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Idea · Independencia

Pacificación

La 'pacificación' fue el término con que el Imperio español —y luego la propia República— nombró el uso de la fuerza estatal contra poblaciones marcadas como rebeldes: desde las campañas borbónicas de reducción de arrochelados en el siglo XVIII hasta el régimen de terror de Pablo Morillo en Nueva Granada (1815-1816) y su posterior apropiación por los gobiernos republicanos.

3.673 palabras44 documentos55 fragmentos citados
Pacificación

Trayectoria de una idea

  1. 1744

    Fundaciones borbónicas en el Bajo Magdalena

  2. 1781

    Represalia tras la Revolución de los Comuneros

  3. 1787

    Misión de Palacios de la Vega contra palenques

  4. 1815

    Desembarco de Morillo y caída de Cartagena

  5. 1816

    Arquitectura institucional del terror en Santafé

  6. 1817

    Efecto contraproducente y erosión del ejército expedicionario

  7. 1819

    Reversión: Boyacá y transferencia del vocabulario

03

La lectura

La pacificación no fue un episodio sino una tecnología de gobierno que atravesó el período colonial tardío, la crisis de independencia y los primeros años republicanos. Su núcleo operativo combinaba un vocabulario sanitario —purificar, pacificar, reducir— con instrumentos muy concretos de violencia judicial, confiscación patrimonial y exhibición pública del castigo. Lo que la hace históricamente singular no es la crueldad en sí, sino la distancia calculada entre el nombre y la cosa: llamar pacificación a lo que sus víctimas y muchos contemporáneos reconocían como terror fue una elección política, no un descuido semántico. Esa elección tuvo consecuencias: legitimó internamente el régimen ante quienes preferían el orden al caos, y lo deslegitimó externamente ante audiencias atlánticas que leyeron los cadalsos de Santafé como confirmación de la leyenda negra española. El efecto más duradero fue quizás el menos previsto: al transferirse el vocabulario a los gobiernos republicanos, la pacificación sobrevivió a la independencia como eufemismo disponible para cualquier Estado que necesitara nombrar la fuerza sin llamarla por su nombre.

La pacificación

En el vocabulario político colombiano, pocas palabras cargan tanto peso como pacificación. Nombra, en su acepción más cruda, la campaña con que el mariscal Pablo Morillo intentó restaurar el dominio español sobre la Nueva Granada entre 1815 y 1816: un aparato de consejos de guerra, secuestros de bienes y ejecuciones que operó desde Santafé de Bogotá y dejó en el patíbulo, entre otros, al sabio Francisco José de Caldas. Pero la palabra es más antigua que Morillo y más larga que él. Antes de 1815 había designado las campañas borbónicas para reducir a pueblos dispersos y castigar comuneros; después de 1819 fue reapropiada por los propios republicanos para nombrar sus operaciones de sometimiento interno, y sobrevivió como eufemismo de larga duración —hasta bien entrado el siglo XX— para describir el uso de la fuerza estatal contra poblaciones marcadas como rebeldes. Este artículo sigue esa palabra como se sigue una moneda que pasa de mano en mano: la que la acuñó primero y la que la gastó después, la doctrina que la sostuvo y las resistencias que la desmintieron.

Una palabra con filo

Pacificar supone que hay una guerra, una alteración del orden, un cuerpo social enfermo al que hay que devolver la salud. En el léxico imperial español de finales del siglo XVIII, la palabra ya había perdido inocencia: llamaba pacificación a la reducción de indios y arrochelados, al desmonte de palenques, al escarmiento de comuneros. En 1815, cuando Fernando VII envió a Nueva Granada el ejército expedicionario más grande que había cruzado el Atlántico hacia América hasta entonces, la palabra se cargó de una densidad nueva. La corona no hablaba de conquista, porque estos territorios ya eran suyos; hablaba de pacificación, porque asumía que la insurrección era una enfermedad transitoria del cuerpo colonial. Pablo Morillo, el mariscal designado, recibió el título de el Pacificador, y con él una licencia moral y jurídica para hacer lo que hizo.

La palabra encubría, en su elegancia latinizante, un aparato muy concreto: consejos de guerra que dictaban penas capitales, juntas que confiscaban propiedades, cadalsos levantados en plazas públicas, cabezas exhibidas en palos. Historiadores del siglo XIX —el venezolano Rafael María Baralt, el chileno Diego Barros Arana— documentaron una conducta que uno de ellos resumió como "cruel por sistema". Los propios archivos de Morillo conservan órdenes de decapitar cadáveres para exhibirlos. Y sin embargo la palabra oficial era pacificación, no represalia ni castigo ni terror. Esa distancia entre el nombre y la cosa es lo que hace de pacificación un objeto histórico de primer orden: no un simple eufemismo accidental, sino una técnica de gobierno que necesita nombrarse a sí misma de un modo particular para funcionar.

Los antecedentes borbónicos

La pacificación de Morillo no cayó del cielo en 1815; heredó una gramática. Durante el siglo XVIII tardío, la corona borbónica había desplegado en la Nueva Granada una política sistemática de reducción y control social, financiada por un aparato fiscal cada vez más pesado. La carga tributaria pasó, entre mediados del siglo XVIII y comienzos del XIX, de cerca del 2,9% del PIB a alrededor del 10,4% —más de tres veces su nivel inicial—. Ese esfuerzo extractivo se apoyó en los estancos de tabaco y aguardiente, y en un cuerpo de funcionarios dispuestos a cobrar con severidad.

