Dumar Aljure Nassif
La Violencia
La biografía
Dumar Aljure Nassif fue uno de los últimos comandantes de la insurgencia liberal llanera y, tras la desmovilización de 1953, el jefe político-armado que gobernó buena parte de la región del Ariari como una virtual república independiente hasta su muerte en 1968. Hijo de inmigrantes libaneses, desertor del ejército colombiano, guerrillero del alto llano durante La Violencia, cacique electoral del liberalismo metense y, al final, obstáculo para las incipientes FARC en el Alto Guayabero, su trayectoria condensa quince años en los que el Estado colombiano no supo —o no quiso— procesarlo. No pudo amnistiarlo porque había desertado; no logró someterlo porque le era útil; no consiguió integrarlo porque su poder local dependía justamente de existir al margen. Su supervivencia revela los límites de la amnistía de Rojas Pinilla, los pactos silenciosos que sostuvieron al Frente Nacional en la periferia llanera y la incapacidad del Estado para transformar la frontera agraria en soberanía efectiva. Cuando cayó, no cayó como bandido: cayó como político que había dejado de servir.
Línea de vida
- 1948
Inicio de la insurgencia llanera
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Tras el asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948 y el estallido de la violencia bipartidista, Aljure se incorporó a la insurgencia liberal en los Llanos Orientales. Junto a Guadalupe Salcedo y con apoyo de hacendados liberales, resistió el intento conservador de dominar San Martín y atacó sistemáticamente a las fuerzas chulavitas en la región.
- 1953
Exclusión de la amnistía de Rojas Pinilla
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Cuando Gustavo Rojas Pinilla ofreció amnistía general en junio de 1953 y el grueso de las guerrillas llaneras entregó las armas entre agosto y octubre de ese año, Aljure quedó excluido del proceso por su condición de desertor del ejército colombiano, delito militar que las amnistías políticas no cubrían. Reclamaba control sobre territorios que, según él, le habían sido asignados desde el Congreso guerrillero de La Perdida en 1953.
- 1957
Establecimiento en Rincón de Bolívar
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Para escapar de la custodia policial, Aljure se estableció en Rincón de Bolívar, en el corazón del Ariari (Meta), donde construyó una virtual república independiente con autonomía del gobierno central, ejerciendo como jefe político regional con fuerza armada propia y siendo descrito como un 'bandido con poder político local'.
- 1958
Alianza electoral con Hernando Durán Dussán
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Con el inicio del Frente Nacional, Aljure forjó una alianza duradera con Hernando Durán Dussán, el político liberal más prominente del Meta: Aljure movilizaba votos del Ariari en favor de las listas de Durán Dussán, quien a cambio aseguraba que la persecución al desertor fuera en la práctica letra muerta. Esta transacción fue el eje de su supervivencia política durante una década.
- 1968
Ruptura electoral y muerte
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En las elecciones parlamentarias de marzo de 1968, Aljure respaldó listas patrocinadas por Daniel Arango Jaramillo en lugar de las de Durán Dussán, lo que resultó en la derrota electoral de este último. La muerte de Aljure ese mismo año fue interpretada por muchos como una venganza política de su anterior protector. Su eliminación, habiendo rechazado unirse a las FARC de Manuel Marulanda, probablemente facilitó la expansión posterior de estas en la región del Ariari.
El país que lo formó: hato, jerarquía y frontera
Para entender a Aljure hay que entender primero el mundo del hato llanero, porque de allí salieron tanto sus soldados como sus enemigos, y porque él mismo, aunque hijo de comerciantes libaneses y no de peones, aprendió a leer y a manejar esa jerarquía como quien maneja un ganado ajeno. La estructura social del Llano no era la del latifundio andino sino una jerarquía escalonada de oficios rurales. En la base estaba el conuquero, la figura más despreciada del hato, sin ganado propio y siempre sospechoso de cuatrerismo a ojos del dueño; ese conuquero, expulsado luego por la Violencia hacia el Ariari, sería más tarde el material humano con el que Aljure levantaría su república. Un escalón arriba, el veguero cultivaba en las riberas y era pagado con vacas viejas por su plátano y su yuca, un intercambio deliberadamente desigual que enseñaba desde temprano cómo funcionaba el poder en el llano: no por contrato sino por dependencia. El caballicero, casi siempre un adolescente, se levantaba a las dos de la mañana a revisar las brigadas de caballos y hacía las veces de correo entre los puntos dispersos del fundo; su oficio, hecho de recados y de silencios, era la escuela informal de la intermediación, ese arte que Aljure ejercería después entre hacendados y colonos, entre políticos de Villavicencio y guerrilleros del Guayabero. Y arriba de todos, el vaquero, dueño de su caballo, su silla y sus aperos, gozaba de una categoría honorífica que ninguno tenía: era el llanero por antonomasia, el que a las élites les gustaba invocar cuando hablaban del potencial de la región, y el que Aljure sabría convertir en soldado cuando la política del llano dejó de hacerse con papeletas.
