Lino de Pombo O'Donnell
Nueva Granada
1797–1862
La biografía
Cartagenero de nacimiento, bogotano de vejez, ingeniero de profesión y diplomático por encargo, Lino de Pombo O'Donnell (Cartagena de Indias, 1797 – Bogotá, 1862) encarna una figura que la historiografía épica de Colombia ha tendido a subestimar: la del letrado técnico que traduce las grandes proclamas en instituciones civiles. Sobrino y heredero intelectual del ilustrado José Ignacio de Pombo, fue oficial de las guerras de independencia y, más tarde, el canciller que firmó en 1833 el primer tratado de límites con Venezuela. Redactó la Ley de Procedimiento Civil de 1834, enseñó en el Colegio Militar y engendró una descendencia que se prolongaría en la vida cultural del país hasta Rafael y Jorge Pombo. Su trayectoria resume medio siglo de Nueva Granada visto desde el lado menos ruidoso de la política: el de la cartografía, los códigos, los tratados y las academias. Su biografía permite leer aquella república como un laboratorio de estatalidad técnica —precario, dependiente de cuadros extranjeros, atrapado entre facciones— más que como pura epopeya bolivariana.
Línea de vida
- 1797
Nacimiento en Cartagena de Indias
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Nació en el seno de la familia Pombo O'Donnell, sobrino del ilustrado comerciante José Ignacio de Pombo, cuyo reformismo económico y crítica al sistema imperial español marcarían su formación intelectual.
- 1815
Quiebre de la élite cartagenera por la reconquista de Morillo
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El sitio y reconquista de Cartagena por Pablo Morillo quebró la élite ilustrada criolla a la que pertenecía la familia Pombo, aunque no la disolvió; los sobrevivientes cargaron la memoria del proyecto reformista trunco que Lino reactivaría en clave republicana.
- 1825
Servicio en el ejército republicano bolivariano
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Formado en ingeniería militar en la península ibérica, se incorporó al ejército bolivariano, que hacia 1825 contaba con unos treinta mil hombres. Actuó como oficial técnico, adquiriendo el arte de organizar recursos escasos con reglamentos, oficio que trasladaría después a la administración civil.
- 1832
Designación en la reapertura de la Academia
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El 25 de diciembre de 1832, en el marco del impulso reformador de la primera administración Santander, fue nombrado entre los once ciudadanos que ocuparon las vacantes de la Academia reorganizada, junto a Joaquín Mosquera, Rufino Cuervo, Joaquín Acosta, José Hilario López y otros, consolidándose como operador civil de la red ilustrada neogranadina.
- 1833
Firma del tratado de límites con Venezuela
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Como canciller de la Nueva Granada, suscribió con el plenipotenciario venezolano Santos Michelena el primer tratado de límites entre ambas repúblicas, primer acto de política exterior soberana del nuevo Estado. Colombia cedió extensos territorios en la Guajira sin compensaciones equivalentes; el Congreso neogranadino lo aprobó, pero el venezolano lo rechazó, iniciando un largo pleito limítrofe.
- 1834
Redacción y sanción de la Ley de Procedimiento Civil
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El 14 de mayo de 1834, bajo la vigencia de la Constitución de 1832, se sancionó la Ley de Procedimiento Civil, que estableció un orden de prelación de fuentes para los tribunales de la República, incluyendo legislación española anterior a 1808, consolidando la arquitectura jurídica del nuevo Estado.
- 1836
Fracaso parlamentario del convenio de deuda colombiana
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La Cámara de Representantes de la Nueva Granada rechazó por mayoría el 9 de abril de 1836 el convenio de reparto de la deuda de la extinta Gran Colombia, mientras Venezuela lo había aceptado en abril de 1835. La asimetría legislativa entre los tres herederos reveló la fragilidad de las instituciones que Pombo manejaba.
- 1837
Sanción del convenio de deuda bajo la administración Márquez
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Tras la propuesta de Michelena de resometer el asunto y el mensaje de apoyo del presidente Márquez del 6 de abril de 1837, el Congreso expidió en mayo de ese año el acto legislativo que sancionó finalmente el convenio de reparto de la deuda colombiana, cerrando cuatro años de negociaciones y dos legislaturas fallidas.
- 1840
Continuidad institucional durante la Guerra de los Supremos
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Durante la Guerra de los Supremos (1840–1842), punto de inflexión del sistema político neogranadino, Pombo representó la continuidad del Estado técnico: mientras las facciones se disputaban el poder ejecutivo, los tratados firmados, los códigos redactados y las fronteras negociadas sostenían la existencia del Estado.
- 1862
Muerte en Bogotá
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Falleció en Bogotá, dejando una descendencia que se prolongaría en la vida cultural del país, entre ellos Manuel Pombo Rebolledo y el poeta Rafael Pombo, y un legado institucional que abarcó medio siglo de construcción estatal neogranadina.
