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Una historia del territorio

El Pato

El Pato es un valle del piedemonte amazónico que no fue fundado por el Estado sino organizado por campesinos expulsados de la región andina durante la Violencia, bajo la dirección del Partido Comunista Colombiano, que instaló allí estructuras de…

18 min de lectura45 fuentes

El valle del río Pato es una franja del piedemonte amazónico que corre entre las estribaciones orientales de la cordillera Oriental y los llanos del Caguán, con sus cabeceras en el municipio huilense de Algeciras y su cuerpo mayor en jurisdicción de San Vicente del Caguán, Caquetá. La geografía, sin embargo, dice poco frente a lo que ocurrió allí. Desde comienzos de los años cincuenta, ese estrecho corredor selvático se convirtió en uno de los territorios más densos de la historia política colombiana: primer laboratorio de colonización dirigida por el Partido Comunista, refugio de las autodefensas campesinas expulsadas del Sumapaz y Villarrica, cuna orgánica de las FARC-EP —que allí instalaron su escuela de mandos y celebraron su Quinta Conferencia—, blanco de una de las más brutales campañas contrainsurgentes del siglo XX y, en 1997, sede de la primera Zona de Reserva Campesina del país. Cada uno de esos episodios reescribió el territorio; ninguno lo canceló. El Pato pesa en la historia de Colombia porque en él se prueba, se destruye y se vuelve a levantar, con obstinación, la posibilidad de un ordenamiento agrario hecho desde abajo, entrelazado desde su origen con el proyecto insurgente que lo pobló y lo marcó.

La semblanza: un valle que se colonizó a sí mismo

El Pato no es una localidad ni un municipio, sino una cuenca: el valle formado por el río del mismo nombre y sus afluentes, con Balsillas y Guayabal entre sus núcleos veredales más nombrados. Hoy se reparte administrativamente entre Algeciras (Huila) en la parte alta y San Vicente del Caguán (Caquetá) en la parte media y baja. La cordillera Oriental funciona allí como pared y como puerta: bloquea, pero también canaliza. Toda la historia moderna del valle depende de esa geografía intermedia entre las tierras andinas —Tolima, Huila, Cundinamarca— desde donde llegaron sus pobladores, y la selva amazónica hacia la que se prolonga. Los pisos térmicos van del frío de las cabeceras a los calores del piedemonte, y el paso entre ambos se hace por trochas y por vegas fluviales, no por carretera pavimentada. Todavía hoy, entrar al Pato desde Neiva o desde San Vicente implica horas de camino destapado y vados que la lluvia vuelve intransitables.

Lo distintivo del Pato es que su poblamiento no fue obra del Estado. No hubo colonia dirigida, ni ferrocarril, ni misión religiosa que fundara sus veredas. Cuando la administración pública apareció, lo hizo a través de la Fuerza Aérea y no de la escuela. Esa ausencia inicial —y esa aparición tardía en forma armada— es la clave de todo lo que vino después: en el vacío institucional se instaló, primero, una organización campesina dirigida por el Partido Comunista, y luego, sobre esa misma estructura, la guerrilla que se transformaría en las FARC. El valle no fue conquistado; se organizó a sí mismo, y esa autonomía originaria explica por qué el Estado terminaría tratándolo como una amenaza en lugar de como una periferia por integrar.

Los orígenes: colonos rojos, amnistía y arco del piedemonte

La colonización del Pato pertenece al ciclo mayor de la Violencia, aquel periodo entre 1947 y 1962 que desplazó a cientos de miles de campesinos del interior andino hacia la Amazonia occidental. El corazón agrario del país —Tolima y sur del Huila especialmente, con contingentes también de Cundinamarca— expulsó a familias enteras acorraladas por el enfrentamiento entre liberales y conservadores, por la persecución política y por el acaparamiento de tierras que aprovechó la coyuntura. Los caminos de salida fueron múltiples, pero uno de ellos, tempranamente organizado, condujo al piedemonte del Caquetá y del Meta.

A comienzos de los años cincuenta, mientras la mayoría de los desplazados improvisaba destinos, el Partido Comunista Colombiano encauzó migraciones campesinas hacia territorios específicos donde ya operaban núcleos de autodefensa. El Pato fue uno de los primeros. Antes de ser un topónimo del conflicto, fue un proyecto: llevar familias, distribuirles tierra, organizarlas en asambleas, construir tejido comunitario donde no había carretera ni juez. Esa doble condición —refugio y experimento— marcaría al valle desde el inicio.

El ciclo se aceleró con la guerra de Villarrica en 1955. La ofensiva militar del gobierno de Gustavo Rojas Pinilla contra los núcleos comunistas del oriente del Tolima y el Sumapaz dispersó a la población y radicalizó a los sobrevivientes. No fue el único detonante —los ataques contra El Davis en 1952 ya habían empujado el proceso, y la radicalización de los focos insurgentes venía de antes—, pero Villarrica sí produjo el reagrupamiento decisivo. Un hombre, Richard, condujo a la población primero desde El Davis hasta Villarrica y luego desde Villarrica hasta El Pato. Ese eje humano —el que unió los santuarios del comunismo campesino tolimense con la nueva frontera amazónica— es fundacional. Cuando Richard murió, en 1964, el valle ya era otra cosa.