Ese llanero fue construido discursivamente como una figura ambivalente. Se lo celebraba por sus aptitudes guerreras —la guerra de independencia había dado testimonio de ello— y por su destreza ganadera, pero al mismo tiempo se lo representaba como conflictivo, tendiente a la guerra, producto de un mestizaje entre blanco e indio que las élites querían instrumentalizar para el control laboral. La participación de las milicias casanareñas en los levantamientos contra el régimen colonial desde finales del siglo XVIII, y luego en la independencia, había fijado esa imagen: el llanero como soldado natural y como problema latente.
Los gobiernos de Enrique Olaya Herrera y Alfonso López Pumarejo alcanzaron cierto fervor cuando proclamaron el potencial económico de los Llanos, pero hacia los años cuarenta el impulso integrador se apagó. Algunos territorios cambiaron sustancialmente, otros permanecieron en 1948 casi idénticos a como estaban en 1930. En los hatos, mientras tanto, la vida seguía su ritmo: los conucos daban topocho y yuca, había trapiche, la comida era abundante, y el ganado se llevaba hasta Nunchía para venderlo a comerciantes de Sogamoso, que pagaban una parte en dinero y otra en mercancías. Ese era el mundo que la Violencia iba a romper, y era el mundo que Aljure, ubicado por origen familiar en el escalón comercial y no en el peonaje, observaba con la ventaja de quien puede mirar el hato desde afuera sin dejar de pertenecerle.
Los orígenes: apellido libanés en la frontera colombiana
Aljure era hijo de la migración libanesa que se dispersó por el Caribe y el interior colombiano entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Ese origen no es un dato de color: en los Llanos, una familia sirio-libanesa se instalaba casi siempre en el comercio y en la mediación entre el hato y el pueblo, ocupando un lugar de movilidad que ningún llanero raso podía aspirar a tener. De ahí quizás la mezcla que caracterizaría toda su vida adulta: sabía moverse entre mundos, negociar con hacendados y con peones, con políticos de Villavicencio y con colonos del Guayabero. En una región donde la identidad se leía en el apellido y en el caballo, el suyo era un apellido que no encajaba con ninguno de los bandos hereditarios, y esa extranjería lateral —ni oligarca andino ni peón llanero— acabó siendo una forma de libertad.
Antes del 9 de abril de 1948 Aljure había ingresado al ejército colombiano, del cual desertó. Ese acto, casi rutinario en la biografía de tantos hombres armados de la época, terminaría siendo la marca jurídica decisiva de su vida: era lo que años después le impediría acogerse a la amnistía de Rojas Pinilla y lo condenaría a permanecer, hasta su muerte, fuera del alcance de cualquier proceso de pacificación formal. Un delito administrativo, cometido antes incluso de que empezara la guerra que lo definiría, terminó valiendo más que quince años de política armada.
La insurgencia llanera: entre el estallido y la Ley del Llano
El 9 de abril de 1948, el mismo día del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, Eliseo Velásquez —un tolimense de Líbano perteneciente a una familia liberal— encabezó un grupo de guerrilleros que atacó Puerto López, derrocó brevemente a las autoridades municipales y mató a diez policías. El episodio marcó el inicio simbólico de la insurgencia llanera. Muy pronto los alzamientos se multiplicaron por el piedemonte y el llano adentro, y de esa efervescencia emergieron los nombres que definirían la guerra en el oriente: Guadalupe Salcedo, el más destacado y convertido con el tiempo en símbolo nacional de la resistencia armada; Eduardo Franco Isaza, cronista y jefe militar del movimiento; Eduardo Nossa, Bernardo Giraldo, José Alvear Restrepo, Plinio Murillo. Y entre ellos, Dumar Aljure.
Los chulavitas —la policía conservadora reclutada en Boyacá y enviada a los Llanos para "conservatizar" pueblos de mayoría liberal— llegaron a San Martín con el mismo mandato que en otras poblaciones: someter, castigar, imponer el color del gobierno. Fue allí donde Aljure, junto con Guadalupe Salcedo y con el apoyo de hacendados liberales, resistió sistemáticamente el avance conservador. Atacaron, replegaron al adversario y consolidaron un dominio guerrillero sobre una franja del llano adentro. Los hacendados liberales financiaban y protegían inicialmente esa resistencia porque era, para ellos, una defensa partidista de su propio poder regional.
Esa alianza se fue resquebrajando. Hacia 1952, un sector importante de las guerrillas llaneras había declarado su lucha como una revolución con miras a derrocar al Gobierno, y algunos jefes —Salcedo entre ellos— se distanciaron de la línea hacendataria. Cuando las guerrillas empezaron a levantar banderas de defensa de la tierra y de los peones, dejando de ser meramente partidistas, los hacendados retiraron su respaldo. Estimaciones máximas sitúan hasta veinte mil hombres en armas en las zonas guerrilleras del país, con aproximadamente la mitad en los Llanos Orientales. Las guerrillas llegaron a tomarse pueblos como Orocué en Casanare y bases militares como la de Palanquero, en Cundinamarca.