La herencia cartagenera: los Pombo y el reformismo ilustrado
Para entender a Lino de Pombo hay que empezar por su tío José Ignacio de Pombo, comerciante de Cartagena y una de las voces más agudas del reformismo neogranadino en el tránsito del siglo XVIII al XIX. Vinculado por parentesco con las familias criollas distinguidas del virreinato, José Ignacio había consolidado hacia 1788 una posición sólida en el circuito mercantil cartagenero, en años en que la ciudad y Mompox disputaban primacías comerciales sobre el bajo Magdalena. Desde esa posición produjo dos documentos que fijarían el perfil de la casa: un escrito de 1804 en el que denunció la desmoralización institucional, el crecimiento del contrabando y las distorsiones económicas de un sistema imperial incapaz de responder a las presiones de la guerra internacional; y el Informe del 11 de octubre de 1810, redactado cuando Cartagena, aún sin declarar formalmente su independencia, se regía ya con márgenes de autonomía notables, y en el que asomaba una economía política de tinte proteccionista.
No conviene tratar esos escritos como piezas aisladas de un pensador excepcional. Son, más bien, el punto en que el reformismo borbónico tardío —el mismo que había alimentado a Mutis, a Nariño, a los redactores del Papel Periódico— toma en Cartagena la forma de un programa mercantil coherente. La denuncia del contrabando no es moralismo colonial: es diagnóstico de una fiscalidad quebrada. La defensa del proteccionismo no es dogma: es respuesta a la parálisis del comercio atlántico durante las guerras napoleónicas. Ese lenguaje —técnico, económico, cauteloso frente a la ruptura pero exigente en la reforma— es el que el niño Lino escucha en la mesa familiar.
Ese es el aire que respira en la Cartagena de la primera década del siglo: una ciudad portuaria en la que la crítica al orden imperial se hace desde adentro, con lenguaje técnico y sensibilidad económica, no desde el pronunciamiento militar. La familia extendida —los Pombo, los O'Donnell por rama materna, las alianzas con la élite criolla— constituye una plataforma social de la que Lino no saldrá nunca del todo. Toda su carrera posterior, incluso cuando parezca alejarse del comercio hacia la ingeniería y la diplomacia, se apoyará en ese sustrato: una manera cartagenera de pensar el Estado como problema de instituciones y no de caudillos.
La independencia y el sitio de Cartagena de 1815, con la reconquista de Pablo Morillo y la caída de los notables criollos, quebraron aquella élite ilustrada, pero no la disolvieron. Los sobrevivientes cargaron con la memoria del proyecto reformista trunco; el joven Lino la reactivaría, en clave republicana, dos décadas más tarde.
Formación, campañas y el aprendizaje del oficio de Estado
La formación de Lino se cumple en dos escenarios sucesivos: la península, adonde llega a estudiar ingeniería, y el frente bolivariano, al que se incorpora tras la independencia. La ingeniería militar y civil de tradición española —enseñada en establecimientos como los de Alcalá y Madrid— le proporciona el instrumental técnico del que carece casi por completo la Nueva Granada de entonces: matemáticas aplicadas, topografía, fortificación, construcción, principios de derecho administrativo. Es una formación rara en el país al que regresa, y esa rareza le abrirá puertas durante cuatro décadas.
Su participación en las campañas de independencia y en el ejército de la Gran Colombia lo sitúa en el interior de una máquina militar cuya escala vale la pena recordar: hacia 1825, las tropas republicanas bolivarianas constituían un ejército nacional de unos treinta mil hombres, con historia, símbolos y respaldo gubernamental pleno. Dentro de ese aparato, Lino no fue ninguno de los grandes nombres que la posteridad canonizó —no fue Sucre, ni Urdaneta, ni Córdova—, pero sí uno de los oficiales técnicos cuya labor discreta sostuvo campañas y guarniciones. La evolución de las formas de guerra fue moldeando en paralelo las formas políticas, la definición de los partidos y la organización misma de los ejércitos; Pombo aprendió, en ese cruce, un oficio que después trasladaría intacto a la administración civil: el arte de organizar recursos escasos con reglamentos.
La disolución de la Gran Colombia lo encuentra ya adulto y foguadado. Cuando Bolívar muere en diciembre de 1830, la Nueva Granada —el actual territorio colombiano más Panamá— tiene ya una vida política separada de Venezuela y Quito. El general bolivariano Rafael Urdaneta, apoyado en el batallón del Callao, compuesto principalmente por venezolanos, había instalado una dictadura que sería derrotada a comienzos de 1832. La Constitución de la República de la Nueva Granada, sancionada ese mismo año, formaliza el nuevo Estado y restablece parte del espíritu de las reformas de 1821, otorgando una autonomía limitada a las asambleas provinciales. Ese es el país que Pombo empezará a administrar.
La entrada al Estado santanderista: Academia, Cancillería y el tratado de 1833
El 25 de diciembre de 1832, apenas cerrado el episodio urdanetista y en pleno impulso reformador de la primera administración Santander, se reabre la Academia y se designa a once ciudadanos para ocupar las vacantes de los fallecidos. La lista es una fotografía de la élite ilustrada del momento: junto a Pombo aparecen Joaquín Mosquera, Rufino Cuervo, Joaquín Acosta, José Hilario López y otros nombres del mismo tenor, en una mezcla reveladora de obispos, militares, botánicos y juristas. La Academia había dejado de funcionar y hubo que reorganizarla; en el mismo aliento, Santander impulsó mejoras en el Observatorio Astronómico y el Museo Nacional. La incorporación de Pombo a esa red institucional lo consagra tempranamente como uno de sus operadores civiles.