La migración desde La Colonia y Galilea hasta El Guayabero y El Pato figura entre los episodios más graves de la Violencia, en la misma lista que registra el genocidio de Tetuán o el éxodo de Villarrica. No fue una colonización más: fue un desplazamiento forzado con dirección política. Con la amnistía de 1959, la población que había permanecido replegada en las montañas descendió y fundó un arco de asentamientos al pie de la cordillera: del Ariari al Guayabero y del Guayabero al Caguán. El Pato quedó en el centro de ese arco.

El Estado colombiano intentó responder al fenómeno con la Ley 20 de 1959, que estableció el Plan Nacional de Rehabilitación y Socorro para organizar colonias oficiales, distribuir parcelas y otorgar crédito a los desplazados. El alcance fue mínimo: apenas 3.000 personas accedieron a parcelas bajo el programa. La colonización siguió siendo espontánea o dirigida por el PCC, y el Estado se resignó por unos años a esa realidad sin reformar el régimen agrario que la producía. Los desplazados que llegaban al Pato lo hacían por su cuenta o siguiendo la línea partidaria; los que se acogían a la rehabilitación oficial eran una minoría concentrada en otras zonas del país.

La trayectoria: autogobierno, bombardeos, guerrilla, retorno

Un orden desde abajo

Lo que hizo del Pato un caso singular no fue solo su origen migratorio, sino la forma en que se organizó una vez asentado. La Comisión de Paz enviada durante la Rehabilitación encontró en el valle una estructura de gobierno propio con divisiones funcionales claras. Un líder comunitario ejercía funciones ejecutivas; un parcelador distribuía la tierra entre las familias y actuaba como juez en los conflictos de linderos; un secretario general se encargaba de la información y la comunicación. Esa arquitectura mínima —autoridad, justicia, registro— cumplía las funciones básicas que el Estado no había llevado.

El sistema tenía las virtudes y los defectos de su origen. Era comunitario en su decisión, pero coercitivo en su aplicación: cuando un funcionario del gobierno llamado Camargo llegó al valle acompañado de maestros y agrónomos, la autodefensa los expulsó. La interferencia externa se leía como ocupación, y la ocupación se rechazaba. Esa misma lógica se aplicó luego contra colonos considerados desafectos: la autodefensa confiscó propiedades y obligó a familias a abandonar la zona. El proyecto campesino contenía, desde muy temprano, un componente disciplinario que no puede pasarse por alto. La asamblea decidía, pero también expulsaba; el parcelador repartía, pero también castigaba con la revocación de la parcela. En la memoria oral del valle, esa etapa aparece como un tiempo de orden estricto, admirado y temido a partes iguales.

La estigmatización nacional

El paso decisivo hacia la confrontación no lo dio el valle, sino el discurso oficial que lo describió. En sus intervenciones en el Senado, el dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado bautizó como "repúblicas independientes" a un conjunto de regiones de colonización campesinaMarquetalia, Riochiquito, El Pato, Guayabero— sosteniendo que sus habitantes no permitían el control estatal y desafiaban a las Fuerzas Armadas. En uno de esos discursos pidió al gobierno dar vía libre al Ejército para operar "a plenitud", advirtiendo que de no hacerlo se fomentaría el "auge comunista".

La expresión fue afortunada como consigna y desastrosa como política. Ocultaba que Gómez Hurtado transmitía, en buena parte, las quejas de latifundistas y miembros del clero interesados en tierras y en control social. Pero, sobre todo, encajó a la perfección con la lógica de la Guerra Fría que asesoraba la política de seguridad. Funcionarios estadounidenses, prensa nacional y mandos militares abrazaron la categoría, y las comunidades campesinas del piedemonte quedaron convertidas en enclaves subversivos que había que "recuperar". Es una estigmatización que sobrevivió a su autor: décadas después seguiría aplicándose incluso a comunidades llegadas mediante programas oficiales de colonización dirigida.

Bajo el paraguas del Plan Laso, la respuesta estatal combinó Acciones Cívico-Militares —ayudas puntuales, censo de población, redes de inteligencia— como paso previo a la agresión militar. Los campesinos del Pato, de Riochiquito y del Guayabero exigían en 1964 lo elemental: carreteras, puentes, puestos de salud, escuelas, presencia institucional. La respuesta fue el bombardeo.

La marcha de la muerte

El ataque a Marquetalia en mayo de 1964 abrió el ciclo. La ofensiva sobre El Pato lo continuó. Antes incluso del asalto principal, la crisis ya había empezado: desde mayo de 1964 se registraba un éxodo escalonado de familias hacia Neiva. Primero fueron quince; luego setenta y dos; después ciento treinta y seis; finalmente ciento sesenta y cuatro familias, cerca de ochocientas cincuenta personas, se habían desplazado hacia fines del año. Menos de la mitad de los pobladores originales permanecía en la zona. Ese desplazamiento previo tuvo dos motores simultáneos: la operación militar que se preparaba y las expulsiones que la propia autodefensa comunista había ordenado sobre colonos considerados hostiles.

