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Una historia del territorio

Villavicencio

Villavicencio nació como un campamento de arrieros en la base de la cordillera y creció hasta convertirse en la metrópoli de la Orinoquia colombiana, sin perder nunca su condición de ciudad de tránsito.

16 min de lectura26 fuentes

En el punto exacto donde la cordillera Oriental deja de ser cordillera y empieza a ser llanura, allí donde el terreno se despeña tres mil metros en pocas horas de camino y luego se aplana hasta el horizonte, está Villavicencio. Capital del departamento del Meta desde la creación de la Intendencia en 1909, principal centro comercial y cultural de los Llanos Orientales colombianos, la ciudad se levantó a 455 metros sobre el nivel del mar en el piedemonte llanero, con una temperatura media de 27 grados y una humedad que delata su condición selvática. Su historia, sin embargo, no se explica por el clima ni por la geografía en abstracto: se explica por una función. Villavicencio ha sido, desde su fundación, la puerta —única, obligada, congestionada— por la que Colombia andina se comunica con Colombia llanera. Todo lo que sube de la sabana infinita hacia Bogotá pasa por ella. Todo lo que baja del altiplano hacia el Orinoco también. Esa condición de bisagra ha sido a la vez su fortuna y su límite: le dio centralidad regional y le impuso una dependencia estructural del altiplano que ninguno de sus sucesivos auges económicos ha logrado desmontar.

Una ciudad de tercera naturaleza

Villavicencio no es llanera en sentido pleno, aunque haya adoptado el joropo como himno y el coleo como emblema. Tampoco es andina, pese a que su prosperidad dependa del camino que la ata a Bogotá. Al occidente tiene la capital andina y su cuenca agrícola densa; al oriente, más de ochenta y cinco mil kilómetros cuadrados de sabana y selva húmeda que se extienden hasta las fronteras con Venezuela, Brasil y Perú, en su mayor parte bajos e inundables durante la temporada de lluvias que va de abril a septiembre, cuando la llanura al norte del río Meta se convierte, literalmente, en un mar. La ciudad respira esa doble condición: sus barrios altos miran hacia los cerros de Buenavista y del Redentor; sus barrios bajos se abren hacia el este, hacia Puerto López y la sabana rasa. En la meseta que la sostiene confluyen tres ríos —el Guatiquía por el norte, el Ocoa por el sur y el Guayuriba más al fondo— que trazan una cuña triangular sobre la que se ha extendido, con lógica de aluvión, el tejido urbano.

Ese perfil geográfico condiciona todo lo demás. La ciudad se estructura sobre siete comunas y cuatro corregimientos —Buenavista, Pipiral, Barcelona y La Concepción— que suman una jurisdicción de 1.328 kilómetros cuadrados. Poco más de medio millón de habitantes ocupan hoy la cabecera; la última conciliación demográfica publicada por el DANE la situaba en 571.055 personas, cifra que las proyecciones posteriores al censo de 2018 han elevado por encima de los quinientos treinta mil en el área municipal, con un ritmo de crecimiento sostenido por la migración desde el resto del Meta, desde Casanare y, en la última década, desde Venezuela. Villavicencio comparte con Yopal la referencia urbana de los Llanos y organiza cada año el Torneo Internacional del Joropo, que en cinco días de finales de junio reúne un promedio de quince mil asistentes en tarimas, coliseos y mangas de coleo.

Del hato colonial a la fundación republicana

El territorio donde hoy se levanta la ciudad estuvo habitado por los guayupes, pueblo de lengua arawak que ocupaba la franja del piedemonte entre el Ariari y el Upía, y por los pijaos y los sáliba en los bordes de contacto con la llanura profunda. La entrada española fue tardía y precaria: los primeros hatos jesuíticos y las encomiendas de Santiago de las Atalayas y San Juan de los Llanos no lograron sostener una red urbana estable, y la expulsión de la Compañía en 1767 dejó la región sin la única institución que había organizado la producción ganadera y el contacto misional con los pueblos indígenas del Orinoco.

