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Una historia del territorio

Caquetá

El Caquetá es, en la historia de Colombia, el espejo más nítido de lo que el país hizo con sus fronteras internas: las pensó como vacíos disponibles, las explotó en oleadas sucesivas y las abandonó entre cada ciclo.

19 min de lectura68 fuentes

En el mapa de Colombia, el Caquetá aparece como una gran cuña verde entre el pie de la cordillera Oriental y las selvas del Amazonas: unos noventa mil kilómetros cuadrados de piedemonte y llanura amazónica que descienden del Macizo Colombiano hasta el río del que toma su nombre. Es uno de los departamentos más extensos del país y, sin embargo, durante casi toda su historia ha sido pensado desde afuera: como territorio de misión, como reserva de caucho, como frontera de colonización, como retaguardia de guerra. Cada época lo reincorporó de un modo distinto —con la cruz, con el látigo, con el hacha, con la coca, con el fusil— y cada una dejó una capa de violencia sobre la anterior. Leer al Caquetá es leer la estratigrafía de una frontera interna que Colombia nunca terminó de convertir en país.

Un territorio de bisagra

El Caquetá se sitúa al sur del país, en la cuenca amazónica, y limita al norte con Huila y Meta, al oriente con Guaviare y Vaupés, al sur con Amazonas y Putumayo, y al occidente con Cauca y otra vez Huila, en un contorno que atraviesa cordillera, piedemonte y selva. Sus 88.965 kilómetros cuadrados —la cifra más citada, aunque otras mediciones lleguen a 90.185— lo colocan entre los departamentos más grandes de Colombia, dentro de una región amazónica que abarca 423.473 kilómetros cuadrados: el 37% del territorio nacional y casi un tercio de la Amazonía sudamericana.

Su geografía explica media historia. El río Caquetá nace en el nudo de Almaguer, en el Macizo Colombiano, el mismo del que brotan aguas que corren hacia el Atlántico y el Pacífico. Esa vecindad hidrográfica hace del piedemonte caqueteño una zona de contacto natural entre la Amazonía y los Andes: no la selva remota que imaginan los mapas escolares, sino un corredor de valles y trochas que siempre estuvo comunicado, aunque de manera precaria, con Popayán, Pasto, Neiva y Quito. Las barreras topográficas y climáticas aislaron al Caquetá durante siglos, pero nunca lo cerraron del todo; y ese aislamiento incompleto —lo suficientemente lejano para escapar del Estado, lo suficientemente cercano para atraer al mercado— es una clave para entender lo que vendría después.

Dentro de la región amazónica, el Caquetá pertenece, junto con el Putumayo y el Guaviare, a la subregión del piedemonte: la más colonizada, la de mayor densidad, la que primero se pobló con gente venida de otras regiones y donde la población foránea terminó equilibrándose con la autóctona. Frente a las selvas más orientales, con sus grandes territorios indígenas, el piedemonte caqueteño fue desde temprano el frente móvil de una colonización que, en oleadas sucesivas, avanzó desde los Andes hacia el sur.

Pueblos del piedemonte

Antes de ser objeto de colonización, el Caquetá era un mosaico de pueblos con lenguas y territorios distintos. El piedemonte estaba ocupado sobre todo por grupos de lengua tucano occidental, que se extendían desde el río Napo hasta las riberas del Caguán y posiblemente hasta el Guaviare. Junto a ellos convivían los andakíes, cuya lengua fue clasificada por Paul Rivet como chibcha; los omoas o murciélagos, de lengua caribe; y los paminuga, con un idioma independiente que hoy se considera familia lingüística por derecho propio. Más al oriente y al norte, los uitotos —que se autodenominan murui—, los koreguajes, los ingas y otros pueblos configuraban un tejido de sociedades ribereñas y de selva, con territorios diferenciados y relaciones que iban del intercambio a la guerra.

La tradición oral witoto conserva relatos de antiguos viajes hacia los Andes, en los que figuras con forma de trueno intentaban retener a los viajeros para sacrificarlos: memorias, quizás, de contactos difíciles con los pueblos de las tierras altas, y prueba de que el piedemonte no vivió jamás encerrado en sí mismo.

La Corona española nunca logró someter ese mundo. La colonización civil en el piedemonte caqueteño fracasó, y con ella el modelo de encomienda: no había fuerza de trabajo indígena controlable, el oro de Mocoa daba poco, y los caminos hacia Pasto y Quito eran tan malos que ninguna empresa privada podía sostenerse. Lo que la Corona no consiguió, sí lo intentaron las misiones. Los franciscanos avanzaron sobre el sur en los siglos XVII y XVIII, pero su labor se vio saboteada por un fenómeno que anticipa mucho de lo que vendría: la "saca" de indios, es decir, la esclavitud y trata auspiciada incluso por autoridades de Popayán. Antes del caucho hubo ya un mercado colonial de cuerpos indígenas que hizo imposible la evangelización sedentaria.

A comienzos del siglo XX, el Estado colombiano volvió a delegar en la Iglesia lo que no podía hacer por sí mismo. En 1905 se estableció la Prefectura Apostólica del Caquetá y Putumayo, y los capuchinos —bajo la larga sombra de fray Fidel de Montclar— asumieron funciones de colonización, apertura de caminos, escuelas y organización territorial. En la práctica, durante décadas fueron el poder civil de una región donde el Estado apenas existía como membrete.

El caucho y el infierno

Sobre ese piedemonte parcialmente misionado y ya conocido por la trata cayó, hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, la fiebre del caucho. La demanda mundial de látex convirtió los ríos Putumayo y Caquetá en zonas de explotación intensiva, y allí, entre las quebradas de La Chorrera y El Encanto, se instaló Julio César Arana y su empresa J. C. Arana & Hermanos, luego Peruvian Amazon Company. La Casa Arana no fue una anécdota siniestra: fue un sistema.

Su método era el peonaje por deudas, montado sobre una violencia que rebasó cualquier cálculo económico. A los indígenas se les obligaba a trabajar sin descanso, se les robaban las cosechas, las mujeres y los hijos; se les azotaba hasta dejarles los huesos al aire; a los niños se los estrellaba contra los árboles; a personas vivas se las quemaba con parafina. Las deudas se heredaban, las madres recurrían a prostituir a sus hijas para pagar, y la servidumbre era, en los hechos, perpetua. El terror y la deuda operaban juntos: uno inmovilizaba, la otra encadenaba.

