Mapiripán
“Mapiripán ocupa un lugar singular en la geografía del conflicto colombiano: es simultáneamente un municipio real —remoto, fluvial, marcado por economías extractivas sucesivas— y un símbolo que ha trascendido sus coordenadas físicas para instalarse…”
Mapiripán es un municipio del departamento del Meta situado a orillas del río Guaviare, en el punto donde la Orinoquía colombiana se disuelve en la Amazonía. Su territorio, de acceso arduo y economías extractivas sucesivas —ganadería, coca, petróleo—, pertenece a esa franja de frontera interna donde la presencia del Estado ha llegado siempre tarde. El nombre del municipio, sin embargo, dejó hace tiempo de designar solo un lugar: entre el 15 y el 20 de julio de 1997, un grupo de paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia torturó, desmembró y degolló allí a alrededor de cuarenta y nueve personas, y arrojó sus restos al río. La masacre convirtió al municipio en cifra del horror, en jurisprudencia interamericana y en hito fundacional del dominio paramilitar en los Llanos Orientales. Restituirle al lugar su geografía sin desactivar el peso del símbolo es la tarea de esta ficha.
El municipio y su lugar en el mapa
Mapiripán se extiende en el sur del Meta, sobre la ribera norte del río Guaviare, en un tramo donde el cauce empieza a comportarse como frontera natural entre la Orinoquía y la Amazonía. El Guaviare, formado por la confluencia de los ríos Ariari y Guayabero —cuyas cabeceras nacen en las estribaciones de la Cordillera Oriental, en el páramo de Sumapaz—, recorre cerca de 1.200 kilómetros antes de desembocar en el Orinoco, y desde tiempos coloniales fue considerado con frecuencia como una de las fuentes de ese sistema hídrico mayor. Sobre esa arteria fluvial se asienta Mapiripán, en un punto que pertenece al Meta pero que mira hacia el sur, hacia el Guaviare selvático y hacia el corredor amazónico.
La distancia entre Villavicencio, capital del departamento, y la cabecera municipal es de unos 350 kilómetros por tierra, un trayecto que en las condiciones habituales del piedemonte y la altillanura requiere más de diez días. Esa lejanía no es un accidente menor: define casi todo lo demás. La subregión pertenece a esa Orinoquía que, sumada a los otros cuatro departamentos que la componen, cubre 372.942 kilómetros cuadrados —una superficie ligeramente superior a la de Alemania y equivalente a entre una tercera y una cuarta parte del territorio nacional—, pero cuya densidad demográfica y presencia institucional han sido históricamente exiguas. Los ríos que la surcan, en cambio, son caudalosos y en buena parte navegables; el Meta, que da nombre al departamento, es el más importante de la región, y el Guaviare, junto con el Manacacías, ha sido durante décadas la vía real de acceso a Mapiripán.
Ese carácter de bisagra —entre sabana y selva, entre cuenca del Orinoco y cuenca del Amazonas, entre el Meta administrativo y el Guaviare geográfico— explica su posición estratégica. La cabecera municipal se describe en las diligencias oficiales como una zona fuertemente militarizada, con presencia del Batallón Joaquín París y de la Brigada 22 de Selva, precisamente porque el municipio se sitúa sobre el borde de dos mundos que las Fuerzas Armadas han considerado difíciles de administrar: las llanuras abiertas del oriente y las espesuras selváticas del sur.
Colonización, coca y las guerras que llegaron antes
La historia de Mapiripán como espacio poblado es la historia de la colonización tardía de los Llanos Orientales, un proceso caracterizado por un tejido social fragmentado y una población flotante significativa, producto de la competencia entre colonos, llaneros, campesinos y grupos indígenas —en particular las comunidades jiw y sikuani, cuyos resguardos jalonan la región— por el uso y la propiedad de la tierra. La dinámica de esa colonización siguió el patrón clásico de la frontera agraria colombiana: el colono abría el monte y producía las llamadas "mejoras", que terminaban siendo adquiridas por ganaderos o comerciantes de mayor músculo económico, empujando al campesino a colonizar más lejos. Así se fue formando una geografía humana concéntrica, con latifundios ganaderos en las tierras ya consolidadas y una periferia de colonización pobre y móvil.
