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Biografía

Manuel del Socorro Rodríguez

Pre-independencia

1758–1819

15 min de lectura22 documentos
Nacimiento1758, La Habana o Bayamo, Cuba
Fallecimiento1819, Santafé de Bogotá
RolesBibliotecario real de Santafé de Bogotá · Director y fundador del Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá
Lugar principalColombia
Período históricoPre-independencia1780–1809
03

La biografía

Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria (La Habana o Bayamo, 1758 – Santafé de Bogotá, 1819) fue el primer director de prensa que sostuvo un periódico en el Nuevo Reino de Granada, bibliotecario real de Santafé desde su llegada al virreinato hacia 1789 y animador de la Tertulia Eutropélica, el círculo literario más influyente del último decenio colonial. Su nombre está atado al Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, que dirigió entre febrero de 1791 y enero de 1797 y que constituye el primer periódico colombiano de importancia. En apenas seis años articuló la audiencia letrada criolla, dio salida impresa a los sabios de la Expedición Botánica y construyó —desde una posición inequívocamente lealista, patrocinada por el virrey José de Ezpeleta— el espacio público que después haría pensable la Independencia. Ese es el nudo de su figura: un ilustrado cubano al servicio de la Corona que forjó, sin proponérselo, un instrumento cuya lógica terminó rebasándolo.

02

Línea de vida

  1. 1789

    Llegada al Nuevo Reino de Granada

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    Rodríguez llegó a Santafé hacia 1789 en calidad de amigo personal y asistente del virrey José de Ezpeleta, quien lo nombró bibliotecario real, cargo que ejercería hasta el final de sus días y que le dio acceso privilegiado a los libros y a la red de funcionarios ilustrados del virreinato.

  2. 1791

    Fundación del Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá

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    El miércoles 9 de febrero de 1791 apareció el primer número del Papel Periódico, concebido como semanario con propósito pedagógico: enseñar y estimular el trabajo intelectual de los jóvenes ingenios criollos. Contó con al menos 147 suscriptores en su primer año, muchos de ellos funcionarios reales, y fue patrocinado por el virreinato.

  3. 1791

    Creación de la Tertulia Eutropélica

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    En paralelo al periódico, Rodríguez fundó y animó la Tertulia Eutropélica, círculo de estudio literario y filológico cuyo nombre derivaba del griego eutrapelia. Sus sesiones producían trabajos —traducciones de Homero y Horacio, ensayos literarios— que luego se publicaban en el Papel Periódico, conformando una estructura editorial completa única en el virreinato.

  4. 1796

    Últimos números en la Imprenta Patriótica de Nariño

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    Los últimos seis números del Papel Periódico se imprimieron en la Imprenta Patriótica de Antonio Nariño, situada en la plazuela de la Iglesia de San Carlos, reanudándose la publicación el 2 de diciembre de 1796. El impresor era Diego Espinosa, hijo del director de la Imprenta Real, quien había sido procesado junto a Nariño por el asunto de la Declaración de los Derechos del Hombre.

  5. 1797

    Cierre del Papel Periódico

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    El 6 de enero de 1797 se publicó el último número del Papel Periódico —el número 265 según las fuentes más precisas, aunque otras cuentas hablan de 270 entregas—, cuatro días después del relevo del virrey Ezpeleta. La coincidencia reveló la dependencia del proyecto respecto al patrocinio personal del virrey; su sucesor, Pedro Mendinueta y Múzquiz, no renovó el apoyo.

  6. 1810

    Posición lealista ante la crisis de independencia

    Leer contexto

    Frente al movimiento juntista del 20 de julio de 1810 y la formación de la Junta Suprema de Santafé, Rodríguez se mantuvo leal a la Corona y escribió en defensa del orden monárquico, a diferencia de varios de sus antiguos colaboradores como Francisco Antonio Zea y Francisco José de Caldas, que se sumaron al bando patriota.

  7. 1819

    Muerte en Santafé

    Leer contexto

    Rodríguez murió en Santafé de Bogotá en 1819, el mismo año de la batalla de Boyacá que selló la Independencia de Colombia. Su lealtad a la Corona le había costado el reconocimiento tanto durante la Reconquista de Morillo como en la memoria republicana posterior, que lo arrinconó como un ilustrado que no dio el paso que sus propios colaboradores sí dieron.