En el Bajo Magdalena y en la provincia de Cartagena, la reducción tomó la forma de fundación de pueblos. Entre 1744 y 1770, el rico hacendado y comandante de milicias José Fernando de Mier fundó unos veintidós pueblos, en parte para poner fin a los ataques indígenas contra haciendas y embarcaciones del río Magdalena. Entre 1774 y 1778, Antonio de la Torre y Miranda, antiguo oficial naval, organizó comunidades en la misma provincia. En 1787, al franciscano José Palacios de la Vega se le confió la misión de reducir a los indios de San Cipriano y terminar los palenques de Carate, Lorenzana y Las Catas. Hasta la década de 1770, unos sesenta mil "arrochelados" vivían en bosques, cerros y ciénagas de la costa caribeña, relativamente fuera del control de la Iglesia y el Estado. La empresa borbónica buscaba concentrarlos, censarlos, cristianizarlos, gravarlos. Se justificaba oficialmente como obra de orden social y progreso material; en su ejecución, coincidió con los intereses de los grandes propietarios, que veían con buenos ojos la formación de mano de obra disponible y la seguridad de los caminos.

La otra cara de esa gramática fue la respuesta a la protesta. La Revolución de los Comuneros de 1781, desencadenada por el peso creciente de los estancos y la severidad recaudatoria, ilustra el patrón. Los rebeldes negociaron con el arzobispo, obtuvieron concesiones, se desmovilizaron. Y entonces el gobierno colonial procedió a imponer castigos ejemplares, incumpliendo lo pactado. La lección quedó escrita en el archivo: la corona podía transar bajo presión y castigar en cuanto la presión cediera. Cuando Morillo llegó a Cartagena en 1815, esa lógica ya estaba disponible como método: negociar si es necesario, escarmentar cuando sea posible.

La Patria Boba como condición de posibilidad

Ninguna reconquista se explica solo por la fuerza del reconquistador. Cuando el ejército expedicionario español desembarcó en Santa Marta en 1815, encontró una Nueva Granada profundamente fracturada. Varias provincias —Panamá, Santa Marta, Riohacha, Pasto, Popayán— eran abiertamente realistas y rodeaban como tenaza el corazón del territorio patriota. El resto se debatía entre modelos incompatibles de independencia: las Provincias Unidas defendían una fórmula federal; Cundinamarca apostaba por un centralismo con capital en Santafé. Entre 1811 y 1816 esa disputa degeneró en guerra civil. El 12 de diciembre de 1814, tropas federalistas atacaron Santafé y forzaron la renuncia del dictador centralista Álvarez; un año después, mientras Morillo cerraba el cerco sobre Cartagena, la ciudad vivía enfrentamientos internos, disputas electorales y sitios previos impuestos por facciones patriotas rivales.

Simón Bolívar, recién llegado de Venezuela con el prestigio maltrecho por sus fracasos, se enredó en esas rivalidades. En lugar de marchar contra los españoles de Santa Marta según las órdenes del Congreso de Tunja, sitió Cartagena a causa de su encono contra el comandante Manuel del Castillo y Rada, sumando así un asedio patriota al que preparaba Morillo. Cuando el bloqueo español se cerró finalmente sobre la ciudad, esta ya venía agotada por sus propios sitiadores. Cartagena cayó el 6 de diciembre de 1815. Antes de que Morillo diera un solo consejo de guerra, la Nueva Granada patriota se había debilitado a sí misma.

Antonio Nariño lo había advertido en sus Noticias muy gordas: los reconquistadores no distinguirían entre patriotas y neutrales, y todos caerían bajo su represalia. La advertencia fue leída como panfleto faccioso; los hechos de 1816 la confirmaron. Aun así, buena parte de la población, desilusionada por la ineptitud republicana, recibió inicialmente a los españoles con alivio. Ese apoyo se disolvió con rapidez ante lo que vino después.

Morillo en Santafé: la arquitectura del terror

Tomada Cartagena, la expedición avanzó hacia el interior. En los primeros días de octubre de 1816, la reconquista estaba consumada. Santafé de Bogotá se convirtió entonces en el centro administrativo del régimen, y desde allí Morillo desplegó el aparato que dio a la pacificación su forma institucional.

Tres cuerpos organizaron la represión. El Consejo de Purificación procesaba a quienes se consideraba desleales al rey; su nombre importaba: no castigo sino purificación, como si la insurrección fuera una mancha que se lava. La Junta de Secuestros confiscaba bienes y propiedades de los insurgentes, no solo de los líderes sino también de seguidores pasivos y emigrados. El Consejo de Guerra Permanente juzgaba y condenaba a muerte por rebelión e infidencia. Los tres alimentaban una tesorería militar centralizada que sostenía al ejército expedicionario: la represión política era, además, un mecanismo de financiamiento de la guerra. El Virreinato de Nueva Granada se convirtió así en la principal región de extracción de recursos —humanos y materiales— para la corona.

Las ejecuciones tejieron el año más oscuro de la revolución americana. Francisco José de Caldas, el sabio del Semanario del Nuevo Reino de Granada, cartógrafo, astrónomo, discípulo intelectual de Mutis, fue fusilado. Camilo Torres Tenorio, autor del Memorial de agravios, corrió la misma suerte. Antonio Villavicencio, el comisionado regio cuya llegada había detonado el 20 de julio de 1810, fue ejecutado. Más tarde, en 1817, Policarpa Salavarrieta fue fusilada en la plaza mayor de Santafé después de haber trabajado como espía para la causa patriota. Cadalsos en las plazas, cárceles llenas, campesinos organizados en cuadrillas de trabajo forzado para abastecer al ejército, haciendas requisadas, ganados y esclavos incautados: la colonia entera fue reordenada como base logística de la reconquista, y ese reordenamiento pasó por el vocabulario judicial de la purificación y el secuestro.

