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Ensayo · Constitución de 1991 · 1991–2002

El Caguán (1998-2002)

El proceso de paz del Caguán fue el intento negociador más ambicioso de Colombia con las FARC-EP: tres años, 42.000 km² de zona de distensión y ningún punto acordado. Su fracaso sigue siendo objeto de disputa: ¿error de diseño evitable o desenlace estructural inevitable que bifurcó la historia política del siglo XXI colombiano?

15 min de lectura3.150 palabras50 documentos69 fragmentos
El Caguán (1998-2002)
Actualizado 28 de julio de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

El Caguán no fue ni error puro ni determinación pura: un diseño institucional específicamente defectuoso —zona de distensión sin reglamentación escrita, agenda de doce puntos innegociable, ausencia de cese al fuego y de veeduría vinculante— amplificó un entorno estructural adverso (paramilitarismo con veto territorial probado, militarización de la ayuda estadounidense, cálculo de posiciones de fuerza de ambas partes) hasta cerrar progresivamente el margen de contingencia. El fracaso funcionó después como pedagogía negativa doble: legitimó electoralmente la Seguridad Democrática de Uribe y proporcionó, por inversión punto por punto, el manual metodológico con el que Santos y Jaramillo construyeron el proceso de La Habana, donde las condiciones estructurales —agotamiento guerrillero, aislamiento internacional, derrota militar de mandos históricos— sí habían cambiado lo suficiente para que el mismo cálculo de las FARC arrojara un resultado distinto.

La tensión

La tensión central enfrenta dos explicaciones causales incompatibles con consecuencias morales y políticas distintas. La lectura contingente (Tesis 2, 5, 9) sostiene que la zona de distensión sin reglamentación, la agenda enciclopédica del 6 de mayo de 1999, la silla vacía de Marulanda y la ausencia de tercero garante vinculante fueron decisiones evitables cuyo costo fue catorce años adicionales de guerra; si el diseño hubiera replicado las garantías centroamericanas, el proceso habría tenido oportunidad real. La lectura estructural (Tesis 1, 4, 12) replica que las FARC usaron la zona como retaguardia militar y laboratorio de poder local mientras el gobierno negociaba el Plan Colombia y cuadruplicaba su flota de helicópteros artillados, y que ningún rediseño institucional habría alterado ese doble cálculo de posiciones de fuerza; el post-11S eliminó además la distinción entre antinarcóticos y contrainsurgencia que restringía la ayuda estadounidense, cerrando el espacio geopolítico que hizo posibles los procesos centroamericanos. Una tercera línea de tensión (Tesis 6, 12, 14) cuestiona la lectura simétrica del fracaso: el paramilitarismo —que alcanzó sus mayores niveles de violaciones de derechos humanos durante los diálogos, vetó exitosamente la zona de despeje del ELN en el sur de Bolívar y ganó bastiones como Barrancabermeja entre 2000 y 2001— fue un actor estructural ausente de la mesa pero determinante en el terreno, y diluirlo en la responsabilidad compartida de FARC y gobierno distorsiona la causalidad. Finalmente, el debate sobre dependencia de trayectoria (Tesis 8, 9, 10, 13) divide a quienes ven el Caguán como mero fracaso que abrió a Uribe y a quienes lo leen como laboratorio cuyos errores hicieron posible 2016, con la pregunta de si un acuerdo temprano habría evitado el ciclo más letal del conflicto o simplemente desplazado sus determinantes autónomos.

Temas
Proceso de paz de La Habana (2012-2016)Seguridad Democrática y gobierno Uribe (2002-2010)Plan Colombia y militarización de la ayuda estadounidenseParamilitarismo y Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)Unión Patriótica y memoria del genocidio políticoZona de distensión y modelos comparados de negociación en América Latina
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Ensayo completo

La lectura

El Caguán

Entre el 7 de enero de 1999 y el 20 de febrero de 2002, el Estado colombiano cedió a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia un territorio de 42.000 kilómetros cuadrados —los municipios de San Vicente del Caguán, La Uribe, Mesetas, La Macarena y Vista Hermosa, repartidos entre Caquetá y Meta— para negociar el fin de una guerra que llevaba entonces treinta y cinco años. La zona de distensión, despejada de tropas por decisión del presidente Andrés Pastrana Arango, fue el escenario del intento negociador más ambicioso y más público que había emprendido el país. Tres años después terminó sin un solo punto acordado, con la guerrilla más fuerte que cuando empezó, con un candidato presidencial —Álvaro Uribe Vélez— a punto de ganar por primera vuelta con la promesa de acabar militarmente lo que Pastrana no había podido resolver hablando, y con la vía negociada desacreditada por al menos una década. ¿Fue el Caguán un error de diseño que pudo hacerse de otro modo, o el desenlace forzoso de un tablero estructural que ningún ajuste habría torcido?

Lo que se juega al responder no es un debate académico. Si el Caguán fue contingencia —ingenuidad presidencial, arquitectura defectuosa, oportunidad perdida por decisiones tácticas equivocadas—, entonces Colombia pagó con catorce años adicionales de guerra el precio de un mal diseño reversible: las víctimas del período 2002-2016, los desplazados, los falsos positivos, los secuestros masivos de la Ley 002 caben en la contabilidad del error evitable. Si, en cambio, fue determinación estructural —paramilitarismo expansivo, Plan Colombia, viraje geopolítico del 11 de septiembre de 2001, cálculo militar irreducible de las FARC—, la responsabilidad se difumina en fuerzas que ningún gobierno colombiano podía controlar, y el ciclo uribista posterior deja de ser la consecuencia política de un fracaso y se vuelve la respuesta racional a una imposibilidad.

La evidencia obliga a una lectura más precisa. El Caguán fue una bifurcación en la que un diseño institucional específicamente defectuoso amplificó —en lugar de amortiguar— un entorno estructural adverso, hasta cerrar progresivamente el margen de contingencia. Ni el diseño solo ni la estructura sola habrían bastado; su acoplamiento fabricó el fracaso, y ese fracaso funcionó después como pedagogía negativa doble: legitimó electoralmente la guerra total del uribismo y proporcionó, por inversión punto por punto, el manual metodológico con el que Juan Manuel Santos y Sergio Jaramillo construirían el proceso de La Habana entre 2012 y 2016.