El 18 de junio de 1953, jefes guerrilleros reunidos en congreso suscribieron la llamada Segunda Ley del Llano, titulada Ley que organiza la Revolución en los Llanos Orientales de Colombia. Con 224 artículos, organizaba aspectos militares y civiles de las zonas bajo control insurgente, formalizaba a Guadalupe Salcedo como Comandante en Jefe y a Franco Isaza como Jefe del Estado Mayor. Constituía un avance sobre una ley anterior, la primera del Llano, y era el intento más elaborado de dotar a la insurrección de una estructura de gobierno propio.
Con todo, la insurgencia llanera fue una insurrección campesina típica, compuesta por grandes y pequeños propietarios, ganaderos, ex militares y campesinos, que reaccionó a la represión con retaliación violenta pero careció de programa revolucionario político-económico. No propuso una organización alternativa del poder ni una transformación del orden agrario. Cuando cesó, la estructura de la tierra quedó intacta. Aljure aprendería esa lección: la política del llano no era la política de las ideas, era la política del control efectivo del territorio.
La amnistía que no lo cubrió
El 13 de junio de 1953, Gustavo Rojas Pinilla depuso a Laureano Gómez y ofreció, apenas asumido el poder, una amnistía general a las guerrillas. Entre agosto y octubre de ese año, el grueso de la insurgencia llanera entregó las armas. Guadalupe Salcedo persuadió a sus cerca de cinco mil hombres de deponerlas, confiando en las promesas del Estado. En seis semanas, unos 3.220 guerrilleros rindieron sus armas en todo el país, incluyendo una contraguerrilla conservadora. Rojas prometió tierras y titulación de baldíos; para ejecutarlo creó, mediante el Decreto 1894 de julio de 1953, el Instituto de Colonización e Inmigración (ICI).
Nada de eso alcanzó a Aljure. Su deserción del ejército —un delito militar que las amnistías políticas no cubrían— lo dejó fuera del arreglo. Mientras Salcedo caminaba hacia el rendimiento formal y hacia el destino trágico que le esperaba —la caída de Rojas el 10 de mayo de 1957 lo dejaría expuesto, convertido en símbolo del insurrecto amnistiado y traicionado por el poder bipartidista—, Aljure comprendió que su suerte era distinta. No podía volver: legalmente no había manera. Tampoco podía continuar la guerra que ya no existía. Solo quedaba otra opción, y la tomó.
El fracaso del programa de tierras de Rojas confirmó, además, que la amnistía había sido cosmética. El ICI fue liquidado apenas un año y medio después de su creación; sus funciones, bienes y deudas fueron transferidos a la Caja Agraria en marzo de 1956. En 1955 el ejército retomó operaciones militares contra ex guerrilleros y atacó zonas campesinas como Sumapaz, lo que llevó a Gonzalo Sánchez a caracterizar el régimen de Rojas como "otro capítulo de La Violencia" más que como una transición real. Para los campesinos, la paz de 1953 había significado el reconocimiento formal de su condición de ocupantes de sus tierras, pero la estructura social quedó igual: los grandes hacendados conservaron su posición dominante, los trabajadores rurales no mejoraron su situación, y cuando el ejército volvió a los campos perdió cualquier resto de confianza popular. En septiembre de 1954, con el argumento propio de la Guerra Fría, el gobierno logró que la Asamblea Constituyente ilegalizara al Partido Comunista, profundizando la división entre las guerrillas liberales que habían colaborado y las autodefensas campesinas de orientación comunista, que se negaron a entregar las armas. Los comunistas llenaron el vacío dejado por las guerrillas liberales en varias regiones, desarrollando la estrategia de la autodefensa. Aljure quedó, geográfica y políticamente, en un tercer espacio.
Rincón de Bolívar: la construcción de una república
En 1957, para escapar de la custodia policial que lo perseguía, Dumar Aljure se estableció en Rincón de Bolívar, en el corazón del Ariari, en el departamento del Meta. Allí montó lo que sería descrito como su "república independiente": un territorio en el que gobernaba con autonomía virtual del gobierno central, ejerciendo como jefe político regional, con fuerza armada propia. Los analistas posteriores lo situarían dentro de una categoría más amplia, la del "bandido con poder político local", que floreció en varias regiones colombianas durante los años del Frente Nacional.
El plebiscito del 1 de diciembre de 1957 —el mismo que inauguró el voto femenino en Colombia— aprobó el pacto entre liberales y conservadores que se conocería como Frente Nacional: alternancia presidencial cada cuatro años durante dieciséis años (1958–1974) y reparto igualitario de cargos públicos y legislativos entre ambos partidos. Alberto Lleras Camargo, liberal, inauguró el ciclo entre 1958 y 1962. El acuerdo desmovilizó a la mayoría de las fuerzas guerrilleras liberales y conservadoras, pero fue también profundamente excluyente: al repartir el poder solo entre los dos partidos tradicionales, cerró el acceso a terceros partidos y minorías políticas, dificultó la expresión de demandas populares y dejó fuera, en particular, a las guerrillas comunistas, que se mantuvieron armadas al iniciar la década de 1960.
