante del memorial dirigido al soberano y adoptan un tono descriptivo, casi impersonal, que traslada el centro de gravedad del rey al reino. No se ruega una gracia: se expone un estado de cosas. Ese desplazamiento del sujeto de la súplica al sujeto del análisis es, en el fondo, un desplazamiento político. Escribir así sobre el virreinato equivalía a suponer que la Nueva Granada era una entidad legible por sí misma, con sus propias variables y sus propios problemas, susceptible de ser pensada como una unidad de gestión. La operación era técnica; sus implicaciones, no.

La red: tertulias, prensa y una ilustración compartida

Vargas no pensó ni actuó solo. Su obra se lee mejor colocada dentro de la constelación ilustrada neogranadina que tomó forma en las décadas de 1780 y 1790. En ese mapa aparecen, con papeles distintos, Mutis como patriarca científico, Nariño como agitador y editor, Francisco Antonio Zea como catedrático de ciencias naturales en San Bartolomé y miembro de la Expedición Botánica.

En el centro de la vida impresa estuvo Manuel del Socorro Rodríguez, el cubano llegado a Santafé para dirigir el Papel Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá. Entre 1791 y 1797 sacó 270 números y logró que a sus páginas se asomaran Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa y lo más selecto del pensamiento local; el periódico funcionó como caja de resonancia y como escuela de escritura pública para una generación que hasta entonces solo se había leído en manuscritos y expedientes. Años después, en 1801, Jorge Tadeo Lozano y el presbítero José Luis de Azuola fundarían el Correo Curioso, erudito, económico y mercantil de la ciudad de Santafé de Bogotá, primer periódico dirigido por particulares y orientado sin disimulo a temas económicos y eruditos.

Ese circuito no era una conspiración organizada. Era algo más difuso y más productivo: una infraestructura de discusión pública —prensa, tertulias, cátedras, expediciones— donde las ideas circulaban, se contrastaban y se traducían al lenguaje local. Vargas y Nariño escribieron proyectos reformistas comparables aunque distintos: el plan de Nariño resultó el más explícito y con mayor carácter administrativo; el de Vargas, un estudio de conjunto más amplio en su ambición descriptiva. Junto a Valenzuela, defensor de la diversificación productiva, y frente a la propuesta de Nariño de suprimir estancos y eliminar alcabalas internas, se dibuja un ambiente intelectual compartido de crítica al régimen, aunque sería excesivo hablar de un movimiento consciente y articulado.

La generación de la Expedición Botánica —donde crecieron intelectualmente Caldas y Lozano, futuras figuras de la Primera República— formaba parte del mismo mundo. Y conviene recordar, para no idealizar la novedad de estas ideas, que la España ilustrada, con Feijóo probablemente en los inicios, dejó una huella profunda en la formación de Mutis, Caldas, Nariño y sus contemporáneos, incluido Vargas. Estos hombres no llegaron a la crítica del orden colonial desde afuera del pensamiento español; llegaron a través de él. Leyeron a los reformistas peninsulares con la misma atención con que leían a los enciclopedistas franceses, y aprendieron de ambos el mismo hábito: sospechar de los privilegios, contar antes de opinar, exigir que las instituciones justificaran su utilidad. Cuando esa exigencia se volvió, en América, contra la propia estructura imperial, fue porque la lógica del reformismo había cumplido su curso, no porque hubiera sido traicionada.

Del corregimiento a la fuga

El giro decisivo en la vida de Vargas fue su fuga del servicio real. La cronología fina de ese acto no está establecida con la nitidez que uno querría —los años inmediatamente posteriores a 1793 aparecen mal iluminados, con Vargas alejándose del cargo por etapas antes que en un gesto único y espectacular—, pero su significado sí: un corregidor de la Corona abandonó su puesto y se pasó, primero por vías tortuosas y luego abiertamente, al bando de quienes conspiraban contra la monarquía española en América. Esa mutación —del funcionario al conspirador— es lo que hace de Vargas un personaje excepcional en su generación.