Villavicencio, como tal, es una fundación republicana. Su acta oficial se firmó el 6 de abril de 1840, cuando el sitio conocido como Gramalote —por la especie de pasto que cubría la meseta— fue reconocido como caserío del cantón de San Martín. El nombre definitivo, en homenaje al prócer quiteño Antonio Villavicencio y Verástegui, fusilado en Bogotá en 1816, se adoptó en 1850. Durante casi todo el siglo XIX la aldea vivió del ganado y del camino: un puñado de familias colonas, arrieros que subían y bajaban el paso de Quebradablanca, comerciantes de sal y de cueros. El aislamiento era brutal. Todavía en 1890 llegar a Bogotá exigía entre cuatro y seis días de viaje a lomo de mula por trochas que la lluvia deshacía cada temporada.

La creación de la Intendencia Nacional del Meta en 1909, con Villavicencio como capital, cambió el estatuto administrativo pero no la geografía. El siglo XX empezó con dos incendios devastadores —uno en 1890 y otro en 1900— que arrasaron casi todo el caserío de madera y guadua, y con la construcción, entre 1927 y 1936, de la carretera al llano, obra que redujo el viaje a Bogotá a un día y que fijó, quizá para siempre, la orientación económica de la ciudad hacia el altiplano. En 1959, con la creación del departamento del Meta, Villavicencio consolidó su rango como capital plena. Para entonces ya no era un caserío: tenía cerca de veinticinco mil habitantes, un aeropuerto —el Vanguardia, inaugurado en 1937— y una plaza de mercado que empezaba a articular el comercio de arroz, ganado y palma con el interior del país.

La economía del piedemonte

La estructura productiva de Villavicencio se explica por su función de intermediación. La ciudad no produce, en sentido estricto, la mayor parte de lo que mueve: recibe el ganado que se ceba en la sabana entre San Martín, Puerto Gaitán y Puerto López, lo procesa en frigoríficos y lo despacha hacia Bogotá; recoge el arroz de los cultivos irrigados del Ariari y del Ariporo casanareño y lo envía a los molinos del centro; canaliza la palma de aceite que se siembra en el corredor de Acacías, Castilla la Nueva y Cumaral, y la reexporta como aceite crudo. A esa función clásica se sumó, desde finales de los años noventa y con fuerza a partir de 2007, el petróleo de Rubiales y Castilla, que aunque no se extrae en el municipio ha reordenado por completo la economía urbana: hoteles, servicios de ingeniería, transporte especializado, oficinas regionales de Ecopetrol y de las operadoras privadas se instalaron en Villavicencio porque la ciudad era la base logística obligada para los campos del Meta profundo.

Ese ciclo dejó marcas visibles. Entre 2008 y 2014 el sector de la construcción creció a ritmos superiores al veinte por ciento anual, se levantaron centros comerciales de gran superficie —Unicentro, Llanocentro, Viva Villavicencio— y el precio del metro cuadrado en barrios como El Buque, La Esperanza y Caudal se multiplicó por tres. La caída de los precios internacionales del crudo a partir de 2014 enfrió el boom pero no lo revirtió del todo: la ciudad quedó con una oferta hotelera y comercial sobredimensionada respecto a su población, y con una clase de servicios profesionales —abogados, ingenieros, contadores— que había aprendido a vivir de la renta petrolera.

La ganadería, en cambio, mantiene su lugar histórico. El Meta concentra alrededor de 1,8 millones de cabezas y Villavicencio es su nodo comercial: en la Feria Ganadera del Catama, en los frigoríficos de la vía a Puerto López y en las subastas de los sábados se transa buena parte del ganado que abastece las plazas de Bogotá y de la costa Caribe. El arroz sigue siendo el otro pilar. La producción del departamento supera las cuatrocientas mil toneladas anuales y los molinos de la salida hacia Acacías —Roa, Diana, Flor Huila— transforman el grano que llega desde los cultivos irrigados del sur del departamento. La palma de aceite, más reciente, ocupa cerca de ciento cincuenta mil hectáreas en el corredor central del Meta y ha convertido a Villavicencio en la sede de Fedepalma zonal y de las principales extractoras.

El corredor con Bogotá

Ninguna infraestructura ha marcado tanto la vida de Villavicencio como la carretera que la une a Bogotá. Los 86 kilómetros del corredor entre El Tablón —en la salida de Bogotá por el sur— y el Puente Amarillo de entrada a la ciudad son, a la vez, la arteria económica que la mantiene viva y su punto más frágil. El trazado atraviesa el páramo de Chingaza, desciende por Guayabetal y Quebradablanca, cruza treinta y cinco túneles y decenas de puentes en una geografía que combina placas tectónicas activas, lluvias extremas y pendientes de más del ocho por ciento. Los cierres son parte de la rutina. El derrumbe del kilómetro 58, en mayo de 2019, mantuvo la vía cerrada durante casi seis meses y obligó a habilitar la vía alterna por Guateque, más larga y peligrosa, con un costo estimado en pérdidas superior a los quinientos mil millones de pesos para la economía del Meta. En junio de 2023, un nuevo derrumbe en Quetame reactivó el ciclo, y desde entonces las restricciones y los cierres parciales se han vuelto casi mensuales.