Aljure estaba en un lugar aún más específico: no era comunista, seguía siendo liberal, pero legalmente no había amnistía posible para él. Su solución fue política antes que militar. Estableció con Hernando Durán Dussán, el político liberal más prominente del Meta, una alianza que sería el eje de su supervivencia. Durán Dussán necesitaba votos; Aljure controlaba territorio, gente y, por tanto, votos. La transacción era sencilla y, por eso, duradera: Aljure movilizaba electoralmente al Ariari en favor de las listas de Durán Dussán, y Durán Dussán —desde Villavicencio y desde Bogotá— aseguraba que la persecución al desertor fuera, en la práctica, letra muerta.
Ese pacto ilustra una lógica más amplia del Frente Nacional en los territorios del oriente colombiano, extensos y escasamente poblados: los dirigentes de los partidos nacionales establecían acuerdos con estructuras de poder local controladas por bandidos, mientras existiera conveniencia mutua. No era un fenómeno secreto ni excepcional; era el modo en que la política liberal se hacía viable en zonas donde el aparato estatal apenas llegaba. Aljure fue, durante una década, el rostro más visible de esa política.
La constelación en la que se movía tenía tres ejes, y su fortaleza consistía en manejarlos a la vez sin quedarse pegado a ninguno. Con el mundo insurgente liberal —Salcedo, Franco Isaza— compartía origen y memoria, pero también una distancia crucial: ambos habían creído en la amnistía y él no, y esa incredulidad, que en 1953 parecía terquedad, en 1957 se veía como lucidez, cuando el asesinato de Salcedo en Bogotá confirmó que la palabra empeñada por el Estado no había valido nada. Con el mundo político nacional se relacionaba a través de Durán Dussán, que era su puente y su escudo, pero también a través de una sucesión presidencial que decidió, uno tras otro, no tocarlo: Lleras Camargo entre 1958 y 1962 heredó el problema y lo dejó donde estaba; Guillermo León Valencia, conservador, entre 1962 y 1966, tenía otras prioridades militares —Marquetalia, Riochiquito— y prefirió no abrir un frente adicional en el Ariari; Carlos Lleras Restrepo, cuyo gobierno coincidió con el final de Aljure, tampoco actuó abiertamente hasta que las condiciones locales cambiaron. Con el mundo insurgente emergente su interlocutor fue Manuel Marulanda Vélez, y ahí la lógica se invertía: no había pasado compartido, había competencia territorial. Uno venía de las autodefensas comunistas del sur del Tolima; el otro, de la insurgencia liberal del llano. Sus mapas se superponían; sus lealtades no.
La tierra que no llegó: el Ariari como frontera abierta
La consolidación del poder de Aljure fue posible porque el Ariari era, en los años cincuenta y sesenta, un territorio en formación acelerada. La Violencia bipartidista había expulsado a miles de campesinos del interior andino hacia zonas de frontera agraria —la Amazonia occidental, los Llanos Orientales—, y los municipios del Ariari-Guayabero, entre ellos El Castillo, Vistahermosa, Puerto Rico, La Macarena y Granada, recibieron oleadas de colonos que desmontaban selva, sembraban parcelas y aspiraban a titularlas.
El proceso era estructuralmente precario. Los colonos iniciales tumbaban la selva y hacían el trabajo más duro, pero eran desplazados casi enseguida por grandes compradores de mejoras que concentraban la tierra para ganadería extensiva. El campesino vendía su mejora, se internaba más hondo en la frontera y volvía a empezar. La incertidumbre sobre los títulos —qué era baldío, qué estaba adjudicado, qué era ocupación de hecho— era permanente, y constituía un factor estructural del conflicto agrario. El Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA) abandonó hacia 1971 los programas de vías, crédito y asistencia técnica en la región, conservando apenas la titulación de baldíos por fuera del área reservada de La Macarena.
En ese vacío, Aljure funcionaba como una especie de autoridad de hecho. Nada permite atribuirle un programa agrario, y ciertamente no era un reformador. Pero su control territorial ofrecía a los colonos algo que el Estado no ofrecía: una interlocución continua, una jerarquía reconocible, un orden mínimo. Ese orden era violento y arbitrario, pero era orden. Y en la frontera, un orden imperfecto vale más que ningún orden.
Sería simplificador tratarlo como sustituto funcional del Estado o como una forma involuntaria de reforma agraria: no lo fue. Pero también sería reductor tratarlo apenas como bandido residual de una guerra terminada. Su poder se sostuvo en la intersección de tres condiciones que se reforzaban entre sí: la exclusión jurídica que le impedía volver al orden legal, la conveniencia electoral que hacía que el liberalismo metense prefiriera tenerlo aliado a tenerlo perseguido, y las condiciones estructurales de la colonización que reproducían continuamente la demanda de un poder local capaz de arbitrar disputas. Quitada cualquiera de las tres, su república se caía; sostenidas las tres, duró once años.
