Guaviare
“El Guaviare es uno de los territorios donde más claramente se lee la paradoja del Estado colombiano: un departamento cuya ocupación humana se remonta doce mil años atrás, pero cuya existencia administrativa apenas data de 1991, cuando la coca y las…”
El Guaviare es un departamento amazónico de 53.460 kilómetros cuadrados, cuatro municipios y apenas 82.767 habitantes según el censo de 2018, situado en el umbral geográfico donde la selva cede paso a las sabanas de la Orinoquía. Su historia, sin embargo, no cabe en esas cifras. Es la crónica de una frontera móvil que el Estado colombiano abrió sin capacidad de gobernar: un territorio donde la ocupación humana precede en milenios a cualquier cartografía, donde las oleadas migratorias del siglo XX escribieron la geografía real antes de que llegara el decreto, y donde la coca, las FARC y el despojo indígena terminaron llenando el vacío institucional que las propias políticas de colonización habían creado. San José del Guaviare, El Retorno, Calamar y Miraflores son menos capitales administrativas que estaciones sucesivas de esa penetración descontrolada hacia el sur.
La geografía que da el nombre
El río Guaviare organiza el territorio y le presta su nombre. Nace de la confluencia del Ariari y el Guayabero, y recorre unos 1.200 kilómetros —1.350 si se cuenta el tramo del Guayabero— hasta desembocar en el Orinoco casi en el mismo punto que el río Atabapo. Es un río de frontera en el sentido más literal: la línea de agua donde la gran selva se encuentra con los llanos, el límite norte de la Amazonía colombiana, esos 423.473 kilómetros cuadrados que equivalen al 37% del territorio nacional.
Aguas arriba de la confluencia con el Orinoco, el sistema Guaviare-Guayabero, con sus 1.350 kilómetros, supera en longitud al propio Orinoco —900 kilómetros hasta ese punto—, lo que ha llevado a algunos geógrafos a considerar el Guaviare como el verdadero alto Orinoco. Pocos kilómetros antes de la desembocadura se le suma el río Inírida: cerca de mil kilómetros de aguas negras, casi innavegable por los raudales y saltos que se estrellan contra el basamento pétreo del Escudo Guayanés. Desde la confluencia con el Atabapo, el Orinoco corre 250 kilómetros como frontera común con Venezuela, también tachonada de raudales.
El departamento limita al norte con Meta y Vichada, al oriente con Guainía y Vaupés, y al sur con Caquetá. Su relieve mezcla la planicie amazónica con afloramientos rocosos del Escudo Guayanés que se levantan como islas de piedra en medio de la selva: la Serranía de La Lindosa cerca de San José, y más al sur la Serranía de Chiribiquete, hoy parque nacional, cuya extensión desborda hacia el Caquetá.
Los primeros habitantes: doce mil años de pintura
Cuando se habla del Guaviare como frontera reciente se olvida que la ocupación humana del territorio es antiquísima. En la Serranía de La Lindosa, los paneles de arte rupestre alcanzan más de cincuenta metros de longitud y diez de altura, cubriendo con pigmento rojo sobre roca granítica lo que en su momento fueron paisajes muy distintos al actual bosque húmedo tropical. Entre hace 12.000 y 10.000 años, cuando comenzaron a pintarse esas figuras, el clima era más frío y menos húmedo: la zona se parecía a una sabana abierta salpicada de bosques y matorrales espinosos, por la que aún transitaba la megafauna pleistocénica.
En Cerro Azul, uno de los sitios de La Lindosa, se dató un fragmento de ocre —óxido de hierro, la materia prima de las pinturas— asociado a ese periodo. Algunas de las figuras zoomorfas de los murales han sido interpretadas como representaciones de animales extintos, entre ellos el perezoso gigante Megatherium americanum. La llamada fase Guaviare-Guayabero del arte rupestre se extiende entre los 16.000/10.000 años antes de Cristo y el 3.500 a. C., abarcando así toda la larga transición del Pleistoceno al Holoceno. Quienes pintaron esos paneles eran bandas nómadas de cazadores-recolectores que trabajaban la piedra, el hueso y la madera; cazaban venados y curíes, y ocasionalmente mastodontes y caballos americanos, además de recolectar frutos silvestres.
Los paneles quedan hoy escondidos en lo alto de formaciones rocosas rodeadas de vegetación densa —árboles, enredaderas, palmas, plantas herbáceas—, invisibles desde lejos, y solo en las últimas décadas han empezado a estudiarse sistemáticamente. Constituyen uno de los archivos más antiguos y densos del poblamiento americano.
