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Institución · Frente Nacional

Acción comunal

La acción comunal es el sistema de organización comunitaria de base que Colombia institucionalizó mediante la Ley 19 de 1958, materializándose en las Juntas de Acción Comunal (JAC): asociaciones vecinales que ejercen el doble oficio de tramitar hacia el Estado las demandas de barrios y veredas, y de canalizar hacia las comunidades los recursos y orientaciones oficiales.

3.557 palabras49 documentos56 fragmentos citados
Acción comunal

Trayectoria de una idea

  1. 1956

    Antecedentes formales: juntas cívicas antioqueñas

  2. 1958

    Institucionalización mediante la Ley 19 de 1958

  3. 1961

    Expansión acelerada en el Valle del Cauca

  4. 1963

    Disputa política: izquierda y bipartidismo por el control de las JAC

  5. 1967

    Las FARC plantean la disputa explícita por las JAC

  6. 1970

    Quince mil juntas en todo el país

  7. 1974

    Consolidación como tejido asociativo nacional al cierre del Frente Nacional

03

La lectura

Las Juntas de Acción Comunal nacieron en 1958 como la pieza de base del desarrollismo frentenacionalista: el dispositivo mediante el cual el Estado colombiano intentó encuadrar la energía organizativa de barrios y veredas dentro de su propia arquitectura de gobierno, delegando en la comunidad lo que no quiso o no pudo hacer directamente. Su diseño era deliberadamente ambivalente: el promotor oficial, la personería jurídica y el acceso a créditos gubernamentales creaban una dependencia estructural que limitaba la disidencia, pero ese mismo armazón jurídico podía ser apropiado por párrocos, militantes comunistas o guerrilleros según el terreno donde operaran. En las zonas de frontera agrícola y colonización —el Catatumbo, el bajo Atrato, El Pato—, donde el Estado apenas llegaba, las JAC alcanzaron la mayor densidad institucional y se convirtieron en el motor de las demandas campesinas por vías, electricidad y servicios que las empresas petroleras o el abandono estatal negaban. Su historia es la de un artefacto que sirvió simultáneamente al clientelismo bipartidista y a la organización popular, al control social y a la resistencia comunitaria, sin que ninguno de esos usos lograra nunca monopolizarlo del todo.

La acción comunal en Colombia

La acción comunal es la forma en que el Estado colombiano decidió, a finales de los años cincuenta, incorporar la energía organizativa de las comunidades a su propia arquitectura de gobierno. Nació con la Ley 19 de 1958, uno de los primeros actos legislativos del gobierno de Alberto Lleras Camargo, y se materializó en las Juntas de Acción Comunal (JAC), asociaciones vecinales de carácter local que, desde entonces, ejercen el doble oficio de tramitar hacia arriba las demandas de barrios y veredas y de hacer bajar hacia abajo los recursos y las orientaciones oficiales. En algo más de seis décadas, esa figura pasó de ser un instrumento del Frente Nacional para encuadrar al ciudadano común en el desarrollismo bipartidista a convertirse en la unidad básica de la vida asociativa colombiana: la instancia que en muchos lugares construyó la escuela, tendió la luz, abrió el camino, negoció con la guerrilla y, en no pocos casos, enterró a sus propios líderes. En su historia se cifra un doble movimiento: un Estado que delegó en la comunidad lo que no quiso o no pudo hacer, y unas comunidades que aceptaron esa delegación y, con ella, un lugar propio en la política nacional.

Una institución al servicio de la pacificación

Para entender la acción comunal hay que situarla en el momento que la produjo. En 1958, Colombia salía de La Violencia bipartidista y del gobierno militar de Rojas Pinilla mediante un pacto entre las élites liberal y conservadora que había comenzado a tejerse en el Pacto de Benidorm del 24 de julio de 1956, firmado en España por Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez. Ese acuerdo dio origen al Frente Nacional, un régimen consociacional de dieciséis años (1958-1974) durante los cuales los dos partidos se alternarían la presidencia y repartirían por mitades todos los cargos públicos. El sistema resolvía el conflicto entre las élites, pero cerraba la puerta a cualquier tercera fuerza: como lo diría Alfonso López Michelsen desde el Movimiento Revolucionario Liberal, era un régimen de partido único sin oposición real.

La acción comunal cumplía dentro de esa arquitectura una función precisa. El plebiscito que dio piso constitucional al Frente Nacional garantizaba el 10% del presupuesto público para educación y anunciaba reformas en materia social, agraria y urbana. El primer gobierno del pacto, el de Lleras Camargo, complementó ese impulso con la Comisión Investigadora de las Causas Actuales de la Violencia, el Plan Nacional de Rehabilitación y una reforma social agraria que se aprobaría en 1961. Las JAC eran la pieza de base: el mecanismo mediante el cual los ciudadanos, organizados en sus veredas y barrios, participarían en la planeación del desarrollo local.

El contexto internacional reforzaba la apuesta y se enredaba a la vez con la política doméstica. La Revolución cubana de 1959 y la llegada de John F. Kennedy a la Casa Blanca produjeron la Alianza para el Progreso, a la que Colombia se sumó con entusiasmo como respuesta continental a la disyuntiva entre reforma y revolución. Ese marco hemisférico se tradujo en el país en gestos muy concretos: el propio Kennedy visitaría la fundación de Ciudad Techo —después Ciudad Kennedy— en Bogotá, símbolo de la vivienda popular financiada con apoyo estadounidense. La acción comunal se ubicaba justo en el punto donde ambos planos se cruzaban: pacificación interna y contención continental, política del barrio y geopolítica del hemisferio, dependían de la misma pieza organizativa.