La designación académica no es decorativa. En una república recién nacida, los círculos ilustrados funcionan como reserva de cuadros para la administración, los tribunales y la diplomacia. Y es en esa última donde Pombo asumirá su primer gran encargo. Como canciller —secretario de relaciones exteriores— de la Nueva Granada, suscribe en 1833 el tratado de límites con Venezuela, negociado con el plenipotenciario venezolano Santos Michelena. El instrumento es la primera respuesta granadina al problema mayor abierto por la disolución de la Gran Colombia: definir con los vecinos qué era, exactamente, cada país.
El tratado, sin embargo, arrastra desde su firma la sombra de sus concesiones. Colombia cedía extensos territorios en la Guajira sin recibir compensaciones equivalentes, cuando los títulos jurídicos permitían reclamar la totalidad de la península. El Congreso neogranadino aprobó el tratado; el venezolano lo rechazó. La paradoja diplomática —que el país perjudicado ratifique y el beneficiado rehúse— revela la lógica de la negociación: Michelena había obtenido concesiones máximas y Pombo había firmado con la esperanza de cerrar el frente cuanto antes. La ratificación quedó trunca y las conversaciones se reanudarían más tarde con Fermín Toro, sin alcanzar solución definitiva. La frontera con Venezuela se convertiría en el más largo de los pleitos limítrofes colombianos del siglo XIX, una sucesión de acuerdos incompletos y renegociaciones que atravesarían tres generaciones diplomáticas.
Contra la lectura fácil —Pombo entregó la Guajira— cabe una segunda: el tratado de 1833 fue la operación de un Estado sin músculo diplomático propio, encabezado por un canciller que buscaba, ante todo, que la Nueva Granada existiera para sus vecinos. Que la ejecución fuese lesiva no cancela el hecho de que fue el primer acto de política exterior soberana del nuevo país. La alternativa realista no era un tratado mejor: era ningún tratado, y con él, la prolongación indefinida de un territorio sin contornos.
Deuda colombiana, límites en cadena y la mecánica del Congreso
En paralelo al asunto limítrofe, Pombo debió negociar el reparto de la deuda de la extinta Gran Colombia entre las tres repúblicas herederas. El asunto no era menor: se trataba de decidir quién asumía qué proporción de las obligaciones contraídas por una entidad estatal ya inexistente, en un momento en que ninguno de los tres países disponía de rentas holgadas ni de crédito internacional consolidado. Aquí también los tiempos legislativos revelan la fragilidad de las instituciones que Pombo manejaba. Venezuela aceptó el convenio en abril de 1835; Ecuador lo hizo el 13 de abril de 1837; la Cámara de Representantes de la Nueva Granada, en cambio, lo rechazó por mayoría el 9 de abril de 1836. La asimetría entre las tres velocidades legislativas —Venezuela expedita, Ecuador demorada pero eficaz, Nueva Granada trabada— dibuja con nitidez las diferencias de cohesión parlamentaria entre los tres herederos.
El fracaso no fue definitivo. Michelena, del otro lado, propuso resometer el asunto a la Legislatura de 1837, aprovechando el inicio de la administración de José Ignacio de Márquez, quien había sucedido a Santander. Márquez apoyó la reapertura con un mensaje del 6 de abril de 1837, y en mayo de ese año el Congreso expidió el acto legislativo que sancionó finalmente el convenio. Cuatro años, dos legislaturas y un cambio de gobierno para ratificar un acuerdo de deuda: esa es la temporalidad real en que operaba la diplomacia técnica de Pombo. Cada renegociación exigía volver a instruir al pleno, recomponer mayorías, esperar el ciclo legislativo siguiente, contener a los diputados que veían en el rechazo una manera barata de exhibir patriotismo. Comparada con la velocidad de los pronunciamientos militares, la lentitud de los tratados y códigos revela por qué el panteón nacional siempre prefirió al soldado sobre el letrado. Pero la Nueva Granada que sobrevivió como Estado —con presupuesto, deuda ordenada y fronteras al menos negociadas— la construyeron estos últimos.
Facciones, moderación y la Guerra de los Supremos
Durante los años treinta, la Nueva Granada se organizó políticamente en dos grandes agrupaciones: los ministeriales, partidarios del gobierno, y los liberales, el grupo civilista alrededor de Santander y Vicente Azuero. La distinción no era todavía la del posterior bipartidismo, pero contenía sus semillas. Santander, fiel a su tendencia legalista, aceptó la derrota de su candidato preferido y entregó la presidencia a Márquez en 1837, aunque después se le opuso; su sectarismo se expresaba menos en la violencia que en artículos cuasi anónimos en la prensa progubernamental. Ese estilo —el ataque frontal cifrado en la seudonimia periodística, el legalismo severo, la indignación contenida— fijó por décadas el repertorio del liberalismo civilista granadino.
