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Una historia del territorio

Caracas

Caracas ocupa en la historia de Colombia un lugar que ninguna otra ciudad extranjera puede reclamar: es simultáneamente la cuna del hombre que inventó la república y el escenario desde el cual esa república fue desmantelada.

19 min de lectura50 fuentes

Caracas en la historia de Colombia

Caracas no figura en el mapa mental colombiano como una ciudad extranjera cualquiera. Es la capital gemela: el lugar donde nació Simón Bolívar, desde cuyo entorno intelectual salió el proyecto de una república continental, y también el sitio desde el que ese proyecto se desmontó apenas once años después de firmado. Entender la historia de Colombia sin Caracas es leer un libro al que le arrancaron un tercio de las páginas. La ciudad ha sido, sucesivamente, provincia disputada con la Nueva Granada en tiempos coloniales, cuna del hombre que inventó la Gran Colombia, sede desde la cual José Antonio Páez consumó la ruptura, refugio de exiliados colombianos durante todo el siglo XX y puerta de salida de una migración venezolana de signo inverso en el XXI. En cada uno de esos momentos, Caracas ha funcionado menos como escenario neutro que como espejo incómodo de Bogotá: la otra capital posible, la que pudo haber sido y la que persistentemente recuerda a la primera que su centralidad no es natural sino disputada.

La provincia que Cartagena quiso, y que se les escapó

Antes de ser capital de nada, Caracas era la cabeza de una provincia oscilante en los mapas administrativos del imperio español. Su relación con lo que sería Colombia arranca en la fluidez de las jurisdicciones caribeñas del siglo XVI: la población del Cabo de la Vela, en la actual Guajira colombiana, estuvo sujeta jurisdiccionalmente a Venezuela entre 1545 y 1549, mientras las autoridades de Santa Marta intentaban, sin éxito, someterla a su dominio. La frontera nunca fue una línea; fue una discusión permanente entre gobernaciones vecinas que se disputaban rentas, indios y puertos.

La discusión más consecuente para el futuro de ambas naciones se dio entre 1719 y 1723, cuando el Cabildo de Cartagena elevó a la Corona una propuesta ambiciosa: el nuevo virreinato de Nueva Granada, recién erigido, debía integrar las provincias de Caracas, Cumaná, Margarita, Trinidad, la Española, Tierra Firme, Panamá y Veraguas, y su capital debía ser Cartagena, no Santa Fe. El argumento cartagenero era geopolítico: el eje del ente debía ser el Caribe, no la meseta andina. Santa Fe, sostenía el Cabildo, había sido erigida como cabeza del Nuevo Reino por la densidad demográfica inicial de la sabana, razón caduca frente a las urgencias de defensa imperial en el mar. La Corona no atendió el planteamiento en esos términos, pero la propuesta dejó constancia de algo que iba a repetirse: Caracas, junto con Cartagena, pertenecía a un mundo caribeño que Bogotá miraba desde la lejanía andina, y que a Bogotá le costaría siempre gobernar.

El desenlace fue el opuesto al que soñaba Cartagena. En 1777 la Corona creó la Capitanía General de Venezuela, con Caracas como sede, separándola definitivamente de la órbita administrativa neogranadina. Un año después, en 1778, Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres fue nombrado regente visitador de Nueva Granada, restableció el impuesto de la armada de Barlovento y extendió la alcabala a nuevos productos: medidas fiscales que golpearon a un espacio neogranadino ya sin Caracas y que preludiaban la revuelta comunera de 1781. Las dos futuras repúblicas comenzaban a caminar por vías administrativas separadas justo cuando las tensiones que las lanzarían a la independencia empezaban a acumularse.

La ciudad que formó a Bolívar

En Caracas nació, en 1783, un niño criollo de una de las familias más acomodadas del valle. Los Bolívar poseían haciendas, minas de oro, cacaotales y el ingenio de San Mateo. Esa preeminencia patrimonial no es un detalle biográfico: fija a Simón Bolívar en el estrato exacto de criollos ricos que, en la Caracas de fines del siglo XVIII, podían pagarse tutores europeos y viajes de formación, y que estaban por ello más expuestos que nadie a las ideas de la Ilustración y a la humillación política de no gobernar sus propias tierras.

La formación intelectual del joven Bolívar en Caracas fue notable incluso para los estándares de su clase. Pasó por manos de Andrés Bello, quien ya en esos años apuntaba a la erudición monumental que ejercería décadas después; de Guillermo Pelgrón; del padre Andújar; y sobre todo de Simón Rodríguez —llamado entonces Carreño—, un maestro heterodoxo que le habló de filosofías libérrimas cuando el muchacho tenía catorce años y que terminó desterrado por haberse involucrado en una conspiración. La deuda intelectual de Bolívar con Rodríguez es constitutiva: sin ese preceptor, no se explica el joven criollo que, el 15 de agosto de 1805, durante su segundo viaje a Europa, subiría al Monte Sacro en Roma a formular el juramento con que suele fecharse el nacimiento simbólico del Libertador.

Bolívar regresó a Caracas en junio de 1807. Encontró una ciudad en la que las tensiones criollas se acercaban al punto de ruptura. Cuando el 19 de abril de 1810 el cabildo caraqueño desconoció al capitán general y estableció una junta de gobierno, el joven Bolívar fue enviado en misión diplomática a Londres junto con Andrés Bello y Luis López Méndez, en busca de apoyo inglés para el movimiento emancipador. La misión no obtuvo el reconocimiento que buscaba, pero puso en contacto a la primera generación revolucionaria caraqueña con Francisco de Miranda, el precursor que ya había concebido la idea —aún no ejecutada— de unir el noroeste de Sudamérica en una sola república llamada Colombia.