El pueblo murui fue uno de los más golpeados. La violencia cauchera empujó a los sobrevivientes río Caquetá arriba, hacia el territorio de sus antiguos enemigos, los koreguaje, con quienes hicieron las paces bajo el peso común del desastre. Es un dato que dice mucho: en la selva amazónica, la Casa Arana logró lo que ninguna diplomacia había conseguido —alianzas entre pueblos rivales— al precio del exterminio.

Hubo denuncias. En 1907, en Iquitos, Benjamín Saldaña Roca presentó al juzgado un escrito acusando a las compañías de Arana del asesinato sistemático de indígenas, y advirtiendo que los jueces de paz locales eran empleados de esas mismas compañías, de modo que era imposible instruir sumario alguno. Es la primera formulación jurídica de un problema que se repetirá en el Caquetá durante un siglo: cuando el Estado no llega, el que llega —empresa, guerrilla, ejército— es a la vez juez y parte.

Más tarde vino la denuncia literaria. José Eustasio Rivera, que recorrió la región como parte de trabajos oficiales de fronteras, publicó en 1924 La vorágine. La novela nació, en parte, de su indignación frente a la indiferencia del Congreso ante los informes y cartas que había enviado; era denuncia, sí, pero también diario de poeta, libro de aventuras y crónica de viaje, y eso le permitió sobrevivir a su época. "Los devoró la selva" cerró el libro y una idea: la del Putumayo y el Caquetá como territorio "vacío", disponible, sin dueños, listo para la próxima explotación. Esa idea —falsa, porque el territorio estaba lleno de gente— resultó extraordinariamente productiva: justificó cada abandono estatal siguiente.

De la caucha a la vaca: colonización campesina

Terminado el ciclo del caucho, el Caquetá no volvió a la paz. Los indígenas que sobrevivieron o escaparon quedaron a menudo atrapados en nuevas dependencias con comerciantes locales que controlaban el acceso a la sal, las telas, las herramientas, y que reproducían por vía del monopolio y la especulación la lógica del endeude practicada por los caucheros. El extractivismo cambió de escala, no de gramática.

Sobre ese piedemonte fue llegando, a lo largo del siglo XX, otra ola: la del colono. Colombia vivió tres grandes oleadas de colonización entre mediados del siglo XIX y el fin del XX. La primera, desde 1850 hasta comienzos del XX, fue de campesinos sin tierra que huían del régimen de hacienda. La segunda, brutal, coincidió con La Violencia: entre 1948 y los años sesenta, la persecución bipartidista y la ofensiva estatal contra enclaves campesinos —El Pato, Riochiquito, Marquetalia— arrojaron oleadas de familias hacia zonas periféricas como Caquetá, Guaviare y Norte de Santander. Entre 1950 y 1960, Nariño y Tolima fueron los grandes expulsores; Boyacá, también. Sus expulsados se asentaron sobre todo en Putumayo y Caquetá.

El Partido Comunista organizó una parte de esa marcha. Sus "columnas de marcha" abrieron frentes de colonización desde la sierra de La Macarena hacia el Alto Guayabero, El Pato, el Caguán y el río Caquetá, con campesinos que llegaban armados y con formas de organización probadas en el enfrentamiento con el Ejército. No era todavía guerrilla en sentido moderno, pero tampoco simple colono: era un campesinado que había aprendido que sin autodefensa no había parcela.

La colonización caqueteña estuvo protagonizada, entonces, por campesinos pobres sin tierras; pero su desenlace estructural fue el contrario de lo prometido. Los estudios del INCORA en los años sesenta ya lo advertían: la colonización, lejos de democratizar la propiedad, producía en el Caquetá una notable concentración de la tierra en manos de grandes latifundistas ligados a la ganadería. El colono tumbaba monte, sembraba pastos, se endeudaba, vendía barato al comerciante o al hacendado, y volvía a empezar más adentro. La frontera avanzaba, pero la desigualdad avanzaba con ella. El patrón —migración, colonización, conflicto, nueva migración— se repetiría durante décadas.

Las FARC bajan al Caguán

En 1964, la Operación Marquetalia lanzó al Ejército contra los enclaves campesinos del sur del Tolima. De aquella campaña, y de los grupos armados de autodefensa que sobrevivieron a ella bajo influencia del Partido Comunista, nacieron las FARC. Una de las columnas se replegó hacia el Alto Guayabero y, siguiendo el mismo movimiento que ya venían haciendo los colonos, se extendió por El Pato, el Caguán y el río Caquetá. Manuel Marulanda Vélez —Tirofijo—, campesino de Génova y comandante nato, encarnó esa continuidad entre autodefensa comunista, colonización armada y guerrilla.

Desde el comienzo, las FARC no fueron sólo un ejército: fueron también un intento de crear una legalidad alternativa a la del Estado, con reglas para el uso de la tierra, la resolución de conflictos vecinales y la seguridad rural. Promovieron colonizaciones armadas ligadas a esa idea, aunque en la práctica los núcleos resultantes solían ser difíciles de distinguir de los colonos comunes. En regiones como el Caguán y el bajo Caquetá, esa fusión entre guerrilla y frontera de colonización se volvió estructural: la organización ofrecía protección, arbitraje y cierto orden allí donde el Estado no tenía nada que ofrecer.

Hacia mediados de los ochenta, tras la desmovilización o derrota del M-19 y el EPL en el departamento, las FARC quedaron como la única guerrilla activa en el Caquetá, en un espectro de izquierda cada vez más monolítico, junto al Partido Comunista y a la organización campesina Sinpeproagrica. El Bloque Oriental, con presencia en Meta, Guaviare y Caquetá, llegaría a ser uno de los más numerosos de la organización —cerca de 9.387 combatientes, según estimaciones estatales— y su comandante, Jorge Briceño Suárez, el Mono Jojoy, convertiría los llanos del Yarí y el bajo Caguán en su zona de movilidad más confiable.

La coca lo cambia todo

La tercera oleada de colonización, desde finales de los años setenta, ya no llegó con hacha sino con semilla de coca. Entre 1977 y 1987, la introducción del cultivo transformó a Caquetá, Putumayo y Guaviare en imán de una migración que no venía sólo de las regiones tradicionalmente expulsoras, sino de todo el país. La coca resolvía en un solo golpe los tres problemas del colono: ofrecía un cultivo que soportaba la lejanía, un comprador que llegaba hasta la finca, y un precio que ninguna otra cosecha podía igualar.