Antes de la ley: mingas, convites, juntas cívicas

La Ley 19 de 1958 no inventó el trabajo comunitario en Colombia; lo puso bajo tutela estatal. En las cordilleras y los valles del país existían desde mucho antes prácticas de labor colectiva que las nuevas juntas se limitaron a reencauzar. El convite antioqueño —convocar a los vecinos para levantar una casa, sembrar una parcela o rozar un monte, a cambio de desayuno, almuerzo, aguardiente y tabaco— y la minga del Cauca no son sino nombres distintos de una misma institución solidaria que se remonta al tiempo de los aborígenes. La "mano prestada", cotidiana y autónoma desde las primeras colonizaciones, movía economías enteras sin mediar dinero. En el Macizo colombiano, los testimonios campesinos recogidos décadas después coincidirían en que la motivación central de esa organización comunitaria era social y colectiva —levantar la escuela, la cancha, el polideportivo, el camino— y no de interés personal: lo comunitario primaba sobre lo individual, y esa primacía era anterior a cualquier ley.

Existían, además, precedentes más formales. En Antioquia se habían constituido juntas cívicas para construir sistemas de drenaje y agua, iglesias, centros comunitarios, trazar calles y prevenir desalojos. Su trayectoria anticipaba dos de las tensiones que marcarían a las JAC: una vez satisfechas las necesidades iniciales, la participación tendía a diluirse, y en el momento en que las juntas pidieron apoyo para financiar educación o salud —gastos que las comunidades no podían cubrir— cayeron bajo el control de los políticos clientelistas locales. Cuando el Estado creó las JAC en 1958, no estaba fundando una práctica sino formalizando y capturando una energía que ya existía. La novedad no fue la costumbre; fue el marco jurídico, el promotor pagado por el gobierno, la personería jurídica que abría la puerta a los créditos oficiales.

El diseño: promotores, personerías y obras

El funcionamiento cotidiano del programa era relativamente sencillo. Las juntas locales operaban asistidas por organizadores pagados por el gobierno —los "promotores"—, cuya tarea era acompañar la constitución de la JAC, capacitar a sus dignatarios y orientar el trabajo comunal. Una vez que la junta obtenía el reconocimiento legal —su personería jurídica emitida por resolución oficial— quedaba habilitada para solicitar préstamos del gobierno y emprender lo que la ley llamaba mejoras cívicas. La lista de proyectos típicos dibuja bien el horizonte del programa: construir escuelas, instalar generadores eléctricos, tender acueductos y alcantarillados, arreglar caminos, levantar puestos de salud. En las ciudades, las JAC se ocupaban de la pavimentación de calles, la extensión de servicios, la formalización barrial; en el campo, de la infraestructura mínima para hacer vivible la vereda.

El objetivo declarado del programa era, en palabras oficiales, despolitizar a la población mediante el trabajo comunal y reducir el paternalismo. Detrás de esa fórmula había una idea clara: si el ciudadano participaba en la gestión de su entorno inmediato, canalizaría por vías institucionales una energía que, de otro modo, podía derivar hacia la protesta o la guerrilla. En la práctica, la puesta en marcha fue desigual y dependió mucho del actor local que impulsara las juntas. En la vertiente oriental de la cordillera occidental del Valle del Cauca, la fundación de JAC fue liderada por los sacerdotes párrocos, que convocaban las reuniones y recorrían las veredas para constituirlas. La Iglesia del Valle patrocinó también sindicatos y cooperativas, con la intención declarada de contrarrestar la organización sindical de orientación comunista, especialmente activa en los ingenios azucareros. En otras regiones fue el Ejército quien empujó la creación de la primera JAC —como en El Pato, en el piedemonte amazónico— cuando los colonos se reinstalaron en 1971 tras el desalojo militar. Y en el bajo Atrato fue el Partido Comunista, a través de las Juventudes Comunistas (JUCO), el que formó políticamente a las juntas de colonos recién constituidas mediante encuentros y festivales agrarios. La misma figura jurídica, según el terreno, servía a proyectos radicalmente distintos.

El programa creció con rapidez. En el Valle del Cauca se constituyeron cerca de trescientas juntas entre 1961 y 1963. En el Tolima, para 1970, se habían organizado más de cuatrocientas. Las cifras nacionales de inicios de los setenta hablan de alrededor de quince mil juntas en todo el país. Ese despliegue no fue una anécdota administrativa: para el momento en que terminó el Frente Nacional, en 1974, las JAC eran ya la organización social más extendida del territorio colombiano, presentes en casi todos los barrios populares de las ciudades y en las veredas del campo. Municipios como Granada, en el oriente antioqueño, alcanzaron cobertura total: cada una de sus 52 veredas, su corregimiento y su casco urbano contaban con su propia junta.