El régimen tenía a Juan Sámano como uno de sus ejecutores clave; en 1818, al partir Morillo hacia Venezuela con el grueso de la tropa, Sámano quedó como virrey, endureciendo aún más el clima represivo. Pascual Enrile había sido el jefe del estado mayor de Morillo durante la campaña. Y en la retaguardia, la máquina jurídica seguía funcionando con procedimientos excepcionales, ajenos a las formas ordinarias del derecho indiano.

El efecto contraproducente

La pacificación produjo su propio antídoto. Lo que se presentaba como restauración del orden convirtió a una sociedad ambivalente en una sociedad enemiga. Las simpatías coloniales —que existían y eran importantes— se transformaron en animadversión hacia España; los indecisos empujaron hacia la resistencia armada; las guerrillas de los Llanos del Casanare, comandadas por jefes como Juan José Rondón, se nutrieron de fugitivos y de una rabia acumulada. El terror judicializado, lejos de disolver la rebelión, la profundizó.

La onda expansiva cruzó el Atlántico. Las noticias sobre las tácticas de Morillo llegaron a Gran Bretaña y Estados Unidos, donde encontraron un terreno preparado por los tropos de la leyenda negra española. La indignación pública en Londres y en Washington coincidió con la llegada de apoyo monetario y logístico a la causa independentista: legiones británicas e irlandesas, empréstitos, armas. La relación causal es difícil de aislar con precisión, pero el clima moral favorable a los patriotas fue en parte una respuesta a los cadalsos de Santafé.

A esto se sumó un factor menos visible pero decisivo: la enfermedad. De los doce mil efectivos que llegaron a América en 1815 con el ejército expedicionario, en 1820 sobrevivían menos de tres mil. El paludismo y la fiebre amarilla hicieron por los patriotas más que muchas batallas. La pacificación, que había desembarcado como fuerza abrumadora, se fue consumiendo desde dentro por los trópicos y por la resistencia que ella misma había fabricado.

La reversión: de Angostura a Boyacá

Mientras el aparato represivo funcionaba en Santafé, Bolívar reconstruía la guerra desde el oriente. El 17 de julio de 1817 tomó control del territorio de Angostura, en el Orinoco, y el 24 de julio se declaró Jefe Supremo del Ejército. El 15 de febrero de 1819 inauguró allí el Congreso de Angostura, restableciendo simbólicamente la República ante audiencias locales e internacionales; su discurso de apertura circuló por el continente como manifiesto político.

La campaña libertadora comenzó el 15 de junio de 1819. El ejército patriota cruzó los Andes por el páramo de Pisba, considerado inaccesible, con enormes dificultades: las bajas temperaturas diezmaron a soldados llaneros acostumbrados al calor. Al descender al altiplano, los habitantes de Socha los auxiliaron con ropa y alimento. La sorpresa estratégica funcionó: el ejército realista de José María Barreiro fue derrotado primero en el Pantano de Vargas —donde la carga de Rondón se volvió leyenda— y luego, definitivamente, el 7 de agosto de 1819 en la batalla de Boyacá. Barreiro fue capturado por el adolescente boyacense Pedro Pascasio Martínez. El combate se libró en torno a un puente sobre el río; días después, las tropas patriotas entraban en Santafé.

A fines de 1819, el ejército realista aún contaba con al menos cuatro divisiones —Morillo en la costa venezolana, La Torre amenazando Cúcuta, Calzada en el sur, Sámano en las costas neogranadinas—, pero el centro político estaba perdido. Bolívar dejó a Francisco de Paula Santander encargado del gobierno como vicepresidente de Cundinamarca y regresó a Angostura, donde el Congreso creó oficialmente la República que unía Venezuela y la Nueva Granada. Nacía la Gran Colombia.

La herencia del vocabulario: la República se apropia de la palabra

Aquí está lo que la historia canónica suele omitir. La caída del régimen de Morillo no significó la desaparición del vocabulario de la pacificación; significó su transferencia. Los republicanos, enfrentados a resistencias internas —realistas rezagados, poblaciones renuentes, provincias enteras hostiles como Pasto—, heredaron el problema y también las palabras.

En el Archivo General de la Nación se conserva un documento del capitán interino Francisco del Pino, fechado hacia 1820 o 1821, en el que expone medidas para la pacificación en el marco de operaciones militares republicanas en el Cauca. El detalle es menor pero revelador: apenas terminada la reconquista española, oficiales patriotas usaban ya el mismo término para nombrar sus propias campañas contra poblaciones marcadas como rebeldes. La palabra había cambiado de bando sin cambiar de función. Y no era un uso aislado: el léxico de pacificación circuló en documentos militares republicanos del teatro caucano durante todo ese período.

En paralelo, la práctica de los secuestros de bienes —que la Junta de Morillo había institucionalizado— tenía ya una tradición patriota. Durante la Primera República, hacia 1814, los gobiernos patriotas también habían incautado bienes de sus enemigos realistas. Después de 1819, con la República restaurada, la confiscación operó en sentido inverso: españoles y realistas perdieron patrimonio en beneficio del nuevo Estado. La lógica extractiva del Consejo de Purificación no era, entonces, un invento español; era una técnica de guerra que ambos bandos manejaban, y que la República heredó como instrumento fiscal.

El Congreso de Cúcuta y la gramática del orden republicano

El 6 de mayo de 1821 se instaló en Villa del Rosario de Cúcuta el Congreso General de Colombia, presidido por el general Antonio Nariño, con cincuenta y siete diputados de Cundinamarca y Venezuela. Allí se debatió el modelo de integración política de la Gran Colombia. Los centralistas —Vicente Azuero, Francisco Soto, Pedro Gual, Fernando Peñalver— defendieron una república unitaria con gobierno fuerte. Los federalistas argumentaron que la diversidad de provincias hacía indispensable un sistema federal. Ganaron los centralistas.