La región cambió de escala. Cartagena del Chairá, Solano, San Vicente del Caguán y decenas de caseríos ribereños se convirtieron en centros de una economía que funcionaba a la vez fuera y dentro de la ley: fuera, porque el producto era ilícito; dentro, porque en el terreno la coca operaba con reglas fijas, precios visibles y contratos verbales que se cumplían bajo el arbitraje armado de las FARC. La guerrilla no controlaba el negocio de arriba abajo, pero regulaba el mercado local: fijaba pesos, dirimía disputas, cobraba gramaje, protegía cultivadores y rutas. La coca no creó a las FARC —ya existían—, pero les dio una base financiera y social sin la cual su expansión de los noventa habría sido impensable.

El Estado respondió, como siempre, tarde y por vía militar. A las marchas cocaleras campesinas de mediados de los noventa —que exigían negociación, sustitución con inversión y respeto a las comunidades— siguió la fumigación masiva y el incumplimiento de más del 60% de los acuerdos pactados en el Caquetá, mientras varios líderes del proceso eran asesinados y las zonas cocaleras se militarizaban. En paralelo, entre 1989 y 1994, cerca de 1.115 personas fueron asesinadas por motivos políticos en la región: colonos, pequeños campesinos, indígenas, muchos de ellos en el marco del desplazamiento forzado y del creciente valor especulativo de la tierra, que a lomo de la coca y de la ganadería estaba rediseñando la estructura agraria.

En 1992, la Comisión de Superación de la Violencia sintetizó el diagnóstico: colonización descontrolada, aceleración por coca, ineficiencia absoluta del Estado y vacíos de poder llenados por guerrillas y paramilitares. No era metáfora: era la descripción exacta del Caquetá.

El Caguán, laboratorio y espejismo

En 1998, el presidente Andrés Pastrana entregó a las FARC-EP una zona desmilitarizada de 42.000 kilómetros cuadrados, que abarcaba cinco municipios entre Meta y Caquetá: La Macarena, Mesetas, Uribe, Vista Hermosa y San Vicente del Caguán. La medida se tomó como gesto de buena voluntad antes de que arrancaran los diálogos formales, en enero de 1999, y antes incluso de que la agenda estuviera definida.

La zona de distensión del Caguán fue, durante tres años y dos meses, el experimento territorial más audaz —y más problemático— de la historia reciente colombiana. San Vicente del Caguán se convirtió en un extraño centro diplomático al que llegaron delegaciones internacionales, periodistas, empresarios y facilitadores. La agenda común, acordada el 6 de mayo de 1999, puso sobre la mesa nada menos que la totalidad del marco normativo del país, incluidas sus estructuras socioeconómicas: una ambición que el sociólogo Daniel Pécaut resumió con dureza al decir que el Gobierno "de entrada quemó todas sus naves".

Mientras tanto, sobre el terreno, la ambigüedad era total. Las FARC utilizaron el despeje para fortalecerse militarmente, mantener secuestrados, entrenar reclutas, ampliar cultivos de coca, cobrar extorsiones en zonas vecinas y planear operaciones ofensivas fuera del área. Desde el propio Caguán expidieron actos normativos como la Ley 002 de 2002, que establecía un impuesto obligatorio sobre patrimonios altos: la aspiración explícita de gobernar como Estado. Ni ellos consolidaron la región como territorio propio, ni el Estado mantuvo presencia hegemónica; los pobladores quedaron sometidos a una regulación estatal precaria y a un orden de guerra impuesto por la guerrilla.

El proceso se resquebrajó por dentro y por fuera. El 26 de mayo de 1999, el ministro de Defensa Rodrigo Lloreda renunció en protesta por el uso que las FARC hacían de la zona; su renuncia fue descrita entonces como "la expresión más aguda" de la fractura entre el poder civil y las Fuerzas Militares. El diálogo se llevó a cabo sin cese bilateral del fuego, en medio de acciones armadas que iban desde el forcejeo con el Batallón de Cazadores hasta paros armados en el Putumayo. El país entero, que había apostado por la paz en 1998, empezó a pedir mano dura. Cuando el Ejército retornó a la zona de distensión en las últimas semanas del gobierno Pastrana, el proceso ya había muerto en la opinión pública; en agosto de 2002, Álvaro Uribe Vélez llegó a la Casa de Nariño con un mandato explícito contra las FARC.

El Caguán es hoy el nombre de un doble fracaso. Fracaso del Estado, que cedió soberanía formal sin asegurar reciprocidad. Y fracaso de la guerrilla, que ante la oportunidad histórica de mostrar un orden alternativo legítimo, replicó la lógica extractiva y coercitiva de los poderes que decía combatir. En 1928 la selva devoraba a los caucheros; en 2002 se comió el proceso de paz.

Plan Patriota: la guerra entra al bajo Caquetá

En 2003, Uribe lanzó el Plan Patriota, la operación contraguerrillera más grande desde los años sesenta. Diseñado desde el Comando Sur estadounidense, con participación de militares y contratistas de ese país en planeación y logística, buscaba recuperar los llanos del Yarí y el río Caguán —retaguardia estratégica de los Bloques Sur y Oriental de las FARC— y desarticular la economía cocalera que financiaba a Alfonso Cano, al Mono Jojoy y a Manuel Marulanda en su último tramo.

La ofensiva llegó hasta caseríos que muchos colombianos nunca habían oído nombrar. En 2004, Peñas Coloradas, un pueblo cocalero levantado a orillas del Caguán, fue desalojado en su totalidad al llegar el Ejército; también quedaron vacías veredas vecinas como Flandes, El Venado, Ánimas, Cumarales y Laguna Verde. Sobre el desplazamiento circulan tres versiones que dicen, juntas, más que cada una por separado: unos cuentan que el Ejército exigió desocupar las viviendas para operaciones; otros, que la guerrilla advirtió a los pobladores que se fueran antes de que llegaran los soldados; otros más, que la propia comunidad decidió irse por miedo a ser señalada como auxiliadora o a quedar entre dos fuegos. Las tres pueden ser ciertas a la vez: en el bajo Caquetá, salir del propio pueblo era, para el año 2004, un cálculo de supervivencia.