Un cubano en Santafé

Rodríguez nació hacia 1758 en la isla de Cuba —en La Habana, según la tradición mayoritaria; en Bayamo, según otras— y llegó al Nuevo Reino de Granada aproximadamente en 1789, dos años antes de fundar el periódico que marcaría su vida. No vino como funcionario de carrera ni como clérigo escalando prebendas: vino como amigo personal y asistente del recién nombrado virrey José de Ezpeleta. Esa condición de acompañante privado del jefe del virreinato lo definió por completo. Cuando Ezpeleta se instaló en el palacio virreinal de Santafé, lo nombró bibliotecario real, cargo que Rodríguez ejercería hasta el final de sus días y que le dio acceso privilegiado a los libros que llegaban al virreinato, a la red de funcionarios ilustrados peninsulares y al patrocinio de la más alta autoridad colonial.

La posición era, en muchos sentidos, extraña. Rodríguez no era criollo neogranadino: no tenía tierras, ni apellido enraizado en las élites de Popayán, Cartagena o el altiplano, ni parentescos que lo insertaran en las viejas redes cabildantes. Era un letrado de origen periférico introducido desde arriba como operador cultural del virrey. Esa exterioridad, paradójicamente, lo hizo eficaz: podía articular la vida intelectual santafereña sin arrastrar las lealtades regionales ni las enemistades heredadas que habrían lastrado a cualquier criollo del lugar. Y podía hacerlo con el respaldo institucional pleno de la Real Biblioteca y del propio Ezpeleta.

La Biblioteca Real y el proyecto ilustrado

El cargo de bibliotecario no era ornamental. La Real Biblioteca de Santafé, formada en buena medida con los libros expropiados a los jesuitas expulsados en 1767, era el mayor depósito librero del virreinato y el centro material desde el cual circulaba el saber ilustrado en la capital. Que Ezpeleta pusiera al frente a un hombre de su confianza personal se entiende en el marco de las reformas borbónicas: la Corona buscaba fortalecer el control directo sobre el territorio, reducir la autonomía heredada de audiencias y cabildos, y poner las instituciones culturales al servicio de una racionalidad administrativa nueva. La biblioteca, como la Expedición Botánica que José Celestino Mutis dirigía desde 1783 bajo patrocinio del arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora, formaba parte de ese dispositivo. La ciencia útil, la información ordenada, el conocimiento sistemático del territorio y sus riquezas: todo debía servir a la Corona.

Rodríguez llegó a Santafé cuando el plan de sustituir las viejas ciencias especulativas escolásticas por ciencias útiles —promovido por Caballero y Góngora en los años ochenta— ya había fracturado el ambiente académico. Mutis había expuesto los principios de la teoría heliocéntrica de Copérnico en el virreinato y libraba una prolongada disputa con los dominicos y otros sectores tradicionales. La influencia del padre Benito Jerónimo Feijoo y de Gaspar Melchor de Jovellanos —la España ilustrada más que los enciclopedistas franceses— era decisiva en la formación de los jóvenes criollos. La utilidad social de la ciencia se abría paso contra una cultura colonial de contenido religioso, jurídico y filológico orientada a propósitos extramundanos como la salvación. Rodríguez, formado en esa tradición hispana ilustrada y católica, encajaba con precisión en el proyecto: era un moderno moderado, culto sin ser rupturista, capaz de dar forma pública al nuevo espíritu sin desafiar el orden.

El Papel Periódico: los seis años de Ezpeleta

El miércoles 9 de febrero de 1791 apareció en Santafé el primer número del Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá. Rodríguez lo concibió como semanario, aunque a lo largo de sus seis años de existencia sufriría interrupciones periódicas. Se sostuvo hasta el 6 de enero de 1797 —fecha del último número, el 265, aunque otras cuentas hablan de 270 entregas— y su duración coincidió con exactitud milimétrica con el mandato del virrey Ezpeleta, relevado el 2 de enero de 1797 y promovido al Virreinato de Navarra. Cuatro días separan al virrey saliente del periódico difunto. La coincidencia no es una anécdota: es la clave de lectura del proyecto.