El tutelaje bipartidista y sus grietas

Concebidas dentro del Frente Nacional, las JAC quedaron desde el origen bajo la tutela de las redes bipartidistas. Los partidos, convertidos por el pacto en federaciones de caudillos locales que usaban el presupuesto público como instrumento de manipulación electoral, encontraron en las juntas un vehículo natural: el promotor y el alcalde, el diputado y el senador, sabían que una junta agradecida por una obra era una junta que votaba. El resultado fue lo que algunos historiadores han llamado una "democracia sin ciudadanos": un tejido de intermediaciones que respondía más a demandas individuales o de grupo que a derechos colectivos, y que marginaba a los habitantes y organizaciones que militaban fuera del bipartidismo. Las JAC funcionaban, en esa lógica, como uno de los dispositivos con los que el régimen delineaba inclusiones y exclusiones políticas.

La regla operativa era brutalmente simple. Las juntas que apoyaban las políticas oficiales recibían asistencia financiera; las que se desviaban veían retirado el apoyo monetario. Como el propio programa dependía de la personería jurídica y del acceso a los créditos gubernamentales para hacer cualquier obra, el margen de disidencia estaba estructuralmente limitado. La caracterización de Fernando Cubides captura bien esa dualidad: las JAC podían ser el engranaje de una maquinaria burocrática cuando su gestión era correcta, y el apéndice del caciquismo cuando eran utilizadas con propósitos clientelistas. Con frecuencia eran las dos cosas al tiempo.

El tutelaje, sin embargo, nunca fue completo. Desde comienzos de los sesenta, cuando el programa apenas se afianzaba, hubo JAC que empezaron a salirse del guion. En el Tolima, algunas confrontaron a funcionarios públicos que favorecían a los grandes terratenientes por encima de los pequeños campesinos en la distribución de servicios. En el Cauca se desarrollaron campañas de cartas y telegramas en torno a la reforma agraria. Las más radicalizadas llegaron a formar sus propios gobiernos locales, imitando prácticas que el Partido Comunista había ensayado en los años veinte y a comienzos de los sesenta. La respuesta oficial fue una mezcla de reformas parciales y disciplinamiento financiero. La tensión que atravesaría la historia posterior de las juntas quedó fijada desde entonces: eran a la vez un aparato del Estado y un espacio donde las comunidades podían, si tenían la voluntad y los aliados, disputarle al Estado la agenda.

La izquierda dentro de la acción comunal

La disputa política por las JAC se libró, sobre todo, en dos frentes. Por un lado, la Iglesia y los partidos tradicionales; por el otro, el Partido Comunista y, más tarde, las guerrillas. El propio contexto lo forzaba: al restringir el Frente Nacional las corrientes políticas opositoras, la actividad militante encontró en las juntas y en las organizaciones campesinas el terreno donde crecer. Desde los años sesenta, las JAC fueron base de redes políticas tanto del bipartidismo como del Partido Comunista y otros movimientos.

El PCC operó con paciencia. En el bajo Atrato, sus cuadros y las JUCO acompañaron durante años a comunidades de colonos. Formaron políticamente a las juntas. Organizaron festivales que servían de vitrina a la agenda agraria. Ese trabajo produjo un crecimiento exponencial de simpatizantes hacia 1974, el año en que precisamente concluyó el Frente Nacional. En paralelo, la competencia electoral a través de la Unión Nacional de Oposición (UNO) rindió resultados palpables: 120 concejales y 9 diputados en 1972, y 179 concejales y 12 diputados en 1976. Una fracción considerable de ese caudal se apoyaba en el movimiento campesino y en las JAC afines. La lucha guerrillera del PCC durante esos años fue, en comparación, marginal.

Las FARC-EP se autodescribían como una guerrilla "muy institucionalista", y la disputa por las juntas fue parte de esa vocación. Desde 1967, en su primer curso de comandantes, el grupo planteó explícitamente la necesidad de neutralizar la influencia de los partidos tradicionales y de la Fuerza Pública en las JAC y la Defensa Civil, y de acercarse a esas organizaciones para ponerlas del lado de la guerrilla. La estrategia era compartida con el Partido Comunista: acompañar los reclamos campesinos frente al Estado y disputar el control de las juntas para convertirlas en aliadas de la lucha contra el gobierno. En El Pato, la misma JAC que había sido fundada a instancias del Ejército al reingresar los colonos en 1971 sería, poco después, estigmatizada como comunista por las autoridades militares en cuanto su poder organizativo se hizo visible. La ambigüedad del artefacto se manifestaba con toda su crudeza: no había línea firme entre la junta oficial y la junta subversiva, porque su color político dependía de quién la hubiese constituido, de qué párroco o promotor o comisario la acompañara, y de qué guerrilla o partido la disputara en el momento siguiente.

Las JAC como gobierno de las fronteras

Fue en las zonas de colonización y frontera agrícola donde las juntas alcanzaron la mayor densidad institucional, precisamente porque allí el Estado apenas llegaba. En el Catatumbo, en Norte de Santander, la extracción petrolera había producido una situación peculiar: el gobierno delegó en las empresas la provisión de bienes y servicios, de modo que la infraestructura —vías, electricidad— se concentraba alrededor de los pozos, mientras el resto de la población rural quedaba relegada. Las JAC catatumbenses se convirtieron en el motor de las demandas hacia el Estado para que la respuesta a las necesidades trascendiera los territorios de explotación petrolera. Gestionaron caminos, escuelas, energía, atención en salud; se ganaron, en el camino, un reconocimiento sostenido como interlocutoras de las administraciones locales.