La segunda calzada, licitada desde comienzos de los dos mil bajo distintos esquemas de concesión —Coviandes primero, Coviandina después—, avanza con retrasos y con un costo que ya supera los seis billones de pesos. Su terminación completa está prevista para la segunda mitad de la década. Mientras tanto, Villavicencio depende de un solo hilo y lo sabe. La discusión sobre una vía alterna verdadera —por Cáqueza, por Sisga o por Fosca— es recurrente en las mesas de la Cámara de Comercio y en los consejos regionales de competitividad, pero ninguna administración ha logrado hasta ahora ponerla en marcha.

El aeropuerto Vanguardia, ubicado dentro del perímetro urbano, complementa el acceso pero no lo reemplaza. Opera vuelos regulares a Bogotá, Medellín, Cali y Bucaramanga, y sirve como base para la aviación de servicios petroleros que conecta con los campos del Meta y de Casanare. El tráfico aéreo, sin embargo, es marginal frente al volumen que soporta la carretera: cerca de cinco millones de vehículos al año, entre carga y pasajeros.

Cultura llanera y aparato urbano

La adopción de los emblemas llaneros —el joropo, el coleo, la copla, el hato— ha sido para Villavicencio una operación consciente. La ciudad, que en sentido estricto es un producto de la migración andina y del comercio ganadero, se identificó con la cultura de la sabana como una forma de ganar personalidad frente a Bogotá. El Torneo Internacional del Joropo, creado en 1965 bajo el impulso del gobernador de la Intendencia Miguel Ángel Martín, es hoy el evento cultural más importante de los Llanos Orientales y una de las tres fiestas folclóricas de referencia del país. Cada final de junio, la ciudad se llena de conjuntos de arpa, cuatro y maracas venidos de Arauca, Casanare, Vichada y del estado Apure venezolano, y las mangas del Parque Las Malocas se activan para las competencias de coleo, deporte que en 2018 fue reconocido por ley como patrimonio cultural inmaterial de la Nación.

El coleo es, junto con el trabajo del llano, la manifestación más visible de la cultura ganadera del piedemonte. Sus reglas se codificaron en la segunda mitad del siglo XX y sus mangas —recintos alargados donde el coleador debe derribar al toro tomándolo por la cola— se cuentan por decenas en el departamento. El Parque Las Malocas, en la vía a Puerto López, funciona como sede permanente y como escenario del Mundial de Coleo que Villavicencio ha organizado en varias ediciones.

La cultura escrita y musical del llano tiene también en Villavicencio su centro. La Biblioteca Germán Arciniegas conserva un fondo importante sobre historia regional. El Museo Arqueológico Regional, más modesto, custodia piezas de la cerámica guayupe y sáliba. En música, la ciudad ha sido cuna o plataforma de figuras como Arnulfo Briceño —autor de "A quién engañas abuelo"—, Reynaldo Armas, Orlando "El Cholo" Valderrama y las nuevas generaciones representadas por Walter Silva y Cholo Valderrama hijo. La Escuela de Música Llanera, adscrita al Instituto de Cultura del Meta, forma cada año a decenas de jóvenes arpistas y cuatristas.

La gastronomía condensa la mestización llanera y andina de la ciudad. La mamona o ternera a la llanera —cuarto de ternera de mamar asado durante cinco o seis horas sobre estacas clavadas alrededor de una fogata— es el plato emblemático, y las estaderos de la vía a Puerto López son su expresión industrializada. A la mamona se suman la hayaca —variante llanera del tamal, envuelta en hoja de plátano y rellena con carne de res, cerdo y gallina—, el pabellón criollo de influencia venezolana, el pan de arroz —hecho con harina de arroz y cuajada— y las bebidas locales como el guarapo de caña y el masato de arroz.