Los términos del debate

La lectura contingente del fracaso insiste en las decisiones evitables. Señala que la zona de distensión se estableció sin reglamentación escrita, pública ni detallada; que no hubo mecanismos de veeduría internacional durante la mayor parte del proceso; que la Agenda Común por el Cambio hacia una Nueva Colombia, firmada el 6 de mayo de 1999, contenía al menos doce puntos que abarcaban desde la estructura económica hasta la política exterior, una agenda enciclopédica innegociable en cualquier plazo prudencial; que no se pactó cese al fuego, de modo que la guerra continuó durante toda la negociación; que la fantasmagoría de la silla vacía —el 7 de enero de 1999, cuando Pastrana asistió a la instalación y Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, no llegó— fue el primer aviso de que el gobierno había cedido el registro simbólico sin garantía alguna. Con verificación internacional vinculante, un tercero garante como los que operaron en Centroamérica en los ochenta, agenda acotada y cese al fuego bilateral, sostiene esta lectura, el proceso habría tenido oportunidad real.

Frente a ella, la lectura estructural responde que ninguno de esos ajustes habría cambiado el resultado. Las FARC nunca negociaron para desmovilizarse: usaron la zona de distensión como retaguardia militar, centro de entrenamiento, laboratorio de poder local y plataforma mediática, mientras crecían en pie de fuerza y consolidaban un modelo de proto-Estado sobre el territorio despejado. El gobierno, por su parte, negociaba en Washington el Plan Colombia mientras negociaba con Marulanda en Los Pozos: entre 1998 y 2001, los soldados profesionales del Ejército pasaron de 22.000 a 55.000, la flota de helicópteros artillados se cuadruplicó y la de transporte se amplió en un centenar de aparatos. Ambas partes jugaban el mismo juego de posiciones de fuerza disfrazado de diálogo, y ningún rediseño institucional habría alterado ese cálculo.

A esa segunda lectura se suma una tercera, geopolítica: las condiciones internacionales que hicieron posibles los procesos centroamericanos —el fin de la Guerra Fría, la disposición de Estados Unidos a aceptar salidas negociadas con guerrillas de izquierda, la mediación activa de Contadora y el Grupo de los Ocho— se habían cerrado hacia finales de los noventa. Colombia entró en negociación en un ciclo distinto: el del narcotráfico como problema de seguridad hemisférica, el de la militarización de la ayuda estadounidense y, tras el 11 de septiembre de 2001, el de la guerra global contra el terrorismo, que en la segunda mitad de 2002 eliminaría la distinción entre lucha antinarcóticos y contrainsurgencia que hasta entonces había restringido el uso de los recursos del Plan Colombia. Sin tercero internacional con capacidad vinculante —el papel que jugaron James LeMoyne por Naciones Unidas y luego Jan Egeland fue de facilitación, no de garantía— y con el aparato estadounidense reorientado hacia una lógica antiterrorista, ningún proceso podía prosperar.

La evidencia

La cronología muestra que las tres lecturas capturan pedazos verdaderos, pero ninguna sola explica lo que pasó. El primer año fue de crisis casi permanente. Entre enero y mayo de 1999, los abusos de las FARC contra la población de la zona despejada, la presión sobre autoridades civiles y la ausencia de mecanismos de veeduría llevaron el proceso al borde del colapso antes de haber empezado sustantivamente. Se relanzó, se firmó la agenda de doce puntos en Los Pozos, y siguieron años de reuniones, foros temáticos, giras internacionales de la delegación guerrillera —Raúl Reyes y Joaquín Gómez recorrieron Europa con estatus casi diplomático— y ningún acuerdo. El Alto Comisionado para la Paz, Víctor G. Ricardo, y después Camilo Gómez Alzate, sostuvieron un ejercicio negociador que carecía de la infraestructura mínima que un proceso de esa magnitud requería.

Mientras tanto, en el terreno, dos procesos paralelos vaciaban de contenido el que ocurría en la mesa. El primero fue el uso guerrillero de la zona. Las FARC establecieron allí un régimen de poder local: extorsiones presentadas como impuestos, normas de conducta que las juntas de acción comunal adoptaban formalmente —prohibiciones de caza en La Macarena, por ejemplo—, entrenamiento militar sistemático y retención de secuestrados. En febrero de 2000, la Ley 002 formalizaría la lógica extractiva sobre patrimonios altos en zonas de influencia guerrillera. Las milicias bolivarianas, operando sin supervisión efectiva del mando central, erosionaron con abusos menudos —cobros por consumo de alcohol y prostitución, extorsiones cotidianas— el vínculo con la base social campesina que la organización proclamaba representar.

El segundo proceso paralelo fue la expansión paramilitar. Mientras las FARC negociaban, las Autodefensas Unidas de Colombia de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso ganaban terreno en bastiones tradicionales de la guerrilla: el sur de Bolívar en 1998, Barrancabermeja entre 2000 y 2001, y el corredor antisubversivo del norte que iba de la frontera con Panamá hasta Venezuela, pasando por Antioquia, Córdoba, Bolívar, Magdalena Medio y Cesar. Ese avance ocurría en un contexto que Mauricio Romero ha descrito con precisión: élites regionales que desafiaban públicamente las negociaciones mientras guardaban silencio ante la violencia paramilitar, narcotraficantes convertidos en terratenientes que financiaban ejércitos privados, y un Estado descentralizado y débil incapaz —o poco dispuesto— a contener la ola. Las AUC infiltraron con redes de informantes los municipios de la zona de distensión, preparando el terreno para las operaciones que ejecutarían apenas terminara el despeje.