Circuitos indígenas y sobrevivientes: caverres, guaipunavis, nukak
Mucho después de esas primeras bandas, cuando los europeos llegaron al alto Orinoco en el siglo XVI, encontraron sociedades indígenas integradas en amplios circuitos comerciales que conectaban la Amazonía con los Llanos. La región del actual Guaviare era parte de esa red. Los caverres fabricaban la quiriba, un objeto que funcionó como moneda en tiempos prehispánicos y coloniales, y aparecen asociados al mercado del veneno de curare en el alto Orinoco. Los guaipunavis producían y comerciaban el colorante chica y ralladores de yuca. La imagen de una Amazonía aislada y ahistórica es un mito colonial: había especialización productiva, intercambio a larga distancia y jerarquías comerciales antes de la conquista.
De aquel mundo sobrevive, empobrecido y fragmentado, el pueblo Nukak. Cazadores-recolectores nómadas que vivían en las cercanías de los ríos Inírida y Guaviare en grupos de veinte a treinta personas, los nukak podían cambiar de residencia hasta cincuenta veces al año. Mantuvieron esa forma de vida hasta hace pocas generaciones: sus primeros contactos con la sociedad envolvente ocurrieron apenas en la década de 1970. En 1988 fueron vistos 43 de ellos en Calamar y se estimó una población total cercana a 1.200 personas. La consecuencia del encuentro fue la catástrofe habitual: enfermedades para las que no tenían defensas redujeron su población en un 40%, hasta unas 600 personas en el último censo, y familias enteras desaparecieron.
En 2004, los enfrentamientos entre las FARC y las Autodefensas Unidas de Colombia forzaron el desplazamiento de los nukak desde su territorio ancestral. Junto a los Jiw, comparten hoy la condición de pueblos en riesgo de extinción física y cultural. En enero de 2021, la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas tenía registradas 5.919 víctimas indígenas en el Guaviare, cifra elocuente para un departamento cuya población total apenas supera los ochenta mil habitantes.
Los colonos: expulsados de los Andes hacia el sur
La colonización campesina del Guaviare pertenece a un fenómeno de escala nacional. Entre 1950 y 1960, Nariño y Tolima registraron las más altas tasas de expulsión de campesinos, y esos flujos —a los que se sumaron migrantes de Boyacá y Cundinamarca— se dirigieron hacia el piedemonte amazónico: Putumayo, Caquetá y, más adelante, Meta y Guaviare. La Violencia bipartidista de mediados de siglo empujó a familias enteras a buscar tierra en los baldíos de la nación, siguiendo el patrón clásico de la frontera agrícola colombiana.
Ese patrón se repite en el Guaviare con variaciones. El colono pobre entra al monte, tumba selva, siembra, construye una tenencia. Al cabo de unos años llegan los comerciantes, los prestamistas y los ganaderos con dinero para comprar las mejoras: compran barato, concentran la tierra, la dedican a ganadería extensiva. El colono arruinado enfrenta entonces dos caminos: vender e internarse más adentro para abrir otra finca, o desistir y regresar a su lugar de origen. Cuando elige lo primero —y muchos lo hacen— la frontera avanza y la deforestación se profundiza. Los estudios del INCORA de los años sesenta ya habían identificado esa mecánica como reproductora de latifundio en las zonas de colonización.
A este flujo espontáneo se sumó desde 1961 una política estatal explícita. La Ley 135 de ese año y los proyectos de colonización dirigida del INCORA aceleraron la adjudicación de baldíos en la Amazonía. Entre 1962 y 1971, el INCORA adjudicó en promedio 14.562 predios y 521.175 hectáreas por año, cifras 2,71 y 1,83 veces superiores al promedio histórico de las tres décadas anteriores. La colonización dirigida se presentó como estrategia para atenuar el conflicto agrario andino desviando la presión sobre la tierra hacia las selvas del oriente. Fue una política de exportación del problema.
El Estado, entretanto, era una ausencia elocuente. En 1962, el jefe de la División de Territorios Nacionales, Luis López Guevara, informó que contaba con seis empleados para atender todas las funciones administrativas de esos territorios —el Guaviare aún era parte de la comisaría del Vaupés— y calificó de "indispensable" dotar la oficina de presupuesto mínimo y autonomía. En algunas zonas de colonización, la presencia estatal se reducía a la inspección de policía y la escuela. Sobre ese esqueleto administrativo se descargaron oleadas migratorias de miles de familias.
La coca lo cambia todo
Entre 1977 y 1987, la introducción del cultivo de coca produjo un nuevo auge colonizador en Caquetá, Putumayo y Guaviare, atrayendo gente de todo el país. En el Guaviare, el efecto fue particularmente intenso a comienzos de los años ochenta: la coca se convirtió en el principal acicate de una colonización amazónica que ya venía fuera de control y que ahora se aceleraba con un cultivo comercial de altísimo valor, resistente al transporte precario y ajustado al bolsillo del pequeño productor.