La Constitución de Cúcuta de 1821 atribuyó al Congreso de la República la facultad exclusiva de "decretar lo conveniente para la administración, conservación y enajenación de los bienes nacionales", incluyendo las tierras baldías. Ese lenguaje, aparentemente administrativo, sentaba las bases legales para una política agraria de Estado: quien controla las tierras vacantes controla el poblamiento del territorio, la recompensa a los militares, la financiación del gobierno. La gramática del orden colonial —reducir población, concentrar recursos, controlar territorio— se traducía a un vocabulario republicano.

José Manuel Restrepo, nombrado ministro del Interior, lideró en esos años un esfuerzo simbólico paralelo: usar la Gaceta de Colombia, periódico oficial financiado por el gobierno, para legitimar la República centralista con capital en Bogotá. La operación incluyó recuperar la memoria de Caldas y de sus representaciones geográficas ilustradas y neutrales; el sabio ejecutado por Morillo se convertía así en emblema de una Colombia racional y letrada que la República venía a redimir. La misma pacificación de Morillo, releída, servía ahora como fondo negro sobre el cual brillaba el nuevo Estado.

La economía política de la pacificación

Detrás del vocabulario había siempre dinero, ganado y tierra. La pacificación —tanto la de Morillo como la republicana— fue, entre otras cosas, un modo de reasignar propiedad. Las haciendas coloniales, unidades de producción de mediana o gran escala, fueron especialmente golpeadas por las requisas de ganados, esclavos y alimentos con que ambos ejércitos se sostuvieron. La destrucción y confiscación de haciendas durante la guerra contribuyó a un deterioro económico generalizado: el comercio de exportación se contrajo, el capital huyó, los circuitos productivos coloniales se rompieron. Las exportaciones per cápita cayeron un 42% entre 1802 y 1850 —una brecha que la República tardó décadas en cerrar.

Bajo Morillo, campesinos fueron organizados en cuadrillas de trabajo forzado para convertir la colonia en base de abastecimiento militar. La represión política y la explotación económica se anudaron: quien perdía la libertad perdía también los medios de subsistencia, y quien perdía la propiedad quedaba disponible como mano de obra coactiva. La inestabilidad posterior a la Independencia amplificó ese efecto: los negocios existentes quedaron amenazados por riesgos de expropiación y sin reglas adecuadas, y la fuga de capital consolidó una economía tambaleante que ni la Gran Colombia ni sus repúblicas sucesoras lograron estabilizar en el corto plazo.

La pacificación, entendida así, no fue solo violencia ni solo eufemismo: fue una forma específica de gobernar los recursos escasos de una guerra prolongada. El Consejo de Purificación y la Junta de Secuestros no eran anomalías del régimen de Morillo; eran su condición material de existencia.

Los mártires y la memoria

Cuando la República buscó una fundación mítica para justificarse, encontró en la pacificación de Morillo el hito perfecto. La sangre derramada en Santafé —Caldas, Torres, Villavicencio, Salavarrieta— proveyó al nuevo Estado de un martirologio patrio: figuras nítidas, ejecutadas por un poder identificable, cuya memoria podía ordenarse en un relato de sacrificio y redención. La representación museográfica de la Independencia, articulada desde el siglo XIX, organizó los sucesos en tres periodos sucesivos: la creación de las Juntas, la pacificación, la Campaña Libertadora. El banco de purificación —el mueble sobre el cual, según la tradición, los procesados eran juzgados— se consagró como objeto emblemático de ese ciclo, condensando simbólicamente el sacrificio patriota.

Esa arquitectura narrativa era anterior a la selección de objetos memoriales; primero se estableció el relato, después se buscaron las reliquias que lo encarnaran. La Academia Colombiana de Historia, fundada a comienzos del siglo XX, y centros regionales como el Centro de Historia de Manizales (1911), consolidaron ese pasado. La historiografía liberal del siglo XIX construyó críticamente la herencia colonial como fondo tenebroso de sus proyectos revolucionarios; la conservadora, representada por autores como José Manuel Groot, rescató lo hispánico y católico para legitimar la Regeneración. Ambas necesitaron, sin embargo, la pacificación de Morillo. Para los liberales, era la prueba definitiva de la barbarie del régimen que había que superar. Para los conservadores, era una tragedia dentro de un legado por lo demás civilizador. En ambos casos, la palabra sobrevivía —como práctica y como relato— porque el nuevo Estado la necesitaba.

Lecturas más recientes, como la de Orlando Fals Borda, matizaron el mito: la Independencia, argumentó, no fue una subversión social fundamental, porque sus líderes solo cuestionaron algunas normas del orden señorial sin transformarlo profundamente. El martirologio patriota, en esta lectura, tapaba tanto como iluminaba: enfocaba las víctimas ilustres y dejaba en la sombra las continuidades estructurales.

Ecos: el largo siglo de la palabra

La pacificación sobrevivió al ciclo de Independencia como categoría disponible. Tras la guerra de los Supremos (1839–1842), el presidente Pedro Alcántara Herrán firmó una amnistía general en Sitionuevo el 19 de febrero, en el marco de un proceso de pacificación que incluyó mediaciones como la del cónsul británico en Santa Marta. La lógica seguía siendo la misma: someter primero, perdonar después, dejar abierta la amenaza para el futuro.