Las FARC exigieron a lo largo de todo el diálogo que el gobierno desarticulara las AUC y destituyera a los mandos militares que habían colaborado con ellas. Era una exigencia que Pastrana no podía cumplir —por incapacidad institucional, por veto de sectores de las Fuerzas Armadas, por el propio peso político del paramilitarismo en las regiones—, pero tampoco podía asumir públicamente esa incapacidad. Cuando Castaño y Mancuso solicitaron sentarse en la mesa junto a las guerrillas, hicieron visible lo que ya era estructural: eran actores del conflicto, no ausencia. Y su veto exitoso a la propuesta del Ejército de Liberación Nacional de despejar una zona en el sur de Bolívar —bajo el argumento de que sería "otro Caguán"— cerró el único proceso paralelo que habría podido oxigenar el del Caguán.

El tercer proceso paralelo fue la militarización del Estado con recursos externos. El Plan Colombia se presentó en septiembre de 1999 como una especie de Plan Marshall redactado por funcionarios civiles del Departamento de Planeación. Su tramitación en Washington, entre 1998 y 1999, lo transformó en un paquete predominantemente militar: la mayoría de representantes del Congreso, think tanks y líderes militares estadounidenses coincidieron en diagnosticar la crisis colombiana como un problema de narcotráfico que exigía militarización más que ayuda al desarrollo, y cerca del 80% de los aproximadamente 2.000 millones de dólares que Estados Unidos destinó al país entre 1999 y 2002 terminó en ayuda militar. La restricción de que esos recursos solo pudieran usarse en operaciones antinarcóticos —no en contrainsurgencia— generó situaciones operativas absurdas, pero se mantuvo hasta que el 11 de septiembre de 2001 y el trabajo diplomático posterior de Pastrana permitieron su levantamiento en la segunda mitad de 2002. Colombia se convirtió en el tercer receptor mundial de ayuda militar estadounidense mientras negociaba la paz.

El colapso llegó en cascada. El 29 de septiembre de 2001 fue secuestrada y asesinada la exministra Consuelo Araújo; el 5 de octubre se firmó, en un intento de rescate, el acuerdo de San Francisco de la Sombra; el 7 de octubre Pastrana prorrogó el despeje hasta el 20 de enero de 2002, con anuncio de anillos de seguridad y retenes. Tras el fin de la tregua de Navidad, las FARC ejecutaron ciento diecisiete operaciones en treinta días —ataques a instalaciones militares, minas antipersonales, voladura de torres de energía, oleoductos y puentes—. El 20 de febrero de 2002, el secuestro del senador Jorge Eduardo Gechem Turbay, tras el desvío de un avión en vuelo, fue el detonante. Esa noche Pastrana anunció por televisión el fin del proceso y ordenó la recuperación militar de la zona bajo el mando del mayor general Gabriel Eduardo Contreras Ochoa. Cuatro resoluciones firmadas ese mismo día liquidaron el andamiaje del despeje. Tres días después, las FARC secuestraron a la candidata presidencial Ingrid Betancourt y a su jefa de debates Clara Rojas, para elevar la presión por el canje humanitario.

Para entonces, la opinión pública colombiana ya había hecho su propio recorrido. Las primeras fotografías de militares y policías retenidos, con imágenes que evocaban campos de concentración, la incapacidad del gobierno para incluir su liberación en la agenda pese a la presión constante de sus familiares, los abusos documentados en la zona de distensión, las pescas milagrosas en las carreteras, la Ley 002: todo eso construyó una memoria social que la candidatura de Álvaro Uribe supo leer con precisión. Uribe se lanzó como disidente del Partido Liberal bajo el Movimiento Primero Colombia, después de que la consulta interna favoreciera a Horacio Serpa. Su trayectoria como gobernador de Antioquia y defensor de las cooperativas Convivir le daba credibilidad de mano dura. En mayo de 2002 ganó en primera vuelta con una promesa —autoridad y seguridad democrática— cuya viabilidad militar dependía, paradójicamente, del fortalecimiento de las Fuerzas Armadas ejecutado por Pastrana con recursos del Plan Colombia.

La respuesta

Ninguna de las tesis en pugna resiste, sola, el peso de la evidencia. La tesis estructural pura —las FARC nunca iban a negociar y ningún ajuste habría cambiado nada— captura correctamente el cálculo de poder de la organización, pero no explica por qué ese mismo cálculo pudo modificarse una década después en La Habana bajo condiciones militares mucho más desfavorables para la guerrilla. Si las FARC eran incapaces de negociar por naturaleza, no habría habido Acuerdo Final en 2016. Que lo hubiera indica que el cálculo era sensible a variables que en 1998 no estaban y en 2012 sí: proporción de fuerza, agotamiento estratégico, aislamiento internacional, muerte de mandos históricos —Reyes, Jorge Briceño, Alfonso Cano—, y un diseño institucional que aprendió del Caguán por inversión.

La tesis contingente pura —bastaba con mejor diseño— subestima la magnitud del entorno estructural adverso. El paramilitarismo expansivo no era una variable que Pastrana pudiera neutralizar con una buena resolución presidencial: era una fuerza territorial con financiación autónoma del narcotráfico, con complicidad de élites regionales, con capacidad de veto probada sobre el proceso paralelo del ELN, y con una relación con sectores de las Fuerzas Armadas que ningún gobierno de esa década podía romper unilateralmente. El post-11 de septiembre reconfiguró la ayuda estadounidense de un modo que hacía la opción militar cada vez más atractiva para el Estado colombiano justo cuando el proceso era más frágil. Y la memoria del genocidio de la Unión Patriótica —los al menos tres mil militantes asesinados desde 1984, tras los Acuerdos de La Uribe— era una razón perfectamente racional para que las FARC exigieran, antes de cualquier desmovilización, garantías que el Estado colombiano no estaba en condiciones creíbles de ofrecer.