Los bombardeos aéreos, cuando llegaron, produjeron lo que los sobrevivientes bautizaron como la marcha de la muerte. La gente huyó a la selva y murió en ella: de hambre escondida entre la vegetación, envenenada por aguas y alimentos contaminados, por tiros y por bombas. El episodio quedó fijado en la memoria pública bajo ese nombre, y la operación Soberanía —que envolvió los bombardeos aéreos y las afectaciones sobre la población campesina— pasó a formar parte del inventario de las peores acciones militares del siglo XX colombiano. Niños murieron amamantados por madres que ya no tenían leche; ancianos quedaron atrás en los caminos; familias enteras desaparecieron sin que nadie llevara la cuenta. La selva se tragó, durante meses, el rastro de quienes intentaban salir hacia Neiva o hacia el Caguán.

La operación no destruyó a la guerrilla incipiente; la parió. Los grupos golpeados en Marquetalia, Riochiquito y el propio Pato confluyeron en una respuesta orgánica que hasta entonces no había existido.

La cuna de las FARC

Entre octubre y noviembre de 1964, en Riochiquito (Cauca), se reunió la Primera Conferencia del Bloque Sur. Asistieron mandos del Sumapaz, del 26 de septiembre y de El Pato. La conferencia unificó los destacamentos de Riochiquito, Natagaima, El Pato, Guayabero y Marquetalia, con cerca de cien combatientes distribuidos en seis grupos al mando de Ciro Trujillo Castaño, Joselo Lozada, Carmelo López, Rogelio Díaz, José de Jesús Rojas y Manuel Marulanda Vélez —este último acompañado por Jacobo Arenas—. Fue durante esa conferencia, cumpliendo una misión encomendada, que murió Isaías Duarte, un comandante muy querido por Marulanda.

Manuel Marulanda marchó entonces con cincuenta hombres hacia El Pato para integrar a los guerrilleros locales, comandados en la región por Januario Valero, alias Óscar Reyes, un exguerrillero liberal oriundo de Chámeza (Casanare) que operaba en la parte baja de la cordillera Oriental y en varios municipios del oriente del Huila. Las descripciones de la época lo pintan como un "forajido común" que había hecho acuerdos territoriales; su incorporación al proyecto marulandista fue tensa y no siempre exitosa.

En 1966 se celebró la Segunda Conferencia Guerrillera, en la que el Bloque Sur adoptó formalmente el nombre de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. La reunión tuvo lugar en El Pato. La organización contaba entonces con unos 350 insurgentes. Tras la conferencia, un grupo al mando de Marulanda se dirigió a la región del Pato; otro, mayor, partió con Ciro Trujillo; y una comisión de cincuenta guerrilleros marchó hacia Rivera (Huila) para contactar al grupo de Januario Valero. De esos cincuenta, solo diecinueve sobrevivieron a los enfrentamientos con la fuerza pública en los dos meses siguientes. El intento de articular al oriente huilense en el proyecto naciente fracasó como operación, pero Óscar Reyes permaneció activo por años en la zona, incluida la ruralidad de Algeciras, donde fue conocido por episodios como la emboscada de La Perdiz.

Marulanda, Jacobo Arenas y el comandante Joselo se instalaron después en un sitio del Pato llamado Arenales. Allí levantaron un comando y fundaron una escuela militar guerrillera de táctica y estrategia en guerra irregular. Por esa escuela pasarían, en distintos momentos, hombres que se convertirían en el núcleo dirigente de las FARC-EP durante las décadas siguientes: Jorge Briceño Suárez —el Mono Jojoy—, Guillermo León Sáenz —Alfonso Cano—, Luis Édgar Devia —Raúl Reyes— y Rodrigo Londoño —Timochenko—. En 1974 la Quinta Conferencia de las FARC volvió a reunirse en el valle. Allí se afinó la táctica de expansión y desdoblamiento que multiplicaría los frentes en los años siguientes. El Pato dejó de ser refugio para convertirse en cantera y en aula.

Esa mutación es una de las claves incómodas del territorio. La comunidad que se organizó desde abajo, que resistió los bombardeos, que sobrevivió a la marcha de la muerte, fue también el sustrato donde una élite guerrillera se reprodujo y se profesionalizó. La organización campesina y la maquinaria insurgente compartieron demasiadas raíces como para separarse limpiamente en el relato. Cada finca que hospedaba a un mando, cada trocha que servía de corredor, cada asamblea que discutía la cosecha discutía también, sin decirlo, la logística de la guerra.

Los años ochenta y el Caguán

La memoria comunitaria del valle, expresada por los campesinos de la Asociación del Bajo Pato y Losada, señala los años ochenta como un momento de nuevos operativos militares que produjeron un nuevo ciclo de desplazamiento y retorno. El corrido que compuso Ángel González, presidente de la asociación, evoca esos regresos desde las vegas de El Pato, Balsillas y Guayabal como actos de celebración frente a lo que la letra llama gobierno tirano. La cronología poética abarca aproximadamente medio siglo, y la palabra clave que la vertebra es la misma: resistencia.