El aparato urbano y educativo

Villavicencio es, después de Bogotá, la ciudad más grande de la macrorregión oriental colombiana y la única con oferta universitaria significativa en los Llanos. La Universidad de los Llanos, pública, con sede principal en Barcelona —corregimiento del municipio— y sede urbana en San Antonio, es la institución educativa más importante de la región: forma anualmente a cerca de nueve mil estudiantes en programas de ingeniería agronómica, medicina veterinaria, licenciatura en producción agropecuaria y ciencias humanas, entre otros. A ella se suman la Universidad Cooperativa de Colombia, la Universidad Santo Tomás, la Corporación Universitaria del Meta y las sedes de la ESAP y del SENA, este último con centros especializados en petróleo, agroindustria y hotelería.

El sistema hospitalario se organiza alrededor del Hospital Departamental de Villavicencio, ESE de tercer nivel, y de una red creciente de clínicas privadas —Clínica Martha, Clínica Meta, Medical Duarte— que atienden no solo a la población urbana sino a los pacientes remitidos desde municipios del Meta profundo, del Vichada y de Casanare. Villavicencio es, para toda la Orinoquia, el nodo de referencia médica especializada.

En materia de servicios públicos, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Villavicencio abastece a la mayor parte de la ciudad con agua tomada del río Guatiquía en la bocatoma de Bavaria, aunque la cobertura efectiva y la continuidad del servicio siguen siendo puntos débiles: barrios de las comunas 4, 5 y 8, ubicados en la periferia oriental, reciben agua por horarios en las temporadas secas de diciembre a marzo. El servicio de energía lo presta la Electrificadora del Meta (Emsa), filial del Grupo Energía Bogotá.

Conflicto armado y desplazamiento

Ninguna historia reciente de Villavicencio se entiende sin el conflicto armado. El Meta fue uno de los departamentos más golpeados por la violencia durante las décadas de mayor intensidad, y Villavicencio, como capital, absorbió gran parte de sus efectos indirectos. Los frentes 26, 27, 31, 39, 40, 43, 44 y 53 de las FARC operaron en distintos momentos en el sur y el oriente del departamento —en el Ariari, en La Macarena, en el corredor de Vista Hermosa y Puerto Rico— y las Autodefensas Campesinas del Meta y Vichada, comandadas por los hermanos Castaño y después por alias "Cuchillo" y alias "Macaco", controlaron durante años los municipios del norte y el corredor petrolero.

La Zona de Distensión creada en 1998 para los diálogos entre el gobierno Pastrana y las FARC, que abarcó cinco municipios del Meta y del CaquetáLa Uribe, Mesetas, La Macarena, Vista Hermosa y San Vicente del Caguán—, tuvo en Villavicencio su antípoda política y logística: la ciudad se llenó de familias desplazadas, de ganaderos que abandonaron sus fincas y de comerciantes que trasladaron sus operaciones a un entorno más seguro. Terminada la zona en febrero de 2002 y desatada la ofensiva militar del Plan Patriota, Villavicencio se convirtió en la base de la Séptima División del Ejército y en el centro de coordinación de la ofensiva sobre el sur del Meta y el Caguán.

El desplazamiento fue masivo. Entre 1997 y 2010 la ciudad recibió, según los registros de la Unidad de Víctimas, más de ochenta mil personas desplazadas, la mayoría procedentes del sur del Meta, del Guaviare y del Caquetá. Buena parte de esa población se asentó en las comunas 7 y 8, en barrios como Ciudad Porfía, La Nohora, Villa Suárez y 13 de Mayo, que crecieron sin planificación y con déficits agudos de servicios. Ciudad Porfía, en particular, se convirtió en símbolo: un asentamiento surgido a finales de los ochenta a partir de una invasión y consolidado durante los años del desplazamiento, con más de cuarenta mil habitantes hoy y una vida urbana propia, distante y a veces adversa al resto de la ciudad.

La firma del Acuerdo de Paz con las FARC en 2016 y el proceso de reincorporación posterior transformaron el mapa, pero no eliminaron la violencia. En el sur del Meta operan hoy disidencias del Frente Primero y del Frente 62, comandadas en distintos momentos por alias "Iván Mordisco" y alias "Gentil Duarte", y los cultivos de coca han vuelto a expandirse en municipios como Mapiripán, Puerto Rico y Vista Hermosa. Villavicencio, ciudad de retaguardia y no de frente, ha visto sin embargo repuntar los homicidios selectivos, las extorsiones al comercio y la presencia de estructuras del Clan del Golfo, que disputan las rentas del microtráfico urbano con bandas locales como Los Puntilleros y Los Mexicanos.