En El Pato —región andino-amazónica del Caquetá— la vida de la colonia se organizó, después de 1971, alrededor de su junta. Allí se parcelaban las tierras de los nuevos colonos, se tomaban acuerdos colectivos ante problemas internos como el traslado de un enfermo sin recursos, se elevaban peticiones de escuelas, puestos de salud y caminos a las autoridades. La JAC no era solo una instancia administrativa: era el referente principal de la vida colectiva, la asamblea a la que se acudía cuando algo excedía las fuerzas de la familia individual. En el bajo Atrato, además de servir de escuela política al Partido Comunista, las juntas tuvieron que lidiar con episodios de despojo que el Estado promovió desde el otro lado: en 1973, el Acuerdo 037 delimitó el Parque Nacional Natural Los Katíos y produjo el desalojo de unas 750 familias mestizas, negras e indígenas. En la Alta Montaña de El Carmen de Bolívar, cinco juntas veredales llegaron a gestionar conjuntamente el servicio de luz eléctrica para sus comunidades, en un proyecto que exigió años de coordinación.

En todos estos casos el patrón se repite: las JAC gestionan lo que el Estado no llega a hacer. Suplen su ausencia, canalizan la representación externa, institucionalizan prácticas comunitarias preexistentes como la minga y la mano prestada. Impulsan cadenas de producción, transformación y comercialización de productos agrícolas, cooperativas, tiendas comunitarias. Son, en la práctica, un nivel de gobierno local no reconocido como tal por la Constitución pero funcionalmente indispensable. La reforma agraria de 1961 había contemplado el fomento a las asociaciones y cooperativas agrarias como mecanismo de organización campesina, pero fueron las JAC —más versátiles, más territoriales, más numerosas— las que terminaron cumpliendo ese papel en el terreno.

Estigma y bala: los líderes comunales en el conflicto

Precisamente porque las juntas eran el poder civil real en muchas regiones, quedaron atrapadas en el fuego cruzado del conflicto armado. Desde los años setenta, y con creciente intensidad en las décadas siguientes, los líderes comunales fueron objeto de estigmatización y persecución por todos los actores en contienda, acusados alternativamente de colaboración con el enemigo. Los presidentes de junta debían firmar actas, autorizar obras, mediar en disputas vecinales, y cada una de esas gestiones podía ser leída por un actor armado como toma de partido. En Planadas, en el sur del Tolima, los presidentes de junta debieron negociar con las FARC y aceptar sus exigencias en la vida comunitaria: qué reuniones se hacían, quiénes participaban, qué obras se priorizaban.

En regiones donde llegaron los paramilitares, el patrón fue distinto. El Bloque Puerto Boyacá y sus antecesoras, las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá (ACPB), usaron la cooptación de las JAC como estrategia de legitimación social. Crearon incluso una asociación, Asocamboy, con la finalidad explícita de ampliar sus bases sociales y reducir el rechazo que generaban sus crímenes contra civiles: financiaban obras de interés social con recursos de la organización, algunos disfrazados de contribuciones comunitarias o de apoyos estatales, y coordinaban con las juntas actividades deportivas y eventos populares. La cooptación convivía con la ejecución selectiva: los presidentes que se resistían, o que habían sido señalados como afines a la insurgencia, aparecían muertos en los caminos veredales o eran obligados a desplazarse. En Granada, el asesinato y la persecución de presidentes y líderes de JAC produjeron desplazamiento y una alta vulnerabilidad para quienes ejercían el liderazgo comunitario, minando lo que había sido, en las 52 veredas del municipio, un medio esencial de cohesión social.

Paradójicamente, ese mismo conflicto reveló hasta qué punto las JAC eran indispensables. En zonas controladas por guerrillas o paramilitares, o disputadas entre ambos, las juntas dejaron de ser apéndice del caciquismo bipartidista para convertirse en la única forma de poder civil disponible. Cumplieron funciones cuasi-notariales, como certificar traspasos de patrimonio en ausencia de notaría; expidieron constancias de residencia que servían de documento de identidad práctico ante autoridades lejanas; mediaron en linderos y en herencias; se volvieron el vehículo indispensable de las reivindicaciones campesinas frente a alcaldías y gobernaciones. La institución imaginada para encuadrar al ciudadano común dentro del Frente Nacional terminó ocupando, en el peor momento del país, el vacío de todos los demás.

La sobrevida de una institución

Cuando el Frente Nacional cerró su ciclo en 1974, las JAC ya eran una de sus creaciones institucionales más duraderas y territorialmente extendidas, y sobrevivieron al pacto sin dificultad. El cambio de reglas del juego no las tocó en su base: la vereda seguía necesitando escuela, el barrio seguía necesitando alcantarillado, y las administraciones municipales seguían prefiriendo delegar en la junta la gestión de esas obras a asumirlas directamente.

La descentralización iniciada con la elección popular de alcaldes en 1988 acercó el poder político al escenario donde las JAC ya operaban desde hacía tres décadas. Los alcaldes elegidos por voto popular necesitaban tejer sus propias bases de apoyo local, y las juntas eran el lugar natural para hacerlo. Se replicó, en escala municipal, la vieja lógica del promotor y el diputado del Frente Nacional: obra a cambio de respaldo, respaldo a cambio de obra, con la diferencia de que ahora la relación se establecía cara a cara con quien manejaba el presupuesto local. El clientelismo se reformateó —convenios de cofinanciación, contratos de obra menor asignados a la propia junta, aportes en materiales a cambio de mano de obra comunitaria— y con él se ampliaron también los espacios para exigir cuentas: un alcalde incumplido en una vereda podía costar la elección siguiente.