El siguiente pliegue mayor llegó a finales de los noventa. En 1996, cuando comenzó a explorarse la posibilidad de establecer la primera Zona de Reserva Campesina en el departamento del Meta, el Ejército y unidades paramilitares desataron un operativo que agudizó el terror y produjo nuevos desplazamientos. Y a finales de 1998, el gobierno de Andrés Pastrana Arango estableció la zona de distensión para las conversaciones de paz con las FARC, que comprendió los municipios de La Macarena, Mesetas, La Uribe y Vista Hermosa en el Meta, y San Vicente del Caguán en el Caquetá. El Pato quedó dentro.

La zona de distensión fue muchas cosas a la vez, y la mayoría no fueron las que se anunciaron. Las FARC la utilizaron como retaguardia estratégica: entrenamiento de reclutas, refugio de secuestrados, acumulación de recursos militares y económicos, base para planear operaciones de guerra móvil. Durante el proceso, los efectivos de la organización crecieron de unos 16.000 combatientes en 1998 a cerca de 17.500 en 2000; algunos testimonios afirman que el crecimiento real fue mayor. En su territorio despejado, la guerrilla expidió "leyes" propias —la más notoria, la Ley 002 de 2002, que estableció un impuesto obligatorio a patrimonios altos en sus zonas de influencia—, ejerció presión sobre autoridades civiles —el alcalde de La Macarena tuvo que abandonar su cargo, la fiscal local de San Vicente del Caguán fue amenazada y desplazada— y ensayó una escenografía de poder estatal alternativo. Delegaciones internacionales llegaban a San Vicente para dialogar con el Secretariado; al mismo tiempo, en las veredas del Pato, la vida diaria seguía marcada por el pago del "impuesto" y el reclutamiento.

El 6 de mayo de 1999 se pactó la Agenda común para el cambio hacia una Nueva Colombia en paz, que ponía en discusión todo el marco normativo y socioeconómico del país. Pero las acciones violentas y los incidentes procedimentales fueron erosionando el respaldo público al proceso. En septiembre de 2000, el Congreso de Estados Unidos aprobó el Plan Colombia —4.400 millones de dólares en cinco años— con el doble objetivo de reducir la producción de coca y combatir a la guerrilla. El paquete cambió la ecuación militar y anunció el final del despeje, que se rompería definitivamente en febrero de 2002.

El Pato, otra vez, había sido el escenario de una promesa que la guerra desbordó.

Su red: personas, lugares e ideas entretejidas

La biografía del valle es también un mapa de figuras. Manuel Marulanda Vélez es el nombre que más veces cruza el territorio: llegó tras la Primera Conferencia con cincuenta hombres, fundó la escuela de Arenales con Jacobo Arenas, presidió la Segunda Conferencia que allí bautizó a las FARC y volvió para la Quinta en 1974. Ciro Trujillo Castaño encabezó uno de los seis destacamentos originales del Bloque Sur. Januario Valero, alias Óscar Reyes, representa la capa previa: el guerrillero liberal casanareño que operaba la zona antes de la unificación y sobrevivió como comandante autónomo del oriente huilense por años. Richard, el conductor de las migraciones desde El Davis hasta Villarrica y de Villarrica hasta El Pato, es la figura fundacional de la etapa civil.

Del otro lado del espectro, Álvaro Gómez Hurtado fijó desde el Senado la categoría discursiva que autorizó la ofensiva: "repúblicas independientes". Los presidentes Guillermo León Valencia y Alfonso López Michelsen no aparecen directamente como actores sobre el Pato, pero el arco político conservador-liberal del Frente Nacional, con su rechazo a una reforma agraria profunda, es el telón sobre el que se recorta cada decisión estatal hacia el valle. Andrés Pastrana Arango, en 1998, y Juan Manuel Santos, en 2016, cierran el ciclo con las dos negociaciones de paz que involucraron el territorio.

Los lugares se comunican en cadena: el Sumapaz de Juan de la Cruz Varela y las autodefensas comunistas del sur del Tolima alimentaron a El Davis y Villarrica; de allí bajaron los colonos que fundaron el arco del piedemonte entre el Ariari y el Caguán; en ese arco, Marquetalia, Riochiquito, Guayabero y El Pato fueron eslabones del mismo proyecto. Neiva, la capital huilense, fue el destino de los desplazados de 1964. Algeciras, en el oriente del Huila, a unos 52 kilómetros de Neiva, es la puerta cordillerana del valle, y su historia local quedó marcada por la proximidad al Pato sin que produjera una memoria pública propia comparable.

Las ideas que atraviesan el valle son tres, entrelazadas y en tensión permanente: la colonización campesina como derecho de quien trabaja la tierra; la autodefensa como principio legítimo frente a la persecución política; y el autogobierno territorial como forma concreta de la ciudadanía cuando el Estado ha abdicado. Ninguna de las tres es exclusiva del Pato, pero pocas regiones del país las han practicado con esa continuidad y ese costo.