A comienzos de los años ochenta llegó la coca, y con ella se aceleró la colonización del Guaviare y del vecino Putumayo. En Mapiripán y sus inspecciones —Puerto Alvira, conocida también como Caño Jabón, y La Cooperativa— el cultivo y procesamiento de hoja se convirtió en la principal economía. Los testimonios de los propios pobladores insisten en un orden cronológico que importa: la coca llegó antes que la guerrilla. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia se establecieron en la región con posterioridad, y su presencia inicial fue percibida por parte de la población como una forma de arbitrar abusos: los habitantes recuerdan que las FARC llegaron a "regular" los excesos de terratenientes y dueños de cocaleras contra los trabajadores. Esa función arbitral, sin embargo, no impidió otras violencias. Al menos desde julio de 1987, la guerrilla practicaba el reclutamiento forzado de menores en la zona: un testimonio recogido posteriormente refiere el caso de un niño de once años llevado por las FARC en la inspección de Puerto Alvira junto con otros jóvenes, sin que ninguno regresara.
A la presión guerrillera se sumó, en la década de los noventa, la presión antinarcóticos. Las fumigaciones aéreas y las patrullas de marines estadounidenses en el área de San José del Guaviare, aguas arriba del río, disuadieron a los cultivadores de sembrar coca en las riberas y desplazaron los cultivos hacia el interior de la selva. El resultado fue un ciclo económico volátil: en la ruta hacia Mapiripán quedaron pueblos abandonados tras el fin de sucesivos booms cocaleros, señales físicas de una economía que se rehacía cada pocos años sobre sus propias ruinas. Sobre ese tejido —fragmentado, armado, dependiente de una economía ilegal y con una fuerza pública ausente o intermitente— cayó la operación paramilitar de julio de 1997.
La operación: cinco días de julio de 1997
La masacre no fue una incursión improvisada. A comienzos de 1997 se celebraron en Bogotá reuniones de coordinación en las que participaron alias 'Raúl' (Víctor Julio Victoria), Jesús Emiro Pereira alias 'Alonso', Byron Jiménez alias 'Gordo Pepe', Héctor Buitrago alias 'Martín Llanos' y emisarios del esmeraldero Víctor Carranza —Ángel Gaitán Mahecha y Juancho Pimiento—. Esas reuniones definieron el marco estratégico de una expansión paramilitar hacia los Llanos que, hasta entonces, había sido territorio de las autodefensas de los Buitrago y de estructuras locales, pero no de la Casa Castaño ni de las Autodefensas Unidas de Colombia como proyecto federado.
La logística militar fue el eslabón decisivo. Según testimonios rendidos ante la justicia por Salvatore Mancuso y por el paramilitar conocido como 'El Cura', el general Rito Alejo del Río, entonces comandante de la Brigada XVII con sede en Urabá, habría coordinado el despegue desde Urabá de los aviones que trasladaron a los combatientes hasta el aeropuerto de San José del Guaviare. La justicia colombiana no ha probado formalmente estas acusaciones y el general no ha sido juzgado por estos hechos, pero las declaraciones se han sostenido en varios procesos. En el punto de llegada, el coronel Lino Hernando Sánchez, coordinador operativo de la Brigada Móvil 2 y comandante de la base de El Barrancón, aparece señalado como facilitador de aviones y suministros militares, y como responsable de los retenes que los paramilitares debieron franquear para ingresar por tierra y por río hacia Mapiripán. La operación involucró también a la Convivir de San Martín, en el Meta, cuyo jefe, Pablo Trigos, participó activamente en la planeación y reclutó a hombres como Dúmar de Jesús Guerrero Castillo, alias 'Carecuchillo', quien lo relató en versión libre en agosto de 2011 dentro del proceso de Justicia y Paz.