Dentro del campo ministerial —y ese es el lugar donde suele ubicarse a Luis Pombo, figura próxima al núcleo familiar de Lino y a la misma red intelectual— se distinguían dos corrientes. Los moderados civilistas seguían a Márquez y a intelectuales como José Manuel Restrepo, y buscaban integrar al antiguo bolivarianismo dentro del orden constitucional de 1832 sin liquidarlo políticamente. Los llamados fanáticos, en cambio, fundaron en 1838 la Sociedad Católica agitando el problema religioso, y encontraron en la defensa de las órdenes conventuales y la ortodoxia doctrinal una plataforma de movilización que anticipaba las guerras culturales del medio siglo. Algunos moderados, distanciados del santanderismo más intransigente por su actitud conciliadora hacia los antiguos bolivarianos, terminaron alineados con el bloque ministerial. En ese ecosistema, Lino de Pombo se movió como los suyos: en el terreno de la administración técnica, sin adscripción faccional estridente, útil sucesivamente a santanderistas, ministeriales y bolivarianos reciclados.
La Guerra de los Supremos (1840-1842) fue el punto de inflexión. Los santanderistas más intransigentes respaldaron el levantamiento; Márquez y los liberales moderados estrecharon su alianza con los antiguos bolivarianos, sentando las bases de la diferenciación partidaria posterior. Es en esa recomposición donde el letrado técnico prueba su valor: mientras las facciones se destrozan por el poder ejecutivo, los tratados firmados, los códigos redactados y las fronteras trazadas siguen ahí, sosteniendo la continuidad del Estado. La guerra civil arrasa gobiernos y prestigios; no arrasa la Ley de Procedimiento Civil ni la prelación de fuentes que ordena los tribunales.
La obra legislativa: derecho, procedimiento, arquitectura constitucional
La Ley de Procedimiento Civil sancionada el 14 de mayo de 1834, bajo la vigencia de la Constitución de 1832, ilustra con precisión la naturaleza del trabajo institucional al que Pombo pertenecía. La ley establecía un orden de prelación de fuentes para los Tribunales de la República: en primer lugar las leyes del Poder Legislativo; luego, pragmáticas y cédulas españolas anteriores al 18 de marzo de 1808; a continuación las Leyes de la Recopilación de Indias, las de la Nueva Recopilación de Castilla y las Siete Partidas.
La Nueva Granada, catorce años después de Boyacá, seguía juzgando con derecho español anterior a la invasión napoleónica, con las Partidas de Alfonso X, con la Recopilación de Indias. En 1822 Santander había creado una comisión legislativa para elaborar proyectos de ley basados en el derecho español; en 1829 Bolívar ordenó redactar un Código Civil basado en el francés; la fractura política de 1830 dejó sin efecto ambos planteamientos. La república continuaba, en la práctica, dentro del derecho colonial reformado. Los letrados como Pombo trabajaban, entonces, en una traducción: pasar el aparato normativo hispánico a un lenguaje republicano viable, sin la ilusión de poder empezar desde cero. La obra jurídica de la Nueva Granada fue, en gran medida, ese trabajo de continuidad reformada, y la Ley de 1834 es uno de sus pilares.
El ciclo constitucional culminaría, mucho después, con la Constitución Política de la Confederación Granadina de 1858, que dividió la república en ocho estados federales pese a su formulación como régimen unitario —una tensión reveladora de las oscilaciones del período— y que el propio Pombo ayudó a preparar. En 1857, el Congreso había creado por ley el estado de Antioquia y había asumido el nombramiento de los contadores del Tribunal de Cuentas, función que antes correspondía al Ejecutivo: reajustes de atribuciones entre poderes que anunciaban el federalismo pleno de 1863. Toda esa arquitectura, hoy leída como fase intermedia entre 1832 y Rionegro, contó con Pombo entre sus técnicos de cabecera.
Ingeniería, obras públicas y cartografía: la Comisión Corográfica
La otra gran vertiente de su vida pública, indistinguible de la anterior, es la ingeniería aplicada al fomento. Durante la primera administración de Tomás Cipriano de Mosquera (1845-1849), las obras públicas se convirtieron en instrumento estratégico de una política modernizadora deliberada. Mosquera y su secretario de Hacienda Florentino González orientaron el esfuerzo a identificar recursos naturales y facilitar su producción y distribución: reformaron las aduanas, eliminaron las aduanas interiores, introdujeron el sistema métrico y usaron la obra pública como palanca. Puesto que la ingeniería no había arraigado en el medio neogranadino, se recurrió a ingenieros extranjeros; los pocos nacionales con formación equivalente, entre ellos Pombo, funcionaron como puentes entre los técnicos foráneos y la administración.
Esa función de bisagra fue decisiva. Un ingeniero italiano contratado por el gobierno neogranadino podía dominar los cálculos y desconocer por completo la lógica administrativa, los ritmos del Congreso, los códigos vigentes, las susceptibilidades regionales. Alguien debía traducir presupuestos en trámites, informes técnicos en actos legislativos, planos en contratos ejecutables. Pombo, con su doble condición de ingeniero formado en la península y funcionario veterano del Estado granadino, ocupaba ese lugar con una naturalidad que pocos podían disputarle.
De esa política resultó, ya bajo el gobierno de José Hilario López y por la Ley 29 de 1849, la Comisión Corográfica, que inició labores en 1850 y se prolongó hasta 1859. La dirigió el coronel-ingeniero italiano Agustín Codazzi (1792-1859) y tuvo por objeto el levantamiento general del mapa de la República y el estudio detallado de sus provincias. Fue el primer intento científico institucional de alcance global emprendido por el país: sus equipos recorrieron buena parte del territorio nacional, tal como estipulaban los contratos, con excepción de una exploración intensiva de la zona del Caquetá.