Cuando en 1991 la nueva Constitución consagró la participación ciudadana como principio rector del Estado colombiano, las juntas ya tenían más de treinta años de existencia y una red que ningún otro dispositivo asociativo podía igualar. La Carta les proporcionó, sin nombrarlas expresamente, el andamiaje conceptual que legitimaba lo que ya hacían: el reconocimiento constitucional del derecho a participar en las decisiones que afectan a las comunidades, la apertura de mecanismos de control social, el diseño de un Estado que se pensaba a sí mismo como concertador con sus ciudadanos. Los planes municipales de desarrollo, los presupuestos participativos, los programas sociales de nueva generación tuvieron desde el comienzo a la JAC como interlocutora natural.

La Ley 743 de 2002 vino a organizar de manera más sistemática el régimen de las juntas, actualizando el marco heredado de 1958 y reconociendo su carácter de organismos comunitarios de desarrollo social. La misma ley perfiló la estructura escalonada del sistema —junta veredal o barrial, asociación municipal, federación departamental, Confederación Nacional de Acción Comunal—, en un intento por dotar de voz colectiva a una red que hasta entonces había funcionado sobre todo a escala vecinal. Ese ascenso institucional coincidió, sin embargo, con la etapa más letal para los líderes comunales: la intensificación del conflicto en los noventa y los primeros años dos mil convirtió a los presidentes de junta en uno de los sectores más asesinados del país, y la firma del Acuerdo de Paz de 2016 no detuvo la sangría. En territorios como el Cauca, el Catatumbo, el bajo Cauca antioqueño o el Caquetá, donde disidencias, ELN, Clan del Golfo y estructuras sucesoras del paramilitarismo se disputan el control, ejercer el liderazgo comunal siguió costando la vida a decenas de dirigentes cada año.

Al cabo de seis décadas, la institución nacida para encuadrar la participación en el Frente Nacional funciona como la unidad básica de la vida asociativa del país: alrededor de sesenta mil juntas activas, cerca de seis millones de comuneros y comuneras, presencia en la totalidad de los municipios. Ninguna organización política, sindical o gremial iguala esa densidad territorial. La política pública contemporánea la reconoce, la utiliza, la interpela; los partidos siguen disputándola; los movimientos sociales la incorporan a sus plataformas. La JAC continúa siendo el escenario donde se decide una parte no menor de la relación cotidiana entre el Estado colombiano y sus ciudadanos, y el lugar donde esa relación sigue costando vidas.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Alberto Lleras Camargo: creador de las JAC mediante la Ley 19 de 1958 como primer presidente del Frente Nacional
  2. 02Frente Nacional: marco político que institucionalizó las JAC y las sometió a tutela bipartidista entre 1958 y 1974
  3. 03Alianza para el Progreso: contexto internacional que reforzó el impulso a las organizaciones comunales como respuesta hemisférica a la disyuntiva entre reforma y revolución
  4. 04Partido Comunista de Colombia: disputó el control de las JAC desde los años sesenta, formando políticamente a juntas en zonas como el bajo Atrato
  5. 05Clientelismo: dinámica que capturó a las JAC al hacerlas dependientes de la personería jurídica y los créditos gubernamentales controlados por redes bipartidistas
  6. 06Minga y convite: prácticas preexistentes de trabajo colectivo solidario —minga caucana, convite antioqueño, mano prestada— que las JAC formalizaron y reencauzaron bajo tutela estatal
06

Documentos y fragmentos citados

49 documentos · 56 fragmentos

01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 541 cita
[1]

19 de 1958. Las JAC fueron los primeros espacios formales de autogestión solidaria de las comunidades rurales. En Norte de Santander tuvieron especial relevancia y en particular en el Catatumbo, donde el Estado también había dejado en manos de las empresas petroleras la provisión de bienes y servicios para los…

p. 54
02Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2361 cita
[2]

La acción comunal en el país surgió en la década de 1950 y se institucionalizó con la Ley 19 de 1958. Si bien ha sido una figura legal de participación política, los líderes comunales han sido objeto de estigmatización y persecución en el marco del conflicto armado por parte de todos los actores en contienda, han…

p. 236
03Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 541 cita
[3]

entre gru- pos insurgentes, como el Ejército Popular de Liberación (EPL), las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que llegaron a Antioquia en los años sesenta; sindicatos obreros de industrias manu- factureras, agroindustriales y madereras asentadas en Urabá;…

p. 54
04Limpieza social. Una violencia mal nombradaCarlos Mario Perea Restrepo · 2015 · p. 1671 cita
[4]

de la localidad, con la partici- pación de pensionados de la Policía o del Ejército (CNMH-IEPRI, 2013, Entrevista a activista cultural de la localidad). 144 Una referencia televisiva de las persecuciones de comerciantes en la serie Pandillas, Guerra y Paz (Telecolombia, 1999), en particular la primera temporada. 168…

p. 167
05Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 601 cita
[5]