Más de un siglo después, el término reapareció con toda su carga. Entre 1953 y 1957, el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla llamó pacificación a su política sobre los Llanos Orientales, y el propio Rojas invocó en sus discursos la tradición histórica de los llaneros en la Independencia. En mayo de 1955, Sumapaz fue declarada Zona de Operaciones Militares y la palabra volvió a emplearse, ahora como sinónimo de devastación, ametrallamientos y bombardeos; la operación involucró aproximadamente un tercio de la fuerza del ejército —al menos seis batallones— y un centro de tortura conocido como el campo de concentración de Cunday. Con la instalación del Frente Nacional en 1958, la violencia no cesó: las autodefensas comunistas que se habían acogido a la pacificación sin dejar las armas mantuvieron enfrentamientos constantes con los grupos liberales "limpios", mostrando que el término, como en 1816, no implicaba el fin real del conflicto.

Aún más adelante, en discusiones contemporáneas sobre los territorios donde ha prosperado el narcotráfico, ha vuelto a aparecer el léxico de espacios "vacíos, salvajes" que habilitan acciones "civilizatorias, pacificadoras, colonizadoras". La continuidad no es solo semántica; es la persistencia de una manera de mirar ciertos territorios y ciertas poblaciones como objetos legítimos de intervención armada.

Balance

La pacificación funcionó en la historia colombiana como un dispositivo duradero, pero no porque hubiera un plan coherente transmitido de régimen en régimen. Funcionó porque respondía a una lógica estructural que sucesivos órdenes políticos necesitaron: someter poblaciones marcadas como rebeldes mediante la combinación de excepción jurídica y fuerza militar, financiando la operación con los propios bienes de los sometidos. El aparato específico de Morillo —Consejo de Purificación, Junta de Secuestros, Consejo de Guerra Permanente— fue una versión particularmente refinada de esa lógica, pero no la inventó ni la agotó.

Al mismo tiempo, la palabra falló siempre en el mismo punto. La represión de Morillo produjo la resistencia que decía extinguir. La pacificación republicana en el Cauca no unificó al país. La pacificación de los Llanos bajo Rojas arrojó resultados calificados posteriormente como "más bien pobres". La de Sumapaz devastó sin ordenar. El dispositivo era, y siguió siendo, parcial en su eficacia y contradictorio en sus efectos: cada operación de sometimiento fabricaba una parte de la rebelión que las siguientes tendrían que enfrentar.

Ahí reside el filo particular de la palabra en la historia de Colombia. No es solo que pacificación haya sido un eufemismo de la violencia; es que el eufemismo mismo formó parte del funcionamiento del Estado. Nombrar al terror como pacificación permitía procesarlo jurídicamente, contabilizarlo fiscalmente, legarlo memorialmente. Y esa operación —dar a la fuerza el nombre de un remedio— es una de las gramáticas más persistentes con las que el país se ha gobernado a sí mismo. El sabio Caldas, fusilado en Santafé un día de octubre de 1816, es su primer nombre propio; los pueblos bombardeados en Sumapaz en 1955, uno de sus últimos. Entre unos y otros, la palabra sigue disponible.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Pablo Morillo — ejecutor principal de la pacificación realista (1815-1816), apodado 'el Pacificador'
  2. 02Francisco José de Caldas — víctima emblemática del régimen de terror; su ejecución simbolizó el costo humano del concepto
  3. 03Consejo de Purificación — institución creada por Morillo que dio forma jurídica e institucional al proceso
  4. 04Junta de Secuestros — mecanismo de financiamiento militar que convirtió la represión política en extracción económica
  5. 05Reformas borbónicas — antecedente estructural que acuñó la gramática de la pacificación antes de 1815
  6. 06Simón Bolívar — protagonista de la reversión militar del proceso y heredero indirecto de su vocabulario
  7. 07Nueva Granada — territorio donde la pacificación alcanzó su forma más intensa y dejó sus huellas más duraderas
  8. 08Revolución de los Comuneros — episodio que ilustró el patrón colonial de negociar y luego escarmentar, prefigurando la lógica de 1816
06

Documentos y fragmentos citados

44 documentos · 55 fragmentos

01Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 1101 cita
[1]

hanging, decapitation and shooting, cynically described as ‘pacification’, while peasants were herded into labour gangs to turn the colony into a supply base for Morillo’s army. The year 1816 was the blackest year of the American revolution, the year of the gallows in New Granada and of reaction and retribution…

p. 110
02Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · p. 1031 cita
[2]

102 En lo moral era un hombre imperioso y frío, cruel por sistema más que por inclinación, con arranques espontáneos de franqueza y aun de generosidad in- termitente, pero desconfiado y sujeto a accesos de ira que lo ponían fuera de sí 36. El chileno Diego Barros Arana refiere que es- tando Morillo en Mompós, a…

p. 103
03Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 57, 612 citas
[3]

conjunto de leyes podemos rescatar algunos de sus artículos que se orientan al mantenimiento de las propiedades secuestradas. Mediante los procedimientos de secuestros, el Virreinato de Nueva Granada y su capital Santafé de Bogotá se convirtieron en la región administrativa de mayor fortaleza para la “pacificación”,…

p. 61
[6]

Las consecuencias de la intransigencia del gobierno absolutista no se hicieron esperar, tras años de organización en sociedades patrióticas y en las más poderosas sociedades secretas como la masonería, estas que contaban con el apoyo económico de la burguesía, lo cual se tradujo en réplicas constantes pero fallidas de…

p. 57
04Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 120, 1232 citas
[4]

parte de la América del Sur. Tales métodos, si al principio rindieron los resultados esperados, muy pronto lanzaron a la población a la resistencia, obligando a algunos a organizarse en guerrillas, a conspirar o, por lo menos, a desear vivamente la caída del régimen. A pesar de que durante la Primera República vastos…

p. 120
[32]

de hacerse célebres por su partici- pación en la campaña libertadora, tales como José Antonio Anzoátegui, Carlos Soublette, Juan José Rondón, Leonardo Infante y Jaime Rook. El 15 de junio comenzó la campaña, con la vanguardia al mando de Santander y la retaguardia dirigida por Anzoátegui. De acuerdo con las órdenes…

p. 123
05Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 2911 cita
[5]