Demografía y estructura social

La población de Villavicencio se ha multiplicado por diez en medio siglo. En 1964 la ciudad tenía cerca de cincuenta mil habitantes; en 1985, ciento setenta mil; en 2005, más de trescientos ochenta mil; hoy, en la cabecera urbana, supera el medio millón. Ese crecimiento explosivo, alimentado por las oleadas de colonización del Meta profundo, por el desplazamiento forzado y, en la última década, por la migración venezolana —la ciudad acoge alrededor de veinticinco mil venezolanos, según los registros del gobierno—, ha sometido al tejido urbano a tensiones que las administraciones locales no siempre han sabido absorber.

La estructura social refleja esa dinámica de aluvión. Los estratos altos —barrios como La Esperanza, El Buque, Buque Real, La Cumbre— se concentran en el noroccidente y en el pie de los cerros; los estratos medios ocupan el centro y el eje sur, hacia Acacías; los estratos populares y los asentamientos informales se extienden hacia el oriente y el sureste, en las comunas 7 y 8. La segregación espacial es marcada y coincide, en buena medida, con la topografía: los barrios altos están arriba, en el reborde de la cordillera; los populares, abajo, en la planicie caliente y expuesta a las inundaciones del Ocoa y el Guatiquía.

La composición étnica es mestiza, con una presencia indígena minoritaria pero visible —guayupes, sikuanis, piapocos, saliveros llegados desde el Vichada y el Guainía en busca de servicios de salud o educación— y con comunidades afrodescendientes provenientes del Pacífico y del sur del Meta. La migración venezolana ha añadido a este mosaico una capa reciente, particularmente concentrada en el comercio informal, la construcción y los servicios domésticos.

El futuro del umbral

Villavicencio enfrenta, en la tercera década del siglo XXI, un dilema de fondo. La ciudad que se construyó como puerta del llano tiene hoy servicios, infraestructura y capital humano que la posicionan como capital regional plena, pero sigue atada al mismo cordón umbilical que la vio nacer. La segunda calzada a Bogotá, cuando se termine, aliviará la logística pero no cambiará la lógica: seguirá siendo una sola vía por una sola cordillera. La diversificación económica más allá del petróleo, la palma y el ganado —hacia el turismo de naturaleza en el Ariari y La Macarena, hacia la agroindustria de alto valor agregado, hacia los servicios especializados para la Orinoquia colombiana y venezolana— es una conversación abierta y una apuesta incierta.

En el horizonte de largo plazo se juega también el papel de Villavicencio como plataforma de la Orinoquia entendida como región binacional. Los ocho millones de hectáreas de la altillanura, apenas puestas en producción en la última década con cultivos de soya, maíz, caucho y forestales, pueden convertir al Meta en una de las despensas agrícolas más grandes del país. Puerto Gaitán, Puerto López y La Primavera son los focos de esa transformación, pero Villavicencio, por su función logística y de servicios, será su beneficiaria principal. La condición, otra vez, es la infraestructura: la navegabilidad del río Meta hasta Puerto Carreño, el ferrocarril del Carare, la conexión con Puerto Gaitán, la modernización del aeropuerto Vanguardia.

La ciudad, mientras tanto, sigue siendo lo que ha sido siempre: el umbral. El sitio donde termina la cordillera y empieza la sabana, donde se descarga el ganado y se carga el arroz, donde se firma el contrato petrolero y se toma el vuelo a la operación en campo, donde el llanero llega a comprar y el bogotano llega a vender. Un lugar de paso que, sin embargo, se quedó a vivir. Con sus 27 grados de promedio, su arpa, su plato de mamona, su carretera frágil y su horizonte plano hacia el este, Villavicencio es la traducción urbana de una condición geográfica: la de ser, para bien y para mal, la puerta.