El Papel Periódico fue patrocinado por el virreinato. Contó con al menos 147 suscriptores en su primer año, muchos de ellos funcionarios reales. Se imprimió sucesivamente en al menos tres tipografías, la última de las cuales fue la Imprenta Patriótica de Antonio Nariño, situada en la plazuela de la Iglesia de San Carlos, donde se compusieron los últimos seis números tras reanudarse la publicación el 2 de diciembre de 1796. El impresor allí era Diego Espinosa, hijo del director de la Imprenta Real. Todo el circuito editorial orbitaba en torno al poder virreinal: el capital simbólico, los suscriptores, los talleres, la protección política. Sin Ezpeleta no habría habido periódico; sin funcionarios reales suscritos, tampoco.

El propósito declarado por Rodríguez era pedagógico: enseñar y estimular el trabajo intelectual de los jóvenes ingenios criollos. En sus páginas se publicaron ensayos sobre botánica, física, medicina y filosofía, además de los escritos literarios elaborados en la Tertulia Eutropélica. La lista de colaboradores es la de la ilustración neogranadina en su horizonte más alto: José Celestino Mutis, Francisco Antonio Zea, Francisco Javier Matiz, Francisco José de Caldas, Pedro Fermín de Vargas, José María Ulloa. Rodríguez no era un solitario: era el articulador. Su periódico ofreció a esos hombres —muchos formados en el círculo de la Expedición Botánica— un lugar donde publicar en prosa lo que en las universidades escolásticas todavía se resistía.

El Papel Periódico trató también temas de vida cotidiana urbana. La pobreza, los hospicios, los hospitales, la promoción de las sociedades de amigos del país: todo eso entraba en un género de crítica de costumbres cultivado por Feijoo y Jovellanos que Rodríguez trasplantó con eficacia al virreinato. Informaba, además, del comercio, de los nombramientos y las promociones coloniales, de las noticias que llegaban de España y de Europa. Al hacerlo, y esto es lo decisivo, aludió por primera vez de manera regular a los granadinos como una comunidad y como una audiencia. Nombró al lector colectivo. Ese gesto, aparentemente menor, tendría consecuencias históricas mayores.

Comparado con el Semanario del Nuevo Reyno de Granada que Caldas dirigiría después, el Papel Periódico fue más retórico y menos rigurosamente científico. La observación importa: Rodríguez era un ilustrado de matriz humanista y literaria, no un naturalista. Su fuerza estaba en la prosa ensayística, en la crítica de costumbres, en la articulación de los saberes ajenos. La ciencia dura del reino la producían Mutis y sus discípulos; Rodríguez la difundía.

La Tertulia Eutropélica

En paralelo al periódico, Rodríguez creó y animó la Tertulia Eutropélica, círculo de estudio y conversación literaria cuyo nombre —del griego eutrapelia, "buen humor moderado", virtud aristotélica del entretenimiento honesto— ya anunciaba su tono. A diferencia de la Tertulia del Buen Gusto de Manuela Sanz de Santamaría, más mundana y volcada a las improvisaciones, las adivinanzas y los ejercicios efímeros de sociedad, la Eutropélica tenía un enfoque erudito. Se estudiaban los clásicos grecolatinos con seriedad filológica. Uno de sus asistentes, José Valdés, tradujo pasajes de Homero y Horacio que después aparecieron impresos en el Papel Periódico. Otros habituales fueron el poeta José María Gruesso y Francisco Antonio Rodríguez.

La relación entre la tertulia y el periódico funcionaba como una máquina: los trabajos escogidos en las sesiones se publicaban en el semanario, y el semanario dotaba a la tertulia de resonancia pública. Era una estructura editorial completa —producción, discusión, edición, impresión, distribución— montada por un solo hombre en una capital colonial de unos veinte mil habitantes. Nada equivalente había existido antes en el virreinato.