Miranda regresó con ellos. Bajo su liderazgo se declaró la Primera República de Venezuela, que naufragó en 1812. La segunda oportunidad vendría desde afuera, y significativamente desde el occidente: desde Nueva Granada.

La Campaña Admirable: cuando Colombia devolvió a Bolívar a Caracas

A comienzos de enero de 1813, Bolívar partió desde territorio neogranadino con alrededor de 800 soldados en lo que la historiografía bautizaría como la Campaña Admirable. El nombre no es exagerado: en aproximadamente siete meses, aquella fuerza modesta liberó sucesivamente Ocaña, Cúcuta, Mérida —el 23 de mayo—, Trujillo hacia mediados de junio, Barinas, Valencia y finalmente Caracas, en la que Bolívar entró el 6 de agosto de 1813. La velocidad respondía a una elección estratégica de tipo napoleónico, orientada a campañas breves y decisivas, aunque las razones no eran solamente doctrinales: los ejércitos republicanos se disolvían con rapidez y no toleraban campañas largas.

Fue en Trujillo, en junio de 1813, donde Bolívar declaró la Guerra a Muerte. La consecuencia inmediata fue que cientos de soldados realistas se pasaron al bando republicano, un desenlace paradójico —una proclama exterminadora funcionando como imán— que revela hasta qué punto la guerra en Venezuela había derivado ya en un conflicto de identidades locales y no de banderas metropolitanas.

Al entrar en Caracas el 6 de agosto, Bolívar instaló allí la Segunda República de Venezuela. La ciudad recibía como Libertador al hijo de una de sus familias, y lo hacía después de que fuera Nueva Granada —con sus soldados, sus caudales y su territorio de retaguardia— la que hubiera hecho posible ese regreso. La secuencia contiene una simetría casi didáctica: Caracas había producido al hombre; Nueva Granada le había dado el ejército. Sin ambos, la independencia era impensable.

La Segunda República duraría poco. Pero la relación quedaba establecida: Caracas y Bogotá eran, ya desde 1813, socias forzosas de un mismo proceso, dependientes la una de la otra en una interdependencia que ninguna de las dos había elegido.

Angostura y Cúcuta: la Gran Colombia nace lejos de Caracas

Es un hecho revelador que la Gran Colombia no se fundara en Caracas ni en Bogotá. Se fundó en Angostura, en la ribera del Orinoco, donde el 15 de febrero de 1819 Bolívar instaló un Congreso ante locales y extranjeros para restablecer formalmente la República de Venezuela. Aquel cuerpo era técnicamente el Congreso venezolano, aunque se le añadieron algunos miembros neogranadinos para el acto decisivo: en diciembre de 1819, el Congreso reunido en Angostura proclamó la creación de la República de Gran Colombia, uniendo formalmente a Venezuela y a la Nueva Granada, e incorporando teóricamente los demás territorios del antiguo Virreinato.

La propuesta era de Bolívar, la idea era —de origen— de Miranda, y el escenario no era Caracas por una razón práctica: Caracas todavía no estaba plenamente en manos patriotas. Angostura era el lugar donde el proyecto podía enunciarse sin que el enemigo lo escuchara demasiado cerca. Pero la ausencia física de Caracas en el nacimiento de la Gran Colombia tiene también un valor simbólico que solo se leería después: la ciudad que había producido al Libertador no fue la ciudad donde se proclamó su república. Ese descentramiento marcaría todo lo que vino.

En 1821, ya con el territorio venezolano militarmente asegurado, el Congreso reunido en la Villa del Rosario de Cúcuta —significativamente en la frontera, no en ninguna de las dos capitales— aprobó la Constitución de la República de Colombia. Delegados de la Nueva Granada y de Venezuela debatieron en Cúcuta la forma del nuevo Estado. La discusión de fondo enfrentó a centralistas, que defendían una república unitaria con gobierno fuerte capaz de sostener el esfuerzo bélico aún inconcluso, con federalistas, que argumentaban que la diversidad geográfica, demográfica y económica de los territorios reunidos exigía un sistema federal. La Carta resultante adoptó un modelo centralista.

Aquella decisión —tomada en 1821, con las armas todavía humeantes— sería el defecto de origen de la Gran Colombia. Bolívar asumió la presidencia; Francisco de Paula Santander, la vicepresidencia. Y el mando efectivo del país quedó, por razones prácticas de guerra, en Bogotá, mientras Bolívar seguía combatiendo hacia el sur. Caracas —la ciudad del Libertador, la sede de la Capitanía extinta, la capital natural del oriente— quedó reducida a capital provincial de un Estado gobernado desde la sabana cundiboyacense.

El resentimiento tomó tiempo en cuajar, pero cuajó. Un indicador temprano lo dan las asambleas electorales provinciales de 1825: Santander, vicepresidente en ejercicio, no obtuvo ningún voto en Caracas, Coro, Maracaibo ni Mérida. La cifra —cero— es más elocuente que cualquier discurso. El oriente venezolano ya no reconocía en el gobierno bogotano un poder legítimo.

Páez, el Acta de Caracas y el desmantelamiento

El general José Antonio Páez, llanero, caudillo militar y encarnación política de la Venezuela que se sentía mal representada por Bogotá, había llegado a proponer a Bolívar algo audaz: que imitara a Napoleón y estableciera una monarquía en Colombia. Bolívar rechazó la sugerencia. Pero la sola formulación indica hasta dónde llegaba, hacia 1826, la desconfianza en el orden republicano bosquejado en Cúcuta.