La coca reorganizó el territorio. En el eje de la carretera que conecta a San José del Guaviare con Calamar —el corredor de penetración desde el Meta— la selva fue reemplazada por fincas, y el proceso continúa selva adentro, replicando lo ya ocurrido en el piedemonte del Caquetá y el Putumayo. El colono cocalero podía sostenerse en tierras que la economía campesina tradicional no rentaba, y por tanto podía llegar más lejos y quedarse más tiempo. Esa misma capacidad transformó la geografía humana del departamento: pueblos que crecieron a golpe de bonanza, comercio ligado a la pasta base, flujos monetarios sin banca, precios locales inflados y una integración perversa al mercado nacional a través del narcotráfico.
Fue entonces cuando las FARC entraron al Guaviare. El Frente 1 ingresó a San José desde la región del Ariari, en el Meta, a comienzos de los años ochenta, atraído por el negocio creciente de la coca. La Séptima Conferencia, celebrada en 1982, había definido una estrategia de expansión hacia el sur, y el corredor amazónico —Caquetá, Guaviare, zonas limítrofes— fue prioritario. Las guerrillas controlaron el eslabón productivo del cultivo: la hoja, la pasta y la base. Actuaron como reguladores de derechos de propiedad y transacciones en zonas aisladas donde el Estado no aparecía. Las fases posteriores de refinación y comercialización quedaron en manos de organizaciones más complejas con sus propios aparatos armados.
Aquella convergencia entre economía cocalera, colonización descontrolada y presencia guerrillera produjo lo que la Comisión de Superación de la Violencia diagnosticó en 1992: el Guaviare tenía dos grandes problemas superpuestos —una colonización fuera de control impulsada por la coca en los diez años previos, con el consecuente despojo de territorios indígenas, y la ineficiencia absoluta del Estado para cumplir sus funciones—. La inoperancia estatal y la colonización desbocada habían dado lugar a contrapoderes paramilitares y guerrilleros que suplían, a su modo, los vacíos institucionales.
De comisaría a departamento
Administrativamente, el Guaviare fue durante décadas una franja de la Comisaría del Vaupés. Su emancipación se produjo por etapas. Primero, la Comisaría del Guaviare se creó al dividirse la antigua Comisaría del Vaupés, proceso que también dio origen a la Comisaría del Guainía y dejó al Vaupés como una tercera entidad reducida. Los territorios nacionales seguían siendo, en la práctica, apéndices administrativos con poca representación política y presupuesto marginal.
La Constitución de 1991, expedida bajo la presidencia de César Gaviria, elevó las antiguas comisarías e intendencias al rango de departamentos. El Guaviare pasó así a tener asamblea, gobernador elegido, representación en el Congreso y capacidad presupuestal propia. Fue un ascenso formal que llegó, como suele ocurrir en las fronteras, tarde: para 1991 el territorio ya estaba dominado por las FARC en amplias zonas, la economía cocalera era la principal fuente de ingresos y los cuatro municipios apenas alcanzaban a proyectar autoridad más allá de sus cascos urbanos.
La composición territorial refleja el proceso de poblamiento. San José del Guaviare, la capital, es el punto de entrada desde el Meta y concentra la mayor parte de la infraestructura y la población urbana. El Retorno y Calamar se ubican en el eje de colonización hacia el sur, sobre la trocha que penetra la selva. Miraflores, más al sur y ya en pleno interior amazónico, quedó como la última estación del avance colonizador y como enclave estratégico del control militar y guerrillero. La distribución demográfica del censo de 2018 —45.991 habitantes en cabeceras urbanas y 36.776 en zonas rurales— muestra un departamento urbanizado por goteo, con una ruralidad dispersa en veredas y colonos internados en las selvas.
Un episodio revela la relación peculiar entre colonos y territorio: el representante a la Cámara Ignacio Jabela lideró desde el Congreso el proceso de sustracción de la reserva forestal en la región, con amplio respaldo de la población organizada en Juntas de Acción Comunal. La reserva —diseñada como instrumento de conservación— era percibida por los colonos como obstáculo para la titulación de sus predios. La movilización política de las JAC logró levantarla en amplias zonas, en una decisión que ilustra la tensión estructural del departamento: cada avance de la titulación campesina fue también un retroceso de la protección ambiental, y cada intento de conservación chocó con una frontera de colonización que no tenía a dónde ir hacia atrás.
Miraflores, agosto de 1998
La toma guerrillera de Miraflores es el episodio que sintetiza el peso militar del Guaviare en el conflicto armado colombiano. El 3 de agosto de 1998, aproximadamente 1.200 combatientes de las FARC atacaron simultáneamente a la Policía y al Ejército —el Batallón de Infantería 19 "Joaquín París" de la Séptima Brigada— junto con las fuerzas antinarcóticos apostadas en el municipio. Los reportes varían: entre 100 y 132 miembros de la fuerza pública fueron retenidos, unos 30 murieron y alrededor de 50 quedaron heridos. Fue la acción guerrillera que arrojó la mayor cantidad de personas privadas de su libertad en una sola incursión durante el ciclo largo del conflicto entre 1965 y 2013.