La Imprenta Patriótica y la fractura de 1794

Aquí entra Antonio Nariño y aquí se quiebra la coherencia del proyecto lealista de Rodríguez. Nariño, criollo santafereño, propietario de la Imprenta Patriótica, había mantenido relación con el Papel Periódico desde antes: editó al menos los números 86 y 122. En algún momento entre 1793 y 1794, un ejemplar del libro de Galart de Montjoie sobre la Revolución francesa —que había llegado a manos del virrey Ezpeleta— pasó, por vía de un oficial de la guardia virreinal, a las de Nariño. De ese libro Nariño extrajo el texto de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que imprimió en su taller el 13 de diciembre de 1793.

El escándalo fue inmediato. Las autoridades virreinales entraron en pánico: asociaron la impresión con una conspiración anti-hispánica en marcha, de la que creían ver indicios en pasquines aparecidos en varias ciudades. Ezpeleta alertó a los gobernadores de Nueva Granada, Quito, Caracas y otras plazas sobre el potencial sedicioso del documento. Nariño fue procesado, condenado a diez años de presidio, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de bienes. Cuando la Real Audiencia requisó su biblioteca, apareció una colección extensa introducida clandestinamente: clásicos, enciclopedistas franceses, tratados filosóficos y científicos. Con él fueron procesados otros implicados, entre ellos el impresor Diego Espinosa de los Monteros —el mismo Diego Espinosa que compondría los últimos seis números del Papel Periódico dos años después— y el catedrático de ciencias naturales Francisco Antonio Zea, colaborador destacado del periódico de Rodríguez.

La escena es vertiginosa. En 1796 y comienzos de 1797, la última fase del Papel Periódico se estaba imprimiendo en el taller de un hombre condenado por sedición, componiéndose por un impresor procesado, y contando entre sus antiguos colaboradores con un catedrático encausado. Todo bajo el patrocinio del mismo virreinato que había ordenado la represión. La contradicción no era resoluble: era la contradicción del propio momento. Rodríguez, ilustrado leal, siguió imprimiendo su periódico moderado en la imprenta del "conspirador" porque en Santafé no había otro taller que pudiera hacerlo. La geografía material de la prensa colonial obligaba a esa promiscuidad institucional.

El cierre y lo que vino después

El 6 de enero de 1797, cuatro días después del relevo de Ezpeleta, el Papel Periódico publicó su último número. Rodríguez conservó el cargo de bibliotecario real —no consta que fuera destituido con el cambio de virrey—, pero perdió la plataforma editorial. La sincronía sugiere lo evidente: el periódico dependía menos de una legislación estable que de una relación personal. Cuando el patrón se fue a Navarra, el proyecto se quedó sin oxígeno. El sucesor, don Pedro Mendinueta y Múzquiz, no renovó el patrocinio.

La crisis represiva de los años noventa terminó de hacer inviable el experimento. Las autoridades coloniales percibían ahora las revoluciones norteamericana y francesa como amenazas directas al orden. El asunto Nariño había demostrado que la prensa podía ser un vector de subversión. Toda actividad opositora fue empujada a la clandestinidad, y con ella se contrajo también el espacio del ilustrado moderado: no había ya lugar cómodo para publicar sobre botánica y crítica de costumbres sin ser sospechoso.

Rodríguez siguió escribiendo. Emprendió otros papeles impresos —el Redactor Americano y el Alternativo del Redactor Americano aparecerían en la primera década del siglo XIX— y mantuvo su función como bibliotecario. Cuando llegó la crisis de 1808-1810, su posición fue coherente con su trayectoria: se mantuvo leal a la Corona. Frente al movimiento juntista del 20 de julio de 1810, frente a la formación de la Junta Suprema de Santafé, frente al proceso que llevaría a la Primera República y a las Provincias Unidas, no se sumó al bando patriota. Escribió en defensa del orden monárquico. Esa lealtad tendría después un costo doble: durante la Reconquista de Pablo Morillo (1816-1819) no obtuvo restablecimiento suficiente, y en la memoria republicana consolidada tras Boyacá fue arrinconado como un ilustrado que no supo dar el paso que sus propios colaboradores —Zea, Caldas— sí dieron. Murió en Santafé en 1819, el mismo año de la batalla que selló la Independencia. La coincidencia es implacable.