El Plan Patriota golpeó, pero no cerró el ciclo. Hacia 2004, las FARC se habían adaptado en buena parte a la reorientación estatal, y el propio ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, admitió que era necesario ajustar la estrategia. La guerra siguió, ahora con una diferencia importante: por primera vez el Estado sostenía presencia militar continua en zonas que había considerado inaccesibles. En 2008, la Operación Jaque, ya bajo Uribe, liberó del cautiverio de las FARC a Íngrid Betancourt y a otros catorce secuestrados en el sur del país, en un golpe simbólico que marcó el declive de una organización que hasta entonces había hecho del secuestro un arma estratégica.

Florencia y las capas del tiempo

Aunque este relato ha corrido casi todo por los ríos, el Caquetá también tiene ciudades. Florencia, su capital, fue fundada a fines del siglo XIX en el piedemonte, sobre las trazas de misión y colonización cauchera, y creció al ritmo de las oleadas: en los años treinta como puerto de contacto entre el Huila y la selva; en los cincuenta y sesenta como refugio de campesinos huyendo de La Violencia; en los ochenta y noventa como cabecera administrativa de una economía cocalera que la superaba; en los dos mil como retaguardia de operaciones militares. Belén de los Andaquíes conserva en el nombre la memoria del pueblo indígena de lengua chibcha que allí resistió; Puerto Rico y San Vicente del Caguán se hicieron nudos de la ganadería y la coca; Cartagena del Chairá fue, durante buena parte de los ochenta y noventa, capital extraoficial del negocio en el bajo Caguán; Solano y La Tagua abren la ruta hacia Araracuara y el gran Caquetá amazónico, ya en las márgenes del despeje selvático.

Cada uno de esos nombres es una capa. Florencia habla del capuchino y del comerciante; San Vicente, del hato ganadero y del helicóptero de la paz; Cartagena del Chairá, del raspachín y la lancha; Peñas Coloradas, del desplazamiento; Belén, del andakí desaparecido. Un mapa del Caquetá bien leído es un mapa del tiempo colombiano.

Posacuerdo: la coca, otra vez, y las mujeres que no callaron

El 24 de noviembre de 2016, el gobierno de Juan Manuel Santos firmó con las FARC-EP el Acuerdo Final de Paz. El Caquetá, uno de los departamentos donde la guerrilla había sido más fuerte, se convirtió en escenario privilegiado de la implementación: en veredas como La Novia, Reina Baja y La Montañita, las comunidades se reunieron en talleres a discutir sobre todo los capítulos 1 y 4 del acuerdo, los que tocaban su vida cotidiana: reforma rural integral y drogas ilícitas.

La implementación llegó de nuevo tarde y coja. Hacia finales de 2018, cerca de 702 líderes y activistas sociales habían sido asesinados en el país desde la firma del acuerdo, incluidos 135 excombatientes de las FARC. Muchos de esos muertos cayeron en departamentos como Caquetá, donde el vacío dejado por la desmovilización no fue ocupado por el Estado sino por disidencias, bandas ligadas al narcotráfico y actores armados menores.

En el corazón del problema seguía la coca. Los campesinos cocaleros del Caquetá no se oponen a sustituir la mata, pero exigen que lo que la reemplace produzca lo mismo que ella producía: ingresos suficientes para vivir, no para prosperar. Cuando la sustitución no cumple —cuando el proyecto productivo no llega, cuando la vía terciaria sigue rota, cuando el intermediario legal paga menos que el ilegal—, los campesinos vuelven a sembrar, y con ellos regresan quienes regulan el mercado. Es la vieja lógica de la frontera interna, aplicada al siglo XXI.

En medio de esa incertidumbre, algo cambió. Las mujeres de las veredas del Caquetá empezaron a denunciar públicamente la violencia y la criminalización asociadas a la erradicación, y sus organizaciones campesinas construyeron regulaciones comunitarias propias para proteger la selva, ordenar el uso de la tierra y sostener la vida en un contexto de conflictos y violencias persistentes durante más de cincuenta años. Es un dato que obliga a corregir el relato: los pueblos indígenas que se aliaron entre sí bajo la Casa Arana, los colonos que abrieron trocha por el Alto Guayabero, los campesinos que negociaron con el Estado desde las marchas de los noventa, y las mujeres que hoy denuncian y organizan, no fueron nunca meros receptores de violencias venidas de afuera. Fueron —son— agentes que construyeron órdenes propios, muchas veces frágiles, muchas veces contradictorios, en el intersticio entre una soberanía estatal nominal y un autogobierno territorial siempre inconcluso.

Una frontera que no cierra

Del andakí al cauchero, del cauchero al colono, del colono al guerrillero, del guerrillero al cocalero, del cocalero al firmante del acuerdo: el Caquetá es una sucesión de reincorporaciones desde afuera sobre un territorio que nunca dejó de ser habitado desde adentro. Cada ciclo económico —caucho, ganadería, coca— depositó violencia sobre el anterior y reconfiguró la estructura agraria en favor de actores externos: caucheros peruanos, ganaderos huilenses, narcotraficantes, terratenientes. El Estado llegó tarde y por la vía militar; el mercado llegó primero y con sus propias reglas.

La búsqueda de personas desaparecidas, hoy, se topa con las mismas dificultades que se topó la denuncia de Saldaña Roca en 1907: expedientes fragmentados, procesos que no se integran, testigos que temen, victimarios que se saben protegidos por la distancia y por el nombre "vacío" de la selva. Y sin embargo, aquí y allá, en Peñas Coloradas retornada, en las veredas de La Montañita, en las juntas de acción comunal de Cartagena del Chairá, en las escuelas witoto de Solano, hay un país que sigue rehaciéndose a mano.

La frontera del Caquetá no se cerrará por decreto ni por ofensiva militar ni por firma en La Habana. Se cerrará —si alguna vez se cierra— el día en que la ausencia estructural del Estado deje de ser la condición de posibilidad del próximo ciclo, y el orden que ya han construido los de abajo sea, por fin, reconocido como lo que es: no un residuo del atraso, sino la única forma de soberanía que aquel territorio ha conocido de verdad.