La toma no ocurrió en el vacío. Entre 1985 y 1999, las FARC se fortalecieron sostenidamente en el corredor Guaviare-Vaupés, multiplicando las tomas como demostración de capacidad militar, a pesar de la confrontación con la Cuarta División del Ejército. Miraflores era, en 1998, un punto clave del engranaje cocalero: allí se procesaba pasta base y de allí salía el producto hacia rutas del narcotráfico. La toma tuvo, por tanto, un doble sentido: golpe militar contra la fuerza pública y operación económica para consolidar el control guerrillero sobre la cadena.
Ese mismo agosto, mientras Miraflores ardía, el exgeneral Harold Bedoya Pizarro denunciaba públicamente que una gran ofensiva contra las FARC en el sur del país —bautizada operación "Conquista"— no había contado con respaldo gubernamental. La queja retrataba el ánimo militar del momento: unas Fuerzas Armadas que se sentían derrotadas y un gobierno saliente —el de Ernesto Samper— acusado de debilidad frente a una guerrilla que alcanzaba su cenit territorial. La toma del cuartel amazónico dio, a los pocos días, un peso brutal a la denuncia.
En los años noventa, las FARC —principalmente a través de los frentes 1 y 44— eran el grupo armado con mayor presencia en los cuatro municipios del Guaviare. El contexto estuvo marcado por masacres, tomas, secuestros y narcotráfico. El proyecto conjunto de la Jurisdicción Especial para la Paz, la Comisión de la Verdad y el Human Rights Data Analysis Group determinó, con corte a junio de 2022, que las FARC fueron responsables del 93,6% de los reclutamientos registrados en el departamento. El 28 de enero de 2006, las FARC entraron a San José del Guaviare y asesinaron a cuatro personas: un recordatorio, ya en plena Seguridad Democrática, de que el control territorial guerrillero seguía siendo un hecho.
Los paramilitares y la disputa territorial
La contraparte paramilitar tuvo también su capítulo. Testimonios ante la justicia de Salvatore Mancuso y de alias "El Cura" señalaron que paramilitares provenientes del Urabá se desplazaron al Guaviare en aviones, con presunta coordinación de miembros de la fuerza pública, en la operación que culminó con la masacre de Mapiripán —perpetrada en el Meta pero con implicaciones directas sobre las dinámicas del corredor Meta-Guaviare—. No todas las responsabilidades militares señaladas quedaron probadas judicialmente, pero el episodio ilustra que la incursión de las AUC en la región amazónica requirió, o al menos benefició de, la complicidad o la omisión de sectores del Estado.
Ya en el posacuerdo, tras la firma de La Habana en 2016, el Guaviare heredó la fragmentación característica de las zonas donde las FARC ejercían control monopólico. La Defensoría del Pueblo, en la Alerta Temprana SAT N.° 014-14, identificó en los municipios de El Retorno y Calamar un escenario de riesgo por la disputa territorial entre las agrupaciones Libertadores del Vichada y las Pijas —aliadas con Los Rudos— y frentes disidentes de las FARC. La geografía del conflicto se reconfiguró, pero la estructura de una economía ilegal sostenida por la coca y unos actores armados que se disputan corredores, laboratorios y rentas se mantuvo.
En ese ajedrez han operado, en distintos momentos, comandantes de peso en la estructura de las FARC. Manuel Marulanda Vélez, "Tirofijo", fundador y jefe histórico de la organización hasta su muerte en 2008, pertenece a la generación que definió la estrategia expansiva hacia el sur en la Séptima Conferencia de 1982. Raúl Reyes, del Secretariado, era una figura pública de la guerrilla hasta su muerte en la operación Fénix de 2008. Mauricio Jaramillo, alias "El Médico", operó en la región amazónica y participó en las fases iniciales de los diálogos que condujeron al acuerdo de 2016. Bajo esos comandos, el Guaviare fue durante décadas retaguardia estratégica, fuente de financiación y escenario de operaciones militares mayores.
El Estado que llega tarde y por decreto
La secuencia se repite con precisión inquietante: primero llegan los colonos, luego los cultivos ilegales, luego los grupos armados, y por último —con retraso de décadas— el Estado a certificar cartográficamente lo que otros ya escribieron sobre el terreno. La ausencia estatal no fue simple olvido. Fue el resultado de una política deliberada —abrir la frontera para descomprimir el conflicto agrario andino— combinada con la incapacidad crónica de acompañar esa apertura con instituciones, servicios y presencia territorial. El vacío lo llenaron los propios colonos con sus Juntas de Acción Comunal, los comerciantes de mejoras con su lógica de concentración, los narcotraficantes con su economía sombra y las guerrillas con su orden armado.