Lo que las dos tesis dejan fuera es la interacción. El diseño institucional del Caguán no fue defectuoso en abstracto: fue defectuoso para ese entorno estructural específico. Una zona de despeje sin verificación vinculante es un problema en cualquier proceso; en un país con paramilitarismo expansivo y un socio estratégico reorientándose hacia el paradigma antiterrorista, se vuelve una vulnerabilidad amplificadora. Una agenda de doce puntos que discute la estructura económica del país es un maximalismo negociador en cualquier contexto; donde las élites regionales financian ejércitos privados contra cualquier redistribución, se vuelve una provocación operacional. Negociar sin cese al fuego es común en procesos de paz; cuando ambas partes están usando activamente el período negociador para reposicionamiento militar —las FARC en la zona, el gobierno con el Plan Colombia—, la ausencia de cese al fuego convierte la mesa en escenografía.

El fracaso, entonces, fue producido: no era inevitable en 1998, pero se hizo casi irreversible entre 1999 y 2001 por una serie de decisiones —arquitectónicas y contextuales— que fueron cerrando progresivamente el espacio de contingencia. Cada actor jugó su juego. Las FARC secuestraron civiles de alto perfil, ejecutaron la Ley 002, operaron la zona como retaguardia militar y sostuvieron una lógica de canje que instrumentalizaba a los retenidos. El gobierno prescindió de verificación vinculante, no acotó la agenda, no separó cese al fuego de negociación política, y modernizó simultáneamente las Fuerzas Armadas con recursos externos que hacían menos urgente el resultado negociado. El paramilitarismo, actor formalmente ausente de la mesa, aprovechó el proceso para expandirse territorialmente. Estados Unidos militarizó su ayuda antes y después del 11-S. El diseño institucional no absorbió ninguno de esos juegos: los amplificó.

Ese fracaso operó después como bifurcación efectiva. Legitimó políticamente el ciclo uribista —no como respuesta a una derrota militar del Estado, que no había ocurrido en términos absolutos, sino como respuesta al agotamiento social de la negociación como categoría—. Pastrana entregó a su sucesor un aparato militar transformado, con predominio aéreo, movilidad renovada y pie de fuerza duplicado, sobre el cual Uribe montaría la Seguridad Democrática. Y suministró, sobre todo, el manual invertido de La Habana. Cuando el gobierno Santos abrió negociaciones exploratorias en 2012, tras seis meses de conversaciones secretas y diez rondas con participación de Noruega y Cuba, la agenda quedó reducida a cinco puntos sustantivos —desarrollo agrario integral, participación política, fin del conflicto, drogas ilícitas, víctimas— y uno procedimental. Las FARC intentaron retomar la agenda de doce puntos del Caguán; Santos y Jaramillo se negaron. Se establecieron líneas rojas explícitas: estructura política y económica, Fuerzas Armadas y relaciones internacionales no eran negociables. El cese al fuego se dejó para el final, contra la tentación de empezar por ahí, porque en procesos anteriores hacerlo había imposibilitado avanzar en lo demás. Hubo terceros —Noruega, Cuba— con sede en La Habana, lejos del ruido interno. Cada elección metodológica de La Habana leía una lección del Caguán.

Lo que queda abierto

Hay flancos que la evidencia no cierra. El primero es contrafáctico: si el proceso hubiera prosperado —si Gechem no hubiera sido secuestrado, si las FARC hubieran aceptado un cese al fuego, si el paramilitarismo se hubiera contenido—, ¿se habrían evitado los catorce años más letales del conflicto? La respuesta honesta es que las condiciones de posibilidad de un acuerdo en 2002 no estaban dadas, y forzar la pregunta contrafáctica sobre un escenario cuya viabilidad era baja produce respuestas más morales que históricas. Lo que sí puede decirse es que la violencia urbana colombiana tiene determinantes —narcotráfico, exclusión, economías criminales— parcialmente autónomos del conflicto político armado, y que ningún acuerdo con las FARC habría alterado ese subsuelo por sí solo.

El segundo flanco es explicativo: cuánto peso relativo asignar al paramilitarismo, al Plan Colombia y al 11 de septiembre en el colapso final. Las tres variables operaron en la misma dirección, en el mismo período, sobre los mismos actores. Separarlas analíticamente es útil, pero actuaron en acoplamiento —el Plan Colombia militarizó al Estado, el 11-S liberó el uso contrainsurgente de sus recursos, el paramilitarismo cerró el flanco territorial de la guerrilla— y ese acoplamiento fue el que hizo estructuralmente adverso el entorno. No hubo una causa dominante; hubo una configuración.

El tercer flanco es comparativo: el despeje del Caguán frente a las zonas de tregua centroamericanas de los ochenta. Las diferencias —terceros vinculantes, mediación regional activa, presión internacional convergente hacia salida negociada— son tan grandes que la comparación termina siendo una lista de lo que Colombia no tuvo. Pero hay también una similitud incómoda: en El Salvador y Guatemala, el fin de la Guerra Fría cambió el cálculo estratégico de ambas partes; en Colombia, ni el fin de la Guerra Fría ni la globalización del narcotráfico lo cambiaron lo suficiente en 1998. Solo lo hizo, más tarde, la combinación de una década de guerra uribista y una redefinición interna de la organización guerrillera.

Queda, por último, la memoria. El Caguán produjo una narrativa que clausuró por casi una década la salida negociada como opción legítima en Colombia. Las imágenes de la silla vacía, de los secuestrados en jaulas, de Marulanda no llegando a la instalación, de Reyes paseando por Europa mientras las FARC secuestraban civiles, se sedimentaron en una memoria pública que hacía impronunciable, hacia 2002, la palabra negociación. Esa clausura fue tan real como el fracaso mismo, y explica en parte por qué el proceso de La Habana debió negociarse durante dos años en secreto antes de anunciarse. La pedagogía negativa del Caguán operó primero como advertencia contra cualquier repetición y solo después —una vez que la guerra uribista mostró sus propios límites y sus propios costos— como manual de lo que había que hacer de otro modo. El primer cuarto del siglo XXI colombiano se escribió, en buena medida, en el tránsito entre esos dos usos.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