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Documentos y fragmentos citados

15 documentos · 26 fragmentos
01
Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 49, 97, 319
3 citas
[1]

in Casanare and Arauca. After the republic of New Granada was established in 1832, the Llanos of San Martín (as Meta was known at that time) became a canton in the Province of Bogotá, or what is now Cundinamarca. By the 1840s adventurous campesinos from Cundinamarca began making their way down the mule path that led…

p. 319
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that the government send a commission of veterinarians to Arauca to ascertain the best way to combat the diseases, and that, following Venezuela's example, laws be passed to punish rustlers severely. 78 Although these conditions existed to some extent in Meta, the number of cattle there was actually increasing, as…

p. 97
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and the opening of the Putumayo, Caquet á, and Amazon rivers to commerce. Development in the Llanos Orientales was expanding from Villavicencio to the Orinoco, and exploration was going on in Choc ó and Guajira. "Communication is the key to this progress. Wherever a road, the press, or the radio arrives, commerce…

p. 49
02
Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 20, 72, 137, 145
4 citas
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briefly in 1957. 63 Lieuten- ant Jaime García Ullo was alcalde from 1954 to 1955 and was succeeded by Jorge Rincón Osorio, Leonard Garavito Martínez, Captain Hernando Cleves, and José Antonio Barrera. 64 Nancy Espinel states that before the Violencia, the intendancy had been divided into three municipios:…

p. 72
[5]

out- come of the presidential elections of 1942 and 1946 revealed that most Arau- canos supported the Liberal Party. In 1942 they cast 1,008 votes for López and just 43 for his Conservative opponent, Carlos Arango Vélez. In 1946 of the 560 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:25 PM UTC via…

p. 20
[7]

between the town and the capital because Villavicencio was dependent politically on Bogotá and its export economy of cattle and food commodities was directed almost exclusively to the national capital. 20 In 2003 he further refined his analysis to suggest that the Llanos region as a whole consisted of two different…

p. 145
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and see as their mission the perpetuation of traditional Llanero themes, customs, and music. 65 Villavicencio organizes annual events such as El Reinado Nacional del Joropo, the Festival de la Canción Colombiana, and the Encuentro Mundial del Coleo. Since 1960 it has sponsored the Torneo Internacional de Joropo, a…

p. 137
03
Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 160
1 cita
[3]

veces. Ha habido progresos en la reduccion del analfabetismo, pero la pobreza se ha mantenido estable, con tendencia a aumentar. Se observa un leve mejoramiento en los indicadores de condiciones de vida y desarrollo humano en general. Las tasas de crecimiento demografico, re- lativamente altas, continuaran…

p. 160
04
Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 43
1 cita
[4]

arawak, huitoto y piapoco, articulados a la nación achagua, sáliva y a otros pueblos caribes, como los guahi- bos o los guayupe. Durante la República, el control territorial del Estado sobre esta porción del país fue bajo y su administración se trasladó varias veces entre provincias. Diferentes políticas le otorgaron…

p. 43
05
El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 321, 337
2 citas
[6]

de cocina, nos dijo adiós con lágrimas en los ojos, dando una prueba de la afectuosa fidelidad de aquellas personas, que siempre tu- vimos ocasión de comprobar. Villavicencio está a algo más de veintiuna leguas de Bogotá, distancia que cubrimos en dos días y medio. Pero los hijos del señor Restrepo y otros llaneros…

p. 337
[12]

el panorama de los Llanos / Villavicencio y sus habitantes / Generalidades sobre los Llanos: colonización, selva virgen, pastos / Los hatos del señor Restrepo / Noche y mañana en una hacienda / Cultivos / Riquezas minerales / Las salinas de Upín / Frutos y plantas / Al interior de los Llanos: caminos de bosque;…

p. 321
06
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 37, 151
4 citas
[8]

del Patía y comienza la llanura de divagación del mismo hasta su desembocadura en la costa pací- fica nariñense. Las llanuras orientales y las llanuras de la costa La llanura Orinoco-Amazonense Comprende una área extensa de tendencia plana con pequeñas serranías, desde el piedemonte de la cordillera Oriental hasta más…

p. 37
[9]

del Patía y comienza la llanura de divagación del mismo hasta su desembocadura en la costa pací- fica nariñense. Las llanuras orientales y las llanuras de la costa La llanura Orinoco-Amazonense Comprende una área extensa de tendencia plana con pequeñas serranías, desde el piedemonte de la cordillera Oriental hasta más…

p. 37
[25]

el acueducto de Bogotá. Otros ríos como el Upía, que nace en el lago de Tota, lo mismo que el Cusiana, el Charte, el Cra- vo Sur y el Pauto, son afluentes izquierdos del Meta. En el piedemonte orinoquense, a orillas de estos cursos, se está conformando actualmente un poblamiento muy denso, debido a las oportu- 139…