Su huella: la Zona de Reserva Campesina y el postacuerdo

En noviembre de 1997 se creó, en la región del Pato-Balsillas, la primera Zona de Reserva Campesina del país. La figura, prevista por la Ley 160 de 1994, buscaba institucionalizar un modelo de ordenamiento territorial hecho a la medida del campesinado colonizador. La ZRC de El Pato comprendió 1.500 familias, 38 veredas y 111.000 hectáreas, y se estableció dentro de un proyecto piloto financiado por el Banco Mundial que incluyó también las reservas de Calamar, en el Guaviare, y de Cabrera, en Cundinamarca.

El detalle importa: el mismo valle donde el Estado había ensayado la contrainsurgencia por bombardeo aéreo se convirtió, tres décadas después, en el primer territorio donde ese Estado —con dinero multilateral— reconoció al campesinado colono como sujeto de derechos territoriales. La ZRC no era autogobierno pleno, pero era una institucionalización parcial del reclamo histórico. Coincidió, además, con el avance de la legislación ambiental sobre zonas amortiguadoras de parques y áreas protegidas, en un momento en que el país empezaba a leer la Amazonia como frontera ecológica y no solo como frontera agrícola. El Pato quedaba, así, atrapado en una tensión nueva: ser al mismo tiempo territorio campesino reconocido y borde de conservación estricta, con los conflictos previsibles entre parcelación y protección.

El desarrollo posterior de la figura fue accidentado. En otras regiones donde se intentó replicar la ZRC, terratenientes y actores armados la rechazaron con violencia, y las tensiones con Entidades Territoriales Indígenas mostraron que el avance legislativo de una figura por delante de la otra podía enfrentar a campesinos colonos y pueblos indígenas por los mismos espacios. En el gobierno de Juan Manuel Santos las ZRC entraron en la política de tierras, pero la propuesta no terminó de definir mecanismos de articulación territorial ni de considerar la heterogeneidad interna del campesinado frente a los actores poderosos que controlaban los territorios.

El Acuerdo de Paz firmado en noviembre de 2016 en el Teatro Colón, tras las negociaciones iniciadas en La Habana en 2012, prometía una transformación mayor. Los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial, uno de sus instrumentos centrales, debían llevar al Pato y a otros territorios históricamente golpeados una reforma rural integral construida participativamente. En la práctica, los PDET se limitaron a proyectos demostrativos validados por la Misión de Verificación de la ONU, sin alcanzar la transformación esperada. Los mecanismos de implementación quedaron sujetos a reglamentaciones posteriores que recortaron el alcance de lo firmado, y más de 300 excombatientes de las FARC-EP fueron asesinados en los cinco años siguientes a la firma.

Y sin embargo, para la comunidad del valle, algo cambió. El año 2017 fue descrito por los pobladores como el año más tranquilo vivido en medio siglo. Por primera vez en generaciones, las trochas dejaron de escuchar helicópteros y las vegas dejaron de recibir columnas armadas. Los retornos se multiplicaron: familias que habían salido en los ochenta o en los noventa volvieron a levantar el rancho junto al río, a limpiar potrero, a matricular niños en escuelas que llevaban años cerradas. El corrido de Ángel González, con la ASABP-L, celebra esos regresos desde las vegas de El Pato, Balsillas y Guayabal como actos de resistencia acumulada. La cronología poética que traza —medio siglo de desplazamientos y regresos, con los años ochenta como cesura y el Acuerdo de 2016 como respiración— es también una historiografía popular.

Lo que el Pato dejó es difícil de resumir sin traicionarlo. Dejó la evidencia de que una comunidad campesina puede organizarse territorialmente sin el Estado, y también la de que esa organización, cuando se entrelaza con un proyecto armado, se vuelve inseparable de él. Dejó una escuela guerrillera que formó a la cúpula de las FARC y una asociación campesina que reivindica los retornos como memoria común. Dejó una figura jurídica —la ZRC— que aún hoy es referencia obligada en cualquier debate sobre reforma rural en Colombia. Dejó, sobre todo, la constatación de que la dialéctica entre colonización popular, represión estatal y retorno comunitario no es una anomalía de la periferia sino un motor central de la historia territorial del país. El valle no fue nunca república independiente en el sentido en que lo denunció Gómez Hurtado. Fue algo más incómodo para el relato oficial: la prueba de que, cuando el Estado colombiano no llega a tiempo, otros ordenamientos ocupan su lugar, y no siempre están dispuestos a devolverlo cuando por fin aparece.

Conexiones

El territorio en el archivo

Dónde aparece y con qué se relaciona

Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

36 documentos · 45 fragmentos
01
Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 175
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Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado” Panel 2 · Colonización, coca y movimiento social: el caso del Putumayo 175 iniciaron esfuerzos para colonizar esta parte de la Amazonia con el fin de ejer- cer su soberanía sobre esta área de frontera. 1947-1962: la colonización de la violencia Durante este periodo se…

p. 175
02
Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 403
1 cita
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some peasants from among those driven out of the municipios of Chaparral, El Líbano, and Rovira, in central and northern Tolima (to mention only three localities for which there is data). Military fortification began in these regions before 1953, and political organization solidified between 1953 and 1955, the year in…

p. 403
03
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 54, 65
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[3]