La respuesta de Bolívar fue, en cierto sentido, más autoritaria que la del propio Páez: el proyecto de constitución boliviana, que combinaba una presidencia vitalicia con formas republicanas, y que el Libertador quería extender a la Gran Colombia. Aquella iniciativa terminó siendo el detonante que faltaba. Las resistencias no fueron solo caraqueñas: las tensiones federalistas y regionales cruzaban toda la República. Pero fue en Venezuela donde la ruptura tomó forma institucional, y fue Páez, desde Caracas, quien la lideró. La ciudad que había parido a Bolívar sería la ciudad desde la cual se desmontaría su obra.

Venezuela inauguró el desmembramiento final. Páez declaró la independencia y amenazó con la guerra a cualquiera que la desafiara. En 1830, la Gran Colombia se disolvió en tres repúblicas: Venezuela, la Nueva Granada y Ecuador —que también se separó ese año—. El experimento continental duraba once años y había producido, ya, un léxico político que iba a durar dos siglos.

El destino personal de Bolívar en esos meses es sintomático de lo que la ruptura significaba. Fue declarado fuera de la ley en Venezuela y hostilizado hasta lo indecible; en Nueva Granada, expulsado y considerado un paria político; en las últimas elecciones presidenciales no obtuvo ningún voto. Gravemente enfermo, se retiró a la Quinta de San Pedro Alejandrino, cerca de Santa Marta, donde lo acogió Joaquín de Mier. Allí murió, a fines de 1830. La ciudad que lo había formado —Caracas— no fue la que lo enterró; la ciudad que había gobernado —Bogotá— tampoco. Su cuerpo se apagó en el Caribe neogranadino, en un tercer lugar, como si la geografía se empeñara en subrayar que su proyecto no cabía en ninguna capital sola.

El regreso de los restos y la invención del santo

El culto bolivariano tardó en organizarse, pero cuando lo hizo, fue Caracas la que reclamó al muerto para sí. Los restos del Libertador fueron repatriados desde Santa Marta a Caracas, y la ciudad se convirtió en el panteón simbólico del héroe. En 1851, Vincenzo Castelli propuso allí una estatua ecuestre de bronce; el escultor italiano Pietro Tenerani fue encargado de fundirla, y la obra se inauguró en 1852. Fue la primera de una serie: la iconografía ecuestre de Bolívar, cuyo modelo caraqueño fijó el patrón, se extendió por América del Sur a medida que se consolidaban las identidades nacionales. Cada plaza de Bolívar que hoy existe en Colombia —Bogotá, Cartagena, Tunja, Popayán— dialoga, sin saberlo del todo, con aquel bronce de Tenerani en Caracas.

En la Exposición Nacional de 1883, en Caracas, se exhibió una placa de plomo del ataúd original de Bolívar como parte de una colección de reliquias bolivarianas. El siglo había convertido al hombre expulsado en un santo laico, y a la ciudad que lo había expulsado, en su santuario mayor.

La operación tuvo consecuencias hasta en la crítica de arte. El retrato que Pedro José Figueroa —y luego José María Espinosa, con más fortuna— hicieron del Libertador circuló durante décadas como imagen menor. El retrato pintado por Espinosa en 1819, cuando Bolívar tenía 36 años y 6 meses, sería recalificado en la segunda mitad del siglo XX por la crítica Marta Traba como la pieza maestra de la iconografía bolivariana. La reevaluación exigió una transformación del gusto que llegó tarde. Pero muestra cómo la figura de Bolívar —producida en Caracas, canonizada en Caracas, reinterpretada desde Bogotá— sigue siendo un objeto de disputa cultural entre las dos ciudades.

La frontera como problema permanente

La ruptura de 1830 no resolvió nada: solo desplazó los problemas a otra escala. Colombia y Venezuela compartieron desde entonces una frontera terrestre de 2.219 kilómetros —desde la Península de La Guajira hasta el Amazonas—, la más larga de Colombia y una de las más disputadas de América Latina. Durante todo el siglo XIX y buena parte del XX, la cancillería colombiana y la venezolana negociaron, arbitraron y volvieron a negociar tramos de esa línea.

El laudo arbitral español fue, a su manera, un desenlace. Favoreció indiscutiblemente a Colombia, incluyendo el señalamiento de la frontera en La Guajira con referencia al Mogote de Juyachi y a la margen izquierda del Orinoco. Pero la ejecución del laudo abrió otro pleito: Colombia sostenía que podía ejecutarse parcialmente; Venezuela, que debía ejecutarse de manera total e indivisible. En 1916, el canciller colombiano Marco Fidel Suárez y el plenipotenciario venezolano Demetrio Losada Díaz firmaron el Tratado Suárez-Losada Díaz, que sometió la disputa al arbitraje de la Confederación Helvética. La solución técnica no clausuró el conflicto: subsiste aún hoy un diferendo marítimo en el golfo de Venezuela, ligado a la delimitación de áreas equidistantes entre las penínsulas de La Guajira y Paraguaná, y a la situación del archipiélago de Los Monjes, uno de cuyos islotes habría sido cedido irregularmente por Colombia a Venezuela, lo que ha complicado durante décadas la definición de los límites marítimos.

Cada uno de esos tratados y arbitrajes se firmó lejos de Caracas: en Bogotá, en Berna, en Madrid. Pero Caracas era siempre la otra firma, la contraparte permanente. Ninguna cancillería colombiana del siglo XX pudo funcionar sin una carpeta permanentemente abierta sobre la frontera venezolana.