Red intelectual: sabios, tertulianos, impresores

Para calibrar el peso histórico de Rodríguez conviene mirar la red que sostuvo alrededor suyo, porque su figura no se explica sin ella. Está, en primer lugar, la matriz científica: José Celestino Mutis, llegado a la Nueva Granada en 1761 como médico del virrey Pedro Messía de la Cerda, agente principal de la ilustración científica en el virreinato y director de la Expedición Botánica desde 1783. Mutis y los suyos —Caldas, Zea, Matiz, Ulloa— produjeron los contenidos científicos que Rodríguez difundía. Sin la Expedición no habría habido Papel Periódico en el sentido en que se hizo: era la fuente material del saber útil que el semanario transmitía.

Está, en segundo lugar, el eje literario: la Tertulia Eutropélica y sus miembros —Gruesso, Valdés, Francisco Antonio Rodríguez—, que produjeron la prosa, los versos y las traducciones clásicas del periódico. Ese círculo se conectaba con otras tertulias santafereñas, como la del Buen Gusto de Manuela Sanz de Santamaría, y con los jóvenes formados en el Colegio Mayor del Rosario y en San Bartolomé, entre ellos Camilo Torres Tenorio, autor futuro del Memorial de Agravios de 1809.

Está, en tercer lugar, el circuito editorial: Antonio Nariño y su Imprenta Patriótica, Diego Espinosa y la Imprenta Real, los impresores anónimos que compusieron los primeros números. Ese circuito era pequeño, promiscuo y frágil. Rodríguez dependía de él y a la vez lo articulaba.

Está, por último, el eje del poder: el virrey Ezpeleta, patrón directo; los funcionarios reales suscriptores; el aparato administrativo virreinal que sostenía la biblioteca. Rodríguez operaba en el punto donde estos cuatro ejes se cruzaban. Su eficacia venía de esa posición nodal. Su fragilidad, también.

Qué hizo, en balance

La bibliografía tradicional lo llama "padre del periodismo colombiano". La fórmula es cierta en un sentido cronológico —lo antecede solo la Gaceta de Santa Fe de 1785, efímera, con apenas tres números—, pero es reductora. Rodríguez hizo tres cosas simultáneas cuyo efecto conjunto excede la etiqueta.

Primero, construyó una audiencia. Al dirigirse durante seis años a un público regular de suscriptores, al informarles semana tras semana sobre los mismos asuntos —el comercio, los nombramientos, las novedades europeas, los debates locales—, produjo esa forma nueva de existencia colectiva que después se llamaría opinión pública. Nombró a los granadinos como comunidad, y esa nominación tuvo peso. La tesis de Benedict Anderson, aplicada al caso neogranadino por Marco Palacios y Frank Safford, sostiene que los periódicos publicados entre 1791 y 1810 contribuyeron a desarrollar un sentimiento de comunidad compartida entre las élites criollas de diversas regiones. Los periódicos no fueron el único vínculo —también lo fueron las universidades, la administración, el comercio, los viajes—, pero fueron uno importante. El Papel Periódico está en el arranque de esa serie.

Segundo, canalizó la energía intelectual de la Expedición Botánica y de la Tertulia Eutropélica hacia el espacio público impreso. Antes de él, esa energía circulaba en manuscrito, en conversación, en cátedra. Después de él, pudo circular en letra de molde y llegar a lectores dispersos. La diferencia es cualitativa.

Tercero, mostró —quizás sin proponérselo— que la prensa colonial podía funcionar como institución cultural relativamente estable, aun sujeta al patrocinio virreinal y a las interrupciones periódicas. Los que vinieron después —Nariño, Caldas con el Semanario, los editores de la etapa juntista— pisaron un terreno que Rodríguez había desbrozado.

Contradicciones y límites

Todo lo anterior debe leerse junto con lo que Rodríguez no fue. No fue un pensador político de primer orden: no dejó una obra doctrinal comparable a la de Nariño, Torres o Zea. No fue un científico: la ciencia dura del virreinato la produjeron otros. No fue un revolucionario, y cuando llegó el momento en que había que serlo, no lo fue.