Los paramilitares llegaron a Mapiripán el 15 de julio y permanecieron cinco días. Trabajaron con una lista previa de personas señaladas como guerrilleros o colaboradores de las FARC, señalamientos que en el terreno se ampliaron a comerciantes, transportadores fluviales y trabajadores del pueblo. Entre las víctimas identificadas quedaron los nombres de Sinaí Blanco, boteador del río, y Ronald Valencia, celador del aeropuerto local. La modalidad de ejecución fue metódica y ostentosa: tortura, desmembramiento, desvisceramiento y degüello, con los restos arrojados al Guaviare para dificultar la identificación de los cuerpos. Los cinco días transcurrieron con la población encerrada en sus casas, escuchando los gritos que venían del matadero municipal habilitado como sala de tortura, y con comunicación por radioteléfono entre los perpetradores y miembros de la fuerza pública, según se estableció después ante la justicia. El mayor Hernán Orozco, comandante encargado del Batallón Joaquín París en San José del Guaviare, alertó por escrito a su superior, el brigadier general Jaime Humberto Uscátegui, sobre lo que estaba ocurriendo; la tropa no se movió. La fuerza pública llegó a Mapiripán el 22 de julio, siete días después del inicio de la masacre y dos después de su conclusión, cuando los medios de comunicación ya habían arribado y los paramilitares habían destruido buena parte de la evidencia física.
Carlos Castaño Gil, jefe máximo de las AUC, celebró públicamente el resultado y sentenció que "habría más Mapiripanes", frase que la Corte Interamericana de Derechos Humanos recogió en su sentencia de 2005 como evidencia de la voluntad de replicar la operación en otras regiones. Iván Roberto Duque, alias 'Ernesto Báez', quien dirigía el brazo político de las Autodefensas, y el propio Mancuso reivindicarían en años posteriores la incursión como un punto de inflexión en la historia del proyecto paramilitar.
Del expediente militar al foro de San José
Los procesos judiciales que se abrieron por Mapiripán expusieron el andamiaje institucional que había hecho posible la masacre, y también las estrategias con que la Fuerza Pública intentó blindarse. El coronel Lino Sánchez, el mayor Hernán Orozco y el brigadier general Jaime Humberto Uscátegui fueron los tres oficiales directamente vinculados a las investigaciones. El primer conflicto fue de competencia: ¿debía juzgarlos la justicia ordinaria o el fuero penal militar? El Consejo Superior de la Judicatura resolvió que la justicia ordinaria era competente para conocer de los cargos de concierto para delinquir formulados contra los sargentos y contra el teniente coronel involucrados. Para el general Uscátegui y el mayor Orozco, acusados de delito por omisión, el mismo Consejo dispuso inicialmente que fueran juzgados por la justicia penal militar, decisión que canalizaba los procesos hacia un fuero históricamente indulgente con los delitos de omisión cometidos por oficiales.
Uscátegui fue finalmente llamado a juicio y detenido en Bogotá en marzo de 2004, acusado de omisión y complicidad. Su proceso, seguido por dos décadas, se convirtió en el caso testigo de la responsabilidad de mando en la Fuerza Pública colombiana: el general no había apretado ningún gatillo, pero había sido superior jerárquico del mayor Orozco y del coronel Sánchez, y la advertencia escrita sobre lo que ocurría en Mapiripán había llegado a su despacho. Rito Alejo del Río, señalado por Mancuso y por 'El Cura' como el hombre que despachó los aviones desde Urabá, nunca ha sido condenado por estos hechos, aunque la sombra de Mapiripán acompaña sus procesos por otros crímenes cometidos en su jurisdicción del noroccidente antioqueño.