Lleras Camargo (1958- 1962) sugería que el Frente Nacional inaugurado con su juramento significó el regreso al poder de los gobiernos civiles, pero no la conquista de la paz. Tras una década de desgarradora crueldad y cinco años de dictadura militar, la violencia política persistía –aunque en menor escala– por lo cual…

p. 60
06Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 3151 cita
[6]

to coalition government —Treaty of Sitges (Spain) establishes National Front procedure SENA (“National Learning Service”) established —Tenth Salón Nacional de Artistas: Fernando Botero wins prize —National school of journalists established —Bogot á establishes Luis Ángel Arango Library, backed by Banco de la…

p. 315
07Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2341 cita
[7]

ir í a de 1958 a 1974. De este modo la alianza se volvi ó de hierro y el Frente Nacional se convirti ó, como lo se ñ al ó el liberal Alfonso L ó pez Michelsen, en una especie de r é gimen de partido ú nico, sin oposici ó n, que volv í a impensable cualquier pro puesta que no contara con el consenso general. REFORMISMO…

p. 234
08Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1191 cita
[8]

entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…

p. 119
09El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 852 citas
[9]

uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…

p. 85
[10]

uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…

p. 85
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 601 cita
[11]

acuerdo político fue la reorganización del país luego del período presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo mandato se había convertido en un tercer partido capaz de desplazar a los dos tradicionales. Este hecho, unido al deseo de terminar con el periodo conflictivo de la Violencia, generada por la…

p. 60
11El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1021 cita
[12]

la ingobernabilidad. Pero, por otro lado, Rojas siguió con el proyecto constituyente autoritario que había ya inicia do Gómez, y que en esencia excluía al Partido Liberal. A medida que las críticas contra su gobierno fueron arreciando se lanzó a una represión abierta, aunque no muy sistemática, que incluía cierres…

p. 102
12Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1391 cita
[13]

(1957). Citado por Álvaro Delgado, “Anotaciones a la Política del Partido Comunista” Controversia, n.° 190 (2008). 94 En una decisión posterior, en 1958, se añadió la norma que obligaba a que los presidentes fueran alternativamente liberales y conservadores, y se amplió la duración del Frente Nacional con su…

p. 139
13Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 4102 citas
[14]

de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…

p. 410
[15]

de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…

p. 410
14Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 422 citas
[16]

planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…

p. 42
[17]

planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…

p. 42
15Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2401 cita
[18]

salido de control en las regiones, y que luego le devolviera el poder a los sectores moderados de las élites políticas liberales y conservadoras. Sin embargo, el plan no salió como lo esperaban. El proceso de pacificación arrojaba resultados más bien pobres y, más grave aún, Rojas no daba señales de querer devolver el…

p. 240
16Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1811 cita
[19]

decisión de Rojas de conformar y consolidar una alternativa a los partidos tradicionales lo acompañaría hasta la tumba. A tres años de iniciado su gobierno, el divorcio con las jerarquías liberal y conservadora era total. C AÍDA DE R OJAS, F RENTE N ACIONAL, VIOLENCIA Y BANDOLERISMO Al frente de la oposición al…

p. 181
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2471 cita
[20]

doso, el de la paridad entre los dos partidos, y buscó afianzar el poder civil, restringiendo el que tenían las fuerzas militares. Contó con la oposición de sectores disidentes de ambos parti- dos: el Unionismo de Ospina Pérez y Alzate Avendaño y el Movimiento Revolucionario Li- beral (MRL) de Alfonso López Michelsen.…

p. 247
18Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4971 cita
[21]

los partidos por su capacidad para administrar el clientelismo, fenómeno permanente de la política que tomó ribetes dramáticos en Colombia durante el periodo frentenacionalista. El gamonalismo y el clientelismo obnubilaron por completo la contienda programática y la lucha ideológica, los partidos fueron asimilándose y…

p. 497
19Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 421 cita
[22]

nuestra Constitución desde 1991 pero no se había podido aplicar cabalmente por falta de un estatuto de oposición que lo reglamentara. Siempre que se intentaba aprobar en el Congreso, el proyecto se hundía. En cumplimiento de los acuerdos de paz con las Farc, finalmente se aprobó el primer estatuto de oposición de…

p. 42
20Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 281 cita
[23]

de corto alcance, como la que se dio en el primer n1andato de López Pumarejo. Durante el Frente Nacional, el Estado inhibió toda expre- sión del conflicto social y excluyó de la política a las clases subordina- das. Otra consecuencia de la guerra civil fue que bloqueó el camino al populismo en Colombia con la…

p. 28
21Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2801 cita
[24]

virulentamente anticomunista del presidente Laureano Gómez, un político de ultraderecha conocido por sus detractores como “el Monstruo”. Gómez, que saldría del Gobierno en 1953 por un golpe militar, una rareza en la Colombia del siglo XX, 77 esperaba recibir asistencia militar de los Estados Unidos como pago por los…

p. 280
22Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 411 cita
[25]

del sentimiento de pertenencia al partido político, y la capacidad cohesionadora que ello implicaba, motivaron un cambio de estrategia en los partidos. La modorra de las ma- sas fue enfrentada con la proliferación de las viejas prácticas clientelistas. En estas nuevas circunstancias, la burocracia del Estado pasó a…

p. 41
23Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 3291 cita
[26]

colectiva. Esas redes han respondido más a demandas in- dividuales, moldeando lo que se ha denominado una "democra- cia sin ciudadanos", la cual no ha creado una idea de ciudadanía común que haga las veces de barrera en contra de discriminacio- nes y en defensa de la aplicación de derechos mínimos o, para el caso, que…

p. 329
24¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 811 cita
[27]