Los colonos, así, fueron protagonistas y no víctimas pasivas. Construyeron veredas, presionaron por vías, negociaron el levantamiento de la reserva forestal, se organizaron en cooperativas, resistieron fumigaciones y erradicaciones, y hacia mediados de la década de 1990 comenzaron a transitar de la autoidentificación como "colonos" —categoría patriarcal centrada en la transformación del bosque— hacia la de "campesinos", con la carga política de un reconocimiento estatal buscado. Esa transición identitaria coincidió con las movilizaciones cocaleras y con la necesidad de diferenciarse de las etiquetas de guerrillero o narcotraficante con que el discurso oficial los englobaba.
Chiribiquete, Nukak, deforestación: la frontera hoy
El Guaviare contemporáneo alberga dos de las áreas protegidas más importantes del país. El Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, ampliado en varias ocasiones, protege un territorio de tepuyes, arte rupestre milenario y biodiversidad excepcional que se extiende hacia el Caquetá. La Reserva Nacional Natural Nukak resguarda parte del territorio ancestral del pueblo del mismo nombre. Ambas figuras conviven en tensión con la frontera de colonización, que sigue avanzando: la deforestación en el eje de la carretera hacia San José y Calamar continúa, y la selva profunda del sur del departamento enfrenta presiones crecientes de ganadería extensiva, cultivos ilícitos y acaparamiento de tierras.
La firma del acuerdo de paz de 2016 tuvo un efecto ambiguo sobre esa dinámica. La salida de las FARC de amplias zonas eliminó un actor que —a su manera contradictoria— había puesto freno a algunas formas de expansión colonizadora en áreas bajo su control. El resultado fue un aumento notable de la deforestación en los años inmediatamente posteriores al acuerdo, en el Guaviare y en departamentos vecinos, cuando el vacío de poder territorial fue ocupado por lógicas de acaparamiento y ganaderización sin contrapeso. La ecuación tradicional del departamento —colono, coca, actor armado, Estado ausente— se recompuso con nuevos actores pero con la misma gramática.
Los Nukak, entretanto, siguen desplazados, viviendo en asentamientos precarios cerca de San José, dependientes de ayudas humanitarias, con sus estructuras familiares y culturales fracturadas. Los Jiw enfrentan condiciones similares. La tragedia de estos pueblos es la culminación de un proceso de siglos: los circuitos comerciales prehispánicos donde caverres y guaipunavis intercambiaban curare, quiriba y chica fueron reemplazados por circuitos de caucho a comienzos del siglo XX, luego por los flujos colonizadores, luego por la coca, luego por el conflicto armado. Cada capa se depositó sobre la anterior sin borrarla del todo, pero cada capa erosionó un poco más la posibilidad de que los pueblos originarios siguieran habitando su territorio en sus propios términos.
La huella
El Guaviare es una ficha de la geografía colombiana difícil de encasillar. No es el Chocó, aunque comparta con él la condición periférica y el olvido histórico. No es la Amazonía "profunda" del Vaupés o del Amazonas, aunque comparta ecosistemas y pueblos. Es, más bien, una frontera: la línea donde la Colombia andina y ganadera se encontró con la selva amazónica y donde ese encuentro produjo, a lo largo del siglo XX, un territorio nuevo con reglas propias.
Lo que el Guaviare deja como huella en la historia nacional es una lección incómoda sobre los límites del Estado. Muestra cómo una política pública —la colonización dirigida como válvula de escape del conflicto agrario— puede desatar dinámicas que exceden todo control y producir, tres décadas después, un departamento donde la coca y la guerrilla son las instituciones efectivas. Muestra cómo la ausencia estatal no es un accidente sino, muchas veces, el resultado no deseado pero previsible de decisiones tomadas en Bogotá con horizontes cortos. Y muestra cómo, en las fronteras, los pueblos originarios pagan el precio más alto: los nukak, con su población reducida a la mitad y su nomadismo interrumpido, son la contabilidad final de un proceso donde todos los demás actores —colonos, guerrillas, ganaderos, narcotraficantes, funcionarios— salieron mejor librados que ellos.
San José del Guaviare es hoy un pueblo que lleva seis décadas escribiéndose sin leerse. Los decretos han certificado, siempre a destiempo, lo que colonos, guerrillas y comerciantes de mejoras ya habían escrito sobre el terreno; los mapas de conservación han corrido detrás de la motosierra; las políticas de sustitución han llegado cuando la mata de coca ya era vieja. Ahora aparecen, junto a la vieja frontera móvil que sigue empujando hacia el sur, La Lindosa y Chiribiquete como archivos de doce mil años que el país empieza apenas a mirar. Cuál de las dos escrituras termine imponiéndose dependerá menos de un decreto más que de la capacidad efectiva —material, política, institucional— del Estado y de la sociedad para gobernar por fin este pedazo de país.