El contexto en que ocurre importa. La década de 1790 fue en la Nueva Granada un período de tensión creciente entre la élite criolla ilustrada y las autoridades virreinales. Los criollos, formados por las reformas de la propia Corona, empezaron a culpar al régimen español por no mejorar las comunicaciones internas y por obstaculizar el desarrollo del comercio exterior. Los borbones, por su parte, habían roto con la tradición española de libertades locales que los Austrias habían tolerado —prohibiendo incluso obras de Suárez y la enseñanza del derecho natural—, y esa ruptura enfriaba lealtades.

En ese aire cargado estalló el episodio de los Derechos del Hombre. El 13 de diciembre de 1793, Nariño imprimió en su Imprenta Patriótica de Santafé el folleto con la traducción de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano proclamados por la Asamblea Constituyente de Francia. La reacción de las autoridades fue de pánico. Nariño fue procesado y condenado en 1794 a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de bienes. Su abogado defensor y cuñado, José Antonio Ricaurte, fue enviado sin juicio previo a prisión por redactar una defensa que las autoridades consideraron peligrosa. Zea, catedrático y miembro de la Expedición Botánica, fue comprometido en la causa y remitido preso a España junto con otros implicados, entre ellos el editor Diego Espinosa de los Monteros y estudiantes sospechosos sometidos a toda suerte de tratamientos arbitrarios. El proceso terminaría en absolución en la península, pero el mensaje que llegó a Santafé fue claro: la Corona ya no distinguía entre reforma y sedición.

Las autoridades virreinales, además, propagaron sin quererlo lo mismo que reprimían. El virrey alertó a Quito, Caracas y a los gobernadores sobre el potencial sedicioso del documento; al hacerlo, difundió su existencia por todo el mundo hispanoamericano.

Fue en ese ambiente —de represión que se volvía contra sí misma, de élites ilustradas que dejaban de creer en la reforma desde arriba— cuando Vargas rompió con el servicio real. Su alejamiento se sitúa en torno a 1794, en el mismo aire pesado que siguió al proceso contra Nariño; el intervalo entre esa ruptura y su aparición estable en los circuitos europeos, hacia el cambio de siglo, es uno de los tramos más opacos de su biografía. Se sabe que la travesía siguió los caminos ya trazados por otros precursores: el Atlántico, las escalas caribeñas —Trinidad, Curazao—, Filadelfia como referencia de la nueva república del norte, y las capitales europeas donde se buscaba respaldo. Londres y París fueron las dos plazas obligadas para quien quisiera negociar la independencia hispanoamericana con las potencias enemigas de España. De los años 1794 a 1800 apenas quedan trazos: contactos, cartas dispersas, presencias registradas de refilón por informantes españoles, un itinerario que la documentación permite conjeturar pero no reconstruir con certeza.

El exilio europeo: la geografía de una causa

En Europa, Vargas se movió en el mismo circuito que Francisco de Miranda venía tejiendo desde 1783. Miranda había comenzado su exilio en Estados Unidos entre 1783 y 1784, gracias a la ayuda de J. Seagrove, quien le escribió desde La Habana el 16 de marzo de 1784 informándole que el juez de residencia le había impuesto pérdida del empleo militar, una multa muy grande y diez años de exilio a Orán. De ahí pasó a Inglaterra en 1785, y al no encontrar condiciones favorables para movilizar a los británicos, viajó extensamente por Europa, entrevistándose con figuras de la talla de Catalina la Grande de Rusia. Ese vagabundeo diplomático de casi dos décadas configuró la primera red exterior de la independencia hispanoamericana, y a ella se sumaron, con papeles distintos, Nariño —quien tras fugarse en 1797 de los calabozos de Cádiz, donde había comenzado a cumplir su pena en 1796, se trasladó a Inglaterra y Francia en busca de apoyo— y el propio Vargas.

Las capitales atlánticas ofrecían tres cosas: refugio frente a la persecución española, oídos gubernamentales interesados en debilitar al imperio rival, y una prensa que amplificaba las causas americanas. Vargas circuló por esos escenarios como redactor de proyectos y memoriales, hombre de gabinete más que de tribuna. Su instrumental —el análisis económico, la descripción estadística, la propuesta institucional— era el que mejor se acomodaba a las conversaciones con ministerios extranjeros que exigían pruebas de viabilidad, no arengas.