Canal Encuentro». 107 Semana, «El Tinigua». 108 Molano et al., Yo le digo una de las cosas: la colonización de la Reserva La Macarena. colonización, poblamiento e ímpetu organizativo (1953-1977) 55 Segunda oleada: las columnas de marcha La segunda oleada de poblamiento, iniciada también en los cincuenta, fue prota-…

p. 54
[15]

Los habitantes del Pato recuerdan el éxodo masivo como una «marcha de la muerte», pues la gente murió de hambre escondida en la selva, envenenada por aguas y alimen- tos nocivos, por los tiros, por las bombas 159. Los pobladores huyeron y la zona quedó 153 Como afirman organizaciones del territorio, después de las…

p. 65
04
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 53, 72
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[4]

guerras de «limpios», como se conocía a los liberales, y «comunes», como se denominaba a los comunistas. La vio- lencia se atenuó 95 tras el pacto bipartidista que dio origen al Frente Nacional. Algunos autores señalan una tercera ola desde principios de los años sesenta, con la persecución al campesinado comunista…

p. 53
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la soberanía del Estado, y agregó: «Hay la República Independiente de Sumapaz. Hay la República Independiente de Planadas, la de Riochiquito, la de este bandolero que se llama Richard». Gómez, además, le pidió al Gobierno que se diera vía libre al Ejército para que operara «a plenitud»; de no hacerlo, «está fomentando…

p. 72
05
La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 106
1 cita
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sos culminantes: Lucha simultánea de las guerrillas liberales del sur del Toli- ma con los comunistas y con las fuerzas armadas; genocidio de Tetuán por soldados del ejército regular; arrasamiento de Or- ganos y de la zona de Colombia, en el Huila; asalto a Santo Domingo y acción punitiva sobre las regiones de…

p. 106
06
Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 10
1 cita
[6]

All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. AN OVERVIEW OF THE FARC-EP 11 social structures independent of centralized state powers (Simons, 2004: 42; Ramírez Tobón, 1981; Gilhodés, 1970; Guzmán Campos, Fals Borda, Umaña Luna, 1964; 1962). At the beginning of the 1950s, increased migrations of peasants and…

p. 10
07
Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · p. 178
1 cita
[7]

sobrevivió desplazándose hacia el Duda, el Guayabero y El Pato. Con la amnistía del año 59 todo ese personal que habían tenido represado se soltó montaña abajo y fundó un círculo al pie de la cordillera, desde el Ariari hasta el Guayabero y desde el Guayabero hasta el Caguán. En la guerra no sólo se camina mucho, sino…

p. 178
08
Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 100
1 cita
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excess population from the Departments of Santander, Norte de Santander, and Boyacá was the piedmont region on the eastern side of the Andes, or, in other words, the territories of Caquetá, Arauca, and the Depart- ment of Meta. Lleras Camargo accepted Lebret’s recommendations and began to implement them. 30 The first…

p. 100
09
El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 99
2 citas
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como su padre Laureano, durante un discurso en el Senado habló de la existencia de unas regiones conocidas como Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero, situadas en la vertiente de la cordillera Central, al sur del departamento del Tolima. Las trataba de “repúblicas independientes”, al asegurar que quienes…

p. 99
[11]

como su padre Laureano, durante un discurso en el Senado habló de la existencia de unas regiones conocidas como Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero, situadas en la vertiente de la cordillera Central, al sur del departamento del Tolima. Las trataba de “repúblicas independientes”, al asegurar que quienes…

p. 99
10
Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 142
1 cita
[12]

de los llamados territorios nacionales, de la extensa Orinoquia, sino el fenómeno de una guerrilla que ya no se identificaba con los partidos tradicionales. Los primeros guerrilleros comunistas eran en realidad liberales traicionados, campesinos que le dijeron no a la orden de emigrar a la ciudad, las gentes del campo…

p. 142
11
Camilo TorresGerman Guzman · 1969 · p. 224
1 cita
[13]

Chiquita, El Pato and Guayabero. As a governmental plan for controlling them, the Lazo Plan was put into action. The development of this plan includes several tactical steps. The first is the psychological war which embraces the “civic-military action” consisting of programs of aid to the peasants through army…

p. 224
12
Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 244
1 cita
[14]

el propósito de convertir las autodefensas campesinas en la guerrilla del partido dentro de la estrategia de combinación de todas las formas de lucha (Pizarro, 1991). Uno de estos asentamientos campesinos, Marquetalia, se constituyó en la esencia del mito fundacional de las FARC. Se trataba de una comunidad campesina…

p. 244
13
La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 64
1 cita
[16]

de El Pato, una composición de Ángel González, presidente de la Asociación Campesina del Bajo Pato y Losada (ASABP-L): Señores voy a contarles en un corrido sencillo. Una parte de la historia, que muchos han perecido. Aquí no hay hombres de acero, pero sí de resistencia. No rechazamos al otro, sino lo que él…

p. 64
14
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 77, 89
2 citas
[17]

la operación Marquetalia, eso fue muy miedoso y en un invierno, ¡dios mío!, que no escampaba de día y de noche. Metieron siete batallones más los aviones. Y le voy a decir, a mí no me da pena, yo no conocía los aviones de guerra y ya me daba miedo ver esos aparatos por aquí, porque eran seis a cuatro aviones,…

p. 77
[27]