50 documentos · 69 fragmentos de referencia
01Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 120, 157, 162, 1654 fragmentos
[1]

inep, (1990); Medina Gallego & Téllez Ardila, (1994); Medina Gallego, (1990, pp. 127-231). 128 GUERRA A LAS DROGAS, ESCALAMIENTO Y GUERRA SUCIA La zona de despeje del Caguán, ¿una radiografía territorial de las FARC? La imagen fabricada y autofabricada de unas farc poderosas militarmente, entreverada con los vaivenes…

p. 120
[24]

http://elpais.com/diario/1998/11/11/internacional/910738810_850215.html; El Tiempo. (11 de noviembre de 1998). “Entrevista con Peter Romero, asesor de Clinton para América Latina”, p. 13, y sobre los 130 soldados del Batallón Cazadores en San Vicente del Caguán El Tiempo. (13 de noviembre de 1998). “No serán retirados…

p. 162
[41]

divisiones en su interior, cumplió el come- tido básico de desprestigiar en la “opinión” los diálogos en la zona de despeje del Caguán que, según El Espectador, parecían teatro del absurdo o comedia barata. Las AUC también frenaron la propuesta del ELN sobre el despeje de una zona al sur del departamento de Bolívar,…

p. 165
[42]

disipó. A costa de las improvisaciones gubernamentales y de la arrogancia y desmanes de las farc, con su pretendido dominio soberano de la zona de despeje del Caguán, o las volteretas del eln, los paramilitares, ayudados por los grandes medios de comunicación y el capitalismo mañoso, adquirieron voz pública y…

p. 157
02San Carlos: Memorias del éxodo en la guerraMartha Nubia Bello Albarracín, Marta Inés Villa · 2011 · p. 721 fragmento
[2]

repertorio de acción vio- lenta, la guerrilla introdujo las masacres a partir del año 2001 y au- mentó la recurrencia periódica de esta práctica de violencia de ma- nera continua desde 2001 hasta 2004 (seis masacres). En este lapso, la guerrilla asesinó 79 civiles entre masacres y asesinatos selectivos y perpetró 50…

p. 72
03Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 204, 2162 fragmentos
[3]

Ahí fue cuando se produjo la primera reunión de Víctor G. Ricardo, de parte de la campaña de Pastrana, con Tirofijo y otros comandantes de las Farc, en las selvas del Caquetá. Víctor G., muy hábilmente, le puso en la muñeca a Tirofijo un reloj de la Nueva Fuerza Democrática, el movimiento político de Pastrana, y Leyva…

p. 204
[16]

una forma de desmarcarse de las Farc y de mostrar autonomía. La gente de mi campaña insistió en confirmar el acto en San Vicente, especialmente porque, a raíz de un infarto que había sufrido mi papá, no me había movido del hospital y la campaña había quedado paralizada por más de un mes. Cuando volví a la sede, donde…

p. 216
04Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 151, 1542 fragmentos
[4]

región; la conciliación con tal postura del presidente Pastrana, que lo llevó a insistir en la permanencia de las tropas en el Batallón Cazadores; la exigencia de las FARC-EP sobre el cumplimiento efectivo del compromiso de desmilitarizar la zona; el debate público ante contradictores del despeje; los reclamos de…

p. 151
[9]

sobrevinieron tensiones tras las denuncias de abusos cometidos por las FARC-EP contra la población en la Zona de Distensión. Se agregaron hechos de presión de esta guerrilla contra autoridades civiles de la zona; de tal forma fueron afectadas la Alcaldía de La Macarena 273 Carta abierta de las FARC-EP al Presidente de…

p. 154
05Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2771 fragmento
[5]

ó entre 1996 y 1998, y llev ó a que en la elecci ó n de este a ñ o el can didato conservador Andr é s Pastrana fuera elegido contra el liberal 2 74 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Horacio Serpa, en buena parte porque las farc respondieron bien a sus gestos en favor de una negociaci ó n. É sta recomenz ó en enero de 1999…

p. 277
06Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 60, 692 fragmentos
[6]

bandos tenía intención de paz. Ambos utilizan la zona de despeje para conocerse mejor, organizarse y preparar la guerra (EP 2, agosto de 2015). Esta situación de negociación, además, debía avanzar de acuerdo a dos cuestiones más. De un lado, el imperativo de combatir un paramilitarismo creciente que surgía como el…

p. 60
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la lucha guerrillera como Apiay, en el departamento de Meta, o Tolemaida, en el departamento de Cundinamarca; la base de Putumayo, donde se alojan los batallones de la Brigada XXVII; y la conformación de la Brigada Antinarcóticos del Ejército en el Fuerte Militar de Larandia, en el departamento de Caquetá. Dicho de…

p. 69
07Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 301 fragmento
[7]

Extremadura que no podía ser objeto de acciones militares del Estado y el resto del país como terreno de guerra. Todo ello sin haberse iniciado los diálogos ni definido la agenda de los mismos. El decir del sociólogo franco-colombiano Daniel Pécaut fue que el Gobierno «de entrada quemó todas sus naves». Cuando, el 6…

p. 30
08¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 2331 fragmento
[8]

relaciones internacionales y (12) formalización de los acuerdos democráticos (Presidencia de la República, 1998, pp. 39-41). La agenda común fue criticada especialmente por su amplitud, que la hacía innegociable en un tiempo prudencial, y porque distraia la atención sobre aquellos problemas que se consideraban, de…

p. 233
09Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 3161 fragmento
[10]

polídco a las fa r c y reacdvar las órdenes de captura contra sus diri gentes. El Gobierno dictó el día de la ruptura de las negociaciones cuatro resoluciones: la Resolución 31, “por la cual se deja sin efecto el reconocimiento de los miembros representantes de las fa r c y se deja sin efecto el reconocimiento de…

p. 316
10Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 331, 3352 fragmentos
[11]

sobre todo militar, de miles de millones de dólares, que se conoció como el Plan Colombia, del año 2000. Los diálogos de paz del gobierno de Pastrana se llevaron a cabo en San Vicente del Caguán, en el departamento del Caquetá, uno de los municipios que hizo parte de la infame zona de despeje que el Gobierno les…

p. 331
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de una reforma agraria integral, pues en las causas del conflicto armado, dicen las FARC, siempre la tierra y la pobreza del campesino han ocupado un lugar central; segundo, la participación política amplia e incluyente, pues desde sus inicios, la exclusión ha minado la efectividad de la democracia colombiana, lo que…

p. 335
11Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 161, 1832 fragmentos
[12]

pidió excusas, pero insistió en que tenía derecho a definir las sanciones a los responsables, y que en este caso los indigenistas habían entrado a la “zona de distensión” controlada por las FARC sin pedirles permiso. Posteriormente, en 2008, lograron que el presidente Chávez le pidiera a la Asamblea de Venezuela que…