Constitución de Cúcuta de 1821 se consagraron principios como el de legalidad, la presunción de inocencia, la prohibición de detención sin proceso judicial previo, y la prohibición de tes - tificar contra uno mismo o sus parientes 32. No obstante, en medio de la guerra y con el propósito de con - jurar situaciones de…

p. 291
06Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 64, 682 citas
[7]

Granada native son Caldas had celebrated for refusing the honors the Bona- parte regime would have bestowed upon him in occupied Madrid. Among the “many other learned and valuable personages” that were executed was, of course, Francisco José de Caldas. 41 News of Morillo’s sanguinary tactics and actions was…

p. 64
[44]

as the national newspa- per that enjoyed significant circulation at the cost of the govern- ment, was the organ the Liberator Party could most easily employ for the purposes of legitimizing a centralizing Colombian Repub- lic whose capital resided in Bogotá. 48 José Manuel Restrepo, as the newly appointed minister of…

p. 68
07Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 112, 1152 citas
[8]

Hhhong (ss * i presidente de las Provincias Unidas de Nueva Gra- “ ti: nada, Camilo Torres. Morillo volvid a Venezuela de- jando al pais en aparente sumision. La represion fernandina estuvo en el origen de un cambio profundo en la contienda civil, pues forz6 a los americanos a unificar sus esfuerzos, hasta entonces…

p. 115
[28]

emancipaci6n de Hispanoamérica era un he- cho inevitable, pues constituia la culminacion logica de su proceso historico. Sin embargo, el momento y la forma en que se produjera si estaban sujetos a variaciones notables, en funcion de la habilidad con que se condujeran sus protagonistas. Entre la in- dependencia…

p. 112
08Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1641 cita
[9]

República (como la piedra litográfica donde se imprimían los patentes de navegación, el sello del museo y la matriz del mapa de la Nueva Granada en 1847). Con base en tales piezas, la representación de la Independencia que se constituía articulaba los diferentes periodos de dicho proceso, empezando por la creación de…

p. 164
09Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 1591 cita
[10]

de importantes haciendas y empresas económicas, fue lo que obligó a los comisionados políticos del Gobierno general de las provincias unidas a nombrar, en 1814, al coronel José Acevedo y Gómez como subpresidente y jefe superior político de la Villa de Zipaquirá y Nemocón para que regulara el abasto de los pueblos y…

p. 159
10Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 116, 1262 citas
[11]

"al son de cam pana", para que pudieran ser mejor controlados por el Estado y la Iglesia. En su intento por consolidar el orden social y el progre so m aterial, las au to rid ad es lanzaron una serie de cam pañas para obligar a los "arrochelados" a instalarse en com unidades m ás grandes. En el Bajo M agdalena, la…

p. 116
[17]

Pero esta reacción antiespañola iba m ás allá de la m era defensa de los intereses de los criollos de clase alta. En los distritos com uneros, incluso m ulatos pobres q u e no eran can d id ato s potenciales para la burocracia colonial expresaron su resentim iento contra los funcionarios españoles, a quienes tilda ban…

p. 126
11Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1611 cita
[12]

a la religión y no haber entre ellos asesinatos ni peleas, aún en sus b o r r a c h e r a s ". (En esta tarea misional González Belandres tuvo d e s p u é s sus fuertes encontrones con el p a d r e José Palacios de la Vega, a quien también se le confió, en 1787, la misión de re- ducir a los indios de San Cipriano y…

p. 161
12Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 931 cita
[13]

77 Along the tropical fertile lands that surrounded the network of rivers in Caribbean New Granada lived tens of thousands of free people of colour, including indigenous peoples that the Spanish 73 AGI, Santa Fe, 1063. 74 AGI, Santa Fe, 1063. 75 AGI, Santa Fe, 1063. 76 AGI, Santa Fe, 1063. 77 Morales, “Manumission of…

p. 93
13Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 65, 792 citas
[14]

0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…

p. 65
[38]

en la población total (Ocampo, 1984). El comercio de exportación sufrió una contracción considerable al perder el monopolio centrado en Sevilla y en los consulados locales y al deteriorarse la producción de 80 Sfiíndic Kfiídficnerst oro, mientras que tampoco se ampliaban los mercados inter- nacionales de materias…

p. 79
14Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 531 cita
[15]

las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…

p. 53
15Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1081 cita
[16]

naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…

p. 108
16Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 221 cita
[18]

ocasiones aplicó penas de prisión. Sin embargo, pese a haberse opuesto a incorporar a Cundinamarca a los acuerdos fede- ralistas, proponía que, como estado indepen- diente, se aliara a las demás provincias para de- fenderse de la agresión española. Era tal su resistencia a las citadas tesis, que la posición que adoptó…

p. 22
17La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 321 cita
[19]

el Tolima, operaban guerrillas liberales, varias de ellas convertidas en simples grupos de bandoleros, comandadas por hombres recios y crueles cuyos alias —Sangrenegra, Chispas, Desquite, Tarzán— formaban parte de la leyenda popular. Así supe, desde cuando tuve conciencia, que no vivía en un país normal. Que la guerra…

p. 32
18Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 691 cita
[20]