Refugio: colombianos en Caracas durante el siglo XX

Mientras las cancillerías discutían mojones, las poblaciones cruzaban la línea. La disolución de la Gran Colombia produjo los primeros flujos migratorios de colombianos hacia el país vecino, y esos flujos —al principio pequeños— se hicieron constantes a lo largo del siglo XX, consolidando rutas de tránsito, puntos de paso fronterizos y redes sociales y familiares que facilitarían y multiplicarían las migraciones posteriores.

El siglo XX colombiano fue un siglo de violencia política, y Venezuela se benefició del contraste: con una economía petrolera en ascenso desde los años treinta y con una democracia relativamente estable a partir de 1958, ofreció refugio a oleadas sucesivas de colombianos que huían de las guerras civiles, de La Violencia bipartidista y, más tarde, del conflicto armado interno. En los años sesenta y setenta, el exilio colombiano en Venezuela adquirió un rostro específicamente político: salieron hacia Caracas líderes y militantes del Partido Comunista Colombiano, de la Unión Nacional de Oposición, de otros movimientos de izquierda, y más tarde miembros del M-19 y del EPL. Caracas se convirtió en una capital colombiana en el extranjero, la ciudad donde un cierto sector de la izquierda derrotada en Bogotá podía reorganizarse, publicar, sobrevivir.

El fenómeno no fue solo político. Fue masivo. Según estimaciones de ACNUR, alrededor de 200.000 colombianos vivían hacia 2014 en situación de refugio de hecho en Venezuela, frente a apenas 4.340 personas reconocidas oficialmente como refugiadas. El 98% de la población en necesidad de protección internacional permanecía invisible para los registros oficiales: colombianos desplazados por la guerra que se habían asentado en Venezuela sin trámite formal, viviendo, trabajando, criando hijos, construyendo lo que después describirían como una vida ordinaria en un país que sentían suyo. Venezuela fue durante décadas el principal destino de los éxodos transfronterizos colombianos.

Esa realidad, que la política oficial subestimaba, era la que sostenía por debajo la relación entre los dos países. Mientras en la superficie las cancillerías negociaban con desconfianza, en el subsuelo se tejía una interdependencia demográfica que ningún tratado podía deshacer.

La diplomacia del micrófono

En el siglo XXI, la relación entre las dos capitales entró en una fase de deterioro sin precedentes desde la ruptura de 1830. La presidencia de Hugo Chávez en Venezuela (1999-2013) coincidió durante ocho años con la de Álvaro Uribe en Colombia (2002-2010), y los dos hombres representaban proyectos políticos incompatibles: uno construía un Estado bolivariano de vocación antiimperialista; el otro, una alianza estrecha con Washington en el marco del Plan Colombia y de la guerra contra las FARC.

El conflicto armado colombiano se instaló en el centro de la relación binacional. Uribe acusó repetidamente a Chávez de apoyar y abastecer a los combatientes de las FARC. Las denuncias no pudieron esclarecerse porque los mecanismos formales de vecindad binacional estaban paralizados, sustituidos por lo que la propia diplomacia bautizó con precisión clínica: la diplomacia del micrófono, en la que gobernantes y altos funcionarios ventilaban las tensiones de seguridad en declaraciones públicas ante los medios en vez de tramitarlas por canales reservados. Cada rueda de prensa era un episodio de la crisis.

La paradoja mayor se produjo cuando el propio gobierno de Uribe, tras suspender el canal previo de comunicación con el jefe guerrillero conocido como Pablo Catatumbo, asignó al presidente Chávez la función de intermediario para la liberación de rehenes en manos de las FARC. La senadora colombiana Piedad Córdoba actuó como facilitadora del proceso, con el apoyo directo de Chávez. Caracas se convirtió, así, en la sede desde la cual se gestionaban las liberaciones humanitarias: Bogotá delegaba en Caracas —o Caracas se ofrecía a Bogotá— para resolver lo que la política colombiana no podía resolver desde dentro. La escena tenía dos siglos de precedente: cada vez que Colombia necesita un interlocutor externo para tramitar un conflicto interno, tropieza con Venezuela, o recurre a ella.

El presidente Juan Manuel Santos, sucesor de Uribe, adoptó una postura distinta y buscó normalizar la relación con Chávez. Fue esa distensión la que permitió el inicio, en 2012, de los diálogos de paz de La Habana con las FARC —un proceso que, aunque se desarrolló en Cuba, hubiera sido difícil de imaginar sin el papel previo de Caracas como facilitador. Otra vez la ciudad funcionaba como escenario a la vez indispensable e incómodo.

Migración inversa: los venezolanos que cruzan a Cúcuta

A partir de la segunda mitad de la década de 2010, la relación demográfica se invirtió con brusquedad. La crisis económica y política venezolana produjo escasez masiva de alimentos, medicinas y servicios básicos, y millones de venezolanos comenzaron a salir del país. Colombia, después de haber sido durante casi dos siglos el país que expulsaba población hacia Venezuela, pasó a ser el principal receptor de la migración venezolana.

El símbolo del cambio es un puente. El puente internacional Simón Bolívar —que une Villa del Rosario, del lado colombiano, con San Antonio del Táchira, del lado venezolano— se convirtió en el punto de cruce masivo por el que familias venezolanas enteras entraron a Colombia. Villa del Rosario, la villa del Congreso constituyente de 1821, la localidad donde la Gran Colombia había sido jurídicamente fundada, era ahora el umbral por el que Venezuela salía hacia Colombia. La coincidencia geográfica es una de esas raras ocasiones en que la historia acepta escribirse a sí misma con sentido.