El territorio en el archivo
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
39 documentos · 46 fragmentos01Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 1141 cita
[1]»/ NonTR DE SANTANDER anaes et Pais 1 Carers ea Conta y foc alle et Arata Sa fae { 1 amar de Tmaco-Boemaventra Tesi cunpnygmarch 04 D.C TOLIMA Regiones naturales., er —— Mos y quebradas $$. Lite separtamentat Amazonia E Colombia, con una extension de 403.401 km?, que 1 gran region comprende todo el suroriente de…
p. 114
02Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 1721 cita
[2]corporal como las pociones y los polvos que les facilitan ir más allá de lo obvio, las gentes del Amazonas han seguido los pasos propios del método científico. Han probado lianas, mace- rado raíces, tostado hojas y hervido brebajes. Conocidos los efectos, han repetido meticulosas observaciones de sí 173 Hfiífinfiídi…
p. 172
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1731 cita
[3]acti- vidades económicas fundamentales del departamento es la extracción de la fibra de palma de chiquichiqui, empleada especialmente para la pro- ducción de escobas. También se ex- trae chicle. Otros recursos económi- cos son la agricultura, la pesca, la ca- za y la ganadería, que tiene su princi- pal centro en…
p. 173
04Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 171, 1782 citas
[4]su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…
p. 171
[29]5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…
p. 178
05Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 1831 cita
[5]principales de la cuenca del Orinoco El Arauca, que forma el límite con Venezuela sobre 280 km tiene una extensión de 1. 000 km y es navegable desde la población de su nombre. El Meta tiene sus cabeceras for- madas por los ríos Humea, Guatiquía, Guayuriba y sus afluentes en el páramo de Sumapaz, tiene una longitud de…
p. 183
06Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1012 citas
[6]poca distancia nacen también el Duda y el Ariari, que después van a engrosar sus aguas. El Guaviare-Guayabero tiene una longitud de 1.350 km y, por eso, algunos lo consideran co- mo el verdadero alto Orinoco, pues este último tan sólo tiene 900 km de recorrido al unirse con CA Las aguas continentales El río Vichada a…
p. 101
[7]poca distancia nacen también el Duda y el Ariari, que después van a engrosar sus aguas. El Guaviare-Guayabero tiene una longitud de 1.350 km y, por eso, algunos lo consideran co- mo el verdadero alto Orinoco, pues este último tan sólo tiene 900 km de recorrido al unirse con CA Las aguas continentales El río Vichada a…
p. 101
07Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 1351 cita
[8]el Guaviare y el Atabapo, dos corrien- tes que confluyen casi en el mismo punto con el gran tio colombo-venezolano. Desde ese punto hacia el norte, hasta la desembocadura del Meta, el Orinoco es comin a los dos paises en un tramo que mide doscientos cin- cuenta kilémetros de longitud, dificilmente navegable a causa de…
p. 135
08Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 598, 6112 citas
[9]área de transición entre las tierras altas y bajas. Si bien las pinturas pueden llegar a ocupar paneles de más de 50 m de longitud y 10 m de altura (figura 150)¹, estas no se observan desde lejos, pues se encuentran en las partes más elevadas de estas formaciones rocosas y, además, están rodeadas por una vegetación…
p. 598
[10]con ciertas figuras zoomorfas dibujadas en los murales de Cerro Azul (figura 154)¹³. En Cerro Azul, además, se obtuvo una fecha de este periodo asociada a un fragmento de ocre u óxido de hierro, como los usados para la elaboración de las pinturas¹⁴. Si bien se necesita más evidencia que demuestre que este tipo de…
p. 611
09¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 161 cita
[11]los Montes de María y la Serranía de Chiribiquete en el Guaviare técnicas muy parecidas de arte ru pestre practicado durante milenios, pero que a la vez expresan respuestas estéticas a sistemas de creencias radicalmente distin tos entre sí. Todos estos pueblos desarrollaron un respetable grado de intercambios…
p. 16
10Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 1181 cita
[12]los primeros pobladores, o incluso negar que tuvieran un lugar importante en la dieta. Semejante aseveración es absurda lejos del Ecuador, pero raya en lo ridículo para poblaciones que viven en el trópico. Antes de entrar de lleno en este tema, voy a hacer un paréntesis relacionado con los nukak,…
p. 118
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 181 cita
[13]sitios de vivienda, adonde llevaban el producto de sus expediciones de recolección para el faenado de las presas de ca- za; la recolección y la cacería eran realizadas den- tro de un territorio delimitado pero suficiente- mente grande y servían también como talleres donde trabajaban la piedra, el hueso y la madera, A…
p. 18
12Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 911 cita
[14]Guaviare se es- pecistizaron en la producción y comercialización del curare, a traves de un mercado del veneno que fun- cionaba en el alto Orinoco. Se ha mencionado que los caverres fueron también fabricantes de la fa- mosa quiriba, que desempeñó funciones de mo- Neda en los tiempos prehispánicos y coloniales. Los…
p. 91
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 431 cita
[15]ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…
p. 43
14Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 5561 cita