Segunda Conferencia implicó una derrota que diezmó de forma importante sus fuerzas. Tras la salida del Duda, en 1966, un grupo mayoritario había partido con Ciro Trujillo, otro grupo al mando de Marulanda fue a la región del Pato y una comisión compuesta de 50 guerrilleros partió hacia Rivera, en el Huila, para…

p. 89
15
Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 357, 435
2 citas
[18]

of expanded credit, and the favorable renegotiation of terms for those with outstanding Rehabilitación-era loans, melted away. What was more, the El Pato autodefensa opted to clamp down on any whi ff of outside interference. While the Pato fi ghters kicked the teachers and agronomists invited by Camargo out of the…

p. 357
[29]

(Bogotá: El Áncora Editores, 2006), 49. 96. The Peace Commission witnessed this structure at El Pato. Guzmán Campos, “Los grupos en con fl icto,” 173. 97. Claudio Lomnitz-Adler, The Return of Comrade Ricardo Flores Magón (Brooklyn: Zone Books, 2014), chapter 14. 98. Alape, Las vidas, 278. See also Riochiquito. 99.…

p. 435
16
Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 112
1 cita
[19]

la imputación personal con el empleo de fuentes primarias y secundarias pertinentes. (Esta técnica es necesaria en condiciones difíciles de investigación, como lo acaban de de- mostrar Alfredo Molano y Alejandro Reyes Posada en el libro, Los bombardeos en el Pato, Bogotá, CINEP, 1980, al imputar a una campesina…

p. 112
17
A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 74, 79
4 citas
[20]

varias trochas para encontrarnos cerca de Símbula. Penamos mucho pasando esos fríos y esas cu chillas a pesar de conocer el camino. Caímos a Rionegro y por ahí llegamos a Riochiquito, comando que era de Ciro Trujillo. Pasaba de 50 guerrilleros, muchos indígenas. Con los nuestros,juntamos 145 unidades. Sabíamos que…

p. 74
[21]

varias trochas para encontrarnos cerca de Símbula. Penamos mucho pasando esos fríos y esas cu chillas a pesar de conocer el camino. Caímos a Rionegro y por ahí llegamos a Riochiquito, comando que era de Ciro Trujillo. Pasaba de 50 guerrilleros, muchos indígenas. Con los nuestros,juntamos 145 unidades. Sabíamos que…

p. 74
[24]

civil que se refugió en el alto Sumapaz y de allí se desplazó poco a poco hacia el Duda, el Guayabero y El Pato. Aquí, Richard y Camargo se agregaron a la colonización e impusieron su autoridad. Una república independiente, al decir de Gómez Hurtado. Richard murió en el año 64 y Camargo se apartó del movimiento.…

p. 79
[25]

civil que se refugió en el alto Sumapaz y de allí se desplazó poco a poco hacia el Duda, el Guayabero y El Pato. Aquí, Richard y Camargo se agregaron a la colonización e impusieron su autoridad. Una república independiente, al decir de Gómez Hurtado. Richard murió en el año 64 y Camargo se apartó del movimiento.…

p. 79
18
¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 77, 114
2 citas
[22]

34 31. Véanse: Pizarro Leongómez, Las F ARC (1949-1966), 188-189; y Pizarro Leongómez, Una democracia asediada, 168. 32. Manuel Bonnet Locarno, “Operación Marquetalia. Surgen las FARC ”, en Hablan los generales. Las grandes batallas del conflicto colombiano contadas por sus protagonistas, comp. Glenda Martínez…

p. 77
[39]

Fuerza Pública y el combate contra el narcotráfico, centrado en las fumigaciones. Contra el componente militar del Plan Colombia y su política de fumigaciones de los cultivos de uso ilícito, las FARC decidieron realizar el llamado paro armado en el departamento del Putumayo, en octubre del 2003, región en la que se…

p. 114
19
Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 31
1 cita
[23]

de Abril (M-19), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) o la guerrilla indigenista Quintín Lame (QL). APARICIÓN E HISTORIA DE LAS FARC, 1964-1998 Como se explicaba, las FARC toman el ataque sobre la República de Marquetalia del 27 de mayo de 1964 como su mito fundacional, si bien esta denominación no aparece…

p. 31
20
Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 308
1 cita
[26]

distribuyeron en seis destacamentos, dirigidos cada uno de ellos por Ciro Trujillo, Joselo Lozada, Carmelo López, Rogelio Díaz, José de Jesús Rojas y Manuel Marulanda en compañía de Jacobo Arenas, quienes marcharon con un grupo de cincuenta hombres a la región del río El Pato, donde tenían planificado integrar a los…

p. 308
21
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 66
1 cita
[28]

de las FARC se potenció luego de la Quinta Conferencia realizada en 1974, también en El Pato, en donde se afinó la táctica de expansión y desdoblamiento de la organización y se concibió la zona costera como un escenario estratégico en el cual se debía hacer presencia. La Sexta Conferencia, llevada a cabo en 1976 en el…

p. 66
22
Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 296
1 cita
[30]