En Cúcuta, los migrantes venezolanos enfrentan dificultades para trabajar formalmente al carecer de pasaporte o estatus regular; la ciudad registra saturación de servicios hospitalarios atribuida en parte al flujo. Cerca del 8% de la población colombiana vive en los departamentos que colindan con Venezuela, lo que significa que la absorción del éxodo recayó desproporcionadamente sobre franjas fronterizas de por sí frágiles.

Al mismo tiempo, algunos venezolanos residentes en terceros países expresan percepciones negativas sobre la migración venezolana hacia Colombia, asociándola con delincuencia y riesgo político, y demandan el cierre de la frontera. Es un espejo doloroso del prejuicio inverso que durante décadas sufrieron los colombianos en Venezuela.

Y hay una tercera capa, más íntima. Muchos colombianos que se habían exiliado en Venezuela durante el siglo XX construyeron allí vidas plenas —trabajos, casas, hijos, comunidades— que hoy recuerdan con nostalgia. Cuando la crisis venezolana los obligó a retornar a Colombia, muchas veces por hechos de violencia, experimentaron lo que ellos mismos describen como una segunda ruptura: primero fueron desplazados de su país, y después perdieron el país que los acogió. Su relato, doble en el desarraigo, condensa la biografía compartida de las dos naciones: nadie ha vivido en la frontera colombo-venezolana sin haber sido, en algún momento, extranjero en su propia tierra.

Caracas, capital gemela

En la historia de Colombia hay dos capitales. Una está en la sabana andina, gobierna desde la altura y se llama Bogotá. La otra está a orillas del valle de Caracas, mira al Caribe y se llama, precisamente, Caracas. Durante once años —de 1819 a 1830— compartieron formalmente un Estado. Durante los casi doscientos años restantes han seguido compartiendo, sin admitirlo, un sistema: una frontera imposible de sellar, una diáspora que va y vuelve, una figura tutelar —Bolívar— que ninguna de las dos puede reclamar en exclusiva, y una diplomacia condenada a repetirse.

Caracas no fue nunca un accidente en la historia colombiana. Fue el polo desde el cual se concibió el proyecto de unión continental, el escenario desde el que se lo desmontó, y el interlocutor con el que Colombia ha tenido que dialogar cada vez que necesitó pensarse a sí misma más allá de la sabana. La agencia caraqueña en todo esto ha sido, muchas veces, menos autónoma de lo que parece: la ciudad concentró contradicciones —centralismo contra federalismo, élites criollas contra proyecto supranacional, oriente caribeño contra interior andino— que la desbordaban. Pero fue en Caracas donde esas contradicciones tomaron cuerpo político. Y por eso importa.

Cada vez que Colombia se mira en el espejo de Venezuela —para escandalizarse o para reconocerse—, lo que ve es también su propia forma. Bogotá no es una capital natural, ni siquiera inevitable: es una capital que ganó, en 1819, un pulso histórico que pudo haber ganado Caracas, o Cartagena, o Angostura. Recordarlo no es un ejercicio de nostalgia geopolítica; es entender que la unidad territorial colombiana es un logro frágil, sostenido, revisable. Y que a doscientos kilómetros del último puesto fronterizo, en un valle donde nació el hombre que inventó a los dos países, sigue latiendo la ciudad que nunca dejó de ser, para Colombia, la otra mitad posible.

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Relacionadaspor co-ocurrencia
Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

38 documentos · 50 fragmentos
01
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 231
1 cita
[1]

Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…

p. 231
02
Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 194
1 cita
[2]

Factores de la vida política colonial: el Nuevo Reino de Granada en el siglo XVIII (1713-1740) 201 gena apenas en septiembre de 1719. Los carta- generos se apresuraron a representar las conve- niencias de que la cabeza del virreinato funcio- nara en esa ciudad. Sus argumentos se ajustaban a las preocupaciones de la…

p. 194
03
Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 81
1 cita
[3]

pesca fue moviéndose hacia el sur, hasta el momento en que los vecinos consideraron preferible trasladar la población al Río de la Hacha, lo que se hizo probablemente en los primeros meses de 1545. Durante todo este tiempo la población se mantuvo sujeta a Venezuela y algunos de sus gobernadores, como Jerónimo Dortal…

p. 81
04
El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 404, 429
2 citas
[4]

después de haberse elevado hasta mil los efectivos de su división, pidió permiso el 15 de mayo de 1815 ante el Congreso de Cartagena para emprender una campaña de liberación del país venezolano. Empezó, pues, aque- lla homérica expedición de la que ha dicho con justicia 199 Juan Domingo de Monteverde y Ribas…

p. 404
[30]

dio a sus difamadores ocasión para nuevas sospechas. Pero por mucho que todo pareciera desafiarle a un último combate, por mucho que le hostigara su misma patria, Ve- nezuela, declarándole fuera de la ley y pidiendo su expul- sión de Colombia, por mucho, también, que se le instaba desde Bogotá para que regresase,…

p. 429
05
Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 628, 633
2 citas
[5]

Hace dos años se enroló en el batallón de voluntarios blancos de los valles de Aragua: con su rostro finamente acanelado y los colorines del uni- forme, le miraban sus primas encantadas. Su casa de la ciudad, sus minas de oro, el cacaotal, el hato, el ingenio de San Mateo, le situaban en un plano de preeminencia entre…

p. 628
[10]