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tierra en Colombia (1980-2000)Ensayo1991GuaviareEntidad1991La Constitución de 1991 y la paradoja del Estado constitucional sin EstadoEnsayo1991Pentecostalización rural en zonas de conflicto (1991–2002)Hecho1991Soberanía fragmentadaEntidad1991VaupésEntidad1994Colonización campesinaEntidad1995Apertura económica de 1990-91 y auge cocaleroEnsayo1995Jorge Briceño (Mono Jojoy)Entidad1996Las marchas cocaleras y la frontera agraria (1996–2000)Hecho1996Sustitución de cultivosEntidad1997San José de ApartadóEntidad1998Andrés Pastrana ArangoEntidad1998Diálogos del Caguán y zona de despeje (1998–2002)Hecho1998El Plan Colombia (1999–2002)Hecho1998MitúEntidad1998Zona de despejeEntidad1999Asesinato de Jaime GarzónHecho1999El PlacerEntidad1999Jaime GarzónEntidad2000El Caguán (1998-2002)Ensayo2000GlifosatoEntidad2000Plan ColombiaEntidad2000Plan Colombia (1999)Ensayo2000Plan Colombia y soberaníaEnsayo2000San Vicente del CaguánEntidad2001Fumigaciones aéreas con glifosato, efecto globo y desplazamiento cocalero (2001–2008)Hecho2001George W. BushEntidad2002Doctrina militarEntidad2002Íngrid Betancourt PulecioEntidad2002Ruptura del Caguán, masacre de Bojayá y elección de Uribe (2002)Hecho2002Seguridad Democrática (2002–2016)Época2003Carlos Mario Jiménez NaranjoEntidad2003Cultura popular y narco-violencia en ColombiaEnsayo2006Seguridad DemocráticaEntidad2008Raúl ReyesEntidad2011Alfonso CanoEntidad2012Acuerdo Final de La Habana y Plebiscito por la Paz (2016)Hecho2013Soberanía alimentariaEntidad2016Asesinato sistemático de líderes sociales y excombatientes en el posacuerdo (2016–2022)Hecho2016Historia oralEntidad2016Iván MárquezEntidad2016Paz territorialEntidad2016Reforma Rural IntegralEntidad2016ReincorporaciónEntidad2016Rodrigo LondoñoEntidad2017Disidencias de las FARC y reconfiguración del conflicto armado (2017–2022)Hecho2017Fracaso del PNIS (2017–2022)Hecho2018Sentencia STC 4360 de 2018: la Amazonía como sujeto de derechosHecho2019Bombardeo de Caquetá y muerte de menores reclutados (2019)Hecho2019Iván MordiscoEntidad2020Violencia selectiva contra el liderazgo social rural en Colombia (1970–2024)Ensayo
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Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

55 documentos · 68 fragmentos
01
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 165
1 cita
[1]

de la cordillera Central. La producción de café es el princi- pal recurso del departamento, a pesar de que su población es mayoritaria- mente urbana. Se cultiva también ca- ña de azúcar, plátano, papa, arroz, frí- jol, etcétera. En los valles del Risaralda y del Magdalena se ha desarrollado la gana- dería vacuna. Los…

p. 165
02
Caquetá: una autopsia sobre la desaparición forzadaHelka Quevedo Hidalgo · 2018 · p. 26
1 cita
[2]

debe superar varios desafíos. Entre estos está, por ejemplo, ver, encontrar e integrar en los sistemas de información, los expedientes y los procesos ju- diciales, la vida e historia de esas personas que han sido reporta- das como desaparecidas; escuchar y planear su búsqueda con las familias; y dialogar y reconstruir…

p. 26
03
Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 171, 178
2 citas
[3]

su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…

p. 171
[26]

5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…

p. 178
04
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 42
1 cita
[4]

23 6 23. Valle del Cauca 21.245 105,6 42 387 83 11 ii. Intendencias 139.289 1,3 13 69 13 4 1. Arauca 23.490 1 2 25 2 - 2. Caquetá 90.185 1,2 7 25 6 1 3. Putumayo 25.570 2,2 3 17 5 3 4. San Andrés y Providencia 44 380,3 2 2 - - iii. Comisarías 388.900 0,2 4 8 24 1 1. Amazonas 121.240 0,1 1 - 7 1 2. Guainía 78.065 0,1 -…

p. 42
05
Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 78
2 citas
[5]

reflejaron en grandes áreas, con manifestaciones locales en todos los niveles (Flórez, 2003; IGAC, 1977; IGAC, 2005). Aunque en la escala amplia se puedan trazar límites teóricos que separan esquemáticamente regiones naturales, es necesario plantear que siempre han existido conexiones directas entre ellas y las…

p. 78
[6]

reflejaron en grandes áreas, con manifestaciones locales en todos los niveles (Flórez, 2003; IGAC, 1977; IGAC, 2005). Aunque en la escala amplia se puedan trazar límites teóricos que separan esquemáticamente regiones naturales, es necesario plantear que siempre han existido conexiones directas entre ellas y las…

p. 78
06
Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 62
1 cita
[7]

a una intensa colo- nización, creándose muchísimos pueblos nuevos y construyéndose numerosas carreteras. Además, la población autóctona, nacida en el Llano, se está equilibrando con la foránea y busca caminos para seguir sus propios rumbos, Un indio muinane, de la Región Amazónica, ingiriendo coca. En esta región,…

p. 62
07
Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 83
1 cita
[8]

witotos relatan anti- guos viajes a los Andes, donde personajes en figura de trueno intentaban retenerlos para sacrificarlos y comerlos. El piedemonte estaba ocupado básicamente por grupos de lengua tucano occidental, desdeel río Napo hasta las riberas del Caguán, y posible- mente allende hasta el Guaviare. Los…

p. 83
08
Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 6
1 cita
[9]

con parafina para que los empleados disfruten con su desesperada agonía. Hoy en día los pueblos indígenas Uitoto, Coreguaje, Inga y los que llegaron en los últimos años, Emberá Chamí y Paeces, recuperan y fortalecen las costumbres ancestrales en sus territorios, como una forma de resistencia para dejar en el pasado la…

p. 6
09
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 43
1 cita
[10]

ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…

p. 43
10
Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 275, 301
2 citas
[11]

de los Andaquíes, también en el departamento del Caquetá, en 1917. 2 Fraile capuchino de origen catalán. Fue nombrado prefecto apostólico del Caquetá y Putuma- yo desde 1905 y permaneció en la región hasta 1928. 3 Jacinto María De Quito, Relación de viaje en los ríos Putumayo, Caraparaná y Caquetá y entre las tribus…

p. 275
[12]

este sentido, el análisis de Deborah Poole sobre la importancia que tuvieron las imágenes en la configu- ración de las ideas relacionadas con las diferencias raciales y culturales puede resultar sugerente: las fotografías que se presentan en los informes propician la comparación de las diferencias entre indios y…

p. 301
11
Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 34, 237
2 citas
[13]

de sus 237 Fragmentos para una historia económica y sociocultural de las caucherías en el Putumayo agentes y los castigan de un modo, el más inhumano. Solo por el miedo espantoso que les infunden, logran tenerlos sujetos. No hace mucho que el colombiano Manuel Quintana refirió el siguiente hecho a uno de los…

p. 237
[16]

de hombres, mujeres y de niños, porque dicha trata ha sido, quizá, la que mayor destrucción ha generado en el conjunto de la región. En ocasiones, tanto la trata humana como la sujeción y el cautiverio se han camuflado en re- laciones paternalistas y de servidumbre, lo mismo que bajo la apa- rente legalidad del pago…

p. 34
12
Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 49
1 cita
[14]

se internan en la selva, solamente con algunas porciones de fariña (arepa extraída de la yuca brava), que ellos mismos producen. Para procurarse algunas monedas, los indios deben venderle la fariña a un par de comerciantes que trafican allí amparados por los caucheros. Uno de éstos llegó como guardián al penal,…

p. 49
13
El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 416
1 cita
[15]

un siglo. Ni siquiera la muerte liberaba al cauchero, pues sus obligaciones pasaban por ley a sus hijos, que heredaban las deudas de sus padres; las madres desesperadas arrojaban 417 Eí ndi a las hijas a la prostitución. Era, de hecho, una forma de servidumbre bajo la cual el capataz esclavizaba no sólo al hombre,…

p. 416
14
Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Segunda parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 176
1 cita
[17]

Chorrera” las osamentas de lo millares de in- dias que se han asesinado, se hace indispensable que el juzgado se constituya en esas secciones a fin de que realice una visita ocular a la brevedad posible, antes de que hagan desaparecer las osamen- tas de las víctimas. Otro sí, digo: Que ninguna de las diligencias de…

p. 176
15
Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 172
1 cita
[18]

Congreso a los caucheros imperialistas — trasnaciona- les— que practicaban aún el esclavismo. Pero quedó todavía más indignado frente a la indiferencia de los parlamentarios y legisladores colombianos, encerrados en la alta sabana de Bogotá, mientras los límites —la realidad— se desparramaba incontrolable hacia los…

p. 172
16
Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 201
1 cita
[19]

e incendiaria, la obra de Vargas Vila alcanzó gran popularidad, pero apenas sobrevive hoy como referencia de una singularidad sobredimensionada. La novela del siglo XX El siglo XX significa para Colombia la consolida- ción de su novelística a nivel internacional y el desprendimiento del género de sus lastres román-…

p. 201
17
Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 666
1 cita
[20]

en el aspecto de cr í tica social, que Rivera enmarc ó en las descripciones del paisaje ■ y de las costumbres campesinas e ind í genas. Los personajes de las novelas de Uribe Piedrahita siguen muy de cerca los modelos de La vor á gine. Como é sta, To á presenta dos planos: el amor de los protagonistas (el poeta y…

p. 666
18
Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 45
1 cita
[21]

beyond documented the potential of this ‘empty’ frontier zone for exploitation and development and surrounding nations scrambled for control of its wealth of tropical products. As mentioned in the introduction, Serje has argued that Colombia’s wild natural expanses, including the Putumayo, have often been conceived of…

p. 45
19
Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 58, 61
2 citas
[22]

niveles y la magnitud de esta resistencia dependieron, asimismo, del tipo de relaciones de producción que caracterizaban a cada región: relaciones y estructura de clase, contingencia política, ritmo de inte- gración de la región al sistema capitalista global y función de las insti- tuciones del Estado. Colombia…

p. 58
[38]

la renta que cobraban por concepto de protec- ción a las multinacionales e impedir su influencia política entre el cam- pesinado. Entre 1989 y 1994, 1.115 personas fueron asesinadas por motivos políticos (los índices más altos de la región). La mayoría de las víctimas eran colonos, pequeños campesinos e indígenas,…

p. 61
20
Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 509
1 cita
[23]

y conflicto La extrema pobreza en muchas regiones campesinas y sectores urbanos, así como la exagerada concentración de tierras en nuestro país, alimentaron el alto número de personas que se aventuraron a colonizar el piedemonte amazónico desde mediados del siglo XX. Dicha ocupación ha consistido en un largo proceso…

p. 509
21
Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 387
1 cita
[24]

Atlas de economía colombiana, 1960. Capítulo 14 387 388 Nueva Historia de Colombia. Vol. III Danza indígena, ilustración a la novela "Toá", de César Uribe Piedrahíta, publicada en 1933, con denuncias sobre matanzas de indígenas organizadas por los caucheros de la selva amazónica. apreciaba un movimiento interno de…

p. 387
22
Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 423
1 cita
[25]

in this region, and, later, the government set limits on expansion during the years 1960 to 1970. The other column originally headed toward the Alto Guayabero and then spread out toward El Pato and Caguán and eventually, toward the Caquetá River. The columns split up because of their need to survive, but they did not…

p. 423
23
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 48
1 cita
[27]

con las amazónicas 86 y desarro- llaron «ganaderías vacunas y cultivos de plátano y hortalizas» 87, dando comienzo a la reconfiguración territorial y productiva. Un colono campesino le contó a la Comisión su origen y el de su familia: «[Soy] un hijo de colonos por parte de mi padre, quien nació aquí en Florencia,…

p. 48
24
El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 332
1 cita
[28]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
25
El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 332
1 cita
[29]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
26
Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 39
1 cita
[30]

que agrupaban a la pobla- ción, la mayoría de ellos familiares, paisanos, compañeros de colonización o expulsados de la violencia. Utilizaban el esquema de autodefensas campesinas como forma de protección contra la persecución del Estado o de miembros de partidos políticos antagonistas. Los habitantes de estas…

p. 39
27
Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 290, 294
2 citas
[31]