Londres, en particular, era una ciudad donde el proyecto de independencia hispanoamericana se discutía en clave de intereses comerciales: qué mercados se abrirían, qué monopolios se romperían, qué ventajas obtendrían las manufacturas británicas si el imperio español se resquebrajaba. En ese registro, un neogranadino capaz de describir con precisión estadística la población, los recursos y las trabas económicas de su virreinato ofrecía justamente el tipo de información que sus interlocutores necesitaban para calibrar apuestas. La retórica libertaria seducía a los círculos ilustrados, pero eran los cálculos —de tonelaje, de habitantes, de excedentes agrícolas— los que abrían las puertas de los ministerios. Vargas hablaba ese idioma. Miranda, más soldado y más orador, lo complementaba antes que competirlo.

El desenlace personal de esa etapa es opaco. La fecha de 1830 lo sitúa lo suficientemente tarde como para que hubiera podido asistir, aunque fuera desde lejos, a la consumación de la Independencia por la que había conspirado en su juventud. Pero no volvió a ocupar el centro del escenario. Mientras Miranda se convertía en generalísimo y moría prisionero en La Carraca en 1816, y Nariño regresaba a América para pelear políticamente por la Nueva Granada hasta su muerte en 1823, Vargas quedó en la penumbra biográfica: precursor sin epifanía militar ni martirio célebre. Los últimos años, transcurridos casi con seguridad en Europa, no dejaron correspondencia abundante ni testigos memorialistas dispuestos a fijarlos por escrito. Su muerte, hacia 1830, coincide con la disolución de la Gran Colombia, como si la biografía y el proyecto se apagaran en el mismo compás.

Por qué queda como precursor desconocido

Que Vargas haya llegado al siglo XX bajo la fórmula precursor desconocido de la Independencia colombiana dice tanto de él como del relato nacional en el que se acabó insertándolo. La escritura de la historia en el país durante el siglo XIX estuvo marcada por la militancia política y por la consagración de héroes epónimos de la Independencia; las instituciones que se ocuparon después de fijar el canon —academias, centros regionales de historia— desarrollaron una tradición consagratoria centrada en próceres, fundadores y grupos dirigentes, y esa tradición operó también, aunque no siempre de modo deliberado, como un filtro. Lo que no cabía dentro de la epopeya militar y política tendía a caer del relato.

Vargas no cabía cómodamente. No hubo batalla en la que se distinguiera, no fundó ninguna república, no encabezó una junta. Aportó lo que un país fundado sobre relatos de armas y elocuencia parlamentaria no supo capitalizar: un proyecto económico e intelectual coherente, un intento temprano de describir el Nuevo Reino con las herramientas de la economía política moderna, y una biografía que ligaba el reformismo borbónico con el separatismo criollo. La dinámica regionalista de la historiografía colombiana, que promovió la exaltación de próceres locales —los Centros de Historia como el de Manizales son un ejemplo del patrón—, dispersó además la memoria en múltiples panteones provinciales donde una figura sin bandera militar tenía todavía menos lugar.

El silencio editorial entre 1944 y 2016 —dos ediciones separadas por 72 años, dos gestos de recuperación distanciados en el tiempo— traduce ese lugar marginal en cifras concretas. Cuando la Biblioteca Nacional de Colombia y el Ministerio de Cultura reeditaron los Pensamientos políticos y Memoria sobre la población del Nuevo Reino de Granada en 2016, con presentación de Renán Silva, dentro de la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana, el gesto no era solo bibliográfico: era una reparación selectiva del canon.

La paradoja del funcionario ilustrado

La trayectoria de Pedro Fermín de Vargas ilumina una de las paradojas centrales de la crisis colonial en la Nueva Granada. Las reformas borbónicas, pensadas para fortalecer la autoridad de la Corona sobre América, generaron un doble efecto que sus impulsores no calcularon. Por un lado, estimularon la formación intelectual de las élites criollas mediante expediciones científicas, tertulias, prensa y sociedades económicas: fabricaron, en cierto modo, a sus futuros críticos. Por otro, al centralizar el poder, obstaculizar el comercio exterior y romper con la tradición austriaca de libertades locales, deterioraron la vieja alianza entre la monarquía y las élites americanas, especialmente en las ciudades política y económicamente más poderosas.