Fue el sistema interamericano el que fijó el caso en la historia. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en pronunciamiento del 7 de marzo de 2005, y luego la Corte Interamericana en su sentencia del mismo año, declararon la responsabilidad internacional del Estado colombiano por acción y omisión: por el involucramiento directo de agentes estatales en las violaciones y por la existencia de marcos jurídicos que facilitaron, promovieron, apoyaron y toleraron la actuación de los grupos paramilitares. La sentencia se inscribió en un conjunto más amplio de pronunciamientos del tribunal sobre Colombia —desapariciones forzadas, ejecuciones arbitrarias, masacres, torturas— en los que se reconoció que la responsabilidad del Estado no se agotaba en la acción directa: también surgía de la omisión en garantizar la prevención y de la aquiescencia frente a la impunidad de particulares. La Convención Americana, aplicada al caso, obligaba a Colombia a reparar a los sobrevivientes y familiares y a esclarecer los hechos.
El foro de San José hizo por Mapiripán lo que la justicia interna hacía con lentitud: convertir la masacre en verdad jurídicamente establecida. Ese giro es central para entender por qué el municipio se volvió lugar de memoria: sin la sentencia interamericana, es probable que Mapiripán hubiese permanecido en el anonimato geográfico que cubre a la mayoría de los pueblos golpeados por el conflicto en los Llanos.
Justicia y Paz, las Convivir y la verdad que llegó por partes
La otra vía de esclarecimiento se abrió con la Ley de Justicia y Paz de 2005, marco negociado con las AUC que ofreció penas alternativas a los desmovilizados a cambio de verdad y reparación. Las versiones libres rendidas en ese proceso confirmaron aspectos que hasta entonces habían permanecido inéditos, en particular el papel de las Cooperativas de Vigilancia y Seguridad Privada, las Convivir, en la planeación de la masacre. El testimonio de 'Carecuchillo' señaló directamente a Pablo Trigos, jefe de la Convivir de San Martín en el Meta, como participante activo de la preparación y como su propio reclutador. Alias 'Pirata', otro de los paramilitares involucrados, negó inicialmente cualquier participación en las primeras versiones y solo la reconoció en diligencias posteriores, un patrón que reveló que la verdad procesal no llegó de golpe, sino por depuraciones sucesivas.
Las diligencias fiscales en la propia región se realizaron bajo condiciones adversas. Las comisiones de investigación enfrentaron amenazas explícitas de grupos armados asociados al paramilitarismo, incluida una advertencia de "fumigar" a la comisión que transportaba a un jefe paramilitar en calidad de aportante de información incriminadora. Los recorridos de campo, que podían prolongarse por más de diez días, requerían operativos complejos de escolta militar y, en al menos una ocasión documentada, debieron interrumpirse antes de su conclusión por razones de seguridad. Ese riesgo persistente formó parte de la textura del proceso y explica por qué la verdad sobre Mapiripán se ha ido acumulando en capas, y no en una revelación única.
Los procesos también obligaron a reconocer una arquitectura criminal más amplia. Mapiripán no fue un episodio aislado dentro del proyecto de la Casa Castaño, sino la puesta en escena de un patrón macrocriminal replicado en El Aro, La Gabarra, El Salado, La Holanda y El Naya: masacres concebidas como operaciones de terror para expulsar poblaciones señaladas como bases sociales de la guerrilla, con el objetivo simultáneo de instalar el control territorial permanente de las autodefensas. Ese patrón definía cada masacre como hito fundacional del dominio paramilitar en una región nueva.
Un giro estratégico: del expedicionario al emplazamiento
La singularidad de Mapiripán dentro de esa serie está en su función bisagra. Antes de julio de 1997, la acción paramilitar en Colombia había sido predominantemente expedicionaria: incursiones que golpeaban y se retiraban, campañas de castigo focalizadas. Mapiripán marcó el paso a una lógica distinta, la del emplazamiento y el control territorial sostenido en el tiempo. Los paramilitares no se retiraron después de la masacre; se quedaron en la región, extendieron su presencia hacia el resto del Meta y el Guaviare, y a partir de esa cabeza de playa fluvial construyeron lo que en pocos años se consolidaría como el Bloque Centauros de las AUC, la estructura paramilitar dominante en los Llanos Orientales.