bipartidismo y de los canales institucionales diseñados para ello, poniendo incluso en riesgo la fórmula de alternación en el poder en la reñida competencia electoral por la Presidencia de la República entre el candidato oficialista y el de la Alianza Nacional Popular, ANAPO, en 1970. Por su parte, la ampliación…

p. 81
25Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 761 cita
[28]

the distribution of bureaucratic and legislative posts, and alternation in the presidency. In this respect, the National Front was quite successful, in part be- cause of the conscious cultivation of a non-sectarian style by major party leaders.23 National Front presidents projected images of gov- ernmental rather than…

p. 76
26La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 1681 cita
[29]

se llamaba un convite ». Y agrega don Manuel: El que quiera hacer con presteza una casa, una semen- tera, una rocería, etcétera, convoca para determinado día sus vecinos, les proporciona desayuno y almuerzo, nati- lla, aguardiente y tabacos para los intermedios y al fin les sirve la comida, y ellos en cambio trabajan…

p. 168
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 521 cita
[30]

frontera agrícola. Para ello, desde 1958, el Estado estimuló la creación de las Juntas de Acción Comunal (JAC), como escenarios de organización y participación para las comu- nidades. Estas reforzaron los procesos que eran cotidianos y autónomos desde la 94 Villamil, La reforma agraria del Frente Nacional.…

p. 52
28Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 741 cita
[31]

sitios de recreación como canchas, polideportivos, todo eso movía al campesino para organizarse, para buscarle so- lución en conjunto a eso, pero más que todo, tenía necesidades de 58 CNMH-CIMA, entrevista 0123, maciceño adulto, municipio de San Lorenzo, Nariño, 2015. 59 CNMH-CIMA, conversatorio local de memoria…

p. 74
29Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 3261 cita
[32]

founded at least  civic juntas, a figure higher than those created in the  s and  s, to construct drainage and water systems, churches and community centres, to lay out streets, and to prevent evictions. However, once the initial needs were met, community participation diminished and, when the local juntas…

p. 326
30Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 3261 cita
[33]

founded at least  civic juntas, a figure higher than those created in the  s and  s, to construct drainage and water systems, churches and community centres, to lay out streets, and to prevent evictions. However, once the initial needs were met, community participation diminished and, when the local juntas…

p. 326
31When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 2443 citas
[34]

program called Acci6n Comunal. Campesinos were to fonn local juntas} or committees} which would be aided by government-paid organizers knO\\lIl as ((promoters/' that would work to improve their veredas through communal labor. Once the juntas achieved legal recognition) or personeriajuridica, they were eligible to…

p. 244
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program called Acci6n Comunal. Campesinos were to fonn local juntas} or committees} which would be aided by government-paid organizers knO\\lIl as ((promoters/' that would work to improve their veredas through communal labor. Once the juntas achieved legal recognition) or personeriajuridica, they were eligible to…

p. 244
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program called Acci6n Comunal. Campesinos were to fonn local juntas} or committees} which would be aided by government-paid organizers knO\\lIl as ((promoters/' that would work to improve their veredas through communal labor. Once the juntas achieved legal recognition) or personeriajuridica, they were eligible to…

p. 244
32"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 1641 cita
[37]

tanto en el Valle como en el país, cuestionando e interviniendo el manejo político de los gamonales y líderes tradi- cionales, pero a la vez sirviendo de intermediarios entre el Esta- do, los partidos políticos y las comunidades rurales. Entre 1961 y 1963 se constituyeron aproximadamente 300 juntas en todo el…

p. 164
33Un bosque de memoria viva, desde la Alta Montaña de El Carmen de BolívarCentro Nacional de Memoria Histórica, Carmen Andrea Becerra Becerra · 2018 · p. 1191 cita
[38]

como lo evidencia el siguiente docu- mento en el que se reconoce la personería jurídica de la JAC del corregimiento de Loma Central. 120 Un bosque de memoria viva, desde la Alta Montaña de El Carmen de Bolívar Resolución No. 0514 de 1996 mediante la cual se inscribe la Junta Directiva de la JAC de la vereda Loma…

p. 119
34Granada: Memorias de guerra, resistencia y reconstrucciónMarta Inés Villa Martínez, Laura Cartagena Benítez, Fernando Valencia Rivera · 2016 · p. 2521 cita
[39]

no, no, em- paque maleta y vámonos que si mataron a Humbertico nosotros estamos de matar hacer rato”, y mucha gente se desplazó por con- 253 4 Granada: un territorio herido secuencia de eso, porque ya a esa gente [los paramilitares] simple- mente se les ocurría matar porque sí (Robledo, 2012, página 50). De acuerdo…

p. 252
35Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1941 cita
[40]

de veredas y barrios ante los entes municipales, departamentales y nacionales. A través de su liderazgo, las JAC le aportaron a la organización local, al mejoramiento de los servicios públicos, sociales y de infraestructura, y a la defens a de los derechos de los ciudadanos. T ambién impulsaron las cadenas de…

p. 194
36Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · p. 1911 cita
[41]