También ha interpretado equivocadamente el señor Samper la actitud política de Antonio Nariño. Oigámoslo: «Es incuestionable que cuando Nariño publicaba los Dere- chos del Hombre, a fines del siglo pasado, y conspiraba con otros criollos neogranadinos, por el anhelo de ver emancipada a su patria, pensaba y obraba como…

p. 69
19¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 50, 512 citas
[21]

a establecer en el país un Estado de derecho: la separación de poderes, un ejercicio transitorio del gobierno, la titularidad del poder cedida al pueblo y la consagración de estos principios en una constitu ción. Esas posturas dividieron a los grupos dominantes de cada provincia de la Nueva Granada: los Gobiernos de…

p. 50
[29]

biern o esp a ñ o l y fue c a ptu ra d o en 1814 p or l a s guerrill a s de indígen a s, neg r os y mestiz o s qu e defendí a n l o s a lre d ed or es d e P a st o. Con el rest a blecimiento d e 99 ¿Otra historia de Colombia? Fernando VII en el trono, el movimiento realista se fortaleció aún más, al enviar a Venezuela…

p. 51
20El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 4111 cita
[22]

reconocer la nueva Constitución; se hacía inevitable una guerra civil. Bolívar debió someter la ciudad [de Cartagena]. Con dos mil hom- bres se dirigió otra vez a la costa para atacar nuevamente a los españoles. Pero sus fusiles no pasaban de quinientos, 205 Antonio Ricaurte Lozano (1786-1814), militar neogranadino,…

p. 411
21La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 831 cita
[23]

regiones más extensas e importantes, el Caribe colombiano y el Cauca grande, en manos de los españoles y vastos territorios, más de dos tercios, en manos de nadie. Uno puede imaginarse el rostro con el que Cartagena recibió al triunfante Morillo y su ejército de reconquista el 6 de diciembre de 1815, luego de todo un…

p. 83
22El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 53, 782 citas
[24]

el prop ó sito de Bol í var fu é ir a contrarrestar ante el Congreso de Tunja, con el cual ten í a claros lazos, la Indisposici ó n contra é l, motivada por su fracaso militar reciente a manos de Boves y el descalabro de la ef í mera Segunda Rep ú blica Venezola na 17. Hab í a quiz á tambi é n una rivalidad con…

p. 53
[36]

rcito de Apure al mando de Paez, que constaba de unos 4.000 efectivos — 3.000 infantes y 1.000 caballos. El ej é rcito de Oriente a las ó rdenes de Arismendi y Sucre situado en Agostura con otro tanto en hombres y el ej é rcito del Norte al mando sucesivo de Soublette, Anzoategui y Salom con menos de 2.000 efectivos.…

p. 78
23Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 1151 cita
[25]

su propia salvación, antes que en avanzar por el camino de la construcción de una na - ción granadina. En sus “Noticias muy gordas”, Nariño advirtió sobre los grandes peligros que afrontaban: Que no se engañen: somos insurgentes, rebeldes, traidores: y a los traidores, a los insur - gentes y a los rebeldes se les…

p. 115
24Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 2221 cita
[26]

poco probable que MacGregor aceptase la autoridad de su gobierno, pero le pidió a Zea que lo invitase a cooperar con él, pidiéndole que atacase la costa en los alrededores de Santa Marta; Bolívar le recalcó a Zea que debía enviar este mensaje en una chalupa que tuviese como único objetivo esa misión. Poco después,…

p. 222
25La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 601 cita
[27]

de la libertad en el este de Venezuela, pero su contribución no sirvió de nada. Pese a un par de victorias, los patriotas llevaban las de perder. En el verano de 1814, Caracas cayó en manos de los realistas, después de que miles de habitantes se dieran a la fuga por temor a las tropas de Boves. Bolívar se retiró en el…

p. 60
26Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 441 cita
[30]

to the guerillas about the movement of royalist troops. Slowly, these groups man- aged to chip away at Morillo’s military dominance. Increasing numbers of inhabitants came to view Morillo’s army as an occupation force, and thus, recovering independence became the primary goal. To this end, the patriots sought to…

p. 44
27Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 501 cita
[31]

que resultó fallido. El 17 de julio de 1817, Bolívar logró tomar control del territorio de Angostura, y, unos días después, el 24 de julio, se declaró Jefe Supremo del Ejército. Una vez Bolívar reafirmó su dominio sobre Angostura, le abrió el río Orinoco a la Legión Británica, que entró a Venezuela por esta ruta con…

p. 50
28Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2341 cita
[33]

toma Carta- A o. od ele del terror. 1816 Los patriotas de Cartagena son pasados por las armas. Cuatro expediciones realistas reconquis- tan Nueva Granada. Nariño vuelve prisionero a Cádiz. El presidente Torres es reemplazado por José Fernández Madrid. El español Warleta toma Medellín y Miguel de la Torre, Santafé.…

p. 234
29Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 32, 782 citas
[34]

protegiendo el camino real de Santa Fe, linea de comunicaci6n que la fraccion realista quiso siempre mantener a toda costa, pues implicaba la unica via de escape hacia la capital. Santander ordené la ejecucién de la maniobra de flanqueo que, en combinacién con el paso del Puente, tenazmente defendido por el enemigo,…

p. 32
[35]

mariscal La Torre en los va- lles de Cucuta constituia una peligrosa amenaza para la consolidacién del éxito recientemente ob- tenido en Boyaca, su mayor esfuerzo, en el orden militar, fue la organizaci6n y envio de tropas al norte, al mando del general de divisién José Antonio An- zoategui, quien, desafortunadamente,…

p. 78
30Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1101 cita
[37]

ñ oles. Poco despu é s los restos del ej é rcito patriota fueron derrotados. Las tropas espa ñ olas estaban diezmadas por las enfermedades, rn especial el paludismo y la fiebre amarilla: en 1820 sobreviv í an menos de 3000 de los 12000 que hab í an llegado en 1815 a Am é lica. No era probable que un ej é rcito espa ñ…

p. 110
31Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 3771 cita
[39]