Vargas se movió en ese pliegue. Fue producto del aparato borbónico —corregidor, hombre de escritorio, redactor de memorias con métodos estadísticos modernos— y también uno de sus primeros disidentes activos. Su caso muestra que la mutación de reformista a conspirador era posible, pero también que era contingente: la corriente ilustrada ibérica en la que Vargas se inscribe —Jovellanos, González, Dormer— no era subversiva por definición, y muchos de sus contemporáneos permanecieron dentro del pacto colonial durante bastante más tiempo. Su radicalización fue una posibilidad entre varias, no un desenlace inevitable, y precisamente por eso resulta reveladora: permite ver dónde estaba la línea que separaba el reformismo tolerable de la deslealtad definitiva, y qué combinación de biografía, ideas y coyuntura hacía cruzarla.

El episodio de los Derechos del Hombre de 1793-94 es la fecha crítica en esa geografía. La represión virreinal contra Nariño, Ricaurte, Zea, Espinosa de los Monteros y estudiantes anónimos —tratos arbitrarios, prisiones sin juicio previo, envíos a España— mostró a los ilustrados neogranadinos que las categorías de reforma y sedición se habían fundido en la mente del poder colonial. Nariño respondió con el exilio y la conspiración abierta. Vargas, ya para entonces distanciado del servicio real o próximo a estarlo, tomó un camino análogo pero más silencioso.

Ninguno regresó a ser el mismo funcionario de antes.

Lo que queda de Pedro Fermín de Vargas, dos siglos después, es una obra breve pero densa, un mote que denuncia su propia insuficiencia —precursor desconocido— y la certeza de que en la génesis de la independencia colombiana hubo, además de conspiradores y militares, una operación intelectual previa: la de describir el reino con nuevas categorías hasta que las viejas ya no bastaran para gobernarlo. Vargas encarna ese trabajo silencioso. En la memoria nacional, dominada por batallas y discursos, sigue siendo una figura de segunda fila. En la genealogía del pensamiento económico y político colombiano, es una de las primeras y más lúcidas voces del reformismo que terminó siendo independentista casi a pesar suyo.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

19 documentos · 26 fragmentos
01Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · Páginas 1, 2212 citas
[1]

PEDRO FERMÍN DE VARGAS PENSAM i EN t OS PO l Í tic OS y MEMOR i A SO b RE l A PO bl A ció N DE l N u EVO RE i NO DE GRANADA economía economía PEDRO FERMÍN DE VARGAS PENSAM i EN t OS PO l Í tic OS y MEMOR i A SO b RE l A PO bl A ció N DE l N u EVO RE i NO DE GRANADA Vargas, Pedro Fermín de, 1762-1830, autor…

p. 1
[2]

de mercenarios, que en la lejanía del pastor pueden volverse lobos? ¿No se oirán jamás las quejas del pueblo?», tales fueron las preguntas de Torres, a quienes pudieron salvar en un momento dado los supremos intereses de Es- paña y, por tanto, los intereses americanos. * * * Es verdad que las opiniones de Jovellanos y…

p. 221
02Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 367, 5552 citas
[3]

os é M ar í a V ergara y V ergara, Bogot á, 1945. 52 P edro F erm í n de V argas, Pensamientos pol í ticos y memoria sobre la poblaci ó n en el Nuevo Reino de Granada, Bogot á. 1944. El plan de Nari ñ o, que es el m á s expl í cito y el que posee m á s car á cter administrativo, podr í a sintetizarse as í: a) Supresi…

p. 367
[13]

percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…

p. 555
03Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 911 cita
[4]

(ahora convertidos en "variables") que a los ojos del hombre común parecían no tener relación alguna: el número de nacimientos y muertes por año, la ffiopolíticas imperiales 87 extensión del territorio, la distribución de la población tanto por regiones como por razas y sexos, los ingresos reales por impuestos, la…

p. 91
04Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 1821 cita
[5]

libertad económica, y creían que lo demás vendría por añadidura. Proteccionista también, por lo que parece, fue Eloy de Valenzuela, partidario de la diversificación de la pro- ducción —combinación de la agricultura, la minería y las manufacturas—; hace además observaciones dignas de atención sobre la elasticidad de…

p. 182
05Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 622 citas
[6]

las demás provincias donde no hay este auxilio, la po- blación se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención ". 91 Efectivamente, la división del trabajo en Santander era mayor que en el resto del territorio del virreinato: había una especiali- zación incipiente entre artesanía…