Como un decir: todos participamos en ella. La junta fue petición del Ejército cuando volvimos a entrar en el 71. Los militares fueron los que la fundaron y ahora, porque la junta es el acuerdo nuestro, señor, dicen que es comunista. Porque allá en El Pato todos vivimos de acuerdo a lo que la junta diga: cualesquiera…

p. 191
37Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 5551 cita
[42]

del rodaje de la ma- quinaria burocrática cuando su gestión es correcta, o en apéndice del caciquismo cuando son utilizadas con propósitos clientelistas. En las zonas controladas por la guerrilla, en zonas en disputa o aun allí donde el control lo ejercen los grupos paramilitares, se erigen en cambio en la única forma…

p. 555
38Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 1811 cita
[43]

presented petitions or demands on other matters. (Bagley and Edel, 1980: 265) THE FARC-EP’S RELATION TO SOCIAL CHANGE 165 While some reforms were carried out as early as 1962 due to such demands, radicalized JACs began to obstruct the state in their communities (Bagley and Edel, 1980: 266). JACs in Tolima attacked…

p. 181
39Analytical Narrative on Subnational Democracies in Colombia: Clientelism, Government and Public Policy in the Pacific RegionAndrés Cendales, Angela Pinto, Jhon James Mora, Hugo Guerrero · 2019 · p. 261 cita
[44]

at high levels it consists in power, prestige, social and political connections, positions, contracts, opportunities (bureaucratic, economic); in the middle levels: positions, contracts, political support and material resources to make pol- itics (money, gifts and other perks). In clientelistic bases, the counter-gift…

p. 26
40Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 961 cita
[45]

estrategia de acompañar a los campesinos en los reclamos frente al Estado no solo había sido una temprana opción política del pc, sino también de las propias farc. Con ello pretendían neu- tralizar la influencia de los partidos tradicionales y de la Fuerza Pública en organismos como las jac, y convertirlas en aliadas…

p. 96
41Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 641 cita
[46]

comenzaron a formar políticamente a las juntas de acción comunal en las comunidades de colonos recién constituidas. Con el apoyo de las Juventudes Comunistas (JUCO), los sindicatos organizaron encuentros y festivales para socializar la agenda agraria del Partido. Esto motivó un crecimiento exponencial en el número de…

p. 64
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 571 cita
[47]

políticas y económicas que percibieron que la Iglesia les estaba disputando el poder local, la institución con- tinuó con la formación de líderes obreros y campesinos. Amparado en un discurso político y pastoral de promoción de valores cristianos asociados con la organización y pacificación del campo, el apoyo…

p. 57
43Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 1001 cita
[48]

excess population from the Departments of Santander, Norte de Santander, and Boyacá was the piedmont region on the eastern side of the Andes, or, in other words, the territories of Caquetá, Arauca, and the Depart- ment of Meta. Lleras Camargo accepted Lebret’s recommendations and began to implement them. 30 The first…

p. 100
44Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 211 cita
[49]

esposa de él daba quejas a la guerrilla, cogían a la amante y la castigaban así, o la ponían a hacer 12 Entrevista 140 - VI - 00095. Mujer, mestiza, ama de casa. 13 Entrevista 854 - PR - 02966. Mujer, lideresa política, exintegrante de las FARC - EP. 14 Entrevista 673 - AA - 00001. Hombre, excombatiente de las FARC -…

p. 21
45El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 2241 cita
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las Juntas de Acción Comunal en la relación con el grupo. Edo.: Bueno, respecto a lo que la Junta de Acción Comunal cumplía, pues, yo pienso que ellos cada nada que hacían eventos para alguna festividad, ellos iban y hablaban con el comandante y le decían: se va a hacer tal cosa [y ellos decían:] ah, bueno, ya, eso…

p. 224
46El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 4642 citas
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que no tuvieran dueño entonces los mandaban a limpiar alrededor. (CNMH, MNJCV, 2014, 27 de mayo) Las otras acciones de legitimación pasaban por reuniones con la población y sobre todo por la cooptación de las JAC. “Con las Juntas prácticamente se acordaba siempre todo lo que se fuera hacer entonces siempre se tenía en…

p. 464
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que no tuvieran dueño entonces los mandaban a limpiar alrededor. (CNMH, MNJCV, 2014, 27 de mayo) Las otras acciones de legitimación pasaban por reuniones con la población y sobre todo por la cooptación de las JAC. “Con las Juntas prácticamente se acordaba siempre todo lo que se fuera hacer entonces siempre se tenía en…

p. 464
47Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 2201 cita
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debió a un trabajo muy importante que hicieron los comisarios políti- cos, ellos manejaban los temas de las Juntas de Acción Comunal, creaban fun- daciones, creaban corporaciones, promovían el deporte, promovían campañas para dotar de computadores las escuelas, le ayudan al Cura del pueblo, parti- cipaban en reinados,…

p. 220
48Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 3192 citas
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cuestión de cómo se manejaban los dineros (…) por dónde entraban… Se hacían ver como contribuciones de la comunidad, como apoyos de entidades del Estado, que algunas veces sí apoyaban, las otras no. Porque la mayoría de los recursos los generaba la organización. Todo se manejaba como una estructura legal (…) Se le…

p. 319
[55]

cuestión de cómo se manejaban los dineros (…) por dónde entraban… Se hacían ver como contribuciones de la comunidad, como apoyos de entidades del Estado, que algunas veces sí apoyaban, las otras no. Porque la mayoría de los recursos los generaba la organización. Todo se manejaba como una estructura legal (…) Se le…

p. 319
49El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 1871 cita
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se les suma un poco más de gente, porque vie- ron que no los habían matado, vienen 40 personas, nombran la junta provisional, al primer señor que postularon como presidente fue a un señor Manuelito Torres, ese no acepta entonces luego postulan a Jo- sué, entonces Josué si acepta entonces ya postulan a un vicepresiden-…

p. 187