Ese giro tenía una lógica económica. Los Llanos Orientales y en particular la Altillanura eran, para los proyectos paramilitares, escenarios estratégicos por dos razones convergentes: la posibilidad de apropiarse de zonas de cultivo de coca en el Guaviare y en el sur del Meta, y el control de los corredores de comercialización, especialmente las rutas por el río Meta hacia la frontera con Venezuela. La masacre de Mapiripán, leída en esa clave, fue tanto una operación de contrainsurgencia —dirigida contra un municipio con presencia histórica de las FARC— como una operación de apropiación económica sobre un nodo cocalero y fluvial. La celebración pública de Castaño y la subsecuente consolidación del Bloque Centauros como estructura con intereses profundos en el narcotráfico son inseparables de esa doble lectura.
El impacto sobre la población fue proporcional a la magnitud del giro estratégico. Junto con las cuarenta y nueve víctimas identificadas, la masacre precipitó desplazamientos forzados masivos, el abandono de fincas y la ruptura definitiva de un tejido social que ya venía fragmentado por décadas de colonización y por la presencia guerrillera. Durante el proceso de consolidación paramilitar en el sur del Meta, la violencia sexual contra mujeres asociadas —a menudo arbitrariamente— con la guerrilla y el desplazamiento forzado se emplearon como herramientas de control territorial. Los familiares de las víctimas de desaparición forzada —figura jurídica que cubre a aquellos cuyos restos fueron arrojados al río— sufrieron los daños adicionales característicos de este crimen: la incertidumbre sobre el paradero de los seres queridos, la imposibilidad de realizar ritos de duelo, el estigma social que dificultaba la expresión pública del dolor.
Puerto Alvira, y el después que también fue masacre
Mapiripán como topónimo del horror es insuficiente si se lo aísla del ciclo que inauguró. En mayo de 1998, menos de un año después, los paramilitares regresaron a la misma zona y perpetraron una segunda masacre en Puerto Alvira, la inspección conocida como Caño Jabón, donde asesinaron a decenas de personas más. La secuencia demostró, retrospectivamente, que la advertencia de Castaño —"habría más Mapiripanes"— no era retórica. El Bloque Centauros consolidó su dominio sobre el municipio y sobre las rutas fluviales del Guaviare durante los años siguientes, hasta la desmovilización de las AUC en 2005 y 2006.
La reconfiguración posterior a la desmovilización trajo nuevas estructuras armadas —grupos herederos del paramilitarismo, disidencias guerrilleras— que mantuvieron la disputa por el corredor. La militarización de la cabecera municipal, con presencia del Batallón Joaquín París y de la Brigada 22 de Selva, se consolidó como el rostro visible de un Estado que, en la geografía cotidiana de Mapiripán, sigue expresándose principalmente en clave castrense.
Un municipio, un nombre, dos existencias
Mapiripán vive hoy la paradoja de ser al mismo tiempo un municipio y una cifra. Como municipio, cuenta con una geografía específica —el Guaviare, el Manacacías, las sabanas del sur del Meta, los resguardos jiw y sikuani, las inspecciones de Puerto Alvira y La Cooperativa—, con una economía marcada por sucesivas oleadas de coca, ganadería extensiva y proyectos agroindustriales de la Altillanura, y con una población que sobrevivió a la masacre y ha permanecido allí, con todas las dificultades del duelo interrumpido y del temor persistente. Como cifra, su nombre remite a un hecho preciso, jurídicamente establecido por la Corte Interamericana, incorporado a las estadísticas del conflicto y a los manuales de derechos humanos: cuarenta y nueve víctimas, cinco días de julio de 1997, complicidad demostrada de agentes del Estado.
La tensión entre las dos existencias es irresoluble y probablemente conveniente. El símbolo protege al lugar, porque le confiere una visibilidad que, en otras circunstancias, la lejanía geográfica le habría negado; pero también lo aplasta, porque reduce a un pueblo entero a la escena de su peor día. La ficha completa —geografía, colonización, coca, guerrilla, masacre, sentencia, memoria— es la única manera de leer Mapiripán sin caer en ninguno de los dos extremos: ni el olvido del pueblo bajo el peso de la palabra, ni la disolución del hecho en una descripción neutralizada de altillanura y ríos navegables.