y el Gobierno porque ese dinero lo pone la gente, no la guerrilla. [… ] En Cartagena del Chairá, después de acabada la Zona de Distensión, destruyeron la infraestructura, las vías que la gente había hecho con plata de su propio bolsillo, la guerrilla actuó como coordinadora, pero la guerrilla no pone plata para eso.…

p. 294
[37]

quien mayor incidencia tiene en el abandono de tierras, porque cuenta con una mayor presencia. El dispositivo de la guerrilla de las Farc consiste en dos columnas móviles. Una de ellas la Teófilo Forero, encargada del narcotráfico en el departamento del Huila 320. Hay también un interfrente (Caguán), con influencia en…

p. 290
28
Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 144
1 cita
[32]

two main e ff ects. Much of the M-19 in the department accepted amnesty and demo- bilized, and the remainder, along with the much smaller EPL, was defeated militarily and had virtually no presence in the department after 1985. This created a near-monolithic Left in Caquetá, as the FARC was the only guer- rilla group,…

p. 144
29
Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 114
1 cita
[33]

la zona del Bloque Oriental no solo se encontraba el corazón de las Farc-EP, sino lo que se podría considerar su zona de movilidad más confiable a nivel nacional y la zona más segura con que contaron las Farc-EP. Mapa 19. Municipios atacados por las Farc-EP en el 2001 Página 114 Fuente: Fundación Paz y Reconciliación…

p. 114
30
Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 36, 96
2 citas
[34]

to one of the guerrilla’s seven blocks. The material suggested the Eastern Block alone housed 20 REVOLUTIONARY SOCIAL CHANGE IN COLOMBIA 9,387 combatants (Colombia Reports, 2008a). Again, this highlights that the FARC-EP is much larger than popular accounts have suggested. 7 State sources claimed the number of FARC-EP…

p. 36
[40]

fronts extended throughout the country, only a minority have a coca industry in their territory (Clawson and Lee III, 1998: 179). 10 Rochlin (2003: 100, 137), too, pointed out that “not all members of fronts of the FARC have been involved in the illicit drug trade.” Arguably this is based on the premise that sectors…

p. 96
31
El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 143
2 citas
[35]

desplegó la presencia de las FARC. Así analizó la situación del departamento la Comisión de Superación de la Violencia en su informe publicado a inicio de 1992. La problemática (…) del departamento gira sobre dos grandes ejes: por un lado, una colonización de territorio amazónico fuera de control que en los últimos…

p. 143
[36]

desplegó la presencia de las FARC. Así analizó la situación del departamento la Comisión de Superación de la Violencia en su informe publicado a inicio de 1992. La problemática (…) del departamento gira sobre dos grandes ejes: por un lado, una colonización de territorio amazónico fuera de control que en los últimos…

p. 143
32
Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 28
1 cita
[39]

región en las últimas dos décadas del siglo XX. Igual ocurre al revi- sar estudios académicos e institucionales que, de una parte, se concentran en una configuración territorial a partir de la eco- nomía ilegal de la coca y su relación con los grupos armados y el narcotráfico (Ramírez, 2001; Observatorio de Derechos…

p. 28
33
Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 245
1 cita
[41]

Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013 ses, se estaba fumigando sin ninguna consideración. La situación empeoró con el asesinato de varios de los líderes de la marcha y con el ingreso en 1997 de las auc a la zona, donde formó el Frente Héroes del Guaviare. El Caquetá no vivió una realidad…

p. 245
34
At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 225
1 cita
[42]

they are not opposed to its substitution for another livelihood strategy, including other agricultural crops, whatever replaces coca must at least provide enough income to meet their house- hold survival needs as coca did in the past. Otherwise, they may be forced to go back to producing it, which would then create…

p. 225
35
Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 120, 159
2 citas
[43]

inep, (1990); Medina Gallego & Téllez Ardila, (1994); Medina Gallego, (1990, pp. 127-231). 128 GUERRA A LAS DROGAS, ESCALAMIENTO Y GUERRA SUCIA La zona de despeje del Caguán, ¿una radiografía territorial de las FARC? La imagen fabricada y autofabricada de unas farc poderosas militarmente, entreverada con los vaivenes…

p. 120
[51]

del Estado. Pastrana: los límites de las políticas de paz El proceso de paz de Pastrana entró rápidamente en las rutinas del tire y afloje; la luna de miel que había comenzado en el último trimestre de 1997, en plena campaña electoral, terminó a mediados de octubre de 1998, a los dos meses de posesionado. Entre julio…

p. 159
36
Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 285
1 cita
[44]

definieron reglas de juego claras en la extensa región desmilitarizada, las f a r c utilizaron este inmenso territorio de alrededor de 42.000 kilómetros cuadrados — un territorio mayor a Holanda—, no solo para fortalecerse militarmente, sino para llevar a cabo toda suerte de acciones como mantener secuestrados,…

p. 285
37
Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 741
1 cita
[45]

citarlos, escuchar sus inquietudes en torno a las negociaciones con la guerrilla y aceptar parte de sus cuestionamientos. La zona de distensión se había convertido en un factor de permanentes tensiones: constantemente circulaban rumores de que allí se cometían tropelías en contra de la población, de que servía como…

p. 741
38
Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 323
1 cita
[46]

Departmental Assemblies —President Samper is acquitted by Congress —Peasant marches in Putumayo, Caquet á, and Guaviare concerning fumigation programs 1997 —Demilitarization of 14,000 square kilometers in Caquet á, to free soldiers captured by FARC —Internal displacement increases due to violence —The number of drug…

p. 323
39
Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 70
1 cita
[47]

La zona que fue establecida en octubre de 1988 y levantada el 21 de febrero de 2002, comprendía una superficie de 42.000 kilómetros cuadrados de los muni- cipios de La Uribe, Mesetas, La Macarena y Vista Hermosa en el departamento del Meta, y San Vicente del Caguán en Caquetá. 48 Con mayor presencia en Tibú,…

p. 70
40
Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 277
1 cita
[48]

ó entre 1996 y 1998, y llev ó a que en la elecci ó n de este a ñ o el can didato conservador Andr é s Pastrana fuera elegido contra el liberal 2 74 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Horacio Serpa, en buena parte porque las farc respondieron bien a sus gestos en favor de una negociaci ó n. É sta recomenz ó en enero de 1999…

p. 277
41
Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 30
1 cita
[49]