Codazzi no viajaba solo. Manuel Ancízar iba redactando en el camino la crónica descriptiva de las provincias del norte, que se convertiría en su Peregrinación de Alpha y en modelo de un género intermedio entre etnografía, geografía moral y literatura. José Jerónimo Triana, botánico, levantaba herbarios que darían a la flora colombiana su primer inventario sistemático desde Mutis. Felipe Pérez, más joven, se encargaría después de ordenar y publicar el material acumulado tras la muerte del director. Y el dibujante Manuel María Paz fijaba en acuarelas y láminas los rostros, indumentarias y paisajes que la escritura sola no podía retener. Entre los cuatro, la Comisión producía a la vez un mapa, una descripción, un herbario y un archivo visual: cuatro capas superpuestas de un mismo esfuerzo por conocer el país. Comprendieron todos que el discurso sobre el valor de la ciencia y la técnica para el engrandecimiento nacional debía apuntalarse con acción concreta: recorrer el territorio, medirlo, describirlo, producir conocimiento geográfico sistemático.
La huella de Pombo en la Comisión no fue la del explorador de campo sino la del organizador institucional. Como funcionario, docente y consejero técnico, contribuyó a que la empresa cartográfica —origen remoto de la geografía colombiana moderna— tuviera el amparo legal, el respaldo administrativo y los cuadros formados para operar. En ese sentido, la Comisión Corográfica es también, indirectamente, obra suya.
Junto a ella se creó o reorganizó, en el mismo período, una constelación de establecimientos científicos: el Instituto de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas, el Observatorio Astronómico, el Laboratorio Químico Nacional, el Museo de Historia Natural. Y se consolidó el Colegio Militar, fundado bajo el gobierno de Mosquera y del que Pombo fue docente, con Francisco José de Caldas como modelo tutelar y explícito. Allí formó a una generación de oficiales-ingenieros, cortos en número pero decisivos para la administración pública posterior.
Docencia y transmisión: el Colegio Militar como semillero
En el Colegio Militar se cruzan las dos vidas de Pombo: la del oficial bolivariano y la del ingeniero civil. Concebido como institución de formación científica y técnica bajo hábito militar, siguió el modelo del Semanario del Nuevo Reino de Granada de Caldas más que el de las academias castrenses tradicionales. Enseñar matemáticas, topografía, principios de física y de derecho a jóvenes destinados a servir en obras públicas, cartografía, artillería o administración era, en un país sin escuelas politécnicas, la única manera práctica de producir cuadros. Pombo, con su doble competencia, era el docente natural.
Esa función docente lo convirtió en pieza de una operación cultural más amplia. Las reformas científicas y educativas de mediados de siglo no fueron obra de un solo gobierno ni de un solo hombre, pero convergieron en la idea de que la república necesitaba producir su propio conocimiento del territorio, su propia élite técnica, su propia continuidad con Mutis, Caldas y los sabios de la Expedición Botánica. Pombo fue uno de los eslabones que mantuvieron viva esa cadena. Enseñar topografía en Bogotá en 1850 era, en rigor, prolongar el gesto de Caldas cuando levantaba planos en Popayán medio siglo antes: mismo instrumental, misma ambición de conocer el país por dentro, otra bandera.
La red: tertulias, prensa y familia
Ninguna carrera como la suya se explica sin la sociabilidad ilustrada bogotana. Bogotá, en las décadas que interesan, era todavía una ciudad pequeña donde los notables se conocían todos y se cruzaban a diario en la Academia, en las oficinas del gobierno, en las tertulias domésticas, en las páginas de la prensa. Los grupos selectos —así los llamaba la época— se reunían compartiendo ideales orientados hacia Europa y los Estados Unidos, y entre las familias tradicionales figuraban los Pombo de Brigard, rama con la que Lino se emparentaba.
La genealogía de esa sociabilidad se remontaba al Papel Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá (1791-1797), dirigido por Manuel del Socorro Rodríguez, que había publicado escritos de la Tertulia Eutropélica y reunido en sus páginas a lo más selecto de la ilustración neogranadina: Mutis, Zea, Caldas. La primera generación republicana continuó esa tendencia racionalizadora, reprodujo publicaciones españolas liberales, generó escritos en el mismo espíritu. Cuando Pombo se incorpora, en 1832, a la Academia reorganizada, se está sumando a esa tradición viva.
Las élites políticas e intelectuales compartían estos espacios institucionales como si fueran una misma cosa, y en cierto sentido lo eran: el jurista era también académico, el militar bolivariano dictaba cátedra, el botánico participaba en comisiones legislativas. Esa indiferenciación funcional, que hoy nos resulta extraña, era la única manera de que un país pequeño y pobre sostuviera al mismo tiempo una administración, una universidad, una academia y una prensa. Pombo fue, en todos esos frentes, actor simultáneo.