entre indígenas y campesinos colonos, también lo es que el avance o el estancamiento relativo en la legislación y reglamentación, ya sea de las ETI o de las ZRC, puede generar tensiones entre los dos grupos.6 La dinámica de los procesos políticos puede ser tal que sean esta vez los campesinos quienes se encuentren de…

p. 296
23
Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 552
1 cita
[31]

cercanía a los mercados. Cuando en 1996, comenzó a explorarse la posibilidad de establecer la primera de estas reservas en el departamento del Meta, el ejército, junto con unidades paramilitares desató un gran operativo paramilitar, lo que agudizó el terror entre los pobladores y su desplazamiento de la región. A…

p. 552
24
La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 143
1 cita
[32]

el proyecto parece apostarle a la consolidación de pequeños y medianos productores, pero no los caracteriza para entender el rol del campesinado más allá de la política sobre Zonas de Reserva Campesina (ZRC). Tampoco tiene en cuenta su heterogeneidad. Y en el caso de las ZRC no define mecanismos de articulación entre…

p. 143
25
Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 9
1 cita
[33]

evitar los efectos inflacio - narios de la bonanza ilegal. Así mismo, ante las dificultades del sistema de justicia para reprimir el delito y mediar en la solución de todo tipo de con- flictos, la guerrilla se abroga sus funciones, condu - ciendo a que la población demande su presencia. Los procesos de paz con la…

p. 9
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Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 120
1 cita
[34]

inep, (1990); Medina Gallego & Téllez Ardila, (1994); Medina Gallego, (1990, pp. 127-231). 128 GUERRA A LAS DROGAS, ESCALAMIENTO Y GUERRA SUCIA La zona de despeje del Caguán, ¿una radiografía territorial de las FARC? La imagen fabricada y autofabricada de unas farc poderosas militarmente, entreverada con los vaivenes…

p. 120
27
Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 132
1 cita
[35]

ese proceso de conversaciones como parte de la toma del poder, no fueron para poner fin al conflicto, sino para fortalecerse, con miras a lograr su propósito de la toma del poder por las armas. Jamás la guerrilla de las FARC abandonó su aspiración de llegar al poder por las armas. ¡Jamás en el Caguán abandonó esa…

p. 132
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Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 277
1 cita
[36]

ó entre 1996 y 1998, y llev ó a que en la elecci ó n de este a ñ o el can didato conservador Andr é s Pastrana fuera elegido contra el liberal 2 74 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Horacio Serpa, en buena parte porque las farc respondieron bien a sus gestos en favor de una negociaci ó n. É sta recomenz ó en enero de 1999…

p. 277
29
Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 30
1 cita
[37]

Extremadura que no podía ser objeto de acciones militares del Estado y el resto del país como terreno de guerra. Todo ello sin haberse iniciado los diálogos ni definido la agenda de los mismos. El decir del sociólogo franco-colombiano Daniel Pécaut fue que el Gobierno «de entrada quemó todas sus naves». Cuando, el 6…

p. 30
30
Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 161
1 cita
[38]

pidió excusas, pero insistió en que tenía derecho a definir las sanciones a los responsables, y que en este caso los indigenistas habían entrado a la “zona de distensión” controlada por las FARC sin pedirles permiso. Posteriormente, en 2008, lograron que el presidente Chávez le pidiera a la Asamblea de Venezuela que…

p. 161
31
Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 183
1 cita
[40]

paramilitary groups responsible for persecuting the Democratic Front and the Patriotic Union in Caquetá. 29 Tensions were increased by the contin- ued rapid expansion of kidnappings and the FARC’s manpower, from an estimated 16,000 in 1998 to a high point of almost 17,500 in 2000. 30 One of these kidnappings occurred…

p. 183
32
Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 154
1 cita
[41]

sobrevinieron tensiones tras las denuncias de abusos cometidos por las FARC-EP contra la población en la Zona de Distensión. Se agregaron hechos de presión de esta guerrilla contra autoridades civiles de la zona; de tal forma fueron afectadas la Alcaldía de La Macarena 273 Carta abierta de las FARC-EP al Presidente de…

p. 154
33
Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 356
1 cita
[42]

a la re- levancia de ese episodio, este no generó un sistemático proceso de memoria ni siquiera en el ámbito local quizá porque la zona se ha- lla ubicada en proximidades a territorios con una relativa influen- cia de las FARC. Con todo, como mostraremos aquí, la memoria del episodio ha tenido otras formas…

p. 356
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La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 200
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[43]

poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…

p. 200
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¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 69
1 cita
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sepultada por los acontecimientos (mejor: quedó en manos de otras corrientes, básicamente del uribismo) No: el Acuerdo no les daba a las FARC ni el derecho ni la posibilidad —entre otras cosas por su enorme deuda humanitaria, su agudo aislamiento de cara a la opinión y su debilidad política— de tratar de cogobernar o…

p. 69
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Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 16
1 cita
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desapariciones y los secuestros se contaban por centenas; los desplazamientos, por cientos de miles, y todas las camas del Hospital Militar estaban copadas por heridos de guerra. Lo ganado con el Acuerdo de Paz de noviembre de 2016 es una realidad. Si bien no se dio la transformación participativa regional que se…

p. 16