La sentencia de la Corte IDH, la Ley de Justicia y Paz, los expedientes acumulados contra oficiales de la Fuerza Pública, los testimonios en versiones libres, las investigaciones fiscales en terreno bajo amenaza, la persistencia de las víctimas: todo ese trabajo se sostiene sobre la premisa de que la masacre no fue un exceso irracional en una tierra sin ley, sino una operación planificada, ejecutada con complicidad estatal activa, dirigida a producir un giro estratégico en la guerra colombiana. Ese diagnóstico, más que la cifra de muertos, es lo que hace de Mapiripán un lugar de memoria del conflicto: la evidencia de que la violencia paramilitar en Colombia no fue paralela al Estado, sino, en momentos decisivos y en lugares elegidos, entrelazada con él. En un municipio del sur del Meta, sobre la ribera de un río que los cronistas coloniales confundían con las fuentes del Orinoco, se demostró durante cinco días de julio de 1997 hasta dónde podía llegar ese entrelazamiento.
El territorio en el archivo
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
28 documentos · 30 fragmentos01Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4271 cita
[1]se realizaron entrevistas in situ en todos los lugares relevantes. Todas grabadas y transcritas con autorización de la Fiscalía. En este trabajo no se citan extensamente por razones de “reserva sumarial”. La organización de la comisión de investigación implicaba problemas logísticos serios,12 dado que haría un…
p. 427
02Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 361 cita
[2]padecen dinámicas comunes en el contexto del conflicto armado. La superficie de estos cinco departamentos alcanza los 372.942 kilómetros cuadrados, una extensión ligeramente superior a la de la actual Alemania. Sin embargo, para efectos de este informe, se excluyen algunas zonas amazónicas del Caquetá y del Guaviare.…
p. 36
03Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 1831 cita
[3]principales de la cuenca del Orinoco El Arauca, que forma el límite con Venezuela sobre 280 km tiene una extensión de 1. 000 km y es navegable desde la población de su nombre. El Meta tiene sus cabeceras for- madas por los ríos Humea, Guatiquía, Guayuriba y sus afluentes en el páramo de Sumapaz, tiene una longitud de…
p. 183
04Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 381 cita
[4]delimita el río Ariari, en el departamento del Meta, se encuentra dividida en tres subregiones que siguen la cuenca del río en sentido norte-sur, desde las estribaciones de la cordillera Oriental en el páramo de Sumapaz, hasta su desembo- cadura en el río Guaviare. El territorio de la primera de estas su- bregiones,…
p. 38
05Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 451 cita
[5]en la subregión también dependieron de manera importante de las economías de bo- nanza, tanto legales como ilegales. Por esta razón, una de las características demográficas de la región es la presencia de un porcentaje significativo de población flotante y, en conse- cuencia, un tejido social fragmentado. Sobre el…
p. 45
06Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 661 cita
[6]total del país vive en la gran región oriental de la Amazonía y la Orinoquía. La colonización es conflictiva porque los grupos iniciales de campesinos que desmontan la selva o los bosques de galería llaneros son desplazados por los grandes compradores de mejoras, que concentran la propiedad para la ganadería extensiva…
p. 66
07El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[7]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
08El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[8]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
09Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 611 cita
[9]la renta que cobraban por concepto de protec- ción a las multinacionales e impedir su influencia política entre el cam- pesinado. Entre 1989 y 1994, 1.115 personas fueron asesinadas por motivos políticos (los índices más altos de la región). La mayoría de las víctimas eran colonos, pequeños campesinos e indígenas,…
p. 61
10The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 5931 cita