«coronel y diputado» general Simón Bolívar, López Méndez —el segundo diputado— y el secretario señor Andrés Bello. ¿Cómo ocurrió el prodigio? En las casas de los criollos de Caracas, en la del tío José Félix Ribas, se reunían los amigos de la patria libre a celebrar veladas clandestinas. Como en los tiempos de los…

p. 633
06
Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 21
1 cita
[6]

leyes hereditarias vascas explican que, a la hora de escoger autógrafo, el que llegaría a ser funcionario de Felipe ii en Venezuela hubiera optado por reunir su nombre de pila y el último de sus cuatro apelli- dos, que era también el nombre del pueblo donde nació. 22 Díndic Síeris Pdtína Trasladado a Caracas en 1584,…

p. 21
07
Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 39
1 cita
[7]

su madre. Al desaparecer don Vicente, Simón es puesto al amparo directriz del autoritario e iras- cible Miguel José Sanz, abogado, pero al poco tiempo se fatiga con el terrible genio que insi- nuaba el niño y lo devuelve al hogar materno. Siguió un nuevo intento de fortalecer el proceso formativo de estos difíciles…

p. 39
08
El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 42, 45
2 citas
[8]

y noviembre de 1806 transcurre la segunda estad í a de Bol í var en Europa. Este es su itinerario aproximado: permanece breve mente en Espa ñ a a la llegada. Viaja despu é s a Par í s, luego pasa a Italia (Mayo de 1805). Viene despu é s el Juramento en el Monte Sacro (Agosto 15 de 1805) para regresar a Par í s en…

p. 42
[13]

l í nea del p á rrafo 3 de la edi ci ó n que utilizamos torna Marx a trocar el parentesco de Ribas respecto de Bol í var. Dice de nuevo “ primo ”, donde debiera decir “ t í o ” IB, p.78/ 48 10) Hace luego Marx un recuento a modo de introducci ó n para la Campa ñ a de Bol í var en Venezuela durante el a ñ o de 1813, la…

p. 45
09
Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 62, 77
2 citas
[9]

en cambio, conocia todo el mundo. Y precisamente nadie como ese Siméon Bolivar podia informar con tanta exactitud sobre la derrota sufrida en aquellos momentos decisivos, cuando la independiente Cartagena se enfrentaba a la realista Santa Marta. Por eso, ya al dia siguiente de la llegada de los fugitivos, todos…

p. 62
[17]

historia general de Venezuela, que se perdié cuando tuvo que huir, ya definitivamente, en una aventura que le condujo a la muerte. En la presen- tacién de la Constitucion que le encomendé el Li- bertador, reduce a pocas palabras lo que puede ser el nucleo inicial de aquella Historia perdida. En el parrafo sobre el…

p. 77
10
Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 99, 104
2 citas
[11]

el capitán Surroca en su descripción de las tropas incontrolables de Morales, los realistas, al sublevar a las castas, abrieron la caja de Pandora: El ejército de Morales estaba esparcido y descansando en los puntos de la costa, esperando el dilatado termino para la expedición de Margarita; y como desde que Monteverde…

p. 99
[15]

fronteras, si es necesario llevando la iniciativa militar más allá de los límites de la Nueva Granada. Pero la pusilanimidad de los patriotas granadinos limita la intervención a las dos provincias fronterizas y prohíbe llevarla más adelante. 43 Bolívar también se beneficia del enemigo bogotano del Congreso confederal.…

p. 104
11
Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 99, 107
2 citas
[12]

el capitán Surroca en su descripción de las tropas incontrolables de Morales, los realistas, al sublevar a las castas, abrieron la caja de Pandora: El ejército de Morales estaba esparcido y descansando en los puntos de la costa, esperando el dilatado termino para la expedición de Margarita; y como desde que Monteverde…

p. 99
[16]

un país. El acercamiento directo y la ruptura revolucionaria 54 ¿Pertenecen los ejércitos al mando de Simón Bolívar al mundo nacido de las revoluciones liberales? La observación de su forma de concebir la guerra, desde un punto de vista táctico y sobre todo estratégico, es sin duda el mejor medio de responder a esta…

p. 107
12
30 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 42, 47
2 citas
[14]

kilómetros del curso del río Magdalena. Se dirigió a Venezuela. En el camino liberó a Ocaña y en Cúcuta tuvo una fuerte batalla contra el sangriento general Domingo de Monteverde. Bolívar había tar-dado menos de dos meses desde su salida de Cartagena. Recuperó fuerzas y recibió autorización del Congreso, situado en…

p. 42
[19]

aun con mi honor, esta constitución que encierra los derechos de dos pueblos hermanos, ligados por la libertad, por el bien y por la gloria. La constitución de Colombia será junto con la Independencia la ara santa, en la cual haré los sacrificios. Por ella marcharé a las extremidades de Colombia a romper las cadenas…

p. 47
13
Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 50
1 cita
[18]

que resultó fallido. El 17 de julio de 1817, Bolívar logró tomar control del territorio de Angostura, y, unos días después, el 24 de julio, se declaró Jefe Supremo del Ejército. Una vez Bolívar reafirmó su dominio sobre Angostura, le abrió el río Orinoco a la Legión Británica, que entró a Venezuela por esta ruta con…

p. 50
14
Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 112
1 cita
[20]

the rest of New Granada except the Caribbean coast and far southwest. Bolivar organized a provisional patriot government at Bogota, naming Santander to head it. Then, in December 1819, he was in Angostura (present-day Ciu- dad Bolivar), temporary capital of patriot Venezuela, where at his behest the Venezuelan…

p. 112
15
Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 66
1 cita
[21]

the civil war fought between 1830 and 1831. The territory that Gran Colombia called Cundinamarca be- came the Republic of New Granada. Following Simón Bolívar’s resignation of the presidency in May 1830 and his death in December of that year, Rafael Urdaneta assumed leadership of New Granada’s national military and…

p. 66
16
Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 99
1 cita
[22]

de integracion politica de la Gran Colombia, con la unién de Venezuela, Nueva Granada y Quito. Los centralistas defendieron la integracion en una republica unitaria e indivisible, con un gobierno fuerte, adaptable a la realidad americana, de carac- ter discolo y anarquico, y con una administracion centralista para el…

p. 99
17
Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 114
1 cita
[23]