p. 151
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el acueducto de Bogotá. Otros ríos como el Upía, que nace en el lago de Tota, lo mismo que el Cusiana, el Charte, el Cra- vo Sur y el Pauto, son afluentes izquierdos del Meta. En el piedemonte orinoquense, a orillas de estos cursos, se está conformando actualmente un poblamiento muy denso, debido a las oportu- 139…

p. 151
07
Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 49
1 cita
[10]

bosques aíslan partes de sabana seca (llamadas bancos de sabana) con un muro verde que impide que se pro- pague el fuego cuando se incendia uno de los ban- cos. Los Llanos al norte del río Meta son, en su ma- yor parte, bajos e inundables. Son los llanos de Arauca y Casanare que, junto con los llanos vene- zolanos de…

p. 49
08
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 36, 40
2 citas
[11]

padecen dinámicas comunes en el contexto del conflicto armado. La superficie de estos cinco departamentos alcanza los 372.942 kilómetros cuadrados, una extensión ligeramente superior a la de la actual Alemania. Sin embargo, para efectos de este informe, se excluyen algunas zonas amazónicas del Caquetá y del Guaviare.…

p. 36
[18]

entre 1930 y 1950, huían de la persecución conservadora. Algunos de estos liberales conformaron las guerrillas de Guadalupe Salcedo en la década de los cuarenta y los cincuenta 39. Por último, está el piedemonte norte. Villavicencio y Yopal se erigen como las ciu- dades referentes de los llanos orientales, y…

p. 40
09
Del Llano llano. Relatos y testimoniosAlfredo Molano · 2008 · p. 57
1 cita
[15]

que es como decir «blancos» en el Casanare. Estos «m u sieus» eran gente de buen trato. Echamos trece días de seis horas de camino cada día entre el Arauca y el Meta. N os levantábamos a las tres de la mañana, en sillábamos mientras nos preparaban el café para estar tintiados a las cinco de la mañana y echábamos a an…

p. 57
10
La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 65
1 cita
[16]

cual se han organizado los grupos humanos lo- cales. Importa considerar los conuqueros, los vegueros, los caba- lliceros, los vaqueros y los caporales. Todos tomaron parte activa en acciones de armas. El conuquero que vive infelizmente en un rancho, siempre aco- sado por los dueños del hato, no tiene, no puede tener…

p. 65
11
Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 44
1 cita
[17]

el Gobier- no canceló el acuerdo, en cuanto la firma se apropió ilegítimamente de 160 000 ha, esta adjudicación de tierras terminó afianzando la ganadería en la parte llana e introduciendo el cultivo de café y cacao en las laderas de la cordillera. La adjudicación promovió también la fundación de dos pequeños…

p. 44
12
Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 25
1 cita
[20]

para hacerlos más dependientes de la vida de hato y sujetarlos a sus relaciones laborales (Cf. Rausch 1999). De esta manera, lo llanero se convirtió en un patrón que, aunque no ideal, era trazado para la incorporación de los indios, quienes en el siglo XIX conformaban una buena parte de la población regional. La…

p. 25
13
Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 31, 188
2 citas
[21]

urbanos encargados de cometer sicariato en Villavicencio estuvo a cargo de Los Urabeños Dairo Úsuga y Mi- guel Arroyave. La división del territorio del Bloque Centauros en los ejes Norte y Sur y la distribución de las comandancias en cada territorio evidencia una predomi- nancia del control de Los Urabeños en el Eje…

p. 188
[24]

del Centauros a la zona, la fuerza predominante en el departamento eran las ACC. Sin embargo, con la llegada de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y la instaura- ción del Bloque Centauros, el control departamental de las Autodefensas de Martín Llanos se vio afectado. Antes de la llegada de Arroyave…

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Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 114
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lo que se habían planteado en su Séptima Conferencia en 1982 (…). La primera fase de ese plan, entre 1990 y 1992, buscaba crear 60 cuadrillas con más de 18 mil hombres, obtener 56 millones de dólares como so- porte, y adquirir armamento, medios de comunicación y aeronaves. En la segunda, entre 1992 y 1994, la…

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El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 326
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r g e n t e 318 Estructura Coman dante Financiación Relación ganaderos Ubicación Fuente 1 Fuente 2 Carlos Mario Jiménez, "Macaco". Según declaraciones de José Baldomero Linares, alias "Guillermo Torres", su estructura nunca se financió del narcotráfico sino del cobro de una "vacuna" a los ganaderos, que oscilaba en…

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