[10]one of the founders of the town four decades before—Sinaí Blanco, and other gaso- line vendors were forced to become tax collectors for the guerrillas. Two hours upstream, the Counternarcotics Police headquarters of San José del Guaviare had already become the main center for the U.S. State Department’s programs…
p. 593
11Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 4151 cita
[11]se iba, después mejoraba y volvían. Pero no todo era coca, había papa, yuca, algodón, arroz y la ganadería era excelente”, complementó Gómez. Actividad guerrillera “Antes de lo de Mapiripán, las Farc me reclutaron un hijo de once años en la inspección de Puerto Alvira, a una hora y media en lancha, en julio de 1987,…
p. 415
12Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 851 cita
[12]reclama gestionar acuerdos de paz con los Frentes Libardo Mora Toro y Ramón Gilberto Barbosa Zambrano, disidentes del proceso de paz con el EPL, en 1991 67. 67 Ver: Bluradio.com, 2015, Iniciar diálogos con disidencia del EPL, piden personeros del Catatumbo y Verdad Abierta.com, 2014, En Catatumbo reclaman mesa con…
p. 85
13No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3281 cita
[13]orden es quemar, desaparecer del mapa a Mapiripán, Meta”» 988. Según la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), los paramilita- res permanecieron en Mapiripán desde el 15 hasta el 20 de julio de 1997. Durante este periodo, «impidieron la circulación a los habitantes de dicho municipio, y torturaron,…
p. 328
14Encuesta Nacional ¿Qué piensan los colombianos después de siete años de Justicia y Paz?Gonzalo Sánchez Gómez, Iván Orozco Abad, Álvaro Villarraga Sarmiento, Luis Carlos Sánchez Díaz, Patricia Linares Prieto, María Consuelo Ramírez Giraldo, Angelika Rettberg Beil, Laura Otálora Cuenca, Irina Mago Cordido, Paola Ximena Silva Cortés · 2012 · p. 871 cita
[14]llevada a cabo por grupos paramilitares entre el 15 y el 20 de julio de 1996. El caso de Mapiripán es conocido como una masacre llevada a cabo por grupos paramilitares entre el 15 y el 20 de julio de 1996. En un principio, se reportaron 49 asesinatos y centenares de desplazamientos. El caso llegó a instancias de la…
p. 87
15Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 2941 cita
[15]en evidencia la justicia, “Raúl” hizo la tarea y hubo coordinación de los movimientos entre miembros de la fuerza pública y los paramilitares por radioteléfono. Además de la logística local, otros militares, presumiblemente en Urabá, habían dado un visto bueno anterior a la sangrienta operación. Tanto Mancuso como…
p. 294
16Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 1261 cita
[16]impuesto que pagaban los cocaleros. (Tribunal Superior de Bogotá, Audiencia, marzo 23 de 2012, [3:17:15 a 3:20:40]) Además de sus acciones en los Llanos, a comienzos de 1997 Victoria ges- tiona una serie de reuniones en Bogotá con Jesús Emiro Pereira alias Alonso o Huevoepisca, 58 Byron Alfredo Jiménez alias Gordo…
p. 126
17Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 1691 cita
[17]las personas incluidas en la lista, como supuestos guerrilleros o sus colaboradores, se encontraran allí. Otro hecho de la masacre de Mapiripán que permaneció inédi- to hasta las versiones libres fue la participación de las Convivir en la planeación de la masacre. De acuerdo con el testimonio de Dúmar de)&, En las…
p. 169
18Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 321 cita
[18]Maldonado Gutiérrez Fuerza de Tarea Quirón 1. Brigada Móvil n.°5 2. Brigada Móvil n.°31 3. Brigada Móvil n.°34 Fuente: elaboración propia CNMH-DAV, a partir de información tomada de: Herrera Ospina et al. Fuerzas Militares de Colombia. Ejército Nacional VIII División: El conflicto armado en las regiones. Bogotá:…
p. 32
19Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 2001 cita
[19]incluyeron, además de numerosos subo fi ciales, al coronel Lino Sánchez, comandante de la base del Barrancón, responsable de los retenes que debieron ser franqueados por los paramilitares; igual involucraron al mayor Hernán Orozco, comandante del Batallón Joaquín París, quien tuvo conocimiento —por parte del juez…
p. 200
20Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 251 cita