Y hay algo más incómodo. El espacio público letrado que su periódico contribuyó a crear terminó sirviendo a un proceso que él rechazó. Los colaboradores que reclutó —Zea, Caldas— acabaron en el bando patriota. La imprenta donde se compusieron sus últimos números fue la misma que había difundido los Derechos del Hombre. La audiencia criolla que ayudó a articular como comunidad se articuló después contra la Corona a la que él era leal. Rodríguez fue, en ese sentido preciso, un ilustrado colonial cuya obra sobrevivió con signo contrario a sus intenciones.

Puede leerse esta trayectoria de otra manera, menos centrada en él. Podría decirse que el determinante de fondo fueron las reformas borbónicas, y que Rodríguez fue apenas un engranaje intercambiable de un dispositivo institucional mayor: la Corona construyó la biblioteca, financió la Expedición, patrocinó la prensa, y cualquier letrado competente en su lugar habría producido resultados semejantes. Hay verdad en esa lectura estructural: el marco institucional pesaba enormemente. Pero también hay evidencia de que la operación cotidiana —qué se publicaba y qué no, quién colaboraba, qué tono tenía la prosa, cómo se articulaba la tertulia con el semanario— requería una figura articuladora con una sensibilidad específica. Rodríguez tuvo esa sensibilidad. Sin él, el marco borbónico habría producido otra cosa, probablemente menos duradera y menos coherente.

Huella y memoria

En la memoria republicana consolidada durante el siglo XIX, Rodríguez ocupó un lugar ambiguo. Se le reconoció el mérito editorial —la fórmula de "padre del periodismo" cristalizó pronto—, pero su lealtad monárquica lo excluyó del panteón patriota. Mientras Nariño, Torres, Caldas o Zea recibieron nombres de calles, estatuas y biografías laudatorias, Rodríguez fue relegado a un segundo plano: mencionado, sí, pero no celebrado.

La historiografía más reciente ha ido restituyendo su lugar, no en clave heroica sino como pieza clave del proceso ilustrado tardocolonial. Se lo estudia hoy junto a Mutis y a Caballero y Góngora, en el conjunto de figuras que hicieron posible la modernización cultural del virreinato en las décadas previas a 1810. Su origen cubano —hoy más subrayado— añade una dimensión atlántica al análisis: recuerda que la Ilustración hispanoamericana fue circulatoria, que los letrados se movían entre virreinatos, que Santafé y La Habana pertenecían a un mismo circuito imperial de ideas y personas.

Queda, sobre todo, el archivo. Los 265 —o 270— números del Papel Periódico siguen siendo la fuente más rica sobre la vida intelectual, urbana y política de la Santafé de los años noventa. Allí están la prosa ilustrada, la crítica de costumbres, la ciencia útil, los debates sobre hospicios y hospitales, las noticias europeas filtradas por la censura virreinal, la lista de suscriptores que dibuja el mapa de la élite letrada. Ese archivo es, en gran medida, obra de Rodríguez. Fue él quien lo hizo posible, quien lo sostuvo semana a semana durante seis años, quien lo cerró cuando su patrón se fue. Sin ese archivo, entender la crisis colonial neogranadina sería mucho más difícil.

La contradicción final de su figura es también la más productiva: un cubano leal a la Corona construyó, con patrocinio virreinal, el instrumento cultural que ayudó a hacer pensable un mundo neogranadino distinto del que él quería preservar. Ese cortocircuito entre intención y efecto —entre lealtad monárquica y consecuencia ilustrada— es lo que hace de Manuel del Socorro Rodríguez una figura irreductible del periodo pre-independentista. No fue un padre fundador de la República. Fue el hombre que, sin quererlo, montó el escenario donde otros la fundaron.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