Francisco Miranda para toda la Am é rica independiente, para un estado que seg ú n Bol í var deb í a incluir el territorio del virreinato: Caracas, Bogot á, Quito y Panam á. Bol í var fue elegido presidente y el neogranadino Francisco Antonio Zea vicepresidente. Los patriotas organizaron el gobierno en Bogot á, pero…

p. 114
18
La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 393
1 cita
[24]

% Pamplona 87 % Merida 0 % Barinas 68 % Santafé 26 % Popayán 21 % Guayana 100 % Cumaná 60 % Apure Sin datos Caracas 0 % Coro 0 % Riohacha 0 % Maracaibo 0 % Barcelona 37 % Margarita Mariquita 31 % Chocó 0 % Buenaventura 100 % Panamá 64 % Veraguas 100 % Neiva 64 % Pasto 100 % Ecuador 64 % Mapa 7.2. Porcentaje de los…

p. 393
19
Uniting States: Voluntary Union in World PoliticsJoseph M. Parent · 2011 · p. 6
1 cita
[25]

happen, and he tried the same tired remedies, expecting better outcomes. Four years before, he was the adored liberator of South America—now Bolívar’s charisma was spent; everything he touched turned hostile or futile. Another of his former ocers, José María Córdova, took up arms against him; Bolívar earned not a…

p. 6
20
Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 57, 134
2 citas
[26]

habian llegado nunca a convencerle: «El Presidente de la Republica nombra al Vice- Presidente, para que administre el Estado, y le su- ceda en el mando. Por esta providencia se evitan las elecciones, que producen el grande azote de las republicas, la anarquia, que es el lujo de la tirania y el peligro mas inmediato y…

p. 134
[32]

se apresuré a despachar con caracter urgente a su edecan Daniel Florencio O'Leary con instrucciones precisas, a fin de que calmara al general Paez mientras él mismo se dirigia a Caracas. Cabe senalar en este punto que el general José Antonio Paez ya habia propuesto al Libertador que imitara a Napoleon y estableciera…

p. 57
21
La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 157
1 cita
[27]

dotó, según él, de la constitución política ideal, lo llenaban de contento. Creyó entonces, y lo creyó de verdad, que podía hacer realidad el sueño, que había mantenido en silencio, de una gran confederación que uniera por lo menos a Perú, México, la Confederación Centroamericana, Bolivia y la Gran Colombia. Nunca…

p. 157
22
Recentralisation in ColombiaJulián D. López-Murcia · 2022 · p. 73
1 cita
[28]

it requires the majority of the members of each chamber (not merely the majority of participants in the debate). This, of course, increases the veto power of the opposition. a b rief H istory of C olombia ’ s s ubnational i ssues Since the independence from Spain in 1810, the (re) design of subnational institutions…

p. 73
23
Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 94
1 cita
[29]

ordenado por el presidente Tomás Cipriano de Mosquera, a partir de 1848, y que tuvo la participación del arquitecto europeo Thomas Reed. Durante ese mismo periodo presidencial, se levantó el 20 de julio de 1846 la estatua del Libertador Simón Bolívar en la plaza Central. Uno de los historiadores más importantes del…

p. 94
24
La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 310
1 cita
[31]

país; se radicó en Nueva York, donde redactó sus memorias y falleció en 1873. 13 Panteón La catedral de Caracas no fue la última morada de Bolívar, ya que un cuar- to de siglo después lo volvieron a enterrar. Por orden de Antonio Guzmán 12 anpb / rree 1288 y 1294, Van Lansberge al entonces ministro de Relaciones…

p. 310
25
The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 171, 259
2 citas
[33]

15–19, 171–5 Ayacucho, battle of, 31–3, 37, 71 Ayala, José María, 135 Ayton, Joseph, 104, 107–11 Azuero, Vicente, 43, 80, 91, 101 Balls, 45, 49, 52 Banco Colonial Británico, Venezuela, 139–40, 148, 175 Banco Nacional, Venezuela, 140, 148 Banditry, 78, 162 Barbosa, 85, 87, 131 Barrot, Adolph, 95, 110–13 Bentham,…

p. 259
[34]

on August 3, 1851, and Castelli proposed “a magnificent bronze equestrian statue of the type that very few cities in Old Europe can claim, a statue which the people would claim as their own.” 14 His fundraising was Figure 9.1 Statue of Bolívar in Central Caracas Source: Photo by author (2011). T H E EN D O F B O L I…

p. 171
26
Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 92
1 cita
[35]