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fuertes de influencia eran Urabá, el Sinú, Cesar, los Llanos Orientales, el Catatumbo y el Magdalena Medio. Desde el arranque de las gestiones de negociación (1997) que dieron lugar a los diálogos de paz en El Caguán (1998-2001), la postura general de las autodefensas, encabezadas por los hermanos Castaño, fue de…

p. 183
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1551 fragmento
[13]

saldo la muerte de 30 militares y 26 guerrilleros 612. El acuerdo para el cese al fuego de San Francisco de la Sombra, firmado el 5 de octubre de 2001, intentó superar las tensiones generadas tras el secuestro y asesi- nato de Consuelo Araujo, sucedido el 29 de septiembre en la región Caribe 613. El 7 de octubre, al…

p. 155
13Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 228, 3074 fragmentos
[14]

el fin de su tregua de Navidad. Este fue un golpe duro para un grupo de naciones de la Unión Europea y del hemisferio occidental que había pedido a las FARC que continuaran en el proceso de paz. Durante los treinta días siguientes, el grupo guerrillero realizó 117 operaciones, que in- cluyeron ataques a instalaciones…

p. 228
[15]

el fin de su tregua de Navidad. Este fue un golpe duro para un grupo de naciones de la Unión Europea y del hemisferio occidental que había pedido a las FARC que continuaran en el proceso de paz. Durante los treinta días siguientes, el grupo guerrillero realizó 117 operaciones, que in- cluyeron ataques a instalaciones…

p. 228
[25]

Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…

p. 307
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Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…

p. 307
14Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 1061 fragmento
[17]

intentando ahorcarlo, al tiempo que lo pateaban. Después de varios minutos, aprove- chando que los militares se habían detenido, Eider salió corriendo para intentar salvar su vida; alcanzó a correr cerca de ochenta me- tros antes que le dispararan en las piernas, cayendo herido. (…) A la familia le dijeron que lo…

p. 106
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1591 fragmento
[18]

única salida? (2002—2016) 160 fiflćflThxiff fffl. iThififf xffff ćff ff E n la noche del 20 de febrero de 2002 el presidente Andrés Pastrana Arango se dirigió a la opinión pública para comunicar su decisión de dar cierre defi- nitivo al fracasado proceso de paz del Caguán 517, con el que había iniciado su mandato…

p. 159
16Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 741, 7652 fragmentos
[19]

primera ruptura, que alcanzó a ser comunicada por el presidente de la República a los colombianos por cadena nacional de radio y televisión; sin embargo, Pastrana dejó la puerta entreabierta cuando manifestó: “Pero que quede claro: Este no es el final. Yo seguiré buscando la paz, de la mano de todos ustedes. Mantendré…

p. 765
[23]

citarlos, escuchar sus inquietudes en torno a las negociaciones con la guerrilla y aceptar parte de sus cuestionamientos. La zona de distensión se había convertido en un factor de permanentes tensiones: constantemente circulaban rumores de que allí se cometían tropelías en contra de la población, de que servía como…

p. 741
17Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 763, 8082 fragmentos
[20]

cabo los diálogos del Caguán 2812. Ocho días después, el Gobierno ordenó la recuperación militar de los territorios despejados y declaró la antigua zona de distensión teatro de operaciones, al mando del mayor general Gabriel Eduardo Contreras Ochoa, jefe de operaciones del Ejército 2813. Tres días después del…

p. 808
[67]

la definición de llegar, en el marco de las negociaciones, a ceses al fuego, treguas entre las partes o negociaciones en medio de la guerra. Este asunto lo analizó el expresidente Juan Manuel Santos al anotar que en el proceso que se comenzó con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo…

p. 763
18Guerrilla Marketing: Counterinsurgency and Capitalism in ColombiaAlexander L. Fattal · 2018 · p. 631 fragmento
[21]

to run drugs, hold hostages, and fortify itself militarily. The president dispatched the military to retake the zone. In retaliation, the guerrillas collected more high-profile hostages and angled for pris- oner exchanges with the government. On February 23, 2002, the FARC kidnapped Ingrid Betancourt, a presidential…

p. 63
19¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1141 fragmento
[22]

Fuerza Pública y el combate contra el narcotráfico, centrado en las fumigaciones. Contra el componente militar del Plan Colombia y su política de fumigaciones de los cultivos de uso ilícito, las FARC decidieron realizar el llamado paro armado en el departamento del Putumayo, en octubre del 2003, región en la que se…

p. 114
20Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 2141 fragmento
[27]

llamada “zona de distensión”, un territorio de más de 42 mil kilómetros que el gobierno cedió al control de la guerrilla. El gobierno y las FARC se reunieron durante más de dos años sin obtener ningún resultado concreto, hasta que en febrero de 2002, pocos meses antes de culminar su gobierno, Pastrana declaró el fin…

p. 214
21Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2501 fragmento
[28]

versión, en septiembre de 1999, el Plan Colombia fue presentado siempre como un proyecto de ayuda exclusiva a la lucha contra el narcotráfico (García, 2001), aunque es claro que en su origen estaba la preocupación por las derrotas sufridas por el Ejército a manos de la guerrilla. Como en aquel momento el gobierno…

p. 250
22At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2921 fragmento
[29]