p. 62
[7]

las demás provincias donde no hay este auxilio, la po- blación se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención ". 91 Efectivamente, la división del trabajo en Santander era mayor que en el resto del territorio del virreinato: había una especiali- zación incipiente entre artesanía…

p. 62
06Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 120, 1322 citas
[8]

o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…

p. 120
[17]

de la A udiencia declara ron q u e no p o d ían confiar en que los alcaldes criollos su m in istrarían la ay u d a policial requerida. M ientras tanto, los oidores som etían a toda suerte de tratam ientos arb i trarios a los im plicados en el juicio a N ariño y a los estu d ian tes sospechosos. En su juicio, N ariño…

p. 132
07El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Páginas 190, 5382 citas
[9]

su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…

p. 538
[15]

«… no debe guardar el juramento cuando por algún nuevo evento im - premeditado puede venir un peor mal. Si el juramento puede ser contra la salud, es indebido, no tiene fuerza para obligar, como acto que cae sobre indebida materia» 124. Tan claro era el sentido antiabsolutista de esa tradi- ción, que durante el…

p. 190
08Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 601 cita
[10]

alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…

p. 60
09Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 91, 1022 citas
[11]

alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…

p. 91
[24]

Colegio de San Bartolomé, y había actuado como alcalde ordina- rio y tesorero de diezmos a partir de 1789. A pe- sar de haberse visto envuelto en una investigación en la cual su desempeño como tesorero había sido duramente criticado, fue la publicación de Los Derechos del Hombre la que lo hizo caer definiti- vamente…

p. 102
10Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 2791 cita
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ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…

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11¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 481 cita
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en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…

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12Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Página 2921 cita
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llegó a las autoridades que entraron en pánico y asociaron la publicación de ese documento a una conspiración anti-hispánica en marcha, sobre la cual veían indicios en otras ciudades a través de pasquines, que como lo mostró posteriormente García Márquez en su novela sobre “La Violencia”, La mala hora, no sólo son de…

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13La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1031 cita
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que habría de alcanzarse s i guiendo las leyes eternas de la naturaleza y la razón. Es esta concepción integral de la transformación de la sa - ciedad humana, con sus implicaciones revolucionarias, la que anima a pensadores como Rousseau a escribir tratados como el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los…

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14Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Páginas 1, 82 citas
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27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

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regional buscaron levantar la autoestima de cada región a partir de la redención y justificación de pasados abolengos. Cada una de las regiones colombianas debía tener su prócer o sus héroes, o a lo menos un grupo de “patricios” prestantes que demostraban su contribución a la formación de la República, lo que…

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15Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · Página 161 cita
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durante muchos años, para viajar extensivamente por Europa. Su vida en él exilio la comenzó en Estados Unidos, que sólo recientemente se había independizado, y al parecer fue durante su estadía en este país, en 1783-84, que sus intenciones originales de justi 17 ficarse ante la corona española dieron paso al anhelo de…

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16Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Página 451 cita
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tomo V, 1. Por su lado, J. Seagrove, quien había ayudado a Miranda a escapar, le escribió desde La Habana, el 16 de marzo de 1784, para manifestarle el agrado que le había producido la noticia de su llegada a Filadelfia, es - capado de “un conjunto de muy empedernidos perseguidores”, y para informarle que el juez de…

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17Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 141 cita
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circular el escrito, que tradujo de la lengua de Voltaire. El impacto y la indignación que el suceso produjo en las autoridades se revelaron en su reacción: Nariño fue condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. Esto último permitió conocer cuánta avidez…

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18Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 251 cita
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Jose Celestino Mutis leads expedition to search out and describe all botanical species in viceroyalty. 1 794 Antonio Narino is arrested and convicted of sedition for having printed a Spanish translation of the French "Declaration of the Rights of Man and Citizen." 1 808 Abdication of Ferdinand VII, under pressure of…

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19Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 461 cita
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Derechos del Hombre, y las ideas propagadas por tal publicación fueron consideradas subversivas por el Gobierno colonial, y comprometieron en causa por se- dición a todos los que en tal publicación hubieran tenido parte. Entre otros distinguidos ciudadanos resultaron com- prometidos don Francisco Antonio Zea,…

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