Este retrato es obra del artista Espinosa. Al pie del retrato se lee: « Post Nubila Faebus. Simón Bolí- var, Libertador y padre de la Patria». A la izquierda, y en letra más pequeña: «hecho en 1819, edad 36 años 6 meses». Este retrato estaba en la Casa de Moneda, de donde se trajo al Museo por disposición del señor…

p. 92
27
Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 56
1 cita
[36]

treaty also guaranteed in perpetuity free navigation of jointly held rivers and created a mixed commission to settle the boundary in the Amazon region, an area further complicated by Peruvian encroachment. Both governments praised the Treaty of 1916 as a positive outcome of the traditionally cordial relations between…

p. 56
28
Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 73
1 cita
[37]

línea que divide el Valle de Upar de la provincia de Maracaibo y Río de la Hacha, por el lado de amba de los montes de Oca, debiendo servir de precisos linderos los términos de los referidos montes, por el lado del Valle de Upar, y el Mogote de Juya- chi, porel lado de la Serranía y orillas de la mar». Para Colombia…

p. 73
29
Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 99
1 cita
[38]

notas de 23 de enero de 1913 y 27 de diciembre de 1915, sostuvo que para que cual- quiera de los dos países pudiera tomar posesión de los territorios adjudicados 97 98 Nueva Historia de Colombia. Vol. III Firma de la Convención de 1916 con Venezuela, mediante la cual se aceptó el arbitramento de la Confederación…

p. 99
30
Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 49
1 cita
[39]

vecinos. Sin embargo. subsiste un pleito juridico con Nicaragua y atin no frontera maritima con Ve- ha sido posible acordar le nezuela. El mapa del diferendo ilustra este proble: ma. Las peninsulas de La Guajira y Paraguana cons- tituyen la entrada al golfo de Venezuela, y como t deben ser tomadas en cuenta en la…

p. 49
31
Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 116, 230
2 citas
[40]

Venezuela, los constantes flujos migratorios de colombianos hacia el vecino país en el transcurso del siglo XX “fueron consolidando rutas de tránsito y puntos de paso fronterizos, a los que se sumaban las redes sociales y familiares que siempre han facilitado e impulsado más migraciones” (CNMH, 2014, página 63). 188…

p. 116
[48]

des- plazaron dentro del territorio colombiano. Nos tocó irnos para Venezuela, a todo el grupo familiar. Debido a las amenazas con las que nos fuimos, al llegar a Venezuela, cambié la documenta- ción de mis niñas para evitar que las encontraran (CNMH, mujer adulta, exiliada retornada, Maicao, 2017). La vida que…

p. 230
32
Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 41, 60
2 citas
[41]

Orinoco que desemboca en el río Negro. Así las cosas, aunque se pueden identi fi car ciertos pasos formales como los de Inírida y San Fer- nando de Atabapo, capitales de departamento y municipio respec- tivamente, Puerto Colombia y Maroa en Venezuela y Fuerte de San Felipe (Colombia) y San Carlos de Río Negro…

p. 60
[42]

283.344 345.138 342.250 Fuente: ACNUR, 2014 De acuerdo a la estimación de ACNUR, aproximadamente 200. 000 colombianos viven en una situación de refugio de hecho en Venezuela, cifra que contrasta dramáticamente con las 4. 340 personas que han sido reconocidas o fi cialmente como refugiadas (ACNUR, 2014, página 12).…

p. 41
33
La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 84
1 cita
[43]

los poderes tradicionales y terratenientes: la Unión Nacional de Oposición [UNO]. Con ellos tuve mi primera amenaza y me tuve que ir del pueblo porque los conservadores donde vivíamos le dijeron a mi padre que “o yo dejaba eso o me mata- ban”. Mi padre era un hombre muy afectado por la muerte de Gaitán, con mucho odio…

p. 84
34
Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 84
1 cita
[44]

2004 hizo el gobierno venezolano, en contravía de los acuerdos internacionales sobre refugio. Por otra parte, las denuncias sobre la ambigüedad del gobierno venezolano con relación a la guerrilla no pudieron ser esclarecidas por la parálisis de los mecanismos de vecindad, que fueron sustituidos por la “diplomacia del…

p. 84
35
Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 266
1 cita
[45]

of Colombian legal status in Venezuela, the number of Colombians in Venezuela has been subject to speculation and political manipulation. For example, after Mr. Ch á vez became president in 1999, he, via a 2004 decree, fast- tracked citi- zenship for many foreign nationals. As a result, some two hundred thousand…

p. 266
36
Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 357
1 cita
[46]

avanzar en este camino en coordinación con el Alto Comisionado para la Paz, Atentamente, Luis Carlos Restrepo, Alto Comisionado para la Paz Sin embargo, los avances no fluían y el Gobierno, ante esta situación, tomó la decisión de cambiar de estrategia asignándole la función de intermediación al presidente de…

p. 357
37
Migración desde Venezuela a Colombia: impactos y estrategia de respuesta en el corto y mediano plazoPaula A. Rossiasco, Ana Aguilera, Germán Caruso, Rosa María Martínez, Cristina Savescu · 2018 · p. 43, 68
2 citas
[47]

entre países de destino para facilitar la reunificación de grupos familiares. Las experiencias tanto de manejo migratorio por razones económicas como de refugiados en Europa, Medio Oriente y Norte de África incluyen la implementación de mecanismos de registro e intercambio de información entre entidades para facilitar…

p. 43
[49]

esfuerzo ha generado que se establezca un fondo de inversión con el fin de apoyar a 35 empresarios retornados con capacitaciones y capital semilla para emprender sus negocios. Cúcuta: la migración que salva vidas Sin pasaporte o derecho a trabajar formalmente, miles de venezolanos cruzan el puente internacional Simón…

p. 68
38
Cuando éramos felices pero no lo sabíamosMelba Escobar · 2020 · p. 21
1 cita
[50]

la ciudad, sin casco, sin seguro médico, todo por una miseria. ¿Sabías que los que piden en las esquinas a veces ganan más que los de Rappi? ¿Y cuál es la lección? ¡No trabajes, no hagas una mierda, que igual puedes vivir de los demás! Me quedo callada. Está claro que he tocado un tema sensible. Mi vecina parece a…

p. 21