El congreso de La Perdida y la llegada de Marulanda
Uno de los datos más reveladores de la autoconciencia política de Aljure es la manera en que fundamentaba su derecho al territorio. Cuando, hacia mediados de los años sesenta, una comisión de las FARC encabezada por el Mono Mejías se acercó al Alto Guayabero para explorar la incorporación de Aljure a la nueva organización que Manuel Marulanda Vélez estaba construyendo, Aljure les respondió con un argumento territorial preciso: los territorios del Guayabero le habían sido asignados desde el Congreso guerrillero de La Perdida en 1953, y los recién llegados eran intrusos.
El argumento era extraordinario. Aljure invocaba, quince años después, un acto de organización interna de la insurgencia liberal llanera —una asignación territorial dentro del movimiento— como título jurídico frente a otra fuerza armada. Estaba diciendo, en efecto, que su poder no era pura fuerza sino continuidad legítima de una autoridad guerrillera anterior a la amnistía. Que la Ley del Llano y los congresos que la acompañaron no habían muerto en 1953; que su república era su heredera.
Marulanda buscaba integrarlo al proyecto comunista que en 1966 se formalizó como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Aljure rechazó. Las razones reconstruibles no son ideológicas explícitas: no consta que denunciara al comunismo con argumentos doctrinarios. Sí consta su lealtad al Partido Liberal —lealtad que era, a la vez, el fundamento de su alianza con Durán Dussán— y su reivindicación de una autonomía territorial que ninguna estructura vertical estaba dispuesta a respetar. Unirse a las FARC habría implicado someterse a una jerarquía nacional; permanecer independiente le permitía seguir siendo el jefe único del Ariari.
El Mono Mejías adoptó una postura conciliadora durante ese encuentro. Las FARC, sin poder incorporarlo, establecieron su capital en el municipio de Uribe, en un enclave conocido como Casa Verde, desde el cual pudieron proyectarse hacia el oriente y el centro del país. Aljure quedó controlando la mayor parte del Ariari; las FARC quedaron en Uribe y en las estribaciones. El equilibrio se mantuvo mientras Aljure vivió.
Marzo de 1968: la ruptura y el fin
En las elecciones parlamentarias de marzo de 1968, algo cambió. Aljure no respaldó las listas de Durán Dussán. Movilizó sus votos, en cambio, en favor de las listas patrocinadas por Daniel Arango Jaramillo, otro liberal oficialista. El resultado fue directo: la lista de Durán Dussán a la Cámara de Representantes fue derrotada.
Las razones de la ruptura no están documentadas con precisión, y quizás no eran una razón sino muchas: rivalidades locales, ofertas mejores, un cálculo de Aljure sobre qué facción liberal le convenía más. Lo que sí resulta claro, en retrospectiva, es lo que significó. Aljure había roto la única transacción que sostenía su república. Durante once años —desde su llegada a Rincón de Bolívar en 1957— su supervivencia había dependido de ser electoralmente útil a Durán Dussán. En marzo de 1968 dejó de serlo. Hizo, en realidad, algo peor: le costó una elección.
Unos meses después fue asesinado. Las circunstancias exactas —fecha precisa, lugar, ejecutores materiales— quedan envueltas en la bruma característica de estos hechos en la periferia colombiana. Pero el sentido político del crimen se estableció casi como consenso interpretativo entre quienes lo miraron de cerca: venganza del anterior protector, que acababa de perder las elecciones por su traición. Durán Dussán no aparece nombrado como autor en ninguna pieza documental, y nada permite atribuirle un discurso ni una insinuación explícita. La lectura, sin embargo, circuló, y circuló porque encajaba: el patrón del poder liberal en la periferia era ese, y Aljure había violado su regla fundamental. Fue útil hasta que dejó de serlo.
Su muerte abrió, casi mecánicamente, un vacío en el Ariari. Las FARC, que hasta entonces operaban desde Casa Verde en Uribe manteniendo un equilibrio con la república independiente, pudieron proyectarse hacia el Ariari en los años posteriores. La causalidad no está establecida de manera explícita —nadie dice "Aljure muerto, las FARC entraron"—, pero la coincidencia estructural es evidente: el único poder local que había rechazado incorporarse a Marulanda y controlaba la mayor parte de la región dejó de existir en 1968; en los años siguientes, las FARC se expandieron por el sur del Meta, el Guaviare y el piedemonte amazónico. Lo que Aljure había obstaculizado, su desaparición lo hizo posible.