[16]comunidades Jiw y Nukak 130 en el departamento del Guaviare y el Meta. Los nukak son cazadores, pescadores y recolectores. Antes transitaban en grupos de 20 o 30 personas por las cercanías de los ríos Inírida y Guaviare y podían cambiar su residencia hasta 50 veces por año. En la década de los se- tenta tuvieron sus…
p. 556
15Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 671 cita
[17]Quindío 539.904 471.910 67.994 12 Chocó 534.826 243.194 291.632 31 Casanare 420.504 295.434 125.070 19 Caquetá 401.849 258.280 143.569 16 Putumayo 348.182 174.539 173.643 13 Arauca 262.174 172.634 89.540 7 Vichada 107.808 25.833 81.975 4 Guaviare 82.767 45.991 36.776 4 Amazonas 76.589 37.047 39.542 2 San Andrés y…
p. 67
16El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la Amazonía colombiana, sus plantas y sus ritualesRichard Evans Schultes, Robert F. Raffauf · 2018 · p. 721 cita
[18]Ama- zonas y Vaupés. Ahora incluye seis departamentos, por cuanto la comisaría más grande, Vaupés, se dividió en tres para crear dos nuevas entidades: Guainía y Guaviare. Las cuatro comisarías originales, en las cuales se basa este libro, abarcan una extensión de 250. 682 kilómetros cuadrados. Hay pocos centros de…
p. 72
17Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 772 citas
[19]y demo - gráficos se articulan para transformar los bosques. En el caso de la frontera agrícola, la situación en la Amazon í a es ilustrativa de esta dinámica. Al mirar el mapa de Colombia en Google Earth, la zona amazónica aparece de un verde oscuro (bosque), pero a medida que uno se acerca a la cordillera oriental,…
p. 77
[20]y demo - gráficos se articulan para transformar los bosques. En el caso de la frontera agrícola, la situación en la Amazon í a es ilustrativa de esta dinámica. Al mirar el mapa de Colombia en Google Earth, la zona amazónica aparece de un verde oscuro (bosque), pero a medida que uno se acerca a la cordillera oriental,…
p. 77
18Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3871 cita
[21]Atlas de economía colombiana, 1960. Capítulo 14 387 388 Nueva Historia de Colombia. Vol. III Danza indígena, ilustración a la novela "Toá", de César Uribe Piedrahíta, publicada en 1933, con denuncias sobre matanzas de indígenas organizadas por los caucheros de la selva amazónica. apreciaba un movimiento interno de…
p. 387
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 48, 782 citas
[22]con las amazónicas 86 y desarro- llaron «ganaderías vacunas y cultivos de plátano y hortalizas» 87, dando comienzo a la reconfiguración territorial y productiva. Un colono campesino le contó a la Comisión su origen y el de su familia: «[Soy] un hijo de colonos por parte de mi padre, quien nació aquí en Florencia,…
p. 48
[36]del Valle del Guamuez, que ocurrió a principios de los ochenta, en donde como lo recuerda un habitante del municipio, «el EPL hace una toma aquí en La Hormiga, mató dos policías, y otros tantos heridos. […] Se llevaron el dinero de allí de la Caja Agraria» 175. Y, por último, las FARC, que ya habían ubicado en la zona…
p. 78
20Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 661 cita
[23]total del país vive en la gran región oriental de la Amazonía y la Orinoquía. La colonización es conflictiva porque los grupos iniciales de campesinos que desmontan la selva o los bosques de galería llaneros son desplazados por los grandes compradores de mejoras, que concentran la propiedad para la ganadería extensiva…
p. 66
21El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[24]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
22El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[25]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
23Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 4231 cita
[26]in this region, and, later, the government set limits on expansion during the years 1960 to 1970. The other column originally headed toward the Alto Guayabero and then spread out toward El Pato and Caguán and eventually, toward the Caquetá River. The columns split up because of their need to survive, but they did not…
p. 423
24Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 581 cita
[27]“país en el medio” que, contrariado con el teatro del Caguán, acogió con entusiasmo la Política de Seguridad De- mocrática del presidente Uribe y cambió los balances previos (Palacios, 2006). Un tópico del conflicto colombiano señala la proclividad de los colonos a involucrarse, como quedó demostrado en esa amalgama…
p. 58
25Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 611 cita
[28]la renta que cobraban por concepto de protec- ción a las multinacionales e impedir su influencia política entre el cam- pesinado. Entre 1989 y 1994, 1.115 personas fueron asesinadas por motivos políticos (los índices más altos de la región). La mayoría de las víctimas eran colonos, pequeños campesinos e indígenas,…
p. 61
26Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 1351 cita
[30]some of them have participated in a wide variety of activities such as exploiting natural resources (land, timber, skins), working in illegal economies linked to coca crops, and engaging in struggles for land. In such a volatile context, changing notions of campesino or colono have achieved (or not) political…
p. 135
27El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1432 citas
[31]desplegó la presencia de las FARC. Así analizó la situación del departamento la Comisión de Superación de la Violencia en su informe publicado a inicio de 1992. La problemática (…) del departamento gira sobre dos grandes ejes: por un lado, una colonización de territorio amazónico fuera de control que en los últimos…