[20]asesinados o han tenido que salir del país, por que también los hay cómplices) con la decidida participación de organizaciones de derechos humanos y la Secretaria Interamericana de los Derechos Humanos de la OEA (Organización de Estados Americanos), se logro establecer la complicidad de las autoridades militares de la…
p. 25
21Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 251 cita
[21]asesinados o han tenido que salir del país, por que también los hay cómplices) con la decidida participación de organizaciones de derechos humanos y la Secretaria Interamericana de los Derechos Humanos de la OEA (Organización de Estados Americanos), se logro establecer la complicidad de las autoridades militares de la…
p. 25
22El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1252 citas
[22]obtenían del Estado colom- biano. Todo ello en el plano de la lucha por la satisfacción del derecho a la justicia. Así, durante este periodo, el Sistema Interamericano de De- rechos Humanos pro fi rió varias decisiones (particularmente la Corte Interamericana de Derechos Humanos), en las que se re- conoció la…
p. 125
[23]obtenían del Estado colom- biano. Todo ello en el plano de la lucha por la satisfacción del derecho a la justicia. Así, durante este periodo, el Sistema Interamericano de De- rechos Humanos pro fi rió varias decisiones (particularmente la Corte Interamericana de Derechos Humanos), en las que se re- conoció la…
p. 125
23La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2261 cita
[24]vs. Colombia; Sentencia caso Isaza Uribe vs. Colombia; Sentencia caso Gutiérrez Soler vs. Colombia; Sentencia caso 19 comerciantes vs. Colombia; Sentencia caso Bedoya Lima vs. Colombia. En trámite: caso Integrantes y Militantes de la Unión Patriótica vs. Colombia y caso Miembros de La Corporación Colectivo de Abogados…
p. 226
24Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1971 cita
[25]no tenían títulos de propiedad, lo que hace más compleja su restitución. Entre las masacres más emblemáticas se destaca la per- petrada en el municipio de Mapiripán, departamento del Meta, en julio de 1997. Carlos Castaño después de celebrar su éxito sentenció que “habría más mapiripa- nes”. Véase: Corte IDH, 2005.…
p. 197
25La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 671 cita
[26]se usó para enviar un mensaje a la población en general sobre la posibi- lidad de ser las víctimas potenciales de los mismos hechos. La vio- lencia sexual se constituyó en parte de la estrategia para desplazar, atemorizar y castigar a la población que fue asociada a la guerrilla por estar en territorio de dominio…
p. 67
26La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 2251 cita
[27]Blanco, Barranco Colorado), y especialmente para la población indígena de la región". 6 Desde 2003 se crearon grupos de seguridad privada al servicio no solo de narcotraficantes sino de particulares con interés en expandir sus propiedades, invertir en ganadería, cultivos de palma y las explo- taciones petroleras. En…
p. 225
27Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 1811 cita
[28]que se desconoce lo que ha sucedido ya que no se tiene la cer- teza de la muerte de la persona, ni se tienen los restos en el caso de que el familiar hubiera fallecido. La ambivalencia respecto a qué sucedió hace que la aceptación no se pueda dar. Asimismo, es mucho más difícil encontrar un espacio para poder expresar…
p. 181
28Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 1802 citas
[29]la diligencia (planeada para quince días), en la cabecera municipal de Mapiripán, la comisión de investigación tuvo que tomar el difícil trayecto de regreso a la ciudad más cercana. Una interceptación de radio por parte del ej é rcito advirtió no solo la presencia de “puntos” en la región, sino de la intención de un…
p. 180
[30]la diligencia (planeada para quince días), en la cabecera municipal de Mapiripán, la comisión de investigación tuvo que tomar el difícil trayecto de regreso a la ciudad más cercana. Una interceptación de radio por parte del ej é rcito advirtió no solo la presencia de “puntos” en la región, sino de la intención de un…
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