En esa Bogotá se casó, formó familia y se convirtió, con los años, en cabeza de un linaje. Manuel Pombo Rebolledo, su hijo, publicó un relato de viajes entre Medellín y Bogotá que sería obra citada en la literatura de itinerarios colombianos. Fidel Pombo Rebolledo, otro hijo, prolongó el compromiso familiar con la vida intelectual bogotana. La casa paterna, con su biblioteca, sus visitas y su conversación política y científica cotidiana, funcionó como aula prolongada para la generación siguiente; el capital cultural se transmitía menos por lección explícita que por atmósfera. De ese ambiente saldría Rafael Pombo, el más célebre de la descendencia, que firmaría en 1894 un prólogo célebre sobre Bogotá en el que criticaba con acritud el nuevo orden comercial de la ciudad, y cuya obra poética —desde las fábulas infantiles hasta la lírica más grave— fijaría por décadas el imaginario literario colombiano. Su hermano Jorge Pombo, contemporáneo suyo, sería considerado el más ingenioso de los miembros de la Gruta Simbólica, la tertulia bohemia bogotana de fin de siglo, aunque su nombre haya caído en el olvido. Entre padre e hijos hay continuidad: la misma pertenencia a una élite letrada que se piensa a sí misma como custodia del capital cultural del país, aunque la lengua cambie de la ordenanza jurídica al verso.
Es tentador leer al conjunto de los Pombo como un linaje intelectual que reprodujo durante más de un siglo la misma posición: élite ilustrada cartagenero-bogotana, próxima al Estado sin identificarse enteramente con ningún caudillo, dotada de capital cultural transmisible. Lino, en el centro cronológico de esa saga, es quien articula la herencia comercial y crítica de José Ignacio con la producción literaria y consular de sus hijos. Su centralidad se explica, en parte, por méritos técnicos individuales; en parte, por ese capital de red y parentesco que ninguna república en formación puede improvisar.
Los límites de la agencia técnica
La obra de Lino de Pombo operó dentro de márgenes muy estrechos, y esos márgenes fueron a menudo su condena. El tratado de 1833, firmado con precisión diplomática, fue rechazado en Caracas y quedaría por décadas como asunto abierto. El convenio de deuda tardó cuatro años en aprobarse y requirió cambio de administración. La ingeniería no había arraigado en el país y hubo que traer a Codazzi; los códigos legislativos heredaban derecho español anterior a 1808. La Guerra de los Supremos partió al país en dos y forzó realineamientos que la mera política civilista no podía prever.
La lectura épica de la nación se equivoca al ignorar a Pombo, pero también se equivocaría una lectura simétricamente ingeniera que lo convirtiera en arquitecto único del Estado. Fue algo más modesto y, quizá por eso, más decisivo: un mediador que mantuvo abierta la posibilidad institucional cuando ni las armas ni las facciones podían garantizarla. Trabajó con los santanderistas, con los ministeriales, con Mosquera y con López, con los conservadores emergentes y con los liberales moderados. Esa aparente ductilidad no era oportunismo; era la condición de posibilidad de la continuidad estatal en un país que cambiaba de constitución cada quince años.
Aquella estatalidad técnica fue, además, en buena medida traducción tardía del reformismo borbónico al lenguaje republicano. La prelación de fuentes que incorpora las cédulas españolas de 1808, las comisiones legislativas basadas en derecho hispánico, la continuidad racionalizadora entre la Colonia tardía y la primera república: todo apunta a que el laboratorio de estatalidad no fue una ruptura sino una reconfiguración, con nueva bandera, de dispositivos coloniales. Los letrados de la Nueva Granada, Pombo entre ellos, fueron menos fundadores que herederos que supieron gestionar la herencia. Reconocerlo no los disminuye: los sitúa con precisión en el arco largo de la historia institucional hispanoamericana, donde la ruptura de 1810 fue menos radical de lo que la retórica patria sostuvo después.
Rionegro en el horizonte
Lino de Pombo murió en Bogotá en 1862, en vísperas de la consolidación federalista de Rionegro y de las reformas radicales que darían al país otro rostro. Su nombre figura en textos jurídicos, mapas, actas académicas y tratados internacionales, casi nunca en los frontispicios monumentales que la República reservó a otros. Y sin embargo, cuando la Nueva Granada dejó de existir para dar paso a los Estados Unidos de Colombia, la deuda estaba repartida, las fronteras negociadas o al menos abiertas a negociación, los códigos vigentes, la cartografía en marcha, el Colegio Militar formando cuadros, la Academia funcionando. Nada de eso se hizo solo, ni fue obra de un caudillo victorioso.