Valdés, Popayán, 24 de diciembre, 1820, AGNC, República, Guerra y marina, t. 1, fols. 494-495. 170. Cali, 27 de septiembre, 1821, AGNC, República, Guerra y marina, t. 1, fol. 441. 171. AGNC, República. Guerra y marina, t. 326, fol. 680. 172. Solicitud del subteniente José Barona del batallón de reserva de Cali, del 18…

p. 377
32Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 3771 cita
[40]

Valdés, Popayán, 24 de diciembre, 1820, AGNC, República, Guerra y marina, t. 1, fols. 494-495. 170. Cali, 27 de septiembre, 1821, AGNC, República, Guerra y marina, t. 1, fol. 441. 171. AGNC, República. Guerra y marina, t. 326, fol. 680. 172. Solicitud del subteniente José Barona del batallón de reserva de Cali, del 18…

p. 377
33Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 991 cita
[41]

de integracion politica de la Gran Colombia, con la unién de Venezuela, Nueva Granada y Quito. Los centralistas defendieron la integracion en una republica unitaria e indivisible, con un gobierno fuerte, adaptable a la realidad americana, de carac- ter discolo y anarquico, y con una administracion centralista para el…

p. 99
34La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 801 cita
[42]

del Café. 81 § Capítulo 3 Proceso de una política agraria Consolidada la independencia colombiana en 1819, se realiza el sueño más grande de Bolívar, que no fue otro que constituir un gran país mediante la unión de la anti- gua Nueva Granada, Venezuela y Ecuador. Corresponde al Congreso Constituyente de Cúcuta,…

p. 80
35Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 5751 cita
[43]

su ejemplo y la enseñanza perfecciona el alma de 17 jóvenes, tan modes - tas como entendidas. Si la concurrencia del comercio ha dado a San José la supremacía de las riquezas, el esmero por la instrucción pública y privada, afianzará la supremacía intelectual del Rosario, más noble y duradera que la otra. El día 6 de…

p. 575
36Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1441 cita
[45]

fue aquietando y las aguas tendieron a buscar su nivel normal. Así, se contrapronunció al fin Mompox (el 8 de febrero), huyó Martínez Troncoso, le reemplazó Pedro Peña y se desarmaron los 14 bongos de guerra que comandaba allí el italiano José Rafetti. Surgió una exitosa mediación pacificadora ofrecida por el cónsul…

p. 144
37Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 3, 82 citas
[46]

regional buscaron levantar la autoestima de cada región a partir de la redención y justificación de pasados abolengos. Cada una de las regiones colombianas debía tener su prócer o sus héroes, o a lo menos un grupo de “patricios” prestantes que demostraban su contribución a la formación de la República, lo que…

p. 8
[48]

impresión de la ausencia de lazos con una tradición de escritura anterior. Estos trabajos expresan un movimiento de regeneración intelectual, tal como se puede desprender de una obra como la de José Manuel Restrepo. La historia tradicional tenía ante sí las dificultades de representar unos contenidos culturales,…

p. 3
38Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2011 cita
[47]

progreso, tal como lo exigía el modelo liberal burgués que se quería hacer fructificar. He aquí cómo la época li- beral se forjaba críticamente su propio pasado, que servía a su vez de legiti- mación a sus proyectos revoluciona- rios del presente. La historiografía conservadora apa- rece en el ambiente de crisis y de…

p. 201
39La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 981 cita
[49]

evaluación de las cosas, dentro de la pers - pectiva general de la civilización occidental. 99 D e la subversión y la finali D a D histórica 5. Subversión y Frustración en el Siglo XIX La paz hispana se mantiene por tres centurias hasta prin - cipios del siglo XIX, sin que hubiera surgido mientras tanto ninguna…

p. 98
40Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 57, 662 citas
[50]

Providencia. He used the occasion to declare San Andrés a free port and to order the construction of an airport that would tie it closer with the mainland, but throughout his administration, his primary concern was with the Llanos. During his trial by the Senate in 1959, he explained that before he came to power,…

p. 66
[53]

the Pacification of the Llanos, 1953–1957 57 about the military situation. “The llanero,” he said, “is convinced that only the army can defend his life and property and guarantee for his children the pros- perity of the land. Many of the bandits have already deserted and are joining the other side. The next months…

p. 57
41Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 2391 cita
[51]

initial truce. On May 4, 1955, Sumapaz was declared a Military Operations Zone, and from that date "pacification" once more came to be a synonym for devastation, machine-gunning, and bombardment. At least six battalions, around one third of the army's total force, were involved, supported by a torture center known…

p. 239
42Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2401 cita
[52]

salido de control en las regiones, y que luego le devolviera el poder a los sectores moderados de las élites políticas liberales y conservadoras. Sin embargo, el plan no salió como lo esperaban. El proceso de pacificación arrojaba resultados más bien pobres y, más grave aún, Rojas no daba señales de querer devolver el…

p. 240
43No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 871 cita
[54]

1958»). 198 Departamento Nacional de Planeación, «Capítulo 8. Indicadores de violencia». 199 Rempe, «United States National Security and low-intensity conflict in Colombia»; Rempe, The past as prologue?, 119. 200 Entrevista 318-PR-02877. Hombre, mayor del Ejército. 201 Sánchez y Meertens, Bandoleros, gamonales y…

p. 87
44Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1661 cita
[55]

territo- rial signada por la marginalidad y por formas hegemónicas de representación de aquellos territorios donde ha prosperado el narcotráfico. Normalmente los cultivos de uso ilícito se explican por la crisis del sector agropecuario, la expulsión de sectores rurales de determinadas áreas que se ven obligados a…

p. 166