La huella: entre el bandido y el político local
Su memoria quedó atrapada entre dos categorías que no le hacen justicia. Para una tradición, fue un bandido: un desertor que aprovechó el desorden del llano para construir un feudo violento, cobrar tributos y ejercer autoridad ilegítima. Para otra, más generosa, fue el último guerrillero liberal, el que se negó a la trampa de la amnistía y sostuvo, contra el bipartidismo, una forma de soberanía popular en la frontera agraria. Ninguna captura la complejidad. Aljure vivió quince años en la intersección de tres fracasos —una amnistía que fue jurídica antes que política, un pacto bipartidista que delegó su presencia en cacicazgos armados, una colonización que absorbió desplazados sin garantizarles títulos ni infraestructura— y su república duró exactamente lo que duró la conveniencia mutua entre él y el liberalismo metense. Cuando esa conveniencia se rompió, murió. Y cuando murió, la región no volvió al Estado: pasó a otras manos armadas, en una secuencia que ya no tendría fin claro. El Estado nunca se propuso procesarlo; y cuando finalmente se rompió el equilibrio, no fue el Estado el que lo rompió, ni fue una operación militar, ni una redada, ni una comisión de paz. Fueron unas papeletas contadas en marzo de 1968, en unas mesas del Meta, en una elección de Cámara que a nadie fuera del Ariari le importó mucho, y que a Dumar Aljure le costó la vida.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
34 documentos · 48 fragmentos01La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · Páginas 65, 1302 citas
[1]el Llano el magnate no siembra. La labor agrícola está encomendada al veguero, dueño de algunas reses y una casa ubicada en la ribera de los ríos dentro de los grandes fundos. El señor del hato le paga los víveres (plátano y yuca) con vacas HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 129 viejas para "carnear". En el Llano…
p. 130
[2]cual se han organizado los grupos humanos lo- cales. Importa considerar los conuqueros, los vegueros, los caba- lliceros, los vaqueros y los caporales. Todos tomaron parte activa en acciones de armas. El conuquero que vive infelizmente en un rancho, siempre aco- sado por los dueños del hato, no tiene, no puede tener…
p. 65
02Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · Páginas 254, 3752 citas
[3]development, it was not difficult for Olaya Herrera to begin the push to extend Colombian control over the Amazon, or for Alfonso López to excite popular imagination about the economic potential of the Llanos. Yet by the 1940s little remained of this patriotic fervor at either the official or the popular level. During…
p. 254
[14]thoroughly enraged, wanted to set fire to the building, but their leaders dissuaded them, so they turned instead to the building that housed the offices of Eco de Oriente. Smashing the doors open, they seized copies of the latest issue of the paper and burned them in the plaza. The crowd also demanded the resignation…
p. 375
03Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Páginas 1, 50, 88, 1164 citas
[4]1 The Llanos Frontier on the Eve of La Violencia The attraction of the Llano is irresistible. It can happen that it may produce a de- formation of the spirit and that men, accustomed to the comforts and advantages of what is called civilization, will become fond of what there is in the plains, in the hatos, in the…
p. 1
[8]in Colombia and the Transformation of the Llanos Orientales writes that within these zones, codes of “revolutionary morality enforced re- spect toward women and children, and the elderly, and laws expressly prohibited the use of torture and scorched-earth policies against adversaries.” The rebels in- cluded women, as…
p. 50
[17]Castro that was active in rural Antioquia, Bolívar, and Santander in 1964–65. After Dumar Aljure, who still controlled most of Ariari, refused to join Marulanda, the latter established his “capital,” known as “Casa Verde,” in the municipio of Uribe, a location that allowed FARC to infiltrate the east and center of the…
p. 116
[28]social structure that had existed since colonial times. The large ranchers retained their position at the top of the social and economic scale while their workers were no better off than they had been before 1948. Even worse was the fact that the Colombian army, which in the beginning had been regarded as a force for…
p. 88
04Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 251 cita
[5]para hacerlos más dependientes de la vida de hato y sujetarlos a sus relaciones laborales (Cf. Rausch 1999). De esta manera, lo llanero se convirtió en un patrón que, aunque no ideal, era trazado para la incorporación de los indios, quienes en el siglo XIX conformaban una buena parte de la población regional. La…
p. 25
05El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 3641 cita
[6]364 Efiínd Ridcernstfiatfi de los Llanos son de buena raza y valientes, de afiladas es- puelas y de gran fiereza y saña. Sólo cuando se halla ya muy maltrecho cede el más débil el campo de batalla. Esta extraña conducta, mitad en son de regocijo, mi- tad con tintes de barbarie, nos da pie para presentar de una manera…
p. 364
06Del Llano llano. Relatos y testimoniosAlfredo Molano · 2008 · Página 381 cita
[7]yentados por las aguas de abril. Los niños fuimos cre ciendo a la sombra que los viejos nos hacían sin mez quinarnos nada. Se trabajaba sólo para la ropa y la sal, porque comida había a las anchas. En el encerra do había topochera, yuquera y hasta un trapiche que nos atendía de dulce. Cuando la cosecha de ganado…
p. 38
07Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · Página 471 cita
[9]batallones del Ejército. Aunque la operación fue un fracaso militar, desen- cadenó la “rebelión llanera” que se prolongó hasta mediados de 1952 (Molano, 1986). Durante esta rebelión, numerosas victorias en contra de la Poli- cía y el Ejército consagraron a Guadalupe Salcedo, Eduardo Fran- 20 Todas las entrevistas…
p. 47
08Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Páginas 177, 2382 citas