Pombo trabajó donde no había épica —en la redacción de un artículo procedimental, en la corrección de un plano, en la ratificación demorada de un convenio de deuda— y precisamente allí, en esa zona sin brillo, se decidió buena parte de que hubiera un Estado que heredar. Rionegro pudo ensayar el federalismo radical porque antes existió una administración que ordenar. Esa administración, en la generación anterior, llevaba entre otras la firma discreta de Lino de Pombo.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
31 documentos · 34 fragmentos01Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Página 4561 cita
[1]una de las hijas de la familia Amador. Como comerciante de Cartagena, con vínculos muy fuertes y lazos familiares con familias criollas distinguidas de la Nueva Granada, Pombo surgió a principios de la década de 1800 como crítico importante del sistema español de comercio y gobierno y, como Acevedo y Gómez, fue un…
p. 456
02Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · Página 1701 cita
[2]colonia. Había mucho en juego: hacia finales del siglo XVIII (año de 1788), J o s é Ignacio de Pombo, comerciante cartagenero, 1. Sobre el origen e historia de la familia de Mier he tenido el privilegio de consultar algunos de los documentos coleccionados por uno de sus descendientes, el distinguido historiador José…
p. 170
03Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Páginas 182, 4132 citas
[3]libertad económica, y creían que lo demás vendría por añadidura. Proteccionista también, por lo que parece, fue Eloy de Valenzuela, partidario de la diversificación de la pro- ducción —combinación de la agricultura, la minería y las manufacturas—; hace además observaciones dignas de atención sobre la elasticidad de…
p. 182
[20]el Salto de Honda por medio de un ferrocarril o de una carretera 479. 16 de diciembre, 1852; 19 de marzo de 1857. Decreto Legislativo de 28 de abril de 1844. Véase también: J. F. Rippy (R-9), pág. 49. Como complemento, se pensó en abrir el canal de Boca Grande, y en la construcción de muelles en el puerto de…
p. 413
04Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Páginas 27, 1042 citas
[4]general Santander imprimieron una identidad de «grupo politico» a sus seguidores, quienes partici- paban en las elecciones como grupos coherentes. Esto nos revela que en los citados anos treinta del siglo xix, y principalmente en el ultimo lustro, ya existian partidos politicos, a los cuales se llam6 mi- nisteriales…
p. 104
[10]los veintiin miembros que debian formarla, todos ellos ilustres personajes de la época. La Academia habia dejado de funcionar y era necesario reorga- nizarla. El 25 de diciembre de 1832 se realiz6 la rea- pertura y se designo a once ciudadanos para ocu- par el lugar de los que habian fallecido, nombran- dose a los…
p. 27
05Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 221 cita
[5]legiones según la naturaleza del combate. En los albores de la revolución, las huestes no eran sino un ejército de guerra civil, un partido. En 1825, las tropas republicanas son un ejército nacional de 30.000 hombres, rico en historia, en símbolos, y respaldado por un gobierno que sacrifica todo por él. Este trabajo…
p. 22
06Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 221 cita
[6]legiones según la naturaleza del combate. En los albores de la revolución, las huestes no eran sino un ejército de guerra civil, un partido. En 1825, las tropas republicanas son un ejército nacional de 30.000 hombres, rico en historia, en símbolos, y respaldado por un gobierno que sacrifica todo por él. Este trabajo…
p. 22
07Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · Página 801 cita
[7]toda Venezuela. Al final del afo se repitié el viaje de Bolivar a Nueva Granada, como se repiti el gesto de Camilo Antonio Ricaurte en un retrato que se conserva en el Museo 20 de Julio, en Bogota. En la batalla de San Mateo, cuando todo parecia perdido, al volar Ricaurte el polvorin, con el sacrificio de su vida, dio…
p. 80
08Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 431 cita
[8]to create the conditions for the civil war that brought to a close the Second Republic in 1830. Bolívar’s dictatorship, the conspiracies against him, the war with Peru, the numerous rebellions against the Colombia regime, the open rebellion of Venezuela against the national government in Bogotá, the efforts by the…
p. 43
09¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 571 cita
[9]Antonio José de Sucre, el líder del partido bolivariano menos compro metido en los conflictos. Cuando Bolívar murió, en diciembre de 1 830, la Nueva Granada, que incluía al actual territorio colombiano más Pa namá, ya tenía una vida separada. El país resultante llegaba a una nueva era afectado _por la pobreza de la…
p. 57
10Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1191 cita
[11]of his term, Santander gave evidence of his legalistic bent by accepting the defeat of his chosen candidate and turning the presidency over to Jose Ignacio de Marquez Barreto (president, 1837^11), a former col- laborator whom he now opposed. Most of their differences were minor, but Santander objected to Marquez 's…
p. 119
11Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 651 cita
[12]the acts of repression inflicted on him and his followers by Bolívar's dictator- Page 23 ship, and his political style was clearly what came to be known in Colombia as "sectarian," or highly partisan behavior. Faithful to his own legalistic bent, Santander was careful not to violate directly the political rights of…
p. 65
12Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 941 cita
[13]con Venezuela A raíz de la disolución de la Gran Co- lombia, nuestro país inició negociacio- nes con los países vecinos, comenzan- do por Venezuela, y las adelantadas con este país culminaron en un tratado suscrito en 1833 por el canciller de Co- lombia, don Lino de Pombo, y por el plenipotenciario de Venezuela, don…
p. 94
13Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 561 cita
[14]treaty also guaranteed in perpetuity free navigation of jointly held rivers and created a mixed commission to settle the boundary in the Amazon region, an area further complicated by Peruvian encroachment. Both governments praised the Treaty of 1916 as a positive outcome of the traditionally cordial relations between…
p. 56
14Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Página 3961 cita
[15]de la deuda colombiana ajustado el 23 de diciembre del año anterior y se negó a aprobarlo. La Cámara de Representantes de la Nueva Granada lo rechazó por mayoría el 9 de abril de 1836, pero Santos Michelena propuso que fuera sometido nuevamente a la consideración de la Legislatura de 1837, aprovechando el comienzo de…
p. 396
15Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · Página 741 cita
[16]estableció para todos los Tribunales de la República civiles y criminales el siguiente orden de prelación de fuentes: 1. Las leyes decretadas o que decretase en lo sucesi - vo el Poder Legislativo; 2. Las pragmáticas, cédulas, órdenes, decretos y ordenanzas del Gobierno español, sancionadas hasta el 18 de marzo de…
p. 74
16Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 2991 cita
[17]Peru Founding of P á cora in new colonization zone, Antioquia Painter José Mar í a Espinosa creates portrait of Simón Bol í var 1829 Military uprising against Bol í var’s dictatorship Shipyard project, to build steamships Juan Garc í a del R í o writes Meditaciones Colombianas 1830 —Constitutional assembly…
p. 299
17Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2381 cita
[18]Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…
p. 238
18Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Páginas 100, 1042 citas
[19]im- puestos de aduanas, y, en menor medida, de mo- nopolios, como el del estanco del tabaco, cuya suerte en realidad ya estaba echada. Era, pues, imperativo identificar los recursos na- turales y facilitar los medios para su produccién y distribucién. A allanar esta nueva perspectiva se de- dicaron el presidente…
p. 100
[22]econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…
p. 104
19Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · Página 161 cita
[21]Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…
p. 16
20Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 3981 cita
[23]key, 103, 104–6; and non- Bogotáno origins of its makers, 92–94; political neutrality of, 102, 104; public response to, 106 map of Manuel Peña, 84 Masonic Lodge, 238, 338n13 Medellín (province), 206– 7 Melo, José María: coup of, 228–29, 234, 235– 36, 245; as part of Liberal Democratic Societies, 233; and textile…
p. 398
21La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · Página 1261 cita
[24]mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…
p. 126
22Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 2131 cita
[25]la Regeneración. CuADRO 1v.6. Estudiantes en las escuelas elementales durante la segunda mitad del siglo x1x 1847 29.118 1852 21.937 1870 60.155 1873-74 83.626 1881 71.070" 1890 99.215 1893 104.463 1897 137.482 1905 165.062 @ Excluye a Santander, donde había unos 14.000 alumnos. FUENTE: Felipe Pérez, Geografía general…
p. 213
23Cuatro ensayos sobre historia social y política de Colombia en el siglo XXMaría del Pilar Zuluaga, Rodrigo Hernán Torrejano, Susana Inés Ojeda, Franz Flórez · 2007 · Página 101 cita
[26]tiempo libre la clase dominante en un período determinado, nos permite conocer sus gustos, sus intereses, su conducta, la creación de identidad, el nivel de satisfac - ción y de integración social. Es posible lograr este conocimiento acercándonos a las distintas formas que utilizaron aquellos grupos “selectos” de la…
p. 10
24Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 5551 cita
[27]percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…
p. 555
25El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 2511 cita
[28]creado por las reformas que Carlos iii y sus consejeros habían introducido en el Estado español, y bien sabido es que el espíritu de tales re- formas tendía a «modernizar» la administración, a darle eficacia, sobre todo eficacia económica, a simplificar y or- denar la legislación y la gestión gubernativa, en una pala-…
p. 251
26Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 2511 cita
[29]Kónig, Hans-Joachim. (1994) En el camino hacia la nación. Nacionalismo en el proceso deformación del Estado y de la nación de la Nueva Granada, 1750-1856. Bogotá: Banco de la República. Liévano Reyes, Roberto. (1917) "El mosaico: tertulias literarias en Santafé y Bogotá". El Gráfico, Bogotá, 38: 375. Lomné, Georges.…
p. 251
27La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · Página 1861 cita
[30]llevarlos a cuestas. 85 Manuel Pombo, op. cit., págs. 76-77. 187 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí Por supuesto, no fue este el caso del coronel Codazzi, tan esforzado y valeroso como ningún otro explorador y científico, que siempre daba ejemplo a sus acompañantes, aun a los más baquianos, de templanza de ánimo y de resis-…
p. 186
28El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 2651 cita
[31]sendas cabalgaduras, cuatro viajeros. Eran los que siguen: en primer lugar, el doctor Salvador Cama- cho Roldán, colega mío en la Universidad y librero, uno de los más cultos colombianos, un verdadero Catón de la República, exigente consigo mismo, pero tolerante con los demás, carácter íntegro y rectilíneo, y persona…
p. 265
29Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · Página 2021 cita
[32]suramericana. Rafael Pombo estaba allí. ¿Qué hacía en los Estados Unidos? Había ido como cónsul, creo; un cambio de política lo dejó sin el empleo, que era su único recurso, y como no quería volver a Colombia, donde imperaban ideas diametralmente opuestas a las suyas, tuvo que inge- niarse para encontrar medios de…
p. 202
30El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 1671 cita
[33]de abril de 1874. p. l. 6 J..M. Cordovez Moure, &miniscendas de Santa Fe y Bogotd. 166 EL CAFÉ EN COLOMBIA, 1850-1970 recuerdos y en abierta hostilidad con el porvenir", lo que significa para el historiador contemporáneo, más que una condición geriátrica, el malestar que atacó a los tradicionalistas en la segunda…
p. 167
31Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · Página 591 cita
[34]pianista, bohemio, diplomático a ratos, soldado muchas veces y en todo momento ingenioso inven- tor de apuntes repentinos y chispazos al rompe. Su nombre, que no era extraño a nadie en la Santafé de hace cien años, se ha hundido de manera ingrata en el pozo de la amnesia colectiva, hasta el punto de que hoy sólo lo…
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