p. 143
[32]desplegó la presencia de las FARC. Así analizó la situación del departamento la Comisión de Superación de la Violencia en su informe publicado a inicio de 1992. La problemática (…) del departamento gira sobre dos grandes ejes: por un lado, una colonización de territorio amazónico fuera de control que en los últimos…
p. 143
28Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 4611 cita
[33]armado y violencia, relata que el 28 de enero de 2006, el año en que Daniel nació, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) entraron al municipio de San José del Guaviare y asesinaron a cuatro personas. En este contexto es en el que niños como Daniel han crecido. En medio de diversos actores armados,…
p. 461
29Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 561 cita
[34]de coca y laboratorios de procesamiento de pasta y base. Los individuos que no están amparados por el poder de organizaciones fuertes son más vulnerables a la depredación de un grupo guerrillero, y de hecho, necesitan su presencia para que actúen como una tercera parte encargada de la regulación de los derechos de…
p. 56
30Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 331 cita
[35]las protestas campesinas. Para el 13 de mayo de 1996 se expidió el decreto 0871 por el cual se estableció como zona especial de orden público el área geográfica de la jurisdicción de todos los municipios de los departamentos de Guaviare, Vaupés, Meta Vichada y Caquetá (Ramírez, 2001). Con ello se recrudecieron las…
p. 33
31Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 2391 cita
[37]al que se referían como “intercambio humanitario”. 240 Tomas y ataques guerrilleros (1965 - 2013) Es así como, a las modalidades de “pescas milagrosas 62 ” y de secuestros individuales en zonas rurales y urbanas, se sumaron los secuestros masivos de policías, militares y civiles en el marco de las incursiones…
p. 239
32Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 2271 cita
[38]the ones most recurrently mentioned were the defeats in the departments of Caquetá, Guaviare, and Vaupés—all of them in 1998. The first one involved an ambush against the Army’s Counterguer- rilla Battalion No. 52, an elite force of the 3rd Mobile Brigade formed by professional soldiers trained in counterinsurgency.…
p. 227
33Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1031 cita
[39]las filas de las FARC-EP entre 1985 y 1999, y aunque siempre estuvieron confrontadas por la Cuarta División del Ejército Nacional, lograron fortalecer sus estructuras armadas, lo que se evidenció en el aumento de las tomas, las cuales mostraban una guerrilla con- fiada y robusta. Entre estas se encuentra la conocida…
p. 103
34No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2011 cita
[40]junto a otros amigos cuyas edades oscilaban entre los catorce y los quince años. «Nos cogieron y botaron a una cancha; decían que éramos guerrilleros, aunque en esa época ni sabíamos que la guerrilla pasaba por ahí. Al otro día nos pusieron a limpiar las calles. Luego, seis amigos, entre los catorce y quince años, nos…
p. 201
35Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 3872 citas
[41]Seguimiento N° 014-14 para los municipios El Retorno y Calamar (Guaviare) emi - tida por el SAT de la Defensoría del Pueblo, especifica que en estos municipios se configuraba un escenario de riesgo de viola - ciones a los derechos humanos por causa de la disputa territorial sostenida entre las agrupaciones…
p. 387
[42]Seguimiento N° 014-14 para los municipios El Retorno y Calamar (Guaviare) emi - tida por el SAT de la Defensoría del Pueblo, especifica que en estos municipios se configuraba un escenario de riesgo de viola - ciones a los derechos humanos por causa de la disputa territorial sostenida entre las agrupaciones…
p. 387
36Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 2941 cita
[43]en evidencia la justicia, “Raúl” hizo la tarea y hubo coordinación de los movimientos entre miembros de la fuerza pública y los paramilitares por radioteléfono. Además de la logística local, otros militares, presumiblemente en Urabá, habían dado un visto bueno anterior a la sangrienta operación. Tanto Mancuso como…
p. 294
37Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 2931 cita
[44]y Amazonia sólo se habían adjudicado 6.479 predios, con 317.389 has, predios pequeños para colonos110. O sea que en la primera década de la nueva reforma agraria avanzó significativamente la ad judicación de tierras a colonos, ello se explica en buena parte como resultado de los proyectos de colonización dirigida que…
p. 293
38Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 821 cita
[45]that the personnel in the División de Territorios Nacionales did not have proper training for their jobs and even had to be instructed in how to prepare a budget. Despite this deficiency, Ramírez Moreno had already visited Amazonas and Vichada and was planning to go to Arauca, La Guajira, and “all the other National…
p. 82
39La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 2231 cita
[46]el aumento de cultivos de uso ilícito; el levantamiento permitiría que las familias de la zona accedieran a programas gubernamentales de subsidio agrícola", Por último, la legalización de la propiedad y la asistencia del Estado evitarían que las familias se conviertan en base de apoyo social de los grupos armados…
p. 223