And as Pastrana ’ s plan cycled through the US policy establishment in 1998 and 1999, the majority of representatives in US Congress, the heads of US foreign policy think tanks, and military leaders all converged on their views that Colombia ’ s social and political crisis at the time was an illegal narcotics problem…

p. 292
23Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 1421 fragmento
[30]

end the country’s internal conflict involved not only negotiations with the insurgency but also the development of a massive $7.5 billion development plan that would be financed by the Colombian government and international contributors. The original proposal in the fall of 1998 focused upon social redistribution and…

p. 142
24Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 4371 fragmento
[31]

cultivations dominated. With the installation of a radar system from the United States in Vichada, aerial interdictions began against suspected narco-trafficking flights. United States-Colombia Security Cooperation and Plan Colombia Although the hardening of Colombia's antidrug policies stemmed from the upsurge of…

p. 437
25War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 661 fragmento
[32]

official rhetoric of Plan Colombia to expose the reality behind it. In the words of one report, "It is clear that Plan Colombia's intent is to combat the principal threat to the nation's political and economic elite: the FARC." 16 This conclusion is further supported by the Plan's actual implementation. The Colombian…

p. 66
26Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 4541 fragmento
[33]

un valor cada uno de 2 millones de dólares), de los cuales treinta fueron asignados al ejército y doce a la Policía. 25 De modo general, el Plan Colombia es un conjunto de acciones que busca acabar con la producción ilícita de narcóticos y el negocio asociado a ella, im- pulsar y fortalecer la presencia del Estado en…

p. 454
27La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 87, 2512 fragmentos
[34]

de la forma más efectiva posible. Este inmenso esfuerzo presupuestal, sumado a los recursos del Plan Colombia, permitió el inicio del fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, un proceso que tendría continuidad en los gobiernos del presidente Álvaro Uribe y en el mío. Un logro de particular importancia fue la…

p. 87
[63]

construcción de confianza frente al país, pues las palabras de paz sin hechos de paz que las acompañen, no sirven de nada. Por eso los colombianos —y el Gobierno en particular— recibimos como una buena noticia el comunicado que produjo, “desde las montañas de Colombia”, el secretariado de las Farc el 26 de febrero,…

p. 251
28Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 203, 2072 fragmentos
[35]

fueran calificados en términos distintos a los de una expresión terrorista. Por ese acon- tecimiento, los Estados Unidos declararon la guerra mundial con- tra el terrorismo, lo que conllevó que redefinieran su política de ayuda a Colombia, permitiendo que se utilizara en contrainsur- gencia y no exclusivamente en…

p. 207
[46]

que las muestra como una fuerza capaz de hacer presencia en todo el te- rritorio nacional, elevando su capacidad ofensiva y evidenciando la suficiente fortaleza para enfrentar las fuerzas guerrilleras. Sin embargo, su violencia no se dirige hacia los grupos insurgentes, sino a sus apoyos civiles. La disputa…

p. 203
29El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 2752 fragmentos
[36]

Hasta donde se conoció, los insurgentes nunca exigie- ron cambios radicales en las estructuras del Estado, mucho menos mencionaron su intención de instaurar un sistema comunista. Rápidamente se demostró que la estrategia de “paz” del Estado seguía siendo la guerra. El discurso del presidente Pastrana Arango durante la…

p. 275
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Hasta donde se conoció, los insurgentes nunca exigie- ron cambios radicales en las estructuras del Estado, mucho menos mencionaron su intención de instaurar un sistema comunista. Rápidamente se demostró que la estrategia de “paz” del Estado seguía siendo la guerra. El discurso del presidente Pastrana Arango durante la…

p. 275
30Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 1831 fragmento
[38]

paramilitary groups responsible for persecuting the Democratic Front and the Patriotic Union in Caquetá. 29 Tensions were increased by the contin- ued rapid expansion of kidnappings and the FARC’s manpower, from an estimated 16,000 in 1998 to a high point of almost 17,500 in 2000. 30 One of these kidnappings occurred…

p. 183
31Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 672 fragmentos
[39]

it and travel to various places inside and outside of the country, to en- courage agreements. But that was not enough. 28 The Growth of the Paramilitary Groups during the Pastrana Peace Process In his study of paramilitary groups, Mauricio Romero stated that his pur- pose was to underline an aspect that previously had…

p. 67
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it and travel to various places inside and outside of the country, to en- courage agreements. But that was not enough. 28 The Growth of the Paramilitary Groups during the Pastrana Peace Process In his study of paramilitary groups, Mauricio Romero stated that his pur- pose was to underline an aspect that previously had…

p. 67
32Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 107, 1932 fragmentos
[44]

ejemplo, tienen en común su ubicación geográfica y el uso intensivo de la precaria red vial nacional, que fue fácil presa de la interferencia violenta de los distintos grupos armados ilegales. 207 A finales de la década de 1990 y comienzos de la de 2000, en el contexto de los diálogos del Caguán, mientras el Gobierno…

p. 193
[45]

posible en un contexto como este una negociación con las FARC-EP y el ELN? Andrés Pastrana lo intentó y claramente se jugó todo su capital político en El Caguán. Se rodeó de los partidos políticos, los empresarios, la Iglesia, Estados Unidos, la comunidad internacional; es decir, todos esos factores de poder que…

p. 107
33Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 481 fragmento
[47]

estatales 14. En relación con la expansión territorial de las auc, esta tuvo su princi- pal epicentro en el norte del país, donde se empeñaron en la construcción de un corredor “antisubversivo, que va de la frontera con Panamá (selva del Darién) hasta los límites con Venezuela, y pasa por el norte de Antioquia,…

p. 48
34Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 1081 fragmento
[48]