22 documentos · 29 fragmentos
01Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 1101 cita
[1]

febrero de 1791 con la aparición del Papel Periódico de la Ciudad de Santa Fe de Bogotá, que fundó y dirigió Ma- nuel del Socorro Rodríguez. Don Ma- nuel, nacido en La Habana, Cuba, ha- bía llegado dos años antes al Nuevo Reino de Granada en calidad de ami- Primera página del "Papel periódico de la Ciudad de Santafé…

p. 110
02Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 5551 cita
[2]

percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…

p. 555
03El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 1881 cita
[3]

resultaba siempre, si se sabía dar con las personas apropia- das, un vivo intercambio de ideas sobre lo leído. Esta vida cultural es tanto más notable por cuanto que hasta 1738 no se estableció en Bogotá la primera imprenta, llevada allí por los jesuitas, y hasta 1789 no apareció el pri- mer periódico colombiano 57.…

p. 188
04Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Páginas 12, 162 citas
[4]

dida. El 2 de diciembre del mismo año se reanudó pero ya en el taller denominado: "Imprenta. Patriótica", que funcionaba en la Plazuela de la Iglesia de San Carlos, cuyo 13 propietario era don A n to n io Nariño. A llí se sacaron los últimos seis números del "PAPEL PERIODICO." El impresor de esta tercera tipografía,…

p. 16
[6]

re >iu oi<». Evtc enláce,,quCv. I u n a ¡a i.- tu ijá a J.l U itivcfjo, h a ra o i so td m u una KWa- ’ q ie n a tu d ra mirar u n irdücreniia. í.omeHo m ij «j'uaiv- v l o r u j i i a o d o x un SíprniHÍtsm rom o tu* ó w n, ve quc,; l»,dífi·· h.; r, j c ev e nuoibte le coiuiii«yc en «J.'huerca*».etripstty.jjfy…

p. 12
05Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 277, 279, 2823 citas
[5]

ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…

p. 279
[13]

a la literatura y a las ciencias naturales. Aunque en esta tertulia se tratan cuestiones científicas y temas de historia, se trata de una reunión de carácter mundano que agrupa a jóvenes patricios y cuyo fin principal es la diversión, pasar «la velada entretenidos en ejercicios literarios». Allí, tras una buena…

p. 282
[22]

establecer acertados méto- dos y estudios útiles. Escribe el virrey Guirior: «La ilustración de la juventud y el fomento de las ciencias y las artes es uno de los fundamen- tales principios del buen gobierno, de que como fuente dimanan la felicidad del país y la prospe- ridad del Estado para las artes, industrias, co-…

p. 277
06The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Página 2901 cita
[7]

out-of- the-way places as Chire and Pore, in the Casanare region, and Carnicerías, in the upper reaches of the Magdalena River, were also represented. The viceregally sponsored Papel Periódico, which was more rhetorical and less seriously scientific than the Semanario, had at least 147 subscribers in its first year,…

p. 290
07Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 120, 128, 1363 citas
[8]

sentim iento incipiente de id en tid a d n eo g ran ad in a antes de finalizar el periodo colonial. El m u ch as veces citado Imagined Com m unities, de Benedict A nderson, sostiene q u e los periódicos del p eriodo colonial tardío, publicados en la N u e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de…

p. 136
[20]

o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…

p. 120
[23]

u e el gobierno real tuviera u n a cara m ás criolla. Esto distaba m u cho del grito de in d ependencia, pero re p resen ta b a un paso hacia u n sentim iento nacionalista. En los años siguientes, ni el p u eblo neogranadino ni sus gober nantes españoles o lv id aro n la rebelión d e los C om uneros. Los sucesos de…

p. 128
08Gran Enciclopedia de Colombia - Literatura 1: Desde la literatura indígena hasta Porfirio Barba-JacobMaría Teresa Cristina (Dirección Académica); Fernando Wills Franco (Dirección de Proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación Editorial) · 2007 · Página 861 cita
[9]

casinos de Venecia; estos se re- ducen a que los suscriptores se retinen en una amplia pieza comoda, y sacados los gastos dé luces, etcéte seguin la suscripcion. A determinadas horas se jun- uel rs aquellos autores. A este circulo asistian Francisco Antonio Zea, José Ar Azuola, entre otros. onio Ricaurte, Francisco…

p. 86
09Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Página 1721 cita
[10]

252-258. 107 Archivo General de la Nación, Empleados Públicos de Cundina- marca, tomo i, folios 179-278. 173 Híndicíe rf ae oíre vidíríete ft Ciailqíe su eco llega a la era republicana para ser combinado con una pedagogía para la producción de ciudadanos. La prensa de fines del siglo xviii también conver- gió en los…

p. 172
10Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 461 cita
[11]