Extremadura que no podía ser objeto de acciones militares del Estado y el resto del país como terreno de guerra. Todo ello sin haberse iniciado los diálogos ni definido la agenda de los mismos. El decir del sociólogo franco-colombiano Daniel Pécaut fue que el Gobierno «de entrada quemó todas sus naves». Cuando, el 6…

p. 30
42
Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 331
1 cita
[50]

sobre todo militar, de miles de millones de dólares, que se conoció como el Plan Colombia, del año 2000. Los diálogos de paz del gobierno de Pastrana se llevaron a cabo en San Vicente del Caguán, en el departamento del Caquetá, uno de los municipios que hizo parte de la infame zona de despeje que el Gobierno les…

p. 331
43
Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 154, 165
2 citas
[52]

sobrevinieron tensiones tras las denuncias de abusos cometidos por las FARC-EP contra la población en la Zona de Distensión. Se agregaron hechos de presión de esta guerrilla contra autoridades civiles de la zona; de tal forma fueron afectadas la Alcaldía de La Macarena 273 Carta abierta de las FARC-EP al Presidente de…

p. 154
[57]

hasta el 20 de enero de 2002. Sin embargo, esta prórroga conllevó la imposición gubernamental de medidas de seguridad más estrictas en el entorno, como respuesta que la administración Pastrana justificó “ante las acciones violentas de las FARC-EP” 296. Las FARC-EP, en desacuerdo con estas disposiciones, afirmaron que…

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¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 114
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Fuerza Pública y el combate contra el narcotráfico, centrado en las fumigaciones. Contra el componente militar del Plan Colombia y su política de fumigaciones de los cultivos de uso ilícito, las FARC decidieron realizar el llamado paro armado en el departamento del Putumayo, en octubre del 2003, región en la que se…

p. 114
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Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 161
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pidió excusas, pero insistió en que tenía derecho a definir las sanciones a los responsables, y que en este caso los indigenistas habían entrado a la “zona de distensión” controlada por las FARC sin pedirles permiso. Posteriormente, en 2008, lograron que el presidente Chávez le pidiera a la Asamblea de Venezuela que…

p. 161
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No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 354, 471
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A eso se sumó que en marzo de ese 1999 el ELN pidió su propia zona de despeje en el sur de Bolívar, lo que causó una reacción en cadena de los alcaldes de esta región en contra de esa posibilidad y, más adelante, un verdadero movimiento influenciado por el Bloque Central Bolívar para evitar un diálogo con esa…

p. 354
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de Tarea Omega. El general (r) Ospina afirmó que la operación Libertad «acabó con el objetivo, que era Bogotá, y la Operación JM (en el sur) acabó con la retaguardia estratégica» de los guerrilleros: «Sin esto, las FARC-EP se quedaron sin plan, sin objetivo, sin retaguardia. Los jefes tuvieron que dispersarse, y así…

p. 471
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Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 215
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importante tener en cuenta que ni la guerrilla tenía consolidada la región que fue despejada ni tampoco el orden estatal fue hegemónico. Durante los tres años que duraron los diálogos, los pobladores de la zona se vieron sometidos a vivir en medio de una regulación de las instituciones estatales precaria y del orden…

p. 215
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¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 249
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contra el terrorismo". Tanto sus alocuciones como los documentos gubernamentales y oficiales sobre el conflicto político o armado en Colombia se hablaba exclusivamente de la "amenaza narcoterrorista". Este discurso se profundizó con los atentados del 11 de septiembre en los Estados Unidos, que alinearon más…

p. 249
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La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica, Fundación Prolongar · 2017 · p. 64
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no tenían. La creación de los batallones de alta mon- taña fue clave en el desarrollo de esta fase. Otro componente importante en el despliegue de la Políti- ca de Seguridad Democrática fue el desarrollo de “operaciones ofensivas”, en donde se realizó el Plan Patriota. Su objetivo fue recuperar el control de la…

p. 64
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Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 311
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y asistencia técnica, y para consultas sobre estrategia. Aun cuando es cierto que Colombia habría podido derrotar a las FARC sin la ayuda de los Estados Unidos, su colaboración contribuyó en medida considerable a los logros de Uribe. Uno de los principales analistas políticos colombianos estima en un 40 % la…

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y asistencia técnica, y para consultas sobre estrategia. Aun cuando es cierto que Colombia habría podido derrotar a las FARC sin la ayuda de los Estados Unidos, su colaboración contribuyó en medida considerable a los logros de Uribe. Uno de los principales analistas políticos colombianos estima en un 40 % la…

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El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 299
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terrorismo”. Al fin se oficializaba lo practicado desde la “Iniciativa Andina” del presidente 299 Capítulo XV George Bush, padre. El Congreso también aprobó el aumento de hasta 800 miembros de sus Fuerzas Especiales en Colombia, y eliminó el límite que existía sobre la cantidad de mercenarios contratados por las…

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terrorismo”. Al fin se oficializaba lo practicado desde la “Iniciativa Andina” del presidente 299 Capítulo XV George Bush, padre. El Congreso también aprobó el aumento de hasta 800 miembros de sus Fuerzas Especiales en Colombia, y eliminó el límite que existía sobre la cantidad de mercenarios contratados por las…

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Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 85
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general Castellanos, quien triunfó en Cundinamarca co- mandando la Operación Libertad Uno, el que ahora fracase usando la misma estrategia y al mando de la Fuerza de Tarea Omega en el sur del país, con un contexto de guerra diferente y en un terreno y condiciones socioeconómicas radicalmente opuestas a las de…

p. 85
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Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 397
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desplazamiento. En este año se presenta un desplazamiento masivo del caserío Peñas Coloradas que coincide con la llegada del Ejército a la zona en el marco del Plan Patriota. En este caserío se desplazó toda la población; y en veredas aledañas, Flandes, El Venado, Ánimas, Cumarales y Laguna Verde, también hubo…

p. 397
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Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 402
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a chance to learn from their questions, thoughts, and experiences during workshops organized by the communi - ties to discuss the peace agreement in the towns of La Novia, Reina Baja, and La Montañita. The purpose of these workshops was to explain and discuss chapters 1 and 4 of the accords, which deal with integral…

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La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 28
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Caquetá. Estrategias de resiliencia de las organizaciones campesinas en medio de la guerra”, analizare- mos las regulaciones comunitarias que han construido las orga- nizaciones campesinas para proteger el medio ambiente y habitar la Amazonía, así como los distintos repertorios económicos que han implementado para no…

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