Teresa Ronderos se refiere a la negociación entre el gobierno de Andrés Pastrana y la guerrilla de las FARC en el marco de los “diálogos del Caguán”, en medio de los cuales se otorgó la zona de distensión al grupo guerrillero. El despeje de fuerza pública se dio en cinco municipios de los Llanos Orientales. 109 2.…

p. 108
35La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 2141 fragmento
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abandonado 0 50 100 150 200 250 300 350 0 5.000 10.000 15.000 20.000 25.000 30.000 35.000 215 4 Conflicto armado, abandono y despojo litar que existe sobre el territorio. Sin embargo, las fluctuaciones más fuertes en las compraventas se deben a los “ires y venires” de la economía ilegal de la coca. Circuito Notarial…

p. 214
36Una sociedad secuestradaCentro Nacional de Memoria Histórica; César Caballero Reinoso (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2013 · p. 1761 fragmento
[50]

atención y los llevaron a Cuba y los can- jearon (…) si [la solución] se prolonga en el tiempo, cada semana o cada día que pase habrá más prisioneros. Entonces, lo mejor es solucionarlo in- mediatamente. Además, lo poco que tenemos para dar son los prisioneros. Entregarlos y que nos entreguen los nuestros. Así de…

p. 176
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1801 fragmento
[51]

una cosa mal hecha, yo les decía que eso no se hacía con las comunidades. Y nunca había llegado a tener un tropezón, pero con él sí lo tuve, precisamente, por defender los derechos de las comunidades» 595. Un excombatiente de las FARC-EP reconoció este tipo de hechos a la Comisión de la Verdad, además dio detalles del…

p. 180
38Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5211 fragmento
[52]

de la violencia. Trasegar por los caminos de La Macarena significa advertir la presencia del conflicto. De camino al municipio de La Macarena, por la carretera que comunica la región con San Vicente del Caguán, me he encontrado uno tras de otro retenes guerrilleros y retenes del Ejército. El Ejército inspecciona…

p. 521
39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1271 fragmento
[53]

el año 2002, el conflicto armado en la Amazonía estaba en su pico máximo con tres actores armados disputándose la región: las FARC-EP, consoli- dando su control sobre la Amazonía oriental y algunas zonas rurales de la Amazonía occidental; las AUC con un fuerte control de las áreas urbanas de la Amazonía occi- dental y…

p. 127
40Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 1851 fragmento
[54]

Distensión y en agosto del año 2002 yo tomo la iniciativa junto con… acom- pañado por Manuel de coger todos estos municipios, cada municipio ya con la lista porque cuando la época de la Zona de Distensión todos se quemaron, entonces toda esa gente que se quemó, allá les… entonces, pa’ Puerto Lleras fueron con una…

p. 185
41Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 1141 fragmento
[55]

la zona del Bloque Oriental no solo se encontraba el corazón de las Farc-EP, sino lo que se podría considerar su zona de movilidad más confiable a nivel nacional y la zona más segura con que contaron las Farc-EP. Mapa 19. Municipios atacados por las Farc-EP en el 2001 Página 114 Fuente: Fundación Paz y Reconciliación…

p. 114
42No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 354, 3612 fragmentos
[56]

A eso se sumó que en marzo de ese 1999 el ELN pidió su propia zona de despeje en el sur de Bolívar, lo que causó una reacción en cadena de los alcaldes de esta región en contra de esa posibilidad y, más adelante, un verdadero movimiento influenciado por el Bloque Central Bolívar para evitar un diálogo con esa…

p. 354
[57]

la opinión pública. «De la vaina de las FARC, los secuestros, el cuento, la retención de toda esta gente, cuando se vieron las primeras fotos que parecían campos de concentración de todos estos soldados. Y acuérdate de todas las tomas que hizo las FARC-Ep, muy exitosamente, 1062 Centro Nacional de Memoria Histórica…

p. 361
43Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2681 fragmento
[58]

Ca- cica», forzó al presidente Pastrana a suspender el proceso y a ordenar la recuperación de la zona de despeje por parte del ejército en febrero de 2002, tres meses antes de la celebración de las eleccio- nes presidenciales. 12 veia” pi ro de 2003, ocasionó treinta y nueve muertos y cerca de ciento setenta heridos.…

p. 268
44Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 621 fragmento
[59]

del aparente fracaso de la reforma pro- puesta por Andrés Pastrana. Uribe era uno de los precandidatos del Partido Liberal, enfrentándose principalmente a Horacio Serpa Uribe, quien había per- dido en la contienda electoral de 1998, representando el ala más tradicional del partido. Cuando el partido decidió utilizar…

p. 62
45Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 4251 fragmento
[60]

los militares habían inducido la formación de paramilitares apoyados por el narcotráfico y los latifundistas. El presidente Pastrana (1998-2002), acosado por los gringos para frenar los avances del narcotráfico y su alianza con guerrillas y paramilitares, ideó el publicitado esperpento del proceso de paz del Caguán,…

p. 425
46La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 201 fragmento
[62]

realizada por Hernán Pedraza en trabajo de campo en Barranquilla, octubre 2010. 47. Grupo de Memoria, CNRR, La masacre de El Salado, Taurus, 2009. 41 LA ECONOMÍA DE LOS PARAMILITARES que las elecciones regionales eran manipuladas por las AUC. Algo simi- lar sucedió con el éxito electoral de los miembros de la familia,…

p. 20
47The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 641 fragmento
[64]

Havana, accompanied by representatives from the Norwegian and Cuban governments, to discuss an agenda for formal negotiations. The FARC wanted to resume the twelve- point agenda from Caguán. The government wanted a more limited agenda, and Santos (2019, 320) insisted on various “red lines”: the political and economic…

p. 64
48Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1201 fragmento
[66]

Jurídico para la Paz, el Gobierno de Juan Manuel Santos ini- ció nuevamente un proceso de diálogos de paz con las FARC que se plasmó en el Acuerdo General para la Terminación del Conflic- to y la Construcción de una Paz Estable y Duradera 161. A partir de la suscripción de dicho acuerdo que contempla una agenda de…

p. 120
49Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 401 fragmento
[68]

en el último año, calculado mes a mes. De esa manera, se logra conocer el nivel de la variable (el cual puede ser leído en el eje izquierdo) y las variaciones mensuales en este nivel. El agotamiento de la política de seguridad 39 Gráfico 2 Muertes directas del conflicto, Colombia 1988-2008 0 500 1.000 1.500 2.000…

p. 40
50Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 2341 fragmento
[69]

of Defense: issued in 1999, “Plan 10,000” aimed at substituting 10,000 “regular soldiers” for the same number of “professional soldiers” each year, during a three-year period (Villamizar 2003: 61). To be clear, the main condition for the rapid multiplica- tion of combat soldiers was the fact that the preparation of…

p. 234