Derechos del Hombre, y las ideas propagadas por tal publicación fueron consideradas subversivas por el Gobierno colonial, y comprometieron en causa por se- dición a todos los que en tal publicación hubieran tenido parte. Entre otros distinguidos ciudadanos resultaron com- prometidos don Francisco Antonio Zea,…

p. 46
11Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · Página 261 cita
[12]

- tanos laterales, facilitando el comercio y comunicación entre Bogotá y Zipaquirá, es uno de los muchos testimo - nios que de su ilustración y bondad dejó en este país el virrey Ezpeleta. Regresé a la pseudoposada y hallé a mi compañero confortablemente acostado sobre el pellón de su silla con los zamarros por…

p. 26
12Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1691 cita
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en duda el viejo orden social y político, sino también los preceptos de la fe que regían hasta entonces, para establecer métodos de investigación más objetivos y, si pudiera decirse, científicos. Parale- lamente al racionalismo de Descar- tes se instaura, principalmente en Inglaterra, el empirismo, cuyos mayores…

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13¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 481 cita
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en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…

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14El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Páginas 538, 5432 citas
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su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…

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el progreso de la sociedad. En el pensamiento neogranadino aparecía el concepto de «utilidad social de la ciencia», que había 370 Vida y escritos, ed. cit., págs. 143 y 144. 544 Jíndi Jícídneer Ucnsi sido completamente ajeno a la cultura colonial, cultura de contenido religioso esencialmente, jurídica y filológi- ca,…

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15Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 282 citas
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que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…

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de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…

p. 28
16Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2041 cita
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Pedro Messía de la Cerda. Lo impulsaba, fundamentalmente, el de- seo de desentrañar las propiedades de la quina y establecer sus auténticas propiedades médicas. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botá- nica o zoológica. Al año de su llegada, sentó las bases de su…

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17La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1031 cita
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que habría de alcanzarse s i guiendo las leyes eternas de la naturaleza y la razón. Es esta concepción integral de la transformación de la sa - ciedad humana, con sus implicaciones revolucionarias, la que anima a pensadores como Rousseau a escribir tratados como el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los…

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18Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Página 2921 cita
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llegó a las autoridades que entraron en pánico y asociaron la publicación de ese documento a una conspiración anti-hispánica en marcha, sobre la cual veían indicios en otras ciudades a través de pasquines, que como lo mostró posteriormente García Márquez en su novela sobre “La Violencia”, La mala hora, no sólo son de…

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19Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 141 cita
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circular el escrito, que tradujo de la lengua de Voltaire. El impacto y la indignación que el suceso produjo en las autoridades se revelaron en su reacción: Nariño fue condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. Esto último permitió conocer cuánta avidez…

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20Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1021 cita
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Colegio de San Bartolomé, y había actuado como alcalde ordina- rio y tesorero de diezmos a partir de 1789. A pe- sar de haberse visto envuelto en una investigación en la cual su desempeño como tesorero había sido duramente criticado, fue la publicación de Los Derechos del Hombre la que lo hizo caer definiti- vamente…

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21Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · Página 1451 cita
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rebelión de Quito pudo ser aplastada. Para salvaguardar la protección de Santa Fe, cuyo regimiento había sido enviado prácticamente en su totalidad a Quito, se llevaron tropas de un regimiento de Cartagena. Cuando estos refuerzos llegaron a Santa Fe, el Virrey adoptó medidas en contra aquéllos que se tenía sospechas…

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22La palabra y el silencio. La violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015)Germán Rey, Camilo Vallejo Giraldo, María Angélica Nieto Uribe, Álvaro Fernando Núñez Zúñiga, Andrea Torres · 2015 · Página 341 cita
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y la determinación de la agenda informativa que se mimetizaba con la agenda de las hegemonías políticas y económicas del país y particularmente con sus propios y más directos intereses. Desde La Colonia el periodismo colombiano estuvo asociado o en con- 34 La palabra y el silencio tradicción con el poder dominante. El…

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