[10]durante periodos relativamente largos, dada la coexistencia en su estructura productiva de una ganadería inmediatamente disponible para el consumo y terrenos aptos para el sembrado de cultivos de pan coger de retorno inmediato. En su conjunto, estas zonas pudieron haber llegado a albergar hasta 20. 000 hombres en…
p. 177
[13]reestructuración organizativa y de la dirección que se plasmó en la elección de Guadalupe Salcedo como Comandante en Jefe de las guerrillas, y Franco Isaza como Jefe del Estado Mayor; una serie de medidas urgentes sobre “la vida y las necesidades de la población, alma de la Revolución”; y un determinado número de…
p. 238
09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 217, 2342 citas
[11]de los esp í ritus ”. Alfonso L ó pez, con autorizaci ó n del gobierno, que busc ó en varias ocasiones un acuerdo con la guerrilla que llevara a su desarme, se entrevist ó con algunos jefes guerrilleros sin ning ú n resultado. Sin embargo, las guerrillas segu í an aumentando: en los Llanos Orientales, dirigidas por…
p. 217
[38]ir í a de 1958 a 1974. De este modo la alianza se volvi ó de hierro y el Frente Nacional se convirti ó, como lo se ñ al ó el liberal Alfonso L ó pez Michelsen, en una especie de r é gimen de partido ú nico, sin oposici ó n, que volv í a impensable cualquier pro puesta que no contara con el consenso general. REFORMISMO…
p. 234
10No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 601 cita
[12]eran importantes, el movimiento gue- rrillero más numeroso y mejor armado estaba en Casanare, Vichada, Meta y Arauca 108. Su capacidad militar les dio para tomarse bases militares como las de Palanquero, en Cundinamarca, y pueblos como Orocué, en Casanare. Al comienzo, los hacendados apoyaron a las guerrillas, pero…
p. 60
11Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 3151 cita
[15]propiedad individual al lado de la Granja o Colonia Colectiva. Y en la reglamentación de la ganadería se ordenó el pago de contribuciones para la revolución o su confiscación, en caso de no pago a los seis meses; el sostenimiento de la guerrilla se sacaría preferentemente de estos hatos y de aquellos donde hubiera más…
p. 315
12Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 491 cita
[16]rojo sangre. “Tras ellos avanzaba un hombrecito encorvado que llevaba un casco de acero alemán de la Primera Guerra Mundial. Luego venían más de cien guerrilleros del grupo de Dumar Aljure, jefe insurgente de origen libanés. Ciento treinta y dos hombres en pingajos, con pantalones militares remendados y de todo color,…
p. 49
13La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · Página 451 cita
[18]Aljure tuvo lu- gar unos meses después de las elecciones de marzo de 1968. En aque- lla jornada el jefe guerrillero había respaldado las listas patrocinadas por Daniel Arango Jaramillo, otro liberal oficialista, y en consecuencia la lista a la Cámara de Representantes de Durán Dussán fue derrotada. Muchos…
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14Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · Página 1671 cita
[19]matado a unos y había hecho huir a otros. El Mono iba desconfiado a pesar de 168 Aíndice Meíale que llevaba una carta de don Juan para Aljure. Ellos se conocían de lejos. En el Alto Guayabero se toparon. Muela Hueca, un subalterno de Aljure, se presentó una noche diciéndoles que el jefe quería hablar con los mandos de…
p. 167
15Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · Páginas 39, 462 citas
[20]población civil que buscaba su seguridad al lado de quienes tenían las armas. Por ello, la columna per- dió movilidad y tuvo que afrontar problemas de protección a la gente que se había sumado a la marcha Ese tiempo se constituyó en una especie de escuela de entrenamiento que hizo posible la etapa propiamente…
p. 39
[29]de la carre- tera entre San Juan de Arama y Piñalito hubo tendencia hacia la concentración de mejoras (Molano, 1989, p. 297). El Incora, más o menos en 1971, abandonó los programas de vías, crédito y asistencia y conservó solamente la titulación de baldíos fuera del área reservada de La Macarena (Molano, 1989, p.…
p. 46
16Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Páginas 198, 2192 citas
[21]surprise and incredulity. Still, in order to respond to the show of government goodwill and to gain time to permit internal consultations with their national command in Bogotá and to evaluate the general situation in the country, they ordered a suspension of guerrilla hostilities beginning June 22. The military…
p. 219
[47]As Darío Fajardo and Medófilo Medina have shown, the uncertainty of land titles in these areas was such that the "agrarian question" remained very much alive. These were also regions with considerable preexisting peasant politicization, through the Communist party, the Partido Socialista Revolucionario, and Gaitán's…
p. 198
17Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 2281 cita
[22]titular de El Tiempo: ((E l Regreso a la Norma- lidad en el Llano* y abajo una fotografia panorámica a ocho colum- nas con este pie: <<... con la Cordillera al fondo y la inmensidad de la región en torno s uyo, las guerrillas caminan en fila india hacia el puesto de las autoridades militares en Tauramena para deponer…
p. 228
18Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · Página 1081 cita
[23]de las autoridades fuera evidentemente injusta. Guadalupe Salcedo era un guerrero vigoroso y leal con sus hombres, hábil estratega y memorable ser humano, firme en sus convicciones e implacable en el combate, que cuando fue llamado a la paz y a la concordia y se convenció de que la promesa oficial era sincera, actuó…
p. 108
19Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · Página 861 cita
[24]lograr la entrega de las guerrillas liberales y comunistas y de los grupos armados conservadores, Rojas Pinilla ofreció, además de una amnistía general, entregar tierra a los campesinos y titular baldíos a los colonos. Para cumplir esta promesa, en julio de 1953 expidió el Decreto 1894 por el cual se creó el ICI…
p. 86
20Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 1011 cita
[25]como lo habían hecho muchos de los dirigentes de las guerrillas liberales que se habían dejado atraer por la euforia de los primeros meses del gobierno militar, cuando se anunciaba la suspensión de toda forma de persecución basada en razones políticas, y cuando se ofrecieron indultos y amnistías a los guerrilleros que…
p. 101
21La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · Páginas 66, 672 citas
[26]habían sacrificado su vida y las armas conquistadas al precio de la sangre de muchos combatientes caídos era una traición en la cual no se incurría. Esto hacía la situa- ción de este sector de combatientes guerrilleros extre- madamente difícil. El análisis político que se hacía, a la luz de orientaciones centrales era…
p. 66
[27]Pero la entrega de los hombres que habían sacrificado su vida y las armas conquistadas al precio de la sangre de muchos combatientes caídos era una traición en la cual no se incurría. Esto hacía la situa- ción de este sector de combatientes guerrilleros extre- madamente difícil. El análisis político que se hacía, a la…
p. 67
22El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 852 citas
[30]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
[31]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
23Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 291 cita
[32]para el partido liberal y así sucesivamente, durante veinte años, cerrando a la vez la compuerta, a una posible opción de un tercer partido político que pudiera entrar a competir por el poder en igualdad de condiciones. El primer presidente elegido dentro de ese acuerdo frente- nacionalista, fue el liberal Alberto…
p. 29
24Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 291 cita
[33]para el partido liberal y así sucesivamente, durante veinte años, cerrando a la vez la compuerta, a una posible opción de un tercer partido político que pudiera entrar a competir por el poder en igualdad de condiciones. El primer presidente elegido dentro de ese acuerdo frente- nacionalista, fue el liberal Alberto…
p. 29
25Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1191 cita
[34]entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…
p. 119
26Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · Página 2001 cita
[35]representative and democratic” systems, countries such as Colombia.18 The National Front, 1958–1960 Colombia’s democratic revival coincided with the remaking of U.S. policy toward Latin America. During the early 1950s, former president Alfonso López proposed a bipartisan power-sharing arrangement as a solution to the…
p. 200
27Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · Página 422 citas
[36]planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…
p. 42
[37]planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…
p. 42
28Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 261 cita
[39]que llevaron a cabo los gobiernos, sobre todo de Lleras Camargo, y de su sucesor, el conservador Guillermo León Valencia (1962-1966), rápidamente experimentaron el desvanecimiento del efecto “luna de miel” sobre la gestión de una violencia que, si bien controlada entre 1959 y 1964, nuevamente presentaba exacerbados…
p. 26
29The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · Página 581 cita
[40]readiness to lay down arms indicated that there was a deep popular desire for the reestablishment of peace, which must have enabled the Liberal and Conservative parties to recover at least part of their lost ideological ground when they presented themselves as peacemakers with the National Front agreement. Moreover,…
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30Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 2322 citas
[41]inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…
p. 232
[42]inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…
p. 232
31Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · Página 1751 cita
[43]Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado” Panel 2 · Colonización, coca y movimiento social: el caso del Putumayo 175 iniciaron esfuerzos para colonizar esta parte de la Amazonia con el fin de ejer- cer su soberanía sobre esta área de frontera. 1947-1962: la colonización de la violencia Durante este periodo se…
p. 175
32Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 441 cita
[44]años treinta denunciada por parte de los conservadores (Guzmán, Fals Borda y Umaña, 1962). Como consecuencia de lo anterior, la arremetida latifundista tuvo, entre otros efectos, un despojo de tie- rras que el analista Paul Oquist calculó en 393.648 parcelas, princi- palmente en departamentos como Valle del Cauca,…
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33Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · Página 661 cita
[45]total del país vive en la gran región oriental de la Amazonía y la Orinoquía. La colonización es conflictiva porque los grupos iniciales de campesinos que desmontan la selva o los bosques de galería llaneros son desplazados por los grandes compradores de mejoras, que concentran la propiedad para la ganadería extensiva…
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34Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · Páginas 38, 442 citas
[46]el Gobier- no canceló el acuerdo, en cuanto la firma se apropió ilegítimamente de 160 000 ha, esta adjudicación de tierras terminó afianzando la ganadería en la parte llana e introduciendo el cultivo de café y cacao en las laderas de la cordillera. La adjudicación promovió también la fundación de dos pequeños…
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[48]delimita el río Ariari, en el departamento del Meta, se encuentra dividida en tres subregiones que siguen la cuenca del río en sentido norte-sur, desde las estribaciones de la cordillera Oriental en el páramo de Sumapaz, hasta su desembo- cadura en el río Guaviare. El territorio de la primera de estas su- bregiones,…
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